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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[DERECHIZACIÓN 'A LA COLOMBIANA' EN TIEMPOS CONFUSOS: un ensayo especulativo]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Colombia constitutes an exception in the current Latin American political context: whereas most of the region's regimes have turned to the left, Colombia has turned to the right. Since Alvaro Uribe's presidential election in 2002, the country has become increasingly polarized, and in this course Uribe embodies an emerging right with considerable popular support.This essay explains and characterizes Colombia's turn to the right, a process that reveals different dimensions such as populism, a criminalization of both the armed and the legal left, and social spending priorities considerably distant from the neoliberal orthodoxy.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4">DERECHIZACI&Oacute;N &#39;A LA COLOMBIANA&#39; EN TIEMPOS CONFUSOS: un ensayo especulativo<Sup>* </Sup></font></p>     <p align="center"><font size="3">COLOMBIA&#39;S RIGHT TURN DURING PUZZLING TIMES: A Speculative Essay </font></p>      <p><b>Carlo Nasi<Sup>** </Sup></b></p>     <p>* Agradezco a Luis Bernardo Mej&iacute;a por compartir su conocimiento sobre temas clave de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica y social del gobierno colombiano y darme sugerencias para elaborar una secci&oacute;n del art&iacute;culo, y a M&oacute;nica Hurtado, por sus comentarios generales sobre el escrito. </p>     <p>** Ph. D. en Ciencia Pol&iacute;tica de la Universidad de Notre Dame, EE. UU. Profesor y director de posgrados del Departamento de Ciencia Pol&iacute;tica de la Universidad de los Andes. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:cnasi@uniandes.edu.co">cnasi@uniandes.edu.co</a> </p> <hr size="1">     <p><b>Resumen </b></p>     <p>Colombia es una excepci&oacute;n en el actual contexto pol&iacute;tico latinoamericano, por haber girado hacia la derecha y no hacia la izquierda, contrario a lo ocurrido en otros pa&iacute;ses del continente. Desde la elecci&oacute;n del presidente &Aacute;lvaro Uribe en el a&ntilde;o 2002, se ha producido en el pa&iacute;s una creciente polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica en la que el presidente, con un considerable respaldo popular, encarna a una derecha emergente. El presente ensayo intenta explicar y caracterizar la derechizaci&oacute;n &#39;a la colombiana,&#39; teniendo en cuenta sus distintas dimensiones, tales como cierto populismo, la criminalizaci&oacute;n de la izquierda armada y (frecuentemente) legal, y un gasto social un tanto alejado de la ortodoxia neoliberal. </p>    <p><b><i>Palabras clave: </i></b>Colombia, pol&iacute;tica colombiana, Am&eacute;rica Latina, derecha, izquierda, uribismo, Polo Democr&aacute;tico Alternativo. </p> <hr size="1">     <p><b>Abstract </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Colombia constitutes an exception in the current Latin American political context: whereas most of the region&#39;s regimes have turned to the left, Colombia has turned to the right. Since Alvaro Uribe&#39;s presidential election in 2002, the country has become increasingly polarized, and in this course Uribe embodies an emerging right with considerable popular support.This essay explains and characterizes Colombia&#39;s turn to the right, a process that reveals different dimensions such as populism, a criminalization of both the armed and the legal left, and social spending priorities considerably distant from the neoliberal orthodoxy. </p>    <p><b><i>Key words: </i></b>Colombia, Colombian politics, Latin America, right, left, uribism, Polo Democr&aacute;tico Alternativo. </p>     <p>recibido 28/09/2007, aprobado 02/11/2007</p> <hr size="1">      <p>La crisis de los partidos tradicionales, Liberal y Conservador, se ha visto acompañada de una reconfiguración de las identidades políticas en Colombia. Desde 2002 se percibe una creciente polarización en el país, donde el presidente Álvaro Uribe aparentemente encarna una derecha emergente y que ha logrado un considerable respaldo popular, a la vez que el Polo Democrático (antes Independiente, y ahora Alternativo, PDA) se presenta como un proyecto de izquierda renovado, mucho más sólido de los que hubo en el pasado.</p>      <p>Resulta un tanto extraño que, justo ahora, a casi veinte años de la caída del Muro de Berlín, las alternativas de derecha e izquierda se estén fortaleciendo no solamente en Colombia, sino en el continente. ¿Pero por qué Colombia se ha derechizado a contramano de lo que ha ocurrido en varios países del continente, como Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia, Nicaragua y Brasil? ¿O es que acaso, como lo sostiene el presidente Álvaro Uribe, es inapropiado hoy en día hablar de derecha e izquierda? ¿Se trata de conceptos obsoletos, carentes de utilidad analítica y de referentes empíricos? Vamos por partes.</p>    <p><b>El resurgimiento de la izquierda en Am&eacute;rica Latina </b></p>     <p>A distintos autores ha llamado poderosamente la atenci&oacute;n el reciente acceso al poder de una serie de partidos gen&eacute;ricamente agrupados bajo el r&oacute;tulo de &#39;izquierda&#39; en Am&eacute;rica Latina. Ch&aacute;vez en Venezuela,Lula en Brasil,los Kirchner en Argentina, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Tabar&eacute; V&aacute;zquez en Uruguay, Ortega en Nicaragua, Lagos y Bachelet en Chile, for-man parte de la nueva y variopinta cofrad&iacute;a de presidentes latinoamericanos &#39;de izquierda&#39;, la mayor&iacute;a de ellos elegidos despu&eacute;s del a&ntilde;o 2002. &iquest;Por qu&eacute; fueron elegidos? &iquest;Y por qu&eacute; se verifica una verdadera tendencia regional hacia la izquierda? </p>    <p>Aunque la configuraci&oacute;n partidista y trayectoria pol&iacute;tica particular de cada pa&iacute;s explica las condiciones bajo las cuales ciertas organizaciones pol&iacute;ticas de izquierda (y no otras) han accedido al poder, algunos autores han aventurado hip&oacute;tesis m&aacute;s generales a este respecto. Casta&ntilde;eda (2006), por ejemplo, menciona cuatro factores que habr&iacute;an provocado el &#39;giro a la izquierda&#39; en Am&eacute;rica Latina: 1) el fin de la Guerra Fr&iacute;a, que hizo que Washington dejara de estigmatizar a cualquier r&eacute;gimen de izquierda en la regi&oacute;n como simple &#39;cabeza de playa&#39; de la (ahora ex) Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica; 2) la culminaci&oacute;n del proceso de democratizaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina, aparejada con el hecho de que &eacute;sta es la regi&oacute;n m&aacute;s desigual del mundo; seg&uacute;n Casta&ntilde;eda, dondequiera que coexisten democracia y extrema desigualdad, los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos tienden a gravitar hacia la izquierda, dado que las masas empobrecidas suelen votar por agrupaciones pol&iacute;ticas que enfatizan la redistribuci&oacute;n de la riqueza; 3) las reformas neoliberales implementadas desde mediados de los ochenta, cuyos resultados decepcionaron a muchos al revertir en bajas tasas de crecimiento econ&oacute;mico, persistencia de la pobreza, creciente desigualdad y altos niveles de desempleo; 4) finalmente, el mismo desencanto con las democracias instauradas, en lo que se refiere a erradicar la corrupci&oacute;n, establecer un Estado de Derecho, mejorar la gobernabilidad y atacar la concentraci&oacute;n del poder en manos de unos pocos. </p>    <p>Bor&oacute;n (2005: 410-413) secunda la idea de que el resurgimiento de movimientos y partidos de izquierda se debe a los efectos nocivos del neoliberalismo, pero a&ntilde;ade otros elementos explicativos. Seg&uacute;n &eacute;l, una serie de nuevos actores pol&iacute;ticos de izquierda tom&oacute; el lugar de los grupos que estaban en franco declive (como los sindicatos) y explot&oacute; el &#39;vac&iacute;o de poder&#39; creado por el descr&eacute;dito de muchos partidos pol&iacute;ticos tradicionales. Adem&aacute;s, atribuye Bor&oacute;n el resurgimiento de la izquierda a la revitalizaci&oacute;n de un activismo contestatario internacional, al formarse un movimiento global en contra del neoliberalismo, y la guerra a partir de las protestas de Seattle, en 1999. </p>     <p>Aunque las anteriores explicaciones contienen elementos anal&iacute;ticos valiosos, dejan algunas preguntas sin contestar. Por ejemplo, &iquest;por qu&eacute; las masas empobrecidas no se volcaron a respaldar a los partidos de izquierda antes, en particular, hacia finales de la &#39;d&eacute;cada perdida&#39; de los ochenta, cuando hubo retrocesos importantes en materia de crecimiento econ&oacute;mico, pobreza, desigualdad e hiperinflaci&oacute;n? &iquest;Por qu&eacute; los beneficiarios pol&iacute;ticos de la crisis de los ochenta fueron los partidos pol&iacute;ticos que introdujeron las medidas del Consenso de Washington,en vez de la izquierda? Y si Am&eacute;rica Latina ha sido por d&eacute;cadas la regi&oacute;n con mayores niveles de desigualdad en el mundo, &iquest;por qu&eacute; no ganaron los partidos de izquierda inmediatamente despu&eacute;s de que se acabaron las dictaduras? &iquest;Por qu&eacute; hubo que esperar tantos a&ntilde;os para que ocurriera el &#39;giro a la izquierda&#39;? </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esping-Andersen (1990:17) brinda parte de la respuesta, al recordarnos que es err&oacute;neo asumir que los partidos de izquierda (socialistas/comunistas) han sido el &#39;canal natural&#39; de representaci&oacute;n de