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</front><body><![CDATA[ <html> <head> <title></title> </head> <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>ALGUNOS CUESTIONAMIENTOS A UN ENFOQUE ORTODOXO DE LA ACCI&Oacute;N COLECTIVA</b></p></font>     <p align="right">A Unified Theory of Collective Action and Social Change, Luis Fernando Medina, The University of Michigan Press, 2007, 278 p&aacute;ginas.</p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="right"><b>Freddy Cante*</b></p>     <p>* Ph.D. (c) en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia. Profesor e investigador del CEPI y de la Facultad de Ciencia Política y Gobierno de la Universidad del Rosario (Bogotá, Colombia). E- mail: <a href="mailto:documentosong@gmail.com">documentosong@gmail.com</a>.</p>     <p>Esta reseña fue recibida el 25 de marzo de 2008 y su publicaci&oacute;n aprobada el 18 de julio de 2008.</p><hr>     <p><b>SOBRE EL SENTIDO COM&Uacute;N Y LA ACCI&Oacute;N COLECTIVA</b></p>     <p>Una interpretaci&oacute;n de la realidad social asume que los empobrecidos habitantes de una t&iacute;pica <i>Banana Republic</i>, la cual ha padecido durante d&eacute;cadas la f&eacute;rrea dictadura del General Severo Clepto, podr&iacute;an organizar una acci&oacute;n colectiva en contra del Dictador si osa imponer un incremento de 500% en los impuestos del agua. El General Severo Clepto y su Ministro de Guerra, el General Lanzabalas, saben que pret&eacute;ritos brotes de rebeld&iacute;a sucedieron a causa de su descarada corrupci&oacute;n y que fueron oportunamente reprimidos. Los dos generales, tan s&oacute;lo dotados de cierto sentido com&uacute;n, y a&uacute;n en contrav&iacute;a de sabihondos  asesores y de algunas teor&iacute;as de la acci&oacute;n colectiva, asumen que bruscas y exageradas  alzas en recursos de primera necesidad pueden acarrear una movilizaci&oacute;n popular que los derroque. Una historia similar es el abrebocas de un reciente libro sobre acci&oacute;n colectiva y cambio social.</p> <b>    <p>OLSON, SCHELLING… ¿Y AHORA MEDINA?</p></b>     <p>Medina, un investigador social de origen colombiano, quien desde hace poco tiempo es profesor asociado en el departamento de Ciencia Pol&iacute;tica de la Universidad de Virginia, ha trabajado los &uacute;ltimos años en el tema de la acci&oacute;n colectiva. Su libro aparece con el prometedor t&iacute;tulo de &quot;Una teor&iacute;a unificada de la acci&oacute;n colectiva y del cambio social&quot; y ofrece un modelo de anunciada utilidad para explicar c&oacute;mo ocurren los fen&oacute;menos de acci&oacute;n colectiva  y para determinar su probabilidad de ocurrencia . La explicaci&oacute;n fundamental es la existencia de un <i>shock</i> ex&oacute;geno, esto es, un dram&aacute;tico cambio en el ambiente socioecon&oacute;mico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Comienza con un prefacio en el cual muestra los or&iacute;genes y an&eacute;cdotas de este texto. En el cap&iacute;tulo 1 deja enunciadas las pretenciones b&aacute;sicas de su trabajo, muestra el estatus priviligiado de una teor&iacute;a de la acci&oacute;n colectiva basada en el sentido com&uacute;n, adem&aacute;s de plantear una defensa de la est&aacute;tica comparativa. En los cap&iacute;tulos 2 al 4, ofrece una interpretaci&oacute;n  y una presentaci&oacute;n –elaborada fundamentalmente en lenguaje matem&aacute;tico–, de los modelos de acci&oacute;n colectiva basados en la elecci&oacute;n racional y los cuales clasifica en dos: los de un &uacute;nico equilibrio (que por lo general resulta en el fracaso de la acci&oacute;n colectiva) y los de m&uacute;ltiples equilibrios (cuando existen diversas posibilidades de &eacute;xito o de fracaso). En el primer grupo se encuentran los denominados modelos de &quot;bienes p&uacute;blicos&quot; derivados del trabajo de Olson (1965) y una supuesta variante caracterizada por &quot;preferencias independientes del resultado&quot; que se halla presente en planteamientos de autores como Brennan y Buchanan (1984).</p>     <p>Los modelos de &quot;bienes p&uacute;blicos&quot;, seg&uacute;n Medina, reducen la acci&oacute;n colectiva al problema del colinchado y la asumen  como  un dilema del prisionero de muchos jugadores, cuya estrategia dominante es la no cooperaci&oacute;n  y cuya soluci&oacute;n radica en construir (ex&oacute;genamente) cooperaci&oacute;n, mediante la implementaci&oacute;n de incentivos selectivos o de deberes ciudadanos. En el segundo grupo incluye modelos como los de &quot;umbrales&quot;, &quot;puntos focales&quot; y <i>tipping games</i> (estos &uacute;ltimos indican el punto en que una poblaci&oacute;n se inclina hacia la cooperaci&oacute;n); el desarrollo de esta categor&iacute;a ha sido posible, en gran parte, gracias a los aportes de Schelling (1960 y 1978). El avance de estos trabajos radica, siguiendo el planteamiento de Medina, en que no son un problema de &quot;poder de intercambio&quot; como el dilema del prisionero, cuya soluci&oacute;n es incentivar la cooperaci&oacute;n a cambio de recursos materiales; sino de &quot;poder de coordinaci&oacute;n&quot;, dado que se requiere coordinar a un n&uacute;mero suficiente de personas para propiciar una acci&oacute;n colectiva exitosa.