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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA REORIENTACIÓN ESTATALISTA DEL PROCESO DE INTEGRACIÓN EUROPEA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The European integration is traditionally used as a model by Latin American States in their integration process. Nevertheless, in the last twenty years, the European model has taken a new direction in order to give States more power. The current trend is far from the original model of integration and it is possible the European Union is rethinking the approach of an ever closer union between the member States. The following text analyses this new direction, born in 1992 with the Maastricht Treaty, taken by the European Union and outlines the problem with this change in the nature of the European Union.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Unión europea]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>LA REORIENTACI&Oacute;N ESTATALISTA DEL PROCESO DE INTEGRACI&Oacute;N EUROPEA<a href="#nota*"><sup>*</sup></a></b></font></p>     <p><b>Mar&iacute;a Amparo Alcoceba Gallego</b><sup><a href="#aff**">**</a></sup></p>          <p><a name="aff**">**</a> Profesora contratada, Doctora de la Universidad Carlos III de Madrid. Direcci&oacute;n postal: Universidad Carlos III de Madrid, Facultad de Ciencias Sociales y Jur&iacute;dicas. Despacho 4.0.30. C/Madrid 126-128, 28903 GETAFE (Madrid). <a href="mailto:alcoceba@der-pu.uc3m.es">alcoceba@der-pu.uc3m.es</a></p>   <hr/>                                  <p><b>Resumen</b></p>     <p><i>  El proceso europeo de integraci&oacute;n es tradicionalmente utilizado como modelo que se debe seguir muy particularmente en Latinoam&eacute;rica. Sin embargo, este modelo adolece de ciertas deficiencias y, en especial en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, de una deriva estatalista que le alejan del tradicional modelo europeo de integraci&oacute;n y amenazan la consecuci&oacute;n de los objetivos tal como fueron establecidos inicialmente. En este sentido, la reorientaci&oacute;n estatalista del proceso de integraci&oacute;n permite preguntarse sobre la posibilidad de que la Uni&oacute;n Europea est&eacute; abandonando el modelo preexistente hasta el punto de alterar su propia naturaleza como modelo de integraci&oacute;n tendiente a la consecuci&oacute;n de una Uni&oacute;n cada vez m&aacute;s estrecha entre los pueblos de Europa. En este art&iacute;culo se estudia la deriva estatalista del proceso europeo, situando su inicio en 1992 con el Tratado de Maastricht, y se plantea la posible alteraci&oacute;n de su naturaleza. </i></p>     <p><b>Palabras clave</b>: Uni&oacute;n europea, sistema de integraci&oacute;n, naturaleza del proceso europeo de integraci&oacute;n, Tratado de Lisboa.</p> <hr/>   </p>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>The European integration is traditionally used as a model by Latin American States in their integration process. Nevertheless, in the last twenty years, the European model has taken a new direction in order to give States more power. The current trend is far from the original model of integration and it is possible the European Union is rethinking the approach of an ever closer union between the member States. The following text analyses this new direction, born in 1992 with the Maastricht Treaty, taken by the European Union and outlines the problem with this change in the nature of the European Union.</p>     <p><b>Key words</b>: European Union, integration model, nature of the European Union, Treaty of Lisbon. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Fecha de recepci&oacute;n</b>: 14 de abril de 2008 <br/><b>Fecha de aceptaci&oacute;n</b>: 21 de mayo de 2008  <hr/>       <p><font size="3"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>      <p>El proceso de integraci&oacute;n europea supera ya el medio siglo. Durante este tiempo, el espacio europeo de integraci&oacute;n se ha consolidado como espacio de paz basado en los principios de libertad, democracia, respeto de derechos y libertades fundamentales y el Estado de derecho<a href="#nota1"><sup>1</sup></a>. Igualmente ha conseguido el respeto internacional, e incluso se ha convertido en modelo de integraci&oacute;n para otras &aacute;reas geogr&aacute;ficas como Am&eacute;rica Latina, si bien el modelo latinoamericano de integraci&oacute;n obedece m&aacute;s a un sistema de cooperaci&oacute;n que de integraci&oacute;n<a href="#nota2"><sup>2</sup></a>. Y es que, a d&iacute;a de hoy, el modelo europeo es el &uacute;nico que responde a un verdadero sistema de integraci&oacute;n entre estados, el &uacute;nico que cuenta con los elementos esenciales, b&aacute;sicos, de un sistema de integraci&oacute;n real<a href="#nota3"><sup>3</sup></a>.</p>      <p>No obstante, durante este medio siglo los altibajos en el proceso de integraci&oacute;n europea han sido numerosos. La afirmaci&oacute;n de los intereses, cultura y soberan&iacute;a de cada uno de los estados miembros del proceso de integraci&oacute;n frente a la identidad y unidad europeas se encuentra en el origen de aqu&eacute;llos.</p>      <p>Efectivamente, el conflicto entre los objetivos e intereses de la integraci&oacute;n, de un lado, y la voluntad de los estados miembros, de otro, no es, a d&iacute;a de hoy, ninguna novedad. Siempre ha existido y siempre se ha intentado alcanzar el equilibrio al respecto. Sin embargo, la novedad radica actualmente en la opci&oacute;n elegida de resolver dicho conflicto en favor de una deriva estatalista del proceso de integraci&oacute;n, muy particularmente a partir del Tratado de Lisboa. En todo caso, si bien el Tratado de Lisboa podr&iacute;a constituir la primera piedra de una nueva Europa, es posible determinar su gestaci&oacute;n con ocasi&oacute;n del Tratado que, parad&oacute;jicamente, ha supuesto el momento cumbre en el proceso europeo de integraci&oacute;n: el Tratado de Maastricht.</p>      <p> En las p&aacute;ginas siguientes pretendo exponer detalladamente este planteamiento y la posibilidad de que su confirmaci&oacute;n, al alterar regresivamente elementos hasta ahora fundamentales del sistema de integraci&oacute;n europeo, est&eacute; llevando a alterar la naturaleza misma de este proceso de integraci&oacute;n. Tambi&eacute;n me referir&eacute; a algunas otras cuestiones importantes que, sin suponer una alteraci&oacute;n como la descrita, favorecen le reorientaci&oacute;n estatalista del proceso (en unos casos) y enturbian el buen funcionamiento del sistema (en otros), cuestiones que los estados miembros han sido incapaces de resolver durante todos estos a&ntilde;os.</p>      <p><font size="3"><b>1.