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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La conciliación en equidad ante el desplazamiento forzado. Reflexiones sobre sus posibilidades y límites]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The principal objetive of this paper is to analyze possibilities and limits of production of the legal field of community justice in Colombia, particularly the development of equity conciliation processes into the context of social and population dynamics fractured by dispossession and forced displacement. The search is made from the previous investigations about case studies in the Caribbean Coast where were promoting equity conciliation processes, specifically in the areas of Loma de Peyé and Pozón, located in the city of Cartagena, and Siete de Abril and Bosque, located in the city of Barranquilla.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>La conciliaci&oacute;n en equidad ante el desplazamiento forzado. Reflexiones sobre sus posibilidades y l&iacute;mites*</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>The equity conciliation in the face forced displacement. Reflections on the possibilities and limits</b></font></p>     <p><b>Fabio Sa&uacute;l Castro-Herrera**</b></p>     <p>Universidad Nacional de Colombia</p>     <p>** Abogado, Universidad Nacional de Colombia (Colombia). Mag&iacute;ster en Estudios Culturales, Pontificia Universidad Javeriana (Colombia). Investigador de la Escuela de Justicia Comunitaria, Universidad Nacional de Colombia (Colombia). Profesor de las facultades de Derecho, Universidad Nacional y Antonio Nari&ntilde;o (Colombia).</p>     <p><b>Jefferson Jaramillo Mar&iacute;n***</b>    <br> <a href="mailto:jefferson.jaramillo@javeriana.edu.co">jefferson.jaramillo@javeriana.edu.co</a></p>     <p>Pontificia Universidad Javeriana (Colombia)</p>     <p>*** Soci&oacute;logo y mag&iacute;ster en Filosof&iacute;a Pol&iacute;tica, Universidad del Valle (Colombia). Doctor en Investigaci&oacute;n en Ciencias Sociales, Flacso (M&eacute;xico). Profesor asociado y director del Departamento de Sociolog&iacute;a, Pontificia Universidad Javeriana Bogot&aacute; (Colombia). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>* Art&iacute;culo de reflexi&oacute;n derivado del proyecto de investigaci&oacute;n "Justicia Comunitaria: campo jur&iacute;dico emergente desde y para las comunidades en situaci&oacute;n de desplazamiento", realizada en la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia) entre enero de 2011 y septiembre de 2012. El proyecto se llev&oacute; a cabo en el marco del grupo Identidades y Pr&aacute;cticas de Poder, adscrito, a la Facultad de Ciencias Sociales y reconocido por Colciencias (Categor&iacute;a A), y tuvo como fin la obtenci&oacute;n del t&iacute;tulo de mag&iacute;ster en Estudios Culturales de Fabio Sa&uacute;l Castro, bajo la direcci&oacute;n de Jefferson Jaramillo. <a href="mailto:fscastroh@unal.edu.co">fscastroh@unal.edu.co</a></p>     <p><b>Fecha de recepci&oacute;n: </b>2 de septiembre de 2013    <br>  <b>Fecha de aceptaci&oacute;n: </b>4 de octubre de 2013</p> <hr>        <p><b>Resumen</b></p>     <p><i>El objetivo de este texto es analizar las posibilidades y l&iacute;mites de producci&oacute;n del campo jur&iacute;dico de la justicia comunitaria en Colombia, en especial el desarrollo de procesos de conciliaci&oacute;n en equidad, en el marco de condiciones sociales y poblaciones fracturadas por din&aacute;micas de despojo y desplazamiento forzado. La reflexi&oacute;n es realizada a partir del acumulado investigativo en algunos estudios de caso en la Costa Caribe, donde se realizaron procesos de conciliaci&oacute;n en equidad, espec&iacute;ficamente en los sectores de Loma de Pey&eacute; y El Poz&oacute;n, ubicados en Cartagena, y Siete de Abril y El Bosque, en Barranquilla.</i></p>     <p><b>Palabras clave: </b>justicia comunitaria, desplazamiento forzado, administraci&oacute;n de justicia, campo jur&iacute;dico.</p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     <p><i>The principal objetive of this paper is to analyze possibilities and limits of production of the legal field of community justice in Colombia, particularly the development of equity conciliation processes into the context of social and population dynamics fractured by dispossession and forced displacement. The search is made from the previous investigations about case studies in the Caribbean Coast where were promoting equity conciliation processes, specifically in the areas of Loma de Pey&eacute; and Poz&oacute;n, located in the city of Cartagena, and Siete de Abril and Bosque, located in the city of Barranquilla.</i></p>     <p><b>Keywords: </b>community justice, forced displacement, administration of justice, legal field.</p> <hr>          <p><b>1. INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este art&iacute;culo no pretende abordar en detalle la copiosa bibliograf&iacute;a que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha circulado entorno al desplazamiento forzado y a las geograf&iacute;as del despojo en Colombia. La intenci&oacute;n es se&ntilde;alar las posibilidades y limitaciones que enfrenta la producci&oacute;n del campo jur&iacute;dico de la justicia comunitaria, y espec&iacute;ficamente el ejercicio de la conciliaci&oacute;n en equidad, en el marco de estas problem&aacute;ticas. La hip&oacute;tesis de trabajo es que el campo de pr&aacute;cticas discursivas de administraci&oacute;n de justicia comunitaria, si bien es afectado por la estructura del campo jur&iacute;dico hegem&oacute;nico, a la vez se encuentra condicionado y resignificado por los acontecimientos disruptivos del desplazamiento y el despojo, que desestructuran y recomponen la vida de las comunidades y de los sujetos.</p>     <p>El reconocimiento de estas condiciones lo hacemos desde la reflexi&oacute;n sobre los acumulados suscitados en el trabajo situado y colaborativo durante cerca de cuatro a&ntilde;os (2006 - 2009), con comunidades en situaci&oacute;n de desplazamiento forzado en los sectores de Loma de Pey&eacute; y El Poz&oacute;n, ubicadas en Cartagena, y en los sectores de Siete de Abril y El Bosque, en Barranquilla<a name="n1"></a><a href="#n_1"><sup>1</sup></a>. En Cartagena, la comunidad de la Loma de Pey&eacute; al momento de la indagaci&oacute;n se encontraba agrupada en un territorio relativamente peque&ntilde;o que les permit&iacute;a tejer v&iacute;nculos de solidaridad estrechos. Una de las razones de tal situaci&oacute;n es que luego de un proceso permanente de movilizaci&oacute;n espacial por la ciudad hab&iacute;an sido reubicados masivamente. Mientras que en el barrio El Poz&oacute;n, que pr&aacute;cticamente resulta ser otra ciudad conurbada con Cartagena, la poblaci&oacute;n se encontraba difuminada en diversos sectores. En Barranquilla, aunque la poblaci&oacute;n estaba dispersa, contaban con escenarios de articulaci&oacute;n institucionales relacionados con programas de atenci&oacute;n y asistencia.</p>     <p>Es de anotar, adem&aacute;s, que en Bol&iacute;var y Atl&aacute;ntico, las ciudades de Barranquilla y Cartagena son los principales polos de atracci&oacute;n para las personas en situaci&oacute;n de desplazamiento forzado que provienen fundamentalmente de otros departamentos de la regi&oacute;n Caribe. Adem&aacute;s, estas se ubicadan en las zonas m&aacute;s vulnerables, y sin legalizar, de estas ciudades. Al respecto, P&eacute;rez y Salazar (2007) se&ntilde;alan que las personas m&aacute;s pobres de Cartagena viven en las laderas del Cerro de la Popa y a orillas de la ci&eacute;naga de la Virgen; el sector de El Poz&oacute;n, que colinda al norte con esta ci&eacute;naga, registra una alta recepci&oacute;n de poblaci&oacute;n desplazada y, por su condici&oacute;n cenagosa, presenta terrenos de alto riesgo ambiental. Los estudios de Mendoza (2011) y Corporaci&oacute;n Humanas (2011) se&ntilde;alan tambi&eacute;n c&oacute;mo estas poblaciones son objeto de amenazas e intimidaciones de grupos paramilitares que tienen, o protegen, intereses de los proyectos urban&iacute;sticos, tur&iacute;sticos o industriales que se desarrollan en los alrededores de terrenos de La Boquilla, Membrillal y Lomas de Pey&eacute;.</p>     <p>De otra parte, en el trabajo de Cepeda (2011) se indica que en las localidades del suroccidente y suroriente de Barranquilla se concentra la poblaci&oacute;n m&aacute;s vulnerable, entre las cuales estar&iacute;a el sector de El Bosque, con un 66 % de NBI.