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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[CONFIANZA: EL RETO PARA LAS CIENCIAS SOCIALES]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The article presents a reflection on the role of social sciences in the modern world, highlighting the origins, principles and fundamentals that support it, allow us to target potential solutions in the current social conflict. To go to the above methodology between descriptive metaphors, knowledge and development.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><FONT size="4"><B>CONFIANZA: EL RETO PARA LAS CIENCIAS   SOCIALES</B></FONT></p>     <p><B>Juan Jos&eacute; Plata C.<A href="#aff*">*</A></B></p>     <p><A name="aff*">*</A> Economista, mag&iacute;ster en Antropolog&iacute;a Social de la   Universidad Nacional de Colombia <A href="mailto:jplata@colciencias.gov.co"><I>jplata@colciencias.gov.co</I></A></p> <HR>     <p><B>Resumen</B></p>     <p><I>El art&iacute;culo presenta una reflexi&oacute;n sobre el papel de las ciencias sociales   en el mundo moderno, resaltando como los or&iacute;genes, principios y fundamentos que   la sustentan, nos permiten orientar posibles soluciones en el actual conflicto   social. Para lo anterior acudimos a una metodolog&iacute;a descriptiva entre met&aacute;foras,   conocimiento y desarrollo</I></p>     <p><B>Palabras clave: </B>Ciencias sociales, raz&oacute;n, confianza, conciencia.</p> <HR>     <p><B>Abstract</B></p>     <p>The article presents a reflection on the role of social sciences in the   modern world, highlighting the origins, principles and fundamentals that support   it, allow us to target potential solutions in the current social conflict. To go   to the above methodology between descriptive metaphors, knowledge and   development.</p>     <p><B>Keywords: </B>Social science, reason, confidence, conscience.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><B><I>Fecha de recepci&oacute;n:</I></B><I> </I>19 de junio de 2008 <B>    <BR>       <I>Fecha   de aceptaci&oacute;n:</I></B><I> </I>3 de febrero de 2009</p> <HR>     <p align="right"><I>"Enga&ntilde;ar tiene su ciencia".</I>    <BR>     <B>Aterciopelados</B></p>     <p align="right"><I>&iquest;Qu&eacute; es ser colombiano?     <BR>   Ser colombiano es un acto de fe. </I>    <BR>   <B>Jorge Luis Borges. Ulrika.</B></p>     <p align="right"><I>"Un mundo termina cuando su met&aacute;fora ha muerto. Una   &eacute;poca    <BR>   se vuelve &eacute;poca, y mucho m&aacute;s, cuando poetas sensuales en su    <BR>   orgullo   inventan emblemas para el contenido del alma que dicen    ]]></body>
<body><![CDATA[<BR>   los significados que   los hombres jam&aacute;s conocer&aacute;n pero que    <BR>   im&aacute;genes hechas por el hombre podr&aacute;n   mostrar: perece cuando    <BR>   esas im&aacute;genes, aunque vistas, ya no significan   nada".</I>    <BR>   <B>Archibald Maclein</B></p>     <p>&iquest;Cu&aacute;les son las met&aacute;foras en las que vivimos (George Lakoff, 1990)? &iquest;Nos   permiten las ciencias sociales y las humanidades, hoy, dar cuenta de la &eacute;poca en   que vivimos? &iquest;Estamos acaso viviendo un momento de transici&oacute;n, de una &eacute;poca a   otra?, si esto es as&iacute;, cu&aacute;l es la met&aacute;fora que ha muerto?; &iquest;cu&aacute;les las im&aacute;genes   que aunque vistas, ya no evocan ning&uacute;n sentido?; &iquest;cu&aacute;les son las nuevas   met&aacute;foras, cu&aacute;les las nuevas im&aacute;genes?</p>     <p>Un vocablo frecuente en uso es el de sociedad postmoderna, as&iacute; como otros   afines, tales como: sociedad postindustrial, postcapitalista, postguerra fr&iacute;a,   postnacional. Sin embargo, toda esta <I>despu&eacute;s-log&iacute;a </I>poco nos ayuda a   comprender el esp&iacute;ritu de la &eacute;poca. Luego de la euforia de los profetas del <I>final de la historia </I>y de la sobrevaloraci&oacute;n del mercado, no parece tan   cierto que hayan muerto las met&aacute;foras propias de la &eacute;poca moderna. Parece, m&aacute;s   bien, que se acent&uacute;a la pesadilla emanada de los monstruos de la raz&oacute;n incubados   en los sue&ntilde;os de Newton. Recordemos que la empresa colonial, as&iacute; como la   emergencia de las instituciones propias de la modernidad, en especial la del   estado-naci&oacute;n, fueron procesos que se caracterizaron no precisamente por ser   pac&iacute;ficos. El advenimiento del mundo moderno est&aacute; atravesado por el conflicto   social, por las guerras entre pueblos, por la dominaci&oacute;n y el sometimiento   social. Y no conocemos a&uacute;n todos los horrores que somos capaces de producir.</p>     <p>&iquest;Qu&eacute; tanta conciencia tenemos de los riesgos que afrontamos por nuestros   propios errores, por nuestras cegueras? Parte, de la reflexi&oacute;n que me propongo   hacer tiene que ver por la pregunta por el papel de las ciencias sociales. &iquest;De   qu&eacute; sirven los conocimientos propios de las ciencias sociales, si cada vez que   nos proponemos orientar el cambio, por lo general, nos abocamos a la emergencia   de nuevos sufrimientos, al fracaso no controlado, a la incertidumbre?</p>     <p><FONT size="3">1. <B>LAS CRISIS DEL MUNDO PRESENTE Y CIENCIAS   SOCIALES</B></FONT></p>     <p>Met&aacute;foras, conocimiento y desarrollo en tiempos de incertidumbre, bien podr&iacute;a   ser este el t&iacute;tulo de este escrito, en el que buscamos adelantar una reflexi&oacute;n   sobre lo que significa ser humano y tener sentido de pertenencia en contextos de   globalizaci&oacute;n. Buscamos, adem&aacute;s, preguntarnos por las ciencias sociales, la   pertinencia o no de sus conocimientos para sortear las incertidumbres y las   crisis por las que atravesamos. Ante esto sugerimos una serie de claves para   desenredar las sendas perdidas del sentido de lo p&uacute;blico y de lo humano cuando   pensamos en la condici&oacute;n humana en los tiempos presentes.</p>     <p>Siendo la primera de tales claves reconocer que si bien la raz&oacute;n y el c&aacute;lculo   racional han permitido el desencantamiento del mundo (el llamado progreso y los   avances cient&iacute;fico-t&eacute;cnicos con todos los consumos y las formas de vida que   caracterizan hoy a Occidente) no es menos cierto que esta manera de conocer y   actuar est&aacute; en la base del malestar y la crisis del mundo presente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Confiamos en la raz&oacute;n. Confiamos en el c&aacute;lculo racional, confiamos en la   ciencia, confiamos en nuestra capacidad de someter y dominar la naturaleza. Por   cierto, esta confianza no fue defraudada del todo; prueba de ello son la   metr&oacute;poli moderna, el ciberespacio, la posibilidad de viajes de turismo al   espacio exterior, el plasma, la telefon&iacute;a m&oacute;vil, el autom&oacute;vil, los alimentos   transg&eacute;nicos, las m&aacute;s variadas fuentes de energ&iacute;a y de goces asociados a   artefactos nunca imaginados. De igual manera, nos enfrentamos a nuevos riesgos,   a efectos no deseados: el calentamiento global, las guerras, las pandemias, el   hambre en medio de la abundancia. Las promesas de la raz&oacute;n y de la ciencia no   parecen ya tener los mismos seguidores. Sin duda, confrontamos como especie,   como humanidad, retos vitales.