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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL "NUEVO DERECHO" EN COLOMBIA: ¿ENTELEQUIA INNECESARIA O NOVEDAD PERTINENTE?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this essay will be sustained that Colombia is whiting the tenets of the neo-constitutionalist paradigm. For develop argumentation is used the framework drawn by Miguel Carbonell in whereby a new Constitution, some renewed case-law practices and theoretical developments, allow determine the degree of influence of the neo-constitutional in a legal system. It explain these aspects and its emphasized in the role of the judge from the Constitutionalization of law, dismissing two of the most Recurring criticism towards the "new Law" in Colombia.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>EL &quot;NUEVO DERECHO&quot; EN COLOMBIA: &iquest;ENTELEQUIA INNECESARIA O NOVEDAD PERTINENTE?<a href="#nota*"><sup>*</sup></a></b></font></p>      <p><b>Leonardo Garc&iacute;a Jaramillo</b><sup><a href="#aff**">**</a></sup></p>        <p><a name="aff**">**</a> Programa de Derecho y Centro de Investigaciones Sociojur&iacute;dicas, Universidad de Caldas. Investigador del Instituto de Estudios Constitucionales &quot;Carlos Restrepo Piedrah&iacute;ta&quot; de la Universidad Externado de Colombia. Ha publicado ensayos y traducciones en libros y revistas especializadas sobre filosof&iacute;a pol&iacute;tica, derecho constitucional y teor&iacute;a jur&iacute;dica. Editor y coautor de John B. Rawls. El hombre y su legado intelectual. <a href="mailto:leonardogj@gmail.com">leonardogj@gmail.com</a></p>     <p><i>La Constituci&oacute;n posee, m&aacute;s bien, el car&aacute;cter de un amplio modelo, es un modelo de vida para la comunidad pol&iacute;tica orientado hacia el futuro... y, por ello, siempre tiene algo de utop&iacute;a concreta.</i> (Schneider, 1991, p. 49)</p>   <hr/>                         <p><b>Resumen</b></p>     <p><i>  En este art&iacute;culo se sustentar&aacute; que Colombia se encuentra regido por los postulados del neoconstitucionalismo. Para desarrollar la argumentaci&oacute;n se utiliza el marco se&ntilde;alado por Miguel Carbonell, en virtud del cual una nueva Constituci&oacute;n, unas renovadas pr&aacute;cticas jurisprudenciales y los desarrollos te&oacute;ricos novedosos permiten determinar el grado del influjo neoconstitucional en un sistema jur&iacute;dico particular. Se explican estos aspectos y se enfatiza en el papel del juez a partir de la constitucionalizaci&oacute;n del derecho y se desestiman, a su turno, dos de las m&aacute;s recurrentes cr&iacute;ticas sobre el nuevo derecho en Colombia. </i></p>     <p><b>Palabras claves</b>: Constitucionalismo, teor&iacute;a jur&iacute;dica, jurisprudencia constitucional.</p>  <hr/>   </p>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>In this essay will be sustained that Colombia is whiting the tenets of the neo-constitutionalist paradigm. For develop argumentation is used the framework drawn by Miguel Carbonell in whereby a new Constitution, some renewed case-law practices and theoretical developments, allow determine the degree of influence of the neo-constitutional in a legal system. It explain these aspects and its emphasized in the role of the judge from the Constitutionalization of law, dismissing two of the most Recurring criticism towards the &quot;new Law&quot; in Colombia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Key words</b>: Constitutionalism, legal theory, constitutional case-law.</p>       <p><b>Fecha de recepci&oacute;n</b>: 7 de marzo <br/><b>Fecha de aceptaci&oacute;n</b>: 14 de mayo  <hr/>       <p><font size="3">INTRODUCCI&Oacute;N</font></p>      <p><i>Es veros&iacute;mil que estas observaciones hayan sido enunciadas alguna vez y quiz&aacute;s muchas veces; pero la discusi&oacute;n de su novedad me interesa menos que la de su posible verdad</i>. <b>Borges</b><a href="#nota1"><sup>1</sup></a></p>      <p>Si bien podr&iacute;a parecer en alg&uacute;n sentido una reiteraci&oacute;n inocua iniciar un estudio sobre el neoconstitucionalismo en Colombia (o como tempranamente se le ha denominado: &quot;nuevo derecho&quot;<a href="#nota2"><sup>2</sup></a> haciendo alusi&oacute;n al hecho casi incontrovertible del entusiasmo que ha despertado en el medio acad&eacute;mico, judicial (particularmente en la jurisprudencia constitucional) e incluso pol&iacute;tico en nuestro pa&iacute;s, considero que precisamente debido al hecho de que la instauraci&oacute;n del modelo neoconstitucional a&uacute;n suscita apor&iacute;as y cr&iacute;ticas desde estos mismos sectores, deben presentarse argumentos que contribuyan tanto a la clarificaci&oacute;n del grado en el cual puede decirse (si alguno) que el sistema jur&iacute;dico colombiano corresponde esencialmente a la fenomenolog&iacute;a dispuesta por el paradigma neoconstitucional como a la discusi&oacute;n en torno a la conveniencia de dicha adscripci&oacute;n. Este ensayo procura contribuir a tales fines para avanzar en la determinaci&oacute;n de los puntos de vista a partir de los cuales puede estructurarse una explicaci&oacute;n s&oacute;lida que d&eacute; cuenta del referido fen&oacute;meno.</p>      <p>Cuando se alude (apolog&eacute;tica o cr&iacute;ticamente) al nuevo derecho en Colombia debe quedar claro que se asume una perspectiva determinada respecto al mismo. En este caso, para sustentar el modelo ideol&oacute;gico que supone el nuevo derecho como marco para entender nuestro derecho actual, acoger&eacute; la sugestiva tipolog&iacute;a descrita por Miguel Carbonell respecto al fen&oacute;meno constitucionalista en general para procurar  aplicarla y desarrollarla en nuestro propio contexto sociojur&iacute;dico. As&iacute; pues, se analizar&aacute;n los tres eslabones que, a juicio de este reputado constitucionalista, integrar&iacute;an la realidad neoconstitucionalista en Colombia: la nueva Constituci&oacute;n de 1991, la nueva pr&aacute;ctica jurisprudencial de la Corte Constitucional -y su misma creaci&oacute;n- y los desarrollos te&oacute;ricos llevados a cabo por profesores de las principales facultades de derecho que han contribuido de singular forma con la evoluci&oacute;n y sofisticaci&oacute;n paulatinas de nuestro derecho. De aqu&iacute; se derivar&aacute; la premisa de que el neoconstitucionalismo en Colombia s&iacute; supone alguna novedad dentro de la concepci&oacute;n del Estado Social de Derecho, la pr&aacute;ctica ante los juzgados y tribunales y la ense&ntilde;anza del derecho en las facultades.</p>      <p><font size="3"><b>1.</b> COLOMBIA EN EL NUEVO DERECHO</font></p>      <p>Con la expresi&oacute;n &lsquo;nuevo derecho&#39; se ha referido en Colombia, fundamentalmente desde la expedici&oacute;n de la Constituci&oacute;n del 91, a una serie de transplantes iuste&oacute;ricos<a href="#nota3"><sup>3</sup></a>, adem&aacute;s de los conocidos transplantes dogm&aacute;ticos como leyes o c&oacute;digos, y a la difusi&oacute;n y consolidaci&oacute;n de una serie de argumentos de corte antiformalista e ideolog&iacute;as antitradicionales que hacen uso constante de lecturas transformadoras de la Teor&iacute;a Transnacional del Derecho<a href="#nota4"><sup>4</sup></a> como cr&iacute;tica a la cultura jur&iacute;dica preponderante, esencialmente relacionadas con la interpretaci&oacute;n y aplicaci&oacute;n del derecho, la reformulaci&oacute;n de nuestro sistema de fuentes, el papel del juez en la creaci&oacute;n de derecho, la relaci&oacute;n derecho-sociedad, el car&aacute;cter vinculante de los principios, entre otros. Esta nueva sensibilidad iuste&oacute;rica e ideol&oacute;gica se implant&oacute; y fortaleci&oacute; por la labor vanguardista y progresista de la Corte Constitucional, y por el destacado papel de algunas academias jur&iacute;dicas nacionales (o m&aacute;s precisamente digamos &quot;capitalinas&quot;, en el sentido de Rafael Guti&eacute;rrez Girardot) (1980), donde   se empez&oacute; a publicar a principios de los noventa una importante literatura, propia o por traducciones, que importaba y adecuaba nuevos abordajes iuste&oacute;ricos.</p>      <p>Se constituye respecto a Colombia y Latinoam&eacute;rica a trav&eacute;s de una renovada versi&oacute;n de diversas tendencias transnacionales que se desarrollaron en pa&iacute;ses como Francia, Alemania, Espa&ntilde;a y Estados Unidos. Sustenta L&oacute;pez Medina que podemos identificar sitios locales de producci&oacute;n de un nuevo modo trasnacional y sitios donde lo que sucede es la recepci&oacute;n con m&iacute;nima influencia &lsquo;retributiva&#39; hacia el pa&iacute;s de influencia trasnacional. Hay tambi&eacute;n casos en medio de &eacute;stos. Alemania fue el sitio hegem&oacute;nico de producci&oacute;n entre 1850 y 1900, Francia entre 1900 y alg&uacute;n momento en la d&eacute;cada del treinta, y Estados Unidos lo fue despu&eacute;s de 1950 (L&oacute;pez Medina, 2001).</p>      <p>Aunque de modo sumario bien podemos destacar las principales iusteor&iacute;as trasnacionales que han hecho aparici&oacute;n en el paisaje de nuestro &lsquo;nuevo&#39; derecho, haciendo antes una advertencia expresa: resulta inicialmente parad&oacute;jico, y hasta contradictorio, afirmar que es nuestro padre Kelsen quien tambi&eacute;n inaugura el nuevo derecho en Colombia, cuando es bien conocida la afirmaci&oacute;n de Rub&eacute;n Sierra Mej&iacute;a de que una de las tres obras que marcan la ruptura con la tradici&oacute;n neotomista, haciendo posible el inicio de la filosof&iacute;a moderna en Colombia y la subsiguiente actividad filos&oacute;fica intensa, es precisamente <i>El ambiente axiol&oacute;gico de la teor&iacute;a pura del derecho</i> de Rafael Carrillo Luque. Es decir que es precisamente por el libro que trae a Kelsen a Colombia -que data de 1947<a href="#nota5"><sup>5</sup></a>- que se inaugura en nuestro medio el cultivo serio y profesional de la filosof&iacute;a. Con esta advertencia, destacamos que Kelsen est&aacute; en la trinchera combatiendo al dogmatismo formalista de la Constituci&oacute;n del 86, mediante una renovada lectura de su teor&iacute;a<a href="#nota6"><sup>6</sup></a> y en clave del debate con el positivismo suave de Herbert L.A. Hart.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otras iusteor&iacute;as que se han receptado son el realismo jur&iacute;dico, en sus vertientes norteamericana y escandinava (respectivamente, O. Holmes, B. Cardozo, R. Pound, J. Frank, K. Llewellin, y A. Hagestrom, A. Ross, K. Olivecrona); la revitalizaci&oacute;n de la t&oacute;pica jur&iacute;dica (T. Viehweg); la hermen&eacute;utica, espec&iacute;ficamente en el sentido t&eacute;cnico de la modernidad a partir del siglo XIX (F. Schleiermacher, W. Dilthey, M. Heidegger, H. Gadamer, P. Ricoeur); la neo-ret&oacute;rica (C. Perelman); la anal&iacute;tica positivista de H.L.A. Hart, y su influyente reformulaci&oacute;n del positivismo con fundamento en el an&aacute;lisis ling&uuml;&iacute;stico y en la descripci&oacute;n sociol&oacute;gica; el resurgimiento del pensamiento pol&iacute;tico liberal en el liberalismo socialprogresista de J. Rawls; la propuesta jur&iacute;dico-democr&aacute;tica de Habermas y su teor&iacute;a discursiva; el trialismo jur&iacute;dico de N. Bobbio; la teor&iacute;a de los campos sociales de P. Bourdieu; el cambio en el paradigma interpretativo del derecho de R. Dworkin y sus cr&iacute;ticas al liberalismo pol&iacute;tico mediante su propuesta del &lsquo;liberalismo igualitario&#39;; la dogm&aacute;tica de los derechos fundamentales de R. Alexy; la teor&iacute;a feminista del derecho (R. West y C. MacKinnon); la teor&iacute;a de la argumentaci&oacute;n jur&iacute;dica (R. Alexy, S. Toulmin, C. Perelman, N. MacCormick, A. Aarnio, A. Peczenik, M. Atienza, entre otros<a href="#nota7"><sup>7</sup></a>); la escuela de los Principios Generales del Derecho (R. Dworkin, N. MacCormick, A. Peczenik y C. Wellman), y los Estudios Cr&iacute;ticos del Derecho (D. Kennedy, R. Unger y M. Tushnet).</p>      <p>El hecho de que estas teor&iacute;as hayan sido postuladas y desarrolladas en sociedades con democracias m&aacute;s evolucionadas que la nuestra, industrializadas y, por sobre todo, como su pretensi&oacute;n no fue hacerse extensibles a sociedades de una inestabilidad social como la colombiana, con econom&iacute;as capitalistas incipientes, caracterizada adem&aacute;s por altos niveles de desigualdad y subdesarrollo, en esto radica uno de los retos m&aacute;s acuciantes para los jueces en nuestro pa&iacute;s: ya que dicho influjo debe    concebirse y fortalecerse, m&aacute;s que mediante su <i>adopci&oacute;n</i>: por medio de una <i>adaptaci&oacute;n</i> creativa y cr&iacute;tica al contexto de nuestra sociedad<a href="#nota8"><sup>8</sup></a>; pues, con Dworkin, digamos que la naturaleza ontol&oacute;gica del derecho est&aacute; constituida por cuestiones morales y, por tanto, los principales problemas se refieren a los principios morales y no a los hechos jur&iacute;dicos, por lo que la compleja labor de la interpretaci&oacute;n jur&iacute;dica entra en el coraz&oacute;n de la labor del juez despu&eacute;s de la Constituci&oacute;n del 91.</p>      <p>Respecto a la genealog&iacute;a del nuevo derecho hay que precisar que, contrario a lo que pudiera pensarse, la sentencia de una alta Corte que se podr&iacute;a concebir como inspirada en el mismo es anterior a la Constituci&oacute;n del 91, y por lo tanto anterior a la Corte Constitucional. Se trata de la sentencia de la Corte Suprema de Justicia (de 9 de octubre de 1990) que declar&oacute; constitucional el Decreto mediante el cual se convoc&oacute; a elecciones para elegir una Asamblea Constitucional, cuya competencia no estar&iacute;a limitada por reglas jur&iacute;dicas, sino por un acuerdo pol&iacute;tico suscrito entre el Presidente electo y ciertos dirigentes pol&iacute;ticos.</p>      <p>En dicha sentencia, la Corte Suprema matricul&oacute; a Colombia en la ideolog&iacute;a del &quot;nuevo derecho&quot; al configurar el camino para reformar la Constituci&oacute;n, permitiendo as&iacute; la incorporaci&oacute;n de las reformas demandadas, con base en sustentos argumentativos como: &quot;<i>El Derecho no pertenece al &aacute;mbito de lo l&oacute;gico</i>, ni el jurista debe limitarse a examinarlo como un simple conjunto de normas. Su ser ontol&oacute;gico se halla en el mundo de los valores, y por lo tanto exige preguntarse sobre la utilidad o inutilidad de las normas jur&iacute;dicas para realizar determinados fines que se juzgan valiosos para la comunidad&quot;. Al decir que &quot;El derecho no pertenece al &aacute;mbito de lo l&oacute;gico&quot;, digamos al margen que la Corte parece seguir al entonces presidente de la Suprema Corte norteamericana (Chief Justice), Oliver W. Holmes (1964) al iniciar su c&eacute;lebre obra <i>The Common Law</i>:</p>      <p><i>La vida del derecho no ha sido la l&oacute;gica: ha sido la experiencia</i>. Las necesidades sentidas del tiempo, la prevalencia de las teor&iacute;as morales y pol&iacute;ticas, intuiciones de la pol&iacute;tica p&uacute;blica, admitidas o inadvertidas, incluso los prejuicios que los jueces comparten con sus compa&ntilde;eros, hab&iacute;an tenido que ver m&aacute;s que con el silogismo en la determinaci&oacute;n de las reglas por medio de las cuales los hombres deben ser gobernados. El derecho incorpora la historia del desarrollo de una naci&oacute;n a trav&eacute;s de los siglos, y no puede ser tratado como si contuviera s&oacute;lo los axiomas y los corolarios de un libro de matem&aacute;ticas (&quot;Lecture I. Early Forms of Liability&quot;).