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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La teoría del dominio del hecho en la legislación penal colombiana]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The argument against the involvement of people in Criminal Law focuses on establishing if someone who participates in the commission of a crime is the author of it, or alternatively, if it is possible to distinguish between subjects who concur in their perpetration. Criminal codes currently provide various forms of intervention in the crime However, the term referred to anyone who is involved in producing the result is the same author (Unitary Copyright), was the first link in the chain which led to many discussions following the dogmatic issue. According to contemporary dogma, under Authoring, the determination of who the perpetrator of a criminal act is, it is possible to distinguish two ways: a) Cover with the concept of Authoring to all those involved in the act; or, b) Establishing differentiations among people who attend.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>La teor&iacute;a del dominio del hecho en la legislaci&oacute;n penal colombiana</b></font></p>     <p align="center"><b><font size="3">The domain theory made in the Colombian criminal law</font></b></p>     <p>Andr&eacute; Scheller D'angelo*    <br>   Universidad Cooperativa de Colombia seccional Santa Marta (Colombia)</p>     <p>*Abogado de la Universidad Cat&oacute;lica de Colombia, especialista en Instituciones jur&iacute;dico-penales de la Universidad Nacional de Colombia, Magister en Derecho Penal de la Universidad Santo Tom&aacute;s en convenio con la Universidad de Salamanca (Espa&ntilde;a). Diplomado en Estudios Avanzados de Doctorado por la Universidad de Salamanca, candidato al t&iacute;tulo de Doctor en Derecho Penal de la misma universidad, docente de la especializaci&oacute;n en Derecho Procesal Penal de la Universidad Cooperativa de Colombia, docente de Derecho penal general de la Universidad del Magdalena, docente de Derecho Penal General de la Universidad Sergio Arboleda. Jefe seccional de Investigaciones Universidad Cooperativa de Colombia seccional Santa Marta. <a href="mailto:andreschellerd@hotmail.com"><i>andreschellerd@hotmail.com</i></a></p>     <p><i>Fecha de recepci&oacute;n: </i>24 de enero de 2011    <br>     <i>Fecha de aceptaci&oacute;n: </i>15 de marzo de 2011</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p><b><i>Introducci&oacute;n: </i></b><i>La discusi&oacute;n frente a la intervenci&oacute;n de las personas en Derecho Penal gira en torno a establecer, si todo aquel que participa en la comisi&oacute;n del delito es autor del mismo, o en su defecto, si cabe la posibilidad de establecer diferencias entre los sujetos que concurren en su producci&oacute;n. Seg&uacute;n la dogm&aacute;tica contempor&aacute;nea, en relaci&oacute;n con la Autor&iacute;a, esto es, con la determinaci&oacute;n de qui&eacute;n es el autor de un hecho delictivo es posible distinguir dos puntos de vista: a) Abarcar con el concepto de autor a todos los intervinientes en el hecho; o, b) Establecer diferenciaciones entre las personas que concurren. <b>Metodolog&iacute;a: </b>Se trata de un estudio con enfoque cualitativo, hist&oacute;rico-interpretativo y de alcance descriptivo. <b>Resultados: </b>Una vez revisado el marco te&oacute;rico que encierra la investigaci&oacute;n, se observa que la legislaci&oacute;n penal colombiana, ha adoptado el criterio del dominio del hecho para diferenciar la autor&iacute;a y la participaci&oacute;n. No obstante lo anterior, el aplicador de justicia, en muchos casos, se vale de otros criterios para lograr la diferenciaci&oacute;n, generando as&iacute; dificultades para establecer un criterio &uacute;nico y uniforme en la jurisprudencia. <b>Conclusiones: </b>Los diferentes criterios que ha establecido la dogm&aacute;tica no son suficientes para lograr una diferenciaci&oacute;n adecuada frente al fen&oacute;meno de la autor&iacute;a y la participaci&oacute;n. Estas figuras siguen siendo en todo y en parte, determinadas por la percepci&oacute;n del juez al momento del an&aacute;lisis probatorio. As&iacute; mismo, se concluye que en nuestro pa&iacute;s, los criterios de la jurisprudencia no son homog&eacute;neos a la hora de optar por una teor&iacute;a diferenciadora.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave: </b>Autor&iacute;a, participaci&oacute;n, intervenci&oacute;n, determinador, c&oacute;mplice, dominio del hecho, accesoriedad de la participaci&oacute;n.</p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     <p><i>The argument against the involvement of people in Criminal Law focuses on establishing if someone who participates in the commission of a crime is the author of it, or alternatively, if it is possible to distinguish between subjects who concur in their perpetration. Criminal codes currently provide various forms of intervention in the crime However, the term referred to anyone who is involved in producing the result is the same author (Unitary Copyright), was the first link in the chain which led to many discussions following the dogmatic issue. According to contemporary dogma, under Authoring, the determination of who the perpetrator of a criminal act is, it is possible to distinguish two ways: a) Cover with the concept of Authoring to all those involved in the act; or, b) Establishing differentiations among people who attend.</i></p>     <p><b>Keywords: </b>Authorship, participation, intervention, determiner, accomplice.</p> <hr>     <p><b>LA TEOR&Iacute;A DEL DOMINIO DEL HECHO EN LA LEGISLACI&Oacute;N PENAL COLOMBIANA</b></p>     <p>La teor&iacute;a del Dominio del Hecho constituye la posici&oacute;n dominante en la doctrina actualmente, y ha sido defendida por autores como Maurach (1995), Gallas (1968), citado por Rox&iacute;n (1998), Weber (1935), Jescheck (1981) y Gimbernat (1966).Varios te&oacute;ricos han intentado aproximarse a una definici&oacute;n concreta en torno a la teor&iacute;a del dominio del hecho, sin embargo, se han destacado algunos autores por sus enunciados, que pretenden obtener, en lo posible, la uniformidad de un criterio &uacute;nico, que sirva de fundamentaci&oacute;n a la aplicaci&oacute;n de la teor&iacute;a en su estado m&aacute;s reciente.</p>     <p>Seg&uacute;n D&iacute;az y Garc&iacute;a Conlledo (1991), fue Lobe, en 1933, quien la utiliz&oacute; por primera vez para criticar la teor&iacute;a subjetiva. La idea de dominio del hecho en un sentido absolutamente moderno exige, junto al elemento subjetivo de la voluntad de dominio, el verdadero dominio objetivo en la ejecuci&oacute;n en el mismo sentido (Mart&iacute;nez, 1998). En este orden de ideas, Lobe sostendr&iacute;a que lo esencial para la autor&iacute;a no es, sin embargo, solo la presencia de una voluntad del contenido, querer el hecho como propio, sino que la realizaci&oacute;n de esa voluntad debe adem&aacute;s tener lugar, de modo que la misma se ejecute bajo su dominio, que la voluntad domine y dirija tambi&eacute;n la ejecuci&oacute;n que sirve a su realizaci&oacute;n.