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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Inundados, reubicados y olvidados: Traslado del riesgo de desastres en Motozintla, Chiapas]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Because of its vulnerable situation, the city of Motozintla (Chiapas, Mexico) is exposed to the risk of hydrometeorological disasters. Both the rains of 1998 and Hurricane Stan in 2005 caused a great deal of damage and many casualties. The authorities responded by imposing structural measures in the Xelajú River and by resettling families from risk areas. Creating the new neighborhoods of Milenio and Vida Mejor reconfigured the space by disrupting social networks and redistributing risk. We expose some of the implications of the resettlement, emphasizing the need for applying participatory policies and for adapting the disaster recovery programs to the local context.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>Inundados, reubicados y olvidados: Traslado del riesgo de desastres en Motozintla, Chiapas</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>Flooded, Resettlements and Forgotten: Disaster Risk Transfer in Motozintla, Chiapas</b></p>     <p>* Este trabajo forma parte de los resultados de una estancia posdoctoral en el CIESAS, inscrita el proyecto coordinado por el Dr. Jes&uacute;s Manuel Mac&iacute;as <i>La intervenci&oacute;n de SEDESOL en recuperaci&oacute;n de desastres. Evaluaci&oacute;n de acciones y omisiones en reubicaci&oacute;n de comunidades</i>.</p>     <p><b>Fernando Briones Gamboa</b>    <br>   PhD. en Antropolog&iacute;a Social y Etnograf&iacute;a. Profesor e investigador, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social (CIESAS). Ciudad de M&eacute;xico, M&eacute;xico. <a href="mailto:briones@ciesas.edu.m">briones@ciesas.edu.m</a></p>     <p>Recibido 22 de Junio de 2010, modificado 5 de Julio de 2010, aprobado 7 de Julio de 2010.</p> <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>Por sus condiciones de vulnerabilidad, la ciudad de Motozintla (Chiapas, M&eacute;xico) est&aacute; expuesta al riesgo de desastres hidrometeorol&oacute;gicos. Las lluvias de 1998 y la tormenta Stan en 2005 provocaron da&ntilde;os materiales y p&eacute;rdidas humanas. Las respuestas de las autoridades fueron medidas estructurales en el r&iacute;o Xelaj&uacute; y la reubicaci&oacute;n de familias de las zonas de riesgo. La creaci&oacute;n de los barrios Milenio y Vida Mejor reconfiguraci&oacute;n el espacio, desarticulando redes sociales y redistribuyendo el riesgo. Exponemos algunas implicaciones de las reubicaciones; hacemos &eacute;nfasis en la necesidad de aplicar pol&iacute;ticas participativas y adaptar al contexto local el dise&ntilde;o de los programas de recuperaci&oacute;n de desastres.</p>     <p><b>PALABRAS CLAVES</b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>Chiapas, reubicaciones, riesgo, vulnerabilidad.</p>     <p><b>ABSTRACT</b>    <br> Because of its vulnerable situation, the city of Motozintla (Chiapas, Mexico) is exposed to the risk of hydrometeorological disasters. Both the rains of 1998 and Hurricane Stan in 2005 caused a great deal of damage and many casualties. The authorities responded by imposing structural measures in the Xelaj&uacute; River and by resettling families from risk areas. Creating the new neighborhoods of Milenio and Vida Mejor reconfigured the space by disrupting social networks and redistributing risk. We expose some of the implications of the resettlement, emphasizing the need for applying participatory policies and for adapting the disaster recovery programs to the local context.</p>     <p><b>KEY WORDS</b>    <br> Chiapas, resettlements, risk, vulnerability.</p> <hr size="1">     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>Si la c&eacute;lebre hip&oacute;tesis de Prince &#91;<a href="#r1">1</a>&#93; que argumenta que las cat&aacute;strofes son oportunidades para el cambio social es cierta, las reubicaciones por desastres son potencialmente mecanismos transformadores. Sin embargo, casi generalizadamente, las reubicaciones son representativas de una <i>trasformaci&oacute;n negativa</i> y —en el mejor de los casos— se limitar&aacute;n a la reducci&oacute;n parcial y temporal de los riesgos, y no a la mitigaci&oacute;n sostenible en el largo plazo.</p>     <p>Los casos que presentamos analizan bajo una perspectiva comparativa las reubicaciones Milenio III (1998) y Vida Mejor III (2005) en la ciudad chiapaneca de Motozintla. El primer caso contiene elementos que tendr&iacute;an que haber servido para el dise&ntilde;o del segundo. Analizaremos las diferencias y similitudes pero, sobre todo, las consecuencias de las acciones a partir de las siguientes hip&oacute;tesis:</p>     <li>Los modelos de reubicaciones implementados no corresponden a las necesidades socioecon&oacute;micas ni a los patrones culturales de las comunidades; se puede esperar reticencia en la participaci&oacute;n y bajo nivel de ocupaci&oacute;n de las reubicaciones, si no se ofrecen garant&iacute;as de seguridad alimenticia.</li>     <li>Las reubicaciones en Motozintla son reveladoras de un proceso de traslado y redistribuci&oacute;n del riesgo, en la medida en que sus habitantes ocupan un nuevo espacio expuesto a nuevas amenazas y con deficientes mecanismos para la reintegraci&oacute;n a la comunidad de sus redes sociales, fuentes de producci&oacute;n y servicios p&uacute;blicos.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La metodolog&iacute;a utilizada en la recuperaci&oacute;n de los datos presentados se basa esencialmente en el trabajo de campo etnogr&aacute;fico; se realizaron entrevistas semiestructuradas en los barrios originalmente da&ntilde;ados, en las comunidades reubicadas y con funcionarios p&uacute;blicos locales. Esto se analiza a trav&eacute;s de un marco te&oacute;rico fundamentado en los estudios sociales sobre reubicaciones humanas por desastres y en la noci&oacute;n de <i>construcci&oacute;n social del riesgo</i>. Al estudiar el riesgo como construcci&oacute;n social, reconocemos que una de sus caracter&iacute;sticas m&aacute;s importantes es su condici&oacute;n evolutiva: el riesgo no es una condici&oacute;n est&aacute;tica sino una en constante transformaci&oacute;n. As&iacute;, la construcci&oacute;n social del riesgo es un proceso que representa el aumento de las condiciones de vulnerabilidad que hacen de una sociedad susceptible de sufrir da&ntilde;os. Los casos presentados son ilustrativos de un proceso de transformaci&oacute;n social: &iquest;hacia d&oacute;nde esos cambios dirigen a las sociedades en cuesti&oacute;n?, &iquest;las reubicaciones fueron mecanismos eficaces en la reducci&oacute;n del riesgo o sirvieron &uacute;nicamente para su traslado geogr&aacute;fico y temporal?</p>     <p><b>&iquest;SON LAS REUBICACIONES UNA SOLUCI&Oacute;N A LA GESTI&Oacute;N DEL RIESGO?</b></p>     <p>En este trabajo no analizamos los mecanismos institucionales sobre la decisi&oacute;n de reubicar ni los procesos de licitaci&oacute;n sobre la construcci&oacute;n de los nuevos asentamientos; partiremos de la suposici&oacute;n que fueron resultado de leg&iacute;timas estrategias de mitigaci&oacute;n del riesgo. No obstante, estudiamos la eficiencia de los modelos utilizados para ver si se cumpli&oacute; el prop&oacute;sito de mitigaci&oacute;n del riesgo.