</p>      <p>Al respecto tambi&eacute;n afirm&oacute; Holmes (1996) en The Path of Law que</p>      <p><i>La falacia a la que me refiero es la noci&oacute;n seg&uacute;n la cual la l&oacute;gica es el &uacute;nico factor que opera en el derecho</i> (...) El peligro al que aludo consiste (...) en la afirmaci&oacute;n seg&uacute;n la cual un sistema jur&iacute;dico como el nuestro puede ser derivado, como las matem&aacute;ticas, de un conjunto general de axiomas de conducta. Este es el error natural de las teor&iacute;as, pero no est&aacute; confinado a ellas (p. 15 - 16)<a href="#nota9"><sup>9</sup></a>.</p>      <p><font size="3"><b>1.1 Hermen&eacute;utica textualista de reglas vs. hermen&eacute;utica de ponderaci&oacute;n de principios</b></font></p>      <p>Correlativa a la concepci&oacute;n interpretativa que se derivaba de nuestro anterior sistema constitucional (en virtud del cual la forma por excelencia de concebir y aplicar el derecho es mediante subsunci&oacute;n l&oacute;gica) es la idea de que el ordenamiento jur&iacute;dico s&oacute;lo est&aacute; integrado por reglas. Entre los primeros y m&aacute;s influyentes promotores de esta idea se cuentan John Austin (1998), Herbert L.A. Hart (1963) y Hans Kelsen. Para Kelsen, la estructura de estas reglas es &quot;condicional hipot&eacute;tica&quot;: Si A, entonces debe ser B (1994, p. 60 y ss.), es decir, si el que matare a otro incurrir&aacute; en prisi&oacute;n de 13 a 25 a&ntilde;os y Juan mat&oacute; (A), entonces Juan incurrir&aacute; en prisi&oacute;n&hellip; (B). Se contrapone a esta postura la de los principios en el derecho sostenida por Ronald Dworkin, para quien junto con las reglas, los sistemas jur&iacute;dicos est&aacute;n integrados por principios, as&iacute; como por directrices (Dworkin, 1977)<a href="#nota10"><sup>10</sup></a>.</p>      <p>Los principios constitucionales (derechos fundamentales) se aplican mediante la ponderaci&oacute;n, que es igualmente el mecanismo para resolver las colisiones que puedan presentarse entre ellos. Dworkin, en l&iacute;nea similar, se refiere al &quot;pesaje&quot; de los principios (1977, p. 26). La ley de la ponderaci&oacute;n ha sido expuesta por Alexy de la siguiente forma: <i>Cuanto mayor es el grado de la no satisfacci&oacute;n o de afectaci&oacute;n de uno de los principios, tanto mayor debe ser la importancia de la satisfacci&oacute;n del otro</i> (1993, p. 26). Este autor, igualmente, muestra que la ponderaci&oacute;n puede dividirse en tres pasos: &quot;En el primer paso, es preciso definir el grado de la no satisfacci&oacute;n o de afectaci&oacute;n de uno de los principios. Luego, en un segundo paso, se define la importancia de la satisfacci&oacute;n del principio que juega en sentido contrario. Finalmente, en un tercer paso, debe definirse si la importancia de la satisfacci&oacute;n del principio contrario justifica la afectaci&oacute;n o la no satisfacci&oacute;n del otro&quot; (Alexy, 2002 - 2004, pp. 49)<a href="#nota11"><sup>11</sup></a>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>2.</b> TRES ESLABONES QUE CONSTITUYEN EL FEN&Oacute;MENO NEOCONSTITUCIONALISTA</font></p>      <p>Siguiendo, pues, la sugestiva estructura que, en tres niveles de an&aacute;lisis, hay que considerar para determinar de qu&eacute; hablamos cuando hablamos de neoconstitucionalismo, en lo sucesivo se desarrollar&aacute;n tales niveles respecto a la situaci&oacute;n de nuestro pa&iacute;s y su realidad jur&iacute;dica actual.</p>      <p>Como antecedente general se precisa que el neoconstitucionalismo pretende explicar un conjunto de textos constitucionales que comienzan a surgir a partir de los a&ntilde;os setenta del siglo XX y los cuales se destacan, entre otros aspectos, por la inclusi&oacute;n de amplios cat&aacute;logos de derechos fundamentales y la creaci&oacute;n de instituciones, como los tribunales constitucionales, encargados de vigilar la correspondencia de las leyes con la norma superior y, fundamentalmente, de propugnar la garant&iacute;a y realizaci&oacute;n de los referidos cat&aacute;logos de derechos. El primer aspecto, pues, es la promulgaci&oacute;n de una nueva constituci&oacute;n pol&iacute;tica.</p>      <p><font size="3"><b>2.1. Nueva Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica</b></font></p>      <p>La Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica que entr&oacute; en vigencia en 1991 ha sido reconocida y valorada como pluralista, incluyente y progresista; adopt&oacute; el Estado Social de Derecho como modelo ideol&oacute;gico y f&oacute;rmula pol&iacute;tica; incluy&oacute; las minor&iacute;as raciales e ind&iacute;genas que antes eran conocidas s&oacute;lo por los antrop&oacute;logos y se contaban, si acaso, en las estad&iacute;sticas; consagr&oacute; la libertad de cultos y cre&oacute; instituciones como la Fiscal&iacute;a General de la Naci&oacute;n, el Consejo Superior de la Judicatura y la Defensor&iacute;a del Pueblo. Adicionalmente, y como uno de los principales cambios (sino el m&aacute;s), la Constituci&oacute;n cre&oacute; una jurisdicci&oacute;n independiente (la Constitucional), a cuya cabeza ubic&oacute; una nueva instituci&oacute;n a la que le corresponde guardar su integridad y supremac&iacute;a. La Corte Constitucional<a href="#nota12"><sup>12</sup></a> pertenece a la rama judicial del Poder P&uacute;blico y es la int&eacute;rprete autorizada de la Constituci&oacute;n. El m&aacute;ximo tribunal de la jurisdicci&oacute;n Constitucional es, sino la m&aacute;s, una de las instituciones m&aacute;s controvertidas de las creadas en 1991, pero cuenta sin embargo con un amplio respaldo entre la ciudadan&iacute;a e incluso entre otras instituciones. Sus funciones est&aacute;n descritas en el art&iacute;culo 241 constitucional, en virtud del cual le corresponde decidir sobre las demandas de constitucionalidad promovidas por los ciudadanos, sobre las objeciones por inconstitucionalidad formuladas por el Gobierno contra proyectos de ley y, de forma previa, acerca de los proyectos de ley estatutaria aprobados por el Congreso, y sobre la exequibilidad de los tratados internacionales y las leyes que los aprueben. Tambi&eacute;n decide sobre la constitucionalidad, tanto de los referendos sobre leyes, las consultas populares y los plebiscitos, como de la convocatoria a los referendos o asambleas constituyentes; ejerce el control constitucional sobre los decretos gubernamentales al amparo de los estados de excepci&oacute;n, y revisa con total discrecionalidad las decisiones judiciales relacionadas con la tutela.</p>       <p>Sin embargo, esta instituci&oacute;n no se ha limitado a realizar una funci&oacute;n de revisi&oacute;n de la validez constitucional de una ley, sino que ha transformado de forma revolucionara (en sentido kuhniano) esta labor en funci&oacute;n del alcance y significado de una Constituci&oacute;n democr&aacute;tica que consiste, fundamentalmente, en que las normas del texto constitucional son directamente aplicables por raz&oacute;n de herramientas operativas como la tutela, la cual permite proteger derechos innominados en las leyes e incluso apartarse de la ley cuando se&ntilde;ala una soluci&oacute;n diferente de la que se deriva de una interpretaci&oacute;n sistem&aacute;tica de la Constituci&oacute;n. Mediante el control de constitucionalidad que ejerce la Corte se garantiza la supremac&iacute;a y efectividad de la Constituci&oacute;n, pero particularmente del amplio cat&aacute;logo de derechos que consagra.</p>      <p>Otro gran logro de la Constituci&oacute;n es la creaci&oacute;n de un mecanismo aut&oacute;nomo para la protecci&oacute;n de los derechos, que ha permitido en parte fundamental la garant&iacute;a de la eficacia real de sus postulados progresistas (la acci&oacute;n de tutela), debido a que a trav&eacute;s de ella se ha extendido el alcance material de la protecci&oacute;n de los derechos al reconocer efectivamente que no s&oacute;lo son fundamentales los derechos consignados en el cap&iacute;tulo de la Constituci&oacute;n titulado &quot;De los derechos fundamentales&quot;, sino que tambi&eacute;n lo son otros derechos -como los sociales-, que merecen tambi&eacute;n una protecci&oacute;n del Estado en determinadas circunstancias<a href="#nota13"><sup>13</sup></a>. Sin duda, a partir de la acci&oacute;n de tutela los ciudadanos encontramos una forma directa de acercarnos al texto constitucional, lo cual ha redundado en que ha signado la historia de nuestro Derecho P&uacute;blico.</p>      <p>As&iacute; entonces, la hist&oacute;rica concepci&oacute;n de 1886 de una Constituci&oacute;n como un mero texto de referencia o principio de trasfondo para la elaboraci&oacute;n de las leyes de menor jerarqu&iacute;a y que s&oacute;lo consagraba un cat&aacute;logo te&oacute;rico de garant&iacute;as, trascendi&oacute; en 1991 hacia una concepci&oacute;n en la que al Tribunal Constitucional, como en Alemania, Italia y Espa&ntilde;a, le es dable crear y desarrollar el derecho, labor que ha desempe&ntilde;ado (en muchos casos discutiblemente) mediante una novedosa y creativa jurisprudencia.</p>       <p><font size="3"><b>2.2. Pr&aacute;cticas jurisprudenciales</b></font></p>      <p>La expedici&oacute;n de la Constituci&oacute;n insert&oacute; en nuestra realidad jur&iacute;dico-constitucional un amplio cat&aacute;logo de derechos, pero fue la jurisprudencia de la Corte la que permiti&oacute; que el mismo entrara en vigor. Los jueces constitucionales (es decir, todos) han comenzado en esta &uacute;ltima d&eacute;cada a realizar su funci&oacute;n con base en renovados par&aacute;metros interpretativos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Conforme al rol de la Corte en 16 a&ntilde;os de nuevo constitucionalismo, se ha abandonado el uso arcaizante que hasta 1991 ten&iacute;a la Jurisprudencia, la cual s&oacute;lo denotaba un conjunto de decisiones judiciales reiteradas tomadas con anterioridad y sin car&aacute;cter obligatorio; ahora se ha involucrado decisivamente en el estudio de problemas te&oacute;ricos generales sobre la naturaleza general y social del derecho y su relaci&oacute;n con la justicia y la moral, versando igualmente sobre el funcionamiento y la disposici&oacute;n de los conceptos jur&iacute;dicos que son utilizados en casos particulares.</p>      <p>La Corte es una instituci&oacute;n singularmente comprometida con el ideal del Estado Social de Derecho, por lo que en su jurisprudencia ha estructurado los derechos fundamentales de forma que se preserven los derechos liberales pero se extienda la protecci&oacute;n a los derechos sociales dentro de una econom&iacute;a libre pero solidaria de mercado. La Corte demanda que se instaure y fortalezca entre las instituciones de igual jerarqu&iacute;a, y los tribunales y juzgados, la posibilidad instruida por la jurisprudencia constitucional de intervenci&oacute;n judicial como mecanismo de realizaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n y del ambicioso proyecto social que encarna, m&aacute;xime en un pa&iacute;s como el nuestro en cuyo sistema jur&iacute;dico-pol&iacute;tico la protecci&oacute;n de los derechos ha dependido tradicionalmente de su consagraci&oacute;n legal, no constitucional.</p>      <p>La jurisprudencia, entonces, ha pasado a ejercer una influencia predominante en nuestra forma de entender el derecho, y en la cual subyace una ideolog&iacute;a que irradia todas las instituciones p&uacute;blicas. Y sin poder aqu&iacute; describir ni tomar partido en el debate entre las tesis optimista y esc&eacute;ptica frente a la atribuci&oacute;n de fuerza vinculante a la   jurisprudencia, es menester afirmar que si bien la jurisprudencia no cuenta como fuente primaria en nuestro sistema jur&iacute;dico por virtud del art&iacute;culo 230 constitucional, que le confiere un criterio auxiliar relegado a la ley, s&iacute; se ha constituido en fuente primaria de la conciencia jur&iacute;dica colombiana, es decir, en la principal fuente de nuestra forma de comprender y practicar el derecho en el &aacute;mbito acad&eacute;mico y profesional. La jurisprudencia en Colombia desmonopoliz&oacute; la creaci&oacute;n del derecho en cabeza de la rama legislativa.</p>      <p>Adem&aacute;s de las normas de car&aacute;cter org&aacute;nico de la Constituci&oacute;n, que establecen los par&aacute;metros b&aacute;sicos de los organismos del Estado en cuanto a su estructura, din&aacute;mica y gobierno, la jurisprudencia constitucional ha fortalecido y enaltecido el valor de las normas de car&aacute;cter dogm&aacute;tico que garantizan los derechos de los ciudadanos frente al Estado y a los poderes privados. En virtud de esta funci&oacute;n dogm&aacute;tica de la Constituci&oacute;n, la jurisprudencia ha determinado que el texto constitucional configura, ya no los derechos en la ley, sino la ley en los derechos, pues si seg&uacute;n la Constituci&oacute;n de 1886 (en la que las normas sobre derechos ten&iacute;an un valor meramente program&aacute;tico) los derechos s&oacute;lo val&iacute;an en el &aacute;mbito de la ley, hoy, por el contrario, las leyes (debido al garantismo de la jurisprudencia constitucional) s&oacute;lo valen en el &aacute;mbito de los derechos.</p>      <p>En Colombia, los derechos ya no est&aacute;n necesariamente sujetos a leyes que reglamenten su ejercicio, lo cual es producto de la labor del &oacute;rgano de cierre de la jurisdicci&oacute;n constitucional. Lo contrario, es decir, cuando la existencia de los derechos y su propio ejercicio est&aacute;n supeditados a las leyes que los creen y reglamenten, ha servido tradicionalmente como una excelente excusa para privar de contenido a todos los derechos que no le gustan al poder de turno.</p>      <p>Por tal valor esencialmente program&aacute;tico de la Constituci&oacute;n del 86, sus normas y principios s&oacute;lo pod&iacute;an contar con una realizaci&oacute;n efectiva en la medida en que se diera un desarrollo legislativo. La reconfiguraci&oacute;n dogm&aacute;tica del texto fundamental que se present&oacute; en 1991, pero primordialmente por la jurisprudencia de la Corte, que no ha permitido que los postulados progresistas y garantistas se queden en  mera letra muerta, puso de manifiesto que si bien nuestra Constituci&oacute;n es b&aacute;sicamente un cuerpo normativo org&aacute;nico (que incluso se excede en normas reglamentarias y administrativas), es mucho m&aacute;s que eso, pues mediante una interpretaci&oacute;n hol&iacute;stica de sus normas se ha establecido una funci&oacute;n pol&iacute;tica, con miras a que se adapte constantemente a una sociedad que, como la nuestra, es din&aacute;mica.