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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Contratos de Transporte Marítimo de Mercancías: del Harter Act norteamericano de 1893 a las Reglas de Rotterdam de 2008 y los tratados de libre comercio de Colombia con los Estados Unidos de América y la Unión Europea]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Contracts of Carriage of Goods by Sea: from the US Harter Act 1893 to the Rotterdam Rules 2008 and the Colombia - USA/EU trade agreements]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The evolution of the law of maritime transportartion of goods has shown a permanent conflict between the interest of the cargo sector and the carrier sector. The system that has been established in the continental codification and in the common law, allowed agreements between parties such as the establishment of no responsibility clauses that favor the carrier sector. These clauses did not allow the cargo sector to recover from damages and delays caused by the carriers. In response, the operators proposed a general rule based on minimum requirements to both parties. This legal instrument was integrated to the Hague/Visby Rules 1924, The Hamburg Rules and recently to the Rotterdam Rules 2008. Together, all of these rules establish an imperative system to the parties that include exoneration and limitations to the carrier's liability. The Colombia - US/EUfree trade agreements created two free zones with the two biggest markets in the world. Under these circumstances maritime activities became essential, and the current legal instruments recognize principles such as freedom of establishment, domestic treatment, and most favored nation, which will allow for free trade development in maritime services.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Contratos de Transporte Mar&iacute;timo de Mercanc&iacute;as: del <i>Harter Act </i>norteamericano de 1893 a las Reglas de Rotterdam de 2008 y los tratados de libre comercio de Colombia con los Estados Unidos de Am&eacute;rica y la Uni&oacute;n Europea</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Contracts of Carriage of Goods by Sea: </b><b>from the US Harter Act 1893 to the Rotterdam Rules 2008 and the Colombia - USA/EU trade agreements</b></font></p>     <p>Fernando Augusto Jim&eacute;nez Valderrama*    <br>   Universidad de la Sabana (Colombia)</p>     <p>* Profesor y jefe del &Aacute;rea de Derecho Privado y de la Empresa de la Universidad de la Sabana (Colombia). Abogado de la Universidad del Rosario (Colombia). Doctor en Derecho de la Universidad de Salamanca (Espa&ntilde;a). Master en Derecho de la Uni&oacute;n Europea por la Universidad Carlos III de Madrid (Espa&ntilde;a). Ha sido profesor en las Universidades San Pablo-CEU, Complutense y Carlos III de Madrid y Director del Instituto Europeo de Estudios Mar&iacute;timos. Es miembro de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Derecho Mar&iacute;timo y del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (Espa&ntilde;a). Este art&iacute;culo ha sido elaborado en el marco del proyecto de investigaci&oacute;n realizado en la Universidad de La Sabana titulado: &quot;Transformaciones del ordenamiento jur&iacute;dico colombiano a partir de la vigencia de los Tratados de Libre Comercio con los Estados Unidos y la Uni&oacute;n Europea: el transporte mar&iacute;timo, la protecci&oacute;n de la propiedad industrial, la contrataci&oacute;n p&uacute;blica, la actividad financiera y aseguradora y los derechos laborales de los trabajadores&quot;. <a href="mailto:fernando.jimenez@unisabana.edu.co"><i>fernando.jimenez@unisabana.edu.co</i></a></p>     <p><i>Fecha de recepci&oacute;n: 30 de noviembre de 2011    <br>   Fecha de aceptaci&oacute;n: 7 de marzo de 2012</i></p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p><i>La evoluci&oacute;n de las instituciones jur&iacute;dicas reguladoras de transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as muestra un conflicto permanente entre los intereses del sector cargador y los intereses del sector naviero. El sistema establecido en la codificaci&oacute;n continental y en el common law permit&iacute;a acuerdos entre las partes como el establecimiento de cl&aacute;usulas de &quot;no responsabilidad&quot; a favor de los navieros en el transporte mar&iacute;timo. Esas cl&aacute;usulas afectaban directamente los derechos de los cargadores a obtener una compensaci&oacute;n por los da&ntilde;os y retrasos causados por las actividades de los navieros. Como reacci&oacute;n a este sistema, operadores de transporte propusieron una regla general basada en un m&iacute;nimo de obligaciones que ambas partes deb&iacute;an respetar. Estos instrumentos est&aacute;n integrados a las Reglas de La Haya/Visby de 1924, las Reglas de Hamburgo de 1978 y recientemente en las Reglas de Rotterdam de 2008. Los tres instrumentos mencionados establecen un sistema imperativo para las partes en el contrato con exoneraciones y limitaciones de la responsabilidad del naviero. Los tratados de libre comercio entre Colombia y Estados Unidos de Am&eacute;rica y la Uni&oacute;n Europea crearon dos zonas de libre comercio entre Colombia y las dos econom&iacute;as m&aacute;s importantes del planeta.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave: </b>Transporte mar&iacute;timo, contratos de transporte mar&iacute;timo, Reglas de La Haya/Visby de 1924, Reglas de Hamburgo de 1978, Reglas de Rotterdam de 2008, Tratado de Libre Comercio Colombia-Estados Unidos de Am&eacute;rica, Tratado de Libre Comercio Colombia-Uni&oacute;n Europea.</p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     <p><i>The evolution of the law of maritime transportartion of goods has shown a permanent conflict between the interest of the cargo sector and the carrier sector. The system that has been established in the continental codification and in the common law, allowed agreements between parties such as the establishment of no responsibility clauses that favor the carrier sector. These clauses did not allow the cargo sector to recover from damages and delays caused by the carriers. In response, the operators proposed a general rule based on minimum requirements to both parties. This legal instrument was integrated to the Hague/Visby Rules 1924, The Hamburg Rules and recently to the Rotterdam Rules 2008. Together, all of these rules establish an imperative system to the parties that include exoneration and limitations to the carrier's liability. The Colombia - </i><i>US/EU</i><i>free trade agreements created two free zones with the two biggest markets in the world. Under these circumstances maritime activities became essential, and the current legal instruments recognize principles such as freedom of establishment, domestic treatment, and most favored nation, which will allow for free trade development in maritime services.</i></p>     <p><b>Keywords: </b>Maritime Transportation Contracts, Carriage of Goods by Sea, The Hague / Visby 1924, The Hamburg Rules 1978, The Rotterdam Rules 2008, Trade Agreement Colombia - USA, Trade Agreement Colombia - USA.</p> <hr>     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>El importante crecimiento de las flotas mar&iacute;timas a nivel mundial, a partir del desarrollo del comercio internacional ocurrido a finales del siglo XIX y comienzos del XX, permiti&oacute; la consolidaci&oacute;n de una nueva modalidad de realizaci&oacute;n del transporte mar&iacute;timo a trav&eacute;s de las denominadas l&iacute;neas regulares. El establecimiento de esta modalidad empresarial de transporte mar&iacute;timo se tradujo en la pr&aacute;ctica en la conformaci&oacute;n de grandes compa&ntilde;&iacute;as navieras que prestaban sus servicios profesionales en el mercado de transporte de mercanc&iacute;as a multitud de interesados en el transporte mar&iacute;timo de la carga.</p>     <p>Contractualmente, las relaciones jur&iacute;dicas se pactaron a trav&eacute;s de formularios preestablecidos, respecto de los cuales no hab&iacute;a otra posibilidad para la parte necesitada del servicio de transporte que adherirse a las condiciones establecidas por las navieras.</p>     <p>Igualmente, la estructura del contrato ya no pod&iacute;a entenderse sobre la base de la cesi&oacute;n de disponibilidad de una parte o todo el buque para el transporte de las mercanc&iacute;as, sino que, por el contrario, se centraban en la obligaci&oacute;n de transportar las mercanc&iacute;as recibidas, sin que por ello podamos afirmar que desaparecieran del mapa jur&iacute;dico otras figuras contractuales como los contratos de fletamiento que se manten&iacute;an en el sector de la denominada <i>navegaci&oacute;n tramp.</i></p>     <p>La normativa que regulaba el transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as en ese momento hist&oacute;rico ten&iacute;a fundamentalmente como fuente las legislaciones nacionales en el &aacute;mbito continental europeo basado en las normativas codificadas y en el &aacute;mbito anglosaj&oacute;n en las instituciones del <i>common law. </i>En 1897 se cre&oacute; el Comit&eacute; Mar&iacute;timo Internacional (CMI)<a href="#1" name="s1"><sup>1</sup></a>, integrado por miembros pertenecientes a asociaciones nacionales de pa&iacute;ses con claros intereses armadores y navieros. Su labor se orient&oacute; a la protecci&oacute;n de esos intereses con la finalidad de unificar el derecho mar&iacute;timo a nivel internacional.</p>     <p>En medio de estas circunstancias, Estados Unidos promulga el <i>Harter Act </i>en 1893, que reivindica los intereses de los cargadores en materia de transporte mar&iacute;timo. Esta reglamentaci&oacute;n tuvo una especial trascendencia no solo por la importancia del volumen del mercado norteamericano a nivel mundial, sino tambi&eacute;n porque su ejemplo fue seguido por otras legislaciones nacionales y su contenido tenido en cuenta al momento de la elaboraci&oacute;n de algunas convenciones internacionales<a href="#2" name="s2"><sup>2</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>1. EL CONVENIO INTERNACIONAL PARA LA UNIFICACI&Oacute;N DE CIERTAS REGLAS EN MATERIA DE CONOCIMIENTO DE EMBARQUE DE 25 DE AGOSTO DE 1924 (CONVENIO DE BRUSELAS 1924)</b></p>     <p>El ambiente en el cual se elabora y firma el Convenio de Bruselas del 25 de agosto de 1924 es de permanente confrontaci&oacute;n entre los intereses de aquellos que intervienen en el sector del transporte mar&iacute;timo, representando el mismo convenio una transacci&oacute;n entre esos intereses.</p>     <p>Era evidente que las legislaciones nacionales entonces vigentes, principalmente integradas en las normas codificadas, regulaban un transporte sustancialmente diferente del momento en el que fueron creadas. Por ejemplo, en materia de responsabilidad del porteador, las regulaciones nacionales establec&iacute;an en general una responsabilidad rigurosa para el naviero, por la cual, ante el eventual incumplimiento, solo le quedaba a este la posibilidad de exonerarse de responsabilidad en virtud de caso fortuito. Por otro lado, en virtud del principio de autonom&iacute;a de la voluntad privada se permit&iacute;a libremente a las partes pactar cualquier tipo de cl&aacute;usulas modificadoras de esa responsabilidad. Como resultado de este sistema, con frecuencia se integraron a los contratos cl&aacute;usulas que llegaban incluso a exonerar totalmente al deudor de cualquier tipo de responsabilidad.</p>     <p>En el mismo terreno contractual, la inserci&oacute;n de otro tipo de cl&aacute;usulas como &quot;que dice contener&quot;, &quot;de peso y cantidad desconocida&quot; significaba una p&eacute;rdida de valor del conocimiento de embarque en el cual se hallaban incorporadas. En virtud de estas cl&aacute;usulas, el porteador elud&iacute;a su responsabilidad por la exactitud de las mercanc&iacute;as transportadas, afectando de manera importante no solo la situaci&oacute;n del acreedor de dicha obligaci&oacute;n (cargador o destinatario) sino tambi&eacute;n la de otros interesados en la operaci&oacute;n mar&iacute;tima (tenedores leg&iacute;timos de conocimientos de embarque, aseguradores, acreedores prendarios, etc.).