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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El movimiento del derecho libre: una fuente de ideas que perviven hasta hoy en distintas teorías del derecho, incluso en el constituconalismo contemporáneo]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper analyzes the Freirechtsbewegung. Review and outlines its main tenets, all with the intention of revealing the similarities between them and contemporary theories of law, especially those arising under contemporary constitutionalism.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>El movimiento del <i>derecho libre: </i>una fuente de ideas que perviven hasta hoy en distintas teor&iacute;as del derecho, incluso en el constituconalismo contempor&aacute;neo*</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>The <i>Freirechtsbewegung: </i>a source of ideas that survives to this day in various theories of law, even in the contemporary constitutionalism</b></font></p>     <p><b>Jos&eacute; Ignacio N&uacute;&ntilde;ez Leiva*</b></p>     <p>Universidad Finis Terrae (Chile)</p>     <p>* Abogado. Licenciado en Derecho por la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile. Diplomado en Derechos Humanos por la Universidad Cat&oacute;lica del Uruguay. Postgraduado en Derecho: especialista en Constitucionalismo y Garant&iacute;smo (2009) y especialista en Justicia Constitucional (2012) por la Universidad de Castilla La Mancha (Espa&ntilde;a). Mag&iacute;ster en Derecho P&uacute;blico por la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile. DEA (Diploma de Estudios Avanzados) en Interpretaci&oacute;n de los Derechos y Libertades constitucionalmente reconocidos y Doctor &copy; en Derecho por la Universidad de Castilla La Mancha. Docente e Investigador en la Facultad de Derecho de la Universidad Finis Terrae, Chile. <a href="mailto:jinunez@uft.cl">jinunez@uft.cl</a>; <a href="mailto:jinunez@uc.cl">jinunez@uc.cl</a></p>     <p><b>Fecha de recepci&oacute;n: </b>10 de septiembre de 2013    <br> <b>Fecha de aceptaci&oacute;n: </b>23 de enero de 2014</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p><i>Este trabajo analiza el Movimiento del Derecho Libre o Freirechtsbewegung. Revisa y sistematiza sus principales postulados, todo con la intenci&oacute;n de revelar las semejanzas que existen entre ellos y teor&iacute;as del Derecho contempor&aacute;neas, especialmente aquellas surgidas al amparo del constitucionalismo contempor&aacute;neo.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave: </b>derecho libre, lagunas jur&iacute;dicas, fuentes del derecho, interpretaci&oacute;n jur&iacute;dica, ciencia jur&iacute;dica, actividad judicial, constitucionalismo contempor&aacute;neo.</p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     <p><i>This paper analyzes the Freirechtsbewegung. Review and outlines its main tenets, all with the intention of revealing the similarities between them and contemporary theories of law, especially those arising under contemporary constitutionalism.</i></p>     <p><b>Keywords: </b>Freirechtsbewegung, Loopholes, sources of law, legal interpretation, legal science, legal activity, contemporary constitutionalism.</p>  <hr>      <p><b>1. P&Oacute;RTICO</b></p>     <p>A finales del siglo IX y principios del XX surgi&oacute; en Alemania una fuerte oposici&oacute;n al positivismo dominante. Esta corriente -que se suele agrupar bajo la r&uacute;brica de <i>Movimiento del Derecho Libre (Freirechtsbewe-gung)- </i>emerge principalmente como una reacci&oacute;n pr&aacute;ctica contra el m&eacute;todo de interpretaci&oacute;n positivista ampliamente difundido, que fue objeto de censura por ser considerado una jurisprudencia conceptual y constructiva (la jurisprudencia de conceptos) ajena a la vida, un culto a la letra de la ley: un fetichismo legal (Ross, 2007, p. 242). Se criticaba tanto su concepci&oacute;n ideal del juez como la construcci&oacute;n de una Ciencia Jur&iacute;dica (y del jurista) te&ntilde;ida por la pretensi&oacute;n de erigirse como un sistema completo, capaz de resolver cualquier controversia a partir de las normas predefinidas por el derecho positivo vigente (Segura, 1993a, p. 425). Abundante en iron&iacute;as -pero no por aquello menos precisa-, la ret&oacute;rica del <i>Derecho Libre </i>caracteriz&oacute; al juez modelo de la &eacute;poca como un aut&oacute;mata.</p>     <p>Como certeramente relata Garc&iacute;a Amado (1997), el Movimiento del Derecho Libre fue acusado de querer disolver el principio de legalidad, de propugnar un incontrolado activismo judicial y de bregar por el desvanecimiento de la seguridad jur&iacute;dica (p. 804)<a name="n1"></a><a href="#n_1"><sup>1</sup></a>. Es m&aacute;s, algunos como Calamandrei (2009) han llegado a afirmar que el Derecho Libre es una doctrina despreocupada y rom&aacute;ntica, cautivante para los juristas que carecen de buen sentido y que equivale a la ausencia de todo Derecho (p.89). Todo debido al empleo -tergiversado, por cierto- que de sus ideas hicieran el nazismo y el r&eacute;gimen revolucionario de la Rusia sovi&eacute;tica. Este &uacute;ltimo apelando a (su interpretaci&oacute;n de) los postulados del Derecho Libre justific&oacute; la abolici&oacute;n de la codificaci&oacute;n zarista, suprimi&oacute; la judicatura, reemplaz&aacute;ndola por tribunales populares, y declar&oacute; como Derecho v&aacute;lido a las normas derivadas de la "conciencia proletaria".</p>          <p>Con todo, pareciera ser que el <i>Freirechtsbewegung </i>es en definitiva -pese a su temprana disoluci&oacute;n- uno de los movimientos de mayor influencia en la m&aacute;s reciente historia del pensamiento iusfilos&oacute;fico (Recasens, 1956, p.142). Conspir&oacute; contra su consolidaci&oacute;n el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, momento en que sus referentes intelectuales reci&eacute;n delineaban sus perfiles. De su influencia dan cuenta afirmaciones como las de Hans Kelsen, en orden a que la <i>Teor&iacute;a Pura del Derecho, </i>en cuanto a la consideraci&oacute;n del ordenamiento jur&iacute;dico como sistema din&aacute;mico, recoge algunas tesis del <i>Derecho libre, </i>particularmente la que sugiere que la aplicaci&oacute;n de la ley por parte de los tribunales y de la administraci&oacute;n es aut&eacute;ntica creaci&oacute;n de Derecho. O la de Alf Ross, quien en <i>On Law and Justice </i>-a prop&oacute;sito de la misma idea- se&ntilde;ala que las teor&iacute;as del Derecho Libre se encontrar&iacute;an m&aacute;s cerca de la verdad que las teor&iacute;as positivistas (De Prada, 2001, p.15). No en vano el mismo Kelsen en una recensi&oacute;n publicada en 1915 dedica extensas e intensas p&aacute;ginas a criticar el pensamiento de uno de los principales autores del movimiento. Incluso, Garc&iacute;a Amado (1997) en un trabajo del fines del siglo XX afirm&oacute; reiteradamente la existencia de coincidencias entre este movimiento y algunos de los postulados de la teor&iacute;a del derecho surgida con el constitucionalismo contempor&aacute;neo (pp. 803-825).</p>     <p>En atenci&oacute;n a lo anterior, el prop&oacute;sito de este trabajo ser&aacute; revisar -a grandes rasgos- los principales perfiles del Movimiento del Derecho Libre, destacando de entre sus ideas las que han resultado m&aacute;s trascendentes. Este ejercicio resulta interesante -a nuestro juicio-, pues dentro de ellos un lector atento encontrar&aacute; numerosas semejanzas con varios postulados que hoy son protagonistas de importantes y difundidas teor&iacute;as del derecho contempor&aacute;neas, especialmente aquellas surgidas al amparo del Estado Constitucional de Derecho.</p>     <p><b>2.  ANTECEDENTES Y ALBORES DEL MOVIMIENTO</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como lo afirma Segura Ortega, para explicar las causas de la aparici&oacute;n del Movimiento del Derecho Libre es necesario situarlo en su contexto hist&oacute;rico.</p>         <p>Durante el siglo XIX la ciencia jur&iacute;dica alemana se hab&iacute;a esforzado por construir un sistema de conceptos pretendidamente completo, con la intenci&oacute;n de que fuese empleado como instrumento para la resoluci&oacute;n de los diferentes casos reales. Con dicha impronta, en 1900 se dict&oacute; el C&oacute;digo Civil alem&aacute;n. Ello, en opini&oacute;n de autores como Ernst Fuchs, implic&oacute; un retroceso para el desarrollo jur&iacute;dico: mientras la vida social evolucionaba, mientras se transformaban radicalmente las condiciones econ&oacute;micas, la t&eacute;cnica, la industria y el comercio -sostuvo el autor-, la ciencia jur&iacute;dica, por el contrario, permanec&iacute;a est&aacute;tica, como en la Edad Media, utilizando un m&eacute;todo arcaico.