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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana"size="2">       <center>       <p>&nbsp;</p>       <p><font size="4" face="Verdana">El malestar en la globalizaci&oacute;n</font></p>       <p>&nbsp;</p>       <p>&nbsp;</p>          <p align="left">Joseph E. Stiglitz,    <br> traducci&oacute;n de Carlos     Rodr&iacute;guez, Madrid, Taurus, Braun, 2002,     314 p&aacute;ginas.</p> </center>      <p>El proceso de globalizaci&oacute;n emprendido   en forma sistem&aacute;tica a partir de   1990 tuvo como objetivo aumentar el bienestar de la poblaci&oacute;n mundial.   Instituciones como el Fondo Monetario   Internacional (FMI), Banco   Mundial y la Organizaci&oacute;n Mundial   de Comercio fueron las encargadas   de liderar la tarea. Sin embargo, despu&eacute;s   de doce a&ntilde;os, el fracaso es indiscutible.   El &uacute;ltimo informe de la Comisi&oacute;n   Econ&oacute;mica para Am&eacute;rica   Latina (Cepal), divulgado por el secretario   general Jos&eacute; Antonio   Ocampo, se&ntilde;al&oacute; que en el a&ntilde;o 2001,   214 millones de personas, es decir,   el 43 por ciento de la poblaci&oacute;n latinoamericana,   vive en la pobreza, y   de &eacute;stas, 92.9 millones (18.6 por   ciento), en la indigencia.</p>     <p> As&iacute;, el Premio Nobel de Econom&iacute;a   en el 2001, Joseph Stiglitz, analiza   en su libro las pol&iacute;ticas macroecon&oacute;micas   emprendidas con mayor   rigor por el FMI en la d&eacute;cada del 90   con el inter&eacute;s de contribuir al crecimiento   de algunos pa&iacute;ses en desarrollo.   No obstante, el autor denuncia   las fallas en que una y otra vez el FMI   ha incurrido, por causa de su   fundamentalismo econ&oacute;mico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El valor de la acusaci&oacute;n est&aacute; en   que Stiglitz conoce detalladamente   la forma de proceder del gobierno   americano y de las organizaciones   financieras multilaterales. Despu&eacute;s   de a&ntilde;os de investigaci&oacute;n y ejercicio   docente en distintas universidades   norteamericanas, fue elegido en   1993 director del Consejo Asesor   del Presidente Clinton. Luego, en   1997 pas&oacute; al Banco Mundial, donde   fue economista jefe y vicepresidente   senior durante casi tres a&ntilde;os,   hasta enero de 2000. Por lo tanto, y   como &eacute;l mismo lo expresa, fue testigo   de excepci&oacute;n en un per&iacute;odo colmado   de perturbaciones econ&oacute;micas   para el mundo, que empez&oacute; con   su estad&iacute;a en la Casa Blanca, cuando   Rusia inici&oacute; la transici&oacute;n del comunismo   al capitalismo, y termin&oacute;   cuando fue vicepresidente del Banco   Mundial durante la crisis financiera   que explot&oacute; en el Este asi&aacute;tico   en 1997.</p>     <p>   Antes de su llegada a la Casa   Blanca, Stiglitz hab&iacute;a dedicado su trabajo   e investigaci&oacute;n a temas te&oacute;ricos   y pr&aacute;cticos. As&iacute;, &eacute;l contribuy&oacute; al desarrollo   de la econom&iacute;a matem&aacute;tica   abstracta, con los resultados alcanzados   en lo que hoy se conoce como   la econom&iacute;a de la informaci&oacute;n. Adem&aacute;s,   trabaj&oacute; en temas m&aacute;s aplicados   como el desarrollo, la econom&iacute;a del   sector p&uacute;blico y la pol&iacute;tica monetaria.   Durante veinticinco a&ntilde;os Stiglitz ha   escrito sobre temas como quiebras,   apertura y acceso a la informaci&oacute;n.   Tambi&eacute;n ha jugado un papel importante   en la defensa de una transici&oacute;n   gradual de las econom&iacute;as comunistas   hacia el libre mercado,   recriminando las llamadas &#8220;terapias   de choque&#8221;.</p>     <p>   La sensibilidad de este economista   del primer mundo, poco usual   en la mayor&iacute;a, est&aacute; relacionada con   su experiencia como docente en Kenia   (1969-1971). &#8220;Parte de mi labor te&oacute;rica   m&aacute;s relevante fue inspirada por   lo que all&iacute; vi. Sab&iacute;a que los desaf&iacute;os   de Kenia eran arduos pero confiaba   en que ser&iacute;a posible hacer algo para   mejorar las vidas de los miles de millones   de personas que, como los   keniatas, viven en la extrema pobreza&#8221;   (Cepal, 13).</p>     <p>   A pesar de toda su experiencia   acad&eacute;mica, Stiglitz concluye que &eacute;sta   no le sirvi&oacute; de mucho para afrontar   los problemas con los cuales se encontr&oacute;   cuando lleg&oacute; a Washington.   El sesgo ideol&oacute;gico y pol&iacute;tico del   Fondo Monetario Internacional, Banco   Mundial y la Organizaci&oacute;n Mundial   del Comercio, los desviaba de su   misi&oacute;n por mantener un equilibrio   econ&oacute;mico en el mundo.