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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las vicisitudes de la Primera República en Colombia (1810-1816). La interpretación centralista de nuestro proceso de Independencia]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper analyzes one of the least studied issues in our constitutional history. This is the process of formation and collapse of the so-called First Republic, and that is a stage that was developed between 1811 and 1816. The document emphasizes the highly federal spirit that characterized that time and demystifies the highly national and unitary focus that traditional historiography has given to that process.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Las vicisitudes de la Primera Rep&uacute;blica en Colombia (1810-1816). La interpretaci&oacute;n centralista de nuestro proceso de Independencia</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>The vicissitudes of the first Republic in Colombia. The centralist interpretation of our process of independence</b></font></p>     <p>Ricardo Zuluaga Gil*    <br> Pontificia Universidad Javeriana (Colombia)</p>     <p>* Abogado, doctor en Derecho por la Universidad de Salamanca, profesor titular en la Pontificia Universidad Javeriana sede Cali. Actualmente se desempe&ntilde;a como director del Departamento de Ciencia Jur&iacute;dica y Pol&iacute;tica de esa instituci&oacute;n y es tambi&eacute;n director de la revista <i>Criterio Jur&iacute;dico, </i>publicada por esa Universidad. <a href="mailto:rzuluaga@javerianacali.edu.co"><i>rzuluaga@javerianacali.edu.co</i></a></p>     <p><i>Fecha de recepci&oacute;n: </i>21 de octubre de 2011    <br> <i>Fecha de aceptaci&oacute;n: </i>13 de abril de 2012</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p><i>Este art&iacute;culo se ocupa de una de las cuestiones menos estudiadas en la nuestra historia constitucional. Se trata del proceso de formaci&oacute;n y colapso de la llamada Primera Rep&uacute;blica, etapa que se desarroll&oacute; entre 1811 y 1816. El documento destaca el esp&iacute;ritu altamente federativo que caracteriz&oacute; a ese momento, lo cual desmitifica el acento altamente unitario y nacional que la historiograf&iacute;a tradicional le ha dado a ese proceso.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave: </b>Constitucionalismo provincial, federalismo, regionalismo, autonomismo, independencia.</p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     <p><i>This paper analyzes one of the least studied issues in our constitutional history. This is the process of formation and collapse of the so-called First Republic, and that is a stage that was developed between 1811 and 1816. The document emphasizes the highly federal spirit that characterized that time and demystifies the highly national and unitary focus that traditional historiography has given to that process.</i></p>     <p><b>Keywords: </b>Provincial constitucionalism, federalism, regionalism, autonomism, independence.</p> <hr>     <p>Las quince provincias que en 1810 conformaban el Virreinato de la Nueva Granada (Antioquia, Cartagena, Casanare, Cundinamarca, Choc&oacute;, Mariquita, Neiva, Pamplona, Panam&aacute;, Popay&aacute;n, Riohacha, Santa Marta, Socorro, Tunja y Veraguas) se fueron independizando libre y soberanamente de la Corona espa&ntilde;ola. De ello resulta que ese no fue, como se ha querido hacer ver, un proceso promovido y dirigido desde la vieja capital virreinal, y menos aun se puede decir que el movimiento tuvo su primera manifestaci&oacute;n en la tan promocionada Acta del 20 de julio de 1810 emanada del Cabildo de Santaf&eacute; y que desde finales del siglo XIX viene siendo asumida como la piedra angular de nuestra organizaci&oacute;n republicana.</p>     <p>Lo anterior resulta cierto en la medida que previas a ese documento son las actas preindependentistas de los cabildos de Cartagena del 22 de mayo, de Cali del 3 de julio, de Pamplona del 4 de julio y del Socorro del 11 de julio, todas de 1810. En honor a la verdad, parece necesario decir que en el caso colombiano se trat&oacute; de una revoluci&oacute;n que se inici&oacute; en las provincias y que culmin&oacute; en la capital. Adem&aacute;s, el movimiento secesionista<a href="#1" name="s1"><sup>1</sup></a> que se dio en la Nueva Granada no fue m&aacute;s que una proyecci&oacute;n del movimiento &quot;juntero&quot; que, aprovechando el vac&iacute;o de poder generado por la invasi&oacute;n de la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica por los ej&eacute;rcitos napole&oacute;nicos, se hab&iacute;a iniciado en toda Am&eacute;rica a partir de 1808. O lo que es lo mismo, en estricto sentido, en Colombia no existi&oacute; un acto formal de declaratoria de independencia, sino varias manifestaciones de este tipo, tal como se podr&aacute; ver m&aacute;s adelante.