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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Rosana Vaca, Las reglas de la caridad. Las damas de Caridad de San Vicente de Paúl. Buenos Aires (1866-1910) (Rosario: Prohistoria, 2013), 168 pp.]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">    <p><a href="http://dx.doi.org/10.15446/hys.n28.48183" target="_blank">http://dx.doi.org/10.15446/hys.n28.48183</a></p>     <p align="right"><b>RESE&Ntilde;A</b></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="4">Rosana Vaca, <i>Las reglas de la   caridad. Las damas de Caridad   de San Vicente de Pa&uacute;l. Buenos   Aires (1866-1910)</i> (Rosario: Prohistoria, 2013), 168 pp.</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Yolanda de Paz Trueba</b></p>     <p>   CONICET / IEHS-IGECHS / UNCPBA   Corro electr&oacute;nico: <a href="mailto:yolidepaz@gmail.com">yolidepaz@gmail.com</a></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La segunda mitad del siglo XIX fue testigo de una explosi&oacute;n del asociacionismo   en la ciudad de Buenos Aires (de la que no fue ajeno el resto del pa&iacute;s, aunque en otras   proporciones), en cuyo marco se destac&oacute; la expansi&oacute;n de sociedades ben&eacute;ficas de   amplio espectro. En aras de ocuparse de la salud, la educaci&oacute;n o la ni&ntilde;ez abandonada,   estas devinieron en espacios de participaci&oacute;n central para las mujeres, en un momento   en el que estas se encontraban formalmente excluidas del &aacute;mbito p&uacute;blico y de las instituciones pol&iacute;ticas.</p>     <p>Rosana Vaca analiza en Las reglas de la caridad el surgimiento y la consolidaci&oacute;n   de la Sociedad Damas de Caridad de San Vicente de Pa&uacute;l (agrupaci&oacute;n ben&eacute;fica   fundada en 1866 por el sacerdote Santiago de Vaissi&egrave;re, miembro de la Congregaci&oacute;n   francesa de la Misi&oacute;n), a trav&eacute;s de lo cual nos pone sobre la pista de la importancia   que tuvo esa intervenci&oacute;n femenina en el espacio p&uacute;blico por medio de la creaci&oacute;n y coordinaci&oacute;n de sociedades caritativas</p>     <p>Si bien hace un tiempo que la historiograf&iacute;a argentina nos ha advertido sobre   la necesidad de pensar en los roles femeninos desempe&ntilde;ados fuera de la orbita   dom&eacute;stica y en la porosidad que encerraba la supuesta divisi&oacute;n de lo p&uacute;blico y lo   privado, est&aacute; claro que el camino emprendido aun requiere de contribuciones como   la que presentamos aqu&iacute;, en tanto las singularidades que la autora se&ntilde;ala ponen de   manifiesto lo complejo del panorama que relata, as&iacute; como la necesidad de no caer en   simplificaciones a la hora de referirnos a las mujeres y su participaci&oacute;n en la esfera p&uacute;blica.</p>     <p>En primer lugar, y como sostiene Vaca, la Sociedad Damas de Caridad de San   Vicente de Pa&uacute;l fue un grupo que surgi&oacute; en la ciudad de Buenos Aires a partir de una   red asociativa previa: aquella compuesta por la &eacute;lite comunitaria francesa que hab&iacute;a   organizado la Sociedad Filantr&oacute;pica Francesa y el Hospital Franc&eacute;s, puesto bajo administraci&oacute;n y atenci&oacute;n espiritual de las Hijas de la Caridad y los Sacerdotes de la Misi&oacute;n.</p>     <p>A partir de una primera caracter&iacute;stica (la de haber sido organizada en el seno   de una congregaci&oacute;n religiosa), que la diferencia de la tradicional Sociedad de Bene   ficencia de Buenos Aires, creada a instancias del gobierno, Vaca subraya otra peculiaridad   del colectivo femenino que estudia, como es el haber integrado a sujetos   diversos y no convencionales en el &aacute;mbito ben&eacute;fico. En estrecha relaci&oacute;n con esas   redes previas a las que la Congregaci&oacute;n apel&oacute;, la autora encuentra huellas para explicar   la singular composici&oacute;n del grupo fundador, que estuvo compuesto por mujeres   inmigrantes y de los sectores trabajadores de la ciudad, que probablemente fueron asistidas junto a sus familias en el Hospital Franc&eacute;s.</p>     <p>Si bien el nombramiento de M&egrave;lanie de Angelis en 1867 como presidenta del   Consejo de la Sociedad Damas de Caridad represent&oacute; una ruptura con respecto al perfil social que caracterizaba a quienes integraron ese grupo iniciador, esto no opaca la   importancia de esta particularidad que remarca la autora, ya que nos permite acceder   a una caracter&iacute;stica poco habitual a la hora de pensar la agencia ben&eacute;fica femenina.   Como ella demuestra, en la segunda mitad del siglo XIX un grupo m&aacute;s amplio de mujeres   pudieron ser parte de estas pr&aacute;cticas, tanto desde la participaci&oacute;n activa como   desde su rol de socias suscriptoras e incluso como ''visitantes''; es decir, aquellas que,   como el modelo franc&eacute;s en el que se inspiraba la Asociaci&oacute;n indicaba, deb&iacute;an realizar   visitas domiciliarias a los pobres, lo que permit&iacute;a ejercer un tipo de ayuda directa y personalizada y conocer la situaci&oacute;n real de los socorridos.