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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">        <p><b>    <center><font size="4">¿SOBREVIVIR&Aacute;  la coalici&oacute;n de Uribe?</font></center></b></p>        <p>Santiago Olivella<sup>1</sup> y Cristina V&eacute;lez<sup>2</sup></p>        <p><sup>1</sup>Polit&oacute;logo, Universidad de los Andes.    <br>    <sup>2</sup>Polit&oacute;loga, Universidad de los Andes.</p>    <hr size="1">        <p><b><font size="3">Introducci&oacute;n</font></b></p>        <p>&Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez fue elegido  este 20 de mayo con  la m&aacute;s alta votaci&oacute;n en la  historia electoral del pa&iacute;s: 7-363.297  votos, equivalentes al 62% de los sufragios.  No tuvo que enfrentarse a una  segunda vuelta.Adem&aacute;s, los cinco partidos  que lo acompa&ntilde;an obtuvieron  mayor&iacute;a en las elecciones legislativas.  &Eacute;stos se quedaron con el 62% de los  esca&ntilde;os en el Congreso y hoy conforman  una coalici&oacute;n que la opini&oacute;n p&uacute;blica  percibe como invencible. Con este  panorama, ¿tendr&aacute; el presidente cuatro  a&ntilde;os de gobernabilidad asegurada?</p>        <p>El siguiente art&iacute;culo analiza  c&oacute;mo, debido a la fragilidad de la coalici&oacute;n  de gobierno, este puede no ser  el escenario m&aacute;s probable. En general,  argumentamos que existen fuertes  incentivos para la indisciplina y, en &uacute;ltimo  t&eacute;rmino, para la desintegraci&oacute;n de  la alianza uribista, producto de debilidades  derivadas de su estructura, de su  composici&oacute;n partidista y de la agenda  legislativa que debe enfrentar. De ser  correctas nuestras apreciaciones, el ejecutivo  tendr&iacute;a que aplicar costosas  estrategias para mantener unidos a sus  congresistas y tramitar su agenda.</p>        <p>El texto est&aacute; dividido en tres  partes. La primera evidencia, desde la  teor&iacute;a formal, las dificultades que para  la coalici&oacute;n trae sus atributos; la segunda  introduce los retos que implica su  heterog&eacute;nea composici&oacute;n; la tercera  profundiza en los obst&aacute;culos que para la  uni&oacute;n significa el contenido de los proyectos  que el gobierno pretende tramitar.  Por &uacute;ltimo concluimos que, ante las vicisitudes de la alianza, el gobierno  tendr&iacute;a que recurrir a la conformaci&oacute;n  de coaliciones <i>ad hoc</i>, como ha ocurrido  tradicionalmente en las relaciones  Ejecutivo-Legislativo en Colombia, y  adelantamos una brev&iacute;sima agenda de  investigaci&oacute;n sobre el tema de duraci&oacute;n  de las coaliciones.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><font size="3">1. El tama&ntilde;o s&iacute; importa</font></b></p>        <p>Desde la teor&iacute;a de las coaliciones,  el tama&ntilde;o de la alianza uribista es  un problema: las de su tipo suelen  durar menos que sus contrapartes m&aacute;s  peque&ntilde;as, y en la oposici&oacute;n. Dada su  estructura, las grandes coaliciones de  gobierno incentivan altos niveles de  indisciplina, no s&oacute;lo entre los miembros  m&aacute;s peque&ntilde;os, sino incluso entre  aquellos que pueden ser decisivos para  la victoria de la coalici&oacute;n. As&iacute;, es  importante darle una mirada a los  principios ofrecidos por dicha teor&iacute;a,  pues no s&oacute;lo ofrecen explicaciones  plausibles para la actual configuraci&oacute;n  del Congreso colombiano, sino que  permiten aventurar algunos pron&oacute;sticos  sobre su futuro.</p>        <p>Desde que William H. Riker  publicara su <i>Theory of Political Coalitions</i>,  en 1962, el estudio de las coaliciones  pol&iacute;ticas no ha dejado de ocupar a  polit&oacute;logos y economistas. El modelo  formal all&iacute; presentado contin&uacute;a siendo,  con alteraciones menores, el que mejor  predice el tipo de coaliciones que se  han de crear en un cuerpo colegiado  cualquiera (Lijphart 1999).</p>        <p>Dicho modelo utiliza la teor&iacute;a  de juegos para derivar tres principios, a  partir de los que se explican y/o predicen los tipos de coaliciones que es  posible encontrar en un cuerpo colegiado.  