</p>     <p>Todas estas circunstancias, as&iacute; como la necesidad de unificaci&oacute;n de las reglas existentes, hicieron necesaria la celebraci&oacute;n de una conferencia diplom&aacute;tica internacional para establecer nuevas reglas en materia de transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as. Fruto de esa conferencia diplom&aacute;tica, auspiciada por el Comit&eacute; Mar&iacute;timo Internacional, es el Convenio de Bruselas de 1924.</p>     <p>El antecedente mediato del Convenio de Bruselas era el <i>Harter Act </i>norteamericano, cuyas ideas generales ya hemos mencionado y que de manera general eran favorables a la parte cargadora<a href="#3" name="s3"><sup>3</sup></a>. A diferencia de las reglamentaciones hasta entonces vigentes, el <i>Harter Act </i>instauraba un r&eacute;gimen de responsabilidad imperativo que las partes en el contrato estaban obligadas a respetar y respecto de las cuales no pod&iacute;an pactar en contra. El Convenio de Bruselas, a trav&eacute;s de su antecedente inmediato (las Reglas de La Haya de 1921), recoger&aacute; este mismo planteamiento en materia de responsabilidad.</p>     <p>El Convenio pretende solucionar necesidades particulares en el sector del transporte mar&iacute;timo: en primer lugar, la imperativa conciliaci&oacute;n de intereses de quienes intervienen en la realizaci&oacute;n del transporte mar&iacute;timo (entre ellos los sectores cargadores, porteadores y aseguradores); en segundo lugar, la necesidad armonizar y unificar legislaciones; en tercer lugar, establecer mecanismos de respaldo y fortalecimiento del conocimiento de embarque como documento de circulaci&oacute;n y representativo de mercanc&iacute;as ciertas y determinadas y, en &uacute;ltimo lugar, la necesidad de establecer reglas &uacute;nicas en materia de responsabilidad del porteador que solucionaran las situaciones inequitativas que se daba en el sistema entonces vigente.</p>     <p>La estructura y el lenguaje utilizado en el Convenio pretenden ser accesibles y claros a quienes intervienen en la actividad mar&iacute;tima<a href="#4" name="s4"><sup>4</sup></a>. La manera general en la que se han presentado las diferentes normas parece estar orientada a facilitar su inclusi&oacute;n en los conocimientos de embarque.</p>     <p>En cuanto a su contenido podemos hacer varios comentarios:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>- No realiza un tratamiento completo del contrato de transporte, sino que se refiere exclusivamente a la posici&oacute;n de la parte deudora de la obligaci&oacute;n de transporte, es decir, al porteador.</p>       <p>- Respecto a la soluci&oacute;n que ha ofrecido a los temas de responsabilidad del porteador, en el Convenio se percibe la b&uacute;squeda de un consenso necesario para todas las partes interesadas.</p>       <p>- Si bien establece un sistema &uacute;nico consagrado en el propio convenio constitutivo de m&iacute;nimos, respecto del cual las partes no pueden pactar en contra (art. 3, 8&deg;), por otro lado ofrece m&uacute;ltiples causas de exoneraci&oacute;n de responsabilidad en favor del porteador. Soluci&oacute;n coincidente con las tendencias vigentes en ese momento hist&oacute;rico a pesar de no ser totalmente equitativa.</p> </blockquote>     <p>Atrevi&eacute;ndonos a realizar una valoraci&oacute;n global del Convenio, podr&iacute;amos afirmar que su importancia radica, antes que en la configuraci&oacute;n de nuevas formas contractuales, en la unificaci&oacute;n a nivel internacional de reglas ya existentes, a fin de aproximar las diferentes legislaciones nacionales respecto a un sector econ&oacute;mico esencialmente internacional, estableciendo un sistema m&aacute;s claro, seguro y equitativo para las partes implicadas, caracter&iacute;sticas que han supuesto su vigencia y prevalencia como norma reguladora del transporte mar&iacute;timo bajo conocimiento de embarque en el momento actual.</p>     <p><b>2. LOS PROTOCOLOS MODIFICATORIOS DEL CONVENIO DE BRUSELAS DE 1924. </b>LAS REGLAS DE HAMBURGO DE 1978</p>     <p>En el per&iacute;odo que sigue a la Segunda Guerra Mundial surgen nuevos hechos, tanto pol&iacute;ticos como econ&oacute;micos, que producir&aacute;n un movimiento hacia la reforma del derecho regulador del transporte mar&iacute;timo, principalmente avalado por organizaciones internacionales, intergubernamentales y no gubernamentales que representan intereses diversos en el &aacute;mbito del transporte mar&iacute;timo.<a href="#5" name="5"><sup>5</sup></a></p>     <p>Los principales hechos que han determinado esta nueva situaci&oacute;n son los siguientes :</p>     <blockquote>       <p>1. El sector mar&iacute;timo se convierte en un rengl&oacute;n esencial en la pol&iacute;tica de los Estados. Las flotas nacionales no solo tienen una importancia comercial sino estrat&eacute;gica desde el punto de vista de defensa para los Estados.</p>       <p>2. El incremento de la din&aacute;mica econ&oacute;mica a nivel mundial produce una internacionalizaci&oacute;n de las econom&iacute;as de todos los pa&iacute;ses. Se produce un aumento en los intercambios comerciales que utilizan la v&iacute;a mar&iacute;tima como medio de transporte.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>3. La utilizaci&oacute;n del &quot;container&quot; en el transporte de mercanc&iacute;as termina generaliz&aacute;ndose por sus ventajas frente a los sistemas tradicionales (cfr. Pulgar Ezquerra, 2003, pp. 37 a 73). Surge as&iacute; el transporte multimodal, que modifica los esquemas tradicionales de contrataci&oacute;n: los cargadores contratan con un operador de transporte multimodal, el cual se obliga a trasladar las mercanc&iacute;as de un lugar a otro utilizando distintos medios de transporte, en ocasiones subcontratando con otras empresas la parte del traslado que no puede realizar.<a href="#6" name="s6"><sup>6</sup></a></p>       <p>4. El desarrollo de la tecnolog&iacute;a naval permite la aparici&oacute;n de nuevos buques de mayor embergadura y calado que ofrecen una mayor seguridad y regularidad en el transporte de mercanc&iacute;as.<a href="#7" name="s7"><sup>7</sup></a></p> </blockquote>     <p>Tanto la aparici&oacute;n de nuevos hechos que transforman la realidad econ&oacute;mica mundial como la presi&oacute;n que empiezan a desarrollar los pa&iacute;ses tradicionalmente cargadores, que intervienen activamente en organismos internacionales que promueven la unificaci&oacute;n de las reglas que rigen el transporte mar&iacute;timo (ver el caso de UNCITRAL), propici&oacute; la creciente necesidad de actualizar y modificar el sistema establecido por el Convenio de Bruselas de 1924.</p>     <p>En este movimiento de reforma debemos incluir el protocolo de 23 de febrero de 1968 y el de 21 de diciembre de 1979, ambos firmados en Bruselas, que modifican el Convenio de Bruselas de 1924. Si bien ambos protocolos modificatorios no cambiaron esencialmente la estructura del Convenio, que se mantiene intacta, s&iacute; constituyeron una actualizaci&oacute;n necesaria, especialmente en el c&aacute;lculo de los valores indemnizatorios reconocidos en caso de responsabilidad del porteador mar&iacute;timo.</p>     <p>Por el contrario, en lo que se refiere al Convenio de Naciones Unidas sobre el transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as, firmado en Hamburgo, el 31 de marzo de 1978, s&iacute; podemos afirmar un cambio en las reglas jur&iacute;dicas imperantes en el Convenio de Bruselas, al menos en el campo de la responsabilidad del porteador<a href="#8" name="s8"><sup>8</sup></a>.</p>     <p>Tanto en materia de las obligaciones que surgen por virtud del contrato como en lo relativo al fundamento de la responsabilidad del porteador, las Reglas de Hamburgo no establecen un marco general diferente al del Convenio de Bruselas. Ambos textos descansan en la consideraci&oacute;n de una responsabilidad basada en la culpa (art. 5.1 de las Reglas de Hamburgo)<a href="#9" name="s9"><sup>9</sup></a>.</p>     <p>Sin embargo, en materia de distribuci&oacute;n de riesgos entre cargador y porteador se realizaron algunas modificaciones importantes: con las Reglas de Hamburgo desaparece la lista de casos exceptuados y es remplazada por el principio que impone la responsabilidad al porteador por p&eacute;rdidas y aver&iacute;as de las mercanc&iacute;as, a menos que establezca que &eacute;l mismo, sus empleados o agentes adoptaron todas las medidas que razonablemente pod&iacute;an exigirse para evitar el hecho y sus consecuencias (cfr. Rodi&egrave;re y Du Pontavice , 1991, p. 313; Remond- Gouilloud, 1988, p. 338). Por otro lado, en las Reglas de Hamburgo de 1978 desaparece la falta n&aacute;utica, una de las causales de exoneraci&oacute;n de responsabilidad consagrada en el Convenio de Bruselas de 1924, cuyo mantenimiento era ampliamente criticado en la pr&aacute;ctica internacional.</p>     <p>En t&eacute;rminos generales, podemos afirmar que las Reglas de Hamburgo consagran un sistema en s&iacute; mismo m&aacute;s justo que el establecido en las Reglas de La Haya-Visby. Jur&iacute;dicamente, consagran una normativa m&aacute;s perfeccionada, basada en conceptos, alrededor de los cuales se levanta todo el andamiaje contractual, a diferencia del sistema anterior, elaborado en un esquema casu&iacute;stico, herencia de la fuerte influencia que en su redacci&oacute;n tuvo el derecho anglosaj&oacute;n. Este hecho facilitar&iacute;a la insersi&oacute;n de Hamburgo a los derechos nacionales, especialmente a los ordenamientos jur&iacute;dicos pertenecientes a la rama continental europea.</p>     <p>Las ventajas que ofrece este nuevo convenio contrasta significativamente con la aceptaci&oacute;n que ha tenido a nivel mundial. Habiendo sido las Reglas de Hamburgo firmadas en 1978, solo entraron vigencia el 1 de noviembre de 1992, al haberse realizado la vig&eacute;sima ratificaci&oacute;n. Situaci&oacute;n que se agrava si tenemos en cuenta que los pa&iacute;ses que han ratificado las Reglas no pueden considerarse representativos del comercio mar&iacute;timo mundial<a href="#10" name="s10"><sup>10</sup></a>. La promulgaci&oacute;n por la misma UNCITRAL de las Reglas de Rotterdam (Convenio de Naciones Unidas sobre el Contrato de Transporte Internacional de Mercanc&iacute;as Total o Parcialmente Mar&iacute;timo de 2008) hace aun m&aacute;s incierta la suerte de las Reglas de Hamburgo debido a que el esfuerzo de ratificaci&oacute;n por parte de los miembros de la comunidad internacional se orientar&aacute; seguramente a dotar de vigencia la nueva normativa, reemplazando las hasta ahora existentes.</p>     <p><b>3. EL PAPEL DE LA NORMATIVA CODIFICADA: </b>EL C&Oacute;DIGO DE COMERCIO DE COLOMBIA DE 1971 Y EL C&Oacute;DIGO DE COMERCIO ESPA&Ntilde;OL DE 1885</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El movimiento codificador se enmarca, como antes lo hab&iacute;amos anticipado, en un momento de tr&aacute;nsito entre el sistema econ&oacute;mico capitalista propugnado por el ideario revolucionario liberal y la aparici&oacute;n de nuevas actividades econ&oacute;micas capitalistas que m&aacute;s adelante configurar&aacute;n lo que se ha llamado el capitalismo industrial y financiero.</p>     <p>La codificaci&oacute;n constituye un paso importante a trav&eacute;s del cual el sector comercial y empresarial, con importantes ra&iacute;ces e influencia pol&iacute;tica, utiliza la nueva norma codificada para implantar un nuevo derecho, acorde con su ideario y sus intereses, que permita, a su vez, el desarrollo de una econom&iacute;a basada en la actividad de mercado<a href="#11" name="s11"><sup>11</sup></a>.</p>     <p>Fruto del proceso codificador son los c&oacute;digos latinoamericanos, entre ellos nuestras normas mercantiles codificadas. El C&oacute;digo de Comercio de Colombia regula el Contrato de Transporte Mar&iacute;timo de Mercanc&iacute;as en su libro quinto, &quot;De la navegaci&oacute;n mar&iacute;tima&quot;. De acuerdo con este libro, el Contrato de Transporte Mar&iacute;timo de Mercanc&iacute;as tiene las siguientes modalidades que coexisten con las figuras propiamente fletamentarias y de arrendamiento de naves:</p>     <blockquote>       <p>&bull; Contrato de transporte mar&iacute;timo de carga total</p>       <p>&bull; Contrato de transporte mar&iacute;timo de carga parcial</p>       <p>&bull; Contrato de transporte mar&iacute;timo de cosa singular</p>       <p>&bull; El contrato de transporte mar&iacute;timo bajo conocimiento de embarque</p> </blockquote>     <p>En materia de regulaci&oacute;n de los contratos de explotaci&oacute;n del buque, la normativa establecida en el C&oacute;digo de Comercio colombiano integra el nucleo regulatorio del transporte mar&iacute;timo en cuanto Colombia no ha ratificado ninguna convenci&oacute;n internacional sobre la materia.