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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La responsabilidad del contratista en el Código Penal: Especial referencia al contrato de obra pública]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Contractor's liability in the criminal code: Special reference to the public works contract]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article addresses the criminal responsibility of the contractor when it appropriates money given by a public authority in advance to execute a contract for services. It is possible to analyze whether the embezzlement charge, and under what conditions could be done in accordance with the doctrine and jurisprudence.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">      <br>    <p align="center"><font size="4"><b>La responsabilidad del contratista    <br> en el C&oacute;digo Penal. </b>Especial referencia    <br> al contrato de obra p&uacute;blica*</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>Contractor's liability in the criminal code.</b>    <br> Special reference to the public works contract</font></p>      <p>Jorge Arturo Abell&oacute; Gual**    <br> Instituci&oacute;n Universitaria Polit&eacute;cnico Grancolombiano (Colombia)</p>      <p>* Este art&iacute;culo es producto de investigaci&oacute;n, financiado por el Departamento de Investigaci&oacute;n de la Corporaci&oacute;n Universitaria La Republicana.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>** Abogado y especialista en Derecho Penal de la Universidad del Norte (Barranquilla); candidato a mag&iacute;ster de la Universidad de los Andes. <a href="mailto:georabello@hotmail.com">georabello@hotmail.com</a></p>      <p><i>Fecha de recepci&oacute;n: </i>10 de febrero de 2011    <br> <i>Fecha de aceptaci&oacute;n: </i>15 de abril de 2011</p>  <hr>      <p><b>Resumen</b></p>      <p><i>Este art&iacute;culo trata la responsabilidad penal del contratista cuando se apropia de dineros dados por una autoridad p&uacute;blica como anticipo para ejecutar un contrato de obra. En &eacute;l se analizar&aacute; si es posible imputar el peculado, y en qu&eacute; condiciones se podr&iacute;a hacer de acuerdo con la doctrina y la jurisprudencia.</i></p>      <p><b>Palabras clave: </b>La responsabilidad penal, contrato de trabajo, la responsabilidad penal del contratista, malversaci&oacute;n de fondos.</p>  <hr>      <p><b>Abstract</b></p>      <p><i>This article addresses the criminal responsibility of the contractor when it appropriates money given by a public authority in advance to execute a contract for services. It is possible to analyze whether the embezzlement charge, and under what conditions could be done in accordance with the doctrine and jurisprudence.</i></p>      <p><b>Keywords: </b>Criminal responsibility, work contract, criminal liability of the contractor, embezzlement.</p>  <hr>  <font size="3">     <br>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>1.&nbsp;DESCRIPCI&Oacute;N DEL PROBLEMA Y METODOLOG&Iacute;A</b></p></font>      <p>De acuerdo con la legislaci&oacute;n penal vigente, existe una controversia sobre la responsabilidad penal del contratista cuando este se apropia de los dineros entregados por el Estado para ejecutar el contrato en calidad de anticipo. Esta controversia se plantea a partir de los art&iacute;culos 20, 249, 250 y 397 del C&oacute;digo Penal y el art&iacute;culo 56 de la Ley 80 de 1993, en los cuales se regulan, por un lado, el concepto de servidor p&uacute;blico y, por otro, las conductas punibles de peculado por apropiaci&oacute;n y abuso de confianza calificado. De acuerdo con los art&iacute;culos 20 del C.P. y 56 de la Ley 80 de 1993, son &quot;servidores p&uacute;blicos&quot; los particulares que ejerzan funci&oacute;n p&uacute;blica de forma temporal o permanente; y en los casos de celebraci&oacute;n, ejecuci&oacute;n y liquidaci&oacute;n de contratos estatales, se entiende como servidores p&uacute;blicos el contratista, el interventor, el consultor y el asesor. Aun as&iacute; queda pendiente por definir (y ello no lo establece el texto legal) si el contratista que ejecuta una obra p&uacute;blica financiada por el Estado adquiere la calidad de servidor p&uacute;blico por asimilaci&oacute;n o no, pues de ello depende si su responsabilidad penal se enmarca en el delito de peculado (art. 397 C.P.) o, por el contrario, queda enmarcada en el delito de abuso de confianza calificado (art. 249-250 C.P.).</p>      <p>Para lograr plantear una posible soluci&oacute;n a la anterior problem&aacute;tica, en este trabajo se hace un estudio sobre los pronunciamientos de la Corte Suprema de Justicia y sobre el Consejo de Estado para establecer el estado del arte del problema en la jurisprudencia; luego se pasa a estudiar los pronunciamientos de la doctrina, y por &uacute;ltimo se toma postura sobre todos los planteamientos, para establecer si los criterios esbozados por la jurisprudencia y la doctrina permiten concluir que el contratista de una obra p&uacute;blica que se apropia de los dineros que le son dados en calidad de anticipo comete o no peculado por apropiaci&oacute;n.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>2.&nbsp;LA RESPONSABILIDAD DEL CONTRATISTA DE OBRA EN LA JURISPRUDENCIA COLOMBIANA</b></p></font>  <font size="3">     <p><b>2.1. La posici&oacute;n de la Corte Suprema de Justicia Sala Penal</b></p></font>      <p>Uno de los temas sobre los cuales se ha ocupado la jurisprudencia colombiana, en el caso de la responsabilidad penal del contratista de obra p&uacute;blica, es la p&eacute;rdida o apropiaci&oacute;n de los recursos dados al contratista en calidad de anticipo (art&iacute;culo 40 Ley 80 de 1993). Los anticipos son recursos entregados por la Administraci&oacute;n al contratista antes de culminar la obra, y deben ser destinados para la ejecuci&oacute;n de la misma. Sobre el anticipo, la Corte Suprema de Justicia Sala Penal en Sentencia del 27 de abril de 2005 determin&oacute; su naturaleza jur&iacute;dica de la siguiente manera:</p>      <blockquote>     <p>&#91;...&#93; entiende que el anticipo es entregado al contratista con la finalidad espec&iacute;ficamente se&ntilde;alada en el contrato correspondiente, sin que le sea permitido una destinaci&oacute;n diferente. Son tan reales las limitaciones que el contratista tiene sobre el manejo del anticipo, que es jur&iacute;dicamente imposible que lo maneje como si fuera su se&ntilde;or y due&ntilde;o. Por el contrario, debe emplear una cuenta corriente especial para su manejo, que permita su auditor&iacute;a. Ha de constituir una p&oacute;liza que garantice no solo la seriedad de su propuestas sino tambi&eacute;n su correcto manejo, inclusive, es factible pactar que se entregue de manera fraccionada, de tal manera que s&oacute;lo con la legalizaci&oacute;n de cuentas sobre el empleo de las primeras cuotas es permitido liberar las siguientes, que integren el valor total del anticipo, todo ello bajo cl&aacute;usulas de caducidad que conducen a cancelar administrativamente el contrato, permiti&eacute;ndose la efectividad de las garant&iacute;as prestadas si no se da buena cuenta sobre su manejo o se deja de gestionar su pago dentro de los t&eacute;rminos estipulados. Desde luego, un dinero que se entrega como anticipo con tantas condiciones, no convierte al contratista ni en due&ntilde;o o condue&ntilde;o, sino en un mero tenedor del mismo.</p> </blockquote>      <p>En consecuencia, se entiende que el anticipo sigue perteneciendo a la entidad p&uacute;blica contratante (Corte Suprema de Justicia Sala Penal, Sentencia del 22 de julio de 2002), y en virtud de ello, el apoderamiento de esos recursos implica la apropiaci&oacute;n de dineros del Estado, y no la apropiaci&oacute;n de recursos del contratista. Con esta claridad, es posible la configuraci&oacute;n de un peculado por apropiaci&oacute;n, sin embargo, se hace necesario establecer si el contratista tiene la calidad de servidor p&uacute;blico para que se le pueda imputar esta conducta, pues de lo contrario tendr&iacute;amos que acudir al abuso de confianza calificado.