los sectores menos privilegiados. Hist&oacute;ricamente las masas empobrecidas y los trabajadores han sido movilizados por una variedad de conductos organizativos distintos, como la Iglesia y los partidos nacionalistas, y por asuntos que poco tienen que ver con la clase social, como es el caso de las reivindicaciones regionales, &#39;&eacute;tnicas&#39; y culturales. </p>    <p>De hecho, al cabo de la d&eacute;cada perdida, accedieron al poder en Am&eacute;rica Latina varios pol&iacute;ticos populistas que no necesariamente proven&iacute;an de los partidos de izquierda. &Eacute;ste es el caso de M&eacute;nem<Sup><a href="#n1">1</a></Sup>y Fujimori, quienes en sus campa&ntilde;as electorales lograron movilizar a amplios sectores populares mediante promesas redistributivas y prebendas personales, pero una vez electos, sorpresivamente, implantaron medidas de ajuste estructural (ver Stokes 2001). Lo que revela lo anterior es que, en ciertas instancias, candidatos de diversas tendencias se valieron de las plataformas pol&iacute;ticas de izquierda para acceder al poder, s&oacute;lo para retractarse despu&eacute;s de sus palabras e implementar el Consenso de Washington. </p>    <p>Otra parte de la explicaci&oacute;n es que, especialmente en el Cono Sur del continente, los partidos de izquierda sufrieron mucha represi&oacute;n de parte de las dictaduras. De ah&iacute; que estuvieran muy debilitados cuando se produjeron las transiciones a la democracia. Hubo que esperar varios a&ntilde;os para que los partidos de izquierda se recompusieran en lo organizacional y formaran una nueva generaci&oacute;n de l&iacute;deres capaces de competir en las elecciones. </p>    <p>Yo agregar&iacute;a que el ejemplo europeo fue absolutamente decisivo en el resurgimiento de la izquierda latinoamericana<Sup><a href="#n2">2</a></Sup>. Los partidos de izquierda europeos hab&iacute;an sufrido sucesivas derrotas a manos de partidos conservadores en la d&eacute;cada de los ochenta, dada la reducci&oacute;n en el tama&ntilde;o de la clase trabajadora y el declive en la membres&iacute;a de los sindicatos (Sferza 1999: 102). De ah&iacute; que fuesen obligados a repensar su proyecto pol&iacute;tico. </p>    <p>Con miras a volver al poder, la izquierda europea opt&oacute; por reinventarse: se distanci&oacute; de sus bases de apoyo tradicionales (la clase trabajadora y los sindicatos) y adopt&oacute; el formato de &#39;partidos atrapa todo&#39;; abandon&oacute; las medidas de bienestar social que hist&oacute;ricamente hab&iacute;a apoyado y las cambi&oacute; por una pol&iacute;tica econ&oacute;mica ortodoxa, y tambi&eacute;n se distanci&oacute; de la noci&oacute;n del Estado centralista (Sferza 1999). Estas medidas desdibujaban la identidad hist&oacute;rica de la izquierda como tal y la acercaban peligrosamente a sus competidores de derecha. </p>     <p>De ah&iacute; que, para diferenciarse, la izquierda adopt&oacute; una serie de banderas complementarias, como la antixenofobia, la lucha contra la corrupci&oacute;n, objetivos ecol&oacute;gicos y posmaterialistas, la b&uacute;squeda de una mayor paridad de g&eacute;nero, as&iacute; como una mayor y mejor rendici&oacute;n de cuentas por parte de los gobiernos (Sferza 1999; Inglehart 1997). Con este nuevo formato, a finales de los noventa, la izquierda volvi&oacute; a ganar elecciones en 13 de 15 gobiernos de la Uni&oacute;n Europea (Sferza 1999: 101). </p>    <p>La experiencia europea antecedi&oacute; el giro a la izquierda latinoamericano y proporcion&oacute; dos cosas. De un lado, apoyo moral, en el sentido de que brind&oacute; un efecto demostraci&oacute;n de que volver a ganar era posible. De otro lado, y m&aacute;s importante a&uacute;n, modelos a seguir, dado que la victoria de la izquierda europea necesariamente conllev&oacute; transformaciones profundas. </p>    <p>Se puede plantear como hip&oacute;tesis que, as&iacute; como la copia de los &#39;viejos modelos&#39; de la izquierda europea contribuy&oacute; al fracaso de la izquierda latinoamericana, la emulaci&oacute;n de los &#39;nuevos modelos&#39; explica su reciente triunfo. Durante la Guerra Fr&iacute;a, y a diferencia de sus contrapartes europeas, los partidos latinoamericanos de izquierda casi nunca accedieron al poder. Esto vale tanto para la izquierda armada como para la pacifista. En cuanto a la primera, aunque pr&aacute;cticamente ning&uacute;n pa&iacute;s latinoamericano estuvo exento de guerrillas revolucionarias<Sup><a href="#n3">3</a></Sup>, &eacute;stas s&oacute;lo triunfaron en Cuba, en 1959, y (veinte a&ntilde;os despu&eacute;s) en Nicaragua, en 1979. La izquierda pacifista y legal, por su parte, tampoco tuvo mayores &eacute;xitos, a excepci&oacute;n de la experiencia fallida de Allende en Chile. </p>    <p>En los fracasos incidi&oacute; no sola-mente la represi&oacute;n a (y el fraccionamiento ideol&oacute;gico de) la izquierda, sino la importaci&oacute;n de doctrinas desarrolladas para el contexto europeo. Los partidos de izquierda latinoamericanos adoptaron el credo marxista-leninista sin tener en cuenta que la industrializaci&oacute;n fue mucho m&aacute;s precaria en nuestro continente, y el tama&ntilde;o de la clase obrera, sustancialmente menor que en Europa. Incluso en aquellos pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina donde la clase trabajadora alcanz&oacute; dimensiones considerables, el empleo en el sector secundario nunca predomin&oacute; num&eacute;ricamente (Dix 1989). </p>    <p>Lo que hubo en Am&eacute;rica Latina fueron migraciones masivas de lo rural a lo urbano, y el grueso de esta poblaci&oacute;n termin&oacute; en los cinturones de miseria que rodean a las ciudades. La mayor&iacute;a de los migrantes fue absorbida por el sector terciario urbano, el de los servicios, el cual, seg&uacute;n Dix (1989: 32), no propicia la solidaridad de clase ni la formaci&oacute;n de sindicatos (y menos, de orientaci&oacute;n anticapitalista), sino un individualismo cuyas demandas tienden a centrarse en asuntos como la obtenci&oacute;n de vivienda y mejoras en los servicios p&uacute;blicos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De ah&iacute; que, aunque la clase baja haya tenido un tama&ntilde;o considerable en Am&eacute;rica Latina, los partidos de izquierda encontraron grandes dificultades para movilizar a los sectores pobres. El desfase, por una parte, entre una doctrina pol&iacute;tica que privilegi&oacute; al sector secundario como base pol&iacute;tica de los partidos y, por otra, una estructura social donde la mayor&iacute;a de los pobres se vincul&oacute; al sector terciario fue la receta del fracaso. </p>    <p>No es casual que s&oacute;lo recientemente la izquierda latinoamericana haya empezado a ganar elecciones: tuvo que adoptar una doctrina nueva, m&aacute;s flexible, pragm&aacute;tica y acorde con la estructura social del continente, para llegar al poder. A semejanza de sus contrapartes europeas, la izquierda latinoamericana se distanci&oacute; de los sindicatos e incorpor&oacute; temas como la descentralizaci&oacute;n y participaci&oacute;n de la comunidad en la toma de decisiones locales, la democratizaci&oacute;n interna de los partidos, la discriminaci&oacute;n positiva hacia las mujeres, la necesidad de pesos y contrapesos en el Estado, la administraci&oacute;n eficiente de los gobiernos locales y la lucha contra la corrupci&oacute;n (Angell 1996: 11). </p>    <p>Adem&aacute;s de renovarse tem&aacute;ticamente, Rodr&iacute;guez y Barrett (2005: 31-37) argumentan que la nueva izquierda latinoamericana adopt&oacute; cinco rasgos que la diferencian de la &#39;izquierda hist&oacute;rica&#39;: </p> <ol type="1">     <li>En cuanto a la estrategia organizativa, pas&oacute; del partido de vanguardia, a los &#39;frentes amplios&#39;,&#39;coordinadoras&#39;y &#39;encuentros&#39; de partidos y movimientos sociales. La nueva izquierda consta de coaliciones de organizaciones relativamente aut&oacute;nomas entre s&iacute;, que han unido fuerzas para lograr un objetivo com&uacute;n, sea &eacute;ste la toma del poder o la reforma democr&aacute;tica del Estado, o la autogesti&oacute;n. </p></li>     <li>Las bases sociales de la nueva izquierda se ampliaron, dado que a la tradicional b&uacute;squeda de la igualdad, se han agregado agendas que enfatizan el derecho a la diferencia y el multiculturalismo. La nueva izquierda se autodefine en t&eacute;rminos heterog&eacute;neos y plurales, y sirve como punto de encuentro para todos los que se oponen al neoliberalismo, al imperialismo y a otras formas de dominaci&oacute;n y desigualdad. </p></li>     <li>La nueva izquierda tambi&eacute;n reivindica a la sociedad civil como espacio de acci&oacute;n pol&iacute;tica y &aacute;mbito de deliberaci&oacute;n ciudadana, m&aacute;s all&aacute; del Estado. </p></li>    <li>La nueva izquierda abandon&oacute; la lucha armada y los modelos de socialismo centralizado, con lo que triunf&oacute; el reformismo. </p></li>     <li>Finalmente, la nueva izquierda se caracteriza por un inconformismo con la democracia existente: busca ampliar y profundizar la democracia mediante la combinaci&oacute;n de mecanismos representativos y participativos. </p></li>    </ol>      <p>Lo principal aqu&iacute; son dos cosas. De un lado, se redujo el fraccionamiento que hab&iacute;a plagado a las izquierdas latinoamericanas, no s&oacute;lo en materia ideol&oacute;gica, donde las peleas entre socialdem&oacute;cratas, marxistas-leninistas, mao&iacute;stas, trotskistas y dem&aacute;s crearon distancias insalvables, sino en materia de estrategia de lucha, dado que todas convergieron en el reformismo (y abandonaron la revoluci&oacute;n). Por otra parte, las nuevas izquierdas llegaron al poder en la medida en que formaron alianzas heterodoxas, en las que abandonaron la idea de imponer un proyecto &uacute;nico. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Todo esto deja la impresi&oacute;n de una identidad muy confusa. En efecto, &iquest;qu&eacute; es lo que define a la izquierda, m&aacute;s all&aacute; de juntar a todas las personas que &#39;se oponen a algo&#39; (sea la globalizaci&oacute;n, y/o el imperialismo y/o las injusticias)? &iquest;Es una identidad planteada esencialmente en t&eacute;rminos adversariales pero carente de un modelo pol&iacute;tico-econ&oacute;mico propio? &iquest;Oculta la pluralidad de identidades un falso consenso logrado mediante la postergaci&oacute;n de definiciones program&aacute;ticas? &iquest;Es la nueva izquierda incapaz de generar propuestas concretas a las que se articulen sus distintos grupos? </p>     <p><b>&iquest;Cu&aacute;l Izquierda? y &iquest;cu&aacute;l Derecha? &iquest;Se diferencian? </b></p>     <p>Una dimensi&oacute;n que hist&oacute;ricamente ha diferenciado a la izquierda de la derecha tiene que ver con el tema de la igualdad. Para todas las izquierdas, tanto viejas como nuevas, la b&uacute;squeda de la igualdad ha ocupado un lugar central en sus agendas (Bobbio 1996). La existencia de desigualdades se ha interpretado como sin&oacute;nimo de injusticia, de ah&iacute; que las izquierdas hayan propugnado una mayor igualdad, no s&oacute;lo en lo pol&iacute;tico, sino en lo econ&oacute;mico y social. </p>     <p>Este planteamiento, aparentemente simple y atractivo, se ha visto plagado de miles de dificultades te&oacute;ricas y pr&aacute;cticas. En lo te&oacute;rico, el problema es que es inadecuado hablar de &#39;igualdad&#39; en singular. Existen distintos tipos de igualdades posibles, las cuales no son necesariamente compatibles entre s&iacute;, as&iacute; como diferentes medios para alcanzarlas. Por ejemplo, dar la misma cantidad de un recurso a todos (igual para todos) es muy distinto a asignar recursos seg&uacute;n la necesidad (igual para los que tienen las mismas necesidades), lo que es a su vez muy diferente de asignar recursos seg&uacute;n el m&eacute;rito (igual para todos los que tengan los mismos m&eacute;ritos). Estas tres aproximaciones pueden justificarse en nombre de la igualdad, aunque se contradigan entre s&iacute; (para una interesante discusi&oacute;n sobre esto, ver el cap&iacute;tulo sobre igualdad en Sartori 1987). </p>     <p>A los problemas te&oacute;ricos se suma que, en ocasiones, los planteamientos igualitarios de la izquierda han generado las mayores injusticias imaginables en la pr&aacute;ctica. Un caso extremo es el de la guerrilla comunista Khmer Rojo en Camboya, la cual, luego de tomarse el poder, emprendi&oacute; un delirante intento de convertir a su pa&iacute;s en una enorme comuna agraria igualitaria. En este proceso, los Khmers asimilaron la noci&oacute;n de igualdad a la supresi&oacute;n forzosa de las diferencias, lo que los llev&oacute; a cometer un genocidio en el que murieron cerca de dos millones de personas (los Khmers ejecutaban sumariamente a toda persona sospechosa de haberse &#39;corrompido&#39; con valores burgueses). </p>     <p>A pesar de las dificultades rese&ntilde;adas, es posible argumentar que el <i>tema </i>de la igualdad ha ocupado un lugar central en la agenda pol&iacute;tica de las izquierdas tanto &#39;viejas&#39; como nuevas&#39;. La derecha, en cambio, suele asumir que las jerarqu&iacute;as sociales son naturales, inevitables e, incluso, deseables para mantener un orden social. </p>     <p>Otro &aacute;mbito de diferenciaci&oacute;n entre derecha e izquierda tiene que ver con ciertas actitudes. Con base en distintos indicadores del <i>Eurobar&oacute;metro</i>, Sani y Sartori (1983) observaron que, en los a&ntilde;os setenta, la ubicaci&oacute;n de un votante cualquiera en el espectro izquierda-derecha era un factor que ayudaba a predecir su posici&oacute;n frente a una variedad de asuntos pol&iacute;ticos y sociales<Sup><a href="#n4">4</a></Sup>. Las personas que se autodefin&iacute;an como &#39;de izquierda&#39; ten&iacute;an un mayor inter&eacute;s en reducir las diferencias de bienestar econ&oacute;mico y de g&eacute;nero, ten&iacute;an actitudes favorables hacia la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, los sindicatos, los movimientos estudiantiles de protesta y las organizaciones feministas, mientras que quienes se autodefin&iacute;an como &#39;de derecha&#39; sol&iacute;an ser pronorteamericanos y tener una actitud m&aacute;s favorable hacia los grandes empresarios, el clero y la polic&iacute;a. </p>     <p>Varias de estas orientaciones y actitudes siguen teniendo vigencia. No todas, por supuesto, porque hoy no existe la opci&oacute;n de ser prosovi&eacute;tico. Pero, por lo dem&aacute;s, la izquierda tiende a mantener un perfil anti-Estados Unidos y a valorar positivamente a los movimientos sociales contestatarios, al feminismo, a las minor&iacute;as &eacute;tnicas, ling&uuml;&iacute;sticas y de g&eacute;nero, as&iacute; como a apoyar el aborto, a diferencia de los grupos de derecha. &iquest;Pero, entonces, se limita el &#39;ser de izquierda&#39; a dar importancia a la igualdad, y a tener un conjunto de actitudes &#39;progresistas&#39; frente a un listado de temas? &iquest;Qu&eacute; ofrece la &#39;nueva izquierda&#39; en t&eacute;rminos program&aacute;ticos y de largo plazo? </p>     <p>Aparentemente, muy poco. Distintos analistas y los mismos defensores de la nueva izquierda admiten las dificultades que &eacute;sta ha tenido en lo que se refiere a formular propuestas alternativas (Angell 1996: 24; Rodr&iacute;guez y Barrett 2005: 38-47). En lo econ&oacute;mico, la nueva izquierda no ha dado con un verdadero modelo que reemplace al neoliberalismo (Rodr&iacute;guez y Barrett 2005: 43). Resucitar el socialismo, el keynesianismo o los modelos socialdem&oacute;cratas de los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos parece estar fuera de discusi&oacute;n. Lo que se cita, en lo econ&oacute;mico, son peque&ntilde;os experimentos muy parciales que distintos gobiernos &#39;de izquierda&#39; se han copiado entre s&iacute;. Por ejemplo, el programa &quot;Bogot&aacute; sin Hambre&quot; del alcalde Lucho Garz&oacute;n tom&oacute; como modelo un programa adelantado por el PT de Lula en Brasil. </p>     <p>Los beneficios de estos programas son incontrovertibles: en Bogot&aacute;, por ejemplo, m&aacute;s de setecientas mil personas pobres han gozado de asistencia alimentaria. La pregunta es si se trata de un programa aut&eacute;nticamente &#39;de izquierda&#39;. Si la memoria sirve de algo, los programas de ajuste estructural tambi&eacute;n inclu&iacute;an un componente asistencialista, que consist&iacute;a en una red de apoyo para los m&aacute;s pobres de los pobres que iban a resultar muy perjudicados por las medidas de libre mercado y la reducci&oacute;n del gasto social del Estado. &iquest;En qu&eacute; se diferencia eso del nuevo asistencialismo de &#39;izquierda&#39;? &iquest;En que los programas de ayuda &#39;de izquierda&#39; tienden a ser m&aacute;s permanentes? Y, m&aacute;s all&aacute; del deber moral de todo gobierno de contribuir a que ning&uacute;n ciudadano padezca hambre, &iquest;en qu&eacute; contribuyen estos programas a que los m&aacute;s pobres mejoren su situaci&oacute;n? &iquest;Ofrecen algo para rebasar la dependencia de los sectores menos privilegiados de la caridad p&uacute;blica? Dejo estas preguntas abiertas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otras banderas de la nueva izquierda, como luchar contra la corrupci&oacute;n, enfatizar los pesos y contrapesos dentro del Estado, favorecer la descentralizaci&oacute;n o hacer que los gobiernos sean m&aacute;s eficientes y responsivos frente a las peticiones de los ciudadanos, tambi&eacute;n pueden ser (en principio) defendibles y loables. &iquest;Pero son de izquierda? No necesariamente. No hay que olvidar que varios golpes militares en Am&eacute;rica Latina buscaron, entre otros, derrocar a gobiernos ineficientes y corruptos, que generaron descontento popular<Sup><a href="#n5">5</a></Sup>. Es m&aacute;s: los recortes del Estado con el fin de reducir el despilfarro, la corrupci&oacute;n y las ineficiencias de una burocracia numerosa han sido una bandera hist&oacute;rica de los gobiernos de derecha. Dif&iacute;cilmente puede la izquierda reclamar que estos temas son sus banderas exclusivas o distintivas, aunque quiz&aacute;s la izquierda favorece un Estado m&aacute;s interventor. </p>    <p>Por supuesto, no todos los nuevos gobiernos de izquierda en Am&eacute;rica Latina han sido iguales, ni han implementado las mismas pol&iacute;ticas. Distintos analistas han agrupado a los nuevos gobiernos de izquierda en dos categor&iacute;as. De un lado estar&iacute;an los gobiernos de izquierda que se han ce&ntilde;ido m&aacute;s o menos fielmente a la ortodoxia neoliberal (Lula en Brasil, Bachelet en Chile, Tabar&eacute; V&aacute;zquez en Uruguay), y de otro, los que han intentado deshacer los pasos y reversar muchas medidas del ajuste estructural (Ch&aacute;vez en Venezuela, Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Correa en Ecuador). </p>    <p>Para algunos sectores de derecha, la izquierda de Lula, Tabar&eacute; V&aacute;zquez y Bachelet encarna una variante moderada, responsable y madura, que ha aprendido tanto de la teor&iacute;a econ&oacute;mica como de sus pasados errores que provocaron golpes de Estado. La izquierda de Ch&aacute;vez, Kirchner, Correa y