</p>      <p>La jurisprudencia ha instituido como factor determinante de la labor judicial las t&eacute;cnicas interpretativas propias de los principios constitucionales, la ponderaci&oacute;n para aplicar derechos fundamentales, la proporcionalidad y la razonabilidad en la protecci&oacute;n de tales derechos, la maximizaci&oacute;n de los efectos normativos de los derechos fundamentales, la proyecci&oacute;n horizontal de los derechos fundamentales (a trav&eacute;s de la <i>Drittwirkung</i>) (Estrada, 2000) o debido a la consideraci&oacute;n en casos particulares del &quot;contenido esencial&quot; de esos derechos (<i>Wesensgehalt</i>). El desarrollo del nuevo derecho ha instituido la necesidad de que los jueces consideren en su actividad interpretativa los valores constitucionalizados, de forma tal que se reflejen en la cotidianidad a trav&eacute;s de decisiones que en apliquen en casos concretos. Sin duda, en el paradigma neoconstitucional, el juez se vuelve el factor principal en la ecuaci&oacute;n jur&iacute;dica, pues son los mecanismos jurisdiccionales los encargados de garantizar los postulados constitucionales.</p>      <p><font size="3"><b>2.2.1. <i>El nuevo rol judicial como insignia del estado constitucional</i></b></font></p>      <p><i>La clave de la pr&aacute;ctica jur&iacute;dica sigue estando en la conciencia del juez, pero &eacute;sta ya no es conciencia cognoscente, sino lib&eacute;rrima conciencia decisoria; el juez ya no es contemplado como servidor de la ley sino como se&ntilde;or absoluto del derecho</i>. <b>Juan Antonio Garc&iacute;a Amado</b></p>      <p>Si en alg&uacute;n funcionario recae la responsabilidad de concretar el nuevo derecho y dotarlo de fuerza normativa eficaz es en el juez. Pero no ya aquel tipo de juez descrito adecuadamente en su momento como integrante de la rama menos peligrosa del sistema jur&iacute;dico<a href="#nota14"><sup>14</sup></a> y, mucho   menos, como aquel que debe limitarse a ser la boca que pronuncia las palabras de la ley, como lo pens&oacute; Montesquieu, sino un funcionario que no es ya <i>el orientador de unos ritualismos procesales vac&iacute;os de contenido, ni menos el inflexible fiscalizador del cumplimiento de los rigores de la ley.</i> Si as&iacute; fuera, nada diferenciar&iacute;a al Estado constitucional de otros modelos de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica que se superaron precisamente para darle cabida a aqu&eacute;l. Lejos de ello, la jurisdicci&oacute;n, en una democracia constitucional, es el &aacute;mbito de concreci&oacute;n y protecci&oacute;n, por excelencia, de los derechos fundamentales de las personas. &quot;De all&iacute; que en los estados modernos se configuren mecanismos para que el ciudadano pueda acudir ante sus jueces en aquellos eventos en que se le desconoce su dignidad, se le confisca o, en fin, se es indolente ante sus padecimientos&quot;<a href="#nota15"><sup>15</sup></a>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Casi desde el inicio mismo del cambio constitucional en 1991 se abog&oacute; por la demanda a un tipo distinto de juez respecto del administrador de justicia que ejerc&iacute;a su cargo siguiendo los lineamientos de la Constituci&oacute;n del 86. Como afirma Carlos Gaviria:</p>      <p>Cuando se dio la Constituci&oacute;n del 91, una de las mayores virtudes que en ella advert&iacute; fue la exigencia impl&iacute;cita de un nuevo juez colombiano. Que no se nutra s&oacute;lo de incisos y par&aacute;grafos incitantes a la hermen&eacute;utica (&iquest;o no hermen&eacute;utica?) exeg&eacute;tica, sino de reflexiones que le permitan descifrar la clave de un universo axiol&oacute;gico tan apasionante y complejo como el que acoge nuestra Carta (Gaviria, 2001).</p>      <p>El juez que responde a las exigencias del Estado social de derecho y no desentona con el nivel impl&iacute;citamente impuesto por la jurisprudencia constitucional, es el que adem&aacute;s de conocer la legislaci&oacute;n y aplicarla sin prevaricar, cometer faltas disciplinarias o delitos (cohecho, concusi&oacute;n o tr&aacute;fico de influencias, por ejemplo), ha desarrollado o vinculado a su labor ciertas virtudes, tales como valent&iacute;a y discreci&oacute;n para ejercer debidamente su funci&oacute;n, y coraje para enfrentar los riesgos que acaecen; imparcialidad respecto a sus juicios e independencia frente a las partes, sus colegas, las otras ramas del poder p&uacute;blico y los medios; un juez sin prejuicios ni pactos burocr&aacute;ticos. Un juez con la capacidad tanto   de conmiseraci&oacute;n para aproximarse al problema como de ponderar adecuadamente los pros y contras en los casos en los que hay altos costos morales para una de las partes o para la sociedad; y consciente de la necesidad de capacitarse permanentemente, que rinda en lo cuantitativo sin ir en dem&eacute;rito de lo cualitativo.</p>      <p>Virtudes, bien entre otras, sin las que no se puede ser un buen juez, un juez como el que demanda la Constituci&oacute;n de 1991. Es particularmente en los casos dif&iacute;ciles, por el ejercicio de la discrecionalidad y la posibilidad de aplicar m&aacute;s de un alternativa razonable (respuesta correcta), en los que los jueces tienen, dig&aacute;moslo as&iacute;, una &quot;carga de la justificaci&oacute;n&quot;, pues se pone de relieve la justificaci&oacute;n de la elecci&oacute;n de la decisi&oacute;n mediante una argumentaci&oacute;n correcta, en la que incluso es necesario trascender la ley y atender las fuentes auxiliares, e igualmente debe llevar el derecho al di&aacute;logo con otras disciplinas. En la perspectiva haitiana, estos casos se presentan, particularmente, por la variedad de interpretaciones, que admiten las normas de &quot;textura abierta&quot;<a href="#nota16"><sup>16</sup></a>. Varias interpretaciones, pero no cualquier interpretaci&oacute;n, como dice Hart, por lo que sustenta que al ejercer la discreci&oacute;n en los casos dif&iacute;ciles, el juez no puede dictaminar el caso de cualquier forma. Este es el primer l&iacute;mite que le impone al poder creativo de los jueces. El segundo es precisamente porque en los casos dif&iacute;ciles los jueces tienen que dejar entrever una serie de virtudes, inexistentes en el proceso legislativo, y al respecto escribe en un breve p&aacute;rrafo de <i>The Concept of Law</i>: &quot;Estas virtudes son: imparcialidad y neutralidad al examinar las alternativas, consideraci&oacute;n del inter&eacute;s de todos aquellos que ser&aacute;n afectados; y una preocupaci&oacute;n por desarrollar alg&uacute;n principio general aceptable como base razonada para la decisi&oacute;n&quot; (Hart, 1994, p. 205).</p>      <p>La inerte funci&oacute;n de aplicaci&oacute;n de la norma a trav&eacute;s de una interpretaci&oacute;n literal y restringida de su alcance y sin ver mucho los contextos sociales, los prop&oacute;sitos pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos de esas normas, es trascendida por el &lsquo;juez virtuoso&#39;, o juez del nuevo derecho, que procura hacer efectivos los derechos, principios y valores plasmados en la Constituci&oacute;n, lo que se traduce en lograr en cada caso espec&iacute;fico una equidad real y unas condiciones econ&oacute;micas y sociales justas. Los principios (es decir, los derechos fundamentales, as&iacute; como los sociales, seg&uacute;n lo ha establecido la jurisprudencia del m&iacute;nimo vital) y los valores plasmados en la Constituci&oacute;n no ser&aacute;n m&aacute;s que letra muerta si los jueces (no s&oacute;lo ya los magistrados de las altas cortes) no asumen un papel comprometido en la realizaci&oacute;n del modelo ideol&oacute;gico y la f&oacute;rmula pol&iacute;tica del Estado Social de Derecho. Sin un renovado papel del juez, el concepto &quot;social&quot; que en 1991 se le agreg&oacute; al &quot;Estado de Derecho&quot; no ser&iacute;a m&aacute;s que una muletilla ret&oacute;rica sin posibilidad de dotarse de contenidos normativos concretos.</p>      <p>Pero a qu&eacute; nos referimos puntualmente cuando sostenemos que el neoconstitucionalismo colombiano demanda un tipo especial de juez, que denomino por una raz&oacute;n eminentemente ret&oacute;rica &quot;juez del nuevo derecho&quot;?<a href="#nota17"><sup>17</sup></a>. Una respuesta f&aacute;cil (pero a todas resultas in&uacute;til) consistir&iacute;a en afirmar que el nuevo derecho le demanda al juez un cambio en su rol tradicional. Por lo tanto, y as&iacute; sea de manera provisional, debo decir que con esta noci&oacute;n aludo a un tipo de juez virtuoso que ha asimilado el modelo ideol&oacute;gico y la f&oacute;rmula pol&iacute;tica del Estado Social de Derecho, cambiando de mentalidad respecto a su rol, llev&aacute;ndolo a concebir que la garant&iacute;a constitucional de acceso a la administraci&oacute;n de justicia s&oacute;lo puede consolidarse en la medida en que asuma un papel que no debe limitarse a plantear el problema t&eacute;cnico jur&iacute;dico de mayor o menor complejidad que se somete a su jurisdicci&oacute;n, sino que es tambi&eacute;n un portador de la visi&oacute;n institucional del inter&eacute;s general, que debe mantener un compromiso con su despacho, pero tambi&eacute;n con la instituci&oacute;n que representa y con la sociedad.</p>      <p>El juez del nuevo derecho es el juez que garantiza el derecho fundamental de acceso a la administraci&oacute;n de justicia, teniendo como referente los postulados de la Constituci&oacute;n de 1991 y act&uacute;a en su jurisdicci&oacute;n ideol&oacute;gica y program&aacute;tica. En este sentido, conforme a Uprimny, el juez en el Estado social de derecho, derivado de sus principios constitutivos, debe respetar tres exigencias fundamentales: (i) garantizar los derechos de las personas por medio de decisiones previsibles con base en el principio de seguridad jur&iacute;dica, que es el principal instrumento para que su actividad no sea arbitraria y no vulnere derechos ni libertades (filosof&iacute;a liberal); (ii) respetar las decisiones mayoritarias de los &oacute;rganos pol&iacute;ticos, porque debido a su carencia de legitimaci&oacute;n democr&aacute;tica no tiene una fuente de poder aut&oacute;nomo, debido a lo cual debe respetar los acuerdos sociales mayoritarios expresados en los &oacute;rganos pol&iacute;ticos de origen popular (soberan&iacute;a popular); y (iii) lograr decisiones materialmente justas, pues la actividad judicial debe contribuir al logro de una sociedad materialmente m&aacute;s justa (principio social) (Uprimny, 1997).</p>      <p>Este juez se ve enfrentado a casos sobre diversas cuestiones que, adem&aacute;s de las pruebas, los hechos y el derecho, son objeto de una importante literatura filos&oacute;fica. Por ejemplo, el que roba por estricta necesidad y el demente que comete un homicidio, pero que sin embargo resultan plenos responsables de sus actos; la madre que decide suspender el embarazo porque resulta perjudicial para su salud. En su ensayo &iquest;<i>Pueden o deben nuestros jueces ser fil&oacute;sofos?</i> Dworkin (2007) formula las siguientes preguntas como algunas de las m&aacute;s significativas que muchas veces tienen que resolverse en la decisi&oacute;n de un juez:</p>      <p>&iquest;Es el feto una persona con derechos e intereses propios?, &iquest;hay una distinci&oacute;n moralmente relevante entre el acto negativo de conservar los soportes artificiales de la vida y el acto positivo de administrar p&iacute;ldoras letales?, &iquest;violan principios fundamentales los gobiernos decentes al negar el derecho a morir a ciudadanos agonizantes cu&aacute;ndo y c&oacute;mo ellos desean?, &iquest;que los ciudadanos tengan derecho de independencia moral en las decisiones personales, significa que la manera como deben morir es asunto de ellos?, en la controversia del suicidio asistido, &iquest;cu&aacute;l es el papel de la distinci&oacute;n frecuentemente citada entre matar y dejar morir?<a href="#nota18"><sup>18</sup></a></p>       <p>Para Dworkin, en el derecho constitucional es en el que con mayor relevancia se presentan las discusiones filos&oacute;ficas, particularmente dram&aacute;ticas en nuestro contexto por las pol&eacute;micas decisiones de la Corte Constitucional sobre la eutanasia, el consumo de la dosis personal de droga, el m&iacute;nimo vital, el suicidio asistido; as&iacute; como, por ejemplo, el derecho al libre desarrollo de la personalidad y el derecho a la igualdad.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Respecto a la recurrente demanda de que los jueces se vuelvan cada vez m&aacute;s &quot;fil&oacute;sofos del derecho&quot; en su actividad, deber&iacute;a advertirse, en primer lugar, que estimo que la expresi&oacute;n &quot;fil&oacute;sofo del derecho&quot; o &quot;filosof&iacute;a del derecho&quot; se utiliza recurrentemente, en particular respecto a los jueces, como una forma ubicua o sesgada de hablar de un juez estudioso, responsable y con unas virtudes que tienen que ver m&aacute;s con sus propios h&aacute;bitos intelectuales. No obstante el resurgimiento revitalizado de los temas y problemas de la filosof&iacute;a del derecho en las decisiones de los jueces, la importancia de su papel en el &lsquo;nuevo derecho&#39; no radica tanto en su formaci&oacute;n te&oacute;rica o iusfilos&oacute;fica, como muchas veces se sostiene: no es tanto que tengan que ser fil&oacute;sofos del derecho en sentido estricto, ni formarse en una rama especializada de la filosof&iacute;a del derecho; no es tanto porque uno piense que tengan que estudiar el g&eacute;nero propiamente dicho, ni adentrarse o tomar posici&oacute;n, por ejemplo, en el debate entre Hart y Dworkin sobre la discrecionalidad judicial en los casos dif&iacute;ciles, o la discusi&oacute;n de este &uacute;ltimo contra el realismo jur&iacute;dico sobre la creaci&oacute;n judicial de derecho. Como sugestivamente se pregunta Dworkin: &quot;&iquest;Realmente quisi&eacute;ramos encontrar a nuestros jueces divididos en partidos filos&oacute;ficos, con Kant, por ejemplo, dominando el Segundo Circuito, y Hobbes el S&eacute;ptimo? &iquest;No ser&iacute;a acaso una pesadilla si las decisiones judiciales dependieran de qu&eacute; fil&oacute;sofo atrap&oacute; la imaginaci&oacute;n del respectivo juez?&quot;</p>      <p>Se demanda socialmente este, digamos, perfil, pero porque bien sabemos que quienes estudian concienzudamente<a href="#nota19"><sup>19</sup></a> filosof&iacute;a del derecho   y asimilan sus ense&ntilde;anzas poseen, entre otras, una especie peculiar de densidad intelectual, capacidad de estudio, detenimiento en el an&aacute;lisis conceptual, elaborado sentido cr&iacute;tico, as&iacute; como un importante desarrollo de provisionales s&iacute;ntesis interpretativas. En &uacute;ltimas, es un juez concebido, no como un constructor de grandes modelos te&oacute;ricos cuya cultura jur&iacute;dica (te&oacute;rica o iusfilos&oacute;fica) va m&aacute;s all&aacute;, o est&aacute; por encima, de otras virtudes no-cognitivas, defendidas, entre otros, por Atienza y Neil MacCormick, que s&iacute; vendr&iacute;an a estar en la c&uacute;spide de la &quot;pir&aacute;mide kelseniana de la actividad jurisdiccional&quot;.