</p>     <p>Por el costo social y econ&oacute;mico, reubicar tendr&iacute;a que ser la &uacute;ltima alternativa. En la gesti&oacute;n del riesgo reubicar es una de la decisiones m&aacute;s dif&iacute;ciles porque representa, como recuerda Musset "un fracaso para los habitantes obligados no solamente a abandonar su lugar de residencia y patrimonio inmobiliario, sino tambi&eacute;n pone en causa el estatus social que ellos pudieron adquirir al ser miembros de la comunidad, con todas las ventajas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas que esta situaci&oacute;n les pod&iacute;a aportar" &#91;<a href="#r2">2</a>&#93;. Desde esta perspectiva, las reubicaciones son resultado de una pol&iacute;tica territorial deficiente y supone procesos sociales sensibles, al implicar la reconfiguraci&oacute;n casi total de las redes sociales y medios productivos de los afectados o beneficiados, seg&uacute;n quiera verse. Barrios &#91;<a href="#r3">3</a>&#93;, recuperando las reflexiones de Cernea (1997) y Partridge (1982), sostiene que "la reubicaci&oacute;n de comunidades, ya sea causada por un desastre o un proyecto de desarrollo, se caracteriza por varios riesgos sociales y de salud p&uacute;blica. Estos riesgos incluyen el desempleo, la p&eacute;rdida de tierras, la p&eacute;rdida de hogares, marginalizaci&oacute;n y seguridad alimentaria, el acceso a la propiedad comunal, la polarizaci&oacute;n econ&oacute;mica, la desarticulaci&oacute;n social y los aumentos en la mortalidad y morbilidad".</p>     <p>&iquest;De qu&eacute; depende el &eacute;xito o fracaso de una reubicaci&oacute;n? La tendencia general en la discusi&oacute;n del "&eacute;xito" o "fracaso" es evaluar el porcentaje de ocupaci&oacute;n en las nuevas casas; la participaci&oacute;n y disponibilidad de los afectados a reubicarse depende de factores de exposici&oacute;n al riesgo f&iacute;sico y la restructuraci&oacute;n del sistema comunitario que permitir&iacute;a efectivamente consolidar el nuevo asentamiento. Mac&iacute;as afirma que "cuenta mucho el factor <i>expulsor</i> del antiguo asentamiento para la determinaci&oacute;n de comportamiento individual y colectivo de los que se reubican" &#91;<a href="#r4">4</a>&#93;. Desde la perspectiva comunitaria, Vera muestra que algunas de las consecuencias de las reubicaciones son la "desintegraci&oacute;n familiar y desarticulaci&oacute;n de las comunidades" &#91;<a href="#r5">5</a>&#93;. Las reubicaciones corren el riesgo de fracasar si los proyectos no consideran a las comunidades como sujeto principal, entendiendo por esto el ensamble de redes sociales que mantienen en actividad un territorio; estas redes incluyen relaciones de parentesco, sistemas productivos, comerciales y relaciones pol&iacute;ticas. Sliwinski recuerda que una reubicaci&oacute;n "posiblemente tendr&aacute; altos niveles de ineficiencia si la comunidad y sus redes no son incluidas como participantes activos durante el ciclo del proyecto" &#91;<a href="#r6">6</a>&#93;.</p>      <p>Pese a que la decisi&oacute;n de reubicar una comunidad puede justificarse frente al valor indiscutible de una amenaza natural o un desastre, para las comunidades representa un impacto social tan alto que frecuentemente la apuesta es mantenerse en sus lugares de origen. Oliver-Smith parafraseando a Wallace (1957) escribe: "Escogiendo mantenerse cerca del sitio anterior (o ciudad), los sobrevivientes (afectados) reducen la carga de reestructuraci&oacute;n cognitiva para adaptarse al medio ambiente"&#91;7&#93;. Esto significa que los afectados tienden a buscar las soluciones que requieran menos energ&iacute;a en el proceso de adaptaci&oacute;n, lo que implica recurrir a sus esquemas organizativos y productivos ya conocidos, situados en los antiguos asentamientos.</p>      <p>Son pocos los casos exitosos expuestos en la biograf&iacute;a sobre reubicaciones. Wilches-Chaux expone que &laquo;un "modelo de intervenci&oacute;n" o una "estrategia", que en una situaci&oacute;n determinada puede considerarse como "un &eacute;xito", en otro momento o en otras circunstancias puede resultar totalmente inaplicable o conducir al fracaso &raquo; &#91;<a href="#r8">8</a>&#93;. Es decir, el &eacute;xito o fracaso est&aacute; sujeto a un Contexto especifico, lo que supone un gran reto en la planeaci&oacute;n de reubicaciones, ya que cada proyecto tendr&iacute;a que ser original y adaptado a los esquemas culturales, ecol&oacute;gicos y econ&oacute;micos. Arg&uuml;ello argumenta que "deben dise&ntilde;arse verdaderos asentamientos y no s&oacute;lo conglomerados de casas" &#91;<a href="#r9">9</a>&#93;, como ha sido el caso en Motozintla y en numerosos lugares de Latinoam&eacute;rica.</p>      <p><b>MOTOZINTLA, &iquest;VULNERABLES A QU&Eacute; Y POR QU&Eacute;?</b></p>      <p>En M&eacute;xico la temporada lluvias de 1998 ha sido recordada como una de las m&aacute;s destructivas de la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo pasado, a tal punto que el mismo Presidente Ernesto Zedillo compar&oacute; la destrucci&oacute;n con el terremoto de 1985 en la Ciudad de M&eacute;xico &#91;<a href="#r10">10</a>&#93;. Casi todo el sur del pa&iacute;s se vio afectado por depresiones tropicales y lluvias intensas que causaron da&ntilde;os principalmente en los estados de Puebla, Veracruz y Chiapas. Esta &uacute;ltima entidad tuvo afectaciones en la costa (municipios de Tapachula, Pijijiapan y Mapastepec), destac&aacute;ndose la comunidad de Valdivia que qued&oacute; sepultada por el lodo proveniente de la Sierra. Justamente, algunas de las hip&oacute;tesis sobre la destrucci&oacute;n en la costa giran alrededor de la deforestaci&oacute;n en la Sierra, lo que supuestamente contribuir&iacute;a a la disminuci&oacute;n en la capacidad de absorci&oacute;n de la tierra y en consecuencia al aumento de las corrientes de agua que por la naturaleza desembocan en el litoral del Pac&iacute;fico. En la ciudad de Motozintla<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>, ubicada en el estado su- re&ntilde;o de Chiapas, lluvias intensas at&iacute;picas al inicio de septiembre produjeron un escenario de devastaci&oacute;n que dej&oacute; por lo menos 800 casas destruidas por la crecida de los arroyos que cruzan la ciudad y por el desbordamiento del r&iacute;o Xelaj&uacute;, un importante afluente que domina el paisaje de la ciudad incrustada en la Sierra Madre de Chiapas. Hay que destacar que la ubicaci&oacute;n misma de Motozintla la convierte en una zona de riesgo con pocos espacios no expuestos a las inundaciones por los desbordamientos de los r&iacute;os y arroyos, y por los cerros de rocas del accidentado terreno, producto de las fallas tect&oacute;nicas Motagua y Polochic &#91;<a href="#r11">11</a>&#93;, adem&aacute;s de la erosi&oacute;n que hace al terreno susceptible a deslaves.</p>     <p>El poblamiento de la ciudad se explica por su importancia como centro econ&oacute;mico regional y cabecera municipal. Frontera entre las regiones Sierra y Soconusco, su cercan&iacute;a a la costa del Pac&iacute;fico y su proximidad con Guatemala favorecieron a que Motozintla fuera el punto de concentraci&oacute;n para la distribuci&oacute;n de los productos de la regi&oacute;n, entre los que destacan la madera y el caf&eacute;. Todav&iacute;a en esta d&eacute;cada, pese a la transici&oacute;n econ&oacute;mica dirigida al desarrollo industrial m&aacute;s que al agr&iacute;cola, el municipio concentra 59% de sus actividades productivas en el sector primario (actividades agropecuarias). La industria manufacturera representa apenas el 11% de las actividades; mientras que el sector terciario (servicios y comercio), el 30%. La mayor&iacute;a de los <i>motozintlecos</i> de las comunidades aleda&ntilde;as se dedican a la agricultura; por su parte, en la cabecera municipal predominan los servicios y el comercio.