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<publisher-name><![CDATA[Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las elecciones en los centros urbanos y rurales de la provincia de Cartagena, 1830-1840]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Elections in the urban and rural centers of the Cartagena province, 1830-1840]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper analyzes the voting records of various parishes in the province of Cartagena during the 1830 and examines the differences in electoral behavior by the inhabitants of the province. The hipothesis that we hold is that rural populations had greater control of the electorate than in urban areas.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> </font>     <P align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">ART&Iacute;CULO DE INVESTIGACI&Oacute;N CIENT&Iacute;FICA Y TECNOL&Oacute;GICA</font></P> <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">    <P align="right">&nbsp;</P>     <p align="center"><font size="4"><b>Las elecciones en los centros   urbanos y rurales de la provincia   de Cartagena, 1830-1840</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><B><FONT size="3">Elections  in the urban and rural centers of the Cartagena province, 1830-1840</font></B></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Edwin Monsalvo Mendoza*</b></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>* Candidato a Doctor en Historia de la Universidad San Pablo CEU-Espa&ntilde;a. Profesor del Departamento de Historia y Geograf&iacute;a de la Universidad de Caldas-Colombia. Direcci&oacute;n de contacto: <a href="mailto:edwinmonsalvo@gmail.com">edwinmonsalvo@gmail.com</a> </p>     <p>&nbsp;</p> Art&iacute;culo recibido el 27 de septiembre de 2010 y aprobado el 15 de marzo de 2011.     <p>&nbsp;</p> </font> <hr size="1" /> <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Este trabajo analiza las actas electorales de varias parroquias de la provincia de Cartagena   durante la d&eacute;cada de 1830 y estudia las diferencias en los comportamientos   electorales por parte de los habitantes de la provincia. La hip&oacute;tesis que sostenemos   es que en las poblaciones rurales hab&iacute;a un mayor control del electorado que en las urbanas.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> Cartagena, Nueva Granada, siglo XIX, elecciones, parroquias, cantones, centros urbanos, resultados electorales.</p> </font> <hr size="1" /> <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">     <p><b>Abstract</b></p>     <p>This paper analyzes the voting records of various parishes in the province of Cartagena   during the 1830 and examines the differences in electoral behavior by the   inhabitants of the province. The hipothesis that we hold is that rural populations had greater control of the electorate than in urban areas.</p>     <p><b>Key words:</b> Cartagena, New Granada, 19th century, elections, parish, cantons, center urbans, elections results.</p> </font> <hr size="1" /> <font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Introducci&oacute;n</font></b></p>     <p>La fragmentaci&oacute;n territorial en la Nueva Granada fue un problema que afect&oacute;   su gobernabilidad durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XIX. Evidencia de ello fueron   los constantes conflictos entre las provincias, los ascensos en las jerarqu&iacute;as urbanas   que llevaron a cabo tanto realistas como patriotas de poblaciones que manifestaban   su respaldo a una u otra causa durante las guerras de independencia, y los problemas   surgidos en torno a la divisi&oacute;n pol&iacute;tico-administrativa establecida en las primeras constituciones republicanas.</p>     <p>El problema de la gobernabilidad estaba relacionado con la dificultad existente   en la constituci&oacute;n de unos poderes con jurisdicciones territoriales claras, con la   ausencia de mercados internos regionales, con la carencia de v&iacute;as de comunicaci&oacute;n   y con los efectos de las guerras en las provincias. Estas &uacute;ltimas, al mando de un gobernador,   tampoco consiguieron generar v&iacute;nculos identitarios, y m&aacute;s bien se mantuvieron   las autonom&iacute;as locales que a lo largo del per&iacute;odo colonial se constituyeron en   fuente constante de conflictos entre villas, parroquias y la capital provincial, en buena   medida, debido al conflicto de competencias y jurisdicciones entre las diferentes autoridades gubernativas.</p>     <p>Con los procesos de independencia apareci&oacute; un nuevo actor en el escenario: la   Naci&oacute;n. Una expresi&oacute;n con connotaciones abstractas para la mayor parte de la poblaci&oacute;n   no letrada. Incluso, dentro del minoritario grupo de letrados con intereses personales,   familiares y econ&oacute;micos, lo pol&iacute;tico era pensado y actuado en los estrechos marcos locales, los cuales eran percibidos m&aacute;s cercanos f&iacute;sica y emocionalmente<sup><a href="#1">1</a></sup><a name="b1"></a>.</p>     <p>Lo anterior no configur&oacute; una desconexi&oacute;n de las &eacute;lites locales con los eventos   nacionales, principalmente con las luchas entre las facciones en otras provincias de la   Nueva Granada &#8212;as&iacute; lo demuestra el respaldo a los candidatos presidenciales&#8212;, m&aacute;s bien estas luchas en las provincias tuvieron como escenario los distritos parroquiales. </p>     <p>Durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XIX, la Provincia era tambi&eacute;n un t&eacute;rmino   con connotaciones difusas. La palabra Provincia proviene del lat&iacute;n <i>provinco</i>, y fue   usada en la antigua Roma para designar a aquellos grupos humanos que hab&iacute;an sido   conquistados y puestos bajo el dominio del Senado. En el Nuevo Reino de Granada, as&iacute;   como en el resto de los territorios conquistados por los espa&ntilde;oles en las Indias, se les   llam&oacute; as&iacute; porque fueron puestas bajo el se&ntilde;or&iacute;o y tributaci&oacute;n de los Reyes de Castilla   en raz&oacute;n de actos de conquista. De tal manera que al momento de la independencia, la provincia ser&iacute;a la principal unidad pol&iacute;tico-administrativa de los territorios americanos.</p>     <p>En este orden de ideas, las provincias americanas como espacios pol&iacute;ticoadministrativos   eran un legado hisp&aacute;nico. Sin embargo, tras las independencias, el   t&eacute;rmino Provincia se empez&oacute; a confundir con el de Estado<sup><a href="#2">2</a></sup><a name="b2"></a>. Por esta raz&oacute;n, son las provincias las que desde 1808 asumen la soberan&iacute;a de los nacientes estados.</p>     <p>Debido a la tradici&oacute;n y a la funcionalidad de la provincia como espacio administrativo   durante la colonia, &eacute;sta se convirti&oacute; en la columna vertebral de los nuevos   estados americanos despu&eacute;s de las independencias. Empero, tanto el t&eacute;rmino como el   espacio sobre el que ejerc&iacute;a jurisdicci&oacute;n una provincia, resultaban demasiado amplios y ambiguos como para generar v&iacute;nculos identitarios en sus habitantes.</p>     <p>Los v&iacute;nculos de identidad fueron construidos alrededor de los distritos parroquiales,   los cuales constitu&iacute;an espacios de sociabilidad en los que se constru&iacute;an   redes de poder que iban desde la familia hasta las clientelas formadas entre pol&iacute;ticos   y comerciantes con influencias en otros barrios, parroquias, cantones o provincias<sup><a href="#3">3</a></sup><a name="b3"></a>.   La parroquia fue la c&eacute;lula m&aacute;s peque&ntilde;a de la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica administrativa de   la sociedad colombiana durante la primera mitad del siglo XIX, adem&aacute;s, uno de los espacios a trav&eacute;s de los cuales se logr&oacute; la articulaci&oacute;n entre el Estado y la sociedad. Tambi&eacute;n se constituy&oacute; en espacio clave de los poderes locales, regionales y nacionales. As&iacute;, el municipio estructurado a trav&eacute;s del cant&oacute;n, el distrito parroquial y el barrio, represent&oacute; la divisi&oacute;n espacial de mayor importancia<sup><a href="#4">4</a></sup><a name="b4"></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un ejemplo de la importancia de estos espacios en la Cartagena decimon&oacute;nica   se evidencia con la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica faccional del barrio Getseman&iacute; donde viv&iacute;an   gentes pertenecientes al bajo pueblo, en su mayor&iacute;a artesanos y pescadores de origen   mestizo. Durante la guerra civil que azot&oacute; a la Nueva Granada entre 1839 y 1842, la   oposici&oacute;n al gobierno en Cartagena se gest&oacute; desde un grupo denominado <i>Chambac&uacute;</i>   que rivaliz&oacute; con los del <i>Pozo</i>. Ambos pertenec&iacute;an a dos zonas de la ciudad de Cartagena   diferenciadas en lo pol&iacute;tico y en la composici&oacute;n socio-racial de sus habitantes.   Carlos Cuervo M&aacute;rquez describi&oacute; al primer grupo como ''amigos del gobierno, y a la   mayor parte de las personas m&aacute;s distinguidas de la ciudad'', y la gente del Pozo, como de las clases populares y de la oposici&oacute;n<sup><a href="#5">5</a></sup><a name="b5"></a>.</p>     <p>Juan Jos&eacute; Nieto tambi&eacute;n resalt&oacute; la importancia de los barrios. En buena medida   su trayectoria pol&iacute;tica estuvo definida por la influencia que ten&iacute;a entre los sectores   bajos de la poblaci&oacute;n, encarg&aacute;ndose por ejemplo de la organizaci&oacute;n de la celebraci&oacute;n   a San Sebasti&aacute;n, patrono de una de las fiestas religiosas m&aacute;s importantes en la ciudad   de Cartagena, y en la que participaban los artesanos en la fabricaci&oacute;n de artefactos   de p&oacute;lvora, velas y trajes<sup><a href="#6">6</a></sup><a name="b6"></a>. En la defensa que realiz&oacute; como gobernador de Cartagena   por los sucesos relacionados con el golpe al general Melo, Nieto hizo referencia a los   tumultos de los barrios de Alcibia, Ternera, Chambac&uacute; y Poz&oacute;n, como lugares donde la pol&iacute;tica se desarrollaba abierta y tenazmente<sup><a href="#7">7</a></sup><a name="b7"></a>.</p>     <p>En cada uno de los espacios territoriales: provincia, cabecera de cant&oacute;n, distritos   parroquiales y barrios, hubo debates pol&iacute;ticos incitados por las facciones con   influencia nacional, se sintieron los efectos de las guerras y las elecciones alcanzaban   su mayor efervescencia. Es decir, hubo permanente presencia de la pol&iacute;tica nacional en los espacios locales.