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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>Rese&ntilde;a de </b><b><i>Behavioral game theory, experiments  in strategic interaction</i> </b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p>Camerer, Colin, <i>(2003), Behavioral Game Theory, experiments  in Strategic Interaction, </i>Rusell Sage Foundation, New York and Princeton University Press, Princeton, New Jersey.  550 p&aacute;ginas.</p>     <p align="right"><b>Freddy Cante</b></p>     <p>Este libro es el  umbral para caminar desde la tradicional teor&iacute;a anal&iacute;tica de los juegos, pasar  por la experimentaci&oacute;n de muchos juegos, hasta llegar al contraste entre la  teor&iacute;a y la realidad y, m&aacute;s all&aacute;, a descifrar nuestras actuaciones estrat&eacute;gicas  en el mundo en que vivimos.</p><hr>     <p><b>LO QUE NOS OFRECE LA TEOR&Iacute;A AN&Aacute;LITICA DE LOS JUEGOS</b></p>     <p>Los te&oacute;ricos de los  juegos estudian lo que ocurre cuando interact&uacute;an los individuos que, guardando  fidelidad al enfoque del individualismo metodol&oacute;gico son genes, personas  particulares o agrupaciones de gente como partidos pol&iacute;ticos, firmas o naciones  que &ndash;se asume&ndash;, juegan como si fuesen entes individuales.</p>     <p>La interacci&oacute;n  implica un comportamiento estrat&eacute;gico: las decisiones y acciones de los entes  individuales son interdependientes, la decisi&oacute;n de cada uno depende de las  decisiones de todos, y viceversa. En los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os la teor&iacute;a de  juegos se ha transformado en el lenguaje est&aacute;ndar de la econom&iacute;a y del resto de  las disciplinas sociales, y a&uacute;n de la biolog&iacute;a, dado que el objeto central de  estas ciencias es el estudio de las interacciones.</p>     <p>En todas las  situaciones de interacci&oacute;n estrat&eacute;gica debe haber una anticipaci&oacute;n del futuro.  Los individuos act&uacute;an estrat&eacute;gicamente con ellos mismos porque se proponen  objetivos y conciben pasos para llevarlos a cabo, tienen la capacidad para  esperar y para, algunas veces, dar un paso atr&aacute;s (dejar una meta pobre) para  luego alcanzar un gran objetivo. Tambi&eacute;n act&uacute;an estrat&eacute;gicamente con sus  semejantes: una persona o firma o naci&oacute;n debe anticipar que har&aacute;n otros, y qu&eacute;  inferir&aacute;n los otros acerca de las acciones de esta persona.</p>     <p>Los juegos (como el  dilema del prisionero, el juego del seguro, la batalla de los sexos, el juego  del ultim&aacute;tum, etc.) son apenas una taxonom&iacute;a de diversas situaciones de  interacci&oacute;n estrat&eacute;gica. Un lenguaje a&uacute;n burdo que poseen las disciplinas  sociales y que, en principio, es comparable con lo que la tabla de elementos  representa para los estudiosos de la qu&iacute;mica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La teor&iacute;a anal&iacute;tica  de los juegos es una formalizaci&oacute;n matem&aacute;tica de la interacci&oacute;n de jugadores  con diferentes capacidades cognitivas (diferente informaci&oacute;n y valoraci&oacute;n de  las probabilidades de su accionar). Esta teor&iacute;a altamente matem&aacute;tica est&aacute;  frecuentemente basada en la introspecci&oacute;n y en la conjetura sobre c&oacute;mo deber&iacute;a  actuar la gente en diversas situaciones de interacci&oacute;n estrat&eacute;gica. Prescribe  interacciones de individuos racionales en escenarios muy idealizados.</p>     <p>La m&aacute;s ortodoxa  versi&oacute;n de la teor&iacute;a anal&iacute;tica de juegos asume que no es funci&oacute;n de los  te&oacute;ricos el dar luces para ayudar a prever y a sugerir lo que la gente har&aacute; en  una situaci&oacute;n estrat&eacute;gica de la vida real. Simplemente, se limita a ofrecer un  conjunto de respuestas a interrogantes matem&aacute;ticos sobre lo que individuos  idealmente racionales har&aacute;n en diferentes juegos.