</p>     <p>El profesor Medina insiste en que los modelos de elecci&oacute;n racional precedentes al suyo no aciertan en explicar la acci&oacute;n colectiva como un producto de variaciones en el ambiente socio-econ&oacute;mico de una poblaci&oacute;n dada. Incluso aquellos modelos derivados de los aportes de Schelling, los cuales suponen un poder de coordinaci&oacute;n y un rol estrat&eacute;gico de las creencias, se quedan cortos a la hora de explicar los microfundamentos  que ayudar&iacute;an a responder c&oacute;mo coopera la gente. Si, por ejemplo, un dictador como Severo Clepto contratara asesores que s&oacute;lo conocieran modelos de &quot;bienes p&uacute;blicos&quot; o de <i>&quot;tipping games&quot;</i>, &eacute;stos le insistir&iacute;an en que las poblaciones agraviadas (golpeadas por injusticias) no son sensibles a notables variaciones en sus condiciones socioecon&oacute;micas. En consecuencia -afirma Medina, no ver&iacute;an que un alza desmesurada de 500% en un &iacute;tem de tal sensibilidad social como las tarifas del agua, pudiera causar una acci&oacute;n colectiva contra un r&eacute;gimen injusto.</p>     <p>Medina, con sus propias palabras afirma que su teor&iacute;a no es otra que la versi&oacute;n sofisticada de &quot;la teor&iacute;a de la acci&oacute;n colectiva de una persona no formada acad&eacute;micamente&quot; -como la de los generales aludidos en la historieta precedente. Su sofisticado lenguaje matem&aacute;tico se basa en una versi&oacute;n ortodoxa  de la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional, mediante la cual sostiene que la acci&oacute;n colectiva no se reduce a un &uacute;nico e inexorable equilibrio (por ejemplo, su fracaso), sino que presenta m&uacute;ltiples equilibrios, es decir, varias y diversas posibilidades de &eacute;xito y/o de frustraci&oacute;n. En concreto, usa la est&aacute;tica comparativa para entender el fen&oacute;meno de la acci&oacute;n colectiva. Tal t&eacute;cnica es, justamente, la comparaci&oacute;n entre dos estados de equilibrio, antes y despu&eacute;s de un cambio que obedece a variaciones en un par&aacute;metro ex&oacute;geno. Por lo mismo, al profesor Medina no le interesa estudiar el proceso mismo del cambio (c&oacute;mo llegar a determinado equilibrio), pero se concentra en determinar cuan probable es &eacute;ste si se introducen variaciones en par&aacute;metros ex&oacute;genos, correspondientes al ambiente socioecon&oacute;mico y, obviamente, caracterizados por ser observables, objetivos y medibles para as&iacute; poder confrontar emp&iacute;ricamente la teor&iacute;a. Medina hace &eacute;nfasis en que gracias al sentido com&uacute;n -suponiendo todo lo dem&aacute;s constante, se puede afirmar que la acci&oacute;n colectiva es m&aacute;s probable si sus beneficios se incrementan  y menos probable si son sus costos los que aumentan. En el cap&iacute;tulo 3 expone su modelo de <i>Stability Sets</i> (un instrumento de la teor&iacute;a de juegos basado en ideas de John Harsanyi y Reinhardt Selten); posteriormente, en el cap&iacute;tulo 4, plantea su defensa de la est&aacute;tica comparativa en el an&aacute;lisis de la acci&oacute;n colectiva.</p>     <p>Medina insiste, con vehemencia, en que no todos los &aacute;ngulos del problema de la acci&oacute;n colectiva dependen de sus participantes (sean estos cooperadores pioneros, colinchados o cumplan con cualquier otro papel). Mejor a&uacute;n: todos los participantes de tal acci&oacute;n confrontan circunstancias  objetivas y ex&oacute;genas a ellos, que est&aacute;n m&aacute;s all&aacute; de su control y, por lo mismo, pueden incrementar la posibilidad de &eacute;xito o fracaso de una acci&oacute;n colectiva. Para no dejar dudas, hace &eacute;nfasis en que la acci&oacute;n colectiva es un potente mecanismo de cambio social, pero que ocurre siempre dentro de un conjunto particular de condiciones estructurales.</p>     <p>El profesor Medina resume escuetamente su planteamiento de la siguiente manera:  <i>Cuando los individuos  pueden obtener alg&uacute;n  resultado  ben&eacute;fico gracias a una acci&oacute;n coordinada  en grupo, es probable que tal coordinaci&oacute;n se produzca.  