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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El factor de imputación de la responsabilidad profesional en la doctrina moderna]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The professional liability factor in modern doctrine]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de La Sabana Facultad de Derecho ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In the frame work of the different theories concerning professional responsibility, this work pretends to present the general criterions established by national and foreign modern specialists to determine when a professional is responsible for his/her procedures. This article wants to demonstrate that is possible to find those general standards to impute professional responsibility, using a descriptive and analytic method. Thus, this study defines professional in terms of the national and foreign modern studiers of torts, and presents the various criterions to impute responsibility to the agent that correspond to the definition previously stated, shifting with the obligations that every professional has. This article shows the need to study the standards to impute professional liability used by the Colombian jurisprudence.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Responsabilidad profesional]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">  <font size="4">     <br>    <p align="center"><b>El factor de imputaci&oacute;n de la    <br> responsabilidad profesional    <br>  En la doctrina moderna*</b></p></font>  <font size="3">     <p align="center"><b>The professional liability factor in modern doctrine</b></p></font>      <p>Alma Ariza Fortich**    <br> Universidad de La Sabana (Colombia)</p>      <p>*El proyecto &quot;La Responsabilidad del profesional en la jurisprudencia civil de la Corte Suprema de Justicia: El Criterio de imputaci&oacute;n&quot;, del cual es producto este art&iacute;culo, es financiado por la Universidad de La Sabana.</p>      <p>**Cursa Maestr&iacute;a en Seguros y Responsabilidad Civil en la Universidad Javeriana. Abogada de la misma universidad. Profesora e investigadora de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Sabana y miembro del Grupo de Derecho Privado de la misma universidad. Direcci&oacute;n: Campus Universitario del Puente del Com&uacute;n, Km 7 Autopista Norte de Bogot&aacute; (Colombia). alma. <a href="mailto:ariza@unisabana.edu.co">ariza@unisabana.edu.co</a>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Fecha de recepci&oacute;n: </i>19 de julio de 2010     <br> <i>Fecha de aceptaci&oacute;n: </i>20 de julio de 2010</p>  <hr>      <p><b>Resumen</b></p>      <p><i>En el marco de las diferentes posiciones doctrinales adoptadas en torno de la responsabilidad profesional, este art&iacute;culo, revisi&oacute;n de tema, pretende definir los par&aacute;metros con los que debe regirse la conducta de citados agentes, estableciendo para ello los criterios generales que la doctrina ha definido para imputar responsabilidad a un profesional, sin fijar marcadas diferencias frente a pretensiones derivadas de una relaci&oacute;n contractual o extracontractual. As&iacute;, se pretende demostrar, mediante una metodolog&iacute;a descriptiva y anal&iacute;tica de la doctrina nacional y extranjera, la viabilidad de encontrar criterios generales para imputar responsabilidad cuando de profesionales se trata. Para ello, luego de definir al profesional, se presentan los diferentes criterios de imputaci&oacute;n que la doctrina moderna estima aplicables a los eventos en los que el causante del da&ntilde;o corresponde a la definici&oacute;n atr&aacute;s citada, alternando este ac&aacute;pite con las obligaciones que seg&uacute;n la doctrina surgen del ejercicio profesional de una actividad. Este art&iacute;culo muestra la necesidad de realizar un ejercicio similar frente a la posici&oacute;n de la jurisprudencia colombiana, a efectos de verificar los citados par&aacute;metros de imputaci&oacute;n en los fallos en los que se concreta la imputaci&oacute;n de responsabilidad de los profesionales.</i></p>      <p><b>Palabras clave: </b>Responsabilidad profesional, culpa, criterios de imputaci&oacute;n.</p>  <hr>      <p><b>Abstract</b></p>      <p><i>In the frame work of the different theories concerning professional responsibility, this work pretends to present the general criterions established by national and foreign modern specialists to determine when a professional is responsible for his/her procedures. This article wants to demonstrate that is possible to find those general standards to impute professional responsibility, using a descriptive and analytic method. Thus, this study defines professional in terms of the national and foreign modern studiers of torts, and presents the various criterions to impute responsibility to the agent that correspond to the definition previously stated, shifting with the obligations that every professional has. This article shows the need to study the standards to impute professional liability used by the Colombian jurisprudence.</i></p>      <p><b>Key words: </b>Professional liability, fault, imputation criterions.</p>  <hr>  <font size="3">     <br>    <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p></font>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De la mano con los avances investigativos y el incremento en la producci&oacute;n de bienes y servicios se ha elaborado el concepto de &quot;profesional&quot; y, con &eacute;l, la responsabilidad que puede derivarse del ejercicio de las actividades desarrolladas por quienes lo son o pueden asimil&aacute;rsele. Es as&iacute; como serios doctrinantes se han detenido en la aplicaci&oacute;n de los principios generales del r&eacute;gimen de responsabilidad civil a aquellos da&ntilde;os ocasionados en el ejercicio de una actividad de manera profesional, procurando establecer lineamientos que permitan estructurar un r&eacute;gimen propio de los profesionales (Salazar, 2005; Vallespinos, 2009; Visintini, 1999). En efecto, debido a la experticia que caracteriza al ejercicio de las actividades llevadas a cabo por estos sujetos, el nivel de exigencia es mayor, debido justamente o a su preparaci&oacute;n, o a los varios a&ntilde;os que lleva la persona desarrollando un oficio y que, por tanto, permiten crear la expectativa de un procedimiento, y en no pocas veces un resultado, espec&iacute;fico. As&iacute; las cosas, en los eventos en los que se genera un da&ntilde;o derivado de una conducta que no se ajuste a unos par&aacute;metros esperables, el profesional deber&aacute; indemnizar los perjuicios causados.</p>      <p>&iquest;Cu&aacute;l es entonces el par&aacute;metro con el que debe regirse la conducta que lleva a cabo un profesional? M&aacute;s aun, &iquest;es posible fijar criterios generales para imputar responsabilidad a un profesional?</p>      <p>Para algunos tratadistas (Barrientos, 2009; Vallejo, 2005), este problema es inexistente, en la medida en que el &uacute;nico criterio de imputaci&oacute;n admisible para los profesionales es la culpa, y si la misma se define como el &quot;error de conducta tal, que no lo habr&iacute;a cometido una persona cuidadosa situada en las mismas circunstancias externas que el autor del da&ntilde;o&quot;(Mazeaud, Tunc y Chabas, 1970, citado en Vel&aacute;squez, 2009, p. 213), siempre se comparar&iacute;a el comportamiento del profesional con el de otro profesional puesto en las mismas circunstancias que el primero. Ello, en tanto la culpa se debe analizar en abstracto.</p>      <p>De esta manera, el comportamiento imputable a un profesional resultar&iacute;a de demostrar que el procedimiento o la forma en la que ejecut&oacute; las obligaciones derivadas del ejercicio profesional, cualquiera que ellas fueran, no corresponde al empleado por el profesional &quot;modelo&quot;. Por tanto,</p>      <blockquote>     <p>&#91;e&#93;l arquetipo o patr&oacute;n de comparaci&oacute;n entonces deber&aacute; en algunos casos mirar la especialidad de ciertas profesiones u oficios para hacer un juicio de culpabilidad. As&iacute; por ejemplo, para valorar si un m&eacute;dico ha cometido culpa en un procedimiento quir&uacute;rgico se debe mirar si un m&eacute;dico de su especialidad hubiera actuado de igual o de diferente manera. Si el responsable de un da&ntilde;o es un conductor de veh&iacute;culo, su conducta deber&aacute; ser comparada con la que se exige normalmente a un conductor del mismo tipo de m&aacute;quinas (Vel&aacute;squez, p. 216).</p> </blockquote>      <p>No obstante, existe un sector de acad&eacute;micos que plantean que el criterio de imputaci&oacute;n de responsabilidad para un profesional en algunos casos es la culpa, sin perjuicio de que existan otros factores de atribuci&oacute;n. Y aun dentro del primero de los criterios se&ntilde;alados encuentran dificultades en punto del grado de culpa frente al cual deber&iacute;a compararse la conducta.</p>      <p>En esta l&iacute;nea de pensamiento, la hip&oacute;tesis que este escrito, avance de investigaci&oacute;n, pretende demostrar, mediante una metodolog&iacute;a descriptiva y anal&iacute;tica de la doctrina nacional y extranjera, es la viabilidad de encontrar criterios generales para imputar responsabilidad cuando de profesionales se trata.</p>      <p>Para ello, luego de definir al profesional, se presentar&aacute;n los diferentes criterios de imputaci&oacute;n que la doctrina moderna estima aplicables a los eventos en los que el causante del da&ntilde;o corresponde a la definici&oacute;n atr&aacute;s citada, alternando este ac&aacute;pite con las obligaciones que, seg&uacute;n la doctrina, surgen del ejercicio profesional de una actividad.</p>  <font size="3">     <br>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>1. EL FACTOR DE IMPUTACI&Oacute;N</b></p></font>      <p>Tradicionalmente se ha admitido que dentro de los elementos para la declaratoria de la responsabilidad debe incluirse el hecho, da&ntilde;o y nexo causal. No es suficiente, sin embargo, con encontrar demostrados los tres elementos precedentes; es necesario adem&aacute;s que la conducta sea imputable al presunto autor del da&ntilde;o; imputabilidad entendida por Alpa (2006, p. 413) como &quot;la aptitud del sujeto agente para entender, para darse cuenta de lo que ocurre y entender lo que se debe hacer y para querer, para determinarse sobre el comportamiento a seguir&quot;. As&iacute;, mientras el nexo causal supone un an&aacute;lisis de causalidad f&aacute;ctica, el factor de imputaci&oacute;n hace referencia a una causalidad jur&iacute;dica, es decir,</p>      <blockquote>     <p>&#91;l&#93;a imputaci&oacute;n del da&ntilde;o es una cuesti&oacute;n normativa, en el sentido de que el juicio de responsabilidad arriba de la imposici&oacute;n del deber de resarcimiento al sujeto que, con su comportamiento, ha provocado el da&ntilde;o, o al sujeto que, por la particular situaci&oacute;n jur&iacute;dica en que se encuentra, se considera oportuno gravar con el da&ntilde;o (como el cuidador, el preceptor, el progenitor, el propietario, el vigilante, el que ejerce actividades peligrosas, etc.) o bien al sujeto que, habiendo participado de la creaci&oacute;n de las condiciones para que el da&ntilde;o se verificara, est&aacute; econ&oacute;micamente en condiciones de soportarlo (productor, ensamblador, etc.) (Alpa, p. 413).