</p>     <p>Pese a lo evidente de esta realidad que se viene describiendo, la historiograf&iacute;a oficial, como manifestaci&oacute;n del s&iacute;ndrome centralista capitalino, inveteradamente ha hecho prevalecer al movimiento ocurrido en la capital del virreinato el 20 de julio de 1810 como el referente general para la totalidad del pa&iacute;s<a href="#2" name="s2"><sup>2</sup></a>. Y en este contexto se ha llegado a afirmar, con ese acento declamatorio que le es tan caracter&iacute;stico a esta visi&oacute;n de la historia, que</p>     <blockquote>       <p>Los colombianos hemos venerado, admirado y amado siempre a los firmantes del acta del 20 de julio, puesto que dejaron fundada sobre ese fr&aacute;gil pliego de papel la torre augusta de nuestro derecho constitucional (cf. Forero, 1966, p. 226).</p> </blockquote>     <p>Pero tanta ret&oacute;rica solo sirve para enmascarar una lectura tendenciosa de la historia que incluso resulta contradictoria con el texto de la declaraci&oacute;n santafere&ntilde;a, primera en reconocer que el proceso emancipador se deb&iacute;a llevar a cabo:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>Contando con las nobles Provincias, a las que en el instante se les pedir&aacute;n sus diputados, formando este cuerpo el reglamento para las elecciones en dichas provincias, y tanto &eacute;ste como la constituci&oacute;n de gobierno deber&aacute;n formarse sobre las bases de <b>libertad e independencia </b>respectivas de ellas, ligadas &uacute;nicamente por un <b>sistema federativo.</b><a href="#3" name="s3"><b><sup>3</sup></b></a>&#91;La negrilla es nuestra&#93;.</p> </blockquote>     <p>Con el prop&oacute;sito de poner en marcha lo dispuesto en el Acta, el 29 de julio siguiente la Junta de Bogot&aacute; remiti&oacute; una comunicaci&oacute;n a las provincias invit&aacute;ndolas a que enviaran delegados para la formaci&oacute;n de un gobierno provisional. La convocatoria fue contestada el 19 de septiembre por la Provincia de Cartagena mediante circular en la que advert&iacute;a a las dem&aacute;s provincias que</p>     <blockquote>       <p>El sistema federativo es el &uacute;nico que puede ser adaptable en un reino de poblaci&oacute;n tan dispersa, y de una extensi&oacute;n mucho mayor que toda Espa&ntilde;a. De otra manera, si se pensase en concentrar toda la autoridad en cualquier punto del reino, nos hallar&iacute;amos con los mismos inconvenientes de necesitarse de largos recursos, apoderados y expensas para que las provincias consiguiesen una providencia que exig&iacute;a con urgencia su prosperidad o evitar graves da&ntilde;os... En este sistema ya no se ver&aacute;n condenados a lentitudes y a persecuciones, y finalmente envueltos en el polvo del olvido, los proyectos de caminos y canales, los establecimientos de sociedades econ&oacute;micas, de f&aacute;bricas y de mil otros pensamientos ben&eacute;ficos, que nacer&aacute;n con la facultad de poderlos llevar a cabo (citado en De la Vega, s.f., pp. 34 y 35).</p> </blockquote>     <p>Premonitoriamente adivinaban los cartageneros un &aacute;nimo expansionista de la hasta entonces capital virreinal y frente a la cual ellos manten&iacute;an reticencias pluriseculares, desde cuando ambas eran los ejes de la vida colonial.</p>     <p>A pesar de estas objeciones, el Congreso se reuni&oacute; en Bogot&aacute; a partir del 22 de diciembre de 1810. Pero como solo acudieron delegados de las provincias de Cundinamarca, Mariquita, Neiva, Socorro y N&oacute;vita y dada la marcada tendencia centralista de los primeros, fue disuelto dos meses despu&eacute;s. Como consecuencia del fracaso de ese proceso constituyente fracas&oacute; tambi&eacute;n cualquier proyecto de construcci&oacute;n de un gran Estado-naci&oacute;n. Por lo tanto, cada provincia, con excepci&oacute;n de Popay&aacute;n y Santa Marta, que eran decididamente afectas a la monarqu&iacute;a, opt&oacute; por darse su propia organizaci&oacute;n. En principio lo hicieron a trav&eacute;s de actas org&aacute;nicas de gobierno no reputables como constituciones por carecer de declaraciones de derechos y, posteriormente, a trav&eacute;s de textos constitucionales.