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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Responsabilidad patrimonial del Estado Legislador: Distinguiendo]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The present work studies the figure of the patrimonial responsibility of the Legislative State. It checks its principal precedents attending to the Spanish and French jurisprudence. It distinguishes its two principal types or hypothesis and analyzes critically the most spread arguments that reject its recognition and application. It proposes that those skeptical arguments towards the responsibility of the legislative State concern in a diverse way its two branches.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Responsabilidad patrimonial del Estado Legislador: Distinguiendo*</b></font></p>     <p align="center"><b><font size="3">Responsibility of the legislative government: </font></b><font size="3"><b>Distinguishing</b></font></p>     <p>Jos&eacute; Ignacio N&uacute;&ntilde;ez Leiva**    <br>   Universidad Alberto Hurtado (Chile)</p>     <p>* Trabajo desarrollado con el apoyo del Sistema de Fondos de Investigaci&oacute;n de la Universidad Jesu&iacute;ta Alberto Hurtado de Chile.</p>     <p>** Abogado. Licenciado en Derecho por la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile. Diplomado en Derechos Humanos por la Universidad Cat&oacute;lica del Uruguay. Postgraduado en Derecho (Especialista en Constitucionalismo y Garant&iacute;smo) por la Universidad de Castilla La Mancha (Espa&ntilde;a). Mag&iacute;ster en Derecho P&uacute;blico por la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile. Doctorando en Derecho, Universidad de Castilla La Mancha. Coordinador de la Iniciativa Nuevas perspectivas en Derecho P&uacute;blico. <a href="mailto:jinunez@uc.cl">jinunez@uc.cl</a></p>     <p><i>Fecha de recepci&oacute;n: </i>2 de marzo de 2011    <br>     <i>Fecha de aceptaci&oacute;n: </i>22 de marzo de 2011</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Este trabajo estudia la figura de la responsabilidad patrimonial del Estado Legislador. Revisa sus principales antecedentes atendiendo a la jurisprudencia espa&ntilde;ola y francesa. Distingue sus dos principales tipos o hip&oacute;tesis y analiza cr&iacute;ticamente los argumentos m&aacute;s difundidos que rechazan su reconocimiento y aplicaci&oacute;n. Propone que aquellos argumentos esc&eacute;pticos hacia la responsabilidad del Estado legislador afectan de manera diversa a sus dos vertientes.</i></p>     <p><b>Palabras clave: </b>Responsabilidad del Estado, Responsabilidad Estado Legislador, Derecho P&uacute;blico, Derecho Constitucional.</p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     <p><i>The present work studies the figure of the patrimonial responsibility of the Legislative State. It checks its principal precedents attending to the Spanish and French jurisprudence. It distinguishes its two principal types or hypothesis and analyzes critically the most spread arguments that reject its recognition and application. It proposes that those skeptical arguments towards the responsibility of the legislative State concern in a diverse way its two branches.</i></p>     <p><b>Keywords: </b>Responsibility of the legislative government. State liability, Public Law, Constitutional Law.</p> <hr>     <p><b>I.</b> <b>PROLEG&Oacute;MENOS</b></p>     <p>Este trabajo analiza las principales coordenadas conceptuales necesarias para comprender la figura de <i>La Responsabilidad Patrimonial del Estado Legislador.</i></p>     <p>Esperando aproximarnos siquiera un poco a tan ambicioso objetivo, el itinerario de nuestro an&aacute;lisis ser&aacute; el siguiente: en primer lugar revisaremos los antecedentes de la Responsabilidad Patrimonial del Estado Legislador en Francia y Espa&ntilde;a; luego, enunciaremos sus elementos; a continuaci&oacute;n clasificaremos sus dos principales tipos o hip&oacute;tesis; proseguiremos con la revisi&oacute;n de los argumentos que con mayor frecuencia se emplean para negar su aceptaci&oacute;n y/o procedencia; finalizaremos con una breve revisi&oacute;n cr&iacute;tica de aquellos mencionados argumentos. Hacemos presente que, sin perjuicio de que la revisi&oacute;n de los antecedentes de la figura en estudio se localiza en Francia y Espa&ntilde;a, las reflexiones que se desarrollan en los ac&aacute;pites posteriores no se circunscriben necesariamente a dichos espacios, sino que buscan contribuir a un an&aacute;lisis abstracto del instituto.</p>     <p><b>II.</b> <b>ANTECEDENTES DEL INSTITUTO, LOS CASOS DE FRANCIA Y ESPA&Ntilde;A</b><a href="#1" name="s1"><b><sup>1</sup></b></a></p>     <p>La idea de que el Estado se ubica por sobre la ley, y por tanto ser&aacute; &uacute;nicamente responsable de los da&ntilde;os que eventualmente produzca al legislar cuando una ley as&iacute; expresamente lo se&ntilde;ale, est&aacute; a&uacute;n latente en gran parte de la jurisprudencia y la doctrina (Gonz&aacute;lez, 2004, p. 57).<a href="#2" name="s2"><sup>2</sup></a> Sin perjuicio de que ello revela una opci&oacute;n te&oacute;rica espec&iacute;fica en la forma de entender el ordenamiento jur&iacute;dico, aunque a veces no consciente -tema que hemos abordado en otros trabajos- es un hecho incontrovertible que la figura de la Responsabilidad Patrimonial del Estado Legislador no se ubica entre aquellas que gozan de mayor aceptaci&oacute;n y respaldo, no obstante que sus primeros antecedentes no son del todo recientes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La doctrina internacional se&ntilde;ala que los vestigios m&aacute;s remotos de formulaci&oacute;n de la teor&iacute;a de la responsabilidad patrimonial del Estado legislador se encuentran en la jurisprudencia francesa y que ella configur&oacute; tal construcci&oacute;n incluso antes que la doctrina.</p>     <p>En Francia, ya en 1835 se conoc&iacute;a de un caso en que un ciudadano reclamaba una indemnizaci&oacute;n por los da&ntilde;os que signific&oacute; a su patrimonio el cierre de su f&aacute;brica originado en una prohibici&oacute;n legal de fabricaci&oacute;n y venta de suced&aacute;neos del tabaco, dictada con la finalidad de proteger el monopolio de dicho producto. En aquella oportunidad, seg&uacute;n nos cuenta un fallo pronunciado por el Consejo de Estado franc&eacute;s con fecha 11 de enero de 1938, se opt&oacute; por la negativa a declarar que el Estado habr&iacute;a de responder patrimonialmente por el hecho del legislador argumentando que la ley, al ser una norma general, no afecta situaciones jur&iacute;dicas de personas determinadas sino que su aplicaci&oacute;n beneficia o perjudica a todos por igual. Ello significa que no producir&iacute;a un da&ntilde;o <i>especial </i>a algunos individuos y, por tanto, el Estado no tendr&iacute;a el deber de indemnizar aquel da&ntilde;o. La especialidad aqu&iacute; aludida, como explica Vedel (1980), se referir&iacute;a a que el perjuicio alegado ha de estar individualizado o ser individualizable, es decir, que no afecte a la totalidad de los individuos destinatarios de la norma, pues s&oacute;lo en aquel caso se lo entender&iacute;a como anormal y antijur&iacute;dico (p.323).</p>     <p>Es la misma oportunidad, el Consejo de Estado franc&eacute;s sostuvo la tesis -mantenida hasta ahora en algunos sistemas- que admite como procedente una indemnizaci&oacute;n por los eventuales perjuicios producidos por una ley en tanto la misma norma conceda tal posibilidad.</p>     <p>Fue en 1938, en el conocido <i>Arret de la Fleurette, </i>en el que por primera vez el Consejo de Estado franc&eacute;s -mediante una escueta sentencia de no m&aacute;s de 5 p&aacute;rrafos- estim&oacute; procedente una indemnizaci&oacute;n a cargo del Estado para resarcir de los prejuicios producidos a un ciudadano por una ley de 1934 que dispon&iacute;a:</p>     <blockquote>       <p>Est&aacute; prohibido fabricar, promover, poner en venta o vender, importar, exportar o traficar: 1. Bajo la denominaci&oacute;n de crema seguida o no de un calificativo o bajo una denominaci&oacute;n de fantas&iacute;a cualquiera, un producto que presente el aspecto de la crema, destinado a los mismos usos, no proveniente en forma exclusiva de la leche, la agregaci&oacute;n o adici&oacute;n de materias grasas distintas a &eacute;sta, especialmente prohibida (Caldera, 1982, p.101).</p> </blockquote>     <p>La aplicaci&oacute;n de la referida ley oblig&oacute; a la sociedad <i>La Fleurette </i>a abandonar la producci&oacute;n de su producto denominado <i>Granadine, </i>el cual al no estar compuesto en un 100 % de leche se encontraba dentro de los productos prohibidos.