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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p>    <br></p>     <p>    <br></p>     <p>       <center>     <font size="4"><b>    El conflicto de Chechenia     </b></font>   </center> </p>     <p>       <center>     Carlos Taibo, Madrid: Los Libros de la     Catarata, 2005, 3&ordf; edici&oacute;n, 199 p&aacute;gs.   </center> </p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br></p>     <p>  <i>El conflicto de Chechenia</i> es una   invitaci&oacute;n a conocer en profundidad   las claves del conflicto en este   pa&iacute;s, que en el &uacute;ltimo decenio ha   dejado un saldo de destrucci&oacute;n   sin comparaci&oacute;n en el planeta. A   ello debe sumarse el lamentable   hecho de que cuanto m&aacute;s al sur   se produzca un conflicto, menor   atenci&oacute;n genera en los medios de   comunicaci&oacute;n y, por ende, en las   sociedades del norte. Adem&aacute;s, entre   la sociedad cal&oacute; la propaganda   del gobierno ruso, que describe   a los chechenos como atrasados   meridionales impregnados de fundamentalismo   y biol&oacute;gicamente   entregados al ejercicio del terror y   de las pr&aacute;cticas mafiosas.</p>     <p>  Tres observaciones preliminares   plantea el autor en el pr&oacute;logo del   texto: 1&ordf;. No hay ning&uacute;n factor   que, por encima de los otros, ofrezca   una explicaci&oacute;n suficiente de lo   que ocurre en Chechenia. 2&ordf;. La   informaci&oacute;n estad&iacute;stica de la que   se dispone no es muy fiable. 3&ordf;.   El comportamiento de los agentes   que operan sobre el terreno no es   sencillo de explicar.</p>     <p>  En concordancia con lo anterior,   Taibo resalta que el conflicto de   Chechenia refleja tres hechos importantes:   el rechazo ontol&oacute;gico   de los nacionalismos como tarea   delicada. No se puede encontrar   un argumento serio que permita   respaldar las impresentables pol&iacute;ticas   avaladas en Chechenia por las   autoridades rusas, bajo Boris Yeltsin   y Vladimir Putin; el conflicto   checheno revela las incongruencias   de los pa&iacute;ses del norte que asumen   actitudes concesivas ante los amigos,   mientras aplican fatales medidas   a los enemigos. Un ejemplo   de ello es la actitud de la Uni&oacute;n   Europea pues, desde el 11 de septiembre   de 2001, sus responsables   ya no miran hacia otro lado cuando   se habla de Chechenia, por el   contrario, le dan palmaditas en el   hombro al presidente Putin; esta   doble moral de acatamiento del   todo y de silencio ostentoso ante   los efectos del terror de Estado   producen un miedo real, que deja   m&aacute;s que en entredicho la credibilidad   de la Uni&oacute;n Europea y otros   organizaciones internacionales.</p>     <p>  En el primer cap&iacute;tulo, titulado “El   Entorno”, se plantea c&oacute;mo la injerencia   de Mosc&uacute; en los asuntos   internos de los Estados que formalmente   se declaran soberanos,   obedece a su l&oacute;gica neoimperial,   demostrada en los tres &uacute;ltimos   lustros con sus actitudes intervensionistas.</p>     <p>  Chechenia, uno de los m&aacute;s peque&ntilde;os   pa&iacute;ses situados al norte de la   cordillera del C&aacute;ucaso, ha sido una   tierra de fricci&oacute;n entre culturas y   religiones, donde no se ha producido   nunca ni una plena rustificaci&oacute;n   ni una cabal musulmanizaci&oacute;n; de   hecho, la imagen de los chechenos   a trav&eacute;s de la literatura local y rusa   es de gentes hospitalarias y orgullosas.   A diferencia de otros pueblos   del C&aacute;ucaso septentrional, no   conocieron ni el feudalismo, ni la   sumisi&oacute;n a soberanos, y desde hace   mucho tiempo su organizaci&oacute;n social   se asienta en unos doscientos   <i>teipi</i> o clanes.