</p>     <p>En Francia, la Ciencia Jur&iacute;dica de la &eacute;poca mostraba una fuerte influencia de la <i>Escuela de la Ex&eacute;gesis. </i>Ella -seg&uacute;n expresan G&eacute;ny y Ross- se fundaba en dos ideas principales. Primero, que en el &aacute;mbito de una legislaci&oacute;n codificada toda decisi&oacute;n jur&iacute;dica debe apoyarse directa o indirectamente en una ley escrita, pues aquella es la &uacute;nica fuente del Derecho, y segundo, la conversi&oacute;n de reglas jur&iacute;dicas en decisiones jur&iacute;dicas tiene lugar bajo la aplicaci&oacute;n de una l&oacute;gica deductiva formal, que parte de ciertos conceptos jur&iacute;dico -sustantivos de car&aacute;cter abstracto- como insumos para tal operaci&oacute;n. De estas premisas se derivaban necesariamente ciertas consecuencias pr&aacute;cticas.</p>     <p>En tal contexto, el punto de partida para la aplicaci&oacute;n del Derecho es una interpretaci&oacute;n <i>stricto sensu </i>del texto legal. Si el texto es claro, la interpretaci&oacute;n se circunscribe a su tenor gramatical. Si, en cambio, el texto es oscuro o solo de manera indirecta concierne al caso, proceder&aacute; una interpretaci&oacute;n l&oacute;gica con base en inferencias formales (a <i>contrario, a pari, a majori ad minus y a minori ad majus) </i>y consultando, eventualmente, los trabajos preparatorios del texto a fin de aportar en la definici&oacute;n de la "voluntad del legislador". Consideraciones de la equidad, la costumbre o la naturaleza de las cosas quedan completamente al margen. All&iacute; donde la ley no pueda aplicarse directamente o mediante una interpretaci&oacute;n l&oacute;gica, la decisi&oacute;n deber&iacute;a adoptarse mediante una construcci&oacute;n jur&iacute;dica realizada a partir de la ley y los conceptos jur&iacute;dicos. Con todo -seg&uacute;n afirma Ross- algunos juristas son m&aacute;s radicales, e incluso sugieren que los casos en los que no se pueda aplicar una ley resultan extremadamente excepcionales, y ante ellos corresponder&iacute;a rechazar la pretensi&oacute;n, dado que no encuentra apoyo en la ley. En s&iacute;ntesis, para esta concepci&oacute;n el Derecho es la ley; el jurista, un ge&oacute;metra, y la sentencia, un silogismo (Ross, 2007, p. 96).</p>     <p>En Alemania, la llamada Jurisprudencia de Conceptos influ&iacute;a profundamente en la Ciencia Jur&iacute;dica con una teor&iacute;a de la aplicaci&oacute;n sustentada en la existencia prejudicial del Derecho, conforme a lo cual, al juez le correspond&iacute;a exclusivamente localizar y aplicar la regla jur&iacute;dica adecuada para el caso. Si aquella regla no exist&iacute;a en forma expresa, entonces la Ciencia Jur&iacute;dica deb&iacute;a hallar la soluci&oacute;n requerida a trav&eacute;s de la analog&iacute;a, por la v&iacute;a de un razonamiento l&oacute;gico a partir del material jur&iacute;dico ya existente. Por el contrario, se rechazaba cualquier interpretaci&oacute;n basada en la finalidad de la ley, en el valor intr&iacute;nseco de la decisi&oacute;n, en la naturaleza de la cosa o en la equidad. La pieza clave de esta construcci&oacute;n metodol&oacute;gica era la idea del concepto jur&iacute;dico, entendido como un contenido jur&iacute;dico - positivo postulado <i>a priori </i>en forma de concepto. A partir de &eacute;l se pretend&iacute;a desarrollar la construcci&oacute;n de complejas mol&eacute;culas conceptuales que alimentasen la labor jurisdiccional. Se buscaba -al igual que la Escuela de la Ex&eacute;gesis- erigir un sistema de interpretaci&oacute;n con pretensiones de l&oacute;gica, objetividad (Ross, 2007, p. 235) y perfecci&oacute;n.</p>     <p>En opini&oacute;n de Alf Ross (2007, p. 236), se puede apreciar cierto paralelismo en la evoluci&oacute;n de la ciencia jur&iacute;dica en Francia y Alemania, al menos durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os del siglo XIX y comienzos del XX. Aunque aquella procedi&oacute; de or&iacute;genes diversos, seg&uacute;n se ver&aacute; a continuaci&oacute;n.</p>     <p>Los or&iacute;genes de este m&eacute;todo axiom&aacute;tico -de car&aacute;cter l&oacute;gico-deductivo- se remontan a la &eacute;poca del predominio del paradigma del derecho natural racionalista. La Edad Moderna -nos cuenta Gregorio Robles Morch&oacute;n- tuvo a la geometr&iacute;a como la ciencia modelo y esquema epistemol&oacute;gico, el cual debi&oacute; ser imitado por toda forma de conocimiento que aspirase al predicado de ciencia. Por otra parte, durante aquel periodo la influencia metaf&iacute;sica hizo del dato ideal el objeto central de toda reflexi&oacute;n (Robles, 1985, p. 968). En este contexto, la ciencia del Derecho (natural) pretend&iacute;a la construcci&oacute;n de un sistema a partir de axiomas o verdades &eacute;tico-jur&iacute;dicas evidentes, de las cuales por derivaci&oacute;n l&oacute;gica se obten&iacute;an principios cada vez m&aacute;s particulares, hasta llegar a las soluciones concretas que requer&iacute;an los conflictos cotidianos. Su resultado fue la elaboraci&oacute;n de grandes cuerpos sistem&aacute;ticos, imponentes por su grandeza y su coherencia, pero alejados de la realidad. Esto &uacute;ltimo, en caso alguno representaba un defecto, seg&uacute;n el talante de la ciencia geom&eacute;trico - metaf&iacute;sica. Por el contrario, su afinidad por el "verdadero" ser de las cosas estimaba a la realidad como algo cambiante, en constante transformaci&oacute;n y, por tanto, contingente. Si la realidad no se adecuaba a las exigencias del Derecho natural, el problema era de la primera, no de este &uacute;ltimo (Robles, 1985, p.969).</p>     <p>El ideal revolucionario franc&eacute;s no suprimi&oacute; completamente esta l&oacute;gica, sino que se nutri&oacute; de ella. De la misma manera en que la institu"cionalidad pol&iacute;tica post-revoluci&oacute;n no suprimi&oacute; el poder absoluto de la monarqu&iacute;a, sino solo la corona, transfiriendo la soberan&iacute;a plena a la voluntad general, la Ciencia Jur&iacute;dica alimentada por la Revoluci&oacute;n francesa deposit&oacute; el Derecho en los c&oacute;digos, obra de los grupos triunfantes, pero conserv&oacute; el m&eacute;todo de aplicaci&oacute;n l&oacute;gico - deductivo. La autoridad del Derecho no proven&iacute;a ya de su derivaci&oacute;n metaf&iacute;sica, sino de su condici&oacute;n de declaraci&oacute;n de la voluntad soberana manifestada por intermedio de un legislador omnipotente y omnisciente: el nuevo monarca, abstracto, pero no ultraterreno.</p>     <p>Este dise&ntilde;o te&oacute;rico e institucional -por razones l&oacute;gicas y pol&iacute;ticas- necesariamente repercuti&oacute; en el rol de la judicatura. Mientras los grupos triunfantes de la revoluci&oacute;n poblaron las asambleas legislativas y monopolizaron la creaci&oacute;n del Derecho mediante la ley, el estrato judicial permanec&iacute;a inmune a su influjo, puesto que en &eacute;l se refugiaban los herederos del antiguo r&eacute;gimen y los representantes de las clases nobles. Ello justifica la desconfianza y la asimetr&iacute;a en cuanto a potestades. La creaci&oacute;n del Derecho era obra del legislador y de nadie m&aacute;s. Los jueces, en cambio, deb&iacute;an ser meros aplicadores de la ley, que en el lenguaje de la &eacute;poca significaba ser aplicadores del Derecho (Robles, 1985, p. 970).</p>     <p>Esta mentalidad devino en el plano doctrinal en la Escuela de la Ex&eacute;gesis, que influy&oacute; en Francia durante todo el siglo XIX, y desde ah&iacute; se extendi&oacute; al resto del continente europeo y Am&eacute;rica del Sur (Robles, 1985, p. 970). Su m&eacute;todo era simple: el silogismo. Dicha figura -de filiaci&oacute;n aristot&eacute;lica- se aplic&oacute; a la labor judicial de la siguiente manera: la premisa mayor est&aacute; constituida por la norma jur&iacute;dica general, es decir, la ley. La premisa menor corresponde al caso concreto. La conclusi&oacute;n se expresa en el fallo. El juez -entonces- solo debe subsumir el caso de la vida real en la norma general (legal) que contempla el caso (Robles, 1985, p. 971).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En Alemania, no obstante existir un escenario diverso, las consecuencias terminaron siendo similares. As&iacute; siglo XIX su sistema de fuentes del Derecho no contemplaba un orden o jerarqu&iacute;a. Estaba integrado por elementos del derecho romano de pandectas, de derecho hist&oacute;rico germ&aacute;nico, de derecho consuetudinario, etc. Pluralidad que result&oacute; perfectamente compatible con la aplicaci&oacute;n del m&eacute;todo geom&eacute;trico -metaf&iacute;sico empleado por la Ciencia del Derecho Natural. En efecto, se consideraba que el elemento unificador del sistema jur&iacute;dico estaba constituido por categor&iacute;as de naturaleza ideal. El derecho positivo y la costumbre -en este esquema- representaban &uacute;nicamente la superficie del sistema, una mera aproximaci&oacute;n al verdadero Derecho. La Jurisprudencia de Conceptos se encarg&oacute; de proporcionar un patr&oacute;n de identificaci&oacute;n del Derecho con estructura piramidal y l&oacute;gica subsuntiva. Para ella, el sistema jur&iacute;dico forma una pir&aacute;mide de conceptos o esencias jur&iacute;dicas, en cuya c&uacute;spide se encuentra el concepto m&aacute;s general y que contiene en los sucesivos pelda&ntilde;os sus formulaciones m&aacute;s espec&iacute;ficas aplicables a &aacute;mbitos m&aacute;s concretos. Aquel sistema informado por conceptos y esencias es perfecto y no reserva espacio alguno a la discrecionalidad judicial (Garc&iacute;a, 2010, p. 86).