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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[CAPITAL SOCIAL Y VALORES EN LA ORGANIZACIÓN SUSTENTABLE]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p>       <center>     <font size="4"><b> CAPITAL SOCIAL Y VALORES      EN LA ORGANIZACI&Oacute;N SUSTENTABLE       </b></font>   </center> </p>     <p>&nbsp;</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/inno/v20n37/37a16f1.jpg"></center></p>     <p>       <center>       Jorge Etkin.  Buenos Aires: Granica, 2007, 448 pp.   </center> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p>  El concepto de capital social ha sido objeto   de an&aacute;lisis y aplicaciones a diferentes   niveles. En su obra, J. Etkin nos propone   una perspectiva para la comprensi&oacute;n e interpretaci&oacute;n   de dicho concepto en el &aacute;mbito   organizacional, identificando y justificando   la fortaleza del v&iacute;nculo entre tres   constructos que en conjunto constituyen   las bases de la <i>filosof&iacute;a de gesti&oacute;n</i> que &eacute;l concibe y defiende: capital social, valores &eacute;ticos y empresas responsables. As&iacute;, el autor espera lograr en la mente de sus lectores, en especial en aquellos encargados de la direcci&oacute;n de organizaciones, que asuman la gesti&oacute;n de organizaciones como una filosof&iacute;a y descubran y asimilen la relaci&oacute;n estrecha existente entre los conceptos indicados.</p>     <p>  Durante d&eacute;cadas, el discurso de la gesti&oacute;n   incorpor&oacute; y otorg&oacute; a ciertos conceptos   un valor indiscutible. Sin darnos cuenta,   definimos y aceptamos un verdadero   dogma de fe orientado por ideas como la   b&uacute;squeda de la productividad, eficiencia y   eficacia, la administraci&oacute;n por objetivos,   la supremac&iacute;a del cliente y el aumento de   la rentabilidad como fin &uacute;ltimo de las empresas   competitivas. Luego de la lectura   de esta obra, se define un espacio de reflexi&oacute;n   en el cual la validez de todas estas   directrices y prop&oacute;sitos es relativa, en la   medida en que existe un actor de la vida   organizacional que ha pagado el precio de las acciones corporativas por ellos inspiradas:   los seres humanos al servicio de   las organizaciones. Con prop&oacute;sitos de reivindicaci&oacute;n   de su valor e importancia relativa,   el autor realiza un cuestionamiento   profundo del discurso de la racionalidad,   pues en alg&uacute;n momento &eacute;ste defini&oacute; y posicion&oacute;   un modelo de empresas <i>mecanicistas</i>   en las cuales la b&uacute;squeda de la eficiencia   desdibuj&oacute; la dimensi&oacute;n socio-cultural,   parte integrante de cualquier organizaci&oacute;n   en tanto que sistema social.</p>     <p>  El libro pone en evidencia varias de las   contradicciones generadas por lo que pudi&eacute;ramos   llamar <i>los excesos de la racionalidad</i>.   Ante la complejidad del entorno   actual y el incremento de los niveles de   competencia entre empresas por atraer   clientes y sobrevivir en el mercado, sus dirigentes   han adoptado ciertas soluciones   para hacer frente a las diversas presiones;   en especial, transmitir la presi&oacute;n a sus empleados   y dar a ellos el trato de <i>recurso   productivo</i>, con el sacrificio consecuente   de su dignidad y el desconocimiento de   sus necesidades sociales. Al interior de las   organizaciones, los incrementos frecuentes   de las metas de productividad generan   climas de confrontaci&oacute;n y aumento de   los niveles de ansiedad, pues se amenaza   con la p&eacute;rdida del trabajo a todos aquellos   que no cumplan con las expectativas   de la Direcci&oacute;n; pareciera entonces que el   lema m&aacute;s aplicado es aquel seg&uacute;n el cual   el fin justifica los medios. Parad&oacute;jicamente,   las empresas tambi&eacute;n se han vuelto especialistas   en desarrollar un discurso paralelo:   la preocupaci&oacute;n permanente por la   innovaci&oacute;n de productos y procesos, que   lleva a solicitar a los empleados el poner   todo de s&iacute; para generar ideas, proyectos y   productos innovadores. Emerge entonces   una contradicci&oacute;n, que se perfila como   una de las principales reflexiones provocadas   por la lectura: &iquest;puede un empleado   ser creativo e innovador en ambientes   de presi&oacute;n, ansiedad, incluso a veces de   desconocimiento de sus derechos laborales   b&aacute;sicos? La respuesta parece evidente. "El temor a perder el empleo impulsa a la b&uacute;squeda de certeza y a reiterarse en lo conocido, lo que limita la posibilidad innovadora de la organizaci&oacute;n" (329).