De ellos, el <i>principio del tama&ntilde;o</i> es  el m&aacute;s relevante. Seg&uacute;n &eacute;ste, en una  situaci&oacute;n semejante a un juego de suma  cero con n jugadores y negociaciones al margen, las alianzas tender&aacute;n a ser  <i>ganadoras m&iacute;nimas</i>, es decir, tan grandes  como sus participantes suponen suficiente  para asegurar la victoria, pero no  mayores (Riker 1967). Un ejemplo  aclarar&aacute; esta definici&oacute;n.</p>        <p>En una legislatura cuyos asientos  est&aacute;n distribuidos entre cinco partidos  de la manera que muestra la <a href="#tab1">Tabla 1</a>, las  coaliciones m&aacute;s factibles ser&iacute;an las formadas  por las combinaciones BE, DE,  ABD, BCD y ACE, siempre que retirar  cualquiera de los miembros de una de  estas coaliciones resultar&iacute;a en la p&eacute;rdida  de la mayor&iacute;a. Por el contrario, la coalici&oacute;n  formada por DEB es mayor a la  m&iacute;nima ganadora y por lo tanto poco  probable, pues es posible retirar al partido  B sin perjudicar la mayor&iacute;a establecida.  El supuesto detr&aacute;s de este  razonamiento es que los posibles miembros  de una coalici&oacute;n prefieren repartir  el bot&iacute;n ganador entre la menor cantidad  posible de individuos, que a su vez  asegure la obtenci&oacute;n del mismo: por  ello, no es &oacute;ptimo constituir una colectividad con la mayor cantidad de miembros  posible, sino con el n&uacute;mero estrictamente  necesario para ganar<sup><a href="#3">3</a></sup>.</p>        <p>    <center><a name="tab1"></a><img src="img/revistas/rci/n64/n64a11tab1.gif"></center></p>        <p>Sintetizando, una coalici&oacute;n  m&iacute;nima ganadora es el tipo de alianza  m&aacute;s provechoso para los legisladores y  es, por tanto, la coalici&oacute;n que tienden a  formar. Est&aacute; conformada por el n&uacute;mero  m&iacute;nimo de participantes necesarios  para ser mayor&iacute;a, ni uno m&aacute;s ni uno  menos. Si son menos, se pone en riego  la victoria de la coalici&oacute;n (pues no se  tienen los votos necesarios para la aprobaci&oacute;n  de los proyectos en su agenda) y  si son m&aacute;s, hay participantes no indispensables,  que s&oacute;lo est&aacute;n ah&iacute; para afectar  las ganancias de los involucrados  (pues las utilidades derivadas de la victoria  deben repartirse entre m&aacute;s individuos  de los estrictamente necesarios).</p>        <p>Ahora bien, si la intuici&oacute;n de  Riker es correcta, ¿c&oacute;mo podemos  explicar que algunas coaliciones sean  m&aacute;s grandes que lo necesario? La pregunta  es especialmente relevante dado  el caso particular que nos ocupa: la coalici&oacute;n  uribista sobrepasa por mucho lo  que Riker ha definido como una coalici&oacute;n  m&iacute;nima ganadora.Aunque 60% de  los miembros del Senado pertenecen al  uribismo, la <a href="#tab2">Tabla 2</a> evidencia que la  mitad de los proyectos m&aacute;s relevantes  en la agenda legislativa del gobierno  necesitar&iacute;an mayor&iacute;as simples para su  aprobaci&oacute;n, que pueden ser formadas  incluso con un cuarto de los senadores<sup><a href="#4">4</a></sup>.  Igualmente, aquellos proyectos que  requieren mayor&iacute;as absolutas necesitar&iacute;an  al menos 52 senadores para ser aprobados, casi diez senadores menos que  los que conforman la coalici&oacute;n uribista.  ¿C&oacute;mo explicar este exceso a partir de  la teor&iacute;a de Riker?</p>        <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><a name="tab2"></a><img src="img/revistas/rci/n64/n64a11tab2.gif"></center></p>        <p>Los posibles miembros de una  coalici&oacute;n pretenden incluir un n&uacute;mero  de individuos igual a aquel que <i>suponen</i>  har&iacute;a de su coalici&oacute;n una ganadora  m&iacute;nima. Esta apreciaci&oacute;n subjetiva  puede verse afectada en situaciones en  las que la informaci&oacute;n es imperfecta<sup><a href="#5">5</a></sup>.  