</p> </blockquote>      <p>Mucho se ha debatido en torno a cu&aacute;l es el fundamento del deber de responder, o mejor aun, cu&aacute;l es el factor de imputaci&oacute;n del da&ntilde;o. Este art&iacute;culo no pretende encontrar esa respuesta; quiere, por el contrario, evidenciar que el debate en torno al fundamento de la responsabilidad civil no se ha cerrado y que va de la mano con los desarrollos de la propia instituci&oacute;n y que pese a ello, en punto de los profesionales es posible unificar criterios de imputaci&oacute;n que sean aplicables a cualquiera que act&uacute;e en dicha calidad.</p>      <p>La noci&oacute;n de culpa fue por varias d&eacute;cadas la justificaci&oacute;n del traslado de la obligaci&oacute;n de reparar un da&ntilde;o, de un sujeto a otro que lo causaba. No obstante, con el devenir de diversos riesgos aparecen a finales del siglo XIX defensores de un nuevo fundamento de la responsabilidad civil, el riesgo, no como criterio exclusivo, sino justamente para explicar situaciones que analizadas bajo el amparo exclusivo de la culpa pod&iacute;an generar inconvenientes o injusticias. Acorde con las nuevas tendencias, el derecho moderno admite la existencia de pluralidad de fundamentos del deber de reparar, aceptando, por tanto, que la culpa no es el &uacute;nico de ellos. A modo de ejemplo, B. Starck (citado por Viney, 2007) encuentra en la garant&iacute;a de los derechos esenciales de los individuos el criterio de imputaci&oacute;n de responsabilidad. En el mismo sentido, Mosset Iturraspe (2004) advierte que la responsabilidad puede ser subjetiva u objetiva a t&iacute;tulo de riesgo o de garant&iacute;a o seguridad. Por su parte, para Santos (1994, 1996), quien entiende la culpa como el incumplimiento de un deber de previsi&oacute;n y control que desemboca en un da&ntilde;o, se responde m&aacute;s que por la existencia de un factor de imputaci&oacute;n, por la trasgresi&oacute;n de deberes jur&iacute;dicos, es decir, por el menoscabo o amenaza de intereses reconocidos por el derecho, lo que &eacute;l denomina &quot;antijuridicidad&quot;.</p>      <p>De esta manera, a pesar de que la culpa es uno de los criterios que mayoritariamente ha adoptado la doctrina, lo cierto es que no es el &uacute;nico y no parece encontrarse un fundamento &uacute;nico para la responsabilidad civil. No obstante, la pregunta que motiva este escrito se encamina, entonces, no a encontrar ese criterio &uacute;nico para la responsabilidad civil en general, sino a definir los par&aacute;metros de exigibilidad fijados por la doctrina que se exige a los profesionales y explican el deber de reparar da&ntilde;os generados por &eacute;stos.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>2. EL PROFESIONAL</b></p></font>      <p>A efectos de estudiar los criterios de imputaci&oacute;n del profesional, resulta necesario establecer previamente aquellos que determinan la condici&oacute;n de profesional, pues s&oacute;lo de esta manera se podr&aacute; identificar los sujetos cuya responsabilidad ser&aacute; imputable con base en los criterios que pretende reconocer este escrito.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para la doctrina son dos las acepciones de &quot;profesional&quot;. La definici&oacute;n tradicional hace referencia a &quot;aquella persona que se gradu&oacute; en una universidad reconocida por el Estado y que realiza el acto o servicio de una manera liberal&quot; (Vallespinos, 2009, p. 424); la segunda se refiere a &quot;la persona f&iacute;sica que ejerce una profesi&oacute;n. Es profesional aquel que por profesi&oacute;n o h&aacute;bito desempe&ntilde;a una actividad que constituye su principal fuente de ingresos&quot; (Mosset, 2004, p. 23). Por ello, para el autor en comento, los profesionales, sin distinci&oacute;n de su fuente de conocimiento, deben ser incluidos dentro del mismo r&eacute;gimen y, en consecuencia, la responsabilidad que pueda imput&aacute;rseles no variar&aacute; por el s&oacute;lo hecho de que trate de un profesional por el t&iacute;tulo universitario o por el ejercicio habitual de un oficio. Mientras en el primer sentido son los estudios los que determinan la condici&oacute;n de profesional, en el segundo es el ejercicio mismo el que otorga los conocimientos y la competencia suficiente para ejercer la profesi&oacute;n y, por tanto, para calificarse como profesional.</p>      <p>Le Tourneau y Cadiet (1998) dentro de la segunda acepci&oacute;n asimilan el profesional al comerciante. Ello, en la medida en que para estos autores el empresario o el comerciante son formas en la que se expresa, en t&eacute;rminos econ&oacute;micos, la actividad profesional de una persona f&iacute;sica, y a continuaci&oacute;n fijan criterios que permiten adoptar la calidad de profesional: Onerosidad, habitualidad, existencia de una organizaci&oacute;n y experticia. En este orden de ideas, el inter&eacute;s con el que se lleva a cabo una actividad profesional, sumado a la habitualidad de la conducta, adem&aacute;s de la existencia de una organizaci&oacute;n y el manejo de una competencia espec&iacute;fica en grado que permitan que el individuo maneje los riesgos que le son inherentes, constituyen herramientas que pueden identificar a un profesional. Agrega Le Tourneau (2006) que la noci&oacute;n de profesional, o mejor, el an&aacute;lisis de culpa del profesional, deber&aacute; efectuarse <i>in abstracto, </i>pero teniendo en cuenta las circunstancias reales en las que se hallaba el profesional.</p>      <p>Ahora bien, a pesar de que el profesor franc&eacute;s reconoce que debe remitirse a cada profesi&oacute;n a efectos de determinar criterios de exigibilidad del comportamiento del profesional, realiza un interesante estudio en torno a las obligaciones que se derivan, para cualquier profesional, del ejercicio de su profesi&oacute;n. Admite, indirectamente, que pese a las particularidades propias de cada actividad, es viable identificar una estructura obligacional a la cual dirigirse cuando el deudor funge como profesional.</p>      <p>Preferimos sumarnos a los que, como los profesores Mosset (2004)  y Vissintini (2009), estiman que la calidad de profesional se adquiere por el conocimiento de una determinada t&eacute;cnica derivada de su estudio comprobado o de su ejercicio; situaci&oacute;n que le atribuye competencias espec&iacute;ficas que permiten hacerlo responsable por su omisi&oacute;n y, por tanto, en grado superior a lo que podr&iacute;a esperarse de un individuo cualquiera.</p>      <p>La calidad de profesional, entonces, debe determinarse por la capacitaci&oacute;n de un individuo que desarrolla de manera habitual una actividad, bien por los estudios que ha realizado o porque la ha adquirido a trav&eacute;s de la experiencia. En uno y otro caso, el r&eacute;gimen de responsabilidad profesional ser&iacute;a igualmente aplicable sin distinci&oacute;n. Remunerar el oficio no resulta un elemento esencial de la definici&oacute;n de profesional, pese a que ciertamente s&iacute; constituir&aacute; un elemento que permita menguar el grado de exigencia en la conducta adelantada.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>3. LOS CRITERIOS DE IMPUTACI&Oacute;N EN EL R&Eacute;GIMEN DE RESPONSABILIDAD DE LOS PROFESIONALES</b></p></font>      <p>3.1. <b>La posici&oacute;n de la doctrina en materia de criterio de imputaci&oacute;n</b></p>      <p>El debate acerca de los diferentes criterios de imputaci&oacute;n del da&ntilde;o se torna aun m&aacute;s pol&eacute;mico cuando de profesionales se trata. Ello por cuanto los servicios prestados por estos &uacute;ltimos, por un lado, difieren seg&uacute;n el tipo de profesional del que se hable y, por otro lado, porque pueden alcanzar no s&oacute;lo a quienes est&aacute;n vinculados directamente con el citado profesional sino a terceros, ajenos a la relaci&oacute;n, pero que con ocasi&oacute;n de la misma han resultado de alguna manera perjudicados. &iquest;El criterio de imputaci&oacute;n deber&aacute; variar seg&uacute;n que la v&iacute;ctima estuviera vinculada o no con el profesional y, con ella, el r&eacute;gimen que regula dicho caso? o, por el contrario, &iquest;es posible encontrar criterios aplicables a la prestaci&oacute;n de servicios profesionales sin que ello se modifique por la existencia o inexistencia de un v&iacute;nculo con la v&iacute;ctima?</p>      <p>Vallespinos (2009) prefiere unirse a quienes sostienen que un r&eacute;gimen &uacute;nico en materia de responsabilidad profesional resulta inviable en atenci&oacute;n a que la disparidad que existe entre las diversas actividades profesionales hace imposible enmarcarlas dentro del mismo estatuto. Para Viney (2007), por el contrario, es necesario volver a la idea de que la responsabilidad surgida de la inejecuci&oacute;n de obligaciones profesionales deba ser sometida a un mismo r&eacute;gimen, aun para los eventos en los que el da&ntilde;o alcance a terceros.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo cierto es que el estatuto de responsabilidad profesional ha encontrado basamento, tradicionalmente, en la noci&oacute;n de culpa probada. En Colombia, por ejemplo, quienes demanden contra profesionales de la salud deber&aacute;n acreditar la culpa del causante del da&ntilde;o, sin perjuicio de que se puedan valer de las prerrogativas propias del r&eacute;gimen probatorio general que eximen de demostrar el contenido de las afirmaciones o negaciones indefinidas (art. 177 C&oacute;digo de Procedimiento Civil colombiano). Lo dicho no obsta para que exista un amplio sector de la doctrina que reclame la aplicaci&oacute;n del principio de carga din&aacute;mica de la prueba, que abrir&iacute;a la posibilidad de imponer la obligaci&oacute;n de demostrar un hecho a aquella parte procesal que cuente con mejores herramientas para ello (Jaramillo, 2008) o que igualmente se admita la denominada &quot;culpa virtual&quot;, &quot;de acuerdo con la cual, la culpa puede darse por probada a partir de determinadas circunstancias que rodearon la conducta del agente. Se dice que &quot;las cosas hablan por s&iacute; solas&quot; <i>(res ipsa loquitur)&quot; </i>(Tamayo, 2007).</p>      <p>En Europa, por su parte, pese al principio general de culpa probada, la propuesta de Directiva Europea del 9 de noviembre de 1990 invierte la carga de la prueba y ser&aacute; el profesional quien deba demostrar su ausencia de culpa (Arrubla, 2009; Parra, 1991). Ello, por cuanto se parte de la presunci&oacute;n de que es justamente el profesional quien se halla en condiciones de demostrar, mediante argumentos t&eacute;cnicos y cient&iacute;ficos, la adecuaci&oacute;n de su comportamiento.</p>      <p>Trigo Represas (1987, p. 27), aceptando que el r&eacute;gimen general de culpa irradia a los profesionales, defiende la existencia de una &quot;culpa profesional&quot;, defini&eacute;ndola como &quot;aquella en la que incurre una persona que ejerce una profesi&oacute;n, al faltar a los deberes especiales que ella impone; se trata pues, de una infracci&oacute;n t&iacute;pica, concerniente a ciertos deberes propios de esa determinada actividad&quot;.