</p>     <p>En este momento parece incluso necesario aclarar que fue la ciudad de Mompox la que declar&oacute; primeramente su independencia absoluta de &quot;Espa&ntilde;a y de cualquier otra naci&oacute;n extranjera&quot; el 6 de agosto de 1810. Posteriormente, el 11 de noviembre de 1811 lo hizo Cartagena de Indias, que fue muy tajante en su Acta de Independencia: &quot;... la Provincia de Cartagena de Indias es desde hoy de hecho y por derecho Estado <b>libre, soberano </b>e <b>independiente&quot;. </b>De tal suerte que para fines de 1811, las viejas provincias virreinales</p>     <blockquote>       <p>(...) hab&iacute;an organizado sus gobiernos propios y manten&iacute;an las m&aacute;s amigables relaciones con la Junta Suprema de Santaf&eacute; (cf. Samper, 1982, p. 29).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es decir, las provincias colombianas se convirtieron en estados libres, soberanos e independientes, dotados de su propio aparato pol&iacute;tico-jur&iacute;dico y muy celosas de sus fueros y autonom&iacute;a. Por eso y contra la pretensi&oacute;n del historicismo oficial, podemos decir con McFarlane(1977) que</p>     <blockquote>       <p>Si la junta tuvo &eacute;xito en imponer su autoridad en Bogot&aacute; para fines de 1810, sus pretensiones de liderazgo sobre el resto de la Nueva Granada pronto se frustraron (p. 510).</p> </blockquote>     <p>En el cuadro siguiente aparecen las constituciones provinciales que fueron expedidas en esos a&ntilde;os, aunque no todas las enumeradas coinciden con las 15 provincias que tuvieran vida soberana a lo largo de la Primera Rep&uacute;blica; mientras que hay otras que m&aacute;s que constituciones eran decretos org&aacute;nicos. La raz&oacute;n y explicaci&oacute;n de este hecho se ver&aacute;n m&aacute;s adelante. De todas formas, esta es una cuesti&oacute;n poco estudiada, y de seguro que en la medida que se ahonde en las pesquisas por los archivos aparecer&aacute;n nuevos textos.<a href="#4" name="s4"><sup>4</sup></a> El orden de estos documentos constitucionales adoptados por cada provincia es como sigue:</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/dere/n38/n38a08-1.jpg"></p>     <p>Una vez aceptada la prevalencia del esp&iacute;ritu autonomista y soberano de las provincias, que con excepci&oacute;n de Cundinamarca era generalizado, se convoc&oacute; a nuevo congreso general, que se reuni&oacute; en Bogot&aacute; en noviembre de 1811 y dio origen a la primera forma de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica que registra nuestra historia: la <i>Confederaci&oacute;n de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, </i>que ten&iacute;a como prop&oacute;sito preservar algunos de los elementos que brindaba la anterior unidad virreinal. As&iacute;, las j&oacute;venes rep&uacute;blicas, al igual que lo hab&iacute;an hecho las trece colonias norteamericanas en 1777,<a href="#5" name="s5"><sup>5</sup></a> procedieron a establecer una alianza mediante la cual se agrupaban en una</p>     <blockquote>       <p>asociaci&oacute;n federativa, que remitiendo a la totalidad del gobierno general las facultades propias y privadas de un solo cuerpo de naci&oacute;n, reserva para cada una de las provincias su <b>libertad, </b>su <b>soberan&iacute;a </b>y su <b>independencia, </b>en lo que no sea del inter&eacute;s com&uacute;n, garantiz&aacute;ndose a cada una de ellas estas preciosas prerrogativas y la integridad de sus territorios&quot;. &#91;La negrilla es nuestra&#93;.</p> </blockquote>     <p>Esa acta, que fue suscrita el 27 de noviembre de 1811 por Antioquia, Cartagena, Neiva, Pamplona y Tunja, no fue firmada por Cundinamarca, que no compart&iacute;a esta forma de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica y abogaba por una organizaci&oacute;n fuertemente centralizada. En el acta se declaraba, adem&aacute;s, que toda competencia que las provincias no hubieran delegado expresamente en la Confederaci&oacute;n segu&iacute;a perteneciendo a ellas:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las provincias se estimar&iacute;an como iguales e independientes, conservando su administraci&oacute;n interior, la de ciertas rentas, y el nombramiento de todo el equipo de empleados. Las provincias estaban facultadas para conformar su propio gobierno de acuerdo con sus circunstancias y los intereses de la Uni&oacute;n; expedir sus c&oacute;digos civiles y criminales; formar sus finanzas provinciales; organizar el gobierno interior de sus pueblos y nombrar sus empleados; organizar las milicias provinciales; establecer juzgados y tribunales provinciales; proteger y fomentar la agricultura, artes, ciencias, comercio y dem&aacute;s aspectos considerados importantes para la prosperidad de cada una de las provincias.