</p>     <p>Lo propio del mundo contempor&aacute;neo es la incertidumbre, el riesgo y la   desigualdad. Nos enfrentamos a recurrentes paradojas de lo incierto/ lo real, la   contradicci&oacute;n es lo recurrente, el mundo de lo social es a la vez   orden/desorden. Enfrentamos situaciones que demandan nuevos conocimientos, as&iacute;   como acciones en t&eacute;rminos de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y del accionar de los   ciudadanos. Empezamos a reconsiderar nuestras certezas y se empieza a reconocer   que en gran medida el problema reside en la fe ciega en la raz&oacute;n, en el c&aacute;lculo   racional que termina en el sometimiento y la depredaci&oacute;n del otro, sea este otro   una persona, un animal o una cosa. En esta l&oacute;gica todo tiende a caer en manos   del poder. No tanto porque la raz&oacute;n no sea &uacute;til, sino por cuanto se ha   convertido en algo externo a la condici&oacute;n humana que tiende a gobernarlo   todo.</p>     <p>Esta reflexi&oacute;n nos trae a la mano el encuentro con la presentaci&oacute;n del libro   reciente de Edmond Wrigh, donde indica que con la Ilustraci&oacute;n nos acostumbramos   a decir que <I>"In reason we trust" -en la raz&oacute;n confiamos- </I>pero sugiere la   necesidad de darle la vuelta para reconocer que "in <I>trust we reason" -en la   confianza razonamos-; </I>de hecho es as&iacute;: si no hay confianza, no es posible   construir consensos para la acci&oacute;n consensuada. Si no hay confianza, no es   posible construir las reglas del juego que regulan la vida en com&uacute;n. Pero, esta   posici&oacute;n tiene implicaciones en la manera como desarrollamos y construimos   nuestras maneras de conocer y ser en el mundo. La segunda posici&oacute;n es necesaria   si reconocemos que no hay verdades absolutas, como en efecto pasa, y seg&uacute;n lo   sugiere Wrigh (2006), quien indica que "si <I>escogi&eacute;ramos el mismo pedazo del   mundo, como este es, no nos hablar&iacute;amos... nos hablamos unos a otros porque   asumimos cosas diferentes sobre lo mismo". </I>Muy en concordancia con buena   parte de lo que queremos presentar: los retos que confrontamos como humanidad   concuerdan a la par con los nuevos retos de las ciencias sociales, si queremos   que sus conocimientos sean pertinentes.</p>     <p>Las ciencias sociales tambi&eacute;n son hijas de la Ilustraci&oacute;n, son parte del   pensamiento ilustrado, desde la primac&iacute;a del logos en Grecia se constituyen las   bases para el desarrollo de las ciencias, y esto incluye a las ciencias   sociales. Pero un dato importante de resaltar, la ciencia occidental no ha   reconocido la influencia que en su desarrollo ha tenido la cultura isl&aacute;mica: los   aportes del &aacute;lgebra y la experimentaci&oacute;n son sus aportes a la ciencia moderna.   Modelos de formalizaci&oacute;n centrados en la matem&aacute;tica, la l&oacute;gica y la   experimentaci&oacute;n. Escritos como el realizado por Gidenns (1985), <I>El   capitalismo y la moderna teor&iacute;a social </I>(1985), remiten de una parte a la   figura de los cl&aacute;sicos de las ciencias sociales, Marx, Weber y Durkheim; de   otra, a la concomitancia de la moderna teor&iacute;a social y el capitalismo. En el   libro compilado por Leal y Rey, <I>Discurso y raz&oacute;n </I>(2000), se hace una   revisi&oacute;n de la misma relaci&oacute;n para el caso de las ciencias sociales en el   pa&iacute;s.</p>     <p>La segunda clave invita a la recuperaci&oacute;n del sentido. Los procesos de   construcci&oacute;n de sentido, el significado que le damos a lo vivido, los sistemas   de valores de una sociedad pasan por la familia, la escuela, la ciudad, los   medios de comunicaci&oacute;n. Esto por cuanto nos hacemos humanos en el conversar, en   el compartir en la convivencia. No hay posibilidad de conocer sino a trav&eacute;s de   la comunicaci&oacute;n con otros, a partir de la participaci&oacute;n en redes   conversacionales vivas como lo suger&iacute;a en un art&iacute;culo de nuestra autor&iacute;a (Plata,   2001). Morris Bergman (2004) ha sugerido en sus obras la necesidad de reencantar   el mundo, volver a unir pensamiento y acci&oacute;n, mito y raz&oacute;n, mente y cuerpo.   Humberto Maturana y Francisco Varela (1990) han destacado el papel del lenguaje   y la conversaci&oacute;n en el conocimiento. Existen diversos cuerpos de conocimiento,   a la vez que, diversos conocimientos sobre el cuerpo. Conocemos con todo el   cuerpo es la conclusi&oacute;n que se entresaca de la lectura de Varela, Thompson y   Rosca (1997) y de los aportes m&aacute;s recientes de las ciencias cognitivas. El   conocimiento es ante todo estrategia adaptativa al entorno, para nuestro caso   dicho entorno mantiene una continuidad desde lo biof&iacute;sico a lo sociocultural.   Somos a la vez seres biol&oacute;gicos y seres sociales con diversas expresiones   culturales. Nuestra diversidad es ante todo cultural y se encuentra mediada   ling&uuml;&iacute;sticamente.</p>     <p>Paul Ricoeur (2001) al igual que Johnson y Lakoof (1980) han sugerido que   vivimos en y a trav&eacute;s de met&aacute;foras. Lo que tiene implicaciones &eacute;ticas muy   importantes, pues, somos responsables por lo que decimos y hacemos. Ya no es   posible escudarse en otros, o en la pretendida objetividad de la ciencia. Solo a   trav&eacute;s de la conversaci&oacute;n, de la narraci&oacute;n de la vida le damos sentido a lo   vivido. Por otra parte Emile Durkheim plantea que los seres humanos en el vivir   construimos tanto relaciones (lazo social) como estrategias cognitivas   diferentes. Es en este doble proceso de individualizaci&oacute;n y socializaci&oacute;n que   devenimos humanidad, a la vez que emerge la cultura. Solamente mediante tales   narrativas compartidas, solamente mediante acciones sociales compartidas   construimos sentido moral, construimos valores morales, asumimos posturas   &eacute;ticas. Bien vale recordar a Wittgenstein (1999) quien sobre estos t&oacute;picos   se&ntilde;ala como la &eacute;tica es algo de lo que no se puede hablar sin caer en   moralismos, la &eacute;tica est&aacute; impl&iacute;cita en lo que decimos y hacemos.