</p>     <p>Por otra parte, el car&aacute;cter religioso de esta asociaci&oacute;n pone a la autora ante   la necesidad de analizar sus actividades atendiendo a este entramado particular y a   las relaciones y negociaciones cotidianas que tuvieron lugar entre las se&ntilde;oras que   formaron parte de la instituci&oacute;n y los miembros de la congregaci&oacute;n, en particular   con los sacerdotes que se desempe&ntilde;aron como directores espirituales de la misma.   Estos se erigieron en guardianes del reglamento que indicaba los pasos a seguir en la pr&aacute;ctica caritativa (en la que la ayuda econ&oacute;mica se deb&iacute;a acompa&ntilde;ar con ''buenos consejos''), buscando sobre todo preservar el modelo franc&eacute;s, adem&aacute;s de reafirmar el perfil cristiano cat&oacute;lico de la Sociedad.</p>     <p>A trav&eacute;s del recorrido por una serie de conflictos, la autora nos permite acceder   a una dimensi&oacute;n de la agencia femenina dentro de esta asociaci&oacute;n que nos pone   frente a grupos de mujeres que percibieron las limitaciones impuestas a su gesti&oacute;n   por una reglamentaci&oacute;n y un director espiritual instituido en su custodio, as&iacute; como a   las estrategias que desarrollaron para escapar a estas restricciones. Estos conflictos,   que se reavivaban cuando se deb&iacute;an renovar a los miembros del Consejo, pusieron   al descubierto una serie de disputas en torno al control de la Sociedad a trav&eacute;s del desempe&ntilde;o de sus cargos m&aacute;s relevantes.</p>     <p>El itinerario que la autora propone a trav&eacute;s de las tensiones generadas, invita   a pensar en la complejidad de las relaciones entabladas en el interior de esta instituci&oacute;n   entre mujeres laicas y religiosos, que lejos estuvieron de ser verticales. En este   sentido, Vaca profundiza en las sucesivas estrategias que desplegaron las se&ntilde;oras   para mantener su cuota de decisi&oacute;n y evadir el control de los sacerdotes, por ejemplo   a trav&eacute;s de la realizaci&oacute;n de reuniones en la casa de alguna socia y no en la capilla   del Hospital Franc&eacute;s bajo ''vigilancia'' del director espiritual. Dichas estrategias y sus   posibilidades de realizaci&oacute;n estaban respaldadas, seg&uacute;n se&ntilde;ala, por la fuente de poder   de estas mujeres, que proven&iacute;a de la compleja red de relaciones y de sociabilidad en   la que estaban inmersas. Esta red les otorg&oacute; contactos, vinculaciones y recursos, a lo   que los directores no fueron ajenos y que los llev&oacute; muchas veces a negociar con ellas y a acceder a sus requerimientos.</p>     <p>Finalmente, la autora hace hincapi&eacute; en la importancia de entender en toda su   complejidad el capital social del que dispon&iacute;an, en un momento en el que la ausencia   de partidos pol&iacute;ticos organizados hac&iacute;a que las disputas se dirimieran a trav&eacute;s de la   formaci&oacute;n de facciones pol&iacute;ticas. Sin embargo, dice, la l&oacute;gica que guiaba a las mujeres   que participaron del fen&oacute;meno asociativo filantr&oacute;pico no era un simple reflejo de las   pol&iacute;ticas formales del mundo masculino. Las luchas facciosas, sostiene, no se reflejaron   de un modo lineal en las pr&aacute;cticas filantr&oacute;picas, m&aacute;s all&aacute; de las orientaciones   ideol&oacute;gicas de las redes parentales de las cuales estas mujeres formaron parte. Tal es   as&iacute; que, en busca de los motivos que dieron origen a la Sociedad de la Misericordia   (que surgi&oacute; como una disgregaci&oacute;n de la Sociedad Damas de Caridad), Vaca encuentra que la causa fue una diferencia puntual generada por el disenso entre algunos miembros del Consejo en torno a la compra de un terreno para la construcci&oacute;n de una Escuela Maternal. Atendiendo a las vinculaciones de las se&ntilde;oras involucradas en la disputa, la autora concluye que ellas se movieron dentro del &aacute;mbito asociativo con independencia del juego faccioso en el que se desenvolv&iacute;a la pol&iacute;tica decimon&oacute;nica. Las asociaciones filantr&oacute;picas eran, dice, un escenario mucho m&aacute;s complejo que respondieron a una l&oacute;gica propia construida desde lo gen&eacute;rico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En s&iacute;ntesis, en Las reglas de la caridad la autora nos acerca a las singularidades   de una instituci&oacute;n de beneficencia que deja al descubierto un amplio campo de agencia   femenina ejercida por mujeres pertenecientes a distintos sectores sociales. Aunque   esta breve referencia no haga justicia al complejo an&aacute;lisis que la autora realiza,   vale incitar al lector a adentrarse en el camino que esta sugiere, a trav&eacute;s del cual se   revela la centralidad y particularidad de las complejas tramas sociales que las mujeres   fueron construyendo con su participaci&oacute;n en la arena p&uacute;blica, desde las distintas asociaciones que integraron en la segunda mitad del siglo XIX.</p>     <p>&nbsp; </p> </font>     ]]></body>
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