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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In explaining the market takinq as a starting point the monetary institution and not the contrary, as most economists usually do, this article offers a new approach in arder to understand the nature of money, the conditions for the viability of a market society, the origin and control of financial and monetary crisis and, finally, to understand the independence of the Central Bank as a particular institutional organization that is proposed in order to regulate a system that is progressively more globalized.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>ORDEN MONETARIO DE LAS ECONOM&Iacute;AS DE MERCADO</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="right"><b> Michel Aglietta y Jean Cartelier*</b></p>     <p>* Este art&iacute;culo hace parte del libro <i>La Monnaie Soveraine</i>, cuyos editores son Michel Aglietta y Andr&eacute; Orl&eacute;an y publicado por la Editorial Odile Jacob en 1998. Traducci&oacute;n de los profesores de la Universidad Nacional de Colombia, C&eacute;sar Giraldo y Jos&eacute; F&eacute;lix Cata&ntilde;o. Este art&iacute;culo se recibi&oacute; el 2 de abril de 2002 y fue aprobado en el Comit&eacute; Editorial del 16 de abril de 2002.</p><hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>       <p><i> Al explicar el mercado a partir de la instituci&oacute;n monetaria y no al rev&eacute;s, como es costumbre en los economistas, este art&iacute;culo ofrece una nueva visi&oacute;n para comprender la naturaleza del dinero, las condiciones de viabilidad de la sociedad de mercado, el origen y control de las crisis financieras y monetarias y finalmente, tratar la independencia del Banco Central como una organizaci&oacute;n institucional particular que se propone para la regulaci&oacute;n del sistema cada d&iacute;a m&aacute;s globalizado.</i></p>      <p><b>Palabras claves</b>: dinero, teor&iacute;a monetaria, teor&iacute;a del valor,mercado, banco central, orden y crisis monetaria internacional.</p>      <p><b>Abstract</b></p>       <p><i>In explaining the market takinq as a starting point the monetary institution and not the contrary, as most economists usually do, this article offers a new approach in arder to understand the nature of money, the conditions for the viability of a market society, the origin and control of financial and monetary crisis and, finally, to understand the independence of the Central Bank as a particular institutional organization that is proposed in order to regulate a system that is progressively more globalized.</i></p>      <p><b>Key words</b>: money, monetary theory, theory of value, market, central bank, order and international monetary crisis.</p><hr size="1">        ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><i>El individuo es a la vez el dinero y el troquel que lo acu&ntilde;a N. &Eacute;lias 1991,97&#93;</i></p>      <p>La concepci&oacute;n que nos hacemos de la sociedad viene de nuestra experiencia individual, y a su vez, esta &uacute;ltima est&aacute; modelada por nuestras relaciones sociales. La inextricable dualidad individuo-sociedad toma las formas m&aacute;s diversas en el tiempo y en el espacio. Podemos dudar de la posibilidad de un. modelo general del vinculo social pero es dif&iacute;cil estar satisfecho de la gran dispersi&oacute;n de las representaciones que las diversas disciplinas le dan. Intentar sobreponerse a esta insatisfacci&oacute;n exige dos enfoques ligados, de una parte, la critica interna de cada disciplina considerada y, por la otra, la adopci&oacute;n de un modelo intermediario como hip&oacute;tesis provisional de trabajo.</p>      <p>Haremos la hip&oacute;tesis que el v&iacute;nculo social esta fundado sobre la <i>deuda</i>. Esta es la forma general de la relaci&oacute;n del individuo con la sociedad, a trav&eacute;s de lo cual la dualidad individuo-sociedad se manifiesta.<sup><a name="nr1"></a><a href="#1">1</a></sup> Esta concepci&oacute;n est&aacute; desarrollada en el cap&iacute;tulo introductorio de este libro (ver m&aacute;s adelante). Las relaciones interindividuales aparecen aqu&iacute; como un conjunto de deudas rec&iacute;procas que s&oacute;lo se forman en raz&oacute;n de la sumisi&oacute;n de cada individuo a un principio com&uacute;n, que hace de cada deuda una relaci&oacute;n del individuo con la sociedad en su conjunto. La deuda toma las formas m&aacute;s diversas seg&uacute;n ella establece una obligaci&oacute;n hacia los dioses, los ancestros, el soberano u otra persona. Su expresi&oacute;n puede ser o no cuantitativa, y su anulaci&oacute;n puede exigir ciertas acciones y conllevar consecuencias bastante diferentes. En todos los casos la anulaci&oacute;n de la deuda, o su renovaci&oacute;n, es la ocasi&oacute;n de una &quot;totalizaci&oacute;n social&quot;. Que sea durante ceremonias funerarias, como la de los &lsquo;Ar&eacute;-ar&eacute;&rsquo;, o durante la cancelaci&oacute;n de cuentas, para tomar dos ejemplos</p>      <p> extremos, los individuos son asignados a su lugar exacto en tanto que elementos de la sociedad. La dualidad individuo-sociedad encuentra una expresi&oacute;n general en la relaci&oacute;n entre la deuda y las modalidades de su extinci&oacute;n, relaci&oacute;n que conjuga indisociablemente organizaci&oacute;n jer&aacute;rquica y relaciones &iacute;nter-individuales, En nuestras sociedades la solvencia es la condici&oacute;n necesaria de existencia del individuo mercantil. Ella se verifica en cada cancelaci&oacute;n de cuentas, al mismo tiempo que se establece la magnitud de la riqueza. El <i>dinero</i> es, de manera muy general, el que salda la deuda, lo que pone fin, temporalmente o no, a la relaci&oacute;n de endeudamiento. El <i>dinero</i> y la deuda, aunque son categor&iacute;as que provienen de pr&aacute;cticas de nuestras sociedades, son tambi&eacute;n utilizables en una reflexi&oacute;n m&aacute;s amplia que aquella que analizar&iacute;a &uacute;nicamente sociedades de econom&iacute;a de mercado. Esta es en todo caso, la hip&oacute;tesis que justifica el proyecto pluridisciplinario en la cual se inserta nuestro trabajo.</p>     <p>La explicitaci&oacute;n de esta hip&oacute;tesis exige, sin embargo, un trabajo previo de cr&iacute;tica de la teor&iacute;a econ&oacute;mica moderna, a la cual el lector podr&iacute;a estar tentado a referirse para extraer un saber autorizado sobre el dinero y la deuda. Esto ser&iacute;a una equivocaci&oacute;n. Si no se trata aqu&iacute; de recordar las dificultades hasta ahora no resueltas que la teor&iacute;a econ&oacute;mica encuentra con el dinero, es indispensable indicar someramente las fuentes y el alcance de este fracaso, ampliamente reconocido hoy.<sup><a name="nr2"></a><a href="#2">2</a></sup></p>     <p>La teor&iacute;a econ&oacute;mica moderna surge de una apuesta extraordinaria intentada desde mediados del s. XVIII por los te&oacute;ricos del valor: pensar la econom&iacute;a de mercado haciendo tabla rasa de las instituciones. D&aacute;ndose solamente los bienes (la naturaleza) y los individuos, se trata de mostrar que la sociedad se forma como consecuencia de las elecciones voluntarias de los individuos que buscan s&oacute;lo su inter&eacute;s propio. Seg&uacute;n esta teor&iacute;a, lejos de llegar al caos, los individuos se coordinan por el mercado que les conduce ineluctablernente hacia el equilibrio general (es decir una situaci&oacute;n en la cual las acciones individuales deseadas son mutuamente compatibles), que constituye, adem&aacute;s, el mejor estado posible (&oacute;ptimo social). El dinero no est&aacute; presente en tal teor&iacute;a. Es su misma exclusi&oacute;n la que es el acto fundador de la teor&iacute;a del valor.</p>     <p>Las crecientes exigencias en t&eacute;rminos de coherencia y rigor, han conducido a ciertos te&oacute;ricos modernos a mostrar que esta apuesta se perdi&oacute;. El papel esencial y dif&iacute;cilmente eliminablc del secretario del mercado (el <i>subastador</i>) quien, al mismo tiempo, fija y modifica los precios, centraliza la informaci&oacute;n y hace funcionar la &quot;ley de la oferta y la demanda&quot;, conduce a pensar que la teor&iacute;a moderna de los precios no describe una econom&iacute;a de mercado sino una sociedad centralizada. Evidentemente este no era el objetivo buscado por sus autores. Una de las razones de este fracaso reside precisamente en la exclusi&oacute;n del dinero.<sup><a name="nr3"></a><a href="#3">3</a></sup> Ahora bien, hoy aparece imposible integrar este &uacute;ltimo en la teor&iacute;a, porque no se ha podido mostrar que sea un bien econ&oacute;mico (es decir, que tenga un precio positivo al equilibrio). El c&iacute;rculo se cierra. El dinero, as&iacute; como tampoco el mercado, no es el objeto del discurso de la teor&iacute;a econ&oacute;mica moderna. Un enfoque alternativo s&oacute;lo parece concebible invirtiendo los supuestos de la teor&iacute;a del valor. En lugar de intentar concebir el dinero como un objeto econ&oacute;mico al cual se le aplicar&iacute;a la &quot;ley de la oferta y la demanda&quot;, hay que aceptar que se haga una hip&oacute;tesis institucional necesaria para el an&aacute;lisis de la econom&iacute;a de mercado.</p>     <p>Contrariamente a los supuestos de la teor&iacute;a del valor que intentan, en vano, pensar el dinero como una consecuencia del mercado, es posible sostener que es la condici&oacute;n de inteligibilidad de la divisi&oacute;n mercantil del trabajo, o, para adoptar un vocabulario m&aacute;s moderno, de una econom&iacute;a descentralizada de propiedad privada.<sup><a name="nr4"></a><a href="#4">4</a></sup> Esta posici&oacute;n, que ser&aacute; desarrollada m&aacute;s adelante, modifica profundamente la estrategia de investigaci&oacute;n y de reflexi&oacute;n sobre el dinero.</p>      <p>Partir del dinero para dilucidar el funcionamiento de una econom&iacute;a de mercado, es aceptar dos proposiciones esenciales:</p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> i) <i> El dinero es l&oacute;gicamente anterior a las relaciones de mercado</i>. Las formas modernas del dinero revelan c&oacute;mo el mercado se inscribe en una sociedad ya existente, estas formas no son el efecto de las relaciones de intercambio entre individuos independientes.</p></blockquote>     <blockquote>    <p>ii) <i>El dinero es un v&iacute;nCIIlo social m&aacute;s fundamental que el mercado</i>. Un enfoque pluridisciplinario con vistas a establecer los l&iacute;mites en el tiempo y en el espacio de este modo de sociabilidad y de sus efectos, es no solamente leg&iacute;timo  para comprender en general sino igualmente necesario para la compren¬si&oacute;n profunda de las mismas relaciones mercantiles.</p></blockquote>      <p>En las p&aacute;ginas que siguen, ser&aacute; sobre todo desarrollada la primera proposici&oacute;n, la mayor&iacute;a de &quot;las otras contribuciones componentes de este libro explorar&aacute;n la segunda. Ella permitir&aacute; aclarar la despolitizaci&oacute;n contempor&aacute;nea del dinero a trav&eacute;s del examen de la nueva norma que parece imponerse hoy: la independencia del banco central.</p>     <p>En la primera parte de este texto, esquematizaremos un modelo abstracto y general de las relaciones entre deuda y dinero, que es al mismo tiempo un modelo de las relaciones mercantiles. Para eso conviene formular con precisi&oacute;n los elementos constitutivos del dinero como <i>sistema de pagos</i>.</p>     <p>La ambivalencia de tal tentativa debe ser subrayada. Se trata con seguridad de un trabajo de economistas, que se inscriben en las preocupaciones de una disciplina particular que busca elucidar el car&aacute;cter monetario de las relaciones mercantiles. Pero ella procede igualmente de una inspiraci&oacute;n m&aacute;s amplia. El modelo formal presentado m&aacute;s adelante tiene una vocaci&oacute;n bastante general porque la estructura relacional que describe es independiente de toda hip&oacute;tesis concerniente a los comportamientos individuales. Los motivos atribuidos a los individuos, o vividos por ellos en sus acciones, no son mencionados y no afectan la l&oacute;gica de las relaciones sociales retenidas por el modelo.<sup><a name="nr5"></a><a href="#5">5</a></sup></p>       <p>Es esta ambivalencia la que hace del modelo presentado <i>una hip&oacute;tesis intermediaria</i>. Menos ambiciosa que aquellas que buscan una explicaci&oacute;n general y universal que repose sobre un principio &uacute;nico -el sacrificio, la soberan&iacute;a, etc., esta hip&oacute;tesis intermedia permite interrogar m&aacute;s c&oacute;modamente el mundo actual sin estar prisioneros de una problem&aacute;tica exclusivamente economista.