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Uno de los patrones de poblamiento m&aacute;s evidentes en muchos municipios del pa&iacute;s es la concentraci&oacute;n de los servicios y comercios en el centro de la ciudad donde vive la clase media, mientras que la periferia es receptora de poblaci&oacute;n migrante. Las orillas de Motozintla se comenzaron a poblar, seg&uacute;n los testimonios recuperados directamente con los rivere&ntilde;os, a partir de los a&ntilde;os setentas, como consecuencia indirecta de una reforma agraria mal concluida. Esto respondi&oacute; tambi&eacute;n a la necesidad de vivienda y empleo: los migrantes llegaron de las comunidades aleda&ntilde;as con la finalidad de aprovechar el potencial comercial de la cabecera municipal y, al mismo tiempo, trasladaron sus actividades agr&iacute;colas. Se trata de la transici&oacute;n rural-urbana en su mayor&iacute;a de familias de campesinos que en un inicio no tuvieron vivienda propia y que esperaban que sus hijos accedieran a servicios educativos y de salud.</p>     <p align="center"><a name="f1"></a><img src="img/revistas/ring/n31/n31a14f1.jpg"></p>     <p align="center">Figura 1. El Estado de Chiapas en la Rep&uacute;blica Mexicana. Fuente: Secretar&iacute;a de Obras P&uacute;blicas, Gobierno del Estado de Chiapas.</p>     <p align="center"><a name="f2"></a><img src="img/revistas/ring/n31/n31a14f2.jpg"></p>      <p align="center">Figura 2. La ciudad de Motozintla. Fuente: Secretar&iacute;a de Obras P&uacute;blicas, Gobierno del Estado de Chiapas.</p>     <p>Los pobladores de las orillas del r&iacute;o Xelaj&uacute; son los m&aacute;s expuestos al riesgo de inundaci&oacute;n. Su vulnerabilidad no radica &uacute;nicamente en su ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica sino en una menor experiencia y memoria hist&oacute;rica de los fen&oacute;menos hidrometeorol&oacute;gicos. Se trata de un grupo social marginado y con elevado &iacute;ndice de pobreza. Por sus caracter&iacute;sticas (agricultores de auto sustento, sin seguridad social, con h&aacute;bitos rurales en contextos urbanos y sin acceso permanente a servicios p&uacute;blicos), son un grupo con opciones limitadas.</p>     <p>A trav&eacute;s del trabajo de campo etnogr&aacute;fico en la ribera del Xelaj&uacute; podemos comprobar que aument&oacute; la demanda de servicios, debido al poblamiento paulatino y fragmentado de sus orillas por parte de campesinos de la Sierra y familias de comunidades aleda&ntilde;as que se instalaron buscando empleo. En algunos casos, la migraci&oacute;n se ha traducido en el acceso a la vivienda en zonas de riesgo; parafraseando a uno de nuestros informantes: "Ya no quisiera estar aqu&iacute;, pero aqu&iacute; tengo el terreno". El riesgo se asume como una condici&oacute;n inevitable e incluso preferible a la condici&oacute;n marginal de no-propietario.</p>     <p>El car&aacute;cter aleatorio de los fen&oacute;menos hidrometeorol&oacute;gicos favorece a una percepci&oacute;n poco consistente del riesgo; se asume la posibilidad de inundaci&oacute;n pero se considera tambi&eacute;n la posibilidad que ning&uacute;n da&ntilde;o se presente. Cada a&ntilde;o a final de la temporada de lluvias (septiembre-noviembre) el r&iacute;o Xelaj&uacute; aumenta su caudal, pero no cada a&ntilde;o se desborda. Si bien muchas casas fueron legalizadas colectivamente en los a&ntilde;os setentas y ochentas, con frecuencia los terrenos est&aacute;n en litigio, lo que aumenta su condici&oacute;n de vulnerabilidad al ser marginalizados de los trabajos municipales. Para los habitantes de las zonas de riesgo de inundaci&oacute;n, las opciones de mantenimiento cotidiano y recuperaci&oacute;n del desastre est&aacute;n basadas en sus propias redes de parentesco y vecindad. El trabajo colectivo, con todo y sus l&iacute;mites, resulta muchas veces m&aacute;s efectivo que los trabajos institucionales poco recurrentes y con frecuencia no concluidos.</p>     <p>Si bien las inundaciones son frecuentes al final de la temporada de lluvias, el desastre de 1998 marc&oacute; una ruptura en la gesti&oacute;n de los riesgos en Motozintla: la respuesta de las autoridades se concentr&oacute; en la creaci&oacute;n de nuevos barrios para reubicar a los damnificados y as&iacute; "mitigar" el riesgo. Trece a&ntilde;os despu&eacute;s, en octubre del 2005, la tormenta tropical Stan<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a> provoc&oacute; intensas lluvias en todo el municipio. En la ciudad de Motozintla los arroyos Allende y La Mina, y el r&iacute;o Xelaj&uacute; se desbordaron nuevamente y provocaron una vez m&aacute;s da&ntilde;os a numerosas viviendas de los Barrios Xelaj&uacute;, Chico, Reforma, Miguel Hidalgo, Francisco Sarabia y Canoas. La respuesta fue enfocada a la reubicaci&oacute;n de los afectados y a las canalizaciones del r&iacute;o Xelaj&uacute; y los arroyos.</p>     <p><b>ACCIONES Y CONSECUENCIAS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Cu&aacute;les son las opciones de mitigaci&oacute;n del riesgo de inundaciones en Motozintla? Las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y gesti&oacute;n del riesgo en M&eacute;xico y el estado de Chiapas tienen esencialmente un enfoque reactivo, se centran en el pos-desastre, la ayuda a los afectados, la reconstrucci&oacute;n y en, algunos casos, la mitigaci&oacute;n del riesgo. Sin embargo, &eacute;sta se realiza b&aacute;sicamente a trav&eacute;s de grandes obras que recuerdan la vieja pero vigente visi&oacute;n fisicalista. Pese a que las ciencias sociales han realizado aportaciones significativas al an&aacute;lisis de los desastres y su gesti&oacute;n al centrarse en la compleja realidad social, las reubicaciones de Motozintla son ejemplos representativos de la manifestaci&oacute;n —todav&iacute;a presente— de un determinismo cient&iacute;fico inspirado en la vieja guardia de las ciencias naturales y que hace m&aacute;s de un cuarto de siglo evidenciara Kenneth Hewitt en <i>Interpretations of Calamity</i> &#91;<a href="#r12">12</a>&#93;. Efectivamente, Hewitt expuso el paradigma dominante de los desastres naturales considerados como inevitables y el modo en el que el centro de atenci&oacute;n de la investigaci&oacute;n se limita al dominio geof&iacute;sico, el cual pone mayor importancia a las amenazas que a la vulnerabilidad social. Las acciones en Motozintla partieron de la reducci&oacute;n de la vulnerabilidad a trav&eacute;s del desarrollo de la construcci&oacute;n de viviendas. A priori, esto es una medida eficiente para mitigar —a mediano plazo— la exposici&oacute;n a las amenazas de las familias de ribere&ntilde;os y para dotar de techo a los damnificados; sin embargo, las consecuencias —negativas— a largo plazo se vislumbran a trav&eacute;s de los efectos sociales y no necesariamente de los f&iacute;sicos. As&iacute;, no son las reubicaciones el problema fundamental sino los modelos implementados.</p>     <p>El terreno, dominado por una abrupta geograf&iacute;a de cerros susceptibles a desgajarse y por una alta probabilidad de inundaciones recurrentes, no ofrece opciones para nuevos espacios habitacionales. En ese sentido, las reubicaciones de las zonas afectadas tendr&iacute;an que ser cuidadosamente dise&ntilde;adas, con programas de acompa&ntilde;amiento a mediano y largo plazo. No obstante, desde el desastre de 1998 las reubicaciones fueron estrategias institucionales para dotar de vivienda a los afectados y evitar el repoblamiento de las zonas de riesgo.