</p>     <p>En tal oportunidad, el mencionado tribunal acogi&oacute; la pretensi&oacute;n del actor sobre la base de considerar que la actividad desarrollada por la sociedad reclamante era l&iacute;cita, no reprensible ni da&ntilde;ina, que de la historia de la ley no pod&iacute;a extraerse ninguna intenci&oacute;n del legislador de someter al actor a alguna carga distinta de las que normalmente asume cada persona y que la carga impuesta por la ley es en beneficio de la sociedad toda y, por lo tanto, debe ser soportada tambi&eacute;n por la colectividad, no por una sola persona.<a href="#3" name="s3"><sup>3</sup></a> Con esta tesis era necesario -sin embargo- que el demandante probase, ante el silencio de la ley, que el legislador no hab&iacute;a pretendido excluir el derecho a indemnizaci&oacute;n (Checa, 2004, p. 50).</p>     <p>Esta tesis fue nuevamente aplicada en el fallo <i>Caucheteux et Desmont </i>de 21 de enero de 1944, en el cual se reconoci&oacute; el derecho a ser indemnizada por el hecho del Estado legislador a una f&aacute;brica de glucosa que debi&oacute; cerrar a causa de una ley de 1934 destinada a proteger a los productores de cereales que reduc&iacute;a el porcentaje de productos diferentes de la malta, la cebada y el l&uacute;pulo dentro del proceso de elaboraci&oacute;n de la cerveza.</p>     <p>Fue en 1963, en el caso conocido como el <i>Arret Bover&oacute;, </i>cuando el Consejo de Estado reconoci&oacute; de forma m&aacute;s amplia la responsabilidad patrimonial legislativa. Desplaz&oacute; el centro de gravedad desde la consideraci&oacute;n de la responsabilidad del Estado como una modalidad de r&eacute;gimen especial de responsabilidad, hasta ser considerada como una responsabilidad p&uacute;blica de derecho com&uacute;n o <i>responsabilit&eacute; sans faute, </i>al fundarse sobre el principio de igualdad ante las cargas p&uacute;blicas. Mantuvo la doctrina de que la producci&oacute;n de un da&ntilde;o por un acto normativo obliga, como regla general, a indemnizar, salvo que el legislador haya excluido expresamente tal derecho (Checa, 2004, p. 50).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al decir de la doctrina, los tres fallos citados obedecen a que la medida legislativa impon&iacute;a un sacrificio de intereses particulares a favor de la protecci&oacute;n de otros intereses particulares, raz&oacute;n por la cual la ausencia de referencia del legislador respecto a la indemnizaci&oacute;n obliga al Estado a indemnizar (De Luis, 1989, p. 641).</p>     <p>Los se&ntilde;alados precedentes han sido confirmados por la jurisprudencia francesa en causas posteriores, haci&eacute;ndose incluso extensiva a da&ntilde;os originados por tratados internacionales, como ocurri&oacute; en los <i>arrets C. Gen&eacute;rale D'Energie Radioelectrique </i>de 30 de marzo de 1966, y <i>Burgat, </i>de 29 de octubre de 1976. Sin embargo, como lo expresa el administrativista franc&eacute;s Ren&eacute; Chapus (1990), refiri&eacute;ndose al caso Galo, &quot;la responsabilidad por hecho de las leyes y convenios internacionales es un producto de lujo. No se le sirve todos los d&iacute;as&quot; (p. 932). En efecto, como lo constata Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a, desde 1938 -salvo los casos vinculados a la aplicaci&oacute;n de tratados internacionales- y al menos hasta el a&ntilde;o 2000 (fecha de publicaci&oacute;n del estudio en que fundamenta su juicio) solo en un caso m&aacute;s, aparte de los ya enumerados, conocido como <i>Compagnie am&eacute;nag&eacute;ment et promotion inmobil&eacute;re, </i>de 1981, se declar&oacute; procedente el instituto compensatorio por hechos del legislativo (Garc&iacute;a, 2007, p.175).</p>     <p>En el sistema espa&ntilde;ol, por su parte, la jurisprudencia ha provisto eventos de respaldo y reconocimiento al instituto reparatorio por actos del legislador, con posterioridad a lo hecho por su equivalente francesa, pero con mayor frecuencia.</p>     <p>Una primera aparici&oacute;n significativa se produjo -siguiendo al estudio efectuado por Tom&aacute;s Quintana L&oacute;pez (1994)- a partir de las reclamaciones en contra de la aplicaci&oacute;n de las siguientes normas: el Decreto-Ley 17/1982, por el que fue establecida la edad de sesenta y cinco a&ntilde;os para la jubilaci&oacute;n forzosa de los funcionarios del cuerpo de profesores de Educaci&oacute;n General B&aacute;sica; la Ley Org&aacute;nica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial, y la Ley 53/1984, de 2 de agosto, de Medidas para la Reforma de la Funci&oacute;n P&uacute;blica. En virtud de las dos primeras qued&oacute; limitada la edad de jubilaci&oacute;n forzosa de los funcionarios afectados por ellas a los sesenta y cinco a&ntilde;os, y por la &uacute;ltima, qued&oacute; prohibido el simult&aacute;neo desempe&ntilde;o de dos o m&aacute;s puestos p&uacute;blicos de trabajo, as&iacute; como uno p&uacute;blico y determinadas actividades privadas profesionales o la percepci&oacute;n, tambi&eacute;n simult&aacute;nea, de haberes activos y pasivos. El reclamo que surgi&oacute; ante estas normas legales es sencillo: una ley que anticipe la edad de jubilaci&oacute;n de los funcionarios o que imponga un r&eacute;gimen de incompatibilidades m&aacute;s estricto que el anteriormente exigible ocasiona un quebranto patrimonial a los ciudadanos comprendidos dentro de su &aacute;mbito de aplicaci&oacute;n. Luego, en la medida que aquellas leyes supongan una privaci&oacute;n de derechos, deber&iacute;an contemplar una indemnizaci&oacute;n compensatoria (Su&aacute;rez, 1999, p.210).</p>     <p>Paulatinamente, los funcionarios que estimaron afectados sus derechos por la aplicaci&oacute;n de las disposiciones ya aludidas acudieron a la magistratura del Tribunal Constitucional, el cual por intermedio de varias resoluciones expres&oacute; lo siguiente:</p>     <blockquote>       <p>Se trata, por el contrario, de una limitaci&oacute;n, delimitaci&oacute;n por regulaci&oacute;n general de un derecho, que no priva del mismo a los destinatarios de la norma, sino que lo configura ex novo, o modificando una situaci&oacute;n normativa general anterior; sin que ello impida apreciar, como ya hicimos en la sentencia..., a que nos remitimos, que esa modificaci&oacute;n legal origina una frustraci&oacute;n de las expectativas existentes, y en determinados cas os, perjuicios econ&oacute;micos que pueden merecer alg&uacute;n g&eacute;nero de compensaci&oacute;n.<a href="#4" name="s4"><sup>4</sup></a></p> </blockquote>     <p>Este &quot;merecer alg&uacute;n g&eacute;nero de compensaci&oacute;n&quot; fue entendido por ciertos operadores jur&iacute;dicos en el sentido de que el Tribunal Constitucional estaba abriendo la v&iacute;a para que, posteriormente, los tribunales ordinarios pudiesen, aplicando la Responsabilidad Patrimonial del Estado Legislador, conceder indemnizaciones a los eventuales perjudicados.</p>     <p>Ello dio lugar a que se plantearan un gran n&uacute;mero de reclamaciones, primero empleando la v&iacute;a administrativa, luego acudiendo al Tribunal Supremo, siendo este &uacute;ltimo el camino m&aacute;s fruct&iacute;fero. Sin embargo, los primeros intentos no dieron resultados, puesto que el Tribunal Supremo rechaz&oacute; dichas pretensiones por motivos de competencia. En efecto, entendi&oacute; que las reclamaciones por v&iacute;a administrativa debieron ser presentadas ante el Consejo de Ministros y no frente a &oacute;rganos de la Administraci&oacute;n del Estado. Sin embargo, estas sentencias conten&iacute;an un interesante <i>Obiter Dicta, </i>en el que parece se admite la procedencia del instituto compensatorio por hechos del legislador a consecuencia de actos legislativos no expropiatorios con fundamento en la violaci&oacute;n de algunos principios constitucionales (Su&aacute;rez, 1999, p. 211). Entre ellas Gonz&aacute;lez P&eacute;rez (2004) cita las de 15 de julio de 1987 y 25 de septiembre del mismo a&ntilde;o (p. 71).