</p>     <p>Eso nos permitir&aacute;, en una segunda parte, aclarar aspectos esenciales del funcionamiento de las econom&iacute;as contempor&aacute;neas en las cuales las imbricaciones de la deuda y del dinero son dif&iacute;cilmente perceptibles. Finalmente, el examen de las condiciones de la reproducci&oacute;n o de la permanencia de los sistemas de pagos desemboca sobre los modos de regulaci&oacute;n contempor&aacute;neos. La legitimaci&oacute;n de la instituci&oacute;n monetaria pasa hoy en d&iacute;a, con raz&oacute;n O no, por una transferencia de soberan&iacute;a, donde la norma de la independencia de los bancos centrales es el aspecto m&aacute;s espectacular.</p>     <p><b> EL DINERO COMO SISTEMA DE PAGO</b></p>      <p> Recordemos la naturaleza del problema que toda teor&iacute;a econ&oacute;mica debe resolver: mostrar como, en una econom&iacute;a de mercado, los individuos son socializados por la evaluaci&oacute;n objetiva de las riquezas individuales. Se trata de la pregunta fundadora de la econom&iacute;a pol&iacute;tica, y es sobre la capacidad de responder a esta pregunta sobre la que las diversas teor&iacute;as econ&oacute;micas deben ser apreciadas.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En una econom&iacute;a de mercado, la divisi&oacute;n social de las actividades es caracterizada por una <i>combinaci&oacute;n particular de descentralizaci&oacute;n y de interdependencia</i>. Una econom&iacute;a de mercado comporta simult&aacute;neamente dos principios: 1) un principio de acci&oacute;n descentralizada, seg&uacute;n el cual un individuo dado es libre y puede actuar sin prejuzgar del estado del conjunto de la econom&iacute;a; la descentralizaci&oacute;n requiere que las condiciones de las acciones individuales sean locales, por ejemplo, que exista un socio comercial que acepte la relaci&oacute;n; de esto resulta que la situaci&oacute;n global de la econom&iacute;a es la consecuencia involuntaria de las acciones individuales privadas; 2) un principio de interdependencia que impone a los individuos las consecuencias colectivas de sus acciones descentralizadas; este principio es la equivalencia en el intercambio; las desviaciones respecto a esta norma se revelan al final de la confrontaci&oacute;n de las acciones individuales y conllevan la realizaci&oacute;n de ajustes: las &quot;sanciones del mercado&quot;.</p>      <p>Esta visi&oacute;n del mercado est&aacute; presente en todos los grandes economistas, desde Smith a Walras, pasando por Marx y Ricardo. Sin embargo, ella dif&iacute;cilmente se encuentra en los sistemas formales de determinaci&oacute;n de los precios, que se supone son la expresi&oacute;n anal&iacute;tica de sus concepciones generales. En otros t&eacute;rminos, <i>las teor&iacute;as del valor no logran traducir de manera coherente la idea general que cada persona, incluyendo los economistas, se hace del mercado</i>.</p>      <p>Es por eso que parece necesario adoptar un punto de vista radicalmente diferente al de la teor&iacute;a del valor y admitir que la coordinaci&oacute;n por el mercado es indisociable del dinero. M&aacute;s precisamente, el dinero como instituci&oacute;n debe ser el punto de partida del enfoque econ&oacute;mico porque s&oacute;lo &eacute;l, as&iacute; parece ser, nos permite dar cuenta de la combinaci&oacute;n particular de los principios de descentralizaci&oacute;n y de interdependencia mencionados anteriormente.</p>    <p> Dado que aqu&iacute; el dinero se supone, es claro que su g&eacute;nesis econ&oacute;mica no es un objeto posible de investigaci&oacute;n. Pero eso no significa que se renuncie a una teor&iacute;a econ&oacute;mica del dinero ni tampoco a un enfoque no-econ&oacute;mico y m&aacute;s general.</p>      <p>Por &quot;teor&iacute;a econ&oacute;mica del dinero&quot;, hay que entender el enunciado de las propiedades m&iacute;nimas que la instituci&oacute;n &quot;dinero&quot; debe poseer para dar cuenta de la coordinaci&oacute;n de las acciones privadas por el mercado. Desde esta perspectiva no es un bien particular sometido a la ley del valor. No es tampoco una hip&oacute;tesis realista reproduciendo de manera estilizada una realidad emp&iacute;rica. &eacute;l es, al contrario, un sistema de pagos definido por un conjunto m&iacute;nimo de reglas a partir del cual es posible describir un m&aacute;ximo de situaciones posibles.</p>     <p>En resumen, se trata de mostrar que el mercado s&oacute;lo es pensable sobre la base de un supuesto institucional preciso llamado &quot;sistema de pagos&quot; y que los diversos sistemas monetarios hist&oacute;ricamente observables en las econom&iacute;as de mercado dependen, todos, de una teor&iacute;a unitaria fundada sobre esta noci&oacute;n de sistema de pagos.</p>     <p>Tal teor&iacute;a econ&oacute;mica del dinero es indisociable de una representaci&oacute;n m&aacute;s amplia del v&iacute;nculo social. Es precisamente, porque el dinero, en tanto dispositivo formal, concierne a otras relaciones diferentes a las mercantiles, que es vano tratar de deducirlo del mercado o de la mercanc&iacute;a, como pretenden hacerlo los te&oacute;ricos de la teor&iacute;a del valor. La teor&iacute;a del dinero es, por lo tanto, en su esencia, necesariamente no econ&oacute;mica. Ella no se reduce a un funcionalismo del mercado, las diferentes contribuciones a esta obra lo testimonian. Pero es tambi&eacute;n porque el dinero modela m&aacute;s que nunca la forma de nuestras sociedades, que conviene interrogarlo en sus aspectos contempor&aacute;neos.</p>     <p>Los dos principios constitutivos de la econom&iacute;a de mercado (descentralizaci&oacute;n e interdependencia) son combinados de manera particular. Ellos no son formulables independientemente el uno del otro: el hecho de poder actuar de manera descentralizada s&oacute;lo es posible porque la interdependencia entre las acciones establece un principio colectivo que se impone a todos, la equivalencia en el intercambio. Rec&iacute;procamente, la equivalencia en el intercambio no tendr&iacute;a ning&uacute;n sentido sin la autonom&iacute;a de los individuos. Pero no es suficiente que nos quedemos en este nivel de abstracci&oacute;n. Hay que mostrar c&oacute;mo esta combinaci&oacute;n particular de la autonom&iacute;a de los individuos y de la equivalencia en el intercambio se encarna socialmente y c&oacute;mo ella se desarrolla en la pr&aacute;ctica. La noci&oacute;n del sistema de pagos, al elucidar las relacio¬nes entre dinero y deuda intenta responder a esta exigencia <sup><a name="nr6"></a><a href="#6">6</a></sup>.</p>     <p>Un sistema de pagos, al nivel m&aacute;s general, posee tres componentes m&iacute;nimas: una <i>unidad de cuenta com&uacute;n,</i> que permite expresar las magnitudes econ&oacute;micas (precios o riquezas individuales), un <i>principio de emisi&oacute;n,</i> que es la condici&oacute;n de la acci&oacute;n descentralizada de los individuos, y <i>un principio de regulaci&oacute;n de saldos</i>, que hace expl&iacute;cito como la equivalencia en el intercambio determina las magnitudes econ&oacute;micas.</p>     <p>Estos tres componentes forman el mecanismo de mercado, ausente de las teor&iacute;as del valor. Hag&aacute;moslos expl&iacute;citos, se&ntilde;alando bien su contenido social por encima de su aspecto t&eacute;cnico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>LA UNIDAD DE CUENTA COM&Uacute;N</b></p>     <p>No incorporado por la teor&iacute;a econ&oacute;mica moderna en raz&oacute;n de la hip&oacute;tesis de ausencia de ilusi&oacute;n monetaria, la unidad de cuenta com&uacute;n es &quot;el primer concepto de la teor&iacute;a monetaria&quot; seg&uacute;n el <i>Tratado del dinero</i> de Keynes. Es por ella que las relaciones entre individuos toman la forma cuantitativa, forma general en nuestras econom&iacute;as de mercado pero presente igualmente en otros lados, ya sea en los &lsquo;Ar&eacute; ar&eacute;&rsquo;, o en la Roma de los reyes etruscos o en las sociedades tradicionales africanas.<sup><a name="nr7"></a><a href="#7">7</a></sup></p>     <p>La unidad de cuenta parece ligada m&aacute;s o menos directamente a la idea de soberan&iacute;a, la definici&oacute;n de las unidades de medida es generalmente un atri¬buto del poder pol&iacute;tico. Sin embargo, hay que recordar que se trata de una soberan&iacute;a bien particular y que ella no se confunde en ning&uacute;n momento con el poder pol&iacute;tico en el sentido tradicional. El hecho que esta unidad de cuenta puede ser totalmente abstracta -fue el caso de la libra, del sou (anti-guo dinero franc&eacute;s) y los denarios-la vuelve a priori dif&iacute;cilmente confinable entre las fronteras. La soberan&iacute;a pol&iacute;tica -proclamar el curso de especies en unidades de cuenta- aparece, en este caso, inscrita en un marco m&aacute;s amplio que la sobrepasa.</p>      <p>Sea lo que sea, la existencia de una unidad de cuenta com&uacute;n es la primera condici&oacute;n de una expresi&oacute;n cuantitativa de las relaciones sociales. Ella plantea, m&aacute;s all&aacute; de sus interpretaciones posibles, el problema fundamental del <i>anclaje nominal</i> de la sociedad. La permanencia de la unidad de cuenta no est&aacute; adquirida. Una cosa es presuponer su existencia -punto de partida obligado de una teor&iacute;a de mercado que no puede salir de la nada-, y otra cosa es entender c&oacute;mo la referencia a esta unidad se mantiene a trav&eacute;s de las vicisitudes del mercado. Este problema est&aacute; en el coraz&oacute;n de todas las tentativas de regulaci&oacute;n sociaL La referencia a la unidad de cuenta com&uacute;n establece las fronteras de la econom&iacute;a de mercado, ya sea que coincidan o no con las de la soberan&iacute;a pol&iacute;tica. Ella es tambi&eacute;n la condici&oacute;n necesaria de toda acci&oacute;n individual sobre el mercado. Sin embargo, ella no es una condici&oacute;n suficiente.</p>      <p><b>EL PRINCIPIO DE EMISI&Oacute;N</b></p>     <p>Para poder actuar sobre el mercado, los individuos deben disponer de un cierto monto de medios de pago (expresados en unidades de cuenta). Esta capacidad de pagar no est&aacute; sometida a los ingresos efectivamente percibidos durante el per&iacute;odo de realizaci&oacute;n del mercado sino s&oacute;lo a los ingresos anti¬cipados. En este rasgo se reconoce que las acciones individuales son aut&oacute;¬nomas. La emisi&oacute;n es el t&eacute;rmino gen&eacute;rico que indica las modalidades de acceso a los medios de pago que tienen los individuos antes de la apertura del mercado. Esta disponibilidad de los medios de pago permite a los indi¬viduos desarrollar una actividad de producci&oacute;n para el mercado (compras de materias primas, gasto de ingreso esperado, etc.<sup><a name="nr8"></a><a href="#8">8</a></sup>). El monto de las ventas confirmar&aacute; o no el buen fundamento de esta actividad.</p>     <p> Concretamente, la emisi&oacute;n toma las formas m&aacute;s variadas seg&uacute;n los sistemas de pago. En un sistema patr&oacute;n-oro estricto, s&oacute;lo la posesi&oacute;n de metal permite a los individuos obtener los medios de pago, esto es, las piezas de oro que circulan a un precio oficial en unidades de cuenta. En un sistema de cr&eacute;dito, es el monto del capital y su liquidez las que determinar&aacute;n la capacici&oacute;n de los individuos sobre el mercado. La capacidad de reembolsar en el per&iacute;odo pr&oacute;ximo una suma <i>y(1+i)</i>, donde i es la tasa de inter&eacute;s, muestra que el individuo considerado posee hoy una riqueza <i>monetizable</i> igual a y &#91;igual a  <i>y(1 +i)/ (1 +1)</i>&#93;. El modo de evaluaci&oacute;n de esta riqueza, a saber, el valor actualizado de un flujo de ingresos futuros, la define como <i>capital</i>. Lo que importa anotar es que, en todos los casos, el acceso a los medios de pago est&aacute; regulado por una relaci&oacute;n social precisa. Estamos aqu&iacute; en las ant&iacute;podas de la representaci&oacute;n econ&oacute;mica dominante que tiende a presentar a los individuos como totalmente independientes -ellos pueden no ir al mercado-<sup><a name="nr9"></a><a href="#9">9</a></sup> y sus capacidades de intercambio como determinados por la &quot;naturaleza&quot;.