</p>     <p><b>LO QUE NOS OFRECE EL ENFOQUE EXPERIMENTAL DE LOS JUEGOS </b></p>     <p>La teor&iacute;a de juegos  del comportamiento o de la conducta, se ocupa de estudiar c&oacute;mo se comportan las  personas en las situaciones estrat&eacute;gicas que simulan casos de la vida real. Las  simulaciones se hacen mediante experimentos. Un experimento es un escenario  artificial, un puente a&uacute;n muy endeble entre un modelo muy abstracto de un juego  y una situaci&oacute;n del mundo en que vivimos. Fiel al m&eacute;todo del <i>ceteris paribus </i>(mantener todo lo dem&aacute;s  constante), el experimento permite aislar las variables que son objeto de  estudio y comprobar como se comporta la gente en una situaci&oacute;n tan restringida.</p>     <p>La l&oacute;gica de esta  teor&iacute;a es la siguiente: algunos de los juegos m&aacute;s conocidos y elementales (por  ejemplo, el juego del ultim&aacute;tum) se reconstruyen en situaciones artificiales  a&uacute;n algo distantes del mundo en que vivimos (los casos de interacci&oacute;n de la  vida real). Estos escenarios artificiosos permiten probar lo que dice la teor&iacute;a  anal&iacute;tica de los juegos y, por lo mismo, contrastar lo que predice la teor&iacute;a  con los resultados &ldquo;en situaciones reales&rdquo;. Hay que insistir en que los  experimentos no distan sustancialmente del <i>ceteris  paribus</i>, al igual que los enfoques anal&iacute;ticos exigen alg&uacute;n grado de  abstracci&oacute;n. Los experimentos son &ndash;si se me acepta el s&iacute;mil&ndash; dramatizaciones de  modelos en donde el experimentador (o director de la obra teatral) propone un  libreto, y libera a los actores de ciertos ruidos e impurezas que pululan en el  quehacer de las cotidianas transacciones.</p>     <p>La teor&iacute;a de juegos  del comportamiento ayuda a construir una teor&iacute;a de juegos m&aacute;s aplicada al mundo  real, sin necesidad de insistir en f&uacute;tiles abstracciones pero, por cierto, con  la restricci&oacute;n que los experimentos son a&uacute;n muy limitados para dar cuenta de la  complejidad de los procesos estrat&eacute;gicos de la realidad. No se trata de  abandonar el enfoque anal&iacute;tico sino, justamente, de enriquecerlo mediante el  contraste con la realidad.</p>     <p>Los experimentos  sugeridos por la teor&iacute;a de juegos del comportamiento se tornan m&aacute;s prometedores  en tanto permiten reproducir, aunque muy artificialmente, ciertos ambientes o  contextos de interacci&oacute;n del mundo en que vivimos. Se destaca el esfuerzo por  estudiar variables como raza, sexo, formaci&oacute;n acad&eacute;mica, edad, titularidades y  procedencia cultural de los jugadores. Los resultados de tales experimentos son  contrastados con los postulados de la teor&iacute;a anal&iacute;tica de juegos, y permiten  que los te&oacute;ricos de la econom&iacute;a y de otras disciplinas sociales puedan ayudar a  explicar c&oacute;mo y por qu&eacute; la gente alcanza determinados resultados en  determinados contextos y ambientes.</p>     <p>Los experimentos,  por lo dem&aacute;s, permiten detectar regularidades en el comportamiento de las  personas, lo cual ayuda a encontrar los equilibrios del juego y, adem&aacute;s, a  entender c&oacute;mo ocurre el proceso de llegar a un equilibrio. Por cierto, uno de  los hallazgos m&aacute;s interesantes del enfoque experimental es el de constatar la  experiencia del tiempo, los problemas de espera y de aprendizaje que sufren los  jugadores que act&uacute;an en el mundo en que vivimos. Algunos de los equilibrios y  soluciones que prescribe y predice la teor&iacute;a anal&iacute;tica de los juegos son  alcanzados en la vida real, pero luego de muchos a&ntilde;os y arduos procesos de aprendizaje.  