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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[NACIÓN Y REGENERACIÓN EN COLOMBIA: BUSCANDO NO SOLO EL BUEN HABLAR SINO TAMBIÉN CUERPOS SANOS]]></article-title>
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<article-title xml:lang="pt"><![CDATA[NAÇÃO E REGENERAÇÃO NA COLÔMBIA: PROCURANDO NÃO SÓ O BEM FALAR MAS TAMBÉM CORPOS SADIOS]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	<font face="verdana" size="2">    <p align="right"><b>EDITORIAL</b></p></font>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>NACI&Oacute;N Y REGENERACI&Oacute;N EN COLOMBIA: BUSCANDO NO SOLO EL BUEN HABLAR SINO TAMBI&Eacute;N CUERPOS SANOS*</b></font></p> <font face="verdana" size="2">    <p align="center">MAR&Iacute;A DEL PILAR MELGAREJO, PHD<SUP><B>a</B></SUP></p>     <p><b><sup>a </sup></b>Profesora Asistente. Departamento de Espa&ntilde;ol y Portugu&eacute;s. Universidad de Wisconsin Milwaukee. Correspondencia: <a href="mailto:mmelgarejoac@smu.edu">mmelgarejoac@smu.edu</a>.     <br><b><sup>* </sup></b>Este art&iacute;culo est&aacute; citado en la forma MLA (Manual Language Association), estilo de citaci&oacute;n utilizado en el &aacute;rea de las humanidades y la literatura. Por ser parte de una investigaci&oacute;n m&aacute;s amplia se incluyen todas las referencias utilizadas.</p> <hr>     <p>La Academia Colombiana de la Lengua, fundada en 1871, funcion&oacute; como una especie de incubadora para algunos de los intelectuales claves de la Regeneraci&oacute;n, el r&eacute;gimen pol&iacute;tico de corte conservador liderado por Miguel Antonio Caro y Rafael N&uacute;&ntilde;ez entre 1878 y 1898. El lema del gobierno era "Regeneraci&oacute;n o cat&aacute;strofe". Las acciones de la Academia de la Lengua establecieron condiciones favorables para la regeneraci&oacute;n de la lengua, mediante el establecimiento de normas para el uso del lenguaje y la edici&oacute;n de manuales y tratados de gram&aacute;tica. Incluso antes de la &eacute;poca pol&iacute;tica de la Regeneraci&oacute;n, la lengua espa&ntilde;ola era reconocida como el instrumento ling&uuml;&iacute;stico de la unidad nacional. Con el nuevo r&eacute;gimen pol&iacute;tico, el lenguaje confirm&oacute; la relaci&oacute;n entre la hispanidad, el catolicismo y la patria, promoviendo as&iacute; la unificaci&oacute;n hispana.</p>     <p>Con el tiempo, la hegemon&iacute;a de la gram&aacute;tica como una fuerza modeladora efectiva para los ciudadanos colombianos productivos comenz&oacute; a perder terreno. A pesar de que la gram&aacute;tica continu&oacute; siendo un elemento fundamental de la pol&iacute;tica de gobierno, &eacute;sta dio paso gradualmente a la aparici&oacute;n de un nuevo sentido de biologisismo preocupado por el estado de salud del cuerpo social. La Junta Central de Higiene fue creada en 1887 y ejerci&oacute; una enorme fuerza social durante la d&eacute;cada restante de la pol&iacute;tica de la Regeneraci&oacute;n, presentando un discurso que promov&iacute;a el control del Estado sobre los sujetos de la naci&oacute;n.<a href="#cita1"><sup><b>1</b></sup></a><a name= "cit1"></a> Por lo tanto, a trav&eacute;s de la supervisi&oacute;n de la manera de hablar de los ciudadanos, por medio de la promoci&oacute;n de manuales de gram&aacute;tica, y de la promoci&oacute;n de la idea de un cuerpo sano; el Estado clasific&oacute; a la poblaci&oacute;n, reforzando las diferencias de clase y las desigualdades existentes. Dicho intento de modelar al cuerpo hizo parte de la red de relaciones de poder, en donde algunas instituciones se convirtieron en entes fundamentales para el &eacute;xito general del proyecto pol&iacute;tico. Parad&oacute;jicamente, el &eacute;xito de este proyecto pol&iacute;tico fue la base de su fracaso. La clasificaci&oacute;n de los ciudadanos por el Estado ten&iacute;a como prop&oacute;sito confirmar la distancia social entre la &eacute;lite y el resto de la poblaci&oacute;n del pa&iacute;s, y al hacerlo, confirm&oacute; los privilegios de una &eacute;lite.