</p>      <p>Sin embargo, existen algunos rezagos en la doctrina que rechazando el concepto de culpa profesional se inclinan por aplicar la culpa com&uacute;n tambi&eacute;n a los profesionales sin hacer ninguna distinci&oacute;n. En la doctrina colombiana Vallejo (2005), en la doctrina argentina Acu&ntilde;a Anzorena y en la extranjera, italiana, Chironi. Particularmente Acu&ntilde;a A. sostiene que &quot;en la responsabilidad profesional nada hay en lo fundamental que difiera de los principios esenciales que gobiernan la responsabilidad civil en general, si bien pueden darse a su respecto 'algunas diferencias puramente de matices&quot; insuficientes para descartar dicha premisa&quot; (citado en Mosset, 2004, p. 151). Chironi, por su parte, indica que la impericia o los errores profesionales no deben ser objeto de teor&iacute;as especiales, pues entran en los conceptos generales fijados en materia de comportamiento il&iacute;cito, y no son modos especiales de culpa (Chironi, 1928). En esta l&iacute;nea argumentativa, bastar&iacute;a la definici&oacute;n de los Mazeaud y Tunc (1962, p. 61), y en consecuencia, la comparaci&oacute;n del comportamiento del deudor -profesional- ser&aacute; con la de otro que encuadre en la conducta de dicho deudor. Para estos autores,</p>      <blockquote>     <p>&#91;I&#93;ncurrimos en culpa cuando no nos conducimos como los dem&aacute;s cuando ellos se conducen de una manera social, cuando no nos comportamos como lo hacen los &quot;buenos padres de familia&quot;, &#91;...&#93;. La culpa &#91;...&#93; es un error de conducta tal, que no lo habr&iacute;a cometido una persona cuidadosa situada en las mismas circunstancias &quot;externas&quot; que el autor del da&ntilde;o.</p> </blockquote>      <p>Ciertamente, la definici&oacute;n de culpa de los hermanos Mazeaud resulta te&oacute;ricamente sencilla porque supone confrontar dos comportamientos: aquel que llev&oacute; a cabo el autor del da&ntilde;o con el del sujeto, para efectos de este estudio, el profesional diligente y prudente. Al fallador corresponder&aacute; tal comparaci&oacute;n, a efectos de que, encontrando disimilitud en los mismos, se concluya que hubo culpa del agente. Se reitera, la anterior operaci&oacute;n puede figurar, en teor&iacute;a, sencilla, y m&aacute;s aun cuando, en trat&aacute;ndose del profesional, el an&aacute;lisis se reduce a exigir la comparaci&oacute;n con el buen profesional de la especialidad a que corresponda el caso concreto. Sin embargo, llevar a cabo tal parang&oacute;n en un evento puntual, y sobre todo real, comporta serias dificultades. Lo anterior, por cuanto no en todos los casos el agente causante del da&ntilde;o conoce previamente la conducta que se espera de &eacute;l, y m&aacute;s aun, el juzgador de su comportamiento adolece de la misma falencia.</p>      <p>Debe por ello destacarse que en Estados Unidos, tal como se&ntilde;ala Freinman (2007), las cortes han logrado establecer m&eacute;todos para identificar las pol&iacute;ticas judiciales de declaraci&oacute;n de responsabilidad a fin de evidenciar la existencia o no de un deber de cuidado razonable y, con &eacute;l, la negligencia. Reconociendo lo incompleto de este proceso, Frienman afirma que el mismo se hace indispensable para ayudar el proceso de an&aacute;lisis de cada caso.</p>      <p>De all&iacute; que autores como De &Aacute;ngel (1995), m&aacute;s que rechazar el concepto de culpa, se&ntilde;alen que el mismo se ha deformado hasta tal punto que hoy es posible afirmar que se presenta como un &quot;confuso&quot; fundamento del deber de reparar. Diez Picazo (1999, p. 236) corrobora esta tesis declarando que pese a que para el Tribunal Espa&ntilde;ol &quot;los supuestos de responsabilidad por riesgo deben ser considerados excepcionales y que la regla y principio general contin&uacute;a siendo el &laquo;reproche culpabil&iacute;stico&raquo;, termina se&ntilde;alando que el concreto hecho da&ntilde;oso pone de relieve la culpa, de manera que se realiza un viaje circular parecido al denominado viaje a ninguna parte&quot;. Ello es as&iacute;, en tanto bajo el fundamento de culpa se condena al demandado sin que &eacute;ste tuviera oportunidad de conocer previamente las normas cuya vulneraci&oacute;n se le imputa y sin perfilar los deberes de diligencia, &quot;esterilizando el concepto mismo de culpa&quot;.</p>      <p>Es por ello que resulta imprescindible, para quienes estimamos que es viable estructurar criterios generales de imputaci&oacute;n de responsabilidad cuando de profesionales se trata, partir de la determinaci&oacute;n de aquellas obligaciones generales, derivadas de la prestaci&oacute;n de un servicio, propias de la actividad de cualquier profesional. Este criterio encuentra mayor respaldo frente a definiciones tradicionales de culpa que la determinan por &quot;el incumplimiento de una obligaci&oacute;n preexistente&quot; (Planiol y Ripert, citados en Tamayo, p. 222.) y aun para el concepto moderno que se&ntilde;ala que existir&aacute; culpa normativa &quot;cuando el agente, independientemente de elemento psicol&oacute;gico, haya violado disposiciones normativas que le impon&iacute;an deberes concretos&quot; (Tamayo, p. 222).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute;, el punto de partida que se propone para definir los criterios de atribuci&oacute;n de responsabilidad profesional est&aacute; justamente en la determinaci&oacute;n de obligaciones profesionales, entendiendo por tales aquellos v&iacute;nculos jur&iacute;dicos que se generan de la prestaci&oacute;n del servicio de un profesional y que pese a la particularidad de cada actividad pueden generalizarse.</p>      <p>3.2. <b>Las obligaciones derivadas de la prestaci&oacute;n del servicio profesional</b></p>      <p>Tal como hemos se&ntilde;alado, una parte de la doctrina sostiene que resulta innecesario especificar el r&eacute;gimen de los profesionales, debido que respecto a los mismos es perfectamente aplicable el r&eacute;gimen general de obligaciones y contratos. No obstante acad&eacute;micos modernos, admitiendo que la disimilitud de profesiones comportar&aacute; un an&aacute;lisis de responsabilidad en cada caso, se debaten con los primeros en la posibilidad de identificar obligaciones exigibles a todo profesional, partiendo del hecho de que frente al r&eacute;gimen general de responsabilidad, el grado de exigencia de las obligaciones y deberes variar&aacute;, sin lugar a dudas, seg&uacute;n se trate o no de un profesional, pues en esta situaci&oacute;n en raz&oacute;n de su oficio el contenido de las obligaciones a ellos impuestas es m&aacute;s estricto que cuando no se trata de profesionales (Larroument, 1999, p. 54).</p>      <p>Para Le Tourneau y Cadiet (1998), el origen jurisprudencial de la responsabilidad del profesional se encuentra justamente en el desarrollo del derecho de los consumidores. Ello, por cuanto a partir de la protecci&oacute;n del consumidor se ha dado origen a lo que se denomina &quot;obligaciones in&eacute;ditas&quot;, m&aacute;s ahora, cuando se enfrenta una extraordinaria demanda de este tipo de servicios en la sociedad contempor&aacute;nea. Ciertamente, las obligaciones que se derivan de un contrato en el que uno de los extremos de la relaci&oacute;n est&aacute; integrado por un profesional pareciera que no contienen mayores disquisiciones, debido a que es el propio contrato el que, consecuencia del postulado de la autonom&iacute;a de la voluntad, las define. No obstante, la funci&oacute;n social inmanente al negocio jur&iacute;dico y la necesidad de adaptarlo a su fin econ&oacute;mico, han logrado el reconocimiento de obligaciones inmersas en el negocio para aquellos eventos en los que un profesional pone a disposici&oacute;n de una clientela un material o instalaciones cuya utilizaci&oacute;n puede eventualmente generar da&ntilde;os. Algunas de tales obligaciones, de acuerdo con Viney (1982, p. 324), son la de seguridad, &quot;la de informaci&oacute;n, de advertencia y de consejo que son hoy corrientemente puestas a cargo de los profesionales que se comprometen a entregar productos o a suministrar servicios a sus clientes&quot;. Incluso, se ha llegado a hacer parte integrante de algunos contratos de ejecuci&oacute;n sucesiva o en contratos preliminares que preceden a otro definitivo, la obligaci&oacute;n de adaptar el contrato a la evoluci&oacute;n de la situaci&oacute;n, atado al principio de ejecuci&oacute;n de buena fe. Esta obligaci&oacute;n que se estima sustituta de la noci&oacute;n de imprevisi&oacute;n, instituci&oacute;n descartada por la Corte de Casaci&oacute;n Francesa, pero admitida por la v&iacute;a del reconocimiento de este nuevo tipo obligacional (Viney, 2007).</p>      <p>Partiendo de la segunda corriente citada, se reconoce que a todo profesional, por el hecho de prestar un servicio asumiendo tal calidad, le corresponde el cumplimiento de algunas obligaciones que la doctrina ha identificado independientemente del tipo de actividad que realice. Dicha obligaciones surgen ligadas, m&aacute;s que al contrato que da origen a la prestaci&oacute;n del servicio, a la actividad profesional en s&iacute; misma considerada.</p>      <p>Un primer criterio de clasificaci&oacute;n, para algunos autores, lo constituye la existencia o no de un contrato. En efecto, en el primer caso se reconocen obligaciones &quot;especiales&quot; inherentes a todo contrato en el que intervenga un profesional, consecuencia directa de la aplicaci&oacute;n del principio de buena fe contractual o que, tal como lo expone Le Tourneau (2006, 142), &quot;nacen a t&iacute;tulo secundario del inter&eacute;s com&uacute;n que une a las partes, como al rasero que debe guiar a todos los comportamientos humanos&quot; y que &eacute;ste autor franc&eacute;s categoriza as&iacute;:</p>      <blockquote>     <p><b>a. Obligaciones derivadas del contrato</b></p>      <p><b>1. <i>Obligaciones ligadas a la exigencia de la lealtad contractual:</i></b></p>      <p>1.1.&nbsp;<i>Obligaci&oacute;n de cooperaci&oacute;n: </i>Esta obligaci&oacute;n se explica como la conciencia de tener una uni&oacute;n de intereses en aras de lograr el objetivo del contrato, am&eacute;n de contribuir a lograr un clima armonioso en el contrato y a mantener la confianza rec&iacute;proca.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>1.2.&nbsp;<i>Obligaci&oacute;n de ejecutar el contrato: </i>Se define como la obligaci&oacute;n que se deriva, <i>per se, </i>de la lealtad contractual, y supone llevar a cabo el objeto contratado, personalmente o a trav&eacute;s de terceros cuando el negocio as&iacute; lo permita.</p>      <p>1.3.&nbsp;<i>Obligaci&oacute;n de informaci&oacute;n: </i>Dado que la informaci&oacute;n es parte natural de los contratos, m&aacute;s en aquellos que se celebran con no profesionales, se exige al profesional asumir una actitud proactiva y revelar aquellas situaciones &uacute;tiles al contrato, exigi&eacute;ndose exactitud, pertinencia y adaptaci&oacute;n a la situaci&oacute;n. Se debe informar, a lo sumo, de las contraindicaciones de la prestaci&oacute;n a su cargo, de sus restricciones t&eacute;cnicas, los l&iacute;mites de sus prestaciones y su eficacia y de los riesgos que de ella se deriven. De all&iacute; que Avilez (2002) sostenga que este deber lleve a la autonom&iacute;a de la voluntad del individuo y a la libertad de la persona. En lo que respecta a una cosa peligrosa objeto del servicio profesional o en general del contrato con un profesional, &eacute;ste debe igualmente prevenir el perjuicio que puede devenir de su uso y se&ntilde;alar condiciones de prevenci&oacute;n de dicho riesgo. (El profesor franc&eacute;s distingue entre la obligaci&oacute;n de informaci&oacute;n y la de consejo. La primera &quot;consiste fundamentalmente en advertir al profano de los riesgos jur&iacute;dicos o t&eacute;cnicos del contrato de forma tal que dicho profanotenga elementos de juicio para contratar&quot; (Le Tourneau, p. 2006, 145), es decir, describir el producto, mientras que la de consejo consiste &quot;en orientar la decisi&oacute;n del contratante por una alternativa que se considera la mejor&quot;, lo que llevar&iacute;a a un consejo respecto de la conveniencia de adquirir el producto).