</b> ELEMENTOS INHERENTES AL SISTEMA DE INTEGRACI&Oacute;N EUROPEO</font></p>      <p>Existe una tendencia generalizada a calificar los procesos regionales de Am&eacute;rica Latina como procesos de integraci&oacute;n. Los propios actos constitutivos de estos sistemas y/o sus propios &oacute;rganos no dudan en calificarlos como tales. Por ejemplo, el Acuerdo de Cartagena que constituye la Comunidad Andina se refiere a la constituci&oacute;n de un <i>Acuerdo de integraci&oacute;n subregional</i><a href="#nota4"><sup>4</sup></a> y parte de sus desarrollos posteriores responden, efectivamente, a un sistema de integraci&oacute;n, tal y como lo muestran la prevalencia del Derecho comunitario andino sobre el nacional y su eficacia directa<a href="#nota5"><sup>5</sup></a>. En la misma l&iacute;nea, en su reciente laudo 1/2007 el Tribunal Permanente de Revisi&oacute;n de Mercosur ha se&ntilde;alado que</p>      <p>a partir de la firma del Tratado de Asunci&oacute;n (TA), los estados Parte han creado una comunidad de intereses no s&oacute;lo econ&oacute;micos y comerciales, sino tambi&eacute;n sociales, culturales, jur&iacute;dicos y pol&iacute;ticos (&hellip;) principalmente a tenor de la letra y el esp&iacute;ritu del pre&aacute;mbulo del Tratado de Asunci&oacute;n y de su cap&iacute;tulo I, &quot;Prop&oacute;sitos, principios e instrumentos&quot;, pero, asimismo a partir de considerar el desarrollo normativo del bloque en el cual es</p>       <p>posible encontrar normas sobre salud, justicia, educaci&oacute;n, integraci&oacute;n social, derechos laborales, medio ambiente, aspectos pol&iacute;ticos, relaciones internacionales, asimetr&iacute;as, entre otros, como as&iacute; tambi&eacute;n al revisarse el contenido de los Comunicados Presidenciales semestrales, la creaci&oacute;n de determinados &oacute;rganos de car&aacute;cter no comercial, como el Parlamento del Mercosur, el Foro Consultivo-Econ&oacute;mico Social, las diferentes reuniones Ministeriales, el Foro de Consulta y Concertaci&oacute;n Pol&iacute;tica y la Comisi&oacute;n de Representantes Permanente entre otros</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>y califica a Mercosur como &quot;un bloque regional consistente en un proceso de integraci&oacute;n y no en un mero ente promotor de la liberalizaci&oacute;n comercial&quot;<a href="#nota6"><sup>6</sup></a>.</p>      <p>Sin embargo, lo cierto es que a d&iacute;a de hoy s&oacute;lo el sistema europeo puede calificarse como sistema de integraci&oacute;n en sentido puro. Quiz&aacute;s podr&iacute;a admitirse la calificaci&oacute;n de los sistemas latinoamericanos como &quot;organizaciones de integraci&oacute;n de mediana intensidad en transici&oacute;n&quot;<a href="#nota7"><sup>7</sup></a>, pero no, desde mi punto de vista, como organizaciones de integraci&oacute;n en sentido puro comparables al sistema europeo.</p>  El modelo europeo se ha articulado tradicionalmente sobre un modelo diferente del de las organizaciones internacionales cl&aacute;sicas: un modelo de integraci&oacute;n. Ese principio ha sido su axioma fundador, el punto de partida de todo su ordenamiento jur&iacute;dico. Las particularidades de este sistema se han reflejado no s&oacute;lo en una determinada construcci&oacute;n jur&iacute;dico-institucional, sino tambi&eacute;n en su realizaci&oacute;n con un determinado contenido<a href="#nota8"><sup>8</sup></a> para la consecuci&oacute;n de determinados objetivos<a href="#nota9"><sup>9</sup></a>        <p>Desde el punto de vista formal, la transferencia de competencias, el sistema institucional y la Comunidad de Derecho han constituido tradicionalmente los elementos esenciales del sistema; desde el punto de vista material, el Estado de Derecho, la democracia y los derechos fundamentales son los elementos inherentes al sistema.</p>      <p>El modelo europeo parte de la voluntad pol&iacute;tica de sus estados fundadores de transferir parte de su soberan&iacute;a a la Comunidad para conseguir objetivos e ideales compartidos<a href="#nota10"><sup>10</sup></a>. El contenido y el &aacute;mbito de estas competencias ha particularizado la condici&oacute;n de la Comunidad: &eacute;sta ha disfrutado de importantes competencias legislativas, ejecutivas y judiciales vinculadas tradicionalmente a la soberan&iacute;a de los estados<a href="#nota11"><sup>11</sup></a> que se han ejercido por sus instituciones.</p>      <p>A diferencia de un sistema de cooperaci&oacute;n t&iacute;pico del Derecho internacional, un sistema de integraci&oacute;n supone la existencia de un inter&eacute;s com&uacute;n a los estados que lo componen, m&aacute;s all&aacute; del inter&eacute;s propio de cada uno de ellos<a href="#nota12"><sup>12</sup></a>. La originalidad del derecho de la integraci&oacute;n a este respecto se encuentra en la introducci&oacute;n de un sistema que supera el tradicional de representaci&oacute;n &uacute;nica de los estados y su mecanismo de funcionamiento en las relaciones internacionales<a href="#nota13"><sup>13</sup></a>, mediante la creaci&oacute;n de un aparato institucional que aunque mantiene elementos intergubernamentales t&iacute;picos de los aparatos institucionales de las estructuras internacionales de cooperaci&oacute;n, introduce elementos de autonom&iacute;a que le distancian de la voluntad de los estados participantes en el sistema y que se impone jur&iacute;dicamente a ellos (pi&eacute;nsese en la composici&oacute;n y funcionamiento de la Comisi&oacute;n, el Parlamento Europeo y el Tribunal de Justicia, as&iacute; como en el procedimiento de adopci&oacute;n de actos por las instituciones, que no dirigen los estados miembros)<a href="#nota14"><sup>14</sup></a>. No existe mo  nopolio de los estados miembros sino un equilibrio (en ocasiones muy dif&iacute;cil, eso es cierto) de los intereses presentes<a href="#nota15"><sup>15</sup></a>.</p>      <p>La Comunidad Europea como Comunidad de Derecho con una misma norma, un mismo juez y una misma fuerza obligatoria de su Derecho para sus estados miembros<a href="#nota16"><sup>16</sup></a> tiene su origen en la consecuci&oacute;n de la uniformidad u homogeneidad del Derecho comunitario; sin uniformidad no habr&iacute;a habido Derecho comunitario<a href="#nota17"><sup>17</sup></a>. Esto exige que todos los estados miembros se hayan sometido a un mismo Derecho, el Derecho comunitario, en aquellas materias en las que han realizado una transferencia de competencias en favor de la Comunidad. As&iacute;, esta Comunidad de Derecho se fundamenta en la unicidad de su ordenamiento para todos sus destinatarios; &eacute;sta, a su vez, ha tenido su base en la igualdad de atribuci&oacute;n de competencias soberanas a la Comunidad por parte de todos los estados miembros, en la consiguiente existencia de un sistema institucional que ha ejercido dichas competencias, y en la identidad del momento en que se ha hecho efectiva para todos ellos: &iquest;qu&eacute; es una Comunidad sino el <i>estado de derecho</i> de un grupo cuyos sujetos/miembros obedecen al mismo cuerpo jur&iacute;dico, a una normativa com&uacute;n?<a href="#nota18"><sup>18</sup></a>; &iquest;qu&eacute; sentido tendr&iacute;a una Comunidad en la que unos estados miembros obedecieran su Derecho interno y otros el Derecho comunitario?; &iquest;c&oacute;mo se alcanzar&iacute;an los objetivos comunes de la Comunidad de esta manera? Los objetivos de la Comunidad no se alcanzar&iacute;an nunca si no existiera igualdad en la atribuci&oacute;n de competencias soberanas o &eacute;sta no se hiciera efectiva para todos los estados miembros ya que se quebrar&iacute;a la Comunidad de Derecho constitu&iacute;da para alcanzarlos. El Derecho comunitario se concibe como un imperativo incondicional para la totalidad de los estados miembros<a href="#nota19"><sup>19</sup></a>. La exigencia de que el De recho comunitario tenga igual fuerza obligatoria en todos los estados miembros significa que sus efectos tienen que ser uniformes en los ordenamientos jur&iacute;dicos de todos los estados miembros, que aparecen igualmente vinculados por el Derecho comunitario. Determinados rasgos <i>esenciales</i> del ordenamiento jur&iacute;dico comunitario lo garantizan: 1. primac&iacute;a sobre el Derecho nacional de todos los estados miembros; 2. aplicabilidad directa y efecto directo sobre los ordenamientos internos de todos los estados miembros; 3. responsabilidad patrimonial del Estado miembro por los da&ntilde;os causados a los particulares con causa en el incumplimiento de Derecho comunitario que le es imputable. Para asegurar la uniformidad en la aplicaci&oacute;n del Derecho comunitario en todos los estados miembros de la Comunidad y su cumplimiento se preven mecanismos jurisdiccionales (nacionales y los del TJCE). El Derecho comunitario es, as&iacute;, un &uacute;nico Derecho, uniforme en contenido, significaci&oacute;n y aplicaci&oacute;n en el territorio comunitario.