</p>     <p>El lenguaje de la regeneraci&oacute;n que emergi&oacute; a trav&eacute;s del discurso de la gram&aacute;tica pronto se transform&oacute; y se contamin&oacute; por el discurso de la higiene, que se consolid&oacute; no tanto en torno al lenguaje nacional sino en torno al cuerpo nacional. Un discurso confirm&oacute; la fuerza del otro. La regulaci&oacute;n del cuerpo y la regulaci&oacute;n de la lengua fueron dos formas de mantener la cohesi&oacute;n de la naci&oacute;n, pero esta pretensi&oacute;n tambi&eacute;n funcion&oacute; como una forma de establecer diferencias. Si el anclaje ret&oacute;rico del discurso de la gram&aacute;tica se basaba en la idea de limpiar la lengua, entonces la met&aacute;fora preferida del discurso de la higiene ser&iacute;a el cuerpo. Al entender a la sociedad como un cuerpo (cuerpo nacional), o en t&eacute;rminos del positivismo Spenceriano, como un organismo, el Estado asumi&oacute; la responsabilidad de purificar ese cuerpo a trav&eacute;s de la limpieza de los cuerpos f&iacute;sicos de los ciudadanos.</p>     <p>El discurso pol&iacute;tico de la &eacute;poca fue influenciado por el Positivismo, las ideas de Spencer y el Darwinismo social. La comprensi&oacute;n del cuerpo nacional como un organismo social al cual se le deb&iacute;a proteger y conservar la salud fue fundamental. La salud de la naci&oacute;n era una utop&iacute;a que llev&oacute; al gobierno a producir ciertas leyes e instalar cierto tipo de instituciones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A inicios del a&ntilde;o1833, el gobernador de la provincia de Bogot&aacute;, Rufino Cuervo, public&oacute; dos folletos sobre higiene para la educaci&oacute;n primaria temprana.<a href="#cita2"><sup><b>2</b></sup></a><a name= "cit2"></a> M&aacute;s adelante en ese mismo siglo, el escritor espa&ntilde;ol y doctor Pedro Felipe Monlau tendr&iacute;a una inmensa influencia sobre los m&eacute;dicos y los pol&iacute;ticos colombianos, con su Higiene del matrimonio (1853) y los manuales de higiene para los primeros a&ntilde;os de las escuelas femeninas. Sin embargo, el evento institucional que decret&oacute; la hegemon&iacute;a discursiva de la higiene fue la instalaci&oacute;n de la Junta Central de Higiene en 1887.</p>     <p>A finales del siglo XIX y en especial en la primera parte del siglo XX, la medicina empez&oacute; a coincidir con las prioridades impulsadas por la pol&iacute;tica del lenguaje y poco a poco se convirti&oacute; en hegem&oacute;nica a finales del siglo, emergiendo como el tipo de conocimiento privilegiado en el esfuerzo por modernizar al pa&iacute;s. La higiene fue un discurso basado en la idea de transformar una subjetividad reconocida como improductiva en una subjetividad productiva (&eacute;sto significaba definir al hombre como trabajador). Zandra Pedraza afirma que estas pol&iacute;ticas se basaban en el control y en el gobierno del cuerpo en el contexto de una sociedad industrializada que estaba emergiendo. Para aumentar la vitalidad corporal de la poblaci&oacute;n era crucial la adquisici&oacute;n de habilidades f&iacute;sicas y mentales para funcionar en la sociedad industrializada.<a href="#cita3"><sup><b>3</b></sup></a><a name= "cit3"></a> Era deber del Estado proteger la salud f&iacute;sica de la clase obrera, ya que se entend&iacute;a que las personas no saludables no pod&iacute;an trabajar.