</p>     <p>En s&iacute;ntesis -siguiendo a Garc&iacute;a Amado (2010, p. 87)-, el formalismo exeg&eacute;tico y conceptual que campe&oacute; en la Ciencia Jur&iacute;dica del siglo XIX ostent&oacute; las siguientes caracter&iacute;sticas comunes:</p>     <p>a. Afirma que el sistema jur&iacute;dico es completo y perfecto, y que proporciona siempre una &uacute;nica soluci&oacute;n correcta para cada caso concreto que al juez corresponda decidir, ya sea por la v&iacute;a del derecho codificado en Francia o por intermedio de esencias prepositivas en Alemania.</p>     <p>b.&nbsp;Comprende a la actividad judicial como un procedimiento meramente subsuntivo de &iacute;ndole mec&aacute;nica.</p>     <p>c.&nbsp;Describe (y prescribe) al razonamiento jurisdiccional como un silogismo simple, del que la premisa mayor es la regla jur&iacute;dica y la premisa menor los hechos, sin que est&eacute;n presentes en &eacute;l ulteriores presupuestos. Por tanto, solo de aquellas dos premisas o factores se deriva con necesidad l&oacute;gica el fallo a modo de conclusi&oacute;n.</p>     <p>d.&nbsp;Concibe a la labor del juez como una operaci&oacute;n meramente cognoscitiva abstracta. Ello implica que el sentenciador no es propiamente alguien que decide, sino que conoce lo que para un caso dispone como soluci&oacute;n necesaria el sistema jur&iacute;dico. Su labor se circunscribe a extraer las consecuencias del sistema para ese caso, pero sin acudir a insumos morales, pol&iacute;ticos o de cualquier otra &iacute;ndole que imprima un talante valorativo.</p>     <p>e.&nbsp;El juez es -entonces- un cient&iacute;fico. Su labor se aparta remotamente de la actividad decisoria legislativa.</p>     <p><b>3.  EL MOVIMIENTO DEL DERECHO LIBRE</b></p>     <p>En perspectiva hist&oacute;rica, una conferencia pronunciada por Eugen Ehrlich el 4 de marzo de 1903 en Viena constituir&iacute;a el punto de partida del Movimiento del Derecho Libre (Segura, 1993a, p. 425). Contendr&iacute;a la base de aquellas ideas que posteriormente fueron desarrollados por los juristas del <i>Freirechtsbewegung </i>(Del Vecchio, 1991, p. 205). Postulados que comparten una g&eacute;nesis de talante cr&iacute;tico y rupturista, pero que tienden a divergir en su faceta propositiva, la que en algunos casos incluso se omite. Esto &uacute;ltimo -lamentablemente- dio pie para posteriores tergiversaciones del movimiento y aprovechamientos ideol&oacute;gicos por parte de reg&iacute;menes totalitarios (Squella, 2000, p. 440).<a name="n2"></a><a href="#n_2"><sup>2</sup></a></p>     <p>Los autores del Movimiento del Derecho Libre suelen indicar como origen doctrinario mediato de su pensamiento a las ideas de Francoise G&eacute;ny, espec&iacute;ficamente a su obra <i>M&eacute;thode interpr&eacute;tation et sources en droit priv&eacute; positif, </i>de 1899. Sus comentaristas (Segura, 1993a, p. 426) -a prop&oacute;sito de su g&eacute;nesis- aluden tambi&eacute;n a la obra de Oskar Bülow titulada <i>Gestz und Richterant, </i>de 1885 (Ehrlich, 2005a, p.57)<a name="n3"></a><a href="#n_3"><sup>3</sup></a>. Con todo, el listado de los responsables de su bibliograf&iacute;a representativa quedar&iacute;a incompleto sin incluir a Ernst Fuchs y Herman Kantorowicz, conocido tambi&eacute;n bajo un seud&oacute;nimo no escogido al azar: <i>Gneus Flavius </i>(Pacheco, 2004, p.775), quien siendo escriba del sistematizador de las "Acciones de la Ley" romanas -tradicionalmente conocidas solo por el Colegio de Pont&iacute;fices- las sustrajo y posteriormente puso a disposici&oacute;n del pueblo (De Prada, 2001, p. 33)<a name="n4"></a><a href="#n_4"><sup>4</sup></a>.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde sus albores la faceta cr&iacute;tica del <i>Freirechtsbewegung </i>al momento de referirse a la Ciencia del Derecho combin&oacute; ingenio, iron&iacute;a y un cierto tono beligerante. Al jurista modelo de la &eacute;poca -por ejemplo- Fuchs lo caracteriza como el criado al que en invierno se ordena que encienda diariamente la calefacci&oacute;n y que en verano sigue encendi&eacute;ndola porque no se le ha revocado el mandato, o con un cocinero que siempre utiliza recetas acabadas, maquinalmente, cuando, m&aacute;s bien, deber&iacute;a dar su toque, su orientaci&oacute;n a los casos dif&iacute;ciles (Garc&iacute;a, 1997, p. 808). Kantorowicz (1949), por su parte, arengaba a sus lectores en b&uacute;squeda no solo de benepl&aacute;cito intelectual, sino tambi&eacute;n de militancia. As&iacute; expresaba: "Esperamos que nuestro trabajo haga que se alisten nuevos combatientes para la lucha de liberaci&oacute;n de la Ciencia del Derecho, para el asalto del &uacute;ltimo baluarte de la Escol&aacute;stica" (p. 328). Se buscaba, entonces, emancipar la ciencia jur&iacute;dica, hasta el momento subyugada por el formalismo (Flores, 1998, p. 1009).</p>     <p>Sin embrago, la descripci&oacute;n m&aacute;s famosa del modelo de jurista cuestionado por el <i>Freirechtsbewegung </i>resulta ser la de Kantorowicz (1949) en <i>La lucha por la Ciencia del Derecho, </i>obra que en el primer p&aacute;rrafo de su introducci&oacute;n contiene la conocida alegor&iacute;a del "Jurista de la mesa verde": un alto funcionario estatal, con formaci&oacute;n acad&eacute;mica, que se sienta en su celda, armado tan solo de una m&aacute;quina de pensar, aunque, ciertamente, muy refinada. En esta celda se halla s&oacute;lo una mesa verde sobre la cual est&aacute; delante de &eacute;l un c&oacute;digo del Estado. Se le entrega un caso cualquiera, real o ficticio, y en cumplimiento de su deber, con ayuda de operaciones puramente l&oacute;gicas y de una t&eacute;cnica secreta s&oacute;lo por &eacute;l conocida, es capaz de demostrar, con absoluta exactitud, la decisi&oacute;n predeterminada por el legislador en el c&oacute;digo. (Kantorowicz, 1949, p. 329)</p>     <p>Tal como lo afirma De Prada (2001), esta descripci&oacute;n es justamente famosa no solo por su fuerza visual, sino porque en muy pocas l&iacute;neas se esbozan, adem&aacute;s, casi todos los presupuestos de ese modelo. En efecto, hay alusiones expresas a un &laquo;legislador&raquo; y a un "c&oacute;digo", donde aquel ha predeterminado la soluci&oacute;n de cualquier caso real o meramente supuesto. Referencias de las que puede deducirse una consiguiente organizaci&oacute;n jur&iacute;dico-pol&iacute;tica que distingue claramente entre creador (el Estado) y aplicadores del Derecho (los jueces), obligando a estos, mediante un "deber", tambi&eacute;n expresamente aludido, a resolver cualquier caso posible ateni&eacute;ndose a las disposiciones de aqu&eacute;l (De Prada, 2001, p. 20).</p>     <p>Emergen de ella tambi&eacute;n referencias a un "funcionario" y su "formaci&oacute;n acad&eacute;mica", menciones que permiten suponer la existencia de un sistema institucionalizado de entrenamiento que aquellos verdaderos operadores de la ley en donde se les transmite, por medio de una herencia selectiva, aquella t&eacute;cnica compleja y secreta que les permite extraer -mediante operaciones l&oacute;gicas absolutamente precisas- el &uacute;nico contenido y sentido predefinido por el legislador en el texto de la ley:</p>     <p>El paralelismo que hoy por hoy existe entre la ciencia jur&iacute;dica dogm&aacute;tica y la teolog&iacute;a ortodoxa (hablemos s&oacute;lo de &eacute;sta &uacute;ltima) salta a la vista. Por un lado se habla de Dios, por el otro del legislador, ambos seres inasequibles a la experiencia. La masa profana desconoce sus intenciones o las conoce s&oacute;lo de modo confuso. Una casta privilegiada de te&oacute;logos o de juristas es mediadora de las revelaciones. Ambas castas pretenden exponer la voluntad de aquellos seres, mientras que en realidad afirman como la voluntad de ellos lo que te&oacute;logos o juristas desean que sea religi&oacute;n o Derecho. La situaci&oacute;n es necesariamente as&iacute;, ya que la cons-tracci&oacute;n de la voluntad se basa en meros fragmentos: sagrada escritura, leyes. No obstante, la tarea consiste en responder con su auxilio claramente a todas las cuestiones. El jurista debe ser capaz de demostrar que toda acci&oacute;n es derecho o entuerto: el te&oacute;logo que es agradable u odiosa para Dios... (Kantorowicz, 1949, p. 357)</p>     <p>Se distingue tambi&eacute;n en la alegor&iacute;a de la mesa verde