</p>     <p>A diferencia del esquema colombiano, la regulaci&oacute;n establecida en el C&oacute;digo de Comercio espa&ntilde;ol ha sido complementada por la incorporaci&oacute;n a ese ordenamiento jur&iacute;dico del Convenio de Bruselas de 1924 (versi&oacute;n de La Haya-Visby) y la promulgaci&oacute;n de la Ley de Transporte Mar&iacute;timo de Mercanc&iacute;as de 1949, que integra los postulados de este Convenio<a href="#12" name="s12"><sup>12</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el caso espa&ntilde;ol, el primer punto a examinar es la coordinaci&oacute;n con las dem&aacute;s normas del ordenamiento jur&iacute;dico, entre ellas las pertenecientes a los convenios internacionales vigentes sobre la materia. En un nivel general, podemos derivar la existencia de un doble r&eacute;gimen, que de ninguna manera es excluyente, aunque s&iacute; complementario. El primer lugar lo ocupar&iacute;a la legislaci&oacute;n con car&aacute;cter especial, es decir, la Ley de Transporte Mar&iacute;timo de Mercanc&iacute;as de 1949, con un &aacute;mbito de aplicaci&oacute;n muy espec&iacute;fico, establecido en su art&iacute;culo 1<a href="#13" name="s13"><sup>13</sup></a>.</p>     <p>A diferencia de la legislaci&oacute;n colombiana, en la cual las relaciones jur&iacute;dicas objeto de su regulaci&oacute;n las podemos considerar subsidiarias a la voluntad de las partes (como sucede con el C&oacute;digo de Comercio espa&ntilde;ol), la Ley espa&ntilde;ola de transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as establece un sistema con car&aacute;cter imperativo.</p>     <p>De acuerdo con lo antes mencionado, podr&iacute;amos afirmar que la normativa codificada tanto en Colombia como en Espa&ntilde;a cuando regula el contrato de transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as presenta las siguientes caracter&iacute;sticas:</p>     <p>- <b>Consagra un derecho subsidiario a la voluntad de las partes en el contrato</b></p>     <p>El proceso codificaci&oacute;n se realiz&oacute; en un momento hist&oacute;rico en el cual estaba en plena vigencia el principio de libertad de contrataci&oacute;n como base fundamental de todo el ordenamiento jur&iacute;dico privado<a href="#14" name="s14"><sup>14</sup></a>. En virtud de este principio, las partes estaban autorizadas legalmente para establecer las condiciones que estimaran oportunas en la regulaci&oacute;n de sus relaciones econ&oacute;micas, manteniendo el ordenamiento jur&iacute;dico un papel subsidiario a la autonom&iacute;a de la voluntad privada. Los l&iacute;mites que impon&iacute;a el ordenamiento jur&iacute;dico (ley, moral y orden p&uacute;blico) otorgaban una gran amplitud al desarrollo de la libertad de contrataci&oacute;n, acorde con las necesidades econ&oacute;micas de ese momento en el cual las instituciones capitalistas se consolidaban en la estructura econ&oacute;mica.</p>     <p>A pesar de que este principio contin&uacute;a siendo pilar fundamental del ordenamiento jur&iacute;dico privado, la situaci&oacute;n actual mantiene cierto grado de contraste con la inicial en cuanto el desarrollo del sistema econ&oacute;mico ha exigido el establecimiento de l&iacute;mites a la iniciativa privada a fin de prevenir posibles consecuencias nocivas que un r&eacute;gimen de liberalismo extremo acarrear&iacute;a para el conjunto social.</p>     <p>En lo referente al derecho mar&iacute;timo, esta tendencia hacia la limitaci&oacute;n del ejercicio de la autonom&iacute;a de la voluntad privada se puede claramente observar si se contrasta el conjunto del ordenamiento establecido por la norma codificada (ampliamente permisiva en cuanto al reconocimiento de los pactos celebrados por las partes) frente a regulaciones posteriores, como ser&iacute;a el caso de las Reglas de La Haya-Visby, las Reglas de Hamburgo de 1978 y las Reglas de Rotterdam de 2008, que consagran un r&eacute;gimen imperativo que debe en todo caso ser respetado por las partes en la celebraci&oacute;n de pactos privados.</p>     <p>Paralelamente a los c&oacute;digos colombiano y espa&ntilde;ol, a nivel de derecho comparado se presenta un contraste similar entre las normas que tradicionalmente ven&iacute;an regulando el transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as y las nuevas regulaciones normalmente contenidas en leyes especiales que consagran un derecho imperativo que generalmente proviene de convenciones internacionales. De esta forma, mientras en el <i>common law </i>se reconocen ampliamente los convenios realizados por las partes, la ley brit&aacute;nica de transporte mar&iacute;timo <i>(Carriage of Goods by Sea Act </i>de 1971, modificada por la <i>Merchant Shipping Act </i>de 1981) consagra el r&eacute;gimen imperativo de la Convenci&oacute;n de Bruselas de 1924 (cfr. Chorley y otros, 1992, p. 169; Colinvaux, 1982, pp. 294 y ss.; Mocatta y otros, 1984, pp. 1 y ss.). Igualmente, en el derecho franc&eacute;s se presenta la misma evoluci&oacute;n entre el C&oacute;digo de Comercio, la Ley francesa de 2 de abril de 1936 y la hoy vigente Ley 66-420 de 18 de junio de 1966.</p>     <p><b>- El naviero mantiene una posici&oacute;n privilegiada en la celebraci&oacute;n, ejecuci&oacute;n y eventual responsabilidad por incumplimiento frente a la parte cargadora</b></p>     <p>La regulaci&oacute;n establecida en la normativa codificada mantiene instituciones creadas por los usos mercantiles provenientes de una larga evoluci&oacute;n de las instituciones jur&iacute;dicas prevalentes en el &aacute;mbito mediterr&aacute;neo y atl&aacute;ntico; entre ellas, a modo de ejemplo, podemos mencionar las Ordenanzas de Bilbao de 1737, el Libro del Consulado del Mar y las Ordenanzas de Barcelona de 1258.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Todas estas regulaciones hab&iacute;an sido creadas en un per&iacute;odo hist&oacute;rico en el cual la actividad comercial mar&iacute;tima exig&iacute;a de un ingente capital que por raz&oacute;n de las t&eacute;cnicas de navegaci&oacute;n y la inseguridad reinante se somet&iacute;a a un gran riesgo en su realizaci&oacute;n. Por ello, la &uacute;nica forma de equilibrar una situaci&oacute;n claramente desfavorable para el naviero era establecer un r&eacute;gimen especial que le dotara de una posici&oacute;n ciertamente privilegiada que no le pod&iacute;a ser dada por el derecho com&uacute;n. El C&oacute;digo de Comercio de Napole&oacute;n de 1807 y los espa&ntilde;oles de 1829 y 1885 son receptores de toda esta tradici&oacute;n que por otro lado se mantiene hasta comienzos del siglo XIX. Debido a ello encontramos en estas normas codificadas y las que les sucedieron de forma mediata e inmediata (como es el caso del C&oacute;digo de Comercio colombiano de 1971), que su articulado desarrolla un r&eacute;gimen especial otorgando un tratamiento favorable al naviero por raz&oacute;n de las circunstancias adversas en las que desempe&ntilde;a su actividad (es ejemplo claro de este tratamiento el reconocimiento del beneficio de limitaci&oacute;n de responsabilidad por la v&iacute;a del abandono del buque y flete reconocido en el art&iacute;culo 587 del C. de Co. espa&ntilde;ol y en el art&iacute;culo 1737 y siguientes del C. de Co. colombiano).</p>     <p><b>4. EL CONTEXTO ACTUAL DEL TRANSPORTE MAR&Iacute;TIMO DE MERCANC&Iacute;AS: </b>LAS REGLAS DE ROTTERDAM DE 2008 Y LOS TRATADOS DE LIBRE COMERCIO DE COLOMBIA CON ESTADOS UNIDOS Y LA UNI&Oacute;N EUROPEA</p>     <p>La aparici&oacute;n de la industria manufacturera dedicada a la producci&oacute;n de bienes terminados en grandes cantidades destinados a comercializarse en un mercado de dimensiones nacionales fue un paso importante en el desarrollo del capitalismo moderno. Esta etapa, que podr&iacute;amos denominar capitalismo industrial, exige el dise&ntilde;o e implementaci&oacute;n de nuevas instituciones jur&iacute;dicas que sirvan de soporte y complemento para el desarrollo de la nueva estructura econ&oacute;mica capitalista (cfr. Gir&oacute;n Tena, 1986, p. 24).</p>     <p>Hoy en d&iacute;a, este proceso de industrializaci&oacute;n de la econom&iacute;a, que ha tenido lugar principalmente en pa&iacute;ses desarrollados, ha continuado ampliando su envergadura con una perspectiva mundial. Asistimos as&iacute; a un escal&oacute;n m&aacute;s dentro de la evoluci&oacute;n del capitalismo, como sistema econ&oacute;mico mundial, en el cual se han rebasado las fronteras nacionales configur&aacute;ndose <i>un mercado a escala mundial. </i>Sin embargo, este proceso de evoluci&oacute;n hacia una globalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a no ha tenido el mismo desarrollo en todos los pa&iacute;ses occidentales (v&eacute;ase el caso espa&ntilde;ol, cfr. Gir&oacute;n Tena,1986, p. 54). El paso hacia un capitalismo industrial y financiero se verific&oacute; realmente en los pa&iacute;ses que hoy llamamos &quot;desarrollados&quot;, mientras que las econom&iacute;as de los pa&iacute;ses llamados en &quot;v&iacute;as de desarrollo&quot; desempe&ntilde;an una funci&oacute;n distinta en la estructura econ&oacute;mica mundial. Podemos, de esta manera, hablar de un fraccionamiento de la econom&iacute;a mundial, en la cual existen, de un lado, los pa&iacute;ses industrializados, exportadores de productos fabricados utilizando alta tecnolog&iacute;a y, del otro, los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo, principalmente productores de materias primas y consumidores de productos terminados (cfr. Du Pontavice, 1976, p. 265).</p>     <p>El esquema econ&oacute;mico antes descrito presenta algunas caracter&iacute;sticas que son de alg&uacute;n inter&eacute;s en el tema que tratamos. En primer lugar, la existencia de un mercado global <i>supone en la actualidad la necesaria inserci&oacute;n de todas las econom&iacute;as nacionales en la actividad comercial mundial, </i>a tal punto que podemos hablar de una forzosa <i>interdependencia de la econom&iacute;as nacionales; </i>en segundo lugar, la concepci&oacute;n de una econom&iacute;a a nivel global, hace necesaria la existencia de <i>empresas multinacionales, </i>que operan rebasando las fronteras nacionales y sin obedecer a un inter&eacute;s nacional concreto distinto a su propio inter&eacute;s econ&oacute;mico<a href="#15" name="s15"><sup>15</sup></a>.</p>     <p>Como podemos ver, el panorama de la econom&iacute;a capitalista en la actualidad es completamente distinto a estadios anteriores de la historia de Occidente. Nos encontramos frente a un comercio a nivel mundial, que se caracteriza por un gran <i>dinamismo a nivel de comercializaci&oacute;n de productos </i>que deben ser desplazados (tanto bienes terminados como materias primas necesarias para su producci&oacute;n). Es, por tanto, que dentro de este engranaje, el sector de transportes resulta de extraordinaria importancia y, al igual que el mercado en el cual se desenvuelve, ha adquirido rasgos de gran complejidad y perfeccionamiento. La aparici&oacute;n y amplia difusi&oacute;n del transporte utilizando el <i>container, </i>as&iacute; como las nuevas formas de transporte multimodal y el denominado transporte puerta a puerta <i>(door to door), </i>evidencian el grado de especializaci&oacute;n que el transporte de mercanc&iacute;as ha tenido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, a fin de adecuarse a las nuevas necesidades que se plantean en la econom&iacute;a contempor&aacute;nea.</p>     <p><b>4.1. Incidencia de las circunstancias actuales en la conformaci&oacute;n de las instituciones jur&iacute;dicas reguladoras del transporte mar&iacute;timo</b></p>     <p>La situaci&oacute;n actual antes mencionada tiene una correspondencia directa en la conformaci&oacute;n de las instituciones jur&iacute;dicas encargadas de regular el transporte de mercanc&iacute;as por v&iacute;a mar&iacute;tima.