Como ganar la lealtad de los indecisos  es costoso en t&eacute;rminos de prebendas y  depende de la expectativa de victoria  del indeciso al decidir entrar en una u  otra coalici&oacute;n, resulta mejor para una  alianza aumentar la probabilidad de  convertirse en ganadora (i.e. mayoritaria)  llamando a todos los indecisos, que buscar s&oacute;lo el n&uacute;mero de indecisos  necesario para convertirse en una coalici&oacute;n  ganadora m&iacute;nima. Aunque en este  &uacute;ltimo caso las ganancias de los miembros  de la coalici&oacute;n sean mayores (dado  que el &quot; bot&iacute;n&quot;  se reparte entre menos  individuos), estas ganancias siguen  dependiendo de la victoria de la coalici&oacute;n,  cosa que resulta menos probable si  s&oacute;lo se apunta a constituir una ganadora  m&iacute;nima (Riker 1967). Por ello, entre  m&aacute;s imperfecta sea la informaci&oacute;n con  la que cuentan los miembros de un  cuerpo colegiado,mayor distancia habr&aacute;  entre las coaliciones m&iacute;nimas supuestas  y las reales o, lo que es lo mismo,mayor  tama&ntilde;o tendr&aacute;n las coaliciones.</p>        <p>Una de las consecuencias de lo  anterior es que la indisciplina resulta  especialmente rentable en un mundo de  grandes coaliciones ya establecidas,  donde existe un n&uacute;mero reducido de  indecisos y una gran necesidad de ellos.  En general, a medida que se van acabando  los indecisos, las lealtades se  hacen m&aacute;s costosas, raz&oacute;n por la que es  especialmente provechoso ser un desertor  con poder negativo, esto es, un  miembro crucial para la victoria de la  coalici&oacute;n (Riker 1967). Por ello, es de  esperar que, en las coaliciones de gran  tama&ntilde;o, los desertores sean los miembros  con mayor peso en la coalici&oacute;n:  como cambiar su voto puede significar  la victoria de la coalici&oacute;n a la que llegan,  el costo de hacer el cambio es muy  bajo para ellos, y la utilidad muy alta (no  s&oacute;lo en esa oportunidad, sino en oportunidades  siguientes). Por otro lado,  cuando el cambio de voto proviene de  un miembro no crucial de la coalici&oacute;n,  el costo sigue siendo bajo, pues siempre  que la probabilidad de victoria de la  coalici&oacute;n original no se ve significativamente  diezmada, no existen represalias por su deserci&oacute;n. Ello, si bien no hace  deseable la indisciplina (porque no  sabemos si el salto es rentable), al menos  la hace m&aacute;s viable (Crowe 1980).</p>        <p>De esta forma, el tama&ntilde;o de una  coalici&oacute;n determina que sea o no rentable  abandonarla y ser indisciplinado.  Si la coalici&oacute;n tiene m&aacute;s miembros de  los necesarios para ser mayoritaria, la  salida de un miembro peque&ntilde;o no ser&aacute;  costosa, pues no es determinante para  que la alianza sea victoriosa.Y si se es un  miembro de gran tama&ntilde;o, la indisciplina  puede elevar la utilidad esperada con  la deserci&oacute;n. En general, ser indisciplinado  en una coalici&oacute;n ganadora mayor  a la m&iacute;nima paga: con costos relativamente  bajos es posible cotizarse en el  mundo de los indecisos, bien pagados  por otras coaliciones a la hora de aprobar  proyectos.</p>        <p>Pero la coalici&oacute;n uribista no es  s&oacute;lo de gran tama&ntilde;o; es tambi&eacute;n la coalici&oacute;n  de gobierno. Ello puede significar  que algunos miembros originales de la  coalici&oacute;n encuentren m&aacute;s provechoso  abandonarla, a fin de demostrar distancia  con respecto a alguna pol&iacute;tica particular  del gobierno, en especial si en el  futuro dichos miembros aspiran competir  por la Presidencia (Crowe 1980).</p>        <p>Por tanto, el panorama para la  coalici&oacute;n legislativa uribista no es muy  prometedor. Como en todas las coaliciones  de su tipo, la fuerza centr&iacute;fuga de la  indisciplina puede llegar a ser lo suficientemente  fuerte como para eliminar su  car&aacute;cter mayoritario y, con &eacute;l, su m&uacute;sculo  negociador.Y hemos identificado al  menos tres de esas fuerzas en la estructura  del uribismo: el valor que adquiere un  miembro del cuerpo colegiado al ser un  indeciso y, m&aacute;s a&uacute;n, al ser un miembro  crucial desertor; el bajo costo asociado a  la deserci&oacute;n de miembros no cruciales en una coalici&oacute;n de gran tama&ntilde;o; y la  necesidad de presentarse con posiciones  adversas al gobierno, dadas las aspiraciones  pol&iacute;ticas futuras de quien as&iacute; se presenta.  Pero adem&aacute;s de los riesgos que la  teor&iacute;a predice que la coalici&oacute;n enfrentar&aacute;  por su tama&ntilde;o, su composici&oacute;n heterog&eacute;nea  la hace vulnerable.