<a href="#6" name="s6"><sup>6</sup></a></p> </blockquote>     <p>Finalmente, la misma Acta Confederal dec&iacute;a que este primer acuerdo deb&iacute;a avanzar hacia una estructura federal, cuya creaci&oacute;n, mediante una Constituci&oacute;n, se dejaba para mejor oportunidad:</p>     <blockquote>       <p><b>Art&iacute;culo 60. </b>Para la debida organizaci&oacute;n de estos poderes, o el m&aacute;s acertado desempe&ntilde;o de sus funciones, el Congreso har&aacute; los reglamentos que estime oportunos, mientras que una <b>Constituci&oacute;n definitiva </b>arregla los pormenores del gobierno general de la Uni&oacute;n. &#91;La negrilla es nuestra&#93;.</p> </blockquote>     <p>Infortunadamente, el turbulento curso de la historia subsecuente impidi&oacute; el perfeccionamiento de esa segunda fase y a lo que se lleg&oacute; fue a esa cat&aacute;strofe conocida como &quot;reconquista espa&ntilde;ola&quot;, proceso a partir del cual se dio el restablecimiento en nuestro medio de la autoridad espa&ntilde;ola entre 1816 y 1819.</p>     <p>Antes de seguir adelante parece necesario explicar c&oacute;mo llegaron los l&iacute;deres del movimiento independentista a adquirir ese arraigado esp&iacute;ritu federal, advirtiendo de antemano que fueron tanto el amplio conocimiento de las instituciones norteamericanas<a href="#7" name="s7"><sup>7</sup></a> como una vieja tradici&oacute;n de autonom&iacute;a local espa&ntilde;ola las fuentes de donde se nutrieron nuestros primeros ide&oacute;logos. En este sentido, Uribe Vargas (1996) afirma que</p>     <blockquote>       <p>La idea federal hab&iacute;a penetrado en el esp&iacute;ritu de las provincias del antiguo virreinato con caracteres que superaban el c&aacute;lculo prospectivo y los temores de Reconquista. La Constituci&oacute;n de Filadelfia golpeaba el alma de los pr&oacute;ceres y seduc&iacute;a sus inteligencias. La Federaci&oacute;n no s&oacute;lo era insignia de lucha para las facciones locales, sino anhelo profundamente compartido en las antiguas gobernaciones (p. 54).</p> </blockquote>     <p>Pero tambi&eacute;n fue muy significativo el legado que dej&oacute; el Gobierno colonial espa&ntilde;ol, al menos en lo que ten&iacute;a que ver con la administraci&oacute;n local, pues el r&eacute;gimen jur&iacute;dico aplicado a los municipios fue un trasplante de la vieja municipalidad castellana de la Edad Media, que si bien al momento del descubrimiento y durante el proceso de construcci&oacute;n del Estado-naci&oacute;n espa&ntilde;ol hab&iacute;a perdido todo el esplendor de que hab&iacute;a gozado durante los siglos XII y XIII, al menos se mantuvo como un esquema que sirvi&oacute; como modelo para instaurar en Am&eacute;rica (cf. Ots Capdequ&iacute;, 1991, pp. 113 y ss., y Marsal &amp; Marse, 1959, pp. 272 y ss.). El sistema colonial hisp&aacute;nico estaba ideado bajo el principio de la mayor divisi&oacute;n posible entre las provincias, pues fomentando la dispersi&oacute;n y manteniendo la separaci&oacute;n entre ellas, la Corona aseguraba su pol&iacute;tica de dominaci&oacute;n imperial. La idea era que no se originara un esp&iacute;ritu de identidad nacional eventualmente peligroso, y este prop&oacute;sito se logr&oacute; manteniendo a las distintas provincias pr&aacute;cticamente incomunicadas entre s&iacute; y haciendo que los gobernadores, en vez de depender del Virrey, que era la autoridad nacional, estuvieran subordinados directamente al Rey, autoridad imperial, que los nombraba y ante quien eran responsables.<a href="#8" name="s8"><sup>8</sup></a> Ese sofisticado sistema de disgregaci&oacute;n de poderes se complementaba con el fortalecimiento del poder local, que reca&iacute;a en los cabildos, cuyos miembros, en ocasiones vitalicios, gozaban de una gran autonom&iacute;a en el desempe&ntilde;o de sus labores (cf. Zambrano Pantoja, 1998, p. 215).</p>     <p>Ese peculiar modelo de gesti&oacute;n colonial dio origen a un fuerte acento localista que logr&oacute; mantenerse aun por encima de las centralizadoras pol&iacute;ticas borb&oacute;nicas de la segunda mitad del siglo XVIII y cuya mayor expresi&oacute;n en el contexto colombiano fue la creaci&oacute;n y fortalecimiento del virreinato granadino en 1717 (cf. McFarlane, 1997, p. 372). De ah&iacute; que</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>En la v&iacute;spera de los movimientos de independencia, la fragmentaci&oacute;n regional de la Nueva Granada, contra la cual nada hab&iacute;a podido la voluntad centralizadora de los borbones, segu&iacute;a siendo por obra de la naturaleza y de su historia, la caracter&iacute;stica central de su organizaci&oacute;n social y el factor determinante de su cultura (cf. M&uacute;nera, 1998, p. 52).