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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[James Vladimir Torres Moreno, Minería y moneda en el Nuevo Reino de Granada. El desempeño económico en la segunda mitad del siglo XVIII (Bogotá: ICANH, 2013), 260 pp]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p><a href="http://dx.doi.org/10.15446/hys.n27.44657" target="_blank">http://dx.doi.org/10.15446/hys.n27.44657</a></p> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">     <p align="right"><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>RESE&Ntilde;A </b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="4">James Vladimir Torres Moreno,       <i>Miner&iacute;a y moneda en el Nuevo   Reino de Granada. El desempe&ntilde;o   econ&oacute;mico en la segunda   mitad del siglo XVIII</i> (Bogot&aacute;: ICANH, 2013), 260 pp</font></b>.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Carlos Alfonso D&iacute;az Mart&iacute;nez</b></p>     <p> Universidad Nacional de Colombia, sede Bogot&aacute;   Direcci&oacute;n de contacto: <a href="mailto:carlosdiazm12@hotmail.com">carlosdiazm12@hotmail.com</a></p> <hr size="1" />     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p>En esta oportunidad tengo el gusto de rese&ntilde;ar el primer libro de James Torres,   joven historiador de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogot&aacute;, y una de las   grandes promesas de la historia econ&oacute;mica en Colombia. Este libro es meritorio por   varios aspectos. En primer lugar, es de admirar que un historiador reci&eacute;n graduado y   de tan corta edad haya generado un producto intelectual de semejante envergadura,   y que haya suscitado en Adolfo Meisel el inter&eacute;s de rese&ntilde;ar y discutir apartados importantes   del texto, como ocurri&oacute; durante su lanzamiento. Que uno de los actuales   historiadores econ&oacute;micos m&aacute;s importantes del pa&iacute;s haya fljado su atenci&oacute;n en el libro   de un iniciado ya es un dato significativo. En segundo lugar, el texto es resultado de   cinco a&ntilde;os de investigaci&oacute;n y trabajo ininterrumpido de archivo, durante los cuales el   autor ha logrado depurar, corregir y profundizar varias de sus ideas. En tercer lugar,   las propuestas de Torres plantean nuevas explicaciones sobre el desarrollo de la miner&iacute;a   neogranadina durante el siglo XVIII, revive debates historiogr&aacute;ficos olvidados y   despierta la pol&eacute;mica necesaria para que futuras investigaciones confirmen o corrijan   sus afirmaciones, redundando en el desarrollo del conocimiento hist&oacute;rico, meta de   nuestros interrogantes intelectuales. Finalmente, constituye uno de los aportes que   durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os han contribuido al relevo generacional de la historia econ&oacute;mica en el pa&iacute;s.</p>     <p>A continuaci&oacute;n me extiendo sobre cada uno de estos puntos y soy m&aacute;s expl&iacute;cito en mis aseveraciones.</p>     <p>Este libro es la versi&oacute;n acabada de una pesquisa que inici&oacute; a&ntilde;os atr&aacute;s en las   aulas de la Universidad Nacional, de la mano de las ense&ntilde;anzas del profesor Heraclio   Bonilla y las inspiradoras lecturas de Sempat Assadourian<sup><a name="1"></a><a href="#b1">1</a></sup>. Y gracias al apoyo del   ICANH y de la DIB fue posible adelantar varios proyectos investigativos que de a poco   fueron dando respuesta a algunos interrogantes del autor, generando otros y uni&eacute;ndose   en alguna medida para hacer de este libro su versi&oacute;n &uacute;ltima. En aras de la claridad,   para Torres ha sido una inquietud constante saber cu&aacute;l fue el papel del oro en   la econom&iacute;a neogranadina, y responder por qu&eacute; la historiograf&iacute;a anterior argumenta   que fue insignificante aun sabiendo que en otros espacios coloniales los metales generaron   agregaci&oacute;n de sectores y densas redes comerciales. En este sentido, dialoga   con Sharp<sup><a name="2"></a><a