</p>        <p><b><font size="3">2. Pescando en r&iacute;o revuelto</font></b></p>        <p>La coalici&oacute;n gobiernista est&aacute;  compuesta oficialmente por cinco partidos:  aquellos que Uribe acept&oacute; como  acompa&ntilde;antes en su segunda campa&ntilde;a.  Tres antiguos, como el tradicional Partido  Conservador, Cambio Radical y  Colombia Democr&aacute;tica (el movimiento  de su primo Mario Uribe) y dos agrupaciones reci&eacute;n conformadas, que surgieron  como resultado de la reforma  pol&iacute;tica: el partido de &quot; la U&quot;  y Alas Equipo  Colombia.</p>        <p>Sin embargo, ya en las primeras  semanas de la reci&eacute;n inaugurada legislatura  se le sumaron nuevos miembros:  Convergencia Ciudadana y Colombia  Viva, aunque el gobierno no ha querido  aceptar oficialmente estas alianzas, por su  pasado controvertido. Estas agrupaciones  fueron acusadas en las pasadas elecciones  de darle techo a congresistas con  presuntos v&iacute;nculos paramilitares, que  meses antes hab&iacute;an sido expulsados de las  filas del partido de &quot; la U&quot;  y de Cambio  Radical. La <a href="#tab3">Tabla 3</a> describe en detalle la  composici&oacute;n de la coalici&oacute;n.</p>        <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><a name="tab3"></a><img src="img/revistas/rci/n64/n64a11tab3.gif"></center></p>        <p>Como se hace evidente, la alianza  uribista es bastante heterog&eacute;nea: sus  partidos tienen or&iacute;genes muy distintos  (ideol&oacute;gicos y pol&iacute;ticos) y sus principales  l&iacute;deres pronto entrar&aacute;n en confrontaci&oacute;n  por heredar el linaje de Uribe  con miras al 2010. Finalmente, la repartici&oacute;n  burocr&aacute;tica y la puja por la pol&iacute;tica  regional tambi&eacute;n ser&aacute;n terrenos de  acerba competencia (ver <a href="#tab4">Tabla 4</a>)</p>        <p>    <center><a name="tab4"></a><img src="img/revistas/rci/n64/n64a11tab4.gif"></center></p>        <p>Esta heterogeneidad ha empezado  a generar las primeras grietas en  la coalici&oacute;n. Por pujas burocr&aacute;ticas,  Cambio Radical, en la elecci&oacute;n de las  mesas directivas, plane&oacute; un golpe  contra la alianza, pues otros miembros  se negaron a apoyar a su candidato  a la Contralor&iacute;a, Carlos  Medell&iacute;n. Finalmente, la deserci&oacute;n  estrat&eacute;gica result&oacute; in&uacute;til, porque el  gobierno negoci&oacute; el apoyo de Convergencia  Ciudadana, uno de los  indecisos del sistema, a fin de mantener  la mayor&iacute;a.</p>        <p>Algo similar ocurri&oacute; en la elecci&oacute;n  de magistrados del Consejo  Nacional Electoral. Mientras que Alas-  Equipo Colombia y Colombia Democr&aacute;tica  se aliaron, colectivamente, al  PDA, en el Partido de &quot; la U&quot;  cinco congresistas  desertaron y votaron a favor  de los candidatos de Convergencia  Ciudadana. Con ello se hace evidente  que incluso al interior de los partidos  la indisciplina es una opci&oacute;n atractiva,  no solo por razones por las que lo es a  nivel de coalici&oacute;n, sino por los vac&iacute;os  presentes en la joven Ley de Bancadas.</p>        <p>Esta ley no logra solucionar los  problemas estructurales que tienen los  partidos m&aacute;s nuevos del uribismo, que  se unieron m&aacute;s por los requisitos  impl&iacute;citos en la reforma pol&iacute;tica que  por afinidades ideol&oacute;gicas o convergencia  de proyectos pol&iacute;ticos. Este es el  caso de &quot; la U&quot; , cuyos miembros se  unieron bajo el &uacute;nico inter&eacute;s com&uacute;n  de vincularse a la popularidad del Presidente  Uribe. ¿Qu&eacute; m&aacute;s pueden compartir  Dilian Francisca Toro y Martha  Luc&iacute;a Ram&iacute;rez, o Luis Guillermo  V&eacute;lez y Armando Benedetti? Adicionalmente,  dada la experiencia pol&iacute;tica  de algunos de sus miembros, les resulta  dif&iacute;cil respetar liderazgos recientemente  establecidos.</p>        <p>La situaci&oacute;n de algunos miembros  de Cambio Radical, que han  amenazado con regresar a su anterior  partido (el liberalismo), hace evidente  que esta agrupaci&oacute;n tiene problemas  para consolidarse. Algo similar ocurre  con Alas Equipo Colombia, que es  una improvisada uni&oacute;n del capital  pol&iacute;tico de &Aacute;lvaro Ara&uacute;jo, de ra&iacute;ces  liberales y coste&ntilde;o, con el partido de  Luis Alfredo Ramos, que es fuerte en  Antioquia y de tendencia conservadora.  