</p>      <p>Respecto de la obligaci&oacute;n en cuesti&oacute;n, Pantale&oacute;n Prieto (1990) adelanta un interesante estudio referido puntualmente a la responsabilidad del m&eacute;dico como profesional y concluye que el m&eacute;dico, y agregar&iacute;amos al profesional en general, que omiti&oacute; su deber de informaci&oacute;n y que causa un da&ntilde;o, le ser&aacute; imputable objetivamente responsabilidad siempre que se logre demostrar que el paciente, o el cliente, de haber conocido el riesgo que acaeci&oacute; hubiera desistido de la operaci&oacute;n, o en general del servicio solicitado, pues s&oacute;lo en &eacute;ste encuentra el autor que se evidencia la relaci&oacute;n directa entre la conducta omisiva del profesional y el da&ntilde;o causado.</p>      <p>Tamayo Jaramillo (2007), acogiendo la clasificaci&oacute;n elaborada por el profesor franc&eacute;s, fundamenta el surgimiento de la obligaci&oacute;n de informaci&oacute;n en el hecho de que la posici&oacute;n dominante del profesional, que otrora estaba legitimada por la filosof&iacute;a individualista que prim&oacute; en el derecho privado hace algunas d&eacute;cadas y que llevaba a mantener el contrato tal como se hubiera concertado sin detenerse a revisar la condici&oacute;n de profesional, se ha alterado, insertando un principio seg&uacute;n el cual cada una de las partes, siempre que sean profesionales, debe suministrar la informaci&oacute;n que tiene al alcance, en cumplimiento de la obligaci&oacute;n de lealtad, de forma que cualquier perjuicio que se hubiera ocasionado por la inejecuci&oacute;n de aqu&eacute;lla conlleva a la declaratoria de responsabilidad del agente.</p>      <p>En el mismo sentido, pero refiri&eacute;ndose a los deberes que surgen de la etapa precontractual para cualquier negocio jur&iacute;dico, sin marcar diferencia ante la presencia o no de un profesional, Oviedo Alb&aacute;n (2009) reconoce como deberes gen&eacute;ricos derivados de la buena fe en la etapa precontractual, el de informaci&oacute;n y el de protecci&oacute;n y conservaci&oacute;n tanto de personas vinculadas a la negociaci&oacute;n como de bienes objeto de la misma. En ese sentido, se asimila m&aacute;s a lo que Le Tourneau (2006) denomina obligaci&oacute;n de informaci&oacute;n frente a terceros.</p>      <p>Ahora bien, mientras para el &uacute;ltimo autor citado varias de las obligaciones referidas a los contratos son accesorias (y en el mismo sentido Santos, 1996), Salazar Luj&aacute;n (2005) defiende que a pesar que en otras relaciones resulten complementarias, frente a la prestaci&oacute;n de un servicio profesional se tornan principales e independientes en adici&oacute;n a la obligaci&oacute;n de prestar el servicio. Por ello, frente a su incumplimiento se generar&aacute; responsabilidad civil pese a que se hubiera ejecutado el servicio.</p>      <p>1.4.&nbsp;<i>Obligaci&oacute;n de confidencialidad: </i>La confidencialidad, el secreto o la reserva se constituyen en una consecuencia directa de la obligaci&oacute;n de informaci&oacute;n a la que se hizo menci&oacute;n. Todo aquello que se revele con ocasi&oacute;n del contrato y cuya divulgaci&oacute;n pueda generar perjuicio para quien informa debe mantenerse en secreto.</p>      <p>1.5.&nbsp;<i>Obligaci&oacute;n de seguridad: </i>Conforme a esta obligaci&oacute;n, el profesional debe garantizar la integridad corporal y patrimonial de su acreedor durante la ejecuci&oacute;n del contrato. Por tanto, la exigencia de la obligaci&oacute;n de seguridad imprime a los profesionales una mayor prudencia en el desarrollo de sus actividades y encuentra su fundamento esencialmente en la diferencia de conocimientos entre el profesional y la persona con la que &eacute;ste contrata.</p> </blockquote>      <p>Los autores coinciden en que se trata de una obligaci&oacute;n accesoria a un contrato principal que expone al acreedor a cierto riesgo (en el mismo sentido, Palacio, 2009).</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>2. <i>Obligaciones ligadas a la exigencia de la lealtad con el cocontratante: </i></b>M&aacute;s que obligaciones, el profesor franc&eacute;s se refiere a ellas como deberes derivados de la expectativa del acreedor en la ejecuci&oacute;n del contrato, y se enuncian a continuaci&oacute;n:</p>      <p>2.1.&nbsp;<i>Deber de vigilancia: </i>Impone al profesional una conducta: reaccionar ante una situaci&oacute;n que pueda derivarle un perjuicio a la otra parte del contrato.</p>      <p>2.2.&nbsp;<i>Trasparec&iacute;a no s&oacute;lo en el desarrollo del contrato sino en su finalizaci&oacute;n: </i>De contera, este deber incluye prevenir al cocontratante de las dificultades o particularidades imprevistas que sean conocidas o deban ser conocidas por el profesional en raz&oacute;n de su experticia.</p>      <p>2.3.&nbsp;<i>Perseverancia en el cumplimiento de la misi&oacute;n encomendada y a la que se ha comprometido: </i>Para ello, el profesional debe hacer frente a las dificultades que puedan presentarse durante la ejecuci&oacute;n del contrato, precisamente en raz&oacute;n de sus conocimientos y su experiencia.</p>      <p>2.4.&nbsp;<i>Fidelidad: </i>El deber de fidelidad conlleva a ejecutar el contrato tal como se acord&oacute;, atendiendo a los l&iacute;mites impuestos por el mismo, v.gr., el de mandato, y de adaptar la ejecuci&oacute;n del negocio a los imprevistos que durante su ejecuci&oacute;n se puedan presentar, en concordancia con el deber de perseverancia.</p>      <p>2.5.&nbsp;Actuar con respeto a los intereses de la contraparte, llegando incluso a privilegiarlos frente a los propios, en aras de llenar las expectativas del primero en la celebraci&oacute;n del negocio. As&iacute;, se impone al profesional facilitar la ejecuci&oacute;n del contrato.</p>      <p>2.6.&nbsp;<i>Deberes morales: </i>Dentro de &eacute;stos destaca la paciencia, que no tolerancia de una actitud culposa de un tercero; la discreci&oacute;n; el honor; la delicadeza, que impone en veces una obligaci&oacute;n de hacer y en otras de no hacer (dar un consejo, incluso contra los intereses del mismo deudor o abstenerse de tomar por su cuenta la operaci&oacute;n que adelantaba con un tercero); coherencia, que le impide actuar contra sus propios actos o contra la manera como se comportaba en situaciones anteriores violando la confianza leg&iacute;tima.</p>      <p>Frente a la anterior clasificaci&oacute;n Palacio (2009, p. 121) presenta una categorizaci&oacute;n de las obligaciones de los profesionales partiendo igualmente de la existencia o inexistencia del contrato, un poco menos extensa que la del autor franc&eacute;s. Dentro de las contractuales incluye: la obligaci&oacute;n de informaci&oacute;n, la de confidencialidad, de seguridad, de capacitaci&oacute;n y actualizaci&oacute;n, a la que Le Tourneau (2006) se refiere dentro de las obligaciones ligadas a la exigencia de la eficiencia, y otras obligaciones dentro de las que se contienen la obligaci&oacute;n de lealtad en la ejecuci&oacute;n del contrato y el cumplimiento de deberes morales, que explica con un llamado de atenci&oacute;n a los profesionales para que recuerden que su objetivo es servir, buscando una remuneraci&oacute;n que les permita satisfacer sus necesidades b&aacute;sicas, de all&iacute; que el profesional debe procurar paciencia, discreci&oacute;n, coherencia y lealtad con el cliente. Dentro de las extracontractuales est&aacute; la obligaci&oacute;n de informaci&oacute;n, no tan amplia como en el r&eacute;gimen contractual, dado que en este caso el profesional debe proteger su conocimiento frente a terceros que se puedan beneficiar de la informaci&oacute;n inicial dada al contratante y la obligaci&oacute;n de seguridad.</p>      <p><b><i>3. Obligaciones ligadas a la exigencia de la eficiencia: </i></b>Ello envuelve el comportarse de acuerdo con la competencia del profesional, seg&uacute;n su reputaci&oacute;n y experiencia. Ello incluye la facultad de previsi&oacute;n en beneficio de la contraparte, es decir, anticiparse y prevenir atentados contra la seguridad. Supone, igualmente, la formaci&oacute;n permanente del profesional, as&iacute; como el actuar con celeridad en el cumplimiento de las tareas que le han encomendado.</p>      <p>Las obligaciones rese&ntilde;adas se derivan de la calidad de profesional del deudor de las mismas, pero se aten&uacute;an en algunas circunstancias en las que la otra parte del contrato no se encuentra &quot;indefensa&quot; frente al profesional. Algunos de estos criterios de atenuaci&oacute;n se presentan cuando el cocotratante tambi&eacute;n es profesional; cuando el cliente est&aacute; siendo asesorado por un profesional; cuando por su experiencia le es exigible a dicho cliente alg&uacute;n grado de informaci&oacute;n; cuando el contratante se comporta como si ya estuviera informado o cuando decide asumir deliberadamente alg&uacute;n riesgo. Adicionalmente, la gratuidad y la urgencia se constituyen en factores de moderaci&oacute;n de las citadas obligaciones. En el primer caso porque, seg&uacute;n la doctrina, cuando el profesional act&uacute;a sin &aacute;nimo de lucro &quot;no parece actuar como profesional&quot;. En lo que respecta al alea o a la urgencia, igualmente disminuyen el rigor con el que se exige el cumplimiento de las citadas obligaciones y deberes, se&ntilde;alando que el alea impide que una obligaci&oacute;n sea considerada de resultado.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Frente a estos moderadores de la responsabilidad de los profesionales, situaciones que pretenden alegarse como exoneratorias no son admitidas autom&aacute;ticamente. Algunos ejemplos tra&iacute;dos a colaci&oacute;n por la doctrina ser&iacute;an &quot;el hecho de que haya seguido (el profesional) la opini&oacute;n de un organismo de control, que haya ejecutado sus obligaciones conforme a las reglas del arte, a los datos actuales de la ciencia, a las normas o a las exigencias legales y reglamentarias, que haya obtenido autorizaci&oacute;n administrativa o que sus productos hayan recibido autorizaci&oacute;n t&eacute;cnica&quot;. Para la doctrina, &quot;el deudor es de alguna manera, garante de los riesgos de desarrollo, al menos cuando la obligaci&oacute;n es de resultado (para el m&eacute;dico, vinculado por una simple obligaci&oacute;n de medios, esta &uacute;ltima circunstancia es, por el contrario, exoneratoria)&quot; (Le Tourneau, 2006, p. 25).</p>      <p><b>b. Obligaciones profesionales frente a terceros:</b></p> </blockquote>       <blockquote>  <ol>     <li>    <p><i>Obligaci&oacute;n de informaci&oacute;n: </i>La obligaci&oacute;n de informaci&oacute;n de r&eacute;gimen extracontractual es entendida como una obligaci&oacute;n precontractual frente a todo cliente eventual.