</p> </blockquote>     <p>Adem&aacute;s, en ning&uacute;n otro lugar de la Am&eacute;rica espa&ntilde;ola la geograf&iacute;a marc&oacute; rasgos tan espec&iacute;ficos como en la Nueva Granada, en la medida que sus tres cordilleras, los valles y las costas, las mesetas y las selvas, as&iacute; como sus llanos, confieren a este territorio un paisaje peculiar, no solo en lo geogr&aacute;fico sino tambi&eacute;n en lo humano. A ello se agrega que (...) la Nueva Granada no fue una prioridad para la metr&oacute;poli durante la Colonia, mientras si lo fueron los territorios aztecas, incaicos o del r&iacute;o de la Plata, nuestro territorio termin&oacute; caracterizado por la incomunicaci&oacute;n y Santaf&eacute; de Bogot&aacute; se convirti&oacute; en una de las ciudades m&aacute;s aisladas del mundo. Tales hechos le imprimieron m&aacute;s fuerza al fen&oacute;meno regional, y con &eacute;l a una especie de cultura de regi&oacute;n que, en buena medida, ha sobrevivido hasta nuestros d&iacute;as (cf. Trujillo Mu&ntilde;oz, 2001, p. 113).</p>     <p>Los anteriores argumentos parecen explicar suficientemente la raz&oacute;n por la cual, al momento de la Independencia, muchas ciudades se negaron a reconocer la autoridad de las capitales provinciales y exigieran el mantenimiento del sistema auton&oacute;mico local. De esta manera es como se entiende que una ciudad como Mompox se levantara contra Cartagena, que era la capital provincial, y que Sogamoso lo hiciera contra Tunja, Gir&oacute;n contra Pamplona y las ciudades de Cali, Anserma, Buga, Caloto, Cartago y Toro, por encima de Popay&aacute;n, su capital provincial, se confederaran el 1 de febrero de 1811.</p>     <p>Pero retomemos el hilo de la exposici&oacute;n que hab&iacute;amos dejado en la creaci&oacute;n de la Confederaci&oacute;n de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, la primera forma de Estado bajo principios republicanos que oper&oacute; en Colombia. Ella afrontaba prematuros problemas originados en la conspiraci&oacute;n promovida por Antonio Nari&ntilde;o, quien desde la presidencia del estado de Cundinamarca y la direcci&oacute;n del peri&oacute;dico <i>La Bagatela </i>se opon&iacute;a pol&iacute;tica e ideol&oacute;gicamente a la Confederaci&oacute;n, aduciendo que</p>     <blockquote>       <p>(...) el sistema de convertir nuestras provincias en estados soberanos para hacer la federaci&oacute;n, es una locura hija de la precipitaci&oacute;n de nuestros juicios y de una ambici&oacute;n mal entendida<a href="#9" name="s9"><sup>9</sup></a>.</p> </blockquote>     <p>Y m&aacute;s all&aacute; de la diatriba period&iacute;stica, Nari&ntilde;o de hecho comenz&oacute; a anexionarle a Cundinamarca una serie de ciudades circunvecinas que eran parte de los estados de Tunja, Socorro y Mariquita, pues como los santafere&ntilde;os no estaban</p>     <blockquote>       <p>(...) dispuestos a debilitar el prestigio de su tradicional mayorazgo capitalino ni a quedar eventualmente superados en importancia pol&iacute;tica, se dieron a la tarea de ensanchar vorazmente su territorio con los de comarcas vecinas (cf. Restrepo Piedrah&iacute;ta, 1993, pp. 28-29).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esa acci&oacute;n desplegada por Nari&ntilde;o, y que era violatoria del Acta Confederal, dio origen a la primera guerra civil de la rep&uacute;blica, desarrollada entre 1812 y 1813 y que solo vino a finalizar cuando se dio el total sometimiento de Cundinamarca por parte de las fuerzas del Congreso, &oacute;rgano que hab&iacute;a tenido que abandonar la ciudad capital confederada (Bogot&aacute;) para despachar de forma itinerante desde Ibagu&eacute;, Tunja y Villa de Leyva.</p>     <p>Vistas as&iacute; las cosas, debe quedar entonces muy claro que</p>     <blockquote>       <p>(...) el federalismo, que postulado en el Acta de Independencia de 1810, desde un comienzo fue combatido por la prepotente vanidad de los centralistas santafere&ntilde;os, cuyo esp&iacute;ritu, impregnado de tradici&oacute;n virreinal, rechazaba con vehemencia el establecimiento de <i>instituciones -como las federales- que distribuyeran colectivamente las instancias del poder pol&iacute;tico</i><a href="#10" name="s10"><i><sup>10</sup></i></a><i>. </i>&#91;cursivas del autor&#93;.</p> </blockquote>     <p>El debilitamiento a que fue sometido el naciente Estado por las guerras internas entre centralistas y federalistas, sumadas a las de patriotas contra realistas, finalmente vino a propiciar la reconquista de todo el territorio por las tropas espa&ntilde;olas. Y en este punto vale la pena tener presente que Espa&ntilde;a pudo reconquistar el territorio de la Nueva Granada gracias a que ella misma hab&iacute;a librado una ardua guerra de independencia en el marco de la invasi&oacute;n y ocupaci&oacute;n napole&oacute;nica de la pen&iacute;nsula.