</p>     <p>Poco a poco se dio una proliferaci&oacute;n de escuelas de medicina, organizaciones y asociaciones que marcar&iacute;an el per&iacute;odo y contribuir&iacute;an al papel del discurso higi&eacute;nico: la todav&iacute;a prestigiosa Facultad de Medicina y Ciencias naturales de la Universidad Nacional de Colombia en 1867, seguida por la Universidad de Antioquia en 1872, la fundaci&oacute;n de la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bogot&aacute; en 1873 (que en 1891 pas&oacute; a ser la Academia Nacional de Medicina, esta fue la instituci&oacute;n oficial de consulta del Estado en cuestiones de salud p&uacute;blica), la fundaci&oacute;n de la Academia de Medicina en Medell&iacute;n en 1887, a fundaci&oacute;n del Hospital de la Misericordia en 1897 y la Junta M&eacute;dica Nacional en el mismo a&ntilde;o. A trav&eacute;s de estas instituciones, la medicina se estructur&oacute; como profesi&oacute;n consolidada y los doctores ganaron poder sobre la poblaci&oacute;n al abordar la proliferaci&oacute;n de epidemias y enfermedades que eran consideradas una amenaza para la salud p&uacute;blica.</p>     <p>El cambio de r&eacute;gimen del gobierno liberal radical (1863-1880) al r&eacute;gimen conservador de la Regeneraci&oacute;n, marc&oacute; una transformaci&oacute;n en el abordaje de la salud p&uacute;blica. Con la constituci&oacute;n de 1886 (una reacci&oacute;n en contra del anticleralismo liberal) que confirm&oacute; la relaci&oacute;n con la Iglesia, la salud p&uacute;blica se convirti&oacute; en un problema relacionado con la caridad en el esp&iacute;ritu del Catolicismo. Escrita por hombres de letras preocupados por el discurso de la gram&aacute;tica, la Constituci&oacute;n de 1886 confirm&oacute; la articulaci&oacute;n discursiva que se&ntilde;alaba el creciente poder de una nueva organizaci&oacute;n de la verdad: &eacute;sta expl&iacute;citamente proclamaba que era la responsabilidad del Estado velar por la salud de sus ciudadanos. "Dado que la mayor&iacute;a de los problemas de salud p&uacute;blica de la poblaci&oacute;n Colombiana se deb&iacute;an a la pobreza, la caridad desempe&ntilde;&oacute; un papel importante como un medio de redistribuci&oacute;n de la riqueza. Siguiendo el ejemplo de pa&iacute;ses como Francia en la d&eacute;cada de 1830, e Inglaterra y Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XIX, en 1886 el gobierno Colombiano orden&oacute; la creaci&oacute;n de Juntas de Higiene" (Obreg&oacute;n 137). Estas juntas fueron instaladas en cada una de las capitales de los departamentos.</p>     <p>La Junta Central de Higiene correspondi&oacute; a la nueva estructura pol&iacute;tica del pa&iacute;s, que pas&oacute; de un r&eacute;gimen federal durante el gobierno liberal a un r&eacute;gimen central a trav&eacute;s del gobierno de la Regeneraci&oacute;n. La Junta Central de Higiene fue creada originalmente para remplazar a la Junta de Sanidad del extinguido estado de Cundinamarca. Esta Junta Central ten&iacute;a la facultad de proponer a las Juntas Departamentales temas a discutir.</p>     <p>La ley 30 de la Constituci&oacute;n de 1886 estableci&oacute; el origen de la Junta Central de Higiene. Los doctores Nicol&aacute;s Osorio, Aureliano Posada, Carlos Michelsen y Gabriel Dur&aacute;n Borda fueron los fundadores de la Junta. Las responsabilidades de la Junta eran muy diversas: en el plano de le ret&oacute;rica, fue un intento de parte del Estado de controlar la esfera p&uacute;blica y la privada a trav&eacute;s de la subyugaci&oacute;n y control del cuerpo; en el plano del discurso, fue un intento de confirmar la diferenciaci&oacute;n social. La exclusi&oacute;n de los cuerpos problem&aacute;ticos (sucios, enfermos, contagiosos, degenerados, d&eacute;biles) signific&oacute; su inclusi&oacute;n en los tratados de higiene, en regulaciones especiales, o enviarlos a lazaretos y a hospitales especiales. Con la intenci&oacute;n de borrar los obst&aacute;culos para el progreso y para el desarrollo econ&oacute;mico, una de las primeras actividades de la Junta Central "fue el establecimiento de cuarentenas en los puertos de la ciudad para cumplir con los convenios internacionales. La Sanidad en los puertos mar&iacute;timos fue vital para el desarrollo de la econom&iacute;a de exportaci&oacute;n de la agricultura Colombiana" (Obreg&oacute;n 137), especialmente en momentos en los que la econom&iacute;a del caf&eacute; comenzaba a consolidarse.