</p>      <p>Las integraciones diferenciadas, que permiten a un grupo de estados miembros utilizar los procedimientos, mecanismos e instituciones de la Uni&oacute;n para dotarse de un sistema normativo aplicable s&oacute;lo a ellos, no son, en principio, incompatibles con la unicidad del Derecho comunitario. Es cierto que mediante una integraci&oacute;n diferenciada no todos los estados miembros se comprometen en id&eacute;ntico grado en la Uni&oacute;n, de modo que el objetivo que pretenden alcanzar no es ya un objetivo de la Uni&oacute;n, sino el objetivo de s&oacute;lo algunos estados miembros en su interior. Los estados miembros que lo desean trasladan sus objetivos a una estructura de la Uni&oacute;n adaptada a la no participaci&oacute;n en ella de todos los estados miembros. Se trata de un subsistema de integraci&oacute;n, una subUni&oacute;n Europea en el interior de la Uni&oacute;n Europea, capaz de multiplicarse por tantos &aacute;mbitos como aqu&eacute;llos en los que se establezca. Podemos decir que el efecto es el de convertir a la Uni&oacute;n Europea como Comunidad de Derecho en una Comunidad de Comunidades de Derecho. Si bien es cierto que mediante la pr&aacute;ctica de esta integraci&oacute;n diferenciada los estados miembros no est&aacute;n sometidos a un &uacute;nico Derecho en su interior, las Comunidades de Derecho que pudieran ver la luz a partir de la puesta en marcha de esta integraci&oacute;n diferenciada est&aacute;n subordinados al sistema de integraci&oacute;n preestablecido. Dicho de otro modo, la integraci&oacute;n diferenciada debe practicarse realizando una   profundizaci&oacute;n sobre el nivel de integraci&oacute;n alcanzado en la Uni&oacute;n, sin afectar negativamente a &eacute;ste.</p>      <p>De este modo, la introducci&oacute;n por primera vez de una integraci&oacute;n diferenciada en el espacio en la Uni&oacute;n a partir de la revisi&oacute;n de los Tratados en 1992 no alter&oacute; su naturaleza como Comunidad de integraci&oacute;n, en cuanto que todos los estados miembros segu&iacute;an sometidos a un mismo Derecho, en cuyo respeto se practicar&iacute;a una mayor integraci&oacute;n entre s&oacute;lo algunos de ellos.</p>      <p>Desde el punto de vista material, el sistema europeo de integraci&oacute;n se ha construido sobre una serie de valores procedentes del orden jur&iacute;dico internacional y de los &oacute;rdenes constitucionales de los estados miembros<a href="#nota20"><sup>20</sup></a> que son el respeto del Estado de derecho, la democracia y los derechos humanos<a href="#nota21"><sup>21</sup></a>. En definitiva, el sistema europeo no s&oacute;lo es &quot;Comunidad de Derecho en la medida en que ni sus estados miembros ni sus instituciones pueden sustraerse al control de la conformidad de sus actos con la carta constitucional fundamental que constituye el Tratado&quot;<a href="#nota22"><sup>22</sup></a>, sino que se exige su realizaci&oacute;n en el respeto de la democracia y los derechos humanos<a href="#nota23"><sup>23</sup></a>, tal y como puede desprenderse de distintos textos de Derecho comunitario originario<a href="#nota24"><sup>24</sup></a> y de otros de naturaleza diversa que han impregnado la actividad comunitaria<a href="#nota25"><sup>25</sup></a>, as&iacute; como de la propia jurisprudencia del TJCE<a href="#nota26"><sup>26</sup></a>.</p>       <p>Otra de las peculiaridades del sistema europeo de integraci&oacute;n ha sido, hasta ahora, su naturaleza din&aacute;mica y evolutiva. La letra del Derecho originario no ofrece dudas al respecto. Ya en el primer p&aacute;rrafo del Pre&aacute;mbulo del TCEE los estados miembros se mostraban decididos a utilizar la Comunidad para crear una uni&oacute;n cada vez m&aacute;s estrecha entre los pueblos europeos. La expresi&oacute;n cada vez m&aacute;s suger&iacute;a precisamente un proceso din&aacute;mico, en movimiento<a href="#nota27"><sup>27</sup></a>. Lo mismo se reiteraba en el Pre&aacute;mbulo del AUE cuando los estados miembros se mostraban animados a &quot;proseguir la obra emprendida a partir de los Tratados constitutivos&quot;. En el mismo sentido el TUE, desde 1992 hasta 2000, se ha venido autodefiniendo en su art&iacute;culo 1 como constitutivo &quot;de una nueva etapa en el proceso creador de una <i>uni&oacute;n cada vez m&aacute;s estrecha entre los pueblos de Europa&quot;</i><a href="#nota28"><sup>28</sup></a>, despu&eacute;s de afirmar en los p&aacute;rrafos primero y &uacute;ltimo del Pre&aacute;mbulo la <i>formaci&oacute;n de la integraci&oacute;n europea por etapas</i>. De forma m&aacute;s espec&iacute;fica, el car&aacute;cter evolutivo de la Comunidad tambi&eacute;n se ha venido plasmado en distintas disposiciones del TUE mediante las que se ha conferido a &eacute;sta la vocaci&oacute;n de ir absorbiendo progresivamente los otros dos pilares que conformaban la Uni&oacute;n Europea (PESC y CPJP)<a href="#nota29"><sup>29</sup></a>. La doctrina cient&iacute;fica m&aacute;s autorizada tambi&eacute;n ha reconocido esta caracter&iacute;stica esencial del proceso de integraci&oacute;n europeo<a href="#nota30"><sup>30</sup></a>.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Todos los elementos descritos constituyen el l&iacute;mite y el objetivo al que han tenido que someterse cualesquiera disposiciones del ordenamiento jur&iacute;dico comunitario, as&iacute; como todos los operadores jur&iacute;dicos. Tienen valor de totalidad, identifican el sistema de integraci&oacute;n y marcan las pautas de su desarrollo. Salvaguardarlos significa preservar la identidad y esencia del sistema existente, su naturaleza.</p>      <p><font size="3"><b>2.</b> INDICADORES DE UN POSIBLE CAMBIO EN LA NATURALEZA DEL SISTEMA DE INTEGRACI&Oacute;N</font></p>      <p>Ese car&aacute;cter evolutivo y din&aacute;mico inherente al proceso exige, para su propia supervivencia, que los elementos configuradores del nivel de integraci&oacute;n existente en un momento dado s&oacute;lo pueden ser modificados siempre que su revisi&oacute;n genere una mayor integraci&oacute;n, una profundizaci&oacute;n; s&oacute;lo cuando se realice en sentido progresivo, nunca regresivo<a href="#nota31"><sup>31</sup></a>. Lo contrario generar&iacute;a <i>una desintegraci&oacute;n,</i> no una <i>integraci&oacute;n.</i> La admisi&oacute;n de una regresi&oacute;n en la integraci&oacute;n, de una <i>marcha atr&aacute;s</i>, llevar&iacute;a a la desaparici&oacute;n de la Comunidad tal y como la conocemos actualmente<a href="#nota32"><sup>32</sup></a>. Cualquier regresi&oacute;n en el sistema de integraci&oacute;n significar&iacute;a una alteraci&oacute;n regresiva de su naturaleza incompatible con &eacute;l.</p>        <p>Dicho de otro modo, la preservaci&oacute;n de este car&aacute;cter evolutivo exige respetar el nivel de integraci&oacute;n previamente establecido y que viene determinado por los objetivos a cuya consecuci&oacute;n se ha destinado el sistema y los elementos estructuradores que ya hemos se&ntilde;alado de car&aacute;cter formal y material constitu&iacute;dos para alcanzarlos.