</p></li>      <li>    <p><i>Obligaci&oacute;n de seguridad: </i>La obligaci&oacute;n de seguridad &quot;se presenta frente a aquellas personas, que estando bajo la esfera de dominio de un profesional con el cual no han celebrado ning&uacute;n contrato, hace que este &uacute;ltimo responda de los da&ntilde;os que pueda sufrir un potencial cliente en su dominio&quot; (Palacio, 2009, p. 121). Y es exigible por toda persona que pudiera ser v&iacute;ctima de un da&ntilde;o en su integridad con ocasi&oacute;n de una actividad profesional, v.gr, el defecto de un producto causado a un tercero no contratante. (Sobre el particular, el C&oacute;digo de Consumo consagra la obligaci&oacute;n de seguridad legalmente, exigiendo que los productos y servicios presenten condiciones de seguridad a las cuales se pueda leg&iacute;timamente esperar y no afectar la a salud de las personas, art&iacute;culo L.221-1).</p></li>      <p>Respecto de esta obligaci&oacute;n Palacio (2009) anota que &quot;la doctrina extrajera pretende ampliarle el campo de aplicaci&oacute;n de la responsabilidad contractual incluso frente a los da&ntilde;os causado a terceras personas con las cuales ni siquiera se tiene relaci&oacute;n&quot;.</p>     </ol> </blockquote>      <p>Finalmente, el profesor franc&eacute;s destaca que la Corte de Casaci&oacute;n francesa no s&oacute;lo admite legitimaci&oacute;n en los terceros afectados por el incumplimiento de un contrato del que no fueron parte, sino que los exime de la carga de probar la culpa del profesional. Pese a ello, critica esta postura porque quebranta el principio de la relatividad de los negocios jur&iacute;dicos, e incluso el principio de igualdad entre los acreedores, privilegiando al tercero frente al cocontrante acreedor de las obligaciones del contrato. Pareciera que la Corte permitiera derivar del incumplimiento de un contrato que afecta a un tercero una responsabilidad extracontractual, aunque, debe advertirse, tal apreciaci&oacute;n no hace parte de la cr&iacute;tica de Le Tourneau, es m&aacute;s bien una conclusi&oacute;n del an&aacute;lisis de los fallos que dicho autor referencia.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No puede, en todo caso, pasar desapercibido el avance que la tesis criticada introduce en el r&eacute;gimen de responsabilidad de los profesionales reconociendo que los servicios de los profesional han invadido las esferas de la sociedad de manera tal que la protecci&oacute;n de los terceros debe imponerse a trav&eacute;s de criterios claros de exigibilidad de la reparaci&oacute;n del da&ntilde;o que el comportamiento de aqu&eacute;l genere. Parece, eso s&iacute;, indispensable un estudio en esta misma l&iacute;nea, pero partiendo de las decisiones de la jurisprudencia, en aras de comprender el contenido integral de cada una de estas obligaciones.</p>      <p><b>3.3 La culpa en los Profesionales</b></p>      <p>La referencia a las obligaciones derivadas de la prestaci&oacute;n profesional de un servicio expuesta en el ac&aacute;pite anterior sirve de introducci&oacute;n a este segmento, con el cual se pretende definir el grado de incumplimiento que de tales obligaciones debe evidenciar el fallador a efectos de declarar la responsabilidad de un profesional.</p>      <p>A pesar de las diversas teor&iacute;as que defienden la responsabilidad objetiva, lo cierto es que la culpa, sin lugar a dudas, es el factor de atribuci&oacute;n que por tradici&oacute;n sirve de fundamento al deber de reparar. As&iacute;, a modo de ejemplo, el art&iacute;culo 2341 del C&oacute;digo Civil colombiano, el art&iacute;culo 1969 del C&oacute;digo Civil peruano, 1101 del C&oacute;digo Civil espa&ntilde;ol y el art&iacute;culo 1382 del C&oacute;digo Civil franc&eacute;s sustentan en la responsabilidad subjetiva la obligaci&oacute;n de resarcir el da&ntilde;o causado.</p>      <p>La responsabilidad profesional no escapa a la generalidad, y tambi&eacute;n para ella la culpa es considerada en la doctrina el factor de imputaci&oacute;n cuando el causante del da&ntilde;o funge como profesional. Por ello, este apartado se concentrar&aacute; en el grado de culpa que se exige al profesional para declararlo responsable, o mejor, en al an&aacute;lisis que la doctrina moderna ha adelantado respecto de la culpa como factor de imputaci&oacute;n para los profesionales. De esta manera se lograr&aacute; demostrar que, a pesar de que se admite que en la mayor&iacute;a de los casos la responsabilidad del profesional es subjetiva, el grado de diligencia que se le exige responde a la especialidad del sujeto y,  por tanto, eleva el grado de perfecci&oacute;n de la labor desarrollada. Pese a ello, ser&aacute; posible encontrar criterios generales de diligencia para el profesional, de acuerdo con la doctrina del momento; tan es as&iacute; que se determinaron en el ac&aacute;pite anterior las obligaciones propias de cualquier actividad profesional.</p>      <p>Ahora bien, la viabilidad de imputar objetivamente responsabilidad a un profesional depender&iacute;a, en Colombia, de la calificaci&oacute;n de peligrosa de la actividad que desempe&ntilde;a &eacute;ste. Es as&iacute; como la responsabilidad del constructor ser&aacute; objetiva cuando el da&ntilde;o que se le imputa es consecuencia de la construcci&oacute;n o de la demolici&oacute;n de una edificaci&oacute;n, debido a que dicha actividad ha sido considerada como una actividad peligrosa (Vallejo, 2005; reiterado por Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci&oacute;n Civil, 1990, 2009). Ello es as&iacute; porque no existe raz&oacute;n para excluir al profesional que cumple actividades variad&iacute;simas de la responsabilidad objetiva &quot;cuando emplea en el ejercicio de su quehacer, cosas riesgosas; cuando, como preferimos decir, aumentan el riesgo de da&ntilde;osidad, propio de toda actividad, con el uso de las cosas&quot; (Mosset, 2004, p. 162). En el mismo sentido, referido a la responsabilidad m&eacute;dica, la doctrina argentina sostiene que el r&eacute;gimen para este tipo de profesionales ser&aacute; objetivo en dos eventos: cuando se emplean en el acto m&eacute;dico cosas viciosas, as&iacute; como la responsabilidad del jefe del equipo m&eacute;dico, quien responde por el hecho de los integrantes de su equipo sin que su falta de culpa lo libere (L&oacute;pez de Mesa, 2007). As&iacute;, pese a que la responsabilidad subjetiva es el fundamento general de la obligaci&oacute;n de indemnizar, por v&iacute;a doctrinal y jurisprudencial se han ido extendiendo los efectos de la responsabilidad objetiva. Para algunos autores, el empleo de t&eacute;cnicas en estado de experimentaci&oacute;n har&iacute;a responsable al m&eacute;dicos sin mediar la culpa, as&iacute; como defender doctrinas minotirarias o desechadas por la jurisprudencia para el caso de los abogados (Pizarro, 1983; Mosset, 2004).</p>      <p>En lo que a la culpa se refiere, pese a que la doctrina nacional (Tamayo, 2007) sostiene que la divisi&oacute;n tripartita del art&iacute;culo 1604 del C&oacute;digo Civil colombiano ha reducido su aplicabilidad a la p&eacute;rdida de la cosa que se debe o a las obligaciones principales de ciertos contratos, igualmente se admite que frente la responsabilidad contractual derivada del mandato y de &quot;los servicios de las profesionales y carreras que suponen largos estudios (...)&quot; (art. 2144 C&oacute;digo Civil colombiano) la clasificaci&oacute;n en cuesti&oacute;n tiene cabida porque para el caso en comento el grado de culpa que se le exige al mandatario o a quien presta el servicio es la culpa leve.</p>      <p>Acad&eacute;micos extranjeros, acogiendo una postura similar a la planteada, indican que cualquier culpa -haciendo referencia a la culpa leve- permite, en general, deducir responsabilidad del deudor; no obstante, advierten que &quot;en casos excepcionales se exige como condici&oacute;n de responsabilidad una falta de cierta gravedad&quot; (Larroumet, 1999, p. 46) y distinguen tres grados de culpa grave: la culpa dolosa, la inexcusable y la grave propiamente dicha. La primera, llamada tambi&eacute;n culpa intencional o dolo en la ejecuci&oacute;n de los contratos, no es necesaria para que se declare al deudor responsable, pero la consecuencia de su demostraci&oacute;n es la extensi&oacute;n de los perjuicios no s&oacute;lo a los previsibles, a los que se limita por general la indemnizaci&oacute;n de un perjuicio derivado de un contrato, sino que se amplifica la indemnizaci&oacute;n al cubrimiento de los perjuicios imprevisibles al momento de celebraci&oacute;n del contrato.</p>      <p>Distinci&oacute;n en el mismo sentido se encuentra en la legislaci&oacute;n colombiana, art&iacute;culo 1616 del C&oacute;digo Civil, referida al da&ntilde;o causado con culpa o al da&ntilde;o causado con dolo. Se evidencia en todo caso una diferencia conceptual, en la medida que en Colombia el dolo se asimila a la culpa grave, mientras que Larroumet (1999) opone ambas categor&iacute;as. Mazeaud y Tunc (1962, p. 61) explican la asimilaci&oacute;n francesa de culpa grave y dolo en los siguientes t&eacute;rminos:</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>la negligencia o la imprudencia cometida es tan grosera, que apenas s&iacute; es cre&iacute;ble que su autor no haya deseado, al obrar, causar el da&ntilde;o que se ha producido. Para que as&iacute; sea, ha de suponerse que, seg&uacute;n la definici&oacute;n de los textos interpolados en el <i>Digesto, </i>el demandado no ha comprendido <i>quod omnes intellegunt </i>(lo que todos comprenden) &#91;...&#93; La maldad misma, como se ha dicho, adoptar&iacute;a la m&aacute;scara de la tonter&iacute;a. Para cortar por lo sano esa defensa, era necesario crear una presunci&oacute;n: la ley supone probada, en el autor de una culpa muy grave, la intenci&oacute;n de da&ntilde;ar. Se advierte as&iacute; que la asimilaci&oacute;n de la culpa lata con el <i>dolus </i>no es un retorno disimulado a la teor&iacute;a de la representaci&oacute;n; es una regla que aplica en el terreno de la prueba.</p> </blockquote>      <p>As&iacute;, la culpa dolosa es la culpa intencional, la voluntad de perjudicar a un tercero, el deseo de perjudicar a otro. De all&iacute; que Mazeaud y Tunc (1962) y Larroumet (1999) sostengan que el an&aacute;lisis de la culpa delictual, llamada as&iacute; por los primeros, o culpa dolosa, para el segundo, deba llevarse a cabo en concreto. La culpa intencional, por su parte, exige un acto temerario y con conciencia de que su autor probablemente resultar&aacute; afectado, es una aceptaci&oacute;n del peligro y del posible da&ntilde;o que de &eacute;l se derive.</p>      <p>La tercera categor&iacute;a, culpa grave <i>(culpa lata), </i>es esencialmente no voluntaria m&aacute;s grave que la ordinaria: &quot;Se trata de una culpa burda o tambi&eacute;n de una acumulaci&oacute;n de varias culpas que, aisladamente consideradas, ser&aacute;n culpas ordinarias o leves&quot; (Larroumet, 1999, p. 53), y tanto en Francia como en Colombia, el deudor condenado por culpa grave deber&aacute; indemnizar perjuicios previsibles e imprevisibles al momento de celebraci&oacute;n del contrato, por cuanto la culpa grave se equipara al dolo en ambos pa&iacute;ses, a pesar de que Larroumet no acoja tal identidad.