</p>      <p>Lo anterior nos permite afirmar que no es entonces un juez &lsquo;fil&oacute;sofo del derecho&#39;, sino un juez, digamos, &lsquo;virtuoso en el derecho&#39;: quien no s&oacute;lo tiene una boca que pronuncia las meras palabras de la ley (parodiando aquella bien conocida funci&oacute;n que le atribuyera Montesquieu), sino que crea derecho en la medida en que interpreta las leyes prestando atenci&oacute;n cuidadosa al esp&iacute;ritu de la tradici&oacute;n jur&iacute;dica y cultural. Cumple su tarea atendiendo la validez de las normas, pero con miras a su legitimidad y a la eficacia social de sus decisiones, para que as&iacute; puedan ser socialmente deseables y aceptadas, no s&oacute;lo como v&aacute;lidas a la luz de un ordenamiento jur&iacute;dico-positivo, sino tambi&eacute;n como leg&iacute;timas seg&uacute;n los principios constitucionales que sirven de marco normativo a la democracia, tendiendo as&iacute; a garantizar que los principios consensualmente concertados en la Constituci&oacute;n filtren todo el ordenamiento para que en las decisiones judiciales coincida tanto la perspectiva de validez jur&iacute;dica intrasist&eacute;mica como la perspectiva de legitimidad pol&iacute;tica extrasist&eacute;mica<a href="#nota20"><sup>20</sup></a>.</p>      <p>De otra parte, y aunque parezca parad&oacute;jico respecto a lo defendido inmediatamente atr&aacute;s, la cr&iacute;tica al solipsismo y la excesiva elucubraci&oacute;n de la filosof&iacute;a del derecho, as&iacute; como a las disquisiciones absurdamente hiper-complejas que -no siempre con el rigor necesario- aparec&iacute;an en los escenarios jur&iacute;dicos, se ha visto paulatinamente desvirtuada por cuanto, como ampliamente se reconoce, el juez del nuevo derecho ha  revitalizado los temas y problemas de la filosof&iacute;a del derecho en sus decisiones y, a partir de all&iacute;, en nuestra propia concepci&oacute;n de todo el fen&oacute;meno de lo jur&iacute;dico.</p>      <p>Se le a&ntilde;adi&oacute; as&iacute; una verdadera dimensi&oacute;n pr&aacute;ctica que es cardinal, porque cuando uno practica el derecho tiene una filosof&iacute;a del derecho, y es mejor tenerla expl&iacute;citamente porque, como advierte Northrop (1959), &quot;Con seguridad, hay abogados, jueces y aun profesores de derecho que nos dicen que ellos no tienen una espec&iacute;fica filosof&iacute;a del derecho. En derecho, como en otras cosas, nosotros encontramos que la &uacute;nica diferencia entre una persona &lsquo;sin filosof&iacute;a&#39; y alguien con ella es que la &uacute;ltima sabe cu&aacute;l es su filosof&iacute;a&quot; (p. 6). En similar sentido, para el jurista colombiano Diego L&oacute;pez Medina (2004), &quot;El que niega la existencia de teor&iacute;a del derecho en una cultura jur&iacute;dica, tan s&oacute;lo afirma que &eacute;l, en realidad, no es consciente de la misma&quot; (p. 51)<a href="#nota21"><sup>21</sup></a>.</p>      <p>Dicha dimensi&oacute;n pr&aacute;ctica que gracias a la Constituci&oacute;n y, particularmente por el papel del juez del nuevo derecho, tiene la filosof&iacute;a del derecho estimo que reviste especial importancia, entre otras cuestiones, por el influjo te&oacute;rico y dogm&aacute;tico de las teor&iacute;as iusfilos&oacute;ficas trasnacionales que han dotado al juez de herramientas efectivas para proteger derechos y para que garantice el acceso efectivo e igualitario a la administraci&oacute;n de justicia mediante una argumentaci&oacute;n razonable en los casos dif&iacute;ciles en las que ya no tiene la excusa de que ese caso se tipifica en tal norma espec&iacute;fica, que ese caso se resuelve, sin mayor inconveniente, con base en lo estipulado por el art&iacute;culo tal de tal c&oacute;digo.</p>      <p><font size="3"><b>2.3. Desarrollos te&oacute;ricos</b></font></p>      <p>Un tercer eslab&oacute;n dentro del conjunto de fen&oacute;menos que abarca el neoconstitucionalismo consiste en desarrollos te&oacute;ricos novedosos, los  cuales parten de los textos constitucionales fuertemente sustantivos y de la pr&aacute;ctica jurisprudencial reci&eacute;n progresista y garantista, pero tambi&eacute;n suponen aportaciones te&oacute;ricas que contribuyen en ocasiones no solamente a explicar un fen&oacute;meno jur&iacute;dico, sino incluso a crearlo (Garc&iacute;a Figueroa, 2006, p. 159 y ss.). Ferrajoli (2006, p. 33 y ss.) se&ntilde;ala que la ciencia jur&iacute;dica no tiene una funci&oacute;n meramente contemplativa de su objeto de estudio, sino que contribuye de forma decisiva a crearlo y, en este sentido, se constituye como una especie de metagarant&iacute;a del ordenamiento jur&iacute;dico en su conjunto.</p>      <p>El profesor Carbonell se&ntilde;ala precisamente como un ejemplo del neoconstitucionalismo iberoamericano la influencia de la teor&iacute;a de los principios y de la t&eacute;cnica de la ponderaci&oacute;n de Alexy en las sentencias de nuestra Corte Constitucional (&quot;que, por cierto, ha desarrollado la mejor jurisprudencia en materia de derechos fundamentales de toda Am&eacute;rica Latina&quot;).</p>      <p>Obras como las publicadas por las editoriales Legis y Temis, as&iacute; como por la Biblioteca de Ciencias Sociales y Humanidades de Siglo del Hombre editores, y las series dirigidas por Luis Villar Borda en la Universidad Externado y Daniel Bonilla en la Universidad de los Andes, han hecho que la comunidad jur&iacute;dica de habla hispana se enfoque de manera muy importante en las inquietudes intelectuales que actualmente se desarrollan en nuestro pa&iacute;s.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si bien los temas son diversos, los principales t&iacute;tulos que en materia de literatura jur&iacute;dica se publican en Colombia pueden ubicarse n&iacute;tidamente dentro del espectro iusfilos&oacute;fico y constitucional. Sin pretender ser exhaustivos, podr&iacute;amos se&ntilde;alar como los principales aportes te&oacute;ricos al debate acad&eacute;mico -con la permanente pretensi&oacute;n de ejercer impacto duradero sobre la realidad jur&iacute;dica nacional- los problemas relacionados con la fundamentaci&oacute;n dogm&aacute;tica de los derechos sociales y la defensa de su justiciabilidad judicial, la jurisdicci&oacute;n social de la acci&oacute;n de tutela, el renovado papel del juez en la realizaci&oacute;n del ambicioso proyecto social que encarnan los postulados constitucionales, el controvertido ejercicio de la discrecionalidad judicial en los casos dif&iacute;ciles, los paradigmas jur&iacute;dicos de Ralws, Habermas y Luhmann, la teor&iacute;a de los derechos fundamentales de Alexy y sus contribuciones al   problema de la fundamentaci&oacute;n de las decisiones jur&iacute;dicas, as&iacute; como an&aacute;lisis te&oacute;ricos de la jurisprudencia de temas pol&eacute;micos como el multiculturalismo, los derechos de las minor&iacute;as (particularmente, el respeto de la jurisdicci&oacute;n ind&iacute;gena y la salvaguardia de su autonom&iacute;a) y las cuestiones relacionadas con la realizaci&oacute;n integral de los derechos sociales, la protecci&oacute;n de los derechos humanos y la consecuci&oacute;n de una democracia m&aacute;s robusta e incluyente.</p>      <p>Un m&eacute;rito que encuentro adicional de los profesores de las principales facultades de derecho del pa&iacute;s, quienes sin duda han sido los que han liderado este proceso de cualificaci&oacute;n y sofisticaci&oacute;n te&oacute;ricas y acad&eacute;micas, a tales desarrollos te&oacute;ricos consiste en haber contribuido a adaptar (no s&oacute;lo adoptar) localmente las teor&iacute;as surgidas en contextos radicalmente distintos (no s&oacute;lo jur&iacute;dica sino social y culturalmente) al nuestro, por lo cual las teor&iacute;as de amplia circulaci&oacute;n transnacional se han puesto a hablar en clave de recepci&oacute;n, honr&aacute;ndolas en s&iacute; mismas pero problematiz&aacute;ndolas respecto a los problemas que ocupan y aquejan las distintas jurisdicciones pol&iacute;ticas y sociales -adem&aacute;s de acad&eacute;micas- de pa&iacute;ses, como el nuestro, receptores de teor&iacute;as. Dicho empe&ntilde;o redunda sin duda en aportes cualitativamente superiores al prop&oacute;sito de realizar reconstrucciones te&oacute;ricas a partir de interpretaciones que s&oacute;lo pretenden desentra&ntilde;ar los sentidos objetivos e inequ&iacute;vocos de los textos a partir de las intenciones de quienes los elaboraron, y sin alejarse de sus ambientes socioculturales y realidades hist&oacute;ricas.</p>      <p>Al presentarse las teor&iacute;as transfiguradas y mutadas por los contextos de recepci&oacute;n, se constituyen m&aacute;s factiblemente en alternativas s&oacute;lidas para hacer realizables ideales normativos. Los neoconstitucionalistas en Colombia, al procurar adaptar diversas teor&iacute;as contempor&aacute;neas a las penurias sociales m&aacute;s acuciantes de nuestro tiempo en clave jurisprudencial, posibilitan acceder a las teor&iacute;as aprehendi&eacute;ndolas para que sean susceptibles de pensamiento propio, es decir, para que sea posible plantearles objeciones, no en s&iacute; mismas sino en la manera como han sido derivadas consecuencias adicionales (y com&uacute;nmente insospechadas) gracias a los intentos efectivos de aplicaci&oacute;n. Esto tambi&eacute;n posibilita que sean visibles nuevos caminos investigativos respecto de aquellos originalmente trazados por los autores.</p>      <p><font size="3"><b>3.</b> LA CONSTITUCIONALIZACI&Oacute;N DEL ORDENAMIENTO JUR&Iacute;DICO</font></p>      <p>Los tres cambios se&ntilde;alados a partir de los cuales puede decirse que Colombia se encuentra regida por el paradigma neoconstitucional guardan estrecha relaci&oacute;n con el fen&oacute;meno de la constitucionalizaci&oacute;n del ordenamiento jur&iacute;dico. Para Riccardo Guastini (2007), por este fen&oacute;meno puede entenderse</p>      <p>un proceso de transformaci&oacute;n de un ordenamiento, al t&eacute;rmino del cual, el ordenamiento en cuesti&oacute;n resulta totalmente &lsquo;impregnado&#39; por las normas constitucionales. Un ordenamiento jur&iacute;dico constitucionalizado se caracteriza por una Constituci&oacute;n extremadamente invasora, entrometida, capaz de condicionar tanto la legislaci&oacute;n como la jurisprudencia y el estilo doctrinal, la acci&oacute;n de los actores pol&iacute;ticos as&iacute; como las relaciones sociales (p. 13).</p>      <p>Guastini (2007) se&ntilde;ala puntualmente unas condiciones necesarias para determinar el grado de constitucionalizaci&oacute;n en el que se encuentra un determinado ordenamiento jur&iacute;dico: la rigidez de la Constituci&oacute;n, que impida que principios esenciales puedan modificarse (ni siquiera mediante el procedimiento de revisi&oacute;n judicial) (p. 155); la garant&iacute;a jurisdiccional de la Constituci&oacute;n, que permite imponer sus postulados a todo el ordenamiento (p. 155-157); la fuerza vinculante de la Constituci&oacute;n, en virtud de la cual todas sus normas son plenamente aplicables y obligan a sus destinatarios, ya que las mismas est&aacute;n dotadas de contenido normativo (pp. 157-158); la &quot;sobreinterpretaci&oacute;n&quot; constitucional, a partir de la cual los jueces no se limitan al literalismo sino que adoptan una interpretaci&oacute;n extensiva que permita extraer normas impl&iacute;citas (&quot;adscriptas&quot;) para regular nuevos casos, y la aplicaci&oacute;n directa de las normas constitucionales. La Constituci&oacute;n rige tambi&eacute;n las relaciones entre particulares y no es un texto dirigido solamente a las autoridades u &oacute;rganos p&uacute;blicos. Todos los jueces pueden aplicar la Constituci&oacute;n, incluso sus normas program&aacute;ticas o normas de principio, la interpretaci&oacute;n de las leyes conforme a los mandatos constitucionales, y, finalmente, la determinante influencia sobre las relaciones pol&iacute;ticas.</p>       <p><font size="3"><b>3.1. Subreglas constitucionales</b></font></p>      <p>Respecto a estas condiciones, es relevante para sustentar el prop&oacute;sito demarcado con este ensayo analizar la forma en la cual, mediante la denominaci&oacute;n de &quot;subregla&quot; la Corte Constitucional<a href="#nota22"><sup>22</sup></a> y la doctrina jur&iacute;dica colombianas<a href="#nota23"><sup>23</sup></a> receptaron la noci&oacute;n (autor&iacute;a del jurista germano Robert Alexy<a href="#nota24"><sup>24</sup></a>) de las &quot;normas adscriptas&quot; como fundamento y respaldo a la tesis optimista del car&aacute;cter vinculante de la jurisprudencia<a href="#nota25"><sup>25</sup></a>.</p>      <p>Cuando la Corte Constitucional se encuentra en un caso concreto ante vaguedades o inconsistencias en el lenguaje jur&iacute;dico que surgen cuando la Constituci&oacute;n habla &quot;con voz incierta&quot; o &quot;con muchas voces&quot;<a href="#nota26"><sup>26</sup></a>, tiene la imperativa necesidad de desplegar el significado normativo expl&iacute;cito de las normas constitucionales para determinar su contenido prescriptivo y resolver as&iacute; la nueva situaci&oacute;n que se somete ante la composici&oacute;n jurisdiccional. Lo que se hace en estas situaciones tan comunes es concretar normas adscritas de derecho fundamental.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El estado de cosas sometido a un examen constitucional puede ser determinado, entonces, por medio de una norma adscrita, la cual es m&aacute;s espec&iacute;fica que la norma iusfundamental directamente estatuida, tal como si fuera una norma propiamente que se ha originado en el derecho legislado. Dos caracter&iacute;sticas esenciales distinguen a tal tipo especial de normas: (i) est&aacute;n vinculadas interpretativamente a una disposici&oacute;n</p>      <p>iusfundamental o bien a la norma directamente estatuida que constituye su expresi&oacute;n de&oacute;ntica, y (ii) guardan una relaci&oacute;n directa con el objeto del caso concreto explicitando un contenido normativo relevante para resolver el problema jur&iacute;dico en debate (Bernal, 2003, p12 y ss.).</p>      <p>La norma adscrita califica deonticamente un supuesto de hecho conformado por las caracter&iacute;sticas relevantes del nuevo caso. De otra parte, la validez de la norma que adscribe el int&eacute;rprete depender&aacute; enteramente de la fundamentaci&oacute;n que se aduzca para establecer un v&iacute;nculo s&oacute;lido y riguroso entre &eacute;sta y la norma positiva. En s&iacute;ntesis: la argumentaci&oacute;n justifica la adscripci&oacute;n. Extendiendo aqu&iacute; la conocida pretensi&oacute;n de correcci&oacute;n del derecho en la teor&iacute;a de Alexy<a href="#nota27"><sup>27</sup></a>, podr&iacute;a hablarse, como lo hace Carlos Bernal (2003), de una &quot;correcci&oacute;n interpretativa&quot;, en virtud de la cual una norma adscrita s&oacute;lo puede considerarse v&aacute;lida si su vinculaci&oacute;n interpretativa puede fundamentarse correctamente en una disposici&oacute;n jur&iacute;dica (p. 127). Conforme a este autor, el deber que tiene la Corte de fundamentar la validez de las normas adscritas se sustenta en tres argumentos esenciales: el deber general de motivaci&oacute;n de las sentencias judiciales, la pretensi&oacute;n de correcci&oacute;n y la presunci&oacute;n de constitucionalidad de las leyes y la exigencia de sustentar la inconstitucionalidad de una ley en una argumentaci&oacute;n correcta (p. 126 y ss.).