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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[RESPUESTA A LAS RESEÑAS DE FREDDY CANTE Y JORGE ANDRÉS GALLEGO SOBRE EL LIBRO A UNIFIED THEORY OF COLLECTIVE ACTION AND SOCIAL CHANGE]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <html> <head> <title></title> </head> <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>RESPUESTA  A LAS RESEÑAS  DE FREDDY  CANTE Y JORGE ANDR&Eacute;S GALLEGO SOBRE EL LIBRO <i>A UNIFIED THEORY OF COLLECTIVE ACTION AND SOCIAL CHANGE</i></b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="right"><b>Luis Fernando Medina*</b></p>     <p>* Doctor en Econom&iacute;a, actualmente se desempeña como Profesor Asistente del Departamento de Pol&iacute;tica de la Universidad de Virginia. Email: <a href="mailto:lfm9b@cms.mail.virginia.edu">lfm9b@cms.mail.virginia.edu</a>.</p><hr>     <p>Antes de entrar en materia, quisiera agradecer a la revista Cuadernos  de Econom&iacute;a por destinar este espacio a discutir mi reciente trabajo y a los profesores Cante y Gallego por la dedicaci&oacute;n con la que acometieron la tarea encomendada. Todo autor aspira a suscitar este tipo de debates por lo que cuando la ocasi&oacute;n se presenta resulta en extremo grato, m&aacute;xime en estos tiempos de publicaciones excesivamente atiborradas y de lectores excesivamente atareados.</p>     <p>Me tomo la libertad de comenzar aclarando dos equ&iacute;vocos factuales totalmente inocentes que aparecen en la reseña de Cante, que no tienen ninguna importancia para lo que viene, pero que por puro capricho personal, no me gustar&iacute;a dejar en pie. Primero, no solamente soy &quot;de origen colombiano&quot;, sino que soy colombiano. Segundo, nunca he realizado ning&uacute;n trabajo de consultor&iacute;a relacionado con el clientelismo. He sido coautor de alg&uacute;n art&iacute;culo sobre el tema con Susan Stokes, pero nunca consultor en estas materias.</p>     <p>A pesar de sus diferencias, Cante y Gallego coinciden en señalar que mi libro <i>A Unified Theory of Collective Action and Social Change</i> se mantiene demasiado apegado al paradigma ortodoxo de la teor&iacute;a de la decisi&oacute;n  racional y, por lo mismo, ignora much&iacute;simas posibles avenidas de investigaci&oacute;n sobre la acci&oacute;n colectiva. Como consecuencia de estas fallas, Cante y Gallego concluyen, el libro no ofrece lo que promet&iacute;a y sus contribuciones a temas sustantivos (como el clientelismo y la negociaci&oacute;n salarial) se quedan cortas respecto a lo que hubiera sido deseable.</p>     <p>Para poder responder mejor a estas cr&iacute;ticas debo hacer algunas explicaciones preliminares. El objetivo del libro es sentar las bases para un programa de investigaci&oacute;n que busca analizar el nexo entre los fen&oacute;menos de coordinaci&oacute;n social y la estructura socioecon&oacute;mica subyacente, con la precisi&oacute;n que caracteriza al an&aacute;lisis microecon&oacute;mico moderno.</p>     <p>Los comentarios de Cante y Gallego invitan a un ejercicio muy saludable que poco se hace: preguntarnos por las premisas bajo las cuales un programa de investigaci&oacute;n es relevante. En este caso, preguntarnos si hay justificaci&oacute;n para creer que la coordinaci&oacute;n social responde a aspectos profundos de la estructura socioecon&oacute;mica  y, en caso afirmativo, si tiene sentido expresar esta conexi&oacute;n con el lenguaje de la ciencia econ&oacute;mica moderna.