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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>EL ESTADO COMUNITARIO. UNA APROXIMACI&Oacute;N A LAS  BASES FILOS&Oacute;FICAS</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="right"><b>&Aacute;lvaro  Moreno</b> *</p>     <p align="right"><b>Fernando  Garc&iacute;a</b></p>     <p>* A. Moreno es profesor de la Universidad Nacional de Colombia y F. Garc&iacute;a es fil&oacute;sofo  de la Universidad Nacional de Colombia. Enviar los comentarios al correo: <a href="mailto:amoreno65@yahoo.es">amoreno65@yahoo.es</a>. Art&iacute;culo recibido el 2 de mayo de 2003 y  aprobado el 20 de octubre del mismo a&ntilde;o.</p><hr>      <p>El manifiesto program&aacute;tico del Presidente  Uribe V&eacute;lez establece como objetivo central de su gobierno sentar las bases  para la construcci&oacute;n de un &quot;Estado Comunitario&quot;. Dicho proyecto pretende, entre  otras cosas, acercar el Estado al ciudadano, mejorar la eficiencia en el uso de  los recursos p&uacute;blicos, regirse por la regla de hierro de la austeridad fiscal,  promover las normas de la racionalidad gerencial y administrativa en el manejo  de la cosa p&uacute;blica y definir los patrones de la &quot;vida buena&quot; para los miembros  de la &quot;comunidad&quot;. De ninguna manera se pretende reducir la incidencia del  Estado en la vida de las personas, por el contrario, el edificio requiere que los  individuos se realicen por medio de su integraci&oacute;n a la &quot;Comunidad&quot;. As&iacute;, por  ejemplo, el municipio no s&oacute;lo es el &quot;primer encuentro del ciudadano con el  Estado&quot;, sino que se le considera como el espacio adecuado de la comuni&oacute;n del  &quot;nosotros&quot;, es decir, &quot;el municipio es al ciudadano lo que la familia es al ser  humano&quot;. De esta manera pareciera que se viola la implacable l&oacute;gica de  Mandeville: &quot;vicios privados &ndash; virtudes p&uacute;blicas&quot;, para defender el eslogan:  &quot;virtudes privadas &ndash; virtudes p&uacute;blicas&quot;.</p>     <p>Ahora bien, la adopci&oacute;n del t&eacute;rmino  &quot;comunitario&quot; como elemento definitorio central del programa de gobierno de  &Aacute;lvaro Uribe ha despertado en Colombia la curiosidad por una discusi&oacute;n que, si  bien en Norteam&eacute;rica y en Europa ya cuenta algo m&aacute;s de dos d&eacute;cadas, en nuestro  pa&iacute;s permanec&iacute;a limitada a los c&iacute;rculos acad&eacute;micos. Debido a nuestra  experiencia hist&oacute;rica y cultural, la referencia a la &quot;comunidad&quot; puede tener  una resonancia m&aacute;s bien d&eacute;bil, que cuando mucho nos har&aacute; pensar en comunidades  ind&iacute;genas, en comunidades religiosas, o acaso en las generalmente an&eacute;micas  juntas de acci&oacute;n comunal. M&aacute;s all&aacute; de una difusa pertenencia a la comunidad del  catolicismo, no hay para la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n &ndash;sobre todo urbana&ndash; un  referente claro de lo que sean v&iacute;nculos comunitarios.</p>     <p>Para los europeos y para los norteamericanos  puede tener, sin embargo, el t&eacute;rmino &quot;comunidad&quot; otras connotaciones tanto  positivas como negativas; en Alemania, por ejemplo, puede evocar en un  principio la <i>Volksgemeinschaft</i> de los  nazis o las formas m&aacute;s radicales del colectivismo comunista. En los Estados  Unidos la experiencia es diferente ya que, hasta los a&ntilde;os treinta del siglo XX,  era com&uacute;n que los inmigrantes del viejo mundo, ante el desarraigo que  representaba despojarse de sus lazos