</p>      <p>Ahora bien, en materia de responsabilidad de los profesionales, Larroumet (1999) defiende, citando jurisprudencia de la Corte de Casaci&oacute;n Francesa, que basta la culpa leve para hacerlo responsable y que, por tanto, no es necesario para condenar al pago de perjuicios generados por la conducta del profesional al que se demuestre una falta grave.</p>      <p>Los Mazeaud (1962), por el contrario, se orientan a demostrar la inexactitud de la anterior premisa a trav&eacute;s del an&aacute;lisis de la culpa en algunos profesionales. Frente a los m&eacute;dicos o en general a quienes se encargan de prestar cuidados a hombres o animales, advierten que no siempre deben responder exclusivamente por culpa grave o lata, sino que, dependiendo del caso en concreto, el juez debe condenarlos siempre que encuentre probada con certeza &quot;una culpa cometida por el m&eacute;dico, sea cual sea la naturaleza de esa culpa&quot;, siguiendo la definici&oacute;n general de culpa planteada por estos autores. No obstante, advierten que en no pocas jurisprudencias francesas se ha exigido la culpa lata para condenar al m&eacute;dico, oponi&eacute;ndose a la decisi&oacute;n de la &quot;Corte de Aix que, en sentencia del 22 de octubre de 1906, luego de haber reconocido la existencia de una culpa en el hecho de entregarse a experiencias con un enfermo, declara que la extensi&oacute;n de la responsabilidad debe ser disminuida teniendo en cuenta el esp&iacute;ritu que hab&iacute;a animado al m&eacute;dico en sus imprudentes investigaciones&quot; (Mazeaud, 1962, p. 63). En este punto es necesario advertir que Tamayo (2007, p. 209) se identifica con los Mazeaud en el an&aacute;lisis <i>in abstracto </i>de la culpa, pero teniendo en cuenta las circunstancias internas del autor del da&ntilde;o &quot;relativas a su superioridad o inferioridad f&iacute;sica, as&iacute; como la mayor o menor erudici&oacute;n del agente en relaci&oacute;n con la conducta desplegada; finalmente, se detendr&aacute; en la capacidad racional del sujeto, exigiendo que, por lo menos, tenga capacidad de discernimiento&quot;.</p>      <p>Le Tourneau (2006, pp.19 y 101) igualmente reconoce diversos grados de incumplimiento del profesional, desde dolo, la culpa inexcusable, la culpa grave y la leve, pero destaca que la jurisprudencia francesa tiende a aplicar &quot;discretamente un agravamiento de la gama de las culpas de un profesional&quot;. As&iacute;, mientras que para un ciudadano com&uacute;n un comportamiento determinado ser&iacute;a culpa lev&iacute;sima, para un profesional en esas mismas circunstancias ser&iacute;a grave siempre y cuando evidencie ineptitud en la tarea encomendada. El criterio de comparaci&oacute;n ser&iacute;a, en definitiva, el buen profesional de la misma especialidad.</p>      <p>Las posturas expuestas han llevado a Mosset Iturraspe (2004, p. 156) a se&ntilde;alar que existen dos posturas contradictorias frente al an&aacute;lisis de la culpa profesional: por un lado, aquella que &quot;con un marcado af&aacute;n de 'tutela profesional' s&oacute;lo admite su responsabilidad frente a la demostraci&oacute;n de su culpa grave&quot;, entendi&eacute;ndola como una negligencia may&uacute;scula, una imprudencia grosera o una impericia rayana en la ignorancia; y una segunda postura que extiende la responsabilidad de los profesionales a los hechos o incumplimientos atribuibles a cualquier especie de culpa, grave, leve o lev&iacute;sima. El autor argentino critica ambas posturas por irrazonables, la primera por permisiva y la segunda por ser excesivamente rigurosa, &quot;la responsabilidad por culpa grave o leve parece suficiente y equitativo&quot;, es decir, exigir al profesional prudencia normal, diligencia media. (&quot;Culpa leve&quot;, entendida como el desorden que un profesional medio no hubiera cometido y &quot;culpa lev&iacute;sima&quot; basada en el obrar sumamente diligente o celoso, cuidadoso en extremo).</p>      <p>L&oacute;pez de Mesa (2005), en lugar de detenerse en la clasificaci&oacute;n tripartita de culpas, se inclina por sostener que la culpa consiste siempre en una omisi&oacute;n, la omisi&oacute;n de diligencia exigible seg&uacute;n circunstancias de tiempo, lugar y de la persona, y concluye que una conducta puede ser calificada como culposa cuando el agente ha realizado un comportamiento menos diligente que aquel que le exige el derecho No obstante, diferencia las categor&iacute;as de culpa seg&uacute;n se trate de negligencia, imprudencia o impericia. La primera se presenta cuando el sujeto omite una actividad que habr&iacute;a evitado el resultado da&ntilde;oso, no hace lo que debe o hace menos; la imprudencia supone un obrar precipitado, sin prever las consecuencias que puede desembocar su actuar irreflexivo, advirtiendo que en los profesionales se trata de una conducta positiva respecto a la cual deb&iacute;a abstenerse, una acci&oacute;n realizada de manera prematura; finalmente, califica la impericia como el desconocimiento de las reglas y m&eacute;todos pertinentes, pues el que ejerce una profesi&oacute;n debe tener los conocimientos te&oacute;ricos y pr&aacute;cticos propios de su profesi&oacute;n y obrar con la diligencia propia. As&iacute;, concluye con Mosset (2004), que en Argentina se responde por culpa grave o leve.</p>      <p>En la misma l&iacute;nea, Visistini (1999) manifiesta que el empe&ntilde;o al que se halla sujeto el profesional es el ordinario y deber&aacute; evaluarse teniendo en cuenta la naturaleza de la prestaci&oacute;n ,y solamente cuando est&eacute;n implicados problemas de especial dificultad se debe imponer un criterio de atenuaci&oacute;n de responsabilidad al circunscrib&iacute;rsela a la culpa grave, entendida por la autora como evidente violaci&oacute;n de reglas profesionales, y sella su argumento sobre la base del estudio de la jurisprudencia de la Corte de Casaci&oacute;n Francesa se&ntilde;alando que el profesional responder&aacute; por culpa grave s&oacute;lo en el evento concreto en que no haya sido adecuadamente estudiado por la ciencia y que la pericia requerida trascienda la preparaci&oacute;n y la habilidad de un profesional medio.</p>      <p>Los diferentes planteamientos expuestos, a pesar de las diferencias en la forma como abordan el tema, permiten concluir que ciertamente el debate en torno a la culpa profesional, o mejor, a los criterios de imputaci&oacute;n de la responsabilidad profesional, no ha culminado, pero que en general se propende por exigir al profesional el comportamiento de otro sujeto de su misma profesi&oacute;n, profesional prudente t&eacute;rmino medio, advirtiendo, eso s&iacute;, que para eventos de extrema complejidad o para casos pioneros, el nivel de exigencia debe disminuirse al rango de la culpa grave. Espec&iacute;ficamente se evidencia esta postura en la siguiente jurisprudencia argentina CNCiv, Sala M., 20/10/95 &quot;Latorre, Eduardo c/ Hospital Nacional de Oftalmolog&iacute;a Santa Luc&iacute;a&quot;; JA 1998-III-sint.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La doctrina, en todo caso, encuentra criterios aplicables a cualquier profesional. Por un lado, fija obligaciones atribuibles a cualquiera que funja como tal, y es destacable que aun quienes no admiten la categor&iacute;a de responsabilidad profesional acepten que aqu&eacute;l con los conocimientos con los que cuenta el profesional est&aacute; en la obligaci&oacute;n de informar aquellas situaciones riesgosas con antelaci&oacute;n y durante la ejecuci&oacute;n del servicio solicitado. Lo propio ocurre con la obligaci&oacute;n de seguridad.</p>      <p>As&iacute;, a pesar de que cada profesional deber&aacute; ce&ntilde;irse a las reglas del arte de su actividad particular, una parte de la doctrina moderna acepta que es razonable identificar criterios uniformes para cualquier profesional. Determinar dichos criterios sobre un basamento doctrinal era justamente el objetivo de este escrito. Por ello, se impone que a continuaci&oacute;n se presenten los que, seg&uacute;n la doctrina expuesta, pueden se&ntilde;alarse como criterios para evaluar el comportamiento de un profesional, sea ante una relaci&oacute;n contractual o frente al eventual da&ntilde;o que pretenden imputarle terceros ajenos a un v&iacute;nculo negocial.</p>      <p><b>3.4. Criterios generales de imputaci&oacute;n de responsabilidad de un profesional</b></p>      <p>Los criterios que se exponen a continuaci&oacute;n son resultado del an&aacute;lisis doctrinal precedente e implican que, pese a las particularidades de cada oficio o actividad, a cualquier profesional puede exig&iacute;rsele este comportamiento, so pena de imput&aacute;rsele culpa, como elemento constitutivo de responsabilidad subjetiva. En aquellos eventos que de acuerdo con las leyes de cada pa&iacute;s pueda exigirse un r&eacute;gimen objetivo de responsabilidad es tambi&eacute;n exigible este comportamiento, s&oacute;lo que en el evento de un da&ntilde;o, el demandante no tendr&aacute; que demostrar su incumplimiento, radic&aacute;ndose en cabeza del demandado - profesional - la carga de demostrar el rompimiento del nexo de causalidad.</p>  <ol type="a">     <li>    <p><b><i>Cumplimiento de las obligaciones del profesional medio</i></b></p>      <p>En ac&aacute;pite anterior se hizo referencia detallada a las obligaciones que, de acuerdo con la doctrina, debe cumplir un profesional. Pues bien, tales obligaciones constituyen un marco de referencia de la conducta exigible a quien act&uacute;a en tal calidad, debiendo compararse el comportamiento del profesional con el de un sujeto, tambi&eacute;n profesional, prudente t&eacute;rmino medio. En la pr&aacute;ctica se sugiere revisar el comportamiento del profesional bajo an&aacute;lisis con las reglas del arte de dicha actividad junto con las obligaciones propias de su condici&oacute;n de tal ya explicitadas (ver numeral 3.2 de este escrito). Es decir, un primero criterio de exigibilidad de comportamiento ser&aacute; el cumplimiento de las obligaciones que se derivan del ejercicio de una actividad profesional.</p>      <p>Ahora bien, impone advertir que las citadas obligaciones, en mayor medida, son reclamables sin distinguir si existe o no un v&iacute;nculo contractual preexistente. En efecto, la obligaci&oacute;n de informaci&oacute;n, de confidencialidad, la de seguridad, el apremio de reaccionar ante un peligro (vigilancia), de prevenirlo o anticiparlo (transparencia) o la perseverancia y fidelidad son exigibles a cualquiera que act&uacute;e como profesional, sin importar si el ejercicio de la actividad se deriv&oacute; de un compromiso negocial o de una relaci&oacute;n sin v&iacute;nculo contractual previo. Todos ellos son comportamientos propios del profesional prudente medio.</p>      <p>En lo que ata&ntilde;e al resto de las obligaciones incluidas en la categorizaci&oacute;n previamente rese&ntilde;ada, puede afirmarse v&aacute;lidamente que se derivan, m&aacute;s que del ejercicio profesional, del cumplimiento de un contrato. As&iacute;, la cooperaci&oacute;n ente las partes y la obligaci&oacute;n de ejecutar el contrato resultan del v&iacute;nculo contractual m&aacute;s que de la actividad propiamente tal.</p>      <p>Para los detractores de la necesidad de estructurar el r&eacute;gimen de responsabilidad profesional y que pudieran sostener que todas las obligaciones descritas - todas y no s&oacute;lo la de cooperaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n del contrato -, se derivan del contrato y no del ejercicio de la actividad en comento, habr&iacute;a que responderles que aunque para cualquier contrato podr&iacute;an ser igualmente exigibles algunas de tales obligaciones, por ejemplo, la obligaci&oacute;n de dar informaci&oacute;n, lo cierto es que el grado de cumplimiento ser&aacute; mayor cuando de profesionales se trata; tan es as&iacute; que se le impone a este &uacute;ltimo una conducta proactiva de entrega de informaci&oacute;n necesaria para el cliente, y no bastar&iacute;a entonces con alegar que no se dio una informaci&oacute;n porque no fue exhortado a hacerlo. Si de su experiencia se deduce que ten&iacute;a que aclarar una situaci&oacute;n, no debe esperar a la pregunta, tiene que entregar las explicaciones aunque no se lo hubieran solicitado.</p></li>      ]]></body>