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En primer t&eacute;rmino, la Corte Constitucional en la Sentencia C-563 del 7 de octubre de 1998 se ocup&oacute; del tema estableciendo, por un lado, que un contrato estatal no le hace perder al contratista su calidad de particular, pues lo que interesa no es el v&iacute;nculo jur&iacute;dico que surge con el Estado a trav&eacute;s del contrato, sino la naturaleza de la funci&oacute;n transferida a trav&eacute;s del contrato; en consecuencia, solo puede ser servidor p&uacute;blico aquel a quien a trav&eacute;s de contrato p&uacute;blico se le transfiera una funci&oacute;n p&uacute;blica; y por otro, que un contrato de obra no implica una funci&oacute;n p&uacute;blica, pues se trata de &quot;una actividad o prestaci&oacute;n de inter&eacute;s o utilidad p&uacute;blica&quot; dirigida a realizar los cometidos p&uacute;blicos de la entidad contratante. La sentencia antes citada expresa lo siguiente:</p>      <blockquote>     <p>Los contratistas, como sujetos particulares, no pierden su calidad de tales porque su vinculaci&oacute;n jur&iacute;dica a la entidad estatal no les confiere una investidura p&uacute;blica, pues si bien por el contrato reciben el encargo de realizar una actividad o prestaci&oacute;n de inter&eacute;s o utilidad p&uacute;blica, con autonom&iacute;a y cierta libertad operativa frente al organismo contratante, ello no conlleva de suyo el ejercicio de una funci&oacute;n p&uacute;blica. Lo anterior es evidente si se observa que el prop&oacute;sito de la entidad estatal no es el de transferir funciones p&uacute;blicas a los contratistas, las cuales conserva, sino la de conseguir la ejecuci&oacute;n pr&aacute;ctica del objeto contractual, en aras de realizar materialmente los cometidos p&uacute;blicos a ella asignados. Por lo tanto, por ejemplo, en el contrato de obra p&uacute;blica el contratista no es receptor de una funci&oacute;n p&uacute;blica, su labor, que es estrictamente material y no jur&iacute;dica, se reduce a construir o reparar la obra p&uacute;blica que requiere el ente estatal para alcanzar los fines que le son propios. Lo mismo puede predicarse, por regla general, cuando se trata de la realizaci&oacute;n de otros objetos contractuales (suministro de bienes y servicios, compraventa de bienes muebles, etc.). En las circunstancias descritas, el contratista se constituye en un colaborador o instrumento de la entidad estatal para la realizaci&oacute;n de actividades o prestaciones que interesan a los fines p&uacute;blicos, pero no de un delegatario o depositario de sus funciones. Sin embargo, conviene advertir que el contrato excepcionalmente puede constituir una forma, autorizada por la ley, de atribuir funciones p&uacute;blicas a un particular; ello acontece cuando la labor del contratista no se traduce y se agota con la simple ejecuci&oacute;n material de una labor o prestaci&oacute;n espec&iacute;ficas, sino en el desarrollo de cometidos estatales que comportan la asunci&oacute;n de prerrogativas propias del poder p&uacute;blico, como ocurre en los casos en que adquiere el car&aacute;cter de concesionario, o administrador delegado o se le encomienda la prestaci&oacute;n de un servicio p&uacute;blico a cargo del Estado, o el recaudo de caudales o el manejo de bienes p&uacute;blicos, etc.</p> </blockquote>      <p>En otro fallo la Corte Constitucional (C-286-1996) afirm&oacute; lo siguiente:</p>      <blockquote>     <p>A la luz del conjunto de principios y preceptos constitucionales, el particular que se halla en cualquiera de las situaciones en las que el orden jur&iacute;dico lo faculta para cumplir papeles que en principio corresponden a organismos y funcionarios estatales no puede ser mirado de modo absoluto bajo la &oacute;ptica de una responsabilidad igual a la de los dem&aacute;s particulares, circunscrita apenas a su condici&oacute;n privada, ya que por raz&oacute;n de la tarea que efectivamente desarrolla en la medida de &eacute;sta y en cuanto toca con el inter&eacute;s colectivo, es p&uacute;blicamente responsable por su actividad, sin que llegue por eso a convertirse en servidor del Estado desde el punto de vista subjetivo.</p> </blockquote>      <p>Por otra parte, la Corte Suprema de Justicia tambi&eacute;n ha analizado el tema de la responsabilidad penal del contratista en un contrato de obra p&uacute;blica. En la Sentencia del 9 de mayo de 2007 reiter&oacute; los criterios de la Corte Constitucional, entendiendo que el contratista no pierde su calidad de particular al suscribir un contrato con el Estado, pues lo que interesa es la naturaleza de la funci&oacute;n asignada y no la vinculaci&oacute;n con un ente p&uacute;blico. En virtud de ello, se entender&aacute; como un servidor p&uacute;blico el contratista que en virtud del contrato suscrito por el Estado ejerza una funci&oacute;n p&uacute;blica.</p>      <p>Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia en la sentencia citada se apart&oacute; del concepto expuesto por la Corte Constitucional al considerar que en el contrato de obra no era posible afirmar de forma absoluta que el contratista responde siempre como un particular, pues tambi&eacute;n se hace necesario analizar, en cada caso en concreto, la naturaleza y las funciones de la entidad contratante, porque es posible que a trav&eacute;s del contrato de obra se est&eacute; transfiriendo la funci&oacute;n p&uacute;blica que ejerce el ente contratante, como, por ejemplo, el Ministerio de Transporte:</p>      <blockquote>     <p>Por manera que en cada caso se deber&aacute; analizar la naturaleza de la funci&oacute;n asignada, para que siempre que sea p&uacute;blica se predique la responsabilidad penal del contratista como si fuera servidor estatal, mayor an&aacute;lisis que se debe exigir tambi&eacute;n cuando se trata del contrato de obra p&uacute;blica, pues no es dable generalizar y hacer tabla rasa en el sentido de que por ser una labor netamente material no se le trasfieren funciones p&uacute;blicas al particular, porque tambi&eacute;n ser&aacute; necesario estudiar el &oacute;rgano o entidad contratante a fin de precisar si como en este caso, sus funciones tiene la ejecuci&oacute;n de la obra p&uacute;blica.</p> </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la sentencia en comento se estaba juzgando la responsabilidad penal de un contratista que celebr&oacute; un contrato de obra con el Ministerio de Transporte para la construcci&oacute;n de un muelle fluvial en el r&iacute;o Meta, y la Corte Suprema de Justicia estableci&oacute; lo siguiente:</p>      <blockquote>     <p>&#91;...&#93; el particular se asimila al servidor p&uacute;blico no por su nexo con el Estado, sino por la naturaleza jur&iacute;dica de la funci&oacute;n encomendada, si se entiende la funci&oacute;n p&uacute;blica como el conjunto de actividades desarrolladas por el Estado a trav&eacute;s de los &oacute;rganos de las ramas del poder p&uacute;blico, de los &oacute;rganos aut&oacute;nomos e independientes y dem&aacute;s entidades o agencias p&uacute;blicas, en orden a alcanzar sus diferentes fines, era claro que en este caso le fue atribuida al contratista una funci&oacute;n p&uacute;blica inherente al Ministerio de Transporte, como &oacute;rgano encargado de la infraestructura vial, que no es cosa distinta a la construcci&oacute;n y mantenimiento de las redes de transporte, entre las que se encuentra las redes fluviales precisamente en relaci&oacute;n con la construcci&oacute;n del muelle en el r&iacute;o Meta que fuera contratado. Consecuentemente, si la funci&oacute;n inherente al Ministerio de Transporte &#91;...&#93; es la de fijar la pol&iacute;tica, planes y programas en materia de transporte, pero principalmente, construir y conservar la infraestructura vial, no queda duda alguna que en este caso el contratista adquiri&oacute; las facultadas propias del poder p&uacute;blico, y por ello estaba sujeto a la responsabilidad predicada para los servidores p&uacute;blicos.