</p>      <p>En nuestras econom&iacute;as modernas, la forma de esta relaci&oacute;n es la deuda. Cada individuo s&oacute;lo adquiere la capacidad de intervenir en el mercado en virtud de un endeudamiento contratado respecto a otro, endeudamiento que se debe pagar al final del mercado. Antes de poder vender, hay que tener la capacidad de comprar. Esta resulta de una relaci&oacute;n entre el individuo y la sociedad entera, llamado aqu&iacute; &quot;los otros&quot;. La obtenci&oacute;n de medios de pago aceptados por todos tiene por contrapartida una deuda respecto a todos. Esta &quot;deuda&quot; puede revestir una forma muy particular en la emisi&oacute;n pura¬mente met&aacute;lica -ella se reduce a la acu&ntilde;aci&oacute;n- o la forma familiar de un endeudamiento respecto a un banco o tambi&eacute;n la forma a&uacute;n m&aacute;s abstracta de una monetizaci&oacute;n del capital. Esta emisi&oacute;n no puede ser pensada en t&eacute;r¬minos de las meras relaciones horizontales entre individuos. Los reconocimientos de las deudas individuales no son m&aacute;s aceptables por los otros en una econom&iacute;a de cr&eacute;dito como tampoco lo ser&iacute;an las piezas de oro no ofi¬cializadas en un sistema met&aacute;lico. El medio de pago aparece s&oacute;lo como tal en virtud de un efecto de estribo -<i>bootstrap</i>- (yo lo acepto porque tengo la convicci&oacute;n que todos los otros hacen lo mismo) revelador de un elemento supra-individual, o si se prefiere, de una relaci&oacute;n vertical de los individuos a un principio organizador. La existencia de una Casa de Monedas o de un Banco Central, manifestaci&oacute;n de un principio jer&aacute;rquico, no es entonces un elemento redundante que uno podr&iacute;a dejar de lado.</p>      <p>En esta forma, los bancos competitivos (es decir aquellos diferentes al Ban¬co Central) pueden hacer circular sus reconocimientos de deuda m&aacute;s f&aacute;cilmente que sus clientes (lo que explica porqu&eacute; los individuos y los bancos intercambian deudas sobre la forma de concesi&oacute;n de cr&eacute;ditos). Pero s&oacute;lo pueden hacerlo por ellos mismos porque un Banco Central asegura que estas deudas ser&aacute;n honradas, es decir, que sean convertibles en dinero.</p>     <p>M&aacute;s all&aacute; de estas diversas modalidades concretas, el principio de emisi&oacute;n define lo que est&aacute; en juego en el mercado porque es por &eacute;l que se forman las acciones de los individuos. Para limitarse a indicaciones breves, tres grandes tipos de emisi&oacute;n parecen concebibles ya sea que sean fundadas sobre una riqueza tangible presente (el caso de un sistema met&aacute;lico sin cr&eacute;dito), una riqueza tangible anticipada (el caso de un sistema met&aacute;lico con cr&eacute;dito) o una riqueza abstracta anticipada (el caso de un sistema de emisi&oacute;n capital). La existencia de este &uacute;ltimo supone la generalizaci&oacute;n de la relaci&oacute;n salarial, ella misma consecuencia de la exclusi&oacute;n de una fracci&oacute;n de los agentes frente a los medios de pago.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sea lo que sea y permaneciendo en un nivel elevado de generalidad, basta notar que los gastos de los individuos en el mercado, sometidos al principio de la emisi&oacute;n, representan las acciones descentralizadas que mencionamos antes. Ellos expresan las relaciones de deudas rec&iacute;procas.</p>     <p>En las teor&iacute;as econ&oacute;micas dos maneras de aprehender estos gastos est&aacute;n presentes: ya sea que uno se interese en los mercados de bienes, lo que implica introducir una hip&oacute;tesis suplementaria respecto a la lista de los bienes existentes; ya sea que uno se interese directamente en los individuos. En el primer caso, estudiado antiguamente por Cantillon y Smith y hoy por la teor&iacute;a de los &quot;juegos estrat&eacute;gicos de mercado&quot;, la siguiente regla simple nos da los resultados del mercado: los precios de mercado son determinados por el cociente entre la cantidad de dinero gastada en el mercado y la cantidad del bien llevado al mercado. Estos precios pueden o no diferir de las expec¬tativas de los individuos, lo que supone conlleve a ajustes ulteriores.</p>     <p>En el segundo caso, s&oacute;lo enunciado aqu&iacute;, la descripci&oacute;n del mercado es representada por una <i>matriz de pagos</i>. En las fllas son anotados los gastos de los individuos seg&uacute;n su destinaci&oacute;n. La lectura en columna de estos mismos datos da los ingresos que los individuos obtienen del mercado. La interde¬pendencia entre las acciones individuales son directamente satisfechas en esta matriz: los ingresos de los individuos no son otra cosa que sus gastos considerados desde otro &aacute;ngulo. </p>     <p><a name="a36a1"></a></p>     <p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v21n36/v21n36a01a1.jpg">     <p><a name="a36a1"></a></p>     <p>Si bien es claro que el monto de gastos no puede ser diferente del monto de los ingresos, nada permite pensar que, para cada individuo, el monto de los gastos (d<sub>i</sub>) sea igual al monto de los ingresos (r<sub>i</sub>). Por el contrario, los gastos son decididos de manera descentralizada y ning&uacute;n individuo tiene el poder de decidir el monto de sus ingresos. En otros t&eacute;rminos, los saldos monetarios de los individuos (S<sub>i</sub> = r<sub>i</sub> - d<sub>i</sub>) son, en general, diferentes a cero. Es aqu&iacute; donde interviene el tercer elemento previamente mencionado.</p>     <p><b>EL PRINCIPIO DE LA REGULACI&Oacute;N DE LOS SALDOS</b></p>     <p>Conviene comprender bien lo que significan estos saldos. Para eso es, sin duda, &uacute;til oponer econom&iacute;a de trueque y econom&iacute;a monetaria. En una econom&iacute;a de trueque, donde las transacciones se har&iacute;an de manera bilateral, cada intercambio estar&iacute;a equilibrado en virtud del principio de equivalencia del intercambio, cada uno dar&iacute;a un valor igual a lo que recibir&iacute;a. Notamos que aun en ausencia de precios anunciados, cada transacci&oacute;n bilateral determinar&iacute;a un precio tal que el intercambio ser&iacute;a reputado igual. En otros t&eacute;rminos, en una econom&iacute;a de trueque, es imposible para un individuo escapar a su restricci&oacute;n presupuestal, y la equivalencia en el intercambio se impone en cada transacci&oacute;n.</p>       <p>No sucede la misma cosa en una econom&iacute;a monetaria. La compra o la venta, no son operaciones de intercambio. El intercambio est&aacute; constituido por la compra y la venta <i>tomadas en conjunto</i>. El dinero no compra los bienes porque posee un valor equivalente a ellos. &eacute;l es aceptado a cambio de bienes porque permite comprar otros bienes (o cancelar la deuda contra&iacute;da por el gasto). No tiene ning&uacute;n sentido verificar el principio de equivalencia en el intercambio en cada una de las transacciones realizadas entre los individuos. El respeto o no de la equivalencia no puede verificarse sino al nivel del conjunto de la circulaci&oacute;n, es decir, en la matriz de pagos. Es a este nivel solamente que la equivalencia en el intercambio aparece como el &quot;momento de totalizaci&oacute;n&quot; de la sociedad mercantil, momento en donde cada uno puede verificar a los ojos de todos cu&aacute;l es su &quot;ser social&quot;. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La existencia de saldos no nulos atestigua la violaci&oacute;n del principio de equivalencia. La necesidad de arreglar estos saldos no es otra cosa sino la afirmaci&oacute;n de la equivalencia en el intercambio. El tercer componente del sistema de pagos es, entonces, tan igualmente esencial e ineliminable como los dos anteriores. La cancelaci&oacute;n de los saldos, o la com&uacute;n aceptaci&oacute;n de su postergaci&oacute;n a trav&eacute;s del tiempo, hace aparecer las&quot; sanciones del mercado&quot;. Los individuos de la econom&iacute;a de mercado s&oacute;lo existen en tanto que magnitudes de riqueza en virtud de este proceso global que interviene en cada cancelaci&oacute;n de cuentas.</p>     <p>Las formas de esta cancelaci&oacute;n cambian ampliamente seg&uacute;n los sistemas. En un sistema met&aacute;lico estricto, los saldos son cancelados autom&aacute;ticamente, porque todo excedente de gastos sobre los ingresos equivale a una p&eacute;rdida de oro-metal (aquel contenido en las piezas &quot;faltantes&quot;) y el sistema nunca puede ser bloqueado (como los gastos est&aacute;n limitados por las tenencias de metal, es imposible que los saldos excedan esas tenencias). En esta organizaci&oacute;n, las riquezas de los individuos son constituidas por sus tenencias en oro que revelan, simult&aacute;neamente, el resultado del mercado y sus posibilidades de acci&oacute;n en el mercado siguiente. Las cosas se presentan de forma diferente en los sistemas con cr&eacute;dito y de manera a&uacute;n m&aacute;s compleja en los sistemas modernos de emisi&oacute;n-capital. Principalmente, es concebible el hecho de no cancelar los saldos y prorrogarlos en el tiempo gracias a las operaciones financieras de toda clase. En tales sistemas, la complejidad de las relaciones es llevada a un grado extremo. Ahora es tanto m&aacute;s esencial no perder de vista que el principio de equivalencia en el intercambio contin&uacute;a aplic&aacute;ndose, pero a trav&eacute;s de las formas espec&iacute;ficas de la econom&iacute;a monetaria con capital.</p>       <p>Esta r&aacute;pida presentaci&oacute;n de la noci&oacute;n de sistema de pago permite considerar de manera particular algunos grandes temas de la reflexi&oacute;n sobre el dinero.</p>     <p><b>LIQUIDEZ DE LA RIQUEZA Y CONFIANZA EN EL DINERO</b></p>     <p>Una dificultad recurrente de la teor&iacute;a del dinero se encuentra en la forma de plantear las relaciones entre dinero y riqueza, entre dinero y capital, y la cuesti&oacute;n del dinero como &quot;reserva de valor&quot;.</p>     <p> Nuestro rechazo de la l&oacute;gica del valor conduce a rechazar igualmente la idea del dinero en tanto reserva de valor como respuesta a un problema mal planteado. Se not&oacute; anteriormente que no hab&iacute;a en nuestro enfoque una relaci&oacute;n en esta situaci&oacute;n de equivalencia entre el dinero y los bienes. Esta relaci&oacute;n no es de equivalencia sino instrumental (&quot; teleol&oacute;gica&quot;, dir&iacute;a Simmel). En esta l&oacute;gica, por lo tanto, el dinero no tiene que estar dotado de un precio y no deber&iacute;a ser tratado como una riqueza. Son los bienes los que tienen un precio, no el dinero.</p>     <p> Entre los bienes, en el sentido amplio, existen algunas singularidades, una de ellas es la de poseer un precio oficial en unidades de cuenta, la de ser el so¬porte de la emisi&oacute;n. Este es el caso del oro en un sistema met&aacute;lico. En esta situaci&oacute;n tener oro es poseer la riqueza social, por oposici&oacute;n a los otros bienes que s&oacute;lo son riquezas privadas. La tenencia de este bien-soporte de la emisi&oacute;n permite obtener el dinero en virtud de una regla (precio oficial) y no por una venta en el mercado. Aqu&iacute; tampoco hay relaci&oacute;n de equivalencia. El precio monetario del oro en el mercado no ser&iacute;a diferente del precio oficial (bajo las hip&oacute;tesis habituales); no obstante, la relaci&oacute;n del intercambio entre el oro y los otros bienes, que refleja, entre otras cosas, el mayor o menor grado de liquidez de estos bienes, es determinado por el mercado.</p>     <p>En otros t&eacute;rminos, hay una diferencia de naturaleza, y no simplemente del grado, entre el bien-soporte de la emisi&oacute;n y las otras riquezas. La verdadera distinci&oacute;n en el seno de la riqueza es, entonces, entre el soporte de la emi¬si&oacute;n que permite obtener medios de pago sin estar sometido al mercado y los otros bienes que s&oacute;lo pueden transformase en dinero por medio de una venta m&aacute;s o menos f&aacute;cil y aleatoria en el mercado. Unicamente el ser soporte de emisi&oacute;n confiere la autonom&iacute;a absoluta con relaci&oacute;n al mercado.</p>     <p>  Al final de cuentas, aparece una clasificaci&oacute;n tripartita, que resume el esquema siguiente:</p>     <p><a name="a36a2"></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="img/revistas/ceco/v21n36/v21n36a01a2.jpg">     <p><a name="a36a2"></a></p>     <p>  Percibir esta distinci&oacute;n es f&aacute;cil en el caso &quot;pedag&oacute;gico&quot; del sistema met&aacute;lico estricto. El oro se distingue claramente de las otras riquezas. Sin embargo, esto es dif&iacute;cil en los sistemas modernos. El capital es una realidad m&aacute;s delicada a concretizar. Este punto, m&aacute;s que una cr&iacute;tica, es una invitaci&oacute;n para plantear nuevas preguntas y para explorar un nuevo terreno que el dominio absoluto de la teor&iacute;a del valor ha disimulado. M&aacute;s que la reserva de valor, la noci&oacute;n de sistema de pagos conduce a evocar la permanencia de las reglas y la estabilidad del conjunto de un sistema institucional, lo que es totalmente otra cuesti&oacute;n.