</p>     <p>   El tema central del libro es un   cuestionamiento al papel jugado por   estas instituciones econ&oacute;micas en el   proceso de globalizaci&oacute;n, las cuales   en lugar de favorecer el crecimiento y desarrollo de los llamados pa&iacute;ses    del   tercer mundo, lo que han generado   es un desequilibrio, al no respetar las   secuencias y los ritmos de estas econom&iacute;as.   La raz&oacute;n de dicha situaci&oacute;n,   seg&uacute;n Stiglitz, est&aacute; en que &#8220;las decisiones   son adoptadas sobre la base   de una curiosa mezcla de ideolog&iacute;a y   mala econom&iacute;a, un dogma que en   ocasiones parece apenas velar intereses   creados&#8221; (Cepal, 16). Es precisamente   ese credo, es decir, el   neoliberalismo, la causa fundamental   del desajuste econ&oacute;mico, social y pol&iacute;tico   en el mundo. Ese es el segundo   tema central en el an&aacute;lisis de   Stiglitz, la cr&iacute;tica al libre mercado   como estrategia de equilibrio de la   econom&iacute;a, y el menosprecio por la   participaci&oacute;n del Estado como medio   alterno para lograr el mismo fin.</p>     <p>   Cabe se&ntilde;alar que para el desarrollo   de este trabajo, aparte de la propia   experiencia de Stiglitz, &eacute;l utiliz&oacute;   otras tres fuentes: los funcionarios estatales,   los empresarios y lo que &eacute;l   denomina la red global de colegas   acad&eacute;micos, es decir, profesores e investigadores   universitarios. Adem&aacute;s,   tuvo el apoyo de universidades como   Stanford y Columbia, y recibi&oacute; soporte   financiero de las Fundaciones   Ford, Macarthur y Rockefeller, la   Agencia Internacional de Desarrollo   de Canad&aacute; y el PNUD.</p>     <p>   El libro est&aacute; organizado en nueve   cap&iacute;tulos, con un estilo de narraci&oacute;n   agradable &#8211;seguramente por no utilizar   un tono acad&eacute;mico, habitual de la   teor&iacute;a econ&oacute;mica&#8211; que resulta muy   f&aacute;cil de entender. Los conceptos se   hacen comprensibles para el lector   gracias a la variedad de ejemplos que   Stiglitz va citando, fruto de su posici&oacute;n   estrat&eacute;gica en la Casa Blanca y   en el BM.</p>     <p>   La primera parte del libro, que   incluye los primeros tres cap&iacute;tulos, es   un examen al papel desempe&ntilde;ado por   el Fondo Monetario Internacional, el   Banco Mundial y la Organizaci&oacute;n   Mundial de Comercio, en relaci&oacute;n   con el cumplimiento del objetivo inicial   por el cual fueron creados, es   decir, el compromiso por sostener el   equilibrio econ&oacute;mico mundial. La   t&aacute;ctica utilizada para evaluar esta tarea,   una y otra vez, es citar la experiencia   vivida como funcionario del   gobierno americano y del BM respecto   de algunos pa&iacute;ses africanos y   del Este asi&aacute;tico.</p>     <p>   As&iacute;, el primer punto de estudio   es el papel desempe&ntilde;ado por estas   instituciones en el proceso actual de   globalizaci&oacute;n. Stiglitz se&ntilde;ala c&oacute;mo las   &uacute;ltimas reuniones del FMI, BM y la   OMC han terminado en conflictos y   disturbios, ejemplo: Praga, Seattle,   Washington y G&eacute;nova. La pregunta   que Stiglitz se formula es: &iquest;Por qu&eacute; la   globalizaci&oacute;n &#8211;una fuerza que ha producido   tanto bien&#8211; ha llegado a ser   tan controvertida? La respuesta parece   ser, que no obstante haber posibilitado   &#8220;la integraci&oacute;n m&aacute;s estrecha de   los pa&iacute;ses y los pueblos del mundo,   producto de la reducci&oacute;n de los costes   de transporte y comunicaci&oacute;n, y   el desmantelamiento de las barreras   artificiales a los flujos de bienes, servicios,   capitales y conocimiento&#8221;   (Cepal, 34), para la gran mayor&iacute;a de   los pa&iacute;ses en v&iacute;a de desarrollo se   convirti&oacute; en un karma reflejado en el   incremento de su pobreza. A pesar   de los intentos por reducir este flagelo,   en la &uacute;ltima d&eacute;cada el n&uacute;mero de   pobres ha aumentando en casi cien   millones. En 1990 hab&iacute;a 2.718 millones   de personas que viv&iacute;an con   menos de dos d&oacute;lares diarios. En   1998 el n&uacute;mero de pobres era estimado   en 2801 millones<a href="#(1)" name="#s(1)">1</a>. Los responsables   de este desastre social son los   partidarios de la globalizaci&oacute;n cuyo   &uacute;nico modelo es &#8220;el capitalismo triunfante   de estilo norteamericano&#8221;   (Cepal, 29).</p>     <p>   Aunque para Stiglitz la   globalizaci&oacute;n en s&iacute; misma no es   buena ni mala, el error para &eacute;l en principio   est&aacute; en la velocidad con que se   ha desarrollado. Instituciones como   el FMI, BM y la OMC han sido las   encargadas de presionar dicho comp&aacute;s.   