</p>     <p>En 2005, adem&aacute;s de la construcci&oacute;n de nuevos barrios, se consideraron como las soluciones m&aacute;s importantes la canalizaci&oacute;n de los arroyos que cruzan la ciudad (La Mina y Allende) y los trabajos de contenci&oacute;n (enrocamiento) del r&iacute;o Xelaj&uacute; que domina la parte norte. Las obras hidr&aacute;ulicas fueron financiadas con recursos del Fondo Nacional de Desastres (FONDEN) y ejecutadas por el Departamento de Obras P&uacute;blicas del Estado de Chiapas, mientras que la supervisi&oacute;n de su funcionamiento corresponde a la Comisi&oacute;n Nacional del Agua. Por otra parte, las obras de vivienda para reubicaci&oacute;n fueron implementadas a trav&eacute;s del Programa Emergente de Vivienda desarrollado por la Secretar&iacute;a de Desarrollo Social (SEDESOL) bajo las reglas de operaci&oacute;n del FONDEN.</p>     <p><b>MILENIO III: NUEVOS BARRIOS, NUEVAS VULNERABILIDADES</b></p>     <p>El desastre de 1998 provoc&oacute; un significativo n&uacute;mero de viviendas afectadas en el estado de Chiapas. M&aacute;s de 26,000 casas sufrieron perjuicios, de las cuales casi 11,000 presentaban da&ntilde;os estructurales y fueron beneficiadas por el Programa Emergente de Vivienda que proyectaba la reubicaci&oacute;n de 7000 familias; de estas viviendas, casi 700 se planearon para los nuevos barrios de Milenio I, II, y III en Motozintla &#91;<a href="#r13">13</a>&#93;. Para Milenio III, se consideraron 172 casas y, seg&uacute;n el censo del proyecto <i>La intervenci&oacute;n de SEDESOL</i><a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a> <i>en Recuperaci&oacute;n de Desastres: Evaluaci&oacute;n de Acciones y Omisiones en reubicaci&oacute;n de comunidades</i> (CIESAS- SEDESOL), fueron construidas 152 casas que beneficiaron a 576 personas de 143 familias. Seg&uacute;n el mismo censo, para el 2008, nueve casas estaban desocupadas. Si consideramos que las reubicaciones son una estrategia de largo plazo —ya que no se trata de desplazamientos temporales— y son resultado de un proyecto estudiado y consensuado, representar&iacute;an un &eacute;xito en la medida en que logra reducir la exposici&oacute;n a las amenazas naturales y generar un contexto socioecon&oacute;mico favorable que limite la reproducci&oacute;n de la vulnerabilidad social. A una d&eacute;cada de la reubicaci&oacute;n, &iquest;las familias reubicadas en Milenio III est&aacute;n expuestas a menos riesgos y son socialmente menos vulnerables?, &iquest;son sus condiciones de vida acordes con la inversi&oacute;n econ&oacute;mica y psicol&oacute;gica que represent&oacute; la reubicaci&oacute;n? Las respuestas a estas preguntas no son unilaterales; los datos arrojados por el trabajo de campo contrastan una serie de insuficiencias frente al nuevo entorno que terminan por ofrecer un escenario parad&oacute;jico: los habitantes de Milenio III, al no tener mayor opci&oacute;n que adaptarse a su nuevo barrio, reconstruyen paulatinamente su cotidiano tomando como punto de partida la experiencia traum&aacute;tica de las inundaciones y sus h&aacute;bitos anteriores.</p>     <p>La primera insuficiencia considerable radica en la elecci&oacute;n de los terrenos, delegada a las autoridades municipales quienes directamente buscaron una negociaci&oacute;n con los propietarios de los terrenos elegidos. La negativa a la venta se tradujo en la presi&oacute;n para expropiar y, sobre todo, en la opacidad en el proceso de selecci&oacute;n de los terrenos. Dadas las caracter&iacute;sticas geogr&aacute;ficas, la elecci&oacute;n del espacio resulta fundamental para cubrir el objetivo de reducci&oacute;n del riesgo de desastres. El terreno elegido se situ&oacute; aproximadamente 1 km. arriba del r&iacute;o Xelaj&uacute; en la ladera norte, en una zona accidentada donde confluyen (como en casi toda la regi&oacute;n) peque&ntilde;os riachuelos de temporal. Si bien la reubicaci&oacute;n se alejaba del riesgo de inundaci&oacute;n, la erosi&oacute;n de los cerros aleda&ntilde;os sugiere el riesgo de deslaves y desgajamientos, lo que ha desembocado en la incertidumbre por parte de los reubicados, que temen un nuevo desastre. En ese sentido la elecci&oacute;n de los terrenos se realiz&oacute; con el argumento de completar el proyecto pero no para cumplir los objetivos. Arg&uuml;ello recuerda que la gesti&oacute;n de los riesgos termina por ser deficiente si s&oacute;lo se funda en compromisos institucionales: "la satisfacci&oacute;n de la necesidades de vivienda lleva a una serie de acciones constructivas que incluyen el uso de tierras inadecuadas para habitar" &#91;<a href="#r9">9</a>&#93;. El caso de Motozintla no es la excepci&oacute;n.</p>     <p>Otra deficiencia importante es el tama&ntilde;o de las casas. La reubicaci&oacute;n de Milenio III fue dise&ntilde;ada bajo el esquema de conjunto habitacional urbano; se trata de casas individuales de 8 x 20 m. (160 m 2), cuyo espacio interior es de 40 m<sup>2</sup> . No hubo consulta previa sobre las necesidades de los habitantes. La mayor&iacute;a de las familias reubicadas proven&iacute;an de las riberas del r&iacute;o Xelaj&uacute; y de los arroyos, sus casas estaban distribuidas en terrenos que, seg&uacute;n las entrevistas, superaban los 300 m&sup2; y los interiores rondaban por los 100 m&sup2;. Al tratarse de familias <i>rural-urbanas</i>, uno de sus espacios privilegiados es el solar, un terreno de tama&ntilde;o variable generalmente situado alrededor la casa. El solar es de suma importancia porque es el espacio donde se siembran algunos ingredientes de su subsistencia y apoyo econ&oacute;mico: ma&iacute;z, frijol, tomate, chiles, hierbas y &aacute;rboles frutales. En el solar tambi&eacute;n se distribuyen animales: gallinas, guajolotes, patos, cerdos y ovejas que son el ahorro familiar. En el solar adem&aacute;s se encuentra la fosa s&eacute;ptica y el lavadero. En una de las casas visitadas en Mileno III advertimos que el ba&ntilde;o, originalmente dise&ntilde;ado en el interior de la casa, se adapt&oacute; como un peque&ntilde;o altar para recordar a un familiar fallecido<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>. El mingitorio se traslad&oacute; al exterior como tradicionalmente se usa, adaptando una fosa s&eacute;ptica y el lavadero.</p>     <p>Las labores cotidianas en ese contexto requieren espacio para almacenar herramientas, alimentos para los animales y la producci&oacute;n misma. El uso que se hace del espacio exterior e interior en las casas no es s&oacute;lo habitacional sino utilitario, una casa pr&aacute;ctica es aqu&eacute;lla donde caben todas las cosas. Un habitante de Milenio III remarc&oacute; que "las casas se llenan r&aacute;pido", lo que limita sus posibilidades de trabajo y pone en riesgo su seguridad alimentaria. Durante el trabajo de campo, se pudo observar que la mayor&iacute;a de las familias adaptan a sus peque&ntilde;as casas a sus antiguos h&aacute;bitos. No obstante, si esto podr&iacute;a argumentarse como <i>capacidad de adaptaci&oacute;n</i>, tambi&eacute;n puede considerarse que las casas tienen un dise&ntilde;o que no corresponde a sus necesidades, que no tienen mayor opci&oacute;n que <i>forzar</i> el uso del nuevo espacio que, al ser tan limitado, termina por convertirse en una vivienda menos pr&aacute;ctica y de menor calidad de vida que incluso aqu&eacute;lla situada en la zona de riesgo.