</p>     <p>Un elemento esencial de cuesti&oacute;n est&aacute; constituido por el "anclaje nominal de la econom&iacute;a". Los precios del mercado son precios monetarios y como tales, son expresados en unidad de cuenta. Esta &uacute;ltima no traduce solamente la existencia de una entidad supra-individual sino que manifiesta igualmente que los individuos aceptan las reglas por las cuales ciertas cantidades de unidades de cuenta pueden ser obtenidas. Todo desv&iacute;o nominal pone en peligro el buen fundamento de la regla de emisi&oacute;n. El mantenimiento de la estabilidad de la base de la emisi&oacute;n y la aceptaci&oacute;n de la unidad de cuenta van evidentemente a la par y se refuerzan mutuamente. Las hiperinflaciones que se ha conocido muestran que la permanencia del sistema de pagos no es evidente. La perennidad de la relaci&oacute;n entre el dinero y el soporte de emisi&oacute;n -el precio legal del oro en el sistema met&aacute;lico, las tasas de inter&eacute;s en los sistemas modernos- es un espacio de control del conjunto del sistema.</p>    <p>Sucede lo mismo respecto a las modalidades de anulaci&oacute;n o de aplazamiento de los saldos. A la cuesti&oacute;n del anclaje nominal se adjunta la del <i>riesgo sist&eacute;mico</i>.</p>     <p><b>DEUDA Y DESEO DE RIQUEZA: EL PROBLEMA DE LA LIQUIDEZ</b></p>     <p>Las relaciones entre liquidez y emisi&oacute;n fueron &uacute;nicamente mencionadas. Conviene ser m&aacute;s expl&iacute;citos sobre las que existen entre la liquidez y la anulaci&oacute;n o aplazamiento de saldos.</p>     <p> En los sistemas de pago modernos, la reabsorci&oacute;n de los saldos pasa por una redistribuci&oacute;n del capital entre los individuos (Oferta p&uacute;blica de compra, fusiones, cesiones, etc.). Las formas que toma ese capital pueden ser muy diversas y, de hecho, la determinaci&oacute;n de las magnitudes individuales de capital es indisociable de su estructuraci&oacute;n en ciertas formas: activos de producci&oacute;n, activos reales poco o nada reproducibles, o los m&aacute;s diversos activos financieros. Las opciones respecto a la forma de tenencia del capital  revelan el estado de la opini&oacute;n concerniente al futuro del sistema. Es aqu&iacute; donde la noci&oacute;n de liquidez de la riqueza interviene plenamente.</p>     <p>La liquidez es en primer lugar una noci&oacute;n virtual. Es la posibilidad de convertir sus acreencias en dinero en todo momento y sin p&eacute;rdida en capital. Pero es una posibilidad que s&oacute;lo existe si una gran cantidad de acreedores no deciden ponerla a prueba al mismo tiempo; lo que har&aacute;n si se ponen a dudar sobre su juicio pasado en presencia de &iacute;ndices desfavorables o de rumores preocupantes. Tambi&eacute;n, para los deudores la liquidez es potencial. Es la capacidad de renovar deudas que llegan a t&eacute;rmino de vencimiento, de sustituir deudas antiguas con nuevas deudas. No se pone en duda mientras la calidad de las firmas de los emisores de deudas sea bien apreciada. Pero esta calidad no es nada m&aacute;s que el juicio colectivo de la comunidad financiera, juicio que es vers&aacute;til en su interpretaci&oacute;n de los signos de un deterioro de la solvencia de los deudores.</p>     <p>De esta manera la liquidez est&aacute; sujeta a desplazamientos de opini&oacute;n colecti¬va que hacen pasar del imaginario a lo real, de lo virtual a lo manifiesto. Tal es el sentido de las demandas de conversi&oacute;n masiva del capital en dinero. La crisis financiera se juega en los efectos de propagaci&oacute;n que provienen de la imposibilidad de satisfacer estas demandas. Al contrario, la solidez de un sistema de acreencias y deudas depende de la organizaci&oacute;n financiera que sea capaz de evitar el paso a la realidad, ° de desviarlo, haciendo los aportes de dinero que permiten calmar la angustia de los tenedores de acreencias. Estas manipulaciones de la sicolog&iacute;a colectiva llevan a la pregunta m&aacute;s misteriosa y m&aacute;s controversial de la viabilidad de econom&iacute;as monetarias: la confianza en el dinero.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>LA SALVAGUARDIA DEL ORDEN MONETARIO Y LA CONFIANZA EN EL DINERO</b></p>    <p>El conjunto de deudas privadas que soporta los deseos de acumulaci&oacute;n del capital encuentra la amenaza de dos procesos destructivos: uno implosivo y el otro explosivo. La probabilidad de activaci&oacute;n de uno o del otro depende de la forma de la norma monetaria, y por ende, tambi&eacute;n de la representaci&oacute;n que los agentes se hacen de la liquidez.</p>      <p>Cuando, por ejemplo, la forma &uacute;ltima de anulaci&oacute;n de las deudas es una con-versi&oacute;n en especies met&aacute;licas acu&ntilde;adas en la Casa de Monedas bajo la autoridad de un soberano, la liquidez se materializa en un dinero externo al sistema  financiero. Supongamos que la sustituci&oacute;n de las deudas se haga por intermedio de los bancos que emiten sus propias deudas descontando los efectos de comercio. La calidad de los medios de pago emitida por ellos depende de las acreencias comerciales que ellos hayan descontado. Pero <i>a priori</i> esta calidad es desconocida. Es el sistema de pago el que verifica la calidad de deudas emitidas por los bancos seg&uacute;n un mecanismo end&oacute;geno: <i>la ley del reflujo</i>. Cuando un banco, empujado por la competencia, ha emitido demasiadas deudas respecto al deseo del p&uacute;blico de tenerlas, la restricci&oacute;n monetaria se expresa en una demanda de conversi&oacute;n a la par de estas deudas bancarias en especie, ya sea directamente a la ventanilla del banco emisor, o indirectamente, mediante dep&oacute;sitos en otros bancos. En todos los casos, se ejerce una presi&oacute;n inmediata o diferida sobre las reservas en especie del banco. La necesidad de reconstituirlas impone a este &uacute;ltimo emitir ulteriormente menos deudas nuevas que sus competidores, lo que corrige la sobre-emisi&oacute;n inicial. Son las necesidades end&oacute;genas del p&uacute;blico en especies que disciplinan el comportamiento de los bancos &#91;Laurence, W. 1989&#93;.</p>     <p>La pregunta se presenta de manera diferente cuando el conjunto de bancos es llevado por una ola de optimismo de los negocios que ellos mismos exacerban descontando liberalmente los efectos de comercio o abriendo cr&eacute;ditos a prestatarios que ellos conocen mal (por ejemplo, cr&eacute;ditos internacionales). El crecimiento de compromisos a la vista del banco respecto a sus reservas en especie puede alcanzar o sobrepasar un punto cr&iacute;tico m&aacute;s all&aacute; del cual la capacidad de conversi&oacute;n de sus deudas puede ser puesta en duda. Los bancos deben, en efecto, vender acreencias para procurarse especies suplementarias. Si los depositantes o los tenedores de billetes emitidos por los bancos dudan de esta capacidad, en raz&oacute;n de algunas quiebras diseminadas de empresas, o casas de comercio, ellos aumentar&aacute;n de manera brutal la demanda de especies. Entonces, la ley del reflujo se paraliza. Un proceso de implosi&oacute;n deflacionista se desencadena en raz&oacute;n de una baja vertiginosa del precio de las acreencias comerciales y por destrucci&oacute;n de las deudas bancarias provocada por quiebras en cadena de los bancos.</p>     <p>Cuando el dinero fiduciario es &eacute;l mismo una deuda bancaria, llamada de primer rango, la supresi&oacute;n de la convertibilidad en especies modifica el ejercicio de la norma monetaria. En este caso ya no existe la separaci&oacute;n radical entre las condiciones de emisi&oacute;n del dinero, que es soporte &uacute;ltimo de la liquidez, y la de las deudas. Al provenir la creaci&oacute;n monetaria exclusivamente de las deudas, s&oacute;lo existe ahora una estructura encajada de deudas. La estabilidad de tal sistema no puede depender de las solas racionalidades individuales. Existe una inestabilidad virtual porque la oferta de la deuda de   primer rango, es decir, el soporte de la liquidez &uacute;ltima, es perfectamente el&aacute;stica.</p>     <p>De esta manera, un proceso explosivo puede provenir de una emisi&oacute;n de deudas que obedece a una l&oacute;gica auto referencial. Desde que nuevas deudas pueden siempre sustituirse a las antiguas, los prestatarios no perciben restricciones. La creaci&oacute;n monetaria no tiene m&aacute;s anclaje. El divorcio entre la emisi&oacute;n de deudas y la obligaci&oacute;n de la anulaci&oacute;n es repercutido sobre los acreedores. Ella se traduce en el aumento acelerado de precios que desvalorizan el conjunto de deudas. La liquidez ya no juega m&aacute;s su papel de seguridad y de refugio porque su poder de compra se disuelve m&aacute;s y m&aacute;s r&aacute;pido. En este caso, la reacci&oacute;n de los acreedores va a ser una tentativa de enconrrar un anclaje al exterior del sistema financiero. Ellos buscan salirse de toda forma de compromisos financieros y terminan polarizando sus compras sobre un objeto de especulaci&oacute;n (un metal precioso, un dinero extranjero, o un bien m&aacute;s prosaico) que se convierte en la forma elegida de la liquidez. Esta tentativa de los agentes privados de encontrar un anclaje fuera de todo compromiso financiero, que es el punto &uacute;ltimo de una crisis inflacionista desbocada, destruye las reglas monetarias existentes y desorganiza la econom&iacute;a. Pero ella crea las condiciones de una reforma monetaria que reconstituya una norma monetaria respetada.</p>    <p>Para evitar llegar a estos extremos que tienen un costo social muy elevado, como lo mostr&oacute;, por ejemplo, la hiperintlaci&oacute;n alemana de 1923, la instituci&oacute;n responsable del respeto de las reglas monetarias debe tomar una acci&oacute;n de naturaleza pol&iacute;tica. Es, en efecto, un conjunto de pr&aacute;cticas que proviene del estatuto colectivo del dinero. Es por eso que la pol&iacute;tica monetaria, nombre por el cual se designa este conjunto de pr&aacute;cticas, es el nivel m&aacute;s general de la regulaci&oacute;n econ&oacute;mica.</p>     <p><b>LA POL&Iacute;TICA MONETARIA: UNA ESTATEGIA PARA PRESERVAR LA INTEGRIDAD DEL SISTEMA DE PAGOS</b></p>     <p>Como hemos visto, las condiciones en las cuales se hace la anulaci&oacute;n de deudas son esenciales para la independencia de toda la econom&iacute;a mercantil. La pol&iacute;tica monetaria act&uacute;a sobre esas condiciones por medio de la regulaci&oacute;n de la estructura de deudas surgidas de los proyectos independientes de los agentes privados que esperan flujos de ingresos futuros en tanto expresiones del crecimiento de su riqueza. Es por eso que la autoridad responsable de esta pol&iacute;tica est&aacute; atenta a las informaciones que vienen de la finanza.</p>     <p>Ella busca conocer la coyuntura financiera a partir de indicadores (tasa de inter&eacute;s, indicadores agregados de la bolsa de valores que miden los montos´ de liquidez, volumen de cr&eacute;dito, etc.) que reflejan indirectamente las tensiones entre acreedores y deudores.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La pol&iacute;tica monetaria ejerce una mediaci&oacute;n sobre estas tensiones para que ellas no pasen de las intensidades cr&iacute;ticas m&aacute;s all&aacute; de las cuales los procesos nocivos para la econom&iacute;a global se desaten: divergencia inflacionaria, quiebras numerosas, estado depresivo del gasto y desempleo cr&oacute;nico.</p>       <p>Esta mediaci&oacute;n plantea un doble problema de viabilidad y de legitimidad. De un lado, existen varios y tal vez numerosos reg&iacute;menes de pol&iacute;tica mo¬netaria que incitan al cr&eacute;dito a evolucionar de tal manera que la mayor parte de las deudas permanecen solventes desde el punto de vista de las liquideces disponibles y de los ingresos futuros previsibles que deber&aacute;n permitir la cancelaci&oacute;n escalonada. Mientras que las variables financieras evolucionen en un &aacute;rea de viabilidad de deudas, la pol&iacute;tica monetaria tiene &uacute;nicamente una influencia reducida y r&aacute;pida sobre el movimiento de las variables econ&oacute;micas globales (la producci&oacute;n, el empleo, los precios) porque el cambio de r&eacute;gimen de la pol&iacute;tica monetaria (por ejemplo, un alza o una baja moderada de las tasas de inter&eacute;s provocada por el banco central) influye poco en el cr&eacute;dito.