</p>     <p>En este trabajo estudiamos los resultados de los comicios de la d&eacute;cada de 1830   en algunas parroquias y cantones de la provincia de Cartagena, para mostrar las diferencias   en las concepciones del sistema representativo y de la pol&iacute;tica por parte de   sus habitantes. En este sentido, nuestra hip&oacute;tesis es que en las poblaciones rurales se   presentaba una mayor unanimidad en los resultados electorales, con lo cual el control al electorado era m&aacute;s fuerte que en las poblaciones urbanas<sup><a href="#8">8</a></sup><a name="b8"></a>.</p>     <p>De esta manera, se comprende la diferencia entre un proceso electoral en Pasacaballo,   un distrito parroquial agro-urbano con una poblaci&oacute;n de menos de 2.000   habitantes esparcida en m&aacute;s de 2.600 fanegadas de tierra (m&aacute;s de 1.700 hect&aacute;reas),   buena parte de la cual estaba dedicada a la producci&oacute;n de dividivi, arroz y ma&iacute;z en   peque&ntilde;as parcelas, con unas elecciones en la ciudad de Cartagena con una poblaci&oacute;n   urbana que superaba los 11.000 habitantes, capital de provincia, sede de la administraci&oacute;n   p&uacute;blica y del puerto sobre el mar Caribe, el m&aacute;s importante de la Nueva Granada<sup><a href="#9">9</a></sup><a name="b9"></a>.</p>     <p>En los distritos peque&ntilde;os las elecciones eran menos disputadas y los resultados,   como se&ntilde;alamos antes, eran mayoritarios hacia una facci&oacute;n u otra, mientras   que este predominio dif&iacute;cilmente se pod&iacute;a conseguir en los espacios urbanos donde   tradicionalmente se presentaban rivalidades m&aacute;s fuertes y hab&iacute;a un mayor n&uacute;mero   de candidatos en competencia. Aunado a ello, los apoyos pol&iacute;ticos en los espacios   agro-urbanos parec&iacute;an ser m&aacute;s seguros dado que ten&iacute;an un sustento en las redes   construidas por los propietarios de tierras y los peones a su servicio que, a&uacute;n cuando estaban excluidos de los derechos pol&iacute;ticos, igualmente sufragaban<sup><a href="#10">10</a></sup><a name="b10"></a>.</p>     <p>Hemos clasificado a las poblaciones de la provincia de Cartagena de acuerdo al   n&uacute;mero de habitantes, as&iacute; como a las actividades productivas mayoritariamente realizadas   por los mismos (Ver <a href="#t1">Tabla No 1</a>). Por un lado tenemos a las poblaciones <i>menores</i>  de 1 a 2.000 habitantes, las <i>intermedias</i> entre 2.001 y 4.999 habitantes y, las mayores,   es decir aquellas cuya poblaci&oacute;n superaba los 5.000 habitantes. Esto nos arroja un   cuadro donde s&oacute;lo aparecen Cartagena, Barranquilla y Mompox como centros <i>mayores</i>,   pero en los que tambi&eacute;n podr&iacute;amos incluir a Chin&uacute;, Soledad, Sabanalarga y Magangu&eacute;   cuyas poblaciones con las agregaciones se acercan a 5.000 habitantes. Como   poblaciones intermedias tenemos a Turbaco, Corozal, Sinc&eacute;, Carmen, Sincelejo, San   Pues, San Andr&eacute;s (en Chin&uacute;), Sahag&uacute;n, Lorica, Ci&eacute;naga de Oro, San Estanislao, Arjona,   Santo Tom&aacute;s. Tambi&eacute;n podr&iacute;amos incluir a Campo de la Cruz y a San Jacinto, cuyas   poblaciones se acercan a los 2.000 habitantes. Las dem&aacute;s poblaciones las hemos clasificado como menores de acuerdo al n&uacute;mero de sus habitantes.</p>     <p align="center"><a name="t1"></a><img src="/img/revistas/hiso/n21/n21a06t1.jpg" /></p>     <p>Tanto en el <a href="#f1">Mapa No. 1</a>, como en la <a href="#t1">Tabla No. 1</a>, se puede apreciar como los   centros mayores son nodos de redes de comercio legal y de contrabando, los cuales   estaban ubicados, bien a orillas del Magdalena, del Cauca, del Sin&uacute; o del mar Caribe   o, en su defecto, en medio de una ruta comercial, y eran utilizados como fuente de   aprovisionamiento. Tambi&eacute;n puede percibirse una tendencia hacia el crecimiento de   poblaciones mayores e intermedias y el surgimiento de poblaciones menores al Sur   y Oriente de la provincia, cerca a los cantones de Chin&uacute;, Lorica, Corozal y Mompox, como una se&ntilde;al de crecimiento econ&oacute;mico.</p>     <p align="center"><a name="f1"></a><img src="/img/revistas/hiso/n21/n21a06f1.jpg" /></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Las elecciones en el marco de las jerarqu&iacute;as urbanas</font></b></p>     <p>La Constituci&oacute;n de la Rep&uacute;blica de Colombia de 1821, redactada por los legisladores   reunidos en C&uacute;cuta, se&ntilde;al&oacute; que la soberan&iacute;a resid&iacute;a esencialmente en la   naci&oacute;n<sup><a href="#11">11</a></sup><a name="b11"></a>. Esta carta constitucional no utiliza el t&eacute;rmino <i>ciudadano</i> -aunque asume impl&iacute;citamente que la reuni&oacute;n de estos conforma la <i>Naci&oacute;n</i>-, y lo reemplaza por el de <i>colombianos</i> para referirse a los naturales que gozaban de los derechos civiles y, sufragantes, para aquellos que adem&aacute;s ten&iacute;an derechos pol&iacute;ticos. Es llamativo que los legisladores de C&uacute;cuta hayan evitado el uso de este t&eacute;rmino que ya hac&iacute;a parte del vocabulario pol&iacute;tico de la &eacute;poca. Incluso, si el <i>sufragante</i> parroquial no era considerado ciudadano en estricto sentido, tampoco lo era el elector. Aunque este, en la escala social pertenec&iacute;a a un rango m&aacute;s elevado, el de los <i>ciudadanos</i><sup><a href="#12">12</a></sup><a name="b12"></a> de m&aacute;s prestigio, quienes ser&iacute;an los encargados de elegir al poder ejecutivo y legislativo que gobernar&iacute;a el pa&iacute;s.</p>     <p>Desde la Constituci&oacute;n de 1821 se dispusieron dos niveles de elecciones, unas   primarias o parroquiales, y otras secundarias. Las primarias -donde participaban los   sufragantes parroquiales o electores primarios- ten&iacute;an una amplia base de participaci&oacute;n,   ya que permit&iacute;a votar a todos los varones colombianos que tuviesen cumplidos   21 a&ntilde;os de edad o estuviesen casados, y una propiedad de 100 pesos. Las elecciones   secundarias ten&iacute;an una base m&aacute;s estrecha formada por los electores, cuyos requisitos   eran saber leer y escribir, tener 25 a&ntilde;os cumplidos, ser propietario y vecino; estos eran quienes finalmente eleg&iacute;an al Ejecutivo y al Legislativo<sup><a href="#13">13</a></sup><a name="b13"></a>.</p>     <p>La Constituci&oacute;n de 1830 consagr&oacute; el ciudadano a partir de los siguientes requisitos:   ser colombiano, casado o mayor de 21 a&ntilde;os, saber leer y escribir -sin embargo   esta norma se aplaz&oacute; hasta 1840 para los sufragantes parroquiales m&aacute;s no para los   electores-, y tener propiedad ra&iacute;z por 300 pesos o renta anual de 150<sup><a href="#14">14</a></sup><a name="b14"></a>. Cabe resaltar   que con el aumento en el valor de la propiedad, se exigi&oacute; el requisito de ingresos   anuales por renta, adem&aacute;s de la independencia laboral y la posesi&oacute;n del t&iacute;tulo de vecino;   de esta &uacute;ltima estaban excluidos los civiles y militares al servicio de la Rep&uacute;blica.   Sin embargo, como ha se&ntilde;alado Eduardo Posada, el capital requerido no tuvo incrementos considerables a lo largo del siglo XIX<sup><a href="#15">15</a></sup><a name="b15"></a>. Adem&aacute;s, su exigencia c&oacute;mo requisito   para votar, en el caso que se cumpliera, estuvo siempre mediada por los intereses de las juntas electorales<sup><a href="#16">16</a></sup><a name="b16"></a>.</p>     <p>La Constituci&oacute;n de 1832 exigi&oacute; los siguientes requisitos de ciudadan&iacute;a: edad   m&iacute;nima de 21 a&ntilde;os, independencia econ&oacute;mica o subsistencia asegurada sin sujeci&oacute;n a   otro en calidad de sirviente o jornalero, saber leer y escribir -pero esta vuelve a aplazarse   para 1850 para los sufragantes parroquiales-<sup><a href="#17">17</a></sup><a name="b17"></a>. La Carta del 32 a diferencia de   sus predecesoras no exige ingresos, ni propiedad, lo que permiti&oacute; una ampliaci&oacute;n del derecho al voto para sectores antes excluidos.</p>     <p>Durante el per&iacute;odo de estudio, a las elecciones parroquiales se les denominaba   asambleas<sup><a href="#18">18</a></sup><a name="b18"></a>, porque m&aacute;s que unos comicios en los que participaban individuos en el   sentido liberal y ''moderno'' del t&eacute;rmino, parec&iacute;an una sesi&oacute;n para aclamaciones p&uacute;blicas,   una reuni&oacute;n de los vecinos sin candidatos para escoger a su representante; sin   ning&uacute;n plan de gobierno, los nombres sal&iacute;an de las gargantas de los asistentes que al   calor de la multitud los coreaba para que fuesen inscritos en los registros. Estas elecciones   se deb&iacute;an realizar el &uacute;ltimo domingo del mes de julio cada cuatro a&ntilde;os, estaban   compuestas por los sufragantes parroquiales, cuyos requisitos han sido mencionados   antes y eran presididas por uno o varios jueces y cuatro testigos de ''buen cr&eacute;dito''.   Dichas asambleas permanec&iacute;an abiertas ocho d&iacute;as, durante los cuales se votaba por   los electores del cant&oacute;n, quienes a su vez eleg&iacute;an al Presidente de la Rep&uacute;blica, al   Vicepresidente, y a los Senadores y Representantes de la Provincia. El Presidente del   Cabildo convocaba a los sufragantes parroquiales por medio de carteles fijados desde   el segundo domingo del mes de junio del a&ntilde;o electoral. Los carteles eran publicados   en los lugares m&aacute;s concurridos de la cabecera y anexos del distrito parroquial, en ellos se anunciaba el n&uacute;mero de electores que correspond&iacute;a elegir al distrito y el de individuos   por quienes pod&iacute;a votar cada sufragante -a partir de 1833-, es decir, el doble del   n&uacute;mero de electores; adem&aacute;s, se informaba el lugar abierto y accesible de la cabecera del distrito donde se deb&iacute;an realizar las elecciones<sup><a href="#19">19</a></sup><a name="b19"></a>.</p>     <p>Iniciando la d&eacute;cada de 1830, el primer cant&oacute;n de la provincia de Cartagena, su   ciudad capital estaba dividida en 16 parroquias: La Catedral, Santo Toribio, La Sant&iacute;sima   Trinidad, Pie de la Popa, Bocachica, Ca&ntilde;o de Loro, Bar&uacute;, Santa Ana, Rocha, Pasacaballo,   Ternera, Santa Rosa, Turban&aacute;, Turbaco y Arjona. El total de los electores de   todas las parroquias del cant&oacute;n de Cartagena en 1832 era de 22 miembros, los cuales representaban a las parroquias en las que estaba dividido el cant&oacute;n<sup><a href="#20">20</a></sup><a name="b20"></a>.(<a href="#t2">Tabla 2</a>)</p>    <p align="center"><a name="t2"></a><img src="/img/revistas/hiso/n21/n21a06t2.jpg" /></p>     <p>Estos electores ten&iacute;an la funci&oacute;n de elegir a dos senadores, seis representantes   y dos diputados a la C&aacute;mara Provincial. Antes de ello deb&iacute;an hacerse presentes todos   a la misa, luego hacer el juramento y finalmente elegir de entre sus miembros a los   cuatro escrutadores para la elecci&oacute;n del Presidente de la Asamblea Electoral. Una vez   juramentados se proced&iacute;a a la elecci&oacute;n de las curules vacantes para senadores, representantes   y diputados, necesarios para completar el n&uacute;mero de las corporaciones.   