</p>     <p>Otro de los aspectos es el uso y cobro de los recursos h&iacute;dricos. La cercan&iacute;a con el r&iacute;o en las zonas de riesgo, a&uacute;n en temporada seca, les garantizaba agua para sus actividades cotidianas (por recolecci&oacute;n directa o extracci&oacute;n en pozo). En las nuevas viviendas, pese a que est&aacute;n dotadas de drenaje y tuber&iacute;as para agua corriente, el recurso es irregular y costoso. Muchas personas mostraron su inconformidad por el pago del agua, en especial porque sus ingresos son menores que antes. Lo que est&aacute; en cuesti&oacute;n no es el cobro de los recursos sino la incapacidad para pagar, lo que se traduce en reticencia y desconfianza hacia las autoridades.</p>     <p>La reubicaci&oacute;n en Milenio III provoc&oacute; igualmente una reestructuraci&oacute;n de la repartici&oacute;n del trabajo y un cambio en la frecuencia de los ingresos habituales. A falta de un proyecto productivo de largo plazo, las familias instaladas en las nuevas casas tuvieron que dise&ntilde;ar con sus propios medios los mecanismos para sus cubrir necesidades elementales. En primer lugar, se transform&oacute; la mano de obra agr&iacute;cola en comercial pues las nuevas casas est&aacute;n ubicadas a varios kil&oacute;metros de sus parcelas; en algunas entrevistas nos afirmaron que prefirieron vender sus tierras y utilizar ese dinero para "mejorar" la nueva casa y cambiar de actividad laboral y emplearse como alba&ntilde;iles. En general, los trabajos de alba&ntilde;iler&iacute;a son temporales y motivan a muchos hombres a migrar temporalmente a comunidades cercanas en busca de trabajo, lo que tiene como consecuencia el gasto adicional en pasajes y la ausencia constante en sus hogares.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por otra lado, esto ha detonado una distribuci&oacute;n de los roles familiares: las mujeres se dedican al trabajo dom&eacute;stico, poco valorado y sin seguridad social. En algunos casos, al quedarse en casa, realizan adaptaciones al espacio exterior para transformarlo en una peque&ntilde;a tienda; los ingresos obtenidos, menores pero constantes, sirven para completar el gasto de la canasta familiar. En t&eacute;rminos generales, se puede apreciar que las familias en Milenio III viven al l&iacute;mite de sus capacidades materiales y sin posibilidades de un aumento real en su calidad de vida. Barrios recuerda que "las poblaciones desplazadas son afectadas por un per&iacute;odo de vulnerabilidad elevada a la marginalizaci&oacute;n, el cual se extiende mucho m&aacute;s all&aacute; de la etapa de emergencia de los desastres" &#91;<a href="#r3">3</a>&#93;. Desde esa perspectiva, la mayor&iacute;a de los habitantes de Milenio III se mantienen en una situaci&oacute;n de contingencia de baja escala y, por su ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica, vulnerables a una amenaza f&iacute;sica. Como lo se&ntilde;ala Mac&iacute;as, las reubicaciones implican "la imposici&oacute;n de un cambio y dicha imposici&oacute;n asume responsabilidades de mejor&iacute;a, de manera que reubicar no puede reducirse al cambio de vivienda por el conjunto de viviendas, dado que esto supondr&iacute;a que el dise&ntilde;o del plan y/o proyecto de reubicaci&oacute;n se limitar&iacute;a al problema de construcci&oacute;n de un conjunto de casas" &#91;<a href="#r14">14</a>&#93;. La reubicaci&oacute;n en este caso se limit&oacute; a la construcci&oacute;n de viviendas, con un dise&ntilde;o arquitect&oacute;nico inadecuado y no a la reducci&oacute;n de los elementos fundamentales de reproducci&oacute;n de la vulnerabilidad social: falta de empleo, actividades econ&oacute;micas sustentables y servicios eficientes.</p>     <p><b>DE VIDA MEJOR A "VIDA PEOR"</b></p>     <p>El barrio Vida Mejor III fue una de las respuestas institucionales a la necesidad de cubrir con vivienda a las casi 800 familias afectadas en la cabecera municipal por la tormenta tropical Stan en 2005. Originalmente, el programa que implement&oacute; el gobierno estatal preve&iacute;a que las reubicaciones contaran con un programa de actividades de traspatio y permitieran mantener algunas de las din&aacute;micas productivas y de consumo de las familias. Se realiz&oacute; con recursos del Fondo Nacional del Habitaciones Populares, el fraccionamiento fue implementado por el Fondo Nacional del Apoyo Econ&oacute;mico a la Vivienda. La distribuci&oacute;n de casas fue organizada por el Instituto Nacional de la Vivienda y la Secretar&iacute;a de Desarrollo Social, que organiz&oacute; el patr&oacute;n de beneficiarios con base en los da&ntilde;os estructurales en sus casas y un perfil socioecon&oacute;mico determinado por un ingreso no mayor a dos y medio salarios m&iacute;nimos mensuales &#91;<a href="#r11">11</a>&#93;.</p>     <p>Los terrenos elegidos, situados en la parte norte del r&iacute;o Xelaj&uacute; —al Este Fracionamiento Milenio III— aunque tuvieron que pasar por la aprobaci&oacute;n de la Comisi&oacute;n Nacional del Agua y por el visto bueno del Instituto de Protecci&oacute;n Civil del Estado de Chiapas, est&aacute;n situados a s&oacute;lo 900 m. del basurero municipal. Sin duda, se trata de un defecto mayor pues las consecuencias en la calidad de vida de las personas son de un impacto evidente: mal olor, enfermedades respiratorias, gastrointestinales y conjuntivitis. Al tratarse de un grupo social de recursos econ&oacute;micos limitados, el aumento de enfermedades cr&oacute;nicas se traduce en un mayor gasto econ&oacute;mico y en la degradaci&oacute;n de sus condiciones de salud, adem&aacute;s, la falta de una cl&iacute;nica familiar favorece al sentimiento de exclusi&oacute;n. En el trabajo de campo constatamos que algunos habitantes —en especial personas mayores— expresan su estr&eacute;s por la presencia de moscas y mosquitos; para algunos, la &uacute;nica opci&oacute;n es tener las ventanas y puertas permanentemente cerradas, lo que la mayor parte del a&ntilde;o es inc&oacute;modo debido a las altas temperaturas.</p>     <p>El tama&ntilde;o de las 62 casas, de 7 x 15m (105 m&sup2;), resulta peque&ntilde;o para las necesidades de sus habitantes: el espacio de construcci&oacute;n no es mayor de 38 m&sup2;. Nuevamente, se trata de un dise&ntilde;o de tipo multifamiliar urbano para usuarios rurales. Uno de los habitantes argument&oacute; su incomodidad en la nueva casa diciendo que el terreno no es mayor a 15 x 8 m&sup2;: "Antes ten&iacute;a un terreno de 40 x 20 m&sup2; para seis personas en la casa, ahora tenemos que estar todos amontonados". A s&oacute;lo tres a&ntilde;os de la reubicaci&oacute;n, es posible constatar que el uso del espacio interior ha sido adecuado a los h&aacute;bitos del medio rural. Esto no se puede comprobar por afuera ya que el exterior de las casas tiene pocas capacidades de ampliaci&oacute;n, pero el peque&ntilde;o patio ubicado en la parte trasera ya ha sido transformado por los habitantes que almacenan animales dom&eacute;sticos y objetos para sus actividades. La acumulaci&oacute;n en un espacio tan peque&ntilde;o conlleva un riesgo sanitario: la presencia de cucarachas y roedores es constante y favorece alergias y cuadros asm&aacute;ticos.</p>     <p>La reubicaci&oacute;n Vida Mejor III presenta un alto n&uacute;mero de viviendas desocupadas, 29 casas, seg&uacute;n el censo realizado por el proyecto CIESAS-SEDESOL. Durante el trabajo de campo, identificamos algunas familias que se vieron beneficiadas por el programa pero que prefirieron no trasladarse. Los argumentos que exponen son los siguientes:</p>     <li>Infraestructura de servicios p&uacute;blicos incomplata, en particular falta de agua, alumbrado p&uacute;blico y seguridad.