Cuando  los beneficios potenciales de la coordinaci&oacute;n  se incrementan (o sus costos decrecen), es m&aacute;s probable que los individuos se coordinen e, inversamente, cuando los beneficios potenciales disminuyen (o sus costos se incrementan), es menos probable  que se coordinen</i>.  Afirma, tambi&eacute;n, que su teor&iacute;a puede explicar c&oacute;mo y con qu&eacute; probabilidad puede ocurrir una acci&oacute;n colectiva como respuesta a los cambios observables  (y objetivos) en su medio ambiente. De esta manera, en un agobiado pa&iacute;s como el gobernado por los nefastos personajes de la historieta, una desmesurada alza de 500% en los impuestos del agua opera como un &quot;<i>schock</i> ex&oacute;geno&quot; que hace m&aacute;s probable una acci&oacute;n colectiva popular.</p>     <p>En la segunda parte, conformada por los cap&iacute;tulos 5 y 6, sugiere aplicaciones en dos temas: el clientelismo (tema que fue objeto de una consultor&iacute;a suya y que origin&oacute; en parte lo que ser&iacute;a el actual libro) y la redistribuci&oacute;n en las negociaciones salariales. Sobre el primer tema menciona interesantes debates y estudios de caso (en particular sobre Argentina). En cuanto al segundo aspecto da cuenta de estudios hist&oacute;ricos e interpretaciones te&oacute;ricas sobre la lucha de clases en Alemania y Suecia en el per&iacute;odo que separa a la Primera de la Segunda Guerra Mundial, estos son: el libro de Greg Luebbert (<i>Liberalism, Fascism or Social Democracy</i>) y el modelo pol&iacute;tico-econ&oacute;mico que el marxista anal&iacute;tico y  experto en teor&iacute;a de la explotaci&oacute;n, John Roemer, construy&oacute; a partir del estudio de Luebbert y desarroll&oacute; en su texto <i>Political Competition</i>.</p>     <p>En el cap&iacute;tulo 5 de su texto, Medina hace alusi&oacute;n al clientelismo y dice que tal fen&oacute;meno es el equivalente a un monopolio pol&iacute;tico. Un patr&oacute;n clientelista tiene a mano un recurso que sus desafiadores no poseen y que constituye la versi&oacute;n pol&iacute;tica de un contrato de comercio exclusivo. Aunque los reg&iacute;menes clientelistas no recurren a la violencia como instrumento de control, con la frecuencia con la que lo hacen los dictadores, suelen subyugar a la ciudadan&iacute;a con pequeñas amenazas menos intimidatorias, pero m&aacute;s omnipresentes. El profesor Medina destaca amenazas clientelistas como las referentes al despido, al retroceso de programas p&uacute;blicos o a quedar por fuera de una lista de espera para acceder a alg&uacute;n servicio clave. Lo que le da a un patr&oacute;n el car&aacute;cter de tal es, justamente, su acceso privilegiado a una estructura de controles profundos sobre unos recursos claves que, por cierto, resulta inaccesible para potenciales competidores. En ese orden de ideas, encuentra que un cambio en la estructura econ&oacute;mica que consista en un desarrollo econ&oacute;mico (conceptualizado como un incremento en la productividad de las actividades privadas y riesgosas que sea superior al de las actividades monopolizadas y libres de riesgo), socava la fuerza electoral del patr&oacute;n. Entonces, gracias a la mayor productividad de las firmas privadas, los agentes de la acci&oacute;n colectiva ser&aacute;n menos dependientes del patr&oacute;n, la redistribuci&oacute;n universal ser&aacute; m&aacute;s sobresaliente y la acci&oacute;n colectiva anticlientelista ser&aacute; exitosa con m&aacute;s probabilidad.</p>     <p>Al final de su libro plantea algunas reflexiones y una invitaci&oacute;n para que legiones de lectores receptivos le ayuden a colonizar el territorio desconocido de lo que, sugiere, es el principio de un original programa de investigaci&oacute;n.</p> <b>    <p>UNA HIP&Oacute;TESIS SOBRE LA POSIBILIDAD DE LA ACCI&Oacute;N COLECTIVA</p></b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El planteamiento del profesor Medina presenta algunas limitaciones. En esta secci&oacute;n me ocupar&eacute; solamente de mostrar lo siguiente: que sus pretenciones de ofrecer un modelo predictivo son algo excesivas, que a&uacute;n no puede salir del paradigma de los incentivos selectivos y que sus interpretaciones del poder de coordinaci&oacute;n, al igual que de los costes y beneficios  de la acci&oacute;n colectiva son poco profundas. Tal ejercicio no lo har&eacute; en un tono meramente reactivo (como el de una cr&iacute;tica meramente contestaria y destructiva), sino basado en una propuesta alternativa.