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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>LOS L&Iacute;MITES SOCIALES DE LA SEGURIDAD DEMOCR&Aacute;TICA</b></font>      <p align="right"><b>Freddy Cante*</b></p>     <p>* Candidato a Doctor en Economía de la Universidad Nacional de Colombia. Asesor    del Alcalde Mayor de Bogotá en el programa de resistencia civil y profesor de    las universidades Central y Nacional de Colombia. Las opiniones consignadas    en este documento no comprometen a las entidades para las que trabaja el autor.    Enviar los comentarios al correo:<a href="mailto:freddyknt@hotmail.com"> freddyknt@hotmail.com.</a>    El autor agradece los comentarios de Carolina Méndez. Artículo recibido el 1    de julio de 2003 y aprobado el 20 de octubre del mismo año.</p> <hr>     <p>El mito de S&iacute;sifo da cuenta de un hombre condenado, por toda la eternidad,    a reconstruir diariamente una labor que los dioses no se cansan de deshacer    y destinar a lo inocuo. Los superpolic&iacute;as y superh&eacute;roes del mundo    parecen destinados a sufrir una condena similar. Cada a&ntilde;o que pasa parece    que la labor hecha se hubiese perdido porque la cantidad de infractores y malandrines    que han logrado capturar y hacer que sean encerrados en las c&aacute;rceles,    no cesa de reproducirse en las calles.</p>     <p>El principal problema de la Seguridad Democr&aacute;tica propuesta por el Presidente    Uribe &#8211;como buscar&eacute; explicarlo enseguida&#8211; es el riesgo de    replicar el mito de S&iacute;sifo. Mi hip&oacute;tesis de trabajo es, justamente,    que si faltan el apoyo y el compromiso decididos de la sociedad ser&aacute;n    in&uacute;tiles todos los esfuerzos del gobierno actual para promover la Seguridad    Democr&aacute;tica. Por cierto, la sociedad colombiana no es un bloque monol&iacute;tico    con ciudadanos, valores e intereses homog&eacute;neos y, adem&aacute;s, presenta    enormes desigualdades socioecon&oacute;micas. M&aacute;s a&uacute;n, la sociedad    civil est&aacute; lejos de ser una poblaci&oacute;n neutral, hay cooperaci&oacute;n    voluntaria e involuntaria con los grupos armados al margen de la ley.</p>     <p><b>LOS OBJETIVOS DE LA SEGURIDAD DEMOCR&Aacute;TICA</b></p>     <p>Para el gobierno del Presidente Uribe, la violencia de diversas organizaciones    del crimen organizado (b&aacute;sicamente la de guerrillas y paras) es el principal    problema del pa&iacute;s, pues afecta la econom&iacute;a al impedir el crecimiento    (al afectar la confianza y causar miedo frena la inversi&oacute;n) y, adem&aacute;s,    crea un ambiente de temor en la sociedad. La corrupci&oacute;n (incluida la    de algunos poderosos sindicatos) es la segunda causa del deterioro de la econom&iacute;a.    El &eacute;xito de la gesti&oacute;n econ&oacute;mica, fundamentalmente la mayor    generaci&oacute;n de crecimiento y de empleo, depende m&aacute;s de resolver    problemas extraecon&oacute;micos (que afectan el ambiente de confianza) como    son la violencia organizada y la corrupci&oacute;n.</p>     <p>La Seguridad Democr&aacute;tica es un prop&oacute;sito central en el programa    de desarrollo del Presidente Uribe pero, por esas fallas consustanciales a la    ef&iacute;mera duraci&oacute;n de los planes de desarrollo en el pa&iacute;s,    podr&iacute;a tener una ef&iacute;mera vida de s&oacute;lo cuatro a&ntilde;os.