</p>     <p>En las l&iacute;neas de base del trabajo con conciliadores en equidad en estas comunidades se evidenci&oacute; que el ochenta por ciento (80 %) de la poblaci&oacute;n en situaci&oacute;n de desplazamiento que hizo parte del modelo antes del desplazamiento contaba con una ocupaci&oacute;n, de manera independiente o vendiendo su fuerza de trabajo. La mayor&iacute;a estaban dedicados/as a la agricultura, algunos en sus propias parcelas, otros se empleaban como jornaleros. Los que viv&iacute;an en zonas urbanas eran propietarios de su propio negocio, tiendas de v&iacute;veres o de ropa. Como parte de los grupos focales realizados<a name="n2"></a><a href="#n_2"><sup>2</sup></a>, tambi&eacute;n se evidenci&oacute; que entre las dificultades m&aacute;s sentidas por estas poblaciones en las ciudades receptoras estaban la falta de empleo, la carencia de viviendas dignas, la inseguridad, la falta de atenci&oacute;n en salud, la dificultad de acceso a la educaci&oacute;n, la ausencia de proyectos productivos, la violencia in"trafamiliar, las v&iacute;as en mal estado y la inexistencia de mecanismos de participaci&oacute;n.</p>     <p>A trav&eacute;s de la experiencia acumulada de trabajo con estas comunidades intentaremos reflexionar que si bien el desplazamiento forzado es una tecnolog&iacute;a de guerra y de despojo que afecta de manera diferencial a diversos grupos poblacionales en el pa&iacute;s, tambi&eacute;n emerge como una urdimbre de complejidades comunitarias, sociales y pol&iacute;ticas que demanda la construcci&oacute;n de instrumentos colaborativos, como la conciliaci&oacute;n en equidad, que permitan no solo el tr&aacute;mite pac&iacute;fico de ciertos conflictos, especialmente en las ciudades receptoras, sino tambi&eacute;n el fortalecimiento de capacidades, la promoci&oacute;n de procesos de gesti&oacute;n situados y el potenciamiento pol&iacute;tico de estas comunidades.</p>     <p><b>2.  EL DESPLAZAMIENTO FORZADO COMO TECNOLOG&Iacute;A DE GUERRA Y MEC&Aacute;NICA DE SUFRIMIENTO</b></p>     <p>El desplazamiento forzado como fen&oacute;meno social y pol&iacute;tico resulta complejo por la cantidad de interpretaciones construidas en torno al tema, pero adem&aacute;s por la incertidumbre que a&uacute;n existe en terminos de cifras sobre cu&aacute;ntos son realmente los desplazados y despojados en la historia reciente del pa&iacute;s<a name="n3"></a><a href="#n_3"><sup>3</sup></a>. Pese a las dificultades conceptuales y de conteo, estamos frente a un evento multicausal y multimodal en el que se combinan "condiciones estructurales, racionalidades de despojo y luchas estrat&eacute;gicas entre distintos actores armados legales e ilegales" (Jaramillo, 2007, p. 17). Incluso, alrededor de esta problem&aacute;tica est&aacute; en juego la concentraci&oacute;n de la tenencia de la tierra y la violencia sistem&aacute;tica mediante la cual se ejecutan las acciones de despojo (Fajardo, 2002, p. 69). Es decir, que el desplazamiento y el despojo no son consecuencias colaterales de la guerra, sino producto de tecnolog&iacute;as y din&aacute;micas m&aacute;s complejas e hist&oacute;ricas que fundamentalmente tienen que ver con procesos complementarios de acumulaci&oacute;n por desposesi&oacute;n (Harvey, 2008, p. 13), gentrificaci&oacute;n<a name="n4"></a><a href="#n_4"><sup>4</sup></a> y despliegue de estrategias b&eacute;licas que procuran la rearticulaci&oacute;n y profundizaci&oacute;n de privilegios de ciertos sectores de la sociedad colombiana.</p>     <p>En la historia del pa&iacute;s, el <i>desplazamiento </i>ha estado sesgado desde su nominaci&oacute;n pol&iacute;tica por eufemismos que esconden a todas luces responsabilidades de aquellos que hist&oacute;ricamente han detentado el poder pol&iacute;tico y el control sobre la tierra<a name="n5"></a><a href="#n_5"><sup>5</sup></a>. En ese orden de ideas, el soci&oacute;logo Alfredo Molano (2001, p. 33) afirma "que las personas no se desplazan por un acto de voluntariedad por el cual quieran entrar en devenir, m&aacute;s bien es la fuerza y la intimidaci&oacute;n lo que los mueve". Es decir, estos movimientos violentos est&aacute;n articulados a la producci&oacute;n de paisajes del miedo que provocan con el tiempo geograf&iacute;as de terror y des"territorializaciones violentas (Oslender, 2002; 2008; Ojeda, 2012).</p>     <p>Con el desplazamiento forzado los cuerpos de las personas desarraigadas se convierten en territorios de violencia, sometidos a todos los rigores que implican una posici&oacute;n de subordinaci&oacute;n guerrera, ya que toda experiencia de guerra es, sobre todo, experiencia traum&aacute;tica para el cuerpo (Audoin-Rouzeau, 2005). Dos factores generadores de mec&aacute;nicas de sufrimiento sobre el cuerpo ser&iacute;an la expulsi&oacute;n de campesinos y las masacres cometidas (Castillejo, 2000; Blair, 2010; Molano, 2007). Ambos son instrumentos de terror, desplegados en muchas regiones del pa&iacute;s por agentes estatales, guerrillas y grupos paramilitares o incluso neoparamilitares, en no pocos casos asesinando con sevicia a l&iacute;deres sociales, sindicales y familias completas; intimidando a las poblaciones con pr&aacute;cticas de terror, y con justificaciones ejemplarizantes, y poniendo en escena la tristemente c&eacute;lebre "dramaturgia del horror"<a name="n6"></a><a href="#n_6"><sup>6</sup></a>. La consecuencia directa de ello es la eliminaci&oacute;n de cualquier expresi&oacute;n de protesta, desobediencia y rebeld&iacute;a, "por esta raz&oacute;n &#91;especialmente los paramilitares y neoparamilitares&#93; encuentran acogida entre los grandes propietarios, ganaderos, comerciantes, las compa&ntilde;&iacute;as extranjeras y los pol&iacute;ticos" (Molano, 2007, p. 45).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La mec&aacute;nica del sufrimiento genera el rompimiento de las estructuras sociales que constituyen las comunidades, y a la vez los v&iacute;nculos de solidaridad y afecto construidos por el vecinazgo, el compadrazgo y las afinidades ocupacionales. Incluso, por efecto de ellas, en las comunidades se siembra la desconfianza y se rompe con las redes que facilitaban la acci&oacute;n organizada. Adem&aacute;s, estas feroces estrategias de mutilaci&oacute;n del tejido vital tienen la intenci&oacute;n de eliminar cualquier huella de territorialidad (Buitrago, 2005), en tanto pr&aacute;cticas sociales, culturales y pol&iacute;ticas, que le otorgan el sentido al lugar y a los cuerpos que lo habitan. En los territorios donde acontece el desarraigo y el sufrimiento, el Estado parece cobrar una forma "fantasmag&oacute;rica", dejando que ciertos poderes locales excluyan, confinen, censuren e incluso eliminen determinadas formas de vida. Bajo este <i>modus operandi </i>las v&iacute;ctimas devienen en lo que Giorgo Agamben (2004) llama el <i>hombre sacrificable </i>(p. 50).</p>      <p align="center"><img src="img/revistas/dere/n42/n42a06f01.jpg">     <p><b>3.  EL DESPLAZAMIENTO FORZADO COMO R&Eacute;GIMEN DE REPRESENTACI&Oacute;N OFICIAL DE SUJETOS CON DERECHOS ABSTRACTOS</b></p>     <p>La categor&iacute;a de desplazado forzado, o de desarraigado, ha resultado muchas veces en el pa&iacute;s una f&oacute;rmula sacramental y menos un instrumento efectivo de protecci&oacute;n y goce efectivo de derechos<a name="n7"></a><a href="#n_7"><sup>7</sup></a>. La vida de las personas desplazadas se encuentra no solo "desnuda" de territorio, sino tambi&eacute;n "precarizada" en sus garant&iacute;as, en la medida que no cuentan con un tratamiento pleno de ciudadanos. Sus derechos quedan suspendidos, producto de hechos f&aacute;cticos que devienen en consecuencias jur&iacute;dicas en t&eacute;rminos de desposesi&oacute;n, imposibilidad de ejercer derechos pol&iacute;ticos y, por supuesto, degradaci&oacute;n en sus derechos fundamentales, sociales, culturales y econ&oacute;micos. La <i>nudificaci&oacute;n </i>de la vida se consuma con la impunidad ante sus muertes y con la legitimaci&oacute;n de ella en arreglos pol&iacute;ticos y jur&iacute;dicos para con los victimarios.</p>     <p>Las estad&iacute;sticas muestran que las poblaciones despojadas de sus tierras y territorios han sido hist&oacute;ricamente grupos que con el tiempo van a entrar a ser catalogados como de especial protecci&oacute;n constitucional, y que ser&aacute;n parte de un "regimen de representaci&oacute;n oficial" que los va a nombrar, etiquetar y clasificar (Aparicio, 2010). Bajo este r&eacute;gimen de representaci&oacute;n, el desplazado existe como tal para el Estado desde 1995. Antes se le invisibilizaba bajo una pol&iacute;tica para migraciones por razones econ&oacute;micas, como aconteci&oacute; durante el gobierno Barco Vargas, o se le asimilaba a los damnificados por desastres naturales, como fue com&uacute;n en el gobierno Gaviria Trujillo (Bello, 2003; Jaramillo, 2007). Sin embargo, a partir de la creaci&oacute;n de la propia calidad jur&iacute;dica se les define y subsume en ella, otorg&aacute;ndoles las respectivas consecuencias jur&iacute;dicas.