</p>     <p>Una acci&oacute;n colectiva es consecuencia, entre otras cosas<sup><a name="nr1"></a><a href="#1">1</a></sup>, de dos factores end&oacute;genos: primero, un proceso previo de lo que los estudiosos de la sociolog&iacute;a pol&iacute;tica denominan una &lsquo;liberaci&oacute;n cognitiva&rsquo;; y, segundo, que en s&iacute; misma constituye una elecci&oacute;n (b&aacute;sicamente entre la inacci&oacute;n o preservaci&oacute;n del <i>status quo</i> y el cambio social), que depende de la estimaci&oacute;n subjetiva de ciertos costos de oportunidad.</p>     <p>La &lsquo;liberaci&oacute;n cognitiva&rsquo; (conjunto de valores, metapreferencias o de alguna ideolog&iacute;a que corresponde al significado profundo del poder de coordinaci&oacute;n), permite percibir una situaci&oacute;n social como injusta e inaceptable y, adem&aacute;s, implica un consenso para orientar a las personas hacia la generaci&oacute;n de un estado social alternativo. El incremento de los agravios (por ejemplo, en forma de un schock ex&oacute;geno que empeora las condiciones socioecon&oacute;micas de la poblaci&oacute;n) podr&iacute;a ser apenas un catalizador para generar levantamientos o protestas espont&aacute;neas. Peor a&uacute;n, existen terribles ultrajes que no podr&iacute;an ser percibidos si la poblaci&oacute;n agraviada no est&aacute; liberada cognitivamente, al menos en un grado considerable.</p>     <p>Existir&aacute;n mayores posibilidades para actuar colectivamente si, adem&aacute;s de la liberaci&oacute;n cognitiva, existen altos costos de oportunidad: subjetivamente las personas percibir&iacute;an que resulta m&aacute;s costosa la inacci&oacute;n colectiva (preservaci&oacute;n de la injusticia) frente a la acci&oacute;n colectiva (invertir en cuantiosos esfuerzos y grandes riesgos para alcanzar un orden alternativo mejor a la situaci&oacute;n existente).</p> <b>    <p>La incertidumbre y la acci&oacute;n colectiva</p></b>     <p>La acci&oacute;n colectiva ligada al cambio social es una suerte de cataclismo que sufren las sociedades, por tanto, es de los fen&oacute;menos m&aacute;s inciertos (ubicado en el terreno de la incertidumbre radical que advirtieran Keynes y Shackle) y, por lo mismo, m&aacute;s impermeables al uso de modelos de elecci&oacute;n racional. Es tan incierta que se ubica en el &aacute;mbito de las posibilidades  y no deja terreno para permitir un c&aacute;lculo de probabilidades. Cuando los ambientes institucionales no son estables  y se presentan crisis, y cuando no hay situaciones iterativas, es pr&aacute;cticamente imposible insistir en la existencia de preferencias racionales y el c&aacute;lculo de probabilidades. Acciones colectivas como las que resultaron en la ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n o en los movimientos de poder social y luchas noviolentas en Sud&aacute;frica, Europa del Este y Filipinas fueron tan sorpresivas como un terremoto y tan complejas que todav&iacute;a los acad&eacute;micos no han osado responder importantes preguntas para avanzar en su explicaci&oacute;n. Quien haya le&iacute;do algo de historia o conozca al menos como observador el trabajo de estrategas y organizadores  de acciones colectivas (tanto del lado de los gobernantes como del lado de los pueblos) sabe que, en la realidad, no existen preferencias, estrategias y estados  sociales que sean datos dados e inmutables o al menos estables y predecibles.</p>     <p>Autores como Elster (1989, 1999) han advertido que las motivaciones humanas son complejas  y se podr&iacute;an clasificar en tres conjuntos que son pasi&oacute;n, raz&oacute;n e inter&eacute;s. Mientras que la pasi&oacute;n no suele permitir la elecci&oacute;n calculada y deliberada, y la raz&oacute;n tiende a ser desapasionada y desinteresada, s&oacute;lo el inter&eacute;s podr&iacute;a ser objeto de alg&uacute;n limitado c&aacute;lculo racional (dado que Elster toma en cuenta los problemas de la racionalidad  limitada y a&uacute;n de la irracionalidad). Petersen (2001) cita a Gambetta, quien da una lista de varios patrones de causalidad, identificados en las ciencias sociales como: la misma racionalidad instrumental; los puntos focales; los procesos prejuiciados de hacer inferencias; la reducci&oacute;n de la disonancia cognitiva; las creencias autovalidadas como la desconfianza; las emociones como la envidia; las pasiones como el amor propio; las evolucionadas disposiciones hacia el altruismo, el sexo, el cuidado de los niños y el efecto dotaci&oacute;n. Petersen, agrega otras como las normas de reciprocidad, el comportamiento basado en umbrales (juego del seguro), la difusi&oacute;n propia de las redes sociales y la privaci&oacute;n relativa que sufre la gente. El trabajo de Medina est&aacute; enfocado tan s&oacute;lo en la motivaci&oacute;n del inter&eacute;s, aunque en la literatura de las disciplinas sociales existen trabajos como el de Hirschman (1982) y el de Petersen (2002) que dan cuenta, respectivamente, de acciones colectivas motivadas por las metapreferencias y las pasiones.