</p>     <p>A diferencia de la seguridad nacional, la Seguridad Democr&aacute;tica es un    concepto de salvaguardia que trasciende la concepci&oacute;n de protecci&oacute;n    que brinda el Estado para proteger la normatividad vigente. La peculiaridad    de la propuesta del Presidente Uribe es, ciertamente, la de ofrecer protecci&oacute;n    y seguridad a todos los ciudadanos, con un criterio de pluralidad y de respeto    a los derechos humanos. El prop&oacute;sito fundamental de la Seguridad Democr&aacute;tica    es el de brindar un ambiente seguro para la convivencia ciudadana y la reactivaci&oacute;n    de la econom&iacute;a erradicando la violencia organizada. Otras metas importantes    son afianzar la legitimidad del Estado y promover la viabilidad de la democracia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>PERTINENCIA DE LA SEGURIDAD EN LA ACTUAL SITUACI&Oacute;N DEL PA&Iacute;S</b></p>     <p>La sociedad colombiana de hoy es altamente sensible al tema de la seguridad.    Es importante resaltar que la Seguridad Democr&aacute;tica busca responder a    un clamor de la misma sociedad colombiana pues, por un lado, los colombianos    que mayoritariamente votaron a favor de Uribe dieron prioridad a la b&uacute;squeda    de la seguridad (descalificaron los manejos ingenuos y laxos en el tema de la    paz de las &uacute;ltimas administraciones); por otro lado, en diversas encuestas    de opini&oacute;n, se resalta el hecho de que la mayor&iacute;a de los ciudadanos    se sienten inseguros y temerosos en su barrio y/o vecindario.</p>     <p>La prioridad del gobierno de los Estados Unidos despu&eacute;s del 11 de septiembre    del 2001 es el tema de la seguridad y la lucha contra el terrorismo, antes que    la lucha contra el tr&aacute;fico il&iacute;cito de drogas. Colombia tiene tres    grupos (las FARC, el ELN y las AUC) que han sido calificados de terroristas    y tal calificaci&oacute;n no es arbitraria pues, ciertamente, el terrorismo    es un uso estrat&eacute;gico de la violencia contra la poblaci&oacute;n civil,    con el fin de causar temor y promover cambios en el comportamiento de la gente    y en las decisiones de los gobernantes. Claramente las masacres, la existencia    de campos minados, los homicidios selectivos, el secuestro, la extorsi&oacute;n    misma, la depredaci&oacute;n de recursos vitales como el agua y la destrucci&oacute;n    escandalosa de populosos sitios urbanos, son actividades terroristas que cada    vez m&aacute;s promueven los mencionados grupos armados ilegales. Estas acciones    han causado la hecatombe de organizaciones pol&iacute;ticas legales, han promovido    m&aacute;s ineficiencia en la administraci&oacute;n de justicia, al igual que    el desplazamiento forzado interno y la emigraci&oacute;n de capital humano y    financiero.</p>     <p><b>ALGUNAS DEFICIENCIAS EN LA POL&Iacute;TICA DE SEGURIDAD DEMOCR&Aacute;TICA</b></p>     <p>La propuesta de Seguridad Democr&aacute;tica se fundamenta en un limitado planteamiento    del problema que ha servido para dar soporte a sus objetivos. Esta constituye    una soluci&oacute;n muy corta y directa del tipo: all&iacute; donde est&aacute;    el problema se ataca. No se mira el conflicto en su proyecci&oacute;n social    m&aacute;s amplia: en Colombia el conflicto y su persistente agudizaci&oacute;n    tienen unas ra&iacute;ces hist&oacute;ricas y unas causas m&uacute;ltiples,    dentro de las que cabe mencionar la colonizaci&oacute;n, la desigualdad, el    narcotr&aacute;fico, la falta de presencia del Estado y la ausencia de alternativas    pol&iacute;ticas serias por parte de la subversi&oacute;n &#91;G&oacute;mez    Buend&iacute;a 2003&#93;. As&iacute; las cosas, es apenas de esperar que lo    que se busque sea un fortalecimiento del Estado como aparato y, fundamentalmente,    de su componente m&aacute;s marcial: un fortalecimiento del ej&eacute;rcito    y de la fuerza p&uacute;blica para garantizar el control del territorio y la    protecci&oacute;n de la infraestructura. A esto le sigue la erradicaci&oacute;n    de cultivos il&iacute;citos y la destrucci&oacute;n del tr&aacute;fico de drogas.    