Es poco probable que esta alianza  se mantenga ante un deterioro de  la popularidad del presidente.</p>        <p>Esta inestabilidad afecta el panorama  de supervivencia de la coalici&oacute;n.  Ello sin contar que, como predice  la teor&iacute;a de coaliciones, pronto los  miembros presidenciables de estas  agrupaciones buscar&aacute;n distancia con  respecto al gobierno, para sumar puntos  que les sirvan en una eventual contienda  electoral.</p>        <p>La coalici&oacute;n tiene entonces conflictos  internos, no s&oacute;lo entre partidos  sino dentro de los mismos.Y aunque en las elecciones locales del 2007 es donde  hay m&aacute;s probabilidad de que estas diferencias  se hagan manifiestas, antes  deber&aacute;n sortear las dificultades de una  espinosa agenda legislativa.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><font size="3">3. El camino es largo y culebrero</font></b></p>        <p>A Uribe s&oacute;lo le quedan cuatro  a&ntilde;os para consolidar su proyecto de  Estado Comunitario. Por eso debe ir  un paso m&aacute;s all&aacute; de la seguridad democr&aacute;tica,  y promover reformas de fondo  en el tema social y econ&oacute;mico. El discurso  de inauguraci&oacute;n del Congreso  fue s&oacute;lo un abrebocas de la ambiciosa  agenda legislativa que el gobierno tiene  en mente. Los proyectos incluyen temas  de fondo y cambios estructurales, una  combinaci&oacute;n poco atractiva para el  mantenimiento del capital electoral: se  habl&oacute; de una reforma tributaria que  aspira eliminar exenciones; se quiere  modificar la f&oacute;rmula de c&aacute;lculo de las  transferencias y se considera urgente el  tr&aacute;mite del TLC, la penalizaci&oacute;n de la  dosis personal, la reelecci&oacute;n de alcaldes  y gobernadores y la modificaci&oacute;n de la  Ley 100. Todos estos temas han sido  evadidos por anteriores mandatarios,  por los costos en t&eacute;rminos de popularidad  y lo dif&iacute;cil de su tr&aacute;mite en el  Congreso.</p>        <p><i>Reforma tributaria</i>: No s&oacute;lo afecta el  bolsillo de los estratos menos favorecidos  al ponerle IVA del 16% a los  productos de la canasta familiar, sino  que disminuye los ingresos de los  asalariados de estratos 5 y 6, pues  elimina loopholes utilizados para eludir  el impuesto a la renta. Estas  medidas ya empezaron a generar  descontento en los partidos uribistas,  para quienes pol&iacute;ticamente  puede ser muy costoso apoyarlas.</p>        <p><i>R&eacute;gimen de transferencias</i>: Uribe  quiere tramitar un Acto Legislativo  que vuelva permanente la reforma  que en el 2001 cambi&oacute; la f&oacute;rmula  que aumenta anualmente los recursos  que la Naci&oacute;n le gira a las regiones.  La reforma pierde vigencia en  el 2008, lo que explica el inter&eacute;s del  gobierno. El problema es que es  dif&iacute;cil que los congresistas apoyen  esta iniciativa, pues este acto legislativo  les puede traer problemas con  sus clientelas regionales, espec&iacute;ficamente  con alcaldes y gobernadores.  La f&oacute;rmula de aumento actual est&aacute;  atada a la inflaci&oacute;n, y por eso al  gobierno le interesa volverla permanente  con el acto legislativo,  mientras que las regiones encuentran  m&aacute;s atractivo que en el 2008 se  regrese a la f&oacute;rmula anterior, que no  tiene este l&iacute;mite.</p>        <p><i>Regal&iacute;as</i>: el ejecutivo ya tiene preparado  un proyecto que busca  obligar a los entes territoriales  beneficiados por estos recursos a  ahorrar un porcentaje determinado  de ellos en fondos de desarrollo  regional. Una iniciativa que seguramente  no ser&aacute; apoyada por los  legisladores pertenecientes a estas  regiones, pues muchos dependen  de estos recursos para su supervivencia  pol&iacute;tica.</p>        <p><i>Penalizaci&oacute;n de la dosis personal</i>: Aunque  la mayor&iacute;a de los uribistas tienden  ideol&oacute;gicamente a la derecha,  en &quot; la U&quot;  y en Cambio Radical hay  sectores que tienen un claro pasado  liberal. Si este grupo se suma a la  oposici&oacute;n que tradicionalmente ha  hecho el Partido Liberal y el PDA,  es muy dif&iacute;cil que el gobierno  encuentre mayor&iacute;as para la aprobaci&oacute;n  de este pol&eacute;mico proyecto.