</p>     <p>Si bien antes de 1995 mucho se hablaba del conflicto, sus implicaciones y el costo econ&oacute;mico y pol&iacute;tico de la violencia, no exist&iacute;a como tal un <i>espacio de representaci&oacute;n para el desplazado forzado. </i>Un espacio donde se les reconociera como personas, pero tambi&eacute;n desde sus diversos significados, saberes y subjetividades de los cuales son portadores y que son transformados por la experiencia del desplazamiento. Con la escalada que tuvo el desplazamiento en la d&eacute;cada de los noventa en Colombia, este acontecimiento comenz&oacute; a leerse bajo la r&uacute;brica de "una tragedia nacional" que exig&iacute;a una pol&iacute;tica p&uacute;blica estatal que respondiera a las dimensiones del problema. As&iacute;, en 1997 se expidi&oacute; la Ley 387, que avanz&oacute; en el reconocimiento de la existencia de un problema "masivo y grave" que amerita especial atenci&oacute;n por parte del Estado. La mencionada ley define una pol&iacute;tica estatal orientada a la prevenci&oacute;n, la atenci&oacute;n humanitaria de emergencia, la estabilizaci&oacute;n socioecon&oacute;mica y el retorno de las poblaciones desplazadas.</p>     <p>A partir de entonces la apuesta central del Estado ha sido, con relativo &eacute;xito hasta ahora, la intervenci&oacute;n sobre estas poblaciones, entrando a jugar un papel importante el activismo judicial de instituciones como la Corte Constitucional, que demandar&aacute; permanentemente al Estado la superaci&oacute;n del "estado de cosas inconstitucional" y el "goce efectivo de derechos para estas poblaciones" (Morales, 2012; Rodr&iacute;guez &amp; Rodr&iacute;guez, 2010). Pero muchas de las iniciativas estatales emprendidas a partir de esta tipificaci&oacute;n y escenificaci&oacute;n jur&iacute;dica de la persona en situaci&oacute;n de desplazamiento han quedado cautivas de la asistencia, el inmediatismo de la urgencia humanitaria y en muchas ocasiones de la atenci&oacute;n, que aparece como integral pero en el fondo es muy desarticulada frente a las necesidades de estas poblaciones, en periodos de tiempo muy corto. Esta situaci&oacute;n ha generado incluso que los programas gubernamentales de restablecimiento de derechos sean limitados y en ocasiones insostenibles. Lo anterior, desde luego, ha implicado que frente a situaciones en las que la existencia de estas poblaciones est&aacute; al l&iacute;mite en la ciudad, ellas no sean pasivas ante las condiciones externas de acci&oacute;n, sino que las subviertan a la luz de las circunstancias particulares (cfr. Jim&eacute;nez, Abello &amp; Palacio, 2003; Palacio et al., 2010).</p>     <p>De todas formas, las personas en situaci&oacute;n de desplazamiento no solo atraviesan por una condici&oacute;n de sujetos despojados, sino que adem&aacute;s en el momento que entran dentro de un r&eacute;gimen de representaci&oacute;n oficial hacen el tr&aacute;nsito hacia la condici&oacute;n que aqu&iacute; podemos enunciar con cierto tono de iron&iacute;a), de "sujetos acreedores de derechos abstractos". Es decir, en su mayor&iacute;a poblaciones de origen campesino, afro, negro e ind&iacute;gena, y con vulnerabilidades diferenciales, como es el caso de mujeres, ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes, experimentan en sus lugares de origen un acceso restringido a la educaci&oacute;n, a la salud, a los canales de participaci&oacute;n pol&iacute;tica, a los sistemas de producci&oacute;n y a sus derechos de personalidad jur&iacute;dica. Al llegar a la ciudad, si bien estas personas y comunidades comienzan a sentir que tienen derecho y obligaciones, por ejemplo, frente a esto &uacute;ltimo de la personalidad jur&iacute;dica, tambien emerge la preocupaci&oacute;n, porque en la l&oacute;gica urbana pasan a ocupar las estad&iacute;sticas de las poblaciones indocumentadas, que no cuentan con constancias de registro civil y en algunos casos con c&eacute;dula. Adem&aacute;s, no han tramitado la libreta militar y los menores carecen de tarjeta de identidad.</p>     <p>A las dificultades asociadas con el derecho a la personalidad jur&iacute;dica que saben que tienen pero que muchas veces no es f&aacute;cil de tramitar o asimilar, se suman las dificultades de vinculaci&oacute;n laboral, que son el nudo gordiano de los reci&eacute;n llegados. Adem&aacute;s, el desempleo, como una expresi&oacute;n de un conflicto hist&oacute;rico e estructural en el pa&iacute;s, es habitual en las comunidades receptoras, tambi&eacute;n pobres hist&oacute;ricas, que sienten que se agudiza con la presencia de los reci&eacute;n llegados. Al respecto es sugerente lo planteado por Correa de Andreis (2005):</p>     <p>Las personas en situaci&oacute;n de desplazamiento carecen de ley porque en las zonas rurales de donde proceden y de donde fueron expulsados no eran sujetos de derechos, dado que la mayor&iacute;a de sus Derechos Econ&oacute;micos, Sociales, pol&iacute;ticos y Culturales les fueron negados y se les contin&uacute;an negando de manera inhumana en los asentamientos. (p. 73)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De hecho, un categ&oacute;rico testimonio al respecto fue expresado por uno de nuestros conciliadores en equidad de La Loma de Pey&eacute;: "Lo &uacute;nico que hemos conocido del Estado son sus fusiles". Y aunque al llegar a la ciudad reconocen que ahora disfrutan de unos derechos, debido a su "calidad jur&iacute;dica" de desplazados, derechos incluso insospechados antes, tambi&eacute;n son conscientes de que estos siguen siendo "abstractos" porque no siempre tienen los medios para hacerlos valer.</p>     <p><b>4.  EL CAMPO JUR&Iacute;DICO HEGEM&Oacute;NICO FRENTE A LOS CONTEXTOS DE VULNERABILIDAD Y DESPOJO</b></p>     <p>&iquest;C&oacute;mo pensar entonces en contextos de geograf&iacute;as de despojo, de r&eacute;gimen de asistencialismo y de sujetos vulnerados en sus lugares de origen y vulnerables en los lugares de recepci&oacute;n el campo de lo jur&iacute;dico, y m&aacute;s espec&iacute;ficamente, la figura de la conciliaci&oacute;n en equidad? Para responder a esta pregunta es importante reconocer que lo jur&iacute;dico lo concebimos en este art&iacute;culo como un conjunto de pr&aacute;cticas sociales hist&oacute;ricamente localizadas dentro de un campo de poder y de conocimiento, que responden a unas necesidades propias de unos contextos, tiempos y lugares (Bourdieu, 2002; Lemaitre, 2009). Este campo de lo jur&iacute;dico est&aacute; mediado hegem&oacute;nicamente por las condiciones de existencia social de sus actores, de sus capitales objetivados e incorporados y de los <i>habitus </i>espec&iacute;ficos propios de las circunstancias que los preceden y los constituyen.</p>     <p>Sin embargo, ciertas demandas sociales frente a lo jur&iacute;dico hegem&oacute;"nico dan cuenta precisamente de la ausencia de regulaci&oacute;n en el pa&iacute;s para poblaciones muy vulnerables. En una escala macro y micropol&iacute;tica, esta situaci&oacute;n revela la enorme potencialidad del campo jur&iacute;dico de la conciliaci&oacute;n en equidad como mecanismo emancipador. Especialmente para aquellas poblaciones que no logran acceder a instancias judiciales convencionales para resolver sus conflictos y se enfrentan a la carencia de una cultura de resoluci&oacute;n pac&iacute;fica de los mismos. Esta crisis de acceso a la justicia, que es en el fondo la crisis del sistema predominante, incide no solo en la convivencia de las comunidades, tambi&eacute;n revela que la oferta de administraci&oacute;n de justicia en los territorios donde habitualmente habita la poblaci&oacute;n vulnerable, en este caso la poblaci&oacute;n en situaci&oacute;n de desplazamiento, es inexistente. En otros casos, la talanquera que impide hacer uso de la misma es de orden econ&oacute;mico, si consideramos los altos costos de movilizaci&oacute;n en los que se incurre tanto para los operadores judiciales como para las poblaciones cuando se realiza un proceso judicial en zonas tan aisladas.