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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA INTERNACIONALIZACIÓN DEL CONFLICTO ARMADO DESPUÉS DEL 11 DE SEPTIEMBRE: ¿la ejecución de una estrategia diplomática hábil o la simple ocurrencia de lo inevitable?]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[THE INTERNATIONALIZATION OF THE COLOMBIAN ARMED CONFLICT AFTER 9/11: A Wise Diplomatic Strategy or the Simple Occurrence of the Inevitable?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The current U.S. war against international terrorism constitutes a superb scenario for the internationalization of the Colombian armed conflict, a strategy that the administration of President Uribe is advancing.The internationalization policy is an explicit and conscious decision to invite external actors -mainly the U.S.- to participate in the Colombian war.This decision is clearly conditioned by the international arena.Both rationalist and constructivist approaches in International Relations provide key elements to explain why the Colombian government decides to internationalize its conflict, and to identify what are the main components of this foreign policy strategy.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4">LA INTERNACIONALIZACI&Oacute;N DEL CONFLICTO ARMADO DESPU&Eacute;S DEL 11 DE SEPTIEMBRE: &iquest;la ejecuci&oacute;n de una estrategia diplom&aacute;tica h&aacute;bil o la simple ocurrencia de lo inevitable? </font></p>      <p align="center"><font size="3">THE INTERNATIONALIZATION OF THE COLOMBIAN ARMED CONFLICT AFTER 9/11: A Wise Diplomatic Strategy or the Simple Occurrence of the Inevitable? </font></p>     <p><b>Sandra Borda Guzm&aacute;n<Sup>*</Sup></b></p>     <P>* Polit&oacute;loga de la Universidad de los Andes, Colombia. Maestr&iacute;a en Ciencia Pol&iacute;tica de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos y Maestr&iacute;a en Relaciones Internacionales de la Universidad de Chicago, Estados Unidos. Se encuentra en proceso de culminar su Ph.D. en Ciencia Pol&iacute;tica, Universidad de Minnesota, Estados Unidos. Profesora del Departamento de Ciencia Pol&iacute;tica de la Universidad de Los Andes, Colombia. Correo Electr&oacute;nico: <a href="mailto:dianarojas@analisispolitico.edu.co">dianarojas@analisispolitico.edu.co</a></P>  <hr size="1">      <p><b>Resumen</b></p>     <P>La actual guerra contra el terrorismo internacional que libra Estados Unidos constituye un escenario inmejorable para la estrategia de <I>internacionalizaci&oacute;n </I>del conflicto armado colombiano que adelanta la administraci&oacute;n del Presidente Uribe. La pol&iacute;tica de <I>internacionalizaci&oacute;n </I>es definida como una decisi&oacute;n expl&iacute;cita y consciente, aunque condicionada por el escenario de internacional, de incluir a agentes externos &mdash;principalmente Estados Unidos&mdash; en el desenvolvimiento de la guerra colombiana.Tanto las aproximaciones racionalistas como las constructivistas de las relaciones internacionales brindan elementos claves para explicar por qu&eacute; el gobierno colombiano opta por internacionalizar su conflicto y para identificar cu&aacute;les son los principales componentes de esta estrategia de pol&iacute;tica exterior. </P>     <P><I><b>Palabras clave:</b> </I>Internacionalizaci&oacute;n, conflicto, pol&iacute;tica exterior, Uribe, Estados Unidos, constructivismo, racionalismo. </P> <hr size="1">      <p><b>Abstract</b> </p>     <P>The current U.S. war against international terrorism constitutes a superb scenario for the internationalization of the Colombian armed conflict, a strategy that the administration of President Uribe is advancing.The <I>internationalization </I>policy is an explicit and conscious decision to invite external actors &mdash;mainly the U.S.&mdash; to participate in the Colombian war.This decision is clearly conditioned by the international arena.Both rationalist and constructivist approaches in International Relations provide key elements to explain why the Colombian government decides to internationalize its conflict, and to identify what are the main components of this foreign policy strategy. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><I><b>Key words:</b> </I>Internationalization, conflict, foreign policy, Uribe, United States, constructivism, rationalism. </P>     <P>recibido 1/05/07, aprobado 28/05/07</P> <hr size="1">       <p><b>Introducci&oacute;n</b><Sup><a href="#n1">1</a></Sup></p>     <P>Los ataques del 11 de Septiembre del 2001 y el consecuente comienzo de la guerra estadounidense en contra el terrorismo han creado un contexto pol&iacute;tico nuevo, pleno de oportunidades para el gobierno colombiano y su ya larga lucha contra los movimientos insurgentes. Dichos eventos y, m&aacute;s claramente, la reacci&oacute;n estadounidense frente a ellos, han facilitado el dise&ntilde;o e implementaci&oacute;n de una estrategia calculada y expl&iacute;cita de <I>internacionalizaci&oacute;n </I>del conflicto interno por parte del gobierno colombiano. Esta estrategia ha transformado el conflicto entre el estado y las guerrillas en un frente adicional de la guerra estadounidense en contra del terrorismo internacional y, consecuentemente, ha fortalecido y expandido sustancialmente el apoyo de Estados Unidos &mdash;principalmente el militar&mdash; al gobierno colombiano en su lucha contra la insurgencia armada. En otras palabras, esta nueva estrategia se ha traducido en un incremento de la participaci&oacute;n militar de Estados Unidos no s&oacute;lo en la ya vieja guerra contra las drogas il&iacute;citas, sino tambi&eacute;n -y tal vez m&aacute;s importante a&uacute;n&mdash; en la guerra contra las guerrillas. </P>     <P>Auque en este caso, el proceso de internacionalizaci&oacute;n ha sido claramente planeado por el gobierno colombiano y ha resonado exitosamente con los objetivos de pol&iacute;tica exterior de la administraci&oacute;n Bush, una parte importante de la literatura trata el tema de la internacionalizaci&oacute;n del conflicto colombiano como un asunto casi dado y de alguna forma, natural e inevitable (Carvajal &amp; Pardo 2002; Gait&aacute;n et al. 2002). La internacionalizaci&oacute;n es definida impl&iacute;citamente como un proceso en el cual el conflicto ha cruzado, casi sin ning&uacute;n tipo de intenci&oacute;n por parte de los actores, un cierto l&iacute;mite marcado por las l&iacute;neas que delimitan el territorio nacional colombiano. Mi pregunta en este art&iacute;culo precisamente indaga sobre lo que otras aproximaciones tratan como una presunci&oacute;n o como un fen&oacute;meno involuntario: aqu&iacute; exploro cu&aacute;ndo, c&oacute;mo y por qu&eacute; el gobierno colombiano <I>decidi&oacute; </I>otorgarle visos internacionales particulares a un conflicto que bien podr&iacute;a permanecer circunscrito (en una parte importante, mas no en su totalidad) a la esfera de lo dom&eacute;stico o ser internacionalizado en una direcci&oacute;n diferente. En este trabajo hago especial &eacute;nfasis en la forma en que el gobierno colombiano concibi&oacute; su m&aacute;s reciente estrategia de internacionalizaci&oacute;n, despu&eacute;s del 11 de Septiembre. </P>     <P>En t&eacute;rminos generales, varios actores est&aacute;n en posici&oacute;n y tienen la habilidad de tomar la decisi&oacute;n de internacionalizar el conflicto colombiano o cualquier otra guerra, principalmente dom&eacute;stica. Estos actores pueden ser <I>externos</I>, como es el caso de las organizaciones internacionales, los pa&iacute;ses poderosos o los pa&iacute;ses vecinos. Este tipo de internacionalizaci&oacute;n es normalmente definida como <I>inter</I><I>venci&oacute;n</I>. En este campo, por ejemplo, los estudios sobre la pol&iacute;tica exterior de Estados Unidos hacia Colombia abundan (Bagley 2000; Coy 2003; Matthiessen 2000; Randall 1992; Tickner 2002; Tokatlian 1995, 1998, 2000; Unidos 1997). Las perspectivas en materia del papel que Naciones Unidas y la Organizaci&oacute;n de Estados Americanos han jugado tambi&eacute;n abundan (Garc&iacute;a &amp; Londo&ntilde;o; Tirado Mej&iacute;a 1995;Tirado Mej&iacute;a 1998). Este tipo de internacionalizaci&oacute;n reconoce abiertamente las asimetr&iacute;as de poder a nivel internacional y reconoce, consecuentemente, que hay acto-res que cuentan con m&aacute;s recursos que otros y tienen m&aacute;s habilidades y posibilidades de participar en conflictos de car&aacute;cter dom&eacute;stico. Pero los acto-res <I>internos </I>(v.gr. el gobierno, los grupos insurgentes) tambi&eacute;n est&aacute;n en condiciones de internacionalizar su propio conflicto o de transformar y adaptar los intentos de intervenir que adelantan actores internacionales poderosos. Este art&iacute;culo est&aacute; dedicado a explorar los intentos de internacionalizaci&oacute;n del gobierno colombiano, pero ello no implica que otros actores, como la insurgencia armada, no adelanten sus propias estrategias de internacionalizaci&oacute;n<Sup><a href="#n2">2</a></Sup>. Es importante aclarar que cuando sugiero que el Estado colombiano adelant&oacute; una forma espec&iacute;fica de internacionalizaci&oacute;n en un momento determinado, no necesariamente asumo que la intervenci&oacute;n unilateral de Estados Unidos en el conflicto colombiano no sea importante o no tenga lugar, ni tampoco que eventualmente Estados Unidos no est&eacute; en condiciones o <I>desee </I>imponer su inter&eacute;s nacional sin el necesario consentimiento del gobierno colombiano. Dicha presunci&oacute;n ignorar&iacute;a las conclusiones m&aacute;s b&aacute;sicas a las que ha llegado la disciplina de las relaciones internacionales despu&eacute;s de d&eacute;cadas de estudio. Al contrario, el argumento que desarrollo aqu&iacute; es que los intentos de internacionalizar el conflicto provenientes desde <I>afuera</I>, pueden convivir e interactuar en diversas formas con las estrategias de internacionalizar el conflicto construidas desde <I>adentro</I>. </P>     <P>Sin embargo, muy poco esfuerzo se ha dedicado a analizar por qu&eacute; y c&oacute;mo el estado colombiano o los grupos insurgentes han internacionalizado voluntariamente su propia guerra. Una de las razones m&aacute;s importes que puede explicar la ausencia de dicha aproximaci&oacute;n puede ser la percepci&oacute;n en c&iacute;rculos acad&eacute;micos y oficiales colombianos de que la relaci&oacute;n de Colombia con Estados Unidos est&aacute; en muchos, si no en todos los casos, caracterizada &uacute;nica y exclusivamente por la existencia de demandas e imposiciones por parte del poder estadounidense. Dicha tendencia provoca, seg&uacute;n estos an&aacute;lisis, un constante y serio debilitamiento de la autonom&iacute;a colombiana, y con ello, de su capacidad de construir estrategias de pol&iacute;tica exterior y, en general, de tomar decisiones relativamente independientes en este campo. Al contrario, yo propongo en este art&iacute;culo mirar la otra cara de la moneda. Sin negar