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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las negociaciones de paz y la sociedad civil]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p align="right"><b>Editorial<sup></sup></b></p>     <p>&nbsp;</p> <font size="4">    <p align="center"><b>Las negociaciones de paz y la sociedad civil</b></p></font>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Deicy Patricia Hurtado Galeano<sup>1</sup></b></p>     <p>&nbsp;</p> </font>    <p><font size="2" face="verdana"><sup>1</sup> Directora Revista Estudios Pol&iacute;ticos. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:revistaepoliticos@gmail.com" target="_blank">revistaepoliticos@gmail.com</a>.</font></p> <font size="2" face="verdana">     <p>&nbsp;</p> <hr noshade="noshade" size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>      <blockquote>La paz estable en el tiempo no se consigue s&oacute;lo con acuerdos entre el Estado y los actores armados sino que es preciso desarrollar, promover y contar con una sociedad civil participativa que forme parte de los procesos de paz, directa o indirectamente de las negociaciones y sea luego el actor principal en la compleja reconciliaci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n posconflicto.    <br> Mary Kaldor. La Sociedad Civil Global</blockquote>     <p>El inicio de los di&aacute;logos entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), estuvo marcado por airados debates sobre la presencia o el papel de la sociedad civil en la mesa de negociaci&oacute;n y en los distintos momentos del proceso de paz.</p>     <p>Es por lo menos parad&oacute;jico que tanto los delegados del gobierno como los de la guerrilla hablen en nombre de la naci&oacute;n y que sus propuestas pretenden transformaciones para la sociedad en su conjunto, mientras que la sociedad civil organizada en gremios, movimientos y colectivos de larga trayectoria pareciera resultar inc&oacute;moda para el proceso mismo de negociaci&oacute;n. Sin embargo, conviene no perder de vista lo que tanto la experiencia colombiana como la producci&oacute;n acad&eacute;mica<sup><a name="1r"></a><a href="#1">1</a></sup> han puesto de presente: una paz sostenible requiere del concurso de la sociedad civil en los distintos momentos del proceso; no solo por la importancia que han adquirido en la construcci&oacute;n de la paz en el mundo otros actores distintos a los gobiernos, los grupos armados, los asesores y mediadores internacionales, sino porque en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas los procesos de negociaci&oacute;n han incorporado temas de g&eacute;nero, culturales, &eacute;tnicos y religiosos. Temas en los que, por supuesto, son los movimientos y colectivos quienes tienen la palabra.</p>     <p>En Colombia, el contexto de violencia vivido durante los &uacute;ltimos 60 a&ntilde;os ha tenido emparejado el fortalecimiento paulatino de la sociedad civil. Especialmente desde finales de 1980, diversos actores sociales emergieron o fortalecieron su presencia en la esfera p&uacute;blica para reivindicar sus identidades, intereses estrat&eacute;gicos y demandas espec&iacute;ficas, pero sobre todo porque esas reivindicaciones han estado marcadas por ejercicios de violencia provenientes de actores armados legales e ilegales contra la sociedad y contra los l&iacute;deres y organizaciones que emprendieron esas luchas. Los movimientos y organizaciones sociales, antes de cualquier negociaci&oacute;n, han sufrido en carne propia los excesos de la guerra.</p>     <p>Tal vez la d&eacute;cada de 1990 haya evidenciado m&aacute;s claramente c&oacute;mo en torno a las movilizaciones por la paz se articularon agrupaciones o colectivos de mujeres, j&oacute;venes, campesinos, ind&iacute;genas y estudiantes, entre otros actores sociales y pol&iacute;ticos del pa&iacute;s. Movimientos que precisamente han procurado salidas al conflicto distintas de la v&iacute;a militar.</p>     <p>Esa misma sociedad civil que durante tantos a&ntilde;os ha contribuido a crear una opini&oacute;n p&uacute;blica favorable a un proceso de paz, su presencia en la mesa y su papel en el proceso, son las que han sido objeto de buena parte de las dudas y del debate entre los generadores de opini&oacute;n en Colombia. Como si se olvidara, en palabras de Jaime Zuluaga Nieto, que la sociedad civil ha construido aprendizajes valiosos que pueden hacer m&aacute;s plurales las deliberaciones, enriquecer la comprensi&oacute;n de los problemas y facilitar la b&uacute;squeda de alternativas.</p>     <p>No obstante, dadas las circunstancias actuales, m&aacute;s all&aacute; del debate sobre la presencia de la sociedad civil en la mesa, ser&iacute;a importante que los protagonistas de las actuales negociaciones de paz intentaran por lo menos interpretar las representaciones de la sociedad civil sobre la guerra y sobre la paz. Pero tambi&eacute;n deber&iacute;an ser capaces de leer las propuestas formuladas por esa misma sociedad en materia pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y social, porque si bien la discusi&oacute;n sobre muchos asuntos sustanciales se encuentra condicionada, el resultado de un proceso exitoso seguramente habr&aacute; de ser sometido a procesos de deliberaci&oacute;n y legitimaci&oacute;n.</p>     <p>Y por supuesto que el proceso tal como se ha planteado es un asunto que debe importar a la sociedad civil, pues de las decisiones que pacten los guerreros hay una de crucial importancia: la desmovilizaci&oacute;n de los alzados en armas. Se parte del supuesto seg&uacute;n el cual los desmovilizados empezar&aacute;n a hacer parte de la vida cotidiana de sus familias, barrios, veredas, ciudades, regiones, empresas; se involucrar&aacute;n en movimientos y organizaciones sociales o crear&aacute;n las suyas, es decir, al dejar las armas muy seguramente se constituir&aacute;n en parte de la sociedad civil. Sin embargo, las representaciones sociales, los valores y las formas de pensar al margen de la guerra, no surgen s&uacute;bitamente. Quienes se desmovilicen muy probablemente encuentren desconfianzas, miedos, odios y resistencias. Por eso se requiere mucha deliberaci&oacute;n y cercan&iacute;a de la sociedad civil con el proceso, y un aprendizaje permanente para recibir de regreso a quienes un d&iacute;a partieron a la guerra.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute; que bienvenidos los mecanismos virtuales y reales que este proceso de paz genere para la interacci&oacute;n con la sociedad civil; bienvenidos los espacios que los movimientos y organizaciones sociales y pol&iacute;ticas construyan de manera aut&oacute;noma para discutir el tema de la paz y los temas sustanciales; bienvenidos los foros y debates que los congresistas y representantes deber&iacute;an estar promoviendo como parte de su funci&oacute;n; bienvenidas las charlas que maestros de escuelas y universidades generen para hablar con sus estudiantes. Pues, parafraseando a Mar&iacute;a Teresa Uribe: tal vez <i>las palabras de la guerra</i> a las que nos hemos habituado en estas d&eacute;cadas aciagas, hayan obnubilado el lenguaje de la paz. Por eso necesitamos hablar, dec&iacute;a la maestra. Y con estos di&aacute;logos tal vez nos estemos jugando una carta invaluable para que el derecho de vivir en paz adquiera entre nosotros alg&uacute;n sentido.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size=3><b>Notas</b></font></p>     <p><a name="1"></a><a href="#1r">1</a> Valencia, Germ&aacute;n; Guti&eacute;rrez, Alderid; Johansson, Sandra. (2012). Negociar la paz: una s&iacute;ntesis de los estudios sobre la resoluci&oacute;n negociada de conflictos armados internos. <i>Estudios Pol&iacute;ticos, </i>40, Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos, Universidad de Antioquia, (pp. 149-174).</p> </font>      ]]></body>
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