Morales, en cambio, ser&iacute;a una izquierda radical, vociferante y populista, destinada a fracasar en sus intentos (Casta&ntilde;eda 2006). </p>     <p>Por su parte, ciertos acad&eacute;micos y activistas de izquierda consideran que la ortodoxia econ&oacute;mica de Lula constituye nada menos que una traici&oacute;n a los ideales de su propio partido y a la izquierda continental. Desde esta perspectiva, no se debe tildar a Ch&aacute;vez o a Morales de &#39;dementes&#39;, sino a los gobiernos que se cruzaron de brazos y no cambiaron de rumbo frente a los efectos nefastos del neoliberalismo (Bor&oacute;n 2005: 415). </p>    <p>Terciar en este debate trasciende los prop&oacute;sitos del presente escrito. Lo que queda en claro es que la izquierda atraviesa por una crisis de identidad caracterizada por la dificultad de generar propuestas alternativas.Algunos analistas (ver, por ejemplo, Bor&oacute;n 2005) argumentan que ello no debe ser motivo de angustia y que se debe asumir una perspectiva m&aacute;s de largo plazo. Al fin y al cabo, tambi&eacute;n el neoliberalismo surgi&oacute; gradualmente, como una sumatoria de varios elementos, en el transcurso de d&eacute;cadas. Si hoy por hoy no existe un programa acabado de la nueva izquierda, &eacute;ste se materializar&aacute; a su debido tiempo como producto de los varios experimentos a peque&ntilde;a escala que se llevan a cabo en el continente (y otras partes). Por lo pronto, sostienen los defensores de esta tesis, lo importante es que la nueva izquierda no asuma una actitud derrotista frente al neoliberalismo, e intente caminos que sean novedosos y -sobre todo- <i>distintos </i>a los de la derecha. S&oacute;lo eso brinda una esperanza a los despose&iacute;dos. </p>     <p>La derecha continental, por su parte, no ha afrontado una crisis de identidad comparable. Ha mantenido su credo y principios inalterados, y no tiene por qu&eacute; cambiarlos. Con todo y el &#39;giro a la izquierda&#39; en el continente, el hecho de que los nuevos gobiernos de izquierda no tengan propuestas alternativas (que sean articuladas, cre&iacute;bles y/o viables) al neoliberalismo, les ha servido para afianzar su creencia de que el neoliberalismo es sin&oacute;nimo de sensatez. </p>     <p>El problema actual de la derecha no es de identidad, sino de identificar estrategias para volver al poder: el neoliberalismo no ilusiona a las masas despose&iacute;das con promesas de redenci&oacute;n. En esto, la izquierda suele hacer promesas m&aacute;s atractivas.De ah&iacute; que los partidos de derecha tengan el dilema de, o bien incurrir en la indulgencia de hacer promesas populistas o, simplemente, esperar a que los desatinos de la nueva izquierda y la creciente inseguridad ciudadana<Sup><a href="#n6">6</a></Sup> empujen de nuevo a la mayor&iacute;a del electorado hacia los toldos derechistas. </p>     <p><b>Derechizaci&oacute;n &#39;a la colombiana&#39; </b></p>     <p>Con el declive del bipartidismo, ha surgido en Colombia una identidad mucho m&aacute;s claramente de derecha.Aunque el contexto reciente corresponde a un fortalecimiento tanto de la derecha como de la izquierda legal (con la consolidaci&oacute;n del PDA como segunda fuerza pol&iacute;tica de Colombia), es apropiado referirse en general a una derechizaci&oacute;n del pa&iacute;s. De otra manera no se explicar&iacute;an tanto el triunfo de Uribe en 2002 como su reelecci&oacute;n cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde. Las votaciones son dicientes: en ambas elecciones gan&oacute; Uribe en la primera vuelta,pero mientras que obtuvo el 54% de los votos en las elecciones presidenciales de 2002, el porcentaje subi&oacute; a 62,2% en 2006. &iquest;C&oacute;mo ha ocurrido esto y de qu&eacute; tipo de derechizaci&oacute;n estamos hablando? Se pueden introducir varias consideraciones a este respecto. </p>    <p><b><i>I. Pol&iacute;ticas econ&oacute;micas </i></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un primer aspecto que suele distinguir a los gobiernos de derecha de los de izquierda se refiere a la pol&iacute;tica econ&oacute;mica y el gasto social. Los gobiernos de derecha suelen ser abiertamente neoliberales y (en general) proclives al libre mercado, mientras que los de izquierda tienden a enfatizar las medidas redistributivas, cierto proteccionismo econ&oacute;mico y el gasto social (aun a costa de la eficiencia econ&oacute;mica). </p>     <p>Parte de lo sui g&eacute;neris de la derechizaci&oacute;n &#39;a la colombiana&#39; es que, en este terreno, a Uribe se le ha dificultado implementar a fondo una agenda econ&oacute;mica propiamente &#39;de derecha&#39;. En particular, Uribe ha tenido poco margen de maniobra frente al gasto social, que est&aacute; definido por la Constituci&oacute;n de 1991 y aumenta progresivamente cada a&ntilde;o. No se pueden modificar los montos destinados a educaci&oacute;n y salud, y como lo afirma Alejandro Gaviria (2005: 68-69), las rigideces en este terreno hacen que cualquiera que hubiese sido elegido presidente no hubiese podido cambiar las cosas en mayor medida. </p>    <p>A esto hay que agregar que Uribe sigui&oacute; con el programa &#39;Familias en acci&oacute;n&#39;, de Pastrana, que ha tenido un impacto importante y ben&eacute;fico en ciertos sectores empobrecidos de Colombia (Gaviria 2005). Aunque este programa no hace parte de la pol&iacute;tica social como tal, al enmarcarse dentro del recetario del Fondo Monetario Internacional de brindar un apoyo focalizado (y temporal) a los sectores menos privilegiados, cerca de 1.500.000 familias de escasos recursos han recibido subsidios por este concepto (<i>El Tiempo </i>2007). Hay que darle cr&eacute;dito a Uribe por haber dado continuidad a este programa. </p>    <p>Esto no quiere decir que Uribe no haya intentado implementar otros aspectos m&aacute;s ortodoxos de la agenda neoliberal. La reducci&oacute;n del tama&ntilde;o del Estado ha sido sustancial, y eso ha afectado especialmente al brazo social del Estado. El actual mandatario tambi&eacute;n ha tenido &eacute;xito en privatizar, total o parcialmente, empresas p&uacute;blicas como Adpostal, Ecopetrol, Telecom y Ecogas, entre otras. Y la reforma laboral le vali&oacute; a Uribe la animadversi&oacute;n de los sindicatos. </p>    <p>Pero en otros campos, o bien Uribe no ha tenido tanto &eacute;xito,o bien no se le puede achacar la culpa. Recu&eacute;rdese que no le correspondi&oacute; a Uribe introducir el neoliberalismo, tarea llevada a cabo por su lejano antecesor C&eacute;sar Gaviria.Y por diversas circunstancias, pese a los esfuerzos del actual gobierno, Estados Unidos no ha aprobado el Tratado de Libre Comercio con Colombia. M&aacute;s all&aacute; de la discusi&oacute;n sobre su conveniencia para el pa&iacute;s, el TLC habr&iacute;a generado ganadores y perdedores, y los &uacute;ltimos se habr&iacute;an alinderado en contra de Uribe. </p>    <p>Frente al gasto social, se puede a&ntilde;adir que le correspondi&oacute; a Pastrana (y no a Uribe) realizar en 2001 una modificaci&oacute;n transitoria a la Constituci&oacute;n, el &quot;ajuste a la descentralizaci&oacute;n&quot;, con motivo de la crisis econ&oacute;mica que afect&oacute; a su gobierno. Con el ajuste, se decidi&oacute; dejar de girar m&aacute;s de 17 billones de pesos destinados por la Constituci&oacute;n a las transferencias, para el per&iacute;odo 20022008 (Restrepo 2007). Aparentemente, el gobierno de Uribe est&aacute; intentando volver permanente el recorte a los montos destinados a la salud y educaci&oacute;n p&uacute;blicas (Restrepo 2007), lo que le puede acarrear a futuro una p&eacute;rdida de apoyo. Pero hasta la fecha, con todo y ajuste, los montos para estos rubros han tenido un crecimiento anual permanente aunque modesto. </p>    <p>Una cosa es que el gasto social no haya crecido tanto como lo preve&iacute;a la Constituci&oacute;n, y otra muy distinta, que se reduzca el gasto social. Lo que ha ocurrido es lo primero, lo que explica en parte la continua popularidad de Uribe y el apoyo por parte de amplios sectores de las clases medias y populares.Adem&aacute;s, es f&aacute;cil adivinar que el programa &#39;Familias en acci&oacute;n&#39; le ha proporcionado una amplia base social al uribismo. No es que Uribe sea un presidente &#39;de derecha&#39; con una pol&iacute;tica econ&oacute;mica &#39;de izquierda&#39;, pero lo curioso es que lo que el mandatario no ha logrado en materia de aplicar medidas neoliberales, le ha reportado ganancias pol&iacute;ticas. </p>     <p>En donde s&iacute; se detecta una agenda econ&oacute;mica claramente de derecha del actual gobierno es en el gasto militar.Los gobiernos de derecha, hist&oacute;ricamente, se han caracterizado por privilegiar el gasto en seguridad y defensa, y &eacute;ste ha crecido a niveles sin precedentes durante la administraci&oacute;n Uribe. Las circunstancias de conflicto armado en Colombia justifican tener un gasto militar elevado, pero se requiere mantener la prudencia fiscal y sopesar la sostenibilidad del gasto militar actual. En cualquier caso, al efectuar sumas y restas, se trata de una pol&iacute;tica econ&oacute;mica s&oacute;lo parcialmente &#39;de derecha&#39;, lo que diferencia a Colombia de otros reg&iacute;menes ubicados en el mismo lado del espectro pol&iacute;tico. </p>    <p><b><i>II. Relaci&oacute;n con los grupos armados ilegales </i></b></p>     <p>En Colombia, todos los partidos pol&iacute;ticos legales critican abiertamente a la guerrilla por los homicidios,atentados, secuestros y extorsiones que comete a diario. En esto no se detectan mayores diferencias entre los partidos uribistas (principalmente, el