<body><![CDATA[<li>    <p><b><i>Exigencia de los conocimientos divulgados en el territorio</i></b></p>      <p>En adici&oacute;n a las obligaciones propias del profesional, el nivel de aprendizaje o de t&eacute;cnica que se le exige a aqu&eacute;l ser&aacute;n aquellos conocimientos cient&iacute;ficos difundidos en el pa&iacute;s en el que se lleva a cabo la actividad de la cual se pretende generar responsabilidad por un da&ntilde;o causado, de tal suerte que no ser&aacute; imputable la responsabilidad cuando la conducta del agente, profesional, supere las exigencias ordinarias de dicha actividad u oficio. Ahora bien, este segundo criterio bien podr&iacute;a incluirse dentro de las obligaciones propias del ejercicio de una actividad profesional, pues el conocimiento y la actualidad del actor son presupuestos del cumplimiento cabal de la obligaci&oacute;n de informaci&oacute;n, de vigilancia y transparencia, de perseverancia y de ejecuci&oacute;n del contrato, entre otras. No pueden entenderse entonces cumplida tales obligaciones si quien desarrolla una actividad no se ha mantenido al tanto de los conocimientos difundidos en el territorio donde la misma se ejecut&oacute;.</p></li>      <li>    <p><b><i>Reglamentos de la profesi&oacute;n y el negocio jur&iacute;dico</i></b></p>      <p>Sumado a las obligaciones tantas veces mencionadas, derivadas del ejercicio de la actividad profesional, el actor deber&aacute; igualmente atenerse a la reglamentaci&oacute;n de su profesi&oacute;n u oficio. Lo anterior, debido a que tales reglamentos contribuyen a determinar las reglas del arte de cada actividad y tienen como destinatarios espec&iacute;ficos a unos profesionales en concreto, aquellos que desempe&ntilde;an actividades similares.</p>      <p>Igualmente, se deber&aacute; observar el contenido propio de los negocios que dan origen al v&iacute;nculo respectivo, pues de existir tal relaci&oacute;n contractual, ella ser&aacute; la llamada a determinar las relaciones jur&iacute;dicas que surgen del negocio y que se imponen a ambas partes. En todo caso, el acatamiento de las reglas del contrato podr&iacute;a integrarse con la obligaci&oacute;n de ejecutar el contrato arriba citada, pese a que por su importancia se prefiere incluirlo como tercer criterio.</p></li>      <li>    <p><b><i>Criterio de equidad</i></b></p>      <p>Se defiende igualmente un criterio de equidad, que deber&aacute; analizar el juez en el caso concreto. La jurisprudencia argentina adopta esta posici&oacute;n en CNCiv, Sala B., 11/09/85 &quot;Olsauskai de Argamasilla, Ana M. c/ Municipalidad de la Capital&quot;; LL 1986-A-413, DJ 986-1-656 y ED 116- 283.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una de tales manifestaciones podr&iacute;a encontrarse en la concurrencia, en algunos eventos, de la responsabilidad contractual y la extracontractual aun en estructuras normativas, como la colombiana y la francesa, que parten de una marcada diferencia de tales reg&iacute;menes.</p>      <p>Espec&iacute;ficamente se ha hecho menci&oacute;n al evento en el que, frente a una conducta de un m&eacute;dico contraria a los criterios precedentes y que causa un da&ntilde;o, se admite por la jurisprudencia francesa la concurrencia de responsabilidad del ente hospitalario y del m&eacute;dico, permitiendo que la v&iacute;ctima obtenga una condena <i>in solidum, </i>sin parar mientes en que la relaci&oacute;n negocial del afectado se hab&iacute;a sellado con la entidad y no con el m&eacute;dico profesional, con quien no exist&iacute;a relaci&oacute;n alguna. Se advierte, en todo caso, que a pesar de esta soluci&oacute;n, el fundamento de responsabilidad del profesional ser&aacute; la culpa leve, mientras que para el ente ser&aacute; un r&eacute;gimen objetivo, debido a los par&aacute;metros de seguridad que se puede leg&iacute;timamente esperar en condiciones normales (Visintini, 1999). En este caso, la concurrencia de reg&iacute;menes podr&iacute;a encontrar basamento en el criterio de equidad, pese a que el fallo no lo admita abiertamente.</p></li>      <li>    <p><b><i>Normas de precauci&oacute;n fijadas por la costumbre</i></b></p>      <p>Al profesional se le impone cuidar no s&oacute;lo las obligaciones derivadas del ejercicio de su actividad en tanto asume la calidad de profesional, a las cuales se hizo menci&oacute;n en ac&aacute;pite anterior, sino tambi&eacute;n las normas de precauci&oacute;n, de organizaci&oacute;n y diligencia impuestas por la cultura y las empresas. Es decir, la costumbre tambi&eacute;n ser&aacute; un criterio de comportamiento del primero.</p></li>     </ol>  <font size="3">     <br>    <p><b>CONCLUSIONES</b></p></font>      <p>La responsabilidad profesional como categor&iacute;a especial dentro del r&eacute;gimen general de responsabilidad civil se ha abierto camino de la mano de la necesidad de protecci&oacute;n al consumidor y como consecuencia del incremento de las actividades de los citados agentes. De all&iacute; la inquietud que dio origen a este escrito, avance de investigaci&oacute;n, de delinear criterios generales aplicables al profesional a efectos de imputarle responsabilidad.</p>      <p>De esta manera se comprob&oacute; que a pesar de existir algunos detractores, doctrinantes de diversos pa&iacute;ses acogen la necesidad de fijar lineamientos generales aplicables al r&eacute;gimen de responsabilidad de los profesionales, admitiendo alg&uacute;n grado de variabilidad como consecuencia de las particularidades de cada actividad. Determinar tales par&aacute;metros fue justamente el objetivo de este escrito, que logr&oacute; a trav&eacute;s del an&aacute;lisis de doctrina nacional y extranjera definir los criterios aplicables a cualquier profesional, en el marco de la responsabilidad subjetiva de culpa probada.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En primer lugar se evidenci&oacute; la existencia de obligaciones exigibles a quien funja bajo la calidad de profesional, entendiendo &eacute;ste como el agente que desarrolla de manera habitual una actividad, capacitado bien por los estudios que ha realizado o porque ha adquirido su idoneidad a trav&eacute;s de la experiencia. Algunas de tales obligaciones son la de informaci&oacute;n, seguridad, confidencialidad, vigilancia y transparencia.</p>      <p>Ahora bien, pese a que la doctrina prefiere a&uacute;n diferenciar entre las obligaciones derivadas del ejercicio profesional como consecuencia de un v&iacute;nculo negocial y aquellas en las que este &uacute;ltimo se echa de menos, la realidad es que existen obligaciones que deben ser cumplidas ante un cliente, sin distinci&oacute;n del origen de tal relaci&oacute;n. Es decir, salvo las obligaciones que llevan de la mano la ejecuci&oacute;n del contrato (cooperaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n del contrato propiamente), las dem&aacute;s constituyen comportamiento reclamable por cualquiera que reciba un servicio profesional, exista o no contrato de por medio. Definitivamente, esta &uacute;ltima afirmaci&oacute;n merecer&iacute;a la continuaci&oacute;n de esta investigaci&oacute;n, pues &eacute;sta se centr&oacute; en la existencia o no de tales criterios generales, sin detenerse a profundidad en la unificaci&oacute;n de reg&iacute;menes hacia uno de responsabilidad profesional, pese a que se logra leer entre l&iacute;neas la necesidad y la viabilidad de elaborarlo, partiendo de los avances doctrinarios y jurisprudenciales del momento. Por ahora bastar&aacute; con sostener que en el marco de este estudio se evidenci&oacute; con claridad que la doctrina mayoritaria ha intentado estructurar una teor&iacute;a aplicable a cualquier profesional definiendo criterios de imputaci&oacute;n de su responsabilidad.</p>      <p>Un segundo criterio est&aacute; determinado por la exigibilidad de los conocimientos difundidos en un determinado territorio en el que se lleva a cabo la actividad, advirtiendo que aunque la regla general har&aacute; responder al profesional por culpa leve, responder&aacute; s&oacute;lo por la grave para aquellos eventos en los que la situaci&oacute;n en concreto no haya sido adecuadamente estudiada por la ciencia y que la pericia requerida trascienda la preparaci&oacute;n y la habilidad de un profesional medio.</p>      <p>El cumplimiento de los reglamentos escritos de la correspondiente profesi&oacute;n, las reglas impuestas por el propio negocio jur&iacute;dico, la equidad y la costumbre son los criterios restantes, no por ello menos importantes, pues permiten estructurar el marco de imputabilidad de responsabilidad del profesional.</p>      <p>Los antedichos criterios fueron recogidos sobre la base de que la regla general en punto de la responsabilidad del profesional es la imputaci&oacute;n a t&iacute;tulo de culpa y de culpa leve, llamando la atenci&oacute;n sobre los casos en los que debe hacerse responder s&oacute;lo por la grave. No obstante, se reconoce que existen otros t&iacute;tulos de imputaci&oacute;n, como son la responsabilidad objetiva y la garant&iacute;a de los derechos esenciales de los individuos; situaciones que igualmente merecen ser estudiadas tanto a la luz de la doctrina como por v&iacute;a jurisprudencial, en aras de encontrar los casos en los que debe desecharse la culpa para adoptar uno de tales fundamentos al deber de responder.</p>      <p>De otro lado, impone se&ntilde;alar que la propia doctrina hace un llamado para que se estructuren est&aacute;ndares de profesionalidad, sin distinci&oacute;n alguna entre la responsabilidad contractual y la extracontractual, en la medida en que el r&eacute;gimen en comento ha sido fruto de desarrollos jurisprudenciales. No existen, por tanto, reglas impositivas que determinen los criterios de responsabilidad del profesional, dejando a salvo, por supuesto, las normas generales en la materia que tambi&eacute;n le son aplicables. Pese a ello y tal como se ha demostrado a trav&eacute;s de este escrito, la doctrina se ha encargado de fijar tales par&aacute;metros, dejando entrever que tambi&eacute;n la jurisprudencia se ha ocupado del tema, pero encontr&aacute;ndose un vac&iacute;o en cuanto a la estructuraci&oacute;n de tales criterios sobre la base de las decisiones jurisprudenciales.