</p>     <p>En marzo 28 de 1887, la Junta se dividi&oacute; en cuatro comit&eacute;s. El primer comit&eacute; funcionaba como una entidad m&eacute;dica y farmac&eacute;utica que vigilaba y controlaba la calidad de la comida (carne), de las bebidas (leche en particular), de las medicinas y el suministro de agua potable. El segundo comit&eacute; estaba a cargo de la contaminaci&oacute;n ambiental, de las regulaciones de salud para las ciudades, de los sistemas de alcantarillado, de las aceras, los cementerios, los mataderos, los colegios, las f&aacute;bricas, los hospitales y edificios p&uacute;blicos, las c&aacute;rceles, los cuarteles, as&iacute; como de las condiciones sanitarias de las poblaciones campesinas y de los agricultores, "proponiendo pol&iacute;ticas para mejorarlas". Todos los lugares en los que la gente se reun&iacute;a y en los cuales socializaba se convirtieron en objetivo de las regulaciones de la Junta: "Es conveniente cuidar de su salud, para separar inmediatamente, aislar y aplicar el tratamiento necesario a los enfermos" (Junta Central de Higiene 113). El tercer comit&eacute; ten&iacute;a la responsabilidad de monitorear las condiciones sanitarias en las f&aacute;bricas y la salud de sus empleados, controlar la propagaci&oacute;n de enfermedades en los animales, promoviendo estrategias de salud como campa&ntilde;as de vacunaci&oacute;n y la organizaci&oacute;n de asistencia m&eacute;dica para la poblaci&oacute;n indigente con problemas de salud. Finalmente, el cuarto comit&eacute; estaba a cargo del manejo de epidemias y enfermedades end&eacute;micas. Este comit&eacute; tambi&eacute;n estableci&oacute; los periodos de cuarentena en los lazaretos, los servicios de salud para los reci&eacute;n nacidos y sus ni&ntilde;eras y las gu&iacute;as para la investigaci&oacute;n en mortalidad y sus causas, la migraci&oacute;n, la topograf&iacute;a y estad&iacute;sticas m&eacute;dicas (Junta Central de Higiene 235-236).<a href="#cita4"><sup><b>4</b></sup></a><a name= "cit4"></a></p>     <p>A trav&eacute;s de esta organizaci&oacute;n los m&eacute;dicos diagnosticaban enfermedades ven&eacute;reas, lo cual justific&oacute; la creaci&oacute;n de una unidad especial en el Hospital San Juan de Dios. La Revista de Higiene public&oacute; estad&iacute;sticas para agosto y octubre de 1888, y en ambos casos, la s&iacute;filis tuvo el mayor porcentaje de casos diagnosticados (209, 232). Por esta raz&oacute;n, la prostituci&oacute;n fue uno de los temas que fue intensamente debatido en las reuniones de los comit&eacute;s, en donde se estableci&oacute; que "toda mujer que se ajuste a la descripci&oacute;n de "mujer p&uacute;blica" era obligada a someterse a un examen m&eacute;dico completo". De lo contrario, se le impondr&iacute;a una pena de 30 d&iacute;as de c&aacute;rcel (222-223).</p>     <p>La Junta incluso tuvo un impacto directo sobre los procesos de toma de decisiones econ&oacute;micas como la planeaci&oacute;n del ferrocarril, el medio de transporte que revolucionar&iacute;a el futuro econ&oacute;mico y pol&iacute;tico del pa&iacute;s. El director de la Compa&ntilde;&iacute;a de Ferrocarriles, Carlos Tanco, escribi&oacute; a la Junta: "Antes de tomar una decisi&oacute;n definitiva sobre el lugar en el que la Estaci&oacute;n debe ser construida, la Compa&ntilde;&iacute;a de Ferrocarriles de la ciudad quisiera conocer la opini&oacute;n de la honorable Junta &#91;en esta materia&#93;" (230). La respuesta de la Junta fue la siguiente: el espacio m&aacute;s higi&eacute;nico para construir la Estaci&oacute;n se encuentra en la Calle 21 (231). En efecto, este fue el lugar en donde el ferrocarril finalmente fue construido. M&aacute;s a&uacute;n la Junta posteriormente propuso un grupo de pol&iacute;ticas de control de higiene del transporte p&uacute;blico.