Luego el fortalecimiento de la justicia y, por &uacute;ltimo, la atenci&oacute;n    a las zonas deprimidas. Pero, una vez m&aacute;s, es pertinente insistir en    que el problema del conflicto es un asunto global de todo el pa&iacute;s &#8211;involucra    a toda la sociedad&#8211; y, aunque se manifieste en determinadas zonas y sectores,    de no ser atacado con medidas m&aacute;s estructurales y con reformas m&aacute;s    trascendentes continuar&aacute; y reaparecer&aacute; donde menos se lo espere.</p>     <p>Acertadamente, en el diagn&oacute;stico que da soporte al actual Plan de Desarrollo,    se resalta la correlaci&oacute;n entre incremento en los cultivos de narc&oacute;ticos    y el crecimiento en el pie de fuerza de los milicianos de los diversos grupos    armados ilegales (guerrillas y paras). Se observa que el narcotr&aacute;fico    es la principal fuente de financiamiento de estos grupos (aunque para la administraci&oacute;n    de Uribe lo preocupante parece ser el narcoterrorismo y no tanto el narcotr&aacute;fico    como un mal en s&iacute; mismo). Entonces, de modo sintom&aacute;tico, no se    contempla el narcotr&aacute;fico (particularmente su promoci&oacute;n de la    cultura del &#8220;todo vale&#8221; y su infiltraci&oacute;n en toda la econom&iacute;a),    como un perjuicio en s&iacute; mismo. Aunque despu&eacute;s del 11 de septiembre    del 2001 la prioridad en la pol&iacute;tica de poderosos pa&iacute;ses como    Estados Unidos sea la lucha contra el terrorismo, no se puede olvidar que el    narcotr&aacute;fico es un problema de la sociedad colombiana a&uacute;n m&aacute;s    grave que el de las guerrillas y los paras.</p>     <p>Problemas may&uacute;sculos como el narcotr&aacute;fico, la corrupci&oacute;n    y el terrorismo no se circunscriben al accionar de los grupos armados ilegales,    por m&aacute;s peligrosos y sofisticados que estos sean. Esta problem&aacute;tica    tiene su ra&iacute;z en una sociedad que, de seguir tolerando voluntaria o involuntariamente    el atajismo<sup><a name="nr1"></a><a href="#1">1</a></sup> y la riqueza f&aacute;cil    que traen semejantes conductas, no ser&aacute; viable nunca. El com&uacute;n    denominador de conductas delictivas como el narcotr&aacute;fico, la corrupci&oacute;n    y el terrorismo es que &eacute;stas hacen uso de la maquiav&eacute;lica sentencia    &#8220;el fin justifica los medios&#8221;<sup><a name="nr2"></a><a href="#2">2</a></sup>.    La versi&oacute;n m&aacute;s prosaica y cotidiana es el dicho &#8220;en la guerra    y en el amor todo se vale&#8221;.</p>     <p>Quien busca alcanzar sus fines sin contemplar los medios busca una riqueza    f&aacute;cil y un poder pol&iacute;tico r&aacute;pido aun a costa de la vida    y la dignidad de mucha gente, incluida la misma persona que delinque. Lo peor    es que tal &#8220;cultura del atajo&#8221; existe en las relaciones m&aacute;s    cotidianas de un gran n&uacute;mero de colombianos: en la vida afectiva y sexual    muchas personas s&oacute;lo saben agarrar, tomar y violar. </p>     <p>En el mundo de las relaciones p&uacute;blicas y mercantiles existe una especie    de capital social perverso, esto es, un conjunto de relaciones sociales que    premian las diversas formas de fraude. Hay que recordar que el capital social    se define como la organizaci&oacute;n social propiciada por redes sociales,    normas como la de reciprocidad y confianza que facilita la coordinaci&oacute;n    y la cooperaci&oacute;n. Pero no siempre el capital social es productivo, hay    organizaci&oacute;n social y confianza en torno a preferencias sociales destructivas    y a expectativas de obtener ingresos cuantiosos por v&iacute;as r&aacute;pidas.    