</p>     <p>Elster (1989, 1999) insiste en que en las disciplinas sociales tan s&oacute;lo podemos estudiar algunos mecanismos, los cuales ayudan a explicar patrones de causalidad espec&iacute;ficos y se sit&uacute;an a medio camino entre las leyes y las meras descripciones. Por lo dem&aacute;s, estos son impulsados por condiciones, generalmente, desconocidas y tienen consecuencias indeterminadas. En t&eacute;rminos m&aacute;s abstractos, mientras una ley tiene la forma &quot;<i>si las condiciones C<sub>1</sub>,  C<sub>2</sub>,...  C<sub>n</sub> ocurren, entonces siempre ocurre el efecto E</i>&quot;, un mecanismo tiene la forma &quot;<i>si las condiciones C<sub>1</sub>, C<sub>2</sub>,... C<sub>n</sub> ocurren, entonces algunas  veces ocurre el efecto E&quot;</i>.</p>     <p>Medina concede parcialmente la raz&oacute;n a Elster y, sin embargo, se empecina en construir una teor&iacute;a general (ni m&aacute;s ni menos que sobre los microfundamentos de la acci&oacute;n colectiva y el cambio social), a partir de un modelo ortodoxo de elecci&oacute;n racional. Quiz&aacute;s es v&iacute;ctima de la fiebre por la b&uacute;squeda del Dorado que sufren muchos exponentes de la ciencia pol&iacute;tica en Estados Unidos. Seguramente, por eso mismo, le ha apostado a buscar la carta m&aacute;gica, es decir, el modelo casi infalible y con enorme poder de generalizaci&oacute;n  y de pron&oacute;stico. Su trabajo es una versi&oacute;n de la moda inaugurada por autores como Bruce Bueno de Mesquita, la cual consiste en explicar complejos temas de ciencia pol&iacute;tica mediante el uso de modelos de elecci&oacute;n racional<sup><a name="nr2"></a><a href="#2">2</a></sup>.</p> <b>    <p>El significado profundo del poder de coordinaci&oacute;n</p></b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el segundo cap&iacute;tulo de su seminal trabajo, Hardin (1995) ofrece claridad conceptual  sobre las estructuras  de interacci&oacute;n social, b&aacute;sicamente el conflicto puro (una parte gana si otras pierden), la coordinaci&oacute;n (cada parte gana si las otras ganan) y la cooperaci&oacute;n o intercambio que representa una zona gris entre las dos primeras.</p>     <p>El poder de coordinaci&oacute;n existe cuando hay un n&uacute;mero suficiente de individuos quienes encuentran de su inter&eacute;s el agruparse con una coalici&oacute;n ganadora. En eso acierta Medina pero, sintom&aacute;ticamente, no menciona lo m&aacute;s fundamental que es justo en lo que Hardin insiste: movilizar un grupo o poblaci&oacute;n en torno a determinado prop&oacute;sito es f&aacute;cil si toda esa gente comparte tal prop&oacute;sito. Aunque la coordinaci&oacute;n masiva puede producir un gran poder que podr&iacute;a ser usado para varias finalidades, la poblaci&oacute;n que se ha aglutinado en torno al prop&oacute;sito principal no tolera desviaciones: si unas personas se han coordinado en torno a una demanda tan exigente como la defensa del car&aacute;cter de una naci&oacute;n, entonces podr&iacute;an perder instant&aacute;neamente el apoyo si intentan eludir o cambiar de finalidad.</p>     <p>El significado profundo del poder de coordinaci&oacute;n, como un consenso en torno a una opci&oacute;n ideol&oacute;gica o a un l&iacute;der competente,  lo esboza el maestro Hardin al iniciar el segundo cap&iacute;tulo de su mencionado texto con un proverbio de la tribu Bagandan el cual advierte que su pueblo no se rebelar&aacute; si primero no cuentan con un pr&iacute;ncipe alternativo.</p>     <p>Hardin diferencia dos formas de poder, el de intercambio  y el de coordinaci&oacute;n. Gracias a la disponibilidad de cuantiosos recursos econ&oacute;micos es posible disponer de un poder de intercambio para movilizar a una poblaci&oacute;n. Pero si la poblaci&oacute;n se puede coordinar masivamente en torno a un prop&oacute;sito existe un poder de coordinaci&oacute;n, el cual genera m&aacute;s poder porque  se nutre de expectativas que se refuerzan mutuamente. Y este autor est&aacute; de acuerdo con Hobbes en que el orden precede a la producci&oacute;n, es decir, si existe una coordinaci&oacute;n en torno a una moneda, entonces esta moneda ser&aacute; un medio de interambio validado. Aunque existe poder de coordinaci&oacute;n dependiente de las creencias (por ejemplo, conocimiento acerca de la falibilidad de las propias estrategias y las del rival), &eacute;ste en su significado profundo se encuentra en el terreno de las metapreferencias (visiones del mundo, posiciones ideol&oacute;gicas, entre otros).