la prohibici&oacute;n del <i>non liquet. </i>El jurista cuestionado por Kantorowicz puede y debe resolver cualquier asunto sometido a su decisi&oacute;n, pero siempre extrayendo la soluci&oacute;n de la ley, sin crear Derecho. Lo cual es posible conciliar, en t&eacute;rminos l&oacute;gicos, solo en tanto no se acepte la existencia de lagunas en el ordenamiento jur&iacute;dico. Tal como lo afirma el alter ego de <i>Gneus Flavius:</i></p>      <p>La prohibici&oacute;n de crear Derecho y la de negarse a fallar s&oacute;lo pueden conciliarse entre s&iacute; arrancando de un tercer supuesto, a saber: que la ley carece de lagunas, no encierra contradicciones, es completa y clara o, por lo menos, que, partiendo de una ley llena de lagunas, contradictoria y oscura, cabe llegar a una decisi&oacute;n un&iacute;voca de cualquier problema jur&iacute;dico, por medios puramente intelectuales. Es el postulado o la ficci&oacute;n consistente en afirmar que la ley o, por lo menos, el orden jur&iacute;dico forma una unidad cerrada y completa. (Kantorowicz, 1949)</p>     <p>En <i>La lucha por la Ciencia del Derecho, </i>el mismo Kantorowicz (1949) completa esta impresi&oacute;n:</p>     <p>S&oacute;lo la jurisprudencia se atreve a causa de su supuesta plenitud herm&eacute;tica a poder resolver cualquier problema real o imaginable y exige esta capacidad inclusive del &uacute;ltimo de sus novatos. Y sin embargo la jurisprudencia no se encuentra completamente sola. El curandero que a&uacute;n en el caso m&aacute;s oscuro encuentra la diagnosis y a&uacute;n en la diagnosis m&aacute;s desesperada la terap&eacute;utica; el sacerdote que imperturbablemente calcula la penitencia de sus feligreses que Dios exige respecto a cada uno de sus pecados, forman la fat&iacute;dica compa&ntilde;&iacute;a con la cual el jurista dogm&aacute;tico recorre su camino... (p. 340)</p>     <p>Y posteriormente define el talante del <i>Freirechtsbewegung:</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Mientras que en la teolog&iacute;a el esp&iacute;ritu de la Reforma llega a su bella culminaci&oacute;n, la Ciencia del Derecho, que no se despert&oacute; a tiempo para emprender su Reforma, tiene casi todo por hacer. Bien es verdad que los ideales de nuestro movimiento encarnan claramente el esp&iacute;ritu de la Reforma alemana que super&oacute; la letra, liber&oacute; al individuo, dio al sentimiento carta de naturaleza y ense&ntilde;&oacute;nos a escuchar la voz de la cons"ciencia; pero no lo es menos que hasta hoy sigue esperando en vano la ciencia jur&iacute;dica al hombre que siente en s&iacute; la fuerza de devenir su Lutero. (p. 361)</p>      <p><b>4.  PRINCIPALES TESIS DEL MOVIMIENTO DEL DERECHO LIBRE</b></p>     <p>Seg&uacute;n hemos indagado, el pensamiento del <i>Freirechtsbewegung </i>se articula con base en 5 tesis principales: una sobre las fuentes del Derecho, otra sobre las lagunas (jur&iacute;dicas) legales, una tercera acerca de la derrotabilidad de la ley y las lagunas axiol&oacute;gicas, una cuarta referida a la reconstrucci&oacute;n de la Ciencia Jur&iacute;dica y una quinta acerca del rol del juez y la ense&ntilde;anza del Derecho. A todas ellas pasaremos revista a continuaci&oacute;n.</p>     <p><b>4.1 El Derecho no es solo estatal: es libre y vivo</b></p>     <p>Como ya se ha expresado, durante el siglo XIX la mayor&iacute;a de las corrientes jur&iacute;dicas (menos la hist&oacute;rica) afirmaba categ&oacute;ricamente que el Derecho era (y &uacute;nicamente deb&iacute;a ser) un producto de la voluntad del Estado. El proceso codificador elev&oacute; tal impresi&oacute;n al nivel de dogma.</p>     <p>Desde esa perspectiva, el Estado -personificado en sus poderes tripartitamente distinguidos- habr&iacute;a de monopolizar la producci&oacute;n de normas jur&iacute;dicas. La interferencia de cualquier otra fuente de producci&oacute;n resultar&iacute;a ileg&iacute;tima y perniciosa (Segura, 1993a, p. 427).</p>     <p>El movimiento del Derecho Libre, en cambio, se esforzar&aacute; por demostrar que adem&aacute;s del derecho de procedencia estatal existe otro Derecho, absolutamente independiente de aquel, con vigencia efectiva en el seno de las distintas sociedades, caracterizado por su ausencia de formalizaci&oacute;n (Segura, 1993b, p. 115).</p>     <p><i>Freies Recht </i>lo llamar&aacute;n Kantorowicz y Fuchs. <i>Lebendes Recht </i>lo denominar&aacute; Ehrlich. Dificultosamente definido, los contornos de este Derecho no estatal fueron dibujados atribuy&eacute;ndole una primac&iacute;a cronol&oacute;gica: las leyes promulgadas solo vendr&iacute;an a formalizarlo, no a crearlo, se dijo. El <i>alter ego </i>de <i>Gneus Flavius </i>lo compar&oacute; con el Derecho Natural. As&iacute;, se&ntilde;al&oacute; que El Derecho Natural es un Derecho que pretende regir independientemente del poder estatal. Denominamos todo Derecho de esta &iacute;ndole Derecho Libre y caracterizamos, por ende, el Derecho Natural enseguida y provisionalmente como una clase especial de Derecho Libre. (Kantorowicz, 1949, p. 332)</p>     <p>Para Ehrlich, por su parte, ser&aacute; "las reglas que los propios hombres en su vida com&uacute;n tienen por obligatorias" (citado en: De Prada, 2001, p.35).</p>     <p>Analizando su esencia, De Prada (2001) propone que la diferencia b&aacute;sica entre el Derecho Estatal y el Derecho Libre radicar&iacute;a en su grado de conocimiento. Para sostener tal hip&oacute;tesis acude a las siguientes palabras de Kantorowicz en <i>La lucha por la Ciencia del Derecho:</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Y este Derecho libre, vuelto inesperadamente del olvido a la teor&iacute;a jur&iacute;dica, en el acto se muestra por lo menos de igual condici&oacute;n de poder o influencia que el Derecho estatal. Sobre todo le aventaja por el hecho sencillo de que se conoce el Derecho Libre, mientras que se desconoce el Derecho estatal, a no ser que el &uacute;ltimo coincida con el primero... lo que afortunadamente ocurre con frecuencia. En esta ocasi&oacute;n nos encontramos con la primera de esas ficciones, lugartenientes de ideas m&aacute;s adecuadas, sobre las cuales descansa el edificio de nuestra concepci&oacute;n del Derecho: la ficci&oacute;n de que todo el mundo conozca el Derecho estatal. (De Prada, 2001, p.36)</p>     <p>Por su parte, Segura Ortega (1993b, p. 116) -tambi&eacute;n acudiendo a Kan-torowicz- se&ntilde;ala que la diferencia entre ambos se encontrar&iacute;a en que el derecho no estatal (el Derecho Libre) no est&aacute; formalizado, en la medida que no ha completado el proceso para su establecimiento.</p>     <p>El propio Kantorowicz ensay&oacute; un inventario de los componentes principales del Derecho Libre. En &eacute;l incluy&oacute;: (1) las reglas de los trabajos preparatorios de la legislaci&oacute;n, tales como sus fundamentaci&oacute;n y debates legislativos, as&iacute; como las leyes que habiendo sido publicadas a&uacute;n no entran en vigor, lo que llam&oacute; <i>Werdndes Recht, </i>(2) las reglas de interpretaci&oacute;n que no pueden ser obtenidas inmediatamente de la ley y aquellas normas -como la del art&iacute;culo primero del C&oacute;digo Civil suizo de la &eacute;poca- que ubican al juez en la posici&oacute;n del legislador cuando ni el derecho positivo ni la costumbre pueden dar respuesta a un determinado caso, lo que denomin&oacute; <i>Begehrtes Gesetzes, </i>(3) las reglas que pertenecen a las pr&aacute;cticas negociales y comerciales y las que aluden a nociones tales como "buenas costumbres", "buena fe", "equidad", etc, que nombr&oacute; <i>Werdndes Gewohnheitsrechct, </i>y (4) el resto de las reglas de interpretaci&oacute;n y aquellas que se van conformando en la pr&aacute;ctica de los tribunales, que identific&oacute; como <i>Begehrtes Gewohnheitsrechct.</i></p>     <p>Por su parte, Eugen Ehrlich, principalmente durante la pol&eacute;mica que sostuvo con Hans Kelsen a ra&iacute;z de la obra del primero titulada <i>Grun"dlegung der Soziologie des Rechts, </i>pero tambi&eacute;n en otras de sus obras, se esforz&oacute; en desarrollar de forma m&aacute;s persuasiva y convincente la tesis de la negaci&oacute;n de la estatalidad del Derecho. Su propuesta articula una especial relaci&oacute;n entre tres elementos: Estado, Derecho y Coacci&oacute;n.</p>     <p>Para Ehrlich, el Estado nacional moderno se caracteriza por su poder militar y policial, y por la pretensi&oacute;n de monopolizar la administraci&oacute;n de justicia a trav&eacute;s de sus &oacute;rganos empleando la imposici&oacute;n coactiva. Seg&uacute;n el mencionado autor, el Derecho es un fen&oacute;meno social. El Estado aparece solo en una &eacute;poca avanzada de la civilizaci&oacute;n. El Derecho ser&iacute;a -por tanto- un fen&oacute;meno previo al Estado, debido a que existe desde que surgi&oacute; la sociedad (Robles, 2002, p.64).