</li>     <li>Construcci&oacute;n deficiente: falta de techos meabilizados, fugas, casas sin puertas<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>.</li>     <li>Lejan&iacute;a con sus lugares de trabajoj(parcelas).</li>     <p>Otro aspecto que desfavorece el porcentaje de ocupaci&oacute;n fue el sistema de atribuci&oacute;n de las viviendas. Realizado a trav&eacute;s de un sorteo, fue el azar el que defini&oacute; las nuevas relaciones de vecindad; si bien &eacute;stas posiblemente terminar&aacute;n por tejerse con los a&ntilde;os, el per&iacute;odo de adaptaci&oacute;n al nuevo entorno favorece un esquema de aislamiento. Oliver-Smith al respecto escribe "el estr&eacute;s cultural nace de la falla por parte de las autoridades de hacer caso omiso a la necesidad de los miembros de una comunidad de quedarse juntos, de la falta de sostenibilidad econ&oacute;mica despu&eacute;s del reasentamiento y la ruptura de actividades culturales como resultado del desplazamiento. El resultado frecuente es la p&eacute;rdida de la l&oacute;gica de la vida, de una raz&oacute;n de ser que otorga un sentido y significado a la existencia" &#91;<a href="#r15">15</a>&#93;. A diferencia de los habitantes que viven en la ribera del Xelaj&uacute;, los habitantes de Vida Mejor III cierran las puertas por temor a robos. La sensaci&oacute;n de inseguridad p&uacute;blica no favorece el intercambio social, base elemental para la construcci&oacute;n de redes sociales que tradicionalmente han servido como motor alterno para la sobrevivencia cotidiana. Mac&iacute;as recuerda al respecto que "las redes sociales informales que son parte de la manutenci&oacute;n cotidiana (...) pero el principal riesgo identificado se refiere al empobrecimiento de los desplazados como consecuencia del deterioro de sus relaciones con su trabajo, posiciones, salud y p&eacute;rdida generalizada de los accesos reconstruidos a todos los servicios" &#91;<a href="#r16">16</a>&#93;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La presi&oacute;n en tiempo y presupuesto por realizar los proyectos, por parte de las instituciones encargadas de la gesti&oacute;n del riesgo —en los tres &aacute;mbitos de gobierno—, se traduce en este caso en un desarrollo habitacional que literalmente, como recuerda Arg&uuml;ello, puede convertirse en una bomba de tiempo: "Tanto la localizaci&oacute;n en territorios de alto riesgo como la baja calidad de materiales, su uso inadecuado y desconocimiento de las t&eacute;cnicas, implica la construcci&oacute;n de refugios que se pueden convertirse en trampas mortales" &#91;<a href="#r9">9</a>&#93; .</p>     <p>La reubicaci&oacute;n se dio de forma centralizada y sin un diagn&oacute;stico que permitiera el dise&ntilde;o de un modelo adecuado a los h&aacute;bitos y necesidades de los usuarios en cuesti&oacute;n. Quarantelli afirma que "la falta de reconocimiento de los conflictos y carencias y en la comunidad; el uso inadecuado de las fuentes de supervivencia; una est&aacute;tica organizaci&oacute;n de la movilizaci&oacute;n; pobre coordinaci&oacute;n inter organizacional; dificultades en la informaci&oacute;n de los grupos; y otros factores organizacionales y a nivel de comunidad generan problemas en la preparaci&oacute;n para proveer correctas condiciones en albergues y casas" &#91;<a href="#r17">17</a>&#93;. El caso de Vida Mejor III ilustra la implementaci&oacute;n de medidas <i>en serie</i> que mitigan el riesgo de inundaci&oacute;n a corto plazo pero trasladan a sus habitantes a escenarios con otras amenazas e incertidumbres econ&oacute;micas mayores. Una vez concluida la emergencia y terminada la construcci&oacute;n de las casas, no se aplican proyectos de largo plazo de reactivaci&oacute;n econ&oacute;mica y empleo. Dependientes &uacute;nicamente de la oferta en la construcci&oacute;n, los alba&ntilde;iles, otrora campesinos, recurren a la migraci&oacute;n o la renta de sus nuevas casas. Vida Mejor III es un barrio olvidado, aunque parad&oacute;jicamente es uno de los m&aacute;s nuevos de la cabecera municipal.</p>     <p><b>LOS NO-REUBICADOS, &iquest;POR QU&Eacute; SE QUEDAN?</b></p>     <p>Para entender mejor las din&aacute;micas sociales que se generan alrededor de las reubicaciones, es preciso analizar los argumentos de los pobladores que no aceptan o no tienen acceso a los programas de reubicaci&oacute;n. Esto permite explicar algunas de las deficiencias en los proyectos ejecutados. Conviene recordar que una reubicaci&oacute;n por desastre no es &uacute;nicamente el traslado de los habitantes sino "la relocalizaci&oacute;n el ensamble de estructuras y funciones urbanas" &#91;<a href="#r18">18</a>&#93;. Sin embargo, en el caso de Motozintla las reubicaciones se limitaron la construcci&oacute;n de viviendas y la puesta en marcha de algunos programas sociales de car&aacute;cter asistencialista. En la medida que no se aplican propuestas de desarrollo de largo plazo, coincidentes con el tipo de actividad previa de los afectados, es muy probable que la reubicaci&oacute;n conlleve a transformaciones sociales como la transici&oacute;n de agricultor, ejidatario o propietario, a la de asalariado temporal. Durante las entrevistas realizadas en el trabajo de campo, se pudo observar que la mayor&iacute;a de los hombres que se trasladaron se emplearon como alba&ntilde;iles, mientras que aqu&eacute;llos que se quedaron en las colonias de riesgo manten&iacute;an su actividad agr&iacute;cola, precaria pero segura.</p>     <p>Pr&aacute;cticamente en todos los barrios de la parte occidental de la ribera del Xelaj&uacute; la mayor&iacute;a de los habitantes fueron afectados por las inundaciones de 1998 y 2005. En las conversaciones con los pobladores surge generalmente la falta de opciones que les permitan una mejor reinserci&oacute;n en el nuevo barrio. Los argumentos presentados para quedarse en una zona de riesgo, en orden de importancia, son:</p>     <li>Las cercan&iacute;a con el lugar de trabajo o incluso viven en sus lugares de trabajo.</li>     <li>La falta de servicios p&uacute;blicos en las reubicaciones: agua, drenaje, luz, seguridad.</li>     <li>La falta de escuelas, en particular para los ni&ntilde;os.</li>     <li>El tama&ntilde;o de las nuevas casas no corresponden a sus necesidades de espacio.</li>     <li>Los mecanismos burocr&aacute;ticos de distribuci&oacute;n de Vivienda y en particular la falta de oficinas (mesas permanentes de atenci&oacute;n) y calendario eficaz des motiva a los ciudadanos a concluir el proceso de reubicaci&oacute;n.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>El car&aacute;cter aleatorio del proceso de atribuci&oacute;n de casas.</li>     <li>La separaci&oacute;n de redes de parentesco y vecindad.</li>     <p>Para los ribere&ntilde;os, la reubicaci&oacute;n representa entonces la pauperizaci&oacute;n de sus condiciones de vida. Aceptar o no la nueva vivienda es una decisi&oacute;n tomada en funci&oacute;n no del riesgo de inundaci&oacute;n sino de la incertidumbre alimenticia que el nuevo entorno genera. Una familia que, por ejemplo, dentro de su margen de pobreza tenga garantizado acceso al empleo y educaci&oacute;n en la zona de riesgo, dif&iacute;cilmente apostar&aacute; por una reubicaci&oacute;n que implicar&aacute; comenzar desde cero el tejido de sus redes sociales, &uacute;nica garant&iacute;a en caso de mayor necesidad. Es probable que prefieran quedarse junto al r&iacute;o y reconstruir su casa lentamente con la garant&iacute;a de una vida cotidiana relativamente estructurada. Si bien es cierto que el riesgo de inundaci&oacute;n de su casa queda presente, &eacute;ste resulta menor que la "certeza" de la degradaci&oacute;n de sus condiciones de vida en las reubicaciones. El sentimiento generalizado es que reubicarse es un fracaso familiar que representa, como cita Oliver-Smith con base en Hansen, "una significativa p&eacute;rdida de poder social" &#91;<a href="#r15">15</a>&#93;.