</p>     <p>En la especie humana el proceso de socializaci&oacute;n est&aacute; mediado por la lengua,   por la capacidad representativa de los seres humanos, por la posibilidad de   construir consensos para la acci&oacute;n social. La construcci&oacute;n de esos consensos   para la acci&oacute;n son posibles solamente si vivimos juntos lo suficiente; solo son   posibles en los procesos de construcci&oacute;n cultural, en el desarrollo socialmente   compartido de estrategias cognitivas. Cuando no establecemos conceptos que hagan   notar la diferencia de las relaciones emergentes entre hombres y mujeres, entre   docentes y dicentes, entre gobernantes y gobernados, seg&uacute;n el sistema social en   el que se construyen, y de la cual son tanto producto como proceso. De igual   manera, nos dejan sin poder abordar los retos antes enunciados en relaci&oacute;n con   las implicaciones para la educaci&oacute;n y la realizaci&oacute;n plena de los derechos   humanos, cuando al mismo tiempo no precisamos las diferencias que entra&ntilde;an las   relaciones entre estrategias cognitivas y lazo social, seg&uacute;n g&eacute;nero y   generaci&oacute;n, seg&uacute;n grupos sociales, seg&uacute;n la cultura local y la b&uacute;squeda de   valores universales, como son, la aceptaci&oacute;n universal de los derechos humanos,   los derechos de los ni&ntilde;os, los derechos que emergen de nuestra condici&oacute;n   humana.</p>     <p>La tercera clave invita a recuperar el papel de la cultura, de las met&aacute;foras   y los conocimientos locales. La opci&oacute;n por la humanidad de la humanidad (Morin,   2006) se sit&uacute;a en el campo de la educaci&oacute;n y la cultura. De ah&iacute; lo relevante que   se torna la relaci&oacute;n entre la educaci&oacute;n, como mediaci&oacute;n entre generaciones,   entre profesores y alumnos, entre padres e hijos, entre gobernantes y   gobernados, y los derechos humanos como reconocimiento de los valores que le   damos al ser humano por el hecho de ser persona sin distinci&oacute;n de color de piel,   grupo social o nacionalidad. &iquest;Qu&eacute; significa reconocer que ning&uacute;n ser humano   puede ser utilizado como medio porque el ser humano es un fin en s&iacute; mismo? &iquest;Qu&eacute;   significa reconocer la autonom&iacute;a del sujeto individual y colectivo, qu&eacute;   significa reconocer los derechos humanos en el devenir humanidad?</p>     <p>La cultura es una caracter&iacute;stica emergente del vivir juntos lo suficiente en   el <I>lenguajear, </I>utilizo aqu&iacute; ese neologismo propuesto por Maturana<A href="#nota1"><SUP>1</SUP></A>. La posibilidad de una cultura gil&aacute;nica parte del   reconocimiento de la gravedad de la crisis, del malestar en la cultura   patriarcal, malestar asociado al paradigma tecnocient&iacute;fico dominante, a la   ambici&oacute;n de poder, a la p&eacute;rdida de sentido, como lo expresa Hannah Arendt en   relaci&oacute;n con la violencia y la secularizaci&oacute;n del mundo:</p>     <BLOCKQUOTE>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>"No creo que el ate&iacute;smo sea un sustituto de la religi&oacute;n ni que pueda cumplir   la misma funci&oacute;n que esta, as&iacute; como tampoco creo que la violencia pueda llegar a   ser un sustituto de la autoridad. Pero si seguimos las recomendaciones de los   conservadores, que en este momento tienen una buena oportunidad de ser   escuchados, estoy bastante convencida de que encontraremos dif&iacute;cil producir   tales sustitutos, que emplearemos la violencia y pretenderemos haber   restablecido la autoridad o que nuestro descubrimiento de la utilidad funcional   de la religi&oacute;n producir&aacute; un sustituto de la religi&oacute;n, como si nuestra   civilizaci&oacute;n no estuviera ya bastante atestada de toda clase de suced&aacute;neos y   disparates".</p> </BLOCKQUOTE>     <p>Esta perspectiva anal&iacute;tica lleva a reconsiderar la manera como nos hemos   acostumbrado a manejar las dimensiones espacio-temporales.</p>     <p>Pero, de igual modo, nos sirve para cuestionar las aproximaciones que se   hacen en la indagaci&oacute;n social, como una indagaci&oacute;n sobre cosas y no sobre   relaciones. Sobre la base de una pretendida objetividad cosi-ficamos la   sociedad, las personas, los hechos sociales. Para superar esta perspectiva es   oportuno aceptar con todas sus consecuencias la invitaci&oacute;n de Norbert El&iacute;as   (1920, p. 16) de <B>"hacerse cargo de uno mismo como persona en medio de otras   personas", </B>reconocer la importancia del entramado social, y reconocer que   este no es un producto dado, sino algo que emerge de la relaci&oacute;n, siempre en   permanente proceso de construcci&oacute;n, con elementos de permanencia y de   cambio.</p>     <p>La cuarta clave, estar atentos a nuestras cegueras. Muchos de los errores que   hoy confrontamos son errores epistemol&oacute;gicos; f&aacute;cilmente confundimos lo   denotativo con lo connotativo, nos quedamos atrapados en los hechos, las cosas y   perdemos de vista los contextos, los procesos, el sentido. &iquest;Hasta d&oacute;nde vivimos   una vida con sentido? Como lo sugiere Heinz von Foerster (1994, p. 16) es   menester pasar de los objetos a los procesos, pasar de los elementos a las   relaciones, de lo virtual a lo virtuoso.</p>     <BLOCKQUOTE>       <p>"El lenguaje, a ra&iacute;z de su aspecto denotativo, nos seduce y nos hace buscar   las propiedades de la realidad "afuera" en lugar de buscarlas dentro de   nosotros. Este h&aacute;bito genera a menudo complacencia; consid&eacute;rese, por ejemplo,   que al referirnos a nosotros mismos hablamos de seres humanos. Como seres   humanos que somos y no que devenimos, nada puede sucedernos. Ahora los invito a   renunciar a esta autocompla-cencia de ser seres humanos y a emprender la   aventura de convertirse en devenires humanos. La situaci&oacute;n cambia much&iacute;simo:   pru&eacute;belo. Hablen de ustedes mismos como devenires humanos y observen qu&eacute; pasa.   La cuesti&oacute;n es, entonces: &iquest;C&oacute;mo podemos observarnos a nosotros mismos? La &uacute;nica   manera de vernos a nosotros mismos que puedo sugerirles es verse a trav&eacute;s de los   ojos de los dem&aacute;s".</p> </BLOCKQUOTE>     <p>En este contexto debemos pensar la relaci&oacute;n entre met&aacute;foras, conocimiento y   desarrollo. La multiplicidad de crisis por las que pasamos requiere volver a   poner la mirada en el conocimiento local, en la necesidad de una educaci&oacute;n de   calidad, una educaci&oacute;n centrada en los valores m&aacute;s caros de la sociedad.   Con&oacute;cete a ti mismo. Este es el mandato b&aacute;sico de toda vida humana personal y   grupal. De igual manera reconocemos la imperiosa necesidad de vivir plenamente,   de vivir la vida con sentido, lo que nos liga sin duda a lo sagrado; de hecho   ,reconocemos lo sagrado de toda vida humana. La educaci&oacute;n en valores, en   especial en la valoraci&oacute;n y respeto a la vida humana, es primordial para devenir   humanidad.