</p>     <p>  El recorrido cuestionador que realiza el   autor por algunos conceptos que se han   impuesto como verdades casi indiscutibles   es extenso y detonador de m&aacute;s inquietudes.   Pudiera comenzarse con la   cr&iacute;tica realizada al sentido de la visi&oacute;n   y misi&oacute;n organizacional; al respecto, los prop&oacute;sitos integradores y unificadores de   la diversidad ideol&oacute;gica de los miembros   de las organizaciones que originaron estos   dos conceptos, se contrastan con todas   aquellas declaraciones ideol&oacute;gicas no   consensuadas e intenciones no declaradas   presentes en los mensajes emitidos por los   l&iacute;deres organizacionales. "En las empresas   competitivas se habla mucho de visi&oacute;n   compartida, pero no se profundiza en la   misma medida sobre la cuesti&oacute;n de cu&aacute;nto   hay de obligaci&oacute;n y cu&aacute;nto de libre opci&oacute;n   en la formaci&oacute;n de esas im&aacute;genes colectivas"   (235).</p>     <p>  Nos adentramos entonces en la complejidad   de los procesos de comunicaci&oacute;n y en   todas las posibilidades de manipulaci&oacute;n y   unificaci&oacute;n de modelos mentales que pueden   emprenderse a trav&eacute;s del discurso,   de los mensajes emitidos y de los s&iacute;mbolos   empleados por la Direcci&oacute;n. Desde la   perspectiva del autor, incluso conceptos   tan elogiados y recomendados en el campo   de la gesti&oacute;n de organizaciones como   el <i>liderazgo</i>, en este caso el ejercido por la   Direcci&oacute;n y por los representantes de los   diferentes grupos de poder que conviven   en una organizaci&oacute;n, pueden evaluarse   desde otro &aacute;ngulo para develar la restricci&oacute;n   a las libertades individuales que ellos   pueden engendrar entre los dirigidos. Nos   encontramos, sin duda, ante una forma diferente   de interpretar la realidad.</p>     <p>  En la misma l&iacute;nea de cuestionamiento de   los conceptos rectores de la gesti&oacute;n de organizaciones   de hoy, el autor aborda la   relatividad de los procesos de cambio radical   como soluci&oacute;n a los problemas corporativos,   los efectos negativos del cambio   tecnol&oacute;gico sobre el capital humano   y las implicaciones tambi&eacute;n negativas del   desarrollo de identidades corporativas sobre   bases no consensuadas. Mucho se ha   hablado acerca de la conveniencia del   cambio, incluso de la necesidad de grandes   rupturas como las propuestas por el   paradigma de la reingenier&iacute;a; al respecto   el autor cuestiona si alguien ha considerado   el quebrantamiento de la dimensi&oacute;n   cultural de los sistemas y de las relaciones   sociales producida por tales cambios. Asimismo,   mucho se han destacado las ventajas   de definir y desarrollar una identidad   corporativa distintiva de las organizaciones   en el entorno; ahora es el momento de   preguntarse por el precio de la construcci&oacute;n   de tal identidad, por la validez &eacute;tica   de su contenido y los m&eacute;todos por los cuales   ella se construye, m&eacute;todos que en las   organizaciones a veces pasan por encima de las libertades individuales y se imponen   como una de las formas de ejercicio   del poder. Estas son s&oacute;lo algunas de las   manifestaciones de la dial&oacute;gica propia de   los sistemas organizacionales, complejos por naturaleza.