el poder de Estados Unidos y otros agentes internacionales de gran relevancia, aqu&iacute; sugiero cambiar el &eacute;nfasis del an&aacute;lisis. Dicho cambio tiene que pasar por el reconocimiento de una premisa fundamental: el estado colombiano ha contado y sigue contando con mucho m&aacute;s espacio para tomar decisiones aut&oacute;nomas del que el gobierno y la literatura reconocen. Este espacio est&aacute; obviamente limitado y condicionado por m&uacute;ltiples factores y ese es el caso no s&oacute;lo de Colombia, sino de todos los pa&iacute;ses que hacen parte del sistema internacional. Pero el cambio de &eacute;nfasis en el an&aacute;lisis que estoy proponiendo busca poner entre par&eacute;ntesis por un instante el papel que juegan las muy fuertes restricciones internacionales (como el poder de Estados Unidos), para observar c&oacute;mo maniobra el estado colombiano y c&oacute;mo, en medio de dichas restricciones, elabora estrategias de car&aacute;cter internacional para lidiar con su conflicto dom&eacute;stico. En s&iacute;ntesis, el papel activo del estado colombiano en la internacionalizaci&oacute;n de su conflicto requiere de una discusi&oacute;n extensiva (Borda 2002), que de ninguna forma descalifica o trivializa los resultados y las conclusiones que los estudios, por ejemplo, sobre la pol&iacute;tica de Estados Unidos hacia Colombia han logrado. </P>     <P>Este art&iacute;culo intenta, entonces, proveer un marco te&oacute;rico &uacute;til para llevar a cabo dicha discusi&oacute;n, y comienza a aclarar y definir los t&eacute;rminos y los riesgos del activo papel del gobierno colombiano en la definici&oacute;n de su propio destino internacional. M&aacute;s generalmente, a trav&eacute;s de un estudio todav&iacute;a parcial y muy preliminar de la decisi&oacute;n del gobierno colombiano de internacionalizar su conflicto en la forma particular en la que lo ha hecho desde el 11 de Septiembre, observo y explico c&oacute;mo el sistema internacional se ha constituido en una restricci&oacute;n importante, pero tambi&eacute;n analizo como este mismo sistema ha prove&iacute;do al estado Colombiano de oportunidades que han facilitado sus esfuerzos por internacionalizar el conflicto. Ambas, las restricciones y las oportunidades, son importantes para entender el dise&ntilde;o e implementaci&oacute;n de la estrategia del gobierno en el conflicto armado. Esta premisa supone que muy a pesar de que las fuerzas internacionales forman y transforman, y en cierta manera limitan la decisi&oacute;n del gobierno colombiano, &eacute;ste todav&iacute;a cuenta con la habilidad y el espacio para tomar la decisi&oacute;n de facilitar u obstaculizar la participaci&oacute;n de Estados Unidos o de cualquier otro actor internacional en el conflicto. El sistema internacional <I>condiciona </I>la decisi&oacute;n del gobierno colombiano de internacionalizar la guerra, pero no la <I>determi</I><I>na </I>completamente. </P>     <P>Es necesario se&ntilde;alar que las dimensiones de esta autonom&iacute;a, los intereses del estado, las motivaciones de los actores externos, la naturaleza de la relaci&oacute;n entre estos intereses y estas motivaciones, y otros factores adicionales, var&iacute;an fundamentalmente seg&uacute;n el caso y seg&uacute;n el contexto hist&oacute;rico en el que tienen lugar. S&oacute;lo en Am&eacute;rica Latina es posible encontrar conflictos dom&eacute;sticos en los que los procesos de internacionalizaci&oacute;n han variado y adquirido formas diversas. En El Salvador, por ejemplo, la participaci&oacute;n de Estados Unidos y las Naciones Unidas fue intensa tanto durante el conflicto (aqu&iacute; la participaci&oacute;n estadounidense fue decisiva) como durante el proceso de paz (aqu&iacute; fue igualmente decisiva la participaci&oacute;n de Naciones Unidas). En Guatemala, la forma decisiva de internacionalizaci&oacute;n del conflicto tuvo lugar s&oacute;lo hasta la etapa final de los di&aacute;logos de paz. Tanto el conflicto como su resoluci&oacute;n negociada permanecieron relativamente aislados y la participaci&oacute;n internacional no fue tan intensa como en el caso de El Salvador. Finalmente, en Colombia, el gobierno ha permanecido relativamente reticente a invitar ayuda internacional hasta la segunda parte de los noventas y dicha participaci&oacute;n se ha limitado principalmente a los confines de la guerra en contra de las drogas ilegales. Sin embargo, ya en el 2002,&quot;la pretensi&oacute;n de que las armas estadounidenses y el entrenamiento militar estaban restringidos a la guerra contra las drogas fue ignorada cuando el Presidente Bush firm&oacute; una ley para financiar la guerra contra el terror, que permit&iacute;a que toda la ayuda pasada y presente apoyara una &lsquo;campa&ntilde;a unificada&rsquo; en contra tanto de las drogas como de los grupos colombianos en la lista estadounidense de organizaciones terroristas&quot; (Isacson 2004: 246). </P>     <P>En este art&iacute;culo, reconstruyo parcialmente este reciente intento de internacionalizaci&oacute;n del conflicto colombiano. Busco explicar por qu&eacute; el gobierno colombiano internacionaliz&oacute; el conflicto cuando lo hizo y por qu&eacute; el 11 de Septiembre cre&oacute; condiciones inmejorables para el dise&ntilde;o e implementaci&oacute;n de esta estrategia. Aqu&iacute; argumento que el intento del gobierno colombiano de convertir su guerra en contra de la subversi&oacute;n en un componente crucial de la guerra estadounidense en contra del terrorismo despu&eacute;s del 11 de Septiembre, ha sido una estrategia exitosa que el gobierno colombiano ha dise&ntilde;ado e implementado; una estrategia de internacionalizaci&oacute;n del conflicto que ha contribuido a que el gobierno fortalezca su posici&oacute;n militar y pol&iacute;tica frente a los grupos armados ilegales. En otras palabras, este proceso de internacionalizaci&oacute;n, abiertamente calculado y voluntario, sigue una l&oacute;gica y un c&aacute;lculo puramente dom&eacute;stico: convertir a Colombia en un frente fundamental de la guerra que libra la administraci&oacute;n Bush en contra del terrorismo internacional ayuda al gobierno colombiano a obtener m&aacute;s recursos&mdash;principalmente militares&mdash; para su guerra en contra de las guerrillas. Adicionalmente, dicha estrategia legitima y brinda un piso pol&iacute;tico s&oacute;lido (al menos a nivel regional/internacional) a la actual estrategia militarista del gobierno colombiano, y debilita fundamental-mente posiciones alternativas que apoyan y abogan por una salida negociada al conflicto. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Para desarrollar mi argumento, primero describo el significado que otorgo al concepto de internacionalizaci&oacute;n y explico por qu&eacute; definir claramente el t&eacute;rmino de la manera en que lo hago es crucial para entender c&oacute;mo el gobierno colombiano ha tratado de incluir el conflicto dom&eacute;stico en la actual agenda de la guerra estadounidense en contra del terrorismo internacional. Luego, describo brevemente c&oacute;mo el gobierno colombiano ha desarrollado esta estrategia a trav&eacute;s del tiempo&mdash;ayudado por cambios fundamentales en la pol&iacute;tica exterior estadounidense. Dicha estrategia ha tenido como objetivo que la guerra contra las drogas ilegales y la guerra en contra de las guerrillas sean exitosamente fusionadas y vinculadas en una sola y relativamente indiferenciada confrontaci&oacute;n. Al final del art&iacute;culo eval&uacute;o preliminarmente c&oacute;mo la estrategia ha funcionado y c&oacute;mo ha resultado en una alianza cada vez m&aacute;s cercana entre Colombia y Estados Unidos; una alianza, como todas, con costos y beneficios; los costos y los beneficios que resultan de una mayor participaci&oacute;n militar de Estados Unidos en la guerra interna colombiana. </P>     <p><b>1. &iquest;Qu&eacute; es la internacionalizaci&oacute;n? Precisi&oacute;n conceptual</b></p>     <P>El concepto de internacionalizaci&oacute;n y sus l&iacute;mites necesitan ser definidos y operacionalizados con claridad para que resulten &uacute;tiles en el an&aacute;lisis del conflicto colombiano. Internacionalizaci&oacute;n, en el contexto de este art&iacute;culo, es el proceso a trav&eacute;s del cual un actor toma una <I>decisi&oacute;n expl&iacute;cita </I>y <I>consciente</I>: la decisi&oacute;n de involucrar actores externos en cualquier fase del conflicto dom&eacute;stico (durante las hostilidades militares o durante la negociaci&oacute;n). La estrategia alternativa consiste en tratar deliberadamente de mantener el conflicto mismo dentro de los l&iacute;mites nacionales; consiste, entonces, en aislar la confrontaci&oacute;n y conscientemente excluir a los diversos actores internacionales. </P>     <P>Sin embargo, en la literatura, el t&eacute;rmino <I>internacionalizaci&oacute;n </I>ha sido utilizado de una forma muy laxa. Al igual que ha sucedido con otros t&eacute;rminos propios de las relaciones internacionales tales como &lsquo;globalizaci&oacute;n&rsquo; o &lsquo;seguridad&rsquo;, internacionalizaci&oacute;n es una expresi&oacute;n que parece implicar la existencia de un &aacute;rea de intersecci&oacute;n muy difusa entre el espacio de lo dom&eacute;stico y el de lo internacional. Aunque el t&eacute;rmino se usa cada vez con m&aacute;s frecuencia, los esfuerzos por tratar de concretarlo y precisarlo son m&aacute;s bien espor&aacute;dicos. Para hacer de los l&iacute;mites de este t&eacute;rmino algo m&aacute;s tangible y m&aacute;s visible es necesario identificar qu&eacute; tipo de fen&oacute;menos se encuentran por fuera del espacio conceptual de la <I>internacionalizaci&oacute;n</I>. M&aacute;s simplemente, para saber qu&eacute; es la <I>internacionalizaci&oacute;n</I>, es &uacute;til saber qu&eacute; no es, o qu&eacute; tipo de fen&oacute;menos no est&aacute;n incluidos en esta definici&oacute;n. Para los prop&oacute;sitos de este art&iacute;culo, la internacionalizaci&oacute;n no es un proceso a trav&eacute;s del cual las divisiones internacionales, culturales y socioecon&oacute;micas se rompen &mdash;o al menos se reformulan&mdash;, produciendo nuevos patrones y formas de hacer pol&iacute;tica y cambiando sustancialmente la naturaleza de la gobernabilidad internacional (Kaldor 1999: 70). En este sentido, la <I>internacionalizaci&oacute;n </I>no es un sin&oacute;nimo de globalizaci&oacute;n. No se trata tampoco de una politizaci&oacute;n cosmopolita que pueda ubicarse dentro de la actividad de ONGs o movimientos sociales, ni dentro de la actividad exclusiva de las instituciones internacionales ni tampoco dentro de la labor de individuos que act&uacute;an alrededor de un compromiso con valores humanos y de la noci&oacute;n de sociedad civil transnacional (Kaldor 1999: 76). La <I>internacionalizaci&oacute;n </I>no es, entonces, cosmopolitanismo desde arriba o desde abajo ni una nueva forma de gobernabilidad global. De hecho, la <I>internacionalizaci&oacute;n </I>no es un fen&oacute;meno estructural. Al contrario, <I>es un proceso de toma decisiones a trav&eacute;s del cual agentes espec&iacute;ficos, con intereses y objetivos claros, formulan e implementan tipos de pol&iacute;ticas determinados. </I></P>     <P>El concepto de <I>internacionaliza</I><I>ci&oacute;n </I>no se refiere tampoco al muy amplia y profundamente analizado impacto de la globalizaci&oacute;n en la estructura del estado nacional y su supervivencia pol&iacute;tica; no se refiere a la forma c&oacute;mo la globalizaci&oacute;n hace de la soberan&iacute;a territorial un imposible (Strange 1996). La <I>internacionaliza</I><I>ci&oacute;n </I>tampoco describe c&oacute;mo la violencia se ha &lsquo;difundido&rsquo; en el sistema internacional; no estudia las dificultades que implica el intentar contener una confrontaci&oacute;n en el tiempo y en el espacio ni tampoco c&oacute;mo una guerra local puede constituirse en una fuente de estabilidad internacional despu&eacute;s de la Guerra Fr&iacute;a (Brzezinski 1989/90; Jervis 1991/92; Mearsheimer 1990; Snyder 1990). La <I>internacionalizaci&oacute;n </I>no es un sin&oacute;nimo de los efectos de <I>contagio </I>o <I>spill over</I>. Tampoco equivale o comprende los da&ntilde;os colaterales o las externalidades que producen los conflictos dom&eacute;sticos (Murdoch &amp; Sandler 2001). En primer lugar, los estados siguen siendo actores cruciales, debido a que son precisamente ellos los que toman la decisi&oacute;n de participar o de invitar a actores externos a tomar parte en su conflicto dom&eacute;stico. Claramente, no son los &uacute;nicos actores, pero est&aacute;n en el grupo de los m&aacute;s relevantes. Sin los estados y, en general, sin las partes en conflicto, la m&aacute;quina de la <I>internacionalizaci&oacute;n </I>no funciona. Consecuentemente, este concepto no necesariamente debilita la soberan&iacute;a de los estados; en muchas ocasiones, es justamente el resultado de sus propias elecciones. Es, para ponerlo de otra forma, un ejercicio de la soberan&iacute;a estatal misma. En segundo lugar, la <I>internacionalizaci&oacute;n </I>no es inadvertida o involuntaria. Esta es la raz&oacute;n por la cual las met&aacute;foras del <I>spill over</I>, el contagio y el da&ntilde;o colateral son inapropiadas. La internacionalizaci&oacute;n es, al contrario, una <I>decisi&oacute;n pol&iacute;</I><I>tica consciente </I>y <I>expl&iacute;cita </I>que resulta de un proceso racional de toma de decisiones. En la forma en la que defino <I>internacionalizaci&oacute;n </I>en este art&iacute;culo, se trata de un proceso clara y abiertamente intencional y calculado. </P>     <P>Para aclarar a&uacute;n m&aacute;s de qu&eacute; se trata este concepto, la enumeraci&oacute;n del tipo de actores y la clase de mecanismos que ellos pueden usar para internacionalizar un conflicto puede ayudar. En primer lugar, los actores estatales externos pueden participar en confrontaciones dom&eacute;sticas. Usualmente, los estados vecinos o los pa&iacute;ses hegem&oacute;nicos regionales que, de una forma u otra se han visto afectados por el conflicto, son parte de este proceso. &Eacute;ste es justamente el tipo de internacionalizaci&oacute;n que analizo en este art&iacute;culo, el hegem&oacute;nico: intento explicar como el gobierno colombiano internacionaliza el conflicto armado invitando a Estados Unidos a participar a trav&eacute;s de la provisi&oacute;n de ayuda militar y econ&oacute;mica. Los actores estatales pueden participar en el conflicto ya sea unilateralmente (como en el caso que estudio aqu&iacute;) o multilateralmente (a trav&eacute;s de organizaciones regionales o internacionales). En segundo lugar, las organizaciones multilaterales pueden participar directamente; &eacute;stas pueden hacerlo independientemente o con instrucciones espec&iacute;ficas formuladas por los estados (Barnett &amp; Finnemore 2004).Tercero, los actores no estatales, como las organizaciones no gubernamentales, las fundaciones internacionales, las asociaciones internacionales de partidos pol&iacute;ticos y los grupos religiosos, entre otros, pueden tomar parte y comprometerse con alguna de las partes que participa en el conflicto interno. Estos tres tipos de participaci&oacute;n pueden jugar un papel crucial en el conflicto, a trav&eacute;s de m&uacute;ltiples mecanismos que identifico en la <a href="#c1">Tabla 1.1.</a> Tales mecanismos incluyen la asistencia econ&oacute;mica y militar, mediaci&oacute;n, verificaci&oacute;n y observaci&oacute;n, entre otros. Adicionalmente, los actores internacionales pueden ejercer presi&oacute;n para persuadir o coercionar a cualquiera de las partes en conflicto a fin de que cumpla con ciertas normas internacionales tales como el derecho de guerra o los derechos humanos. </P>      <p>    <center><a name="c1"><img src="/img/revistas/rci/n65/65a4c1.jpg"></a> </center></p>      <P>Cualquiera de estos actores puede participar tanto en el contexto de una guerra abierta y altamente militarizada como durante procesos de di&aacute;logo; pueden participar tanto al inicio como en la parte final del conflicto; pueden participar a trav&eacute;s de diversos grados de internacionalizaci&oacute;n (alto o bajo dependiendo de la cantidad de ayuda que provean); y pueden tambi&eacute;n hacerlo a trav&eacute;s de diversas formas de internacionalizaci&oacute;n, v.gr. ayuda militar, alivio humanitario, mediaci&oacute;n, etc. Como ya he sugerido, tambi&eacute;n pueden tomar la decisi&oacute;n alternativa de, expl&iacute;cita y conscientemente, mantener aislado el conflicto de influencias internacionales. </P>     <P>Con los l&iacute;mites del concepto de la internacionalizaci&oacute;n en mente, es necesario ahora revisar brevemente qu&eacute; tipo de factores explican la decisi&oacute;n de los actores dom&eacute;sticos de internacionalizar el conflicto, de acuerdo con la literatura existente. Aqu&iacute;, las contribuciones te&oacute;ricas pueden ser presentadas en t&eacute;rminos del reciente di&aacute;logo te&oacute;rico en la disciplina de las relaciones internacionales entre Racionalismo y Constructivismo. Lo llamo di&aacute;logo, porque realmente constituye m&aacute;s una conversaci&oacute;n que un debate y no hay elementos en estas dos perspectivas que las hagan exclusivas o alternativas.Al contrario, son m&aacute;s los puntos de encuentro e intersecci&oacute;n que los de divergencia y desencuentro (Adler 2002; Fearon &amp; Wendt 2002; Snidal 2002). Aunque es dif&iacute;cil organizar y describir esta literatura en un espacio tan reducido, a continuaci&oacute;n resumo brevemente los aportes m&aacute;s importantes al estudio de las causas de la internacionalizaci&oacute;n de conflictos dom&eacute;sticos que hacen ambas escuelas<Sup><a href="#n4">4</a></Sup>. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>En el campo racionalista, las explicaciones pueden ser de dos tipos distintos: un grupo identifica las causas de la internacionalizaci&oacute;n fundamental-mente en el campo de los <I>intereses </I>de los actores en conflicto y otro grupo, claramente compatible con el primero, enfatiza las causas relacionadas con la <I>naturaleza del conflicto </I>mismo. Los <I>intere</I><I>ses </I>de los actores en conflicto que deciden internacionalizar pueden ser de diversa &iacute;ndole. Una parte de la literatura sobre guerras civiles sugiere, por ejemplo, que la debilidad del Estado&mdash; es decir, un mayor grado de anarqu&iacute;a a nivel dom&eacute;stico&mdash; puede hacer que los actores en conflicto se sientan m&aacute;s inseguros y, por tanto, decidan incrementar sus cuotas de poder militar y pol&iacute;tico (Rose 2000; Snyder &amp; Jervis 1999). Una implicaci&oacute;n de este argumento es justamente que ciertos actores externos (normalmente poderosos o con gran reputaci&oacute;n internacional), en ciertas condiciones, pueden proveer a las partes del poder militar y pol&iacute;tico que necesitan para incrementar su seguridad. En otras palabras, una mayor debilidad del Estado conlleva a un mayor grado de inseguridad y, en consecuencia, aumenta las posibilidades de que los actores en conflicto deseen buscar ayuda externa. Otra hip&oacute;tesis, tambi&eacute;n basada en los intereses de los actores dom&eacute;sticos, sugiere que las elites pueden instigar o escalar las guerras civiles en una apuesta desesperada por mantenerse en el poder (Gagnon 1994-1995). De esta forma, cuando por alguna raz&oacute;n, las condiciones cambian y las elites sienten que su estancia en el poder est&aacute; siendo amenazada, estos grupos deciden escalar el uso de la violencia y, por tanto, pueden solicitar ayuda, principalmente militar, de actores externos. Finalmente, Barnett y Levy sugieren que la existencia de amenazas internas produce incentivos adicionales para que los l&iacute;deres busquen asistencia externa. En este sentido, &quot;mientras el proceso de desarrollar y producir recursos en un estado amenazado es lento y dif&iacute;cil, la formaci&oacute;n de alianzas puede constituirse en una r&aacute;pida infusi&oacute;n de fondos y otros recursos, incluidos los de car&aacute;cter militar, asesor&iacute;a y equipo&quot; (Barnett &amp; Levy 1991: 374). Este argumento evidencia, entonces, que la internacionalizaci&oacute;n tiende a ser m&aacute;s frecuente en el Tercer Mundo, donde hay una mayor &lsquo;sensaci&oacute;n&rsquo; de amenaza y de inseguridad y los estados tienen menos habilidades que les permitan extraer los recursos de sus propias sociedades (Ayoob 1991: 263; David 1991). </P>     <P>Las explicaciones relacionadas con la naturaleza del conflicto insisten en que su dimensi&oacute;n y su duraci&oacute;n son factores que explican cu&aacute;ndo actores internacionales son invitados a participar. Su dimensi&oacute;n tiene que ver con el tipo de objetivos que las partes en conflicto persiguen y &eacute;stos van desde la mera ocupaci&oacute;n de la autoridad pol&iacute;tica existente hasta una transformaci&oacute;n profunda de las estructuras sociales y pol&iacute;ticas prevalentes. Entre m&aacute;s ambicioso sea el objetivo que persiguen las partes, mayores ser&aacute;n la tendencia de otras naciones del mundo a intervenir en el conflicto y la cantidad de t&eacute;cnicas que usen para intentar controlarlo (Rosenau 1964: 64). En materia de la duraci&oacute;n del conflicto, Collier et al. sugieren que un gobierno fuerte<Sup><a href="#n5">5</a></Sup> puede reducir el nivel de &lsquo;ganancia&rsquo;que obtengan los insurgentes en un conflicto y ello, a su vez, incrementa las probabilidades de una resoluci&oacute;n militar r&aacute;pida (Collier et al. 2001). En otras palabras, un estado fuerte normalmente lleva a un conflicto de corta duraci&oacute;n. Este argumento complementa otros estudios que sugieren que la participaci&oacute;n externa en guerras civiles es menos probable cuando el conflicto es corto, es decir, cuando el estado cuenta con una fuerza militar importante y mayores capacidades para lograr