El capital social perverso propicia la mera transferencia de rentas, la especulaci&oacute;n,    la proliferaci&oacute;n de intermediarios, la informalidad, la ilegalidad e,    incluso, el despilfarro y la depredaci&oacute;n. Una parte de la sociedad colombiana    genera capital social perverso y se asocia para colincharse (aprovecharse, recostarse)    en el resto de la poblaci&oacute;n, al promover diversos atajos para alcanzar    sus objetivos econ&oacute;micos, sociales y pol&iacute;ticos. Esto &uacute;ltimo    es muy frecuente en temas como la evasi&oacute;n y la elusi&oacute;n de impuestos,    al igual que el car&aacute;cter de circunscribirse al s&oacute;lo quejarse y    ser pedig&uuml;e&ntilde;os, lo cual es caracter&iacute;stico de los comportamientos    y propuestas que poseen muchos sindicatos y movimientos sociales: ellos miran    al gobierno como si este fuese un fondo de man&aacute; inagotable, al que s&oacute;lo    es l&iacute;cito pedir y completamente descabellado apoyar con la tributaci&oacute;n    y el cumplimiento de elementales normas de convivencia.</p>     <p>A sabiendas de que en Colombia existe una parte de la poblaci&oacute;n propensa    a participar en organizaciones que promueven el capital social perverso y la    &#8220;cultura del atajo&#8221;, es apenas obvio que la red de informantes remunerados    con recompensas s&oacute;lo podr&aacute; funcionar a corto plazo y, peor a&uacute;n,    si contin&uacute;a puede causar mucho da&ntilde;o porque tiende a mercenarizar    la colaboraci&oacute;n con la autoridad<sup><a name="nr3"></a><a href="#3">3</a></sup>.    Instituciones sociales fundamentales como la confianza y la autoridad no tienen    precio, y hay limitaciones de la propia cultura a la expansi&oacute;n, muchas    veces, corrosiva del mercado &#91;Waltzer 2000&#93;. Los incentivos econ&oacute;micos    para que la gente coopere con la justicia pueden, adem&aacute;s, tener efectos    perversos: la gente, por el s&oacute;lo hecho de que existen recompensas puede    hacer falsas denuncias o ajustar cuentas sobre asuntos netamente personales.    En el mejor de los casos y a un plazo muy corto, la pol&iacute;tica de remunerar    a los informantes puede captar la atenci&oacute;n de algunos de los colaboradores    o c&oacute;mplices de guerrilleros y paramilitares.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otro significativo acierto del equipo econ&oacute;mico del Presidente es, justamente,    que se constata el hecho de que los grupos armados son captadores de rentas    ilegales (por actividades criminales como el narcotr&aacute;fico, el desplazamiento    forzado, las masacres, el secuestro, la extorsi&oacute;n, etc.). La limitaci&oacute;n    de este enfoque es que hace &eacute;nfasis en los aspectos delictivos, y pierde    de vista la perspectiva pol&iacute;tica que a&uacute;n tienen los grupos armados    ilegales. Lo que hay que advertir es, ciertamente, que estos grupos son una    especie de mafias o de agencias que prestan servicios de seguridad y justicia    privada &#91;G&oacute;mez Buend&iacute;a 2003, Cante 2001&#93; &#8211;no se    puede olvidar que son paraestados, ejercen poder pol&iacute;tico, en muchos    municipios de la naci&oacute;n y en sectores barriales de las grandes ciudades.    