</p>     <p>Confieso que, a pesar de mis intentos, que la tiran&iacute;a de los l&iacute;mites de p&aacute;ginas me oblig&oacute; a eliminar del libro, todav&iacute;a no he llegado a una respuesta plenamente satisfactoria a estas preguntas. Pero aprovechando la ocasi&oacute;n de este intercambio, dir&eacute; algunas cosas al respecto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una viej&iacute;sima tradici&oacute;n en ciencias sociales ha tratado de establecer v&iacute;nculos entre factores estructurales y fen&oacute;menos de coordinaci&oacute;n social. En nuestros libros de historia las crisis econ&oacute;micas causan estallidos sociales, la introducci&oacute;n de nuevas tecnolog&iacute;as  lleva a la disrupci&oacute;n de formas de vida tradicionales y, con ello, a movimientos de protesta, y as&iacute; sucesivamente. Para muchos esta sucesi&oacute;n de hechos invita a hablar de causalidad. Tras varios siglos de estrellarnos con el mismo peñasco filos&oacute;fico, hemos aprendido,  sin embargo, que la causalidad es un concepto bastante escurridizo, especialmente en las ciencias sociales. No toda crisis econ&oacute;mica lleva a una revoluci&oacute;n. Pero yo me sigo contando entre quienes creen que, con todos sus problemas, este formato debe ser conservado. Yo sigo creyendo que los procesos econ&oacute;micos dan cauce a la vida social y facilitan ciertas opciones de coordinaci&oacute;n, a la vez que dificultan  otras y, por lo tanto, contribuyen a determinar los patrones de acci&oacute;n colectiva que observamos. N&oacute;tese el lenguaje tan cauto que he utilizado: &quot;dan cauce&quot;, &quot;facilitan&quot;, &quot;contribuyen a determinar&quot;. Deliberadamente me abstengo de decir &quot;causan&quot;.</p>     <p>Pero no estoy dispuesto a hacer m&aacute;s concesiones, a debilitar m&aacute;s la formulaci&oacute;n de mi punto de partida. No estoy dispuesto a dar el paso siguiente  y concluir que la coordinaci&oacute;n social es totalmente impredecible, ca&oacute;tica, incomprensible y que, cuando ocurre, de nada vale indagar por la estructura subyacente sino que la causa &uacute;ltima hay que buscarla en el papel de algunos agentes individuales que (probablemente por azar) estaban en el lugar preciso, en el momento preciso y que supieron aglutinar a la poblaci&oacute;n de la manera precisa.</p>     <p>En esto difiero de varios autores, muchos de ellos pertenecientes a la tradici&oacute;n de la teor&iacute;a de la decisi&oacute;n racional. Cante tiene raz&oacute;n al decir que, si uno cree que la acci&oacute;n colectiva es inherentemente impredecible, tal vez a lo m&aacute;ximo que pueda aspirar es a detectar mecanismos, como lo ha dicho Elster repetidamente. Pero yo discrepo de Elster en este punto. Yo s&iacute; creo que los fen&oacute;menos de coordinaci&oacute;n obedecen a su entorno de forma relativamente comprensible. No creo que tengamos nunca un modelo que lo explique y lo prediga todo; pero s&iacute; que podemos tener modelos que nos ayuden a entender un poco m&aacute;s de lo que entendemos ahora.</p>     <p>Cante compara la acci&oacute;n colectiva con cataclismos como los terremotos, implicando con ello que es necio tratar de entender sus estallidos. No deja de ser una comparaci&oacute;n curiosa en vista de los enormes avances en geolog&iacute;a. Hoy en d&iacute;a no podemos predecir los terremotos, pero eso no quiere decir que los ge&oacute;logos hayan renunciado a estudiarlos. Al fin y al cabo, de ese estudio viene toda la ingenier&iacute;a antis&iacute;smica que nos permite saber cu&aacute;les son los terrenos m&aacute;s vulnerables, en cu&aacute;les de ellos se puede razonablemente construir  y cu&aacute;l es la forma m&aacute;s segura de hacerlo. Obviamente el paralelo puede llevarse demasiado lejos. Dudo que alg&uacute;n d&iacute;a tengamos una &quot;ingenier&iacute;a de la acci&oacute;n colectiva&quot; y, si llegare a existir, a m&iacute; me parecer&iacute;a una abominaci&oacute;n. Pero si queremos estudiar, por ejemplo, la historia francesa, &iquest;qu&eacute; daño hay en tratar de entender  c&oacute;mo la severa crisis econ&oacute;mica  de 1788 allan&oacute; el camino hacia la Revoluci&oacute;n? &iquest;No es esto mejor que simplemente encogernos de hombros y, maravillados  hasta el silencio, atribuir todo el proceso a los insondables misterios de la naturaleza humana, o reeditar, esta vez con lenguaje microecon&oacute;mico artificioso, la ya abandonada teor&iacute;a hist&oacute;rica sobre los &quot;grandes hombres&quot;? </p>     <p>En esto no veo la necesidad de apelar, en los t&eacute;rminos de Cante, a &quot;fiebres&quot;, &quot;cartas m&aacute;gicas&quot;  y &quot;modas&quot;. Se trata simplemente de una discrepancia metodol&oacute;gica entre los seguidores de Elster y aquellos a quienes  &eacute;l, con todo el respeto que nos merece, no nos termina de convencer. Elster cree que estamos buscando una quimera. Nosotros creemos que &eacute;l se rindi&oacute; antes de tiempo, que bien vale la pena seguir la b&uacute;squeda.