Otros equilibrios y soluciones no son tan simplistas como lo suponen los  enfoques anal&iacute;ticos. En la vida real la gente llega a otras situaciones de  equilibrio y lo hacen, ciertamente, porque no son tan racionales dado que  siguen normas sociales y tienen emociones y sentimientos.</p>     <p>Los experimentos  mostrados en este libro recogen la experiencia de la &uacute;ltima d&eacute;cada, han sido dise&ntilde;ados  tratando de captar la l&oacute;gica de los juegos originales y experimentados muchas  veces con un p&uacute;blico altamente experimentado (en materia de teor&iacute;a econ&oacute;mica) y  bien remunerado (estudiantes de universidades norteamericanas y alemanas). Indudablemente,  una de las discusiones m&aacute;s interesantes ser&iacute;a la referente a c&oacute;mo el pago de  incentivos afecta los resultados del juego: &iquest;Ser&aacute; que por la paga la gente se  esforzar&aacute; para seguir el libreto que le sugiere el investigador? &iquest;Ser&aacute; que por  la paga la gente har&aacute; c&aacute;lculos que resultar&iacute;an tediosos en sus transacciones  cotidianas?</p>     <p><b>EL EJEMPLO DE UN JUEGO EXPERIMENTADO</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un ejemplo para destacar  es el del juego del ultim&aacute;tum en la negociaci&oacute;n. Las negociaciones son procesos  de ofertas y contraofertas de antagonistas que se enfrentan en una pugna  distributiva. Este juego captura los instantes finales del proceso, justo  cuando las negociaciones pueden ser rotas. En el ultim&aacute;tum hay alguna ganancia  como fruto del intercambio: un jugador (quien ofrece) hace una oferta del tipo &lsquo;lo  toma o lo deja&rsquo; para proponer la divisi&oacute;n de una torta, otro jugador (quien  responde) decide si acepta o rechaza tal oferta. Si los jugadores no llegan a  un acuerdo no habr&aacute; torta que repartir, y ambos se quedar&aacute;n sin ganancia  alguna.</p>     <p>Al tratar el juego  del ultim&aacute;tum los exponentes de la teor&iacute;a anal&iacute;tica de los juegos suponen que  los jugadores son autointeresados (no tienen preferencias sociales, solamente  maximizan su propia funci&oacute;n de utilidad) y cuidar&aacute;n de ganar el mayor monto de  ingreso posible en lugar de dejar de obtener algo. Tal teor&iacute;a establece que los  proponentes tienen mayor poder de negociaci&oacute;n y podr&aacute;n explotar a quienes hacen  la oferta, qued&aacute;ndose con casi el 100% de la torta y proponi&eacute;ndoles a sus  adversarios cifras inferiores al 3% de la torta que, sin duda, estos aceptar&aacute;n.</p>     <p>En docenas de  experimentos, realizados en diferentes pa&iacute;ses, los exponentes de la teor&iacute;a de  juegos del comportamiento, encuentran que los proponentes, en promedio, ofrecen  un 40 a 50% de una torta, y que la mitad del tiempo las ofertas inferiores al  20% son rechazadas. No obstante, en las m&aacute;s simples sociedades existentes,  algunos antrop&oacute;logos replicaron estos experimentos y hallaron que los  integrantes de primitivas culturas de &Aacute;frica, Amazonas, Papua nueva Guinea y  Mongolia se comportaban de acuerdo con las predicciones de la teor&iacute;a anal&iacute;tica  de los juegos. En esos ambientes los jugadores oferentes se quedaban con la  mayor parte de la torta, y quienes respond&iacute;an aceptaban cualquier oferta,  incluso por debajo del 15%.</p>     <p>En ejemplos como  este, los hallazgos experimentales de la teor&iacute;a de juegos del comportamiento  han exigido a los estudiosos de la teor&iacute;a para que indaguen sobre la existencia  de preferencias sociales, en especial, por los principios de imparcialidad  (trato justo) y de reciprocidad (castigo a los tratamientos humillantes, premio  a las conductas cooperativas) que poseen las personas.