</p>     <p>Respecto a este &uacute;ltimo punto, en estudios previos se ha identificado que acceder a la justicia en t&eacute;rminos corrientes es dificultoso, oneroso, crea temores y muchas veces los litigios no corresponden a la complejidad del sistema judicial, y en la mayor&iacute;a de los casos sus resultados son frustrantes (Corporaci&oacute;n Volver a la Gente, 2008). Por otro lado, la pol&iacute;tica judicial del Estado no considera socialmente relevantes conflictos que desencadenan alteraciones lesivas para la comunidad (por ejemplo, el de los voladores, o el de los rumores para las comunidades con las que se trabaj&oacute;)<a name="n8"></a><a href="#n_8"><sup>8</sup></a>. De esta manera, el modelo predominante de administraci&oacute;n de justicia plantea una forma de organizaci&oacute;n de la conflictividad seg&uacute;n la cual las querellas m&aacute;s importantes -las m&aacute;s cr&iacute;ticas o las m&aacute;s onerosas- van al aparato judicial, y las consideradas menores son resueltas de cualquier manera dentro de los escenarios de la vida social. En consecuencia, subsiste una porci&oacute;n de la conflic"tividad que no se tramita institucionalmente; situaci&oacute;n que no le hace mella al sistema siempre y cuando no desborde el aparato judicial y, sobre todo, el aparato pol&iacute;tico.</p>     <p>En ese sentido, la administraci&oacute;n de justicia dentro del campo jur&iacute;dico hegem&oacute;nico ha sido ineficaz al momento de responder a la avalancha de conflictos sociales, culturales, ciudadanos que en teor&iacute;a debiera tratar. Es decir, bajo la l&oacute;gica de la existencia de unos conflictos "bagatelas" se arguye que no vale la pena movilizar un gigantesco aparato de la administraci&oacute;n de justicia en t&eacute;rminos de funcionarios, procedimientos y costos. De esta manera, el Estado es concebido y dise&ntilde;ado para tratar conflictos de su misma envergadura. Lo anterior se traduce en un descreimiento en el valor social de la legalidad, pero tambi&eacute;n queda reflejado en las expectativas de la poblaci&oacute;n frente a la necesidad de un aparato judicial estatal que desde su punto de vista es ineficaz e insuficiente, y adem&aacute;s consideran que tampoco ayuda a posi"cionar otras instancias comunitarias que lo "sustituyan" en su funci&oacute;n.</p>     <p>Por tal raz&oacute;n, un buen n&uacute;mero de conflictos, tanto pol&iacute;ticos como comunes, se resuelven por medios violentos, desembocando muchos de ellos en la eliminaci&oacute;n del contradictor, en la expropiaci&oacute;n y en el despojo. De cara a ese escenario, la conciliaci&oacute;n en equidad, si bien aparece en el campo jur&iacute;dico predominante, va derivando hacia un mecanismo contrahegem&oacute;nico, toda vez que, por un lado, se muestra como una f&oacute;rmula sugestiva para llenar de contenido estos umbrales y nichos en los que la administraci&oacute;n de justicia no hace presencia, y donde las instancias de regulaci&oacute;n y control social son insuficientes o inexistentes, y por otro lado, como una posibilidad real para las comunidades en la reconstrucci&oacute;n de su tejido social, pol&iacute;tico y cultural. La figura de la conciliaci&oacute;n en equidad encuentra cabida entonces a partir de la necesidad de resolver los diversos tipos de conflictividad generados en los lugares de asentamiento de poblaci&oacute;n en situaci&oacute;n de desplazamiento como consecuencia, entre otras circunstancias, del mismo desplazamiento y de las nuevas relaciones originadas por los cambios que implica trasladarse a la ciudad.</p>     <p>De hecho, el mecanismo de la conciliaci&oacute;n se enfrenta a poblaciones expuestas no solo a la pobreza, el desempleo y la exclusi&oacute;n social (Ib&aacute;-&ntilde;ez, 2008), sino tambi&eacute;n con un restringido y escaso acceso a la justicia<a name="n9"></a><a href="#n_9"><sup>9</sup></a>. Salta a la vista que los escenarios de convivencia para la poblaci&oacute;n desarraigada son hostiles, y desafortunadamente no cuentan con alternativas cercanas y oportunas para resolver los conflictos cotidianos a los que se enfrentan. Adem&aacute;s, bajo estas condiciones, las relaciones de exclusi&oacute;n, subordinaci&oacute;n, indiferencia y atropello que hist&oacute;ricamente establecen estas poblaciones con el Estado son reproducidas en los mi"croterritorios culturales en los que se desenvuelven.</p>     <p>As&iacute;, las respuestas de estas poblaciones para abordar los conflictos en los que se ven inmersas son similares a las que obtienen del Estado, contribuyendo todo ello a modelar en parte los esquemas de acci&oacute;n y las pr&aacute;cticas cotidianas. Por esta raz&oacute;n, algunos elementos fundamentales para avanzar en el restablecimiento de sus derechos son las estrategias y escenarios de gesti&oacute;n y transformaci&oacute;n de conflictos bajo l&oacute;gicas de justicia comunitaria en equidad, los cuales posibilitan la construcci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n de v&iacute;nculos de solidaridad y convivencia.</p>     <p>Para detallar esto con m&aacute;s precisi&oacute;n sugerimos explorar a continuaci&oacute;n las condiciones de entrada y las barreras que suscita un campo jur&iacute;dico como la conciliaci&oacute;n en equidad, mostrando sus posibilidades y limitaciones de emergencia a partir de la experiencia con las comunidades mencionadas. La hip&oacute;tesis ser&aacute; la siguiente: la justicia en equidad hace parte de un proceso de organizaci&oacute;n del Estado en el que se establecen criterios jur&iacute;dicos por medio de los cuales la comunidad participa de manera transitoria en la gesti&oacute;n de la conflictividad. Este campo y estatuto jur&iacute;dico que orienta y organiza el funcionamiento de esta figura establece las condiciones y las barreras de entrada a un terreno que en virtud de su propia disposici&oacute;n, la ley en este caso, le abre paso a las din&aacute;micas de administraci&oacute;n de justicia comunitaria. Aqu&iacute; opera entonces una disputa entre las poblaciones que buscan acceder a ella y los actores jur&iacute;dicos que emergen en el proceso de implementaci&oacute;n de la conciliaci&oacute;n en equidad y regulan las condiciones de entrada y bloqueo de las primeras.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>5.  LA CONCILIACI&Oacute;N EN EQUIDAD: CONDICIONES DE ENTRADA Y BARRERAS DEL CAMPO</b></p>     <p>La entrada al campo jur&iacute;dico de la Conciliaci&oacute;n en Equidad demanda de unas condiciones que se expresan en el proceso de identificaci&oacute;n de los perfiles adecuados para la postulaci&oacute;n, en los requisitos que la nor"matividad les impone a las personas aspirantes y en las circunstancias en que se realiza cada una de estas fases.</p>     <p>Quienes aspiran a convertirse en conciliadores en equidad deben ser personas destacadas y reconocidas en su comunidad por su comportamiento sin tacha, por la responsabilidad, credibilidad, por el conocimiento que tienen de los valores que comparten y las necesidades que enfrentan, adem&aacute;s de su alto sentido del servicio social. El aspirante a conciliador encarna los valores de su comunidad, se precia de conocer sus din&aacute;micas y, por ende, tiene una posici&oacute;n privilegiada en el seno de la misma. Estas personas son postuladas por organizaciones c&iacute;vicas o comunitarias de barrios, veredas, ciudades y municipios para que emprendan el recorrido que les permita ser acreditados como conciliadores, lo que implica iniciar el proceso de formaci&oacute;n, aprobar las evaluaciones, la entrevista del Ministerio de Justicia y ser nombrados por la autoridad judicial de mayor jerarqu&iacute;a del lugar donde se haya realizado el programa.</p>     <p>Si bien muchos de los aspirantes cuentan con esquemas valorativos compartidos con su comunidad, destaca en ellos, adem&aacute;s de ser reconocidos por otros, un valor agregado que les permite incidir positivamente en el espacio simb&oacute;lico que comparten. El conciliador en equidad es un personaje que se somete a un proceso exigente de selecci&oacute;n que considera diversos factores, interesantes para analizar (v&eacute;ase <a href="#g_01">cuadro 2</a>).</p>     <p align="center"><a name="g_01"><img src="img/revistas/dere/n42/n42a06f02.jpg"></a></p>     <p>En la anterior descripci&oacute;n se presenta someramente la ruta que la ley y las disposiciones del Ministerio del Interior y de Justicia se&ntilde;alan para ser acreditado como conciliadores en equidad, de donde se infiere que a quienes les interesa participar de la iniciativa poseen eso que Bour"dieu llamara la <i>illusio. </i>Es decir, son portadores de unas particulares disposiciones e intereses en sus trayectorias biogr&aacute;ficas, si consideramos que se comprometen a participar de un proceso que es riguroso y dispendioso en relaci&oacute;n con los requisitos exigidos con otras ofertas de proyectos de capacitaci&oacute;n de diverso orden. Tambi&eacute;n se involucran en un tema que genera pocos adeptos, o no es de mayor&iacute;as, como lo es la resoluci&oacute;n de conflictos. Adem&aacute;s, desde el primer encuentro saben que su oficio es gratuito, que no pueden esperar contraprestaciones pecuniarias; es m&aacute;s, el oficio les va mostrando que en muchas ocasiones son ellos quienes tienen que solidarizarse con algunos de los costos generados por la conciliaci&oacute;n (por ejemplo, fotocopias o transportes).