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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="right"><b>EDITORIAL</b></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>IMPACTO DE LA RESISTENCIA A LOS ANTIBI&Oacute;TICOS EN EL DESARROLLO DE LA MEDICINA CONTEMPOR&Aacute;NEA</b></font>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">GUILLERMO PRADA, MD, MACP, FIDSA</font>     <br>Jefe de Enfermedades Infecciosas, Hospital Universitario de  la Fundaci&oacute;n Santa Fe de Bogot&aacute;     <br>Universidad de los Andes, Bogot&aacute; D.C., Colombia</p>      <p>En los albores del siglo XXI, las enfermedades infecciosas constituyen la segunda causa de muerte,  la primera de a&ntilde;os perdidos de vida saludable por discapacidad en el mundo  y la tercera  de muerte en los Estados Unidos. Entre las infecciones que causan mayor mortalidad  a nivel mundial, predominan las del tracto respiratorio inferior, el VIH/Sida, las enfermedades diarreicas, la tuberculosis y la malaria (1,2). Esta situaci&oacute;n tan dram&aacute;tica contrasta con las predicciones de algunos como el &quot;Cirujano General de los Estados Unidos&quot;,  William H. Stewart, quien en diciembre de 1967, al contemplar los beneficios logrados por los antibi&oacute;ticos y las vacunas, declar&oacute; la victoria contra la amenaza de las enfermedades infecciosas. Sugiri&oacute; por tanto, que su naci&oacute;n deb&iacute;a cambiar su atenci&oacute;n y sus recursos hacia el manejo de un reto mucho m&aacute;s importante como el de las enfermedades cr&oacute;nicas (3,4).</p>     <p>La historia reciente de las enfermedades infecciosas se remonta a principios del siglo XX, cuando su diagn&oacute;stico y manejo requer&iacute;an por vez primera de una identificaci&oacute;n r&aacute;pida de los microorganismos, acompa&ntilde;ada del uso frecuente de la serotipificaci&oacute;n y de otras pruebas especializadas. La administraci&oacute;n de antisueros para el tratamiento de las complicaciones de la infecci&oacute;n y de las que suced&iacute;an en cirug&iacute;a, requer&iacute;an habilidad, integraci&oacute;n de los servicios de laboratorio y supervisi&oacute;n cl&iacute;nica muy estrecha. Todos los m&eacute;dicos, para prop&oacute;sitos pr&aacute;cticos, ten&iacute;an que conocer con detalle este tipo de tratamientos. Sin embargo, con el desarrollo de herramientas complejas como el uso de numerosos antisueros contra el neumococo, de la necesidad de aislar y de subtipificar cada cepa, del uso m&aacute;s amplio del neumot&oacute;rax y de la toracoplastia para la tuberculosis, adem&aacute;s de la terapia febril contra la s&iacute;filis, se comenzaron a crear centros cl&iacute;nicos especializados que se apartaban del curso de la medicina cl&iacute;nica general (5).</p>     <p>La era de de la quimioterapia espec&iacute;fica se inicia en el amanecer del siglo XX con el desarrollo, por parte de Erlich, de los arsenicales para el tratamiento de la s&iacute;filis y de otras sustancias para el tratamiento de enfermedades causadas por protozoarios. Debido a que muchos de estos compuestos org&aacute;nicos  eran pigmentos que se un&iacute;an a metales pesados, que luego se liberaban contra los microorganismos invasores, Erlich y sus sucesores continuaron con el estudio de la acci&oacute;n antimicrobiana de estos elementos (5). Posteriormente, en 1935, Gerhard Domagk encontr&oacute; que un pigmento denominado Prontosil curaba las infecciones estreptoc&oacute;cicas en animales de experimentaci&oacute;n. Resultados similares se encontraron en infecciones en humanos (6). Luego se demostr&oacute; que el Prontosil se metabolizaba en el organismo dando lugar a un derivado llamado sulfanilamida.