</p>     <p>De otro lado, la estructura de deudas puede volverse fr&aacute;gil en zonas cr&iacute;ticas de variaci&oacute;n de las condiciones financieras. Los agentes pueden, tambi&eacute;n, mostrarse preocupados por la conversi&oacute;n de su capital en dinero, y por ende, por el grado de liquidez de su riqueza, si ellos temen p&eacute;rdidas en capital en el momento en que deber&aacute;n poner a prueba la posibilidad de esta conversi&oacute;n. En estas condiciones cr&iacute;ticas, los comportamientos se vuelven sen¬sibles a los impulsos de la pol&iacute;tica monetaria. Pero la amplitud de la zona de viabilidad depende de la confianza de los agentes privados en la manera como la autoridad monetaria interpreta las reglas constitutivas del sistema de pagos. Si, por ejemplo, un Banco Central ha demostrado ampliamente en el pasado que &eacute;l no tolera una inflaci&oacute;n elevada, tendr&aacute; m&aacute;s laxitud para dejar los precios variar temporalmente para que se absorban los choques imprevistos (un choque petrolero o una degradaci&oacute;n r&aacute;pida del clima social) a diferencia de un banco central que no tenga esta reputaci&oacute;n. Este &uacute;ltimo, en efecto, ser&aacute; sospechoso de poner la econom&iacute;a sobre una trayectoria de inflaci&oacute;n acelerada que conlleva efectos de repartici&oacute;n de las diferentes formas de la riqueza financiera no todas indexadas al mismo grado sobre la tasa de inflaci&oacute;n. Estas p&eacute;rdidas potenciales en capital se realizan efectivamente  cuando los tenedores de los activos imperfectamente protegidos se encuentran en la obligaci&oacute;n de vender.</p>     <p>Es por eso, como se ha se&ntilde;alado anteriormente, que el anclaje nominal es un elemento crucial de la confianza en el dinero. Si el r&eacute;gimen monetario es tal, que la expansi&oacute;n del cr&eacute;dito hace anticipar una desviaci&oacute;n de los precios y que este cambio aten&uacute;a la obligaci&oacute;n de cancelar .las deudas, dada su desvalorizaci&oacute;n progresiva, este r&eacute;gimen es sospechoso de iniquidad. Los ahorradores perciben que el sistema de pagos, que debe expresar el inter&eacute;s general dado que es el v&iacute;nculo social de la´ econom&iacute;a mercantil, opera en el s&oacute;lo inter&eacute;s de los deudores. Entonces, ellos van a discutir las reglas monetarias en vigor buscando en el exterior del sistema oficial (por ejemplo, en una divisa extranjera) un refugio que preserve la liquidez potencial de su riqueza. En este caso, una especulaci&oacute;n se desencadena contra el dinero nacional. Esta actitud de los agentes privados expresa una desconfianza contra la instituci&oacute;n responsable de la pol&iacute;tica monetaria. Si ella es suficientemente compartida por la comunidad financiera, logra forzar al Banco Central a cambiar la pol&iacute;tica en el sentido de un endurecimiento de las condiciones de cancelaci&oacute;n de las deudas.</p>     <p>Por otro lado, el riesgo sist&eacute;mico es otra amenaza para la confianza en el dinero. Esta amenaza se manifiesta por fen&oacute;menos de contagio: mercados financieros fuertemente vendedores, temor de insolvencia de deudas que precipitan un endurecimiento de las exigencias de cancelaci&oacute;n que propaga esta insolvencia, fuga de dep&oacute;sitos en cadena de un banco a otro. El riesgo sist&eacute;mico es la manifestaci&oacute;n m&aacute;s clara del papel social del dinero. La coherencia global obtenida por la obligaci&oacute;n de anular las deudas no es la conciliaci&oacute;n general de los intereses privados. Al contrario, el riesgo sist&eacute;mico muestra que existen situaciones donde la preservaci&oacute;n de los intereses privados suscita comportamientos descentralizados que provocan reacciones mutuas, donde el resultado colectivo es nocivo para todos. En esta situaci&oacute;n, la aceptaci&oacute;n del dinero no est&aacute; en cuesti&oacute;n, aunque, la excesiva dureza de las condiciones de reembolso de las deudas, a causa de la penuria del dinero central, provoca un marasmo econ&oacute;mico, y aun la depresi&oacute;n.</p>     <p>Se puede ahora comprender la posici&oacute;n singular de la autoridad monetaria, el Banco Central en las econom&iacute;as contempor&aacute;neas. Su pr&aacute;ctica cotidiana en el sistema de pagos puede ser rutinaria mientras que la estructura de deudas evoluciona en el dominio de viabilidad. Pero esto depende de la confianza en el dinero. Esta confianza permite a los agentes cerrar los contratos de deuda y de administrar sus colocaciones haciendo como si los riesgos colectivos -degradaci&oacute;n acwnulativa del anclaje nominal y riesgo sist&eacute;mico- tuvieran una probabilidad de ocurrencia despreciable. La pol&iacute;tica monetaria, cuando ella es previsible y estable, ´da entonces una ventaja colectiva a los agentes privados bajo la forma de un marco de referencia para evaluar la  solvencia de las deudas.</p>     <p>&iquest;Por cual l&oacute;gica de comunicaci&oacute;n el Banco Central puede obtener la adhesi&oacute;n suficiente al r&eacute;gimen monetario que &eacute;l aplica en la pr&aacute;ctica? Se necesita que tome como referencia un discurso de inter&eacute;s general. Ciertamente, no se trata de la afirmaci&oacute;n de que todos los intereses privados pueden estar conciliados. Se trata de hacer creer que el Banco Central act&uacute;a de tal manera que el dinero est&aacute; al servicio de todos, de acuerdo con su estatuto de principio .general de cohesi&oacute;n social. S&oacute;lo es cuesti&oacute;n de hacer creer: la confianza en el dinero est&aacute; sostenida por una creencia &#91;Simmel1907&#93;.</p>     <p><b>CREENCIA Y CONFIANZA</b></p>     <p>La creencia es un proceso colectivo. Sin embargo, ella resulta de interacciones subjetivas entre los agentes econ&oacute;micos. Ella expresa la representaci&oacute;n de la pertenencia de cada uno a la colectividad formada por la interdependencia de todos. La colectividad no es la colecci&oacute;n de los individuos, pero s&iacute; el conjunto de sus relaciones. Cuando la colectividad es el conjunto de las relaciones instauradas por la divisi&oacute;n mercantil del trabajo, la pertenencia es la de la deuda y de la obligaci&oacute;n de cancelar las deudas. Es por eso que el medio &uacute;ltimo de anulaci&oacute;n es el representante de la sociedad frente a la multiplicidad de deudas privadas. Su aceptaci&oacute;n un&aacute;nime significa precisamente que uno pertenece a un mismo sistema de pagos, y por ende, al mismo sistema de reglas sociales. Tener confianza en el dinero es, entonces, creer que los otros van a aceptar las reglas seg&uacute;n las cuales ellos deben honrar sus deudas. La confianza reposa, por ende, sobre las reglas monetarias fundamentales de la econom&iacute;a mercantil. Pero el proceso que la crea moviliza representaciones y actitudes que no son solamente comportamientos econ&oacute;micos.</p>     <p>El dinero es la raz&oacute;n del todo de la econom&iacute;a mercantil. Como se ha demostrado en la primera parte, el dinero expresa el todo por(lue es una l&oacute;gica de sistema. El dinero como totalidad es la articulaci&oacute;n de las reglas fundamentales que definen el sistema de pagos: la unidad de cuenta, el principio de emisi&oacute;n, el principio de anulaci&oacute;n de saldos individuales. Estas reglas son universales. Ellas hacen de la econom&iacute;a mercantil una econom&iacute;a del g&eacute;nero humano particularmente corrosiva respecto a los modos de humano particularmente corrosiva respecto a los modos de pertenencia social fundados sobre el status, la costumbre o la subordinaci&oacute;n personal. El dinero expresa una jerarqu&iacute;a de valor por la abstracci&oacute;n del n&uacute;mero y las obligaciones que est&aacute;n ligadas a &eacute;l. La pertenencia de los individuos a la jerarqu&iacute;a de valor implica conformarse a la evaluaci&oacute;n que la sociedad hace de ellos y ejecutar las operaciones de cancelaci&oacute;n que se imponen. El dinero confiere a la sociedad una estructura de interdependencia que conserva la impersonalidad de las relaciones entre los individuos. Ella crea en el mismo movimiento la racionalidad econ&oacute;mica, es decir, la aptitud a expresar los fines individuales e intentar realizarlos de manera objetiva gracias a la cuantificaci&oacute;n monetaria. En este sentido se puede decir que la interdependencia seg&uacute;n la l&oacute;gica del dinero preserva la autonomia o la libertad del individuo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La cuesti&oacute;n de la confianza en el dinero est&aacute; fuertemente marcada por esta l&oacute;gica en la cual cada uno est&aacute; ligado a la comunidad an&oacute;nima de los otros por reglas fundamentales de validez universal. Para los individuos que participan en este sistema, la l&oacute;gica misma se presenta como una norma de base que s&oacute;lo puede ser supuesta. Es esta relaci&oacute;n de pertenencia sist&eacute;mica la que es sentida subjetivamente como una creencia. La creencia es la relaci&oacute;n que los individuos mantienen con la jerarqu&iacute;a de valor (la coherencia de las reglas fundamentales) que los constituye como miembros de la sociedad mercantil. Se puede decir que el dinero se presenta a los individuos como una norma b&aacute;sica de la sociedad en la cual ellos viven, al igual que la ley o la prohibici&oacute;n moral. La creencia es, entonces, la expresi&oacute;n de una relaci&oacute;n vertical que es caracter&iacute;stica que la jerarqu&iacute;a de valor. Es una relaci&oacute;n que no se puede cuestionar sin provocar una crisis de pertenencia. De la misma manera Claude Levi-Strauss afirma que la creencia est&aacute; en la raiz misma de la vida en sociedad. En este car&aacute;cter fundador, hay necesariamente un desconocimiento, una opacidad irreductible del todo social para los individuos que act&uacute;an seg&uacute;n las reglas fundamentales del dinero. &iquest;Por qu&eacute; estas reglas existen? Es una cuesti&oacute;n que no se plantea en la pr&aacute;ctica econ&oacute;mica.</p>     <p>Los agentes privados mantienen, por lo tanto, con el dinero una relaci&oacute;n que no es de orden contractual, que no es objeto de un c&aacute;lculo, que no es transparente a cada uno en el sentido de que nadie puede afirmar ser el autor de esta norma fundamental. El dinero es la condici&oacute;n de base de la sociedad mercantil, la jerarqu&iacute;a de valor supuesta para poder hacer c&aacute;lculos y cerrar los contratos. As&iacute; se puede decir que la experiencia de pr&aacute;cticas monetarias es la experiencia de una diferenciaci&oacute;n del todo social con relaci&oacute;n a cada individuo. Se puede, entonces, preguntar en cu&aacute;les creaciones mentales se representa esta creencia com&uacute;n de pertenecer al mismo sistema de reglas monetarias.</p>     <p>Una respuesta posible es hacer la hip&oacute;tesis de que sentir la pertenencia a un todo que sobrepasa el individuo es representada mentalmente por el reconocimiento de los s&iacute;mbolos. Los s&iacute;mbolos son representaciones idealizadas que acuden a la memoria colectiva como eventos pasados ejemplares. Por ejemplo, la crisis financiera de 1929 es un evento que es reactivado por los operadores financieros y los comentaristas de la prensa financiera cada vez que una inquietud se presenta por la estabilidad de los mercados. Esta reactivaci&oacute;n no remite en ning&uacute;n caso a una comparaci&oacute;n objetiva de las situaciones. Es un punto de cristalizaci&oacute;n de opiniones que est&aacute;n desorientadas por la incertidumbre de la situaci&oacute;n actual. Esta cristalizaci&oacute;n es un retorno de lo rechazado, es decir, de la amenaza de un p&aacute;nico que vive siempre detr&aacute;s de las actitudes asociadas a los comportamientos financieros. Si existen s&iacute;mbolos de crisis, hay tambi&eacute;n s&iacute;mbolos de orden y de pacificaci&oacute;n. Es el caso del oro en los per&iacute;odos turbulentos donde, como al fin de los a&ntilde;os 70s, todas las grandes monedas estaban carcomidas por la inflaci&oacute;n. Es a la vez la memoria idealizada del patr&oacute;noro y m&aacute;s profundamente las virtudes m&iacute;ticas prestadas al oro, en calidad de materializaci&oacute;n del poder sagrado, que revisti&oacute; la creencia en un punto fijo al cual el sistema monetario se puede atar.</p>     <p>As&iacute; los s&uacute;nbolos transfieren sobre el dinero, atributos de la soberan&iacute;a vividos en otras experiencias, lo que permite la formaci&oacute;n de la creencia. Porque la soberan&iacute;a es una e indivisible, es posible que la din&aacute;mica de la analog&iacute;a transfiera met&aacute;foras de la soberan&iacute;a del campo pol&iacute;tico o del campo religioso sobre el dinero. El establecimiento de la confianza se encontrar&iacute;a en las maneras en la cual se hace este traslado.