</p> </blockquote>      <p>En esta sentencia, la Corte Suprema de Justicia Sala Penal desestim&oacute; la aplicaci&oacute;n del abuso de confianza calificado al considerar que al contratista se le hab&iacute;a delegado una funci&oacute;n p&uacute;blica (a trav&eacute;s del contrato), y en virtud de ello, la apropiaci&oacute;n de dineros del Estado, m&aacute;s la calidad de servidor p&uacute;blico por asimilaci&oacute;n legal, configuraba un peculado por apropiaci&oacute;n:</p>      <blockquote>     <p>Es cierto que en el abuso de confianza la acci&oacute;n de apropiaci&oacute;n recae sobre bienes que han entrado a la &oacute;rbita de tenencia del sujeto por un t&iacute;tulo precario o no traslaticio de dominio, por ello implica, en consecuencia, la necesaria entrega de la cosa mueble por parte del titular al agente, saliendo as&iacute; el bien de manera voluntaria de su esfera de custodia y vigilancia, sin embargo, no se debe desatender que, como ya se anot&oacute;, la clase de labor desempe&ntilde;ada ubica al contratista como particular que cumpl&iacute;a transitoriamente funciones p&uacute;blicas, adem&aacute;s, la entrega de esos dineros encaminados a cumplir el plan previsto para el anticipo, no los hac&iacute;a perder su car&aacute;cter de dineros p&uacute;blicos, pues lo conservaban hasta el momento de su amortizaci&oacute;n mediante la ejecuci&oacute;n de las obras contratadas.</p>      <p>&#91;...&#93; Sin embargo, para acceder a la petici&oacute;n de la Delegada s&oacute;lo ser&iacute;a posible en el evento de considerar que &#91;...&#93; es un simple particular y predicar de all&iacute; que el apropiarse de los dineros que correspond&iacute;an a la adici&oacute;n del anticipo vulner&oacute; el inter&eacute;s jur&iacute;dico del patrimonio econ&oacute;mico espec&iacute;ficamente por recaer la acci&oacute;n sobre bienes estatales, porque tanto aquel comportamiento de peculado por extensi&oacute;n como el nuevo de abuso de confianza calificado no requieren para su estructuraci&oacute;n sujeto activo calificado.</p>      <p>Pero como aqu&iacute; el contratista en su condici&oacute;n de particular cumpl&iacute;a transitoriamente funciones p&uacute;blicas, deber&aacute; responder por el punible de peculado por apropiaci&oacute;n al haberse apoderado de los dineros que correspond&iacute;an a la adici&oacute;n del anticipo del contrato.</p> </blockquote>      <p>Sobre esta decisi&oacute;n, que sin lugar a dudas produce un cambio sustancial en la configuraci&oacute;n t&iacute;pica de la conducta del contratista que se apropie de los dineros dados por el ente contratante en calidad de anticipo, se produjo un salvamento de voto de uno de los magistrados de la Sala Penal, el Dr. Mauricio Solarte Portilla, quien consider&oacute; que en el caso estudiado el delito que debi&oacute; imputarse es el abuso de confianza calificado y no peculado por apropiaci&oacute;n, por las siguientes razones:</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&#91;...&#93; la jurisprudencia ha comenzado a decantar el punto, es decir, si los contratistas, como sujetos particulares, pierden su calidad de tal por raz&oacute;n de su vinculaci&oacute;n jur&iacute;dica contractual con la entidad estatal.</p>      <p>Frente a ello es indispensable destacar que para llegar a dicha conclusi&oacute;n se hace necesario establecer, en cada evento, si las funciones que debe prestar el particular por raz&oacute;n del acuerdo o de la contrataci&oacute;n consisten en desarrollar funciones p&uacute;blicas o simplemente se limitan a realizar un acto material en el cual no se involucra la funci&oacute;n p&uacute;blica propia del Estado, pues esa situaci&oacute;n define su calidad de servidor p&uacute;blico a partir del momento que suscriba el convenio. Por ello, si el objeto del contrato administrativo no tiene como finalidad transferir funciones p&uacute;blicas al contratista, sino la de conseguir la ejecuci&oacute;n pr&aacute;ctica del objeto contractual, con el fin de realizar materialmente los cometidos propios del contrato, necesario es concluir que la investidura de servidor p&uacute;blico no cobija al particular.</p>      <p>En otras palabras, en este evento, se repite, el contratista se constituye en un colaborador de la entidad estatal con la que celebra el contrato administrativo para la realizaci&oacute;n de actividades que propenden por la utilidad p&uacute;blica, pero no en la calidad de delegatario o depositario de sus funciones. Contrario ser&iacute;a cuando por virtud del contrato, el particular adquiere el car&aacute;cter de concesionario, administrador delegado o se le encomienda la prestaci&oacute;n de un servicio p&uacute;blico a cargo del Estado, el recaudo de caudales o el manejo de bienes p&uacute;blicos, actividades &eacute;stas que necesariamente llevan al traslado de la funci&oacute;n p&uacute;blica y, por lo mismo, el particular adquiere, transitoria o permanentemente, seg&uacute;n el caso, la calidad de servidor p&uacute;blico.</p> </blockquote>      <p>Igualmente, destac&oacute; el magistrado disidente que la Corte hab&iacute;a desconocido otros fallos, como el del 13 de marzo de 2006 (radicaci&oacute;n 24833; tambi&eacute;n en la Sentencia del 13 de julio de 2005, radicaci&oacute;n 19695; Sentencia del 27 de abril de 2005, radicaci&oacute;n 19562), en el cual se hab&iacute;a establecido claramente que</p>      <blockquote>     <p>el Contratista conservaba su condici&oacute;n de particular, a menos que a trav&eacute;s del contrato se transfieran funciones p&uacute;blicas.</p> </blockquote>      <p>De esta manera, se puede mostrar como contradictoria la decisi&oacute;n adoptada por la Corte Suprema de Justicia Sala Penal en la providencia del 9 de mayo de 2007, pues no est&aacute; acorde con el pronunciamiento de la Corte Constitucional en la Sentencia C-563 de 1998, ni con otros pronunciamientos anteriores de la misma Corte Suprema antes citados, en los que la ejecuci&oacute;n de obras de utilidad p&uacute;blica no es considerada como ejercicio de la funci&oacute;n p&uacute;blica. Adem&aacute;s, el criterio sentado en la Sentencia del 9 de mayo de 2007 ampl&iacute;a el espectro punitivo del peculado al contrato de obra en los casos en que la entidad contratante tenga como funci&oacute;n p&uacute;blica encargada la ejecuci&oacute;n de obras. Tal efecto parece evidentemente excesivo, dado que la Naci&oacute;n, los departamentos, los municipios y otros entes p&uacute;blicos tienen entre sus funciones la ejecuci&oacute;n de obras p&uacute;blicas, y al momento de contratarlas con particulares, les trasmitir&iacute;an la condici&oacute;n de servidores p&uacute;blicos a los contratistas.</p>      <p>Por otra parte, no se comparte la conclusi&oacute;n a que llega la Corte Suprema de Justicia en la Sentencia del 27 de abril de 2005 cuando manifiesta que las restricciones a que se encuentra sometida la administraci&oacute;n del anticipo, por parte del contratista, desvirt&uacute;a el derecho de dominio que puede ejercer este sobre el anticipo; esta conclusi&oacute;n no parece estar acorde con los conceptos tradicionales de la propiedad, la cual, a pesar de padecer limitaciones como la hipoteca, el usufructo, la prenda, etc., no le hace perder el derecho a su titular. De esta manera, el contratista puede tener limitaciones en la administraci&oacute;n del anticipo, pero ello no implica que no sea propietario de estos recursos. Adicionalmente, debe aceptarse que parte de estos recursos dados en anticipo tambi&eacute;n corresponden a las ganancias que va a recibir el contratista por la ejecuci&oacute;n de la obra; no reconocer este hecho evidente coloca al contratista en una situaci&oacute;n desventajosa cuando se le conmina a recibir sus ganancias al finalizar la obra.