</p>        <p><i>TLC</i>: Aunque los cinco partidos  que acompa&ntilde;aron oficialmente la  segunda campa&ntilde;a de Uribe han  expresado su apoyo a este tratado,  muchos congresistas uribistas representantes  del gremio agr&iacute;cola o de  las farmac&eacute;uticas intentar&aacute;n bloquear  los incisos que afectan a sus  financiadores. Esto explicar&iacute;a la actitud  de Humberto G&oacute;mez Gallo, un  reconocido defensor de los intereses  del gremio arrocero y l&iacute;der por  experticia de la Comisi&oacute;n Primera,  quien intempestivamente opt&oacute; por  la comisi&oacute;n segunda, donde se discute  el TLC.</p>        <p><i>Reforma a Ley 100</i>: Los cambios  que esta ley le hizo al sistema de  salud no fueron suficientes para  asegurar la cobertura universal.  Adem&aacute;s, ha afectado la calidad del  servicio y hay problemas de coordinaci&oacute;n  entre las aseguradoras y  los entes prestadores del servicio.  Por eso el ministerio de protecci&oacute;n  social presentar&aacute; un proyecto  para solucionar estos cuellos de  botella, que puede afectar los intereses  de las EPS y ARS, cuya efectividad  de lobby en el Congreso  ha sido m&aacute;s que probada.</p>        <p><i>Reelecci&oacute;n de Alcaldes y Gobernadores</i>:  A Uribe le conviene beneficiar a los  mandatarios locales promoviendo  su reelecci&oacute;n. Sin embargo, los dos  partidos m&aacute;s grandes de su coalici&oacute;n  no ven atractivo en esta iniciativa,  pues les conviene m&aacute;s volver a  tirar los dados que reelegir los pocos  alcaldes y gobernadores con los que  cuentan. Los conservadores cuentan  s&oacute;lo con 4 gobernadores y 158  alcaldes, mientras su competencia  liberal tiene m&aacute;s del doble, y &quot; la U&quot;   ninguno.</p>        <p><b><font size="3">4. Prognosis y Agenda  de Investigaci&oacute;n</font></b></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si el escenario que hemos esbozado  en las tres secciones anteriores  resulta correcto, la coalici&oacute;n tiene por  delante m&uacute;ltiples retos y una alta probabilidad  de desintegraci&oacute;n. De ah&iacute; que  un escenario probable ante estas dificultades  sea la continua formaci&oacute;n de  coaliciones <i>ad hoc</i>, que cambien de  acuerdo a los diferentes proyectos. Esto  puede traer consecuencias en t&eacute;rminos  de relaciones ejecutivo-legislativo. Primero,  que el esquema de coaliciones  procedimentales que usualmente ha  caracterizado la din&aacute;mica de estas relaciones  siga predominando, lo que complica  la gobernabilidad<sup><a href="#9">9</a></sup>. Segundo, que  los actores m&aacute;s beneficiados terminen  siendo los indecisos y no los disciplinados,  como lo quiso promover la reforma  pol&iacute;tica y la ley de bancadas. Y  aunque el anterior panorama es bastante  pesimista, no est&aacute; de m&aacute;s matizarlo al  menos en dos sentidos: por un lado, a  Uribe todav&iacute;a le queda popularidad y  puestos suficientes para alimentar la  coalici&oacute;n por un tiempo. De otro lado,  si la coalici&oacute;n no funciona el escenario  alternativo, las coaliciones procedimentales,  no es tan negativo. Al fin y al  cabo, nuestro legislativo ha funcionado  bajo un m&iacute;nimo de eficiencia con este  esquema durante a&ntilde;os.</p>        <p>Por otro lado, las secciones anteriores  presentan hip&oacute;tesis acerca de lo  que podr&iacute;a ocurrir con la coalici&oacute;n  gobiernista. Sin embargo, ser&iacute;a necesario  evaluar esas hip&oacute;tesis de forma  emp&iacute;rica, a fin de obtener una respuesta  satisfactoria a la pregunta sobre la  duraci&oacute;n de la coalici&oacute;n de Uribe.