</p>     <p>Posteriormente tendr&aacute; base en el finalismo, sobre la tesis de que en los delitos dolosos es autor quien domina finalmente la ejecuci&oacute;n del hecho, del mismo modo que ve lo decisivo de la acci&oacute;n en el control final del hecho (Mir Puig, 2004).</p>     <p>Es de anotar que la expresi&oacute;n &quot;dominio del hecho&quot;, antes de ser difundida por Lobe y Welzel en el sentido que hoy se conoce, fue utilizada por autores como Hegler, Frank y Goldschmidt (citados en Roxin, 1998), quienes la consideraban como referida al sujeto del delito, pero entendida solo en cuanto a los elementos materiales de la culpabilidad (de su &eacute;poca), es decir, a la imputabilidad, al dolo o a la imprudencia y a las causas de exculpaci&oacute;n.</p>     <p>Por su parte, Bruns (en Welzel, 1970) utiliza la expresi&oacute;n &quot;dominio del hecho&quot; para referirse al criterio de distinci&oacute;n entre dolo e imprudencia consiente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>CONSTRUCCI&Oacute;N Y CONTENIDO DEL DOMINIO DEL HECHO</b></p>     <p>Hans Welzel (1970) manifiesta que autor del hecho ser&aacute; aquel que lo realiza en forma final, en raz&oacute;n a una decisi&oacute;n de su voluntad. El sustento de toda la teor&iacute;a del dominio del hecho, seg&uacute;n la doctrina dominante<a href="#1" name="s1"><sup>1</sup></a>, es consecuencia, en gran medida, del sustento de las anteriores teor&iacute;as de la autor&iacute;a; as&iacute;, influyen en la formaci&oacute;n del concepto, la teor&iacute;a del dolo, la objetivo-material, la objetivo-formal, etc. As&iacute; mismo, es de considerar, como lo anota L&oacute;pez Barja (1996), que la teor&iacute;a del dominio del hecho tambi&eacute;n es consecuencia de aceptar el dolo en el tipo. As&iacute;, si se mantiene la posici&oacute;n en torno a que la acci&oacute;n humana es un suceso finalmente dominado por la voluntad, la cuesti&oacute;n de qui&eacute;n ha realizado una acci&oacute;n, y por tanto qui&eacute;n es autor de la misma, remite a aquel que ha tenido el dominio final de la acci&oacute;n. Seg&uacute;n Roxin (1998), el dominio del hecho es un elemento objetivo de la autor&iacute;a, y por ello, elemento del tipo objetivo y elemento del tipo subjetivo; as&iacute;, el dominio objetivo del hecho y la voluntad de dominio constituyen los elementos del dominio final del hecho.</p>     <p>Seg&uacute;n lo anterior, el elemento objetivo de la autor&iacute;a est&aacute; comprendido dentro del tipo objetivo o dominio objetivo del hecho, mientras que el elemento subjetivo de la autor&iacute;a o la voluntad de dominar el hecho se encuentra en el tipo subjetivo (D&iacute;az y Garc&iacute;a Conlledo &amp; Luz&oacute;n, 2004).</p>     <p>Esta construcci&oacute;n ha sido refutada por Gimbernat (1966), quien considera que el dominio del hecho es una construcci&oacute;n solamente objetiva, con fundamento en que quien tiene el dominio del hecho ya puede actuar con la voluntad <i>que le d&eacute; la gana: </i>el dominio del hecho lo seguir&aacute; teniendo. Y el que no es titular del dominio del hecho, aunque se ponga como se ponga, aunque tenga la voluntad de autor, aunque quiera el hecho como propio, no por ello entra en posesi&oacute;n del dominio que antes no ten&iacute;a.</p>     <p>Continuando con la construcci&oacute;n de Welzel (1970), no resulta suficiente, en cuanto a la determinaci&oacute;n de la autor&iacute;a, un simple aporte causal al hecho, o la sola voluntad de ser autor, adem&aacute;s es preciso que el autor domine el hecho, y ello implica que est&eacute; en posici&oacute;n de orientar los factores causales de acuerdo con la direcci&oacute;n final de su voluntad; por ello se requiere para el dominio del hecho: finalidad y posici&oacute;n objetiva, y junto a ello, considera Welzel que el dominio del hecho tambi&eacute;n depende de un contenido social, es decir, de otros elementos personales del autor, a los que denomina &quot;elementos objetivos del autor&quot;, por ejemplo: el hecho de ser funcionario, comerciante, soldado, etc., y los elementos subjetivos de la autor&iacute;a, como el &aacute;nimo de lucro, la tendencia lasciva, etc. ; por tanto, si se presentan estos elementos, tendr&aacute; el autor el dominio del hecho, no solamente en sentido final, sino tambi&eacute;n social. Por consiguiente, solo cuando se re&uacute;nen esos tres requisitos en el autor existe autor&iacute;a.</p>     <p>M&aacute;s adelante Welzel expresar&iacute;a que en algunos delitos es necesario, junt o a los tres anteriores, el requisito de &quot;la realizaci&oacute;n de propia mano&quot;.</p>     <p>En resumen, seg&uacute;n el criterio de Welzel, solo cuando se tiene el dominio final del hecho, y se tienen en cuenta los elementos subjetivos y objetivos, habr&aacute; autor&iacute;a; m&aacute;s adelante Welzel abandonar&iacute;a el dominio social del hecho, pero insistir&iacute;a en los tres requisitos antes mencionados (dominio final, elementos objetivos y elementos subjetivos del autor).</p>     <p>En la actualidad, quien con m&aacute;s &eacute;xito ha defendido la teor&iacute;a del dominio del hecho ha sido Claus Roxin. Cabe aclarar, antes de abordar la teor&iacute;a del dominio del hecho desde la visi&oacute;n de Roxin, un criterio que resulta de vital importancia para seguir comprendiendo la entrada de dicha teor&iacute;a y de su vigencia en el mundo jur&iacute;dico penal. Lo que se ha visto hasta ahora lleva a concluir que la teor&iacute;a del dominio del hecho tiene elementos objetivos y subjetivos, por tanto cabe preguntarse: &iquest;es la teor&iacute;a del dominio del hecho una teor&iacute;a objetivo-subjetiva? Siguiendo la postura de D&iacute;az y Garc&iacute;a Conlledo (1991), la respuesta a este interrogante es negativa. Las teor&iacute;as subjetivas de la autor&iacute;a exigen en el sujeto una disposici&oacute;n de la voluntad o &aacute;nimo respecto a su forma de intervenci&oacute;n, que es lo que la doctrina ha denominado <i>animus auctoris; </i>no obstante, los partidarios del dominio del hecho, cuando se refieren al elemento subjetivo de la teor&iacute;a, lo identifican con finalidad, es decir, con dolo, pero no el dolo entendido simplemente como querer y saber, porque el dolo as&iacute; entendido tambi&eacute;n concurre en los part&iacute;cipes, sino que debe entenderse el dolo como voluntad consciente de realizar concretamente aquello que objetivamente fundamenta el dominio del hecho.</p>     <p>Para Roxin (1998), se necesita un conocimiento fundamentador del dominio, es decir, que el autor debe conocer las circunstancias f&aacute;cticas que fundamentan su dominio sobre el acontecimiento: se pide, en estos t&eacute;rminos, m&aacute;s conciencia que finalidad.