</p>     <p>  Chechenia era uno de los territorios   menos urbanizado de la Federaci&oacute;n   Rusa, y la presencia de rusos   en su territorio es significativa en   centros urbanos como Grozni. La   mayor&iacute;a de los chechenos son musulmanes   sunn&iacute;es, pero hace muy   poco se han externalizado signos   importantes de identidad religiosa.</p>     <p>  Secuela del proceso de fragmentaci&oacute;n   del C&aacute;ucaso septentrional   en 1936, aparece una nueva constituci&oacute;n   que dio nacimiento a la   Rep&uacute;blica Socialista Sovi&eacute;tica Aut&oacute;noma (RSSA) de Chechenia-Ingushetia,   que en 1944 fue abolida,   decret&aacute;ndose a la vez la deportaci&oacute;n   del grueso de su poblaci&oacute;n. Finalmente,   tras muchos avatares, la   RSSA de Chechenia fue restablecida   en 1957. Durante 1964-1982 se   consolidaron instituciones propias   que despu&eacute;s sirvieron para reforzar   el discurso nacionalista checheno:   en este lapso, la corrupci&oacute;n se extendi&oacute;   y, gracias a la industria del   petr&oacute;leo, Chechenia se convirti&oacute;   en un gigante industrial en la zona.   En el oto&ntilde;o de 1990, Chechenia   fue una de las rep&uacute;blicas aut&oacute;nomas   del C&aacute;ucaso septentrional que   se declararon soberanas y reivindicaron   una condici&oacute;n semejante a la   que disfrutaban Armenia, Azerbaiy&aacute;n   y Georgia.</p>     <p>  En cuanto a la econom&iacute;a, Chechenia   fue v&iacute;ctima, como otras tantas   rep&uacute;blicas de la vieja URSS, de una   especializaci&oacute;n en el trabajo que gener&oacute;   una muy alta dependencia, y   en parte por ello presenta un escaso   desarrollo de las prestaciones sociales,   as&iacute; como altas tasas de mortalidad   infantil, desempleo, contaminaci&oacute;n, c&aacute;ncer y tuberculosis.</p>     <p>  El cap&iacute;tulo 2, “la Chechenia de   Dud&aacute;yev (1991-1994)”, presenta la   reacci&oacute;n de las autoridades rusas   ante la independencia de Chechenia,   que fue, en el inicio, bastante   pasiva. El visible apoyo popular   recibido por el presidente Dud&aacute;yev   (85%) le permiti&oacute; consolidar una   direcci&oacute;n autoritaria y personal,   en cuyo trasfondo estaba un pacto   con muchos dirigentes de los   clanes locales, una activa militarizaci&oacute;n   de todas las relaciones y un   visible crecimiento del poder de   redes mafiosas que operaban tanto   dentro como fuera de territorio. La   Chechenia de Dud&aacute;yev logr&oacute; proveerse   de un arsenal que, aunque   poco sofisticado e insuficiente, era significativo para sus planes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  Taibo explica c&oacute;mo se dio una clara   y abierta confrontaci&oacute;n entre   el Presidente y el Parlamento, que   fue disuelto por &eacute;ste. Entretanto,   Mosc&uacute; instrumentaliz&oacute; la oposici&oacute;n   generada en Chechenia, donde   la situaci&oacute;n era dram&aacute;tica en lo   social, lo pol&iacute;tico y lo econ&oacute;mico,   punto &uacute;ltimo que se agrav&oacute; con el   embargo declarado por la Federaci&oacute;n   Rusa, pero que se sobrellev&oacute;   gracias a las actividades de las redes   mafiosas. As&iacute;, Dud&aacute;yev se neg&oacute; a   firmar el tratado de la Federaci&oacute;n   propuesto por Yeltsin en marzo de   1992, y logr&oacute; boicotear el referendo   constitucional y las elecciones de rusas de diciembre de 1993.</p>     <p>  La pol&iacute;tica nacional de la Federaci&oacute;n   Rusa apuntaba cada vez de   forma m&aacute;s directa a una centralizaci&oacute;n   sin concesiones, que sin embargo   no produc&iacute;a en la realidad los efectos deseados.