La celeridad en la eliminaci&oacute;n   global de las barreras al movimiento   de capitales y el comercio no han   respetado el ritmo y las condiciones   propias que tiene cada pa&iacute;s para su   desarrollo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El autor indica c&oacute;mo el FMI ha   fracasado en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os,   respecto a la misi&oacute;n con la cual fue   creado en julio de 1944 por iniciativa   de la Naciones Unidas en la Conferencia   Monetaria y Financiera celebrada   en Breton Woods, New   Hampshire. La idea era crear una instituci&oacute;n   de car&aacute;cter colectivo, que trabajara   por mantener la estabilidad   econ&oacute;mica global, con el fin de evitar   crisis similares a la &#8220;Gran Depresi&oacute;n&#8221;   de 1930. Sin embargo, desde 1980,   &#8220;no hizo lo que supuestamente deb&iacute;a   hacer: aportar dinero a los pa&iacute;ses que   atravesaran coyunturas desfavorables   para acercarse nuevamente al pleno   empleo&#8221; (Cepal, 40). Una ayuda que   deb&iacute;a ser transitoria se convirti&oacute; en   permanente, lo que degener&oacute; en una   posici&oacute;n imperialista del FMI, pues   termin&oacute; gobernando sobre los pa&iacute;ses   en desarrollo. A&uacute;n m&aacute;s, ha usurpado   las funciones del BM, al ocuparse   tambi&eacute;n de cuestiones   estructurales de los pa&iacute;ses, como son   el gasto p&uacute;blico del gobierno, las instituciones   financieras, el mercado laboral   y sus pol&iacute;ticas comerciales. El   FMI adem&aacute;s de ocuparse de las variables   macroecon&oacute;micas de los pa&iacute;ses,   es decir, el d&eacute;ficit fiscal, su pol&iacute;tica   monetaria, su inflaci&oacute;n, su   d&eacute;ficit comercial y su deuda externa,   acab&oacute; anexando funciones que no   le compet&iacute;an.</p>     <p>   La orientaci&oacute;n keynesiana de la   funci&oacute;n de intervenci&oacute;n del Estado para mantener el pleno empleo,    fue   reemplazada en la d&eacute;cada de los   ochenta por la &#8220;mano invisible&#8221; del   mercado. Sin embargo, esta f&oacute;rmula   ha fallado, prueba de esto son los   errores en secuencia y ritmo que ha   cometido el &#8220;FMI en todas las &aacute;reas   en las que ha incursionado en el desarrollo,   manejo de crisis y transici&oacute;n   del comunismo al capitalismo&#8221;   (p. 43). La raz&oacute;n que Stiglitz arguye   para que esto haya acaecido est&aacute; en   que las decisiones en este organismo   se ejecutan en funci&oacute;n de criterios   ideol&oacute;gicos y pol&iacute;ticos. Adem&aacute;s,   la receta aplicada siempre fue   la misma para todos los pa&iacute;ses, sin   tener en cuenta sus particularidades   culturales y las consecuencias sobre   los seres humanos que hac&iacute;an   parte de estos pueblos. Stiglitz as&iacute; lo   expone, cuando particip&oacute; en la primera   administraci&oacute;n del presidente   Clinton: &#8220;Rara vez vi predicciones   sobre qu&eacute; har&iacute;an las pol&iacute;ticas con la   pobreza; rara vez vi discusiones y   an&aacute;lisis cuidadosos sobre las consecuencias   de pol&iacute;ticas alternativas: s&oacute;lo   hab&iacute;a una receta y no se buscaban   otras opiniones&#8221; (p. 16).</p>     <p>   Para Stiglitz, la raz&oacute;n que explica   este proceder se encuentra en los   esquemas mentales tanto de los pa&iacute;ses   desarrollados como subdesarrollados.   Para &eacute;l, a&uacute;n persiste la mentalidad   colonial, es decir, la carga del   hombre blanco y la presunci&oacute;n de   saber qu&eacute; es lo mejor para los pueblos   en desarrollo. Las misiones del   FMI se comportan de manera similar   a como lo hac&iacute;an los funcionarios   reales de la corona espa&ntilde;ola durante   la colonia, es decir, con desconocimiento   social, pol&iacute;tico y econ&oacute;mico   de los pueblos a los que pretenden   trasplantar el desarrollo. Para ellos el   desempleo es tan s&oacute;lo una estad&iacute;stica,   &#8220;un conteo de cuerpos econ&oacute;micos,   v&iacute;ctimas accidentales en la lucha   contra la inflaci&oacute;n o para   garantizar que los bancos occidentales   cobren. Los desempleados son   personas, con familias, cuyas vidas   resultan afectadas &#8211;a veces devastadas&#8211;   por las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas   que unos extra&ntilde;os recomiendan y, en   el caso del FMI, efectivamente imponen&#8221;   (p. 50).</p>     <p>   Stiglitz tambi&eacute;n se&ntilde;ala que el problema   de las instituciones econ&oacute;micas   internacionales subyace en qui&eacute;n   las gobierna, es decir, qui&eacute;n decide   qu&eacute; hacen. Adem&aacute;s, de qui&eacute;n habla   en nombre del pa&iacute;s. Para nadie es un   secreto que los encargados de tomar   las decisiones son los siete pa&iacute;ses   m&aacute;s industrializados, es decir, Estados   Unidos, Canad&aacute;, Alemania,   Francia, Italia, Reino Unido y Jap&oacute;n,   mediados por los intereses comerciales   y financieros de estos   pa&iacute;ses. En el FMI son los ministros   de Hacienda y los gobernadores de   los bancos centrales, representantes   de la &eacute;lite financiera de cada   pa&iacute;s los encargados de establecer   las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas que se   deben seguir en el resto del mundo.   