href="#b2">2</a></sup> y recupera la tesis de que la evoluci&oacute;n de la miner&iacute;a aur&iacute;fera de la Nueva   Granada dependi&oacute; de determinantes estrictamente econ&oacute;micos, entre los cuales los   esclavos y su manutenci&oacute;n representan el principal costo, haciendo que los niveles   de producci&oacute;n dependan de la situaci&oacute;n de estos haberes en el mercado. En raz&oacute;n de   esto discute con Colmenares<sup><a name="3"></a><a href="#b3">3</a></sup> la tesis de que el oro sali&oacute; del Virreinato sin mayores   efectos y con la menor circulaci&oacute;n, y comparte con Meisel<sup><a name="4"></a><a href="#b4">4</a></sup> que el reproche levantado por aqu&eacute;l contra Sharp expresa m&aacute;s cierta ignorancia doctrinal de la econom&iacute;a y un acto de resistencia al avance de la NEH que una cr&iacute;tica seria e informada. Por extensi&oacute;n, Torres tampoco est&aacute; de acuerdo con Guido Barona<sup><a name="5"></a><a href="#b5">5</a></sup>, quien ampl&iacute;a la tesis de Colmenares y busca ejemplificar en ausencia de una base documental s&oacute;lida, por ejemplo, los registros de alcabalas regionales, la tesis de archipi&eacute;lagos econ&oacute;micos de Nieto Arteta<sup><a name="6"></a><a href="#b6">6</a></sup>. Esta experiencia previa a la investigaci&oacute;n de Torres, fluctuando entre el mercado y el autoconsumo, permite apreciar las novedades del modelo que plantea.</p>     <p>Sin m&aacute;s pre&aacute;mbulo, el modelo de Torres consiste en que la productividad del   sector minero es funci&oacute;n de los precios relativos de sus insumos en el mercado, que   dependen de la cantidad de moneda en circulaci&oacute;n y del ciclo comercial colonial. Es   decir, haciendo uso de la teor&iacute;a cuantitativa del dinero, realiza una comparaci&oacute;n entre   la evoluci&oacute;n de los precios durante per&iacute;odos de normalidad del comercio internacional   y de bloqueo naval, lo que lo conduce a establecer que la retenci&oacute;n de moneda   creada por el segundo escenario gener&oacute; inflaci&oacute;n en todos los momentos en que se   present&oacute;. En otras palabras, una cantidad mayor de moneda que la requerida para las   dimensiones de la econom&iacute;a neogranadina caus&oacute; una alteraci&oacute;n que es signo de la   existencia del mercado: inflaci&oacute;n. Pero Torres es m&aacute;s sutil y presenta otras pruebas   para su argumento. Por un lado, establece que la econom&iacute;a neogranadina gener&oacute;   mecanismos para trabajar con eficiencia, como fue una variedad &uacute;nica de monedas   de baja denominaci&oacute;n, sin comparaci&oacute;n en el imperio, y un sistema de premios que   valoraba unas monedas sobre otras seg&uacute;n su ley y precio, haciendo operar la ley de   Grensham. Y por otro, recuerda la constataci&oacute;n de Urrutia<sup><a name="7"></a><a href="#b7">7</a></sup>, en el sentido de que la   frontera agr&iacute;cola para la &eacute;poca era lo suficientemente abierta para no hacer depender de la evoluci&oacute;n natural de la producci&oacute;n agr&iacute;cola el comportamiento de los precios.</p>     <p>Con este conjunto de evidencias Torres responde a los anteriores te&oacute;ricos   del autoconsumo y plantea que la econom&iacute;a minera creaba en primera instancia las   condiciones monetarias para la evoluci&oacute;n general de la econom&iacute;a, y era creada en   segunda instancia por las condiciones que hab&iacute;a creado, haciendo que la producci&oacute;n   de insumos para el oro dependiera de la cantidad de metales en circulaci&oacute;n, generando   ciclos de auge y declive productivo que coinciden con per&iacute;odos de deflaci&oacute;n e   inflaci&oacute;n, respectivamente. En s&iacute;ntesis, la din&aacute;mica agregada de la econom&iacute;a depende   del comportamiento sectorial de su principal actividad, a trav&eacute;s de los c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos   que la producci&oacute;n de oro genera, y la evoluci&oacute;n de la miner&iacute;a es funci&oacute;n de la situaci&oacute;n general de la econom&iacute;a que sus redes han creado.