</p>     <p>  Mientras "el paradigma racional intenta   reducir la diversidad a una forma &uacute;nica de   pensamiento" (54), J. Etkin nos recuerda   que la realidad organizacional tiene varias   dimensiones que no pueden ignorarse y   deben ser parte de cualquier an&aacute;lisis. As&iacute;,   en las organizaciones convergen el plano   de las ideas organizacionales prevalentes,   el de las relaciones sociales o comunicaciones   entre grupos y el de las pr&aacute;cticas   y operaciones cotidianas referentes a productos   y servicios; de igual forma, al lado   de los conocimientos tambi&eacute;n existen   emociones, sentimientos y s&iacute;mbolos, haciendo   de los procesos de comunicaci&oacute;n   organizacional un asunto altamente complejo.   Toda esta convergencia a veces parece   ignorarse por los l&iacute;deres organizacionales   que el autor denomina <i>racionales</i> o   <i>mecanicistas</i>, quienes desean imponer el   orden generalizado y la estrategia deliberada, desconociendo la din&aacute;mica orden/desorden caracter&iacute;stica de los sistemas dirigidos,   la cual hace imposible la previsi&oacute;n   y programaci&oacute;n de todos los elementos   del sistema como si se tratara de partes de una m&aacute;quina.</p>     <p>  Para el autor, el capital social es una <i>capacidad</i>,   deseable por cualquier organizaci&oacute;n<a href="#1" name="s1">&#91;1&#93;</a>;   en su calidad de recurso, esta forma   de capital puede ser asimilada a un bien "p&uacute;blico"<a href="#2" name="s2">&#91;2&#93;</a>, si se consideran las externalidades positivas que genera sobre otros actores no implicados en su formaci&oacute;n; el capital social tambi&eacute;n es considerado como sin&oacute;nimo de <i>asociatividad</i>, en la medida que se hace referencia a la capacidad de colaborarse y trabajar en equipo de los integrantes de una organizaci&oacute;n, facilitada y promovida desde la alta direcci&oacute;n. Con respecto al proceso de construcci&oacute;n de este capital de naturaleza intangible, los m&uacute;ltiples obst&aacute;culos que deben superarse para obtener los resultados deseados son apreciables, pues para ello deben confluir al sistema organizacional diversos factores determinantes de la cultura y el clima organizacional, los cuales no siempre est&aacute;n presentes en las organizaciones de hoy; ambientes de confianza, justicia retributiva, trabajo en equipo, decisiones basadas en valores, participaci&oacute;n y democracia se encuentran entre los factores deseables para que emerja y se consolide un acervo de capital social a nivel organizacional, y permiten visualizar la enorme brecha entre el estado deseado por el autor y la realidad que se percibe e interpreta.</p>     <p>  La variedad y complejidad de las condiciones   requeridas para que una organizaci&oacute;n   desarrolle su capital social interno<a href="#3" name="s3">&#91;3&#93;</a> hacen   que en la definici&oacute;n y presentaci&oacute;n realizadas   por el autor pueda apreciarse una   asignaci&oacute;n de atributos que elevan el concepto   analizado al estado de lo sublime;   con esta categorizaci&oacute;n, el autor tambi&eacute;n   marca una diferencia con respecto a otros   conceptos de capital social organizacional,   m&aacute;s orientados a identificar las ventajas   que pueden derivarse de las buenas   relaciones sociales al interior de las organizaciones   y sin realizar una asociaci&oacute;n   tan estrecha con los valores &eacute;ticos personales   y colectivos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  La fuerte vinculaci&oacute;n defendida entre el   concepto de capital social y los de cooperaci&oacute;n,   administraci&oacute;n por valores, inteligencia   social y otros t&eacute;rminos similares   acu&ntilde;ados a trav&eacute;s del tiempo para reivindicar   la consideraci&oacute;n de la dimensi&oacute;n   socio-cultural de los sistemas organizacionales   y la definici&oacute;n y pr&aacute;ctica de una   filosof&iacute;a de <i>gesti&oacute;n basada en procesos   colaborativos</i> (343), dan pie para afirmar   que el libro del profesor Etkin trasciende   el an&aacute;lisis del concepto de capital social   organizacional para desarrollar el contenido   y alcances de la denominada <i>gerencia   social</i>, esto es, de la gesti&oacute;n basada   en visiones y razones compartidas , que de   acuerdo con sus planteamientos es la &uacute;nica   capaz de caracterizar, definir y orientar   las ambicionadas organizaciones responsables.