Es decir, que cada una de las elecciones que realizaban las Asambleas Electorales, se efectuaba por el n&uacute;mero de legisladores que ese a&ntilde;o dejaban el cargo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los comicios para las diferentes corporaciones se realizaban por separado. Primero   se llevaban a cabo las elecciones de senadores principales y sus respectivos   suplentes, luego las de representantes principales y suplentes y, por &uacute;ltimo, las de diputados a la C&aacute;mara Provincial de la misma manera.</p>      <p>Para completar las curules vacantes de un a&ntilde;o deb&iacute;an votarse individualmente,   de tal manera que al elector le correspond&iacute;a sufragar el doble de veces de las   vacantes a llenar, correspondientes al titular y suplente de la misma. Al final de este   largo proceso, eran electos los que alcanzaban un mayor n&uacute;mero de votos en cada   elecci&oacute;n<sup><a href="#21">21</a></sup><a name="b21"></a>. En algunos casos, como en las elecciones para senadores y representantes   era necesario que el ganador obtuviera mayor&iacute;a, por eso los comicios pod&iacute;an repetirse eliminando los que tuvieran menos votos hasta que alguien alcanzara la mayor&iacute;a.</p>     <p>Era posible que durante la misma sesi&oacute;n electoral fuera elegida una persona   para la primera vacante de Senador y en el siguiente turno volv&iacute;an a elegirlo para la   segunda vacante, esto ocurr&iacute;a especialmente en las elecciones de los distritos menores,   lo que da cuenta del grado de unanimidad a que llegaban las facciones, en este caso, el designado deb&iacute;a elegir la curul que ocupar&iacute;a<sup><a href="#22">22</a></sup><a name="b2"></a>.</p>     <p>En los centros urbanos la competencia era mayor debido a que aparec&iacute;an m&aacute;s   listas de candidatos que en los centros agro-urbanos. Por ejemplo, en las elecciones   de senadores en el cant&oacute;n de Cartagena en 1832, aparecieron ocho candidatos para   dos curules, quienes recibieron 21 votos de igual n&uacute;mero de electores, distribuy&eacute;ndose   de la siguiente manera: Henr&iacute;que Rodr&iacute;guez, dos votos; el doctor Jos&eacute; Mar&iacute;a   del Castillo y Rada, ocho; Crisp&iacute;n Pe&ntilde;aredonda, cuatro; Vicente Garc&iacute;a del Real, uno;   Vicente Ucr&oacute;s, tres; el presb&iacute;tero Andr&eacute;s Rodr&iacute;guez, uno y el doctor Manuel Rom&aacute;n, dos votos<sup><a href="#23">23</a></sup><a name="b23"></a>.</p>     <p>En la siguiente votaci&oacute;n, los sufragios se distribuyeron de la siguiente manera:   Para Vicente Garc&iacute;a del Real, ocho votos, para el presb&iacute;tero Andr&eacute;s Rodr&iacute;guez, dos   votos, para el doctor Henrique Rodr&iacute;guez, cinco, para el doctor Manuel Romay, uno,   para Vicente Ucros, uno, para el doctor Jos&eacute; Joaqu&iacute;n G&oacute;mez, uno, para el doctor Joaqu&iacute;n   Jos&eacute; Gori, dos, y para el doctor Jos&eacute; Mar&iacute;a del Castillo Rada, uno. Es decir, a&uacute;n   cuando unos minutos antes hab&iacute;a sido electo Jos&eacute; Mar&iacute;a del Castillo alguien volvi&oacute;   a dar su nombre para la segunda curul. Si bien, ello puede ser interpretado como un   descuido, tambi&eacute;n podr&iacute;amos pensar que era el resultado del sistema de lealtades o de   la presi&oacute;n sobre el electorado. Los 21 votos se distribuyeron entre ocho candidatos y   el candidato que obtuvo la primera curul era uno de los electores. Adem&aacute;s, obtuvieron votos los electores Henrique Rodr&iacute;guez (cinco votos) quien adem&aacute;s era Presidente de  la Asamblea Electoral, y Vicente Garc&iacute;a del Real.<sup><a href="#24">24</a></sup><a name="b24"></a> Lo que demuestra la importancia de ser elegido elector. En las elecciones de los senadores suplentes, las curules las obtuvieron el presb&iacute;tero Andr&eacute;s Rodr&iacute;guez y Manuel Romay<sup><a href="#25">25</a></sup><a name="b25"></a>.</p>     <p>Al siguiente d&iacute;a se reuni&oacute; la misma asamblea con 19 electores ante la inasistencia   de tres miembros para elegir las vacantes principales y seis suplentes para representantes   de la provincia. En estas resultaron electos: Rafael Tono, Vicente Garc&iacute;a   del Real, Tom&aacute;s Gordon, Bonifacio Rodr&iacute;guez, Bernardo Alc&aacute;zar y Jos&eacute; Trinidad Aylan.   Es de destacar la dispersi&oacute;n de los 58 votos entre 36 candidatos, con lo cual los ganadores   obtuvieron un m&aacute;ximo de 8 sufragios cada uno y ninguno super&oacute; la mitad de   los votos que era de 20 con la llegada del elector Diego Miranda cuando transcurr&iacute;a la segunda elecci&oacute;n.</p>     <p>En total fueron 12 elecciones, seis para los representantes principales y seis   para los suplentes. En las primeras se observa una variaci&oacute;n de menor a mayor n&uacute;mero   de candidatos proclamados por los electores en una serie de: 4-6-9-13-12-14.   Cada uno de los n&uacute;meros representa la cantidad de candidatos que obtuvieron sufragios,   de tal manera que en la medida que la serie aumenta -es decir que el n&uacute;mero   de candidatos por los cuales los electores sufragaron, crece- disminuye el n&uacute;mero de   votos para cada uno de ellos. Evidentemente entre menos candidatos hubiera, mayor   era el n&uacute;mero de votos del ganador y viceversa, a mayor n&uacute;mero de candidatos menor   eran la cantidad de votos obtenidos por el triunfador. De tal manera que en las primeras   elecciones se observa que el ganador obtuvo entre siete u ocho votos mientras   en las &uacute;ltimas, entre dos y cuatro votos, por lo cual la competencia era mayor en las &uacute;ltimas que en las primeras<sup><a href="#26">26</a></sup><a name="b26"></a>.(<a href="#t3">Tabla 3</a>)</p>     <p align="center"><a name="t3"></a><img src="/img/revistas/hiso/n21/n21a06t3.jpg" /></p>     <p>Y &iquest;qui&eacute;nes obtuvieron los votos? Cuatro de ellos, Jos&eacute; Trinidad, Vicente Garc&iacute;a   del Real, el presb&iacute;tero Mateo Gonz&aacute;lez Rubio y Juan de Andr&eacute;s Torres, eran miembros   de la Asamblea Electoral, aunque los dos &uacute;ltimos no fueron elegidos. Los dem&aacute;s eran   todos miembros notables de la sociedad, algunos pardos que hab&iacute;an ascendido con   los procesos de independencia y participado en las milicias, o hijos de estos educados que hab&iacute;an ocupado ya importantes cargos<sup><a href="#27">27</a></sup><a name="b27"></a>.</p>     <p>Al siguiente d&iacute;a se realizaron las elecciones para dos diputados principales y   dos suplentes. En estas elecciones, por tener un inter&eacute;s local, se observa una mayor   unanimidad de los electores ya que los dos ganadores lo hicieron con once votos de   un total de 18 electores -tres faltaron a la cita-. Adem&aacute;s, aparece electo nuevamente   Vicente Garc&iacute;a del Real quien hab&iacute;a sido electo Senador, evidenciando la importancia   pol&iacute;tica del grupo aliado a Francisco de Paula Santander. El otro diputado fue Francisco   de Andr&eacute;s Torres emparentado con el elector Juan de Andr&eacute;s Torres. Como diputados   suplentes fueron elegidos los tambi&eacute;n notables L&aacute;zaro Mar&iacute;a Herrera y Juan de Dios Amador con 11 y 10 votos respectivamente<sup><a href="#28">28</a></sup><a name="b28"></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La dispersi&oacute;n de votos era mayor en las elecciones para Senado y C&aacute;mara, es   decir aquellas que ten&iacute;an una mayor importancia nacional. En estas se multiplicaban   los aspirantes, en su mayor&iacute;a miembros del patriciado local y, la lucha entre ellos y las facciones se hac&iacute;a m&aacute;s competitiva.</p>     <p>Mientras que en las elecciones para diputados a la C&aacute;mara Provincial el n&uacute;mero   de candidatos proclamados disminu&iacute;a y, por lo tanto, la competitividad parec&iacute;a   menguar, los resultados de estas elecciones muestran una especie de consenso por   lograr la mayor&iacute;a r&aacute;pidamente, sin embargo, habr&iacute;a que matizarlos debido a que, no   s&oacute;lo los votos no eran emitidos libremente -en ocasiones ni siquiera eran emitidos   por los sufragantes- sino porque las elecciones para diputados ten&iacute;an como requisito   la obtenci&oacute;n de la mayor&iacute;a, de tal manera que si no se lograba en la primera vuelta se   recurr&iacute;a a otras con los candidatos que obtuvieron el mayor n&uacute;mero de votos hasta   que alguien lo consiguiera; por eso, en los resultados finales aparec&iacute;an solo dos candidatos.   En las elecciones para los cuerpos legislativos nacionales esta decisi&oacute;n era dirimida por las C&aacute;maras Provinciales.</p>     <p>En conclusi&oacute;n, en las elecciones para Senado y C&aacute;mara se eleg&iacute;an notables y   algunos individuos de los sectores medios o emergentes. Evidentemente las disputas   entre estos por los esca&ntilde;os eran fuertes porque hab&iacute;a un alto n&uacute;mero de contendientes.   El problema se generaba porque &iquest;c&oacute;mo asegurar la elecci&oacute;n en una poblaci&oacute;n   amplia y con distintas actividades socioecon&oacute;micas? Evidentemente aqu&iacute; jugaba un   papel importante la afiliaci&oacute;n a redes burocr&aacute;ticas y el ofrecimiento de empleos, sin   embargo, el mundo rural parec&iacute;a ser distinto y pod&iacute;a asegurar de otra manera un resultado favorable en materia electoral.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Elecciones en el mundo rural</font></b></p>     <p>La frontera agr&iacute;cola de la provincia de Cartagena se incorpor&oacute; a la Naci&oacute;n a   trav&eacute;s de las elecciones. Estas jugaron un papel importante y fueron dinamizadas por   la presencia constante de los jueces de paz, curas y alcaldes que cumpl&iacute;an funciones   de presidentes de mesas electorales, mostrando as&iacute; una doble din&aacute;mica, ya que los   sufragantes parroquiales deb&iacute;an emitir su voto p&uacute;blicamente frente a los mismos que   cobraban impuestos, ejerc&iacute;an justicia, confesaban, enrolaban en las milicias o actuaban con funciones de polic&iacute;a<sup><a href="#29">29</a></sup><a name="b29"></a>.</p>     <p>Los comportamientos de los habitantes frente a las elecciones en el medio urbano   y rural difer&iacute;an. Algunas poblaciones rurales no contaban con personas que supieran   leer y escribir, no pudiendo desarrollarse as&iacute; las elecciones parroquiales porque   no hab&iacute;a quienes cumplieran con los requisitos para ser elector. En otras, esta situaci&oacute;n   hac&iacute;a recaer todos los a&ntilde;os el ''honor'' sobre los mismos individuos, gener&aacute;ndose   de esta manera cuestionamientos al sistema, sobre todo cuando se ve&iacute;an perjudicados los negocios familiares<sup><a href="#30">30</a></sup><a name="b30"></a>.