</p>      <p>Es as&iacute; como ante la ausencia de un estudio que determine la existencia de criterios de imputaci&oacute;n de responsabilidad profesional con basamento jurisprudencial, se concluye que es viable y necesario que la academia adelante tal investigaci&oacute;n y verifique tales criterios, no ya a trav&eacute;s de la doctrina, aspiraci&oacute;n del presente, sino sobre el resultado del an&aacute;lisis de las decisiones de la jurisprudencia colombiana.</p>  <hr>  <font size="3">     <br>    <p><b>REFERENCIAS</b></p></font>      <!-- ref --><p>Alpa, G. (2006). <i>Nuevo Tratado de la Responsabilidad Civil. </i>Jurista Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-8697201000020001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Arrubla, J. A. (2009). Tensi&oacute;n, balance y proyecciones de la responsabilidad contractual y de la responsabilidad extracontractual. En <i>Tendencias de la Responsabilidad Civil en el siglo XXI. </i>Bogot&aacute; D.C.: Pontifica Universidad Javeriana y Biblioteca Jur&iacute;dica Dike (Colecci&oacute;n Jornadas n&deg; 1).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-8697201000020001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Avilez, M. (2002). <i>Utilizaci&oacute;n de f&aacute;rmacos: desde el consentimiento a la responsabilidad contractual. </i>La Ley n&deg; 5542.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-8697201000020001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Barrera, C.D. &amp; Santos, J. (1994). <i>El Da&ntilde;o Justificado. </i>Bogot&aacute; D.C.: Universidad Javeriana, Facultad de Ciencias Jur&iacute;dicas (Colecci&oacute;n Seminarios, n&deg; 2).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-8697201000020001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>C&oacute;digo Civil colombiano.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-8697201000020001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>C&oacute;digo de Procedimiento Civil colombiano.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-8697201000020001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>C&oacute;digo Civil espa&ntilde;ol.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0121-8697201000020001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>C&oacute;digo Civil franc&eacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-8697201000020001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>C&oacute;digo Civil peruano.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-8697201000020001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia de Colombia, Sala de Casaci&oacute;n Civil, sentencia del 27 de abril de 1990, M.P. H&eacute;ctor Mar&iacute;n Naranjo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-8697201000020001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia de Colombia, Sala de Casaci&oacute;n Civil, sentencia del 24 de agosto de 2009, M.P. William Namen Vargas, exp. 1054.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0121-8697201000020001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Chironi, G.P. (1928). <i>La culpa en el Derecho Civil Moderno. </i>Reus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-8697201000020001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>De &Aacute;ngel, R. (1995). <i>Algunas previsiones sobre el futuro de la responsabilidad civil (con especial atenci&oacute;n a la reparaci&oacute;n del da&ntilde;o). </i>Civitas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0121-8697201000020001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Diez- Picazo, L. (1999). <i>Derecho de Da&ntilde;os. </i>Civitas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-8697201000020001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Freinman, J. (2007). <i>Professional Liability to Third Parties </i>(2<sup>a</sup> ed.). Tort Trial Insurance; ABA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0121-8697201000020001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jaramillo, C.I. (2008). <i>Responsabilidad Civil M&eacute;dica. La relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente. An&aacute;lisis doctrinal y jurisprudencial. </i>Bogot&aacute; D.C.: Pontificia Universidad Javeriana (Colecci&oacute;n Ensayos, n&deg; 8).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-8697201000020001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jurisprudencia argentina CNCiv, Sala M., 20/10/95 &quot;Latorre, Eduardo c/ Hospital Nacional de Oftalmolog&iacute;a Santa Luc&iacute;a&quot;; JA 1998-III-sint.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0121-8697201000020001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jurisprudencia argentina CNCiv, Sala B., 11/09/85 &quot;Olsauskai de Argamasilla, Ana M. c/ Municipalidad de la Capital&quot;; LL 1986-A-413, DJ 986-1656 y ED 116- 283.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-8697201000020001200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Larroumet, C. (1999). <i>Teor&iacute;a General del Contrato, </i>vol. II. Reimpresi&oacute;n. Temis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0121-8697201000020001200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Le Tourneau, P. &amp; Cadiet, L. (1998). <i>Droit de la Responsabilit&eacute;. </i>Dalloz.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0121-8697201000020001200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Le Tourneau, P. (2006). <i>Responsabilidad civil del profesional. </i>Republique Francaise y Legis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0121-8697201000020001200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mosset, J. (2004). <i>Responsabilidad por Da&ntilde;os, </i>t. VIII, <i>Responsabilidad de los profesionales. </i>Rubinzal- Culzoni.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-8697201000020001200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>L&oacute;pez de Mesa, M. (2005). Comentario al art&iacute;culo 512 del C&oacute;digo Civil. En <i>C&oacute;digo Civil Comentado. </i>Rubinzal y Culzoni.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0121-8697201000020001200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>L&oacute;pez de Mesa, M. (2007). Teor&iacute;a General de la Responsabilidad Civil M&eacute;dica en el Derecho Argentino y Comparado. En <i>Tratado de Responsabilidad Civil M&eacute;dica. </i>Legis Argentina S.A. y UBIJUS.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0121-8697201000020001200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mazeaud, H. &amp; Tunc, L. A. (1962). <i>Tratado Te&oacute;rico t Pr&aacute;ctico de la Responsabilidad Civil Delictual y Contradelictual, </i>t. I, vol. II. Ediciones Jur&iacute;dicas Europa-Am&eacute;rica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0121-8697201000020001200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Oviedo, J. (2009). Tratos preliminares y responsabilidad precontractual. En <i>Tendencias de la Responsabilidad Civil en el siglo XXI. </i>Bogot&aacute; D.C.: Pontifica Universidad Javeriana y Biblioteca Jur&iacute;dica Dike (Colecci&oacute;n Jornadas, n&deg; 1).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0121-8697201000020001200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Palacio, J. D. (2009). <i>La responsabilidad de los profesionales. Responsabilidad Civil y del Estado. </i>Instituto Antioque&ntilde;o de Responsabilidad Civil y del Estado. n&deg; 23.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0121-8697201000020001200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Pantale&oacute;n, F. (1990). Causalidad e imputaci&oacute;n objetiva: criterios de imputaci&oacute;n. En AA.VV, <i>Centenario del C&oacute;digo Civil (1889-1989), </i>t. II.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0121-8697201000020001200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Parran, M.A. (1991). La propuesta de directiva de 9 de noviembre de 1990 sobre la responsabilidad del prestador de servicios. En <i>Estudios sobre Consumo, </i>n&deg; 21. Instituto Nacional del Consumo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0121-8697201000020001200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Pizarro, R.D. (1983). <i>Responsabilidad Civil por el riesgo o vicio de las cosas. </i>Editorial Universidad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0121-8697201000020001200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Salazar, W. (2005). Apuntes para una teor&iacute;a general de la responsabilidad profesional. En <i>La responsabilidad Profesional y Patrimonial y el seguro de la responsabilidad civil. Memorias XXIV Encuentro Nacional de Acoldese. </i>ACOLDESE y AIDA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0121-8697201000020001200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Santos, J. (1996). <i>Instituciones de responsabilidad Civil, </i>t. I. Bogot&aacute; D.C.: Universidad Javeriana, Facultad de Ciencias Jur&iacute;dicas (Colecci&oacute;n Profesores, n&deg;21).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0121-8697201000020001200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tamayo, J. (2007). <i>Tratado de responsabilidad civil, </i>t. I (2<sup>a</sup> ed.).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0121-8697201000020001200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Trigo, F. (1987). <i>Responsabilidad civil de los profesionales: Caracteres Jur&iacute;dicos del contrato de seguros </i>(Colecci&oacute;n Seguros y responsabilidad civil).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0121-8697201000020001200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vallejo, F. (2005). La responsabilidad profesional en la construcci&oacute;n de obras. En <i>La responsabilidad Profesional y Patrimonial y el seguro de la responsabilidad civil. Memorias XXIV Encuentro Nacional de Acoldese. </i>ACOL-DESE y AIDA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0121-8697201000020001200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vallespinos, G. (2009). <i>Algunas consideraciones sobre la responsabilidad profesional. Tendencias de la Responsabilidad Civil en el siglo XXI. </i>Bogot&aacute;, D.C.: Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Ciencias Jur&iacute;dicas, y Biblioteca Jur&iacute;dica Dike.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0121-8697201000020001200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vel&aacute;squez, O. (2009). <i>Responsabilidad Civil Extracontractual. </i>Bogot&aacute;, D.C.: Universidad de La Sabana y Editorial Temis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0121-8697201000020001200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Viney, G. (1982). Les obligations. La responsabilit&eacute;: conditions. En <i>Trait&eacute; de Droti Civil. </i>Librairie G&eacute;n&eacute;rale de Deroit et de Jurisprudence.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0121-8697201000020001200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Viney, G. (2007). <i>Tratado de Derecho Civil. Introducci&oacute;n a la responsabilidad.</i> Bogot&aacute;, D.C.: Universidad Externado de Colombia. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0121-8697201000020001200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Visintini, G. (1999). <i>Tratado de la Responsabilidad Civil, </i>t.I. Astrea.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0121-8697201000020001200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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