una soluci&oacute;n armada (Elbadawi &amp; Sambanis 2000: 12). </P>     <P>Estos an&aacute;lisis basados en los intereses de los actores y en la naturaleza del conflicto son &uacute;tiles para entender cu&aacute;ndo y por qu&eacute; las partes deciden internacionalizar el conflicto en el cual participan, pero no contribuyen a explicar el <I>tipo </I>de actores externos que las partes deciden invitar. Es justamente aqu&iacute; donde la escuela constructivista y las explicaciones ideol&oacute;gicas juegan un papel fundamental. De hecho, cuando las partes buscan asistencia internacional de cualquier tipo, tienen bien claro que la ayuda raras veces es proporcionada a cambio de nada y que las alianzas vienen con costos potenciales en materia de seguridad y autonom&iacute;a. &Eacute;sta es la raz&oacute;n por la cual las partes en conflicto normalmente tratan de encontrar &lsquo;socios&rsquo; internacionales que puedan proveer ayuda, pero tambi&eacute;n buscan alg&uacute;n tipo de &lsquo;empat&iacute;a&rsquo; con estos actores,&lsquo;empat&iacute;a&rsquo; que en el futuro pueda significar una reducci&oacute;n de los costos de la alianza. Werner and Lemke sugieren que esa empat&iacute;a puede estar basada en similitudes en el andamiaje institucional de los pa&iacute;ses socios (Werner &amp; Lemke 1997). Los l&iacute;deres que deciden internacionalizar el conflicto &quot;o escogen la estructura institucional o son escogidos por ella, y (consecuentemente), los intereses del l&iacute;der estar&aacute;n cercanamente atados a la preservaci&oacute;n de la estructura institucional de su pa&iacute;s&quot; (Werner &amp; Lemke 1997: 532). Estas similitudes, junto con otras caracter&iacute;sticas adicionales como la membres&iacute;a a la comunidad &lsquo;occidental&rsquo; de naciones, en donde se comparten ideas sobre el papel del mercado y la naturaleza de la democracia, constituyen una suerte de identidad compartida que ayuda a predecir si dos estados son o ser&aacute;n en el futuro amigos o enemigos (Barnett 1996: 408;Wendt 1999: 298-299). </P>     <P>Como empezar&eacute; a demostrarlo en lo que queda del art&iacute;culo, estas aproximaciones contribuyen &mdash;unas m&aacute;s y otras menos&mdash; a entender y explicar el proceso de internacionalizaci&oacute;n que ha llevado a cabo el gobierno colombiano, y que en la Tabla 1.1 he denominado internacionalizaci&oacute;n estatal (segunda columna). Se trata de una forma de internacionalizaci&oacute;n que el gobierno colombiano ha dise&ntilde;ado, implementado y llevado a cabo, principalmente, en el contexto de sus relaciones con el gobierno de los Estados Unidos. &Eacute;sta es una pol&iacute;tica de internacionalizaci&oacute;n con antecedentes hist&oacute;ricos importantes en Colombia, pero que ha sido claramente facilitada por los cambios abruptos que sufri&oacute; la pol&iacute;tica exterior estadounidense despu&eacute;s de los ataques del 11 de Septiembre. En la siguiente secci&oacute;n exploro estos antecedentes y tambi&eacute;n describo c&oacute;mo cambios fundamentales en la pol&iacute;tica exterior estadounidense facilitaron una expansi&oacute;n e intensificaci&oacute;n de la internacionalizaci&oacute;n del conflicto armado colombiano. La internacionalizaci&oacute;n, en este caso y como lo se&ntilde;alar&eacute; m&aacute;s adelante, ha adoptado, principalmente, la forma de ayuda militar y se ha incrementado notablemente con el paso del tiempo; de igual manera, ha contribuido al fortalecimiento de la posici&oacute;n militar del estado colombiano frente a los grupos insurgentes. </P>     <P><b>2. De la guerra contra las drogas a la guerra contra el terrorismo: antecedentes hist&oacute;ricos</b> </P>     <P>El 20 de Febrero del 2002, muy al final de la administraci&oacute;n del presidente Andr&eacute;s Pastrana (1998-2002), los di&aacute;logos de paz con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) terminaron sin resultados concretos. El mismo d&iacute;a, el presidente Pastrana declar&oacute;: &quot;Nadie puede dudar que, entre la pol&iacute;tica y el terrorismo, las FARC han escogido el terrorismo. Los colombianos ofrecimos una mano abierta a las FARC y ellos nos han contestado con una cachetada&quot; (Isacson 2003, p. 3). Esta definici&oacute;n p&uacute;blica de los miembros de las FARC como terroristas marc&oacute; un cambio de estrategia ya conocido para los colombianos: cuando el gobierno se encuentra en medio de un proceso de paz, expl&iacute;cita o impl&iacute;citamente reconoce a estos grupos como actores armados ilegales con agendas pol&iacute;ticas; sin embargo, cuando la estrategia predominante es la militar y los di&aacute;logos de paz no son contemplados por el gobierno, <I>terror</I><I>istas </I>y, m&aacute;s frecuentemente, <I>narcoterroristas</I>, son los t&eacute;rminos que el gobierno prefiere usar para referirse a estos grupos en escenarios p&uacute;blicos. Al definir la guerrilla como un movimiento terrorista en vez de combatientes, el gobierno remueve el contenido social y pol&iacute;tico de la agenda de los insurgentes, debilita el principio bajo el cual estos grupos luchan (en nombre de los sectores marginales de la poblaci&oacute;n) y, al contrario, presenta sus actividades como hostiles hacia la misma poblaci&oacute;n que pretende proteger y, en general, hacia todo el pa&iacute;s. Esta estrategia tambi&eacute;n contribuye a legitimar y justificar el uso de fuerza militar en contra de estos grupos insurgentes y elimina casi en su totalidad las posibilidades de una soluci&oacute;n pol&iacute;tica al conflicto. Finalmente,esta perspectiva no deja lugar para que el Derecho Internacional Humanitario sea aplicado al conflicto; de hecho,&quot;esta posici&oacute;n recuerda la clasificaci&oacute;n hecha por la administraci&oacute;n estadounidense de todos los individuos sospechosos de ser terroristas y capturados despu&eacute;s de la campa&ntilde;a militar en Afganist&aacute;n como &lsquo;combatientes sin privilegios&rsquo;&quot; (Sossai 2005: 260-261). </P>     <P>Dos factores importantes han facilitado recientemente, de una forma fundamental, los resultados de esta estrategia ret&oacute;rica gubernamental. El primer factor se relaciona con el cada vez m&aacute;s claro v&iacute;nculo entre los movimientos guerrilleros y la producci&oacute;n y tr&aacute;fico de drogas ilegales. El otro factor, se relaciona con la forma en que la estrategia de denominar estos grupos terroristas ha cambiado esencialmente de significado despu&eacute;s del 11 de Septiembre: esta estrategia resuena hoy m&aacute;s que antes con la pol&iacute;tica antiterrorista dise&ntilde;ada en Washington despu&eacute;s de los ataques. El gobierno colombiano,y especialmente la anterior administraci&oacute;n Pastrana y la actual administraci&oacute;n Uribe, entendieron r&aacute;pida y eficientemente como estos dos factores han creado inmejorables oportunidades para una nueva y m&aacute;s firme estrategia de internacionalizaci&oacute;n del conflicto armado colombiano. En otras palabras, esta compatibilidad en el proceso de definici&oacute;n de los &lsquo;enemigos&rsquo; como terroristas puede explicar parcialmente por qu&eacute; despu&eacute;s del 2001, el gobierno colombiano no s&oacute;lo ha favorecido su alianza con Estados Unidos en el contexto de su estrategia de internacionalizaci&oacute;n, sino que, adem&aacute;s, ha buscado reintensificar y brindar nuevos visos a esta &lsquo;asociaci&oacute;n.&rsquo; Se trata de una compatibilidad en materia de c&oacute;mo ambos pa&iacute;ses conciben y entienden las amenazas a las que se enfrentan. La aproximaci&oacute;n constructivista nos sugerir&iacute;a, entonces, que si bien ello no necesariamente explica en su totalidad la alianza entre Colombia y la potencia del Norte, s&iacute; se constituye en una condici&oacute;n de posibilidad o en un punto de empat&iacute;a clave para que &eacute;sta tenga lugar. </P>     <P>El primer factor, la vinculaci&oacute;n de los grupos guerrilleros con el tr&aacute;fico de narc&oacute;ticos, ha sido objeto de largos debates en Colombia<Sup><a href="#n6">6</a></Sup>. El nivel de la participaci&oacute;n de los grupos insurgentes en el negocio de las drogas il&iacute;citas no ha sido claramente determinado. Sin embargo, muchos de los cultivos de coca se encuentran localizados en la parte sur del pa&iacute;s, una de las zonas en las que la autoridad de la guerrilla es m&aacute;s visible. Consecuentemente,&quot;la guerrilla y los grupos paramilitares sustituyen al estado e imponen un r&eacute;gimen autoritario, definiendo y aplicando fuertes leyes y regulaciones, proveyendo educaci&oacute;n, seguridad y polic&iacute;a y justicia civil para resolver conflictos entre la poblaci&oacute;n.A cambio, estos grupos cobran impuestos por producci&oacute;n y exportaci&oacute;n de coca&quot; (Thoumi 2002: 106). Como lo sugiere Thoumi, &quot;el colapso de la cortina de hierro debilit&oacute; a la guerrilla de las FARC, que a su vez busc&oacute; una forma alternativa de financiaci&oacute;n en la industria ilegal&quot; (Thoumi 2002: 106). La existencia de este v&iacute;nculo ha facilitado la emergencia del argumento gubernamental (en tiempos de confrontaci&oacute;n militar abierta), de acuerdo con el cual estos grupos se han convertido en meras organizaciones criminales solamente interesadas en los beneficios econ&oacute;micos que resultan del comercio ilegal de drogas. Su objetivo ya no es revolucionario ni tampoco abogan por la inclusi&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica de sectores marginales colombianos. En cambio, procede el mismo argumento, su prop&oacute;sito es construir y fortalecer una industrial ilegal pujante y acumular el capital que resulta del tr&aacute;fico de narc&oacute;ticos. Los guerrilleros son, en s&iacute;ntesis, definidos como &lsquo;narcobandidos&rsquo; y, para ellos, las ganancias mal habidas se han tornado en un fin en s&iacute; mismo. Este argumento es altamente compatible con otro componente de la ret&oacute;rica gubernamental en tiempos de guerra, de acuerdo con el cual estos grupos son redes transnacionales criminales, terroristas que intentan destruir el estado colombiano leg&iacute;timamente constituido y constantemente amenazan el orden democr&aacute;tico-institucional. </P>     <P>La asociaci&oacute;n entre las guerrillas y el tr&aacute;fico ilegal de drogas tiene una implicaci&oacute;n adicional. El gobierno estadounidense ha evitado participar directamente en el conflicto colombiano y por eso ha insistido constantemente en que su ayuda a Colombia debe estar dirigida a eliminar el tr&aacute;fico de drogas y no debe ser usada por el gobierno en su guerra contra las FARC o cualquier otro grupo insurgente. Entre otros muchos factores, esta restricci&oacute;n auto-impuesta de los Estados Unidos a su interferencia en los asuntos dom&eacute;sticos colombianos fue el resultado de la necesidad de limitar los recursos burocr&aacute;ticos en Washington: los funcionarios que trabajan en