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>2.2. La posici&oacute;n del Consejo de Estado</b></p></font>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el caso del Consejo de Estado, el tema no se ha abordado desde la perspectiva de la responsabilidad penal, pero los pronunciamientos que ha realizado sobre la naturaleza jur&iacute;dica del anticipo y del pago anticipado han venido siendo utilizados por la doctrina penal y las autoridades administrativas. La sentencia m&aacute;s recurrente en esta materia es la expedida por la Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado, Secci&oacute;n Tercera, Sentencia 13436, del 22 de junio de 2001, en la que expres&oacute; lo siguiente:</p>      <blockquote>     <p>&#91;...&#93; La diferencia que la doctrina encuentra entre anticipo y pago anticipado, consiste en que el primero corresponde al primer pago de los contratos de ejecuci&oacute;n sucesiva que habr&aacute; de destinarse al cubrimiento de los costos iniciales, mientras que el segundo es la retribuci&oacute;n parcial que el contratista recibe en los contratos de ejecuci&oacute;n instant&aacute;nea. Lo m&aacute;s importante es que los valores que el contratista recibe como anticipo, los va amortizando en la proporci&oacute;n que vaya ejecutando el contrato, de ah&iacute; que se diga que los recibi&oacute; en calidad de pr&eacute;stamo; en cambio, en el pago anticipado no hay reintegro del mismo porque el contratista es due&ntilde;o de la suma que le ha sido entregada.</p>      <p>Esto significa que las sumas entregadas como anticipo son de la entidad p&uacute;blica, y esa es la raz&oacute;n por la cual se solicita al contratista que garantice su inversi&oacute;n y manejo y se amortice con los pagos posteriores que se facturen durante la ejecuci&oacute;n del contralor.</p> </blockquote>      <p>En igual sentido, en la decisi&oacute;n del Consejo de Estado, Sala Tercera, Sentencia del 22 de junio de 2001, el alto Tribunal describe la pr&aacute;ctica del anticipo:</p>      <blockquote>     <p>En la pr&aacute;ctica contractual administrativa con fundamento en la ley, lo usual es que la entidad p&uacute;blica contratante le entregue al contratista un porcentaje del valor del contrato, a t&iacute;tulo de anticipo, el cual habr&aacute; de destinarse al cubrimiento de los costos iniciales en que debe incurrir el contratista para la iniciaci&oacute;n de la ejecuci&oacute;n del objeto contratado. De ah&iacute; que se sostenga que es la forma de facilitarle al contratista la financiaci&oacute;n de los bienes, servicios u obras que se le han encargado con ocasi&oacute;n de la celebraci&oacute;n del contrato. Se convierte as&iacute; este pago en un factor econ&oacute;mico determinante para impulsar la ejecuci&oacute;n del contrato.</p> </blockquote>      <p>La tesis planteada por el Consejo de Estado sobre el anticipo tambi&eacute;n es susceptible de cr&iacute;ticas; por ejemplo, no es posible que el anticipo que corresponde a parte del valor del contrato sea un pr&eacute;stamo que el Estado concede al contratista para que inicie la obra. En el derecho privado se acostumbra que el contratante d&eacute; un anticipo al contratista (incluso como condici&oacute;n para iniciar el contrato) para la ejecuci&oacute;n de la obra o servicio, y este hace parte del pago o remuneraci&oacute;n que el contratante debe al contratista, por tanto, una vez entregado el anticipo al contratista, este se convierte en se&ntilde;or y due&ntilde;o de esos recursos, y la p&eacute;rdida de los mismos la asume el contratista. Por todo lo anterior, la tesis del Consejo de Estado agrede el concepto de pago que se maneja en el derecho privado, porque el pago puede darse en cualquier tipo de contrato, de forma pura y simple, o a plazos, y el hecho de que el pago se haga a plazos no denota un pr&eacute;stamo, como lo afirm&oacute; el Consejo de Estado, sino una condici&oacute;n resolutoria del contrato.</p>      <p>Otra cr&iacute;tica a la tesis del Consejo de Estado hace referencia a que un pr&eacute;stamo o mutuo es un t&iacute;tulo traslaticio de dominio. El profesor Bonivento (2004) afirma que &quot;cuando el prestador entrega la cosa, habiendo la capacidad de tradir, se transmite el dominio. Hay un desprendimiento de la propiedad. Hay disposici&oacute;n plena. El prestatario se hace due&ntilde;o de la cosa. Su obligaci&oacute;n es devolver igual g&eacute;nero y calidad&quot; (p. 659). Por lo anterior, no puede entenderse, como lo afirma el Consejo de Estado, que estos recursos nunca entran en el patrimonio del contratista y conservan su car&aacute;cter de p&uacute;blicos, porque el anticipo es un pr&eacute;stamo que la entidad contratante hace al contratista para la ejecuci&oacute;n de la obra. Al afirmar que la entidad contratante le presta unos recursos al contratista para el comienzo de la obra se est&aacute; afirmando el traslado de dominio al contratista.</p>  <font size="3">     <br>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>3. POSICI&Oacute;N DE LA DOCTRINA</b></p></font>      <p>En la doctrina colombiana, los profesores G&oacute;mez M&eacute;ndez y G&oacute;mez Pavajeau (2008, pp. 102-104) afirman que desde 1995 se cre&oacute; la figura de la &quot;autor&iacute;a por extensi&oacute;n&quot;, en la cual se entiende que los particulares que administran recursos p&uacute;blicos realizan, en t&eacute;rminos materiales, funciones p&uacute;blicas. En virtud de ello, no debe entenderse que el contratista que ejecuta una obra p&uacute;blica ejerce una simple labor material, porque respecto del dinero que recibe ejerce una verdadera administraci&oacute;n, que es uno de los verbos del peculado.</p>      <p>Adem&aacute;s, consideran los autores citados que los contratistas ejercen sobre los recursos entregados en calidad de anticipo una funci&oacute;n p&uacute;blica, y ello se encuentra establecido en el art&iacute;culo 53 de la Ley 734 de 2002 cuando determina que quienes administren recursos p&uacute;blicos cumplen funciones p&uacute;blicas, y como tal son servidores p&uacute;blicos por asimilaci&oacute;n en los t&eacute;rminos del art&iacute;culo 20 del C&oacute;digo Penal (p. 104).</p>      <p>El profesor Sanguino (2010, pp. 477-479; 2009, pp. 47-49) plantea que mientras que el contrato no transfiera una funci&oacute;n p&uacute;blica no puede afirmarse que el contratista se pueda asimilar a un servidor p&uacute;blico, sigue siendo particular y no se le podr&iacute;a imputar el delito de peculado.</p>      <blockquote>     <p>El contratista se constituye en un colaborador de la entidad estatal con la que celebra el contrato administrativo para la realizaci&oacute;n de actividades que propenden por la utilidad p&uacute;blica, pero no en calidad de delegatario o depositario de sus funciones. Contrario ser&iacute;a cuando por virtud del contrato, el particular adquiere el car&aacute;cter de concesionario, administrador delegado o se le encomienda la prestaci&oacute;n de un servicio p&uacute;blico a cargo del Estado, el recaudo de caudales o el manejo de bienes p&uacute;blicos, actividades &eacute;stas que necesariamente llevan al traslado de la funci&oacute;n p&uacute;blica y, por lo mismo, el particular adquiere, transitoriamente o permanente, seg&uacute;n el caso, la calidad de servidor p&uacute;blico (Sanguino, 2009, p. 48).</p> </blockquote>      <p>El autor citado acoge la postura de la Corte Constitucional, pero advierte de los efectos del pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia Sala Penal, en el fallo del 9 de mayo de 2007, al asimilar al contratista con el servidor p&uacute;blico partiendo de la naturaleza de la entidad contratante, y cita el salvamento de voto, pero no cuestiona la decisi&oacute;n (Sanguino, 2009, pp. 49-56).