</p>     <p>  El tercer cap&iacute;tulo, “La primera guerra   ruso-chechena postsovi&eacute;tica   (1994-1996)”, describe c&oacute;mo a pesar   se que se percib&iacute;a un eventual reconocimiento   <i>de facto</i> por parte de la   Federaci&oacute;n Rusa ante Chechenia,   en diciembre de 1994 se produjo   una inesperada intervenci&oacute;n del   ej&eacute;rcito ruso con el fin de culminar   con el proceso independentista originado   en 1991. Para el autor, esta   intervenci&oacute;n obedeci&oacute; entre otras   razones a: el hecho de que la independencia   chechena contradec&iacute;a   el discurso imperial ruso; el truco   de buscar enemigos externos para   distraer la mirada de la poblaci&oacute;n   que sufre problemas econ&oacute;micos y   sociales; el car&aacute;cter geoestrat&eacute;gico   de Chechenia y sus reservas de petr&oacute;leo,   y la presencia de oleoductos   y gasoductos; poner freno a la extensi&oacute;n   del ejemplo chechenio: “cerrar   la puerta con energ&iacute;a para que vibren los cristales de los vecinos”.</p>     <p>  La intensidad de la intervenci&oacute;n   rusa fue brutal, pero la resistencia   logr&oacute; soportar el ataque. Sin embargo,   el autor esboza la tesis de   que en realidad no fueron los leales   a Dud&aacute;yev quienes dieron forma a   la guerrilla, sino un genuino fen&oacute;meno   de revuelta popular, donde la   participaci&oacute;n de muchos no se sustentaba   en ideales o convicciones,   sino en la defensa de sus hogares y   familias. Entretanto, la crisis pol&iacute;tica   en Rusia fue aguda y la figura   e imagen de Yeltsin empeoraron: la   poblaci&oacute;n se volc&oacute; contra &eacute;l, pues   deseaban deshacerse de los chechenos,   por un innegable desprecio y   xenofobia, que asociaba al checheno con mafia y terrorismo.</p>     <p>  En mayo de 1996, tras la muerte de   Dud&aacute;yev, su sucesor Yandarb&iacute;ev y   Yeltsin firmaron un documento que   implicaba la orden de alto el fuego   y la organizaci&oacute;n de un refer&eacute;ndum   sobre el estatus de Chechenia. Esto   favorec&iacute;a la imagen de Yeltsin de   cara a las pr&oacute;ximas elecciones. Sin   embargo, 14 d&iacute;as despu&eacute;s de celebradas   las elecciones y ratificado   Yeltsin como presidente, el ej&eacute;rcito   ruso asest&oacute; un nuevo ataque en   julio, pero el espectacular fracaso   hizo que en cuesti&oacute;n de horas la resistencia   chechena se hiciera con el pleno control de Grozni.</p>     <p>  Un nuevo acuerdo llegar&iacute;a en agosto,   bajo el nombre de Jasaviurt, y,   en cumplimiento a lo acordado en &eacute;l, Yeltsin orden&oacute; la retirada de los contingentes rusos presentes en Chechenia; as&iacute;, las relaciones entre Rusia y Chechenia pasaron a ser de derecho internacional. En adelante, Chechenia vivi&oacute; como un Estado independiente, y Masj&aacute;dov logr&oacute; el 65% de los votos en las elecciones de enero de 1997. Sin embargo, los problemas estuvieron al orden del d&iacute;a y las tensiones con el Parlamento hicieron que &eacute;ste fuera disuelto, con los clanes y con sectores sometidos al islamismo m&aacute;s radicalizado. Esta es la tem&aacute;tica del cap&iacute;tulo cuarto, “El acuerdo de Jasaviurt y el interregno de paz y caos (1996-1999)”.</p>     <p>  El caos se extendi&oacute; a una econom&iacute;a   que padec&iacute;a los efectos de la   destrucci&oacute;n de muchas infraestructuras, y que sobreviv&iacute;a de las remisas,   los secuestros, el narcotr&aacute;fico   y dem&aacute;s actividades mafiosas. La   destrucci&oacute;n generada durante la   guerra en Chechenia cancel&oacute; toda   posibilidad de recuperaci&oacute;n industrial,   agr&iacute;cola y ganadera.