</p>     <p>Tambi&eacute;n se produjo una continua inasistencia a las sesiones de la Asamblea   Electoral, sobre todo de los electores de poblaciones rurales alejadas de la capital provincial. El problema adem&aacute;s estaba relacionado con la manera como se escog&iacute;an a los electores. Algunos eran proclamados por los sufragantes parroquiales, otros eran elegidos en varios cantones y deb&iacute;an decidir a qu&eacute; territorio representar&iacute;an con su asistencia a las sesiones. Un tercer grupo se rehusaba por circunstancias familiares o de salud y otros simplemente no asist&iacute;an alegando la atenci&oacute;n de sus negocios ya que la carga concejil no ten&iacute;a remuneraci&oacute;n. Ello cobraba mayor importancia cuando el elector deb&iacute;a movilizarse y costear por su cuenta la estad&iacute;a en la capital del circuito, como ocurri&oacute; en la Asamblea Electoral de Tol&uacute;, el segundo circuito electoral de la provincia integrado por 14 electores. De ellos solo se hicieron presentes 9 a la Asamblea Electoral, los ausentes representaban a las parroquias de San Cayetano, San Basilio, Mar&iacute;a la Baja y San Onofre, distantes geogr&aacute;ficamente del cant&oacute;n.</p>     <p>De hecho, no siempre la funci&oacute;n de elector resultaba atractiva para todos, entre   otras razones debido a que, no requiriendo inscripci&oacute;n previa a las elecciones,   pod&iacute;a recaer sobre cualquier notable o persona con prestigio y reconocimiento dentro de la sociedad.</p>     <p>Como hemos se&ntilde;alado, algunos electores no cumplieron con sus deberes constitucionales   por lo que el Congreso debi&oacute; intervenir legislando al respecto. En 1825,   por ejemplo, se instauraron multas a los electores que no concurrieran a sufragar el   d&iacute;a se&ntilde;alado por la ley<sup><a href="#31">31</a></sup><a name="b31"></a>. De igual manera se regul&oacute; el ejercicio electoral de los parroquianos   quienes tres a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1828, se vieron obligados a participar en las   asambleas parroquiales con su voto, ''y el ciudadano que no lo haya hecho hasta el   cuarto d&iacute;a, los jueces o conjueces obligar&aacute;n a que cumpla hasta con una multa que no supere los 25 pesos''<sup><a href="#32">32</a></sup><a name="b32"></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde una ley decret&oacute; que aquellos electores que ''habiendo   concurrido a formar la Asamblea Electoral dejen de sufragar por malicia o negligencia''   tendr&iacute;an una multa entre cincuenta y quinientos pesos de acuerdo al tipo de elecci&oacute;n a la que hubieran faltado<sup><a href="#33">33</a></sup><a name="b33"></a>. Es decir, por m&aacute;s pasiones pol&iacute;ticas que despertaran las elecciones dentro de un p&uacute;blico afecto, hubo personas a las que no les interesaron estas disputas y prefirieron mantenerse al margen, aun descuidando sus derechos pol&iacute;ticos.</p>     <p>Lo anterior no solo ocurr&iacute;a entre una poblaci&oacute;n intermedia que viv&iacute;a atenta   a sus peque&ntilde;os negocios familiares sino tambi&eacute;n entre algunos miembros del patriciado   local. Quienes firmaron como <i>Unos patriotas</i> hicieron publicar en el peri&oacute;dico   <i>El Cartagenero</i>, dirigido por Juan Jos&eacute; Nieto, una carta donde protestaban porque el tambi&eacute;n cartagenero residente en Barranquilla, don Diego de Castro,</p>     <p>     <blockquote>&#91;...&#93; furiosa y violentamente se borr&oacute; con sus propias manos de la lista de electores     que se halla fijada en la esquina de la casa donde se instal&oacute; la junta parroquial, y no     contento con haber cometido este absurdo y desacato, se ha producido de la manera     mas indigna de un hombre que ama a su patria y a sus instituciones<sup><a href="#34">34</a></sup><a name="b34"></a>.</blockquote> </p>     <p>Los remitentes se expresaron en una forma contundente contra De Castro,   evidenciando las rivalidades pol&iacute;ticas que exist&iacute;an en Barranquilla -villa que prosperar&iacute;a   a la espalda de Cartagena llegando r&aacute;pidamente a reemplazarla- sobre todo en   momentos en que se aproximaban unas elecciones bastante disputadas. Seg&uacute;n <i>Los   patriotas</i>, De Castro no gustaba de aceptar las cargas concejiles, y en ese a&ntilde;o tambi&eacute;n   se hab&iacute;a escabullido al nombramiento de colector de la Junta de Manumisi&oacute;n   y ''se deniega abiertamente a desempe&ntilde;ar el destino con la audacia de decir que no   le da la gana &#91;...&#93; que sus bienes son agenos &#91;...&#93; pero que ac&aacute; sabemos tambi&eacute;n sus artima&ntilde;as''<sup><a href="#35">35</a></sup><a name="b35"></a>.</p>     <p>V&iacute;ctor M. Uribe Ur&aacute;n se&ntilde;ala que una de las preocupaciones de los gobiernos en   la Nueva Granada fue la ''empleoman&iacute;a''. Es decir, las aspiraciones de los neogranadinos,   especialmente de aquellos que hab&iacute;an seguido la carrera del derecho para hacer   parte de la burocracia. Seg&uacute;n Uribe Ur&aacute;n, durante las d&eacute;cadas finales del siglo XVIII   y las primeras del XIX, el honor estuvo vinculado a la participaci&oacute;n en la burocracia   estatal y hacia &eacute;sta las personas orientaban sus estrategias familiares. El problema   fue que el advenimiento de la rep&uacute;blica sustituy&oacute; a la Corona que serv&iacute;a de mediadora de los apetitos burocr&aacute;ticos y las &eacute;lites pasaron a enfrentarse entre ellas mismas, por medio de las elecciones y de otros mecanismos<sup><a href="#36">36</a></sup><a name="b36"></a>. Es decir, que en buena medida las pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas patrimonialistas continuaron haciendo parte de la cultura pol&iacute;tica del siglo XIX<sup><a href="#37">37</a></sup><a name="b37"></a>.</p>     <p>Los cargos estatales continuaron siendo una importante fuente para el ascenso   social y un mecanismo de seguridad econ&oacute;mica a comienzos del siglo XIX<sup><a href="#38">38</a></sup><a name="b38"></a>. Sin   embargo, esto no se aplicaba a las cargas concejiles ya que no ten&iacute;an remuneraci&oacute;n   econ&oacute;mica. Es por ello, que algunas personas elegidas como electores recurr&iacute;an a   toda clase de excusas para evadir esa responsabilidad. La m&aacute;s com&uacute;n de todas era el   padecimiento de una enfermedad que imped&iacute;a la movilizaci&oacute;n. Un ejemplo fue el caso   de Jos&eacute; Antonio Esquiaqui, quien fue designado por las mayor&iacute;as expresadas en las   urnas como elector por la parroquia de Pasacaballos, distrito del cant&oacute;n de Cartagena,   y quien renunci&oacute; a sus funciones porque supuestamente ten&iacute;a problemas en un o&iacute;do.   Sin embargo, no siempre las excusas m&eacute;dicas eran aceptadas por el Concejo Municipal.   En el caso de Esquiaqui la respuesta fue que ''estando reducidas las funciones de   los electores a sufragar por los funcionarios p&uacute;blicos se&ntilde;alados en la comunicaci&oacute;n y   en la ley de la materia no considera el concejo que la tardanza del o&iacute;do le impida dar su sufragio; y que en tal virtud no accede a su solicitud''<sup><a href="#39">39</a></sup><a name="b39"></a>.</p>     <p>En otros casos, las excusas eran justificadas con argumentos divinos. Por ejemplo,   Manuel Serra quiso evadir la responsabilidad que el sistema electoral puso en sus   manos a trav&eacute;s de argucias jur&iacute;dico- religiosas, manifestando que no pod&iacute;a ser elector porque era cura de la parroquia de Pasacaballos<sup><a href="#40">40</a></sup><a name="b40"></a>.</p>     <p>La mayor parte de las cartas enviadas por los alcaldes parroquiales de los centros   menores agro-urbanos expresaban -con una precaria caligraf&iacute;a, que dice mucho de los avances logrados en la escritura entre ciertos sectores sociales en el temprano   siglo XIX-, que en sus poblaciones la mayor&iacute;a de hombres no cumpl&iacute;an con los requisitos para ser elector. As&iacute; lo manifest&oacute; el Alcalde de Ternera al Jefe Pol&iacute;tico Municipal:</p>     <p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>&#91;...&#93; Habi&eacute;ndose enterado bien este juzgado en la comunicaci&oacute;n de esa prefectura fecha     ocho del que rige sobre las elecciones primarias se ha notado de que dise as&iacute; en     uno de sus cap&iacute;tulos, que se formara una lista de todos los individuos vecinos de esta     parroquia que puedan ser electos y que tengan las cualidades se&ntilde;aladas y en ejercicio     de los derechos ciudadanos. Casado ho haber cumplido 25 a&ntilde;os por lo menos y que     sepa ler y y escrivir este requisito no lo tiene aqu&iacute; ningun vecino como poco menos lo     notara usted en este vecindario por no estar estos sino empleados desde su nacimiento     en la labranza<sup><a href="#41">41</a></sup><a name="b41"></a>.</blockquote> </p>     <p>En ocasiones, no se desarrollaban elecciones porque, como tambi&eacute;n manifest&oacute;   el Jefe Pol&iacute;tico de Cartagena, hab&iacute;a parroquias como Santa Ana donde ''no saben leer   siquiera los alcaldes''<sup><a href="#42">42</a></sup><a name="b42"></a>. En medio de este panorama, resultaba natural que en estas poblaciones   los sufragantes parroquianos votaran por miembros, bien de la &eacute;lite cartagenera   o, bien por el cura, alcaldes o electores antiguos dependiendo del tipo de elecci&oacute;n y de la distancia geogr&aacute;fica y pol&iacute;tica que mantuvieran con la capital del cant&oacute;n.</p>     <p>Mientras el listado de los electores de las parroquias m&aacute;s cercanas a la capital   del cant&oacute;n ten&iacute;a un alto n&uacute;mero de individuos que pod&iacute;an cumplir con este cargo, en   las parroquias m&aacute;s apartadas y rurales el n&uacute;mero disminu&iacute;a. Por ejemplo, la parroquia   de La Catedral, centro urbano y lugar de residencia de la mayor parte de los notables   cartageneros ten&iacute;a 104 personas que cumpl&iacute;an los requisitos para ser elector, mientras   que la parroquia del Pie de la Popa ten&iacute;a solo 13 individuos y la de Bocachica 3   (ver <a href="#t4">Tabla No. 4</a>)<sup><a href="#43">43</a></sup><a name="b43"></a>. En otros casos, se enviaba la lista con individuos que s&oacute;lo cumpl&iacute;an   parte de los requisitos, el m&aacute;s dif&iacute;cil de los cuales era el del alfabetismo y, en otros,   no hab&iacute;a nadie que los cumpliera como ocurri&oacute; en 1832 en las parroquias de Ca&ntilde;o de Loro y Bar&uacute;<sup><a href="#44">44</a></sup><a name="b44"></a>.