</p>     <p>As&iacute; como se han logrado avances en las construcci&oacute;n de indicadores, por   ejemplo, el &Iacute;ndice de Desarrollo Humano, tambi&eacute;n esto nos ha permitido conocer   los retos sociales y los problemas estructurales que confrontan las ciencias   sociales y humanas, en las preguntas y problemas a estudiar; en las situaciones   a transformar en t&eacute;rminos de conocimiento (como explicar y comprender la   desigualdad social, la exclusi&oacute;n, las pandemias y las m&uacute;ltiples crisis); en los   nexos que se establecen entre la investigaci&oacute;n social y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas o   los programas de intervenci&oacute;n y acci&oacute;n. Tal cual lo se&ntilde;ala Wrigth Mills (1997)   en su libro <I>La imaginaci&oacute;n sociol&oacute;gica: </I>si entre cien uno no tiene   empleo. se trata de un problema personal; pero si son diez o m&aacute;s, como es en la   actualidad el caso colombiano, el problema es estructural y tiene que ser   abordado por las ciencias sociales y humanas.</p>     <p>Varios son los intentos recientes de dar cuenta de la especificidad de   nuestro devenir nacional, seg&uacute;n lo veremos m&aacute;s adelante; en nuestro caso,   nuestros dilemas sociales b&aacute;sicos rompen, en buena parte, con los esquemas   convencionales de an&aacute;lisis, comprensi&oacute;n y soluci&oacute;n. Pero, en general, son los   nuevos rumbos globales y las nuevas tensiones las que en conjunto formulan   nuevas preguntas a las ciencias sociales y humanas. Problemas como la pobreza,   la exclusi&oacute;n social, las guerras y los crecientes conflictos (econ&oacute;micos,   &eacute;tnicos, sociales, etc.) emergen en todos los rincones del planeta. De modo tal   que si bien hay especificidades en nuestro devenir social, no lo es menos que   hay problemas comunes, que resaltan la necesidad de una mayor comunicaci&oacute;n con   la comunidad de investigadores a nivel internacional. Programas como el   promovido por la UNESCO sobre la gesti&oacute;n de las transformaciones sociales (MOST)   resaltan la necesidad de hacer p&uacute;blico el conocimiento relacionado con las   din&aacute;micas sociales de tipo general y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, los dise&ntilde;os   institucionales en prueba. As&iacute;, desde nuestras especificidades nacional y   regional se hace necesario contribuir a la generaci&oacute;n de conocimiento para   aplicarlo a nuestras realidades, pero en conversaci&oacute;n con la producci&oacute;n que   sobre estos temas se da desde varias disciplinas y saberes tanto en el pa&iacute;s como   en otras latitudes.</p>     <p>Es bueno reconsiderar nuestros estilos de pensamiento y la manera   acostumbrada de organizar nuestra vida. Pregunt&eacute;monos, si sobre la base de la   racionalidad instrumental nuestras vidas pueden estar inmersas, sin saberlo, en   aquel error de tipo tres del que habla Javier Medina para resaltar esa p&eacute;rdida   de sentido, como ser&iacute;a el preguntarse por la mejor disposici&oacute;n de las sillas en   el <I>Titanic </I>mientras este se hunde; hasta d&oacute;nde lo que construimos como   nuestras historias narradas compartidas o nuestras acciones sociales comunes   hacen sentido, permiten vivir una vida con sentido. Esto demanda de conocimiento   propio de las ciencias sociales, conocimiento sobre aquello que nos identifica.   Ser colombiano implica toma de conciencia sobre lo que somos y queremos ser como   naci&oacute;n. Colombia, dec&iacute;a Sousa Santos y Garc&iacute;a (2001), es un pa&iacute;s imponderable:   a) la democracia m&aacute;s antigua y estable de Am&eacute;rica Latina acompa&ntilde;ada de los   menores grados de autonom&iacute;a; b) estabilidad macroecon&oacute;mica durante muchos a&ntilde;os   que termina en la m&aacute;s profunda crisis del modelo productivo; c) las m&aacute;s viejas y   nuevas formas de confrontaci&oacute;n del establecimiento (guerrillas y narcotr&aacute;fico);   d) un estado del bienestar; en crisis donde no ha habido un estado del   bienestar, e) una de las mayores biodiversidades del planeta acompa&ntilde;ada de los   mayores riesgos medioambientales (pobreza, guerra y narcotr&aacute;fico).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el caso colombiano varios son los ejercicios de reflexi&oacute;n estrat&eacute;gica que   se han ocupado de se&ntilde;alar los principales dilemas sociales que enfrentamos como   sociedad. Entre otros se&ntilde;alamos el reto de la gobernabilidad, expresado en una   sociedad civil d&eacute;bil y en una escasa capacidad de las instituciones para   garantizar la construcci&oacute;n de bienes p&uacute;blicos; el reto de la pobreza y la deuda   social; el creciente deterioro del medioambiente producto de la presi&oacute;n sobre   los recursos por pobreza, guerra y cultivos il&iacute;citos; la dif&iacute;cil inserci&oacute;n   internacional , con deterioro de los pilares que hab&iacute;an sostenido la econom&iacute;a   (crisis cafetera, proceso de desindustrializaci&oacute;n, desempleo, etc.); las   dificultades de la integraci&oacute;n nacional, las desigualdades regionales y la   debilidad de las estrategias para superarlas, y nuestra precaria capacidad   cient&iacute;fica y tecnol&oacute;gica (G&oacute;mez Buend&iacute;a, 1999). Pero a la vez nos caracteriza   una solidaridad y una creatividad inimaginables. Estamos, hoy, frente al reto de   construir caminos de esperanza; la crisis es tanto riesgo como oportunidad, y   solamente mediante el conocimiento, solamente mediante la apuesta por el saber   incorporado, solamente en los aprendizajes sociales ser&aacute; posible hacer ciertas   las posibilidades que tenemos como naci&oacute;n, pero ante todo como humanidad.</p>     <p>La quinta y &uacute;ltima clave es la que nos invita a construir y pensar   colectivamente el futuro desde lo local con aspiraciones universales. El futuro   de la especie humana se plantea hoy como dilema: &iquest;humanidad o barbarie? Son   m&uacute;ltiples los signos de barbarie que hoy presenciamos en todas partes del mundo;   desde las guerras sin raz&oacute;n, de hecho no debe haber raz&oacute;n para la guerra, hasta   la trata de personas, la exclusi&oacute;n y la opresi&oacute;n de otros seres humanos. Pero,   de igual manera, son m&uacute;ltiples los signos de humanidad y compasi&oacute;n; bien lo   ejemplifica la madre Teresa de Calcuta y miles de miles de seres humanos que   devienen en humanidad. Frente a los fen&oacute;menos de la globalizaci&oacute;n se dan   concurrentemente manifestaciones de lo local. El riesgo que tenemos frente a   nosotros, ya lo sugiri&oacute; Alan Toureine en un encuentro en Medell&iacute;n, es evitar la   homogenizaci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n y los encerramientos de los fanatismos. Hay   que estar alertas a nuevos esencialismos, como los de la antioque&ntilde;eidad, o la   huilensidad, o la coste&ntilde;idad; recordemos con Nicol&aacute;s de Buenaventura que lo   propio debe ser hablar de manifestaciones culturales.</p>     <p>Reconocer en la cultura el hogar en movimiento, permite destacar ese hecho   b&aacute;sico del <I>lenguajear, </I>devenimos humanos en tanto nos relacionamos con   los otros (Maturana, 1992). Pero a la vez destaca esa caracter&iacute;stica de la &eacute;poca   moderna de creciente individualizaci&oacute;n, en la que la identidad se convierte en   una situaci&oacute;n en permanente negociaci&oacute;n (Giddens, 1995). Las relaciones entre   generaciones no son otra cosa que la expresi&oacute;n de estos procesos de negociaci&oacute;n.   