</p>     <p>Sin embargo, cuando las cuestiones de competencia no fueron obst&aacute;culo para conocer del fondo del asunto, el Tribunal Supremo debi&oacute; pronunciarse sobre el fondo de las reclamaciones compensatorias, oportunidad en la cual las deneg&oacute;, por considerar que en el caso concreto no acontec&iacute;a la privaci&oacute;n o afectaci&oacute;n de derechos adquiridos sino de meras expectativas, pero, en todo caso, no neg&oacute; de plano la procedencia de la instituci&oacute;n de la Responsabilidad Patrimonial del Estado Legislador. En efecto, el Fundamento Jur&iacute;dico n&deg;6 de la Sentencia de 30 de noviembre de 1992 se&ntilde;al&oacute;:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>Si en este caso no existen bienes o derechos que hayan sido objeto de expropiaci&oacute;n, naturaleza expropiatoria de los preceptos legales que adel ant an la edad de jubilaci&oacute;n que ha sido negada por el Tribunal Constitucional, no parece que pueda ampararse en dichos preceptos la indemnizaci&oacute;n solicitada en base a la frustraci&oacute;n de meras expectativas de derecho...</p> </blockquote>     <p>M&uacute;ltiples sentencias posteriores siguieron dicha doctrina, que se aplic&oacute; tambi&eacute;n a prop&oacute;sito de las reclamaciones por los da&ntilde;os causados por la vigencia del r&eacute;gimen de incompatibilidades introducido por la ya mencionada Ley 53 de 1984<a href="#5" name="s5"><sup>5</sup></a>. La tendencia se mantuvo, aunque, citando a Su&aacute;rez Garc&iacute;a (1999), paulatinamente present&oacute; algunas fisuras (p. 211). El caso m&aacute;s destacado por la doctrina es el de las sentencias del Tribunal Supremo de 5 de marzo de 1993, 27 de junio de 1994<a href="#6" name="s6"><sup>6</sup></a> y 6 de julio de 1999, referidas a la indemnizaci&oacute;n a que se ten&iacute;a derecho por la eliminaci&oacute;n de los cupos de pesca exentos de derechos arancelarios derivado del Tratado de Adhesi&oacute;n de Espa&ntilde;a a la Uni&oacute;n Europea (Checa, 2004, p.50). En dichas sentencias, la magistratura competente estim&oacute; que aquellos beneficios fiscales posteriormente suprimidos constitu&iacute;an una medida l&iacute;cita de fomento acordada por el Gobierno espa&ntilde;ol que hab&iacute;a generado una leg&iacute;tima expectativa a que ella mantuviera cierta inmunidad temporal, por lo que habr&iacute;a incentivado a las empresas afectadas a realizar importantes inversiones. Por ello, la sala estim&oacute; que la supresi&oacute;n de los beneficios fiscales ocasion&oacute; un quebranto patrimonial que las empresas no deb&iacute;an soportar por producirse una vulneraci&oacute;n del principio de confianza leg&iacute;tima (Su&aacute;rez, 1999, p. 212). Otros casos, en el mismo sentido, fueron los producidos a prop&oacute;sito de procesos urbanizadores impuestos mediante ley del Parlamento Balear de 31 de mayo de 1984, resuelto por la Sentencia del Tribunal Supremo de 17 de febrero de 1998, y por la Ley Canaria 5 de 1986, que cre&oacute; un impuesto especial sobre el Combustible, resuelta por el mismo tribunal con fecha 8 de octubre de 1998.</p>     <p>Tiempo despu&eacute;s, a comienzos del siglo XXI, la judicatura espa&ntilde;ola tuvo ocasi&oacute;n de pronunciarse sobre el instituto en estudio, pero esta vez ante una hip&oacute;tesis distinta, la de una ley tributaria, previamente declarada contraria a la Carta Fundamental por el Tribunal Constitucional. Se trata de las sentencia de 29 de febrero de 2000 y las de 13 de junio y 15 de julio del mismo a&ntilde;o. A partir de ellas se concret&oacute; el reconocimiento de una acci&oacute;n jurisdiccional -reclamatoria de indemnizaci&oacute;n de perjuicios- que debe ser conocida por la magistratura competente seg&uacute;n las reglas generales para resolver acciones patrimoniales en contra del Estado y que ha de tener como antecedente necesario la declaraci&oacute;n de inconstitucionalidad de la norma legal que es causa directa del perjuicio alegado por el demandante.</p>     <p>En la primera de las referidas sentencias se reconoci&oacute; el derecho a indemnizaci&oacute;n de un contribuyente que hab&iacute;a agotado todas las instancias de impugnaci&oacute;n del cobro; en la segunda se extendi&oacute; este derecho a un demandante que no hab&iacute;a realizado dichas gestiones, y en la tercera se sistematiz&oacute; la doctrina ensayada en las resoluciones precedentes. De esta &uacute;ltima destaca la siguiente conclusi&oacute;n del Tribunal Supremo:</p>     <blockquote>       <p>En nuestro sistema legal, quienes han tenido que satisfacer el gravamen complementario, impuesto por el precepto declarado inconstitucional, despu&eacute;s de haber impugnado en v&iacute;a administrativa y sede jurisdiccional dicho gravamen obteniendo sentencia firme que lo declara conforme a derecho, no tienen otra alternativa, en virtud de lo dispuesto por el art. 40.1 de la Ley Org&aacute;nica 2/1979, del Tribunal Constitucional, que ejercitar, como en este caso ha procedido la entidad demandante, una acci&oacute;n por responsabilidad patrimonial, derivada del acto del legislador, dentro del plazo fijado por la ley.</p>       <p>Si no hubieran impugnado jurisdiccionalmente las liquidaciones de dicho gravamen complementario, los interesados tienen a su alcance la v&iacute;a de pedir, en cualquier momento, la revisi&oacute;n de tal acto nulo de pleno derecho, como prev&eacute; el art. 102 de la LRJ-PAC, y, simult&aacute;nea o sucesivamente, de no tener &eacute;xito dicha revisi&oacute;n, est&aacute;n legitimados para exigir responsabilidad patrimonial derivada de actos del legislador, pero tambi&eacute;n pueden utilizar directamente esta acci&oacute;n, ya que no cabe imponer a quien ha sufrido un da&ntilde;o antijur&iacute;dico la v&iacute;a previa de la revisi&oacute;n de disposiciones y actos nulos de pleno derecho, a fin de dejarlos sin efecto, y solo subsidiariamente permitirle demandar la reparaci&oacute;n o indemnizaci&oacute;n compensatoria por responsabilidad patrimonial, cuando son las propias Administraciones quienes deben proceder a declarar de oficio la nulidad de pleno derecho de tales disposiciones o actos y el ciudadano descansa en la confianza leg&iacute;tima de que la actuaci&oacute;n de los poderes p&uacute;blicos se ajusta a la Constituci&oacute;n y a las leyes.</p> </blockquote>     <p>Por otra parte, en las mencionadas sentencias se consolid&oacute; la tesis de la subordinaci&oacute;n plena del legislador a la Constituci&oacute;n. As&iacute;, por ejemplo, el Fundamento de Derecho cuarto de la sentencia del Tribunal Supremo de 29 de febrero de 2000 es un claro ejemplo de defensa del valor normativo de la Constituci&oacute;n ante el legislador y de la categ&oacute;rica ilegitimidad en que se halla envuelta una norma de tal tipo que vulnere el programa normativo definido por la Carta Suprema. As&iacute;, el referido considerando se&ntilde;ala:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La ley declarada inconstitucional encierra en s&iacute; misma, como consecuencia de la vinculaci&oacute;n m&aacute;s fuerte con la Constituci&oacute;n, el mandato de reparar los da&ntilde;os y perjuicios concretos y singulares que su aplicaci&oacute;n pueda haber originado &#91;...&#93; Existe una notable tendencia en la doctrina y en el derecho comparado a admitir que, declarada inconstitucional una ley, puede generar un pronunciamiento de reconocimiento de responsabilidad patrimonial cuando aquella ocasione privaci&oacute;n o lesi&oacute;n de bienes, derechos o intereses jur&iacute;dicos protegibles. &#91;...&#93; el poder legislativo no est&aacute; exento de sometimiento a la Constituci&oacute;n y sus actos -las leyes- quedan bajo el imperio de tal norma suprema. En los casos donde la ley vulnere la Constituci&oacute;n, evidentemente el Poder Legislativo habr&aacute; conculcado su obligaci&oacute;n de sometimiento, y la antijuridicidad que ello supone traer&aacute; consigo la obligaci&oacute;n de indemnizar.</p> </blockquote>     <p>La Sentencia dictada por el mismo tribunal con fecha 13 de junio de 2000 tambi&eacute;n repite de forma casi &iacute;ntegra el fundamento jur&iacute;dico previamente trascrito; empero, se ocupa adem&aacute;s de destacar el car&aacute;cter de hecho que ante la Constituci&oacute;n como norma tiene la actividad del legislador, ello a trav&eacute;s del concepto de imputabilidad construido con base en la declaraci&oacute;n de inconstitucionalidad de la norma. As&iacute;, su fundamento de Derecho cuarto expresa que</p>     <blockquote>       <p>La determinaci&oacute;n del t&iacute;tulo de imputaci&oacute;n para justificar la responsabilidad del Estado Legislador por inmisiones legislativas en la esfera patrimonial (que ha vacilado entre las explicaciones que lo fundan en la expropiaci&oacute;n, en el il&iacute;cito legislativo y en la teor&iacute;a del sacrificio, respectivamente) ofrece as&iacute; una especial claridad en el supuesto de ley declarada inconstitucional.