</p>     <p>Parad&oacute;jicamente, las zonas de riesgo ofrecen cierto grado de seguridad que las reubicaciones no pueden garantizar. Una mujer del barrio Xelaj&uacute; Chico, que se dedica a lavar ropa, argumenta que reubicarse reducir&iacute;a sus ingresos: "Aqu&iacute; por lo menos conozco gente que me da ropa para lavar, all&aacute; no". En el mismo sentido un campesino y alba&ntilde;il del barrio Canoas sostiene: "No quisiera estar aqu&iacute; junto al r&iacute;o. Ped&iacute; la vivienda (reubicaci&oacute;n) pero no est&aacute; terminada, est&aacute; en mal estado, sin agua, no hay drenaje. Aqu&iacute; no hay drenaje pero tengo fosa s&eacute;ptica". El testimonio anterior revela la preocupaci&oacute;n por el acceso los servicios p&uacute;blicos: las reubicaciones resultan poco interesantes si no cuentan con los servicios b&aacute;sicos funcionando, una vez m&aacute;s se prefiere mantenerse en la zona de riesgo donde durante a&ntilde;os se ha invertido en peque&ntilde;os trabajos de adaptaci&oacute;n como la construcci&oacute;n de fosas s&eacute;pticas y bordos que sirven como improvisadas barreras en caso de inundaci&oacute;n. Otra mujer expresa: "Estamos aqu&iacute; porque mi esposo siembra ma&iacute;z y tomate. Yo tengo una tienda de pollo. Si nos vamos a otro lado no tenemos espacio, ni mi esposo trabajo". La resistencia a reubicarse, explica Oliver-Smith, "constituye una afirmaci&oacute;n de la identidad y defensa contra el colapso cultural" &#91;<a href="#r7">7</a>&#93; y, agregar&iacute;amos, contra el colapso econ&oacute;mico. Mientras que las reubicaciones no ofrezcan garant&iacute;as de integraci&oacute;n a un mercado laboral similar o mejor al anterior, y se respeten las redes de parentesco y organizaci&oacute;n social, dif&iacute;cilmente la gente que goce de ciertas opciones elementales para mantenerse en las zonas de riesgo se convencer&aacute;n de reubicarse. El cambio de vivienda, que institucionalmente representa la mitigaci&oacute;n del riesgo, para los pobladores representa el aumento en su incertidumbre cotidiana.</p>     <p><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p>Las inundaciones de 1998 y 2005 tuvieron considerables consecuencias en la ciudad de Motozintla. Independientemente de las lamentables p&eacute;rdidas humanas y materiales, una parte de la poblaci&oacute;n ha tenido que sumar al estr&eacute;s post traum&aacute;tico del desastre, un esfuerzo considerable por adaptarse a las reubicaciones desarrolladas por diferentes programas de gobierno. Pensadas como una estrategia de mitigaci&oacute;n del riesgo, las reubicaciones Milenio III y Vida Mejor III han reducido la exposici&oacute;n a la amenaza natural de aproximadamente 700 personas, pero han desencadenado una serie de consecuencias sociales que conllevan al deterioro en la calidad de vida de un grupo social con tendencia a preferir vivir en una zona de riesgo y asegurar sus ingresos y recursos naturales.</p>     <p>Las reubicaciones, como opci&oacute;n &uacute;ltima en la gesti&oacute;n de los riesgos, tienen que venir acompa&ntilde;adas de medidas de reestructuraci&oacute;n socioecon&oacute;mica de largo plazo, adaptadas a las condiciones econ&oacute;micas regionales y los h&aacute;bitos de las personas involucradas. Su objetivo debe ser la reducci&oacute;n del riesgo y la <i>transformaci&oacute;n positiva</i> de las condiciones sociales. Sin embargo, los ejemplos mostrados sugieren procesos de <i>transformaci&oacute;n negativa</i>, de reducci&oacute;n parcial y temporal de los riesgos. Los procesos de toma de decisiones que van desde la elecci&oacute;n el terreno, el modelo de urbanizaci&oacute;n, el dise&ntilde;o arquitect&oacute;nico de las casas hasta la distribuci&oacute;n de los lotes, se basa en un centralismo asistencialista y temporal que favorece a una exclusi&oacute;n de <i>facto</i> de los reubicados.</p>     <p>Es pertinente recordar las moralejas que escribiera Robinson: "sin informaci&oacute;n en el dominio p&uacute;blico y al alcance de los habitantes, no s&oacute;lo aumenta el riesgo de conflictos, tambi&eacute;n se niega la dimensi&oacute;n participativa tan importante en una democracia. Otra moraleja: nunca un pueblo nuevo para desalojados sin comprender la din&aacute;mica anterior, sus preferencias y sin investigar otras opciones productivas"</p>     <p>Las consecuencias sociales m&aacute;s importantes de las ubicaciones son la transformaci&oacute;n de las din&aacute;micas productivas y laborales, la desarticulaci&oacute;n de redes sociales y el traslado de un grupo social a una zona tambi&eacute;n de riesgo donde lo que cambia es la amenaza. En Milenio III, el riesgo de deslave y desgajamiento genera condiciones de incertidumbre; mientras que en Vida Mejor III, la cercan&iacute;a con el basurero municipal genera una condici&oacute;n de permanente desastre sanitario. Las respuestas sociales se sit&uacute;an en la reticencia generalizada frente a las instituciones; los grupos vulnerables optan por desarrollar mecanismos propios de resistencia y adaptaci&oacute;n que incluyen la <i>aceptaci&oacute;n</i> misma del riesgo. Las reubicaciones en Motozintla sugieren, m&aacute;s que mitigaci&oacute;n del riesgo, el afianzamiento de programas de vivienda urbanos en un contexto rural que trasladan el riesgo de lugar por falta y/u omisi&oacute;n de proyectos productivos y alternativas para el bienestar social, lo cual favorece la degradaci&oacute;n paulatina de las condiciones de vida y estandarizaci&oacute;n en la pobreza.</p>     <p>Por su costo econ&oacute;mico y social, las reubicaciones tendr&iacute;an que ser dise&ntilde;adas como acciones compartidas entre la poblaci&oacute;n y los diferentes &aacute;mbitos de gobierno. Se necesitan marcos normativos que generen la participaci&oacute;n y el fortalecimiento de capacidades locales; esto es desde capacitaci&oacute;n a los gestores locales hasta el impulso de programas de desarrollo basados en los contextos culturales y laborales. Por &uacute;ltimo, no se debe olvidar que la tendencia de los grupos vulnerables frente al riesgo es la de considerar a los desastres como eventos con una temporalidad puntual; por lo general, se prefiere vivir en una zona de riesgo espor&aacute;dico, que reubicarse en una zona de exclusi&oacute;n permanente. Para garantizar el &eacute;xito de los reubicaci&oacute;n se tienen que asegurar mejores condiciones de vida que las anteriores.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>NOTAS AL PIE </b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. 58,115 habitantes seg&uacute;n CONAPO, 2005.</p>     <p><a href="#n2" name="2">2</a>. La decimoctava tormenta tropical de la temporada. Alcanz&oacute; el grado de Hurac&aacute;n categor&iacute;a 1, pero la afectaci&oacute;n en Motozintla ocurri&oacute; cuando su intensidad fue clasificada como tormenta tropical.</p>     <p><a href="#n3" name="3">3</a>. Secretar&iacute;a de Desarrollo Social.