Lo peor que le puede ocurrir al pa&iacute;s es lo que parece estar ocurriendo,    es decir, que estos grupos se mantengan en la b&uacute;squeda de un poder local    y/o regional y que se hayan desentendido de la toma del poder pol&iacute;tico    a nivel nacional. Este escenario, bastante cercano a una &#8220;jungla hobbesiana&#8221;    o de guerra de todos contra todos, y de los peores que puedan existir en la    pol&iacute;tica, nos aleja de la democracia y de cualquier monopolio estatal    sobre el uso de la fuerza y la administraci&oacute;n de justicia.</p>     <p>En el diagn&oacute;stico que sirve de base al actual Plan de Desarrollo se    mira con preocupaci&oacute;n el incremento en el pie de fuerza de los grupos    armados y se piensa &#8211;con una curiosa especie de inocencia&#8211;, que    el apoyo que la sociedad colombiana le ha prestado a estos grupos ha sido s&oacute;lo    a manera presencial y ap&aacute;tica. Pero si estos grupos fuesen meros bandidos    aislados, desde hace tiempo habr&iacute;an sido exterminados. La triste realidad    es que, voluntaria o involuntariamente, la poblaci&oacute;n civil apoya la actividad    de estos grupos y lo hace mediante tributos ilegales, transacciones en el mercado    negro, redes de informaci&oacute;n e, incluso, participaci&oacute;n directa    en los grupos armados ilegales. En Ferro y Uribe &#91;2002&#93;, haciendo alusi&oacute;n    a las FARC, se muestra que existen tres modos en que las guerrillas obtienen    la cooperaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a, a saber:</p>     <p>i) Predatorio: se da en &aacute;reas donde &eacute;sta no ejerce influencia    sobre la poblaci&oacute;n; all&iacute; la forma de obtener recursos es a trav&eacute;s    del asalto, el abigeato, el secuestro y la extorsi&oacute;n.</p>     <p>ii) El parasitario: cuando la guerrilla logra mayores v&iacute;nculos con la    poblaci&oacute;n y sus finanzas se nutren de las actividades de la regi&oacute;n;    all&iacute; se da el boleteo, la vacuna, el pago por servicios de vigilancia    a cultivos de narc&oacute;ticos y la extorsi&oacute;n a funcionarios p&uacute;blicos    y contratistas.</p>     <p>iii) El simbi&oacute;tico: cuando la presencia del Estado es nula o muy escasa    y, por lo mismo, la guerrilla ha logrado insertarse en la econom&iacute;a regional;    all&iacute; entonces realiza actividades propias de la regi&oacute;n relacionadas    con el narcotr&aacute;fico, actividades extractivas como la miner&iacute;a del    oro, ganader&iacute;a, agricultura y los llamados impuestos revolucionarios.</p>     <p>Las relaciones entre pobreza y violencia deben ser examinadas con mayor detenimiento.    La gran virtud del enfoque econ&oacute;mico es que lecturas como la de preferencias    reveladas de Collier &#91;1999&#93; demuestran que contrario a sus rom&aacute;nticos    discursos, los grupos armados (guerrillas y paras) son buscadores netos de rentas    ilegales y se involucran en el conflicto para hacer un buen negocio. Igualmente,    se destacan los estudios estad&iacute;sticos y econom&eacute;tricos<sup><a name="nr4"></a><a href="#4">4</a></sup>,    mediante los cuales se demuestra que m&aacute;s bien hay una relaci&oacute;n    inversa: all&iacute; donde existe mayor riqueza se concentra la actividad y    presencia de los grupos armados ilegales. No obstante, si se examinan estudios    de caso con un mayor enfoque en lo local y en lo micro, con mayor trabajo de    campo y estudios etnogr&aacute;ficos, como los de &Aacute;lvarez &#91;2002&#93;    y Ferro y Uribe &#91;2002&#93;, se pueden captar rasgos fundamentales del conflicto    colombiano que, obviamente, pasan desapercibidos para el ojo de quien lee la    realidad s&oacute;lo a