</p>      <p>La norma adscrita, una vez determinada para el caso concreto, constituye la proposici&oacute;n normativa del razonamiento que fundamenta la decisi&oacute;n (conclusi&oacute;n) producto de la deducci&oacute;n, es decir que opera como premisa mayor (PM), o como ratio decidendi, en la estructura argumentativa que edifica el juez para resolver el caso. El principio justificativo de una sentencia -o varias- a partir de su ratio se extrae para constituir una subregla que, como norma de derecho constitucional jurisprudencialmente derivada, asiste el juez de pleno fundamento para resolver casos concretos que tengan hechos materiales sustancialmente an&aacute;logos respecto del que origina y los que desarrollan la subregla. Es decir que para que una norma adscrita se constituya en proposici&oacute;n de derecho fundamental v&aacute;lida en un razonamiento judicial debe ser posible dar una argumentaci&oacute;n iusfundamentalmente correcta; no puede perderse de vista entonces el condicionante l&oacute;gico respecto a la fundamentaci&oacute;n de la adscripci&oacute;n entre la subregla y la norma de derecho positivo. Las razones normativas prima facie que juegan a favor y en contra de la adscripci&oacute;n se ponderan para determinar la formulaci&oacute;n de una subregla.</p>      <p>La constitucionalizaci&oacute;n propende, entonces, a sustentar el que las normas que hacen parte de un sistema jur&iacute;dico pueden ser las estipuladas expl&iacute;citamente en la Constituci&oacute;n o las que, como las adscritas, resultan de una ponderaci&oacute;n iusfundamentalmente correcta realizada por la instituci&oacute;n que ejerce el control constitucional<a href="#nota28"><sup>28</sup></a>.</p>      <p>La denominaci&oacute;n local de la norma adscripta como &quot;subregla&quot; no ha estado exenta de cr&iacute;ticas. Para Carlos Bernal (2005, pp. 213-214 y 260) no parece apropiada debido a que tal denominaci&oacute;n puede dar la errada impresi&oacute;n de que este tipo de normas son reglas impl&iacute;citas en otras reglas o una clase de normas de inferior jerarqu&iacute;a respecto de la fuente del derecho en la que se encuentra la disposici&oacute;n a la que se adscribe. La norma adscrita, o subregla, no es inferior -se sustenta- porque al    ser concreci&oacute;n de las disposiciones constitucionales o legales posee el car&aacute;cter propiamente de regla o de principio<a href="#nota29"><sup>29</sup></a>, pero en cualquier caso tiene rango constitucional o legal, seg&uacute;n el caso, para resolver casos futuros.</p>      <p>Esta cr&iacute;tica ha sido desestimada por Rodrigo Uprimny, para quien el concepto &quot;subregla&quot; es respetuoso del sistema de fuentes adoptado en Colombia y de la distinci&oacute;n entre los textos constitucionales en s&iacute; mismos y sus interpretaciones jurisprudenciales derivadas. Seg&uacute;n criterio de este profesor, s&oacute;lo a partir de un &quot;exceso de racionalismo&quot; puede situarse al mismo nivel una regla construida jurisprudencialmente de la que, aunque respetable porque constituye precedente, el propio tribunal puede apartarse a partir de un proceso de argumentaci&oacute;n y justificaci&oacute;n menor al que se tendr&iacute;a que realizar si fuese a alejarse de alguna disposici&oacute;n del texto constitucional, el cual obviamente tiene que ser respetado por los jueces constitucionales, aunque pueda haber divergencias e incluso oposiciones respecto a su alcance<a href="#nota30"><sup>30</sup></a>.</p>      <p>A mi juicio, por la interpretaci&oacute;n que se le atribuy&oacute; a la noci&oacute;n de norma adscrita y su funci&oacute;n, como subregla, respecto al caso concreto -independientemente de opere como regla o tenga estructura de principio<a href="#nota31"><sup>31</sup></a> (por lo que admitir&iacute;a ponderaci&oacute;n)- adquiere plena autonom&iacute;a respecto a la disposici&oacute;n constitucional original y posee toda su fuerza normativa. De otra parte, la relaci&oacute;n con el prefijo &lsquo;sub&#39; podr&iacute;a justificarse desde el punto de vista de su constituci&oacute;n geneal&oacute;gica, dando as&iacute; a entender sin atisbo de imprecisi&oacute;n que es una norma plena pero que deriva de otra, es decir que no fue constituida originalmente co  mo tal por el poder que tiene la competencia original para tal actividad. Es independiente entonces que una subregla opere como &uacute;nico respaldo normativo y fuente de derecho para el juez en un caso concreto, pues su origen dependi&oacute; de una disposici&oacute;n constitucional, o grupo de disposiciones, que a juicio del int&eacute;rprete, no del legislador, se debi&oacute; encaminar en una u otra direcci&oacute;n. Podr&iacute;a ilustrar al respecto el advertir que la llamada (propiamente) por el versado traductor de <i>Teor&iacute;a de los derechos fundamentales</i> &quot;norma adscripta&quot; corresponde a la expresi&oacute;n original germana <i>Zugerodneten Normen</i>, que significa m&aacute;s clara y menos t&eacute;cnicamente: &quot;norma impl&iacute;cita&quot;.</p>      <p>Al indicar las condiciones jurisprudencialmente establecidas de aplicaci&oacute;n de los preceptos constitucionales, las subreglas que ha construido argumentativamente la Corte determinan lo que un derecho fundamental proh&iacute;be, ordena o permite -o sea, cuando se trata de determinar su contenido definitivo-<a href="#nota32"><sup>32</sup></a>, por lo que entonces, aunque tengan propiamente estructura de regla al aplicarse a un caso concreto, frente a la norma constitucional de que la deriva -m&aacute;s no est&aacute; impl&iacute;cita en ella- s&iacute; resultar&iacute;a de inferior jerarqu&iacute;a al contrastar las exigencias para la modificaci&oacute;n de alguno de los art&iacute;culos constitucionales, frente a los requisitos, m&aacute;s de car&aacute;cter doctrinario, para apartarse en un caso determinado (<i>distinguish</i>) o para cambiar del todo (<i>overruling</i>) un precedente jurisprudencial establecido con el fin de precisar o corregir uno nuevo, ya que si bien es del todo cierto que la Corte debe ser consistente con sus fallos anteriores, en circunstancias especiales se puede apartar de los mismos, y a partir de una carga argumentativa menor que la requerida al modificar el articulado constitucional<a href="#nota33"><sup>33</sup></a>.</p>      <p>En la medida en que una cultura jur&iacute;dica particular incorpora una noci&oacute;n que da efectiva cuenta de una arraigada realidad constitucional, aunque el t&eacute;rmino adecuado pudiera en un momento determinado ser otro, s&oacute;lo en la esfera del purismo doctrinario y te&oacute;rico recaer&iacute;a la relevancia de esta cr&iacute;tica hacia un concepto que, como el de subregla, hace alusi&oacute;n, m&aacute;s que a una degradaci&oacute;n normativa, a una realidad constitucional en virtud de la cual con esta nomenclatura se dio a entender que tal tipo especial de reglas proviene de otras que fueron instituidas por el legislador o el constituyente, mas no por el int&eacute;rprete. Para ilustrar la debilitaci&oacute;n a la contundencia de la cr&iacute;tica de Bernal, recu&eacute;rdese al respecto que Popper se refiri&oacute; a &lsquo;fil&oacute;sofos minuciosos&#39; (el nombre se debe a Berkeley) que reemplazan las preguntas importantes por interrogantes de m&iacute;nima envergadura. Sostiene que si bien es cierto que &quot;la cr&iacute;tica es la savia de la filosof&iacute;a hemos de evitar el empe&ntilde;o en partir un pelo. Me parece fatal la cr&iacute;tica minuciosa de aspectos min&uacute;sculos&quot; (Popper, 1994, p. 239).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El asunto podr&iacute;a radicar tambi&eacute;n en la perspectiva desde la que se observe la situaci&oacute;n: en sentido objetivo, como normas integrantes de un sistema jur&iacute;dico, las subreglas estar&iacute;an en paralelo de bloques debajo en la pir&aacute;mide normativa respecto de las disposiciones constitucionales; en sentido subjetivo, como regla para la soluci&oacute;n de un caso concreto, al ser la &uacute;nica norma que regula el caso pues opera como norma en sentido pleno, igual apoy&aacute;ndose en la reiteraci&oacute;n mediante la coherencia y correcci&oacute;n que el propio tribunal, o en algunos casos concretos el int&eacute;rprete, le otorga a sus sentencias con el fin de constituir s&oacute;lidos precedentes.</p>       <p><font size="3"><b>4.</b> DOS ERRORES RECURRENTES QUE CONDUCEN A MALENTENDIDOS</font></p>      <p>Con Carbonell habr&iacute;a que refutarles a los cr&iacute;ticos (o deber&iacute;amos decir m&aacute;s bien, esc&eacute;pticos, ya que las cr&iacute;ticas, aunque frecuentes y numerosas, no se dan a conocer editorialmente con la misma asiduidad<a href="#nota34"><sup>34</sup></a>) del neoconstitucionalismo, para quienes no hac&iacute;a falta inventar una nueva etiqueta para identificar tales elementos, dici&eacute;ndoles que la novedad est&aacute; en el conjunto, es decir, en la confluencia de los tres elementos estudiados. Si se toma cada uno de los eslabones por separado no se visualizar&iacute;a la relevancia del neoconstitucionalismo en Colombia con su real dimensi&oacute;n, ya que si bien la g&eacute;nesis se dio con la promulgaci&oacute;n de una nueva Constituci&oacute;n, a partir de ah&iacute; la jurisprudencia y los desarrollos te&oacute;ricos se han enriquecido mutuamente, pues, de un lado, el hecho de que la jurisprudencia haya empezado a incorporar en sus <i>Ratios</i> autores o tradiciones te&oacute;ricas transnacionales ha puesto de presente la necesidad por parte de las facultades de acometer el estudio de los paradigmas jur&iacute;dicos a los cuales la Corte recurre en sustento de su jurisprudencia, la cual, entonces, se ha establecido en una especie de filtro respecto a qu&eacute; materiales jur&iacute;dicos acad&eacute;micos que hacen aparici&oacute;n en el escenario intelectual transnacional sirven, digamos, para reconocer tal tipo de derechos o para clarificar la interpretaci&oacute;n de determinadas disposiciones constitucionales; de otro lado, la academia se ha encargado de insertar en &quot;el esp&iacute;ritu de nuestros tiempos&quot; (o <i>Zeitgeist</i>) diversas teor&iacute;as y paradigmas jur&iacute;dicos, as&iacute; como las tesis de otras latitudes constitucionales, de los cuales la jurisprudencia se ha nutrido y gracias a las cuales igualmente ha evolucionado.</p>      <p>No obstante encuentro en dos cr&iacute;ticas recurrentes al nuevo derecho omisiones que podr&iacute;amos examinar para determinar en qu&eacute; grado son    ellas fundadas o infundadas, o en qu&eacute; grado lo son nuestras objeciones a las mismas.</p>      <p><font size="3"><b>4.1. Entender el car&aacute;cter de &quot;nuevo&quot; en sentido absoluto</b></font></p>      <p>Cuando se hace referencia al &quot;nuevo&quot; derecho en Colombia, una de las principales y m&aacute;s recurrentes cr&iacute;ticas que se le endereza al mismo, y a quienes sustentan dicha novedad, tiene que ver con lo dudosamente &quot;novedoso&quot; que vendr&iacute;a a ser la lectura e interpretaci&oacute;n judicial (m&aacute;s all&aacute; de la influencia exclusivamente acad&eacute;mica) de las teor&iacute;as y obras cardinales del neoconstitucionalismo transnacional (l&eacute;ase, por ejemplo, <i>Tomando los derechos en serio</i> (1977) de Dworkin o la <i>Teor&iacute;a de los derechos fundamentales</i> (1985) de Alexy). Se suele increpar la alusi&oacute;n al nuevo derecho con la aseveraci&oacute;n de que son obras escritas, como se ve, desde hace d&eacute;cadas, por lo cual su car&aacute;cter de novedoso se pone en entredicho.</p>      <p>Adem&aacute;s de que lo novedoso de nuestro derecho a partir de 1991 no radica exclusivamente en un aspecto puntual sino en la intersecci&oacute;n de los tres (examinados atr&aacute;s), considero que el &quot;nuevo derecho&quot; no puede entenderse como &quot;nuevo&quot; en sentido absoluto, pues posee una larga y conocida tradici&oacute;n te&oacute;rica en el mundo occidental. Luis Recasens Siches en su libro de 1956, <i>Nueva filosof&iacute;a de la interpretaci&oacute;n del derecho</i>, determin&oacute; los perfiles que lo sustentan. Bien podr&iacute;amos referirnos a un nuevo derecho en un medio como el nuestro, donde la hegemon&iacute;a del dogmatismo formalista del siglo XVIII propio de la Constituci&oacute;n de 1886 perviv&iacute;a anquilosado en numerosas &quot;academias&quot; jur&iacute;dicas, por la aspiraci&oacute;n, no &uacute;nicamente nacional, sino global (tribunales constitucionales como los de Espa&ntilde;a, Bolivia, Sud&aacute;frica e India<a href="#nota35"><sup>35</sup></a>), que se ven&iacute;a gestando desde la Escuela Hist&oacute;rica de K. F. von Savigny (Hern&aacute;ndez, 1981), la Jurisprudencia de Valores alemana y desde autores como el segundo Ihering y su Jurisprudencia Teleol&oacute;gica<a href="#nota36"><sup>36</sup></a>, de romper con la ex&eacute;gesis en la interpretaci&oacute;n del derecho.</p>      <p>Recasens argumenta que la corriente antiformalista del derecho consolida una nueva teor&iacute;a de la interpretaci&oacute;n jur&iacute;dica<a href="#nota37"><sup>37</sup></a>.</p>      <p>Si bien el nuevo derecho en Colombia dista mucho de ser &quot;nuevo&quot; (en el referido sentido objetivo, e independientemente que se haya constituido y generalizado mediante la recepci&oacute;n tard&iacute;a de diversas tendencias trasnacionales), es a todas luces novedoso que las principales instituciones judiciales del pa&iacute;s recurran en sustento de sus decisiones controversiales a la doctrina y a la jurisprudencia extranjeras, as&iacute; como a diversas obras y tradiciones te&oacute;ricas que ya han mostrado r&eacute;ditos significativos en diversas jurisdicciones constitucionales.</p>      <p><font size="3"><b>4.2. Entender el &quot;nuevo derecho&quot; como un modelo te&oacute;rico uniforme</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El otro error que a mi juicio se presenta al atacar el neoconstitucionalismo en Colombia (o &quot;nuevo derecho&quot;, como hemos dicho) proviene del hecho de concebirlo como un modelo uniforme, es decir, como una teor&iacute;a o como una escuela de pensamiento determinada y con sus contornos ya perfectamente delineados, y cuyos autores representativos revelan una unidad tem&aacute;tica o metodol&oacute;gica que permite, en tal sentido, atribuirle al fen&oacute;meno neoconstitucionalista en nuestro pa&iacute;s unas caracter&iacute;sticas y propiedades fruto de la homogeneidad epistemol&oacute;gica y la diafanidad investigativa.</p>      <p>Garc&iacute;a Amado (2008), por ejemplo, ha criticado el fen&oacute;meno neoconstitucionalista en general debido a que</p>      <p>no ha encontrado a&uacute;n plasmaci&oacute;n completa y coherente en una obra central y de referencia, por lo que sus caracteres deben ser espigados de aqu&iacute; y de all&aacute;, m&aacute;s construidos como descripci&oacute;n del com&uacute;n denominador de una tendencia gen&eacute;rica actualmente dominante y presente en la teor&iacute;a constitucional y iusfilos&oacute;fica de hoy y, muy en particular, en la propia jurisprudencia de numerosos tribunales constitucionales, que como balance a partir de una obra can&oacute;nica con perfiles bien precisos y delimitados.