</p>     <p>La presencia de grandes empresarios productores de un gran n&uacute;mero de mercanc&iacute;as que tienen en un consumidor an&oacute;nimo su destinatario final inicia lo que podr&iacute;amos llamar una <i>despersonalizaci&oacute;n de la relaci&oacute;n de transporte. </i>Es decir, la relaci&oacute;n cercana entre el artesano que elaboraba un determinado producto y su comprador final se disuelve en multitud de intermediarios (entre ellos los encargados del transporte), quienes son los que realmente act&uacute;an frente al consumidor. Existen multitud de mercanc&iacute;as que circulan con gran celeridad, y no es relevante la persona del vendedor o la del transportista, sino la garant&iacute;a que se ofrece de la existencia y condiciones de una determinada mercanc&iacute;a. Estos hechos son los que exigen la presencia de instrumentos representativos que como el conocimiento de embarque y otros documentos utilizados en el comercio electr&oacute;nico permiten la circulaci&oacute;n &aacute;gil y segura de las mercanc&iacute;as que son objeto de transporte. Se crea una relaci&oacute;n diferente de la que hasta el momento hab&iacute;a sido la regulada por el contrato de fletamiento.</p>     <p>La realizaci&oacute;n del transporte mar&iacute;timo en la actualidad es llevada a cabo por empresas con gran capacidad econ&oacute;mica y que act&uacute;an frecuentemente a nivel mundial. Frente a ellas se encuentran una gran cantidad de cargadores y destinatarios, en ocasiones los mismos consumidores de los productos que se transportan. La legislaci&oacute;n mercantil establecida en los c&oacute;digos de comercio, que se basaba en los principios de libertad de contrataci&oacute;n, permit&iacute;a que se pactasen condiciones claramente inequitativas para la parte m&aacute;s d&eacute;bil en la relaci&oacute;n contractual. Por ello, dentro de la pol&iacute;tica general de intervenci&oacute;n del Estado, el poder pol&iacute;tico estableci&oacute; las v&iacute;as jur&iacute;dicas necesarias tendientes a implantar una situaci&oacute;n m&aacute;s equitativa en la relaci&oacute;n de transporte. Las convenciones internacionales en materia de transporte mar&iacute;timo y las legislaciones nacionales son expresi&oacute;n de esa tendencia. En el caso concreto de las Reglas de La Haya-Visby, las Reglas de Hamburgo y las Reglas de Rotterdam, el car&aacute;cter imperativo de la regulaci&oacute;n se manifiesta en la obligatoriedad para las partes de observarla bajo pena de nulidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo, en el &aacute;mbito concreto del transporte mar&iacute;timo se observa la <i>permanencia de una gran conflictividad </i>al momento de pactar las reglas uniformes, especialmente por las repercusiones econ&oacute;micas que tienen para quienes act&uacute;an en el &aacute;mbito del transporte y pol&iacute;ticas para los Estados interesados en mantener el control del sector transporte como esencial en sus econom&iacute;as. Muestra de ello es que se pacte solo sobre lo necesario, intentando evitar una regulaci&oacute;n completa de la materia, como sucede con las Reglas de La Haya-Visby, en las que solo se reglamentan los temas de responsabilidad del porteador por incumplimiento del contrato.</p>     <p>Finalmente, la situaci&oacute;n econ&oacute;mica que enmarca el transporte mar&iacute;timo actual tambi&eacute;n ha tenido una influencia en la <i>configuraci&oacute;n de los actuales contratos de realizaci&oacute;n del transporte mar&iacute;timo. </i>Junto al fletamento, regulado en el C&oacute;digo de Comercio espa&ntilde;ol de 1885, han aparecido otras modalidades contractuales creadas por iniciativa de quienes act&uacute;an en la realizaci&oacute;n de transporte de mercanc&iacute;as, a trav&eacute;s de formularios contractuales uniformes (como es el caso de las diversas modalidades de fletamento que se realizan en la pr&aacute;ctica, entre ellas el <i>voyage charter, time charter, bareboat charter, time charter by demise). </i>En el momento actual, por la naturaleza de los objetos transportados, se ha producido <i>una ruptura en la unidad de la instituci&oacute;n del fletamento mar&iacute;timo. </i>La situaci&oacute;n del transporte de grandes cantidades de mercanc&iacute;as, muchas veces de distinta naturaleza, provenientes de distintos productores y destinadas a multitud de destinatarios finales, se diferencia de aquella otra situaci&oacute;n en la cual existe un solo naviero que transporta grandes cantidades del producto de un mismo cargador o de un n&uacute;mero reducido de ellos. Ambas situaciones son diferentes desde el momento mismo de la celebraci&oacute;n del contrato: mientras en el primer caso puede hablarse de un desequilibrio en la posici&oacute;n negociadora, en el segundo normalmente existe una similar capacidad econ&oacute;mica que permite alcanzar a trav&eacute;s del proceso de negociaci&oacute;n una cierta equidad contractual. Es por ello que la legislaci&oacute;n mar&iacute;tima, en sus fuentes nacionales e internacionales, ha actuado en el primero de estos casos creando instituciones contractuales especiales que se apartan de la figura tradicional del fletamiento.</p>     <p><b>4.2. El convenio de naciones unidas sobre el contrato de transporte internacional de mercanc&iacute;as total o parcialmente mar&iacute;timo - Reglas de Rotterdam de 2008</b></p>     <p>En el marco internacional antes mencionado, la Comisi&oacute;n de las Naciones Unidas para el Derecho Comercial Internacional (UNCITRAL - CNUDCI) promovi&oacute; la firma de un nuevo acuerdo internacional en materia de transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as que, luego de su aprobaci&oacute;n, se convirti&oacute; en el Convenio de las Naciones Unidas sobre el Contrato de Transporte Internacional de Mercanc&iacute;as Total o Parcialmente Mar&iacute;timo, conocido como las Reglas de Rotterdam de 2008<a href="#16" name="s16"><sup>16</sup></a>.</p>     <p>De alguna manera, la promulgaci&oacute;n de esta nueva normativa expresa el fracaso de las iniciativas anteriores de la misma UNCITRAL, que en su momento hab&iacute;a auspiciado la firma de las Reglas de Hamburgo de 1978, cuyo texto finalmente no hab&iacute;a llegado a ser firmado por los pa&iacute;ses con mayor inter&eacute;s en el transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as a nivel mundial.</p>     <p>En este sentido, seguramente el inter&eacute;s de la UNCITRAL se orient&oacute; a brindar a la comunidad internacional un nuevo texto que convocase en una normativa uniforme los distintos intereses en el sector mar&iacute;timo y que a la vez fuera moderna y consecuente con la situaci&oacute;n actual del transporte mar&iacute;timo internacional.</p>     <p>La nueva normativa establecida por las Reglas de Rotterdam se centra en el contrato antes que en el documento que lo formaliza como criterio de aplicaci&oacute;n, a diferencia del criterio utilizado en convenios anteriores, que fijaba su aplicaci&oacute;n objetiva en la presencia de documentos como los conocimientos de embarque.</p>     <p>De esta manera, las Reglas de Rotterdam resultan aplicables a todos los <i>contratos de transporte</i><a href="#17" name="s17"><i><sup>17</sup></i></a><i>, </i>est&eacute;n o no documentados en conocimientos de embarque, en los cuales la recepci&oacute;n de la mercanc&iacute;a o la entrega de esta y el puerto de carga o de descarga se encuentren en Estados diferentes, en la medida que al menos uno de ellos sea parte del Convenio que da vigencia a las Reglas.</p>     <p>Una concepci&oacute;n amplia de aplicaci&oacute;n del convenio permite igualmente regular los contratos de transporte pactados bajo la modalidad de transporte combinado y tambi&eacute;n de transporte multimodal, exigiendo solamente que &quot;al menos un trayecto&quot; se haga por v&iacute;a mar&iacute;tima. Igualmente se regula una nueva modalidad contractual denominada &quot;contrato de volumen&quot; como contrato de transporte mar&iacute;timo en cual se prev&eacute; el transporte de una cantidad de mercanc&iacute;as en sucesivas remesas durante un periodo de tiempo convenido.</p>     <p>El convenio es enf&aacute;tico al excluir de la aplicaci&oacute;n del mismo los contratos de fletamiento u &quot;otros&quot; de utilizaci&oacute;n del buque o de cualquier espacio a bordo, as&iacute; como los pactados en &quot;l&iacute;nea no regular&quot;; en este &uacute;ltimo caso sin excluir aquellos que no siendo fletamientos se hubiesen formalizado en un documento de transporte o documento electr&oacute;nico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>electr&oacute;nicos. As&iacute; podemos igualmente entender la incorporaci&oacute;n del concepto de &quot;parte ejecutante&quot;<a href="#18" name="s18"><sup>18</sup></a> como vinculada En este punto Rotterdam actualiza la materia al incluir bajo su regulaci&oacute;n supuestos espec&iacute;ficos de documentos de transportes negociables y no negociables que pueden documentarse a trav&eacute;s de documentos contractualmente y responsable del transporte aun si no ha firmado directamente el contrato con la parte cargadora.</p>     <p>Como podemos ver, el texto del convenio intenta ponerse a tono con la realidad y necesidades del transporte mar&iacute;timo actual, siendo este punto claramente positivo, aunque la complejidad y extensi&oacute;n de su texto genera dificultades para su interpretaci&oacute;n y aplicaci&oacute;n.</p>     <p>En materia de responsabilidad, el porteador mar&iacute;timo es responsable si la p&eacute;rdida, da&ntilde;o o retraso se present&oacute; durante el periodo de responsabilidad establecido en el art&iacute;culo 12<a href="#19" name="s19"><sup>19</sup></a>. Sin embargo, el porteador mar&iacute;timo, siguiendo la l&iacute;nea de La Haya -Visby, puede exonerarse de responsabilidad alegando la ocurrencia de uno de los eventos exonera-torios establecidos en el Convenio<a href="#20" name="s20"><sup>20</sup></a>.</p>     <p>Si interpretamos la normas anteriormente mencionadas con los art&iacute;culos 11, 13 y 14, que establecen las obligaciones del porteador y que asignan criterios de &quot;diligencia y cuidado debidos&quot; y &quot;debida diligencia&quot;, podemos afirmar que el Convenio, en lo que se refiere al porteador, establece un sistema de responsabilidad culposa, en lo que doctrinalmente se ha denominado &quot;culpa presunta&quot;.</p>     <p>En este punto, el Convenio trata de manera generosa la posici&oacute;n de los intereses del sector naviero, quiz&aacute;s con una finalidad de atraer su respaldo para su firma por parte de los pa&iacute;ses con particulares intereses navieros y evitar lo ocurrido a las Reglas de Hamburgo de 1978.</p>     <p><b>4.3. El acuerdo general sobre aranceles aduaneros y comercio (GATT) y los tratados de libre comercio de Colombia con Estados Unidos y la Uni&oacute;n Europea</b></p>     <p>El proceso de globalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a exige que las econom&iacute;as nacionales, en relaci&oacute;n de interdependencia, realicen una <i>apertura </i>hacia el exterior, con la finalidad de facilitar el intercambio de productos a nivel internacional. Este proceso necesitar&aacute; la implementaci&oacute;n de <i>instrumentos jur&iacute;dicos uniformes </i>que permitan aprovechar al m&aacute;ximo la comercializaci&oacute;n y el transporte de mercac&iacute;as a nivel mundial.</p>     <p>Una manifestaci&oacute;n clara de esta tendencia la podemos encontrar en la creciente integraci&oacute;n econ&oacute;mica que pretende derribar las barreras y los obst&aacute;culos en un determinado entorno geogr&aacute;fico a fin de permitir el intercambio fluido de mercanc&iacute;as y de esta forma potenciar al m&aacute;ximo el desarrollo econ&oacute;mico. Igualmente, son manifestaciones de estas tendencia, ya no a nivel regional sino mundial, la firma y puesta en vigencia de los acuerdos sobre liberalizaci&oacute;n del comercio mundial alcanzados en el marco del GATT. Dentro del conjunto de estos acuerdos (los &uacute;ltimos suscritos principalmente en la Ronda Uruguay), de gran trascendencia para la estructura del comercio mundial, podemos destacar dos aspectos: el primero hace referencia a la creaci&oacute;n de un organismo internacional (Organizaci&oacute;n Mundial de Comercio)<a href="#21" name="s21"><sup>21</sup></a>, que, entre otras funciones, tiene las de servir de marco institucional com&uacute;n para el desarrollo de las relaciones comerciales entre sus miembros (art&iacute;culo II), facilitar la aplicaci&oacute;n, administraci&oacute;n y funcionamiento de los acuerdos (art&iacute;culo III, 1), y constituir un foro para las negociaciones entre sus miembros acerca de sus relaciones comerciales multilaterales (art&iacute;culo III, 2). El segundo aspecto se refiere a la firma del Acuerdo General sobre Comercio de Servicios (GATS), dentro del cual, y por falta de consenso, no se concluyeron sectores como las telecomunicaciones b&aacute;sicas, los servicios financieros, el movimiento de personas y el transporte mar&iacute;timo, que se han dejado para ser pactados en negociaciones posteriores<a href="#22" name="s22"><sup>22</sup></a>.