</p>     <p>Evidentemente, la intervenci&oacute;n de la Junta tuvo un alcance en la esfera p&uacute;blica as&iacute; como a la privada. La creaci&oacute;n de la Junta fue una se&ntilde;al del crecimiento hegem&oacute;nico del discurso de la higiene dentro de la pol&iacute;tica estatal, cuyo objetivo era garantizar la salud de los ciudadanos. Esta comprensi&oacute;n de la salud revela la funci&oacute;n del Estado como el administrador de los cuerpos de todos los ciudadanos. Por lo tanto, la higiene ten&iacute;a que ver no solo con el condicionamiento cuerpos individuales, sino tambi&eacute;n con la distribuci&oacute;n de dichos cuerpos en el espacio. La intenci&oacute;n de incluir a todos los cuerpos de los ciudadanos en el proyecto nacional se convirti&oacute; en una estrategia para excluir a los cuerpos enfermos y separarlos de los cuerpos saludables.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El 17 de febrero de 1887, la Junta celebr&oacute; su primera sesi&oacute;n y estableci&oacute; su reglamento. El primer art&iacute;culo de esta normatividad describe su prop&oacute;sito: presentar al poder ejecutivo los datos cient&iacute;ficos necesarios para resolver los temas relacionadas con la salud p&uacute;blica. De esta manera, diagnosticar los problemas de la sociedad Colombiana en materia de salud e higiene moral, se convirti&oacute; en el deber moral y pol&iacute;tico de la Junta en una &eacute;poca de r&aacute;pida transformaci&oacute;n social. Como resultado del crecimiento econ&oacute;mico desencadenado por la exportaci&oacute;n de tabaco y la expansi&oacute;n del cultivo de caf&eacute;, la urbanizaci&oacute;n se increment&oacute; y la poblaci&oacute;n de Bogot&aacute; aument&oacute; a m&aacute;s del doble entre 1870 y 1895, pasando de 40,883 habitantes a 95,813 (Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud). La mayor&iacute;a de los nuevos residentes de Bogot&aacute; eran personas que ven&iacute;an de zonas rurales, y su llegada a la ciudad naturalmente gener&oacute; un aumento en los niveles de pobreza.</p>     <p>La Junta ten&iacute;a la facultad de dictar pol&iacute;ticas de salud p&uacute;blica, &eacute;sto qued&oacute; consignado en el art&iacute;culo 10 de la Junta, uno de los m&aacute;s cruciales en su normatividad. La propagaci&oacute;n de epidemias y enfermedades fue una de las principales preocupaciones de esta organizaci&oacute;n, enfermedades tales como la malaria, la lepra, la viruela, la tosferina, la fiebre tifoidea, el alcoholismo, las &uacute;lceras, la hepatitis, la neumon&iacute;a, la gonorrea, la disenter&iacute;a y el reumatismo entre otras.</p>     <p>La descripci&oacute;n de la sociedad en t&eacute;rminos de enfermedades dominantes en ese momento no correspond&iacute;a con una realidad biol&oacute;gica pura; estaban unidas a met&aacute;foras de decadencia moral. Como Diana Obreg&oacute;n se&ntilde;ala, el concepto de enfermedad es una construcci&oacute;n social. En el caso de la lepra, por ejemplo, "es ciertamente una enfermedad con profundas implicaciones culturales y sociales que con frecuencia evoca ansiedades procedentes de un pasado distante" (11). En su investigaci&oacute;n Batallas contra la lepra: estado, medicina y ciencia en Colombia Obreg&oacute;n explica que la lepra "posee la caracter&iacute;stica &uacute;nica de haberse convertido en la referencia universal como la peor de las enfermedades"(12).<a href="#cita5"><sup><b>5</b></sup></a><a name= "cit5"></a> En el caso de Colombia, a finales del siglo XIX, el Estado apoy&oacute; la emergencia de instituciones de caridad destinadas a prestar asistencia a los leprosos. Esta actitud correspond&iacute;a a la ideolog&iacute;a del gobierno conservador de la Regeneraci&oacute;n que restableci&oacute; las relaciones rotas con la iglesia. La preocupaci&oacute;n por los leprosos fue una acci&oacute;n que estaba relacionada con la "obligaci&oacute;n Cat&oacute;lica" de ocuparse de los pobres. La medicalizaci&oacute;n de la sociedad tuvo por lo tanto una funci&oacute;n pol&iacute;tica. La aproximaci&oacute;n a las enfermedades de parte de los m&eacute;dicos fue una manera de producir y promover una perspectiva particular lo que un ciudadano deb&iacute;a ser.