</p>      <p>En contra podr&iacute;amos asistirnos de una interesante tesis que, para nuestro prop&oacute;sito, tiene poder explicativo: en una expresi&oacute;n de Wittgenstein (1969), el nuevo derecho en Colombia posee efectivamente un &quot;aire o parecido de familia&quot;<a href="#nota38"><sup>38</sup></a> (pp. 324-325), es decir, una red de similitudes y diferencias unidas entre s&iacute; y que se entrecruzan como los miembros de una familia. Sus parecidos nos permiten utilizar el mismo concepto (&quot;nuevo derecho&quot;) para referirnos a todos los modelos existentes. En lugar de hacer referencia al nuevo derecho como una teor&iacute;a monol&iacute;tica, sistem&aacute;tica y perfectamente delineada, podr&iacute;a sustentarse entonces la existencia de escuelas y doctrinas que hacen parte de variopintas escuelas y provienen de distintos pa&iacute;ses. Puede entenderse m&aacute;s adecuadamente, entonces, como una especie de &lsquo;mosaico de tendencias&#39; o un conjunto de concepciones te&oacute;ricas del orden constitucional, pol&iacute;tico y judicial. En otras palabras, el nuevo derecho no es como un queso Gouda que se ve igual y sabe igual por donde se le corte.</p>      <p>La referida falta de determinaci&oacute;n te&oacute;rica no es &oacute;bice para criticar los cometidos neoconstitucionalistas de las principales facultades de derecho del pa&iacute;s o de la Corte Constitucional. M&aacute;s bien es una exhortaci&oacute;n para no demorar el deber de avanzar hacia una cada vez mayor sofisticaci&oacute;n de nuestro derecho constitucional a partir de su progresiva clarificaci&oacute;n conceptual y fundamentaci&oacute;n te&oacute;rica, as&iacute; como de la delimitaci&oacute;n de su contenido; tarea &eacute;sta en la cual las subreglas est&aacute;n llamadas a desempe&ntilde;ar un papel de singular importancia. Las teor&iacute;as que hacen parte del nuevo derecho -sometidas a un tamiz riguroso respecto a su recepci&oacute;n- est&aacute;n en capacidad de contribuir a tal obligaci&oacute;n judicial y acad&eacute;mica.</p>      <p>Las necesidades contextuales de recepci&oacute;n y aplicaci&oacute;n tendr&aacute;n que ser producto de estudio posterior. Baste por lo pronto concluir este aparte se&ntilde;alando que desde que se estableci&oacute; una nueva Constituci&oacute;n, su protecci&oacute;n y -fundamentalmente- su aplicaci&oacute;n judicial fue haciendo cada vez m&aacute;s imperativa la necesidad de contar con andamiajes te&oacute;ricos   y estructuras conceptuales de las que hasta ese momento se carec&iacute;a. Autores, bien se sabe, como Alexy y Dworkin hab&iacute;an prove&iacute;do teor&iacute;as a partir de la d&eacute;cada del ochenta a las cuales tempranamente los juristas colombianos acudieron en sustento de la nueva estructura constitucional que, aun hoy, se contin&uacute;a edificando. Fueron, pues, las necesidades contextuales propias de una jurisprudencia que, seguidora del principio de legalidad, ha procurado cada vez m&aacute;s sofisticadamente propender hacia la realizaci&oacute;n del ambicioso proyecto social que encarnan nuestros postulados constitucionales.</p>      <p><font size="3">A MANERA DE CONCLUSI&Oacute;N</font></p>      <p>En el Estado social de derecho se acent&uacute;a de manera dram&aacute;tica el problema de la necesidad de adaptar, corregir, acondicionar la aplicaci&oacute;n de las normas por medio de la intervenci&oacute;n del juez, la cual, como se lee en la T-406/92</p>      <p>no se manifiesta s&oacute;lo como el mecanismo necesario para solucionar una disfunci&oacute;n, sino tambi&eacute;n, y sobre todo, como un elemento indispensable para mejorar las condiciones de comunicaci&oacute;n entre el derecho y la sociedad, es decir, para favorecer el logro del valor justicia (de la comunicaci&oacute;n entre derecho y realidad), as&iacute; ello conlleve un detrimento de la seguridad jur&iacute;dica<a href="#nota39"><sup>39</sup></a>.</p>      <p>Por el nuevo derecho los jueces no pueden esconderse tras aquello de que &quot;la ley es dura pero es la ley&quot; ante un caso no tipificado con una consecuencia manifiestamente injusta. De esta forma es como, en &uacute;ltimas, se atiende la pretensi&oacute;n de correcci&oacute;n del derecho que nos ense&ntilde;ara Alexy, en virtud de la cual se indica que la sentencia judicial debe ser racionalmente fundamentada en el contexto del ordenamiento jur&iacute;dico vigente, porque en el discurso jur&iacute;dico ninguna afirmaci&oacute;n puede prescindir de la respectiva fundamentaci&oacute;n y la respectiva indicaci&oacute;n de las razones que se aducen para tomar tal o cual decisi&oacute;n. A este respecto, la jurisprudencia alemana determina que &quot;Las decisiones de los jueces   deben basarse en decisiones racionales&quot;<a href="#nota40"><sup>40</sup></a>. La decisi&oacute;n judicial, y todo discurso que verse sobre el derecho positivo, cae bajo la pretensi&oacute;n de correcci&oacute;n que implica una pretensi&oacute;n de justificabilidad. Esta pretensi&oacute;n permite al derecho corregir las deficiencias del procedimentalismo legal injusto sin necesidad de vulnerar la estructura del andamiaje jur&iacute;dico.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En un pa&iacute;s como el nuestro, en cuyo sistema jur&iacute;dico-pol&iacute;tico la protecci&oacute;n de los derechos no depende de la ley sino de su consagraci&oacute;n constitucional<a href="#nota41"><sup>41</sup></a>, los jueces ya no pueden ejercer justicia trasmiti&eacute;ndole la responsabilidad de sus decisiones a otro agente jur&iacute;dico, en este caso el legislador, usando una t&eacute;cnica de argumentaci&oacute;n que es la tipificaci&oacute;n en normas, escud&aacute;ndose en la falta de positivizaci&oacute;n de los derechos para dejar de protegerlos. Este tipo de juez, anclado en el dogmatismo formalista de la Constituci&oacute;n de 1886, renuncia a su funci&oacute;n en el marco de un Estado Social vulnerando, por ejemplo, el nuevo derecho en lo concerniente a la justiciablidad de los derechos sociales<a href="#nota42"><sup>42</sup></a>. El juez del nuevo derecho puede y, m&aacute;s que eso, <i>debe</i><a href="#nota43"><sup>43</sup></a>, determinar en casos concretos la existencia de derechos no contemplados expl&iacute;citamente en el ordenamiento, por lo que requiere una mayor profundidad moral, pol&iacute;tica y social para desempe&ntilde;ar su funci&oacute;n; debe ser m&aacute;s fuerte y ya no solamente el bur&oacute;crata, y admite abiertamente que es &eacute;l quien decide, y no la ley. Este juez deber&aacute; responder m&aacute;s directamente sobre las implicaciones pol&iacute;ticas y sociales de sus decisiones, sin poder pasarle a otro tercero la responsabilidad del fallo, y administrar&aacute; efectivamente justicia de-construyendo los mandatos constitucionales, caracterizados por la textura abierta de sus normas y la diversidad de sus formas<a href="#nota44"><sup>44</sup></a>.</p>      <p>El nuevo derecho ha dejado claro que cuando la ley no sirve, e incluso se opone, para alcanzar la justicia, la ley tiene que retroceder ante la justicia, pues para garantizar la protecci&oacute;n de la democracia los jueces no tienen alternativa frente a la necesidad de invalidar las normas que contrar&iacute;an la autoridad de la Constituci&oacute;n. Claro que para llegar a esta conclusi&oacute;n y definir claramente qu&eacute; normas en qu&eacute; casos contrar&iacute;an la autoridad de la Constituci&oacute;n, los jueces tienen que asumir una amplia visi&oacute;n sobre el significado de la democracia y deben contar con una cierta teor&iacute;a que sustente la manera debida de realizar la interpretaci&oacute;n constitucional. As&iacute; se garantizar&aacute; la concreci&oacute;n de sus postulados y, en &uacute;ltimas, garantizar&aacute; el acceso a la justicia en las situaciones ordinarias mediante la protecci&oacute;n de los derechos vulnerados.</p>      <p>Frente a la exigibilidad de los derechos sociales, por ejemplo, el juez del nuevo derecho debe inscribir sus fallos en una corriente que resulte congruente con el ideal del constitucionalismo del Estado Social de Derecho, propugnando la legitimidad y fundamentalidad de los derechos sociales al considerar que los derechos civiles y pol&iacute;ticos no son los &uacute;nicos derechos que generan prerrogativas para los particulares y obligaciones para el Estado, de forma que se preserven los derechos liberales, pero se extienda la protecci&oacute;n a los derechos sociales dentro del marco de una econom&iacute;a libre pero solidaria de mercado (L&oacute;pez Medina, 2006, pp. 439-440). Al respecto resultan m&aacute;s que ilustrativas las palabras de Rodolfo Arango, uno de los m&aacute;s reputados autores colombianos que defienden la justiciabilidad de los derechos sociales:</p>      <p>La concepci&oacute;n democr&aacute;tica resultante de tomarse en serio no s&oacute;lo los derechos de libertad sino igualmente los derechos sociales, no es el p&aacute;lido y escu&aacute;lido espectro de la democracia formal. Mas bien ella corresponde a la concepci&oacute;n republicana y aristot&eacute;lica de la democracia que favorece y permite el florecimiento de la persona humana y que -como dir&iacute;a Dewey- tiene por objeto liberar la inteligencia de todos para emplearla en la resoluci&oacute;n de los problemas sociales<a href="#nota45"><sup>45</sup></a>.</p>      <p>Realizar una lectura desde el nuevo derecho frente al cambio en el rol tradicional del juez implica lograr una constitucionalizaci&oacute;n cada vez m&aacute;s s&oacute;lida del derecho de acceso a la administraci&oacute;n de justicia que propende sin duda por su consolidaci&oacute;n como un verdadero derecho fundamental. As&iacute;, el acceso a la administraci&oacute;n de justicia se apuntala como el principal derecho para tener derechos.</p>      <p>Los opositores no ac&eacute;rrimos del nuevo derecho en Colombia deber&iacute;an reconocer, como lo hizo William James en el prefacio de su cl&aacute;sico <i>Pragmatismo</i>, que a pesar de no gustarles el nombre que se le ha dado al movimiento, es ya aparentemente demasiado tarde para intentar cambiarlo (James, 1943: xiii). El &quot;nuevo derecho&quot; en Colombia s&oacute;lo puede entenderse adecuadamente como &quot;entelequia&quot; en el sentido aristot&eacute;lico de este concepto, es decir, como fen&oacute;meno que est&aacute; en v&iacute;as de alcanzar su mejoramiento y cuyo di&aacute;fano y pleno entendimiento todav&iacute;a requerir&aacute; algunos a&ntilde;os de un debate que est&eacute; librado del dogmatismo entorpecedor y del aislamiento disciplinar.</p>      <p><font size="3">AGRADECIMINTOS</font></p>      <p>Agradezco a mis comentaristas en el Foro de la Universidad de los Andes, Diego L&oacute;pez Medina, Antonio Barreto y Helena Alviar, as&iacute; como a Tatiana Alfonso y Francisco Ayala, por sus observaciones cr&iacute;ticas; agradezco tambi&eacute;n a Miguel Carbonell, Rodolfo Arango, Pierluigi Chiassoni, Gonzalo Ram&iacute;rez Cleves, Jos&eacute; Fernando Reyes y Vicente Jaime Ram&iacute;rez por los di&aacute;logos sostenidos sobre las cuestiones analizadas, y a Juan Antonio Garc&iacute;a Amado por la facilitaci&oacute;n de una importante bibliograf&iacute;a. Conste tambi&eacute;n la claridad de que s&oacute;lo al autor deben atribuirse los yerros subsistentes.</p>  <hr/>     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     <p><a name="nota*">*</a> Este es un art&iacute;culo de la investigaci&oacute;n &quot;Justicia constitucional y democracia deliberativa&quot;, inscrita en el Grupo de Estudios Jur&iacute;dicos y Sociojur&iacute;dicos del Centro de Investigaciones Sociojur&iacute;dicas de la Universidad de Caldas. Versiones anteriores se presentaron en el V Foro de Derecho. Universidad de los Andes (Bogot&aacute;, 20 de abril de 2006), IX Encuentro Nacional y III Internacional de Semilleros de Investigaci&oacute;n (Pereira, 12 al 15 de octubre de 2006) y VII Encuentro Nacional de la Red de Centros y Grupos de Investigaci&oacute;n Jur&iacute;dica y Sociojur&iacute;dica (Medell&iacute;n, 13 al 15 de septiembre de 2007). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="nota1">1</a> Borges, J.L. (1960). &quot;Magias parciales del Quijote&quot;. En <i>Otras inquisiciones.</i> Buenos Aires: Emec&eacute;.</p>     <p><a name="nota2">2</a> Distintas nociones para referir algo a lo que tambi&eacute;n se le ha denominado &quot;constitucionalismo avanzado&quot; o &quot;constitucionalismo de derechos&quot; (Sastre Ariza, 2003, p. 239).</p>     <p><a name="nota3">3</a> La noci&oacute;n de Luis Recasens Siches de la &quot;L&oacute;gica de lo razonable&quot;, por ejemplo, fue implantada en nuestro sistema por la Corte Constitucional (ST-406 de 1992 y ST-322 de 1996). Ver al respecto, Bernal - Montealegre, &quot;De la estricta l&oacute;gica formal a la l&oacute;gica de lo razonable&quot;, en: (2004). L&oacute;pez (2004, pp. 428 - 434).</p>     <p><a name="nota4">4</a> Aludimos a la Teor&iacute;a Transnacional del Derecho, en el sentido de L&oacute;pez Medina, para referirnos a los &quot;pa&iacute;ses prestigiosos&quot;, que son los &quot;sitios de producci&oacute;n&quot; que generan y practican una T.T. del D.</p>     <p><a name="nota5">5</a> Las otras dos obras son <i>L&oacute;gica, fenomenolog&iacute;a y formalismo jur&iacute;dico</i> (1942) de Luis Eduardo Nieto Arteta y <i>Nueva imagen del hombre y de la cultura</i> (1948) de Danilo Cruz V&eacute;lez. Ver tambi&eacute;n Sierra Mej&iacute;a (1985).</p>     <p><a name="nota6">6</a> Detallados estudios se han ocupado en analizar la recepci&oacute;n de Kelsen en nuestro medio. Con diferentes matices y enfoques, pueden consultarse: L&oacute;pez Medina (2004, pp. 341-398, &quot;Kelsen en Bogot&aacute;: Lecturas y usos locales de la Teor&iacute;a Pura del Derecho&quot;); Mej&iacute;a Quintana (1998, pp. 60-62, &quot;Recepci&oacute;n de Kelsen en Colombia y la regi&oacute;n andina&quot;); Villar Borda (1991); C&aacute;rdenas (1982, pp. 345 - 362).</p>     <p><a name="nota7">7</a> Teniendo en cuenta la advertencia de Ulfrid Neumann, en su <i>Juristische Argumentationslehre</i> (Darmstad: Wissenschaftliche Buchgesellschaft, 1986), de que no existe la teor&iacute;a de la argumentaci&oacute;n jur&iacute;dica como una disciplina sistem&aacute;tica e independiente. Citado en Kaufmann (1999, p. 102). Ver tambi&eacute;n Atienza (1993).</p>     <p><a name="nota8">8</a> Adem&aacute;s del nuevo derecho constitucional y jurisprudencial, el nuevo derecho se ha extendido en Colombia hacia terrenos como <i>El nuevo derecho internacional de los contratos</i> (Carmen Parra Rodr&iacute;guez (2002). Bogot&aacute;: Universidad Externado de Colombia/ Barcelona: Bosch). El nuevo derecho societario (Ignacio San&iacute;n Bernal (1999). Medell&iacute;n: Biblioteca Jur&iacute;dica DIKE) y el nuevo derecho agrario, concursal, del trabajo y de las comunicaciones.</p>     <p><a name="nota9">9</a> Traducciones propias. &Eacute;nfasis a&ntilde;adidos.</p>     <p><a name="nota10">10</a> Ver tambi&eacute;n, entre muchos otros, Atienza - Manero (1996: cap. I).