</p>     <p align="center"><a name="t4"></a><img src="/img/revistas/hiso/n21/n21a06t4.jpg" /></p>     <p>En otros casos deb&iacute;a recurrirse a cualquier medio para completar la lista. Por   ejemplo, el Alcalde de la parroquia de Bocachica envi&oacute; la lista de los individuos que   cumpl&iacute;an los requisitos para ser elector con los siguientes nombres: Jos&eacute; Antonio Via&ntilde;a,   teniente de las obras de fortificaciones; Abad Matiz, contralor, m&eacute;dico cirujano del   Hospital de Lazareto, y Segundo Plas, m&eacute;dico del hospital. Ninguno de ellos era vecino   de la parroquia, todos estaban ocupados en alguna actividad pero eran los &uacute;nicos que cumpl&iacute;an los requisitos.</p>     <p>La necesidad de definir esta lista cobraba m&aacute;s importancia si se tiene en cuenta   que las elecciones primarias pod&iacute;an asegurar la victoria de un candidato. La mayor&iacute;a   de los electores ten&iacute;a definida ya su posici&oacute;n, como lo mostr&oacute; Antonio del Real al   general Santander cuando una vez superadas las elecciones parroquiales de 1836 y definidos los electores not&oacute; que los partidos ''han cesado ya de trabajar, o mejor dicho, seguro ya de los diputados, todos conocen con quienes cuenta&#91;n&#93; y a quienes no es posible cambiar. No tenemos ni esperanza del menor buen resultado''<sup><a href="#45">45</a></sup><a name="b45"></a>.</p>     <p>Como si fuera poco, adem&aacute;s del problema de la escasez de letrados tambi&eacute;n   hab&iacute;a confusi&oacute;n en cuanto a quienes deb&iacute;an componer la lista de los electores ya   que la legislaci&oacute;n establec&iacute;a que &eacute;stos deb&iacute;an tener ''subsistencia asegurada'' y era la   junta la encargada de establecer el ''verdadero significado de estas palabras''<sup><a href="#46">46</a></sup><a name="b46"></a>. Eran   espacios que el sistema de la representaci&oacute;n dejaba a la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica, con un reconocimiento   t&aacute;cito de comportamientos cuya legitimaci&oacute;n no necesitaba o no quer&iacute;a   la tutela del derecho<sup><a href="#47">47</a></sup><a name="b47"></a>. A este &aacute;mbito informal pertenecen la mayor&iacute;a de los comportamientos   que el debate pol&iacute;tico contempor&aacute;neo tilda de ileg&iacute;timos. Es decir, las pr&aacute;cticas   pol&iacute;ticas consideradas por parte de una historiograf&iacute;a como ilegales, tales como   la compra o venta del voto, la corrupci&oacute;n o el clientelismo no fueron tanto la evasi&oacute;n   a la norma sino su concreci&oacute;n, ''no casualmente las normas cubren algunas &aacute;reas del proceso y callan sobre otras no menos importantes''<sup><a href="#48">48</a></sup><a name="b48"></a>. As&iacute; lo manifest&oacute; el Alcalde de la parroquia de Santa Rosa:</p>     <p>     <blockquote>&#91;...&#93; Al dirijirlo a usted esta lista no puedo menos que hacer presente que al fixarse al     publico la de los sufragantes, por varias personas se ha advertido en contenido de ellos     que solo alcanza a veinte y nueve, en una poblaci&oacute;n que pasa de mil almas seg&uacute;n los     censos de los a&ntilde;os anteriores, que por si solo le corresponde un elector, y en mi concepto     el resultado de este corto numero ha sido que los dem&aacute;s miembros de la junta     han equivocado mucho la vos jornaleros y entienden que solo son o pueden ser sufragantes     los de <i>mas proporciones</i>. Yo entiendo que lo pueden ser cualesquiera que tenga     su casa poblada, su labranza regular, dos o tres bestias o reses que le ayudan y con lo     cual tienen su subsistencia segura sin ser jornaleros ni estar sujeto a otro. S&iacute;rvase usted     dec&iacute;rme si los puedo enrolar en las listas fixada de los sufragantes y si para verificarlo     sea necesario reunir nuevamente la junta<sup><a href="#49">49</a></sup><a name="b49"></a>.</blockquote> </p>     <p>La condici&oacute;n de independencia econ&oacute;mica pretend&iacute;a evitar cualquier coacci&oacute;n   sobre los jornaleros, entendiendo por &eacute;stos aquellos que realizaban labores agr&iacute;colas   al mando de un capataz. Sin embargo, algunos que eran considerados como tales,   ten&iacute;an peque&ntilde;as propiedades. Este hecho llev&oacute; a un publicista de la &eacute;poca a criticar la   exclusi&oacute;n de los jornaleros porque ''un jornalero ten&iacute;a m&aacute;s independencia de opini&oacute;n que los soldados y marineros y que muchos dedicados a otras profesiones''<sup><a href="#50">50</a></sup><a name="b50"></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En los centros menores para elegir diputados hab&iacute;a cierta unanimidad, usualmente   quien obten&iacute;a m&aacute;s votos era el presb&iacute;tero y luego le segu&iacute;an los individuos que   hac&iacute;an parte de la Asamblea Electoral. As&iacute; lo evidencian las elecciones en la poblaci&oacute;n   de Tol&uacute;, peque&ntilde;a villa del cant&oacute;n de Lorica, en la que el 3 de agosto de 1832, fue   elegido el presb&iacute;tero Ram&oacute;n Valent&iacute;n, el segundo fue un elector Juan Bautista Ferrer   y, los suplentes, Estevan Garc&iacute;a Matos y Santiago Alonso Pulgar, tambi&eacute;n electores.   Es decir, que los 9 electores presentes que deb&iacute;an elegir 4 diputados, dos principales   y dos suplentes, eligieron entre sus propios miembros a tres diputados; ocurr&iacute;a as&iacute;   porque hab&iacute;a pocas personas que pod&iacute;an ejercer el empleo de elector y menos a&uacute;n el de diputados.</p>     <p>Tambi&eacute;n era posible que la lejan&iacute;a geogr&aacute;fica hiciera que personajes notables   de Cartagena o Mompox no tuvieran influencias dentro de los electores de las poblaciones apartadas o que en su defecto dejaran libertad en la elecci&oacute;n de diputados porque esta ten&iacute;a un inter&eacute;s m&aacute;s local<sup><a href="#51">51</a></sup><a name="b51"></a>.</p>     <p>As&iacute; parece, si analizamos en la misma villa de Mompox la elecci&oacute;n de senadores   en 1832, aqu&iacute; se hacen presentes los nombres de los notables sobre los que   hab&iacute;a tambi&eacute;n unanimidad. Fueron elegidos senadores principales Jos&eacute; Mar&iacute;a Castillo   y Rada y el presb&iacute;tero Andr&eacute;s Rodr&iacute;guez con ocho y nueve votos respectivamente,   de nueve electores que ten&iacute;a la villa. Mientras los suplentes Vicente Ucr&oacute;s y Manuel   Romay, otros notables, obtuvieron siete y nueve votos respectivamente sobre la misma   base de electores. La unanimidad es casi total. De igual forma se evidencia en las   elecciones para los seis representantes en las que fueron elegidos casi un&aacute;nimemente   como representantes principales: Joaqu&iacute;n Gori (7 votos), Crisp&iacute;n Pe&ntilde;aredonda (8 votos),   Mateo Bega (6 votos), Bernardo Alcazar (9 votos), Antonio Rodr&iacute;guez T. (7 votos)   y Vicente Garc&iacute;a del Real (9 votos). Se observa tambi&eacute;n la presencia de fuertes lealtades   pol&iacute;ticas como la del elector que en casi todas las doce elecciones -contando las   de los suplentes- propuso el nombre de Manuel Marcelino N&uacute;&ntilde;ez, hasta que finalmente   en la d&eacute;cimosegunda para elegir al cuarto suplente fue electo con ocho votos   de la Asamblea. Tambi&eacute;n fueron electos con la totalidad de los votos como suplentes   Jos&eacute; Joaqu&iacute;n G&oacute;mez e Ignacio Jos&eacute; de Iriarte. Los dem&aacute;s, Jos&eacute; Benito Rebollo, Jos&eacute; Montes y Esteban Diazgranados, lo fueron con cinco, ocho y siete, respectivamente<sup><a href="#52">52</a></sup><a name="b52"></a>.</p>     <p>En la Asamblea Electoral del tercer circuito de la provincia en Corozal, poblaci&oacute;n   intermedia m&aacute;s lejana a la capital provincial y capital del cant&oacute;n con el mismo   nombre, la situaci&oacute;n fue la siguiente. De los 28 electores, 24 sufragaron por Jos&eacute; Manuel   Castillo y Rada y 22 por Andr&eacute;s Rodr&iacute;guez<sup><a href="#53">53</a></sup><a name="b53"></a>. En las elecciones para seis representantes   se observa la influencia pol&iacute;tica de los mismos individuos que en Mompox. Hay que recordar que te&oacute;ricamente no exist&iacute;an candidatos, estos resultaban proclamados por el clamor popular que los llamaba a ocupar un cargo, sin embargo, es interesante observar que la votaci&oacute;n se distribuya siempre entre los mismos individuos: Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Gori, Jos&eacute; Mar&iacute;a Verastegui, Marco de Vega, Manuel Benito Rebollo, Crisp&iacute;n Pe&ntilde;aredonda, Tom&aacute;s Gordon, Rafael Tono, Jos&eacute; Mar&iacute;a del Real, Antonio Rodr&iacute;guez Torices, Vicente Garc&iacute;a del Real, Mateo Vega, Paulino Badel, Jos&eacute; Mar&iacute;a Alandete, Agust&iacute;n Velez, Manuel P&eacute;rez Recuero, Anselmo Rodr&iacute;guez Torices y Manuel Antonio Salgado<sup><a href="#54">54</a></sup><a name="b54"></a>. Todos notables de la provincia o de los sectores intermedios con amplias influencias pol&iacute;ticas. Mientras que en las elecciones para diputados, los electos ten&iacute;an influencias m&aacute;s locales, como por ejemplo algunos electores o personas con aparente menor importancia pol&iacute;tica provincial. En el mismo caso de Corozal se menciona a Manuel Antonio P&eacute;rez, Andr&eacute;s Racero, el presb&iacute;tero Manuel de C&aacute;rcamo, Francisco Barreto -posiblemente emparentado con el elector Manuel Barreto-<sup><a href="#55">55</a></sup><a name="b55"></a>.</p>     <p>En las parroquias rurales tambi&eacute;n encontramos que las trasgresiones a la norma   eran de distinto tipo que en las urbanas. En las primeras encontramos falsificaci&oacute;n   de las actas, robo de las papeletas o suplantaci&oacute;n de los votantes. Incluso, en   ocasiones, debido a la d&eacute;bil presencia estatal -jueces, polic&iacute;as, guardia- en las parroquias   rurales, los notables locales recurr&iacute;an a la ''fabricaci&oacute;n de elecciones'' desde sus   casas<sup><a href="#56">56</a></sup><a name="b56"></a>. Tal fue el caso de las elecciones en Mahates, poblaci&oacute;n menor y capital del   cant&oacute;n del mismo nombre, en la que el jefe pol&iacute;tico Jos&eacute; Gonz&aacute;lez Brieva al notar que   no sab&iacute;a nada de las elecciones en esa poblaci&oacute;n, comunic&oacute; al gobernador que solo ha tenido en sus manos, un </p>     <p>     <blockquote>&#91;...&#93; pliego que para que no parezca extra&ntilde;o me tomo la libertad de dirigir a usted que     he encontrado cuando me he vuelto a posesionar de este destino. Como la asamblea se disolvi&oacute; en el per&iacute;odo de mi licencia, luego que me posesion&eacute; llam&eacute; al que hab&iacute;a sido     secretario de ella para informarme de esto, y he sabido que el presidente, cura que fue     de esta villa, Francisco Villa, se ausent&oacute; sin haber hecho las comunicaciones<sup><a href="#57">57</a></sup><a name="b57"></a>.