La familia, el g&eacute;nero, la sexualidad, la crianza, el trabajo son instituciones y   conceptos socialmente construidos. Por lo mismo, si se quiere avanzar en su   comprensi&oacute;n, hay que replantearse la manera simplificada y hegem&oacute;nica como a   veces se tratan los hechos. Quiz&aacute;s sea oportuno explorar la riqueza y   posibilidades de una epistemolog&iacute;a diat&oacute;pica que permita dar cuenta a la vez de   fen&oacute;menos distintos, relacionarlos y tratarlos en su complejidad.</p>     <p>Un pensamiento capaz de asumir el reto de la paradoja de lo social, de   comprender las posibilidades y los l&iacute;mites de la l&oacute;gica, pero a la vez capaz de   reconocer los retos y las dificultades que entra&ntilde;a el desarrollo de nuevas   perspectivas. Un pensamiento cr&iacute;tico y reflexivo, capaz de tratar con elementos   contradictorios, con imaginaci&oacute;n suficiente para no sucumbir ante las   dificultades del m&eacute;todo. Se trata de propiciar el abandono del sujeto   trascendente del m&eacute;todo cartesiano para volver al ser humano, a la vida, a la   referencia autobiogr&aacute;fica. Es confrontar la disyuntiva sobre si hablar en   primera persona o en una hipot&eacute;tica tercera persona, impersonal, en aras de una   supuesta objetividad<A href="#nota2"><SUP>2</SUP></A>. Buscar la   complementariedad entre las aproximaciones inductivas y deductivas con la   abducci&oacute;n, la met&aacute;fora y la analog&iacute;a.</p>     <p>En esta perspectiva la cultura dej a tambi&eacute;n de ser un universal inmutable,   para configurarse en el lugar antropol&oacute;gico, en su perspectiva hist&oacute;rica,   geogr&aacute;fica y social. Es dar cuenta de los grandes procesos, pero seguidos a   trav&eacute;s de las historias particulares. Se trata de explorar en busca de lo que   Mauss denomina el <I>hecho social total. </I>Con el (des)cubrimiento del Nuevo   Mundo, la historia se hace realmente universal. Este hecho no solo cambia la   vida en el Nuevo Mundo, de igual modo se ven afectadas las vidas e imaginarios   del Mundo Antiguo. An&iacute;bal Quijano (1998) destaca que Am&eacute;rica Latina no es ajena   a las aspiraciones de la modernidad, las culturas prehisp&aacute;nicas y sus vivencias   se constituyeron en hitos iluminadores de la intelectualidad europea. La naci&oacute;n   se construye, como es de suponer, dentro del conflicto y a partir del conflicto.   Las naciones latinoamericanas se construyen sobre la base de la exclusi&oacute;n, en el   af&aacute;n de la copia, desprecian las ra&iacute;ces abor&iacute;genes, mestizas, negras.</p>     <p>&iquest;Qu&eacute; es una <B>estrategia adaptativa </B>en el caso de la especie humana?   Evoluci&oacute;n, adaptaci&oacute;n, aprendizaje son vocablos que se asocian cuando se quiere   dar cuenta de la permanencia y la diversidad de la vida sobre el planeta. La   adaptaci&oacute;n al medio no es un proceso en una sola direcci&oacute;n, es ante todo   relacional<A href="#nota3"><SUP>3</SUP></A>. En la especie humana el proceso   est&aacute; mediado por la lengua, por la capacidad representativa de los seres   humanos, por la posibilidad de construir consensos para la acci&oacute;n social. La   construcci&oacute;n de esos consensos para la acci&oacute;n s&oacute;lo son posibles si vivimos   juntos lo suficiente, solo son posibles en los procesos de construcci&oacute;n   cultural, en el desarrollo socialmente compartido de estrategias cognitivas. En   los procesos de contacto cultural, en las zonas de frontera, se dan los procesos   de identidad y cambio. En relaci&oacute;n con las estrategias adaptativas, los procesos   sociales y los contactos culturales es necesario precisar dos conceptos: el de   la asimilaci&oacute;n y el de la exclusi&oacute;n. Especialmente importante cuando se quiere   dar cuenta de la presencia creciente de la mujer en el &aacute;mbito de lo p&uacute;blico.</p>     <p>Ante todo estamos hoy frente a la necesidad del cambio. Lo dice H.G. Wells en   su m&aacute;quina del tiempo: <I>"s&oacute;lo all&iacute; donde hay necesidad y necesidad de cambio   se llama a la inteligencia". </I>Y nosotros estamos frente a imperativos grandes   de cambio. De una sociedad orientada a la soluci&oacute;n de las diferencias por medio   del conflicto y orientada a la ganancia inmediata se requiere pasar a una   sociedad orientada al di&aacute;logo como medio de soluci&oacute;n de las diferencias y a un   desarrollo humano y social. Esto demanda esfuerzos en la educaci&oacute;n y   transformaciones en el mundo de la cultura. Devenir humanidad y tomar conciencia   de la responsabilidad planetaria. Aceptar y tomar conciencia de la necesidad de   la solidaridad y la comprensi&oacute;n de lo humano. Desarrollar los aprendizajes   sociales para la convivencia, el aprender a aprender, los ajustes   institucionales as&iacute; como el aprecio por la vida, la comprensi&oacute;n y el compartir   como parte de la cultura.</p>     <p><FONT size="3">2. <B>CONFIANZA: EL RETO PARA LAS CIENCIAS   SOCIALES.</B></FONT></p>     <p>Una sociedad que no es capaz de generar el conocimiento sobre s&iacute; misma y el   saber hacer de sus instituciones est&aacute; condenada a desaparecer. Pues, como lo   se&ntilde;ala Mary Douglas (1996), las instituciones constituyen la memoria social, que   son a la vez el sustrato en el que emergen las representaciones colectivas, el   sentido del lugar, la pertenencia. Pero el pensar la sociedad, el pensarnos   deviniendo humanidad requiere del conocimiento propio de las ciencias sociales y   las humanidades. Requiere construir de nuevo confianza en el conocimiento que   como cient&iacute;ficos sociales podemos generar, requiere recuperar el sentido de las   preguntas pertinentes en la investigaci&oacute;n social y humana. Algunas notas sobre   esta urgencia.</p>     <p>Un primer llamado de atenci&oacute;n que es necesario mantener es la distinci&oacute;n y la   distancia que hay del mapa al territorio, de la palabra a la cosa nombrada. El   segundo, que se asocia al anterior, es el reconocimiento de la mediaci&oacute;n   ling&uuml;&iacute;stica que existe de la acci&oacute;n humana<A href="#nota4"><SUP>4</SUP></A>. El   lenguaje cumple as&iacute; en una perspectiva cibern&eacute;tica tres funciones, una   comunicativa, otra de intercambio de informaci&oacute;n entre subsistemas y la tercera,   de coordinaci&oacute;n de acciones. Aproximaci&oacute;n compatible con la definici&oacute;n que hemos   hecho de cultura como estrategia adaptativa al entorno, cultura como   conocimiento. Esta, a su vez, se relaciona con el reconocimiento de la base   subjetiva y local del conocimiento, que se encuentra asociada a la comunidad de   dominio ling&uuml;&iacute;stico, una de las cuales la constituyen los acad&eacute;micos en sus   diferentes especialidades y dominios de saber.