</p>     <p>Otra respuesta desarrollada en este libro por J. Birouste, consiste m&aacute;s bien en decir que la confianza se encuentra en la prome5a de calmar tensiones de los sujetos. En efecto, los sujetos son puestos en carencia de reconocimien¬to social por la divisi&oacute;n del trabajo. La sola manera por ellos de hacer reco¬nocer su identidad y de calmar as&iacute;, temporalmente, su falta de reconoci¬miento por la sociedad, es de someterse a la regla monetaria. Porque los individuos hacen la prueba, incesantemente renovada de ausencia y de su reducci&oacute;n, ellos confieren un&aacute;nimemente al dinero una potencia emblem&aacute;tica que va m&aacute;s all&aacute; de los s&uacute;nbolos del poder o de la trascendencia. Se sigue que, aun si el dinero puede apoyarse sobre los s&uacute;nbolos estatales o sagrados, la confianza en &eacute;l es inmanente a la un.iversalidad de la l&oacute;gica que lo instituye. Por ejemplo, esta distinci&oacute;n vuelve inteligible la idea de la despolitizaci&oacute;n del dinero. La confianza que tenemos en el dinero, al tener &eacute;ste una l&oacute;gica universal sin conciencia y sin limitaci&oacute;n territorial o cultural, es compatible con m&uacute;ltiples formas de representaci&oacute;n.</p>     <p><b>LA INDEPENDENCIA DE LOS BANCOS CENTRALES: UN MODO DE LEGITIMACI&Oacute;N DEL DINERO EN UN CONTEXTO HIST&Oacute;RICO SINGULAR</b></p>     <p>Seg&uacute;n lo que precede, dar legitimidad al dinero es evitar que los conflictos de intereses inherentes a la incertidumbre sobre la evoluci&oacute;n futura de las deudas no se polaricen sobre la liquidez. Eso se produce cuando ciertos umbrales de inquietud desencadenan fen&oacute;menos colectivos. Dos procesos gen&eacute;ricos han sido identificados: 1) la fragilidad de las deudas que por sus consecuencias posibles puede ser llamada &quot;riesgo sist&eacute;mico&quot;; y 2) la p&eacute;rdida del anclaje nominal que puede conducir a rechazar el dinero instituido.</p>     <p>El dinero es leg&iacute;timo si los agentes econ&oacute;micos creen que estos dos umbrales ser&aacute;n evitados. Esto no determina un equilibrio, pero s&iacute; trayectorias viables. Las quiebras existen pero quedan en el plano individual. Las fluctuaciones perturbadoras de precios se producen sobre algunos mercados financieros, pero permanecen a nivel local. Mantener la econom&iacute;a monetaria en un campo de viabilidad, es como lo hemos visto anteriormente, el problema de la pol&iacute;tica monetaria .</p>     <p>Como los umbrales dependen de las creencias de los agentes en el buen fundamento de las reglas monetarias, los grados de libertad de la pol&iacute;tica monetaria son tanto m&aacute;s amplios cuanta m&aacute;s leg&iacute;tima a los ojos de los actores privados de la econom&iacute;a sea la acci&oacute;n de las autoridades que la conducen.</p>     <p>Cuando se hace la hip&oacute;tesis de que la creencia es reforzada por procesos simb&oacute;licos de traslado de soberan&iacute;a, pareciera que se colocara la legitimidad del dinero bajo la tutela del orden pol&iacute;tico, ya que en nuestras sociedades contempor&aacute;neas, la soberan&iacute;a es nacional y democr&aacute;tica. Ahora bien, se presenta una dificultad seria. Para las grandes monedas, el d&oacute;lar principalmente, el espacio de los usuarios est&aacute; muy lejos de cubrir a los ciudadanos del pa&iacute;s de emisi&oacute;n respecto de los residentes de este pa&iacute;s. Y la importancia de esta disociaci&oacute;n no es constante en la historia. De esta forma, parece &uacute;til poner la reciente afici&oacute;n por la independencia de los bancos centrales respecto de los gobiernos en la perspectiva de la globalizaci&oacute;n financiera.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>POLITIZACI&Oacute;N Y DESPOLITIZACI&Oacute;N DEL DINERO</b></p>     <p>Nadie estar&aacute; sorprendido porque la soberan&iacute;a pol&iacute;tica moderna se inscribe en un territorio limitado correspondiente a la naci&oacute;n. Trazar fronteras exteriores es un acto fundador que es decisivo para suscitar la pertenencia, la relaci&oacute;n de cada ciudadano al todo de la colectividad nacional. De esta forma, las naciones, limit&aacute;ndose las unas a las otras, refuerzan la soberan&iacute;a de cada una. El limite exterior se acompa&ntilde;a de un limite jur&iacute;dico interior que traza las fronteras de los dominios privados y p&uacute;blicos. Separar, identificar, clasificar, tales son las operaciones elementales en el orden pol&iacute;tico (frontera entre mercado y servicios p&uacute;blicos, por ejemplo, en el dominio de la econom&iacute;a social: categor&iacute;as socio - profesionales, beneficiarios de derechos sociales, etc.). Ellas se realizan leg&iacute;timamente en nombre de la creencia en una entidad simb&oacute;lica: la soberan&iacute;a nacional.</p>     <p> Al contrario, la norma monetaria funda lo que se ha llamado el &quot;sistema de pagos&quot;. Es un sistema de reglas abstractas cuya aplicaci&oacute;n es, en principio, ilimitada. El dinero tiene vocaci&oacute;n a la universalidad; el espacio de la circulaci&oacute;n de deudas tiende a ser mundial, homog&eacute;neo y generalizado. Las condiciones de su anulaci&oacute;n deben ser compatibles con esta extensi&oacute;n.</p>     <p>Dado que la distinci&oacute;n de la econom&iacute;a y de la pol&iacute;tica no es solamente entre campos de pr&aacute;cticas sino sobre todo entre modos de abstracci&oacute;n, la legitimidad del dinero tampoco puede confundirse con la soberan&iacute;a pol&iacute;tica. Es precisamente por eso que se debe hablar de traslado simb&oacute;lico de soberan&iacute;a entre estos dos &oacute;rdenes de normatividad. Seg&uacute;n las &eacute;pocas hist&oacute;ricas, la´ interacci&oacute;n dominante va en un sentido o en el otro. Por este motivo se puede decir que el dinero es m&aacute;s o menos &quot;politizado&quot; seg&uacute;n la importancia de los obst&aacute;culos a la expansi&oacute;n internacional del capital.</p>     <p>Un orden monetario universal se ha constituido progresivamente bajo el impulso de la gran expansi&oacute;n financiera del &uacute;ltimo tercio del siglo XIX. Se desarroll&oacute; a la vuelta del siglo XX y se quebr&oacute; con los primeros golpes de ca&ntilde;&oacute;n con la primera guerra mundial. En el patr&oacute;n oro, la norma monetaria es formalizada por la regla de convertibilidad. Reconocida como un principio superior com&uacute;n por las grandes potencias, esta regla establece la universalidad del dinero. Se ha podido hablar de &quot;constituci&oacute;n monetaria internacional&quot; que se impone a la regularizaci&oacute;n de los dineros nacionales) ligadas como componentes del dinero mundial &#91;Bordo 1981&#93;. En esta forma ser&aacute; impropio hablar de pol&iacute;tica monetaria para designar el funcionamiento del sistema monetario internacional. Correlativamente, los bancos centrales no  necesitan que se les delegue un mandato por la autoridad pol&iacute;tica. El mandato se impon&iacute;a por s&iacute; mismo; el respeto a la convertibilidad. Estaba tan anclado ese respeto que aun la misma suspensi&oacute;n temporaria de la convertibilidad por el Banco de Inglaterra, para combatir algunas crisis financieras particularmente peligrosas, no ba sacudido la confianza de los agentes econ&oacute;micos en la convertibilidad. Por supuesto, un orden monetario universal no prohibe las diferencias de poder financiero entre las naciones, la jerarqu&iacute;a de las plazas y la supremac&iacute;a de algunas divisas. Pero, nunca se puso en duda que el manejo de la tasa de inter&eacute;s del Banco de Inglaterra era realizado con el solo objetivo de regular los movimientos de capitales a corto plazo en concordancia con la regla de convertibilidad, sin consideraci&oacute;n por cualquier finalidad econ&oacute;mica o pol&iacute;tica &#91;Sayers 1976&#93;.</p>     <p>Al contrario, las turbulencias de las guerras mundiales y el trauma de la gran depresi&oacute;n pusieron serias barreras a la expansi&oacute;n internacional del capital. Adem&aacute;s, la aparici&oacute;n de fuerzas sociales nuevas ha modificado no s&oacute;lo las relaciones de fuerzas pol&iacute;ticas, sino tambi&eacute;n lo que est&aacute; en juego en las de-mocracias. El poder instituido de las soberan&iacute;as nacionales cre&oacute; derechos sociales que han dado el cuadro jur&iacute;dico permanente al desarrollo de pol&iacute;ticas econ&oacute;micas con finalidad social. Despu&eacute;s de la segunda guerra mundial, entramos en el mundo keynesiano de las econom&iacute;as nacionales insulares, es decir, con apertura limitada, bajo la protecci&oacute;n de controles a los movimientos de capitales. En este universo econ&oacute;mico, la legitimidad del dinero fue reconstruida sobre su papel instrumental de sost&eacute;n de las finalidades sociales que los gobiernos transformaron en objetivos de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Algunas pol&iacute;ticas monetarias fueron elaboradas; algunos bancos centrales eran a&uacute;n independientes en algunos pa&iacute;ses con estructura pol&iacute;tica federal. Pero el dinero era un instrumento secundario en relaci&oacute;n con el gasto p&uacute;blico o la acci&oacute;n del Estado sobre el financiamiento. La responsabilidad de los gobiernos sobre el conjunto de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas nacionales no era cuestionada &#91;Radeliffe Report 1959&#93;.</p>     <p>En este conjunto de econom&iacute;as nacionales guiadas por gobiernos que afirmaban su intenci&oacute;n de realizar sus objetivos con total autonom&iacute;a, las relaciones monetarias internacionales fueron completamente transformadas. Ellas pudieran ser conflictivas como en los a&ntilde;os 1930 cuando los pa&iacute;ses buscaban exportar el desempleo a trav&eacute;s de la devaluaci&oacute;n competitiva y las barreras aduaneras. La reducci&oacute;n del dinero a un medio de acci&oacute;n p&uacute;blica logr&oacute;, por ende, su punto m&aacute;ximo. Tras la guerra, Bretton Woods fue un intento de conciliaci&oacute;n. Contrariamente a lo que se dice algunas veces, este sistema monetario no fue en ning&uacute;n caso un esfuerzo para restaurar el patr&oacute;n-oro. Bretton Woods es un tratado negociado entre gobiernos; no es la adhesi&oacute;n a un principio monetario universal. Este tratado no estaba destinado a limitar la autonom&iacute;a de las pol&iacute;ticas nacionales; se trataba, por el contrario, de volverlas m&aacute;s eficaces gracias a algunas reglas de buena conducta y a medios de financiaci&oacute;n intergubernamentales. Fue un tratado de desarme monetario paralelo al acuerdo de desarme comercial instituido por el GATT. Este tratado estipulaba que los controles de los movimientos internacionales de capitales eran perfectamente leg&iacute;timos. El tratado completaba, entonces, la politizaci&oacute;n del dinero. Se trataba de construir un amplio espacio de desarrollo econ&oacute;mico, donde cada gobierno pod&iacute;a llevar a cabo su pol&iacute;tica gracias al reconocimiento mutuo de los medios para limitar la influencia nefasta de cada uno sobre los otros. Por supuesto un tal acuerdo entre pa&iacute;ses desiguales no pod&iacute;a evitar que los Estados Unidos impusieran disposiciones que les fueron favorables. Sin embargo, eso no ha impedido, sino al contrario favorecido, el progreso de Europa occidental.</p>     <p>El p&eacute;ndulo vuelve hacia la necesidad de una despolitizaci&oacute;n del dinero porque la expansi&oacute;n internacional del capital, estimulado por el desarrollo econ&oacute;mico de los a&ntilde;os 1960, desbord&oacute; y despu&eacute;s hizo explotar, los l&iacute;mites planteados por Bretton Woods. Lo que es apasionante en este asunto, es que, en una primera fase, la ideolog&iacute;a monetarista afirm&oacute; un doble postulado contradictorio: por un lado, la despolitizaci&oacute;n del dinero en las naciones por la aplicaci&oacute;n de una regla monetaria cuantitativa, y por el otro, el refuerzo de la autonom&iacute;a de las naciones gracias a los cambios flexibles. Estas dos exigencias no eran compatibles sino en la concepci&oacute;n del equilibrio. Los des&oacute;rdenes monetarios internacionales se encargaron de barrer es ta ilusi&oacute;n. Mostraron una vez m&aacute;s que la libertad financiera pod&iacute;a conllevar los peores des&oacute;rdenes en la ausencia de norma monetaria universal, dado que los compromisos financieros no se autorregulan.