En la OMC son lo ministros de   Comercio los que reflejan los intereses   del sector empresarial. Stiglitz   cita c&oacute;mo Robert Rubin, secretario   del Tesoro, durante el per&iacute;odo en   que &eacute;l fue vicepresidente del BM,   &#8220;ven&iacute;a del mayor banco de inversi&oacute;n,   Goldman Sachs, y acab&oacute; en   la empresa (Citigroup) que controla   el mayor banco comercial:   Citibank. El n&uacute;mero dos del FMI   durante este per&iacute;odo, Stan Fischer,   se march&oacute; directamente del FMI al   Citigroup&#8221; (p. 45).</p>     <p>   No obstante la cr&iacute;tica a los organismos   econ&oacute;micos multilaterales, el   inter&eacute;s de Stiglitz, manifiesto en el segundo   y tercer cap&iacute;tulos, es recalcar   la necesidad de que las instituciones   econ&oacute;micas internacionales respeten   las condiciones particulares de cada   pa&iacute;s al momento de realizar los ajustes   econ&oacute;micos; sin olvidar, el papel   relevante que tiene el Estado en dicho   proceso. Para ello describe los   &eacute;xitos alcanzados en pa&iacute;ses africanos   como Uganda, Etiop&iacute;a y Botsuana, al   igual que en el Este asi&aacute;tico,   espec&iacute;ficamente China, donde se   cumplieron los ritmos y las secuencias   de cada uno de ellos. Adem&aacute;s,   Stiglitz propone desarrollar convenios   en donde se tenga en cuenta el   plano pol&iacute;tico, &#8220;por ejemplo: estrategias   que incluyen la reforma agraria   pero no incluyen la liberalizaci&oacute;n   del mercado de capitales, que plantean   pol&iacute;ticas de competencia antes   de la privatizaci&oacute;n, que aseguran   que la creaci&oacute;n de puestos de trabajo   acompa&ntilde;e la liberalizaci&oacute;n comercial&#8221;   (p. 118).</p>     <p>   En el cap&iacute;tulo cuarto Stiglitz presenta   la cat&aacute;strofe econ&oacute;mica para los   pa&iacute;ses del Este asi&aacute;tico que fueron   obligados por el FMI ha realizar la   apertura indiscriminada de sus mercados   de capitales, concretamente:   Corea del Sur, Indonesia y Tailandia.   El producto final de este desajuste,   provocado por el movimiento incontrolado   de dinero en las bolsas asi&aacute;ticas,   fue la crisis en 1997 de las econom&iacute;as   emergentes.</p>     <p>   Stiglitz denuncia que lo absurdo   de la implementaci&oacute;n de esta pol&iacute;tica   subyace en el supuesto inter&eacute;s por   mejorar la situaci&oacute;n del sistema empresarial   y bancario, lo cual era un   exabrupto, pues la regi&oacute;n hab&iacute;a estado   creciendo durante las tres &uacute;ltimas   d&eacute;cadas con base en el ahorro interno   de los pa&iacute;ses. &iquest;Entonces por qu&eacute;   inducir la entrada masiva de capitales,   si no hac&iacute;an falta recursos para   generar desarrollo y crecimiento en   la regi&oacute;n? Aunque Stiglitz una vez   m&aacute;s determina como causa de esta   crisis el fundamentalismo del mercado   en cabeza del FMI y del Tesoro   norteamericano, no deja de nombrar   lo que &eacute;l denomina la &#8220;teor&iacute;a de la   conspiraci&oacute;n&#8221;, es decir, la maniobra   por debilitar las econom&iacute;as asi&aacute;ticas   con el fin de controlarlas v&iacute;a endeudamiento, pues ese era el resultado   despu&eacute;s de haber ejecutado los programas   de rescate.</p>     <p>   No obstante, Stiglitz tambi&eacute;n   expone c&oacute;mo pa&iacute;ses de esta regi&oacute;n   que no siguieron los preceptos del   FMI corrieron mejor suerte, casos   de Malasia y China, el primero por   resistirse al mandato del FMI y el   segundo por haber optado firmemente   desde 1970 por una   gradualidad respecto de la apertura   de sus mercados.</p>     <p>   Sin embargo, gran parte del   mundo en desarrollo no ha podido   aplicar sus propias reglas, Am&eacute;rica   Latina es una prueba de ello. El dec&aacute;logo   del Consenso de Washington,   dictado por el FMI y cuya esencia   espiritual para el orden   econ&oacute;mico es la mano invisible del   mercado, no ha generado bienestar;   al contrario, el resultado final &#8220;ha   sido favorecer a la minor&iacute;a a expensas   de la mayor&iacute;a, a los ricos a expensas   de los pobres&#8221; (p. 46).