</p>     <p>Por cierto, hay  un excesivo pesimismo en la teor&iacute;a econ&oacute;mica al suponer que los individuos  est&aacute;n motivados por un autointer&eacute;s (crudo ego&iacute;smo)<sup><a name="n1"></a><a href="#1">1</a></sup> exclusivamente material. Esto contrasta cuando, de otro lado, se admite la  heterogeneidad de gustos &ndash;como lo hacen los autores m&aacute;s ortodoxos por el estilo  de G. Becker&ndash;. Pero existe todo un mundo de preferencias sociales descuidadas  por los economistas &#91; Fehr y Fischbacher 2002&#93; . Una persona tiene preferencias sociales si  no solamente cuida de sus propios recursos materiales sino, adem&aacute;s, de los  recursos materiales de agentes de referencia relevantes. Tales agentes de  referencia son, por ejemplo, colegas de una firma con los cuales la persona  transa frecuentemente, allegados (de la familia) o vecinos (miembros de la  comunidad). A continuaci&oacute;n se describen, en s&iacute;ntesis, algunas de las  preferencias sociales m&aacute;s importantes, sugeridas por Fehr y Fischbacher &#91; 2002&#93;. </p>     <P>i) Preferencia por reciprocidad o  justicia rec&iacute;proca: se responde a la bondad con bondad y a la hostilidad con  hostilidad. </p>     <p>ii) Aversi&oacute;n a la inequidad: si una  persona es altruista buscar&aacute; incrementar los pagos materiales de la otra  persona por encima de una determinada l&iacute;nea de equidad. Si es envidiosa,  entonces, buscar&aacute; reducirlos por debajo de tal l&iacute;nea de referencia.</p>     <p>iii) Altruismo puro: es una forma de  bondad incondicional, altruismo que se da sin condiciones y que no emerge como  una respuesta al altruismo recibido.</p>     <p>iv) Preferencias rencorosas y  envidiosas: cuando un individuo siempre valora los pagos materiales recibidos  por un agente relevante de referencia, de una manera negativa.</p>     <p>Las preferencias de car&aacute;cter ego&iacute;sta y de reciprocidad  son esenciales para entender la adjudicaci&oacute;n de castigos a los no cooperadores  y de premios a quienes hayan cooperado. La presencia de agentes con  preferencias rec&iacute;procas, adem&aacute;s, cambia los incentivos materiales de los  ego&iacute;stas y los induce a cambiar su comportamiento para que, justamente, sean no  ego&iacute;stas. Ejemplo: un ego&iacute;sta oportunista teme la sanci&oacute;n social del grupo de  agentes con preferencias rec&iacute;procas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el camino de  esta exploraci&oacute;n aparece la cultura y el grado de desarrollo institucional de una  sociedad como causas posibles de la existencia de preferencias sociales,  principios de imparcialidad y clamores de reciprocidad como normas sociales  que, por cierto, ri&ntilde;en con el supuesto de racionalidad de individuos  autointeresados.</p>     <p>As&iacute; las cosas, si  el comportamiento de la gente no coincide con el modelo no significa que los  seres humanos act&uacute;en err&oacute;neamente. Es posible que debamos aprender nuevas cosas  del comportamiento humano y, por esa v&iacute;a, enriquecer el alcance de la teor&iacute;a de  juegos. Los procesos de equilibrio pueden exigir un cambio en las preferencias  de las personas: por ejemplo en el juego del ultim&aacute;tum los jugadores est&aacute;n muy  distantes del equilibrio cuando son ego&iacute;stas y autointeresados; cuando hay  presencia de preferencias sociales (el proponente prev&eacute; que el jugador que  responde rechazar&aacute; todas las ofertas que no sean justas).</p>     <p>Todo el conjunto de  experimentos de este libro constituye un reto para estudiar los temas de  preferencias sociales (utilidad social), negociaci&oacute;n, coordinaci&oacute;n,  razonamiento limitado en los procesos iterativos y aprendizaje.</p>     <p>Estos trabajos son  obra de estudiosos de la econom&iacute;a y de otras disciplinas sociales que se han  salido de la camisa de fuerza de los supuestos: hay que trascender del &ldquo;c&oacute;mo se  deber&iacute;an comportar individuos idealmente racionales&rdquo;, a examinar &ldquo;c&oacute;mo es que  se comporta la gente en la vida real&rdquo;.