</p>     <p>En la experiencia de formaci&oacute;n para conciliadores en equidad con poblaci&oacute;n en situaci&oacute;n de desplazamiento evidenciamos, por un lado, la complejidad de la problem&aacute;tica social colombiana y, por otro, la dignidad y la fortaleza de los actores que la han padecido directamente. De hecho, si revisamos la historia reciente de cada una de las personas que han sufrido la tragedia del desplazamiento forzado, nos topamos con que las relaciones establecidas con el Estado est&aacute;n definidas, en no pocas ocasiones, por la incapacidad de este para brindar garant&iacute;as en t&eacute;rminos de derechos y oportunidades. As&iacute; lo percibe Edinson Hern&aacute;ndez, un locuaz conciliador de la Loma de Pey&eacute;: "El Estado siempre est&aacute; presente por su ausencia; lo extra&ntilde;amos sin conocerlo, porque nunca ha estado" (Entrevista personal a Edinson Hern&aacute;ndez, Conciliador en Equidad, Agosto de 2009).</p>     <p>Estas personas que fueron despojadas de sus propiedades por grupos alzados en armas, que perdieron a su familia en masacres o muertes selectivas y cuyas vidas han estado atravesadas por la violencia, la vulneraci&oacute;n de derechos y la flagrante impunidad, optan por el compromiso con la vida y por asumir una participaci&oacute;n activa como ciudadanos, desde las nuevas oportunidades que empiezan a columbrar con la Conciliaci&oacute;n en Equidad. Un fragmento de nuestras entrevistas es ilustrativo al respecto:</p>     <p>Antes de iniciar en la Conciliaci&oacute;n en Equidad yo prefer&iacute;a mantenerme a un lado de todo lo que tuviera relaci&oacute;n con conflictos. Poco a poco fuimos entrando en confianza con el profe y con el tema y perdi&eacute;ndole el miedo. Yo no ten&iacute;a idea de que exist&iacute;a la Conciliaci&oacute;n en Equidad y le ten&iacute;a desconfianza a todo lo que tuviera que ver con la justicia del Estado, sobre todo porque no ha hecho justicia. Pero a pesar de mis temores y desconfianzas, me di cuenta que es una buena posibilidad para la gente que no sabe c&oacute;mo ni d&oacute;nde resolver los problemas, y con el trabajo que realizamos descubr&iacute; que tengo esp&iacute;ritu y talento para eso. La verdad, lo que no soporto es la injusticia y la desigualdad, y este es un buen medio para equilibrar cargas. (Entrevista personal a Edinson Hern&aacute;ndez, Conciliador en Equidad. Agosto de 2009)</p>     <p>Ante una realidad en la que las personas est&aacute;n abocadas a elegir entre sucumbir ante la tragedia y emprender una cadena infinita de odios con un desenlace fatal, o intentar recomponer sus vidas apost&aacute;ndole a estrategias transformadoras de una realidad que se ha comportado hostil, el trabajo de formaci&oacute;n en Conciliaci&oacute;n en Equidad estuvo orientado, con las comunidades con las cuales se trabaj&oacute;, a apoyar a los potenciales conciliadores. Adem&aacute;s, en un contexto m&aacute;s amplio del an&aacute;lisis, es claro que el destino de estos hombres y mujeres est&aacute; marcado por una multiplicidad de posibilidades, permeadas por miedos, encrucijadas y expectativas; sus elecciones dependen constantemente de las incertidumbres del medio en el que se mueven.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De todas formas, no podemos olvidar que las disposiciones que se deciden como l&iacute;mites y condici&oacute;n de entrada para hacer parte de la configuraci&oacute;n de un campo como el jur&iacute;dico est&aacute;n vinculadas a las relaciones que se establecen con el campo de poder. Este campo es definido por Pierre Bourdieu (2005) como "el espacio de relaciones de fuerza entre agentes o instituciones que tienen en com&uacute;n el poseer el capital necesario para ocupar posiciones dominantes en los diferentes campos" (p. 320). Con otras palabras, las condiciones de entrada al campo jur&iacute;dico emanan de criterios de reorganizaci&oacute;n pol&iacute;tica establecidas a partir de reformas que promueven la informalizaci&oacute;n, deslegalizaci&oacute;n y comunitarizaci&oacute;n de la justicia (Santos, 1991). Todo ello hace parte del principio de jerarquizaci&oacute;n externa por medio del cual el campo de poder domina y determina campos de menor autonom&iacute;a. Bajo estas consideraciones, la administraci&oacute;n de justicia en equidad emerge a partir de disposiciones normativas dominantes, que regulan la existencia y el funcionamiento de los operadores de justicia; adem&aacute;s son las que establecen las condiciones de entrada al campo<a name="n10"></a><a href="#n_10"><sup>10</sup></a>. Examinemos esto con m&aacute;s detalle.</p>     <p>En el proceso de identificaci&oacute;n y selecci&oacute;n de la poblaci&oacute;n para ejercer como conciliadora se hace ostensible la dificultad de acertar con el perfil que construimos desde las visiones oficiales para aspirar a ser conciliador en equidad. De hecho, se se&ntilde;ala que debe ser una persona reconocida por la comunidad, que haga parte de las din&aacute;micas de la misma y que sea postulada por una organizaci&oacute;n c&iacute;vica o comunitaria. Los lineamientos entonces nos ubican en un escenario en el que la poblaci&oacute;n en situaci&oacute;n desplazamiento y la hist&oacute;ricamente vulnerable no cuentan con el perfil para ser conciliadores en equidad en una considerable mayor&iacute;a, lo que obliga a un trabajo intensivo anterior al inicio del proceso de formaci&oacute;n. Querer enmarcar dentro de este tipo ideal las caracter&iacute;sticas de la poblaci&oacute;n en situaci&oacute;n de desplazamiento sugiere entonces algunas dificultades. Incluso, porque si bien existen excepciones, son pocos los perfiles o los que existen no cuentan con las motivaciones suficientes para emprender el proceso o est&aacute;n atemorizados. Veamos algunas de estas dificultades:</p>     <p>a. <i>Prejuicios frente al conflicto. </i>Una de las mayores dificultades en este proceso proviene de la percepci&oacute;n que las personas traen del conflicto armado; situaci&oacute;n que es apenas natural si tenemos en cuenta el pasado infausto que arrastran:</p>     <p>La verdad, yo lo que menos quiero en la vida es saber de conflictos; con todos los que sufr&iacute; y con los llevo a cuestas y ahora me voy a meter en m&aacute;s, mi hermano, &iquest;c&oacute;mo se le ocurre? Nosotros quedamos curados. Yo creo que eso de la conciliaci&oacute;n no tiene ning&uacute;n futuro entre los desplazados; eso no se va a entender, y mucho menos se va a usar. (Entrevista personal a un conciliador de las Lomas de Pey&eacute;, de Cartagena. Agosto de 2009)</p>     <p>Este era uno de los alegatos que con sentida rabia manifestaban algunas de las personas en la fase de divulgaci&oacute;n y sensibilizaci&oacute;n de la administraci&oacute;n de justicia en equidad. As&iacute;, cuando presentamos la Conciliaci&oacute;n como un mecanismo de resoluci&oacute;n de conflictos, las personas establec&iacute;an una relaci&oacute;n directa con su pasado traum&aacute;tico, con las causas que ocasionaron las circunstancias en que se encuentran. En este marco, el conflicto que ellos reconocen se subsume en sus historias personales de despojo, de lucha por la tierra, de amenazas por parte de los actores del conflicto armado. Incluso, en varios de los entrevistados se percibi&oacute; una mirada tr&aacute;gica respecto del conflicto, construyendo versiones negativas o indiferentes frente a la necesidad de reflexionar sobre el sentido de las disputas, a pesar de que varios, cuando se les indagaba con ciertos instrumentos, manifestaran que eran muy proclives al di&aacute;logo como alternativa para la resoluci&oacute;n del conflicto<a name="n11"></a><a href="#n_11"><sup>11</sup></a>.</p>     <p>b. <i>Liderazgos que se invisibilizan por temor. </i>Este fue un tema frecuente en las personas que despuntaban con mayor liderazgo, como al respecto se&ntilde;al&oacute; un conciliador:</p>     <p>Yo qued&eacute; curado<a name="n12"></a><a href="#n_12"><sup>12</sup></a> con lo que me pas&oacute; de donde vengo. Yo era l&iacute;der de la Asociaci&oacute;n de Usuarios Campesinos; tambi&eacute;n me buscaban para conciliar en las juntas veredales. Y bueno, eso ya es como habitual que lo empiecen a amenazar a uno, se empiezan a escuchar rumores de lo que puede pasar, pero uno es necio y piensa que no es con uno, que no le va a pasar nada. Hasta que se me dio por postularme al Concejo y se hicieron efectivas las amenazas. En una de las masacres cayeron dos de mis tres hijos menores y mi mujer. Yo no llegu&eacute;, no s&eacute; si por fortuna, y mi hijo mayor no estaba. Yo le digo al hijo que me qued&oacute; que eso me pasa por ser ciudadano de bien, o sea, por ser huev&oacute;n, que a uno en este pa&iacute;s le toca portarse lo contrario, o sea, mal, pa que lo respeten<a name="n13"></a><a href="#n_13"><sup>13</sup></a>.