</p>     <p>   Los tres siguientes cap&iacute;tulos se   centran en el an&aacute;lisis del fracaso ruso   en la transici&oacute;n de una econom&iacute;a totalitaria   a una de mercado. El capitalismo   desarrollado en la &uacute;ltima d&eacute;cada   del siglo XX, que fue un curso   acelerado de econom&iacute;a de mercado,   qued&oacute; en evidencia con la crisis de   1998; los r&iacute;os de miel y leche prometidos   por EE.UU. y el FMI no brotaron.   La terapia de choque   implementada desde las oficinas del   FMI y del Tesoro norteamericano no   funcionaron y al contrario de generar   crecimiento, lo que provocaron fue   pobreza. Para Stiglitz la frustraci&oacute;n se   explica por el car&aacute;cter espec&iacute;fico del   proceso; la transici&oacute;n, m&aacute;s que un   cambio econ&oacute;mico, era una transformaci&oacute;n   social, es decir de las estructuras   sociales y pol&iacute;ticas: &#8220;parte de la   raz&oacute;n de los funestos resultados de   la transici&oacute;n econ&oacute;mica fue el no reconocimiento   de la centralidad de   estos otros componentes&#8221; (p. 177).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   As&iacute;, las medidas implementadas   por Rusia desde el principio   como eje articulador del cambio   fueron &uacute;nicamente econ&oacute;micas. El   primer paso fue la liberalizaci&oacute;n   instant&aacute;nea de precios, que &#8220;desat&oacute;   una inflaci&oacute;n que liquid&oacute; los   ahorros y situ&oacute; la cuesti&oacute;n de la   macroestabilidad en el primer lugar   de la agenda&#8221; (p. 183). De aqu&iacute;   en adelante las pol&iacute;ticas centrales   del modelo fueron estabilizaci&oacute;n, liberalizaci&oacute;n   y privatizaci&oacute;n, con el   agravante que el proceso se inici&oacute;   sin ning&uacute;n marco regulatorio, lo   que confluy&oacute; en una situaci&oacute;n de   corrupci&oacute;n end&eacute;mica. Por lo tanto,   los rusos &#8220;intentaron tomar un atajo   hacia el capitalismo y crear una   econom&iacute;a de mercado sin instituciones   fundamentales, e instituciones   sin un marco institucional b&aacute;sico&#8221;   (p. 181).</p>     <p>   Para Stiglitz fue el FMI el responsable   de esta crisis, ya que los   lineamientos trazados por esta instituci&oacute;n   no funcionaron; medidas tales   como la privatizaci&oacute;n, que hacen   parte de la receta obligatoria para que   el FMI ayude a los pa&iacute;ses en problemas,   no dieron resultado: &#8220;es f&aacute;cil   privatizar a marchas forzadas si uno   no presta atenci&oacute;n a c&oacute;mo se privatiza,   y si en esencia se trata de entregar   valiosa propiedad estatal a los   amigos de uno&#8221; (p. 186). Luego la   privatizaci&oacute;n en lugar de contribuir al   desarrollo econ&oacute;mico ruso, lo que   gener&oacute; fue desconfianza en las reformas.   El ejemplo m&aacute;s elocuente de   este proceso fue el programa de   pr&eacute;stamos a cambio de acciones estatales,   a trav&eacute;s del cual el gobierno   ruso obtuvo recursos econ&oacute;micos   de los bancos privados. El problema   fue que el Estado no pudo cubrir la   deuda y &#8220;los bancos se quedaron   con las compa&ntilde;&iacute;as en lo que cabe   considerar como ventas fingidas   (aunque las autoridades realizaron   subastas de puro teatro) y unos pocos   oligarcas se convirtieron en millonarios   en un instante&#8221; (p. 204).</p>     <p>   Para Stiglitz, estos comportamientos   asumidos durante el proceso   de transici&oacute;n rusa socavaron el   contrato social que un&iacute;a al gobierno   con sus ciudadanos, debido al   resquebrajamiento del capital social,   es decir, las reglas de juego dentro   de una sociedad. &#8220;Uno no se enriquec&iacute;a   trabajando duro o invirtiendo,   sino empleando los contactos pol&iacute;ticos   para conseguir barata la propiedad   estatal en las privatizaciones&#8221; (p.   206). La denuncia de Stiglitz apunta   en direcci&oacute;n al error cometido por el   FMI, el cual solo se centr&oacute; en los   ajustes macroecon&oacute;micos, dejando   de lado los problemas de pobreza,   desigualdad y capital social.</p>     <p>   A pesar de las claras evidencias   de corrupci&oacute;n en Rusia, el FMI lider&oacute;   el plan de rescate cuando estall&oacute; la   crisis en 1998, al punto que del paquete   de salvamento estimado en   22.600 millones de d&oacute;lares, el FMI   coloc&oacute; 11.200. Este dinero s&oacute;lo sirvi&oacute;   para que los inversionistas locales   y extranjeros lograran ponerse a   salvo, al trasladar sus d&oacute;lares a cuentas   en el exterior. Stiglitz se&ntilde;ala una   doble moral en esta actuaci&oacute;n, ya que   &#8220;a los pa&iacute;ses peque&ntilde;os y no estrat&eacute;gicos,   como Kenia, se les denegaba   el cr&eacute;dito debido a la corrupci&oacute;n, pero   se segu&iacute;a prestando dinero a pa&iacute;ses   como Rusia, donde la corrupci&oacute;n alcanzaba   un nivel muy superior&#8221; (p.   191). Esta acci&oacute;n ubica al FMI como   una