</p>     <p>De acuerdo con Hardin, si existe un poder de coordinaci&oacute;n habr&iacute;an al menos tres consecuencias para la acci&oacute;n colectiva. Primera, esta podr&iacute;a generar un cambio social no meramente reactivo sino m&aacute;s bien propositivo, sostenible y dif&iacute;cilmente reversible (lo que no ocurri&oacute; en el levantamiento popular de 1848 que tanto mortific&oacute; a Marx). Segunda, disminuyen de manera considerable los costes de participar  en la acci&oacute;n colectiva, puesto que si la gente est&aacute; coordinada en torno a un prop&oacute;sito de orden social, no se requieren astron&oacute;micos recursos para invertir en poder de intercambio, sea en forma de coerci&oacute;n como millones de vigilantes (justo la sociedad policiva imaginada por Orwell) o a manera de sobornos (con incentivos selectivos positivos para todo buen comportamiento social). Y tercera, la preferencia colectiva por un prop&oacute;sito de orden alternativo (por ejemplo, una revoluci&oacute;n) es m&aacute;s una constante que una variable dependiente del n&uacute;mero de personas que previamente han cooperado.</p>     <p>En este orden de ideas, un asesor de reg&iacute;menes represivos como el que comanda Severo Clepto, recomendar&iacute;a aniquilar o castigar con severidad a todos los disidentes  y a los constructores de sociedad civil, dado que ellos estar&iacute;an generando un poder de coordinaci&oacute;n alternativo y que podr&iacute;a  culminar en un orden social distinto al existente.</p>     <p>Estudiosos de las disciplinas sociales que se han ocupado m&aacute;s de los estudios de caso que de las excesivas abstracciones matem&aacute;ticas, tambi&eacute;n advertir&iacute;an que de no cambiar las ideas no habr&iacute;an muchas posibilidades de acci&oacute;n colectiva popular, y que si la poblaci&oacute;n agraviada no cambia sus valores ella misma ser&aacute; una empecinada defensora del <i>status quo</i>, es decir, de la inacci&oacute;n colectiva. Existen interesantes trabajos recientes como los de Schock (2008) y Posada Carb&oacute; (2007).</p>     <p>Colombia es un pa&iacute;s que ha padecido excesivos agravios: m&aacute;s de cuatro millones de desplazados, millares de personas secuestradas y desaparecidas, varios magnicidos, decenas de masacres y cientos de v&iacute;ctimas de minas antipersonales, a lo cual se suma que m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n es pobre. Recientemente, parte de la opini&oacute;n p&uacute;blica colombiana apenas si se ha estremecido ante la masacre de secuestrados por parte de las FARC, y decenas de congresistas   y otros funcionarios p&uacute;blicos aliados con el paramilitarismo. Tal situaci&oacute;n, pese a haber producido agravios m&aacute;s graves que una desmesurada alza de 500% en las tarifas del agua, no ha servido m&aacute;s que de burdo catalizador para, de vez en cuando, y gracias a alguna publicidad medi&aacute;tica, detonar m&aacute;s que unas pocas acciones colectivas de protesta. Pese a que hay gente agraviada por la barbarie paramilitar en tiempos recientes (no m&aacute;s de dos d&eacute;cadas), autores como Duncan (2006) muestran que en muchos municipios de Colombia la poblaci&oacute;n est&aacute; legitimando voluntariamente a los paramilitares (señores de la guerra) y a sus mutaciones en mafias.</p> <b>    <p>Sobre el problema de los incentivos</p></b>     <p>El profesor Medina ha criticado con inclemencia el planteamiento de M. Olson (1965), ha mostrado que su l&oacute;gica de la acci&oacute;n colectiva se reduce a un dilema del prisionero y que est&aacute; anclado en el poder de intercambio puesto que se limita a ofrecer soluciones basadas en incentivos selectivos. Arguye que un olsoniano no ver&iacute;a inconveniente en la escandalosa alza de un 500% en los impuestos del agua, dado que las masas plebeyas estar&iacute;an atrapadas en un dilema del prisionero y s&oacute;lo actuar&iacute;an en un proceso de acci&oacute;n colectiva revolucionaria si existiese un empresario de tal acci&oacute;n que, justamente, les ofreciera suficientes incentivos selectivos para cooperar. No obstante, el planteamiento de Medina, no hace alusi&oacute;n al problema del tamaño de los grupos y a la dominaci&oacute;n de las mayor&iacute;as por parte de las minor&iacute;as organizadas que tanto tormento causa a cualquier olsoniano. Pero su modelo evoca un retorno a la idea de los incentivos selectivos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La acci&oacute;n colectiva, de acuerdo con Parfit (1984), depende de factores end&oacute;genos (cambios en la moral y psicolog&iacute;a  de la gente), y/o de factores ex&oacute;genos (b&aacute;sicamente enfocados en modificar la estructura de pagos de un juego como el dilema del prisionero). Quienes como Olson (1965) o Medina se enfocan, respectivamente, en incentivos selectivos o condiciones materiales, simplemente abren las puertas para que empresarios de la acci&oacute;n colectiva (minor&iacute;as organizadas) cambien ex&oacute;genamente la estructura de pagos y generen cooperaci&oacute;n.