</p>     <p>La finalidad o la conciencia exigidas nada tienen que ver con la posici&oacute;n interna del sujeto respecto a su forma de intervenci&oacute;n o con querer el hecho como propio o ajeno, o con tener voluntad preponderante, o con actuar con determinado inter&eacute;s o no. Por lo anterior, es claro que la teor&iacute;a del dominio del hecho no es una teor&iacute;a subjetiva; diferente es que en ella concurran elementos subjetivos, como los enunciados anteriormente al referirnos a la manera como lo expone Welzel.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con posterioridad a las construcciones de Welzel, y aun en la actualidad, no son pocas las matizaciones que de la teor&iacute;a del dominio del hecho han desarrollado algunos autores, entre ellos, Maurach, Von Weber, Jescheck y Gimbernat, entre otros.</p>     <p>En su obra m&aacute;s sobresaliente sobre el tema, <i>Autor&iacute;a y Dominio del Hecho en Derecho Penal, </i>Roxin expone de manera met&oacute;dica que el autor es la figura central del proceso de actuaci&oacute;n. Este es el punto de partida metodol&oacute;gico, porque esta afirmaci&oacute;n contiene un principio rector, de donde puede partir el concepto legal, pero adem&aacute;s de all&iacute; se extrae un concepto prejur&iacute;dico de diferenciaci&oacute;n que no tiene objeci&oacute;n. Seg&uacute;n el planteamiento de D&iacute;az y Garc&iacute;a Conlledo (1991), el legislador valora de tal forma que caracteriza al autor a trav&eacute;s del concepto de ejecutar, al inductor a trav&eacute;s del determinar al hecho, y la complicidad mediante el prestar ayuda. As&iacute;, el legislador de manera concreta contempla en el centro de la actuaci&oacute;n al ejecutor y a las otras tres figuras en torno a &eacute;l. Con esto quiere significar Roxin que la esencia de la participaci&oacute;n consiste en el apoyo en la figura del autor. Obviamente, con la figura del autor como criterio central de la actuaci&oacute;n no queda solucionada la definici&oacute;n material de autor, pues &eacute;sta depender&aacute;, en gran medida, de las valoraciones del legislador, la estructura del comportamiento y el tipo espec&iacute;fico de que se trate; es importante entonces dotar de contenido la figura central. Roxin considera que ese contenido se logra mediante el dominio del hecho, de la infracci&oacute;n del deber especial o de la actuaci&oacute;n de propia mano<a href="#2" name="s2"><sup>2</sup></a>.</p>     <p>Por otro lado, Roxin (1998) concibe el dominio del hecho como concepto abierto. Manifiesta que el concepto de dominio del hecho no puede ser un concepto indeterminado, pues ello dar&iacute;a lugar a dejar insolubles algunos casos dif&iacute;ciles; pero tampoco debe ser un concepto fijo en el que se apele a la subsunci&oacute;n estricta para la soluci&oacute;n de las diferentes circunstancias f&aacute;cticas. Se concreta, entonces, en un punto medio, en el que se tengan en cuenta los sucesos y fen&oacute;menos de la vida real, pero con un cierto principio rector com&uacute;n que sirva de hilo conductor, que permita la diferenciaci&oacute;n de los casos en concreto. Esto es lo que para Roxin se denomina <i>concepto abierto, </i>que constituye el indicador de la direcci&oacute;n que se debe seguir, a trav&eacute;s del cual se construir&aacute; la teor&iacute;a del dominio del hecho, estudiando en cada caso particular de autor&iacute;a (individual, mediata y coautor&iacute;a) las diferentes formas de aparici&oacute;n del fen&oacute;meno participativo, y extrayendo, as&iacute;, principios rectores que den soluci&oacute;n a los diferentes casos en particular. Cabe anotar que Roxin no considera el dominio del hecho en todos los casos; por ejemplo, en los delitos de infracci&oacute;n al deber y en los de propia mano, en los que la regulaci&oacute;n es diferente.</p>     <p>Roxin (1998) considera como formas de dominio del hecho <i>el dominio de la acci&oacute;n </i>en la teor&iacute;a inmediata unipersonal, &quot;quien sin estar coaccionado y sin depender de otro m&aacute;s all&aacute; de lo que socialmente es habitual realiza de propia mano todos los elementos del tipo es autor, en cualquier caso ser&aacute; autor&quot;; <i>el dominio de la voluntad, </i>seg&uacute;n la idea de figura central, &quot;una coacci&oacute;n o la utilizaci&oacute;n de quien sufre un error hace al sujeto de atr&aacute;s figura clave del acontecimiento, a diferencia de si se hubiera limitado a una incitaci&oacute;n o a un mero consejo&quot; en la autor&iacute;a mediata; finalmente, <i>el dominio funcional en la coautor&iacute;a, </i>el cual lo presenta Roxin al margen de consideraciones valorativas generales que desembocan en consideraciones de merecimiento de pena.</p>     <p>El fen&oacute;meno de la coautor&iacute;a lo explica el mismo autor a partir de la siguiente l&oacute;gica:</p>     <blockquote>       <p><i>Si partimos de ejemplos en los que el cooperador, sin tener el dominio de la acci&oacute;n ni de la voluntad, satisface en la medida de lo posible el criterio, para nosotros decisivo, de ser la </i>&quot;figura central del suceso de la acci&oacute;n&quot; y si pensamos, por ejemplo, en el atracador del banco con la pistola o en el interviniente en el asesinato que sujeta la v&iacute;ctima, la situaci&oacute;n es la siguiente:</p>       <p>El interviniente no puede ejecutar nada solo; la intimidaci&oacute;n de los empleados del banco o sujetar a la v&iacute;ctima no realizan el resultado: &uacute;nicamente si el compinche coopera &quot;funciona el plan&quot;. Pero tambi&eacute;n el otro se ve igualmente desamparado; de no quedar inmovilizados los empleados del banco, ser&iacute;a detenido, y de no sujetar nadie a la v&iacute;ctima, &eacute;sta se defender&iacute;a o huir&iacute;a, as&iacute; pues para ambos la situaci&oacute;n es la misma: solo pueden realizar su plan actuando conjuntamente; pero cada uno por separado puede anular el plan conjunto retirando su aportaci&oacute;n. En esta medida, cada uno tiene el hecho en sus manos (p. 307).</p> </blockquote>     <p>Lo que Roxin denomina &quot;posici&oacute;n clave&quot; de cada interviniente define la coautor&iacute;a: &quot;si dos personas gobiernan conjuntamente una regi&oacute;n, esto es, son co-se&ntilde;ores en sentido literal, ello suele manifestarse en que cada uno, al adoptar medidas, est&aacute; vinculado a la cooperaci&oacute;n del otro...&quot; As&iacute; las cosas, si alguno de los dos pretende retroceder, puede hacer que la medida fracase; por tanto, concluye Roxin que la coautor&iacute;a debe concebirse como dominio del hecho conjunto. Es de anotar que la figura de la coautor&iacute;a ha sido defendida por parte de la doctrina; as&iacute;, Bokelmann (1960) defiende la llamada &quot;divisi&oacute;n del trabajo&quot;, para significar que el coautor, en los actos preparatorios por medio de esta idea, puede desempe&ntilde;ar conjuntamente distintos papeles en el marco del plan unitario; esta posici&oacute;n no es compartida por Roxin, pero se enuncia debido a que en la legislaci&oacute;n penal colombiana se hace menci&oacute;n de ella.