instituci&oacute;n pol&iacute;tica, pues el rescate   econ&oacute;mico ruso en 1998 obedeci&oacute;   a un inter&eacute;s por mantener a   Boris Yeltsin en el poder. Adem&aacute;s, las   pol&iacute;ticas del FMI estuvieron en consonancia   con las opiniones emanadas   por las directivas del Tesoro,   quienes &#8220;estaban atemorizados por el   peligro de un retroceso hacia el comunismo&#8221;   (p. 214), de ah&iacute; la determinaci&oacute;n   de realizar un ajuste econ&oacute;mico   r&aacute;pido, y no gradualista. Para Stiglitz, lo que en gran medida determin&oacute;   el rev&eacute;s ruso fueron los intereses   econ&oacute;micos americanos en cabeza   del sector financiero y comercial,   junto con la ideolog&iacute;a predominante   en la comunidad financiera.</p>     <p>   En el cap&iacute;tulo s&eacute;ptimo Stiglitz   llama la atenci&oacute;n sobre la posibilidad   de encontrar mejores caminos   hacia el mercado que los propuestos   hasta ahora por el FMI. Para   sustentar esto se&ntilde;ala los &eacute;xitos alcanzados   por Polonia y China, pa&iacute;ses   que siguieron estrategias diferentes   a las ofertas realizadas por el   Consenso de Washington. El rasgo   com&uacute;n de estos dos procesos   ha sido una pol&iacute;tica gradualista de   liberalizaci&oacute;n. Polonia &#8220;no emprendi&oacute;   una veloz privatizaci&oacute;n y no   puso el control de la inflaci&oacute;n a niveles   cada vez m&aacute;s reducidos por   encima de todas las dem&aacute;s consideraciones   macroecon&oacute;micas&#8221; (p.   230). No obstante, s&iacute; tom&oacute; otras   precauciones, como construir el   apoyo democr&aacute;tico a las reformas,   ajustar las pensiones a la inflaci&oacute;n y   crear la infraestructura institucional   para una econom&iacute;a de mercado. El   caso chino comienza en la agricultura,   &#8220;con el movimiento desde el   sistema de producci&oacute;n comunal (colectivo)   hacia el sistema de la responsabilidad   individual; en la pr&aacute;ctica   una privatizaci&oacute;n parcial&#8221; (p.   231). El gobierno central chino se   preocup&oacute; tanto por la estabilidad   como por el crecimiento, pero el eje   de su pol&iacute;tica econ&oacute;mica fundamentalmente   fue la creaci&oacute;n de competencia,   nuevas empresas y empleos.   La estrategia de estos dos pa&iacute;ses fue   relativamente sencilla, y consisti&oacute; en   no demoler tan r&aacute;pido el sistema del   cual ven&iacute;an; muy distinto a lo que sucedi&oacute;   con Rusia, donde la consigna   fue privatizar lo m&aacute;s pronto posible.   &#8220;La iron&iacute;a final es que muchos de los   pa&iacute;ses que adoptaron pol&iacute;ticas m&aacute;s   graduales pudieron acometer reformas   m&aacute;s profundas m&aacute;s r&aacute;pidamente&#8221;   (p. 235).</p>     <p>   Los dos &uacute;ltimos cap&iacute;tulos son   una propuesta para una &#8220;nueva   agenda&#8221;, recomendaciones que   Stiglitz hace a la falta de coherencia   te&oacute;rica del FMI. Aunque &eacute;ste fue creado   para corregir los fallos del mercado   internacional, hoy sus economistas   creen dogm&aacute;ticamente que son   los mercados los encargados de enmendar   estas imperfecciones.</p>     <p>   As&iacute;, &#8220;el FMI hoy visiblemente rechaza   las ideas de Keynes, a mi juicio   no ha articulado una teor&iacute;a coherente   de los fallos del mercado que   justificar&iacute;a su propia existencia y proporcionar&iacute;a   una justificaci&oacute;n racional   de sus intervenciones concretas en   los mercados&#8221; (p. 248). Prueba de   ello es lo que sucede con el mercado   cambiario, en donde el FMI interviene   cuando ocurre alguna crisis, a   pesar que la teor&iacute;a indica que los tipos   de cambio, como cualquier precio,   son determinados por el mercado.   El papel del FMI con esta   pol&iacute;tica no ha servido sino para favorecer   a los especuladores. &#8220;Por   ejemplo, cuando el FMI y el Gobierno   brasile&ntilde;o gastaron 50.000 millones   de d&oacute;lares para sostener el tipo   de cambio en un nivel sobrevaluado   a finales de 1998, &iquest;a d&oacute;nde fue el   dinero?&#8221; (p. 251).</p>     <p>   Stiglitz cita otra situaci&oacute;n en la   cual el FMI evidencia su incoherencia:   cuando impone un r&eacute;gimen de   austeridad en aquellos pa&iacute;ses en problemas,   con el objeto de recuperar la   confianza de los inversores. Sin embargo,   lo que muestra la realidad es   que su af&aacute;n por evitar el &#8220;contagio&#8221;   de otros pa&iacute;ses, termina provocando   precisamente dicho efecto, pues los   llamados ajustes significan exportar   la recesi&oacute;n a los vecinos.