</p>     <p>  En agosto de 1999, el panorama   se ensombreci&oacute; a&uacute;n m&aacute;s pues una   guerrilla wahab&iacute; que se despleg&oacute;   a Daguest&aacute;n, bajo la direcci&oacute;n de   Bas&aacute;yev, pretend&iacute;a acelerar la configuraci&oacute;n   de una rep&uacute;blica isl&aacute;mica.   Sus acciones incluyeron colocaci&oacute;n   de bombas y atentados que   se saldaron con m&aacute;s de tres centenares   de muertos; la respuesta fue   un cambio en la opini&oacute;n p&uacute;blica y   de los partidos pol&iacute;ticos rusos que   ahora aprobaban y respaldaban   mayoritariamente la permanencia   y las acciones del ej&eacute;rcito ruso en Chechenia.</p>     <p>“La segunda guerra ruso-chechena   postsovi&eacute;tica (1999-2004)”, iniciada   el 1° de octubre de 1999, con   Putin como primer ministro y con   la invasi&oacute;n de m&aacute;s de 140.000 soldados   rusos a una Chechenia de   poco m&aacute;s de 500.000 habitantes,   demostr&oacute; el objetivo de cancelar el   acuerdo de 1996 y dar por terminado   el proceso de secesi&oacute;n iniciado   en 1991. La novedad que el autor   plantea en esta segunda guerra es   el exhaustivo y eficiente control del   Kremlin sobre los medios de comunicaci&oacute;n;   por ello, la informaci&oacute;n   que se transmit&iacute;a era la que el Gobierno   deseaba, y desea, en general   sobre la heroica vida de combate   de las unidades federales, cr&oacute;nicas   sobre la maldad de los chechenos y   sobre qui&eacute;n debe dirigirlos.</p>     <p>  Para Taibo, la principal diferencia   entre Yeltsin y Putin es que   mientras el primero ten&iacute;a una baja   popularidad, pose&iacute;a una gran autoridad,   y el segundo disfruta de   gran popularidad, pero carec&iacute;a de   autoridad. As&iacute; mismo, para &eacute;l, la   apuesta recentralizadora propuesta   por Putin no plantea la soluci&oacute;n   para un pa&iacute;s inmenso que muestra   diferencias significativas entre   quienes lo integran, mientras, adem&aacute;s,   crecen la burocratizaci&oacute;n, la   ineficacia y la corrupci&oacute;n del Estado   federal ruso.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  Para finalizar, en el quinto cap&iacute;tulo   se concluye que gran parte de la   financiaci&oacute;n y el armamento de la   guerrilla proced&iacute;a de Rusia, y no   de redes como Al Qaeda, lo cual   debilita el argumento del islamismo   radical internacionalmente organizado   como clave del conflicto   checheno.</p>     <p>  Son muchas las organizaciones y   los analistas internacionales de   derechos humanos que han denunciado   la t&eacute;trica situaci&oacute;n que las acciones   del ej&eacute;rcito y la polic&iacute;a rusa   han generado en Chechenia, convirti&eacute;ndolo   en <i>un conflicto enquistado</i>:   torturas, ejecuciones sumarias,   muertes, incomunicaci&oacute;n durante   periodos prolongados y negativa a   aceptar la asistencia de abogados   son entre otras las formas que ha   tomado el terrorismo de Estado   que ahora rivaliza y hasta supera   en crueldad a la resistencia. Sin   embargo, la resistencia no ha sido   menos cruel en violaci&oacute;n a los derechos   humanos; los acontecimientos   del metro de Mosc&uacute; en febrero y la   escuela de Besl&aacute;n en septiembre de   2004 son prueba de ello, a pesar de   que en el segundo caso se rehus&oacute;   a utilizar el adjetivo de checheno   para los miembros del comando,   a quienes se calific&oacute; como terrositas   internacionales, tal vez debido   a que parte de la opini&oacute;n p&uacute;blica   rusa empezaba a dudar de los proyectos   de Putin y de la eficacia de   los servicios de inteligencia y seguridad.