<a href="#cita6"><sup><b>6</b></sup></a><a name= "cit6"></a></p>     <p>De esta manera, el discurso higi&eacute;nico se convirti&oacute; en un discurso &uacute;til para el Estado de dos maneras. En primer lugar, en el plano de la ret&oacute;rica, pretend&iacute;a controlar, supervisar, separar y limpiar los cuerpos f&iacute;sicos de los sujetos nacionales y, al mismo tiempo, purificar al cuerpo nacional en su totalidad. La medicina fue considerada como un elemento esencial para la construcci&oacute;n de la naci&oacute;n. En segundo lugar, el discurso higi&eacute;nico continu&oacute; el proyecto gramatical, permitiendo adem&aacute;s la producci&oacute;n de cuerpos marcados de manera diferente: b&aacute;rbaros, subyugados, ciudadanos y otros.</p>     <p>De esta forma, la higiene fue promovida como un proyecto nacional de purificaci&oacute;n corporal que deber&iacute;a haber impedido la degeneraci&oacute;n y sus consecuencias morales, sociales y pol&iacute;ticos. Dicha regulaci&oacute;n permitir&iacute;a que el cuerpo fuera guiado hacia los ideales de orden y progreso de todas las "naciones civilizadas". A trav&eacute;s de la medicalizaci&oacute;n generalizada del sujeto nacional, el discurso higi&eacute;nico se moviliz&oacute; hacia la producci&oacute;n de los cuerpos "limpios" f&iacute;sica, social y moralmente. &Eacute;stos constituir&iacute;an la base del nuevo orden social que emerger&iacute;a a trav&eacute;s de la renovaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n. La higiene ofreci&oacute; en este momento un marco interpretativo a trav&eacute;s del cual el mejoramiento de los individuos podr&iacute;a ser teorizado.</p>     <p>A trav&eacute;s del discurso del la higiene, el lenguaje de la Regeneraci&oacute;n se moviliz&oacute; hacia un ideal de limpieza de los cuerpos de la poblaci&oacute;n y al mismo tiempo proporcion&oacute; el soporte ret&oacute;rico necesario para nombrar a un gran sector de la poblaci&oacute;n como barbaros, degenerados, incivilizados y a trav&eacute;s de esta acci&oacute;n, excluirlos de manera estrat&eacute;gica. No es que el discurso de la higiene haya fallado en alcanzar a toda la poblaci&oacute;n nacional. Por el contrario, su verdadero &eacute;xito radica en que le permite al Estado restablecer los l&iacute;mites de la ciudadan&iacute;a, y al mismo tiempo producir y reproducir al b&aacute;rbaro, legitimando el control de las comunidades. El Estado, al definir el contexto moderno y el objeto de actividad pol&iacute;tica, es restrictivo en sus medios de participaci&oacute;n pol&iacute;tica y no tiene ning&uacute;n inter&eacute;s en hacer que sus normas sean de acceso universal. En ese sentido, el discurso de la higiene produjo cuerpos impuros a trav&eacute;s de su ret&oacute;rica de la purificaci&oacute;n. Se podr&iacute;a afirmar que la higiene se convirti&oacute; en la gram&aacute;tica del organismo nacional, produciendo a la vez el cuerpo del ciudadano y abandonando otro cuerpo: el "cuerpo b&aacute;rbaro".</p>     <p>La higiene se har&iacute;a cargo de la tarea de la gram&aacute;tica de "purificar" ret&oacute;ricamente a la poblaci&oacute;n nacional. La gram&aacute;tica y la higiene en conjunto establecieron con mayor o menor intensidad a finales del siglo XIX, las reglas de la verdad: las condiciones para la producci&oacute;n de una idea sobre lo que una naci&oacute;n deb&iacute;a ser.