</p>        <p>Con respecto a la teor&iacute;a de las  coaliciones m&iacute;nimas ganadoras, ser&iacute;a  necesario revisar el tama&ntilde;o real de  una serie de coaliciones de gobierno  en la historia legislativa del pa&iacute;s. Una  vez se cuente con evidencia de que  mayores problemas de informaci&oacute;n  generan coaliciones de mayor tama&ntilde;o  (y para ello ser&iacute;a necesario dise&ntilde;ar un  indicador de perfecci&oacute;n en la informaci&oacute;n),  habr&iacute;a que revisar la relaci&oacute;n  entre tama&ntilde;o de la coalici&oacute;n y  disciplina de sus miembros.Asimismo,  y a fin de revisar la hip&oacute;tesis acerca  del peso relativo en la coalici&oacute;n de los  desertores m&aacute;s frecuentes, ser&iacute;a adecuado  utilizar las definiciones de  miembro cr&iacute;tico (i.e. aquel cuya presencia  en la coalici&oacute;n es necesaria  para hacerla mayoritaria) y miembro  no cr&iacute;tico para evaluar la relaci&oacute;n  entre la indisciplina y el tama&ntilde;o de los  desertores, de la misma manera en  que se eval&uacute;a la relaci&oacute;n entre ser  parte de la oposici&oacute;n y el nivel de disciplina.  Uno de los problemas m&aacute;s  serios que enfrentar&iacute;a una investigaci&oacute;n  de este tipo es la operacionalizaci&oacute;n  de la indisciplina, dada la casi  nula documentaci&oacute;n desagregada de  las votaciones legislativas. Una alternativa  consiste en utilizar la informaci&oacute;n  de la actual legislatura para  confirmar o refutar las hip&oacute;tesis presentadas,  aunque esas conclusiones no  pudieran ser utilizadas para predecir el  comportamiento de la coalici&oacute;n uribista.  Otra alternativa, que permitir&iacute;a  incluir un n&uacute;mero mayor de observaciones,  consistir&iacute;a en revisar el curso  de proyectos radicados por el gobierno.  El problema en este caso consistir&iacute;a en construir la informaci&oacute;n acerca  de las coaliciones procedimentales  operantes en cada caso, aunque de  tener esta informaci&oacute;n se podr&iacute;a utilizar  una regresi&oacute;n log&iacute;stica que estime  la probabilidad de que un proyecto  sea aprobado dados diferentes atributos  de las coaliciones tanto de oposici&oacute;n  como de gobierno.</p>        <p>Por otro lado, ser&iacute;a necesario  profundizar el concepto &quot; heterogeneidad&quot;   a la hora de hablar de la composici&oacute;n  partidista y personal de las  coaliciones. Ello permitir&iacute;a evaluar  emp&iacute;ricamente la relaci&oacute;n entre heterogeneidad  y disciplina y, finalmente,  entre heterogeneidad y duraci&oacute;n de la  coalici&oacute;n. A fin de construir un indicador  de heterogeneidad ser&iacute;a necesario  incluir variables de partido, de  regi&oacute;n, de experiencia en cargos de  elecci&oacute;n popular, de aspiraciones  pol&iacute;ticas, de fuentes de financiaci&oacute;n y  de capital electoral, entre otras. A trav&eacute;s  de una matriz de proximidad, ser&iacute;a  posible establecer qu&eacute; posiciones son  m&aacute;s o menos compatibles con otras,  logrando as&iacute; establecer cu&aacute;les coaliciones  son m&aacute;s heterog&eacute;neas y cu&aacute;les  m&aacute;s homog&eacute;neas.</p>        <p>Finalmente, las hip&oacute;tesis referidas  a la composici&oacute;n de la agenda  tendr&iacute;an que ser evaluadas, en primer  lugar, a trav&eacute;s de una definici&oacute;n operativa  de &quot; proyecto electoralmente  costoso&quot; . Tal definici&oacute;n podr&iacute;a pasar  por una revisi&oacute;n hist&oacute;rica de los  resultados electorales de quienes han  sido autores y ponentes de temas seleccionados  como perjudiciales en  t&eacute;rminos de apoyo de los votantes.  Igualmente, ser&iacute;a apropiado revisar la  probabilidad de que un proyecto sea  aprobado o rechazado, dependiendo  de sus contenidos (vg. ajustes fiscales, reforma constitucional, ajuste al presupuesto,  transferencia a las unidades  subnacionales, etc.).</p>        <p>Con ello, podr&iacute;amos tener una  imagen m&aacute;s clara de los factores que  influyen en la disciplina dentro de las  coaliciones, as&iacute; como en su estabilidad  en el tiempo. Ello nos podr&iacute;a  ofrecer una respuesta m&aacute;s contundente  a la pregunta sobre la duraci&oacute;n  de las coaliciones de gobierno y, m&aacute;s  espec&iacute;ficamente, a la del presidente  Uribe. Por lo pronto, y a falta de una  investigaci&oacute;n en el sentido aqu&iacute; propuesto,  nuestras hip&oacute;tesis parecen al  menos plausibles, y las experiencias  recientes en el proceso legislativo parecen  apoyarlas.