</p>      <p>Por otro lado, el profesor Jos&eacute; Antonio Causa (2004), asumiendo la postura del Consejo de Estado (expediente 13436, Sentencia del 22 de junio de 2001), considera que el anticipo son recursos que el Estado le entrega al contratista en calidad de pr&eacute;stamo con una destinaci&oacute;n espec&iacute;fica: la ejecuci&oacute;n de la obra (p. 100). De esta forma, el contratista ser&iacute;a un administrador de dineros p&uacute;blicos y responder&iacute;a como autor de peculado en caso de que se le d&eacute; una destinaci&oacute;n diferente de la establecida o se haga un uso indebido de los mismos (Causa, 2004, pp. 100-101). El autor citado asume, a partir del art&iacute;culo 56 de la Ley 80 de 1993, que el contratista, para todos los efectos del contrato, ejerce funci&oacute;n p&uacute;blica, y por tanto, a pesar de ser un particular, la ley le otorga la calidad de servidor p&uacute;blico a trav&eacute;s de una ficci&oacute;n legal, que tiene fundamento en el hecho de que al contratista le toca asumir la funci&oacute;n de administrar dineros p&uacute;blicos por ser una funci&oacute;n accesoria a la ejecuci&oacute;n del contrato, y por consiguiente deber&aacute; rendir cuentas al ente contratante de la administraci&oacute;n de estos recursos (Causa, 2004, pp. 101-102).</p>      <p>El profesor Marco Antonio Fonseca (2000) plantea que siempre que el contratista ejerza una funci&oacute;n p&uacute;blica o una funci&oacute;n administrativa que deba ejecutar por cuenta de la administraci&oacute;n tendr&aacute; la responsabilidad de un funcionario p&uacute;blico, por lo tanto podr&aacute; cometer peculado cuando se apropie de bienes del Estado (pp. 23-24).</p>      <p>A pesar de todas estas posturas, existe una problem&aacute;tica mayor por resolver, y no se deriva de las posiciones de los autores antes citados, porque todos parecen hablar del contratista como persona natural, pero no tienen en cuenta que los contratistas por regla general son personas jur&iacute;dicas, o varias personas jur&iacute;dicas agrupadas en consorcios y uniones temporales, y se entiende entonces que son las empresas las que contratan y las que reciben la obligaci&oacute;n de ejercer la funci&oacute;n p&uacute;blica y no la persona natural que act&uacute;a por ella (Abell&oacute;, 2010a y 2010b).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por lo anterior, para imputar a las personas naturales que conforman a la persona jur&iacute;dica se hace necesario acudir a la figura del actuar por otro (inc. 3&deg; art. 29 C.P.), en la que al representante de la persona jur&iacute;dica se le trasfieren las calidades del representado (Bacigalupo, 2005; Berruezo, 2007; Faraldo, 1996; Garc&iacute;a, 2007; Gonz&aacute;lez, 2004; Mart&iacute;nez, 2004; Vel&aacute;squez, 2010; Ferre et al., 2010; Abell&oacute;, 2010c), es decir, que al considerar a la persona jur&iacute;dica como un servidor p&uacute;blico (por ejercer una funci&oacute;n p&uacute;blica, como es la de administrar recursos del Estado) a trav&eacute;s del actuar por otro se le transfiere dicha condici&oacute;n a su representante legal, y por ello, este podr&iacute;a responder por peculado si el representante realiza actuaciones tendientes a apropiarse de los recursos p&uacute;blicos que administra.</p>      <p>En la anterior hip&oacute;tesis tambi&eacute;n es posible plantear otra f&oacute;rmula de imputaci&oacute;n, como lo ser&iacute;a el abuso de confianza calificado, por las siguientes razones: 1) El abuso de confianza calificado castiga con pena de prisi&oacute;n a quien se apropie de bienes muebles sobre los cuales ostente t&iacute;tulo no traslaticio de dominio, abusando de funciones discernidas, reconocidas o confiadas por autoridad p&uacute;blica, o sobre bienes pertenecientes a empresas o instituciones en que el Estado tenga la totalidad o la mayor parte, o recibidos a cualquier t&iacute;tulo de este; de esta manera, se entiende que quien ejerce la funci&oacute;n p&uacute;blica es la persona jur&iacute;dica, y no la persona natural, quien abusar&iacute;a de las funciones discernidas por la primera; 2) Que la figura del interviniente se aplica en caso de impunidad, y como vemos, el abuso de confianza impide la impunidad de dicha conducta, por lo cual no se hace necesaria pol&iacute;tico-criminalmente su aplicaci&oacute;n; 3) Que el abuso de confianza ser&iacute;a el tipo m&aacute;s especial y m&aacute;s aplicable a la situaci&oacute;n, por lo que el administrador no es propiamente un servidor p&uacute;blico sino un particular; 4) La vinculaci&oacute;n del representante legal es con la empresa y no con el Estado, por tanto sus deberes se desarrollan en virtud de la &oacute;rbita privada y no en virtud de un cargo p&uacute;blico (Abell&oacute;, 2010b).</p>      <p>En el caso de los socios de las empresas que conforman el consorcio o de la empresa a la que le fue adjudicado el contrato, si estos no tienen la calidad de representantes legales, no podr&iacute;a utilizarse la figura del actuar por otro para imputarles responsabilidad por peculado porque la Ley (art. 29 C.P.) no lo permite. En su defecto, la forma de imputarles responsabilidad penal a los socios por la apropiaci&oacute;n de los recursos efectuada a trav&eacute;s acciones realizadas por el representante legal ser&iacute;a a trav&eacute;s de la de posici&oacute;n de garant&iacute;a que ostentan los socios frente el accionar de su empresa y que les impone el deber de evitar los resultados lesivos que puedan causar por defecto de su organizaci&oacute;n en la persona jur&iacute;dica (art. 25 C.P.; Berruezo, 2007; Faraldo, 1996; Garc&iacute;a, 2007; Batista, 2005; Abell&oacute; et al., 2010). En el caso de la contrataci&oacute;n estatal, los socios de una empresa contratista deber&aacute;n vigilar el correcto desarrollo del objeto social, y controlar las acciones que realicen los &oacute;rganos de administraci&oacute;n dentro de su rol de socio, garantizando con ello el buen uso e inversi&oacute;n de los recursos p&uacute;blicos que la empresa administra. De no hacerlo as&iacute;, responder&iacute;an como autores o coautores de peculado doloso (si se comprueba que la omisi&oacute;n es dolosa) o como autores de peculado culposo (si se demuestra la imprudencia en el control) en la modalidad de comisi&oacute;n por omisi&oacute;n (art. 25 C.P.), pero en todo caso bajo la modalidad de interviniente (inc 4&deg; art. 30 C.P.), por no tener los socios la condici&oacute;n de servidores p&uacute;blicos (C&oacute;rdoba, 2011) ni representantes de la empresa.</p>      <p>Si son los socios los que proponen la f&oacute;rmula para realizar el detrimento patrimonial en contra del Estado, responder&iacute;an en calidad de determinadores de un peculado ejecutado por el representante legal que, como dijimos, tiene la calidad de servidor p&uacute;blico en virtud de la figura del actuar por otro, quedando en discusi&oacute;n la posibilidad de reconocerles o no la rebaja punitiva del interviniente (C&oacute;rdoba, 2011).</p>      <p>En el caso de los empleados de las empresas contratistas, existen dos posibilidades de responsabilidad. La primera es cuando un empleado act&uacute;a como factor de la empresa contratista y se apropia de los dineros p&uacute;blicos que esta administra en el ejercicio de alguna funci&oacute;n delegada por ella. El factor es una figura, reconocida en el derecho mercantil, que le permite a una persona y actuar a nombre de otra sin tener t&iacute;tulo jur&iacute;dico para hacerlo. En este evento se aplicar&iacute;a tambi&eacute;n la figura del actuar por otro, toda vez que el empleado actuar&iacute;a en calidad de representante de hecho (como bien lo dispone el art&iacute;culo 29 del C.P.) de la empresa contratista, por lo que responder&iacute;a por peculado, al transmit&iacute;rsele de la empresa la calidad de servidor p&uacute;blico.</p>      <p>La segunda posibilidad implicar&iacute;a que el empleado realiza dentro de la empresa maniobras fraudulentas para apropiarse de los recursos que sabe que son p&uacute;blicos, abusando de las funciones conferidas por la sociedad contratista o por sus representantes. En esta hip&oacute;tesis, el trabajador responder&iacute;a por el delito de abuso de confianza calificado, en concurso con la estafa efectuada en contra de la empresa.