</p>     <p>Durante la segunda guerra mundial, un grupo de Oxford, liderado por Howard Florey, reexamin&oacute; un n&uacute;mero de productos potencialmente &uacute;tiles como antibi&oacute;ticos, incluyendo un derivado  del moho Penicillium que hab&iacute;a sido descubierto por Alexander Fleming. Este hallazgo no hab&iacute;a sido explotado, en parte porque la visi&oacute;n de Fleming sobre su valor parece haber sido limitada y en parte, porque el material mismo era l&aacute;bil y dif&iacute;cil de aislar y de purificar (5). Ernst B. Chain, Edward Abraham y sus asociados se dedicaron a estudiar detalladamente este material, llamado penicilina por Fleming. En la medida en que las propiedades qu&iacute;micas y  terap&eacute;uticas de la penicilina comenzaron a discernirse, su desarrollo pas&oacute; a los Estados Unidos, en donde exist&iacute;an los recursos para su manufactura a gran escala (7,8).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al mismo tiempo, algunos hombres de ciencia dedicados a la microbiolog&iacute;a de suelos, como Selman Waksman, Rene Dubos y otros, encontraron algunas substancias que fueron denominadas antibi&oacute;ticos por el mismo Waksman. &Eacute;l mismo descubri&oacute; posteriormente la estreptomicina (9). En poco tiempo, los avances en el an&aacute;lisis qu&iacute;mico permitieron la posibilidad de alterar las mol&eacute;culas de los antibi&oacute;ticos con el fin de hacerlos m&aacute;s efectivos y menos t&oacute;xicos. Los descubrimientos del cloranfenicol, de las tetraciclinas, de la eritromicina, de las  diversas penicilinas substituidas, de las cefalosporinas y sus derivados, de  las rifamicinas y de muchos otros, han continuado desde entonces. Nadie podr&iacute;a negar que estos medicamentos se hayan convertido en los mayores salvavidas en toda la historia m&eacute;dica (5). </p>     <p>Los agentes antimicrobianos cambiaron el mundo contempor&aacute;neo. Enfermedades que antes causaban mortalidad y morbilidad en gran escala fueron puestas bajo control y varias generaciones han crecido sin el temor de una muerte cercana causada por infecciones comunes. Sin embargo, el lustre de la era antimicrobiana pronto comenz&oacute; a empa&ntilde;arse en la medida en que primero las bacterias, luego los hongos y posteriormente los virus,  comenzaron a desarrollar resistencia a los antibi&oacute;ticos. La notable capacidad de los microorganismos para adaptarse ante la agresi&oacute;n se pone de manifiesto cuando se observa la incre&iacute;ble capacidad de las bacterias para modificar su ADN mediante mutaci&oacute;n cromosomal y para adquirir genes de resistencia mediante conjugaci&oacute;n, transformaci&oacute;n y a&uacute;n transducci&oacute;n (10). No existen al parecer l&iacute;mites a las capacidades de algunos microorganismos para desarrollar resistencia. Inicialmente esta apareci&oacute; en el medio hospitalario (S. aureus resistente a meticilina, enterococos resistentes a vancomicina, beta-lactamasas de espectro extendido, metalo-betalactamasas, beta-lactamasas amp-C, mutaci&oacute;n del sitio de acci&oacute;n de fluroquinolonas y bombas de eflujo); sin embargo se ha extendido a las infecciones de la comunidad: S. pneumoniae resistente a penicilina y macr&oacute;lidos y S. aureus meticilino-resistente son cada vez m&aacute;s comunes en la infecci&oacute;n extra-hospitalaria (11).</p>     <p>La resistencia bacteriana ha sido estimulada por el uso inapropiado de los antibi&oacute;ticos en la pr&aacute;ctica m&eacute;dica; si bien el uso indiscriminado de los antimicrobianos por parte de la industria y de la agricultura han jugado un rol fundamental, la falta de cooperaci&oacute;n del cuerpo m&eacute;dico para aceptar medidas que restrinjan y controlen la prescripci&oacute;n indiscriminada y la dosificaci&oacute;n inapropiada debe analizarse muy seriamente (10). La diseminaci&oacute;n inexorable de la resistencia podr&iacute;a llegar a tornarse en un problema de dimensiones incalculables, particularmente cuando la l&iacute;nea de producci&oacute;n de nuevos agentes es bastante