</p>     <p>Igualmente, en el marco de la integraci&oacute;n econ&oacute;mica regional y bilateral debemos destacar la realizaci&oacute;n y firma de acuerdos econ&oacute;micos como los suscritos por Colombia con Estados Unidos y la Uni&oacute;n Europea. El primero de ellos ya ha sido firmado por ambos pa&iacute;ses, con lo cual su vigencia, aplicaci&oacute;n e implantaci&oacute;n es inminente; el texto del segundo est&aacute; acordado a la espera de culminar el proceso de aprobaci&oacute;n y ratificaci&oacute;n por ambos pa&iacute;ses.</p>     <p>En virtud del Tratado de Libre Comercio suscrito entre Colombia y Estados Unidos de Am&eacute;rica (TLC Colombia - EE.UU.), ambos pa&iacute;ses establecen una zona de libre comercio (art&iacute;culo 1.1.), oblig&aacute;ndose a no incrementar los aranceles aduaneros existentes sobre mercanc&iacute;as originarias y a no adoptar unos nuevos (art&iacute;culo 2.3), as&iacute; como a otorgarse rec&iacute;procamente el trato nacional a sus mercanc&iacute;as de origen (art&iacute;culo 2.2.).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La zona de libre comercio establecida entre ambos pa&iacute;ses permitir&aacute; la libre circulaci&oacute;n de productos y servicios. Particularmente, en el &aacute;mbito de los servicios, el cap&iacute;tulo 11 regula el &quot;comercio transfronterizo de servicios&quot;, estableciendo el reconocimiento mutuo del principio del &quot;trato nacional&quot; y de &quot;naci&oacute;n m&aacute;s favorecida&quot; para ambas partes (art&iacute;culos 11.2 y 11.3). Igualmente se establece que no se podr&aacute;n adoptar medidas que afecten el comercio transfronterizo de servicios suministrados por proveedores de la otra parte (art&iacute;culos 11.1 y 11.4).</p>     <p>Las normas relativas a la libre prestaci&oacute;n de servicios entre ambos Estados se aplican a todos los sectores de la econom&iacute;a, salvo las excepciones establecidas en los anexos I y II (medidas disconformes), en las cuales ambas partes han establecido en qu&eacute; sectores pueden mantener medidas o restricciones que afectan la libre prestaci&oacute;n de servicios en la nueva zona de libre comercio<a href="#23" name="s23"><sup>23</sup></a>.</p>     <p>Por su parte, el Tratado de Libre Comercio con la Uni&oacute;n Europea (TLC Colombia - UE) establece igualmente una zona de libre comercio entre ambas econom&iacute;as de conformidad con el GATT 1994 (art&iacute;culo XXIV) y el GATS.</p>     <p>En los t&eacute;rminos de art&iacute;culo 4 del TLC Colombia - UE, el acuerdo pretende la liberalizaci&oacute;n progresiva y gradual del comercio de mercanc&iacute;as y de servicios, la facilitaci&oacute;n del comercio de mercanc&iacute;as mediante las disposiciones sobre aduanas, reglamentos t&eacute;cnicos y procesos de evaluaci&oacute;n, el creciente flujo de inversiones y mejoramiento de las condiciones de establecimiento entre las partes y la protecci&oacute;n adecuada de los derecho de propiedad intelectual.</p>     <p>A diferencia del tratado con Estados Unidos, el acordado con la Uni&oacute;n Europea establece expresamente una regulaci&oacute;n especial de los derecho de establecimiento de empresas de ambas partes en la nueva zona de libre comercio. La libertad de establecimiento de las empresas se aplicar&aacute; en todos los sectores econ&oacute;micos, excepto en la extranci&oacute;n, fabricaci&oacute;n y producci&oacute;n de materiales nucleares, la producci&oacute;n o comercio de armas, municiones y material b&eacute;lico, los servicios audiovisuales, el cabotaje mar&iacute;timo nacional, las basuras t&oacute;xicas y el transporte a&eacute;reo internacional tanto regular como no regular.</p>     <p>El TLC Colombia - UE reconoce igualmente el principio de trato nacional en el derecho de establecimiento, en virtud del cual ambas partes aplicar&aacute;n a las empresas de la otra parte un trato no menos favorable que el otorgue a sus propios establecimientos e inversionistas nacionales, salvo cuando se trate de compensar ventajas competitivas intr&iacute;nsecas que resultan del car&aacute;cter extranjero de los inversionistas.</p>     <p>Particularmente, en lo que se refiere a la libre prestaci&oacute;n de servicios, este tratado tambi&eacute;n reconoce el libre acceso a los servicios y los proveedores de servicios de la otra parte (trato nacional), estableciendo una normativa particular en materia de transporte mar&iacute;timo. En este sentido, cada parte, en virtud del art&iacute;culo 160 del TLC Colombia - UE, aplicar&aacute; el principio de acceso sin restricciones a los mercados y comercio mar&iacute;timo internacionales sobre bases comerciales no discriminatorias, al igual que otorgar&aacute; a la naves de bandera de la otra parte y a las naves operadas por proveedores de servicios de la otra un tratamiento no menos favorable que el otorgado a sus propias naves en relaci&oacute;n con servicios de puertos, uso de infraestructuras y servicios mar&iacute;timo auxiliares, derechos y cargas, instalaciones de aduanas, asignacion de atracaderos e instalaciones de carga y descarga.</p>     <p>En desarrollo de estos principios, tanto Colombia como la Uni&oacute;n Europea se comprometen a no introducir en acuerdos bilaterales futuros con terceros pa&iacute;ses cualquier sistema de reparto de carga o restricci&oacute;n encubierta o discriminatoria, as&iacute; como poner fin a los acuerdos ahora existentes.</p>     <p>Con la finalidad de facilitar las operaciones de transporte mar&iacute;timo, fundamentales para el adecuado desarrollo del libre comercio entre ambas partes, tanto Colombia como la Uni&oacute;n Europea deber&aacute;n poner a disposici&oacute;n de los buques de ambos pa&iacute;ses los servicios de pr&aacute;cticaje, asistencia en arrastre y remolque, aprovisionamiento, abastecimiento de combustible y agua, recolecci&oacute;n de basuras y dem&aacute;s servicios portuarios (entre ellos los de capitan&iacute;a de puertos, asistencia de navegaci&oacute;n, comunicaciones, muellaje).</p>     <p>Como es tradicional en este tipo de convenios internacionales, los principios de libre comercio, facilitaci&oacute;n, promoci&oacute;n de intercambio de mercanc&iacute;as y de prestaci&oacute;n de servicios tienen sus mecanismos de reservas establecidos por cada parte y especificados en los anexos VII y VIII del tratado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p>1. La evoluci&oacute;n m&aacute;s reciente de la normativa reguladora del Contrato de Transporte Mar&iacute;timo de Mercanc&iacute;as ha venido determinada por una permanente contradicci&oacute;n entre los intereses del sector naviero frente al sector cargador. En este sentido, la normativa ha evolucionado desde un criterio dispositivo y subsidiario que permit&iacute;a a las partes involucradas pactar libremente los t&eacute;rminos del contrato a un esquema imperativo en el cual la legislaci&oacute;n establece unos principios m&iacute;nimos que en todos caso deben ser respetados por las partes.</p>     <p>2. La normativa codificada, dentro de ella la establecida en nuestro C&oacute;digo de Comercio, se basa en el principio de libertad de pactos entre las partes, permitiendo el establecimiento de acuerdos que llegaban incluso a exonerar de responsabilidad al naviero respecto a sus obligaciones frente a la parte cargadora.</p>     <p>3. Las diferencias de poder de negociaci&oacute;n permitieron en el esquema de los c&oacute;digos de comercio, el establecimiento de cl&aacute;usulas claramente abusivas por parte del sector naviero, frente a las cuales reaccionaron los sectores cargadores, estableciendo sistemas como el regulado por el <i>Harter Act norteamericano de 1893, </i>basados en un criterio imperativo para las partes vinculadas por el Contrato de Transporte Mar&iacute;timo de Mercanc&iacute;as.</p>     <p>4. El convenio internacional para la unificaci&oacute;n de ciertas reglas en materia de conocimiento de embarque de 25 de agosto de 1924 (Convenio de Bruselas de 1924) constituye un instrumento de transacci&oacute;n entre los intereses del sector naviero y los intereses del sector cargador para el establecimiento de un sistema de responsabilidad en el transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as. Podemos decir que es un sistema m&aacute;s justo y equitativo que el vigente hasta ese momento, aunque mantiene generosos mecanismos de exoneraci&oacute;n y limitaci&oacute;n de responsabilidad a favor del naviero cuando se presentan da&ntilde;os a la mercanc&iacute;a o retraso en su entrega en destino.</p>     <p>5. Si bien el Convenio de Bruselas de 1924 fue un texto adecuado al momento de su promulgaci&oacute;n, las circunstancias del transporte mar&iacute;timo que se presentaron en d&eacute;cadas posteriores y las que se presentan en la actualidad exigen la necesidad de un cambio regulatorio. La Organizaci&oacute;n de Naciones Unidas, a trav&eacute;s de la UNCITRAL, ha propiciado en el &aacute;mbito mar&iacute;timo internacional este cambio auspiciando la elaboraci&oacute;n de convenios internacionales como las Reglas de Hamburgo de 1978 y la Reglas de Rotterdam de 2008, con vocaci&oacute;n de regir el transporte mar&iacute;timo a nivel internacional.</p>     <p>6. A pesar de que las Reglas de Hamburgo de 1978 son un texto m&aacute;s acabado t&eacute;cnicamente y mejor configurado en t&eacute;rminos de equilibrio de prestaciones para las partes, no llegaron a tener &eacute;xito en cuanto no han sido firmadas y ratificadas por los pa&iacute;ses con mayor presencia en el transporte mar&iacute;timo mundial. En este sentido, la propia UNCITRAL, que en su momento auspici&oacute; la firma de las Reglas de Hamburgo, propone actualmente la ratificaci&oacute;n de las Reglas de Rotterdam de 2008, que mantienen un esquema basado en la culpa presunta, con mecanismos de exoneraci&oacute;n y limitaci&oacute;n de responsabilidad claramente favorables a la parte naviera; ello seguramente con la finalidad de atraer el inter&eacute;s de los sectores navieros para promover su ratificaci&oacute;n y vigencia internacional.</p>     <p>7. Particularmente en el caso colombiano, es necesario mencionar la inminente vigencia del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y la pr&oacute;xima ratificaci&oacute;n del Tratado de Libre Comercio con la Uni&oacute;n Europea. A trav&eacute;s de ambos textos normativos nuestro pa&iacute;s contar&aacute; con dos zonas de libre comercio con los principales bloques econ&oacute;micos a nivel mundial donde se podr&aacute; generar una importante circulaci&oacute;n de bienes y de servicios. Parte esencial de este esquema de crecimiento de mercados ser&aacute; el sector del transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as, el cual es reconocido en los textos de los tratados como servicio transfronterizo, que gozar&aacute;, salvo la reservas mencionadas en cada uno de estos acuerdos, de los beneficios de libertad de establecimiento y los principios de trato nacional y de naci&oacute;n m&aacute;s favorecida, a fin de facilitar su desarrollo en el nuevo marco econ&oacute;mico.</p> <hr>     <p><a href="#s1" name="1"><sup>1</sup></a> El Comit&eacute; Mar&iacute;timo Internacional (CMI) celebr&oacute; su sesi&oacute;n inaugural en Bruselas el 6 de junio de 1897. Constituye una asociaci&oacute;n internacional privada integrada por armadores, abogados y delegaciones de diferentes pa&iacute;ses. Su objetivo es procurar la unificaci&oacute;n internacional mar&iacute;tima, mediante la elaboraci&oacute;n de proyectos de convenciones internacionales que son presentados para su discusi&oacute;n y firma en conferencias diplom&aacute;ticas. Desde su creaci&oacute;n, su labor ha sido muy importante en diferentes temas de derecho mar&iacute;timo, hasta la aparici&oacute;n de otros organismos especializados con finalidades similares (por ejemplo, UNCITRAL). En lo que se refiere al transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as, fue la iniciativa del CMI la que impuls&oacute; la firma del Convenio de Bruselas del 25 de agosto de 1924 sobre unificaci&oacute;n de ciertas reglas en materia de transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as en r&eacute;gimen de conocimiento de embarque, normativa que mantiene una amplia vigencia a nivel internacional (cfr. Arroyo, 1995, p. 159).