</p>     <p>   Otro ejemplo de la incoherencia   del FMI es el relacionado con el manejo   que dicha instituci&oacute;n realiza de   las bancarrotas. En la econom&iacute;a de   mercado, si un ente financiero realiza   un mal pr&eacute;stamo, las consecuencias   corren por cuenta del mismo. Sin   embargo, lo que el FMI patrocina es   el rescate de los acreedores, al facilitarles   el dinero a los gobiernos para   que cubran las deudas. El resultado:   pa&iacute;ses m&aacute;s endeudados y prestamistas   m&aacute;s ricos. Dicha situaci&oacute;n se present&oacute;   en Rusia en 1998. &#8220;En este   caso, aunque los acreedores de Wall   Street estaban prestando dinero a   Rusia, al mismo tiempo hac&iacute;an saber   cu&aacute;n grande ser&iacute;a el rescate...&#8221; (p.   254). Por lo tanto, el adagio popular   &#8220;la cura resulta m&aacute;s cara que la enfermedad&#8221;   define en forma concreta   los problemas de coherencia del FMI.</p>     <p>   En el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo Stiglitz hace   su gran aporte al enunciar de manera   concisa lo que &eacute;l considera que debe   ser la &#8220;nueva agenda&#8221; de las instituciones   econ&oacute;micas internacionales,   de tal manera que cumplan con su   misi&oacute;n de mantener el equilibrio econ&oacute;mico   mundial. Stiglitz se&ntilde;ala como   condici&oacute;n indispensable para alcanzar   estas metas, redise&ntilde;ar las instituciones,   al igual que todo el proceso   de globalizaci&oacute;n. Los siete puntos de   la agenda son los siguientes:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   1. Aceptaci&oacute;n de los peligros   que conlleva la liberalizaci&oacute;n de los   mercados de capitales y los flujos   de capital de corto plazo (dinero caliente),   ya que imponen abultadas   externalidades, lo cual significa mayores   costes para quienes no son   parte activa en el proceso de transacciones.</p>     <p>   2. Es imperioso fijar reglas claras   sobre las quiebras y moratorias,   para que prestamistas e inversores en   econom&iacute;as emergentes no se atengan   a las pol&iacute;ticas de salvamento de   acreedores por parte del FMI; y as&iacute;   no estimular el tipo de pr&eacute;stamos temerarios   tan comunes en el pasado.</p>     <p>   3. Destinar menos recursos a   los rescates econ&oacute;micos de los   acreedores occidentales, pues este dinero permite que se cobre m&aacute;s de   lo que se habr&iacute;a cobrado en otras   circunstancias.</p>     <p>   4. Es imprescindible tener una   regulaci&oacute;n bancaria transparente, tanto   en los pa&iacute;ses desarrollados como   en v&iacute;a de desarrollo, con el objeto de   no patrocinar pr&aacute;cticas de pr&eacute;stamos   que fomenten la inestabilidad econ&oacute;mica.   Se necesita una aproximaci&oacute;n   a la regulaci&oacute;n m&aacute;s amplia, menos   ideol&oacute;gica, adaptada a las capacidades   y circunstancias de cada pa&iacute;s. </p>     <p>5. Se debe persuadir una mejor   gesti&oacute;n del riesgo con respecto a la   volatilidad de los tipos de cambio.   Los pa&iacute;ses en desarrollo deben   aprender a manejar esos peligros,   probablemente mediante la compra   de seguros contra tales fluctuaciones   en los mercados internacionales   de capitales. </p>     <p>6. En relaci&oacute;n con lo anterior,   dentro de la gesti&oacute;n del riesgo, es   necesario tener mejores redes de   seguridad que salvaguarden a la   poblaci&oacute;n m&aacute;s fr&aacute;gil de los pa&iacute;ses   en crisis, lo que significa por ejemplo   incluir programas de seguro de   desempleo. </p>     <p>7. Finalmente Stiglitz sugiere   construir mejores respuestas a las   crisis. Los antecedentes muestran que   la actuaci&oacute;n del FMI en 1997-1998   fue desastrosa. As&iacute; las &#8220;respuestas   ante las crisis financieras futuras deber&aacute;n   situarse en un contexto social   y pol&iacute;tico&#8221; (p. 299). En otras palabras,   Stiglitz reclama que el FMI juegue   el rol para el cual fue creado, es   decir, proveer financiaci&oacute;n para activar   la demanda en los pa&iacute;ses que se   encuentran en recesi&oacute;n. Frente a dicha   situaci&oacute;n el autor es sumamente   cr&iacute;tico al decir &#8220;por qu&eacute; cuando   EE.UU. atraviesa una recesi&oacute;n aboga   por una pol&iacute;tica fiscal y monetaria   expansiva, y cuando la atraviesan   ellos se insiste en justo lo contrario&#8221;   (p. 299).</p>     <p>   A manera de colof&oacute;n, Stiglitz dictamina   que lo que se necesita es una   globalizaci&oacute;n con un rostro m&aacute;s humano,   es decir, &#8220;m&aacute;s justa y m&aacute;s eficaz   para elevar los niveles de vida,   especialmente de los pobres. No se   trata s&oacute;lo de cambiar estructuras   institucionales. El propio esquema   mental entorno a la globalizaci&oacute;n   debe modificarse&#8221; (p. 307). Para ello,   &eacute;l manifiesta su esperanza de cambio   en las instituciones econ&oacute;micas internacionales,   dada las transformaciones   observadas en el BM. Adem&aacute;s,   prescribe la necesidad de modificar   el concepto de ayuda implementado   por el sistema financiero mundial, ya   que &eacute;ste se limitan ha designar condiciones   respecto del auxilio, olvidando   que los pa&iacute;ses se resienten por   las reformas, y realmente no las asumen   ni se comprometen con ellas.   