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En estas condiciones los retos de la investigaci&oacute;n social son inherentes al   propio objeto de indagaci&oacute;n, pues se trata de un juego bien peculiar, como dir&iacute;a   Alicia al referirse al juego de croquet con la reina, un juego en el que los   investigadores son a la vez parte del mismo. Adem&aacute;s, hemos de recordar que como   en todo juego son los jugadores quienes crean y convienen sus propias reglas.   As&iacute; se puede plantear que el fin de la investigaci&oacute;n social es comprender la   sociedad, o, como otros sugieren, se puede asumir que su finalidad m&aacute;s all&aacute; de   interpretar sea la de transformar la sociedad.</p>     <p>Heinz von Foerster plantea que seg&uacute;n optemos por una de dos posturas   epistemol&oacute;gicas, construiremos tanto relaciones (lazo social) como estrategias   cognitivas diferentes. No da lo mismo asumir que uno es parte del mundo, y   cambiar concomitantemente con &eacute;l, a asumir que uno est&aacute; aparte del mundo, en un   lugar privilegiado para observar y dar cuenta de las cosas. En el segundo de los   casos se asume la posici&oacute;n positivista en ciencia, que considera que vivimos en   un mundo de cosas, y que los cient&iacute;ficos descubren la verdad. En el primero, por   el contrario, existe el reconocimiento de que el mundo del conocimiento es un   mundo construido, que la realidad no se descubre: se inventa. Que como lo dice   Wittgenstein (1999), la &eacute;tica es algo de lo que no se puede hablar sin caer en   moralismos, la &eacute;tica est&aacute; impl&iacute;cita en lo que decimos y hacemos.</p>     <p>Hoy se abren debates muy importantes alrededor de la necesidad de un nuevo   contrato de la ciencia, que se&ntilde;ale lo inadecuado de hablar de ciencia como un   m&eacute;todo &uacute;nico, una manera &uacute;nica de producir conocimiento, para destacar la   diversidad de caminos a trav&eacute;s de los cuales se genera el conocimiento as&iacute; como   la indicaci&oacute;n categ&oacute;rica de que todo conocimiento es local, todo saber es   situado. Se destaca la diferencia, la necesidad de reconocer la importancia de   los contextos locales y globales en la generaci&oacute;n, apropiaci&oacute;n y uso del   conocimiento. En buena parte se abandona el sue&ntilde;o hegem&oacute;nico de la raz&oacute;n. Se   destaca hoy la preocupaci&oacute;n por las implicaciones &eacute;ticas, est&eacute;ticas, culturales,   de g&eacute;nero y ambientales de la investigaci&oacute;n.</p>     <p>Abordar el tema de la investigaci&oacute;n social pertinente es remitirse a la   moderna torre de Babel. Hablar de investigaci&oacute;n social de segundo orden es   abordar el tema de las posibilidades de conversaci&oacute;n entre distintas culturas.   Pero, necesariamente, hay que decir que no es posible asumir a la cultura en   nuestros d&iacute;as como algo dado, acabado, que se tiene por adscripci&oacute;n. La cultura   es una caracter&iacute;stica emergente del vivir juntos lo suficiente en el <I>lenguajear, </I>utilizamos aqu&iacute; ese neologismo propuesto por Maturana. Si el   conocimiento es de igual manera estrategia adaptativa al entorno, entonces la   investigaci&oacute;n intercultural debe, entre otras cosas, tratar de poner en   comunicaci&oacute;n diversos mundos de experiencia, diversas redes   conversacionales.</p>     <p>Reconociendo las limitaciones en este tema, nos atrevemos a proponer tres   retos para la investigaci&oacute;n social reflexiva:</p>     <p>El primero es el propio reto del reconocimiento mutuo de las distintas   culturas acad&eacute;micas en nuestro medio, y la apertura para la investigaci&oacute;n y la   comunicaci&oacute;n alrededor de las necesidades de conocimiento en contexto que   requiere nuestra sociedad.</p>     <p>Como lo ha sugerido Inmanuel Wallerstein (2000), se hace necesario repensar   la reorganizaci&oacute;n de las instituciones universitarias pero, ante todo, el de los   nuevos campos del saber. Dogan (1997) lo dice de otra manera; seg&uacute;n este autor   es necesario propiciar "el resquebraj amiento de las murallas disciplinarias   para que se comuniquen las especialidades".</p>     <p>Este reto prodr&iacute;amos expresarlo como la necesidad de promover la inter y la   transdisciplinariedad, actividad en la que UNESCO ha manifestado un particular   inter&eacute;s. Debemos resaltar la emergencia de revistas especializadas en este tipo   de temas que no se pueden adscribir a una sola disciplina, como pueden ser temas   sobre: a) resoluci&oacute;n de conflictos; b) estudios sobre la familia; c) j&oacute;venes; d)   desarrollo; e) g&eacute;nero. En estos temas es m&aacute;s probable que se comuniquen entre s&iacute;   investigadores de varias disciplinas interesados en los temas antes que se   comuniquen con sus pares disciplinares.</p>     <p>Adicionalmente resaltamos en el estudio la emergencia de nuevos campos, como   el de los estudios de &aacute;rea, que obedecen m&aacute;s a las necesidades del centro de   conocer qu&eacute; est&aacute; pasando en &aacute;reas geogr&aacute;ficas; surgen entonces los centros   acad&eacute;micos dedicados a estudios asi&aacute;ticos, o africanos, o estudios   latinoamericanos y emergen nuevas propuestas desde el Sur. As&iacute; mismo quisi&eacute;ramos   destacar los retos que a la investigaci&oacute;n social proponen nuevos hechos   sociales, como los generados por el movimiento social de las mujeres, que en   t&eacute;rminos de la investigaci&oacute;n social se expresa en las investigaciones con   perspectiva de g&eacute;nero. O los retos propuestos por los recientes avances en   ciencias b&aacute;sicas sobre estudios de complejidad, matem&aacute;ticas de caos y geometr&iacute;a   de fractales que han incidido sobre la investigaci&oacute;n social.</p>     <p>El segundo reto, y quiz&aacute; uno de los m&aacute;s vitales, es lograr la integraci&oacute;n   entre el mundo de la academia y el mundo de la vida, el reto planteado en el   pasado por Orlando Fals Borda como el de la investigaci&oacute;n-acci&oacute;n y que, de   alguna manera, se refleja en los supuestos que se debaten hoy cuando afirmamos   que todo conocimiento es situado, que se hace necesario globalizar lo local y   localizar lo global.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde una de las perspectivas de la &eacute;tica, acogidas por la declaraci&oacute;n de la   UNESCO en Budapest, la construcci&oacute;n de la(s) sociedad(es) del conocimiento   implica la disminuci&oacute;n de la brecha entre pa&iacute;ses. Lo que no significa en modo   alguno la b&uacute;squeda de la homogenizaci&oacute;n, sino, todo lo contrario, la   reivindicaci&oacute;n de la especificidad desde donde cada sociedad provee esa funci&oacute;n   esencial del conocimiento sin la que no es posible su permanencia. Significa   trazar estrategias que nos permitan superar viejas concepciones y pr&aacute;cticas   seg&uacute;n las cuales unas sociedades generan el conocimiento y otras las aplican,   significa aceptar el reto de la diversidad de saberes.