</p>      <p>Si en los eventos anteriores el empleado actu&oacute; en coautor&iacute;a con el representante legal, el primero responder&aacute; por el delito de peculado en calidad de interviniente y el representante legal ser&iacute;a autor de peculado, ya sea por acci&oacute;n o por comisi&oacute;n por omisi&oacute;n.</p>      <p>Sin embargo, todo lo anterior ser&iacute;a posible si se acepta que el anticipo que se le otorga a un contratista para comenzar la obra sigue siendo un recurso del Estado, postura que debatiremos en el apartado siguiente.</p>  <font size="3">     <br>    <p><b>4. TOMA DE POSTURA</b></p></font>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De acuerdo con todo lo anterior, es necesario hacer una recapitulaci&oacute;n sobre los criterios utilizados hasta el momento para solucionar el problema. Hasta el momento se han planteado las siguientes posturas:</p>  <ol type="a">     <li>    <p> El anticipo es un pago que realiza el Estado al contratista antes de culminar la obra, y que este debe utilizarla para la ejecuci&oacute;n del objeto contractual, y su uso se encuentra tan restringido que la jurisprudencia ha asumido que el contratista no ejerce un dominio, sino una mera tenencia, sobre unos recursos que a&uacute;n le pertenecen a la entidad contratante.</p></li>      <li>    <p> El contratista de obra no es servidor p&uacute;blico, pues la ejecuci&oacute;n del objeto contractual no implica el ejercicio de una funci&oacute;n p&uacute;blica.</p></li>      <li>    <p> El contratista de obra puede ser servidor p&uacute;blico si la entidad que lo contrata tiene asignada la funci&oacute;n de realizar obras p&uacute;blicas, por ejemplo, de infraestructura.</p></li>      <li>    <p> El contratista es servidor p&uacute;blico, en la medida en que debe administrar el anticipo para la ejecuci&oacute;n de la obra. En virtud de ello administra un bien del Estado, y por lo tanto ejerce una funci&oacute;n p&uacute;blica.</p></li>     </ol>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo primero es considerar que si bien el anticipo se encuentra dirigido a la ejecuci&oacute;n de la obra, y que se le confiere al contratista para su administraci&oacute;n con tales fines, tambi&eacute;n es necesario establecer que el anticipo hace parte del precio o retribuci&oacute;n econ&oacute;mica que el contratista debe recibir por la ejecuci&oacute;n del objeto contractual, y por tanto, parte del mismo corresponde a las utilidades que este persigue desde un principio, y ello no ri&ntilde;e con los controles y limitaciones que la administraci&oacute;n impone para prevenir actos de corrupci&oacute;n.</p>      <p>En relaci&oacute;n con la posici&oacute;n de la Corte Suprema de Justicia Sala Penal (Sentencia del 27 de abril de 2005), como ya se dijo, parece confundirse las limitaciones al dominio con el derecho de dominio del bien, pues una cosa es tener la propiedad de una casa sobre la cual pesa un gravamen y otra cosa es ser mero tenedor de una casa arrendada. En el caso del anticipo, no compartimos la posici&oacute;n de la Corte Suprema Sala Penal, porque luego de todo un tr&aacute;mite presupuestal engorroso, este dinero asignado para la ejecuci&oacute;n de una obra corresponde a la retribuci&oacute;n econ&oacute;mica que recibe el contratista por la realizaci&oacute;n de la misma, que este debe ejecutar bajo cierta libertad t&eacute;cnica, administrativa y operativa, por lo tanto, no puede pertenecer al Estado una vez otorgado, a pesar de que el contratista tenga un dominio limitado sobre el mismo, consistente en una destinaci&oacute;n espec&iacute;fica.</p>      <p>Por otro lado, el hecho de que se deba proteger el patrimonio p&uacute;blico que se invierte en obras de inter&eacute;s p&uacute;blico no implica que se deba tergiversar el concepto de propiedad. Tambi&eacute;n hay que tener en cuenta que tanto en los contratos de tracto sucesivo como en los de ejecuci&oacute;n instant&aacute;nea, el pago puede diferirse a plazos o cuotas, y cada cuota parte del precio global se transfiere en propiedad al contratista, incluso cuando tiene una destinaci&oacute;n espec&iacute;fica, como en el contrato de compraventa cuando el comprador impone la obligaci&oacute;n al vendedor de pagar una hipoteca, los impuestos u otras acreencias que se acuerdan en el contrato y que debe pagar este con el dinero que se le da como parte de pago.</p>      <p>El tema es complicado desde esta &oacute;ptica, pues estamos hablando de recursos p&uacute;blicos que se le pagan a un particular para la ejecuci&oacute;n de una obra p&uacute;blica, por tanto, no es un contrato de compraventa, ni de prestaci&oacute;n de servicios, ni de suministro, porque en estos &uacute;ltimos el Estado no tiene que verificar qu&eacute; hace el contratista con los dineros entregados como pago, pues lo que se verifica es si el bien se entreg&oacute;, y si cumple las calidades solicitadas, o si el servicio se prest&oacute; en las condiciones exigidas. Pero en el contrato de obra hay obligaciones tanto de resultados como de medios, por tanto, no solo se verifica si la obra se hizo o no, sino que tiene muchas m&aacute;s implicaciones, como los derechos de los trabajadores, la seguridad social, las condiciones y t&eacute;rminos de la obra, el cumplimiento de la propuesta, la cantidad y calidad de los materiales utilizados, la utilizaci&oacute;n de la maquinaria.</p>      <p>Todas estas particularidades del contrato de obra implican una eficiente y responsable administraci&oacute;n de los recursos que invierte el Estado en obras p&uacute;blicas, y por lo tanto se establecen unos controles especiales que buscan que el contratista cumpla con el objeto contractual.</p>      <p>Parecer&iacute;a m&aacute;s apropiado jur&iacute;dicamente que el contrato de obra, que tiene unas particularidades muy especiales en virtud de las consecuentes prestaciones que genera, su naturaleza jur&iacute;dica se asemeje a un encargo fiduciario y no a un pr&eacute;stamo o mutuo, como lo sugiere el Consejo de Estado (Sentencia 13436 del 22 de junio de 2001), y que, como se indic&oacute; anteriormente, no es una teor&iacute;a eficiente, toda vez que el pr&eacute;stamo transfiere el dominio al contratista de los recursos del anticipo, por tanto, dichos dineros perder&iacute;an el car&aacute;cter de p&uacute;blico, muy a pesar de los pronunciamientos del Consejo de Estado.</p>      <p>De esta manera, el Estado delegar&iacute;a en calidad de encargo fiduciario los recursos en calidad de anticipo a un contratista para ejecutar una obra p&uacute;blica a cambio de una utilidad por su gesti&oacute;n (Vel&aacute;squez Gil y Velazquez G&oacute;mez, 2005, pp. 78-79). En esta propuesta se puede diferenciar entre los recursos que pertenecen al contratista y los que se encuentran afectados a la labor contratada, para establecer, as&iacute;, que los dineros afectados a la obra no ser&iacute;an de dominio absoluto del contratista, y por lo tanto ser&iacute;an susceptibles de apropiaci&oacute;n ilegal, pues le siguen perteneciendo al Estado, mientras que los que conforman la utilidad del contratista son de su libre disposici&oacute;n.</p>      <p>De esta manera, con las posturas de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, y la del Consejo de Estado, la tesis del peculado no es viable para el contratista, pues, como se mencion&oacute; anteriormente, ni el hecho de que el contratista tenga limitada la administraci&oacute;n sobre el anticipo, ni la figura del pr&eacute;stamo son suficientes para afirmar jur&iacute;dicamente que esos dineros sigan siendo del Estado, porque en ambos casos hay transferencia de dominio a favor del contratista. En este orden de ideas, no ser&iacute;a acertado imputar peculado a los contratistas por la p&eacute;rdida de los recursos del anticipo, por lo que no se puede afirmar que estos dineros pertenezcan al Estado, cuando han sido transferidos al contratista, quien estar&iacute;a administrando recursos propios y no dineros p&uacute;blicos.