</p>     <p>  Con Putin en la presidencia se ha   adelantado un programa de normalizaci&oacute;n   para Chechenia, sin   respeto por la democracia y con el   designio de forjar unas instituciones   supeditadas a las instrucciones   de Mosc&uacute;. Sin embargo, este   programa ha fracasado, como lo   muestra la realidad, en lo pol&iacute;tico,   lo econ&oacute;mico y lo social. Por ello   y ante la evidencia de que ninguna   de las partes puede imponerse militarmente   a la otra, el autor explica   que es innegable que antes o despu&eacute;s   tiene que abrirse un proceso   de negociaci&oacute;n pol&iacute;tico, en el cual   no debe olvidarse que Chechenia   es una rep&uacute;blica, donde m&aacute;s del   90% son chechenos aut&oacute;ctonos,   hecho que para muchos es raz&oacute;n   suficiente para su independencia.</p>     <p>  En el cap&iacute;tulo 7, “La trama internacional”,   se expone la pol&iacute;tica exterior   rusa de la segunda mitad de   la d&eacute;cada de los noventa, marcada   por la contradicci&oacute;n de que, por un   lado, mostraba sus presunciones de   independencia de las potencias occidentales,   pero, por el otro, ced&iacute;a   notablemente a cambio de las ayudas   que llegaban del FMI o del BM.   La situaci&oacute;n cambi&oacute; tenazmente en   1999 gracias a la subida de los precios   internacionales del petr&oacute;leo,   que reavivaron la decadente econom&iacute;a   rusa.</p>     <p>  Tras los atentados del 11S, Rusia   se mostr&oacute; colaboradora y solidaria   con los EE.UU., con el fin de   promover su integraci&oacute;n en la Organizaci&oacute;n   Mundial del Comercio   y adem&aacute;s aprovechar los beneficios   de la integraci&oacute;n en las redes del   mundo occidental. Por su parte,   EE.UU. recib&iacute;a de buen grado los   coqueteos rusos pues con ello consegu&iacute;a   su prop&oacute;sito de mantenerla   alejada de la Uni&oacute;n Europea, y garantizar   sus intereses econ&oacute;micos   y geoestrat&eacute;gicos en la cuenca del   Caspio. Entretanto, Rusia, a pesar   del discurso oficial, no lograba alejarse   de la dependencia y la tercermundizaci&oacute;n.</p>     <p>  Como parte de este juego de intereses,   EE.UU. respald&oacute; durante   toda la d&eacute;cada de los noventa las   acciones rusas sobre Chechenia,   m&aacute;s si se tiene presente que se   trata de un Estado independiente con &iacute;nfulas islamistas, y que, seg&uacute;n   declaraciones rusas, m&aacute;s de 2.600   chechenos hab&iacute;an sido entrenados   por Al Qaeda. A lo anterior debe   agregarse que hoy la p&eacute;rdida de   notoriedad del conflicto obedece   tambi&eacute;n a que su importancia   econ&oacute;mica ha disminuido, y su   territorio ha sido esquivado en la   construcci&oacute;n de oleoductos.</p>     <p>  Para Taibo, el discurso de la Uni&oacute;n   Europea ha sido m&aacute;s severo que   el estadounidense, pero las consecuencias   han sido muy d&eacute;biles, en   especial cuando se trata de debatir   sobre la pol&iacute;tica de tierra quemada   y de violaci&oacute;n de derechos humanos   que Putin ha postulado y aplicado   para Chechenia. Por su parte,   la ONU ha preferido lavarse las   manos, declarando que la cuesti&oacute;n   de Chechenia era un asunto interno   de Rusia, pero conviene resaltar   que Kofi Annan deb&iacute;a contar con   el apoyo ruso para lograr la renovaci&oacute;n de su mandato.</p>     <p>  En el octavo y &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, el   autor plasma <i>cuatro conclusiones</i>, que   m&aacute;s bien son cuestiones que, como &eacute;l mismo se&ntilde;ala, existen en el n&uacute;cleo del conflicto checheno. Como primera medida, est&aacute; el hecho de que son muchos los chechenos que est&aacute;n hartos de la situaci&oacute;n, y las secuelas emocionales del conflicto se trasforman en un rechazo mayor al invasor ruso, que se traducir&iacute;a, en caso de formalizarse un referendo de autodeterminaci&oacute;n, en un amplio respaldo a favor de la secesi&oacute;n. Los chechenos, adem&aacute;s, y pese a la informaci&oacute;n transmitida a la opini&oacute;n p&uacute;blica mundial, han recibido con poco eco el discurso wahab&iacute;, en gran medida porque, en ausencia de los varones, las mujeres han asumido un papel protag&oacute;nico que dificulta sustancialmente el asentamiento del riguroso r&eacute;gimen wahab&iacute;. Sin embargo, no puede despreciarse el papel que pueden desempe&ntilde;ar por su incuestionable habilidad militar.