</p>     <p>&iquest;Qui&eacute;n tiene la raz&oacute;n? &iquest;Los que creen que la acci&oacute;n colectiva responde &uacute;nicamente a factores individuales, en &uacute;ltimas irrepetibles o los que creemos que, por lo menos algunos de sus aspectos se pueden conectar con lo que conocemos sobre el entorno estructural en el que ocurre? No estoy seguro de que valga la pena tratar de responder esta pregunta en abstracto. Ni siquiera sabemos qu&eacute; constituir&iacute;a evidencia a favor o en contra de cualquiera de estos puntos de vista. Los fen&oacute;menos hist&oacute;ricos de acci&oacute;n colectiva no se presentan con un r&oacute;tulo en la frente que dice &quot;estructuralista&quot; o &quot;individualista&quot;. Nos toca a quienes tratamos de entenderlos, discernir all&iacute; patrones  y luego ver cu&aacute;l nos parece m&aacute;s satisfactorio. Por lo tanto, es preferible dejar que los distintos programas de investigaci&oacute;n se desarrollen y buscar unas reglas de di&aacute;logo fruct&iacute;fero que nos permitan aprender unos de otros, en vez de tratar de decidir de una vez y para siempre cu&aacute;l es el programa correcto.</p>     <p>Por mi parte, yo prefiero la cautela. Si bien estoy de acuerdo con que los manifestantes de Leipzig en 1989 estaban localizados en una posici&oacute;n que les permiti&oacute; desencadenar un &quot;juego de pivote&quot; que termin&oacute; con el colapso de la RDA, tambi&eacute;n creo que ten&iacute;an un viento a favor procedente de los enormes problemas estructurales a los cuales se enfrentaba el r&eacute;gimen en los 80s. Honestamente, siempre me ha llamado la atenci&oacute;n que quienes nos critican a los &quot;estructuralistas&quot; (por abusar de un r&oacute;tulo viej&iacute;simo), por tener un esquema de causalidad demasiado r&iacute;gido, inmediatamente se casan con otro esquema tanto o m&aacute;s excluyente y pasan a hacer afirmaciones tajantes acerca de c&oacute;mo determinadas estrategias (o determinados rasgos individuales o determinadas preferencias, etc.) son la verdadera causa de la acci&oacute;n colectiva.</p>     <p>A&uacute;n si se aceptara mi primera premisa, es decir, que tiene sentido buscar la conexi&oacute;n entre fen&oacute;menos de coordinaci&oacute;n  social y factores estructurales, muchos,  entre ellos Cante y Gallego, rechazan mi segunda premisa, a saber, que la teor&iacute;a econ&oacute;mica neocl&aacute;sica ofrece un lenguaje adecuado para tal tarea. Gallego se muestra muy esc&eacute;ptico sobre mi uso del an&aacute;lisis microecon&oacute;mico ortodoxo y se pregunta por qu&eacute; no incluir consideraciones sobre otros tipos de preferencias (por ejemplo, preferencias &quot;sociales&quot;) o mecanismos evolutivos. Ambos cr&iacute;ticos se extrañan, por lo dem&aacute;s, de que el libro no introduzca consideraciones din&aacute;micas.</p>     <p>Tengo varias razones para esto. La primera, que parece extrañar a Gallego, es cierto &quot;reformismo cient&iacute;fico&quot;. Es decir, en materia de progreso cient&iacute;fico creo, al igual que los reformistas en pol&iacute;tica, que es mejor ir paso a paso, mejorando las teor&iacute;as que ya tenemos sin rechazarlas de un plumazo para empezar de cero. Si tuviera m&aacute;s tiempo, explicar&iacute;a por qu&eacute; esto sigue siendo cierto a&uacute;n en etapas de &quot;revoluci&oacute;n cient&iacute;fica&quot;, pero eso es tema para otro momento.