Partido de la U y Cambio Radical) y el izquierdista Polo Democr&aacute;tico Alternativo. Donde s&iacute; se observa un talante claramente derechista del gobierno de Uribe es en la forma en que trata a las guerrillas. No me refiero tanto a los frecuentes excesos verbales del presidente<Sup><a href="#n7">7</a></Sup>, o a las met&aacute;foras que utiliza (afirmaciones como &quot;hay que matar la culebra&quot;), que son producto m&aacute;s de la personalidad de Uribe que de otra cosa. </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El talante derechista se observa m&aacute;s en la pol&iacute;tica de criminalizar a la guerrilla<Sup><a href="#n8">8</a></Sup>. Antes de Uribe, los gobiernos (o al menos algunos) aceptaban la noci&oacute;n de que los actos y la misma existencia de la guerrilla ten&iacute;an una explicaci&oacute;n pol&iacute;tica. El origen de las guerrillas se entend&iacute;a como producto de la exclusi&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica, y los actos criminales de los grupos rebeldes frecuentemente se cobijaban bajo la doctrina del &#39;delito pol&iacute;tico&#39;. &Uacute;nicamente las fuerzas militares se refer&iacute;an consistentemente a la guerrilla con el ep&iacute;teto de &#39;bandidos&#39;. </p>     <p>Con Uribe, lo que antes era un lenguaje exclusivo del estamento castrense se generaliz&oacute; a todo el gobierno y a buena parte de la sociedad. El gobierno considera que los grupos guerrilleros son simples asociaciones criminales que &uacute;nicamente buscan enriquecerse a s&iacute; mismas. Seg&uacute;n esta interpretaci&oacute;n, si es que los grupos rebeldes alguna vez tuvieron banderas pol&iacute;ticas, &eacute;stas se acabaron con el colapso del comunismo global, as&iacute; como con el creciente involucramiento de las guerrillas en el narcotr&aacute;fico. </p>     <p>La criminalizaci&oacute;n de las guerrillas corresponde a un talante de derecha, en el sentido de que es una estrategia calcada a la que sigui&oacute; Margaret Thatcher en el Reino Unido frente al Ej&eacute;rcito Republicano Irland&eacute;s, IRA, a mediados de los setenta.Thatcher, la as&iacute; llamada &#39;Dama de Hierro&#39; del Reino Unido, fue la principal aliada del republicano Ronald Reagan, en la cruzada anticomunista internacional que antecedi&oacute; el fin de la Guerra Fr&iacute;a. </p>    <p>Los gobiernos brit&aacute;nicos posteriores a Thatcher fueron m&aacute;s pragm&aacute;ticos en esta materia: mientras que p&uacute;blicamente siguieron tachando de criminal y terrorista al Ej&eacute;rcito Republicano Irland&eacute;s, en secreto empezaron conversaciones con el mismo. El reconocimiento de facto (aunque en secreto) del car&aacute;cter pol&iacute;tico del IRA facilit&oacute; llegar a algunos entendimientos, en un largo proceso que culmin&oacute; con los acuerdos de paz del Viernes Santo de 1998. Es decir, la criminalizaci&oacute;n del IRA fue principalmente una t&aacute;ctica de descr&eacute;dito, m&aacute;s que una creencia sincera del gobierno. Si no hubiese sido as&iacute;, la criminalizaci&oacute;n habr&iacute;a impuesto una barrera infranqueable para construir gradualmente una soluci&oacute;n pol&iacute;tica del conflicto de Irlanda del Norte. </p>    <p>El punto a resaltar es que la criminalizaci&oacute;n de los grupos armados ilegales ha sido un repertorio t&iacute;picamente de derecha.As&iacute; el rechazo a las guerrillas sea un&aacute;nime en Colombia, Uribe se destaca por su empe&ntilde;o en asimilar a los grupos rebeldes a simples bandas delincuenciales, neg&aacute;ndoles cualquier agenda pol&iacute;tica de cambio a favor de los sectores oprimidos. La carga emocional que se detecta en los discursos de Uribe da a entender que &eacute;sta es una creencia sincera, m&aacute;s que algo pragm&aacute;tico, al estilo de la &quot;hipocres&iacute;a constructiva&quot; del gobierno ingl&eacute;s. </p>    <p>Ahora bien, si la tesis de la criminalizaci&oacute;n fuese s&oacute;lo una cuesti&oacute;n de Uribe, eso ser&iacute;a entendible, dada su experiencia familiar traum&aacute;tica con las FARC. Lo que llama la atenci&oacute;n es que muchos colombianos han aceptado la tesis de la criminalizaci&oacute;n sin mayores reservas y cuestionamientos. Esto no es algo natural, sino el producto de la confluencia de tres factores. </p>    <p><i>a) La experiencia del Cagu&aacute;n, o el &#39;s&iacute;ndrome de la novia ingenua y traicionada&#39; </i></p>     <p>Con el fracaso de las negociaciones del Cagu&aacute;n, se impuso en Colombia la narrativa de que, mientras que el gobierno cedi&oacute; en todo y obr&oacute; siempre ingenuamente, de buena fe, las FARC no hicieron otra cosa que enga&ntilde;ar y traicionar a todos. </p>     <p>Que las FARC enga&ntilde;aran en el Cagu&aacute;n es un hecho incontrovertible. No vale la pena detenerse en la larga lista de agravios sobre secuestros, narcotr&aacute;fico, tr&aacute;fico de armas, extorsiones, planeaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n de ataques, y reclutamiento, tantas veces repetida. Lo que se tiende a olvidar, sin embargo, es la responsabilidad del gobierno en el fracaso de las negociaciones de paz del Cagu&aacute;n. El gobierno tambi&eacute;n incumpli&oacute; promesas<Sup><a href="#n9">9</a></Sup>, y mostr&oacute; una gran incompetencia en el manejo de las negociaciones<Sup><a href="#n10">10</a></Sup>.Adem&aacute;s de la mala fe de las FARC, las fallas del gobierno contribuyeron -y no en forma marginal- al fracaso de las negociaciones. </p>     <p>Y tampoco es cierto que el gobierno hubiese cedido &#39;en todo&#39;. Hizo apenas una concesi&oacute;n, que fue grande y equivocada -la desmilitarizaci&oacute;n de cinco municipios para generar un espacio donde negociar-, pero fue una, al fin y al cabo. Dicha concesi&oacute;n se justific&oacute; en su momento con el argumento de que mantener conversaciones de paz en el exterior introduc&iacute;a complicaciones log&iacute;sticas que dificultaban avanzar en la agenda de negociaci&oacute;n (supuestamente, eso contribuy&oacute; al fracaso de las negociaciones de Caracas y Tlaxcala). Aparte de eso, Pastrana tuvo la iniciativa de ir a hablar con &#39;Tirofijo&#39; en momentos de crisis, organiz&oacute; la &#39;gira europea&#39; y otros encuentros, pero &eacute;stos fueron gestos, m&aacute;s que concesiones propiamente dichas. No obstante, los gestos de Pastrana reforzaron la noci&oacute;n de que el gobierno cedi&oacute; en todo a cambio de nada. </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En resumidas cuentas, a los ojos de la opini&oacute;n p&uacute;blica, las FARC fueron las &uacute;nicas responsables del fracaso de las negociaciones del Cagu&aacute;n, lo que reforz&oacute; su imagen de grupo enteramente criminal y sin banderas pol&iacute;ticas. </p>     <p><i>b) El establecimiento de un &#39;ranking delictivo&#39; que potenci&oacute; las condenas contra las guerrillas </i></p>     <p>Los delitos no son todos iguales. De ah&iacute; que existan diferencias entre contravenciones y delitos, y que las penas se asignen progresivamente, de acuerdo con la gravedad de las violaciones a la ley. Lo que no es tan cierto es que haya un ranking indisputable en materia de delitos graves y que el secuestro sea el peor de todos ellos. Nadie discute que el secuestro es un delito absolutamente atroz, y es rid&iacute;culo que la guerrilla acuda a eufemismos (palabras como &#39;retenciones&#39;) para escamotear la gravedad del hecho. Pero con todo el dolor y trauma que causa (a las victimas y a sus familiares), es dif&iacute;cil argumentar que el secuestro sea algo m&aacute;s grave que el asesinato o las masacres. Es m&aacute;s: a menos que el secuestrado muera en cautiverio, con este delito se mantiene la esperanza de un reencuentro de los secuestrados con sus seres queridos, a diferencia de los asesinatos. </p>    <p>A pesar de la dificultad de establecer gradaciones entre delitos graves, en Colombia se ha consolidado un ranking en el imaginario colectivo, donde el secuestro se percibe como el peor de todos los delitos. En ello ha incidido la eficaz labor de organizaciones que han tomado las banderas contra el secuestro, como &#39;Pa&iacute;s Libre&#39;, que ha movilizado sentidas y multitudinarias manifestaciones en favor de la liberaci&oacute;n de los cautivos. Dichas organizaciones han tenido un mayor impacto en moldear el imaginario colectivo en Colombia que los mismos avances normativos internacionales, que han reducido considerablemente el espectro de los delitos pol&iacute;ticos: lo &uacute;ltimo ha implicado qui-tar atenuantes a todo un rango de delitos, y no s&oacute;lo al secuestro. </p>    <p>En Colombia, el posicionamiento del secuestro como el peor de todos los delitos ha facilitado la criminalizaci&oacute;n de las guerrillas. Finalmente, seg&uacute;n las percepciones mayoritarias, las guerrillas quedaron como principales responsables (junto con la delincuencia com&uacute;n) del m&aacute;s abominable de los delitos. Los paramilitares, que han cometido muchos m&aacute;s asesinatos y masacres, pero menos secuestros que las guerrillas, quedaron comparativamente exentos de tanta condena p&uacute;blica. </p>     <p><i>c) La promesa del &quot;ahora s&iacute; vamos a derrotar a la guerrilla&quot; respaldada por cuantiosos recursos </i></p>     <p>El pa&iacute;s tambi&eacute;n ha querido &#39;pensar con el deseo&#39; ante la creciente injerencia de la guerrilla. La guerrilla ha sido un problema enquistado por m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os. Su constante expansi&oacute;n en n&uacute;mero de hombres y frentes hasta 2002, y su