</blockquote> </p>     <p>Este comportamiento aparentemente sospechoso dio pie a una investigaci&oacute;n   que se le sigui&oacute; al presidente de la Asamblea Electoral. Mientras que en los centros   urbanos mayores, si bien esto no era imposible, la mayor parte de las veces la manera   de obtener el triunfo era a trav&eacute;s de la coacci&oacute;n a los sufragantes, las amenazas o la   prisi&oacute;n para aquellos de los que se desconfiaba o mediante el enrolamiento en una red de favores<sup><a href="#58">58</a></sup><a name="b58"></a>.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Conclusi&oacute;n</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En los centros urbanos, los notables ten&iacute;an amplias influencias y sus nombres   eran proclamados en las asambleas electorales en varias parroquias al mismo tiempo,   de hecho eran presentados por los alcaldes de distritos como vecinos de la parroquia   a pesar de que era requisito que estos tuvieran residencia en ella. Estas influencias   estaban dadas porque algunos eran comerciantes y ten&iacute;an a los artesanos y tenderos   dentro de su red de negocios. De hecho, el comercio era una actividad que permiti&oacute; la   movilidad social ya que algunos comerciantes y tambi&eacute;n artesanos establec&iacute;an negocios   con importadores. Notables como Manuel Marcelino N&uacute;&ntilde;ez, quien se manten&iacute;a   en una frontera entre los negocios y la pol&iacute;tica, y a trav&eacute;s de sus tiendas estaba en contacto con el bajo pueblo, le permit&iacute;a servir de bisagra entre el Estado y los sectores bajos, canalizando esta relaci&oacute;n a trav&eacute;s del apoyo en las elecciones<sup><a href="#59">59</a></sup><a name="b59"></a>. Si observamos quienes eran tenderos en 1833, notamos que varios de ellos eran tambi&eacute;n pol&iacute;ticos, Manuel Medrano, Jos&eacute; Mar&iacute;a Escudero, Juan Jos&eacute; Nieto, Jos&eacute; Matos -primo de Estevan Garc&iacute;a Matos-, Fernando de Pombo y Manuel Marcelino N&uacute;&ntilde;ez<sup><a href="#60">60</a></sup><a name="b60"></a>.</p>     <p>Evidentemente, las parroquias de La Catedral, Santo Toribio y Trinidad eran las   m&aacute;s pobladas y urbanas del cant&oacute;n de Cartagena. Entre ellas tres ten&iacute;an casi toda la   poblaci&oacute;n de la ciudad, 11.929 habitantes<sup><a href="#61">61</a></sup><a name="b61"></a> y concentraban las principales actividades   productivas: el puerto y la pol&iacute;tica. Aunque algunas personas no fueran agentes del   gobierno, todos los sectores sociales ten&iacute;an un inter&eacute;s en la pol&iacute;tica que aumentaba   con la proximidad de las elecciones. Su explicaci&oacute;n es que en la ciudad- puerto, una y   otra actividad eran realizadas indistintamente por las mismas personas, de tal manera   que aquellos que estaban en una red comercial -de cr&eacute;dito, compra y venta- tambi&eacute;n lo estaban en la red pol&iacute;tica y terminaban perteneciendo a una u otra facci&oacute;n.</p>     <p>M&aacute;s dif&iacute;cil era que dentro de esta red se integrara a los habitantes de los cantones   alejados de la capital provincial, quienes no eran ajenos a la pol&iacute;tica, pero se   enrolaban en ella a trav&eacute;s de otras redes. La diferencia en la manera de concebir la   pol&iacute;tica, sufragando por ejemplo por el cura -que en los centros urbanos no recib&iacute;a   tantos sufragios- o por los electores anteriores -que en las ciudades se rotaban m&aacute;sque   normalmente eran jueces o comerciantes, muestra el grado de deferencia que   adquir&iacute;a el ejercicio del voto en poblaciones demogr&aacute;ficamente peque&ntilde;a y con fuertes v&iacute;nculos parentales y de favores.</p>     <p>Los comportamientos electorales tambi&eacute;n eran diferentes no s&oacute;lo entre las parroquias   dentro de un recinto urbano mayor como el de la ciudad de Cartagena y en   las del medio rural, sino tambi&eacute;n difer&iacute;an dependiendo del tipo de elecci&oacute;n. Las de   Senado y C&aacute;mara eran m&aacute;s disputadas en los centros urbanos mientras que en las   poblaciones rurales hab&iacute;a cierta unanimidad m&aacute;s generalizada hac&iacute;a personajes de la   capital provincial que extend&iacute;an su influencia hacia estas poblaciones. Mientras que   en las elecciones para diputados, usualmente se eleg&iacute;an los mismos electores de las poblaciones rurales.</p>     <p>Otras diferencias estaban marcadas por la trasgresi&oacute;n a la norma, que aunque   se presentaba en todas las poblaciones, resultaba distinta por las formas utilizadas   para tal fin. La distancia entre la capital del cant&oacute;n o provincia y las poblaciones rurales   y la escasez de autoridades, hac&iacute;a relativamente sencilla la trasgresi&oacute;n a la norma.   De la misma manera, se presentaron constantes dificultades en la realizaci&oacute;n de elecciones   debido a la escasez de personas que cumplieran con las condiciones m&iacute;nimas   exigidas constitucionalmente para ser elector, convirtiendo este cargo en patrimonio   de unos pocos que eran repetidamente elegidos y, as&iacute; mismo, permiti&eacute;ndoles negociar   con los candidatos a las vacantes del Congreso a cambio de d&aacute;divas que nutr&iacute;an a su   vez las redes clientelares en la parroquia y los convert&iacute;a en una bisagra entre el Estado y la sociedad.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size="3">Notas al pie </font></b></p>     <p><sup><a href="#b1">1</a></sup><a name="1"></a>. Para el tema de la naci&oacute;n, ver Fran&ccedil;ois&#8211;Xavier Guerra, ''La naci&oacute;n en la Am&eacute;rica hisp&aacute;nica. El problema   de los or&iacute;genes'', en <i>Naci&oacute;n y Modernidad</i>, dir. Marcel Gauchet, Pierre Manent y Pierre Rosanvallon   (Buenos Aires: Nueva Edici&oacute;n, 1997), 97-120. Benedict Anderson, <i>Comunidades imaginadas. Reflexiones   sobre el origen y la difusi&oacute;n del nacionalismo</i> (M&eacute;xico: F. C. E., 1993), 315. Eric Hobsbawn, Naciones y   nacionalismo desde 1780 (Barcelona: Cr&iacute;tica, 1991). &Aacute;lvaro Fern&aacute;ndez Bravo, comp. <i>La invenci&oacute;n de la naci&oacute;n. Lecturas de la identidad de Herder a Homi Bhabha</i> (Buenos Aires: Manantial, 2000).</p>     <p><sup><a href="#b2">2</a></sup><a name="2"></a>. Fue en nombre de las provincias que se produjo la reasunci&oacute;n de la soberan&iacute;a. Ver Jos&eacute; Carlos Chiaramonte,   ''El federalismo argentino en la primera mitad del siglo XIX'', en <i>Federalismos latinoamericanos:   M&eacute;xico, Brasil, Argentina</i>, coord. Marcello Carmagnani (M&eacute;xico: Fideicomiso historia de las Am&eacute;ricas, El   Colegio de M&eacute;xico, F. C. E., 1996), 94-95.</p>     <p><sup><a href="#b3">3</a></sup><a name="3"></a>. Para la importancia de los barrios y parroquias en la pol&iacute;tica local, ver los estudios de Margarita Garrido,   <i>Reclamos y representaciones. Variaciones sobre la pol&iacute;tica en el nuevo reino de Granada, 1770-1815</i>  (Bogot&aacute;: Banco de la Rep&uacute;blica, 1993), 414 y Malcolm Deas, ''La presencia de la pol&iacute;tica nacional en la   vida provinciana, pueblerina y rural de Colombia en el primer siglo de la rep&uacute;blica'', en <i>La unidad nacional   en Am&eacute;rica Latina. Del regionalismo a la nacionalidad</i>, comp. Marco Palacios (M&eacute;xico, El Colegio de   M&eacute;xico, Centro de estudios internacionales, 1983).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#b4">4</a></sup><a name="4"></a>. Marcela Ternavasio, ''Municipio y pol&iacute;tica, un v&iacute;nculo hist&oacute;rico conflictivo'' (Tesis de Maestr&iacute;a, Buenos   Aires, FLACSO, 1991).</p>     <p><sup><a href="#b5">5</a></sup><a name="5"></a>. Carlos Cuervo M&aacute;rquez, <i>Vida de Jos&eacute; Ignacio de M&aacute;rque</i>z, Vol: 2 (Bogot&aacute;: Imprenta Nacional, 1917),   285.</p>     <p><sup><a href="#b6">6</a></sup><a name="6"></a>. Presidencia del concejo municipal al Sr. presidente de la Junta de Administraci&oacute;n Municipal'' (Cartagena   16 de enero, 1832), Biblioteca Luis &Aacute;ngel Arango (BLAA), Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea 562. Las   fiestas se realizaban el 20 de enero de cada a&ntilde;o. Para una descripci&oacute;n de fiestas patronales que muestran   la participaci&oacute;n de artesanos, ver: Ori&aacute;n Jim&eacute;nez Meneses, <i>El Frenes&iacute; del vulgo. Fiestas, juegos y bailes   en la sociedad colonial</i> (Medell&iacute;n: Premios nacionales de cultura, Universidad de Antioquia, 2007), 155.</p>     <p>   <sup><a href="#b7">7</a></sup><a name="7"></a>. Juan Jos&eacute; Nieto, <i>Gobernador suspenso de la provincia de Cartagena ante los hombres honrados e imparciales   de todos los partidos</i> (Bogot&aacute;, junio 4 de 1855), Biblioteca Nacional de Colombia (BNC), Fondo   Vergara 295, doc. 3.</p>     <p><sup><a href="#b8">8</a></sup><a name="8"></a>. Las razones que determinan dicha unanimidad no constituyen el objeto de estudio de este trabajo   pero han sido desarrolladas anteriormente en mi art&iacute;culo ''A la caza de votos. Pr&aacute;cticas electorales en la   provincia de Cartagena 1821-1843'', <i>Anuario de Historia regional y de las fronteras</i> Vol: 11 No. 11 (2006): 91-114.</p>     <p>   <sup><a href="#b9">9</a></sup><a name="9"></a>. Los datos poblacionales fueron tomados de: Archivo General de la Naci&oacute;n (AGN) Secci&oacute;n Rep&uacute;blica.   Fondo Gobernaci&oacute;n, Cartagena, t. 48 fot. 843 y AGN. Censo General de Poblaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica de la   Nueva Granada, 1834, ff. 32-41.</p>     <p><sup><a href="#b10">10</a></sup><a name="10"></a>. Un ejemplo de las elecciones rurales en la campa&ntilde;a bonaerense, en Marcela Ternavasio, <i>La revoluci&oacute;n del voto. Pol&iacute;tica y elecciones en Buenos Aires 1810-1852</i> (Argentina: Siglo XXI editores 2002), 214-219.   Para el caso de Cartagena, ver mi estudio ''A la caza de votos. Pr&aacute;cticas electorales en la provincia de   Cartagena 1821-1843''.</p>     <p><sup><a href="#b11">11</a></sup><a name="11"></a>. ''Constituci&oacute;n de la Rep&uacute;blica de Colombia, 30 de agosto de 1821'', en <i>Las Constituciones de Colombia.   Textos 1810-1876</i>, Vol: II, Diego Uribe Vargas (Madrid: Ediciones Cultura Hisp&aacute;nica, 1985, 2<sup>a</sup> ed.), 807- 808.</p>     <p><sup><a href="#b12">12</a></sup><a name="12"></a>. Utilizamos el t&eacute;rmino en cursiva indicando que es nuestro ya que la Constituci&oacute;n no lo usa, se trata   de un formalismo sem&aacute;ntico.