</p>     <p>El reto del di&aacute;logo entre saberes tambi&eacute;n implica construir un di&aacute;logo m&aacute;s   descentrado, promover la comunicaci&oacute;n y los esfuerzos conjuntos que generen la   capacidad de producir y apropiar conocimiento entre los pa&iacute;ses del Sur y su   interlocuci&oacute;n con los pa&iacute;ses del Norte en pie de igualdad. De igual manera   significa la posibilidad de comunicaci&oacute;n entre la academia y las comunidades.   Entre los investigadores y los tomadores de decisiones. Esta necesidad puede   allanarse mediante el fortalecimiento de las capacidades de generaci&oacute;n y   apropiaci&oacute;n social de conocimiento en regiones pr&oacute;ximas por su legado hist&oacute;rico,   cultural, natural, din&aacute;micas econ&oacute;micas y productivas.</p>     <p>Este reto no podemos abordarlo sin antes reconocer que las comunidades   tambi&eacute;n generan conocimiento. Las comunidades tradicionales ind&iacute;genas,   campesinas o de pescadores as&iacute; como las conformadas por habitantes urbanos han   desarrollado estrategias adaptativas al entorno, formas de hacer y saber. Es a   este tipo de di&aacute;logo que convoca la investigaci&oacute;n-acci&oacute;n. El di&aacute;logo entre   ciencia y vida, entre academia y comunidades. Di&aacute;logo permanente entre   pensamiento y acci&oacute;n.</p>     <p>El tercer reto, el di&aacute;logo intercultural, nos plantea el desarrollo de la   Constituci&oacute;n colombiana de 1991 para hacer efectivo el reconocimiento a la   diversidad &eacute;tnica y cultural; es el reto de la generaci&oacute;n del conocimiento   pertinente en contextos de multiculturalismo y de diversidad de manifestaciones   &eacute;tnicas, de grupos sociales y de saberes. Es el reto de comunicaci&oacute;n mayor que   engloba los anteriores; o los retos para vivir juntos como dir&iacute;a Alan Tourine; o   los retos de la unidad en la diversidad, de la conciencia planetaria, de la   &eacute;tica de la vida y la condici&oacute;n humana, en palabras de Edgar Morin.</p>     <p>En t&eacute;rminos de investigaci&oacute;n son los retos que implica asumir el conocimiento   para la vida, conocimiento con sentido y pertinente, conocimiento construido en   los procesos de comunicaci&oacute;n intercultural. &iquest;C&oacute;mo comunicar el proyecto de vida   de las comunidades ind&iacute;genas y la ciencia normal? &iquest;C&oacute;mo innovar en lo conceptual   y en lo metodol&oacute;gico? &iquest;C&oacute;mo comunicar el sentido com&uacute;n con la indagaci&oacute;n   cient&iacute;fica? &iquest;C&oacute;mo relacionar la vida y la ciencia? &iquest;C&oacute;mo hacer del conocimiento   factor de inclusi&oacute;n y desarrollo humano y social?</p>     <p>Una &eacute;tica dial&oacute;gica, centrada en redes conversacionales vivas, en el leg&iacute;timo   reconocimiento del otro debe ser la base de la educaci&oacute;n para la sociedad del   futuro. El di&aacute;logo y la comprensi&oacute;n son necesarios para el pleno ejercicio de   los derechos humanos. Callar al otro es matarlo. Buena parte de la soledad, de   la p&eacute;rdida de calidad de vida en muchas sociedades tiene que ver con la   reducci&oacute;n al silencio, a la incomunicaci&oacute;n.</p>     <p>La libertad, la fraternidad y la igualdad siguen siendo aspiraciones propias   de la vida moderna tanto como los derechos humanos de primera, segunda y tercera   generaci&oacute;n. Entre estos &uacute;ltimos tenemos los derechos socioculturales y   econ&oacute;micos que hemos plasmado en la Constituci&oacute;n del 91 entre los que se   destacan el derecho a la educaci&oacute;n, la ciencia y la cultura. Est&aacute; en la &eacute;tica   p&uacute;blica hacer que tales derechos se expresen plenamente en nuestra sociedad.   Optar por la humanidad frente a la barbarie implica transformar las prioridades   educativas, comunicativas y &eacute;ticas de nuestra sociedad. Implica apostarle al   di&aacute;logo y la comprensi&oacute;n. Apostarle al conocimiento y a la vida. Apostarle al   amor y la solidaridad.</p>     <p align="right"><I>"Los dioses poseen la certeza, pero a nosotros como    <BR>   hombres   nos ha sido dado s&oacute;lo conjeturar".</I>    <BR>   Alcme&oacute;n</p> <HR>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><FONT size="3"><B>Notas</B></FONT></p>     <p><A name="nota1"><SUP>1 </SUP></A>Maturana define cultura del siguiente modo:   "Una cultura es una red de coordinaciones de emociones y acciones en el lenguaje   que configura un modelo particular de entrelazamiento del actuar y el emocionar   de las personas que la viven. Yo llamo conversar, aprovechando la etimolog&iacute;a   latina de esta palabra que significa dar vueltas juntos, al entrelazamiento del <I>lenguajear </I>y el emocionar que ocurre en el vivir humano en el lenguaje.   M&aacute;s a&uacute;n, mantengo que todo quehacer humano ocurre en el conversar, y que todas   las actividades humanas se dan como distintos sistemas de conversaciones. Es por   esto que tambi&eacute;n mantengo que, en un sentido estricto, las culturas como modos   de convivir humano en lo que hace lo humano, que es el entrelazamiento del   lenguajear y el emocionar, son redes de conversaciones. Y es tambi&eacute;n por esto   mismo que mantengo que las distintas culturas, como distintos modos de   convivencia humana, son distintas redes de conversaciones, y que una cultura se   transforma en otra cuando cambia la red de conversaciones que la constituye y   define". Pr&oacute;logo al libro de Riane Eisler. 1991 El c&aacute;liz y la espada. Editorial   Cuatro Vientos, Chile.</p>     <p><A name="nota2"><SUP>2 </SUP></A>Como lo se&ntilde;ala V&iacute;ctor Turner referenciado por   Rosaldo opus cit. "Con humor m&aacute;s pol&iacute;tico Turner contin&uacute;a diciendo que las   etnograf&iacute;as al estilo antiguo dividen sujeto de objeto y presentan otras vidas   como espect&aacute;culos visuales para el consumo metropolitano. 'El dualismo   cartesiano', explica, 'insiste en separar el sujeto del objeto, a nosotros de   &eacute;l. Ciertamente ha interpretado a los mirones del hombre occidental, exagerando   la perspectiva mediante instrumentaci&oacute;n macro y micro, como los mejores para   aprender las estructuras del mundo con miras a su explotaci&oacute;n'. As&iacute;, Turner,   conecta la 'mira' de la etnograf&iacute;a con el 'Yo' del imperialismo", p&aacute;gina 48.</p>     <p><A name="nota3"><SUP>3 </SUP></A>Como indica G. Bateson. "Si la repetida   experiencia de cierto tipo de contexto muestra que cierto tipo de respuesta da   regularmente buen resultado, esa respuesta se vuelve habitual y se da una   econom&iacute;a de proceso mental, por la cual la respuesta habitual puede darse   inmediatamente sin invertir en el esfuerzo de ensayos y errores internos y   externos, que ser&iacute;an necesarios si se afrontara la situaci&oacute;n como si fuese   desconocida. El fen&oacute;meno del h&aacute;bito es un atajo econ&oacute;mico que conduce a la   adaptaci&oacute;n. Deja en libertad, para resolver otros problemas, aquellas partes de   la mente que son m&aacute;s flexibles, y que son, si ustedes quieren, los &oacute;rganos de la   conducta adaptativa". En: <I>Una unidad sagrada, </I>Ed. Gedisa, p&aacute;gina 150.