</p>    <hr size="1">        <p><a name="3"><sup>3</sup></a>Tal supuesto, aparentemente tan intuitivo, no lo resulta tanto cuando nos damos cuenta de que, en realidad, es contrario a uno  de los principios m&aacute;s ampliamente aceptados en el estudio de la pol&iacute;tica, a saber, que los partidos son maximizadores de votos  (Downs 1957). Si hacemos de los partidos electorales una especie de coalici&oacute;n, aquellos que votan por &eacute;stos ser&iacute;an sus miembros.  Seg&uacute;n esto,Downs supone que los partidos buscan tener la mayor cantidad posible de miembros; el supuesto de las coaliciones  m&iacute;nimas ganadoras supone, por el contrario, que los partidos s&oacute;lo buscan el n&uacute;mero de votos necesario para hacer del  partido un ganador de la contienda, pero no m&aacute;s. Seg&uacute;n el principio de Riker, en un momento de la carrera electoral los votos  resultan no s&oacute;lo superfluos, sino injustificadamente costosos.</p>        <p><a name="4"><sup>4</sup></a>En el caso de que el qu&oacute;rum decisorio sea el m&iacute;nimo en una sesi&oacute;n del Senado.</p>        <p><a name="5"><sup>5</sup></a>Esto es, situaciones en las que las decisiones de cooperaci&oacute;n de algunos individuos son desconocidas hasta el momento mismo  en que es hecha la votaci&oacute;n, como suele ser el caso en los organismos legislativos.</p>        <p><a name="6"><sup>6</sup></a>En el 2002 obtuvieron su personer&iacute;a jur&iacute;dica, aunque ya en 1998 hab&iacute;an lanzado candidato a la presidencia,Alfonso Valdivieso.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="7"><sup>7</sup></a>Fue fundado en 1986 por Mario Uribe Escobar como una disidencia del liberalismo en Antioquia.</p>        <p><a name="8"><sup>8</sup></a>Este Partido fue creado en 1997 por Luis Alberto Gil Castillo , ex militante del M-19 y dirigente sindical de los maestros en  Santander.Cre&oacute; este partido para lanzarse a la Asamblea de su departamento.</p>        <p><a name="9"><sup>9</sup></a>Ver m&aacute;s sobre las coaliciones procedimentales en Pach&oacute;n (2003)</p>    <hr size="1">        <p><b><font size="3">Referencias</font></b></p>        <!-- ref --><p>1 Riker,W. H. 1967. <i>The Theory of  Political Coalitions</i>. New Haven: Yale  University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0121-5612200600020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2 Lijphart, A. 1999. <i>Patterns of  Democracy. Government Forms and Performance  in Thirty-Six democracies</i>. New  Haven:Yale University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0121-5612200600020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3 Downs, A. 1965. <i>An Economic  Theory of Democracy</i>.New York: Harper-  Collins.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0121-5612200600020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4 Pach&oacute;n, M. 2003. <i>Explaining the  Performance of the Colombian Congress:  Electoral and Legislature Rules, and Interactions  with the Executive</i>.Tesis de Maestr&iacute;a  en Estudios Latinoamericanos,  Oxford University.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0121-5612200600020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5 Shepsle, Kenneth y Barry  Weingast. 1987. &quot; The Institutional  Foundations of Committee Power.&quot;   <i>American Political Science Review</i> 81(1):  85-104.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0121-5612200600020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6 Cox, Gary y Mathew McCubbins.  1993. <i>Legislative Leviathan: Party  Government in the House</i>. Chicago:The  University of Chicago Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0121-5612200600020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7 El Tiempo, 25 de Agosto 2006  <i>&quot; Corte de cuentas a la Repartici&oacute;n de cuentas.&quot; </i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0121-5612200600020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8 Revista Semana, 21 de Agosto  2006; <i>&quot; Corriendo Butacas.&quot; </i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0121-5612200600020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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