</p>     <p>En ese sentido, me complace que, por lo menos en varios apartes, mi libro coincida con la ortodoxia te&oacute;rica. No porque yo est&eacute; totalmente de acuerdo con ella (no lo estoy) sino porque creo que, si se van a introducir modificaciones en algunos puntos, se deben mantener otros para poder entender mejor el impacto de los cambios hechos. En este caso particular, recordemos que el libro da algunos pasos un tanto inusuales: utiliza el procedimiento de rastreo para caracterizar conjuntos de estabilidad en equilibrios correlacionados (no de Nash como lo hicieron  Harsanyi y Selten) y luego, discrepando otra vez de estos autores cl&aacute;sicos, procede a utilizar dichos conjuntos de estabilidad como medidas de probabilidad entre los equilibrios. Yo quer&iacute;a estar seguro, y quer&iacute;a que mis lectores estuvieran seguros, de que los resultados centrales del libro se deb&iacute;an a esos cambios. Si adem&aacute;s hubiera introducido nuevos ordenamientos de preferencias, mecanismos evolutivos, otros tipos de racionalidad  y as&iacute; sucesivamente, al final de cuentas quedar&iacute;amos todos, tanto yo como mis lectores, desconcertados sin saber cu&aacute;l de todos estos cambios en las premisas es responsable de los cambios en las conclusiones. Mi objetivo no era deslumbrar a los lectores con fuegos de artificio, sino mostrar, de la forma m&aacute;s clara posible, los primeros pasos de un programa de investigaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Parte de mi obstinaci&oacute;n te&oacute;rica se debe tambi&eacute;n a los objetivos centrales de mi proyecto. En algunos sectores de la literatura sobre estos temas existe una fascinaci&oacute;n por &quot;explicar&quot; la acci&oacute;n colectiva, es decir, por generar modelos en los cuales los agentes se involucren en acciones colectivas. Mi libro no comparte esta fascinaci&oacute;n. De entrada,  creo que en la acci&oacute;n colectiva intervienen tantos ingredientes que dudo mucho que tengamos alg&uacute;n d&iacute;a la explicaci&oacute;n &uacute;ltima. Mi inter&eacute;s es otro: desarrollar herramientas anal&iacute;ticas que nos permitan entender de qu&eacute; manera la acci&oacute;n colectiva, con todas sus m&uacute;ltiples causas y manifestaciones, responde a los factores estructurales de su entorno. N&oacute;tese que hace unos p&aacute;rrafos me abstuve de usar conceptos de causalidad para describir mi programa de investigaci&oacute;n. Yo creo que es posible analizar los patrones de un fen&oacute;meno sin casarnos con una explicaci&oacute;n causal espec&iacute;fica. Esto es moneda corriente en teor&iacute;a microecon&oacute;mica; los economistas no presumen de saber por qu&eacute; la gente consume determinados bienes o crea determinadas firmas, dado que se trata de decisiones individuales muy complejas en las cuales intervienen todo tipo de causas. Lo que los economistas afirman es que, cualesquiera que sean dichas causas profundas, las decisiones individuales de consumo y producci&oacute;n responden de forma relativamente sistem&aacute;tica a ciertos cambios en el entorno. Del mismo modo, mi libro no tiene por objeto determinar qu&eacute; tipo de preferencias, motivaciones, intereses o pasiones conducen  a la acci&oacute;n colectiva; simplemente busca crear una herramienta que nos permita entender c&oacute;mo la acci&oacute;n colectiva, por variopinta que parezca, est&aacute; en &uacute;ltimas ligada a entornos socio-hist&oacute;ricos que le dan cauce.</p>     <p>Teniendo esto claro, la pregunta es entonces, si en algo hubiera contribuido complicar el modelo de decisi&oacute;n individual con preferencias distintas a las can&oacute;nicas o con otro tipo de aditamentos. No lo s&eacute;, pero lo dudo. A mi modo de ver, el libro tuvo &eacute;xito en su prop&oacute;sito central. En &eacute;l demostr&eacute; lo que yo quer&iacute;a demostrar: que es posible tener modelos micro consistentes con un an&aacute;lisis estructural, sin necesidad de cambiar el formalismo ortodoxo. Si alguien quiere adelantar el mismo tipo de an&aacute;lisis estructural pero introduciendo otros tipos de preferencias o de racionalidad, no ser&eacute; yo quien se lo impida.