</p> <hr>     <p><a name="cita1"></a><sup><b>1</b></sup> El debate acerca de la raza fue prominente durante la primera parte del siglo XX. En las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas, algunos de los autores que han estudiado este debate son: Holgu&iacute;n, Helg, S&aacute;enz, Saldarriaga, Ospina, Pedraza, Camargo, Calvo, Saade, y Noguera. <a href="#cit1">Volver</a></p>     <p><a name="cita2"></a><sup><b>2</b></sup> Rufino Cuervo (1801-1853) fue un terrateniente y abogado Rector de la Universidad Nacional, la Suprema Corte, el Vicepresidente de la Rep&uacute;blica, y uno de los l&iacute;deres de Bogot&aacute; en el &aacute;mbito cultural y literario. <a href="#cit2">Volver</a></p>     <p><a name="cita3"></a><sup><b>3</b></sup> La Junta Central de Higiene prestaba especial atenci&oacute;n a las normas sanitarias aplicables a los mataderos para aumentar el trabajo productivo. Cre&iacute;an que el consumo de carne era esencial para el progreso y el poder de las naciones y que la falta de carne causar&iacute;a alcoholismo puesto que los trabajadores se sent&iacute;an d&eacute;biles (55-56). <a href="#cit3">Volver</a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="cita4"></a><sup><b>4</b></sup> En el Acuerdo N&uacute;mero 1. &deg;: "Sobre distribuci&oacute;n de los asuntos en que se ocupar&aacute; la Junta Central de Higiene" se explicaban todas estas obligaciones. <a href="#cit4">Volver</a></p>     <p><a name="cita5"></a><sup><b>5</b></sup> Gussow y Tracy refutan la interpretaci&oacute;n seg&uacute;n la cual el estigma de la lepra ha sido permanente desde la Antig&uuml;edad a lo largo de la Edad Media hasta nuestros d&iacute;as. Para ellos el estigma actual es una construcci&oacute;n del imperialismo del siglo XIX. Seg&uacute;n Gussow y Tracy, la lepra "se mantuvo" cuando las nociones imperialistas "redescubrieron" esta enfermedad end&eacute;mica en las regiones pobres del mundo que ellos colonizaron. La lepra luego lleg&oacute; a ser vista como una enfermedad de las personas "inferiores" e "incivilizados (Obreg&oacute;n 15). <a href="#cit5">Volver</a></p>     <p><a name="cita6"></a><sup><b>6</b></sup> Los m&eacute;dicos colombianos tambi&eacute;n quer&iacute;an participar en el proyecto civilizador de las elites. Su objetivo m&aacute;s importante en ese momento era para formar una medicina nacional que abarcar&iacute;a el estudio de las enfermedades locales y su relaci&oacute;n con las diversas regiones, climas, altitudes, alimentos y los h&aacute;bitos de las personas (Obreg&oacute;n 138). <a href="#cit6">Volver</a></p> <hr>     <p><b>Referencias</b></p>     <p>1. Agamben Giorgio.  Homo Sacer: el poder soberano y la nuda vida I. Valencia: Pre-textos, 1998.</p>     <p>2. Bello,  Andr&eacute;s. "Discurso pronunciado en el Aniversario de la Universidad de Chile en  1848". Obras Completas de Andr&eacute;s Bello. Vol. IX. Op&uacute;sculos literarios. Caracas:  Fundaci&oacute;n La Casa de Bello, 1981.</p>     <p>3. Bello,  Andr&eacute;s. Gram&aacute;tica de la lengua castellana destinada al uso de todos los  americanos (1847). Obras Completas de Andr&eacute;s Bello. Tomo IV. Caracas: Fundaci&oacute;n  La Casa de Bello, 1981.</p>     <p>4. Bello,  Andr&eacute;s. "Indicaciones sobre la conveniencia de simplificar y uniformar la  ortograf&iacute;a en Am&eacute;rica" (1823). Estudios Gramaticales. Obras completas de Andr&eacute;s Bello. Tomo V. Caracas: Fundaci&oacute;n La Casa de Bello, 1981. Pgs. 69-88.</p>     <p>5. Bello,  Andr&eacute;s. "Estudio de la Jurisprudencia" (1835). Temas Jur&iacute;dicos y Sociales.  Obras Completas de Andr&eacute;s Bello. Tomo XVIII. Caracas: Fundaci&oacute;n La Casa de  Bello, 1981. Pgs. 3-4.</p>     <p>6. Caro, Miguel  Antonio. Del uso en sus relaciones con el lenguaje (1976). Santaf&eacute; de Bogot&aacute;:  Universidad Sergio Arboleda, 1997.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>7. Central Board  of Hygiene. Revista de Higiene: &oacute;rgano de la junta central de higiene. G. Dur&aacute;n  Borda, redactor. Bogot&aacute;: Imprenta de Silvestre y Compa&ntilde;&iacute;a, director Antonio M.  Silvestre, 1888-1915.