</p>     <p>Las personas con un perfil destacado, que cumplen a cabalidad con el "tipo" de persona comprometida, vinculada a din&aacute;micas comunitarias, prefieren manejar un bajo perfil por razones de seguridad. No les interesa sobresalir por el temor de ponerse en riesgo, ya sea porque son perseguidos o porque consideran que las din&aacute;micas organizativas en el seno de la comunidad son propicias para el se&ntilde;alamiento por parte de grupos armados. Esta prevenci&oacute;n es evidente en personas que ostentaron cargos de dirigencia o hicieron parte de organizaciones campesinas o sindicales. Sienten que la persecuci&oacute;n de los grupos que los tuvieron en la mira no va a cesar y se mantienen en constante alerta. Asumen un desarraigo itinerante de su condici&oacute;n activista, como estrategia de resistencia al desplazamiento definitivo, pero tambi&eacute;n como escudo protector de sus propias vidas y las de sus familias: "porque en ninguna parte volveremos a estar tranquilos", sentencian con nostalgia.</p>     <p>c. <i>Dificultades de integraci&oacute;n con la poblaci&oacute;n receptora. </i>Uno de los problemas m&aacute;s significativos en la poblaci&oacute;n en situaci&oacute;n de desplazamiento tiene que ver con la imposibilidad de integrarse a las comunidades receptoras. Si bien es cierto que cohabitan en el mismo espacio, no logran reconocimiento como ciudadanos, m&aacute;s bien se les califica como "advenedizos" que compiten por los mismos recursos escasos, lo cual implica que las relaciones que se establecen entre las personas en situaci&oacute;n de desplazamiento y los receptores est&eacute;n mediadas por sa&ntilde;a y desavenencia:</p>     <p>Antes todos nos conoc&iacute;amos en el barrio, sab&iacute;amos cu&aacute;les eran los rateros, d&oacute;nde viv&iacute;an y con uno nunca se met&iacute;an... Con la llegada de tantos desplazados ya no se tiene idea de qui&eacute;n hace qu&eacute;... Los que sufrimos el problema de los desplazados terminamos siendo nosotros, porque los tenemos en nuestros barrios. Todos los recursos del Estado son pa ellos; por eso es que no les gusta hacer nada, solo esperar que alguien les d&eacute;. Terminamos siendo los desplazados de los desplazados<a name="n14"></a><a href="#n_14"><sup>14</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este testimonio es viva muestra de la percepci&oacute;n que tienen las comunidades receptoras de las personas en situaci&oacute;n de desplazamiento. En medio de la marginalidad compartida, unos se consideran con m&aacute;s derechos y a otros se les percibe y siente como extra&ntilde;os y ajenos (Jarami"llo, 2006). Incluso, solo en contados casos les otorgan reconocimiento o los validan como actores que pueden aportarle a la construcci&oacute;n de la comunidad que ahora comparten.</p>     <p>d. <i>Atomizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n. </i>Las comunidades ubicadas en los sectores m&aacute;s deprimidos no cuentan con procesos organizativos, situaci&oacute;n que les imposibilita visibilizarse como ciudadanos que demandan derechos; pero tampoco les permiten v&iacute;nculos sociales que los constituyan como comunidad, dado que esta se encuentra fragmentada por sujetos que se reconocen precariamente por coexistir en el mismo territorio pero sin encontrar referentes claros para generar din&aacute;micas propias. Estas condiciones se convierten en caldo de cultivo para la emergencia de personas que empiezan a autodenominarse "l&iacute;deres", cuyas actuaciones distan mucho de generar beneficios a la comunidad, en la medida que no muestran ning&uacute;n inter&eacute;s por promover espacios propicios para que la poblaci&oacute;n se vincule o genere procesos sociales aut&oacute;nomos necesarios para mejorar las condiciones del lugar que habitan en lo estructural, lo pol&iacute;tico y lo simb&oacute;lico.</p>     <p>Podr&iacute;amos inferir entonces que la situaci&oacute;n en que se encuentra esta poblaci&oacute;n es la m&aacute;s conveniente para ciertos "l&iacute;deres", en la medida que f&aacute;cilmente pueden establecer relaciones de intercambio clientelistas sin ning&uacute;n tipo de control social. Ante este panorama y como s&iacute;ntesis, se puede se&ntilde;alar que los proyectos de desarrollo social no repercuten colectivamente, perdiendo r&aacute;pidamente consistencia. Algunas de las razones que favorecen esto son, entre otras: a. la precaria organizaci&oacute;n comunitaria no permite que la poblaci&oacute;n participe colectivamente; b. la poblaci&oacute;n participa de los procesos llevados de cabestro por alguna suerte de l&iacute;deres que buscan sus propios dividendos; c. la indeterminaci&oacute;n de intereses colectivos sume a la poblaci&oacute;n en una espera perniciosa y end&eacute;mica de asistencia, donde no sienten la responsabilidad de la corresponsabilidad; y d. las ilusiones econ&oacute;micas de proyectos no situados y poco pertinentes para las personas.</p>     <p>Adem&aacute;s, en los talleres realizados evidenciamos que las poblaciones vulnerables se han ido acostumbrando a estimar los proyectos de acuerdo con la cantidad de ingresos que les puedan generar. En una relaci&oacute;n costo"beneficio, las iniciativas como la Conciliaci&oacute;n en Equidad les resultan poco atractivas, en la medida que es un programa exigente, que demanda mayor disciplina y constancia, y todo este esfuerzo no se ve traducido en r&eacute;ditos inmediatos. Esta situaci&oacute;n se convierte en un filtro para trabajar con las personas m&aacute;s comprometidas, que realmente est&aacute;n interesadas en el tema. Aunque la situaci&oacute;n tiende a convertirse en problema cuando las personas se ven obligadas a retirarse del proceso de formaci&oacute;n<a name="n15"></a><a href="#n_15"><sup>15</sup></a>.</p>     <p>En el desarrollo del proceso de formaci&oacute;n, las dificultades y limitaciones m&aacute;s cr&iacute;ticas se presentan por los altos niveles de inconstancia y los problemas que tienen para leer y escribir, no obstante es notable la motivaci&oacute;n y consecuente apego que generan los participantes con la propuesta de Conciliaci&oacute;n en Equidad. Los casos en los que las personas se marginaron definitivamente del proceso tuvieron que ver con motivos de fuerza mayor, como el encuentro de empleos temporales o el cambio definitivo de domicilio<a name="n16"></a><a href="#n_16"><sup>16</sup></a>. En este sentido, el enfoque del proceso de formaci&oacute;n es determinante en la pretensi&oacute;n de ajustar la implementaci&oacute;n de la figura a una expresi&oacute;n de justicia comunitaria s&oacute;lida. Si bien se cuenta con un derrotero institucional que afina las perspectivas de los procesos, hist&oacute;ricamente lo que ha sucedido en el pa&iacute;s es que las organizaciones circunscriben su labor a la <i>ejecuci&oacute;n del proyecto </i>o al cumplimiento de sus obligaciones contractuales, sin importar qu&eacute; suceda con los conciliadores que participaron en el programa, que probablemente terminar&aacute;n desperdigados.</p>     <p>Finalmente, las consecuencias de un uso instrumental de la Conciliaci&oacute;n se dejan ver cuando encontramos conciliadores que no est&aacute;n desempe&ntilde;ando la funci&oacute;n debida (Castro-Herrera, 2008; 2010a; 2010b). En este caso, su articulaci&oacute;n a la comunidad es precaria y, en consecuencia, el impacto es apenas marginal. En el mejor de los casos, la expectativa m&aacute;s esperanzadora se deposita en la elaboraci&oacute;n de un archivo de actas de aquellos que desprevenidamente opten por esta v&iacute;a. En estos proyectos, aunque pudieron haberse cumplido los t&eacute;rminos, requisitos e indicadores establecidos en la relaci&oacute;n contractual, simult&aacute;neamente se cerraron espacios que aprovechados en otro sentido hubieran transformado el campo social.</p>     <p><b>6.  REFLEXIONES FINALES</b></p>     <p>La Conciliaci&oacute;n en Equidad hace parte de un proceso de organizaci&oacute;n del Estado en el que se establecen criterios jur&iacute;dicos por medio de los cuales la comunidad participa de manera transitoria en la gesti&oacute;n de la conflictividad. Este estatuto jur&iacute;dico que orienta y organiza el funcionamiento de la figura establece las condiciones de entrada y se ve restringido por una serie de barreras, descritas con anterioridad. Con la implementaci&oacute;n de la Conciliaci&oacute;n en Equidad encontramos condiciones muy favorables, pero tambi&eacute;n limitaciones para la producci&oacute;n de un campo jur&iacute;dico que responda a las necesidades derivadas de la experiencia traum&aacute;tica del desplazamiento. Este tipo de justicia para este tipo de poblaciones, por tanto, demanda necesariamente de unas caracter&iacute;sticas diferentes en el modelo de funcionamiento ideal y relativamente hegem&oacute;nico de la modalidad de administraci&oacute;n de justicia en equidad.