sociales y culturales originales,  construyeran nuevas formas de comunidad, lo que acu&ntilde;&oacute; una mentalidad de  autoorganizaci&oacute;n comunitaria que se ha preservado hasta hoy. Pero es igualmente  en los Estados Unidos, como en ninguna otra parte del mundo, donde el discurso  liberal de los derechos individuales ha adquirido una preeminencia tal, que ha  amenazado la existencia de lazos comunitarios. Estos dos elementos ayudan a  entender que haya sido all&iacute;, precisamente, donde brot&oacute; en los a&ntilde;os ochenta el  pensamiento comunitarista.</p>     <p>Como afirma W.R. Sch&auml;fer, el proyecto  comunitarista es el intento de revitalizar el pensamiento sobre la comunidad en  las condiciones de las sociedades de la informaci&oacute;n posmodernas. No se quiere,  pues, abogar por un retorno a formas de vida premodernas, cuya extinci&oacute;n  describi&oacute; ya Ferdinand T&ouml;nnies en el siglo XIX como un proceso inevitable, sino  de introducir correctivos a las tendencias socialmente desintegradoras de las  sociedades liberales contempor&aacute;neas. En ese sentido, se le puede considerar  como una nueva articulaci&oacute;n de la insatisfacci&oacute;n producida por las modernas  tendencias de individualizaci&oacute;n; insatisfacci&oacute;n que cada cierto tiempo  encuentra una nueva expresi&oacute;n.</p>     <p>De manera general se puede caracterizar el  comunitarismo, por una parte, como una corriente en la filosof&iacute;a social y, por  otra, como un conjunto de orientaciones pr&aacute;cticas para la acci&oacute;n pol&iacute;tica. En  ambos casos se propone, b&aacute;sicamente, revitalizar y dar a los lazos comunitarios  una nueva fundamentaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque se suele hablar del comunitarismo como  si se tratara de un movimiento con planteamientos homog&eacute;neos, hay que decir que  en &eacute;ste se presentan diferentes matices que se&ntilde;alan influencias de diversas  tradiciones del pensamiento pol&iacute;tico. Tampoco se le puede clasificar como un  pensamiento de izquierda o de derecha. Para Amatai Etzioni &ndash;quiz&aacute; el m&aacute;s  popular de los pensadores comunitaristas actualmente&ndash; el comunitarismo  significa una apertura m&aacute;s all&aacute; de la derecha y de la izquierda. Sus  planteamientos se dirigen tanto a los liberales de izquierda como a los  conservadores, de manera que han recibido eco tanto en posiciones que critican  fundamentalmente la disoluci&oacute;n de valores de la sociedad moderna y abogan por  la restituci&oacute;n de virtudes morales tradicionales como en posturas que se  orientan a la promoci&oacute;n de la democracia sobre la base de una ampliaci&oacute;n de  mecanismos plebiscitarios. Pero sin duda, su influencia m&aacute;s definida la ha  ejercido el comunitarismo en los noventa en la conformaci&oacute;n de lo que se ha  llamado &quot;el nuevo centro&quot; o la &quot;tercera v&iacute;a&quot;, en el que se reconoce el papel  que, junto al mercado y al Estado, juega la comunidad para la conformaci&oacute;n de  una buena sociedad.</p>     <p>El t&eacute;rmino &quot;comunitarismo&quot; aparece por primera  vez en 1982 en la obra de Michael Sandel titulada: <i>El liberalismo y los l&iacute;mites de la Justicia</i>. Con ella se inicia una  sistem&aacute;tica cr&iacute;tica a la concepci&oacute;n liberal moderna del individuo y de la  justicia tal como, inspirada en la filosof&iacute;a de Kant, hab&iacute;a sido  paradigm&aacute;ticamente expuesta desde principio de los setenta en <i>Teor&iacute;a de la justicia</i> de John Rawls.  