</p>     <p><A name="nota4"><SUP>4 </SUP></A>Norbert, E (....) "Los objetos m&aacute;s corrientes   de nuestra vida cotidiana como botones, camisas, escaleras y bicicletas   necesitan una representaci&oacute;n simb&oacute;lica regularizada para que podamos   comunicarnos sobre ellos. De hecho, todo lo que no est&aacute; representado   simb&oacute;licamente en el idioma de una comunidad ling&uuml;&iacute;stica no es conocido por sus   miembros: no pueden comunicarse entre s&iacute; sobre ello".</p> <HR>     <p><FONT size="3"><B>REFERENCIAS</B></FONT></p>     <!-- ref --><p>BATESON, G. <I>En una unidad sagrada, </I>Barcelona: Gedisa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0121-8697200900010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BERGMAN, M. (2004). <I>El reencantamiento del mundo. </I>Chile: Cuatro   vientos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0121-8697200900010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BUITRAGO, F. (2000). Germ&aacute;n Rey (Ed.). <I>Discurso y Raz&oacute;n. </I>Bogot&aacute;:   Ediciones Uniandes, Tercer Mundo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0121-8697200900010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>DE SOUSA, B. &amp; GARC&Iacute;A, (2001). (Comps.). <I>El Calidoscopio de las   justicias en Colombia </I>(2 tomos). Colombia: Siglo del Hombre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0121-8697200900010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>DOGAN, M. (1997, septiembre). Las nuevas ciencias sociales: grietas en las   murallas de las disciplinas. <I>Revista Internacional de Ciencias Sociales,   153.</I> Disponible en: <A href="http://www.unesco.org/issj/rics153/titlepage153.html" target="_blank">www.unesco.org/issj/rics153/titlepage153.html</A>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0121-8697200900010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>DOUGLAS, M. (1996). <I>C&oacute;mo piensan las instituciones. </I>Madrid: Alianza   Universidad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0121-8697200900010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GIDDENS, A. (1995). <I>La conformaci&oacute;n del yo en la modernidad. </I>Madrid:   Akal. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0121-8697200900010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GIDDENS, A. (1985). <I>El capitalismo y la moderna teor&iacute;a social. </I>Barcelona: Labor. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0121-8697200900010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>G&Oacute;MEZ, (1999). (Comp.) <I>&iquest;Para d&oacute;nde va Colombia? </I>Colombia: Tercer   Mundo. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0121-8697200900010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>HEINZ VON, F. (1994). Visi&oacute;n y conocimiento: disfunciones de segundo orden.   En: D. Fried Schnotman, <I>Nuevos paradigmas, cultura y subjetividades.</I> Barcelona: Gedisa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0121-8697200900010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>LAKOFF, G. &amp; JOHNSON, M. (1990). <I>Metaphors we live by. </I>Chicago:   University of Chicago Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0121-8697200900010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>JOHNSON, M. &amp; LAKOFF, G. (1980). <I>Methphors we live by. </I>Chicago:   University of Chicago Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0121-8697200900010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>QUIJANO, A. (1998). Otra noci&oacute;n de lo p&uacute;blico, otra noci&oacute;n de lo privado. <I>Revista Cepal, 34.</I>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0121-8697200900010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MATURANA, H. (1991). Pr&oacute;logo al libro de Riane Eisler, <I>El c&aacute;liz y la   espada.</I> Chile: Cuatro Vientos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0121-8697200900010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MATURANA, H. (1992). <I>La condici&oacute;n humana. </I>Chile: Hachette. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0121-8697200900010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MATURANA, H. &amp; VARELA, F. (1990). <I>El &aacute;rbol del conocimiento. </I>Madrid: Debate. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0121-8697200900010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MORIN, E. (2006). <I>El m&eacute;todo V: La humanidad de la humanidad. </I>Madrid:   C&aacute;tedra. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0121-8697200900010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>NORBERT, E. (1970). <I>Sociolog&iacute;a fundamental. </I>Barcelona: Gedisa. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0121-8697200900010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>PLATA, J. (2001). Redes de conversaci&oacute;n y conocimiento: <I>Revista   Colombia,</I> <I>ciencia y tecnolog&iacute;a, </I>19 (02). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0121-8697200900010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RICOEUR, P. (2001). <I>La met&aacute;fora viva. </I>Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0121-8697200900010001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>VARELA, F.; THOMPSON, E. &amp; ROSCA, E. (1997). <i>De cuerpo presente</i>. 2&ordf;. ed. Barcelona: Gedisa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0121-8697200900010001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>WALLERSTEIN, I. (2000). <I>Abrir las ciencias sociales. </I>Informe de la   misi&oacute;n Gunbelkian (ed.). Bogot&aacute;: Siglo XXI. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0121-8697200900010001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>WITTGENSTEIN, L. (1999). <I>Tractatus logico-philosophicus. </I>Madrid:   Alianza. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0121-8697200900010001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>WRIGTH, C. (1997). <I>La imaginaci&oacute;n sociol&oacute;gica. </I>M&eacute;xico: FCE. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0121-8697200900010001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>WRIGH, E. (2006). <I>Narrative, perception, language and faith. </I>Palgrave   MacMillan. Disponible en: <A href="http://www.cus.cam.ac.uk/~elw33" target="_blank">www.cus.cam.ac.uk/~elw33</A>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0121-8697200900010001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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