</p>      <p>A d&iacute;a de hoy, muy especialmente a partir del Tratado de Lisboa, conviene plantearse si los elementos identificativos del sistema de integraci&oacute;n europeo siguen siendo los mencionados o, por el contrario, se han introducido una serie de cambios que por ser muy relevantes en unos casos y por acumulados y reiterados en otros llevan a plantear la posibilidad de que se est&eacute; alterando su naturaleza.</p>      <p><font size="3"><b>2.1. La desvinculaci&oacute;n de compromisos jur&iacute;dicos previamente adquiridos</b></font></p>      <p>La integraci&oacute;n diferenciada se ha convertido en la soluci&oacute;n a la par&aacute;lisis de la Uni&oacute;n. Aunque como ya he manifestado, la naturaleza de la integraci&oacute;n diferenciada es perfectamente compatible con el sistema de integraci&oacute;n, algunas pr&aacute;cticas de integraci&oacute;n diferenciada han llevado a cuestionar los fundamentos mismos del sistema de integraci&oacute;n.</p>      <p>2.1.1. La autorizaci&oacute;n <i>de derecho</i></p>      <p>No deja de resultar parad&oacute;jico que el Tratado de Maastricht, que ha supuesto, hasta ahora, el paso m&aacute;s importante en el proceso europeo de integraci&oacute;n sea, tambi&eacute;n, el que abri&oacute; la Caja de Pandora de la deriva estatalista que vivimos actualmente. No tanto por la significaci&oacute;n que &eacute;sta pudiera adoptar en su momento (m&iacute;nima) como por ser la primera, al dar a luz una integraci&oacute;n diferencia en materia de UEM que generaba cierta regresi&oacute;n en la integraci&oacute;n.</p>      <p>En el caso que nos interesa ahora, los estados miembros dando a luz por primera vez una integraci&oacute;n diferenciada, adoptaron un tratado anejo al TUE de 1992 en virtud del cual el Reino Unido de Gran Breta&ntilde;a e Irlanda del Norte no s&oacute;lo pod&iacute;a decidir libremente si se incorporaba o no a la tercera fase de Uni&oacute;n Econ&oacute;mica y Monetaria, sino que se  desvinculaba completamente del objetivo de UEM, objetivo que con car&aacute;cter general hab&iacute;a sido asumido por este Estado miembro, junto con los dem&aacute;s, con ocasi&oacute;n del Acta &Uacute;nica Europea. En consecuencia, lo que hab&iacute;a sido hasta entonces un objetivo a doce, ser&iacute;a, en adelante, un objetivo a once. El Reino Unido no s&oacute;lo se reservaba la decisi&oacute;n sobre el mejor momento para integrarse en la UEM<a href="#nota33"><sup>33</sup></a>, sino su participaci&oacute;n en ella, puesto que negaba el presupuesto b&aacute;sico de su vinculaci&oacute;n con el objetivo mismo de UEM tal y como se desprende del apartado 5 del Protocolo citado.</p>  Algo similar ocurri&oacute; con ocasi&oacute;n del Tratado de &Aacute;msterdam. Los protocolos que particularizaban la condici&oacute;n jur&iacute;dica de Reino Unido e Irlanda en relaci&oacute;n con el T&iacute;tulo IV TCE (Visados, Asilo e inmigraci&oacute;n) y el art. 7 TCE tuvieron su origen en la negativa del Reino Unido e Irlanda a mantener el nivel de integraci&oacute;n previamente existente y los compromisos adquiridos en relaci&oacute;n con la libre circulaci&oacute;n de personas en el &aacute;mbito comunitario<a href="#nota34"><sup>34</sup></a>.      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estos protocolos expresaban la reversi&oacute;n para ambos estados de los compromisos jur&iacute;dicos comunitarios previamente contra&iacute;dos por ellos. Desde un punto de vista exclusivamente jur&iacute;dico-formal, estos protocolos significaron una autorizaci&oacute;n para la pr&aacute;ctica de una reversi&oacute;n unilateral de los compromisos jur&iacute;dicos comunitarios previamente adquiridos por el Reino Unido e Irlanda; en cualquier otro caso, esta reversi&oacute;n unilateral hubiera supuesto un incumplimiento de Derecho. Sin embargo, desde un punto de vista jur&iacute;dico-material, estos protocolos supusieron una cierta regresi&oacute;n en el sistema de integraci&oacute;n, esto es, una <i>alteraci&oacute;n </i>del sistema tal y como era concebido hasta entonces, como evolutivo y din&aacute;mico.</p>      <p>La relevancia de estas situaciones est&aacute; en que, por primera vez en 1992 y despu&eacute;s en 1997, la soluci&oacute;n a las crisis planteadas por uno o varios estados miembros pasa por dar un paso atr&aacute;s en el proceso de</p>      <p>integraci&oacute;n a favor de los intereses estatales, sin que exista mecanismo capaz de garantizar que en el futuro la situaci&oacute;n se <i>corrija</i>. Es evidente que la soluci&oacute;n a situaciones de este tipo no es f&aacute;cil; es evidente que los intereses pol&iacute;ticos en presencia deben articularse jur&iacute;dicamente en la b&uacute;squeda de una soluci&oacute;n. Simplemente ha de ponerse de manifiesto que ya entonces los intereses estatales individuales empezaban a cobrar fuerza.</p>      <p>En relaci&oacute;n con el Tratado de Lisboa ha de se&ntilde;alarse que Reino Unido, Dinamarca e Irlanda cuentan con protocolos en virtud de los cuales quedan excluidos de su participaci&oacute;n en la configuraci&oacute;n de un espacio de libertad seguridad y justicia&hellip;.ello, con independencia de que con anterioridad participaran de &eacute;l (aunque s&oacute;lo fuera parcialmente, como se deduce de lo que he comentado inmediatamente antes).</p>      <p>2.1.2. La autorizaci&oacute;n <i>de facto</i></p>      <p>No obstante el caso m&aacute;s escandaloso lo constituye la negativa de Suecia a incorporarse a la tercera fase de la UEM y el incumplimiento no denunciado en el que se encuentra este Estado miembro.</p>      <p>Cuando en julio de 1998 los jefes de Estado y de Gobierno se reunieron para confirmar qu&eacute; estados miembros cumpl&iacute;an o no con las condiciones de convergencia, Suecia no cumpl&iacute;a con dos de ellas: no hab&iacute;a hecho compatible su legislaci&oacute;n interna con la del BCE y la del SEBC y no era posible evaluar la fluctuaci&oacute;n de la corona sueca, puesto que &eacute;sta no hab&iacute;a sido introducida por su gobierno en el SME. Es evidente que sin cumplir las condiciones de convergencia Suecia no pod&iacute;a pasar a la tercera fase, pero tambi&eacute;n lo es que el incumplimiento de las condiciones se&ntilde;aladas ten&iacute;a su origen en la voluntad de este Estado miembro de quedar al margen de la UEM, tal y como anunciara su primer ministro un a&ntilde;o antes, con ausencia absoluta de amparo jur&iacute;dico. Suecia alcanz&oacute; el resultado querido por ella y prohibido por el Tratado de no pasar a la Tercera fase de la UEM por voluntad propia. Es evidente que una denuncia por incumplimiento hubiera generado un <i>terremoto</i> pol&iacute;tico-econ&oacute;mico de consecuencias m&aacute;s que negativas para la futura moneda &uacute;nica, cuya credibilidad internacional se hubiera visto fuertemente afectada.</p>       <p>Aunque el caso sueco permanece dormido entre las bambalinas europeas, y nunca (a pesar de su relevancia) ha ocupado las portadas de los medio de comunicaci&oacute;n, a nadie se le puede escapar que se ha convertido en un peligroso precedente que puede hacer tambalear la seguridad jur&iacute;dica con m&aacute;s fuerza que los casos anteriormente mencionados<a href="#nota35"><sup>35</sup></a>.