</p>     <p><a href="#s2" name="2"><sup>2</sup></a> Concretamente podemos afirmar la influencia del <i>Harter Act </i>estadounidense en las posteriores legislaciones nacionales de las colonias brit&aacute;nicas, las reglas de La Haya originales de 1921 y finalmente en la Convenci&oacute;n de Bruselas de 1924 sobre unificaci&oacute;n en materia de conocimientos de embarque (cfr. Lopuski, 1987, p. 220).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s3" name="3"><sup>3</sup></a> El promotor de la iniciativa legislativa en el Congreso de Estados Unidos fue Michael D. Harter, quien ten&iacute;a un inter&eacute;s directo en este tema por cuanto se dedicaba a la exportaci&oacute;n de mercanc&iacute;as.</p>     <p><a href="#s4" name="4"><sup>4</sup></a> Recordemos la influencia que en la redacci&oacute;n y estructura del Convenio de Bruselas tuvo el derecho ingl&eacute;s, protector de los intereses de los transportistas brit&aacute;nicos. El derecho ingl&eacute;s ha optado por darle a este tema un tratamiento conceptualmente diferente al derecho continental. A pesar de las diferencias que podamos encontrar, el planteamiento general dado por el derecho brit&aacute;nico coincide en esencia con la consideraci&oacute;n del transporte como eje dentro del cual se articulan los contratos de fletamento <i>(affreightment). </i>El planteamiento brit&aacute;nico, quiz&aacute;s m&aacute;s pr&aacute;ctico aunque menos elaborado conceptualmente, hace girar los contratos de transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as en torno a la figura del fletamento, que puede nacer bien sea de un compromiso del naviero para transportar mercanc&iacute;as por mar o bien un compromiso para proveer un buque para realizar dicho transporte. Tradicionalmente se admite que el transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as puede asumir una de dos formas de acuerdo con la documentaci&oacute;n contractual que se utilice al momento de su celebraci&oacute;n. De esta manera podemos hablar de p&oacute;liza de fletamento <i>(charter-party) </i>o bien de conocimientos de embarque <i>(bills of lading). </i>Mediante el contrato contenido en un <i>charterparty, </i>el naviero se obliga a ofrecer la capacidad de su buque para un viaje particular o para un espec&iacute;fico per&iacute;odo de tiempo, consider&aacute;ndose, en uno u otro caso, <i>voyage - charterparty </i>o <i>time - charterpart</i>y respectivamente. Cada tipo de contrato cumple una distinta finalidad, mientras el documentado en <i>bills of lading </i>es utilizado para el transporte de mercanc&iacute;as en servicio de linea regular, ofreciendo el naviero este servicio de transporte con indiferencia de la mercanc&iacute;a y la persona del cargador, en el formalizado a trav&eacute;s de un <i>charterparty, </i>el fletador toma un buque del fletante y lo utiliza para el transporte de mercanc&iacute;as en la realizaci&oacute;n de un determinado viaje o bien por un espec&iacute;fico periodo de tiempo. A trav&eacute;s del <i>charterparty, </i>tanto las empresas armadoras con d&eacute;ficit temporal en disponibilidad de buques como las empresas comerciales a gran escala (por ejemplo, petroleras), necesitadas de transportar sus productos, pero no interesadas en asumir directamente la realizaci&oacute;n de la traves&iacute;a mar&iacute;tima, pueden acceder a buques de empresas fletantes para satisfacer sus necesidades temporales. Por el contrario, las empresas de menores dimensiones, cuyo &uacute;nico inter&eacute;s radica es trasladar sus mercanc&iacute;as de un sitio a otro, sin importar el buque a trav&eacute;s del cual se realice en la medida que cumpla con las condiciones adecuadas y de seguridad, optan por la celebraci&oacute;n de un contrato de transporte documentado en conocimiento de embarque. (cfr. Wilson,1993, pp. 3 y ss.; Gaskell, Debattista &amp; Swatton, 1992, pp. 165 y ss.; Colinvaux, 1982; Lennox &amp; Mocatta, 1984, p. 1 y ss.).</p>     <p><a href="#s5" name="5"><sup>5</sup></a>En opini&oacute;n de Jan Lopuski (1987, p. 221), la presi&oacute;n que han ejercido los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo a trav&eacute;s de organismos internacionales tales como la Organizaci&oacute;n Mar&iacute;tima Internacional (OMI), la Comisi&oacute;n de las Naciones Unidas para el Derecho Comercial Internacional (UNCITRAL - CNUDCI) y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo (CNUCED.) ha sido muy importante en el movimiento de reforma que se ha desarrollado. Otros autores consideran esta intervenci&oacute;n perniciosa. La idea de que la actual reglamentaci&oacute;n mar&iacute;tima hace parte de un orden econ&oacute;mico internacional necesariamente contrario a sus intereses y, por tanto, debe, a todas luces, ser reformada, es exagerada y en muchos casos ha justificado verdaderas &quot;mutilaciones&quot; al derecho mar&iacute;timo (cfr. por todos, Poirier D'ange D'orsay , 1975, p. 233).</p>     <p><a href="#s6" name="6"><sup>6</sup></a> La generalizaci&oacute;n del uso del <i>container </i>en el transporte repercuti&oacute; de diversas maneras. As&iacute;, desde el punto de vista jur&iacute;dico podemos destacar qu se empez&oacute; a otorgar un solo documento de transporte multimodal en reemplazo de varios documentos correspondientes a cada uno de los medios utilizados. Estos nuevos documentos fueron aceptados, por ejemplo, por los operadores econ&oacute;micos implicados, con el mismo valor de los conocimientos de embarque tradicionales (cfr. Ramberg , 1980, p. 122).</p>     <p><a href="#s7" name="7"><sup>7</sup></a> El cada vez mayor calado de los buques signific&oacute; un cambio en las rutas de navegaci&oacute;n (muchas empresas que utilizaban la ruta a trav&eacute;s del canal del Suez ahora deben hacerlo rodeando el Africa) (cfr. Coto Mill&aacute;n, 1988, p. 189; Gir&oacute;n Tena,1959, p. XXIII).</p>     <p><a href="#s8" name="8"><sup>8</sup></a> El conflicto de intereses que se esconde detr&aacute;s las conferencias diplom&aacute;ticas que dan origen a ambas convenciones enfrentan a pa&iacute;ses transportistas y a pa&iacute;ses cargadores. La firma del Convenio de Bruselas de 1924 bajo los auspicios del Comit&eacute; Mar&iacute;timo Internacional representa el mantenimiento del <i>stato quo, </i>en materia de distribuci&oacute;n de riesgos, favorable a los intereses de los transportistas; por el contrario, las Reglas de Hamburgo de 1978, firmadas bajo los auspicios de la Comisi&oacute;n de Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (UNCITRAL - CNUDCI), constituyen una reinvindicaci&oacute;n de los pa&iacute;ses cargadores (en su gran mayor&iacute;a pa&iacute;ses en v&iacute;a de desarrollo) para crear condiciones de transporte m&aacute;s equitativas para sus intereses.</p>     <p><a href="#s9" name="9"><sup>9</sup></a> El sistema de responsabilidad de las Reglas de Hamburgo se asienta sobre los siguientes pilares: 1) El porteador es responsable de los perjuicios resultantes de la p&eacute;rdida, da&ntilde;o o retraso en la entrega, a menos que pruebe que &eacute;l, sus empleados o sus agentes adoptaron todas las medidas que razonablemente podr&iacute;an exigirse para evitar el hecho y sus consecuencias; 2) Si el porteador es responsable, su responsabilidad se limita a una cantidad por bulto o unidad (no se pueden acoger a esta limitaci&oacute;n si se prueba que la p&eacute;rdida, da&ntilde;o o retraso provino del dolo del porteador); 3) Se establece como sanci&oacute;n la nulidad de cualquier estipulaci&oacute;n contraria a los principios establecidos en las Reglas (cfr. Viguera Rubio, 1982, p. 246). La consagraci&oacute;n de la responsabilidad por culpa conlleva dentro del sistema de las Reglas a una presunci&oacute;n <i>iuris tantum </i>de culpabilidad del porteador mar&iacute;timo por los da&ntilde;os o p&eacute;rdidas sufridos por las mercanc&iacute;as o el retraso, es decir, probatoriamente implica una inversi&oacute;n de la carga de la prueba, ya que el porteador debe verificar esas medidas razonables para ser exonerado (cfr. Emparanza, 1993, p. 151). Las Reglas de Hamburgo establecen la norma general que supone la presunci&oacute;n de culpabilidad para el porteador, a no ser este pruebe haber actuado con diligencia debida (cfr. Matilla Alegre, 1988, p. 151).</p>     <p><a href="#s10" name="10"><sup>10</sup></a> Estos pa&iacute;ses son: Albania, Austria, Barbados, Botswana, Burquina Faso, Burundi, Camer&uacute;n, Chile, Egipto, Gambia, Georgia, Guinea, Hungr&iacute;a, Jordania, Kazjst&aacute;n, Kenya, Lesotho, L&iacute;bano, Liberia, Malawi, Marruecos, Nigeria, Paraguay, Rep&uacute;blica &Aacute;rabe Siria, Rep&uacute;blica Checa, Rep&uacute;blica Dominicana, Rep&uacute;blica Unida de Tanzania, Ruman&iacute;a, San Vicente y las Granadinas, Senegal, Sierra Leona, T&uacute;nez, Uganda y Zambia. Ver: <a href="http://www.uncitral.org" target="_blank">www.uncitral.org</a>.</p>     <p><a href="#s11" name="11"><sup>11</sup></a> Por ello, los c&oacute;digos no los podemos entender como meras recopilaciones de una legislaci&oacute;n vigente, como suced&iacute;a con las ordenanzas reales del per&iacute;odo absolutista, sino que realmente constitu&iacute;an instrumentos revolucionarios en cuanto incorporaban una nueva concepci&oacute;n de la sociedad y de la actividad econ&oacute;mica que en ella se realizaba. En Francia, cuna del movimiento codificador, la elaboraci&oacute;n de estos instrumentos jur&iacute;dicos encierran una doble consideraci&oacute;n a primera vista contradictoria. En primer lugar, son fruto de la ideolog&iacute;a de derecho natural y racionalista presente en el pensamiento de sus elaboradores, por la cual se consideraba que deb&iacute;an consagrar aquellas instituciones que eran esenciales a la misma naturaleza humana, inmanentes a la convivencia social (cfr. Gir&oacute;n Tena, 1986, pp. 46 y ss.; Men&eacute;ndez, 1986, p. 61) . Principios fundamentales como la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, la libertad de contrataci&oacute;n y de disposici&oacute;n bienes o la especial relevancia a la instituci&oacute;n del contrato como instrumento jur&iacute;dico de circulaci&oacute;n de bienes, pretend&iacute;an romper con la jerarqu&iacute;a social vigente en la Edad Media y liberar los bienes concentrados durante siglos, para impulsar el desarrollo de las nuevas actividades econ&oacute;micas (cfr. Gir&oacute;n Tena, 1986, pp. 120 y ss.). Por otro lado, si bien el c&oacute;digo como instrumento jur&iacute;dico constituy&oacute; un mecanismo adecuado para consolidar los logros revolucionarios de la Francia napole&oacute;nica, no supo ser consecuente con el proceso de transici&oacute;n econ&oacute;mica que se estaba efectuando al momento de su elaboraci&oacute;n, ni mucho menos prever en su articulado los futuros cambios que se iban a producir. Las propias ideas que justificaban su elaboraci&oacute;n en ese momento hist&oacute;rico, entre de las cuales estaba su consideraci&oacute;n como instrumentos receptores de principios esenciales e inmanentes a la convivencia social y, por lo tanto, ajenos a las vicisitudes de los tiempos, imped&iacute;an que constituyesen una v&iacute;a adecuada para el desarrollo armonioso del sistema capitalista que se estaba gestando. En Espa&ntilde;a, por razones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas particulares, la codificaci&oacute;n se efectu&oacute; con cierto retraso en relaci&oacute;n con otros pa&iacute;ses del &aacute;mbito europeo (Cfr. Gir&oacute;n Tena, 1986, p. 54). Al igual que en Francia, el C&oacute;digo de Comercio de 1829 y el posterior de 1885 incorporan las ideas liberales propias del movimiento liberal burgu&eacute;s, aunque pasa por alto las nuevas realidades en el campo de los hechos que se est&aacute;n produciendo y que dar&aacute;n origen a una nueva estructura del sistema capitalista (cfr. Mu&ntilde;oz Planas, 1986, pp. 395 y ss.).