</p>     <p>De manera muy similar, con algunas variaciones de contenido pero no en su finalidad, se refiere Jescheck (1981) a las consecuencias concretas de la teor&iacute;a del dominio del hecho:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>1) Siempre es autor quien ejecuta por su propia mano todos los elementos del tipo; 2) es autor quien ejecuta el hecho utilizando a otro como instrumento (autor&iacute;a mediata); 3) es autor el coautor que realiza una parte necesaria de la ejecuci&oacute;n del plan global (Dominio funcional del hecho), aunque no sea un acto t&iacute;pico en sentido estricto, pero participando en todo caso de la com&uacute;n resoluci&oacute;n delictiva (T. II, pp. 887, 888).</p> </blockquote>     <p><b>LA AUTOR&Iacute;A EN EL CONCEPTO FUNCIONALISTA</b></p>     <p>La diferenciaci&oacute;n entre autor y part&iacute;cipe en sentido funcionalista no est&aacute; ligado a conceptos ontol&oacute;gicos, sino a consideraciones normativas, es decir, que su base no se encuentra en consideraciones del mundo real sino en valoraciones jur&iacute;dicas. Seg&uacute;n Jakobs (2008), la responsabilidad jur&iacute;dico-penal se fundamenta en el quebrantamiento de un papel o representaci&oacute;n que cumple cada persona, en el cual pueden distinguirse dos categor&iacute;as: de un lado, roles especiales que obligan a determinadas personas, el padre, la madre, servidor p&uacute;blico, c&oacute;nyuge, cuya vulneraci&oacute;n conduce a los delitos de &quot;infracci&oacute;n de deber&quot;, caso en el cual solamente los titulares de estos roles son responsables de los quebrantamientos a t&iacute;tulo de autor, de tal forma que aquellas personas no abarcadas dentro de dicho rol pueden aparecer como part&iacute;cipes pero no como autores.</p>     <p>De otro lado, la responsabilidad puede ser abarcada por obligaciones de car&aacute;cter general o com&uacute;n de la persona en sociedad. Jakobs (2008) los denomina actos organizativos del titular de un &aacute;mbito de organizaci&oacute;n; esta organizaci&oacute;n se denomina &quot;dominio del hecho&quot;, por tanto a estos actos se les conoce como delitos de dominio. Se identifican con los deberes comunes a todos dentro de la sociedad de respetar los bienes ajenos, de no abusar de los derechos propios. De esta manera, ser&aacute;n autores todos los que concurran a ejecutar la acci&oacute;n punible en tanto que, por acci&oacute;n u omisi&oacute;n, quebranten el papel com&uacute;n a toda persona.</p>     <p>As&iacute;, seg&uacute;n la teor&iacute;a funcional del concepto de autor, cuando una sola persona organiza y ejecuta el hecho siempre ser&aacute; autora; si varias personas toman parte del hecho de manera coordinada en sus &aacute;mbitos de organizaci&oacute;n, de tal manera que planean en conjunto un delito, aportando actos de la misma importancia, se trata de coautores; si los aportes son de menor importancia, se trata de part&iacute;cipes, y finalmente, si existe sometimiento al &aacute;mbito de organizaci&oacute;n de otro, se considerar&aacute; que &eacute;ste es autor mediato.</p>     <p>De otro lado, sostiene Jakobs (2008) que no es el dolo de los intervinientes lo que fundamente que se trate de algo com&uacute;n, sino la competencia por lo que sucede, y esta competencia tambi&eacute;n puede concurrir en caso de ausencia de dolo, y por ello puede existir participaci&oacute;n imprudente en un hecho doloso denominada &quot;autor&iacute;a imprudente&quot;. Ejemplo de lo anterior es que un cazador cuelga su escopeta cargada del perchero de un bar; otro cliente observa la situaci&oacute;n y aprovecha la oportunidad de observar el arma; as&iacute;, asi&eacute;ndola torpemente, se produce un disparo que da muerte a otra persona; si el hecho se hubiere previsto y acordado, se tratar&iacute;a de una lesi&oacute;n com&uacute;n, no obstante, la raz&oacute;n de la responsabilidad no est&aacute; en los acuerdos, sino en la competencia com&uacute;n por configuraci&oacute;n del mundo que crea un riesgo no permitido, y por tanto los intervinientes responden por competerles el resultado lesivo, por ejecutar el comportamiento que encierra el riesgo no permitido, o por mediar un comportamiento en fase de preparaci&oacute;n que constituya raz&oacute;n para imputar el comportamiento en fase de ejecuci&oacute;n.</p>     <p><b>LA AUTOR&Iacute;A Y LA PARTICIPACI&Oacute;N EN LA JURISPRUDENCIA COLOMBIANA</b></p>     <p>Acorde con lo expresado en el ac&aacute;pite anterior, debe agregarse que la posici&oacute;n de la jurisprudencia es importante. Sin constituir el n&oacute;dulo central de este estudio, vale la pena hacer un peque&ntilde;o resumen de la posici&oacute;n jurisprudencial en Colombia; para hacer manifiesto dicho extracto es pertinente, en todo caso, partir de las consideraciones plasmadas en la sentencia de casaci&oacute;n del 22 de mayo de 2003, radicado n&deg; 17.457, en la cual la Sala de Casaci&oacute;n Penal de la Corte Suprema de Justicia hace un recuento, m&aacute;s que suficiente, de las diferentes posiciones adoptadas por parte de ese organismo, no s&oacute;lo durante la vigencia del Decreto 100 de 1980 (C&oacute;digo Penal anterior) sino de la Ley 599 de 2000 (C&oacute;digo Penal vigente).</p>     <p>Partiendo de la existencia legal de la coautor&iacute;a y con el &aacute;nimo de distinguir entre autores materiales y c&oacute;mplices, dijo el 9 de septiembre de 1980:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>Ser&aacute;n coautores quienes a pesar de haber desempe&ntilde;ado funciones que por s&iacute; mismas no configuren el delito, han actuado como copart&iacute;cipes de una empresa com&uacute;n -comprensiva de uno o varios hechos- que, por lo mismo, a todos pertenece como conjuntamente suya; y ser&aacute;n c&oacute;mplices quienes, sin haber realizado acci&oacute;n u omisi&oacute;n por s&iacute; misma constitutiva de delito o delitos en que participan, prestan colaboraci&oacute;n o ayuda en lo que consideran hecho punible ajeno (M. P. Alfonso Reyes Echand&iacute;a).</p> </blockquote>     <p>Tiempo despu&eacute;s, volvi&oacute; a decir:</p>     <blockquote>       <p>Cuando son varias las personas que mancomunadamente ejecutan el hecho punible, reciben la calificaci&oacute;n de 'coautores', en cuyo caso lo que existe, obviamente, es una pluralidad de autores. De manera que llamar autores a los coautores no constituye incongruencia alguna, ni sustancial error (11 de agosto de 1981, M. P. Alfonso Reyes Echand&iacute;a).</p> </blockquote>     <p>Unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde hizo hincapi&eacute; en la presencia de la coautor&iacute;a en el C&oacute;digo Penal de 1980 cuando afirm&oacute; que</p>     <blockquote>       <p>La coautor&iacute;a en el &aacute;mbito de la participaci&oacute;n criminal no puede entenderse como fen&oacute;meno jur&iacute;dico que integre hasta confundir en uno solo los actos ejecutados por los diversos autores &#91;...&#93; El coautor sigue siendo autor, aun cuando hipot&eacute;ticamente se suprima otra participaci&oacute;n... (23 de noviembre de 1988, M. P. Lisandro Mart&iacute;nez Z&uacute;&ntilde;iga).