</p>     <p>8. Deas,  Malcolm. "Miguel Antonio Caro y amigos: gram&aacute;tica y poder en Colombia". Del  poder y la gram&aacute;tica y otros ensayos sobre historia, pol&iacute;tica y literatura  colombianas. Bogot&aacute;: Tercer Mundo, 1993. Pgs. 25-60.</p>     <p>9. Foucault  Michel. Arqueolog&iacute;a del saber (1969). 18 Edici&oacute;n. M&eacute;xico: Siglo XXI, 1997.</p>     <p>10. Froysland  Hayley. Order and  Progress: The Moral Question in Regeneration Colombia. Paper presented at the  Latin American Studies Association conference, Las Vegas, October 7-10, 2004.</p>     <p>11. Gonz&aacute;lez  Stephan, Beatriz; Lasarte, Javier; Montaldo, Graciela; Daroqui, Mar&iacute;a Julia  (Compiladores). Esplendores y miserias del siglo XIX. Cultura y sociedad en  Am&eacute;rica Latina. Caracas:  Monte &Aacute;vila, 1994.</p>     <p>12. Guillory, John. Cultural Capital. The  problem of Literay Canon Formation. Chicago: University  of Chicago Press, 1993.</p>     <p>13. Jaramillo  Uribe, Jaime. El pensamiento colombiano del siglo XIX.Bogot&aacute;: Planeta, 1997.</p>     <p>14. Lund, Joshua. The Impure Imagination. Toward  a Critical Hybridity in Latin American Writing. Minneapolis:  University of Minnesota Press, 2006.</p>     <p>15. Melgarejo  Acosta, Mar&iacute;a del Pilar. "Academia, Lengua y Naci&oacute;n: Pr&aacute;cticas, luchas y  pol&iacute;ticas del conocimiento". Revista de la Universidad Andina del Ecuador,  2003.</p>     <p>16. Melgarejo  Acosta, Mar&iacute;a del Pilar. "Trazando las huellas del lenguaje pol&iacute;tico de La  Regeneraci&oacute;n: la naci&oacute;n colombiana y el problema de su heterogeneidad  excepcional". En Genealog&iacute;as de la Colombianidad. Bogot&aacute;: Instituto Pensar,  Universidad Javeriana/CEJA, 2008.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>17. Mor&eacute;  Belford. "La construcci&oacute;n ideol&oacute;gica de una base emp&iacute;rica: selecci&oacute;n y  elaboraci&oacute;n en la gram&aacute;tica de Andr&eacute;s Bello". Del Valle, Jos&eacute;, Gabriel-Stheman  (eds.). La batalla del idioma. La intelectualidad hisp&aacute;nica ante la lengua. La  Casa de la Riqueza. Estudios de Cultura de Espa&ntilde;a, 4. Iberoamericana, Vervuert,  2004.</p>     <p>18. Obreg&oacute;n, Diana. Struggling Against Leprosy:  Physicians, Medicine, and Society in Colombia, 1880-1940. Ph D. Dissertation,  Virginia Tech University, 1996. Publicado como libro:  Batallas contra la lepra: estado, medicina y ciencia en Colombia. Medell&iacute;n:  Universidad EAFIT, 2002.</p>     <p>19. Organizaci&oacute;n  Panamericana de la Salud. Centenario de la OPS. La OPS y el Estado colombiano:  Cien a&ntilde;os de historia. Bogot&aacute;, Octubre 2002.</p>     <p>20. Palacios,  Marco. La Regeneraci&oacute;n ante el espejo liberal: Las metamorfosis de 1878 a 1900,  y sus consecuencias en el siglo XX. Ponencia presentada en la C&aacute;tedra de  Pensamiento Colombiano. Departamento de Filosof&iacute;a. Universidad Nacional de  Colombia, 2001.</p>     <p>21. Pedraza,  Zandra. En Cuerpo y alma: visiones del progreso y la felicidad. Bogot&aacute;:  Departamento de Antropolog&iacute;a. Universidad de los Andes, 1999.</p>     <p>22. Rama, Angel.  La Ciudad Letrada. Hanover, N.H.: Ediciones del Norte, 1984.</p>     <p>23. Ramos,  Julio. Desencuentros de la modernidad en Am&eacute;rica Latina. Literatura y pol&iacute;tica  en el siglo XIX. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1989.</p>     <p>24. Ren&aacute;n,  Ernest. &iquest;Qu&eacute; es una naci&oacute;n? Cartas a Strauss. Madrid: Alianza, 1987.</p>     <p>25. Sommer, Doris. Foundational Fictions. The  National Romances of Latin Am&eacute;rica. Berkeley: University of California Press,  1991.</p>     <p>26. Von der Walde Uribe, Erna. "Limpia, fija y da  esplendor: el letrado y la letra en Colombia a fines del siglo XIX". Revista  Iberoamericana. Enero - Junio. Vol. LXIII, n&uacute;ms. 178-179. 1997. Pgs. 71-83.</p> </font>         ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