Este formula una teor&iacute;a que sostiene la primac&iacute;a de lo justo sobre lo bueno, es  decir, sit&uacute;a los principios de justicia por encima de las aspiraciones de  felicidad de morales particulares y por tanto no exige ni promueve en los  ciudadanos el cultivo de ning&uacute;n tipo de virtudes particulares (como podr&iacute;an ser  el altruismo, la benevolencia). La noci&oacute;n de sujeto aut&oacute;nomo que esta teor&iacute;a  supone es la de un individuo desvinculado, flotante, que no reconoce m&aacute;s  compromisos que los que voluntariamente ha asumido de forma contractual.</p>     <p>La teor&iacute;a de Rawls supone un sujeto, que  puesto en una hipot&eacute;tica situaci&oacute;n de total desconocimiento de la posici&oacute;n que  ocupar&aacute; en una sociedad, estar&iacute;a dispuesto a aceptar dos principios b&aacute;sicos de  justicia tales que: (i) asegura la igualdad de derechos para todos y (ii)  reconoce las diferencias sociales y econ&oacute;micas que sirvan para compensar la  situaci&oacute;n desventajosa de los miembros menos favorecidos de la sociedad. Frente  a esto sostiene Sandel que no existe algo as&iacute; como un sujeto trascendental  capaz de ponerse por fuera de la sociedad o por fuera de la experiencia. Una  vez nos situamos en la pr&aacute;ctica, &iquest;por qu&eacute; habr&iacute;a de aceptar como justo un  individuo desvinculado y sin obligaciones con nada ni con nadie, el principio  que consagra la distribuci&oacute;n de bienes para compensar las desventajas de los  menos favorecidos? Esta disposici&oacute;n s&oacute;lo es posible sobre un fundamento moral  m&aacute;s amplio que el que ofrece el liberalismo, porque supone la pertenencia a una  comunidad frente a la que nos sentimos obligados y no a una asociaci&oacute;n de  individuos atomizados. </p>     <p>Alasdair MacIntyre &#91; 1981&#93;  y sobre todo Charles  Taylor &#91; 1989&#93;  excavan m&aacute;s a fondo en los or&iacute;genes de esa idea de sujeto  desvinculado para concluir que se trata de un supuesto insostenible, cuando no  de una convicci&oacute;n de desintegradoras consecuencias, ya que la identidad  subjetiva misma, ese ideal moderno para cuya b&uacute;squeda y construcci&oacute;n aut&oacute;noma  quieren velar las libertades individuales, s&oacute;lo se puede construir dentro de  marcos valorativos fuertes que le dan su anclaje a un ideal de vida buena y de  virtudes para realizarla, y no en un espacio moralmente neutral en el que  quiere formularse el liberalismo.</p>     <p>Si queremos elaborar un mapa de lo que ha sido  el desarrollo del pensamiento comunitarista, vemos que en &eacute;l se presentan tres  grandes fases &#91; Sch&auml;fer 2001, Hausler <i>et al</i>. 2001&#93; . La primera fase tuvo  lugar a principio de los a&ntilde;os ochenta y est&aacute; marcada, por una parte, por la  cr&iacute;tica a la noci&oacute;n liberal del individuo, como lo acabamos de exponer, y que  estar&iacute;a representada por Sandel, MacIntyre y Taylor. Por otra parte, por una  cr&iacute;tica al liberalismo que reconoce sus logros emancipadores, pero quiere  fungir como correctivo de sus efectos colaterales destructivos. Este llamado  &quot;comunitarismo liberal&quot; est&aacute; representado por Michael Walzer, quien, partiendo  del &quot;arte de la separaci&oacute;n&quot; de esferas de la vida p&uacute;blica que ha hecho posible  el liberalismo en las sociedades modernas (entre Estado e iglesia, entre  mercado y pol&iacute;tica, etc.), sugiere la necesidad de una concepci&oacute;n de <i>igualdad compleja</i> que, partiendo de la  especificidad de cada esfera, permita determinar