</p>     <p>El Derecho, a su juicio, tanto por su origen hist&oacute;rico como por su contenido, debe ser distinguido de la ley. La ley puede recoger el Derecho Vivo (o Libre), que se desarrolla en los hechos del Derecho. Para explicar esto &uacute;ltimo se vale de un ejemplo dado por la aplicaci&oacute;n de la patria potestad en Bukovina (antigua provincia del Imperio Austro-h&uacute;ngaro, donde se ubica su ciudad natal), lugar en que reg&iacute;a el C&oacute;digo Civil austriaco, cuerpo normativo de talante individualista en materia de familia y seg&uacute;n el cual el hijo pod&iacute;a disponer de su patrimonio con total libertad. En los hechos -llama la atenci&oacute;n el autor- la patria potestad se toma profundamente en serio en Bukovina, de forma que si un hijo de familia trabaja, el padre o la madre se presentan sagradamente cada mes al patrono para retirar su salario (Ehrlich, 2005b, p. 92). Con este caso anuncia el contenido y origen del derecho vivo: reglas del deber ser jur&iacute;dicas que no permanecen tan solo como normas de decisi&oacute;n, sino que regulan realmente el comportamiento humano, que se averiguan por medio de la percepci&oacute;n del acontecer f&aacute;ctico. Se manifiesta en el comportamiento humano, no en proposiciones dirigidas a la autoridad (Robles, 1982, p. 35).</p>     <p>Nosotros los juristas -escribi&oacute; Ehrlich- estamos siempre dispuestos a sostener que la norma de decisi&oacute;n da cumplida cuenta de la relaci&oacute;n de la vida, que la regla jur&iacute;dica expresa adecuadamente la regla que rige la vida; pero, en realidad, son cosas muy diferentes. En la realidad la vida se regula y se determina a s&iacute; misma en primer lugar. Cu&aacute;n reducido es el influjo que ejerce el derecho de familia fijado en reglas jur&iacute;dicas (positivas) sobre la organizaci&oacute;n f&aacute;ctica de la familia en la vida, de qu&eacute; manera tan distinta se interpretan y se cumplen los contratos en el tr&aacute;fico comercial a como sucede en aquellos pocos casos en los que recae una sentencia (Ehrlich, 2005a, p.85)</p>     <p>El Derecho Vivo no se desvirt&uacute;a cuando resulta reconocido por la ley. No se convierte en derecho estatal. Tal caso solo constituye un acto de reconocimiento de un conglomerado de reglas que se manifiestan cotidianamente y con normalidad. En su esquema -entonces- el derecho estatal es subsidiario al derecho libre (Robles, 1982, p.39). Esto &uacute;ltimo se ver&iacute;a confirmado porque el derecho libre se contrapone al estatal solo ante el juez y las autoridades, mientras que el primero rige sin contrapeso la vida real de los hombres en sus relaciones rec&iacute;procas. As&iacute;, el Derecho no ser&iacute;a -como sugiere la concepci&oacute;n tradicional- un conjunto de proposiciones seg&uacute;n las cuales las autoridades han de dirimir los conflictos. No es un conjunto de normas de decisi&oacute;n, sino m&aacute;s bien de organizaci&oacute;n. Es un orden constituido principalmente por reglas del obrar (Robles, 1982, p. 31). El Derecho -dijo- existe tambi&eacute;n para cumplir fines muy diferentes que decidir las controversias jur&iacute;dicas. Constituye el fundamento del orden social. Aunque las normas que deciden conflicto sean las m&aacute;s visibles para los juristas, no son las &uacute;nicas ni las menos importantes (Ehrlich, 2005a, p. 64).</p>     <p>Para el jurista de Bukovina, en cada sociedad existen grupos. Dentro de ellos ocurren relaciones que resultan relevantes para el Derecho y otras que no lo son. Las primeras se encuentran disciplinadas por normas que constituyen el n&uacute;cleo de las relaciones en el interior del grupo y le proveen tanto orden como estructura. As&iacute;, este orden u ordenamiento interno es lo que forma la organizaci&oacute;n. Las normas -entonces- indican en primer lugar a los miembros del grupo su posici&oacute;n dentro de este (relaciones de supra y subordinaci&oacute;n) y sus tareas. Tales reglas tienen su origen en los hechos del Derecho, en la pr&aacute;ctica social. Son expresiones de aquella (Robles, 2002, p. 53). Junto a dichas normas <i>de organizaci&oacute;n </i>(posteriormente, en realidad, pues ser&iacute;an consecuencias de aquellas) aparecer&iacute;an las que nuestro autor denomin&oacute; <i>reglas de decisi&oacute;n, </i>cuya funci&oacute;n consiste en proveer la soluci&oacute;n a eventuales conflictos. En su esquema, estas normas son secundarias respecto de las normas de organizaci&oacute;n, pues son estas &uacute;ltimas las que confieren coherencia interna a los grupos sociales. Mientras las normas de organizaci&oacute;n van dirigidas a todo el grupo, las de decisi&oacute;n, que proveen mecanismos de resoluci&oacute;n de conflictos, van dirigidas &uacute;nicamente a aquellos que desempe&ntilde;an tal funci&oacute;n en el grupo: los tribunales (Robles, 2002, p. 54).</p>     <p>Bajo el convencimiento de que el Derecho es un conjunto de normas de decisi&oacute;n -expresa Ehrlich- se lo ha ligado inseparablemente a la funci&oacute;n de los jueces y dem&aacute;s autoridades del Estado, definiendo la actividad jur&iacute;dica como un fen&oacute;meno estatal. Tal afirmaci&oacute;n constituye, a su juicio, no solo un error en la apreciaci&oacute;n general del Derecho, sino tambi&eacute;n una equivocaci&oacute;n hist&oacute;rica. Si el Derecho es preestatal, y est&aacute; compuesto por normas de organizaci&oacute;n y decisi&oacute;n, la aplicaci&oacute;n de estas &uacute;ltimas no tiene un v&iacute;nculo esencial con el &oacute;rgano estatal que denominamos tribunal. Adem&aacute;s, por la misma causa y debido a la esencia del Estado, se ha considerado a la coacci&oacute;n como parte del Derecho. Ello hace creer a los juristas que la coactividad es esencial en el Derecho. Empero, bastar&iacute;a con observar aquello que los hombres hacen u omiten para convencerse de que en general no piensan en la coacci&oacute;n de un tribunal, sino en motivaciones de la m&aacute;s diversa &iacute;ndole, puesto que el ordenamiento de una sociedad humana reposa sobre la general observancia de los deberes jur&iacute;dicos (contenidos en el Derecho Vivo) no sobre su accionabilidad (Robles, 1982, p. 39).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como puede apreciarse, la conceptualizaci&oacute;n del Derecho Libre o derecho no estatal dista de ser exacta y acabada. Kantorowicz se excusaba de aquello aduciendo que no se puede exigir altos niveles de precisi&oacute;n a un movimiento joven como el <i>Freirechtsbewegung. </i>Con todo, pese a lo inasible del concepto, su sola proposici&oacute;n -y firme defensa- impacta de lleno en principios b&aacute;sicos de la Ciencia Jur&iacute;dica de la &eacute;poca, entre ellos, el dogma de la plenitud del ordenamiento jur&iacute;dico, la autoridad de la soberan&iacute;a expresada en la ley y la definici&oacute;n de cu&aacute;l es la verdadera Ciencia del Derecho. Cuestiones que abordaremos a continuaci&oacute;n.</p>     <p><b>4.2 La cr&iacute;tica al dogma de la plenitud del ordenamiento jur&iacute;dico y el reconocimiento de las lagunas jur&iacute;dicas: "la ley es siempre demasiado ancha y demasiado estrecha"</b></p>     <p>Los autores del Derecho Libre ponen especial &eacute;nfasis en demostrar que la ley (no necesariamente el Derecho) es incapaz de dar respuesta expresa a todos los casos posibles y que es quim&eacute;rica toda invocaci&oacute;n de la capacidad del sistema legal para autointegrarse (Garc&iacute;a, 1997, p. 804). No en vano Segura Ortega afirma que se trata de uno de los temas favoritos y centrales de todo el movimiento. Ello, puesto que, aunque en la actualidad la existencia de lagunas en el Derecho es aceptada casi de forma un&aacute;nime, en aquella &eacute;poca podr&iacute;a considerarse hasta una excentricidad realizar una afirmaci&oacute;n como esta (Segura, 1993a, p. 429).</p>     <p>Las denominadas "lagunas jur&iacute;dicas" (o lagunas en sentido propio) son aquellos espacios de falta de integridad o de plenitud del ordenamiento jur&iacute;dico, detectados a ra&iacute;z de la existencia de un caso que no puede ser correlacionado con ninguna calificaci&oacute;n jur&iacute;dica disponible en el ordenamiento, esto es, cuando aquel no lo declara ni prohibido u ordenado, ni permitido (Prieto, 2008, p.123).</p>     <p>En la &eacute;poca gran parte de las doctrinas afirmaban que el Derecho era perfecto, o casi perfecto. Especialmente el positivismo ingenuo y pretencioso de la Jurisprudencia de Conceptos y la Escuela de la Ex&eacute;gesis, arraigado en Francia y Alemania. Espacios donde tal mentalidad se vincula a las circunstancias hist&oacute;ricas: el esfuerzo codificador hab&iacute;a supuesto una clarificaci&oacute;n importante en el mundo jur&iacute;dico, proporcionando elementos id&oacute;neos para la resoluci&oacute;n de un considerable conjunto de problemas (Segura, 1993b, p.118). Asimismo, el postulado de la plenitud aparece como necesario a fin de hacerlo compatible con las exigencias del Derecho moderno, &iacute;ntimamente ligado al proceso de monopolizaci&oacute;n jur&iacute;dica del Estado Legislativo (Prieto, 2008, p. 123) y profundamente respetuoso del dogma de separaci&oacute;n de poderes.