</p>     <p>  Como segundo punto est&aacute; el debate   sobre la autodeterminaci&oacute;n, pues   lo que queda claro es que Rusia ha   apostado por el uso de la fuerza   para lograr sus intereses, nada edificantes,   en contra de la demanda   del pueblo checheno, y todo ello   con la funesta complacencia del   mundo occidental tras un supuesto car&aacute;cter interno del conflicto.</p>     <p>  El tercer asunto es la gravedad que   ha generado, tras el 11S, la atribuci&oacute;n   radical adjudicada ahora al   terror islamista internacional pues,   por un lado, se genera un desinter&eacute;s   por las claves reales y singulares   de los conflictos, y, por otro,   otorga carta blanca a los gobiernos   impresentables e inescrupulosos;   adem&aacute;s, refuerza la doble moral   del todo vale, al tratar diferenciadamente   a amigos y a enemigos; igualmente   se abandona la b&uacute;squeda de   soluci&oacute;n a los problemas de fondo   que generan comportamientos desmesurados   y desbocados a causa de   la injusticia y las desigualdades; por &uacute;ltimo, la situaci&oacute;n est&aacute; llevando a argumentos xen&oacute;fobos para justificar acciones y responsabilizar a los otros de las miserias del planeta.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  En la &uacute;ltima conclusi&oacute;n, titulada ¿El zar listo?, se presentan los argumentos que a juicio del autor demuestran el fracaso de la pol&iacute;tica democr&aacute;tica e imperial de Putin, quien ha utilizado el conflicto checheno para catapultarse a la presidencia y distraer las miradas de la crisis econ&oacute;mica y social que atraviesa Rusia, y que la sume hoy en una incapacidad competitiva internacional en medio de una profunda y severa desigualdad interna, en virtud de la cual la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n vive en situaci&oacute;n de penuria, mientras una minor&iacute;a disfruta a caudales del consumo y la opulencia. En palabras del autor, a Mosc&uacute; le va razonablemente bien en Chechenia, gracias al poder autoritario que Putin impone a costa del sufrimiento checheno y ruso.</p>     <p>  A trav&eacute;s de estas 199 p&aacute;ginas de   r&aacute;pida e interesante lectura, incluso   para quienes nos acercamos por   primera vez a la tem&aacute;tica, se logra   entender las claves fundamentales   que explican el conflicto checheno,   de una manera real y secularizada,   alejada de los medios de comunicaci&oacute;n   estatalmente manejados, y   cercana a la rigurosidad y meticulosidad   propias del mundo acad&eacute;mico.   Es con esta &oacute;ptica que ahora   es imprescindible prestar atenci&oacute;n   al rumbo que tomar&aacute;n los acontecimientos   tras el asesinato del ex   presidente de Chechenia y l&iacute;der de   los separatistas Asl&aacute;n Masj&aacute;dov, el   pasado mes de marzo, pues todo   parece indicar que la guerrilla chechena   puede ampliar sus ataques   contra Rusia.</p>     <p>    <br></p>     <p>  XIMENA &Aacute;LVAREZ BERM&Uacute;DEZ</p>     <p>  <i>Administradora de empresas,   Universidad Nacional de Colombia,   estudiante de la Universidad   Complutense de Madrid</i>.</p> </font>      ]]></body>
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