</p> </blockquote>     <p>Y, por su parte, la sentencia de 15 de julio de 2000, tambi&eacute;n dictada por la citada magistratura, ofrece un contundente e inapelable reparo a la defensa de la fuerza vinculante de una ley contraria a la Constituci&oacute;n. En efecto, en su fundamento de Derecho primero, para concluir que las prestaciones impuestas por una norma declarada inv&aacute;lida no generan obligaci&oacute;n alguna, sino, por el contrario, deben ser resarcidos los afectados, dispone:</p>     <p>No parece necesario abundar en razones explicativas de la antijuridicidad del da&ntilde;o causado por el desembolso de determinadas cantidades en concepto de gravamen complementario sobre la tasa de juego, pues tal abono se produjo exclusivamente en virtud de lo dispuesto por el art&iacute;culo 38.2 de la Ley 5/1990, de 29 de junio, declarado inconstitucional por sentencia del Tribunal Constitucional 173/1996 de 31 de octubre, de manera que quienes lo efectuaron no ten&iacute;an el deber de soportarlo.</p>     <p><b>III. ELEMENTOS DE RESPONSABILIDAD PATRIMONIAL DEL ESTADO LEGISLADOR</b></p>     <p>De la revisi&oacute;n efectuada en el ac&aacute;pite anterior se puede concluir que bajo la r&uacute;brica <i>Responsabilidad del Estado Legislador </i>se albergan aquellos diversos supuestos cuyo com&uacute;n denominador se encuentra en los da&ntilde;os econ&oacute;micamente evaluables generados por la actividad legislativa<a href="#7" name="s7"><sup>7</sup></a> y que, en consecuencia, debieran ser resarcidos (Quintana, 1994, p. 103).</p>     <p>En general, de la pluralidad de casos ocurridos en los que se ha hecho valer exitosamente este instituto compensatorio se puede colegir que sus elementos esenciales ser&iacute;an los siguientes:</p>     <p>1. <i>La fuente directa de la Responsabilidad est&aacute; constituida por leyes formales y no reglamentos o actos de ejecuci&oacute;n de la ley. </i>En un Estado de derecho, en el cual sus fuentes formales se organizan bajo una estructura estratificada y en la cual la validez de las normas inferiores depende de su conformidad y adecuaci&oacute;n sustantiva y procedimental a las superiores, la actividad del legislador constituye un <i>hecho </i>respecto de las normas contenidas en la Carta Fundamental<a href="#8" name="s8"><sup>8</sup></a>; aquello significa que las actuaciones del legislador son a la vez normativas y f&aacute;cticas, esto es, crea normas, pero sujeto a otras normas de rango superior. Y justamente el hecho da&ntilde;oso id&oacute;neo para activar esta variante compensatoria es un perjuicio directamente producido por una ley en su aplicaci&oacute;n, no por la aplicaci&oacute;n de la ley. Ergo, estaremos ante este tipo de responsabilidad cuando, producto de su vigencia en un caso concreto - sin importar las eventuales intermediaciones jurisdiccionales o administrativas -, el da&ntilde;o causado a un particular surja a consecuencia directa del contenido de la norma legal, esto es, sea el resultado de aquello que la ley mande, prohiba o permita. <i>Contrario sensu, </i>cuando se trate de da&ntilde;os cuyo origen o condici&oacute;n <i>sine qua non </i>sea un acto de aplicaci&oacute;n y/o interpretaci&oacute;n de la ley, efectuado por una autoridad administrativa o jurisdiccional, la procedencia de una eventual compensaci&oacute;n deber&aacute; definirse de conformidad con el respectivo estatuto: responsabilidad por hecho del juez o de la administraci&oacute;n. Por &uacute;ltimo, este tipo de responsabilidad ser&aacute; procedente tanto respecto de leyes en sentido formal y material como de otras fuentes del Derecho a las que se atribuyan expresamente los efectos de una ley, como la legislaci&oacute;n delegada o los denominados Decretos Ley.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>2. <i>La responsabilidad patrimonial surge a partir de la intervenci&oacute;n estatal limitativa o ablatoria de derechos, normalmente fundamentales - constitucionales. </i>Como toda hip&oacute;tesis de responsabilidad patrimonial, ella deriva de la afectaci&oacute;n de un derecho. En este caso, no obstante, la compensaci&oacute;n por hecho del legislador procede &uacute;nicamente respecto de aquellos derechos revestidos de cierta inmunidad respecto de los cambios legislativos. Tal es el caso de los denominados Derechos Fundamentales reconocidos en una Constituci&oacute;n o tambi&eacute;n contenidos en cualquier otra norma a la que el sistema espec&iacute;fico reconozca jerarqu&iacute;a superior a la ley.</p>     <p><i>3.-La antijuridicidad. </i>Como es sabido, no existen derechos absolutos. Toda facultad subjetiva admite restricci&oacute;n. Generalmente la Constituci&oacute;n habilita al legislador para modular el contenido de los Derechos Fundamentales con tal de que aquello no implique su privaci&oacute;n, la afectaci&oacute;n de su esencia o sea proporcionada. Tales habilitaciones regulatorias se encuentran sometidas a l&iacute;mites sustantivos o de contenido, a l&iacute;mites competenciales y a l&iacute;mites procedimentales. En este sentido, aquella intervenci&oacute;n limitativa o ablatoria de un derecho fundamental respecto de la cual se reclama reparaci&oacute;n patrimonial debe ubicarse fuera de los casos jur&iacute;dicamente procedentes de limitaciones o restricciones al ejercicio de un Derecho de tal categor&iacute;a. Sea porque la disposici&oacute;n legal en cuesti&oacute;n resulta (declarada) inconstitucional o bien, sin serlo, produce un da&ntilde;o estimado como antijur&iacute;dico.</p>     <p><i>4. Es la jurisdicci&oacute;n ordinaria -o la competente para conocer las acciones de responsabilidad del Estado- la habilitada para conocer de acciones que persiguen esta variante indemnizatoria. </i>A ella corresponde constatar, por una parte, la existencia del da&ntilde;o y, por otra, el nexo de causalidad entre la ley y aqu&eacute;l.</p>     <p><b>IV. TIPOS O HIP&Oacute;TESIS DE RESPONSABILIDAD PATRIMONIAL DEL ESTADO POR ACTOS LEGISLATIVOS</b></p>     <p>No obstante lo anterior, resulta claro que no en todos los casos a partir de los cuales se invoca la procedencia de este instituto concurren id&eacute;nticas circunstancias de hecho.</p>     <p>En efecto, un primer grupo de casos, en los que destaca la genealog&iacute;a jurisprudencial francesa y espa&ntilde;ola citada de fecha anterior al a&ntilde;o 2000, se distingue porque el deber reparatorio se construye sin la necesidad de un previo juicio declarativo de invalidez de la norma da&ntilde;osa; en cambio, un segundo grupo de casos se edifica justamente con base en tal declaraci&oacute;n. Es el caso, por ejemplo, de la jurisprudencia del Tribunal Supremo espa&ntilde;ol pronunciada en el a&ntilde;o 2000 al amparo de la declaraci&oacute;n de inconstitucionalidad de la ley. Esta diferencia ha motivado a la doctrina a distinguir entre dos hip&oacute;tesis gen&eacute;ricas de Responsabilidad del Estado por hechos de la ley: (1) La responsabilidad del Estado legislador por leyes declaradas inconstitucionales y (2) Responsabilidad derivada de actos legislativos conformes al ordenamiento constitucional.<a href="#9" name="s9"><sup>9</sup></a></p>     <p>La clasificaci&oacute;n ya enunciada reviste suma importancia, pues se vincula de manera directa a los elementos propios de la Responsabilidad Patrimonial del Estado Legislador. Particularmente al tercero de ellos: la <i>antijuridicidad. </i>La hip&oacute;tesis de responsabilidad por hecho del la ley declarada inconstitucional encuentra la antijuridicidad justamente en aquel la contravenci&oacute;n a la Constituci&oacute;n constatada por la sentencia de inconst itucionalidad pronunciada por el &oacute;rgano competente. En cambio, aquella variante que no exige tal declaraci&oacute;n sit&uacute;a la contravenci&oacute;n al Derecho en la afectaci&oacute;n de principios no necesariamente constitucionalizados<a href="#10" name="s10"><sup>10</sup></a> y, desde luego, prescinde de una declaraci&oacute;n de inconstitucionalidad de la norma da&ntilde;osa. Esto no s&oacute;lo es importante para una adecuada taxonom&iacute;a de la figura en estudio; tambi&eacute;n lo es a efectos de una reflexi&oacute;n acerca de la real existencia de un deber jur&iacute;dico reparatorio cuyo sujeto pasivo sea el Estado con ocasi&oacute;n del da&ntilde;o que pueda sufrir un particular a causa de una ley.