</p>      <p><font size="3"><b>2.2. La recuperaci&oacute;n de competencias por los estados miembros</b></font></p>      <p>El Tratado de Lisboa ha introducido en su art&iacute;culo 48 la posibilidad de que mediante una revisi&oacute;n del Tratado los estados miembros puedan desposeer a la Uni&oacute;n de las competencias transferidas y puedan recuperarlas. Concretamente, este art&iacute;culo recoge que los proyectos de revisi&oacute;n de los Tratados &quot;podr&aacute;n tener por finalidad, entre otras cosas, la de aumentar o <i>reducir</i> las competencias atribuidas a la Uni&oacute;n por los Tratados&quot;<a href="#nota36"><sup>36</sup></a>. De este modo, el nuevo Tratado abre la puerta a la <i>renacionalizaci&oacute;n </i>de competencias, con la &uacute;nica (y nada desde&ntilde;able) justificaci&oacute;n de la voluntad de los estados miembros, cuando inicialmente se concibieron como una atribuci&oacute;n definitiva.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una <i>renacionalizaci&oacute;n</i> de competencias supondr&iacute;a, sin duda, una marcha atr&aacute;s, una regresi&oacute;n en la integraci&oacute;n alcanzada hasta ese momento y, por tanto, una alteraci&oacute;n de la Uni&oacute;n tal y como era concebida hasta entonces como sistema de integraci&oacute;n.</p>      <p><font size="3"><b>2.3. El derecho de retirada</b></font></p>      <p>En esta misma l&iacute;nea cabe referirse a la opci&oacute;n que recoge el nuevo art. 50 del Tratado sobre retirada de la Uni&oacute;n para los estados miembros que lo deseen. La retirada puede producirse de dos maneras: 1. previa celebraci&oacute;n de un acuerdo internacional entre la Uni&oacute;n y el Estado miembro de que se trate; 2. pasados dos a&ntilde;os (salvo que el Consejo Europeo ampliara el plazo) desde que el Estado miembro en cuesti&oacute;n   notificara su deseo de hacerlo al Consejo. De nuevo, en mi opini&oacute;n, esta posibilidad introduce una alteraci&oacute;n fundamental en la naturaleza de la Uni&oacute;n, poco compatible con la previamente existente. Todo esto, desde el punto de vista estrictamente comunitario.</p>      <p><font size="3"><b>2.4. Los derechos fundamentales a la Carta</b></font></p>      <p>La otra novedad introducida por el Tratado de Lisboa supone una integraci&oacute;n diferenciada en materia de derechos fundamentales. A partir de la entrada en vigor del nuevo Tratado, la Carta de Derechos fundamentales ser&aacute; jur&iacute;dicamente vinculante para todos los estados miembros, si bien Reino Unido y Polonia mantendr&aacute;n al respecto una situaci&oacute;n jur&iacute;dica particular. Un Protocolo introducido por el nuevo Tratado establece que ni el TJCE ni los &oacute;rganos jurisdiccionales del Reino Unido y de Polonia pueden apreciar <i>si las disposiciones legales o reglamentarias o las disposiciones, pr&aacute;cticas o acciones administrativas de Polonia o del Reino Unido son incompatibles con los derechos, libertades y principios fundamentales que reafirma</i> la Carta. En particular, se&ntilde;ala que <i>nada de lo dispuesto en el t&iacute;tulo IV de la Carta crea derechos que se puedan defender ante los &oacute;rganos jurisdiccionales de Polonia o del Reino Unido, salvo en la medida en que Polonia o el Reino Unido hayan contemplado dichos derechos en su legislaci&oacute;n nacional.</i></p>      <p>La relevancia de esta excepci&oacute;n se encuentra en que los Derechos fundamentales forman parte del <i>n&uacute;cleo duro material esencial</i> de la Uni&oacute;n, son parte integrante de su <i>Acervo esencial</i>, del contenido imprescindible e inherente a su propia identidad (por lo menos hasta ahora), de su n&uacute;cleo duro, sin el cual la Uni&oacute;n Europea quedar&iacute;a desnaturalizada, completamente adulterada. La Uni&oacute;n se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, tal como enuncia el art. 6 del TUE (art. 2 en el nuevo Tratado). Sin embargo, a partir de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa la Uni&oacute;n Europea aparecer&aacute; fragmentada en este elemento b&aacute;sico. Adem&aacute;s, no deja de resultar parad&oacute;jico que <i>ad intra</i> la Uni&oacute;n Europea se fragmente en este &aacute;mbito al tiempo que su acci&oacute;n exterior &quot;se basar&aacute; en los principios que han inspirado su creaci&oacute;n, desarrollo y ampliaci&oacute;n&quot;, fomentando &quot;la democracia, el Estado de   Derecho, <i>la universalidad e indivisibilidad de los derechos humanos y de las libertades fundamentales</i>, el respeto de la dignidad humana, los principios de igualdad y solidaridad y el respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas y del Derecho internacional&quot;<a href="#nota37"><sup>37</sup></a></p>      <p><font size="3"><b>3.</b> OTROS INDICADORES DE REORIENTACI&Oacute;N ESTATALISTA</font></p>      <p><font size="3"><b>3.1. El veto de los parlamentos nacionales</b></font></p>      <p>La participaci&oacute;n de los parlamentos nacionales en el procedimiento de adopci&oacute;n de decisiones es muy relevante para el ciudadano europeo y para el reforzamiento de la legitimidad democr&aacute;tica de la Uni&oacute;n. En particular, el nuevo art. 8C recoge sus atribuciones principales en la nueva Uni&oacute;n: deben ser informados de los actos legislativos en marcha, participan en el control del principio de subsidiariedad, en la supervisi&oacute;n de Europol, en la evaluaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas del espacio de libertad, seguridad y justicia y, particularmente, de Eurojust, participar&aacute;n en la revisi&oacute;n de los tratados, ser&aacute;n informados de las solicitudes de adhesi&oacute;n y participar&aacute;n en la cooperaci&oacute;n parlamentaria entre parlamentos nacionales y Parlamento Europeo. Probablemente es una soluci&oacute;n que pretende paliar la insuficiente proyecci&oacute;n en la Uni&oacute;n del principio democr&aacute;tico que encarna el Parlamento Europeo.</p>      <p>Sin embargo, quiz&aacute;s convenga preguntarse sobre la conveniencia de acudir, para la construcci&oacute;n europea, a instituciones estatales ajenas a ella<a href="#nota38"><sup>38</sup></a>, en lugar de profundizar en la democratizaci&oacute;n de sus propias instituciones y realizar un esfuerzo por abrir nuevas v&iacute;as de participaci&oacute;n ciudadana. En particular, produce cierta inquietud la posibilidad recogida en el art&iacute;culo 7 del Protocolo sobre la aplicaci&oacute;n de los principios de subsidiariedad y proporcionalidad que otorga a los   parlamentos nacionales la posibilidad de vetar los proyectos de actos legislativos en la Uni&oacute;n Europea a los que se hayan opuesto previo dictamen motivado porque, a su juicio, atenten contra el principio de subsidiariedad.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con la posibilidad otorgada por este Protocolo puede ocurrir que los avances en las pol&iacute;ticas de la Uni&oacute;n Europea terminen dependiendo de la voluntad pol&iacute;tica de los acuerdos entre los partidos pol&iacute;ticos que tienen representaci&oacute;n en el arco parlamentario nacional y que, en algunos estados miembros, pueden obedecer en realidad a intereses electorales y reivindicaciones nacionalistas, muy lejos de la eficacia real de la acci&oacute;n que pretende llevarse a cabo. Tenemos as&iacute; elemento estatal capaz de frenar el avance en la construcci&oacute;n europea.</p>      <p><font size="3"><b>3.2. El nulo papel del ciudadano en la elaboraci&oacute;n del Tratado de Lisboa</b></font></p>      <p>Tradicionalmente se ha acusado a la UE de falta de legitimidad democr&aacute;tica. La Convenci&oacute;n Europea previa a la elaboraci&oacute;n del Tratado por el que se establece una Constituci&oacute;n para Europa, junto con la opci&oacute;n del refer&eacute;ndum previo a la prestaci&oacute;n del consentimiento en obligarse por el nuevo Tratado, pretend&iacute;a reforzar la idea de legitimidad democr&aacute;tica<a href="#nota39"><sup>39</sup></a>.