partir de correlaciones. Antes de referirme a tales trabajos    es importante advertir tres evidencias te&oacute;ricas y emp&iacute;ricas fundamentales,    las cuales est&aacute;n presentes en elaboraciones m&aacute;s interdisciplinarias,    a saber:</p>     <p>1. Aunque la violencia tiene muchas causas, la desigualdad y la falta de inclusi&oacute;n    que proviene del empobrecimiento creciente de amplios sectores de la sociedad    generan la percepci&oacute;n de que hay severas injusticias y si no existen    posibilidades l&iacute;citas de ascenso social entonces la violencia es un medio    para sobrevivir y sobresalir &#91;Salama 2003&#93;.</p>     <p>2. La pobreza relativa que genera envidia y fen&oacute;menos como la emulaci&oacute;n    pecuniaria y el consumo ostensible &#91;Veblen 1990&#93; que resultan favorecidos    por la riqueza r&aacute;pida que genera el narcotr&aacute;fico (y la corrupci&oacute;n<sup><a name="nr5"></a><a href="#5">5</a></sup>),    promueven la b&uacute;squeda de asenso social aun haciendo uso de los medios    m&aacute;s violentos.</p>     <p>3. En una guerra civil muchas de las muertes que se publicitan como pol&iacute;ticas,    obedecen a ajustes de cuentas y l&iacute;os personales de comunidades, vecinos,    familias y conocidos que obedecen a conflictos, ciertamente, causados por las    desigualdades e injusticias que s&oacute;lo conocen los actores locales &#91;Kalyvas    2000 y 2003&#93;. Sociedades y comunidades con hondas desigualdades y fragmentaciones    son caldo de cultivo para la violencia. </p>     <p>En los trabajos te&oacute;ricos de autores como Elster &#91;1983&#93; y Kahneman    y Tversky &#91;2000&#93; se muestra que los individuos no tienen preferencias    dadas y, por el contrario, las preferencias dependen del contexto y los individuos    suelen cambiarlas o revertirlas cuando hay cambios sustanciales en el contexto.    Elster sugiere que en tiempos de normalidad un individuo prefiere su rango de    ciudadano al de ser un gendarme pero, en tiempos de guerra, podr&iacute;a preferir    ser un gendarme a ser un ciudadano rebajado a la vil condici&oacute;n de un    prisionero en un campo de concentraci&oacute;n. Kahneman y Tversky han demostrado    que los individuos juzgan p&eacute;rdidas y ganancias, en relaci&oacute;n con    un punto de referencia que es su status quo: si un individuo est&aacute; en    las peores condiciones entonces cualquier mejora, por insignificante e inmediatista    que esta sea, ser&aacute; calificada como una ganancia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En los mencionados trabajos de campo &#8211;&Aacute;lvarez &#91;2002&#93;,    Ferro y Uribe &#91;2002&#93;&#8211; se demuestra que en el sector rural y en    las &aacute;reas marginales de las grandes urbes, los j&oacute;venes ingresan    voluntariamente a las organizaciones de criminalidad organizada y a la guerrilla    o al paramilitarismo, porque optan por el riesgo menor. Ante una vida de pobreza    y sin la menor opci&oacute;n de ascenso social por la inalcanzable educaci&oacute;n    y condiciones de salud, sumado a esto el maltrato intrafamiliar, los j&oacute;venes    campesinos y la ni&ntilde;ez, v&iacute;ctimas de la violencia y de la inestabilidad    econ&oacute;mica, ingresan a la guerrilla. Dado el desarraigo cultural propio    de la colonizaci&oacute;n y el temor permanente del desplazamiento forzado,    los j&oacute;venes del campo prefieren optar por el riesgo menor: es mejor ser    un guerrillero que ser un pobre desplazado. Ante un vac&iacute;o de futuro,    sin opciones de educaci&oacute;n, empleo, salud, recreaci&oacute;n y afecto    ?una vez m&aacute;s la violencia intrafamiliar?, la juventud y la ni&ntilde;ez    de las &aacute;reas marginales hace su kinder en la banda y el combo de la delincuencia    organizada, que luego pueden ser f&aacute;cilmente cooptadas por guerrillas    y paras.