</p>     <p>En efecto, diversas son las cr&iacute;ticas u objeciones que se plantean ante la figura en estudio, todas basadas en fundamentos diferentes, los cuales no necesariamente son capaces de afectar de igual forma a ambas hip&oacute;tesis ya descritas. Luego, un adecuado ejercicio l&oacute;gico-anal&iacute;tico requiere discriminar con precisi&oacute;n entre: aquellos cuestionamientos que son comunes a ambos tipos de responsabilidad del Estado legislador y los que son propios de cada una, primero, en virtud de la necesaria pulcritud cient&iacute;fica, y segundo, puesto que una correcta ret&oacute;rica contra argumentativa exige la elaboraci&oacute;n de respuestas pertinentes ante cada cr&iacute;tica.</p>     <p>A continuaci&oacute;n pasaremos revista a los argumentos que con mayor frecuencia se emplean para negar la procedencia de la Responsabilidad Patrimonial del Estado Legislador.</p>     <p><b>V. REVISI&Oacute;N DE LA DOCTRINA: </b>LAS TEOR&Iacute;AS NEGATIVAS</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Jim&eacute;nez Lechuga (1999) agrupa las teor&iacute;as que se refieren a la Responsabilidad Patrimonial del Estado Legislador en dos grupos: las positivas, que la reconocen, y las negativas, que la niegan (p. 68). Luego de revisar la literatura especializada hemos concluido que las teor&iacute;as negativas admiten una subdistinci&oacute;n a partir de la &iacute;ndole de los argumentos que las fundan, raz&oacute;n por la cual proponemos la siguiente clasificaci&oacute;n entre las que se fundan en: (1) argumentos pr&aacute;ctico - utilitarios, (2) argumentos formalistas de Derecho positivo, (3) argumentos de hecho, (4) argumentos ideol&oacute;gicos y (5) argumentos l&oacute;gico - formales.</p>     <p>1. <i>Los argumentos pr&aacute;ctico - utilitarios. </i>Comprende este grupo a aquellas teor&iacute;as negativas que proponen desechar la hip&oacute;tesis compensatoria por da&ntilde;os del legislador en virtud de que su aceptaci&oacute;n ocasionar&iacute;a consecuencias pr&aacute;cticas negativas..</p>     <p>En este sentido, un primer argumento apunta a las eventuales consecuencias econ&oacute;micas del reconocimiento de este instituto. En efecto, algunos sostienen que aceptar la procedencia de la Responsabilidad por actos del legislador, al tratarse la ley de una norma general, generar&iacute;a importantes desajustes en la hacienda p&uacute;blica, pues las compensaciones a que podr&iacute;a dar origen implicar&iacute;an el desembolso de sumas millonarias. En este contexto, el progreso social -se ha dicho- no puede detenerse a causa de los intereses individuales. Especialmente si se considera que el legislador es uno de los poderes del Estado que no crea directamente recursos, sino solo los redistribuye.</p>     <p>Un segundo argumento, descrito con claridad por Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a, expresa que una democracia no podr&iacute;a existir, simplemente, si cualquier cambio normativo debiera ser indemnizado a los sujetos normativos. La procedencia de reparaciones por el hecho de las leyes -propone el jurista espa&ntilde;ol- conducir&iacute;a a una petrificaci&oacute;n o congelaci&oacute;n del Derecho, a su inmovilizaci&oacute;n total o parcial, a su cierre definitivo a los cambios sociales o pol&iacute;ticos, que es una de las grandes funciones del poder legislativo democr&aacute;tico (Garc&iacute;a, 2002, p.182). Adem&aacute;s, implicar&iacute;a un retroceso hacia los &oacute;rdenes jur&iacute;dicos premodernos en los que la costumbre constitu&iacute;a un Derecho inmune a los cambios y a las decisiones de la comunidad, paradigma roto -afortunadamente- con las revoluciones liberales.<a href="#11" name="s11"><sup>11</sup></a></p>     <p>2. <i>Argumentos formalistas de Derecho positivo. </i>Integran esta categor&iacute;a aquellas opiniones que se orientan a afirmar la procedencia de responsabilidad del Estado solo cuando normas jur&iacute;dicas positivas expresas as&iacute; lo dispongan.</p>     <p>Un primer argumento de esta clase expresa que la posibilidad de hacer responsable al Estado por hechos del legislador debe fundarse en una disposici&oacute;n constitucional expresa y espec&iacute;fica. M&aacute;s aun cuando en el texto de la Carta Fundamental vigente existan enunciados que comprometan la responsabilidad por actos de otros poderes del Estado. Y, de ser procedente, habr&iacute;an de excluirse los casos en que el hecho constituya un funcionamiento normal o sin culpa. El propio Jim&eacute;nez Lechuga (1999), aludiendo -eso s&iacute;- al caso espa&ntilde;ol, formula este planteamiento de la siguiente forma:</p>     <blockquote>       <p>Si el Poder Constituyente hubiese querido responsabilizar al Poder Legislativo ordinario por hechos o actos derivados de la aplicaci&oacute;n de las leyes, hubiese debido incorporar, l&oacute;gicamente, tal responsabilidad a los preceptos constitucionales en los que los regula (el t&iacute;tulo III), exactamente como lo hizo para los otros poderes del Estado (Corona, Gobierno, Administraci&oacute;n y Tribunales) en sus t&iacute;tulos respectivos. En consecuencia, si pudiendo haber hablado, call&oacute;, es porque tal responsabilidad quiso excluir (p.69).</p> </blockquote>     <p>Tiempo atr&aacute;s Laferriere (1986) hab&iacute;a sugerido algo parecido: <i>Resulta que las cuestiones de indemnizaci&oacute;n que nacen de la ley no derivan sino de la ley; la jurisdicci&oacute;n administrativa no puede conocer de una acci&oacute;n tendente a establecer una indemnizaci&oacute;n a cargo del Estado, salvo si el mismo legislador ha creado tal acci&oacute;n </i>(p.13). Lo anterior, en la actualidad, se complementa con lo sugerido por Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a (2002) en orden a que la cl&aacute;usula de responsabilidad que comprenda el deber reparatorio por actos del legislador debe ser inequ&iacute;vocamente de responsabilidad jur&iacute;dico-patrimonial, no de responsabilidad pol&iacute;tica (caso que, a su juicio, ocurre con el art&iacute;culo 9.3 de la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola, que se referir&iacute;a a la responsabilidad pol&iacute;tica) (p. 175).</p>     <p>Un segundo argumento, directamente vinculado al anterior, expresa que cualquier deber reparatorio fiscal por actos legislativos debiera tener su fundamento en la afectaci&oacute;n de principios o normas con rango supralegal, al menos, constitucional. Este es el argumento que subyace en el conocido trabajo de Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a (2002) denominado <i>El principio de confianza leg&iacute;tima como supuesto t&iacute;tulo justificativo de la responsabilidad patrimonial del Estado legislador, </i>en el que denuncia que, a diferencia del caso alem&aacute;n, donde la protecci&oacute;n de la confianza leg&iacute;tima ser&iacute;a un deber constitucionalizado, en Espa&ntilde;a tal principio no goza de tal jerarqu&iacute;a (p. 175).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>3. <i>Los argumentos de hecho. </i>Se trata de aquellos razonamientos que se fundan en una premisa f&aacute;ctica.</p>     <p>Respecto del instituto en estudio hay un argumento de hecho que goza de alta difusi&oacute;n: el de la supuesta abstracci&oacute;n de la ley.</p>     <p>Se ha dicho que al ser la ley una norma general y abstracta, afecta a todos por igual; por tanto, ser&iacute;a imposible que la ley ocasione un da&ntilde;o especial a un particular. Si afecta a todos por igual, se tratar&iacute;a de una carga p&uacute;blica, se ha dicho <i>impersonal </i>(Franco y G&oacute;ngora, 2001, p.60).</p>     <p>Por otra parte, la generalidad y abstracci&oacute;n de una ley requiere para su aplicaci&oacute;n a casos concretos de intermediaci&oacute;n por parte de actos administrativos o judiciales. En ambos casos, los hechos da&ntilde;osos, de aceptarse su existencia, proceder&iacute;an de la administraci&oacute;n o del poder judicial, no de la ley. Este fue el argumento empleado en 1838 en Francia al resolverse el <i>Arret Duchatellier </i>(Ruiz, 2005, p.3). En este sentido, por ejemplo, se orienta aquella frecuente cita a Jeze (1907), que se&ntilde;ala:</p>     <blockquote>       <p>Es un principio indiscutido del derecho franc&eacute;s -sosten&iacute;a un autor-que el ejercicio del poder legislativo no compromete la responsabilidad pecuniaria del Estado. Ello no se debe, como algunos han pretendido, a que se trate del ejercicio del poder p&uacute;blico. Estas son f&oacute;rmulas vac&iacute;as de sentido. Se debe, m&aacute;s bien, a que el legislador se mueve en un campo en el que no encuentra ante s&iacute; -y, por tanto, no puede lesionar- derecho individual alguno. Act&uacute;a mediante actos generales e impersonales.