</p>     <p>No deja de parecer ir&oacute;nico que un libro que dice preocuparse por el tema del cambio social elabore un modelo puramente est&aacute;tico. Pero aunque parezca ir&oacute;nico no tiene por qu&eacute; serlo. La est&aacute;tica comparativa ha sido una herramienta de an&aacute;lisis bastante poderosa que nos ha permitido entender transformaciones muy importantes, por ejemplo, en la econom&iacute;a. Por otra parte, como bien observa Gallego, existe una afinidad entre los conjuntos de estabilidad  y las nociones b&aacute;sicas de teor&iacute;a de juegos evolucionarias. Yo mismo he cre&iacute;do que valdr&iacute;a la pena explorar m&aacute;s esta afinidad. Entonces, resulta dif&iacute;cil entender por qu&eacute; opt&eacute; por modelos puramente est&aacute;ticos.</p>     <p>La respuesta es inconfesablemente sencilla: tiempo. No me refiero al tiempo de los modelos, sino al del autor. Como he dicho repetidamente, este libro es el primer paso en un programa de investigaci&oacute;n. Nunca quise, ni insinu&eacute;, que los modelos del libro fueran la &uacute;ltima palabra sobre sus respectivos temas. Simplemente quer&iacute;a ilustrar con algunos ejemplos c&oacute;mo, gracias al m&eacute;todo de conjuntos de estabilidad, es posible abordar preguntas de est&aacute;tica comparativa sobre la acci&oacute;n colectiva, que de otro modo ser&iacute;a muy dif&iacute;cil o incluso imposible, plantear y responder.</p>     <p>Debido a este esp&iacute;ritu tentativo, preliminar, los modelos del libro no son plenamente satisfactorios. Est&aacute;n all&iacute; m&aacute;s como ilustraciones del uso del m&eacute;todo de conjuntos de estabilidad que como teor&iacute;as autocontenidas, bien sea sobre el clientelismo o sobre la negociaci&oacute;n salarial.</p>     <p>Tomemos por caso el modelo sobre clientelismo. Los observadores del fen&oacute;meno tienden a coincidir en que, con much&iacute;simas excepciones, existe alguna conexi&oacute;n entre desarrollo econ&oacute;mico y erosi&oacute;n de los monopolios clientelistas. No se trata de una &quot;ley de hierro&quot; del clientelismo ni mucho menos, pero s&iacute; de una regularidad suficientemente notoria como para ameritar analizarla. Curiosamente, la intuici&oacute;n b&aacute;sica no ofrece mucho misterio para quienes han observado el fen&oacute;meno: mientras mayor es el grado de desarrollo econ&oacute;mico, menos dependen los clientes del patr&oacute;n y, por lo tanto, les es m&aacute;s f&aacute;cil escapar del yugo pol&iacute;tico que &eacute;ste les impone. Pero por razones que no puedo explicar dentro de los l&iacute;mites de este escrito, resulta enormemente dif&iacute;cil ofrecer una explicaci&oacute;n de este fen&oacute;meno que sea compatible con un an&aacute;lisis de las decisiones individuales de los participantes. Pues bien, con el m&eacute;todo de conjuntos de estabilidad esto no es un problema. Como muestro en el libro, es muy f&aacute;cil desarrollar un modelo con estas propiedades, simplemente si utilizamos el an&aacute;lisis de acci&oacute;n colectiva desarrollado en los cap&iacute;tulos anteriores.</p>     <p>Como todo modelo, &eacute;ste incurre en simplificaciones. Quienes trabajamos en estos campos  ya estamos acostumbrados a un riesgo ocupacional del que casi nunca sufren los autores de novelas de criminales: que nos atribuyan el punto de vista de nuestras creaciones. As&iacute;, Cante considera que yo, entre otros anatemas, reduzco el desarrollo al mero progreso material, niego la capacidad de acci&oacute;n  de las masas y creo que la superaci&oacute;n  del clientelismo depende  exclusivamente de algunos capitalistas progresistas. Todo lo que el modelo diga, es porque el autor lo cree. Bueno, no todo: el modelo tambi&eacute;n dice que as&iacute; como el