Latinoam&eacute;rica terminaron dedicados a Centroam&eacute;rica durante una buena parte de la Guerra Fr&iacute;a y no hab&iacute;a gran disponibilidad de recursos o personal para otras &aacute;reas. El tama&ntilde;o de Colombia y su grado de independencia frente a otros pa&iacute;ses, as&iacute; como su tradici&oacute;n civil, fueron todos factores que tambi&eacute;n disuadieron a Estados Unidos de participar m&aacute;s directamente en la din&aacute;mica del conflicto colombiano (Gu&aacute;queta 2005: 34). Pero una vez las guerrillas empezaron a participar de forma activa en la producci&oacute;n ilegal de narc&oacute;ticos, la condici&oacute;n impuesta por Washington se hizo muy dif&iacute;cil de implementar. Adicionalmente, la participaci&oacute;n de Estados Unidos en la reforma del sector judicial en Colombia, la ampliaci&oacute;n y mejoramiento de las medidas de interdicci&oacute;n y la adopci&oacute;n de campa&ntilde;as de erradicaci&oacute;n sistem&aacute;tica &quot;proveyeron a Estados Unidos de puntos de entrada a la pol&iacute;tica dom&eacute;stica colombiana, cruciales y de largo plazo, y la interdicci&oacute;n y la erradicaci&oacute;n abrieron la puerta para una mayor participaci&oacute;n militar estadounidense en la guerra contra las drogas&quot; (Gu&aacute;queta 2005: 37). </P>     <P>Ya desde la administraci&oacute;n del presidente Samper (1994-1998), el gobierno colombiano inicio esfuerzos para intentar flexibilizar estas restricciones. Pero antes del final de la d&eacute;cada de los noventa, &quot;a pesar del relajamiento gradual de las normas que reg&iacute;an el papel de los militares estadounidenses en Colombia, ambos bandos todav&iacute;a se mostraban reticentes y ni Colombia ni Estados Unidos ten&iacute;an una pol&iacute;tica expl&iacute;cita para enfrentar las narco-guerrillas o los narco-paramilitares como tales&quot; (Gu&aacute;queta 2005: 41). Sin embargo, el gobierno colombiano de Andres Pastrana estructur&oacute; un discurso internacional que claramente vinculaba la guerra contra las drogas y la insurgencia armada. De hecho, la bien conocida <I>Diplomacia para la P</I><I>az </I>que promovi&oacute; dicha administraci&oacute;n asign&oacute; un papel fundamental a la comunidad internacional &quot;en la soluci&oacute;n del conflicto interno y ya que el narcotr&aacute;fico implica corresponsabilidad, Colombia acude a la solidaridad internacional para fortalecer la paz, al mismo tiempo que asume sus propias responsabilidades&quot; (Fernandez de Soto 2001, p. 57). La estrategia internacional del gobierno colombiano buscaba, entonces, involucrar a la comunidad internacional en su b&uacute;squeda por una resoluci&oacute;n negociada a la guerra, a trav&eacute;s de la vigilancia a la aplicaci&oacute;n del Derecho Internacional Humanitario, del asesoramiento y acompa&ntilde;amiento en el proceso de negociaci&oacute;n y del aporte de dinero. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Bajo dicha pol&iacute;tica, en diciembre de 1998, ambos gobiernos &quot;establecieron el terreno para la expansi&oacute;n de la cooperaci&oacute;n militar entre Estados Unidos y Colombia. (&hellip;) La nueva ayuda propuesta intensificar&iacute;a todos los esfuerzos anti-narc&oacute;ticos, con un grupo m&aacute;s amplio de iniciativas &mdash;un &lsquo;empuj&oacute;n&rsquo; hacia las &aacute;reas sure&ntilde;as colombianas con sembrad&iacute;os de coca&mdash; dise&ntilde;adas para preparar a los batallones creados por Estados Unidos que operar&iacute;an ahora en un terreno controlado por la guerrilla&quot; (Isacson 2000: 1). Para marzo de 1999, el gobierno estadounidense emiti&oacute; nuevas instrucciones que, de acuerdo con Isacson, permitir&iacute;an compartir inteligencia sobre las actividades de la guerrilla en la zona sur de Colombia, una regi&oacute;n productora de drogas ilegales, aun en caso de que dicha informaci&oacute;n no tuviera una directa vinculaci&oacute;n con alg&uacute;n tipo de operaci&oacute;n antinarc&oacute;ticos. El nuevo marco de cooperaci&oacute;n, elaborado principalmente por el gobierno colombiano pero con ayuda de funcionarios estadounidenses, se denomin&oacute; Plan Colombia y consolid&oacute; una tendencia ya existente a adicionar objetivos contrainsurgentes a la ya tradicional guerra contra las drogas ilegales. </P>     <P>El &aacute;rea de intersecci&oacute;n entre la ayuda estadounidense para los esfuerzos antinarc&oacute;ticos y los esfuerzos contrainsurgentes creci&oacute; dram&aacute;ticamente. En primer lugar, la ubicaci&oacute;n de los nuevos batallones contrainsurgentes parcialmente financiados por Estados Unidos, coincidi&oacute; con los territorios controlados por la guerrilla. De hecho, como observa Isacson, &quot;la primera base del batall&oacute;n anti-narc&oacute;ticos en Tres Esquinas se encuentra dentro de un radio de 100 millas del sitio donde tuvo lugar una de las m&aacute;s resonadas derrotas del ej&eacute;rcito colombiano en manos de las FARC. Esta ubicaci&oacute;n, altamente estrat&eacute;gica, hace del desempe&ntilde;o de la unidad &mdash;y la contribuci&oacute;n de Washington&mdash; una parte central del esfuerzo militar colombiano en su guerra contra la insurgencia&quot; (Isacson 2000: 13). En segundo lugar, el entrenamiento militar que el gobierno estadounidense prest&oacute; pod&iacute;a ser f&aacute;cilmente aplicado a las operaciones de contra-guerrilla debido a que &quot;tanto los traficantes de droga como las guerrillas, son enemigos bien armados a los que se enfrent&oacute; usando t&eacute;cnicas de combate irregular en un terreno dif&iacute;cil&quot; (Isacson 2000). Y finalmente, por primera vez en 1998, Estados Unidos decidi&oacute; financiar proyectos de desarrollo alternativos y asign&oacute; $500.000 al Programa PLANTE. Esto constituy&oacute; el reconocimiento abierto por parte de Washington de la existencia de &quot;un n&uacute;mero importante de (&hellip;) comunidades rurales y las conect&oacute; con el florecimiento de grupos armados ilegales. Entonces, basado en un razonamiento tradicional en t&eacute;rminos de seguridad, algunos funcionarios estadounidenses vieron la necesidad de trabajar en el campo del desarrollo alternativo con el objetivo de debilitar la narco-guerrilla y los narco-paramilitares&quot; (Gu&aacute;queta 2005: 48). </P>     <P>Pero la institucionalizaci&oacute;n o formalizaci&oacute;n completa y expl&iacute;cita de la participaci&oacute;n estadounidense en la guerra colombiana se logr&oacute; m&aacute;s tarde. Los di&aacute;logos de paz finalizaron sin ning&uacute;n avance en febrero del 2002, marcando as&iacute; el comienzo de un per&iacute;odo en el cual predomin&oacute; la propuesta de brindar una soluci&oacute;n puramente militar al conflicto armado. En Estados Unidos los ataques del 11 de Septiembre marcaron la emergencia de nuevos par&aacute;metros en el dise&ntilde;o y ejecuci&oacute;n de la pol&iacute;tica exterior de ese pa&iacute;s, que, casi coincidencialmente, son compatibles con la nueva aproximaci&oacute;n militarista del gobierno colombiano a su guerra interna. Como primer paso, en octubre del 2001, las FARC, el ELN y los paramilitares fueron incluidos a la lista de terroristas internacionales que construye el Departamento de Estado estadounidense. Subsecuentemente, en mayo del 2002, el Embajador de Colombia en Washington, Luis Alberto Moreno, formul&oacute; la conexi&oacute;n en una forma clara y elocuente: </P>     <P>Mientras la atenci&oacute;n de Estados Unidos esta centrada en combatir el terrorismo en Afganist&aacute;n, el Medio Oriente y Asia, una amenaza grave se perfila en las Am&eacute;ricas. Colombia es el teatro l&iacute;der de operaciones terroristas en el hemisferio occidental. Bajo la pretensi&oacute;n de encontrarse en una guerra civil, los grupos guerrilleros colombianos han devastado la naci&oacute;n con violencia financiada por los consumidores de coca&iacute;na en Estados Unidos. La administraci&oacute;n Bush, apropiadamente, est&aacute; presionando al Congreso para aprobar la expansi&oacute;n de la ayuda antinarc&oacute;ticos con el objetivo de fortalecer la habilidad de Colombia para derrotar a los terroristas (Moreno 2002). </P>     <P>Y para reforzar la construcci&oacute;n de la ya reconocida asociaci&oacute;n entre insurgencia y drogas ilegales, Moreno escribi&oacute;: </P>     <P>Las drogas son la ra&iacute;z de casi toda la violencia en Colombia. Es simple: en todos los sitios donde hay amapola o coca en Colombia, hay guerrilla y hay paramilitares. La administraci&oacute;n Pastrana ha actuado agresivamente para acabar con los lazos existentes entre las fuerzas armadas y el grupo paramilitar denominado Autodefensas Unidas de Colombia, el cu&aacute;l tambi&eacute;n se ha visto involucrado en el comercio de drogas; en el 2001 las fuerzas gubernamentales, incluyendo la polic&iacute;a, capturaron 992 paramilitares y mataron 116. </P>     <P>Donde hay guerrilla y paramilitares,hay terror y violencia en contra de la poblaci&oacute;n civil. Aunque se esconden tras una ideolog&iacute;a Marxista, las guerrillas izquierdistas de Colombia han dejado de ser una insurgencia pol&iacute;tica. La guerrilla ha intercambiado sus ideales por las ganancias provenientes del tr&aacute;fico de drogas (Moreno 2002). </P>     <P>Para algunos el v&iacute;nculo entre los l&iacute;deres guerrilleros en las monta&ntilde;as de Colombia y Osama Bin Laden y sus seguidores es muy poco claro (Sossai 2005: 206). Sin embargo, y no coincidencialmente dada la atm&oacute;sfera de miedo que resulto de la reci&eacute;n nacida guerra contra el terrorismo internacional, el gobierno colombiano fue exitoso en su intento por incluir a Colombia como un frente adicional de la guerra en contra del terrorismo internacional. Como resultado, el pa&iacute;s hoy en d&iacute;a es el tercer recipiendario de ayuda estadounidense. El <a href="#g1">Cuadro 1.1.</a>  muestra la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica de la ayuda estadounidense a Colombia. El 2001 es claramente un a&ntilde;o en el que es posible identificar un cambio dr&aacute;stico y visible en el patr&oacute;n de asistencia estadounidense hacia Colombia. </P>      <p>    <center>     <a name="g1"><img src="/img/revistas/rci/n65/65a4g1.jpg"></a> </center></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>La solicitud de la administraci&oacute;n Bush para el 2006 consisti&oacute; en un paquete de ayuda a Colombia de $331.850.000  para las fuerzas militares y la polic&iacute;a colombiana a trav&eacute;s de la Iniciativa Andina Anti-Narc&oacute;ticos (ACI-Andean Counterdrug Initiative). Washington provey&oacute;  $324.6 millones de dicha ayuda a trav&eacute;s de esta cuenta en el 2004. Sin embargo, el 30 de junio del 2005, el Comit&eacute; de Apropiaciones del Senado estadounidense se reuni&oacute; para definir la versi&oacute;n del Senado del Proyecto de ley de ayuda externa para el 2006.  