</p>     <p>    <blockquote>En el cap&iacute;tulo 5, anteriormente mencionado, sostiene Medina que el monopolio clientelista se debe a que las masas subyugadas dependen de recursos primordialmente privados (como empleos, cupos escolares y a&uacute;n acceso a la seguridad p&uacute;blica), que son f&eacute;rreamente controlados por un patr&oacute;n. Esto no difiere mucho del planteamiento de los incentivos selectivos olsonianos que pueden ser positivos (bienes privados positivos para los cooperadores), o negativos (recortes o expropiaciones de bienes privados para quienes osan no cooperar). Acerc&aacute;ndose a&uacute;n m&aacute;s a Olson, permite suponer al lector que unos empresarios paladines podr&iacute;an competir con un patr&oacute;n, al traer el desarrollo  econ&oacute;mico. Para Medina, el  desar rollo se reduce al mero progreso material. La masa subyugada no act&uacute;a, simplemente se beneficia de la magnitud de empleos y posibilidades  de ascenso y movilidad  econ&oacute;mica. En el fondo del asunto, eso deja suponer el planteamiento de Medina, existe una suerte de capitalistas progresistas que son los art&iacute;fices de un cambio ex&oacute;geno que impulsar&iacute;a una acci&oacute;n colectiva para derrotar al clientelista. Pero esta acci&oacute;n colectiva se reducir&iacute;a a la mera salida (libertad de movilizaci&oacute;n en el sentido que Hirschman da al t&eacute;r mino) de plebeyos  que huyen de patronos clientelistas  hacia empleadores no clientelistas.</blockquote></p>     <p>Si el profesor Medina hubiese entendido el significado profundo del poder de coordinaci&oacute;n habr&iacute;a logrado comprender que ciertos beneficios materiales (justicia social, por ejemplo) son resultado m&aacute;s que condici&oacute;n de la acci&oacute;n colectiva. Autores de la talla de Sen (2000) y Portes (2006) han mostrado que el desarrollo depende, respectivamente, de una ampliaci&oacute;n de las libertades individuales (como libertad de expresi&oacute;n  y de movilizaci&oacute;n),  y de una revoluci&oacute;n institucional consistente en un cambio profundo en los valores  y en las estructuras de poder (aunque se debe reconocer que la transformaci&oacute;n de estas depende de importantes oportunidades econ&oacute;micas).</p> <b>    <p>Sobre el coste de oportunidad de la inacci&oacute;n colectiva</p></b>     <p>Hace casi cuatro d&eacute;cadas, el influyente pensador J. Buchanan (1969) hizo una s&iacute;ntesis de los aportes de te&oacute;ricos de la talla de F. Hayek, Mises, Coase y Shackle, para mostrar que un conjunto de estudiosos hab&iacute;an mostrado la conexi&oacute;n entre el costo y la elecci&oacute;n, y hab&iacute;an sugerido que la idea de coste de oportunidad permite un an&aacute;lisis econ&oacute;mico sensato.</p>     <p>De acuerdo con Buchanan (1969), los costos en la teor&iacute;a predictiva (como la ortodoxa versi&oacute;n neocl&aacute;sica expuesta por Medina) son, efectivamente, objetivos y medibles. No obstante, los individuos que suponen esos modelos son seres similares a aut&oacute;matas, puesto que no eligen y m&aacute;s bien se comportan conforme a lo previsto por la teor&iacute;a: responden minimizando costos y maximizando beneficios en respuesta a cambios objetivos y medibles en su ambiente. Esto significa que el modelo de Medina permite &quot;predecir&quot; acciones colectivas y &quot;vaticinar&quot;  que estas son m&aacute;s probables gracias a shocks ex&oacute;genos (por ejemplo, incrementos en los costes econ&oacute;micos de un art&iacute;culo de primera necesidad), dado que los individuos que se asumen no eligen sino que se comportan conforme a lo previsto.</p>     <p>No obstante, como insiste Buchanan, el costo est&aacute; directamente ligado al acto de elegir. Es el lado negativo de una decisi&oacute;n, es decir, es lo que sacrifica un individuo cuando toma una decisi&oacute;n. M&aacute;s a&uacute;n, el costo est&aacute; basado en expectativas, es subjetivo  y existe en la imaginaci&oacute;n de las personas en el momento de elegir. Shackle insist&iacute;a en que las alternativas electorales no son hechos objetivos sin cosas imaginadas por quien decide. En consecuencia, los costos no pueden ser medidos por su car&aacute;cter subjetivo y porque las opciones alternativas son meras posibilidades (opciones inciertas y productos de futuros imaginarios). Para completar, Hayek hizo &eacute;nfasis en que el equilibrio es descrito no en t&eacute;rminos de unas condiciones objetivamente determinadas o de unas relaciones entre magnitudes sino, m&aacute;s bien, de realizaci&oacute;n de expectativas mutuamente consistentes y que se refuerzan.