</p>     <p>A mediados de los a&ntilde;os 80, en el paroxismo de la inestabilidad del d&oacute;lar, de la crisis del endeudamiento internacional y de las distorsiones de pagos internacionales, apareci&oacute; una doble inflexi&oacute;n. Hubo de una parte, un esfuerzo para restablecer un m&iacute;nimo de reglas de buena conducta monetaria entre los gobiernos en el seno del G7. Hubo de otra parte y sobre todo, la apertura del debate sobre la independencia de la Banca Central. La primera tentativa, que fue formalizada durante los acuerdos del Louvre en febrero 1987, fracas&oacute;. Este acuerdo, que trataba sobre el tipo de cambio, no cuestionaba la autonom&iacute;a de las pol&iacute;ticas nacionales. Ahora bien, tales disposiciones parciales que pretenden continuar sometiendo la soberan&iacute;a monetaria a la pol&iacute;tica, al tiempo que fortalecen la libertad financiera, est&aacute;n destinadas al fracaso.</p>     <p> Cuando el espacio de circulaci&oacute;n de deudas se vuelve mundial, el orden monetario s&oacute;lo puede reposar sobre un principio universal de legitimidad. Tal es la significaci&oacute;n del segundo debate.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El problema no es si algunos Bancos Centrales puedan tener estatus de in-dependencia en algunos pa&iacute;ses ya que as&iacute; es desde hace mucho tiempo. <i>La cuesti&oacute;n es plantear la independencia del Banco Central como el principio universal de un nuevo orden monetario internacional en el lugar y el espacio de la convertibilidad que define el patr&oacute;n oro.</i> En lugar de un anclaje formal por declaraci&oacute;n oficial del precio de un mismo metal en las diferentes unidades de cuenta nacional, lo que se busca es un anclaje institucional por medio de la separaci&oacute;n del poder monetario del Banco Central y del poder gubernamental en el seno del Estado en los diferentes pa&iacute;ses. La cuesti&oacute;n que se plantea es entonces la siguiente: &iquest;qu&eacute; creencia puede legitimar tal innovaci&oacute;n institucional?</p>     <p><b>ETICA Y POLITICA</b></p>     <p> Entre los economistas el debate sobre la independencia no ha abordado el problema de esta manera. Es verdad que este debate es particularmente decepcionante. Centrados en la inflaci&oacute;n y no prestando mucha atenci&oacute;n al sistema monetario internacional, las reflexiones de los economistas utilizan definiciones extensivas de la independencia. Se proponen un mont&oacute;n de disposiciones jur&iacute;dicas sacadas de la lectura de textos sobre los estatutos de los bancos centrales &#91;Alesina y Grillo 1991&#93;. Al no plantear nunca el problema de la legitimidad del dinero la confusi&oacute;n entre el ser y el deber ser, es decir, la independencia <i>de jure</i> y la independencia <i>de facto</i>, llega a ser inevitable. Basta que un Banco Central sea declarado independiente para ser adornado de la sola virtud que le parece interesante a los autores: la lucha contra la inflaci&oacute;n. S&oacute;lo en Europa se toma en cuenta la dimensi&oacute;n internacional porque el lazo entre la independencia y constituci&oacute;n de la uni&oacute;n monetaria se impone con la fuerza de la evidencia.</p>     <p>Sin embargo, la cuesti&oacute;n permanece. &iquest;Qu&eacute; es lo que puede conducir a los agentes econ&oacute;micos a creer en la legitimidad de un poder monetario que no est&aacute; subordinado a la autoridad de un gobierno democr&aacute;tico? Durkheim, por ejemplo recuerda que una sociedad fundada sobre la divisi&oacute;n del trabajo s&oacute;lo puede sostenerse si existen lazos morales entre los individuos &#91;Durkheim 1978&#93;. En otro registro, la &eacute;tica jugaba un gran papel en la confianza acordada por los agentes privados al patr&oacute;n oro, m&aacute;s all&aacute; de toda garant&iacute;a gubernamental &#91;Frankel 1977&#93;, ya que estos &uacute;ltimos cre&iacute;an que la validez de los compromisos financieros internacionales estaba garantizada. Algunos deudores particulares podr&iacute;an quebrarse. Pero, grupos enteros de deudores no podr&iacute;an hacer presi&oacute;n sobre los gobiernos para obtener manipulaciones monetarias con el fin de desvalorizar sus deudas. Esto quer&iacute;a decir que los deudores p&uacute;blicos pod&iacute;an ser tratados como de deudores privados. Se cre&iacute;a en la primac&iacute;a de los compromisos financieros por encima de las preocupaciones pol&iacute;ticas. Al ser universalmente reconocido el valor nominal de una deuda, el t&iacute;tulo que la representaba pose&iacute;a un espacio de circulaci&oacute;n muy basto. La liquidez estaba asegurada gracias a la variedad de tipos de acreencias y a la amplitud de las transacciones en los mercados &#91;Thomas 1981&#93;. De esta forma, por fuera de las perturbaciones graves provocadas por quiebras individuales importantes, algunos movimientos reducidos de la tasa de inter&eacute;s permit&iacute;an regular el endeudamiento.</p>     <p>Pero, creer en esta primac&iacute;a de lo &eacute;tico significa creer en una fuente de soberan&iacute;a superior a la soberan&iacute;a nacional. Es all&iacute;, indudablemente, que la inversi&oacute;n simb&oacute;lica de la creencia en las virtudes asignadas al oro ha podido jugar. Dado que el oro aparec&iacute;a como radicalmente diferente respecto a las deudas, &eacute;l era la medida imparcial, la norma exterior intangible que uno no puede manipular. Se reconoce all&iacute; el mecanismo de la creencia: el distanciamiento respecto a su objeto es la raz&oacute;n de ser de su fuerza colectiva.</p>     <p>&iquest;C&oacute;mo la independencia de los bancos centrales podr&iacute;a hoy sostener un orden monetario que d&eacute; confianza a los compromisos financieros que cubren el conjunto del planeta? No hay respuesta a esta cuesti&oacute;n. En efecto, las respuestas dadas al problema de la legitimidad de los bancos centrales son por ahora muy heterog&eacute;neas.</p>     <p>En la concepci&oacute;n anglosajona nunca se plantea la cuesti&oacute;n de la &eacute;tica. Se trata de una independencia de la banca central en el seno del Estado con relaci&oacute;n al poder ejecutivo. Ella es delegada por el parlamento frente al cual la banca central es responsable. La independencia es, entonces, englobada en la soberan&iacute;a democr&aacute;tica. Pero, en los Estados Unidos, por ejemplo, el control de las actas de la banca central pasa por un procedimiento espec&iacute;fico. No hay una sanci&oacute;n de un voto en el parlamento. Existe una deliberaci&oacute;n peri&oacute;dica y p&uacute;blica delante de las comisiones competentes del congreso. En esta ocasi&oacute;n el presidente de la banca central debe explicar y justificar la pol&iacute;tica monetaria llevada a cabo en los meses precedentes. Divulgadas por la prensa, esas deliberaciones, as&iacute; como los comunicados de la reserva federal, alimentan los debates m&aacute;s ramificados en la comunidad financiera. La legitimidad de la banca central no se beneficia de ninguna manera de la  exterioridad que identificamos en el caso del patr&oacute;n oro. Ella es fr&aacute;gil, cuestionada, y debe ser conquistada en el seno del procedimiento pol&iacute;tico. Es el resultado de una dial&eacute;ctica que pone la Federal Reserve en contacto con fuerzas que modelan la vida econ&oacute;mica.</p>     <p>Con el Bundesbank uno reencuentra la importancia de la &eacute;tica. La independencia adquiere una exterioridad con relaci&oacute;n al poder pol&iacute;tico inscrito en la ley de la rep&uacute;blica federal. Esta primac&iacute;a de lo &eacute;tico sobre lo pol&iacute;tico proviene de la filosof&iacute;a ardo-liberal que inspir&oacute; la renovaci&oacute;n alemana tras el hundimiento total del Estado y la sociedad en 1945. El ordo-liberalismo apunta expl&iacute;citamente a una constituci&oacute;n monetaria que proteja la libertad individual contra todo poder monetario ya sea que provenga del Estado o de grupos de inter&eacute;s privado &#91;Dehay 1995&#93;. Es una concepci&oacute;n de la independencia m&aacute;s profunda que la hallada en el seno del Estado de inspiraci&oacute;n anglosajona. Es por eso que la proyecci&oacute;n de este modelo sobre Europa va a plantear graves problemas de los cuales los responsables pol&iacute;ticos no parecen muy conscientes. Pero es un modelo que pretende ser la matriz de una nueva constituci&oacute;n monetaria internacional, o por lo menos, para Europa.</p>     <p>En la concepci&oacute;n ordo-liberal, el dinero es expl&iacute;citamente concebido como la norma fundamental que permite a los precios ser &quot;precios justos&quot; que expresan la voluntad general. Encontramos aqu&iacute; la idea de la alianza entre cada ciudadano y la sociedad en su totalidad. El orden monetario es una representaci&oacute;n org&aacute;nica de la sociedad que se percibe como una comunidad. Esta concepci&oacute;n c&iacute;vica expresa la creencia en una fuente de soberan&iacute;a que legitima el banco central como una instituci&oacute;n &aacute;rbitro de la misma manera que el poder judicial. El banco central es reputado leg&iacute;timo porque es un imperativo &eacute;tico la conformidad de sus acciones con el orden monetario. Al conferir a sus decisiones un valor normativo, su responsabilidad frente al parlamento es superflua.</p>     <p>La creencia de los alemanes en el Marco est&aacute; ligada a la identificaci&oacute;n de la armon&iacute;a al orden y a la estabilidad monetaria. La opini&oacute;n p&uacute;blica alemana identifica desorden social a inflaci&oacute;n. La p&eacute;rdida del control sobre el dinero ser&aacute; vivido como un s&iacute;ntoma de decaimiento de la naci&oacute;n alemana. Al contrario, la unidad de la naci&oacute;n se constituye en torno al Marco alem&aacute;n. Este es un pilar de la democracia porque est&aacute; ligado con la integridad del orden social.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b> HACIA UN NUEVO ORDEN MONETARIO INTERNACIONAL</b></p>     <p>Las formas del control monetario est&aacute;n sometidas a un cambio continuo como consecuencia de la globalizaci&oacute;n financiera. Los a&ntilde;os 1980 mostraron que las relaciones monetarias internacionales eran particularmente vulnerables a los choques de toda naturaleza que sacuden la econom&iacute;a mundial. Sin embargo, la inestabilidad que se apoder&oacute; de las relaciones entre las monedas no degener&oacute; en crisis financiera generalizada. Los bancos centrales de los pa&iacute;ses emisores de las m&aacute;s importantes monedas con circulaci&oacute;n internacional han sabido estar suficientemente atentos a las tensiones financieras y cooperar en las situaciones peligrosas para evitar la propagaci&oacute;n del riesgo sist&eacute;mico.</p>     <p>Sin embargo, en los a&ntilde;os 1990, la globalizaci&oacute;n financiera se generaliz&oacute;, ganando los mercados de t&iacute;tulos a largo plazo y extendi&eacute;ndose a nuevos pa&iacute;ses. Accidentes de gran amplitud, como la crisis de M&eacute;xico a comienzos de 1995, o como la crisis asi&aacute;tica en 1997, mostraron que la estabilidad financiera global estaba cuestionada y ped&iacute;a una coherencia m&aacute;s profunda, diferente a la sola prevenci&oacute;n en caliente de los desbordamientos de las crisis particulares, dado que la movilidad universal del capital amplifica las distorsiones econ&oacute;micas provocadas por desacuerdos entre las autoridades nacionales sobre la conducta de la pol&iacute;tica monetaria. La liberalizaci&oacute;n financiera favoreci&oacute; grandemente la flexibilidad del cr&eacute;dito y la elecci&oacute;n de las formas de las colocaciones financieras. Pero, todo esto se hace en detrimento de la capacidad de predecir las variables financieras y, por ende, en la confianza en una moneda con respecto a otra.</p>     <p>La solidaridad de hecho que se cre&oacute; entre los diferentes pa&iacute;ses por la integraci&oacute;n financiera, conlleva la necesidad de internacionalizaci&oacute;n del control del dinero. Gracias a la competencia que se ejerce entre las divisas, un r&eacute;gimen monetario internacional tiende a imponerse. Es, entonces, responsabilidad de las autoridades monetarias que ese r&eacute;gimen no sea ca&oacute;tico. Ahora bien, hemos mostrado que el dinero es un principio social que tiene el car&aacute;cter de un objeto colectivo bajo la forma de reglas constitutivas del sistema de pagos. La globalizaci&oacute;n financiera convierte ese principio en algo supranacional. Sin embargo, la connivencia del dinero con la soberan&iacute;a mantiene el car&aacute;cter nacional de los centros de direcci&oacute;n monetaria. La estabilidad del r&eacute;gimen monetario internacional implica que las autoridades nacionales sobrepasan las contradicciones de sus intereses nacionales para ocuparse del sistema monetario internacional en tanto bien colectivo.