Este Proyecto de ley financia en su totalidad la IniciativaAndina Anti-Narc&oacute;ticos de $734.5 millones en ayuda militar y econ&oacute;mica para Colombia y seis de sus vecinos. De acuerdo con el Programa Colombia del Center for International Policy, el lenguaje del Proyecto de ley busc&oacute; un balance m&aacute;s adecuado entre la ayuda militar y la ayuda econ&oacute;mica para Colombia. El Proyecto establece un l&iacute;mite en la cantidad de ayuda del ACI que puede destinarse a las fuerzas militares colombianas: &quot;no se deber&aacute; disponer de m&aacute;s de $278.450.000 para la asistencia a las Fuerzas Armadas Colombianas y la Polic&iacute;a Nacional&quot;. Si este proyecto de ley pasa, la ayuda militar y policial a Colombia para el 2006 a trav&eacute;s de la cuenta ACI podr&iacute;a ser de un total de $53,4 millones de d&oacute;lares menos de lo que la administraci&oacute;n Bush hab&iacute;a solicitado (<a href="http://ciponline.org/colombia/aid06.htm" target="_blank">http://ciponline.org/colombia/aid06.htm</a>). Consecuentemente, la tendencia en materia de la naturaleza y el volumen de la ayuda estadounidense destinada a Colombia puede experimentar cambios importantes durante este a&ntilde;o. La eventual transformaci&oacute;n de las relaciones entre el Congreso estadounidense y el Ejecutivo de ese pa&iacute;s tambi&eacute;n puede ser un factor crucial que afectar&iacute;a el apoyo de Estados Unidos a Colombia. </P>     <P>A pesar de los ires y venires del proceso pol&iacute;tico interno estadounidense, es claro que al vincular distintos temas -drogas/insurgencia, terrorismo/insurgencia- el gobierno colombiano transform&oacute; un conflicto, que en circunstancias distintas no hubiera significado mucho para Estados Unidos, en una situaci&oacute;n de gran prioridad para este pa&iacute;s, especialmente en materia de ayuda militar. La persistencia de un grupo armado marxista en un pa&iacute;s del Tercer Mundo despu&eacute;s de la Guerra Fr&iacute;a pudo haber sido interpretada por Washington como un asunto puramente local con pocas y no muy importantes consecuencias a nivel regional o internacional. Sin embargo, gracias al intento activo y premeditado del gobierno colombiano de incluir el conflicto primero en la agenda de la guerra contra las drogas, y luego en la agenda de la guerra internacional en contra del terrorismo, la interpretaci&oacute;n de la guerra como un evento esencialmente interno no tuvo lugar. </P>     <P>En el 2002, despu&eacute;s del intento fallido del presidente Pastrana de lograr una soluci&oacute;n pac&iacute;fica y negociada al conflicto, el actual presidente Alvaro Uribe fue elegido con una mayor&iacute;a absoluta de votos en un sistema electoral de dos rondas, y lleg&oacute; al poder gracias a su promesa de adoptar una posici&oacute;n de mano dura frente a la insurgencia. Los resultados de dichas elecciones demostraron que &quot;una mayor&iacute;a de colombianos provenientes de todos los sectores sociales, deseaban ensayar la mano dura que solo Uribe, entre todos los candidatos a la presidencia, ofrec&iacute;a&quot; (Dugas 2003: 1134). Uribe ha sido, hasta ahora, el m&aacute;s fuerte defensor de la forma de internacionalizaci&oacute;n que he descrito en este art&iacute;culo. El nuevo &lsquo;orden&rsquo; mundial le ha permitido a su administraci&oacute;n definir el conflicto colombiano en los mismos t&eacute;rminos y bajo los mismos par&aacute;metros de la guerra en contra del terrorismo internacional. Pero m&aacute;s importante a&uacute;n, le ha permitido, en primer lugar, solicitar m&aacute;s financiaci&oacute;n y tratamiento privilegiado de los Estados Unidos; hoy, ambos gobiernos est&aacute;n firmemente convencidos que est&aacute;n enfrentados a &lsquo;narcoterroristas&rsquo;; en segundo lugar, hizo que fuese m&aacute;s f&aacute;cil relajar, al menos temporalmente, los est&aacute;ndares en materia de derechos humanos para as&iacute; combatir efectivamente la amenaza terrorista; y finalmente, a&uacute;n de una manera un tanto at&iacute;pica, le permiti&oacute; al presidente &lsquo;invitar&rsquo;una mayor intervenci&oacute;n de Estados Unidos en el conflicto colombiano. De esta forma, el conflicto es enmarcado como una amenaza no solo al estado colombiano sino tambi&eacute;n a los intereses nacionales estadounidenses (Guti&eacute;rrez 2003: 148). </P>     <P>La guerra contra el terrorismo internacional ha aterrizado, finalmente, en territorio colombiano. El anterior Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, hizo el respectivo pronunciamiento oficial en Estados Unidos:&quot;Lo que estamos haciendo &mdash;como un socio, y ansiosos de ser tan cooperativos como sea posible&mdash; es trabajar, una fuerza militar al lado de la otra, para ver cuales son los tipos de cosas que podemos hacer mientras la guerra colombiana en contra del terror migra hacia una suerte de nueva etapa, como esta sucediendo en este momento&quot; (Defense 2003). </P>     <p><b>Conclusiones</b></p>     <P>En este art&iacute;culo he intentado demostrar que el escenario de la imposici&oacute;n estadounidense de los par&aacute;metros de la guerra contra el terrorismo sobre un gobierno colombiano d&eacute;bil y reticente, es un escenario que pertenece m&aacute;s a la ficci&oacute;n que a la realidad. La internacionalizaci&oacute;n del conflicto colombiano es vista, frecuentemente, como el resultado de la inevitable hegemon&iacute;a estadounidense o como un proceso incontrolable y casi natural de dispersi&oacute;n o difusi&oacute;n del conflicto en s&iacute; mismo. Sin embargo, es necesario prestar m&aacute;s atenci&oacute;n a la dimensi&oacute;n calculada y voluntaria del proceso de internacionalizaci&oacute;n; la parte de la internacionalizaci&oacute;n que resulta de decisiones expl&iacute;citas tomadas por funcionarios gubernamentales. Esa es la dimensi&oacute;n de la internacionalizaci&oacute;n que he intentado explorar y analizar en este art&iacute;culo. </P>     <P>La disciplina de las relaciones internacionales cuenta con herramientas para explicar este tipo de fen&oacute;meno: numerosos acad&eacute;micos se han dedicado al estudio de la formaci&oacute;n de alianzas y han sugerido, desde hace ya bastante tiempo, que factores tanto internacionales como dom&eacute;sticos son cruciales para entender cu&aacute;ndo los estados deciden aliarse con otros estados y qu&eacute; tipo de &lsquo;socios&rsquo; prefieren al momento de armar estas alianzas. Barnett y Levy, por ejemplo, sugieren que las amenazas internas a los gobiernos &mdash;como en el caso colombiano&mdash; producen incentivos para que &eacute;stos &uacute;ltimos busquen construir alianzas con actores externos. En tal sentido, &quot;estos recursos externos pueden al mismo tiempo beneficiar la econom&iacute;a como un todo, o a ciertos partidarios del r&eacute;gimen, y pueden ser utilizados para prop&oacute;sitos relacionados con el mantenimiento de la seguridad, ya sean internos o externos. Si un r&eacute;gimen se al&iacute;a con un estado militarmente fuerte o ideol&oacute;gicamente respetado, los beneficios tambi&eacute;n pueden incluir el prestigio&quot; (Barnett &amp; Levy 1991: 374). </P>     <P>Consecuentemente y, por supuesto, de gran relevancia para el estudio del caso colombiano, estas alianzas son a&uacute;n m&aacute;s fuertes y frecuentes en los pa&iacute;ses del Tercer Mundo debido a que la sensaci&oacute;n de amenaza e inseguridad de que sufren estos estados emana en un grado sustancial de lo que ocurre dentro de sus propios l&iacute;mites, m&aacute;s que de lo que ocurre fuera de ellos (Ayoob 1991, p. 263: 1991). De manera adicional, justamente estos estados cuentan con muy pocas habilidades para extraer recursos de sus propias sociedades, y estas restricciones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas son un incentivo poderoso para hacer concesiones a otros aliados,a cambio de apoyo militar.Dicho apoyo contribuye a que estos estados d&eacute;biles puedan manejar las amenazas a su seguridad y tambi&eacute;n puedan obtener apoyo econ&oacute;mico para controlar las amenazas a su econom&iacute;a pol&iacute;tica dom&eacute;stica. En suma, los l&iacute;deres de los pa&iacute;ses del Tercer Mundo pueden preferir alianzas en vez de extracci&oacute;n de recursos inter-nos, porque est&aacute;n constantemente tentados a tratar de asegurar los recursos materiales necesarios para enfrentar las amenazas internas aplacando los grupos sociales insatisfechos o usando otros medios, y prefieren hacerlo a trav&eacute;s de la formaci&oacute;n de alianzas externas y no a trav&eacute;s de la extracci&oacute;n interna de su sociedad, sociedad que ya est&aacute; presionada econ&oacute;micamente y pol&iacute;ticamente alienada. Esto quiere decir que los estados del Tercer Mundo frecuentemente forman alianzas externas como un medio para enfrentar sus amenazas internas (Barnett &amp; Levy 1991: 378). </P>     <P>Las aproximaciones racionalistas nos han aclarado parcialmente qu&eacute; factores explican si los estados, como el colombiano, est&aacute;n o no interesados en internacionalizar sus conflictos internos y qu&eacute; tipo de apoyo internacional favorecer&iacute;an. Pero es necesario incorporar la aproximaci&oacute;n constructivista para entender qu&eacute; tipo de actores son invitados a participar y por qu&eacute; razones en ocasiones se privilegia un tipo de actores sobre otro u otros. Los estados tratan de buscar ayuda no s&oacute;lo de los actores internacionales que puedan brindarla,sino tambi&eacute;n de los actores internacionales con los cuales &lsquo;simpatizan&rsquo;, y consecuentemente, no impondr&iacute;an costos adicionales al estado que requiere asistencia. &Eacute;sta es la raz&oacute;n por la cual, el alto nivel de compatibilidad entre la aproximaci&oacute;n militarista del presidente Uribe en contra de las guerrillas y la guerra contra el terrorismo internacional del presidente Bush es tan importante para entender la incorporaci&oacute;n de la guerra colombiana en la guerra contra el terrorismo. </P>     <P>Pero a&uacute;n en este casi perfecto escenario, un estado puede perder el control sobre los efectos de su propia decisi&oacute;n de internacionalizar y, frecuentemente,cae en su propia trampa.El caso colombiano es claro y elocuente en este sentido. Recientes administraciones presidenciales en Colombia han insistido en invitar a Estados Unidos a participar en el conflicto a trav&eacute;s de la solicitud de ayuda militar, pero las condiciones puestas por este pa&iacute;s para otorgar esta asistencia podr&iacute;an debilitar &mdash;como esta ocurriendo actualmente con la administraci&oacute;n Uribe&mdash; la posici&oacute;n del estado en una eventual transici&oacute;n hacia la resoluci&oacute;n pol&iacute;tica o negociada del conflicto o inclusive en un contexto de guerra abierta como el actual. &Eacute;ste fue tambi&eacute;n el caso que tuvo lugar durante las negociaciones con los grupos paramilitares que inici&oacute; el actual Presidente: el Departamento de Estado estadounidense incluy&oacute; a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en su lista de organizaciones terroristas internaciones y ello constituy&oacute; un obst&aacute;culo en las negociaciones en la medida en que Estados Unidos a&uacute;n requiere en extradici&oacute;n a varios lideres paramilitares (debido principalmente a su participaci&oacute;n en la producci&oacute;n y tr&aacute;fico de drogas il&iacute;citas). La posici&oacute;n del Congreso estadounidense en materia de derechos humanos y el duro tratamiento del que ha sido objeto el presidente Uribe recientemente por cuenta del v&iacute;nculo entre miembros de la bancada gubernamental en el Congreso y los grupos paramilitares, muestran que el proceso de internacionalizaci&oacute;n puede producir consecuencias inesperadas y que el gobierno, en su calidad de estratega,no siempre puede predecir estos efectos apropiadamente. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>En este art&iacute;culo he tratado de demostrar c&oacute;mo el concepto de internacionalizaci&oacute;n que desarroll&eacute; en la primera parte funciona para analizar el caso del conflicto armado colombiano. Pero, &iquest;por qu&eacute; es tan importante usar el concepto de internacionalizaci&oacute;n de la forma particular que he sugerido y recomendado aqu&iacute;? Como lo se&ntilde;al&eacute; al inicio de este art&iacute;culo, aproximaciones anteriores al estudio de las relaciones entre Estados Unidos y Colombia han enfatizado con tanta fuerza el poder y las implicaciones de la hegemon&iacute;a estadounidense y la casi patol&oacute;gica debilidad del estado colombiano, que pr&aacute;cticamente no han dejado espacio para el estudio de la muy significativa autonom&iacute;a colombiana y el espacio de deliberaci&oacute;n y decisi&oacute;n con que cuenta el pa&iacute;s. Consecuentemente, al ignorar la capacidad de Colombia de definir y planear la estrategia para lograr sus intereses nacionales, dichos an&aacute;lisis han tornado al gobierno, a las elites pol&iacute;ticas colombianas y a los tomadores de decisiones inmunes frente a cualquier intento de cr&iacute;tica pol&iacute;tica o acad&eacute;mica. El gobierno colombiano aparece peleando una guerra contra las drogas, y ahora una guerra contra las drogas mezclada con guerra contrainsurgente, en nombre y bajo los deseos de un estadopatr&oacute;n &mdash;Estados Unidos&mdash;, que no le deja m&aacute;s alternativa. En estos t&eacute;rminos, Colombia es vista simplemente como un estado cliente, un pe&oacute;n de la guerra contra las drogas y la guerra contra el terrorismo internacional. Este tipo de an&aacute;lisis previene cualquier clase de di&aacute;logo cr&iacute;tico con los c&iacute;rculos de poder en Colombia, situaci&oacute;n que, sobra decirlo, es peligrosamente conveniente para los funcionarios p&uacute;blicos y los tomadores de decisiones en el pa&iacute;s. La creaci&oacute;n de un espacio para la discusi&oacute;n p&uacute;blica y abierta no puede ser postergada por m&aacute;s tiempo bajo la excusa de que la imposici&oacute;n estadounidense torna dicho debate en un ejercicio acad&eacute;mico sin ninguna utilidad pr&aacute;ctica. Existen espacios para tomar decisiones y es necesario hacer una evaluaci&oacute;n sistem&aacute;tica y detallada de la forma en que dichos espacios est&aacute;n siendo utilizados o subutilizados. M&aacute;s concretamente, la estrategia de internacionalizar el conflicto colombiano est&aacute; siendo dise&ntilde;ada e implementada por el gobierno colombiano en una forma, activa, expl&iacute;cita, calculada y premeditada. En otras palabras, la internacionalizaci&oacute;n del conflicto armado colombiano es ahora una pol&iacute;tica p&uacute;blica m&aacute;s que debe ser sometida al mismo an&aacute;lisis y evaluaci&oacute;n de cualquier otra pol&iacute;tica p&uacute;blica de car&aacute;cter dom&eacute;stico. </P> <hr size="1">      <p><b>Comentarios</b></p>     <P><a name="n1">1</a> Este art&iacute;culo es una versi&oacute;n revisada y transformada del texto &quot;Internationalizing Domestic Conflict: From Local and Political Insurgency Toward Global Terrorism.The Colombian Case&quot; (Borda 2007). </P>     <P><a name="n2">2</a> Este punto se desarrolla m&aacute;s claramente en Borda, Sandra,&quot;The Internationalization of Domestic Conflicts: The Cases of El Salvador, Guatemala and Colombia&quot;, Disertaci&oacute;n doctoral en elaboraci&oacute;n, manuscrito sin publicar. </P>     <P><a name="n3">3</a> Estas cuatro primeras tareas son definidas por Keck, ME, Sikkink, K. (1998). <I>Activist Beyond Borders, </I>Ithaca and London: Cornell University Press Introduction. </P>     <P><a name="n4">4</a> Para una versi&oacute;n m&aacute;s amplia de ese estado del arte ver Cap&iacute;tulo 1, Secci&oacute;n 3 en &quot;The Internationalization of Domestic Conflicts:The Cases of El Salvador, Guatemala and Colombia&quot;, Disertaci&oacute;n doctoral en elaboraci&oacute;n, manuscrito sin publicar. </P>     <P><a name="n5">5</a> Varios factores pueden reducir esta capacidad gubernamental: una poblaci&oacute;n dispersa, terrenos monta&ntilde;osos, el establecimiento previo de grupos rebeldes en pa&iacute;ses vecinos, la presencia de productos primaros de exportaci&oacute;n, y la existencia de di&aacute;sporas poderosas que apoyen la agenda de los grupos rebeldes. </P>     <P><a name="n6">6</a> Para una descripci&oacute;n extensa y exhaustiva de este debate en Colombia y en Estados Unidos,ver Tickner,AB (2003).&quot;Colombia and the United States: From Counternarcotics to Counterterrorism&quot;, <I>Current History </I>102. </P> <hr size="1">      <p><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>     <!-- ref --><P>Adler, Emmanuel. 2002. &quot;Constructivism and International Relations&quot;. En <I>Handbook of International Relations</I>, eds.Walter Carlsnaes, Thomas Risse y Beth Simmons, 95-119.Thousand Oaks, CA: SAGE Publications.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0121-5612200700010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Ayoob, Mohammed. 1991. &quot;The Security Problematic in the Third World&quot;, <I>World Politics </I>43: 257-83 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0121-5612200700010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Bagley, Bruce. 2000. &quot;Narcotr&aacute;fico, Violencia Pol&iacute;tica y Pol&iacute;tica Exterior de Estados Unidos hacia Colombia en los Noventa&quot;, <I>Colombia Internacional </I>49/50: 5-38.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0121-5612200700010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Barnett, Michael y Martha Finnemore. 2004. <I>Rules for the World. International Organizations in Global Politics. </I>Ithaca: Cornell University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0121-5612200700010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Barnett,Michael y Jack S.Levy.1991. &quot;Domestic Sources of Alliances and Alignments:The Case of Egypt, 1962-1973&quot;. <I>International Organization </I>45: 369-95.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0121-5612200700010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Barnett, Michael N. 1996. &quot;Identity and Alliances in the Middle East&quot;. En <I>The Culture of National Security. Norms and Identity in World Politics, </I>ed. Peter J. Katzenstein, 400-47.New York:Columbia University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0121-5612200700010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P><font size="2" face="Verdana">Borda, Sandra. 2002. &quot;La pol&iacute;tica exterior colombiana antidrogas o c&oacute;mo se reproduce el ritual realista desde el Tercer Mundo&quot;. En <I>Prioridades y desaf&iacute;os de la pol&iacute;tica exterior colombiana, </I>eds.Arlene B.Tickner, Marta Ardila y Diego Cardona, 283-314. Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n Hanns Seidel Stiftung, Friedrich Ebert Stiftung en Colombia - FESCOL.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0121-5612200700010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></P> <font face="Verdana" size="2">    <!-- ref --><P>Borda, Sandra. 2007. (forthcoming) &quot;Internationalizing Domestic Conflict: From Local and Political Insurgency Toward Global Terrorism. The Colombian Case&quot; en <I>Coping with Contemporary Terrorism; Origins, Escalation, and Responses</I>, ed. William Thompson. New York: SUNY Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0121-5612200700010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Brzezinski, Zbigniew. 1989/90. &quot;Post-Communist Nationalism&quot;, <I>Foreign Affairs</I>. <a href="http://www.stage.foreignaffairs.org" target="_blank">www.stage.foreignaffairs.org</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0121-5612200700010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Carvajal, Leonardo y Rodrigo Pardo, R. 2002. &quot;La internacionalizaci&oacute;n del conflicto dom&eacute;stico y los procesos de paz (historia reciente y principales desaf&iacute;os)&quot;, En <I>Prioridades y desaf&iacute;os de la pol&iacute;tica exterior colombiana,</I>eds.Arlene B.Tickner,Marta Ardila y Diego Cardona, 181-236. Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n Hanns Seidel Stiftung, Friedrich Ebert Stiftung en Colombia - FESCOL.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0121-5612200700010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Collier, Paul, Anke Hoeffler y M&aring;ns S&ouml;derbom. 2001. &quot;On the Duration of Civil War&quot;. En <I>Workshop on Civil War and Post-Conflict Transitions</I>. Washington, D.C.: World Bank, Development and Research Group, University of California, Irvine, Center for Global Peace and Conflict Studies.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0121-5612200700010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P>Comisi&oacute;n de An&aacute;lisis y Recomendaci&oacute;n sobre las Relaciones entre Colombia y Estados Unidos. 1997. &quot;Colombia: Una nueva sociedad en un mundo nuevo&quot;. <I>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, </I>Edici&oacute;n Especial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0121-5612200700010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Coy, Francisco. 2003. &quot;Injerencia reciente y desnarcotizaci&oacute;n fallida: las relaciones Colombia - Estados Unidos desde el fin de la Guerra Fr&iacute;a&quot;, <I>Desaf&iacute;os </I>9: 165-92.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0121-5612200700010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>David, Steven R. 1991. &quot;Explaining Third World Alignment&quot;, <I>World Politics</I> 43: 233-56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0121-5612200700010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Dugas, John C. 2003. &quot;The Emergence of Neopopulism in Colombia? The Case of Alvaro Uribe&quot;, <I>Third World Quarterly </I>24: 1117-36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0121-5612200700010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Elbadawi, Ibrahim A. y Nicholas Sambanis. 