c&oacute;mo han de ser distribuidos  los bienes particulares en cada una de ellas. A diferencia de la cr&iacute;tica  marxista, que ve esta separaci&oacute;n de esferas como algo que debe ser superada a  trav&eacute;s de una centralizaci&oacute;n del poder, sostiene Walzer que el problema del  liberalismo consiste en no haber realizado esa separaci&oacute;n m&aacute;s radicalmente, lo  que ha permitido que bienes de una esfera incidan en la distribuci&oacute;n de bienes  en otra (por ejemplo, que la riqueza incida a la hora de recibir una mejor  educaci&oacute;n o de participar en la asignaci&oacute;n de cargos p&uacute;blicos). </p>     <p>La segunda fase se da a comienzos de los  noventa y est&aacute; caracterizada por una orientaci&oacute;n a la pr&aacute;ctica y un activismo  pol&iacute;tico. En esta etapa sobresale, junto a Benjamin Barber y Robert Bellah, la  figura carism&aacute;tica de Amitai Etzioni, quien tom&oacute; la responsabilidad de sacar  las ideas de la academia y llevarlas a las calles (y a las esferas pol&iacute;ticas,  pues Etzioni mismo fue consejero de la administraci&oacute;n Clinton. Se convierte  pues en preocupaci&oacute;n central la de despertar la conciencia sobre los v&iacute;nculos  comunitarios de la sociedad a trav&eacute;s de la revitalizaci&oacute;n de instituciones que fomenten  los lazos comunitarios como son la familia, la escuela y los vecindarios,  preocupaci&oacute;n que se refleja en una participaci&oacute;n en campa&ntilde;as pol&iacute;ticas, as&iacute;  como en creaci&oacute;n de espacios para la publicaci&oacute;n y discusi&oacute;n de experiencias  comunitarias, actividad que adelanta a trav&eacute;s de la revista <i>The Responsive  Community</i>, de la cual Etzioni y Barber son editores, y de su concurrido  portal en Intenet: <a href="http://www.communitariannetwork.org/"target="_blank">www.communitariannetwork.org</a></p>     <p>Hay que anotar que estos comunitaristas de la  segunda generaci&oacute;n acogen una concepci&oacute;n m&aacute;s &quot;pragm&aacute;tica&quot; o moderna de  comunidad, no necesariamente referida a pertenencias geogr&aacute;ficas o culturales  tradicionales. Para Etzioni las comunidades est&aacute;n basadas fundamentalmente en  dos elementos: ellas proporcionan lazos de afecto y transmiten una cultura  moral compartida. Pueden, por tanto, formarse en torno a instituciones o  profesiones, tener como base un grupo &eacute;tnico disperso, personas que comparten  una misma orientaci&oacute;n sexual, intelectuales de la misma l&iacute;nea pol&iacute;tica o  cultural e incluso pueden constituirse en el ciberespacio &#91; Etzioni 2001, 24,  40&#93; .</p>     <p>Los planteamientos de Etzioni han encontrado  un gran eco tanto en Am&eacute;rica como en Europa y Asia en lo que se ha llamado el  nuevo centro. Fundamentalmente lo que all&iacute; se postula es que la comunidad debe  jugar un papel central en el equilibrio entre el Estado y el mercado, porque  ella es el espacio de reconocimiento y realizaci&oacute;n de las virtudes de las  personas.</p>     <p>La tercera fase se inicia a finales de los  noventa con la &quot;reacademizaci&oacute;n&quot; del pensamiento comunitarista, para  recapitular las experiencias que se tuvieron en todo el mundo y discutir sobre  los interrogantes de fondo con que se encontr&oacute; la teor&iacute;a y que apuntan  principalmente a la fundamentaci&oacute;n de valores y sus pretensiones de validez universal,  problema que en gran medida se presenta a partir de los di&aacute;logos morales dentro  de y entre comunidades, a los que Etzioni siempre ha dado gran importancia.