</p>     <p>La relaci&oacute;n antag&oacute;nica entre plenitud del Derecho y lagunas jur&iacute;dicas admite distintas formulaciones. Ellas dependen de respecto de quien se predique (o pretenda) la plenitud o integridad: del Derecho o de ciertas fuentes preexistentes. Si la plenitud se declara respecto de ciertas fuentes formales establecidas con anterioridad al juzgamiento de los asuntos, como la ley u otra reconocida, y estamos ante un caso no resuelto por ellas, entonces hay lagunas jur&iacute;dicas. En cambio, si la plenitud se expresa respecto del Derecho, entendi&eacute;ndolo como un sistema integrado por diversas fuentes, no necesariamente positivas -como la costumbre- ni siempre promulgadas oficialmente con anterioridad a los hechos juzgados -como las decisiones judiciales-, el problema de las lagunas se diluye, pues todo caso podr&iacute;a ser resuelto con base en este sistema de fuentes m&uacute;ltiples. As&iacute; lo afirma -entre otros- el maestro Prieto Sanch&iacute;s (2004), quien expresa que si admitimos que del Derecho forman parte tambi&eacute;n las decisiones judiciales y que estas deben decidir todo caso con arreglo a las fuentes o de cualquier otra manera, entonces el problema desaparece: siempre tendremos respuesta.</p>     <p>En una de sus primeras obras Ehrlich se preguntaba acerca del &eacute;xito del famoso art&iacute;culo 4 del C&oacute;digo Civil franc&eacute;s que prescrib&iacute;a a los jueces la obligaci&oacute;n de fallar todos los casos, asumiendo que el C&oacute;digo resolv&iacute;a todas las cuestiones jur&iacute;dicas. Su respuesta era negativa. Ni tan siquiera el c&oacute;digo prusiano, elaborado con base en la casu&iacute;stica -afirmaba-, se podr&iacute;a aproximar a tan ambiciosa meta. El motivo es evidente: resulta imposible (Segura, 1993a, p. 429).</p>       <p>En palabras de Fuchs, "la ley es siempre demasiado ancha y demasiado estrecha", y "m&aacute;s de siete octavos de las decisiones del Tribunal del Reich son colmado de lagunas". Esto no puede ser de otro modo, ya que la ley se expresa en palabras y las palabras nunca pueden abarcar plenamente la realidad. Es cierto que el Derecho y el lenguaje se dan juntos, pero debido a esa insuficiencia del lenguaje para aprehender la compleja realidad, el arte del Derecho no puede ser una pura cuesti&oacute;n de palabras. Si las palabras de la ley retrataran exactamente toda realidad, la decisi&oacute;n jur&iacute;dica ser&iacute;a inequ&iacute;voca e indiscutible, y no se necesitar&iacute;a ni un sistema de recursos ni una legi&oacute;n de abogados (Garc&iacute;a, 1997, p. 805).</p>     <p>Para Kantorowicz, por su parte, la existencia de lagunas no es una excepci&oacute;n, sino la regla general. En su opini&oacute;n, puede afirmarse que en la ley hay tantas lagunas como palabras. Ning&uacute;n concepto se halla analizado hasta en sus &uacute;ltimas caracter&iacute;sticas, solo pocos han sido definidos, y esos pocos solo por medio de conceptos indefinidos (Segura, 1993a, p. 430).</p>     <p>En esencia, esta cr&iacute;tica consta de dos aristas: una en cuya virtud se denuncia la incapacidad irremontable de las disposiciones legales -generales y abstractas- para disciplinar el inconmensurable &aacute;mbito de las relaciones humanas; la otra cuestiona directamente el m&eacute;todo de aplicaci&oacute;n del Derecho a partir del cual se afirmar&iacute;a su plenitud.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tanto el sinfin de nuevos conflictos que se producen en la sociedad como la generalidad y abstracci&oacute;n de las normas conspiran contra la plenitud del ordenamiento legal. Si el legislador elabora normas a partir de hip&oacute;tesis, la introducci&oacute;n de los matices propios de cada caso perturbar&aacute; el proceso silog&iacute;stico deductivo. Incluso, en muchos casos -la mayor&iacute;a seg&uacute;n el <i>Freirechtsbewegung- </i>la subsunci&oacute;n ser&aacute; imposible, debido a lo remoto del supuesto de hecho respecto de la premisa mayor. Cuando ello ocurra, los m&eacute;todos de regeneraci&oacute;n de la ley dispuestos por el mismo ordenamiento -la analog&iacute;a especialmente-, a ojos del Movimiento del Derecho Libre, son igualmente insuficientes e incluso falaces.</p>      <p>En efecto, la cr&iacute;tica a la negaci&oacute;n de las lagunas apunta no solo al aspecto formal de esta idea insostenible, sino, m&aacute;s bien, al discurso end&eacute;mico de la Ciencia Jur&iacute;dica exeg&eacute;tica (y/o conceptual) que afirma que frente a los casos en los que la simple deducci&oacute;n no es posible, la actividad regenerativa de la ley, desarrollada por intermedio de la analog&iacute;a, no implica creaci&oacute;n judicial de Derecho. Para el <i>Freirechtsbewegung, </i>tanto la analog&iacute;a como el resto de las t&eacute;cnicas de "autointegraci&oacute;n" de la ley no aportan al ordenamiento jur&iacute;dico la elasticidad suficiente para evitar las lagunas, sino que las colman, pero mediante la aplicaci&oacute;n de otro Derecho: el <i>Derecho Libre. </i>Las lagunas, entonces, no son espacios de reproducci&oacute;n de la ley sino de origen de otras fuentes formales del Derecho. Es aqu&iacute; donde el Derecho Libre hace su aparici&oacute;n, sostiene Segura Ortega. Un Derecho que surge espont&aacute;neamente del seno de la sociedad, que es obtenido por los jueces en su actividad cotidiana, impregnado de valores y que supera la rigidez de la ley (Segura, 1993a, p.431). Por eso, para los autores del movimiento ser&aacute; causa de admiraci&oacute;n el art&iacute;culo 1 del C&oacute;digo Civil suizo de la &eacute;poca, que rezaba: "En los casos no previstos por la ley el juez decidir&aacute; seg&uacute;n la costumbre y, en defecto de esta, seg&uacute;n las reglas que &eacute;l adoptar&iacute;a como legislador"<a name="n5"></a><a href="#n_5"><sup>5</sup></a>.</p>     <p>Considerando lo anterior, la denuncia de la existencia de lagunas por parte del movimiento del Derecho Libre es relativa. No afirman que existan segmentos carentes de regulaci&oacute;n (lo que constituir&iacute;a una concepci&oacute;n fuerte o radical de las lagunas jur&iacute;dicas). Sostienen que la identificaci&oacute;n de ley con Derecho edifica un ordenamiento jur&iacute;dico incapaz de cumplir con los fines que le son propios. Sugieren, en su lugar, el reconocimiento de otras fuentes del Derecho, originadas bajo un paradigma diametralmente opuesto: mediante l&oacute;gica inductiva y con intermediaci&oacute;n judicial. Para el <i>Freirechtsbewegung, </i>un Derecho identificado con la ley tendr&aacute; siempre lagunas, en cambio, un Derecho integrado por el Derecho Libre no las tendr&aacute;.</p>     <p><b>4.3 La primac&iacute;a de la equidad y la justicia: "El juez puede y debe prescindir de la ley"</b></p>     <p>El movimiento del Derecho Libre no solo sent&oacute; las bases para la superaci&oacute;n del dogma de la plenitud de la ley; tambi&eacute;n anticip&oacute; el reconocimiento de lo que m&aacute;s tarde ordinariamente denominar&iacute;amos "lagunas ideol&oacute;gicas o axiol&oacute;gicas". Esto es -siguiendo a Guastini-, aquellas situaciones en las cuales un cierto supuesto de hecho si se encuentra regulado por una norma, pero que, seg&uacute;n la opini&oacute;n del int&eacute;rprete, se haya reglado de forma axiol&oacute;gicamente inadecuada, porque el legislador no tuvo en cuenta una distinci&oacute;n que deber&iacute;a haber tomado en cuenta (Guastini, 2006, p. 278), o no consider&oacute; - empleando lenguaje de Alchourr&oacute;n y Bulygin (1975, p. 154)- una propiedad relevante del caso.</p>     <p>Fuchs -relata Garc&iacute;a Amado- compar&oacute; continuamente la labor jur&iacute;dica, especialmente la judicial, con la pr&aacute;ctica de la medicina o con el trabajo art&iacute;stico. Una buena sentencia -dijo- se diferencia de la labor de una m&aacute;quina en dos cosas. Por un lado, no es mera obra de una t&eacute;cnica de disecci&oacute;n de conceptos sino que es como una obra arquitect&oacute;nica que se adapta bien a las peculiares condiciones espaciales, y, al mismo tiempo, es sobre todo una obra de arte inspirada por un sentimiento jur&iacute;dico. Y, simult&aacute;neamente, en todos los casos l&iacute;mite -que son los m&aacute;s-es una obra guiada por convicciones (Garc&iacute;a, 1997, p. 809).