</p>     <p>No obstante, el modelo adolece de algunos problemas que, de solucionarse,   cambiar&iacute;an las evidencias y, como corolario, las conclusiones del autor. En primer lugar,   el c&aacute;lculo del producto se ha hecho sobre la base de estudios para los cuales las   fuentes de su construcci&oacute;n son de dudosa procedencia o lo suficientemente incompletas   para generar reticencia. En segundo lugar, la serie sobre la exportaci&oacute;n de oro y   plata no es completa y se concentra en una coyuntura espec&iacute;fica, a saber, los &uacute;ltimos   a&ntilde;os de dominio, y por cierto declive, colonial. En tercer lugar, solo contamos con dos   IPC para dos ciudades diferentes creados con pocos productos, lo que hace necesario   restringir el alcance de las afirmaciones que aspiran a ser de magnitud virreinal. Una   comparaci&oacute;n entre IPC y alcabalas regionales podr&iacute;a ofrecer un medio indirecto de la   correlaci&oacute;n entre la actividad econ&oacute;mica y el nivel de precios, dada la dificultad de calcular la cantidad de moneda circulando efectivamente en una plaza determinada.</p>     <p>En conjunto, el texto representa un importante aporte para la renovaci&oacute;n general de   la historia econ&oacute;mica hecha por historiadores en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, entre los que cabe   mencionar a Carlos Valencia, Edwin Mu&ntilde;oz y Joaqu&iacute;n Pinto, quienes fueron educados   en el seno del grupo de investigaci&oacute;n liderado por el profesor Heraclio Bonilla, del   que tambi&eacute;n surgi&oacute; el mismo Torres. Finalmente, se incluye entre los estudios que   plantean que la independencia sobreviene despu&eacute;s de a&ntilde;os de crisis econ&oacute;mica y que   el desalentador comportamiento que le sucede tiene or&iacute;genes previos a los eventos   de armas. Otro debate de los muchos en que se inserta el trabajo de Torres, que por el bien de la disciplina generar&aacute; bastante pol&eacute;mica. </p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1" />     <p><b><font size="3">Notas al pie</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="1"></a><a href="#b1">1</a></sup>. Carlos Sempat Assadourian, ''La producci&oacute;n de mercanc&iacute;a dinero en la formaci&oacute;n del mercado interno   colonial'', en <i>Ensayos sobre el desarrollo econ&oacute;mico de M&eacute;xico y Am&eacute;rica Latina, 1500-1975</i>, ed. Enrique Florescano (M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1979).</p>     <p><sup><a name="2"></a><a href="#b2">2</a></sup>. William Sharp, ''La rentabilidad de la esclavitud en el Choc&oacute;, 1680-1810'', <i>ACHSC </i>n.o 8 (1976)</p>     <p><sup><a name="3"></a><a href="#b3">3</a></sup>. Germ&aacute;n Colmenares, <i>Historia econ&oacute;mica y social de Colombia II, Popay&aacute;n una sociedad esclavista: 1680-1800</i> (Bogot&aacute;: Tercer Mundo Editores, 1979).</p>     <p><sup><a name="4"></a><a href="#b4">4</a></sup>. Adolfo Meisel, <i>La cliometr&iacute;a en Colombia: una revoluci&oacute;n interrumpida, 1971-1999</i>, trabajo preparado para la reuni&oacute;n anual de LACEA (Buenos Aires, 22 al 24 de octubre de 1998).</p>     <p><sup><a name="5"></a><a href="#b5">5</a></sup>. Guido Barona Becerra, <i>La maldici&oacute;n de Midas en una regi&oacute;n del mundo colonial: Popay&aacute;n, 1730-1830</i>  (Cali: Universidad del Valle/Editorial Facultad de Humanidades/Fondo Mixto para la Promoci&oacute;n de la Cultura y las Artes del Cauca, 1995).</p>     <p><sup><a name="6"></a><a href="#b6">6</a></sup>. Luis Eduardo Nieto Arteta<i>, Econom&iacute;a y Cultura en la Historia de Colombia</i> (Bogot&aacute;: El &Aacute;ncora, 1983).</p>     <p><sup><a name="7"></a><a href="#b7">7</a></sup>. Miguel Urrutia, ''Comentarios'', <i>Ensayos sobre historia econ&oacute;mica colombiana</i> (Bogot&aacute;: Fedesarrollo, 1980). </p>     <p>&nbsp;</p> </font>      ]]></body>
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