</p>     <p>Precisamente, de la experiencia estudiada resaltamos c&oacute;mo las trayectorias biogr&aacute;ficas de las personas que van a convertirse en actores de la administraci&oacute;n de justicia, adem&aacute;s de novedosas para el campo jur&iacute;dico hegem&oacute;nico, se convierten en un aporte singular en t&eacute;rminos de los operadores, sus procedimientos, los referentes de sus decisiones que son elementos confirmatorios de din&aacute;micas de regulaci&oacute;n propias y situadas que intencionadamente est&aacute;n promoviendo la transformaci&oacute;n social y la democratizaci&oacute;n de la sociedad a partir de la justicia comunitaria.</p> <hr>     <p><a name="n_1"></a><a href="#n1"><sup>1</sup></a> Las reflexiones aqu&iacute; presentadas fueron suscitadas como parte de un trabajo colaborativo realizado en el marco de un proyecto realizado con la Corporaci&oacute;n Volver a la Gente, financiado por la Uni&oacute;n Europea, en cinco ciudades del pa&iacute;s. All&iacute;, la implementaci&oacute;n de la conciliaci&oacute;n en equidad hizo parte de uno de los componentes de fortalecimiento de capacidades para la reintegraci&oacute;n de poblaciones en situaci&oacute;n de desplazamiento.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n_2"></a><a href="#n2"><sup>2</sup></a> En la ciudad de Cartagena se realizaron dos grupos focales en el barrio El Poz&oacute;n y dos en las Lomas de Pey&eacute;. En Barranquilla se realizaron dos grupos focales en El Bosque y uno en Siete de Abril.</p>     <p><a name="n_3"></a><a href="#n3"><sup>3</sup></a> Seg&uacute;n las cifras de codhes (2013), entre 1985 y diciembre de 2012 se habr&iacute;an desplazado en el pa&iacute;s 5'701 996. En este informe adem&aacute;s se referencia que en promedio anual, para los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os, se habr&iacute;an desplazado 296 988 personas. Para un an&aacute;lisis de las cifras del desplazamiento en Colombia y su relaci&oacute;n con factores como la pobreza se recomienda Ib&aacute;&ntilde;ez (2008).</p>     <p><a name="n_4"></a><a href="#n4"><sup>4</sup></a>&nbsp;Extrapolamos el concepto acu&ntilde;ado por Neil Smith para definir la desinversi&oacute;n en infraestructuras de ciertas &aacute;reas previa a la renovaci&oacute;n e inversi&oacute;n de las mismas por ciertos agentes. Consideramos que esta misma din&aacute;mica acontece en sectores rurales y urbanos que el Estado deja a su suerte y posteriormente genera incentivos a las empresas para volver sobre estos territorios.</p>     <p><a name="n_5"></a><a href="#n5"><sup>5</sup></a>&nbsp;Uno de esos eufemismos lo encontramos en la declaraci&oacute;n de Jos&eacute; Obdulio Ga-viria (ex asesor presidencial de Alvaro Uribe) cuando en 2008, estando en Estados Unidos, coment&oacute; que en Colombia "no existen desplazados sino migrantes internos" (revista <i>Cambio, </i>5 de noviembre de 2008).</p>     <p><a name="n_6"></a><a href="#n6"><sup>6</sup></a> De esta dramaturgia da cuenta con amplitud de detalle el reciente informe general del Centro Nacional de Memoria Hist&oacute;rica &iexcl;Basta Ya! (2013).</p>     <p><a name="n_7"></a><a href="#n7"><sup>7</sup></a> Esto lo ha se&ntilde;alado la Corte Constitucional en su Sentencia T-025 de 2004 y lo ha ratificado y demandado en los muchos autos constitucionales que ha expedido al respecto. Reiteradamente ha sido puesto tambi&eacute;n en evidencia por la Comisi&oacute;n de Seguimiento a la Pol&iacute;tica P&uacute;blica sobre desplazamiento forzado.</p>     <p><a name="n_8"></a><a href="#n8"><sup>8</sup></a> La disputa en torno a los "voladores" hay que entenderla en un escenario de inexistencia de alcantarillado, lo cual ocasionaba que en su momento las necesidades fisiol&oacute;gicas se convirtieran en un problema cotidiano al ser arrojadas en bolsas al solar del vecino. Un conflicto de este tipo f&aacute;cilmente resultaba en escalada, en virtud de las afectaciones y perjuicios generados sobre todo a la poblaci&oacute;n infantil; infracci&oacute;n que era recibida como una "afrenta a la dignidad" y, en tal sentido, una vulneraci&oacute;n a normas sociales que hac&iacute;an parte de c&oacute;digos de honor, los cuales ten&iacute;an que ser vengados. Por su parte, los conflictos asociados con los "rumores" y "estigmatizaciones" eran elementos desencadenadores de las desavenencias m&aacute;s frecuentes en el seno de estas comunidades. De entrada, la poblaci&oacute;n en situaci&oacute;n de desplazamiento hac&iacute;a parte del cotilleo de la comunidad receptora, poni&eacute;ndolos bajo sospecha y en condici&oacute;n de "personas indeseables".</p>     <p><a name="n_9"></a><a href="#n9"><sup>9</sup></a> En el an&aacute;lisis de la l&iacute;nea de base desarrollada con las comunidades en relaci&oacute;n con las necesidades jur&iacute;dicas insatisfechas se se&ntilde;alaron la falta de proximidad de las instancias judiciales y los costos como las dificultades m&aacute;s ostensibles para acceder a la justicia (Corporaci&oacute;n Volver a la Gente, 2008).</p>     <p><a name="n_10"></a><a href="#n10"><sup>10</sup></a> La implementaci&oacute;n de la Conciliaci&oacute;n en Equidad se realiza en la actualidad a partir del <i>Manual de implementaci&oacute;n de la Conciliaci&oacute;n en Equidad </i>(mice), dise&ntilde;ado y sugerido por el Ministerio del Interior y de Justicia, que funge de derrotero para organizaciones no gubernamentales y universidades, que han sido las encargadas de la construcci&oacute;n e instalaci&oacute;n de la figura, con el apoyo y el acompa&ntilde;amiento del hoy Ministerio de Justicia. El mice es una creaci&oacute;n reciente con la que se pretendi&oacute; darle organicidad y generar coordenadas comunes a quienes adelantan los procesos de im-plementaci&oacute;n.</p>     <p><a name="n_11"></a><a href="#n11"><sup>11</sup></a> En la l&iacute;nea de base aplicada se pregunt&oacute;, entre otras cosas, por los mecanismos que utilizaban habitualmente para resolver sus controversias. Encontramos que en buena parte de los casos las personas indagadas sosten&iacute;an que los resolv&iacute;an a partir del di&aacute;logo, de la negociaci&oacute;n. Aun as&iacute;, en las cartograf&iacute;as del conflicto que elaboramos, en ejercicios de constataci&oacute;n y en los an&aacute;lisis de contraste, es evidente que la cultura de la resoluci&oacute;n pac&iacute;fica de conflictos era casi que inexistente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n_12"></a><a href="#n12"><sup>12</sup></a>&nbsp;En el contexto de la entrevista, y en la jerga popular, entendemos por "curado" cuando ya se tiene experiencia en alguna situaci&oacute;n y por ello se recibi&oacute; un escarmiento.</p>     <p><a name="n_13"></a><a href="#n13"><sup>13</sup></a>&nbsp;Testimonio de un conciliador de Malambo, que en ese momento no quer&iacute;a hacer parte del proceso de formaci&oacute;n.</p>     <p><a name="n_14"></a><a href="#n14"><sup>14</sup></a> Intervenci&oacute;n de una l&iacute;der comunitaria del municipio de Soledad en el desarrollo de un taller de Derechos Humanos y Desplazamiento Forzado.</p>     <p><a name="n_15"></a><a href="#n15"><sup>15</sup></a> Por la experiencia obtenida, el porcentaje de desempleados en el componente oscila entre un 60 o 70 por ciento dependiendo de la ciudad. Para enfrentar esta realidad trabajan ocasionalmente cada vez que tienen oportunidad, dedican buena parte de su tiempo a buscar trabajo o espor&aacute;dicamente asumen iniciativas productivas independientes. Los porcentajes por ciudad se pueden consultar en el documento de sistematizaci&oacute;n de la Corporaci&oacute;n Volver a la Gente (2008).</p>     <p><a name="n_16"></a><a href="#n16"><sup>16</sup></a> El proceso de formaci&oacute;n lo iniciaron en Barranquilla veinte personas, de las cuales terminaron trece y est&aacute;n activos seis conciliadores. En Cartagena iniciaron el proceso cincuenta y cinco personas en el barrio El Poz&oacute;n y cuarenta en la Loma de Pey&eacute;. Del barrio El Poz&oacute;n fueron nombrados por el Ministerio de Justicia treinta, de los cuales hay cinco en actividad. De la Loma de Pey&eacute; nombraron veinticinco, de los cuales se encuentran activos cuatro. Indicadores que est&aacute;n por encima de la media del promedio nacional.