</p>     <p>  El clima y la cultura organizacional tambi&eacute;n   son conceptos que el autor incorpora   en su modelo de gerencia social. Como   idea o imagen compartida por los participantes del grupo, el <i>clima organizacional</i>   puede ser m&aacute;s o menos satisfactorio en la   medida que la entidad sea capaz de desarrollar   los factores potenciadores de capital   social (confianza, trabajo en equipo,   participaci&oacute;n y otros ya mencionados); pudiera   entonces afirmarse que la existencia   de capital social organizacional es a la vez   una manifestaci&oacute;n y un determinante de   los climas organizacionales deseados. De   otra parte, mientras los climas organizacionales   son cambiantes, la cultura es una   caracter&iacute;stica mucho m&aacute;s permanente de   cualquier entidad; el autor la define como   "el sistema de significados y de s&iacute;mbolos   colectivos seg&uacute;n el cual los humanos interpretan   sus experiencias y orientan sus   acciones" (182); en esta medida, la cultura   organizacional expresa los modelos mentales   y valores predominantes en el colectivo   y orienta la toma de decisiones. Al   respecto el objetivo del autor es promover   a la <i>gerencia social</i> y al <i>capital social</i> localizado   en su n&uacute;cleo como la cultura organizacional   apropiada para las empresas   que hoy quieran convertirse en verdaderamente   responsables.</p>     <p>  Para J. Etkin, los prop&oacute;sitos de difusi&oacute;n   y posicionamiento de los principios de la   gerencia social est&aacute;n a&uacute;n lejos de alcanzarse,   aunque mucho se hable de responsabilidad   social y se declaren m&uacute;ltiples y   frecuentes compromisos empresariales en   este campo. Para comprender esta divergencia   se hace necesario establecer la diferencia   entre la <i>teor&iacute;a declarada</i> y la <i>teor&iacute;a   en acci&oacute;n</i> (25); as&iacute;, el llamado es a ir   m&aacute;s all&aacute; del discurso socialmente conveniente   y orientado a complacer a ciertos   <i>stakeholders</i> o grupos de influencia (teor&iacute;a   declarada), para hacer de la responsabilidad   social un eje directriz de la decisi&oacute;n   que no s&oacute;lo trata de mitigar los   impactos ambientales y los efectos negativos   de las actividades de la empresa sobre   las comunidades, sino que garantiza   el respeto por la dignidad humana al interior   de las organizaciones (teor&iacute;a en acci&oacute;n),   dada la estrecha relaci&oacute;n del concepto   con la prevalencia de valores &eacute;ticos   aplicados en el colectivo.</p>     <p>  Con base en la importancia otorgada por   la Direcci&oacute;n a la dimensi&oacute;n socio-cultural   del sistema que dirige, el autor propone   una tipolog&iacute;a de empresas formada por   tres grupos. Las empresas <i>pragm&aacute;ticas</i> e   <i>inmorales</i> s&oacute;lo piensan en hacer negocios   y en su vida pr&aacute;ctica no predominan las   acciones orientadas por valores &eacute;ticos; las   empresas <i>amorales</i> o <i>indiferentes</i> se acomodan a las demandas del contexto y a   los lineamientos de los poderes dominantes,   consider&aacute;ndose incapaces de cambiar   el orden dominante; por &uacute;ltimo, s&oacute;lo las   empresas <i>responsables</i> trascienden el discurso   de la responsabilidad social para   hacer de &eacute;sta una capacidad interna que   cohesiona. Esta clasificaci&oacute;n, sin duda radical   en cuanto a la naturaleza de las organizaciones,   pudiera interpretarse como   indicativa de los puntos extremos y medio   de una clasificaci&oacute;n que a su interior tiene   toda una escala de grises. En esa medida,   aunque se comprende la intenci&oacute;n   pedag&oacute;gica de la clasificaci&oacute;n categ&oacute;rica   propuesta y los esfuerzos del autor por   corregir aquellas conductas empresariales   que &eacute;l considera destructivas del capital   social, habr&iacute;a que decir que es necesario   abrir la posibilidad de que existan empresas   con caracter&iacute;sticas matizadas de los   extremos negro y blanco que definen esta   clasificaci&oacute;n. Por ejemplo, pudiera proponerse   que muchas empresas clasificadas   como <i>mecanicistas</i> no lo hacen con una   intenci&oacute;n inmoral, sino por falta de conocimiento   acerca de otras concepciones de   la gesti&oacute;n; en otros t&eacute;rminos, la reflexi&oacute;n   deber&aacute; continuar, de manera que puedan   formularse proposiciones te&oacute;ricas complementarias   acerca de los l&iacute;mites o las dificultades   de llevar a la pr&aacute;ctica los postulados   de la gerencia social.