</p>       <p>Ahora bien, condici&oacute;n de existencia del derecho a indemnizaci&oacute;n es la existencia de un perjuicio excepcional, esto es, que un individuo sea colocado por un acto fuera de las condiciones normales. El legislador jam&aacute;s pone a un individuo fuera de las condiciones normales mediante un acto legislativo propiamente dicho, porque la ley tiene como caracter&iacute;stica esencial el ser general (p. 452).</p> </blockquote>     <p>4. <i>Argumentos ideol&oacute;gicos. </i>Forman parte de este conjunto aquellas teor&iacute;as que arrancan directamente de una premisa ideol&oacute;gica.</p>     <p>En este sentido, un difundido argumento -tal vez m&aacute;s de fondo- apunta a la supuesta imposibilidad de que el legislador pueda causar da&ntilde;os; ello debido a dos eventuales motivos: la infalibilidad de la soberan&iacute;a de la que es portador y la irracionalidad que significar&iacute;a que el pueblo (mediante el ejercicio de la soberan&iacute;a popular) se irrogase da&ntilde;os a s&iacute; mismo. Fundamentos como los se&ntilde;alados -argumenta Santamar&iacute;a Pastor- son tributarios de un pensamiento <i>rousseauniano </i>que domin&oacute; la doctrina y jurisprudencia en Francia durante el siglo XIX y que se resume en una conocida cita de un presidente del Consejo de Estado franc&eacute;s, que transcribimos a continuaci&oacute;n: (Santamar&iacute;a, 1972, p.173): <i>Es una cuesti&oacute;n de principio el que los da&ntilde;os causados a los particulares por las medidas legislativas no determinen derecho alguno a indemnizaci&oacute;n. La Ley es, en efecto, un acto de soberan&iacute;a, y lo propio de la soberan&iacute;a es imponerse a todos sin que frente a ella pueda reclamarse ninguna compensaci&oacute;n </i>(Laferriere, 1986, p.13).</p>     <p>El aplomo brutal con que se formula el principio de irresponsabilidad -se&ntilde;ala nuevamente Santamar&iacute;a Pastor- refleja la estructura mental axiom&aacute;tica e intuitiva en sus autores. Para ellos, la Ley, voluntad colectiva del pueblo, no puede causar injusticia alguna, porque es ella misma la que decide lo que es justo y lo que no lo es; la Ley, voluntad general, no puede causar perjuicio a nadie, porque nadie se causar&iacute;a un mal a s&iacute; mismo. En su discurso subyace el sentimiento revolucionario de desconfianza hacia el estamento judicial y la asimilaci&oacute;n inconsciente de la irresponsabilidad por actos legislativos con la inviolabilidad de los representantes parlamentarios.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De similar impronta al anterior es el argumento que se basa en una supuesta plenitud de la soberan&iacute;a legislativa, el cual se sintetiza en la siguiente afirmaci&oacute;n de Michoud que data de 1895: <i>En nuestra organizaci&oacute;n constitucional, al menos, la cuesti&oacute;n de la responsabilit&eacute; pour faute no puede plantearse frente a los actos del poder legislativo. Es rigurosamente cierta la afirmaci&oacute;n de que el legislador no comete falta alguna en el sentido jur&iacute;dico del t&eacute;rmino, porque su derecho carece de l&iacute;mite constitucional o legal </i>(p. 54).</p>     <p><i>5. Argumentos l&oacute;gico-formales. </i>Corresponde a aquellos que a partir del uso de categor&iacute;as jur&iacute;dicas como premisa obtienen como conclusi&oacute;n empleando el m&eacute;todo deductivo la improcedencia de la Responsabilidad Patrimonial del Estado Legislador.</p>     <p>El argumento l&oacute;gico-formal m&aacute;s famoso se&ntilde;ala que si bien el Estado efectivamente podr&iacute;a causar da&ntilde;os por medio de la ley, aqu&eacute;llos no ser&iacute;an nunca contrarios a Derecho. En efecto, la responsabilidad del Estado -nos dice Bielsa- surge de la violaci&oacute;n de la ley. Cuando un particular viola la ley act&uacute;a de manera ilegal; cuando el Estado lo hace comete una arbitrariedad. Sin embargo, el legislador nunca puede obrar arbitrariamente, puede abolir la ley, derogarla o sancionar otra distinta. El legislador, a diferencia del juez y del administrador, no se ubica por debajo de la ley: sus funciones como poder son siempre legales. Citando a Ihering afirma que si la arbitrariedad es la violaci&oacute;n de la ley por parte del Estado, el legislador no puede nunca cometer arbitrariedad; sostener lo contrario ser&iacute;a decir que no tiene el derecho a cambiar las leyes existentes. Si de una ley se derivaran perjuicios -contin&uacute;a el autor argentino-, tal da&ntilde;o ser&iacute;a material, mas no jur&iacute;dico, por no proceder de violaci&oacute;n de ley. Tampoco de un monopolio estatal impuesto por ley podr&iacute;a derivarse responsabilidad para el Estado, ni aun asimil&aacute;ndolo al instituto de la expropiaci&oacute;n, pues sostiene que &eacute;ste implica la transmisi&oacute;n de la propiedad privada al dominio p&uacute;blico. Sin perjuicio de aquello, el Estado, por razones de equidad, podr&iacute;a disponer una indemnizaci&oacute;n para el afectado (Bielsa, 1938, p.538).</p>     <p><b>VI. REFLEXIONES FINALES: </b>DISTINGUIENDO LAS TEOR&Iacute;AS NEGATIVAS</p>     <p>Como se analiz&oacute;, las distintas teor&iacute;as negativas pueden ser subclasificadas empleando como criterio ordenador la naturaleza de sus argumentaciones. Esta distinci&oacute;n resulta &uacute;til, pues permite identificar y diferenciar las premisas en que se funda cada una de ellas, con objeto de evaluarlas en su efectividad o vigencia.</p>     <p>Respecto de los <i>argumentos pr&aacute;ctico-utilitarios </i>-recordemos aquel grupo de cr&iacute;ticas que se construye sobre la base de enfatizar los eventuales perjuicios que se seguir&iacute;an de la imposici&oacute;n del deber reparatorio por hechos da&ntilde;osos del legislador- es menester se&ntilde;alar que dicha clase de objeciones se tornan improcedentes si tenemos en cuenta la esencial vinculaci&oacute;n entre la Responsabilidad Patrimonial del Estado Legislador, los Derechos Fundamentales y el concepto de Dignidad Humana. En efecto, como ya se&ntilde;alamos, la figura en comento procede a partir de la intervenci&oacute;n estatal limitativa o ablatoria de Derechos Constitucionales. Luego, si aceptamos como ciertas la inviolabilidad, indisponibilidad e inderogabilidad de los Derechos Humanos normativamente reconocidos, ser&aacute; imperativo concluir que eventuales disminuciones de la hacienda p&uacute;blica no pueden ser obst&aacute;culo para el resarcimiento de los da&ntilde;os antijur&iacute;dicos irrogados por el legislador a las personas en sus derechos fundamentales. Si los Derechos Fundamentales son un &aacute;mbito de lo indecidible<a href="#12" name="s12"><sup>12</sup></a> o un coto vedado para todos los poderes p&uacute;blicos -incluso para el legislador-, no resulta l&oacute;gico obligar a las personas a soportar sobre tales derechos cargas y/o da&ntilde;os antijur&iacute;dicos -aunque hayan sido impuestos mediante una ley-bajo el pretexto que su resarcimiento resulta gravoso para el Estado. Si la insolvencia no extingue generalmente las obligaciones, ni menos impide su nacimiento, no se ve raz&oacute;n para que en este caso as&iacute; sea. Tampoco puede ser &oacute;bice el temible augurio de una petrificaci&oacute;n normativa. Primero, porque la constataci&oacute;n de una regulaci&oacute;n legal contraria a Derecho y da&ntilde;osa constituye una reacci&oacute;n &uacute;nicamente en contra de la norma en cuesti&oacute;n. De ninguna forma inhibe ni inhabilita al poder legislativo para que vuelva a producir una regulaci&oacute;n sobre la misma materia, esta vez, con un contenido no da&ntilde;oso y plenamente respetuoso del Derecho supralegal. Y segundo, puesto que en los estados de Derecho contempor&aacute;neos es el Estado y el sistema jur&iacute;dico los que est&aacute;n al servicio de la persona y su dignidad, no a la inversa.</p>     <p>En relaci&oacute;n con los <i>argumentos formalistas de Derecho positivo, </i>debemos se&ntilde;alar que su vigencia depender&aacute; de cada sistema jur&iacute;dico en particular. No obstante, la simple ausencia de normas expresas, expl&iacute;citas y espec&iacute;ficas que regulen con nombre y apellido la Responsabilidad Patrimonial del Estado por actos legislativos no equivale necesariamente a una negaci&oacute;n de ella. Basta, en este sentido, recordar la buena salud que gozan tanto en la doctrina como en la jurisprudencia (nacional y extranjera): la idea de los &quot;derechos impl&iacute;citos&quot;, la noci&oacute;n de normas adscriptas, los (controvertidos) efectos de la lectura &quot;principialista&quot; de las constituciones, la necesaria distinci&oacute;n entre norma y enunciado normativo y las m&uacute;ltiples teor&iacute;as no formalistas de interpretaci&oacute;n jur&iacute;dica y especialmente constitucional.