</p>     <p>Para concluir, podr&iacute;amos preguntarnos c&oacute;mo se  pueden contextualizar estos planteamientos en la realidad colombiana. Es claro  que algunos de ellos, sobre todo los que tiene que ver con la cr&iacute;tica al  individualismo liberal, no llegan a comprenderse del todo si no se miran las  situaciones concretas de las que ellos surgieron. En el caso de la cr&iacute;tica al  individualismo liberal se trata, por una parte, del auge de las libertades  individuales en Norteam&eacute;rica en los a&ntilde;os sesenta y setenta, que condujo a lo  que Taylor describe como una cultura de la autenticidad entendida  exclusivamente como b&uacute;squeda irrestricta de la auto-realizaci&oacute;n de un sujeto  desvinculado &#91; Taylor 1995&#93; ,&nbsp; o lo que  autores como Etzioni han denominado la <i>patolog&iacute;a  americana</i>, refiri&eacute;ndose a una inflaci&oacute;n de derechos individuales (y al  exceso de litigios que conlleva) sin consideraci&oacute;n de las responsabilidades  sociales. En Colombia el proceso de individualizaci&oacute;n es m&aacute;s bien incipiente,  de manera que las experiencias de aislamiento y de erosi&oacute;n del capital social  que describen autores como Richard Sennett &#91; 2000&#93;  y Robert Putnam &#91; 2000&#93;  est&aacute;n  lejos de adquirir las dimensiones que tienen ya en las grandes ciudades de  sociedades en las que el n&uacute;mero de viviendas de personas solas supera el 40 por  ciento.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tambi&eacute;n se podr&iacute;a decir que si en Colombia se  ha deteriorado el tejido social, ha sido producto no tanto de un exceso de  libertades individuales, sino m&aacute;s bien de lo contrario, de su restricci&oacute;n, por  lo menos hasta los a&ntilde;os noventa. Baste recordar la pol&eacute;mica que despertaron &ndash;y  siguen despertando&ndash; las sentencias de la Corte Constitucional como la que en  1994 despenaliz&oacute; el porte y consumo de una dosis personal m&iacute;nima de drogas.</p>     <p>Aqu&iacute; nos hemos referido al liberalismo  filos&oacute;fico o pol&iacute;tico, no al econ&oacute;mico. Un punto de partida para discutir la  pertinencia de los planteamientos comunitaristas en Colombia es quiz&aacute; la  contrastaci&oacute;n de formulaciones como las que hace Etzioni con la implementaci&oacute;n  del Estado comunitario de &Aacute;lvaro Uribe. Por lo pronto lanzamos esta pregunta:  &iquest;se est&aacute; realmente fortaleciendo la comunidad en la medida en que se limitan los  excesos de poder estatal y los abusos del mercado?</p><hr>     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p>1. Etzioni, Amatai. 2001. <i>La tercera v&iacute;a</i>. Madrid.</p>     <p>2. Hausler, A., Schick, S., Wasser, H. 2001. <i>Kommunitarismus und politische Bildung</i>. Hamburgo.</p>     <p>3. MacIntyre, Alasdair. 1981. <i>After Virtue. A Study in Moral Theory</i>.</p>     <p>4. Putnam, Robert. 2000. <i>Bowling alone. The Collapse und Revival of  American community</i>. Nueva  York.</p>     <p>5. Sch&auml;fer, Walter Reese.  2001. <i>Kommunitarismus</i>. Frankfurt.</p>     <p>6. Sennett, Richard. 2000. <i>La corrosi&oacute;n del car&aacute;cter</i>. Anagrama. Barcelona.</p>     <p>7. Taylor, Charles. 1989. <i>The Sources of the Self.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>8. Taylor,  Charles. 1995. <i>La &eacute;tica de la  autenticidad</i>. Barcelona.</p>     <p>9. Walzer, Michael. 1983. <i>Spheres of Justice. A Defense of Pluralism and  Equality</i>, Nueva York.</p></font><hr>      ]]></body>
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