</p>     <p>Este enfoque ampl&iacute;a  la teor&iacute;a anal&iacute;tica de juegos, al examinar, mediante cientos de experimentos,  c&oacute;mo se comportan las personas que sufren racionalidad limitada, emociones,  errores, limitado c&aacute;lculo de probabilidades y dudas acerca de la inteligencia  de la otra gente. Estos trabajos est&aacute;n emparentados con aportes como los que le  valieron a D. Kahneman y V. Smith ser merecedores del premio N&oacute;bel de Econom&iacute;a  hace un par de a&ntilde;os. Kahneman, junto con A. Tversky, produjeron la &ldquo;teor&iacute;a de  los prospectos&rdquo; la cual est&aacute; enfocada a la descripci&oacute;n del comportamiento de  los individuos, en situaciones de riesgo e incertidumbre y dotados de sesgos,  prejuicios y heur&iacute;sticas que hacen limitada su racionalidad. Con ayuda de  elementales modelos y decenas de experimentos, estos autores demuestran que los  c&aacute;lculos m&aacute;s elementales presentes en la teor&iacute;a de la utilidad esperada y en  los axiomas de la l&oacute;gica de la pura elecci&oacute;n racional no se cumplen en la  realidad<sup><a name="n2"></a><a href="#2">2</a></sup> </a>.</p>     <p><b>EL COMPORTAMIENTO ESTRAT&Eacute;GICO EN EL MUNDO EN QUE VIVIMOS </b></p>     <p>Cu&aacute;l ser&aacute; el  resultado de interacciones estrat&eacute;gicas como las enunciadas enseguida: un  arrogante y taca&ntilde;o catal&aacute;n le ofrece un humillante salario a un joven latino indocumentado;  los pasajeros de una aerol&iacute;nea estadounidense, justo en pleno vuelo y a pocos  minutos de pasar por Nueva York, acaban de recibir la primera amenaza de un  comando terrorista que est&aacute; a bordo de la nave; una joven universitaria de  estrato seis est&aacute; pensando qu&eacute; obsequiar a su novio en su pr&oacute;ximo cumplea&ntilde;os,  luego de que en el d&iacute;a del amor y amistad &eacute;l le ha obsequiado un collar de 500  d&oacute;lares; un negociador de la guerrilla est&aacute; pensando qu&eacute; tan r&aacute;pido debe bajar  el precio de un secuestrado al momento de regatear con una acaudalada familia  paisa; un especialista en negociaci&oacute;n de la Universidad de Harvard, acosado por  el bochorno tropical de una congestionada urbe latina y enfrentado al furibundo  taxista, est&aacute; dudando si debe pagarle una tarifa tan alta por el viaje.</p>     <p>En la convulsionada  atm&oacute;sfera de nuestra pol&iacute;tica dom&eacute;stica, el presidente Uribe y su Gabinete deben,  no s&oacute;lo lidiar con varios jugadores sino, adem&aacute;s, jugar varios juegos a la vez.  Para tocar tan s&oacute;lo el tema del conflicto armado interno, habr&aacute; unos jugadores  beneficiados y otros resentidos si se le enfoca como un problema de terrorismo,  y no de guerra civil &ndash;en uno u otro caso las estrategias son radicalmente  diferentes&ndash;. Por otro lado, la ley de &ldquo;justicia y paz&rdquo;, tan distante de las  experiencias internacionales de verdad, justicia y reparaci&oacute;n, como las de  Sud&aacute;frica, podr&aacute; garantizar acuerdos y &ldquo;equilibrios&rdquo; de corto plazo pero,  ciertamente, podr&aacute; acrecentar el conflicto en el mediano y largo plazo. All&iacute;  donde no ha existido verdad, justicia y, menos a&uacute;n, reparaci&oacute;n existir&aacute;n  expectativas de jugadores inconformes y, por lo mismo, gente que en un futuro  no habr&aacute; de cooperar con las estrategias de los gobernantes o de los grupos  reinsertados.</p>     <p>Este libro no  responde a esos interrogantes tan complejos como espec&iacute;ficos, pero da elementos  &uacute;tiles para descifrar situaciones estrat&eacute;gicas del mundo en que vivimos. Es una  larga respuesta a todos aquellos quienes reconocen que la teor&iacute;a de juegos es  interesante, pero dudan de que los individuos, en la vida real, se comporten  como prescriben los abstrusos modelos de los te&oacute;ricos.