</p>     <p>La reconquista supuso la consecuente brutal coerci&oacute;n del movimiento libertario, el restablecimiento del gobierno virreinal y la aplicaci&oacute;n del llamado <i>r&eacute;gimen del terror, </i>bajo el cual fue sacrificada en el pat&iacute;bulo lo mejor de la intelectualidad granadina. Semejante represi&oacute;n condujo a que durante los 50 a&ntilde;os subsiguientes el pa&iacute;s fuera gobernado por la casta militar, que tuvo que combatir para conseguir de nuevo la libertad de estos territorios. Pero la consecuencia m&aacute;s nefasta fue que</p>     <blockquote>       <p>El fracaso del r&eacute;gimen federalista en el mantenimiento de la independencia contra la oposici&oacute;n de Espa&ntilde;a trajo el desprestigio del sistema, y ayud&oacute; en el establecimiento de un sistema centralista (cf. Gilmore, 1995, p. 3).</p> </blockquote>     <p>Probablemente otro hubiera sido el destino de los nacientes estados si en esa primera hora crucial no se hubieran desperdiciado esfuerzos preciosos en el proceso de consolidar la reci&eacute;n obtenida libertad. De todas formas, es dif&iacute;cil reconstruir unos hechos trepidantes, poco documentados y escasamente analizados. Todo ello ha favorecido que la interpretaci&oacute;n que hoy se da a nuestra primera forma de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica sea muy desigual, y as&iacute;, hay quienes piensan que</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un exceso de autonom&iacute;a en las provincias hizo que la Federaci&oacute;n en la Primera Rep&uacute;blica Granadina los llevara al reconcentramiento y al aislamiento pol&iacute;tico-regional al estilo de las republiquetas (cf. Ocampo L&oacute;pez, 1999, p. 297).</p> </blockquote>     <p>Mientras que para otros:</p>     <blockquote>       <p>La r&iacute;gida ideolog&iacute;a centralista y el autocr&aacute;tico temperamento del Libertador contribuyeron a fortalecer la resistencia, esquivez y desgano de los fan&aacute;ticos centralistas y a ellos -y no a los federalistas, que fueron mayor&iacute;a en la naciente formaci&oacute;n pol&iacute;tica de la Nueva Granada- son imputables las desdichas de la Primera Rep&uacute;blica (cf. Restrepo Piedrah&iacute;ta en el pr&oacute;logo a la obra de Gilmore, p. XIX).</p> </blockquote>     <p>En 1819, cuando la campa&ntilde;a libertadora avanzaba firmemente, Bol&iacute;var convoc&oacute; un congreso preconstituyente en la ciudad de Angostura y all&iacute; esboz&oacute; su estrecho ideario constitucional: libertades moderadas, senado hereditario, ejecutivo vigoroso y Estado centralizado. Ese cat&aacute;logo, que servir&iacute;a de punto de partida del Congreso Constituyente de C&uacute;cuta que se reuni&oacute; en 1821, vino a quedar, con algunas modificaciones, reflejado en la Constituci&oacute;n finalmente aprobada. En lo que concierne a la forma de Estado, cuesti&oacute;n tan ampliamente debatida en esa d&eacute;cada, fue determinante el fracaso del sistema confederal que hab&iacute;a imperado en los breves a&ntilde;os de la Primera Rep&uacute;blica:</p>     <blockquote>       <p>Constituir&iacute;a ligereza imperdonable el no atribuirle justo valor al experimento infortunado de la primera Rep&uacute;blica en el &aacute;nimo de los constituyentes. Se crey&oacute; que la debilidad, que hab&iacute;a conducido a la cat&aacute;strofe, part&iacute;a del apetito federal <i>desorbitado, con subsiguiente desgaste de energ&iacute;as en enfrentamientos pueriles o dom&eacute;sticos </i>(cf. Uribe Vargas, 1996, pp. 71 y 72). &#91;Cursivas del autor&#93;.</p> </blockquote>     <p>Adem&aacute;s, Bol&iacute;var, con todo su prestigio y su peso pol&iacute;tico, era muy desafecto al sistema federal porque lo consideraba un monstruo de discordia y anarqu&iacute;a, y as&iacute; lo hab&iacute;a manifestado claramente en la c&eacute;lebre <i>Carta de Jamaica </i>de 1815, uno de sus documentos pol&iacute;ticos capitales:</p>     <blockquote>       <p>No convengo en el sistema federal entre los populares y representativos por ser demasiado perfecto y exigir virtudes y talentos pol&iacute;ticos muy superiores a los nuestros.</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Finalmente, el Congreso Constituyente reunido en la ciudad de C&uacute;cu-ta expidi&oacute; la primera Constituci&oacute;n de la Rep&uacute;blica de Colombia, y all&iacute; quedaron definidos los grandes elementos que todav&iacute;a hoy, al menos en lo que tiene que ver con la parte org&aacute;nica, caracterizan nuestra organizaci&oacute;n republicana: presidencialismo muy acentuado, centralismo muy enfatizado, Congreso nacional bicameral, organizaci&oacute;n pol&iacute;tico-partidista muy fragmentada.