</p>     <p>Para Fuchs, toda regla jur&iacute;dica ha sido elaborada para un caso "normal" (de hecho distingue reiteradamente entre lo que hoy llamar&iacute;amos "casos f&aacute;ciles" y "dif&iacute;ciles"), pero las "circunstancias especiales" del caso siempre pueden requerir una respuesta especial. Y la esencia del arte jur&iacute;dico consistir&iacute;a, espec&iacute;ficamente, en reconocer esas circunstancias especiales (Garc&iacute;a, 1997, p. 805). Para dicho autor, lo importante al momento de convertir un caso en especial, de modo que este se sustraiga del criterio abstracto de la ley, es un elemento valorativo, un cierto sentimiento de justicia o equidad que lleva a concluir que es injusta la aplicaci&oacute;n de la ley. Lo diferente de las circunstancias del nuevo caso se pondera a la luz de la justicia o equidad de atribuirle a ese caso la soluci&oacute;n gen&eacute;rica de la ley. Para Fuchs, lo que genera esta laguna no es el tenor literal o las palabras que la ley emplea, sino que el sentido com&uacute;n o la experiencia sugieran categ&oacute;ricamente que la ley no puede aplicarse al caso que se enjuicia. Aunque los t&eacute;rminos de la ley sean claros, hay laguna, y no procede, por tanto, su aplicaci&oacute;n, sino la decisi&oacute;n libre, cuando el caso no se inserte con equidad y justicia bajo ella. Habr&iacute;a laguna cuando el encaje de un caso bajo la ley resulte contrai-tuitivo, inadecuado o injusto. Todo esto lo sintetiza Fuchs en la idea de que para todo c&oacute;digo y toda ley rige como primer art&iacute;culo t&aacute;cito lo siguiente: "Esta ley, como toda ley, tiene lagunas. Cada uno de sus p&aacute;rrafos tiene su l&iacute;mite all&iacute; donde su aplicaci&oacute;n literal resulte inadecuada o irrazonable" (Garc&iacute;a, 1997, p. 805).</p>     <p>En suma, concluye Garc&iacute;a Amado -para el autor de marras-, el juez aprecia el concreto caso que conoce con el prop&oacute;sito de revisar si sus perfiles admiten la aplicaci&oacute;n de una soluci&oacute;n legal preestablecida con resultado justo. Cuando la conclusi&oacute;n sea negativa, del imperativo de justicia emerger&aacute; la especialidad del caso que evidencia la injusticia de aplicarle -sin m&aacute;s- la ley. Ser&aacute;n aquellas peculiaridades provistas por los hechos las que han de sustraer al caso del supuesto legal abstracto. Se generar&aacute; as&iacute; una laguna, respecto a la cual el juez deber&aacute; decidir ya no propiamente <i>contra legem, </i>sino <i>praeter legem </i>(Garc&iacute;a, 1997, p. 807). Ponderando los bienes en conflicto y considerando el inter&eacute;s general, como lo har&iacute;a el legislador (Garc&iacute;a, 1997, p. 809).</p>     <p>Kantorowizc (1949) -por su parte- en el mismo sentido afirm&oacute; que</p>     <p>El juez puede y debe prescindir de la ley, en primer lugar, si le parece que la ley no le ofrece una decisi&oacute;n carente de dudas; en segundo lugar, si no le parece veros&iacute;mil con arreglo a su libre y concienzuda convicci&oacute;n que el Poder estatal existente en el momento de fallo habr&iacute;a dictado la resoluci&oacute;n que la ley reclama. En ambos casos dictar&aacute; el juez la sentencia que seg&uacute;n su convicci&oacute;n el actual Poder del Estado habr&iacute;a decretado si hubiese pensado en el caso de autos. Si el juez no fuese capaz de formarse tama&ntilde;a convicci&oacute;n, se inspirar&aacute; en el Derecho libre. (p. 363)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En general, el <i>Freirechtsbewegung </i>se esforz&oacute; en dejar claro que sus tesis (especialmente esta) no promueven una desvinculaci&oacute;n del juez respecto del Derecho. El Movimiento del Derecho Libre no pretend&iacute;a conceder una mayor libertad al juez, sino reconocerle la que inevitablemente tiene cuando realiza su funci&oacute;n (Segura, 1993, p.448). Participaba en ese sentido lo que se dio en llamar la "epidemia de sinceridad" de la Ciencia Jur&iacute;dica de comienzos del siglo XX. Pero tambi&eacute;n justificaba aquello sosteniendo que cuando el juez colmaba las lagunas de la ley, lo hac&iacute;a aplicando Derecho. Un Derecho no contenido solo en la Ley, sino uno superior a aquel, no formalizado ni explicitado positivamente, alcanzado a trav&eacute;s de principios plasmados en las normas (Garc&iacute;a, 1997, p. 816) y extra&iacute;do de las reglas de obrar con vigencia efectiva en la sociedad (Robles, 1982, p. 35) : el Derecho Libre.</p>     <p>Como se adelant&oacute;, se aprecia en estas ideas un sistema de propuestas acerca de las lagunas, especialmente en torno a las axiol&oacute;gicas. Hay un llamado a aplicar el Derecho Libre -que como ya vimos, se yuxtapone a la ley- no solo en los casos sin soluci&oacute;n, sino, m&aacute;s bien, en los casos con una mala soluci&oacute;n seg&uacute;n el aplicador del Derecho. Y esta es justamente la caracterizaci&oacute;n que Rodr&iacute;guez y Navarro (2000, p. 76) hacen de la ya mencionada clase de lagunas. En palabras de Guastini (2006), este tipo de laguna no consiste en una falta de norma sin m&aacute;s. Lo que falta no es una norma que regule el supuesto en cuesti&oacute;n, porque ese supuesto, en efecto, est&aacute; reglado (de no ser as&iacute; habr&iacute;a una laguna normativa). Falta, en verdad, en el enunciado normativo cuestionado una norma satisfactoria o "justa" y, m&aacute;s precisamente, una norma diferen-ciadora, es decir, una norma que regule de forma distinta un supuesto que al int&eacute;rprete le parece distinto (Guastini, 2006, p. 278). Las lagunas axiol&oacute;gicas no son propiedades objetivas del sistema, dependen de las valoraciones del int&eacute;rprete (Guastini, 2006, p. 289).</p>     <p>Y aquella tesis del Derecho Libre sobre las lagunas axiol&oacute;gicas va -desde luego- en conjunto con su contrapartida necesaria: una propuesta sobre la derrotabilidad de la ley, pues las lagunas axiol&oacute;gicas y la de-rrotabilidad de las normas son las dos caras de una misma moneda (Guastini, 2006, p. 284).</p>     <p>Una norma es derrotable cuando est&aacute; sujeta a excepciones impl&iacute;citas que no pueden ser enumeradas exhaustivamente de antemano, de manera que no es posible para precisar por anticipado las circunstancias que operan como genuina condici&oacute;n suficiente de su aplicaci&oacute;n (Guas-tini, 2006, p. 279), sin que aquello obste su validez. Pues bien, cuando el <i>Freirechtsbewegung </i>sostiene que la aplicaci&oacute;n de toda norma legal puede ser suspendida en consideraci&oacute;n a la especialidad del caso, a la justicia o equidad de los resultados y -en fin- al Derecho Libre, aquello no es otra cosa que una afirmaci&oacute;n de que la ley no solo contiene lagunas jur&iacute;dicas, sino tambi&eacute;n es susceptible de lagunas axiol&oacute;gicas originadas en el respeto de normas preponderantes (contenidas en el Derecho Libre) capaces de derrotar en su vigencia concreta al derecho legal.</p>     <p>Reconocer que la tesis completa del Movimiento del Derecho Libre sobre las lagunas se edifica sobre la existencia de lagunas jur&iacute;dicas y axiol&oacute;gicas es relevante por varias razones, que analizaremos m&aacute;s adelante. Desde luego, no se trata de ideas neutras en materia institucional ni ideol&oacute;gica. Es m&aacute;s, a trav&eacute;s de la reformulaci&oacute;n del sistema de fuentes el Movimiento sienta las bases para su propio concepto de Derecho y para su proyecto de redefinici&oacute;n de la Ciencia Jur&iacute;dica, en cuya contra reaccionar&iacute;a en&eacute;rgicamente Kelsen. Con todo, pareciera ser que la denuncia de la existencia de lagunas jur&iacute;dicas y axiol&oacute;gicas, y la atribuci&oacute;n de un deber de resolverlas a la judicatura, constituyen su forma de combate m&aacute;s decidido en contra del formalismo geom&eacute;trico de las estirpes m&aacute;s radicales de la Escuela de la Ex&eacute;gesis y de la Jurisprudencia de Conceptos.</p>     <p>En efecto, mediante el reconocimiento de que la ley puede ser incompleta (lagunas jur&iacute;dicas) y materialmente incorrecta (lagunas axiol&oacute;-gicas) se dota al sentenciador de diversas alternativas para controlar tanto la oportunidad como la justicia de su aplicaci&oacute;n. Tal metodolog&iacute;a implica un giro copernicano respecto de los planteamientos te&oacute;ricos en uso durante aquella &eacute;poca.