Stiglitz tambi&eacute;n demanda una condonaci&oacute;n   de la deuda para que los pa&iacute;ses   en desarrollo puedan crecer.</p>     <p>   Sin embargo, resulta curioso   que Stiglitz reclame de los pa&iacute;ses en   desarrollo una posici&oacute;n m&aacute;s   proactiva, cuando &eacute;l mismo sabe que   uno de los principios elementales del   capitalismo es someter al otro, es   decir imponer condiciones. &Eacute;l deja en   manos de estos pa&iacute;ses la decisi&oacute;n de   aceptar la ayuda internacional; as&iacute;   &#8220;los pa&iacute;ses pueden elegir, y entre sus   opciones figura el grado al que desean   someterse a los mercados internacionales   de capitales&#8221; (p. 308).</p>     <p>   No obstante, &eacute;l mismo afirma que &#8220;la   globalizaci&oacute;n, tal como ha sido defendida,   a menudo parece sustituir las   antiguas dictaduras de las &eacute;lites nacionales   por las nuevas dictaduras de   las finanzas internacionales. A los   pa&iacute;ses, de hecho, se les avisa que si   no respetan determinadas condiciones,   los mercados de capitales o el   FMI se negar&aacute;n a prestarles dinero&#8221;   (p. 308). Entonces, &iquest;cu&aacute;l autodeterminaci&oacute;n   al momento de tomar sus   2 Portafolio, martes 14 de enero 2003.   propias decisiones, si la estabilidad   econ&oacute;mica, social y pol&iacute;tica de un   pa&iacute;s depende de unos pr&eacute;stamos?   Adem&aacute;s, &iquest;qu&eacute; clase dirigente estar&iacute;a   dispuesta ha exponer sus privilegios   de poder a cambio de sobrevivir s&oacute;lo   con los recursos nacionales, si eso   probablemente los pondr&iacute;a en la picota   p&uacute;blica frente a sus gobernados?   Por eso la deuda sigue creciendo,   y los organismos financieros   multilaterales prestando.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Colombia parece ser el vivo reflejo   de esta situaci&oacute;n; el actual gobierno   tuvo que someterse a las condiciones   que le dict&oacute; el FMI, es decir,   implementar la reforma pensional, laboral   y tributaria, con el fin de obtener   los recursos necesarios para gobernar   durante los pr&oacute;ximos cuatro   a&ntilde;os. El aval del Fondo Monetario   Internacional le permitir&aacute; a Colombia   &#8220;acceder a los mercados de capitales   en mejores condiciones, al mismo   tiempo que activar&aacute; los recursos pactados   con la banca multilateral&#8221;<a href="#(2)" name="#s(2)">2</a>. Lo   &uacute;nico es que Colombia tiene que aplicar   la f&oacute;rmula, es decir, disminuci&oacute;n   del gasto p&uacute;blico, control de la inflaci&oacute;n   y tasas de inter&eacute;s competitivas   con la devaluaci&oacute;n. As&iacute;, a pesar de   los fracasos experimentados en distintas   latitudes del mundo, el FMI sigue   con la misma receta recesiva; la   nueva agenda sigue siendo una quimera   para nosotros.</p>     <p>   No obstante, el trabajo de Stiglitz   es sumamente productivo al se&ntilde;alar   los responsables del desequilibrio   econ&oacute;mico, social y pol&iacute;tico. La opini&oacute;n   cr&iacute;tica emanada de alguien   como &eacute;l, que conoce el mundo financiero   internacional, es determinante   al momento de evaluar el proceso   de globalizaci&oacute;n. El ajuste de   cuentas que Stiglitz hace al Consenso   de Washington, en cabeza del FMI   y el Departamento del Tesoro americano,   fue m&aacute;s que justo para m&aacute;s de la mitad de la humanidad que vive    en   condiciones de pobreza. Nadie desconoce   que la globalizaci&oacute;n es importante   en la medida que permite un   intercambio masivo de conocimiento   e ideas, lo cual seguramente edifica   sociedades m&aacute;s democr&aacute;ticas y justas;   lo que s&iacute; resulta negativo es la   ideolog&iacute;a del libre mercado como   mecanismo de equilibrio econ&oacute;mico   global. La autorregulaci&oacute;n no ha funcionado   y, como Stiglitz lo enuncia,   es necesaria la participaci&oacute;n del Estado.   La teor&iacute;a keynesiana parece tener   hoy m&aacute;s vigencia que nunca.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Fabi&aacute;n Ricardo Acu&ntilde;a Calder&oacute;n</b>      <br> Profesor      <br> Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas      <br> Universidad Nacional de Colombia       <br>E-mail: <a href="mailto:fracuna@hotmail.com">fracuna@hotmail.com</a></p> </font>      ]]></body>
</article>