</p>      <p>Sin embargo, el nuevo Tratado se ha alejado de esta idea al seguir estrictamente y en exclusiva el texto del art&iacute;culo 48 TUE sobre el procedimiento de revisi&oacute;n del Tratado al margen de cualquier convocatoria extraordinaria o foro abierto de discusi&oacute;n previo que permita la participaci&oacute;n activa del ciudadano europeo en la construcci&oacute;n de Europa. Los estados miembros, salvo exigencia constitucional, van a prescindir de la convocatoria de un refer&eacute;ndum. Es m&aacute;s, el mandato otorgado por   el Consejo Europeo en junio de este mismo a&ntilde;o era &quot;la base y el marco <i>exclusivos</i> de la labor de la CIG&quot;<a href="#nota40"><sup>40</sup></a>. En todo caso, y sin perjuicio de que hubiera sido deseable que los estados miembros tomaran la iniciativa para salir del callej&oacute;n sin salida del Tratado Constitucional, lo cierto es que la iniciativa se toma este mismo a&ntilde;o, en 2007. Un proceso similar al de la Convenci&oacute;n hubiera retrasado considerablemente la &quot;soluci&oacute;n&quot;, cualquiera que &eacute;sta fuera y, adem&aacute;s, el sistema de refer&eacute;ndum no garantizaba su &eacute;xito. Podemos decir que en esta ocasi&oacute;n los estados miembros han decidido ser pragm&aacute;ticos. Ahora bien, es un pragmatismo que tiene como contrapartida el alejamiento del ciudadano. En todo caso conviene se&ntilde;alar que prescindir de un refer&eacute;ndum no asegura, necesariamente, una prestaci&oacute;n del consentimiento exitosa: gobiernos d&eacute;biles e inestables, necesitados de mayor&iacute;as complementarias pueden ver c&oacute;mo sus parlamentos nacionales rechazan el Tratado propuesto.</p>      <p>Otro signo de la voluntad de mantener al ciudadano en un segundo plano lo encontramos al comparar el art. 1 del Tratado de la Uni&oacute;n Europea nacido de Lisboa con el art. 1 del Tratado Constitucional. Seg&uacute;n el nuevo Tratado, &quot;la Uni&oacute;n se fundamenta sobre el presente Tratado y en el Tratado de Funcionamiento de la Uni&oacute;n Europea&quot;; seg&uacute;n el Tratado Constitucional, la Constituci&oacute;n &quot;nace de la voluntad de los ciudadanos y de los estados de Europa&quot;.</p>      <p>El ciudadano europeo es, junto con los estados miembros, sujeto principal y destinatario de las actividades de la Uni&oacute;n Europea. Por esa raz&oacute;n, ser&iacute;a deseable que la Uni&oacute;n ofreciera una v&iacute;a amplia y efectiva para que &eacute;stos pudieran participar activamente en su construcci&oacute;n.</p>      <p><font size="3"><b>4. </b>OTRAS OBSERVACIONES CR&Iacute;TICAS SOBRE EL PROCESO DE INTEGRACI&Oacute;N EUROPEO</font></p>      <p>El proceso de integraci&oacute;n europea arrastra desde antiguo algunas otras cuestiones que muestran el poder de los estados dentro de la Uni&oacute;n    y debilitan las posibilidades de esta de contribuir exitosamente a los objetivos que se ha dado.  Este es el caso, por ejemplo, de la utilizaci&oacute;n de la unanimidad para la adopci&oacute;n de actos en el marco de la PESC, la falta de competencia del Tribunal de Justicia para actuar en este &aacute;mbito, de la subordinaci&oacute;n de pol&iacute;tica de seguridad a la OTAN, la limitada legitimaci&oacute;n activa de los particulares en el recurso de anulaci&oacute;n, la discrecionalidad de la Comisi&oacute;n en el recurso por incumplimiento&hellip;</p>     <p><font size="3">CONSIDERACIONES FINALES</font></p>      <p>Es evidente que la Uni&oacute;n Europea no atraviesa su mejor momento. Es innegable que ha conseguido salir de la llamada &quot;crisis constitucional&quot; originada con la negativa en refer&eacute;ndum de Francia y Holanda a ratificar el Tratado por el que se establece una constituci&oacute;n para Europa. Sin embargo, la soluci&oacute;n no s&oacute;lo no resuelve cuestiones relevantes que podr&iacute;an favorecer el proceso de integraci&oacute;n, sino que parece ofrecer un mayor papel a los estados miembros. De este modo, la Uni&oacute;n se aleja del ideal de una mayor integraci&oacute;n, hasta el punto de llegar a consolidar una cierta tendencia que se hab&iacute;a iniciado, d&eacute;bilmente, en el Tratado de Maastricht de 1992.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si bien es cierto que todav&iacute;a hoy el significado pr&aacute;ctico de estas regresiones es m&iacute;nimo, su consolidaci&oacute;n a largo plazo puede llevar al sistema a una estructura de cooperaci&oacute;n y no de integraci&oacute;n, desnaturaliz&aacute;ndola por completo, convirti&eacute;ndola, por tanto, en una estructura muy distinta de la actual y situando los objetivos iniciales de la construcci&oacute;n de una Europa unida muy lejos de la realidad actual.</p>  <hr/>     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     <p><a name="nota*">*</a> Este art&iacute;culo es resultado de la investigaci&oacute;n &quot;Procesos de integraci&oacute;n en Europa&quot;</p>     <p><a name="nota1">1</a> Vid. Art. 6 TUE.</p>     <p><a name="nota2">2</a> Un completo estudio comparativo entre ambos modelos puede verse en MANGAS MART&Iacute;N (1996-1997).</p>     <p><a name="nota3">3</a> Ello, aunque el Tribunal permanente de revisi&oacute;n del Mercosur calific&oacute; Mercosur como &quot;proceso de integraci&oacute;n&quot; en su laudo 1/2007. Vid. sobre esta cuesti&oacute;n JOVTIS (2007). &quot;Comentario al laudo n&uacute;m. 1/2007 del Tribunal Permanente de Revisi&oacute;n del MERCOSUR del ocho de junio de 2007 sobre exceso en la aplicaci&oacute;n de medidas compensatorias en la controversia entre Argentina y Uruguay sobre prohibici&oacute;n de importaci&oacute;n de neum&aacute;ticos remoldeados procedentes del Uruguay. Revista General de Derecho Europeo, No 15.</p>     <p><a name="nota4">4</a> El Acuerdo puede leerse en <a href="http://www.comunidadandina.org/normativa/tratprot/acuerdo.htm" target="_blank">http://www.comunidadandina.org/normativa/ tratprot/acuerdo.htm</a>.</p>     <p><a name="nota5">5</a> Cuesti&oacute;n distinta es la de su aplicaci&oacute;n cuando falta voluntad pol&iacute;tica para ello.</p>     <p><a name="nota6">6</a> Vid. p&aacute;rrafos 7.2 a 7.5 del Laudo. El texto de este Laudo puede consultarse en <a href="http://www.flacso.org/integracion/download/FalloTribunalMERCOSUR.pdf" target="_blank">http://www.flacso.org/integracion/download/FalloTribunalMERCOSUR.pdf</a></p>     <p><a name="nota7">7</a> Vid. JOVTIS (2007).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="nota8">8</a> &quot;(...) European integration is a concept wider than supranationalism for whereas the focus of the latter is on the constitutional, institutional and decision making process within the Community, the former incorporates these processes but includes also the substantive developments in the areas covered by Community activities and their social and economic impact on the system as a whole.&quot; WEILER (1981, p. 7).</p>     <p><a name="nota9">9</a> Los objetivos comunitarios, independientemente de su grado de precisi&oacute;n, han tenido una funci&oacute;n estructuradora del conjunto de la Comunidad, tanto en el &aacute;mbito estrictamente jur&iacute;dico como en el &aacute;mbito pol&iacute;tico. En virtud de ellos se ha creado toda una estructura jur&iacute;dica e institucional a su servicio (Vid. PESCATORE (1972, pp. 325-362).