desarrollo econ&oacute;mico puede erosionar el clientelismo, un resultado similar se podr&iacute;a obtener mediante un Estado del bienestar universalista y, sin embargo, Cante omite mencionarlo. La verdad es un poco m&aacute;s aburrida: yo no profeso ninguna de las creencias que Cante me atribuye. Simplemente est&aacute;n all&iacute; porque, para los prop&oacute;sitos del libro, era importante que el modelo fuera simple, que quedara claro que el m&eacute;todo de conjuntos de estabilidad nos permite, a&uacute;n en modelos excesivamente sencillos, formular intuiciones que, con otros m&eacute;todos se nos escapan de entre los dedos. El clientelismo de carne y hueso y votos, es mucho m&aacute;s complejo que el del modelo.</p>     <p>Pero si no podemos entender modelos simples, nunca vamos a entender realidades complejas. Si no podemos captar la interacci&oacute;n entre desarrollo econ&oacute;mico y clientelismo (interacci&oacute;n que, como ya dije, ha sido repetidamente observada) en un modelo donde se produce un &uacute;nico bien, los votantes son homog&eacute;neos, hay un &uacute;nico patr&oacute;n clientelista, y as&iacute; sucesivamente, ser&iacute;a ocioso tratar de entender el mismo fen&oacute;meno en situaciones en las que ninguna de estas simplificaciones es v&aacute;lida.</p>     <p>Cante y Gallego, cada uno a su manera, se preguntan por qu&eacute; mi libro es tan obtuso a la hora de reconocer alg&uacute;n papel para las ideas, reduci&eacute;ndolo todo a condiciones materiales e intereses individuales. Cante deplora la falta de por lo menos un guiño hacia la &quot;liberaci&oacute;n cognitiva&quot; y Gallego aduce, a manera de contraejemplo, la d&eacute;bil conexi&oacute;n entre ingreso y preferencias electorales.</p>     <p>En aras de la brevedad me abstendr&eacute;  de analizar en detalle los resultados que ofrece Gallego a pesar de que son en s&iacute; mismos muy interesantes. De momento baste con decir que yo ser&iacute;a m&aacute;s cauto que &eacute;l antes de saltar a conclusiones. Es cierto que la correlaci&oacute;n entre preferencias electorales e ingreso no es perfecta, nadie dijo que lo fuera; pero eso no quiere decir que el fen&oacute;meno no exista como tal. Obviamente hay otros factores que afectan las preferencias electorales de la poblaci&oacute;n, muchos de los cuales escapan a todo posible modelo. Pero de ah&iacute; no se desprende que se pueda desestimar f&aacute;cilmente el papel de la estructura  econ&oacute;mica.  Al fin y al cabo, muchos de esos otros factores son relativamente est&aacute;ticos o cambian en forma demasiado caprichosa para servir de base a una explicaci&oacute;n satisfactoria. No siempre entender un fen&oacute;meno es captar sus correlaciones estad&iacute;sticas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>M&aacute;s all&aacute; de esto el problema que Cante y Gallego señalan es que el libro no deja espacio para la formaci&oacute;n de creencias, ideas y racionalizaciones. Siempre he cre&iacute;do que ese es un punto ciego de la teor&iacute;a de juegos. Al fin y al cabo, yo no soy tan ortodoxo como Cante y Gallego creen. Aunque  aqu&iacute; no voy a poder formular mi opini&oacute;n en forma precisa, sospecho que la teor&iacute;a de juegos es una herramienta inadecuada para entender estos fen&oacute;menos, a tal punto que ni siquiera me tom&eacute; la molestia de intentarlo en el libro. A mi juicio, una buena teor&iacute;a de la formaci&oacute;n de ideas y creencias debe partir de modelos de acci&oacute;n humana no estrat&eacute;gica (m&aacute;s Habermas y Davidson, menos Harsanyi y Aumann).</p>     <p>Siendo as&iacute;, se me preguntar&aacute;, &iquest;por qu&eacute; desarrollar entonces un formalismo de teor&iacute;a de juegos? Porque yo no creo que las ideas, creencias y fen&oacute;menos similares sean los &uacute;nicos factores importantes. Yo creo que las interacciones estrat&eacute;gicas, inscritas dentro de una estructura determinada, juegan un papel fundamental, mas no exclusivo, en cualquier teor&iacute;a de la coordinaci&oacute;n social. Las ideas no surgen de la nada. Es cierto que las ideas y preconcepciones deter minan c&oacute;mo vemos la realidad; pero a diferencia de muchos interpretivistas, yo no creo que esto vaya en desmedro de postular una realidad objetiva externa a nosotros que tambi&eacute;n afecta nuestras ideas.