2000. &quot;External Interventions and the Duration of Civil Wars&quot;. En <I>The Economics and Politics of Civil Conflicts. </I>Princeton, NJ: World Bank's Development Economics Research Group (DECRG).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0121-5612200700010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P>Fearon, James D. y Alexander Wendt. 2002. &quot;Rationalism v. Constructivism: A Skeptical View&quot;, En <I>Handbook of International Relations, </I>eds.Walter Carlsnaes,Thomas Risse y Beth Simmons, 52-72.Thousand Oaks, CA: SAGE Publications.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0121-5612200700010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Fern&aacute;ndez de Soto, G. 2001. <I>Diplomacia por la paz. Una estrategia frente a la comunidad internacional, </I>Bogot&aacute;: Ministerio de Relaciones Exteriores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0121-5612200700010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Gagnon,V. P. Jr. 1994-1995. &quot;Ethnic Nationalism and International Conflict: The Case of Serbia&quot;, <I>International Security </I>19: 130-66.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0121-5612200700010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Gait&aacute;n, Pilar, Rodrigo Pardo y Juan Manuel Osorio. 2002. <I>Comunidad internacional, conflicto armado y perspectivas de paz en Colombia, </I>Bogot&aacute;:Alfaomega.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0121-5612200700010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Garc&iacute;a, Andelfi y Patti Londo&ntilde;o. 2002. &quot;La pol&iacute;tica multilateral de Colombia y Colombia en la nueva agenda multilateral&quot;. En <I>Prioridades y desaf&iacute;os de la pol&iacute;tica exterior colombiana, </I>eds. Arlene B. Tickner, Marta Ardila y Diego Cardona, 139-76. Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n Hanns Seidel Stiftung, Friedrich Ebert Stiftung en Colombia - FESCOL.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0121-5612200700010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P>Gu&aacute;queta, Alexandra. 2005. &quot;Change and Continuity in U.S.-Colombian Relations and the War Against Drugs&quot;, <I>Journal of Drug Issues </I>35: 27-56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0121-5612200700010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Guti&eacute;rrez, F. 2003. &quot;Institutionalizing Global Wars: State Transformations in Colombia, 1978-2002&quot;, <I>Journal of International Affairs </I>57: 135-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0121-5612200700010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Isacson, Adam. 2000. &quot;Getting In Deeper.The United States' Growing Involvement in Colombia's Conflict&quot;. <I>International Policy Report.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0121-5612200700010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </I></P>     <!-- ref --><P>Isacson, Adam. 2003. &quot;Was Failure Avoidable? Learning from Colombia's 19982002 Peace Process&quot; The Dante B. Fascell North-South Center. University of Miami. <I>Working Paper Series. </I>Miami, Florida.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0121-5612200700010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Isacson, Adam. 2004. &quot;Optimism, Pessimism,and Terrorism:The United States and Colombia in 2003&quot;,<I> Brown Journal of World Affairs </I>X: 245-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0121-5612200700010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P>Jervis, Robert. 1991/92. &quot;The Future of World Politics:Will It Resemble the Past?&quot; <I>International Security </I>16: 39-73.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0121-5612200700010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Kaldor, Mary. 1999. <I>New and Old Wars.Organized Violence in a Global Era</I>. Stanford, California: Stanford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-5612200700010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Keck, Margaret E y Kathryn Sikkink. 1998. <I>Activists Beyond Borders</I>. Ithaca and London: Cornell University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-5612200700010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P> </font>     <!-- ref --><P><font size="2" face="Verdana">Matthiessen, Tatiana. 2000. <I>El arte pol&iacute;tico de conciliar: El tema de las drogas en las relaciones entre Colombia y Estados Unidos, 1986 - 1994, </I>Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n Friedrich Ebert de Colombia - FESCOL, Centro de Estudios de la Realidad Colombiana - CEREC, Fedesarrollo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-5612200700010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></P> <font face="Verdana" size="2">    <!-- ref --><P>Mearsheimer, John J. (1990). &quot;Why We Will Soon Miss the Cold War&quot;. <I>The Atlantic: </I>35-50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-5612200700010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P>Moreno, Luis Alberto. 2002. &quot;Aiding Colombia's War on Terrorism&quot;. <I>The New York Times, </I>Mayo 3, Secci&oacute;n de Opini&oacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-5612200700010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Murdoch, James C. y Todd Sandler. 2001. &quot;Economic Growth, Civil Wars, and Spacial Spillovers&quot;. <I>Development Research Group of the World Bank.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-5612200700010000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </I></P>     <!-- ref --><P>Randall, Stephen J. 1992. <I>Aliados y distantes. </I>Bogot&aacute;: Tercer Mundo Editores, Ediciones Uniandes, CEI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-5612200700010000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Rose,William. 2000. &quot;The Security Dilemma and Ethnic Conflict: Some New Hypotheses&quot;. <I>Security Studies </I>9: 1-51.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-5612200700010000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Rosenau, James N. 1964. &quot;Internal War as an International Event&quot;. En <I>International Aspects of Civil Strife,</I>ed.James N.Rosenau, 45-91. Princeton: Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-5612200700010000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P>Snidal, Duncan. 2002. &quot;Rational Choice and International Relations&quot; En <I>Handbook of International Relations, </I>eds.Walter Carlsnaes,Thomas Risse y Beth Simmons,7395.Thousand Oaks, CA: SAGE Publications.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-5612200700010000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Snyder, Jack. 1990. &quot;Averting Anarchy in the New Europe&quot;, <I>International Security </I>14:5-41.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-5612200700010000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Snyder Jack y Robert Jervis. 1999. &quot;Civil War and the Security Dilemma&quot;. En <I>Civil Wars, Insecurity, and Intervention, </I>eds. Barbara F. Walter y Jack Snyder, 15-37. New York:Columbia University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-5612200700010000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Sossai, Mirko. 2005. &quot;The Internal Conflict in Colombia and the Fight Against Terrorism&quot;, <I>Journal of International Criminal Justice </I>3: 253-67.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0121-5612200700010000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Strange, Susan. 1996. <I>The Retreat of the State.The Diffusion of Power in the World Economy</I>. NewYork: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-5612200700010000400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P>Thoumi, Francisco. 2002. &quot;Illegal Drugs in Colombia: From Illegal Economic Boom to Social Crisis&quot;, <I>The ANNALS of the American Academy of Political and Social Science </I>582: 102-16.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0121-5612200700010000400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Tickner, Arlene B. 2002. &quot;Colombia es lo que los actores estatales hacen de ella: Una (re)lectura de la pol&iacute;tica exterior colombiana hacia los Estados Unidos&quot;. En <I>Prioridades y desaf&iacute;os de la pol&iacute;tica exterior colombiana,</I>eds.Arlene B.Tickner,Marta Ardila y Diego Cardona, 353-93. Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n Hanns Seidel Stiftung, Friedrich Ebert Stiftung en Colombia - FESCOL.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-5612200700010000400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Tickner,Arlene B.2003.&quot;Colombia and the United States: From Counternarcotics to Counterterrorism&quot;. <I>Current History</I>: 102.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0121-5612200700010000400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Tirado Mej&iacute;a, A. 1995. <I>Colombia en la ONU: </I>1945-1995, Bogot&aacute;: Goldstar.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-5612200700010000400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></P>     <!-- ref --><P>Tirado Mej&iacute;a,A.1998. <I>Visiones de la OEA: 50 a&ntilde;os, 1948-1998, </I>Bogot&aacute;: Ministerio de Relaciones Exteriores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-5612200700010000400046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P>Tokatlian, Juan Gabriel. 1995. <I>Drogas, Dilemas y Dogmas. </I>Bogot&aacute;: Tercer Mundo Editores, Ediciones Uniandes, CEI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-5612200700010000400047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Tokatlian, Juan Gabriel. 1998. <I>Colombia y Estados Unidos: Problemas y Perspectivas. </I>Bogot&aacute;: Tercer Mundo, IEPRI, Colciencias.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-5612200700010000400048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>Tokatlian, Juan Gabriel. 2000. <I>Globalizaci&oacute;n, narcotr&aacute;fico y violencia: Siete ensayos sobre Colombia, </I>Bogot&aacute;: Editorial Norma.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-5612200700010000400049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>United States Department of Defense. 2003. &quot;Secretary Rumsfeld Joint Press Conference with the Colombian Minister of Defense&quot;, Department of Defense,Washington, D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-5612200700010000400050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     <!-- ref --><P>U.S. Aid to Colombia Since 1997: Summary Tables. 2006. The Center for International Policy's Colombia Program.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-5612200700010000400051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </P>     ]]></body>
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