limitada. La correlaci&oacute;n entre resistencia in vitro y falla terap&eacute;utica es imperfecta, pero la resistencia sin duda alguna incrementa la mortalidad, morbilidad y los costos de la atenci&oacute;n m&eacute;dica (12). Todo lo anterior ha llevado a que los gobiernos y las agencias de salud est&eacute;n promoviendo una disminuci&oacute;n y un uso m&aacute;s apropiado de los antimicrobianos, un mejor control de la infecci&oacute;n y la creaci&oacute;n de est&iacute;mulos para el desarrollo de nuevos antibi&oacute;ticos por parte de la industria farmac&eacute;utica. La evidencia de que una buena prescripci&oacute;n pueda reducir la resistencia no es a&uacute;n s&oacute;lida y aunque los cambios en los reg&iacute;menes hospitalarios pueden reducir un problema de resistencia espec&iacute;fico, otras bacterias oportunistas van a llenar el nicho que dejan vacante las otras. En general, lo mejor que podr&iacute;a esperarse ser&iacute;a un balance mejorado entre la acumulaci&oacute;n de resistencia y el desarrollo de nuevos antibacterianos (12).</p>     <p>Ir&oacute;nicamente, los notables avances de la medicina contempor&aacute;nea, favorecidos justamente por la disponibilidad de tratamientos antimicrobianos apropiados, han creado poblaciones enormes de hospederos inmunocomprometidos. Estas a su vez requieren tratamientos con antibi&oacute;ticos nuevos y m&aacute;s poderosos. A lo anterior se une el crecimiento en espiral de una poblaci&oacute;n mundial cada vez m&aacute;s vieja y que cada vez demanda m&aacute;s cuidados intensivos con cat&eacute;teres, hiperalimentaci&oacute;n y ventiladores, terapias agresivas para el c&aacute;ncer, transplantes de &oacute;rganos s&oacute;lidos y de medula &oacute;sea y que requiere cirug&iacute;as card&iacute;acas, abdominales y otras de alta complejidad. Si bien todos damos sentada la existencia de todos estos progresos de la tecnolog&iacute;a m&eacute;dica actual, su continuidad depender&aacute; en gran parte de la disponibilidad  de antibi&oacute;ticos efectivos en el futuro cercano (13).</p>  <hr>  <b>Referencias</b>      <p>1. The World health report 2000-health systems: improving performance. Geneva: World Health Organization, 2000.</p>     <p>2. Pinner RW, Teutsch SM, Simonsen L, et al. Trends in infectious diseases mortality in the United States. JAMA 1996;275:189-93.</p>     <p>3. Garrett L. The coming plague. New York: Farrar, Straus & Giroux, 1994.</p>     <p>4. Fauci AS. Infectious diseases: considerations for the 21st. century. Clin Inf Dis 2001;32:675-85.</p>     <p>5. Kass EH. History of the specialty of infectious diseases in the United States. Ann Int Med 1987;106:745-756.</p>     <p>6. Domagk G. A contribution to the chemotherapy of bacterial infections. Rev Inf Dis 1986;8:163-166.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>7. Hobby GL. Penicillin: Meeting the Challenge. New Haven: Yale University Press; 1985.</p>     <p>8. Clark RW. The life of Ernst Chain: Penicillin and Beyond. London: Weidenfeld and Nicolson; 1985.</p>     <p>9. Woodruff HB, ed. Scientific Contributions of  Selman A. Waksman: Selected Articles Published in Honor of his 80th Birthday. New Brunswick, New Jersey: Rutgers University Press; 1968.</p>     <p>10. Wood MJ, Moellering RC. Microbial resistance: Bacteria and more. Clin Inf Dis 2003;36:S2-S3.</p>     <p>11.  Drusano GL. Prevention of resistance: a goal for dose selection for antimicrobial agents. Clin Inf Dis 2003;36:S42-S50.</p>     <p>12.  Livermore DM.  Bacterial resistance: origins, epidemiology and impact. Clin Inf Dis 2003;36:S11-S23.</p>     <p>13. Spellberg B, Guidos R, Gilbert D, et al. The epidemic of antibiotic-resistant infections:a call to action for the medical community from the Infectious Disease Society of America. Clin Inf Dis 2008;46:000-000.</p> </font>      ]]></body>
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