</p> <hr>     <p><a href="#s1" name="1"><sup>1</sup></a> Este movimiento comenz&oacute; en 1810, siendo autonomista pero sin desconocer las prerrogativas de la autoridad del rey. De esa manera se entiende que el decreto de promulgaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n de Cundinamarca de 1811 dijera que ese texto era promulgado por &quot;Don Fernando VII, por la gracia de Dios y por la voluntad y consentimiento del pueblo, leg&iacute;tima y constitucional-mente representado, Rey de los cundinamarqueses&quot;. El texto, igualmente, reconoc&iacute;a la autoridad real e indicaba que la forma de gobierno era la monarqu&iacute;a. Sin embargo, ese movimiento pas&oacute; r&aacute;pidamente, a partir de 1812, a ser claramente independentista respecto de la Corona.</p>     <p><a href="#s2" name="2"><sup>2</sup></a> La visi&oacute;n centralista de nuestra historia es tan absoluta, que siempre se ha considerado a la comunidad aborigen que habitaba el altiplano cundiboyacense, los muiscas, como el paradigma de cultura prehisp&aacute;nica en nuestro pa&iacute;s, olvidando que en el territorio de la actual Colombia habitaban muy diversas tribus, incluso algunas tanto o m&aacute;s poderosas que ella y con muy escasos v&iacute;nculos de uni&oacute;n entre s&iacute;.</p>     <p><a href="#s3" name="3"><sup>3</sup></a> Valencia Villa (1987) ha dicho: &quot;No existe bibliograf&iacute;a hist&oacute;rica o jur&iacute;dica sobre el problema de la independencia colombiana... Al contrario, la tradici&oacute;n acad&eacute;mica se ha dedicado a embellecer, mistificar o enrarecer el proceso de formaci&oacute;n del Estado-naci&oacute;n de tal modo que pueda ser visto como una epopeya, como una haza&ntilde;a ejemplar del patriotismo heroico y del republicanismo sin tacha&quot; (p. 62).</p>     <p>A ello se agrega, como dice Alfonso M&uacute;nera (1998), que &quot;La llamada Nueva Historia Colombiana, de las d&eacute;cadas de 1960 y 1970, estuvo demasiado preocupada por entender los grandes procesos sociales y econ&oacute;micos, de tal modo que mostr&oacute; poco inter&eacute;s por los asuntos de la pol&iacute;tica y la cultura. No hubo mayor discusi&oacute;n durante este per&iacute;odo en torno a la formaci&oacute;n de la naci&oacute;n, y casi ninguna preocupaci&oacute;n por el tema de la Independencia&quot; (p. 15).</p>     <p><a href="#s4" name="4"><sup>4</sup></a> En este aspecto una referencia s&oacute;lida es la obra de Manuel A. Pombo y Jos&eacute; J. Guerra (1986), en la que recogen un listado de 7 constituciones: 2 de Cundinamarca, 2 de Antioquia y una de Tunja, Cartagena y Mariquita respectivamente. Restrepo Piedrah&iacute;ta (1993) agrega dos m&aacute;s: Popay&aacute;n y Neiva, de 1814 y 1815 respectivamente.</p>     <p><a href="#s5" name="5"><sup>5</sup></a> Los art&iacute;culos del acta de la Confederaci&oacute;n fueron aprobadas por el Segundo Congreso Continental el 15 de noviembre de 1777 y en principio se constituyeron en una directriz no obligatoria, lo cual solo se logr&oacute; a partir de su ratificaci&oacute;n cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, el 1 de marzo de 1781.</p>     <p><a href="#s6" name="6"><sup>6</sup></a> Cf. Ocampo L&oacute;pez (1998, pp. 47 y 48). Similares ideas expone en su trabajo <i>Historia de las ideas federalistas en los or&iacute;genes de Colombia </i>(1997, pp. 97 a 110).</p>     <p><a href="#s7" name="7"><sup>7</sup></a> Esta afirmaci&oacute;n es tan cierta, que Miguel de Pombo hab&iacute;a publicado en Bogot&aacute; en 1811 la obra <i>Constituci&oacute;n de los Estados Unidos de Norteam&eacute;rica con las &uacute;ltimas adiciones, precedida de las actas de independencia y federaci&oacute;n, traducidas del ingl&eacute;s al espa&ntilde;ol por el ciudadano Miguel de Pombo, e ilustradas por el mismo con notas y un discurso preliminar sobre el sistema federativo.</i></p>     <p><a href="#s8" name="8"><sup>8</sup></a> M&uacute;nera (1998), hablando de los virreyes, dice que fueron &quot;... factores de orden natural e hist&oacute;rico &#91;los que&#93; volvieron en extremo dif&iacute;cil el ejercicio de su poder m&aacute;s all&aacute; de las fronteras situadas al oriente de los Andes. El resto de &eacute;stas -en particular Cartagena, Popay&aacute;n y Antioquia-tend&iacute;an de manera natural a funcionar como entidades aut&oacute;nomas, muchas veces en conflicto con la autoridad del virrey y de la audiencia&quot; (p. 32).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s9" name="9"><sup>9</sup></a> La expresi&oacute;n es de Antonio Nari&ntilde;o y es citada por Rodrigo Llano Isaza en su obra <i>Centralismo y federalismo (1810-1816) </i>(1999, p. 97).