</p>     <p><sup><a href="#b13">13</a></sup><a name="13"></a>. Art&iacute;culo 21 ''Constituci&oacute;n de la Rep&uacute;blica de Colombia'', 810. Para el concepto de vecino, ver: Marta   Irurozqui, ''De c&oacute;mo el vecino hizo al ciudadano en Charcas y de c&oacute;mo el ciudadano conserv&oacute; al vecino   en Bolivia, 1809-1830'', en <i>Revoluci&oacute;n, Independencia y las nuevas Naciones de Am&eacute;rica</i>, coord. Jaime   Rodr&iacute;guez (Madrid: Mapfre Tavera, 2005), 614, 451-484. Sobre la condici&oacute;n social de la vecindad, ver:   Tamar Herzog, ''La vecindad: entre condici&oacute;n formal y negociaci&oacute;n continua. Reflexiones en torno a las   categor&iacute;as sociales y las redes personales'', <i>Anuario del IEHS</i> No. 15 (2000): 123-131.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#b14">14</a></sup><a name="14"></a>. Art&iacute;culo 14 ''Constituci&oacute;n de la Rep&uacute;blica de Colombia, 29 de abril de 1830'', en <i>Las Constituciones de   Colombia</i>. Textos 1810-1876, 851.</p>     <p><sup><a href="#b15">15</a></sup><a name="15"></a>. Eduardo Posada Carb&oacute;, ''Fraude al sufragio: La reforma electoral en Colombia, 1830-1930'', en <i>Legitimidad,   Representaci&oacute;n y alternancia en Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica Latina: las reformas electorales (1880-1930)</i>,   coord. Carlos Malamud (M&eacute;xico: F.C.E., 2000), 208-229.</p>     <p><sup><a href="#b16">16</a></sup><a name="16"></a>. Las que estaban formadas por los notables locales, curas, p&aacute;rrocos y alcaldes. Esto sugiere que por   lo menos hasta la instauraci&oacute;n de padrones electorales, tales requisitos eran controlados por estas autoridades.</p>     <p><sup><a href="#b17">17</a></sup><a name="17"></a>. Art&iacute;culo 8 ''Constituci&oacute;n del Estado de la Nueva Granada. 29 de febrero de 1832'', en <i>Las Constituciones   de Colombia</i>. <i>Textos 1810-1876</i>, 895.</p>     <p>   <sup><a href="#b18">18</a></sup><a name="18"></a>. Esto se puede notar en la Constituci&oacute;n de 1821. T&iacute;tulo III, 809 y de 1830 T&iacute;tulo V, en <i>Las Constituciones   de Colombia. Textos 1810-1876</i>.</p>     <p><sup><a href="#b19">19</a></sup><a name="19"></a>. <i>Sala de negocios generales del Consejo de Estado, Codificaci&oacute;n Nacional, de todas las leyes de Colombia   desde el a&ntilde;o de 1821, hecha conforme a la ley 13 de 1912</i>, t. X: 1843-1844, No. orden 1449 (Bogot&aacute;:   Imprenta Nacional, 1926), 156.</p>     <p><sup><a href="#b20">20</a></sup><a name="20"></a>. Los electores nombrados fueron: Por la parroquia de la Catedral se&ntilde;ores Vicente Vera, Manuel Gregorio   Gonz&aacute;lez, Antonio Casta&ntilde;eda. Por la parroquia de Santo Toribio se&ntilde;ores Vicente Garc&iacute;a del Real,   Dr. Henrique Rodr&iacute;guez, Ildelfonso M&eacute;ndez. Por la de la Sant&iacute;sima Trinidad: Dr. Mateo Gonz&aacute;lez Rubio,   Presb&iacute;tero Marcelino Jos&eacute; Gonz&aacute;les. Por la del Pie de la Popa: Juan de Dios Amador. Por la de Bocachica:   Presb&iacute;tero Dr. Juan Marim&oacute;n. Por la de Ca&ntilde;o de Loro: Andr&eacute;s del Castillo. Por la de Bar&uacute;: Presb&iacute;tero Juan   Francisco Manfredo. Por la de Santa Ana: Antonio Carlos Amador. Por la de Rocha: Diego Miranda. Por la   de Pasacaballo: Jos&eacute; Antonio Esquiaqui. Por la de Ternera: Manuel Mar&iacute;a Guerrero. Por la de Santa Rosa:   Marcos Carrasquilla. Por la de Turban&aacute;: Bartolom&eacute; Bocio. Por la de Turbaco: L&aacute;zaro Mar&iacute;a de Herrera, Juan   de Andr&eacute;s Torres. Por la de Arjona: Trinidad Ayl&aacute;n y Jos&eacute; de la Cruz Garc&iacute;a. BLAA, (Cartagena 1&ordm; de agosto,   1832), Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea 562, f. 427.</p>     <p><sup><a href="#b21">21</a></sup><a name="21"></a>. Algunos contempor&aacute;neos llamaron la atenci&oacute;n sobre las dificultades para sufragar y encontraron   en ella una raz&oacute;n para el bajo n&uacute;mero de sufragantes. Ver por ejemplo Ignacio Guti&eacute;rrez <i>Ponce, Vida de   don Ignacio Guti&eacute;rrez Vergara. Episodios hist&oacute;ricos de su tiempo (1806-1877)</i>, t. I (Londres: Imprenta de Bradbury, Agnew &amp; Cia Ltda. 1900), 84.</p>     <p><sup><a href="#b22">22</a></sup><a name="22"></a>. En la &eacute;poca se usaba el t&eacute;rmino vacante para lo que hoy denominamos curul, la raz&oacute;n es porque cada   a&ntilde;o iban saliendo un determinado n&uacute;mero de representantes de cada corporaci&oacute;n, los cuales dejaban la   ''vacante'', que era llenada por otros que duraban en sus funciones un a&ntilde;o. Es decir que nunca se hac&iacute;a   una elecci&oacute;n para elegir a todos los miembros de una corporaci&oacute;n.</p>     <p><sup><a href="#b23">23</a></sup><a name="23"></a>. Leer las actas de elecciones primarias no resulta sencillo porque en ocasiones los nombres de las   personas aparecen cambiados, por ejemplo, se mencionan el primer y segundo nombre y luego aparecen   con el segundo &uacute;nicamente. Jos&eacute; Pablo Rodr&iacute;guez, Jos&eacute; Palo Rodr&iacute;guez y Pablo Rodr&iacute;guez eran la misma   persona pero la llamaban de diferente manera. Seg&uacute;n un publicista de la &eacute;poca esto se deb&iacute;a a una ''man&iacute;a   en que dan de algunos a&ntilde;os ac&aacute; nuestros j&oacute;venes de mudar los nombres con que desde principio se   dieron a conocer''. <i>El Tiempo</i>, Cartagena, 16 de agosto, 1840.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#b24">24</a></sup><a name="24"></a>. (Cartagena, 1&ordm; de agosto, 1832), BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea 562, f. 428.</p>     <p><sup><a href="#b25">25</a></sup><a name="25"></a>. En acto continuo se realiz&oacute; la elecci&oacute;n de suplentes para senadores y hecha la recolecci&oacute;n de votos   verificado el escrutinio el resultado fue: El presb&iacute;tero Andr&eacute;s Rodr&iacute;guez con ocho votos, el presb&iacute;tero   Marco Gonz&aacute;lez Rubio con dos; Vicente Ucr&oacute;s con uno; Jos&eacute; Jorge Torres con uno; Jos&eacute; Joaqu&iacute;n G&oacute;mez   con dos; Jos&eacute; Mar&iacute;a del Castillo Rada con uno; Manuel Romay con cinco y Joaqu&iacute;n Jos&eacute; G&oacute;mez con uno.   Seguidamente se procedi&oacute; a la elecci&oacute;n del otro Senador Suplente y hecho el escrutinio de ellos resultaron   electos: Manuel Romay con seis votos, Joaqu&iacute;n Gory con dos; Remigio M&aacute;rquez con dos, Vicente   Garc&iacute;a del Real con dos; Jos&eacute; Mar&iacute;a Ver&aacute;stegui con tres; el presb&iacute;tero Marco Gonz&aacute;lez Rubio con uno:   Juan Francisco Manfredo con uno, Jos&eacute; Joaqu&iacute;n G&oacute;mez con dos, Antonio Mar&iacute;a Falques con uno y el Dr.   Henrique Rodr&iacute;guez con uno. BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea 562, f. 428.</p>     <p><sup><a href="#b26">26</a></sup><a name="26"></a>. Algunas de las ideas que permitieron interpretar estos resultados fueron tomadas de Hilda S&aacute;bato y,   El&iacute;as Palti, ''&iquest;Qui&eacute;n votaba en Buenos Aires?: Pr&aacute;ctica y teor&iacute;a del sufragio, 1850-1880'', <i>Revista Desarrollo   econ&oacute;mico</i> Vol: 30 No. 119 (1990): 395-424.</p>     <p><sup><a href="#b27">27</a></sup><a name="27"></a>. BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea 562, f. 429.</p>     <p><sup><a href="#b28">28</a></sup><a name="28"></a>. BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea 562, f. 430.</p>     <p><sup><a href="#b29">29</a></sup><a name="29"></a>. Para el papel de los jueces de paz en la campa&ntilde;a bonaerense, ver: Juan Carlos Garavaglia, ''La justicia   rural en Buenos Aires durante la primera mitad del siglo XIX. (Estructuras, funciones y poderes locales)'',   en <i>Poder, conflicto y relaciones sociales. El R&iacute;o de la plata siglo, XVIII y XIX</i> (Rosario: Homo sapiens ediciones, 1999), 89-122 y 214.</p>     <p>   <sup><a href="#b30">30</a></sup><a name="30"></a>. ''Asamblea electoral del circuito de Santiago de Tol&uacute;'', (3 agosto, 1832), BLAA, Fondo Manuscritos,   Miscel&aacute;nea 562, f. 432.</p>     <p><sup><a href="#b31">31</a></sup><a name="31"></a>. <i>Sala de negocios generales del consejo de Estado, Codificaci&oacute;n Nacional</i>, t. II: 1825-1826, No. orden   1449, 156. (En adelante Codificaci&oacute;n Nacional).</p>     <p><sup><a href="#b32">32</a></sup><a name="32"></a>. <i>Codificaci&oacute;n Nacional</i>, t. III: 1827-1828, No. orden 522, 491. El voto, adem&aacute;s, fue considerado como   un derecho p&uacute;blico y un deber ciudadano y por lo tanto, su cumplimiento era obligatorio, incluso el voto   deb&iacute;a ser destinado a una persona en espec&iacute;fico, ya que el voto en blanco si bien en principio-m&aacute;s tarde   lo fue- no era considerado una falta grave, si era estigmatizado como falta de ''esp&iacute;ritu p&uacute;blico'' como se   refleja en el Art&iacute;culo 10 de la Constituci&oacute;n de la Nueva Granada de 1832.</p>     <p><sup><a href="#b33">33</a></sup><a name="33"></a>. Codificaci&oacute;n Nacional, t. V: 1833, 1834-1835, No. orden 880, 357.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#b34">34</a></sup><a name="34"></a>. ''Carta remitida a los editores del peri&oacute;dico'', <i>El Cartagenero</i>, No. 13, Cartagena, 25 de junio, 1834, 3-4.</p>     <p>   <sup><a href="#b35">35</a></sup><a name="35"></a>. ''Carta remitida a los editores del peri&oacute;dico'', firmada por <i>unos patriotas de Barranquilla</i> el 16 de   junio de 1834.</p>     <p><sup><a href="#b36">36</a></sup><a name="36"></a>. V&iacute;ctor M. Uribe Ur&aacute;n, <i>Vidas honorables. Abogados, familia y pol&iacute;tica en Colombia, 1780-1850</i> (Medell&iacute;n:   Fondo Editorial Eafit, Banco de la Rep&uacute;blica, 2008), 300.</p>     <p><sup><a href="#b37">37</a></sup><a name="37"></a>. Sobre el Estado patrimonialista, ver: Mar&iacute;a Gonz&aacute;lez, ''La independencia y la revoluci&oacute;n'', en The   revolutionary process in M&eacute;xico. <i>Essays on political and social change, 1740-1840</i>, ed. Jaime Rodr&iacute;guez   (Los &Aacute;ngeles: UCLA, Latin American Center publications, University of California, 1990), 278; Citado en   Beatriz Ur&iacute;as Horcasitas, ''Estado y realidades pol&iacute;ticas <i>no estatales</i>. El caso de M&eacute;xico independiente   visto por la historiograf&iacute;a pol&iacute;tica contempor&aacute;nea'', <i>Revista Historia y Graf&iacute;a</i> No. 9 (1999), <a href="http://www.hemerodigital.unam.mx/ANUEIS" target="_blank">http://www.hemerodigital.unam.mx/ANUEIS</a>.</p>     <p><sup><a href="#b38">38</a></sup><a name="38"></a>. Linda Arnold, <i>Burocracia y bur&oacute;cratas en M&eacute;xico, 1742-1835</i> (M&eacute;xico: CNCA, Grijalbo, 1991).</p>     <p>   <sup><a href="#b39">39</a></sup><a name="39"></a>. (Cartagena, 23 de junio, 1832), BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea 562, f. 454.