apenas parcial contenci&oacute;n desde ese entonces, han significado que su impacto se ha multiplicado a lo largo y ancho del pa&iacute;s. De una guerrilla que pasaba casi desapercibida, se pas&oacute; a una que desde los a&ntilde;os ochenta, con sus acciones, ha causado trauma en muchos municipios y ha afectado a un creciente n&uacute;mero de habitantes (aunque su potencial de tomarse el poder sea extremadamente bajo). </p>    <p>Para muchos ciudadanos del com&uacute;n, frente a una guerrilla que no ha hecho m&aacute;s que enga&ntilde;ar en las negociaciones, causar un da&ntilde;o creciente y cometer el m&aacute;s abominable de los delitos (el secuestro), s&oacute;lo existe una respuesta apropiada: derrotarlos completa e incondicionalmente. En esto, Uribe ha sido h&aacute;bil en interpretar (y potenciar) un deseo colectivo. </p>    <p>Uribe nos ha hecho creer que es posible lograr el mejor de los mundos posibles: acabar con este problema de un solo tajo. Si la mano dura no fue efectiva en el pasado, en particular, durante el gobierno de Turbay, quiz&aacute;s eso se debi&oacute; a la escasez de legitimidad del gobierno y a la insuficiencia de recursos militares. Uribe parece haber subsanado ambos frentes. Su apoyo popular es incomparablemente mayor que el que tuvo el desprestigiado Turbay, y adem&aacute;s, con el hecho de que Colombia se convirti&oacute; en el tercer pa&iacute;s receptor de ayuda militar de Estados Unidos en el mundo, la promesa de la victoria militar parece hoy m&aacute;s cre&iacute;ble que nunca. </p>    <p>Criminalizar al adversario ha sido m&aacute;s f&aacute;cil bajo estas circunstancias: con el viento a favor para derrotar a las guerrillas, &iquest;a cuenta de qu&eacute; las vamos a reconocer? Si hubiese menos triunfalismo, probablemente tendr&iacute;a cabida la noci&oacute;n de que es m&aacute;s pragm&aacute;tico buscar una salida pol&iacute;tica negociada, incluso a pesar del car&aacute;cter criminal de las guerrillas. Es probable que la criminalizaci&oacute;n ceda, en la medida en que Uribe sea incapaz de cumplir con su promesa de acabar con las guerrillas en su segundo (&iquest;o tercer?) mandato, y vea la necesidad de buscar acercamientos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>III. Relaci&oacute;n con otros actores pol&iacute;ticos y sociales legales </i></b></p>     <p>El talante derechista de Uribe tambi&eacute;n se observa en su relaci&oacute;n con distintos partidos y grupos pol&iacute;ticos. Los contrastes son patentes. </p>    <p><i>a) Partidos de izquierda,sindicatos,ONG de derechos humanos y &#39;el pueblo&#39; </i></p>    <p>Que el gobierno Uribe criminalice a la guerrilla no es tan grave, especialmente cuando esta &uacute;ltima ha proporcionado abundantes argumentos para hacerlo. Quiz&aacute;s uno podr&iacute;a decir que la criminalizacion es <i>inconveniente</i>, a efectos de buscar una paz negociada. Pero, a su vez, referirse a los guerrilleros como criminales es <i>adecuado </i>-en el sentido de que la palabra denota las pr&aacute;cticas de los grupos rebeldes- y <i>justificable</i>, en el marco de una pol&iacute;tica que busca la victoria militar. </p>     <p>Lo que, en cambio, s&iacute; es grave es que el gobierno criminalice a la oposici&oacute;n legal por medio de se&ntilde;alamientos infundados. Abundan los ejemplos a este respecto. El caso m&aacute;s reciente se dio durante la campa&ntilde;a a la Alcald&iacute;a de Bogot&aacute;, cuando, ante el inminente triunfo del candidato de izquierda del Polo Democr&aacute;tico Alternativo (PDA), Samuel Moreno, el presidente Uribe invit&oacute; en repetidas ocasiones a los habitantes de la capital a que &quot;no votaran por el candidato respaldado por grupos terroristas&quot; (en clara alusi&oacute;n a Moreno y las FARC). Pocos d&iacute;as despu&eacute;s, tanto el Alto Comisionado de Paz como el Ministro de la Defensa confrontaron en los medios de comunicaci&oacute;n al m&aacute;ximo dirigente del PDA, Carlos Gaviria, porque una columna suya hab&iacute;a aparecido en la p&aacute;gina de internet de ANNCOL, agencia de noticias cercana a las FARC. Se trataba de una columna ya publicada en el peri&oacute;dico <i>El Tiempo</i>, y que fue utilizada por ANNCOL sin el conocimiento ni el consentimiento de Gaviria. </p>    <p>Anteriormente, Uribe hab&iacute;a tildado a algunas ONG de derechos humanos de &quot;traficantes de los derechos humanos&quot;, como si sus denuncias sobre violaciones cometidas por agentes del Estado fuesen simples artima&ntilde;as promovidas subrepticiamente por las FARC dentro de una estrategia de &quot;guerra jur&iacute;dica&quot; contra el gobierno. E, invariablemente, el gobierno ha reaccionado con discursos acalorados cada vez que entidades como Human Rights Watch publican informes sobre Colombia, dando a entender (contra toda evidencia) que dicha organizaci&oacute;n s&oacute;lo critica al Estado y no a las guerrillas. En otras oportunidades, distintos funcionarios del alto gobierno han hecho graves se&ntilde;alamientos p&uacute;blicos en contra de algunos sindicatos, e incluso en contra de algunos acad&eacute;micos, sugiriendo una posible cercan&iacute;a con los grupos terroristas. </p>    <p>Todas estas pr&aacute;cticas intimidatorias del gobierno en contra de personas y grupos de la oposici&oacute;n legal aproximan a Uribe a ciertos reg&iacute;menes autoritarios de derecha. N&oacute;tese, sin embargo, que es inapropiado decir que Uribe implant&oacute; una &#39;dictadura de derecha&#39; y (mucho menos) un &#39;r&eacute;gimen fascista&#39;. En los reg&iacute;menes autoritarios propiamente dichos, el gobierno desarticula coercitivamente y proh&iacute;be la existencia legal de cualquier organizaci&oacute;n de oposici&oacute;n (el fascismo llega al extremo de reconfigurar a toda la sociedad dentro de un &uacute;nico proyecto totalitario de Estado). </p>     <p>Lo que ha hecho Uribe es descalificar a la oposici&oacute;n legal y formularle acusaciones graves de ser &#39;desleal&#39;<Sup><a href="#n11">11</a></Sup> (o de estar &#39;aliada con el terrorismo&#39;). Aunque esto no equivale a aplicar coerci&oacute;n ni a introducir prohibiciones legales, s&iacute; es un paso claro hacia la intolerancia de la oposici&oacute;n pol&iacute;tica legal por parte de las m&aacute;s altas instancias del gobierno. De hecho, esto ri&ntilde;e con el esp&iacute;ritu de la &quot;Pol&iacute;tica de Seguridad Democr&aacute;tica&quot; del propio Uribe, cuya premisa universalista consiste en brindar igual seguridad a todos los colombianos que se mantengan dentro de los cauces de la ley, independientemente de su filiaci&oacute;n pol&iacute;tica. Es muy grave que, en un pa&iacute;s con una historia tan violenta como Colombia, un presidente tan popular como Uribe descalifique de esa manera a los grupos de oposici&oacute;n legal (as&iacute; la oposici&oacute;n resulte en ocasiones bastante irritante). Las memorias de lo ocurrido con la UP (partido mucho m&aacute;s cuestionable que el PDA, pero que no merec&iacute;a ser exterminado) deber&iacute;an servir como llamado de atenci&oacute;n para no repetir la historia a este respecto. </p>     <p>Por supuesto, a Uribe la t&aacute;ctica de polarizar y dividir a la sociedad entre &#39;uribistas&#39; y &#39;terroristas&#39; le ha dado r&eacute;ditos electorales. Y los se&ntilde;alamientos del gobierno contra la oposici&oacute;n son tan sistem&aacute;ticos que es insostenible la tesis de que el Presidente simplemente reacciona frente a grupos extremistas que lo tildan de &#39;paraco&#39;. Incluso, suponiendo que eso fuera as&iacute;, dado el poder y la dignidad del gobierno, un presidente no deber&iacute;a rebajarse a dar peleas donde los ep&iacute;tetos reemplazan los argumentos. </p>    <p>En s&iacute;ntesis, el talante derechista de Uribe se nota en esto tambi&eacute;n. Mientras que un gobierno democr&aacute;tico de centro cultivar&iacute;a una estrecha alianza de todos los partidos legales (lo que incluye a los partidos de centro, centro-derecha y centro-izquierda) en contra del terrorismo y los grupos extremistas, Uribe ha privilegiado la formaci&oacute;n de una alianza de la derecha y centro-derecha, que descalifica a la izquierda legal y en poco la diferencia de la ilegal. </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Adem&aacute;s, las acusaciones en contra de la oposici&oacute;n legal han polarizado al pa&iacute;s. En esto, Uribe no ha logrado formar un coro un&aacute;nime, igual al que condena por &#39;terroristas&#39; a las guerrillas. Lo que ha producido es una diferenciaci&oacute;n y crecientes fricciones entre uribistas y antiuribistas. Parad&oacute;jicamente, el Presidente ha contribuido a revitalizar la identidad de la izquierda legal, dado que m&aacute;s de una persona injustamente acusada de ser &#39;aliada del terrorismo&#39; ha acabado en los brazos de la oposici&oacute;n. </p>    <p>Se observa aqu&iacute; una cercan&iacute;a entre las estrategias populistas de Uribe y Ch&aacute;vez: en ambos casos (aunque m&aacute;s en Venezuela), los presidentes han escindido a los pa&iacute;ses entre los que est&aacute;n a su favor y los que est&aacute;n en contra. Para muchos colombianos y venezolanos, la misma historia se divide en un &#39;antes&#39; y un &#39;despu&eacute;s&#39; de un presidente que es percibido bien sea como redentor (por sus seguidores) o demonio (por sus opositores). </p>    <p>Otro aspecto relevante se refiere a la relaci&oacute;n de Uribe con lo que podr&iacute;amos denominar gen&eacute;ricamente el &#39;pueblo&#39;. Cuando no ha descalificado a la oposici&oacute;n legal, Uribe ha ten-dido a obviar a los grupos