</p>     <p>Estas &uacute;ltimas afirmaciones no son una validaci&oacute;n del discurso    sobre las causas objetivas de la violencia. El autor es consciente de que los    individuos no son veletas movidas por el destino y el determinismo de la historia.    Aqu&iacute; se mantiene la fidelidad a la perspectiva econ&oacute;mica, en el    sentido de aceptar que los grupos como guerrillas y paras son organizaciones    (empresas delictivas) que tienen como finalidades estrat&eacute;gicas la b&uacute;squeda    de riqueza y de poder pol&iacute;tico. Pero hay que insistir en que, por las    din&aacute;micas de exclusi&oacute;n y expulsi&oacute;n propias no s&oacute;lo    de la violencia sino de la enorme desigualdad socioecon&oacute;mica que se vive    en Colombia, los militantes rasos de los grupos armados al margen de la ley    son j&oacute;venes sin oportunidades que encuentran menos riesgo y mayor posibilidad    de ascenso en los grupos de guerrillas y paras. M&aacute;s a&uacute;n, los grupos    sociales m&aacute;s vulnerables son los colonos en el campo y los marginales    en las urbes, ambas colectividades sufren la dispersi&oacute;n, el desarraigo    y la supervivencia en las condiciones m&aacute;s cr&iacute;ticas.</p>     <p>Se finaliza este breve escrito reiterando la importancia que tiene el tema    de la seguridad para la actual situaci&oacute;n de Colombia. En un momento en    que los grupos armados al margen de la ley, como las guerrillas y los paramilitares,    han buscado crecer m&aacute;s como organizaciones al punto de tornarse en m&aacute;quinas    de hacer guerra y obtener rentas il&iacute;citas, un gran segmento de la poblaci&oacute;n    colombiana los percibe como un peligro pero, por la dispersi&oacute;n y pusilanimidad    que parece caracterizar a las mayor&iacute;as, no pueden m&aacute;s que hacer    protestas espor&aacute;dicas. De no existir cooperaci&oacute;n de la sociedad    con el Estado y un apoyo decidido de los gobernantes a la ciudadan&iacute;a,    fracasar&aacute; cualquier intenci&oacute;n o tentativa de promover la seguridad.    Para superar los l&iacute;mites sociales de la Seguridad Democr&aacute;tica    hay que construir ciudadan&iacute;a y hay que promover un capital social productivo,    esto exige remediar enormes desigualdades e injusticias que caracterizan a la    sociedad colombiana de hoy.</p>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#nr1">1</a><a name="1"></a> Antanas Mockus se refiere al atajismo o    a la b&uacute;squeda del camino m&aacute;s corto, como un problema tan grande    que se puede asociar con una sociedad an&oacute;mica, esto es, una sociedad    que nos forma sobre la obtenci&oacute;n de fines pero no nos regula ni educa    sobre los medios m&aacute;s l&iacute;citos para alcanzar tales metas.Ver Mockus    y Cante &#91;2003&#93; y Mockus y Corzo &#91;2003&#93;.</p>     <p><a href="#nr2">2</a><a name="2"></a> Hay conductas no delictivas pero s&iacute;    claramente antisociales, como la evasi&oacute;n y la indiferencia para cooperar    en la generaci&oacute;n de bienes p&uacute;blicos y la franca insolidaridad,    que pueden ser entendidas como atajismo.</p>     <p><a href="#nr3">3</a><a name="3"></a> Un impacto m&aacute;s catastr&oacute;fico    a&uacute;n lo pueden tener los incentivos econ&oacute;micos a los reinsertados.    