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="nota11">11</a> Sobre este concepto asimismo, adem&aacute;s de los citados, ver Bernal Pulido (2003, p. 757 y ss.) y L&oacute;pez Medina (2006).</p>     <p><a name="nota12">12</a> De manera excepcional, y al estricto tenor del art&iacute;culo 43 de la Ley 270 de 1996, la jurisdicci&oacute;n constitucional es ejercida por los jueces y tribunales en casos particulares en los que deben resolver tutelas, acciones o recursos previstos para la aplicaci&oacute;n de los derechos consagrados en la Constituci&oacute;n.</p>     <p><a name="nota13">13</a> Para una s&oacute;lida fundamentaci&oacute;n dogm&aacute;tica de los derechos sociales en la cual se sustenta su justiciabilidad judicial, est&uacute;diese Arango (2005).</p>     <p><a name="nota14">14</a> Alexander Hamilton, El Federalista, No 78. Esta idea, que encierra toda una concepci&oacute;n pol&iacute;tico-constitucional, inspir&oacute; el t&iacute;tulo del influyente libro de Bickel(1962). The Least Dangerous Branch. <i>The Suprema Court at the Bar of Politics.</i></p>     <p><a name="nota15">15</a> ST-119 de 2005. &Eacute;nfasis a&ntilde;adido.</p>     <p><a name="nota16">16</a> &quot;La textura abierta del derecho significa que hay, efectivamente, &aacute;reas de conducta donde mucho debe dejarse a ser desarrollado por los tribunales o por los funcionarios que procuran hallar un balance, a la luz de las circunstancias particulares, entre los intereses en conflicto cuya variaci&oacute;n en el peso se da de caso a caso. No obstante ello, la vida del derecho consiste en gran medida en la gu&iacute;a de funcionarios judiciales y de particulares mediante reglas determinadas que, a diferencia de las aplicaciones de est&aacute;ndares variables, no requieren de aquellos un nuevo juicio de caso a caso (&hellip;) &#91;E&#93;n el margen de las reglas (&hellip;), los tribunales llevan a cabo una funci&oacute;n productora de reglas &#91;<i>rule-producing function</i>&#93;&quot;. Hart (1994, p. 135).</p>     <p><a name="nota17">17</a> Sobre la labor del juez en los estados constitucionales y democr&aacute;ticos contempor&aacute;neos v&eacute;ase Carbonell - Fix Fierro - V&aacute;squez (2004), D&iacute;ez (2006), Zagrebelsky (2007, pp. 91-104), Barak (2006).</p>     <p><a name="nota18">18</a> Para las citas me baso en la versi&oacute;n manuscrita de la traducci&oacute;n.</p>     <p><a name="nota19">19</a> Hago &eacute;nfasis en <i>concienzudamente </i>porque harto se ha padecido en muchas academias jur&iacute;dicas nacionales la presencia de &lsquo;ius-filosofastros&#39; que no hacen m&aacute;s que recordarnos aquella diciente advocaci&oacute;n nietzscheana: &quot;La ciega ignorancia es menos fatal que el mediocre y confuso saber&quot;.</p>     <p><a name="nota20">20</a> Cons&uacute;ltese al respecto Luhmann (1985), Kaufmann - Hassemer (1992), Mej&iacute;a Quintana (2005: cap. III).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="nota21">21</a> Esta idea ya la hab&iacute;a planteado el autor cuando en un ensayo temprano (de 2002), en el que adelantaba algunas de las tesis centrales del cap&iacute;tulo 4 (4.2) de tal libro (2004), expres&oacute; que &quot;Quienes afirman no tener una teor&iacute;a del derecho s&oacute;lo afirman, en &uacute;ltimas, que poseen una teor&iacute;a del derecho que no est&aacute; bajo su control consciente&quot;.</p>     <p><a name="nota22">22</a> Cons&uacute;ltense, entre muchas otras, las sentencias T-438/96, T-606/97, T-450/01, T-137/03.</p>     <p><a name="nota23">23</a> Cfr.: L&oacute;pez Medina (2006), Uprimny - Botero (2006).</p>     <p><a name="nota24">24</a> El concepto y contenido de las normas adscritas se encuentra en Alexy (1993). Ver tambi&eacute;n Bernal (2003). En el contexto constitucional mexicano a la norma adscrita se le denomina &quot;subnorma constitucional&quot;. Tambi&eacute;n se denomina como &quot;norma subconstitucional&quot; o &quot;subregla jurisprudencial&quot;. Ver, por ejemplo, Garc&iacute;a (1984).</p>     <p><a name="nota25">25</a> Sobre los problemas te&oacute;ricos y pr&aacute;cticos de esta tesis, as&iacute; como sobre los aspectos que debe comprender su fundamentaci&oacute;n, ver Bernal (2005: cap. 6, II). Sobre la obligatoriedad de las sentencias y el sistema de precedentes de nuestro derecho, ver: C131/93, C-083/95, T-260/95, SU-047/99. Sobre la v&iacute;a de hecho en la que se incurre por contradecir un precedente, SU-640/95.</p>     <p><a name="nota26">26</a> Jos&eacute; Juan Moreso se refiere as&iacute;, respectivamente, a la vaguedad y a la inconsistencia del lenguaje normativo (1997, p. 87 y 108).</p>     <p><a name="nota27">27</a> La pretensi&oacute;n de correcci&oacute;n del derecho consiste en que el enunciado jur&iacute;dico normativo, en forma de sentencia judicial, debe ser racionalmente fundamentado en el contexto del ordenamiento jur&iacute;dico vigente. En el discurso jur&iacute;dico ninguna afirmaci&oacute;n puede prescindir de la respectiva fundamentaci&oacute;n y las razones que se aducen para tomar tal o cual decisi&oacute;n deben ser indicadas. A este respecto, la jurisprudencia alemana determina que &quot;Las decisiones de los jueces deben basarse en decisiones racionales&quot; (BverfGE 34, 269 (289)). Por esto es por lo que la decisi&oacute;n judicial, y todo discurso que verse sobre el derecho positivo, cae bajo esta pretensi&oacute;n, la cual implica una pretensi&oacute;n de justificabilidad. En el postfacio a la versi&oacute;n castellana de Teor&iacute;a de la argumentaci&oacute;n jur&iacute;dica, &quot;Respuesta a algunos cr&iacute;ticos&quot;, Alexy pone de presente que la pretensi&oacute;n de correcci&oacute;n se plantea necesariamente en el discurso jur&iacute;dico y ejemplifica la falta de tal pretensi&oacute;n con un ejemplo: &quot;En nombre del pueblo se condena al se&ntilde;or N a diez a&ntilde;os de privaci&oacute;n de la libertad, aunque no hay para ello buenas razones&quot;. La cuesti&oacute;n de la pretensi&oacute;n hace parte de la dimensi&oacute;n de validez, no de legitimidad, de las decisiones judiciales; as&iacute; estas decisiones por la falta de pretensi&oacute;n de correcci&oacute;n no dejan de ser decisiones judiciales v&aacute;lidas, pero s&iacute; las hacen defectuosas. La pretensi&oacute;n se satisface no con cualquier tipo de argumentaci&oacute;n sino con una que sea correcta.</p>     <p><a name="nota28">28</a> El concepto y contenido de las normas adscritas se encuentra en Alexy (1993) y  Bernal (2003). En el contexto constitucional mexicano a la norma adscrita se le denomina &quot;subnorma constitucional&quot;. Tambi&eacute;n se denomina como &quot;norma subconstitucional&quot; o &quot;subregla jurispudencial&quot;. Ver, por ejemplo, Garc&iacute;a (1984).</p>     <p><a name="nota29">29</a> Sobre este punto en particular cons&uacute;ltese Bernal (2005: cap. VI, II, 3.2.3).</p>     <p><a name="nota30">30</a> Esta idea se plante&oacute; originalmente en Rodrigo Uprimny et al. La igualdad en la   jurisprudencia de la Corte Constitucional. Manuscrito. Se reiter&oacute; en la &quot;Introducci&oacute;n metodol&oacute;gica&quot; de Uprimny - Botero (2006: xviii-xix).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="nota31">31</a> Desde el punto de vista de Alexy, que transversaliza todo el an&aacute;lisis al respecto, debe clarificarse que tanto los principios como las reglas son dos tipos de normas que se distinguen por su criterio de generalidad (relativamente alto y relativamente bajo), es decir, son especies del g&eacute;nero de norma. Cons&uacute;ltese Alexy (1993, p. 82 y ss.). Desde un punto de vista m&aacute;s amplio, que vincula tal distinci&oacute;n en la teor&iacute;a de Dworkin y su enfrentamiento con el positivismo suave de Hart, ver Bernal (2003, p. 570 y ss.).</p>     <p><a name="nota32">32</a> Para una explicaci&oacute;n del contenido definitivo de los derechos fundamentales, en el contexto de un cuidadoso examen a la teor&iacute;a de los derechos fundamentales que sustenta la aplicaci&oacute;n del principio de proporcionalidad, ver Lopera (2006: cap. 2, II, 2.1).</p>     <p><a name="nota33">33</a> La mayor posibilidad de apartarse de un precedente en nuestro sistema jur&iacute;dico resulta m&aacute;s ilustrativa si se contrapone a lo excepcional de tal posibilidad en la jurisprudencia constitucional norteamericana. Como uno de los principales ejemplos hist&oacute;ricos, v&eacute;ase el overruling que constituy&oacute; <i>Brown vs. Board of Education of Topeka</i> (347 U.S. 483. 1954) sobre <i>Plessy vs. Ferguson</i> (163 U.S. 537. 1896), en la cual la Suprema Corte aprob&oacute;, con base en la doctrina de los &quot;separados pero iguales&quot;, que los afroamericanos se educaran en escuelas diferentes de las de los angloamericanos blancos. La Corte se apart&oacute; de este precedente en Brown y sostuvo que &quot;&#91;Separar a los ni&ntilde;os afroamericanos&#93; de otros de edad y capacidades similares &uacute;nicamente debido a su raza, genera un sentimiento de inferioridad respecto a su estatus en la comunidad, que puede afectar sus corazones y sus mentes de un modo que probablemente jam&aacute;s ser&aacute; superado (&hellip;) Una sensaci&oacute;n de inferioridad afecta la motivaci&oacute;n de un ni&ntilde;o para aprender. La segregaci&oacute;n, con la aprobaci&oacute;n de la ley, por tanto, tiende a &#91;retardar&#93; el desarrollo educativo y mental de los ni&ntilde;os negros y a privarlos de algunos de los beneficios que recibir&iacute;an en un sistema escolar racialmente integrado&quot;. Sobre esta decisi&oacute;n cons&uacute;ltense Wechsler (1959) y Sunstein (1997).</p>     <p><a name="nota34">34</a> Como un ejemplo pueden observarse las columnas de Javier Tamayo Jaramillo, quien enderez&oacute; una pol&eacute;mica con Diego L&oacute;pez Medina, desarrollada en varios n&uacute;meros del peri&oacute;dico <i>&Aacute;mbito Jur&iacute;dico:</i> 23 de mayo a 5 de junio, 2005; 18 al 31 de julio de 2005; 21 de mayo al 3 de junio de 2007; a esta &uacute;ltima L&oacute;pez Medina respondi&oacute; en el n&uacute;mero correspondiente a 13 a 26 de agosto de 2007.</p>     <p><a name="nota35">35</a> Respecto a los derechos sociales, un an&aacute;lisis sobre este punto se encuentra en Sunstein (2004).</p>     <p><a name="nota36">36</a> A la cual la releva la Jurisprudencia de Intereses de (1961).</p>     <p><a name="nota37">37</a> Representada por J. Bentham, O. Holmes, K. Ehrlich, R. Pound, J. Dewey, C. Cossio, P. Levi, el realismo jur&iacute;dico, T. Viehweg y F. Carnelutti. Ver, Recasens Siches (1956: cap. 2).</p>     <p><a name="nota38">38</a> Adeudo esta referencia a Vicente Dur&aacute;n Casas.</p>     <p><a name="nota39">39</a> Sentencia T-406 de 1992.</p>     <p><a name="nota40">40</a> BVerfGE 34, 269 (289). Cit. en Alexy (1997, p. 19).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="nota41">41</a> Sobre la diferencia entre este constitucionalismo y el constitucionalismo europeo   con relaci&oacute;n a la separaci&oacute;n entre derechos y ley respecto a la protecci&oacute;n de los derechos, ver Zagrebelsky (2002).</p>     <p><a name="nota42">42</a> Los cuales se refieren a los derechos a un m&iacute;nimo social para la satisfacci&oacute;n de necesidades b&aacute;sicas como el vestido, la comida, la vivienda, la asistencia m&eacute;dica, la educaci&oacute;n, la recreaci&oacute;n, el trabajo y la seguridad social.</p>     <p><a name="nota43">43</a> Ver la grabaci&oacute;n de la ponencia de Rodolfo Arango en la <i>Conference on Constitutional Courts.</i> Washington University School of Law, Institute for Global Legal Studies, . 1-3 de noviembre de 2001. <a href="http://law.wustl.edu/igls/webcastcccnov01/arango.ram" target="_blank">http://law.wustl.edu/igls/webcastcccnov01/arango.ram</a></p>     <p><a name="nota44">44</a> Normas cl&aacute;sicas, completas, de aplicaci&oacute;n inmediata, program&aacute;ticas, de habilitaci&oacute;n de competencias, que consagran valores, que proh&iacute;jan principios, que contemplan fines, seg&uacute;n ha se&ntilde;alado la Corte Constitucional. Ver: SC-531/93.</p>     <p><a name="nota45">45</a> Palabras en el lanzamiento del libro en Manizales. Palacio Nacional de Justicia, 5 de agosto de 2005. De su autor&iacute;a ver principalmente (2005).</p> <hr/>      <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>ALEXY, R. (1993). <i>Teor&iacute;a de los derechos fundamentales</i>. Madrid: Centro de Estudios Constitucionales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-8697200800010001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ALEXY, R. (1997). <i>El concepto y la validez del derecho y otros ensayos</i> (2&ordf; ed.). Barcelona: Gedisa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-8697200800010001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ALEXY, R. (2003). <i>Tres escritos sobre los derechos fundamentales y la teor&iacute;a de los principios</i>. Bogot&aacute;: Universidad Externado de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-8697200800010001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ALEXY, R. (2004). <i>Ep&iacute;logo a la &quot;Teor&iacute;a de los derechos fundamentales&quot;</i>. Madrid: Centro de Estudios del Colegio de Registradores de la Propiedad y Mercantiles de Espa&ntilde;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0121-8697200800010001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ARANGO, R. (1999). <i>&iquest;Hay respuestas correctas en el derecho?</i> Bogot&aacute;: Siglo del Hombre - Uniandes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-8697200800010001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ARANGO, R. (2004). <i>Derechos, constitucionalismo y democracia.</i> Bogot&aacute;: Universidad Externado de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0121-8697200800010001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ARANGO, R. (2005). <i>El concepto de derechos sociales fundamentales</i>. Bogot&aacute;: Legis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-8697200800010001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ATIENZA, M. (1993). <i>Las razones del Derecho. Teor&iacute;as de la argumentaci&oacute;n jur&iacute;dica.</i> Madrid: Centro de Estudios Constitucionales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0121-8697200800010001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>AUSTIN, J. (1998). <i>The Uses of the Study of Jurisprudence</i>. Indian&aacute;polis: Hackett.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-8697200800010001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BARAK, A. (2006). <i>The Judge in a Democracy</i>. Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0121-8697200800010001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BERNAL PULIDO, C. (2007). El neoconstitucionalismo a debate. En M. CARBONELL (Ed.), <i>Teor&iacute;a del neoconstitucionalismo. Ensayos escogidos</i>. Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-8697200800010001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BERNAL PULIDO, C. (2003). <i>El principio de proporcionalidad y los Derechos Fundamentales</i>. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0121-8697200800010001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BERNAL PULIDO, C. (2005). <i>El derecho de los derechos</i>. Bogot&aacute;: Universidad Externado de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0121-8697200800010001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BERNAL PULIDO, C. (2006). <i>El neoconstitucionalismo a debate</i>. Bogot&aacute;: Universidad Externado de Colombia. Serie Temas de Derecho P&uacute;blico No 76.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0121-8697200800010001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BERNAL, J. y MONTEALEGRE, E. (2004). De la estricta l&oacute;gica formal a la l&oacute;gica de lo razonable. En <i>El proceso penal: Fundamentos constitucionales del nuevo sistema acusatorio</i> (5&ordf; ed.). Bogot&aacute;: Universidad Externado de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-8697200800010001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BICKEL, A. (1962). <i>The Least Dangerous Branch. The Suprema Court at the Bar of Politics</i>. New Haven: Yale University Pres.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0121-8697200800010001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CARBONELL, M. (Ed.). (2006). <i>Neoconstitucionalismo(s)</i> (3a ed.). Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0121-8697200800010001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CARBONELL, M. (Ed.). (2007). <i>Teor&iacute;a del neoconstitucionalismo</i>. Ensayos escogidos. Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0121-8697200800010001200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CARBONELL, M. (2008). <i>El neoconstitucionalismo en Am&eacute;rica Latina: una perspectiva te&oacute;rica</i>. Me baso en la versi&oacute;n in&eacute;dita facilitada por el autor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0121-8697200800010001200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>FIX FIERRO, H. y V&Aacute;SQUEZ, R. (comps.). (2004). <i>Jueces y derecho. Problemas contempor&aacute;neos</i>. M&eacute;xico: UNAM-Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0121-8697200800010001200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>C&Aacute;RDENAS, A. (1982). Hans Kelsen y su influjo en el pensamiento jur&iacute;dico colombiano. En Ponencias del <i>III Congreso de filosof&iacute;a latinoamericana.</i> Bogot&aacute;: Universidad Santo Tom&aacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0121-8697200800010001200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>DWORKIN, R. (1977). <i>Taking Rights Seriously</i>. Cambridge: Harvard University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0121-8697200800010001200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>DWORKIN, R. (2007). &iquest;Deben nuestros jueces ser fil&oacute;sofos?, &iquest;pueden ser fil&oacute;sofos? (Vers. cast. de Leonardo Garc&iacute;a J.). En <i>Estudios de Derecho</i>, No 144, a&ntilde;o LXIV. Facultad de Derecho y Ciencias Pol&iacute;ticas, Universidad de Antioquia, Medell&iacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0121-8697200800010001200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ESTRADA, A.J. (2000). <i>La eficacia de los Derechos Fundamentales frente a particulares</i>. Bogot&aacute;: Universidad Externado de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0121-8697200800010001200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>FERRAJOLI, L. (2006). <i>Derechos y garant&iacute;as. La ley del m&aacute;s d&eacute;bil</i> (5&ordf; ed.). Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0121-8697200800010001200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GARC&Iacute;A, E.A. (1984). <i>La interpretaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n.</i> Madrid: Centro de Estudios Constitucionales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0121-8697200800010001200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GARC&Iacute;A AMADO, J.A. (2008). <i>Sobre el neo-constitucionalismo y sus precursores.</i> Me baso en la versi&oacute;n in&eacute;dita facilitada por el autor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0121-8697200800010001200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GARC&Iacute;A AMADO, J.A. (2007). Derechos y pretextos. Elementos de cr&iacute;tica del neoconstitucionalismo. En M. CARBONELL (Ed.), <i>Teor&iacute;a del neoconstitucionalismo. Ensayos escogidos</i>. Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0121-8697200800010001200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GARC&Iacute;A FIGUEROA, A. (2006). La teor&iacute;a del derecho en tiempos del neoconstitucionalismo. En M. CARBONELL (Ed.), <i>Neoconstitucionalismo(s)</i> Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0121-8697200800010001200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GUASTINI, R. (2007). <i>Estudios de teor&iacute;a constitucional</i> (3&ordf; ed.). M&eacute;xico D.F.: IIJUNAM, Fontamara.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0121-8697200800010001200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GUTI&Eacute;RREZ GIRARDOT, R. (1980). &quot;La cultura de vi&ntilde;eta&quot; y &quot;La historia universal desde la Sabana&quot;. En <i>Manual de historia de Colombia</i>, T. III. Bogot&aacute;: Colcultura.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0121-8697200800010001200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>HART, H.L.A. (1994). <i>The Concept of Law</i>. Oxford: Clarendon press (2nd ed.). Vers. cast. de Genaro Carri&oacute; (1963). <i>El concepto de derecho</i>. Buenos Aires: Abeledo Perrot.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0121-8697200800010001200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>HECK, P. (1961). <i>El problema de la creaci&oacute;n del derecho</i>. Barcelona: Ariel.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0121-8697200800010001200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>HERN&Aacute;NDEZ, A. (1981). <i>La ciencia jur&iacute;dica tradicional y su trasformaci&oacute;n.</i> Madrid: Civitas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0121-8697200800010001200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>HOLMES, O.W. (1964). <i>The Common Law. &quot;Lecture I. Early Forms of Liability&quot;</i>. Cambridge, Mass.: Harvard University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0121-8697200800010001200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>HOLMES, O.W. (1996). <i>The Path of the Law</i>. Bedford: Applewood.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0121-8697200800010001200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>JAMES, William (1943). <i>Pragmatism</i>. New York: Longmans.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0121-8697200800010001200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>KAUFMANN, A. (1999). <i>Filosof&iacute;a del derecho</i>. Bogot&aacute;: Universidad Externado de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0121-8697200800010001200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>HASSEMER, W. (Ed.). (1992). <i>El pensamiento jur&iacute;dico contempor&aacute;neo</i>. Madrid: Debate.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0121-8697200800010001200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>KELSEN, H. (1994). <i>Teor&iacute;a pura del derecho</i>. Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0121-8697200800010001200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>KENNEDY, D. (2003). Two Globalizations of Law &amp; Legal Thought: 18501968. En <i>Suffolk University, Law Review, XXXVI</i> (3).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0121-8697200800010001200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>LOPERA, G.P. (2006). <i>Principio de proporcionalidad y ley penal</i>. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0121-8697200800010001200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>L&Oacute;PEZ MEDINA, D. (2006). <i>El derecho de los jueces</i> (2&ordf; ed.). Bogot&aacute;: Legis, Universidad de los Andes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0121-8697200800010001200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>L&Oacute;PEZ MEDINA, D. (2004). <i>Teor&iacute;a impura del derecho.</i> Bogot&aacute;: Legis - Universidad de los Andes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0121-8697200800010001200044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>L&Oacute;PEZ MEDINA, D. (2001). <i>Comparative Jurisprudence: Reception and Misreading of Transnational Legal Theory in Latin America</i>. Tesis doctoral, Harvard Law School. Citado en Kennedy (2003, pp. 635)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0121-8697200800010001200045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>LUHMANN, N. (1985). <i>A Sociological Theory of Law</i>. London: Routledge &amp; Kegan.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0121-8697200800010001200046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MANERO RUIZ, J. (1996). <i>Las piezas del derecho. Teor&iacute;a de los enunciados jur&iacute;dicos.</i> Barcelona: Ariel.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0121-8697200800010001200047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MEJ&Iacute;A QUINTANA, O. (1998). <i>Derecho, legitimidad y democracia deliberativa.</i> Bogot&aacute;: Temis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0121-8697200800010001200048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MEJ&Iacute;A QUINTANA, O. (2005). <i>Teor&iacute;a pol&iacute;tica, democracia radical y filosof&iacute;a del derecho</i>. Bogot&aacute;: Temis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0121-8697200800010001200049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MORESO, J.J. (1997). <i>La indeterminaci&oacute;n del derecho y la indeterminaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n</i>. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0121-8697200800010001200050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>NANCLARES, A. (2001). <i>Los jueces de m&aacute;rmol. Pr&oacute;logo de Carlos Gaviria.</i> Medell&iacute;n: La Pisca Tabaca.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0121-8697200800010001200051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>NORTHROP, F.S.C. (1959). <i>The Complexity of Legal and Ethical Experience: Studies in the method of normative subjects.</i> Boston: Little Brown.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0121-8697200800010001200052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>N&Uacute;&Ntilde;EZ, J.A. (2005). <i>Manifiesto por una justicia constitucional responsable</i>. Bogot&aacute;: Legis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0121-8697200800010001200053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>POPPER, Karl (1994). Mi concepci&oacute;n de la filosof&iacute;a. En <i>En busca de un mundo mejor</i>. Barcelona: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0121-8697200800010001200054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>PRIETO SANCH&Iacute;S, L. (2003). <i>Justicia constitucional y derechos fundamentales.</i> Cap. 2: &quot;Sobre el neoconstitucionalismo y sus implicaciones&quot;. Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0121-8697200800010001200055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>PRIETO SANCH&Iacute;S, L. (2007). El constitucionalismo de los derechos. En M. CARBONELL (Ed.) <i>Teor&iacute;a del neoconstitucionalismo. Ensayos escogidos</i>. Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0121-8697200800010001200056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RECASENS SICHES, L. (1980). <i>Nueva filosof&iacute;a de la interpretaci&oacute;n del derecho.</i> M&eacute;xico D.F.: Porr&uacute;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0121-8697200800010001200057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SASTRE ARIZA, S. (2006). La ciencia jur&iacute;dica ante el neoconstitucionalismo. En M. CARBONELL (Ed.), <i>Neoconstitucionalismo(s)</i> (3&ordf; ed.). Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0121-8697200800010001200058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SIERRA MEJ&Iacute;A, R. (Ed.). (1985). <i>La filosof&iacute;a en Colombia</i> (siglo XX). Bogot&aacute;: Procultura.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0121-8697200800010001200059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SCHNEIDER, H.-P. (1991). <i>Democracia y constituci&oacute;n.</i> Madrid: Centro de Estudios Constitucionales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0121-8697200800010001200060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SUNSTEIN, C. (2004). <i>The Second Bill of Rights.</i> New York: Basic Books.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0121-8697200800010001200061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SUNSTEIN, C. (1997). Why Markets Don&#39;t Stop Discrimination? En <i>Free Markets and Social Justice.</i> Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S0121-8697200800010001200062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>UPRIMNY, R. (1997). Estado social de derecho y decisi&oacute;n judicial correcta: un intento de recapitulaci&oacute;n de los grandes modelos de interpretaci&oacute;n jur&iacute;dica. En VV.AA. <i>Hermen&eacute;utica jur&iacute;dica.</i> Bogot&aacute;: Ediciones rosaristas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000231&pid=S0121-8697200800010001200063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BOTERO, C. et al. (2006). <i>Libertad de prensa y derechos fundamentales</i>. Bogot&aacute;: Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000232&pid=S0121-8697200800010001200064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>VILLAR BORDA, L. (1991). <i>Kelsen en Colombia</i>. Bogot&aacute;: Temis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000233&pid=S0121-8697200800010001200065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>WECHSLER, H.(1959). Toward Neutral Principles of Constitutional Law. En <i>Harvard Law Review</i>, 73.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000234&pid=S0121-8697200800010001200066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>WITTGENSTEIN, L. (1969). <i>Philosophische Untersuchungen</i> (pp. 324-325). Frankfurt: Suhrkamp. Adeudo esta referencia a Vicente Dur&aacute;n Casas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000235&pid=S0121-8697200800010001200067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ZAGREBELSKY, G. (2007). Jueces constitucionales. En M. CARBONELL (2007).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000236&pid=S0121-8697200800010001200068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ZAGREBELSKY, G. (2002). <i>El derecho d&uacute;ctil</i>. Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000237&pid=S0121-8697200800010001200069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font size="3"><b>Sentencias de la Corte Constitucional</b></font></p>      <p>T-406 de 1992</p>           <p>C-531de 1993</p>                 <p>C-131 de 1993</p>     <p>C-083 de 1995</p>          ]]></body>
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