</p>     <p>  Considerando la propensi&oacute;n bastante difundida   a simplificar las implicaciones de   la aplicaci&oacute;n de los conceptos y teor&iacute;as de   gesti&oacute;n a la vida organizacional, las lecturas   que sacuden y cuestionan nuestras bases   conceptuales siempre son bien recibidas.   El escenario deseable concebido por   el autor no es f&aacute;cil de visualizar y aceptar.   Aunque algunos lectores no quieran reconocerlo,   durante d&eacute;cadas hemos hablado   de recursos humanos y hemos considerado   que su bienestar es un medio para alcanzar   los objetivos organizacionales de productividad,   competitividad y rentabilidad.   Hoy recibimos un llamado enf&aacute;tico a cambiar   el orden establecido entre fines y medios,   y a considerar que el fin de las organizaciones   es la producci&oacute;n de capital   social, como &eacute;ste es concebido a lo largo   de la obra y en tanto que filosof&iacute;a de gesti&oacute;n.   Frente a la supremac&iacute;a del cliente,   aceptada pr&aacute;cticamente como principio   universal de gesti&oacute;n, hoy se solicita priorizar   al empleado en su calidad de miembro   de la organizaci&oacute;n y poseedor de necesidades   sociales por satisfacer. El cambio   ideol&oacute;gico que esto demanda, sin duda,   es bastante ambicioso y puede suscitar no   pocos debates y reflexiones. Sin embargo,   queda plenamente ilustrada la posibilidad   de concebir el entorno organizacional de   manera diferente, lejos de las imposiciones   y de los excesos frecuentes de racionalidad   econ&oacute;mica. </p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b>PIE DE P&Aacute;GINA</b></font></p>     <p><a href="#s1" name="1">&#91;1&#93;</a> Autores cl&aacute;sicos de la teor&iacute;a de la competitividad   basada en los recursos (por ej. Grant,   1991) distinguen entre recursos y capacidades,   considerando que estas &uacute;ltimas son la   facultad de gestionar recursos para realizar determinada tarea.</p>     <p>  <a href="#s2" name="2">&#91;2&#93;</a> Otros autores hablan de bienes colectivos   para referirse a aquellos que poseen propiedades   como la generaci&oacute;n de tales externalidades. </p>     <p><a href="#s3" name="3">&#91;3&#93;</a> El autor no profundiza en el proceso de formaci&oacute;n   de capital social organizacional externo,   que es otro de los tipos planteados por la literatura especializada contempor&aacute;nea.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b>REFERENCIAS</b></font></p>     <p>  Grant R. (1991). The Resource-Based Theory of   Competitive Advantage: Implications for   Strategy Formulation. <i>California Management   Review</i>,  <i>33</i>(3), 114-135.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b> Ruth Esperanza Rom&aacute;n Castillo</b></p>     <p>  Ingeniera Industrial de la Universidad Distrital   Francisco Jos&eacute; de Caldas (FJC), especialista   en Gerencia de Tecnolog&iacute;a de la Escuela de   Administraci&oacute;n de Negocios (EAN) y mag&iacute;ster en   Administraci&oacute;n de la Universidad Nacional de   Colombia. En la actualidad es docente de tiempo   completo categor&iacute;a titular, adscrita a la Facultad   Tecnol&oacute;gica de la Universidad Distrital FJC, y   estudiante del Programa Doctoral en Ciencias   de Gesti&oacute;n, convenio Universidad Nacional de   Colombia - Universit&eacute; de Rouen (France).  Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:rroman@udistrital.edu.co">rroman@udistrital.edu.co</a></p> </font>      ]]></body>
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