</p> </blockquote>     <p>Por si existieran dudas en cuanto a la invariabilidad de las posturas, la Corte fue aun m&aacute;s enf&aacute;tica el 10 de mayo de 1991:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&quot;Las legislaciones que dan preferente acogida a la teor&iacute;a del dominio de la acci&oacute;n (para otros, por diferente camino pero confluyendo al mismo objetivo, la causa eficiente o la conditio sine qua non, etc.) suelen destacar esta vocaci&oacute;n con t&eacute;rminos que la dan a entender (vgr. cooperar a la ejecuci&oacute;n del hecho con un acto sin el cual no se hubiera efectuado). Pero quien lea nuestros art&iacute;culos 23... y 24<u>... (C.P. 1980)</u> no podr&aacute; encontrar esa connotaci&oacute;n, pues el articulado se muestra m&aacute;s favorable a incluir un n&uacute;mero mayor de part&iacute;cipes, en calidad de autores, que los que usualmente sus int&eacute;rpretes piensan o imaginan&quot;. La tesis restrictiva de la autor&iacute;a (solo son tales los que ejecutan directamente la acci&oacute;n t&iacute;pica mandada por la ley), nunca ha encontrado respaldo en nuestra doctrina y jurisprudencia nacionales. Por el contrario, impera la extensiva, la que no pretende, como su nombre bien lo indica, disminuir el n&uacute;mero de autores, sino ampliarlo. Con esta tendencia el estatuto se adscribe a la corriente legislativa y hermen&eacute;utica que trata de imperar en el mundo actual del derecho penal: la complicidad secundaria se bate en retirada bajo la consideraci&oacute;n, en especial, &quot;de integrar en la autor&iacute;a todas las actividades dimanantes de un mutuo acuerdo o plan, que genera &#91;... &#93; una responsabilidad 'in solidum' de todos los part&iacute;cipes, cualquiera que fuese el acto de su intervenci&oacute;n&quot; (M. P. Gustavo G&oacute;mez Vel&aacute;squez). (El subrayado es nuestro).</p> </blockquote>     <p>Esta tradici&oacute;n jurisprudencial no ha variado. Y no ha variado porque es l&oacute;gica frente al C&oacute;digo Penal de 1980. Por ello, recientemente la jurisprudencia repiti&oacute; esa tradici&oacute;n, con estas palabras:</p>     <blockquote>       <p>En oposici&oacute;n a lo que estima el recurrente, el concepto de coautor no constituye una creaci&oacute;n jurisprudencial, porque si a voces del diccionario, por tal se debe entender al 'Autor o autora con otro u otros', es incuestionable que no se trata de una invenci&oacute;n, ni de que la Sala legislara, porque, en &uacute;ltimas, el coautor es un autor, s&oacute;lo que lleva a cabo el hecho en compa&ntilde;&iacute;a de otros. As&iacute;, es claro que no hubo omisi&oacute;n legislativa alguna y que el art&iacute;culo 23 del Estatuto Penal de 1980 previ&oacute;, dentro del concepto de autor&iacute;a, la realizaci&oacute;n de la conducta por parte de una o varias personas. El sentido natural y obvio de las palabras no tornaba indispensable que en la disposici&oacute;n se incluyera la definici&oacute;n de coautor, cuandoquiera que es una variable de la de autor (Sentencia del 12 de septiembre del 2002, radicaci&oacute;n n&uacute;mero 17.40).</p> </blockquote>     <p>En esa misma oportunidad tambi&eacute;n destac&oacute; la Corte la dificultad que a nivel doctrinal se hab&iacute;a evidenciado alrededor de los criterios para diferenciar la coautor&iacute;a de la complicidad, especialmente cuando los copart&iacute;cipes intervienen en el momento consumativo del hecho punible, aspecto sobre el cual se clarific&oacute; que</p>     <blockquote>       <p>&#91;...&#93; Basta, sin embargo, para despejar el equ&iacute;voco y dejar en claro la objetividad legal de la distinci&oacute;n, precisar, en uno y otro caso, si el actor se halla ligado final&iacute;sticamente o no a la realizaci&oacute;n de la conducta. En la primera hip&oacute;tesis, cuando brinda colaboraci&oacute;n posterior a un hecho punible del cual hace parte, por raz&oacute;n de su compromiso objetivo y subjetivo con sus resultados, se trata de un coautor. Pero si esa ayuda es de mera coadyuvancia externa a los fines de los integrantes de la empresa com&uacute;n, despojada de alianza an&iacute;mica con los prop&oacute;sitos &uacute;ltimos de sus autores directos, quien as&iacute; act&uacute;a es c&oacute;mplice del hecho punible.</p> </blockquote>     <p>Como puede verse, son diversas las concepciones sostenidas por v&iacute;a de jurisprudencia, en las que definitivamente se han presentado debates interesantes sobre autores y part&iacute;cipes, atendidos los momentos y las circunstancias concretos en las cuales ellos se producen.</p>     <p><b>DISCUSI&Oacute;N Y CONCLUSIONES</b></p>     <p>El C&oacute;digo Penal colombiano, Ley 599 de 2000, desarrolla en los art&iacute;culos 29 y ss. los criterios que gobiernan la autor&iacute;a y la participaci&oacute;n, diferenciando de manera puntual entre unos y otros, y especificando algunas condiciones para cada uno de ellos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>LA AUTOR&Iacute;A</b></p>     <p>De acuerdo con la legislaci&oacute;n penal colombiana, intervienen en el delito los autores y los part&iacute;cipes.</p>     <blockquote>       <p>ART&Iacute;CULO 29 - <b>Autores. </b>Es autor quien realice la conducta punible por s&iacute; mismo o utilizando a otro como instrumento.</p>       <p>Son coautores los que, mediando un acuerdo com&uacute;n, act&uacute;an con divisi&oacute;n del trabajo criminal atendiendo la importancia del aporte.</p>       <p>Tambi&eacute;n es autor quien act&uacute;a como miembro u &oacute;rgano de representaci&oacute;n autorizado o de hecho de una persona jur&iacute;dica, de un ente colectivo sin tal atributo, o de una persona natural cuya representaci&oacute;n voluntaria se detente, y realiza la conducta punible, aunque los elementos especiales que fundamentan la penalidad de la figura punible respectiva no concurran en &eacute;l, pero s&iacute; en la persona o ente colectivo representado.</p> </blockquote>     <p>De lo anterior se colige que son autores quienes desarrollen la conducta t&iacute;pica, pero tambi&eacute;n es autor quien no realiz&aacute;ndola por s&iacute; mismo domina la voluntad de otro a quien utiliza como instrumento (dominio de la voluntad), luego es claro que se alude al criterio de la autor&iacute;a mediata. En t&eacute;rminos de G&oacute;mez (2005), la expresi&oacute;n &quot;instrumento&quot; significa &quot;herramienta&quot;, &quot;utensilio&quot;, etc.; tambi&eacute;n denota &quot;elemento&quot;. En la manera como se emplea en la norma quiere decir &quot;usar o servirse de un hombre como elemento&quot;, lo que se&ntilde;ala que una persona dirige o domina a otra en su actividad a trav&eacute;s del enga&ntilde;o, el error, la situaci&oacute;n de inimputable o una situaci&oacute;n artificial como la hipnosis, pero en todo caso, dominando la producci&oacute;n del suceso, convirtiendo al otro en un elemento que no controla el acaecer t&iacute;pico.</p>     <p>Por lo anterior es claro que autor en la legislaci&oacute;n penal colombiana no es solo quien realiza por s&iacute; mismo la conducta punible sino quien se sirve de otro para su realizaci&oacute;n (Posada, 2002).