</p>      <p>De esta manera, queda evidenciada jur&iacute;dicamente la necesidad de un cambio en la posici&oacute;n jurisprudencial tanto de la Corte Suprema de Justicia Sala Penal como del Consejo de Estado, as&iacute; como de la doctrina para que la naturaleza p&uacute;blica del anticipo tenga que sostenerse no a trav&eacute;s del contrato de mutuo sino a trav&eacute;s del encargo fiduciario, que tiene las siguientes particularidades que permitir&iacute;an la configuraci&oacute;n de un peculado (v&eacute;ase Vel&aacute;squez Gil y Vel&aacute;squez G&oacute;mez, 2005):</p>  <ol type="a">     <li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Consiste su objeto en la entrega de bienes, por parte de la entidad p&uacute;blica fideicomitente a la entidad fiduciaria, con el prop&oacute;sito de que esta &uacute;ltima los maneje o administre, para obtener un fin determinado, bienes y administraci&oacute;n sobre los cuales deber&aacute; rendir las cuentas pertinentes a la entidad fideicomitente (p.78).</p></li>      <li>    <p> La entidad fideicomitente entrega los bienes objeto del contrato a la fiduciaria, a t&iacute;tulo no traslativo de dominio, lo cual implica que estos no salen de su patrimonio, ni constituyen un patrimonio aut&oacute;nomo (p.78).</p></li>      <li>    <p> La remuneraci&oacute;n del fiduciario no puede pactarse con cargo a los rendimientos de los bienes fideicomitidos, salvo que dichos rendimientos se encuentren presupuestados, esto es, que hayan sido incluidos como parte del presupuesto de ingresos y gastos de la entidad, pues de lo contrario se eludir&iacute;a su contabilizaci&oacute;n (p.78).</p></li>     </ol>      <p>Con esta propuesta se solucionar&iacute;a un problema jur&iacute;dico que, como dije, viene transgrediendo algunos planteamientos b&aacute;sicos del derecho civil, pero con ella, a su vez, se tendr&iacute;a que hacer una modificaci&oacute;n estructural a la contrataci&oacute;n estatal para lograr una mejor fundamentaci&oacute;n jur&iacute;dica sobre el tema.</p>  <hr>  <font size="3">     <br>    <p><b>REFERENCIAS</b></p></font>      <!-- ref --><p>Abell&oacute; Gual, J. A. (2010A). El abuso de confianza y el hurto agravado por la confianza en la responsabilidad penal empresarial en colombia. <i>Revista Proleg&oacute;menos, derechos y valores, </i>xiii, enero-junio, 181-200.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-8697201100020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Abell&oacute; Gual, J. A. (2010B). El abuso de confianza y el peculado en la responsabilidad penal empresarial: la responsabilidad penal por administraci&oacute;n de fondos parafiscales en las E.P.S. en Colombia. <i>Revista Proleg&oacute;menos, derechos y valores, </i>xiii, julio-diciembre, 267-284.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0121-8697201100020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Abell&oacute; Gual, J. A. (2010C). <i>Responsabilidad penal empresarial. </i>Bogot&aacute;: Leyer.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-8697201100020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bacigalupo, E. (2005). <i>El actuar en nombre de otro. Curso de derecho penal econ&oacute;mico </i>(2<sup>a</sup> ed.). Madrid: Marcial Pons, Ediciones Jur&iacute;dicas y Sociales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-8697201100020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Batista Gonz&aacute;lez, M. P. (2005). <i>La responsabilidad penal de los &oacute;rganos de la empresa. Curso de derecho penal econ&oacute;mico </i>(2<sup>a</sup> ed.). Madrid: Marcial Pons, Ediciones Jur&iacute;dicas y Sociales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-8697201100020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Berruezo, R. (2007). <i>Responsabilidad penal en la estructura de la empresa. </i>Buenos Aires: Editorial B de F.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-8697201100020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bonivento Fern&aacute;ndez, J. A. (2004). <i>Los principales contratos civiles </i>(16<sup>a</sup> ed.). Bogot&aacute;: Librer&iacute;a Ediciones del Profesional.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-8697201100020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Causa, J. A. (2004). Alcance del anticipo y del pago anticipado. <i>Revista de Derecho </i>(Universidad del Norte), 21, 96 -115.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-8697201100020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Castro Cuenca, C. G. (2009). <i>Corrupci&oacute;n y delitos contra la administraci&oacute;n p&uacute;blica. Especial referencia a los delitos cometidos en la contrataci&oacute;n p&uacute;blica. </i>Colecci&oacute;n textos de jurisprudencia. Bogot&aacute;: Universidad del Rosario.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-8697201100020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Conde Pumpido Ferrero, C. (1997). <i>Apropiaciones indebidas. </i>Madrid: Tirant lo Blanch.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-8697201100020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>C&oacute;rdoba Angulo, M. (2011). <i>La figura del interviniente en el derecho penal colombiano. </i><a href="http://foros.uexternado.edu.co/ecoinstitucional/index.php/derpen/article/view/1041/985" target="_blank">http://foros.Uexternado.Edu.Co/ecoinstitucional/index.Php/derpen/article/view/1041/985</a>. Consultado el 13 de abril de 2011.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-8697201100020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Faraldo Cabana, P. (1996). <i>Los delitos societarios. </i>Madrid: Tirant lo Blanch.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-8697201100020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ferre Olive, J. C., N&uacute;&ntilde;ez Paz, M. &Aacute;. y Ram&iacute;rez Barbosa, P. A. (2010). <i>Derecho penal colombiano. </i>Parte general Principios fundamentales y sistema. Bogot&aacute;: Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-8697201100020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fern&aacute;ndez Carrasquilla, J. (2007). <i>Derecho penal fundamental 1 </i>(3<sup>a</sup> ed.) Ib&aacute;&ntilde;ez.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-8697201100020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fonseca Ramos, M. A. (2000). De la responsabilidad penal de los particulares que intervienen en la contrataci&oacute;n estatal. <i>Revista de Derecho </i>(Universidad del Norte), 13, 20-39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-8697201100020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Garc&iacute;a Cavero, P. (2007). <i>Derecho penal econ&oacute;mico, </i>t. I (2<sup>a</sup> ed.). Lima: Grijley.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-8697201100020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>G&oacute;mez M&eacute;ndez, A. y G&oacute;mez Pavajeau, C. A. (2008). <i>Delitos contra la Administraci&oacute;n p&uacute;blica. </i>Bogot&aacute;: Universidad Externado.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-8697201100020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez Cusaac, J. L. (2004). Las insolvencias punibles (pp. 83-114). Temas de derecho penal econ&oacute;mico. Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-8697201100020000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mart&iacute;nez-Bujan P&eacute;rez, C. (2004). Administraci&oacute;n fraudulenta en sociedades de inversi&oacute;n, 35-66, <i>Temas de derecho penal econ&oacute;mico. </i>Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-8697201100020000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mir Puig, S. (2007). <i>Derecho penal parte general </i>(7<sup>a</sup> ed.).B. de F.