</p>     <p><a name="nota10">10</a> VANDERSANDEN     y ENGLES (1981). En LASOK &amp; SOLDATOS (1981, p. 523).</p>     <p><a name="nota11">11</a> RODR&Iacute;GUEZ IGLESIAS   (1993, p. 96).</p>     <p><a name="nota12">12</a> PESCATORE   (1973, p. 42), en el mismo sentido Ib&iacute;d. (1975, p. 42); SIMON (1998, p. 53).</p>     <p><a name="nota13">13</a> Vid. PESCATORE (1973, pp. 7-18).</p>     <p><a name="nota14">14</a> PESCATORE, P. (1973, p. 43). &quot;La reuni&oacute;n de los tres criterios: objetivo com&uacute;n, realidad del poder y autonom&iacute;a (...) es lo propio del derecho de la integraci&oacute;n&quot; (Ib&iacute;d. L&#39;ordre juridique des Communaut&eacute;s&hellip;, op. cit., p. 44. En este sentido vid. tambi&eacute;n MONACO (1972, p. 315).</p>     <p><a name="nota15">15</a> Cada instituci&oacute;n actua en la Comunidad sobre la base de las funciones que tiene asignadas en virtud del inter&eacute;s que protege: el TJCE garantiza el cumplimiento el Derecho; el Consejo, representa a los estados miembros; la Comisi&oacute;n ha representado el inter&eacute;s general de la Comunidad; el Parlamento representa a los pueblos de los estados miembros (Ib&iacute;d. y p. 318).</p>     <p><a name="nota16">16</a> LECOURT (1976, p. 227).</p>     <p><a name="nota17">17</a> JACOBS (1993). En P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, S&Aacute;NCHEZ RODR&Iacute;GUEZ, FERN&Aacute;NDEZ ROZAS et al. (1993, p. 969).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="nota18">18</a> LECOURT (1976, p. 221).</p>     <p><a name="nota19">19</a> PESCATORE (1981, pp. 340-345).</p>     <p><a name="nota20">20</a> Vid. sobre el paticular BLANCHARD (2001, pp. 111-149); GERKHART (1997, pp. 326362).</p>     <p><a name="nota21">21</a> Vid. BIEBER; KAHIL-WOLFF; MULLER (1992, p. 96, pp. 98-100); BIEBER (1993, n&ordm; 367, p. 348); CURTI GIALDINO (1995, n&ordm; 32, pp. 1112-1113); GERKHART (1997, p. 328).</p>     <p><a name="nota22">22</a> STJCE de 23 de abril de 1986, as. 294/83, Parti &eacute;cologiste Les Verts. vs. Parlement Europ&eacute;en, Rec. 1986, p&aacute;r. 23.</p>     <p><a name="nota23">23</a> Refiri&eacute;ndose a esta vinculaci&oacute;n vid. JACQU&Eacute;, &quot;Cours g&eacute;n&eacute;ral..., op. cit., p. 277.</p>     <p><a name="nota24">24</a> Vid., por ejemplo, el Tratado de la Uni&oacute;n Europea de 1992, el Tratado de &Aacute;msterdam, el Tratado de Niza&hellip;</p>     <p><a name="nota25">25</a> Vid., por ejemplo la Declaraci&oacute;n de Par&iacute;s de 21 de octubre de 1972; la declaraci&oacute;n sobre la identidad europea de Copenhague de 1973, la Declaraci&oacute;n de Copenhague sobre la Democracia de 1978; la Declaraci&oacute;n de Stuttgart de 1983...</p>     <p><a name="nota26">26</a> Vid., por ejemplo: STJCE de 29 de octubre de 1980, as. 138/79, SA Roqu&ecirc;tte Fr&egrave;res vs. Conseil des Communaut&eacute;s Europ&eacute;ennes. Rec. 1980, pp. 3333-3362, p&aacute;r. 33; STJCE de 22 de mayo de 1990, as. C-70/88, Parlamento Europeo vs. Consejo de las Comunidades Europeas, Rec. 1990, pp. 2041-2074, p&aacute;rs. 21-31.</p>     <p><a name="nota27">27</a> BIEBER, JACQU&Eacute;, WEILER (Dirs.)    (1985, p. 8).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="nota28">28</a> &quot;... a process of integration (...) implies that you can&#39;t take one step forward and two steps backwards at the same time. Built into the principles of an &quot;ever closer union among the peoples of Europe&quot; is the notion that integration should only be one way&quot; (CURTIN, 1993, p. 67).</p>     <p><a name="nota29">29</a> Vid. ISAAC ( 2001, pp. 78-86).</p>     <p><a name="nota30">30</a> En este mismo sentido se ha pronunciado doctrina muy autorizada. En opini&oacute;n de BOULOIS 1992, los Tratados comunitarios &quot;sont le fondement d&#39;un ordre juridique dont l&#39;&eacute;dification est n&eacute;cessairement progressive, sans qu&#39;il soit possible d&#39;en fixer le terme&quot; (p. 30). A juicio de MENGOZZI (2000), a partir de los principios enunciados en las disposiciones comunes del TUE, la Uni&oacute;n Europea se caracteriza como &quot;un fen&oacute;meno que, manteniendo y desarrollando el acervo comunitario, tiende a superar la pantalla de la soberan&iacute;a de los estados miembros&quot;. (p. 37). PETIT (1997), por su parte, considera la irreversi&oacute;n como uno de los presupuestos del Tratado (p. 26). Para SIMON (1998), &quot;(...) le syst&egrave;me communautaire comporte par sa nature m&ecirc;me une dimension de &quot;cr&eacute;ation continue&quot; qui en fait un droit pourvu de propi&eacute;t&eacute;s impulsives, d&#39;un pouvoir actif, d&#39;une pouss&eacute;e interne prope (...), investi d&#39;une fonction dynamique (...), essentiellement un droit moteur&quot; (p. 57). Se refiere este autor a LAGRANJE (1966-67), en relaci&oacute;n con la expresi&oacute;n cr&eacute;ation continue y tambi&eacute;n a LECOURT. En opini&oacute;n de LAGRANJE (1966 - 67): &quot;The implementation of the European treaties is essentially an evolutionary process, a &quot;continuous creation&quot; that will continue beyond the transitional period soon to expire&quot; (p. 709). Efectivamente parece que LAGRANJE, considera que la din&aacute;mica y evoluci&oacute;n del proceso comunitario van m&aacute;s all&aacute; de la literalidad de los per&iacute;odos transitorios y alcanzan a la propia concepci&oacute;n del sistema. Para LECOURT (1970), &quot;Le droit communautaire est en lui-m&ecirc;me, en effet, pourvu de propi&eacute;t&eacute;s impulsives, d&#39;un pouvoir actif, d&#39;une pouss&eacute;e interne prope. Il est investi d&#39;une fonction dynamique. C&#39;est essentiellement un droit moteur&quot; (p. 67). En la misma l&iacute;nea se situan BOIXAREU CARRERA y CAPI BADIA (2000): &quot;La construcci&oacute;n comunitaria se nos presentaba, pues, en t&eacute;rminos de &quot;proceso&quot;, m&aacute;s que en t&eacute;rminos de &quot;resultado&quot;. Lo verdaderamente importante era el ir avanzando en una determinada direcci&oacute;n (la de una mayor integraci&oacute;n entre los estados participantes), sin que quedara muy claro ni cual era la meta final a alcanzar, ni, por ello mismo, cu&aacute;ndo (o siquiera si) llegar&iacute;a el momento de detenerse&quot; (p. 44).</p>     <p><a name="nota31">31</a> De esta opini&oacute;n parecen VILA&Ccedil;A y PI&Ccedil;ARRA (1993), aunque limitando, incomprensiblemente en mi opini&oacute;n, la imposibilidad de regresi&oacute;n al mercado interior (p. 33). En el mismo sentido parece tambi&eacute;n CURTI GIALDINO (1995, p. 1114).</p>     <p><a name="nota32">32</a> BERNHARDT &quot;Las fuentes ..., op. cit., pp. 80-81; VILA&Ccedil;A y PI&Ccedil;ARRA (1993, p. 37).</p>     <p><a name="nota33">33</a> Como era el caso de Dinamarca.</p>     <p><a name="nota34">34</a> Los detalles de estos casos pueden verse en ALCOCEBA GALLEGO (2005).</p>     <p><a name="nota35">35</a> Los detalles de este caso pueden verse en Ib&iacute;d.</p>     <p><a name="nota36">36</a> La cursiva es m&iacute;a.</p>     <p><a name="nota37">37</a> Art. 21 del nuevo Tratado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="nota38">38</a> La contribuci&oacute;n de los parlamentos nacionales a la construcci&oacute;n europea pasa, en virtud de su naturaleza, por el control que &eacute;stos ejercen sobre la actividad gubernamental y, como poder legislativo, por la actividad legislativa que los estados miembros est&aacute;n obligados a poner en marcha de conformidad con las obligaciones de la Uni&oacute;n.