</p>     <p>Los <i>argumentos de hecho, </i>por su parte, se desmoronan en cuanto la supuestamente esencial abstracci&oacute;n de la ley se contrasta con un sinn&uacute;mero de ejemplos cotidianos de leyes especiales o particulares. Nos referimos a lo que Liborio Hierro (1996) califica como una desenfrenada actividad legislativa que incluye &quot;leyes medida&quot; (de car&aacute;cter singular), leyes edicto (como las leyes de presupuesto), leyes programa (de car&aacute;cter tecnocr&aacute;tico), leyes de habilitaci&oacute;n del gobierno y leyes meramente ret&oacute;ricas (p. 294). En fin, basta con apreciar que hoy es un lugar com&uacute;n en la doctrina especializada en fuentes del Derecho aquello que ha dado en llamarse &quot;La crisis de la ley&quot;, fen&oacute;meno en cuya virtud la &quot;declaraci&oacute;n de la voluntad soberana&quot; ha perdido paulatinamente algunas de sus cualidades originarias, entre ellas, su generalidad.<a href="#13" name="s13"><sup>13</sup></a> Adem&aacute;s, sin perjuicio de lo anterior -como lo sugiere Friedrich (1975)-, la ley, como decisi&oacute;n general, se convierte en norma particular en el momento de su aplicaci&oacute;n en una decisi&oacute;n espec&iacute;fica respecto del sujeto normativo o destinatario (p. 367).</p>     <p>Las tres clases de argumentos ya revisados encuentran respuestas comunes para la defensa de ambos tipos del instituto reparatorio en estudio. Dicho de otra forma, una misma argumentaci&oacute;n es capaz de neutralizar las mencionadas objeciones tanto respecto de la responsabilidad por leyes declaradas inconstitucionales como por la que se reclama por leyes v&aacute;lidas y vigentes. Sin embargo, a partir de los dos grupos de cr&iacute;ticas siguientes aquella defensa com&uacute;n ya no es posible.</p>     <p>Los que hemos denominado <i>argumentos ideol&oacute;gicos y l&oacute;gicos-formales </i>se vinculan -especialmente- con uno de los elementos de la responsabilidad patrimonial del Estado Legislador: la antijuridicidad, sea del acto legislativo (declarado inconstitucional) o del da&ntilde;o ocasionado por una ley (no invalidada).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A diferencia del argumento de la supuesta abstracci&oacute;n de la ley, que niega la posibilidad de que &eacute;sta cause un da&ntilde;o, tanto el argumento <i>ideol&oacute;gico </i>como el <i>l&oacute;gico-formal </i>proponen que un eventual perjuicio ocasionado por la ley es conforme a Derecho. En relaci&oacute;n con esto &uacute;ltimo, ocurre que la fuente de la calificaci&oacute;n de antijuridicidad ser&aacute; necesariamente distinta si hay o no una previa declaraci&oacute;n de inconstitucionalidad de la norma legal. En el primer caso, la antijuridicidad ser&aacute; del hecho legislativo y tendr&aacute; su fundamento en la sentencia que declare la inconstitucionalidad de la ley. Ella despejar&aacute; completamente la presunci&oacute;n de constitucionalidad de la ley y permitir&aacute; establecer el eventual nexo causal entre el acto estatal antijur&iacute;dico (la promulgaci&oacute;n de la ley inconstitucional) y el da&ntilde;o causado al particular. En cambio, en el segundo caso, la antijuridicidad arrancar&aacute; -como lo ha se&ntilde;alado la doctrina- de principios como la igualdad ante las cargas p&uacute;blicas o la confianza leg&iacute;tima, configur&aacute;ndose hip&oacute;tesis de da&ntilde;os antijur&iacute;dicos y/o especiales causados por un acto legislativo no invalidado. Luego, sostener que la declaraci&oacute;n de inconstitucionalidad es un t&iacute;tulo de antijuridicidad requiere echar mano a ideas, fundamentos y argumentos distintos que cuando se quiere hacer lo mismo pero respecto de t&iacute;tulos como la igualdad ante las cargas p&uacute;blicas o la confianza leg&iacute;tima.</p>     <p>Por otra parte, es necesario tener presente que tanto los argumentos <i>ideol&oacute;gicos </i>como el <i>l&oacute;gico-formal </i>implican una determinada visi&oacute;n acerca de las teor&iacute;as pol&iacute;ticas, del Derecho y de la democracia. Su revisi&oacute;n requiere, por tanto, de mayor detenimiento. Empresa que esperamos desarrollar en futuros trabajos.</p> <hr>     <p><a href="#s1" name="1"><sup>1</sup></a> Sobre este tema v&eacute;ase tambi&eacute;n N&uacute;&ntilde;ez Leiva (2008 y 2010).</p>     <p><a href="#s2" name="2"><sup>2</sup></a> Prueba de aquello es que los sistemas en los que se reconoce la responsabilidad patrimonial del Estado Legislador siguen siendo la excepci&oacute;n y no la regla.</p>     <p><a href="#s3" name="3"><i><sup>3</sup></i></a><i> Grandes fallos de la jurisprudencia administrativa francesa </i>(p. 219).Bogot&aacute;: Ediciones librer&iacute;a del profesional, 2000.</p>     <p><a href="#s4" name="4"><sup>4</sup></a> Sentencias del Tribunal Constitucional 108/1986, de 26 de julio; 99/1987, de 11 de junio; 129/1987, de 16 de julio; 70/1988, de 19 de abril. El pasaje transcrito corresponde espec&iacute;ficamente a la STC 99/1987, Fundamento Jur&iacute;dico n&deg;6.</p>     <p><a href="#s5" name="5"><sup>5</sup></a> La sentencia que se pronunci&oacute; sobre la materia fue la de 8 de julio de 1989 y expres&oacute; que :</p>     <blockquote>       <p><i>la modificaci&oacute;n del sistema de incompatibilidades de los funcionarios, haciendo m&aacute;s estricta su vinculaci&oacute;n con la Administraci&oacute;n mediante la prohibici&oacute;n de simultanear el desempe&ntilde;o de dos o m&aacute;s puestos de trabajo de car&aacute;cter p&uacute;blico o uno p&uacute;blico y otro privado, no es ni constituye expropiaci&oacute;n alguna sin garant&iacute;a indemnizatoria, por la raz&oacute;n esencial de que los funcionarios, y en general, los empleados p&uacute;blicos no ostentan un derecho constitucional a mantener esas condiciones en que se desarrolla su funci&oacute;n al servicio de la Administraci&oacute;n en el mismo nivel de exigencia que tuvieron a su ingreso en la misma y, por consiguiente, ni existe un derecho patrimonial individual previo ni tampoco una expropiaci&oacute;n en cuanto privaci&oacute;n singular de derechos patrimoniales, por la mera modificaci&oacute;n de la legislaci&oacute;n sobre incompatibilidades en el seno de la funci&oacute;n p&uacute;blica, razones que determinan la desestimaci&oacute;n de la pretensi&oacute;n instada ante el hecho de que expectativas fundadas en la permanencia de un determinado status funcionarial se frustren al modificarse tal estatuto.</i></p> </blockquote>     <p><a href="#s6" name="6"><sup>6</sup></a> Se trata del conocido caso Pescanova.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s7" name="7"><sup>7</sup></a> Aunque recientemente se lo ha ligado tambi&eacute;n a la inactividad legislativa. Tal es el caso de la denominada inconstitucionalidad por omisi&oacute;n. Arista que por sus complejidades particulares y su diversa justificaci&oacute;n hemos excluido deliberadamente de este an&aacute;lisis.</p>     <p><a href="#s8" name="8"><sup>8</sup></a> &quot;La estructura normativa de los estados constitucionales de Derecho se caracteriza por la pertenencia de las normas vigentes a diversos planos (constitucional, legal, reglamentario, etc.) jer&aacute;rquicamente ordenados, cada uno de los cuales se configura como normativo respecto del inferior, y como f&aacute;ctico en relaci&oacute;n con el superior. Lo cual evidencia el sometimiento absoluto de toda fuente de producci&oacute;n normativa al nivel superior de normas, especialmente a la Constituci&oacute;n&quot; (Serrano, 1999, p. 59).</p>     <p><a href="#s9" name="9"><sup>9</sup></a> Formulan y/o reconocen esta distinci&oacute;n, entre otros: Garrido (1989), Checa (2004), Alonso (2002), Garc&iacute;a (2007), Suarez (1999).</p>     <p><a href="#s10" name="10"><sup>10</sup></a> V&eacute;ase m&aacute;s adelante la cr&iacute;tica de Eduardo Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a a las sentencias condenatorias basadas en el principio de confianza leg&iacute;tima.</p>     <p><a href="#s11" name="11"><sup>11</sup></a> En esta afirmaci&oacute;n subyace aquella distinci&oacute;n t&iacute;pica de la Teor&iacute;a del Derecho entre sistemas est&aacute;ticos y din&aacute;micos. Propone que la presencia preeminente de la costumbre en los sistemas jur&iacute;dicos antiguos, y su rechazo a la innovaci&oacute;n normativa, transformar&iacute;a dichos sistemas en absolutamente est&aacute;ticos.