</p>     <p> Tras la segunda guerra mundial, el problema se resolvi&oacute; por medio de la hegemon&iacute;a de una divisa clave, el d&oacute;lar, en un sistema que restring&iacute;a seriamente la movilidad internacional del capital. Las fuerzas de expansi&oacute;n del capitalismo desbordaron las reglas del sistema de Bretton Woods y finalmente lo destruyeron. Nos encontramos hoy en otra &eacute;poca en que las fuerzas respectivas de las principales monedas implican una cooperaci&oacute;n global. &iquest;Qu&eacute; forma puede tomar esta &uacute;ltima?</p>     <p>Dado que el sistema monetario evoluciona con las tendencias de la globalizaci&oacute;n financiera, las instituciones responsables de su funcionamiento deben ser capaces de comunicarse con los mercados financieros internacionales. Las instituciones mejor adaptadas a esta tarea son los bancos centrales independientes que tengan concepciones compatibles entre ellas respecto a las responsabilidades que implica su independencia.</p>     <p>&iquest;Por qu&eacute; decir que un acuerdo de bancos centrales independientes es el instrumento de una constituci&oacute;n monetaria internacional? Es necesario tomar esta noci&oacute;n en el sentido amplio de un principio superior com&uacute;n y t&aacute;citamente reconocido, no en el sentido jur&iacute;dico de un texto que codifica normas b&aacute;sicas. Esta noci&oacute;n significa un conjunto de instituciones y de ideas que a&iacute;slan, tanto como le sea posible, las decisiones de pol&iacute;tica monetaria de las presiones pol&iacute;ticas. Esas presiones posibles no son &uacute;nicamente las de los gobiernos, tambi&eacute;n pueden venir de partidos pol&iacute;ticos, de lobbies econ&oacute;micos o de la comunidad financiera. En ese punto, es que la independencia de los bancos centrales es la forma institucional de una legitimidad monetaria que sobrepasa el marco nacional.</p>     <p>Queda por averiguar cu&aacute;l podr&iacute;a ser el contenido de esta legitimidad a medida que la independencia se generaliza. El primer aspecto es un proceso de aprendizaje rec&iacute;proco por medio del cual los bancos centrales consiguen una doctrina com&uacute;n sobre lo que significa la estabilidad del dinero. Eso puede evitar defender reglas monetarias nacionales que aparecen incompatibles en el tiempo (por ejemplo, tipos de cambio fijo entre monedas al tiempo que los ritmos de expansi&oacute;n del cr&eacute;dito tolerados por los bancos centrales son muy diferentes). Pero esto no garantiza una disminuci&oacute;n de la inestabilidad . financiera. Ya que una gran homogeneidad de las doctrinas monetarias, acerca los grados de confianza relativos que se conceden a las diferentes monedas en los pagos internacionales. Los comportamientos privados que buscan la liquidez estar&aacute;n, entonces, muy atentos a las diferencias de corto plazo entre los instrumentos de inversi&oacute;n emitidos en diferentes monedas, aunque las perspectivas de su rendimiento a medio plazo sean similares. Se   puede esperar sustituciones entre monedas por medio de colocaciones l&iacute;qui¬das que mantienen una inestabilidad financiera end&eacute;mica. De esta manera, pol&iacute;ticas monetarias m&aacute;s coherentes en un ambiente financiero, que es una caja de resonancia para los choques de toda naturaleza, hacen presagiar menos distorsiones sistem&aacute;ticas en las tasas de inter&eacute;s y los tipos de cambio, pero m&aacute;s volatilidad.</p>     <p>No obstante, algunos Bancos Centrales independientes est&aacute;n mejor armados que los gobiernos para interactuar en los mercados. Gracias a las informa¬ciones que sacan de su presencia cotidiana en los mercados financieros, ellos pueden, si tienen la misma concepci&oacute;n de la estabilidad, buscar amortizar la inestabilidad de las tasas de cambio, bajo la condici&oacute;n que sus acciones no sean contradictorias con la permanencia del anclaje nominal de los precios. Ellos pueden y deben tambi&eacute;n desarmar las crisis financieras que tienen un poder de propagaci&oacute;n internacional. Para que esas intervenciones sean pertinentes el club de bancos centrales es conducido a desarrollar una vigilancia prudencial con los dispositivos de informaci&oacute;n y de an&aacute;lisis comunes: conocimiento de las interdependencias entre mercados financieros, identificaci&oacute;n de los establecimientos financieros que son polos cr&iacute;ticos en la liquidez de los mercados, vigilancia de los flujos de capitales y de las variaciones de los precios de activos que pueden ser los s&iacute;ntomas de especulaci&oacute;n desestabilizantes.</p>     <p>De lo que est&aacute; en juego por las transformaciones de la finanza y por un proceso interactivo, emerge, por lo tanto, un conjunto de instituciones y de pr&aacute;cticas que apuntan a poner las formas de la legitimidad en conformidad con la universalidad del fen&oacute;meno monetario.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#nr1">1</a><a name="1"></a> Thivcad, J.-M. &#91;1998&#93; Y Th&eacute;ret, B. &#91;1998&#93; desarrollan ampliamente este tema que se presenta a lo largo del conjunto de este libro.</p>      <p><a href="#nr2">2</a><a name="2"></a> Durante un importante congreso un te&oacute;rico reconocido del dinero, M. Hellwig &#91;1993&#93;, se propuso explicar al conjunto de la profesi&oacute;n que los cinco temas fundamentales respecto al dinero todav&iacute;a hoy no est&aacute;n resueltos. Concluye que &quot;no disponemos a&uacute;n de un marco te&oacute;rico conveniente para estudiar el funcionamiento de una econom&iacute;a monetaria&quot;.</p>      <p><a href="#nr3">3</a><a name="3"></a> Una exposici&oacute;n m&aacute;s t&eacute;cnica sobre todos estos temas est&aacute; en Cartelier &#91;1995&#93;.</p>       <p><a href="#nr4">4</a><a name="4"></a> A. Orl&eacute;an &#91;1998&#93; demuestra que la confianza elemento esencial en todo an&aacute;lisis del dinero no se puede reducir a un c&aacute;lculo racional en t&eacute;rminos de utilidad.</p>     <p><a href="#nr5">5</a><a name="5"></a> El texto de J. Birouste &#91;1998&#93; est&aacute; completamente consagrado al an&aacute;lisis psicol&oacute;gico del dinero.</p>     <p><a href="#nr6">6</a><a name="6"></a>  La noci&oacute;n de sistema de pagos es la expresi&oacute;n abstracta adaptada a la te&oacute;rica econ&oacute;mica de una concepci&oacute;n que en lo fundamental no depende de la econom&iacute;a. Adem&aacute;s de las contribuciones ya mencionadas de J -M. Thiveau &#91;1998&#93; y B. Th&eacute;ret &#91;1998&#93;, el lector puede consultar los textos de De Coppet y De Andreau &#91;1998&#93; consagrados an&aacute;lisis precisos del dinero en las sociedades no mercantiles.</p>     <p><a href="#nr7">7</a><a name="7"></a> Ver los textos ya citados de De Coppet y De Andreau &#91;1998&#93; y tambi&eacute;n la contribuci&oacute;n de J.-M. Servet,</p>     <p><a href="#nr8">8</a><a name="8"></a>  Reduciendo la descripci&oacute;n del mercado a un intercambio directo o indirecto de una dotaci&oacute;n inicial de factores de producci&oacute;n, la teor&iacute;a del equilibrio general redujo de manera especial la representaci&oacute;n tradicional que se tiene despu&eacute;s de Smith de la divisi&oacute;n mercantil de las actividades econ&oacute;micas.</p>     <p><a href="#nr9">9</a><a name="9"></a>  Aqu&iacute; se apunta a la hip&oacute;tesis seg&uacute;n la cual las dotaciones iniciales de los agentes les permiten vivir sin ir al mercado. Presentada como &quot;t&eacute;cnica&quot; (sin ella las funciones de demanda no ser&iacute;an continuas y el equilibrio general podr&iacute;a no existir). Esta hip&oacute;tesis posee implicaciones filos&oacute;ficas fundamentales: la constituci&oacute;n voluntaria de la sociedad sobre la base de los intereses individuales que se entienden por fuera de toda sociedad.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b> REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p>&#91;1&#93; Alesina A. Y Grillo V. &#91;1991&#93;. &quot;The European Central Bank: Reshaping Monetary Politics in Europe&quot;, CEPR <i>Discussion Papers</i>, 563, julio.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0121-4772200200010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;2&#93;  Birouste J. &#91;1998&#93;. <i>Confiance et monnaie. Psythologies des liens r&eacute;parateur protecteur el int&eacute;grateur</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-4772200200010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;3&#93; Bordo M. &#91;1981&#93;. &quot;The Classical Gold Standard: Some Lessons for Today&quot;, <i>Federal Reserve bank of Saint Louis Review</i>, mayo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0121-4772200200010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;4&#93; Cartelier J. &#91;1995&#93;. &quot;Le mode d'accord marchand: monnaie versus &eacute;quilibre&quot;, <i>L</i>'<i>Inscription sociale du march&eacute;;</i>, A. Jacob y H. V&eacute;rin, Lharmattan, Par&iacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0121-4772200200010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;5&#93; De Coppet D. y de Andreau J. &#91;1998&#93;. <i>Une monnaie pour une communaut&eacute; m&eacute;lan&eacute;sienne compar&eacute;e &aacute; la n&oacute;tre pour l'individu des soci&eacute;t&eacute;s europ&eacute;enes</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0121-4772200200010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;6&#93; Dehay E. &#91;1995&#93;. &quot;La justification ordo-lib&eacute;rale de l'ind&eacute;pendance des banques centrals&quot;, <i>Revue Francaise d'economie</i>, X, 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-4772200200010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;7&#93; Durkheim E. &#91;1978&#93;. <i>De la division du travail social</i>, PUF.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-4772200200010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;8&#93; &Eacute;lias N. &#91;1991&#93;. <i>La Soci&eacute;t&eacute;  des individus</i>, Paris, Fayard.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-4772200200010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;9&#93; Frankel H. &#91;1977&#93;. <i>Money two philosophies. The conflict of trust and authority</i>, Basil Blackwell, Oxford.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-4772200200010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;10&#93; Hellwig Martin. &#91;1993&#93;. &quot;The challenge of monetary theory&quot;, <i>European Economic Review</i>, 37, 216.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-4772200200010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;11&#93; Laurence W &#91;1989&#93;. &quot;What Kinds of Monetary Institutions Would A Free Market Deliver?&quot;, <i>Cato journal</i>, vol.9, n. 2, oto&ntilde;o, 367-403.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-4772200200010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;12&#93; Orl&eacute;an A. &#91;1998&#93;. <i>La monnaie autor&eacute;f&eacute;rentielle: reflexions sur les &eacute;volutions mon&eacute;taires contemporaines</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-4772200200010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;13&#93; Radcliffe Report. &#91;1959&#93;.<i> Committee on the Working of the Monetary System</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-4772200200010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;14&#93; Sayers R. S. &#91;1976&#93;.<i> The Bank of England, 1891-1914</i>, Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-4772200200010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;15&#93; Th&eacute;ret B. &#91;1998&#93;. <i>De la dualit&eacute; des dettes et de la monnaie dans les soci&eacute;t&eacute;s salariales</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0121-4772200200010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;16&#93; Thiveaud J.M. &#91;1998&#93;. <i>Fait financier et instrument mon&eacute;taire entre souverainet&eacute; et l&eacute;gitimit&eacute;. L 'institution financi&eacute;re des soci&eacute;t&eacute;s archaiques</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-4772200200010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;17&#93; Thomas J.G. &#91;1981&#93;. &quot;Politique mon&eacute;taire et autodestruction du capital&quot;, <i>&Eacute;conomica, Par&iacute;s</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-4772200200010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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