</p>     <p><a name="nota39">39</a> El nuevo Tratado introduce en el art. 33 la convocatoria de una Convenci&oacute;n previa a la CIG que revisar&aacute; el Tratado en vigor. Sin embargo, dicha Convenci&oacute;n se limita en su composici&oacute;n a representantes de los parlamentos nacionales, de los jefes de Estado o de Gobierno de los estados miembros, del Parlamento Europeo y de la Comisi&oacute;n. Muy lejos queda la Convenci&oacute;n previa al Tratado Constitucional.</p>     <p><a name="nota40">40</a> Vid. Consejo Europeo de Bruselas de 21 y 22 de junio de 2007. Conclusiones de la Presidencia. La cursiva es m&iacute;a.</p> <hr/>      <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>ALCOCEBA GALLEGO, M. A. (2005). <i>Fragmentaci&oacute;n y Diversidad en la construcci&oacute;n europea</i>. Valencia: Tirant Lo Blanch.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0121-8697200800010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BIEBER, R. (1993) Les limites mat&eacute;rielles et formelles &agrave; la r&eacute;vision des Trait&eacute;s &eacute;tablissant la Communaut&eacute; <i>Europ&eacute;enne. RMCUE</i>, 367, 343-350.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0121-8697200800010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BIEBER, R., KAHIL-WOLFF, B. &amp; MULLER, L. (1992). Cours general de droit communautaire. <i>Collected Courses of the Academy of European Law</i>, vol. III.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0121-8697200800010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BIEBER, R, JACQU&Eacute;, J-P. &amp; WEILER, J.H.H.( Dirs.) (1985) <i>An ever closer union. A critical analysis of the Draft Treaty establishing the European Union</i>. Luxembourg: Office for Official Publications of the European Communities.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0121-8697200800010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BLANCHARD, D. (2001). <i>La constitutionnalisation de l&#39;Union Europ&eacute;enne</i>. Par&iacute;s: Apog&eacute;e.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0121-8697200800010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BOIXAREU CARRERA, A. y CAPI BADIA, J.M. (2000). <i>El Tratado de Amsterdam</i>. Barcelona: Bosch.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-8697200800010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BOULOIS, J. (1992). Le Droit des Communaut&eacute;s Europ&eacute;ennes. <i>RCADI</i>, pp. 13-79.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0121-8697200800010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CURTI GIALDINO, C. (1995). Some reflections on the acquis communautaire. <i>CMLR</i>, 32, 1089-1121.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-8697200800010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CURTIN, D. (1993). The constitutional structure of the Union: a Europe of bits and pieces. <i>CMLR</i>, 30, 17-69.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-8697200800010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GERKHART, G. (1997). <i>L&#39;emergence d&#39;un droit constitutionnel pour l&#39;Europe</i>. Bruxelles: ULB.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-8697200800010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ISAAC, G. (2001). &quot;Le &quot;pilier&quot; communautaire de l&#39;Union Europ&eacute;enne, un &quot;pilier&quot; pas comme le autres. <i>CDE</i>, 1-2, 45-89.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-8697200800010001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>JACOBS, F.G. (1993). Remedies in national courts for the enforcement of Community roghts. En M. P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, L.I. S&Aacute;NCHEZ RODR&Iacute;GUEZ, J.C. FERN&Aacute;NDEZ ROZAS et al. <i>Hacia un nuevo orden internacional y europeo. Estudios en homenaje al profesor Don Manuel D&iacute;ez de Velasco</i>. Madrid: Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-8697200800010001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>JOVTIS, I. (2007). Comentario al laudo n&uacute;m. 1/2007 del Tribunal Permanente de Revisi&oacute;n del MERCOSUR del ocho de junio de 2007 sobre exceso en la aplicaci&oacute;n de medidas compensatorias en la controversia entre Argentina y Uruguay sobre prohibici&oacute;n de importaci&oacute;n de neum&aacute;ticos remoldeados procedentes del Uruguay. <i>Revista General de Derecho Europeo</i>, 15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-8697200800010001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>LAGRANJE, M. (1966-67). The Court of Justice as a factor in European integration. AJCL, vol. 15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-8697200800010001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>LECOURT, R. (1976). <i>L&#39;Europe des juges</i>. Bruxelles: Bruylant.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-8697200800010001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>LECOURT, R. (1970). <i>Le juge devant le March&eacute; Com&uacute;n</i>. Gen&eacute;ve: IUHEI.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-8697200800010001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MANGAS MART&Iacute;N, A. (1996-97). Uni&oacute;n Europea y Mercosur: perspectiva jur&iacute;dico-institucional y pol&iacute;tica. <i>Anuario Argentino de Derecho Internacional</i>, Vol. VII.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-8697200800010001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MENGOZZI, P. (2000). <i>Derecho comunitario y de la Uni&oacute;n Europea</i>. Madrid: Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-8697200800010001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MONACO, R. (1972). Notes sur l&#39;int&eacute;gration juridique dans les Communaut&eacute;s Europ&eacute;ennes. En <i>Miscellanea W.J. Ganshof van der Meersch, Studia in honorem egregi professoris edita, </i>T.II. Bruxelles: &Eacute;tablissement &Eacute;mile Bruylant.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-8697200800010001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>PESCATORE, P. (1972). Les objectifs de la Communaut&eacute; Europ&eacute;enne comme principes d&#39;interpr&eacute;tation dans la jurisprudence de la Cour de Justice. <i>Miscellanea W.J. Ganshof van der Meersch. Studia in honorem egregi professoris edita,</i> T.II. Bruxelles: &Eacute;tablissement &Eacute;mile Bruylant.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-8697200800010001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>PESCATORE, P. (1973). <i>Derecho de la integraci&oacute;n: nuevo fen&oacute;meno de las relaciones internacionales.</i> Argentina: INTAL.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-8697200800010001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>PESCATORE, P. (1975). <i>L&#39;ordre juridique des Communaut&eacute;s Europ&eacute;ennes. &Eacute;tudes des sourcesdu Droit communautaire.</i> Liege: Presses Universitaires de Liege.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-8697200800010001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>PESCATORE, P. (1981). Aspectos judiciales del &quot;acervo comunitario. RIE, pp. 331-366.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-8697200800010001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>PETIT, M. (1997). Trait&eacute; d&#39;Amsterdam. Ambition et r&eacute;alisme. RMUE, 3, 17-52.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-8697200800010001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RODR&Iacute;GUEZ IGLESIAS, G.C. 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