organizados de izquierda como instancias de di&aacute;logo y negociaci&oacute;n (a menos que se trate de sindicatos patronales). Uribe parece haber reemplazado la interlocuci&oacute;n con los sindicatos y las organizaciones populares por un di&aacute;logo con sectores desorganizados de la sociedad civil o el &#39;pueblo&#39; en los consejos comunitarios. </p>     <p>Con esto, Uribe, de nuevo, ha hecho gala de un talante populista muy parecido al de su hom&oacute;logo en Venezuela, Hugo Ch&aacute;vez. Los consejos comunitarios buscan, ante todo, un efecto medi&aacute;tico. Son eventos en los que el mandatario colombiano da muestras de su empat&iacute;a con &#39;el pueblo&#39; y, supuestamente, soluciona problemas en vivo y en directo, comisionando tareas a sus ministros y a otros funcionarios del gobierno. </p>    <p>El problema es que la democracia directa es en buena parte una ilusi&oacute;n en las sociedades de masas contempor&aacute;neas. Un simple ejemplo num&eacute;rico es ilustrativo a este respecto. Mientras que a la fecha (luego de cinco a&ntilde;os de gobierno) se han llevado a cabo cerca de 147 consejos comunitarios, a los que habr&aacute;n asistido unos pocos miles de personas (por no mencionar el reducid&iacute;simo n&uacute;mero de ciudadanos que han hablado en dichos consejos), la poblaci&oacute;n colombiana rebasa los cuarenta millones de habitantes. Es decir, los consejos comunitarios &#39;han atendido&#39; a una &iacute;nfima fracci&oacute;n de ciudadanos. Probablemente, el mismo gobierno preselecciona a quienes pueden (o no) asistir a tales consejos, lo que introduce un fuerte sesgo, y nadie hace un seguimiento para ver si efectivamente un ministro cumpli&oacute; con la tarea encomendada por el Presidente de &#39;solucionarle el problema&#39; a cualquier fulano. </p>    <p>Los consejos comunitarios no pueden pretender reemplazar ni rebasar a la democracia representativa, y el grado en que la complementan es algo que requiere de investigaci&oacute;n emp&iacute;rica. Su utilidad es fundamentalmente propagand&iacute;stica, porque generan la ilusi&oacute;n de la &#39;democracia directa&#39;, y de que el poder se puede ejercer en forma transparente, frente a los ojos de todo el mundo. De nuevo, esto refleja nuestros deseos colectivos: todos quisi&eacute;ramos que el ejercicio del poder fuese di&aacute;fano, honesto y visible. En realidad, los consejos no eliminan lo que Schedler (1999) denomina la &#39;opacidad del poder&#39;, con la que miles de decisiones del gobierno -y, especialmente, las m&aacute;s importantes- se toman fuera del radar del escrutinio p&uacute;blico. No deja de ser interesante, en todo caso, que Uribe acuda al populismo y &eacute;ste le funcione, elemento sui g&eacute;neris de la &#39;derechizaci&oacute;n a la colombiana&#39;. </p>     <p><i>b) Empresarios, militares, paramilitares y Estados Unidos </i></p>     <p>Las relaciones de Uribe con el otro lado del espectro pol&iacute;tico tambi&eacute;n pueden ser un indicador &uacute;til de la derechizaci&oacute;n &#39;a la colombiana&#39;. Indudablemente, Uribe ha tenido una clara y estrecha cercan&iacute;a con los empresarios y los militares. Una pregunta que se puede formular es si el tipo de relaci&oacute;n de Uribe con los militares y empresarios lo hace &#39;m&aacute;s de derecha&#39;que sus antecesores.Al fin y al cabo, todo gobierno democr&aacute;tico depende no s&oacute;lo de los votos, sino del apoyo del empresariado y la fuerza p&uacute;blica. </p>    <p>Carezco de elementos emp&iacute;ricos para emitir un juicio a este respecto. Los empresarios y militares siempre han tenido un acceso bastante directo al alto gobierno. Habr&iacute;a que analizar si la interlocuci&oacute;n ha sido comparativamente m&aacute;s f&aacute;cil con Uribe que con sus antecesores. Otra comparaci&oacute;n posible, que excede los prop&oacute;sitos de este ensayo, es analizar si estos sectores han obtenido m&aacute;s prebendas del gobierno desde que Uribe accedi&oacute; al poder. Dejo como hip&oacute;tesis que Uribe s&iacute; ha tenido una mayor cercan&iacute;a con el estamento militar que sus antecesores. Al menos, no recuerdo otros presidentes tan cercanos a la fuerza p&uacute;blica, con la excepci&oacute;n de Turbay. </p>     <p>La relaci&oacute;n de Uribe con los paramilitares ha sido m&aacute;s compleja. Por un lado, ha logrado que estos grupos se desmovilicen y desarmen, y los ha enjuiciado con la controversial Ley de Justicia y Reparaci&oacute;n. Aunque el gobierno ha defendido la ley por cuanto propicia menos impunidad que en el pasado, lo cierto es que los castigos son irrisorios frente a la gravedad de los delitos. </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por otro lado, el Presidente ha sido acusado por la oposici&oacute;n de tener nexos con los grupos paramilitares, se&ntilde;alamiento que Uribe ha rechazado vehementemente. Suponiendo que el Presidente no haya tenido un v&iacute;nculo directo con estos s&oacute;rdidos personajes, lo que el esc&aacute;ndalo de la parapol&iacute;tica ha dejado en claro es que algunos amigos y colaboradores cercanos del Presidente s&iacute; han sido amigos de los paramilitares. Si bien nadie es responsable por los amigos de los amigos, este esc&aacute;ndalo ha facilitado que algunos asocien al Presidente con los grupos ilegales de extrema derecha. </p>    <p>Una pregunta que queda abierta es en qu&eacute; medida la supuesta cercan&iacute;a del Presidente con estos grupos (o con los amigos de estos grupos) explica la impunidad de los paramilitares. &iquest;Habr&iacute;a actuado distinto un gobierno de izquierda? &iquest;Es el tratamiento benigno a los grupos paramilitares producto de que en Colombia hay un gobierno de derecha? O, dadas las circunstancias, &iquest;cualquier gobierno habr&iacute;a actuado igual? </p>    <p>Sospecho que en este terreno prima el pragmatismo, y que un gobierno de izquierda no habr&iacute;a propiciado una dosis sustancialmente mayor de justicia y castigo que Uribe (o, de insistir tanto en el castigo, no se habr&iacute;a producido la desmovilizaci&oacute;n de los paramilitares). Probablemente, un gobierno de izquierda habr&iacute;a sido un poco m&aacute;s receptivo frente a las cr&iacute;ticas y sugerencias de las organizaciones de derechos humanos pero, en &uacute;ltimas, habr&iacute;a aceptado pagar el precio de la impunidad, en aras de avanzar hacia la paz. </p>     <p>Lo que ha ocurrido en este terreno es que Uribe, un presidente de derecha, hasta ahora tiene como &uacute;nico logro en materia de paz la desmovilizaci&oacute;n y desarme de los paramilitares, que son grupos armados ilegales de derecha. Esto se ha prestado para que la oposici&oacute;n arrecie contra el Presidente y explique la impunidad en funci&oacute;n de que &#39;el Presidente es amigo de los paras&#39;. Pero el tratamiento seguramente habr&iacute;a sido igual de benigno si se hubieran desmovilizado las FARC o el ELN. En el marco de la b&uacute;squeda de una paz negociada, ning&uacute;n gobierno, sea de derecha o izquierda, puede pretender que caiga todo el peso de la ley sobre los perpetradores de delitos ni aplicar castigos selectivos, seg&uacute;n se trate de grupos armados ilegales de derecha o izquierda. </p>     <p>Finalmente, y para no extenderme m&aacute;s, Uribe ha sido un claro aliado de Estados Unidos, y el principal receptor de ayuda norteamericana en el continente. Esto lo separa de varias contrapartes latinoamericanas de izquierda, que resucitaron las banderas antiimperialistas y ven en la cruzada norteamericana contra el terrorismo un plan para dominar al mundo. Bachelet aparece como excepci&oacute;n a la regla, en el sentido de que su gobierno ha mantenido una buena relaci&oacute;n con la potencia. Pero, en general, la nueva izquierda latinoamericana se ha definido en oposici&oacute;n a Estados Unidos. En contraste, Uribe es un aliado incondicional de ese pa&iacute;s, a pesar de los ocasionales roces por temas como la no aprobaci&oacute;n del TLC. </p>     <p><b>A modo de conclusi&oacute;n </b></p>     <p>Aunque las distinciones se han vuelto m&aacute;s complejas, las diferencias entre derecha e izquierda siguen teniendo vigencia. La izquierda, en particular, ha enfrentado enormes dificultades para definir una nueva identidad program&aacute;tica, luego de la ca&iacute;da de la Cortina de Hierro y la crisis de los modelos socialdem&oacute;cratas. Lo llamativo es que, con todo y confusi&oacute;n, la izquierda ha logrado ganar elecciones en distintos pa&iacute;ses latinoamericanos mediante la formaci&oacute;n de alianzas heterog&eacute;neas de gente inconforme. La nueva izquierda probablemente no sabe exactamente qu&eacute; es lo que quiere ni c&oacute;mo lograrlo, pero definitivamente sabe qu&eacute; es lo que no quiere, y eso ha sido suficiente para galvanizar un considerable apoyo popular en coyunturas electorales. </p>    <p>Colombia es un caso relativamente at&iacute;pico en la regi&oacute;n, por haberse derechizado. El presente ensayo intent&oacute; explicar y caracterizar la &#39;derechizaci&oacute;n a la colombiana&#39;, teniendo en cuenta una serie de ejes tem&aacute;ticos. La &#39;derechizaci&oacute;n a la colombiana&#39; revela distintos grados y matices, seg&uacute;n al &aacute;rea a considerar, lo que incluye tintes populistas, criminalizaci&oacute;n de la izquierda armada y (frecuentemente) legal, y un gasto social un tanto alejado de la ortodoxia neoliberal. </p>    <p>A pesar de las ambig&uuml;edades del presente y el tinte sui g&eacute;neris de la &#39;derechizaci&oacute;n a la colombiana&#39;, es errado argumentar que los conceptos