</p>     <p>A partir de este planteamiento sobre el costo de oportunidad, se podr&iacute;a afirmar que el modelo sugerido por Medina puede servir para predecir fen&oacute;menos de acci&oacute;n colectiva porque, de manera simplista, debe asumir que los individuos no eligen y que maquinalmente reaccionar&aacute;n ante notables fluctuaciones en los costos objetivos y ex&oacute;genos. Un shock ex&oacute;geno (por ejemplo, un alza de 500% en las tarifas del agua), podr&iacute;a operar eventualmente como un catalizador para ocasionar un levantamiento popular espont&aacute;neo. Una genuina acci&oacute;n colectiva supone la existencia de una &lsquo;liberaci&oacute;n cognitiva&rsquo; que, en este caso, equivalga a claras opciones de orden alternativo en la imaginaci&oacute;n colectiva e individual de las personas. Existen posibilidades de acci&oacute;n colectiva si frente a la inacci&oacute;n (adaptaci&oacute;n al orden imperante), hay imaginarios de orden que constituyan referentes para elegir otros cursos hist&oacute;ricos, es decir, alternativas mejores al orden existente que, por lo mismo, aumenten el constraste con la preservaci&oacute;n  del <i>status quo</i> y el costo de oportunidad de mantener el orden actual.</p>     <p>Finalmente, como se ha insisti&oacute; al principio, la posibilidad de que se produzca en la realidad una acci&oacute;n colectiva depende de una multiplicidad de factores que, evidentemente, no se pueden tratar desde un modelo simplista ni desde un solo enfoque disciplinario.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>NOTAS AL PIE</p>     <p><a href="#nr1">1</a><a name="1"></a> Un avance en el estudio de los determinantes de la acci&oacute;n colectiva se encuentra en Cante (2007).</p>     <p><a href="#nr2">2</a><a name="2"></a> Para un estudio m&aacute;s completo sobre la ciencia pol&iacute;tica estadounidense se puede consultar Petersen y Felbab-Brown (2005).</p><hr> <b>    <p>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</p></b>     <p>1. Brennan, G. y J. Buchanan (1984). &quot;Voter Choice: Evaluating Political Alternatives&quot;. <i>American Behavioral Scientist</i>, 28 (2): 185-201.</p>     <p>2. Buchanan, J. (1969).  <i>Cost and Choice,  An Inquir y  in Economic Theory</i>.  Chicago: The University of Chicago Press.</p>     <p>3. Duncan, G. (2006).  <i>Los  señores de la Guerra,  de paramilitares, mafiosos y autodefensas  en Colombia</i>. Bogot&aacute;: Planeta editorial.</p>     <p>4. Elster, J. (1989). <i>Nuts and Bolts for the Social Sciences</i>. Cambridge: Cambridge University Press.</p>     <p>5. Elster, J. (1999). <i>Alchemies  of  the  Mind, Rationality and the Emotions</i>.  Cambridge. Cambridge University Press.</p>     <p>6. Hardin, R. (1995).  <i>One for All, the Logic of  Group  Conflict</i>. Princeton (N.J.): Princeton University Press.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>7. Hirschman, A. (1982). <i>Shifting Involvements: Private interest and Public Action</i>. Princeton, (N.J.): Princeton University Press. Olson, M. (1965).  <i>The Logic of  Collective Action:  Public  Goods  and  the Theory of  Groups</i>. Cambridge Mass: Harvard University Press.</p>     <p>8. Parfit, D. (1984). &quot;Prudence, Morality and the Prisoner&rsquo;s Dilemma&quot;. En Jon Elster, <i>Rational  Choice</i>. Cambridge: Cambridge University Press.</p>     <p>9. Petersen, R. (2001).  <i>Resistance and Rebellion,  Lessons  from Eastern Europe</i>. Cambridge: Cambridge University Press.</p>     <p>10. Petersen, R. (2002). <i>Understanding Ethnic Violence: Fear, Hatred, and Resentment in TwentiethCentury Eastern Europe</i>. Cambridge: Cambridge University Press.</p>     <p>11. Petersen, R. (2005). &quot;La ciencia social estadounidense y la pol&iacute;tica de contrainsurgencia en Colombia&quot;. En F. Cante, y L. Ortiz, <i>Acci&oacute;n pol&iacute;tica noviolenta, una  opci&oacute;n para Colombia</i>. Bogot&aacute;: Editorial Universidad del Rosario.</p>     <p>12. Posada Carb&oacute;, E. (2007). &quot;El curso de la sociedad solo cambiar&aacute; cuando cambien las ideas&quot;. En L. Botero, <i>Cr&iacute;menes altruistas</i>.  Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n Centro de Pensamiento Primero Colombia.</p>     <p>13. Schock, K. (2005).   <i>Unarmed  Insurrections: People Power Movements in Nondemocracies</i>. Minneapolis: University of Minnesota Press. Este texto aparecer&aacute; traducido al español y publicado por la Universidad del Rosario, bajo el t&iacute;tulo Insurrecciones no armadas.</p> </font>     </body></html>      ]]></body>
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