</p>  <hr>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>Agamben, G. (2004) <i>Lo que queda de Auschwitz, el archivo y el testigo Homo Saccer II. </i>Valencia: Pre-Textos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0121-8697201400020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Aparicio, J. R. (2010). Gobernando a la persona desplazada: problemas y fricciones de un nuevo problema mundial. <i>Tabula Rasa, 13, </i>13-44.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0121-8697201400020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Audoin-Rouzea, A. (2006). Matanzas: el cuerpo y la guerra. En A. Courbin, J-J. Courtine &amp; G. Viagarello (dir.), <i>Historia del Cuerpo III: el siglo XX </i>(pp.275-312). Madrid: Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0121-8697201400020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bello, M. N. (2003). <i>El desplazamiento en Colombia: Acumulaci&oacute;n de Capital y Exclusi&oacute;n Social. </i>Ponencia presentada en la conferencia regional "Globalizaci&oacute;n, migraci&oacute;n y derechos humanos". Quito: Universidad Andina Sim&oacute;n Bol&iacute;var.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0121-8697201400020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Blair, E. (2010). La pol&iacute;tica punitiva del cuerpo: "econom&iacute;a del castigo" o mec&aacute;nica del sufrimiento en Colombia. <i>Estudios Pol&iacute;ticos, 36, </i>39-66.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0121-8697201400020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bourdieu, P. (2002). <i>Razones pr&aacute;cticas sobre la teor&iacute;a de la acci&oacute;n. </i>Barcelona: Anagrama.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0121-8697201400020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bourdieu, P. (2005). <i>La fuerza del Derecho. Elementos para una sociolog&iacute;a del campo jur&iacute;dico. </i>Bogot&aacute;, D.C.: Uniandes, Instituto Pensar y Siglo del Hombre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0121-8697201400020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Buitrago, A. (2005). Rodeados por las murallas: Conflictos por el territorio en La Boquilla, Cartagena. <i>Memorias, Revista Digital de Historia y Arqueolog&iacute;a desde el Caribe, 3 </i>(5). Disponible en: <a href="file:///C:/Users/Administrator/Downloads/286-599-1-PB.pdf" target="_blank">file:///C:/Users/Administrator/Downloads/286-599-1-PB.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0121-8697201400020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Castillejo, A. (2000). <i>Po&eacute;tica de lo otro. Antropolog&iacute;a de la guerra, la soledad y el exilio interno en Colombia. </i>Bogot&aacute;, D.C.: ICANH.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0121-8697201400020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Castro-Herrera, F. (2008). <i>Hacia una pr&aacute;ctica reflexiva de la Conciliaci&oacute;n en Equidad. </i>Memorias del Encuentro regional de justicia ancestral y comunitaria del Caribe. Cartagena.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0121-8697201400020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Castro-Herrera, F. (2010a). La justicia en equidad y la configuraci&oacute;n de los m&aacute;rgenes de un campo jur&iacute;dico emergente. <i>Captura cr&iacute;ptica, direito, pol&iacute;tica, actualidade. Discente do Curso de P&oacute;s-Graduagao em Direito da Universidade Federal de Santa Catarina, 3, </i>357- 382.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0121-8697201400020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Castro-Herrera, F. (2010b). <i>Experiencias exitosas de conciliaci&oacute;n en equidad. </i>Barranquilla: Mercy Corps - Corporaci&oacute;n Volver a la Gente.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0121-8697201400020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Cepeda, E. L. (2011). <i>Los sures de Barranquilla: la distribuci&oacute;n espacial de la pobreza. </i>Documentos de trabajo sobre econom&iacute;a regional, 142. Cartagena: Banco de la Rep&uacute;blica. Disponible en: <a href="http://www.banrep.gov.co/sites/default/files/publicaciones/archivos/DTSER-142.pdf" target="_blank">http://www.banrep.gov.co/sites/ default/files/publicaciones/archivos/DTSER-142.pdf</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-8697201400020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Codhes (Consultor&iacute;a para los Derechos Humanos y el Desplazamiento) (2013). La crisis humanitaria en Colombia persiste. El Pac&iacute;fico en disputa. Informe de desplazamiento forzado en 2012. Bogot&aacute;, D.C.: CODHES.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-8697201400020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Corporaci&oacute;n Humanas (2011). <i>Tierra y territorio. Afectaciones y retos para las mujeres. </i>Bogot&aacute;, D.C: Antropos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-8697201400020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>C&oacute;rdoba, M. &amp; Vargas, H. (2007). <i>Marco de Implementaci&oacute;n de la Conciliaci&oacute;n en Equidad. </i>Bogot&aacute;: Ministerio del Interior y de Justicia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-8697201400020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Correa de Andreis, A. (2005). <i>Pistas para un nuevo rumbo. Patrimonio y personalidad jur&iacute;dica de los desplazados del distrito de Barranquilla. </i>Barranquilla: Observatorio de Derechos Humanos y Derecho Humanitario.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-8697201400020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>          <!-- ref --><p>Corporaci&oacute;n Volver a la Gente. (2008). <i>La Conciliaci&oacute;n en Equidad, una oportunidad para la convivencia y la reconciliaci&oacute;n. </i>Documento de trabajo para la estabilizaci&oacute;n y el restablecimiento de la poblaci&oacute;n desarraigada. Corporaci&oacute;n Volver a la Gente.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-8697201400020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Fajardo, D. (2002). Migraciones internas, desplazamientos sociales y estructuras regionales". <i>Palimpsesto, 2, </i>68-73.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-8697201400020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Centro Nacional de Memoria Hist&oacute;rica (2013). <i>&iexcl;Basta ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. </i>Bogot&aacute;, D.C.: Imprenta Nacional.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-8697201400020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Harvey, D. (2008). El derecho a la ciudad. <i>New Left Review, 53, </i>23-39.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-8697201400020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ib&aacute;&ntilde;ez, A. M. (2008). <i>El desplazamiento forzoso en Colombia: un camino sin retorno hacia la pobreza. </i>Bogot&aacute;, D.C.: Universidad de los Andes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-8697201400020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Jaramillo, J. (2006). Reubicaci&oacute;n y Restablecimiento en la ciudad. Estudio de Caso con poblaci&oacute;n en situaci&oacute;n de desplazamiento. <i>Universitas Human&iacute;stica, 62, </i>143 - 168.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0121-8697201400020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Jaramillo, J. (2007). La pol&iacute;tica p&uacute;blica sobre atenci&oacute;n a poblaci&oacute;n desplazada en Colombia. Emergencia, constituci&oacute;n y crisis de un campo de pr&aacute;cticas discursivas. <i>Tabula Rasa, 6, </i>309 - 338.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-8697201400020000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Jim&eacute;nez, S. Abello, R. &amp; Palacio, J. (2003). Identidad social y restablecimiento urbano de poblaci&oacute;n exiliada internamente en Colombia. Primeros resultados de un estudio de caso. <i>Investigaci&oacute;n y Desarrollo, 11 </i>(2), 326- 347.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-8697201400020000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Lemaitre, J. (2009). <i>El derecho como conjuro fetichismo legal, violencias y movimientos sociales. </i>Bogot&aacute;, D.C.: Siglo del hombre, Uniandes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-8697201400020000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ley 23 de 1991. "Por medio de la cual se crean mecanismos para descongestionar los Despachos Judiciales, y se dictan otras disposiciones". <i>Diario Oficial </i>n&deg; 39.752 del 21 de marzo de 1991. Bogot&aacute;, D.C.: Imprenta Nacional.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-8697201400020000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mendoza, U. 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