</p>     <p><a href="#s12" name="12"><sup>12</sup></a> Cuando hablamos de las Reglas de La Haya-Visby, nos referimos al Convenio de Bruselas de 1924, modificado por el protocolo de 23 de febrero de 1968 (Reglas de Visby) y de 21 de diciembre de 1979. Como sabemos, el Convenio de Bruselas de 1924, norma internacional reguladora del transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as en materia de conocimiento de embarque, fue ratificado por Espa&ntilde;a el 2 de junio de 1930 (Gaceta n&uacute;m. 212 de 31 de julio de 1930). El mismo Convenio establece en el texto del protocolo de la firma el procedimiento de incorporaci&oacute;n en la legislaci&oacute;n nacional: &quot;Las Altas Partes contratantes podr&aacute;n dar efecto a este Convenio, ya d&aacute;ndole fuerza de ley, ya introduciendo en su legislaci&oacute;n nacional las reglas adoptadas por el Convenio, en forma apropiada a esta legislaci&oacute;n&quot;. A este respecto, el Gobierno espa&ntilde;ol no solamente ratific&oacute; el Convenio sino que lo incorpor&oacute; a su legislaci&oacute;n interna mediante una ley (Ley de Transporte Mar&iacute;timo de Mercanc&iacute;as de 1949). Posteriormente, los protocolos modificativos del Convenio de Bruselas, de 1968 y 1979, fueron tambi&eacute;n ratificados por Espa&ntilde;a (BOE de 11 de febrero de 1984), aunque no incorporados a trav&eacute;s de una ley. A pesar de la no promulgaci&oacute;n de una ley que reprodujera dichos protocolos, estos se pueden considerar vigentes v&iacute;a art&iacute;culo 96, 1 de la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola. De esta forma podemos concluir que la normativa actualmente vigente en Espa&ntilde;a en materia de transporte mar&iacute;timo de mercanc&iacute;as bajo conocimiento de embarque est&aacute; constituida por la Ley de Transporte Mar&iacute;timo de Mercanc&iacute;as de 1949, que incorpora el Convenio de Bruselas, modificada parcialmente por los protocolos modificatorios de dicho Convenio de fechas 1968 y 1979 (cfr. S&aacute;nchez Calero, 1995, p. 557; Broseta Pont, 1994, p. 835).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s13" name="13"><sup>13</sup></a> Art. 1: &quot;La presente ley tiene por objeto regular las relaciones entre los elementos interesados en el transporte de mercanc&iacute;as por mar, y se aplicar&aacute; solamente al contrato de transporte internacional, formalizado en las condiciones que expresa el art&iacute;culo siguiente, a las mercanc&iacute;as que en &eacute;l se mencionan, y por el tiempo transcurrido desde la carga de las mercanc&iacute;as hasta su descarga, realizadas estas operaciones por los medios propios del barco, entendi&eacute;ndose que cuando se empleen medios ajenos al mismo el contrato empezar&aacute; a regir cuando la mercanc&iacute;a se encuentra a bordo del buque&quot;.</p>     <p><a href="#s14" name="14"><sup>14</sup></a> El texto del Decreto de 20 de septiembre de 1869, mediante el cual se crea una nueva Comisi&oacute;n para la revisi&oacute;n del C&oacute;digo de Comercio espa&ntilde;ol de 1829 y se establecen las bases sobre las cuales debe trabajar dicha Comisi&oacute;n, afirma en la Base Primera: &quot;La reforma del C&oacute;digo de Comercio debe comprender: primero, la abolici&oacute;n de toda traba que impida o embarace la facultad que la Constituci&oacute;n concede a los espa&ntilde;oles de contratar libremente, de ejercer toda clase de cargos, y de asociarse para los varios fines humanos no contrarios a la moral y al derecho...&quot;. A continuaci&oacute;n, en la Base Segunda se establece que &quot;El C&oacute;digo no podr&aacute; imponer, por lo tanto, para la legitimidad de los contratos, reglas y formas determinadas y exclusivas, y deber&aacute; por el contrario reconocer que tienen fuerza de obligar las que fijen y adopten lib&eacute;rrimamente las partes contratantes en uso de su derecho...&quot;. (Tomado de la Colecci&oacute;n Legislativa de Espa&ntilde;a, segundo semestre de 1869, t. 102, pp. 548 y 549).</p>     <p><a href="#15" name="15"><sup>15</sup></a> En el mar, en lugar de una confrontaci&oacute;n este - oeste, cl&aacute;sica o preponderante en materia terrestre, la oposici&oacute;n se da entre norte - sur (cfr. Du Pontavice, 1976, p. 261).</p>     <p><a href="#s16" name="16"><sup>16</sup></a> En materia de Reglas de Rotterdam puede verse, entre otros: Arroyo (2010, pp. 25 a 43); Berlingieri (2009, pp. 867 a 883; 2009, pp. 317 a 321); Delebecque (2008, pp. 787 a 790; 2009, pp. 335 a 340); Gorriz L&oacute;pez (2009, pp. 25 a 79); Kozubovskaya-Pelle (2010, pp. 175 a 182).</p>     <p><a href="#s17" name="17"><sup>17</sup></a> Art&iacute;culo 1. DEFINICIONES. A los efectos del presente Convenio: 1. Por &quot;contrato de transporte&quot; se entender&aacute; todo contrato en virtud del cual un porteador se comprometa, a cambio del pago de un flete, a transportar mercanc&iacute;as de un lugar a otro. Dicho contrato deber&aacute; prever el transporte mar&iacute;timo de las mercanc&iacute;as y podr&aacute; prever, adem&aacute;s, su transporte por otros modos.</p>     <p><a href="#s18" name="18"><sup>18</sup></a> Art&iacute;culo 1.5 a): &quot;Por <i>parte ejecutante </i>se entender&aacute; la persona, distinta del porteador, que ejecute o se comprometa a ejecutar alguna de las obligaciones del porteador previstas en un contrato de transporte respecto de la recepci&oacute;n, la carga, la manipulaci&oacute;n, la estiba, el transporte, el cuidado, la descarga o la entrega de las mercanc&iacute;as, en la medida en que dicha persona act&uacute;e, directa o indirectamente, a instancia del porteador o bajo su supervisi&oacute;n o control&quot;.</p>     <p><a href="#s19" name="19"><sup>19</sup></a> Art&iacute;culo 12. PER&Iacute;ODO DE RESPONSABILIDAD DEL PORTEADOR. 1. El per&iacute;odo de responsabilidad del porteador por las mercanc&iacute;as establecido en el presente Convenio comienza en el momento en que el porteador o una parte ejecutante reciba las mercanc&iacute;as para su transporte y termina en el momento de su entrega. 2. a) Si la ley o los reglamentos aplicables en el lugar de la recepci&oacute;n exigen que las mercanc&iacute;as sean entregadas a una autoridad o a un tercero de quien el porteador pueda recogerlas, el per&iacute;odo de responsabilidad del porteador comenzar&aacute; cuando el porteador las recoja de dicha autoridad o tercero, b) Si la ley o los reglamentos aplicables en el lugar de la entrega exigen que el porteador entregue las mercanc&iacute;as a una autoridad o a un tercero de quien el destinatario pueda recogerlas, el per&iacute;odo de responsabilidad del porteador terminar&aacute; cuando las entregue a dicha autoridad o tercero. 3. Para la determinaci&oacute;n del per&iacute;odo de responsabilidad, las partes podr&aacute;n estipular el momento y el lugar de la recepci&oacute;n y la entrega, pero ser&aacute; nula toda cl&aacute;usula del contrato de transporte en la medida en que disponga que: a) El momento de la recepci&oacute;n de las mercanc&iacute;as es posterior al inicio de la operaci&oacute;n inicial de carga con arreglo al contrato de transporte; o b) El momento de la entrega de las mercanc&iacute;as es anterior a la finalizaci&oacute;n de la operaci&oacute;n final de descarga con arreglo al contrato de transporte.</p>     <p><a href="#s20" name="20"><sup>20</sup></a> Art&iacute;culo 17. 3. El porteador quedar&aacute; asimismo total o parcialmente exonerado de la responsabilidad establecida en el p&aacute;rrafo 1 del presente art&iacute;culo si, en vez de probar que est&aacute; exento de culpa en los t&eacute;rminos previstos en el p&aacute;rrafo 2 del presente art&iacute;culo, prueba que uno o m&aacute;s de los siguientes hechos o circunstancias caus&oacute; o contribuy&oacute; a causar la p&eacute;rdida, el da&ntilde;o o el retraso: a) Fuerza mayor; b) Riesgos, peligros y accidentes del mar o de otras aguas navegables; c) Guerra, hostilidades, conflicto armado, pirater&iacute;a, terrorismo, motines y tumultos; d) Restricciones por cuarentena; injerencia o impedimentos imputables a autoridades p&uacute;blicas o gubernamentales, a dirigentes o a pueblos, incluida toda medida de detenci&oacute;n, embargo o incautaci&oacute;n no imputable al porteador ni a ninguna de las personas mencionadas en el art&iacute;culo 18; e) Huelgas, cierre patronal, interrupci&oacute;n del trabajo o reducci&oacute;n intencional del ritmo laboral; f) Incendio a bordo del buque; g) Vicios ocultos que no puedan descubrirse obrando con la debida diligencia; h) Acto u omisi&oacute;n del cargador, del cargador documentario, de la parte controladora o de cualquier otra persona por cuyos actos sea responsable el cargador o el cargador documentario conforme a los art&iacute;culos 33 o 34; i) Carga, manipulaci&oacute;n, estiba o descarga de las mercanc&iacute;as efectuada con arreglo a un pacto concluido conforme a lo previsto en el p&aacute;rrafo 2 del art&iacute;culo 13, salvo que el porteador o una parte ejecutante sea quien ejecute dicha tarea en nombre del cargador, del cargador documentario o del destinatario; j) P&eacute;rdida de volumen o de peso, o cualquier otra p&eacute;rdida o da&ntilde;o que sea imputable a la naturaleza o a un defecto, cualidad o vicio propio de las mercanc&iacute;as; k) Insuficiencia o deficiencias del embalaje o del marcado de las mercanc&iacute;as, siempre y cuando no hayan sido efectuados por el porteador o en su nombre; l) Salvamento o tentativa de salvamento de vidas en el mar; m) Medidas razonables para salvar o intentar salvar bienes en el mar; n) Medidas razonables para evitar o tratar de evitar da&ntilde;os al medio ambiente; u o) Actos del porteador en el ejercicio de las facultades conferidas por los art&iacute;culos 15 y 16.</p>     <p><a href="#s21" name="21"><sup>21</sup></a> Acuerdo por el que se establece la Organizaci&oacute;n Mundial de Comercio (OMC), suscrito en Marraquech el 15 de abril de 1994.</p>     <p><a href="#s22" name="22"><sup>22</sup></a> Cfr. Avila, A. y otros (1994, p. 186); Ministerio de Comercio y Turismo (1994); Roca Aymar (1994); &Aacute;vila, G. (1994). Los resultados de la acci&oacute;n de la Organizaci&oacute;n Mundial del Comercio para lograr un consenso en medidas que impliquen una mayor apertura del comercio munidal se pueden constatar en los informes de esa organizaci&oacute;n, que pueden consultarse en su direcci&oacute;n electr&oacute;nica: <a href="http://www.wto.org/indexsp.htm" target="_blank">http://www.wto.org/indexsp.htm</a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s23" name="23"><sup>23</sup></a> El Anexo II corresponde a las &quot;medidas disconformes&quot; por parte de Colombia y que en el &aacute;mbito mar&iacute;timo se refieren a: n&uacute;mero de concesiones, el n&uacute;mero total de operaciones para los servicios de transporte, pasajeros y por carretera, ferrocarril, transporte de tuber&iacute;as, auxiliares; propiedad de bienes inmuebles por parte de extranjeros en regiones lim&iacute;trofes, costas nacionales o territorio insular de Colombia; medidas que otorguen un trato diferente a pa&iacute;ses bajo cualquier acuerdo bilateral o multilateral internacional suscrito con anterioridad a la fecha de entrada en vigor del acuerdo en materia de pesca, aviaci&oacute;n, asuntos mar&iacute;timos, incluido el salvamento; medidas por raz&oacute;n de orden p&uacute;blico de acuerdo con el art&iacute;culo 100 de la Constituci&oacute;n Nacional, siempre que se notifique oportunamente por escrito. Igualmente, en este mismo anexo, Estados Unidos establece la no aplicaci&oacute;n del Tratado en materia servicios transfronterizos en los siguientes &aacute;mbitos: 1. Medidas relativas al suministro de servicios de transporte mar&iacute;timo y a la operaci&oacute;n de buques con bandera de Estados Unidos, incluyendo: a) requisitos para la inversi&oacute;n en propiedad y control de operaciones de naves y otras estructuras marina, incluyendo equipo de perforaci&oacute;n, en servicios mar&iacute;timos de cabotaje, incluyendo servicios de cabotaje mar&iacute;timo para comercio y servicios dom&eacute;sticos llevados a cabo costa afuera en la costa, en aguas territoriales de Estados Unidos, en aguas sobre la plataforma continental y en v&iacute;as acu&aacute;ticas internas, b) requisitos para la inversi&oacute;n en propiedad y control de operaci&oacute;n de embarcaciones de bandera de Estados Unidos en comercio exterior, c) requisitos para la inversi&oacute;n en propiedad y control de operaciones de embarcaciones que realicen actividades de pesca y relacionadas en aguas territoriales de Estados Unidos y en la Zona Econ&oacute;mica Exclusiva, d) requisitos relacionados con la documentaci&oacute;n de una nave bajo la bandera de Estados Unidos, e) programas de promoci&oacute;n, incluyendo beneficios fiscales, para armadores, operadores y naves que satisfacen ciertos requisitos, f) requisitos de certificaci&oacute;n, licencia y ciudadan&iacute;a para miembros de la tripulaci&oacute;n de naves de bandera de Estados Unidos, g) requisitos para la tripulaci&oacute;n de naves de bandera de Estados Unidos, h) todos los asuntos bajo jurisdicci&oacute;n de la Federal Maritime Commission, i) negociaci&oacute;n e implementaci&oacute;n de acuerdos bilaterales y otros acuerdos y convenios mar&iacute;timos internacionales, j) limitaciones sobre trabajos de estiba llevados a cabo por los miembros de la tripulaci&oacute;n, k) impuestos de carga y valoraci&oacute;n monetaria de faro por entrar en aguas de Estados Unidos, y l) requisitos de certificado, licencia y ciudadan&iacute;a para pr&aacute;cticos que realicen servicios de practicaje en aguas territoriales de Estados Unidos. 