</p>     <p>De la misma manera, se consideran autores a quienes mediante acuerdo com&uacute;n act&uacute;an por actos equivalentes o por divisi&oacute;n del trabajo (Vel&aacute;squez, 2002). En sentido objetivo, la aportaci&oacute;n de cada coautor debe encerrar un determinado grado de importancia funcional (Jescheck, 1981), de modo que la colaboraci&oacute;n de cada uno de ellos, mediante el desempe&ntilde;o de la funci&oacute;n que a cada uno le corresponde, se presente como una pieza esencial para la realizaci&oacute;n del plan general; lo anterior, claro est&aacute;, bajo los par&aacute;metros de la teor&iacute;a del dominio del hecho, en la medida en que una teor&iacute;a subjetiva remitir&iacute;a aqu&iacute; tambi&eacute;n a la voluntad del autor.</p>     <p>De cara a la punibilidad, el mismo art&iacute;culo se&ntilde;ala que <i>El autor, en sus diversas modalidades, incurrir&aacute; en la pena prevista para la conducta punible.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>LA PARTICIPACI&Oacute;N</b></p>     <p>En cuanto a los part&iacute;cipes, la legislaci&oacute;n penal establece:</p>     <blockquote>       <p>ART&Iacute;CULO 30 - <b>Part&iacute;cipes. </b><i>Son part&iacute;cipes el determinador y el c&oacute;mplice. Quien determine a otro a realizar la conducta antijur&iacute;dica incurrir&aacute; en la pena prevista para la infracci&oacute;n.</i></p> </blockquote>     <p><b>LOS INDUCTORES</b></p>     <p>&quot;Inducci&oacute;n&quot; es determinar dolosamente a otro al hecho antijur&iacute;dico por &eacute;l cometido (Jescheck, 1981). Quien induce a otro se limita a provocar en el autor el comportamiento delictivo. En principio, todos los medios de inducci&oacute;n son id&oacute;neos, en la medida en que supongan un influjo ps&iacute;quico; el inductor debe actuar dolosamente; bastando para ello el dolo eventual, que debe, por una parte, estar dirigido a la producci&oacute;n de la resoluci&oacute;n de cometer el delito y, por otra, a la ejecuci&oacute;n del hecho principal, incluyendo los elementos subjetivos de tipo y la realizaci&oacute;n del resultado t&iacute;pico; Jescheck (1981) lo denomina &quot;doble dolo&quot;.</p>     <p>El dolo desplegado por el inductor debe ser un dolo concreto, es decir, que se dirija a un determinado hecho y a un determinado autor en el que se produzca la resoluci&oacute;n de delinquir. As&iacute; mismo, la acci&oacute;n del inductor debe ocasionar definitivamente la resoluci&oacute;n de cometer el hecho en el autor principal. Frente a lo anterior cabe la posici&oacute;n de alguna parte de la doctrina seg&uacute;n la cual si el autor principal ya est&aacute; decidido a realizar la conducta, &uacute;nicamente concurrir&aacute; tentativa en la inducci&oacute;n, o complicidad (Jescheck, 1981).</p>     <p>Finalmente, a quien se induce en el hecho debe concluirlo con consumaci&oacute;n o al menos con la mera tentativa, en la medida en que de no iniciarse el comportamiento punible, el comportamiento del inductor ser&iacute;a del todo impune.</p>     <p><b>LOS C&Oacute;MPLICES</b></p>     <p>El fen&oacute;meno de la complicidad est&aacute; enmarcado en la norma penal colombiana en el mismo art&iacute;culo 30 de la siguiente manera:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>Quien contribuya a la realizaci&oacute;n de la conducta antijur&iacute;dica o preste una ayuda posterior, por concierto previo o concomitante a la misma, incurrir&aacute; en la pena prevista para la correspondiente infracci&oacute;n disminuida de una sexta parte a la mitad.</p>       <p>Al interviniente que no teniendo las calidades especiales exigidas en el tipo penal concurra en su realizaci&oacute;n, se le rebajar&aacute; la pena en una cuarta parte.</p> </blockquote>     <p>El c&oacute;mplice solo se puede caracterizar de una manera negativa, es decir, aquel que ha prestado una colaboraci&oacute;n que no es indispensable para la comisi&oacute;n del delito (Bacigalupo, 1998). Desde el punto de vista del instante de la aportaci&oacute;n del c&oacute;mplice, &eacute;sta se genera tanto en la etapa de preparaci&oacute;n como en la de ejecuci&oacute;n; no cabe la posibilidad de una complicidad posterior a la comisi&oacute;n del hecho delictivo, excepto cuando se cumple una promesa anterior al delito: lo que determina la complicidad es la promesa anterior. Si esa promesa no tuvo incidencia en el hecho, no habr&aacute; complicidad, pero si la hubo, habr&aacute; complicidad aun cuando no se cumpla.</p>     <p>De lo anterior se deduce que para la complicidad son necesarias algunas exigencias, que en t&eacute;rminos de Vel&aacute;squez (2002) pueden ser resumidas as&iacute;: primero debe haber vinculaci&oacute;n entre el hecho principal y la acci&oacute;n del c&oacute;mplice, de tal manera que el aporte doloso de &eacute;ste suponga una contribuci&oacute;n objetiva a aqu&eacute;l. Puede ser de car&aacute;cter necesario o imprescindible cuando sin ella el hecho no se hubiera realizado; a esta especie se le denomina &quot;complicidad primaria&quot; o &quot;necesaria&quot;, o en su defecto, cuando la contribuci&oacute;n o aporte se hubiere realizado de todas formas, caso en el cual se presenta el fen&oacute;meno de la &quot;complicidad secundaria&quot; o &quot;no necesaria&quot;. En segundo lugar, la colaboraci&oacute;n del c&oacute;mplice debe ser el aporte doloso, de donde se deduce la inexistencia de una complicidad culposa.</p>     <p>De otro lado, es claro que el c&oacute;mplice, seg&uacute;n a la teor&iacute;a del dominio del hecho, carece del dominio sobre las circunstancias que determinan la acci&oacute;n y la producci&oacute;n del resultado t&iacute;pico.</p>     <p><b>EL CRITERIO RESTRICTIVO EN LA LEY 599 DE 2000</b></p>     <p>En el C&oacute;digo Penal colombiano, el legislador ha optado por un criterio restrictivo de autor; ello puede inferirse de la lectura del art&iacute;culo 28, que dispone: &quot;concurren a la conducta punible los autores y los participes&quot;, y as&iacute; mismo, de los art&iacute;culos 29 y 30 cuando definen el rango de acci&oacute;n de autores y part&iacute;cipes, definiendo en qu&eacute; casos han de optarse por uno o por otro; se descarta as&iacute; el criterio unitario. As&iacute; mismo, cuando el legislador hace hincapi&eacute; en el art&iacute;culo 29, inciso 1&deg;, que es autor &quot;quien realice la conducta punible por s&iacute; mismo&quot; descarta la posibilidad de un criterio ext ensivo, debido a que seg&uacute;n dicho criterio, no necesariamente quien realiza el comportamiento &quot;por s&iacute; mismo&quot; es considerado autor, sino que puede considerarse c&oacute;mplice, puesto que ello depende del &quot;&aacute;nimo&quot; de autor o c&oacute;mplice con que se act&uacute;e. Por tanto, para el C&oacute;digo Penal colombiano siempre ser&aacute; autor quien realice la conducta por s&iacute; mismo, aunque lo haga por encargo o en inter&eacute;s de otro<a href="#3" name="s3"><sup>3</sup></a> (en lo que a la autor&iacute;a inmediata se refiere). Lo que obliga a desechar criterios subjetivos para diferenciar entre autores y part&iacute;cipes, como en el caso de la &quot;ba&ntilde;era&quot; y el caso Staschynski. Con esta disposici&oacute;n se descarta el criterio extensivo de autor.