</p>     <p><sup><a href="#b40">40</a></sup><a name="40"></a>. (Pasacaballo, 30 de mayo, 1832), BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea 562, f. 2130.</p>     <p><sup><a href="#b41">41</a></sup><a name="41"></a>. (Ternera, 16 de mayo, 1832), BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea 562, f. 2130.</p>     <p><sup><a href="#b42">42</a></sup><a name="42"></a>. (Cartagena, 4 de junio, 1832), BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea 562, f. 2130.</p>     <p><sup><a href="#b43">43</a></sup><a name="43"></a>. (Pie de la Popa, mayo 29, 1832 y Bocachica, mayo 29, 1832), BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea   562, f. 2130. Evidentemente la raz&oacute;n principal por la que el n&uacute;mero disminu&iacute;a era porque ten&iacute;an menos   poblaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <sup><a href="#b44">44</a></sup><a name="44"></a>. BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea 562, f. 2130. El juzgado 1&ordm; de Rocha manifest&oacute; al Jefe de   Polic&iacute;a que ''Abiendo usted remitido un oficio donde nos dice lo siguiente: que podemos nombrar, cuatro becinos que tengan, las siguientes cualidades; 1<sup>a</sup> ser casado; o mayor de 21 a&ntilde;o, y 2<sup>a</sup> tener una subsistencia   asegurada, sin sujeci&oacute;n a otro en calidad de sirbiente o dom&eacute;stico; o de jornalero. Donde digo a usted   que en esta dicha parroquia no hay absolutamente que pueda sufragar dicho desempe&ntilde;o; para electores,   unicamente el cura parroquial que es becino''.</p>     <p><sup><a href="#b45">45</a></sup><a name="45"></a>. ''Antonio del Real al General Francisco de Paula Santander. Cartagena, septiembre 9 de 1836'', No.   orden 1733, 265, en <i>Correspondencia dirigida al general Santander</i>, Vol: I, Roberto Cort&aacute;zar (Bogot&aacute;:   Academia Colombiana de Historia, 1970), 340.</p>     <p><sup><a href="#b46">46</a></sup><a name="46"></a>. La Carta Constitucional de 1832 a diferencia de sus predecesoras no exigi&oacute; ingresos, ni propiedad, lo   que permiti&oacute; una ampliaci&oacute;n del derecho al voto a muchos sectores sociales, pero gener&oacute; un conflicto en   cuanto a la definici&oacute;n de ''subsistencia asegurada'' y ''modo honorable de vivir'', ambos t&eacute;rminos estuvieron   vigentes hasta 1843 y permiten observar una preocupaci&oacute;n por definir con caracter&iacute;sticas especiales   el ejercicio del sufragio. La primera categor&iacute;a pretendi&oacute; excluir a los dependientes, jornaleros, o sirvientes   dom&eacute;sticos de la condici&oacute;n de sufragante por considerar que &eacute;stos, debido a su condici&oacute;n de dependencia   de un patr&oacute;n, no podr&iacute;an ejercer libremente el derecho al sufragio. Pero el problema radicaba en c&oacute;mo   se defin&iacute;a la subsistencia y qu&eacute; l&iacute;nea separaba a &eacute;sta de la dependencia de otro. Por ejemplo, los militares   pod&iacute;an tener la subsistencia asegurada por su sueldo, pero &iquest;podr&iacute;an ser independientes? en el resto   de casos la demostraci&oacute;n de ingresos tampoco la aseguraba, puesto que el patr&oacute;n, si hac&iacute;a parte o era   cercano a la Junta Parroquial, pod&iacute;a meter a sus peones o personal dom&eacute;stico en la lista de sufragantes.   En el caso del modo de vivir honesto, pretend&iacute;a de igual manera que las antiguas jerarqu&iacute;as sociales del   Antiguo R&eacute;gimen se trasformaran en jerarqu&iacute;as pol&iacute;ticas, de tal manera que en las elecciones se eligieran   a los notables. Tambi&eacute;n se excluy&oacute; a los ''vagos y ebrios por costumbre'' quienes eran considerados   como la escoria de la sociedad, dicha categor&iacute;a tambi&eacute;n sirvi&oacute; para eliminar de las listas de sufragantes   a personas sospechosas de ser de la facci&oacute;n opuesta. Ver Edwin Monsalvo Mendoza, ''Entre leyes y votos.   El derecho de sufragio en la Nueva Granada 1821-1857'', <i>Revista Historia Caribe</i> No. 10 (2005): 123-144.</p>     <p><sup><a href="#b47">47</a></sup><a name="47"></a>. Al respecto ver Giovanni Levi, ''Reciprocidad mediterr&aacute;nea'', <i>Revista Tiempos modernos. Revista electr&oacute;nica   de historia moderna</i>, Vol: 3 No. 7 (2002).</p>     <p><sup><a href="#b48">48</a></sup><a name="48"></a>. Antonio Annino y Raffaele Romanelli, ''Dossier: Notabili, Elettori, Elezioni'', <i>Quaderni Storici</i> No. 69   (1988): 677.</p>     <p><sup><a href="#b49">49</a></sup><a name="49"></a>. (Santa Rosa, 14 de mayo, 1832), BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea, 562, f. 2130. Las cursivas son   nuestras. Sobre los requisitos para ser sufragante y elector, ver: Art&iacute;culo 26 ''Constituci&oacute;n del Estado de   la Nueva Granada'', Vol: II, 897- 898.</p>     <p><sup><a href="#b50">50</a></sup><a name="50"></a>. <i>Semanario de la provincia de Cartagena</i>, No. 68, Cartagena, 14 de mayo, 1840, 3.</p>     <p><sup><a href="#b51">51</a></sup><a name="51"></a>. BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea 562, f. 432.</p>     <p><sup><a href="#b52">52</a></sup><a name="52"></a>. BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea, 562, f. 434.</p>     <p><sup><a href="#b53">53</a></sup><a name="53"></a>. Paulino Badel, Manuel Antonio P&aacute;ez, Francisco Barreto, presb&iacute;tero Antonio C&aacute;ceres, presb&iacute;tero Francisco   Palma, Jos&eacute; de los Santos Dorado, Andr&eacute;s Gamarra &Aacute;ngel Garc&iacute;a, Jos&eacute; de Jes&uacute;s P&eacute;rez, Antonino   Miranda, Pedro Antonio G&oacute;mez, Francisco Olmos, Juan de Dios Vergara, Vicencio de la Osa, Jos&eacute; Mar&iacute;a   Diago, Francisco Gonz&aacute;lez, Manuel Corena, Lu&iacute;s Otero, Gabriel Vergara, Presb&iacute;tero Manuel Estevan de   Le&oacute;n, Juan Cecilio Salgado, Presb&iacute;tero Tom&aacute;s de la Cruz G&oacute;mez, Gabriel Mercado, Pedro Pablo Hern&aacute;ndez,   Domingo Jim&eacute;nez, Jos&eacute; Mar&iacute;a Mart&iacute;nez, Jos&eacute; Mar&iacute;a Ben&iacute;tes, Rafael Barrera y Tom&aacute;s Aguado. BLAA, Fondo   Manuscritos, Miscel&aacute;nea, 562, ff. 435-438.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#b54">54</a></sup><a name="54"></a>. Ver el resultado de Elecciones para Representantes en 1832, en BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea   562, ff. 439-440.</p>     <p><sup><a href="#b55">55</a></sup><a name="55"></a>. BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea 562, f. 445. En el caso de Mahates la circunstancia es similar.   Eligieron para senadores a Jos&eacute; Mar&iacute;a del Castillo y Rada y Jos&eacute; Mar&iacute;a L&oacute;pez con pr&aacute;cticamente la   totalidad de electores. Y para suplentes, por la misma v&iacute;a a Manuel Marcelino N&uacute;&ntilde;ez, Manuel Antonio   Salgado, Bernardo Alc&aacute;zar, Manuel Romay, Jos&eacute; Mar&iacute;a L&oacute;pez y Vicente Garc&iacute;a del Real. Y para diputado   fue elegido el elector por la parroquia de Barranca Nueva, Benigno Ballestas con la casi totalidad de los   votos y como suplente el elector por la parroquia de Villanueva, Manuel Pereyra. BLAA, Fondo Manuscritos,   Miscel&aacute;nea, 562, f. 446.</p>     <p><sup><a href="#b56">56</a></sup><a name="56"></a>. Lo de fabricaci&oacute;n de elecciones es tomado de Guerra quien hace la misma observaci&oacute;n para las poblaciones   rurales mexicanas durante la &eacute;poca del Porfiriato. Fran&ccedil;ois- Xavier Guerra, M&eacute;xico. <i>Del Antiguo   R&eacute;gimen a la revoluci&oacute;n</i>, t. I (M&eacute;xico: F.C.E., 1988), 37-41 y 453.</p>     <p><sup><a href="#b57">57</a></sup><a name="57"></a>. AGN, Fondo gobernaciones, Gobernaciones varias, rollo 205, f. 393. No. 1096.</p>     <p><sup><a href="#b58">58</a></sup><a name="58"></a>. Para el caso de las elecciones urbanas, en Cartagena, es frecuente encontrarse en la prensa de la   &eacute;poca con afirmaciones como las siguientes: ''El despotismo que despliegan esos miserables agentes   subalternos, esos entes despreciables, entre los que hay no pocos conocidos por anteriores haza&ntilde;as, es   irritante y casi provocador. La amenaza de c&aacute;rcel est&aacute; de moda, y algunas realizadas en los que saben   no se vengar&aacute;n legalmente, tienen espantada a la poblaci&oacute;n y parece hoy Cartagena una ciudad entregada   al saqueo de un enemigo victorioso. Los individuos de la oposici&oacute;n no pueden ni hablar delante de   esos modernos <i>sultanes de ocho d&iacute;as</i>, que cuando pasen volver&aacute;n al fango de donde salieron, si no han   tenido la precauci&oacute;n de exijir como recompensa se les nombre de electores. En este caso ser&aacute;n hombres   de importancia por dos a&ntilde;os y despu&eacute;s &#91;...&#93; hasta 1844'', en ''Elecciones Primarias'', El Tiempo, No. 24,   Cartagena, 28 de junio, 1840, 2-3. Para un ejemplo de las elecciones rurales ver el caso de Magangu&eacute; en   las elecciones de 1840, <i>El Tiempo</i>, No. 26, Bogot&aacute;, 12 de julio, 1840.</p>     <p><sup><a href="#b59">59</a></sup><a name="59"></a>. Sobre el caso de Manuel Marcelino N&uacute;&ntilde;ez, &eacute;ste ten&iacute;a negocios con el Estado a trav&eacute;s de la importaci&oacute;n   de insumos para el ej&eacute;rcito. (Bogot&aacute;, 2 de octubre, 1832), BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea, 562,   f. 782. El 2 de noviembre de 1825 firm&oacute; un contrato con la Comandancia General del Tercer Departamento   de Marina para abastecer de v&iacute;veres los buques de guerra. BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea,   562, f. 1235.</p>     <p><sup><a href="#b61">61</a></sup><a name="61"></a>. ''Tesorer&iacute;a de rentas provinciales. Relaci&oacute;n de las tiendas y almacenes de licores extranjeros que hay   en la ciudad. 1&ordm; de diciembre de 1833'', BLAA, Fondo Manuscritos, Miscel&aacute;nea, 562, f. 2023. Fernando de   Pombo hab&iacute;a sido Concejal en 1830.</p>     <p><sup><a href="#b61">61</a></sup><a name="61"></a>. Mientras que las dem&aacute;s ten&iacute;an la siguiente poblaci&oacute;n, Distritos: Pie de la Popa, 744; Ternera, 237;   Turbaco, 2288; Turban&aacute;, 922; Rocha, 510; Santa Rosa, 752; Villanueva, 1430; Santa Catalina, 853; Arroyogrande,   423; Pasacaballos, 350; Santa Ana, 354; Bar&uacute;, 673; Bocachica, 536; Ca&ntilde;o de Loro, 170. Esclavos   casados, 112; solteros, 784. ''Censo General de Poblaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica de la Nueva Granada, 1834'',   AGN, ff. 32-41 y f. 33. Los otros cantones: Barranquilla, 11.212; Corozal, 21.414; Chin&uacute;, 17.078; Lorica,   21.148; Mahates, 14.076; Sabanalarga, 11.588; San Andr&eacute;s, 1.199; Soledad, 10.438.</p>     <p>&nbsp;</p> </font>      ]]></body>
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