2. Medidas incompatibles con las obligaciones de Estados Unidos de conformidad con el Acuerdo General sobre Comercio de Servicios (art&iacute;culo XVI). 3. Medidas que otorguen un trato diferenciado a pa&iacute;ses de conformidad con cualquier acuerdo internacional, bilateral o multilateral en vigor o suscrito despu&eacute;s de la entrada en vigor del Tratado en materia de aviaci&oacute;n, pesca o asuntos mar&iacute;timos, incluyendo el salvamento. En este mismo sentido, el Anexo I del Tratado establece como &quot;medida disconforme&quot; por parte de Estados Unidos lo relativo a servicios de transporte - agente de aduanas, en los cuales se exigen licencia de agente aduanal para aquellas personas que realicen tr&aacute;mites asuntos aduaneros en nombre de otra persona. Seg&uacute;n la legislaci&oacute;n existente, solamente los ciudadanos de Estados Unidos pueden obtener tal licencia.</p> <hr>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>Arroyo, I. (1985). Organismos relacionados con el tr&aacute;fico mar&iacute;timo. En <i>Estudios de Derecho Mar&iacute;timo, </i>Vol. I. Barcelona: Bosch.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-8697201200020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Arroyo, I. (2010). Las Reglas de Rotterdam &iquest;Para qu&eacute;? En <i>Anuario de Derecho Mar&iacute;timo, </i>Vol. XXVII.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-8697201200020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Avila, A. M. y otros (1994). <i>Regulaci&oacute;n del Comercio Internacional tras la Ronda Uruguay. </i>Madrid: Tecnos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0121-8697201200020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>&Aacute;vila, G. (1994). El comercio de servicios. En <i>Informaci&oacute;n Comercial Espa&ntilde;ola, </i>n&deg; extraordinario: <i>La Ronda Uruguay del </i><i>GATT.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-8697201200020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Berlingieri, F. (2009, noviembre). Aspects multimodaux des Regles de Rotterdam. En <i>Droit Maritime Tran&ccedil;ais, 708.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0121-8697201200020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>     <!-- ref --><p>Berlingieri, F. (2009, abril). <i>Projet de convention internationale relative au contrat de transport international de marchandises effectu&eacute; enti&egrave;rement ou partiellement par mer: analyse des dispositions qui renvoient &agrave; des r&egrave;gles nationaes. </i>En <i>Le Droit Maritime Tran&ccedil;ais, 702.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-8697201200020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>     <!-- ref --><p>B roseta Pont, M. (1994). <i>Manual de Derecho Mercantil </i>(10<sup>a</sup> ed.). Madrid: Tecnos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0121-8697201200020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Chorley, R. S. y otros (1992). <i>Shipping Law. </i>London: Pitman.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-8697201200020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Colinvaux, R. (1982). <i>Carver's Carriage by Sea, </i>Vol. I (13<sup>th</sup> ed.) London: Stevens &amp; Sons.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-8697201200020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Coto Mill&aacute;n, P. (1988). El transporte mar&iacute;timo internacional en su historia m&aacute;s reciente: una perspectiva de pol&iacute;tica econ&oacute;mica internacional. En <i>Anuario de Derecho Mar&iacute;timo, </i>Vol. VI. Bilbao.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-8697201200020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Delebecque, P. (2008, octubre). La Convention sur le contrat de transport international enti&egrave;rement ou partiellement par mer: derni&egrave;res precisions. En <i>Le Droit Maritime Fran&ccedil;ais, 696.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-8697201200020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>     <!-- ref --><p>Delebecque, P. (2009, abril). La Convention sur les contrats internationaux de transport de marchandises effectu&eacute; enti&egrave;rement ou partiellement par mer: a civil law perspective. En <i>Le Droit Maritime Fran&ccedil;ais, 702, </i>especial CMI Atenas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-8697201200020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Du Pontavice, E. (1976, mayo). Rapports de force &eacute;conomique dans le droit de la mer. En <i>Le Droit Maritime Fran&ccedil;ais, 329. </i>Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-8697201200020000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Duque Dominguez, J. (1986). El C&oacute;digo de Comercio de 1885 en el marco de la codificaci&oacute;n mercantil de su &eacute;poca. En <i>Centenario del C&oacute;digo de Comercio, </i>Vol. I. Madrid: Ministerio de Justicia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-8697201200020000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Emparanza, A. (1993). El transporte mar&iacute;timo bajo conocimiento de embarque: su r&eacute;gimen jur&iacute;dico internacional tras la entrada en vigor de la Reglas de Hamburgo. En <i>I Jornadas sobre transporte mar&iacute;timo europeo - Aspectos Mercantiles y Jurisdiccionales. </i>Donostia: Escuela de Administraci&oacute;n Mar&iacute;timo, Facultad de Derecho de San Sebasti&aacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-8697201200020000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gaskell, N. Debattista C. &amp; Swatton R. (1992). <i>Chorley and Giles' Shipping Law </i>(8<sup>a</sup> ed.). London: Pitman.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-8697201200020000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gir&oacute;n Tena, J. (1959). <i>El naviero: directrices actuales de su r&eacute;gimen jur&iacute;dico. </i>Bilbao: Publicaciones Universidad de Deusto.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-8697201200020000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gorriz L&oacute;pez, C. (2009). Contrato de Transporte Mar&iacute;timo Internacional bajo conocimiento de embarque (Reglas de La Haya, Reglas de Hamburgo y Reglas de Rotterdam). En <i>Anuario de Derecho Mar&iacute;timo, </i>Vol. XXVI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-8697201200020000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kozubovskaya-Pelle, A. (2010, marzo). Le contrat de volume et les R&egrave;gles de Rotterdam. En <i>Le Droit Maritime Fran&ccedil;ais, 712.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0121-8697201200020000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Lennox M. W. &amp; Mocatta, A. (1984). <i>Scrutton on Charterparties and Bills of Lading </i>(19<sup>th</sup> ed.). London: Sweet &amp; Maxwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-8697201200020000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Lopuski, J. (1987). Les principales lignes d'&eacute;volution du droit maritime priv&eacute;: l'influence exerc&eacute;e par la pression des pays en d&eacute;veloppement. En <i>Le Droit Maritime Fran&ccedil;ais. </i>Par&iacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0121-8697201200020000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Matilla Alegre, R. (1988). <i>Contrato de Utilizaci&oacute;n del Buque. Lecciones. </i>Barcelona: Bosch.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0121-8697201200020000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Men&eacute;ndez M. A. (1986). Autonom&iacute;a econ&oacute;mica liberal y codificaci&oacute;n mercantil espa&ntilde;ola. En <i>Centenario del C&oacute;digo de Comercio, </i>Vol. I. Madrid: Ministerio de Justicia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0121-8697201200020000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ministerio de Comercio y Turismo (1994, octubre). Balance y repercusiones de la Ronda Uruguay del GATT. <i>Revista Informaci&oacute;n Comercial Espa&ntilde;ola, 734. </i>Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0121-8697201200020000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Mocatta, A. y otros (1984). <i>Scrutton on Charterparties and Bills of Lading </i>(19<sup>th </sup>ed.). London: Sweet &amp; Maxwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0121-8697201200020000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mu&ntilde;oz Planas, J. M. (1986). C&oacute;digo de Comercio y Derecho Mar&iacute;timo. En <i>Centenario del C&oacute;digo de Comercio, </i>Vol. I. Madrid: Ministerio de Justicia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0121-8697201200020000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Poirier D'ange D'orsay, P. (1975). Les grands mutations du droit maritime. En <i>Annuaire de Droit Maritime et Aerien, </i>t. II. Nantes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0121-8697201200020000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pulgar Ezquerra, J. (2003). Especialidades del Transporte de Mercanc&iacute;as en Contenedores. <i>Revista de Derecho Mercantil, 247. </i>Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0121-8697201200020000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ramberg, J. (1980). The implications of new transport technologies. En <i>European Transport Law. </i>Amberes. Remond - Gouilloud, M. (1988). <i>Droit Maritime. </i>Par&iacute;s: Pedone.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0121-8697201200020000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Roca Aymar, J. L. (1994). <i>La Ronda Uruguay sobre negociaciones comerciales multilaterales. </i>Madrid: Mundi-Prensa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0121-8697201200020000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rodi&egrave;re, R. &amp; Du Pontavice, E. (1991). <i>Droit Maritime </i>(11<sup>a</sup> ed.). Par&iacute;s: Dalloz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0121-8697201200020000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>S&aacute;nchez Calero, F. (1995). <i>Instituciones de Derecho Mercantil, </i>t. II (18<sup>a</sup> ed). Madrid: Revista de Derecho Privado.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0121-8697201200020000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Viguera Rubio, J. M. (1982). El fundamento de la responsabilidad del porteador mar&iacute;timo seg&uacute;n las Reglas de Hamburgo. En <i>I Congreso Nacional de Derecho Mar&iacute;timo. </i><i>VIII </i><i>Jornada de Derecho Mar&iacute;timo. </i>Sevilla: Comit&eacute; Regional de Derecho Mar&iacute;timo de Andaluc&iacute;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0121-8697201200020000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Wilson, J. (1993). <i>Carriage of Goods by Sea </i>(2<sup>a</sup> ed.). London: Pitman Publishing.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0121-8697201200020000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>     ]]></body>
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