</p>     <p><a href="#n4" name="4">4</a>. Hijo migrante a Estados Unidos.</p>     <p><a href="#n5" name="5">5</a>. Seg&uacute;n el programa de construcci&oacute;n, corresponde a las familias asumir ese gasto.</p> <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p><b><a name="r1"></a>&#91;1&#93; S. M. Prince.</b> "Catastrophe and Social Change: Based upon a Sociological Study of the Halifax Disaster". <i>Studies in History, Economics and Public Law</i>. New York: Columbia University Press, 1920, Vol. 94, pp.1-152,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0121-4993201000010001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r2"></a>&#91;2&#93; A. Musset.</b> <i>Villes nomades du Nouveau Monde</i>. Paris: &Eacute;ditions de l'EHESS, 2002, pp. 203.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0121-4993201000010001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r3"></a>&#91;3&#93; R. E. Barrios.</b> <i>Reconstruyendo la marginalidad: la econom&iacute;a pol&iacute;tica de la reubicaci&oacute;n despu&eacute;s del hurac&aacute;n Mitch en el sur de Honduras</i>. Honduras: CRID - Centro Regional de Informaci&oacute;n sobre Desastres para Am&eacute;rica Latina y el Caribe, 2000, pp. 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0121-4993201000010001400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r4"></a>&#91;4&#93; J. M. Mac&iacute;as.</b> "Desastres y reubicaciones. Conceptos, mitos y realidades". En G. Vera (coord.) <i>Devastaci&oacute;n y &eacute;xodo. Memoria de seminarios sobre reubicaciones por desastres en M&eacute;xico</i>. M&eacute;xico: Papeles de la Casa Chata, CIESAS, 2009, pp. 33.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0121-4993201000010001400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r5"></a>&#91;5&#93; G. Vera.</b> "Procesos de reubicaci&oacute;n y desarticulaci&oacute;n social". En G. Vera (coord.) <i>Devastaci&oacute;n y &eacute;xodo. Memoria de seminarios sobre reubicaciones por desastres en M&eacute;xico</i>. Papeles de la Casa Chata, CIESAS. 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Florence: Firenze University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0121-4993201000010001400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r7"></a>&#91;7&#93; A. Oliver-Smith.</b> "Here there is life: The social and cultural dynamics of successful resistance to resettlement in postdisaster Per&uacute;". En A. Hansen and A. Oliver - Smith (Eds). <i>Involuntary migration and resettlement: The problems and responses of dislocated people</i>. Boulder, Colorado: Westview Press, 1982, pp.85- 103.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0121-4993201000010001400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r8"></a>&#91;8&#93; G. Wilches-Chaux.</b> <i>La reubicaci&oacute;n de San Cayetano</i>. Bogot&aacute;: Gobernaci&oacute;n de Cundinamarca y Universidad de los Andes, 2000, pp. 15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0121-4993201000010001400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r9"></a>&#91;9&#93; M. Arg&uuml;ello.</b> "Riesgo, vivienda y arquitectura". Conferencia. <i>Congreso ARQUISUR</i>, Universidad de San Juan, Argentina, 2004, pp. 11.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0121-4993201000010001400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r10"></a>&#91;10&#93; </b><i>La Jornada</i>. M&eacute;xico, 13 de Septiembre de 1998. Secci&oacute;n Estados, pp. 3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0121-4993201000010001400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r11"></a>&#91;11&#93; E. Mac&iacute;as.</b> <i>Reconstrucci&oacute;n de la vulnerabilidad social en una comunidad reubicada por desastre: el fraccionamiento Vida Mejor III en Motozintla, Chiapas</i>. Tesis de licenciatura. M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico UNAM, 2009, pp. 35 y 104.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0121-4993201000010001400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r12"></a>&#91;12&#93; K., Hewitt (Ed.).</b> <i>Interpretations of Calamity</i>. Boston: Allen &amp; Unwin, 1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0121-4993201000010001400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r13"></a>&#91;13&#93; L. Hern&aacute;ndez.</b> <i>Las mujeres ante el desastre y la producci&oacute;n espacial en la comunidad reubicada Nuevo Milenio III, Motozintla, Chiapas</i>. Tesis de licenciatura. M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico UNAM, 2009, pp. 49.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0121-4993201000010001400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r14"></a>&#91;14&#93; J. M. Mac&iacute;as.</b> <i>Reubicaciones por desastre. An&aacute;lisis de intervenci&oacute;n gubernamental comparada</i>. CIESAS, M&eacute;xico. 2008, pp. 23.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0121-4993201000010001400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r15"></a>&#91;15&#93; A. Oliver-Smith.</b> "Consideraciones te&oacute;ricas y modelos del reasentamiento de comunidades". En J.M. Mac&iacute;as. Reubicaci&oacute;n de comunidades humanas. Entre la producci&oacute;n y la reducci&oacute;n de desastres. Universidad de Colima, 2001, pp. 49.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0121-4993201000010001400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r16"></a>&#91;16&#93; J. M. Mac&iacute;as.</b> "La reubicaci&oacute;n del riesgo". En J.M. Mac&iacute;as. <i>Reubicaci&oacute;n de comunidades humanas. Entre la producci&oacute;n y la reducci&oacute;n de desastres</i>. Universidad de Colima, 2001, pp. 29.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0121-4993201000010001400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r17"></a>&#91;17&#93; E. Quarantello.</b> "Patterns of sheltering and housing in U.S. disasters". <i>Disaster prevention and Management</i>, Vol. 4, No. 3, 1995, pp. 43-53.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0121-4993201000010001400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r18"></a>&#91;18&#93; A. Musset.</b> "Le d&eacute;placement des villes en Am&eacute;rique Hispanique". <i>Revue Villes en parall&egrave;le</i> (De S&eacute;ville &agrave; Lima) No. 25, Laboratoire de G&eacute;ographie Urbaine, Universit&eacute; de Paris X-Nanterre, 1997, pp. 179.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0121-4993201000010001400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r19"></a>&#91;19&#93; S. Robinson.</b> "El caso de la presa Caracol". En J.M. Mac&iacute;as. <i>Reubicaci&oacute;n de comunidades humanas. Entre la producci&oacute;n y la reducci&oacute;n de desastres</i>. Universidad de Colima, 2001, pp. 95.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0121-4993201000010001400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r20"></a>&#91;20&#93; Cyrulnik Boris</b> <i>Psychanalyse et r&eacute;silience</i>. Paris: Editions Odile Jacob, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0121-4993201000010001400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><b><a name="r21"></a>&#91;21&#93; A. Musset</b> "Mudarse o Desaparecer. Traslado de Ciudades Hispanoamericanas y Desastres &#91;Siglos XVI-XVIII&#93;". En V. Garc&iacute;a Acosta (Coord.) <i>Historia y desastres en Am&eacute;rica Latina</i>. Vol. I. La Red, CIUDAD, 1996, pp.23-45.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0121-4993201000010001400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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