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-8697201100020000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Molina Arrubla, C. M. (2006). <i>Responsabilidad penal de los administradores de empresa. </i>Bogot&aacute;: Biblioteca Dike. Universidad Cat&oacute;lica de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0121-8697201100020000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Molina arrubla, C. M. <i>Delitos contra la administraci&oacute;n p&uacute;blica </i>(4<sup>a</sup> ed.). Bogot&aacute;: Leyer.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-8697201100020000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mu&ntilde;oz Conde, F. (2008). <i>Derecho penal. Parte especial </i>(15<sup>a</sup> ed.). Madrid: Tirant lo Blanch.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-8697201100020000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Nebreda P&eacute;rez, J. (2006). <i>Manual de derecho de la contrataci&oacute;n privada y p&uacute;blica. </i>Iustel.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-8697201100020000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Pe&ntilde;a Ossa, E. De J. (2005). <i>Delitos contra la administraci&oacute;n p&uacute;blica </i>(2<sup>a</sup> ed.). Bogot&aacute;: Ediciones Jur&iacute;dicas Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-8697201100020000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rodr&iacute;guez Vindas, R. L. (2002). <i>Responsabilidad penal de empresas. ¿Societas delinquere potest? </i>Bogot&aacute;: Biblioteca Jur&iacute;dica Dike.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-8697201100020000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sanguino Madariaga, A. (2010). <i>Delitos contra el patrimonio econ&oacute;mico en la jurisprudencia </i>(2<sup>â</sup> ed.). Bogot&aacute;: Librer&iacute;a Jur&iacute;dica S&aacute;nchez R.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-8697201100020000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sanguino Madariaga, A. (2008). <i>Delitos contra la administraci&oacute;n p&uacute;blica en la jurisprudencia. </i>Bogot&aacute;: Librer&iacute;a Jur&iacute;dica S&aacute;nchez R.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0121-8697201100020000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Santofimio Gamboa, J. O. (2009).<i>Contrataci&oacute;n estatal. Legislaci&oacute;n </i>(2<sup>a</sup> ed.). Bogot&aacute;: Universidad Externado de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-8697201100020000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tamayo Lombana, A. (2004). <i>Manual de obligaciones: teor&iacute;a del acto jur&iacute;dico y otras fuentes. </i>Bogot&aacute;: Temis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-8697201100020000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tocora, L. F. (2009). <i>Derecho penal especial </i>(11<sup>a</sup> ed.). Bogot&aacute;: Librer&iacute;a Ediciones del Profesional.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0121-8697201100020000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vel&aacute;squez Jaramillo, L. G. (2008). <i>Bienes. </i>Comlibros.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0121-8697201100020000300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vel&aacute;squez Vel&aacute;squez, F. (2009). <i>Derecho penal. Parte general </i>(4<sup>a</sup> ed.).Comlibros. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0121-8697201100020000300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vel&aacute;squez Vel&aacute;squez, F. (2010). <i>Manual de derecho penal. Parte general </i>(4<sup>a</sup> ed.). Ediciones Jur&iacute;dicas Andr&eacute;s Morales. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-8697201100020000300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vel&aacute;squez Gil, C. y Vel&aacute;squez G&oacute;mez, I. (2005). <i>Responsabilidad contractual y extracontractual del estado. </i>Librer&iacute;a Jur&iacute;dica S&aacute;nchez R.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0121-8697201100020000300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>    <p><b>Jurisprudencia</b></p></font>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional. Sentencia C-563 del 7 de octubre de 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-8697201100020000300036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Constitucional. Sentencia C-286 de 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-8697201100020000300037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia, Sala Penal. Sentencia del 9 de mayo de 2007. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-8697201100020000300038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia, Sala Penal. Sentencia del 13 de marzo de 2006. Radicaci&oacute;n 24833.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-8697201100020000300039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia, Sala Penal. Sentencia del 13 de julio de 2005. Radicaci&oacute;n 19695.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-8697201100020000300040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia, Sala Penal. Sentencia del 27 de abril de 2005. Radicaci&oacute;n 19562.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-8697201100020000300041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia, Sala Penal. Sentencia del 13 de septiembre de 1999. Expediente 10.607.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-8697201100020000300042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia, Sala Penal. Sentencia del 20 de abril de 2006. M.P.: &Aacute;lvaro Orlando P&eacute;rez Pinz&oacute;n. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-8697201100020000300043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia, Sala Penal. Sentencias de Casaci&oacute;n del 3 de agosto de 1976.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-8697201100020000300044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia, Sala Penal. Sentencia del 6 de diciembre de 1982. M.P.: Luis E. Aldana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0121-8697201100020000300045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Consejo de Estado. Secci&oacute;n Tercera. Sentencia del 22 junio de 2001. Expediente 13436.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-8697201100020000300046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia, Sala Penal. Sentencia del 18 de noviembre de 1980. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-8697201100020000300047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Consejo de Estado. Sentencia del 30 de junio de 1992. Expediente 6019. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-8697201100020000300048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Consejo de Estado. Sentencia del 23 de junio de 2005. Expediente 12.846. M.P.: Germ&aacute;n Rodr&iacute;guez Villamizar. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0121-8697201100020000300049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci&oacute;n Penal. Casaci&oacute;n del 17 de febrero de 1999. Radicado 11093.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-8697201100020000300050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia, Sala Penal. Proceso 27319. Sentencia del 6 de septiembre de 2007. M.P.: Augusto Ib&aacute;&ntilde;ez Guzm&aacute;n. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0121-8697201100020000300051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia, Sala Penal. Sentencia del 21 de noviembre de 1989. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-8697201100020000300052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia, Sala Penal. Sentencia del 7 de noviembre de 1950. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0121-8697201100020000300053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corte Suprema de Justicia, Sala Penal. Sentencia del 21 de febrero de 1958.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-8697201100020000300054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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