</p>     <p><a href="#s12" name="12"><sup>12</sup></a> Sobre el particular v&eacute;anse: Ferrajoli (1998) y Garz&oacute;n (2001).</p>     <p><a href="#s13" name="13"><sup>13</sup></a> Sin duda, en nuestro medio el estudio m&aacute;s serio y acabado publicado a hasta la fecha sobre la materia es el de Henr&iacute;quez (2009).</p> <hr>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>Alonso Garc&iacute;a, M. C. (2002). La reciente jurisprudencia sobre la responsabilidad patrimonial del Estado legislador frente a da&ntilde;os derivados de leyes inconstitucionales. <i>Revista de Administraci&oacute;n P&uacute;blica, 157, </i>enero-abril.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0121-8697201100010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bielsa, R. (1938). <i>Derecho Administrativo. </i>Buenos Aires: J. Lajoane.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-8697201100010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Caldera Delgado, H. (1982). <i>Sistema de responsabilidad extracontractual del Estado en la Constituci&oacute;n pol&iacute;tica de 1980. </i>Santiago: Editorial Jur&iacute;dica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0121-8697201100010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Chapus, R. (1990). <i>Droit Administratif general. </i>Par&iacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-8697201100010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Checa Gonz&aacute;lez, C. (2004). La responsabilidad patrimonial de la administraci&oacute;n p&uacute;blica con fundamento en la declaraci&oacute;n de inconstitucionalidad de una ley. <i>Revista lus et Praxis, </i>a&ntilde;o 10, n &deg; 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-8697201100010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>De Luis Lorenzo, J. F. (1989). Art&iacute;culo 24 de la Constituci&oacute;n y poder legislativo. Consideraciones sobre la responsabilidad de la Administraci&oacute;n del Estado por la actividad del poder legislativo. <i>Documentaci&oacute;n Jur&iacute;dica, </i>t. 16 (63). Madrid.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-8697201100010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ferrajoli, L. (1998). <i>Derecho y Raz&oacute;n. Teor&iacute;a del Garant&iacute;smo Penal. </i>Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-8697201100010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fix Fierro, M. C. (2007). La dignidad de la persona en Espa&ntilde;a y en M&eacute;xico. <i>Revista del Centro Nacional de Derechos Humanos, </i>n&deg;6. Instituto de Investigaciones Jur&iacute;dicas Universidad Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-8697201100010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Franco Rodr&iacute;guez, P. &amp; G&oacute;ngora Mera, E. (2001). La responsabilidad del Estado legislador en los eventos de sentencias moduladas. Tesis para optar al grado de licenciado en Ciencias Jur&iacute;dicas, Pontificia Universidad Javeriana de Bogot&aacute;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-8697201100010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Friedrich, C. (1975). <i>Gobierno Constitucional y Democracia. </i>Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-8697201100010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a, E. (2002). El principio de confianza leg&iacute;tima como supuesto t&iacute;tulo justificativo de la responsabilidad patrimonial del Estado legislador. <i>Revista de Administraci&oacute;n P&uacute;blica, 159, </i>septiembre-diciembre. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-8697201100010001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a, E. (2007). <i>La responsabilidad patrimonial del Estado legislador en el Derecho espa&ntilde;ol. </i>Madrid: Thomson - Civitas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-8697201100010001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a, E. &amp; Fern&aacute;ndez, T. <i>Curso de Derecho Administrativo, </i>t. II (12<sup>a</sup> ed., p. 415). Madrid: Thomson-Civitas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-8697201100010001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Garrido Falla, F. (1989). Sobre la responsabilidad del Estado Legislador. <i>Revista de Administraci&oacute;n P&uacute;blica, 118, </i>enero-abril. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-8697201100010001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Garz&oacute;n Valdez, E. (2001).Algo m&aacute;s acerca del Coto Vedado. <i>Doxa, 6. </i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-8697201100010001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez P&eacute;rez, J. (2004). <i>Responsabilidad patrimonial de las administraciones p&uacute;blicas. </i>Madrid: Thomson - Civitas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-8697201100010001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Henr&iacute;quez, M. (2009). <i>Las Fuentes Formales del Derecho. </i>Santiago de Chile: Legal Publishing. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-8697201100010001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hierro, L. (1996). El Imperio de la Ley y la Crisis de la Ley. <i>Doxa, 19. </i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-8697201100010001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jeze, G. (1907). <i>Revue de droit public, </i>t. xxiv.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-8697201100010001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jim&eacute;nez Lechuga, F. (1999). <i>La responsabilidad patrimonial de los poderes p&uacute;blicos en el Derecho Espa&ntilde;ol. </i>Madrid: Marcial Pons.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-8697201100010001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Laferriere, E. (1896). <i>Traite de la juridiction administrative el des recours contentieux, </i>t. II (2<sup>a</sup> ed.). Par&iacute;s : Berger-Levrault et Ci&eacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-8697201100010001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Michoud, L. (1895). La responsabilit&eacute; de l'&Eacute;tat &agrave; raison des fautes de ses agents. <i>Revue du droit public.</i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0121-8697201100010001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>N&uacute;&ntilde;ez Leiva, J. I. (2008). Ant&eacute;c&eacute;dentes de la Responsabilidad Patrimonial del Estado Legislador y su aplicaci&oacute;n al caso chileno. <i>Revista de Derecho de la Universidad Cat&oacute;lica de Uruguay, 3. </i>Montevideo (Uruguay).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-8697201100010001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>N&uacute;&ntilde;ez Leiva, J. I. (2009). Un an&aacute;lisis abstracto del Derecho Penal del Enemigo a partir del Constitucionalismo Garantista y Dignatario / An abstract analysis of Criminal Law of the Enemy from a Guarantor and Dignatary Constitutionalism approach. <i>Revista Pol&iacute;tica Criminal, 8.</i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-8697201100010001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>N&uacute;&ntilde;ez Leiva, J. I. (2010). La responsabilidad patrimonial del estado legislador: Un an&aacute;lisis a prop&oacute;sito de las garant&iacute;as del contribuyente en el sistema chileno. <i>Revista Estudios Constitucionales, 1</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-8697201100010001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Peces Barba, G. (2003). <i>La dignidad de la persona desde la filosof&iacute;a del derecho. </i>Madrid: Dykinson.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-8697201100010001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>P&eacute;rez Lu&ntilde;o, A. (1984). <i>Derechos humanos, Estado de Derecho y Constituci&oacute;n. </i>Madrid: Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-8697201100010001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Quintana L&oacute;pez, T. (1994). La Responsabilidad del Estado Legislador. <i>Revista de Administraci&oacute;n P&uacute;blica </i>(Espa&ntilde;a), 235, septiembre-diciembre. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-8697201100010001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ruiz Miguel, C. (1996). 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