</p>     <p><a href="#s10" name="10"><sup>10</sup></a> Cf. Restrepo Piedrah&iacute;ta, en el pr&oacute;logo a la obra de Robert Louis Gilmore (1995) <i>El federalismo en Colombia (1810-1858) </i>(p. XIX). Bogot&aacute;: Universidad Externado.</p> <hr>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>De la Vega, J. (s.f.). <i>La federaci&oacute;n en Colombia. </i>Madrid: Editorial Americana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0121-8697201200020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Forero, M.J. (1966). Primera Rep&uacute;blica. En <i>Historia extensa de Colombia, </i>t. V. Bogot&aacute;: Lerner.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0121-8697201200020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gilmore, R. L. (1995). El federalismo en Colombia (1810 - 1858). Bogot&aacute;: Universidad Externado.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0121-8697201200020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Llano Isaza, R. (1999). <i>Centralismo y federalismo (181o -1816). </i>Bogot&aacute;: Banco de la Rep&uacute;blica-El &Aacute;ncora.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0121-8697201200020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Marsal y Marse, J. M. (1959). <i>S&iacute;ntesis hist&oacute;rica del derecho espa&ntilde;ol y del indiano. </i>Bogot&aacute;: Bibliogr&aacute;fica Colombiana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0121-8697201200020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>McFarlane, A. (1997). <i>Colombia antes de la Independencia. </i>Bogot&aacute;: Banco de la Rep&uacute;blica-El &Aacute;ncora.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0121-8697201200020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>M&uacute;nera, A. (1998). <i>El fracaso de la naci&oacute;n. </i>(p. 15). Bogot&aacute;: Banco de la Rep&uacute;bli-ca-El &Aacute;ncora Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0121-8697201200020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ocampo L&oacute;pez, J. (1997). <i>Historia de las ideas federalistas en los or&iacute;genes de Colombia. </i>Bogot&aacute;: Universidad Externado.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0121-8697201200020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ocampo L&oacute;pez, J. (1998). <i>La Patria Boba. </i>Bogot&aacute;: Panamericana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0121-8697201200020000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ocampo L&oacute;pez, J. (1999). <i>El proceso ideol&oacute;gico de la emancipaci&oacute;n en Colombia. </i>Bogot&aacute;: Planeta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0121-8697201200020000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ots Capdequ&iacute;, J. M. (1991). <i>Espa&ntilde;a en Am&eacute;rica. Las instituciones coloniales </i>(2<sup>a </sup>ed.). Bogot&aacute;: Universidad Nacional.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0121-8697201200020000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pombo, M. A. &amp; Guerra, J.J. (1986). <i>Constituciones de Colombia, </i>t. I y II. Bogot&aacute;: Banco Popular.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0121-8697201200020000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Restrepo Piedrah&iacute;ta, C. (1993). <i>Primeras constituciones de Colombia y Venezuela.</i> <i>1811-1830. </i>Bogot&aacute;: Universidad Externado.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0121-8697201200020000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Samper, J. M<sup>a</sup>. (1982). <i>Derecho p&uacute;blico interno. </i>Bogot&aacute;: Temis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-8697201200020000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Trujillo Mu&ntilde;oz, A. (2001). <i>Descentralizaci&oacute;n, regionalizaci&oacute;n y autonom&iacute;a local. </i>(p. 113). Bogot&aacute;: Universidad Nacional.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-8697201200020000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Uribe Vargas, D. (1996). <i>Evoluci&oacute;n pol&iacute;tica y constitucional de Colombia. </i>Madrid: Universidad Complutense.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-8697201200020000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Valencia Villa, H. (1987). <i>Cartas de batalla. </i>Bogot&aacute;: Cerec.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-8697201200020000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Zambrano Pantoja, F. (1998). Grandes regiones de Colombia. En <i>Nueva historia de Colombia, </i>t. VIII. Bogot&aacute;: Planeta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-8697201200020000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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