</p>     <p>Los bi&oacute;logos no se  preguntan &ldquo;&iquest;Si yo fuese un petirrojo en busca de alimento, c&oacute;mo podr&iacute;a  obtenerlo?&rdquo; Ellos hacen trabajo de campo para observar el comportamiento de los  petirrojos que buscan alimento o, en el peor de los casos, le preguntan a un  observador directo. Los estudiosos de la econom&iacute;a y de la teor&iacute;a anal&iacute;tica de  los juegos, sin irse al extremo de abandonar sus abstracciones, deber&iacute;an seguir  el ejemplo de los bi&oacute;logos. Seguir el camino de los bi&oacute;logos podr&iacute;a sacarnos de  los &ndash;muchas veces&ndash; banales experimentos abstractos de la teor&iacute;a anal&iacute;tica de  los juegos y, por cierto, de los a&uacute;n muy restringidos escenarios que manejan  los estudiosos del enfoque experimental en los juegos. &iquest;Pero, acaso la  intenci&oacute;n original no era la de actuar estrat&eacute;gicamente en el mundo en que  vivimos?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por fortuna existe  un pu&ntilde;ado de autores que se ha adentrado a&uacute;n m&aacute;s en la exploraci&oacute;n de la  interacci&oacute;n estrat&eacute;gica del mundo en el que vivimos. El trabajo seminal de T.  S. Schelling &#91; 1960 y 1978&#93; , el <i>best  seller</i> de Dixit y Nalebuff &#91; 1993&#93; , el siempre fresco cl&aacute;sico <i>El Principe </i>de Maquiavelo y aun la  literatura de W. Schakespeare son iluminantes contribuciones para quienes  deseen mejorar su desempe&ntilde;o estrat&eacute;gico en las diversas facetas de su vida. Es  importante que en la cabecera de los economistas y estudiosos de las  disciplinas sociales existan libros que les recuerden que el mundo en que  vivimos existe y exige decisiones que pueden acabar o preservar muchas vidas.</p>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1">1</a><a name="1"></a> Lo cual s&oacute;lo resulta aproximadamente cierto cuando los individuos  act&uacute;an en un mercado impersonal y deben competir para mantener sus posesiones  (propiedad privada) y maximizar sus ganancias. El autointer&eacute;s obedece a una  visi&oacute;n que privilegia al individuo por encima de la sociedad, y que asume que  han desaparecido los elementos gregarios de la persona.</p>     <p align="justify"><a href="#n2">2</a><a name="2"></a> Algunos de sus principales aportes est&aacute;n condensados en Kahneman y  Tversky &#91; 2000&#93; .</p><hr>     <p><b>R</b>EFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS ADICIONALES</p>     <!-- ref --><p>1. Dixit A. y Nalebuff, B. (1993). <i>Thinking strategically: the competitive  edge in business, politics, and everyday life</i>. New York: Norton &amp; Norton.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S0121-4772200400020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Fehr, E. y Fischbacher, U. (2002). Why social preferences matter. The  impact of non-selfish motives on competition, cooperation and incentives. <i>Economic Journal</i>. Londres.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0121-4772200400020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Kahneman, D. y Tversky, K.  (2000). <i>Choices, values and frames</i>. Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S0121-4772200400020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Schelling, T. (1960). <i>The strategy of conflict</i>. Cambridge:  Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0121-4772200400020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Schelling, T. (1978). <i>Micromotives and Macrobehavior</i>. New York: W.W. Norton and Company.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0121-4772200400020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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