</p>     <p>Debe sentarse, por tanto, que la posici&oacute;n defendida en este trabajo, seg&uacute;n la cual el criterio restrictivo ofrece una respuesta m&aacute;s satisfactoria que el unitario o el extensivo a la definici&oacute;n de autor, concuerda con la posici&oacute;n que indudablemente ha adoptado nuestro legislador, pese a las diferentes transcripciones jurisprudenciales (ver Sentencia del 22 de mayo de 2003, radicado n&deg; 17.457), seg&uacute;n las cuales, el criterio extensivo aplica a&uacute;n hoy d&iacute;a y es de mejor recibo que el restrictivo. Cuesti&oacute;n, esta &uacute;ltima, que, por supuesto, no compartimos por los motivos ya expuestos.</p> <hr>     <p><a href="#s1" name="1"><sup>1</sup></a> En pa&iacute;ses como Alemania, Espa&ntilde;a, Colombia, la teor&iacute;a del dominio del hecho es de amplia recepci&oacute;n, con algunas limitantes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s2" name="2"><sup>2</sup></a> Este punto de partida ha recibido diferentes cr&iacute;ticas de parte de la doctrina, en especial de Bacigalupo (1984) y de D&iacute;az y Garc&iacute;a Conlledo (1991).</p>     <p><a href="#s3" name="3">3</a> Es de anotar que el hecho de que nuestro legislador admita la instituci&oacute;n de la autor&iacute;a mediata no quiere decir que admita un criterio extensivo y una teor&iacute;a diferenciadora de orden subjetivo, debido a que el sujeto determinado act&uacute;e &quot;por otro&quot;. Lo que quiere destacarse es que quien act&uacute;a con dolo y ejecuta de mano propia el hecho no puede llamarse c&oacute;mplice debido a una ausencia de &quot;voluntad de autor&quot;.</p> <hr>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>Ambos, K. (1998). <i>Dominio del hecho por dominio de voluntad en virtud de aparatos organizados de poder </i>(pp. 32 a 38, 42). (Trad. de Manuel Cancio Meli&aacute;). Bogot&aacute;: Edit. Universidad Externado de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0121-8697201100010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bacigalupo, E. (1984). <i>Manual de Derecho Penal </i>(pp. 80-83-67-70). Bogot&aacute;: Temis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0121-8697201100010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bacigalupo, E. (1965). <i>La noci&oacute;n de Autor en el C&oacute;digo Penal </i>(pp. 16-34). Buenos Aires: B de F.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0121-8697201100010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bacigalupo, E. (1998). <i>Principios de Derecho Penal. Parte general </i>(pp.352-388). Madrid: Akal.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0121-8697201100010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Beling, Emest von (1994). <i>Esquema de derecho penal. La doctrina del delito tipo. </i>Tr. Soler, Sebasti&aacute;n. Buenos Aires: Depalma. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0121-8697201100010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bokelmann, P. (1960). <i>Relaciones entre autor&iacute;a y participaci&oacute;n </i>(pp.10-24-67-72). Buenos Aires: Abeledo-Perrot. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0121-8697201100010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>De Figueiredo, J. (1999). <i>Autor&iacute;a y participaci&oacute;n en el dominio de la criminalidad organizada: el dominio de la organizaci&oacute;n. </i>En J. C. Ferr&eacute; Olive &amp; E. Anarte, <i>Delincuencia organizada. Problemas penales, procesales y criminol&oacute;gicos. </i>Huelva: Universidad de Huelva. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0121-8697201100010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>D&iacute;az y Garc&iacute;a Conlledo, M. (1991). <i>La autor&iacute;a en derecho penal </i>(pp. 43 y ss., 264, 407, 411,537 y 538). Barcelona: PPU. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0121-8697201100010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>D&iacute;az y Garc&iacute;a Conlledo, M. (2004). La autor&iacute;a en derecho penal: Caracterizaci&oacute;n general y especial atenci&oacute;n al C&oacute;digo Penal colombiano (DPC, XXV (76), 78, 96, 97,98. Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0121-8697201100010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>D&iacute;az y Garc&iacute;a Conlledo, M. &amp; Luz&oacute;n, D. M. (2003). Determinaci&oacute;n objetiva y positiva del hecho y realizaci&oacute;n t&iacute;pica como criterios de autor&iacute;a. <i>Derecho Penal Contempor&aacute;neo, Revista internacional, 2, </i>36 - 38, 45- 57, 543- 550, 586593.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0121-8697201100010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Donna, E. A. (2000). El concepto de autor&iacute;a y la teor&iacute;a de los aparatos de poder de Roxin. En AA.VV., <i>Modernas tendencias en la ciencia del derecho pena y en la criminolog&iacute;a. </i>Madrid: uned.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0121-8697201100010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Donna, E. A. (2005). <i>La autor&iacute;a y la participaci&oacute;n criminal. </i>Buenos Aires: Rubinzal-Culzoni.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0121-8697201100010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dur&aacute;n, I. (2002). <i>La coautor&iacute;a en derecho penal: Aspectos esenciales. </i>Le&oacute;n (Espa&ntilde;a): Universidad de Le&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0121-8697201100010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gimbernat, E. (1966). <i>Autor y c&oacute;mplice en derecho penal </i>(p. 126). Madrid: Universidad de Madrid.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0121-8697201100010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>G&oacute;mez, J. (2005). <i>Tratado de Derecho Penal </i>(t. III). Bogot&aacute;: Ediciones Doctrina y Ley.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0121-8697201100010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hauriou, M. (1927). <i>Principios de Derecho p&uacute;blico y constitucional. </i>Madrid: Ediciones Rialp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0121-8697201100010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hern&aacute;ndez, A. (2004). La coautor&iacute;a. <i>Derecho Penal y Criminolog&iacute;a, </i><i>xxv </i>(75). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-8697201100010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hern&aacute;ndez, J, E. (1996). <i>La autor&iacute;a mediata en Derecho penal. </i>Granada: Comares. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0121-8697201100010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jakobs, G. (2008). <i>Derecho penal. Parte general. </i>Madrid: Marcial Pons. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-8697201100010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jescheck, H. (1981). <i>Tratado de Derecho Penal. </i>(Trad. de Francisco Mu&ntilde;oz Conde y Santiago Mir Puig). Barcelona: Bosch. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-8697201100010001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jim&eacute;nez de As&uacute;a, L. (1976). <i>Tratado de derecho penal, </i>t. V (3<sup>a</sup>. ed.). Buenos Aires: Losada.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-8697201100010001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Liszt Von, F. (1896). <i>Tratado de derecho penal, </i>t. II (p. 514-515). (Trad. de Luis Jim&eacute;nez de az&uacute;a). Madrid. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-8697201100010001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>L&oacute;pez Barja de Quiroga, J. (1996). <i>Autor&iacute;a y Participaci&oacute;n </i>(pp. 17-22). Madrid: Akal/iure.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-8697201100010001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>L&oacute;pez Peregrin, M. C. (1997). <i>La complicidad en el Delito. </i>Valencia: Tirant Monograf&iacute;as.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-8697201100010001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Maurach, R. &amp; Zipf, H. (1995). <i>Derecho penal, Parte general, </i>t. 2. Buenos Aires: Astrea.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-8697201100010001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mart&iacute;nez-Buj&aacute;n P&eacute;rez, C. (1998). <i>Derecho Penal General. Parte Especial. </i>Valencia: Tirant lo Blanch.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-8697201100010001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mezger, E. (1957). <i>Tratado de derecho penal </i>(pp. 340-441). (Trad. de Arturo Rodr&iacute;guez Mu&ntilde;oz). Madrid: Reus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-8697201100010001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mir Puig, S. (1991). Bien Jur&iacute;dico y Bien Jur&iacute;dico-Penal como l&iacute;mites del Ius Puniendi. En <i>Estudios penales y criminol&oacute;gicos </i>(p. 205). Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-8697201100010001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mir Puig, S. (2004). <i>Derecho Penal. Parte General. </i>Barcelona: B de F.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-8697201100010001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Pe&ntilde;aranda, E. (1990). <i>La participaci&oacute;n en el delito y el principio de accesoriedad. </i>Madrid: Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-8697201100010001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Posada, P. (2002). <i>Identificaci&oacute;n del autor. </i>Bogot&aacute;: Procuradur&iacute;a General de la Naci&oacute;n. Casi el mismo texto, bajo el t&iacute;tulo &quot;Una visi&oacute;n del 'dominio de voluntad por organizaci&oacute;n' y su aproximaci&oacute;n al derecho penal colombiano&quot;, en <i>NFP, 62.</i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-8697201100010001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Reyes, J.F. (2003). La autor&iacute;a mediata con aparatos organizados de poder. DPC, <i>xxv </i>(75). Bogot&aacute;: Universidad Externado de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-8697201100010001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rocha, R. (2000). <i>La econom&iacute;a colombiana tras 25 a&ntilde;os de narcotr&aacute;fico. </i>Bogot&aacute;: Siglo de Hombre Editores, undcp. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-8697201100010001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Roxin, C. (1998). <i>Autor&iacute;a y dominio del hecho en derecho penal </i>(7<sup>a</sup> ed.). Barcelona: Marcial Pons.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-8697201100010001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rox&iacute;n, C. (2007). <i>La Teor&iacute;a del Delito en la discusi&oacute;n actual. </i>(Trad. de Manuel Abanto V&aacute;squez). Lima: Editora Jur&iacute;dica Grijley. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-8697201100010001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>S&aacute;inz, C. (1990). <i>Lecciones de Derecho Penal. </i>Barcelona: Bosch. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-8697201100010001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Salazar, M. (1992). <i>Autor y part&iacute;cipe en el injusto penal. </i>Bogot&aacute;: Temis. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0121-8697201100010001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>S&aacute;nchez-Vera, J. (2004). <i>El denominado delito de propia mano. </i>Madrid: Dykinson. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-8697201100010001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Shifter, M. (1999). Colombia on the brink. <i>Foreing affair, 78 </i>(4), 15. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-8697201100010001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Schmitt, Cl. (1934). <i>Teor&iacute;a de la Constituci&oacute;n </i>(Trad. de F. Ayala, 1982). Madrid: Alianza Editorial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-8697201100010001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sch&uuml;neman, B. (2002). <i>Temas actuales y permanentes del derecho penal despu&eacute;s del milenio. </i>Madrid: Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-8697201100010001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Silva, J. (2006). <i>La expansi&oacute;n del derecho penal. Aspectos de la pol&iacute;tica criminal en las sociedades postindustriales. </i>Buenos Aires: Euros Editores S.R.L.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-8697201100010001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Su&aacute;rez, A. (1998). <i>Autor&iacute;a y participaci&oacute;n </i>(2<sup>a</sup> ed.). Bogot&aacute;: Universidad Externado de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-8697201100010001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vel&aacute;zquez, F. (2002). <i>Manual de Derecho Penal. Parte General </i>(2<sup>a</sup> ed.). Bogot&aacute;: Temis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0121-8697201100010001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Welzel, H. (1970). <i>Derecho penal alem&aacute;n </i>(pp. 14-86, 238-250, 266-267). (Trad. de Bustos/Y&aacute;&ntilde;ez). Santiago de Chile. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-8697201100010001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Weber, H. (1935). Aufban Des Strafreschssystems. <i>Para la estructura del sistema del derecho penal </i>(Traducci&oacute;n de E. Zafaroni, 1982). Nuevo Foro Penal, n&deg;13. Bogot&aacute;: Temis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-8697201100010001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Weber, H. (1964). <i>El nuevo sistema del derecho penal </i>(Trad. de Cerezo Mir). 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