</p>     <p>Pero entonces, si yo estoy en lo cierto, cualquier buena teor&iacute;a sobre la formaci&oacute;n de ideas tiene que acertar en su an&aacute;lisis de los crudos intereses materiales. Si no lo hace, se estar&aacute; construyendo sobre arena movediza. Por eso decid&iacute; que en mi libro la estructura motivacional de los agentes fuera tan simplista, porque me parece que es el punto de partida correcto para avanzar en el an&aacute;lisis ulterior.</p>     <p>A mi juicio lo que se necesita es buscar la forma de combinar en forma rigurosa los dos paradigmas: el de la acci&oacute;n instrumental estrat&eacute;gica y el de la acci&oacute;n lingü&iacute;stica orientada al entendimiento. Pero creo que todav&iacute;a no tenemos las herramientas  para hacerlo. A la hora de elaborar, juzgar y avanzar programas de investigaci&oacute;n, hay tres cosas que no podemos confundir. Una cosa es percatarnos de un fen&oacute;meno, otra ofrecer una explicaci&oacute;n puntual del mismo y otra formular una teor&iacute;a que d&eacute; cuenta de &eacute;ste en forma compatible con lo que ya entendemos sobre otros fen&oacute;menos relacionados. Una cosa es decir que la acci&oacute;n colectiva tiene un componente cognitivo, otra es formular un modelo en el que dicho componente aparezca  y otra es tener una teor&iacute;a en la cual se puedan reconocer los aspectos cognitivos haciendo justicia al papel de las estructuras sociales subyacentes. Las observaciones de Cante  y Gallego al respecto, que comparto con reservas, indican que ya superamos el primer paso de esta progresi&oacute;n y que tal vez ya estemos entrando al segundo. Pero yo no me dar&eacute; por satisfecho hasta que lleguemos al tercero.</p>     <p>Era inevitable que el libro dejara muchas  cosas entre el tintero.  Como  ya lo he explicado, en muchos casos esto se debe no a insolvencia conceptual de mi parte, sino simplemente a mis convicciones en torno a c&oacute;mo transcurre el progreso cient&iacute;fico: un paso a la vez, asegur&aacute;ndonos  de haber consolidado un avance antes de lanzarnos al siguiente, tratando de preservar lo que se ha ganado. Se trata de restricciones que yo mismo me impuse, a sabiendas de sus costos, pero convencido de que eran necesarias para sentar unas bases de investigaci&oacute;n robustas, que permitan un avance sostenido de largo plazo.</p>     <p>Aunque he insistido en que este libro es s&oacute;lo el comienzo de un programa de investigaci&oacute;n, no quiero parapetarme detr&aacute;s de esta f&oacute;rmula. S&iacute;, muchas  cosas quedan pendientes, pero otras se han logrado. Por d&eacute;cadas muchos cr&iacute;ticos de los programas de investigaci&oacute;n estructuralistas han tratado de utilizar la teor&iacute;a de la decisi&oacute;n racional como un arma contundente para demostrar que es in&uacute;til analizar c&oacute;mo los factores socioecon&oacute;micos profundos afectan la acci&oacute;n colectiva. En toda esta discusi&oacute;n, la defensa de mi bando ha sido rechazar el an&aacute;lisis microecon&oacute;mico  moderno. Esto es, a mi juicio, una acci&oacute;n de retaguardia condenada al fracaso: la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional vino para quedarse (y evolucionar, por supuesto). El objetivo de mi libro era demostrar que es posible ser racionalista y estructuralista al mismo tiempo, que el an&aacute;lisis micro no invalida el punto de vista estructural. En lo que a m&iacute; concierne, ahora la carga de la prueba la tiene el bando contrario.</p> </font>     </body></html>      ]]></body>
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