En un ambiente de interacci&oacute;n estrat&eacute;gica, pleno de enga&ntilde;os    y conductas oportunistas, algunos de los reinsertados pueden promover un fortalecimiento    de su respectiva organizaci&oacute;n. Lo que en el corto plazo se puede ver    como un desmantelamiento de los grupos armados ilegales puede ser, en el mediano    plazo, una operaci&oacute;n de repliegue estrat&eacute;gico: hay repliegue hasta    cuando el enemigo (el gobierno y su ej&eacute;rcito) hayan puesto todo el gasto    y el esfuerzo.</p>     <p><a href="#nr4">4</a><a name="4"></a> Ver los trabajos de Carlos E. Posada y    Ricardo Rocha en Mart&iacute;nez, A. [2001].</p>     <p><a href="#nr5">5</a><a name="5"></a> Para Salama [2003] la corrupci&oacute;n    no es sustituto sino que es un complemento de la violencia.</p> <hr>     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>1. &Aacute;lvarez, M. 2002. <i>Guerreros sin sombra: ni&ntilde;os, ni&ntilde;as    y j&oacute;venes vinculados al conflicto armado.</i> Procuradur&iacute;a General    de la Naci&oacute;n, ICBF, Bogot&aacute;.</p>     <p>2. Camus, A. 1981. <i>El mito de S&iacute;sifo.</i> Alianza editorial, Madrid.</p>     <p>3. Cante, F. 2001, &#8220;Agencias de protecci&oacute;n privada e institucionalizaci&oacute;n    de preferencias masoquistas&#8221; en Mart&iacute;nez A.</p>     <p>4. Collier, P. 1999. <i>On Economic Causes of Civil War,</i> Centre for the study    of african economies, Oxford Development, v. 51, n. 1.</p>     <p>5. Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n (DNP). <i>Hacia un estado comunitario,</i>    consulta virtual del Plan de Gobierno, <a href="http://www.dnp.gov.co./"target="_blank">http://www.dnp.gov.co. </a></p>     <p>6. Elster, J. 1983. <i>Sour Grapes.</i> Cambridge University Press.</p>     <p>7. Ferro J. y Uribe G. 2002. <i>El orden de la guerra: las FARC &#8211; EP entre    la organizaci&oacute;n y la pol&iacute;tica.</i> CEJA, Universidad Javeriana, Bogot&aacute;.</p>     <p>8. G&oacute;mez Buend&iacute;a, H. 2003, <i>Callej&oacute;n con salida, informe    de Desarrollo Humano,</i> PNUD, Editorial el Malpensante, Bogot&aacute;.</p>     <p>9. Kahneman, D. y Tversky, A. 2000. <i>Choices, Values and Frames.</i> Cambridge University    Press.</p>     <p>10. Kalyvas, S. 2000. &#8220;The Logic of Violence in Civil War&#8221;, unpublished    paper, New York University.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>11. Kalyvas, S. 2003. &#8220;The Ontology of &#8216;Political Violence&#8217;.    Action and Identity in Civil Wars&#8221;, <i>en Perspectives on Politics,</i> 1: 3.</p>     <p>12. Mart&iacute;nez, A. (ed) 2001. <i>Econom&iacute;a, Crimen y Conflicto.</i> Universidad    Nacional de Colombia, Bogot&aacute;.</p>     <p>13. Mockus, A. y Cante, F. 2003. <i>Resistencia civil como construcci&oacute;n    de ciudadan&iacute;a,</i> Ponencia presentada en</p>     <p>14. Mockus, A. y Corzo, J. 2003. &#8220;Dos caras de la convivencia: cumplir    acuerdos y normas y no usar ni sufrir la violencia&#8221; <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico,</i>    n. 48.</p>     <p>15. Rubio, M. 1996. <i>Capital social, educaci&oacute;n y delincuencia juvenil    en Colombia,</i> Uniandes, CEDE, Bogot&aacute;.</p>     <p>16. Salama, P. 2003. &#8220;La violencia latinoamericana vista por los economistas&#8221;,    <i>Cuadernos de Econom&iacute;a,</i> v. 22, n. 38, Universidad Nacional de Colombia,    179-198.</p>     <p>17. Veblen, T. 1990. <i>Teor&iacute;a de la clase ociosa,</i> Fondo de Cultura Econ&oacute;mica,    M&eacute;xico.</p>     <p>18. Waltzer, M. 2000. <i>Esferas de la justicia,</i> Fondo de Cultura Econ&oacute;mica,    M&eacute;xico.</p> <hr> </font>       ]]></body>
</article>