de derecha e izquierda se han vuelto inservibles y anacr&oacute;nicos. Seguramente se han transformado y las nuevas identidades son difusas, pero dichos conceptos siguen (y seguir&aacute;n) teniendo vigencia. Lo que a&ntilde;oro no es el enga&ntilde;oso &#39;consenso universal&#39; producto del supuesto &#39;fin de la ideolog&iacute;as&#39;, sino un trato diferente entre la derecha y la izquierda en Colombia. Nos falta mucho para avanzar en nuestra precaria democracia, sobre todo en volver anacr&oacute;nica la intolerancia y la eliminaci&oacute;n del adversario. </p> <hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n1">1</a> En el caso de M&eacute;nem, algunos autores han observado que hist&oacute;ricamente el peronismo fue hostil a la izquierda, acerc&aacute;ndose m&aacute;s a los reg&iacute;menes fascistas europeos. </p>     <p><a name="n2">2</a> Lo que sigue retoma, en parte, algunas ideas que plante&eacute; en el cap&iacute;tulo 5 de mi reciente libro.Ver Nasi (2007). </p>     <p><a name="n3">3</a> En Argentina operaron los Montoneros, en Uruguay los Tupamaros, en Chile el Frente Patri&oacute;tico Manuel Rodr&iacute;guez, en Brasil la Acci&oacute;n Libertadora Nacional,en Ecuador &#39;Alfaro Vive Carajo!,&#39;en Per&uacute; Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario T&uacute;pac Amaru, en Nicaragua el FSLN, en Guatemala la URNG, en El Salvador el FMLN, en Honduras los Cinchoneros y las Fuerzas Populares de Liberaci&oacute;n &#39;Lorenzo Zelaya&#39; (entre otros), en Colombia el ELN, las FARC y varios m&aacute;s, en Venezuela el MIR y las Fuerzas Armandas de Liberaci&oacute;n Nacional, en M&eacute;xico el EZLN fue considerado una guerrilla por un tiempo, en Bolivia el Che Guevara tambi&eacute;n form&oacute; unos grupos incipientes. </p>     <p><a name="n4">4</a> Esto tambi&eacute;n lo retomo de Nasi, 2007. </p>     <p><a name="n5">5</a> No importa si los reg&iacute;menes militares subsiguientes fueron a&uacute;n m&aacute;s corruptos que sus predecesores. Es bastante com&uacute;n que los cruzados de la anticorrupci&oacute;n terminen involucrados en pr&aacute;cticas deshonestas. </p>     <p><a name="n6">6</a> Los partidos de derecha suelen ganar con sus agendas de imponer orden ante situaciones ca&oacute;ticas y de creciente inseguridad. </p>     <p><a name="n7">7</a> Donde se trasluce claramente su rabia contra las guerrillas; rara vez las rabietas del Presidente se han dirigido contra los paramilitares. </p>     <p><a name="n8">8</a> Partamos de un hecho cierto: todas las guerrillas son grupos criminales, en la medida en que llevan a cabo acciones armadas al margen de la ley. S&oacute;lo desde un imaginario extremadamente ingenuo se puede establecer una clara l&iacute;nea divisoria entre una supuesta &#39;guerrilla idealista&#39; del pasado y una &#39;guerrilla criminal&#39; del presente. Aunque la guerrilla colombiana se ha degradado considerablemente en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, incluso las m&aacute;s idealistas de las guerrillas del pasado comet&iacute;an (quiz&aacute;s a menor escala) toda suerte de actos criminales, como robos, extorsiones, asesinatos extrajudiciales, secuestros y dem&aacute;s. </p>     <p><a name="n9">9</a> Empezando porque el Plan Colombia inicialmente iba a ser un plan social, y no una iniciativa militar antinarc&oacute;ticos. </p>     <p><a name="n10">10</a> Como se demuestra en la introducci&oacute;n de 100 temas en la agenda y en el rol puramente pol&iacute;tico y <i>pro forma </i>de las comisiones de paz. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n11">11</a> Parto aqu&iacute; de la distinci&oacute;n de Linz (1978), quien afirma que la oposici&oacute;n leal tiene un claro compromiso con los medios legales para llegar al poder y rechaza el uso de la fuerza, mientras que la desleal no. Agrega Linz que la oposici&oacute;n desleal suele mandar mensajes ambiguos, en los que afirma ce&ntilde;irse a los medios legales para acceder al poder, pero a la vez descalifica a los gobiernos como ileg&iacute;timos. La oposici&oacute;n desleal dice representar a una supuestas &#39;mayor&iacute;as latentes&#39; y apela a formas plebiscitarias de la democracia. </p>  <hr size="1">     <p><b>Referencias </b></p>     <!-- ref --><p>Angell, Alan. 1996. &quot;Incorporating the Left into Democratic Politics&quot;. En <i>Constructing Democratic Governance: Latin America and the Caribbean in the 1990s, </i>eds. J. I. Dominguez y A. F. Lowenthal. Baltimore y London: The Johns Hopkins University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-5612200700020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bobbio, Norberto. 1996. <i>Left and Right: The Significance of a Political Distinction</i>. Cambridge: Polity Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-5612200700020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bor&oacute;n, Atilio. 2005. &quot;La izquierda latinoamericana a comienzos del siglo XXI: promesas y desaf&iacute;os&quot;. En <i>La nueva izquierda en Am&eacute;rica Latina: sus or&iacute;genes y trayectoria futura, </i>comps. C&eacute;sar A. Rodr&iacute;guez Garavito, Patrick S. Barrett y Daniel Ch&aacute;vez. Bogot&aacute;: Grupo Editorial Norma. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-5612200700020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Casta&ntilde;eda, Jorge. 1996. &quot;Democracy and Inequality in Latin America: A Tension of the Times&quot;. En Constructing Democratic Governance: Latin America and the Caribbean in the 1990s -Themes and Issues, eds. Jorge Dominguez y Abraham Lowenthal. Baltimore: Johns Hopkins.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-5612200700020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Casta&ntilde;eda, Jorge. 2006.&quot;Latin America&#39;s Left Turn&quot;. <i>Foreign Affairs. </i>Vol. 85, No. 3: 28-43. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-5612200700020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>De Sousa Santos, Boaventura. 2005. &quot;Una izquierda con futuro&quot;. En <i>La nueva izquierda en Am&eacute;rica Latina: sus or&iacute;genes y trayectoria futura</i>, comps., C&eacute;sar A. Rodr&iacute;guez Garavito, Patrick S. Barrett y Daniel Ch&aacute;vez. Bogot&aacute;: Grupo Editorial Norma. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-5612200700020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dix, Robert H. 1989. &quot;Cleavage Structures and Party Systems in Latin America&quot;. <i>Comparative Politics. </i>Vol. 22., No. 1: 23-37. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-5612200700020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>El Tiempo</i>. 2007. &quot;A la conquista de los pobres&quot;. 11 de noviembre, p. 8, secci&oacute;n 1. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0121-5612200700020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Esping-Andersen, Gosta. 1990. <i>The Three Worlds of Welfare Capitalism. </i>Princeton: Princeton University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-5612200700020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gaviria, Alejandro. 2005. <i>Del romanticismo al realismo social y otros ensayos</i>. Bogot&aacute;: Grupo Editorial Norma y Facultad de Econom&iacute;a, Universidad de los Andes. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-5612200700020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Linz, Juan. 1978. <i>The Breakdown of Democratic Regimes. Crisis Breakdown and Reequilibration. </i>Baltimore: Johns Hopkins University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-5612200700020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Nasi, Carlo. 2007. <i>Cuando callan los fusiles: impacto de la paz negociada en Colombia y en Centroam&eacute;rica. </i>Bogot&aacute;: Grupo Editorial Norma, Departamento de Ciencia Pol&iacute;tica y CESO, Universidad de los Andes. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-5612200700020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Restrepo, Dar&iacute;o. 2007. &quot;La celada contra las transferencias para la salud y la educaci&oacute;n p&uacute;blica&quot;. En <a href="http://www.universia.net.co" target="_blank">http://www.universia.net.co</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-5612200700020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rodr&iacute;guez, C&eacute;sar, y Patrick S. Barrett. 2005. &quot;&iquest;La utop&iacute;a revivida? Introducci&oacute;n al estudio de la nueva izquierda latinoamericana&quot;. En <i>La nueva izquierda en Am&eacute;rica Latina: sus or&iacute;genes y trayectoria futura</i>, comps. C&eacute;sar A. Rodr&iacute;guez Garavito, Patrick S. Barrett y Daniel Ch&aacute;vez. Bogot&aacute;: Grupo Editorial Norma. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-5612200700020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sani, Giacomo y Giovanni Sartori. 1983. &quot;Polarization, Fragmentation and Competition in Western Democracies&quot;. En <i>Western European Party Systems: Continuity &amp; Change, </i>eds. H. Daalder y P. Mair. 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Populism, Socialism, and Democratic Institutions&quot;. <i>Journal of Democracy</i>.Vol. 17., No. 4: 20-34. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-5612200700020001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Schedler, Andreas. 1999. &quot;Conceptualizing Accountability&quot;. En <i>The Self-Restraining State: Power and Accountability in New Democracies, </i>eds. Andreas Schedler, Larry Diamond y Mark F. Plattner. 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