</p>     <p>En un esquema como este, la ley no solo puede resultar descartada de su aplicaci&oacute;n a un caso concreto al ser contrastada un derecho superior (como el Derecho Libre) debido a sus d&eacute;ficit axiol&oacute;gicos. Tambi&eacute;n puede serlo mediante la construcci&oacute;n de una laguna normativa con base en una interpretaci&oacute;n restrictiva de la norma. Tal como lo describe el maestro Prieto Sanch&iacute;s (1993, p. 88), el primer paso de la actividad de aplicaci&oacute;n del Derecho consiste en calificar provisionalmente los hechos que activar&aacute;n el ordenamiento jur&iacute;dico, seleccionando al mismo tiempo que se individualiza la norma o se segmenta el sector normativo relevante, al cual posteriormente se atribuir&aacute; significado. El "jurista de la mesa verde" pr&aacute;cticamente agotar&aacute; la actividad jurisdiccional con la mera identificaci&oacute;n del segmento normativo aplicable, pues la l&oacute;gica formal subsuntiva -o en el peor de los casos la analog&iacute;a- har&aacute;n el resto. En cambio, el <i>Freirechtsbewegung </i>permite al juez concluir que, simplemente, no hay norma en la ley que pueda ser aplicable al caso. Y dada la amplia libertad concedida (o reconocida) al Juez, aquel podr&aacute; estimar que la ley contiene una laguna normativa objetiva (se trata realmente de un caso no reglado), o bien podr&aacute; incluso construir la laguna mediante una interpretaci&oacute;n m&iacute;nima de las reglas legales vigentes. En un sistema en que la justicia, la equidad y el Derecho Vivo son los principales agentes de racionalizaci&oacute;n de la ley, la mera subsunci&oacute;n es descartada y la interpretaci&oacute;n de la normas es tan importante como la de los hechos, lleva la raz&oacute;n aquella afirmaci&oacute;n de Guastini en orden a que incluso las lagunas normativas son variables dependientes de la interpretaci&oacute;n: seg&uacute;n una interpretaci&oacute;n determinada, hay una laguna normativa, mientras que seg&uacute;n otra interpretaci&oacute;n, esta laguna milagrosamente puede desaparecer, incluso transformarse en laguna axiol&oacute;gica (Guastini, 2006, p. 286).</p>     <p><b>4.4 Libre descubrimiento del Derecho: menos Sherlock Holmes y m&aacute;s jueces Holmes<a name="n6"></a><a href="#n_6"><sup>6</sup></a></b></p>     <p>Como ya se ha dicho, los principales destinatarios de las cr&iacute;ticas del <i>Freirechtsbewegung </i>fueron la Ciencia Jur&iacute;dica de la &eacute;poca y -especialmente- su m&eacute;todo. Seg&uacute;n Fuchs, la teor&iacute;a jur&iacute;dica formalista y conceptual habr&iacute;a sido construida sobre la base del m&eacute;todo <i>Bovigistich; </i>afirmaci&oacute;n rebosante de iron&iacute;a a trav&eacute;s de la cual compar&oacute; el m&eacute;todo deductivo y la comprensi&oacute;n del Derecho como sistema l&oacute;gico, completo y cerrado con la exc&eacute;ntrica figura del <i>Bovigus, </i>animal completamente desconocido por la zoolog&iacute;a cuya existencia concluy&oacute; el historiador del Derecho Philipp Eduard Huschke a partir de las fuentes del Derecho romano.</p>     <p>En efecto, seg&uacute;n relata Ihering en <i>Bromas y veras en la jurisprudencia, </i>Huschke por v&iacute;a meramente deductiva enriqueci&oacute; la zoolog&iacute;a con este animal "desaparecido" del cual no existen f&oacute;siles, pero que tiene que haber existido, porque la raz&oacute;n nos lo dice. En su obra <i>Constituci&oacute;n de Servio Tulio, </i>el mencionado historiador alem&aacute;n lleg&oacute; a la convicci&oacute;n de que a las cinco clases de censos deben haberles correspondido cinco clases de animales pertenecientes a la <i>res mancipi, </i>de modo que cada clase debi&oacute; haber tenido su animal.Lo cierto es que los romanos solo conocen cuatro, pero Huschke no se arredra por eso y le halla el remedio inventando el animal faltante, al que introduce en el mundo de las criaturas reales tras haber fundamentado (en el Derecho) la necesidad l&oacute;gica de su existencia (Ihering, 1974, p. 197). Y no solo esto, sino que adem&aacute;s hace una descripci&oacute;n de las caracter&iacute;sticas morfol&oacute;gicas del nuevo animal (Segura, 1993a, p. 437).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con esta cr&iacute;tica el prop&oacute;sito de Fuchs (y del Movimiento del Derecho Libre) fue poner de manifiesto que la concepci&oacute;n del Derecho como un sistema es -a sus ojos- absolutamente falsa y que insistir en ella, empleando un m&eacute;todo abstracto y deductivo, puede conducir en no pocas ocasiones a conclusiones tan absurdas y alejadas de la realidad como ocurri&oacute; con Huschke y su <i>Bovigus. </i>La aut&eacute;ntica Ciencia Jur&iacute;dica -dir&iacute;an Fuchs y Kantorowicz- debe alejarse del modelo de la Teolog&iacute;a (Garc&iacute;a, 1997, p. 818). Este &uacute;ltimo incluso afirm&oacute; que</p>     <p>S&oacute;lo la jurisprudencia se atreve a causa de su supuesta plenitud herm&eacute;tica a poder resolver cualquier problema real o imaginable y exige esta capacidad inclusive del &uacute;ltimo de sus novatos. Y sin embargo la jurisprudencia no se encuentra completamente sola. El curandero que a&uacute;n en el caso m&aacute;s oscuro encuentra la diagnosis y a&uacute;n en la diagnosis m&aacute;s desesperada la terap&eacute;utica; el sacerdote que imperturbablemente calcula la penitencia de sus feligreses que Dios exige respecto a cada uno de sus pecados, forman la fat&iacute;dica compa&ntilde;&iacute;a con la cual el jurista dogm&aacute;tico recorre su camino... (Kantorowicz, 1949, p. 340).</p>     <p>Aquella impresi&oacute;n tan cr&iacute;tica encuentra fundamento para su justicia en la estima que a la jurisprudencia manifestaban los juristas de la &eacute;poca. En este sentido, son elocuentes las palabras de Portalis (1978) en su discurso preliminar al C&oacute;digo Civil franc&eacute;s:</p>     <p>En el estado de nuestras sociedades, harta fortuna es que la Jurisprudencia constituya una ciencia que pueda atraer al talento, lisonjear al amor propio y despertar la emulaci&oacute;n. Por todo ello, una clase entera de hombres se dedica a tal ciencia, y esta clase, consagrada al estudio de las leyes, ofrece consejos y defensores a los ciudadanos que no pueden dirigirse y defenderse por s&iacute; mismos, y se convierte en algo as&iacute; como el seminario de la magistratura. (p.38)</p>     <p>En <i>La lucha por la Ciencia del Derecho </i>Kantorowicz (1949) compar&oacute; insistentemente la ciencia jur&iacute;dica y el derecho con la religi&oacute;n y la teolog&iacute;a. As&iacute; escribi&oacute; que</p>     <p>El paralelismo que hoy por hoy existe entre la ciencia jur&iacute;dica dogm&aacute;tica y la teolog&iacute;a ortodoxa (hablemos s&oacute;lo de &eacute;sta &uacute;ltima) salta a la vista. Por un lado se habla de Dios, por el otro del legislador, ambos seres inasequibles a la experiencia. La masa profana desconoce sus intenciones o las conoce s&oacute;lo de modo confuso. Una casta privilegiada de te&oacute;logos o de juristas es mediadora de las relevaciones. Ambas castas pretenden exponer la voluntad de aquellos seres, mientras que en realidad afirman como la voluntad de ellos lo que te&oacute;logos o juristas desean que sea religi&oacute;n o Derecho. La situaci&oacute;n es necesariamente as&iacute;, ya que la construcci&oacute;n de la voluntad se basa en meros fragmentos: sagrada escritura, leyes. No obstante, la tarea consiste en responder con su auxilio claramente a todas las cuestiones. El jurista debe ser capaz de demostrar que toda acci&oacute;n es derecho o entuerto: el te&oacute;logo que es agradable u odiosa para Dios. (p. 357)</p>        <p>Incluso -el mismo autor- encuentra similitudes entre las campa&ntilde;as antiformalistas religiosas y jur&iacute;dicas; as&iacute; se&ntilde;ala:</p>     <p>Ni qu&eacute; decir tiene que el movimiento de la religi&oacute;n libre es esencialmente id&eacute;ntico a nuestra direcci&oacute;n del Derecho libre. No obstante, queda entre ambos una diferencia: Mientras que en la teolog&iacute;a el esp&iacute;ritu de la Reforma llega a su bella culminaci&oacute;n, la Ciencia del Derecho, que no se despert&oacute; a tiempo para emprender su Reforma, tiene casi todo por hacer. Bien es verdad que los ideales de nuestro movimiento encarnan claramente el esp&iacute;ritu de la Reforma alemana que super&oacute; la letra, liber&oacute; al individuo, dio al sentimiento carta de naturaleza y ense&ntilde;&oacute;nos a escuchar la voz de la consciencia; pero no lo es menos que hasta hoy sigue esperando en vano la ciencia jur&iacute;dica al hombre que siente en s&iacute; la fuerza de devenir su Lutero. (p. 361)</p>     <p>En lugar de la Ciencia Jur&iacute;dica tradicional, el Movimiento del Derecho Libre propone la utilizaci&oacute;n de un m&eacute;todo individual, concreto, inductivo, basado en la observaci&oacute;n y que promueva el uso de la voluntad -no solo de la raz&oacute;n- para la comprensi&oacute;n y aplicaci&oacute;n del Derecho (Segura, 1993a, p.438). No cuestiona necesariamente la posibilidad de crear un sistema de proposiciones jur&iacute;dicas abstractas. Lo que niega de plano es que un orden con dicha caracter&iacute;stica pueda ser aplicado. Todos los principios, normas y proposiciones establecidas por la Ciencia Jur&iacute;dica tradicional resultan -a sus ojos- in&uacute;tiles para la vida jur&iacute;dica pr&aacute;ctica. En consecuencia -como afirma Manuel Segura-, la necesidad de modificar el m&eacute;todo o los m&eacute;todos jur&iacute;dicos implicar&aacute; para el <i>Frei-rechtsbewegung </i>un cambio sustancial en cuanto a la propia concepci&oacute;n de la Ciencia Jur&iacute;dica. Su construcci&oacute;n, su objeto y su m&eacute;todo deben ser revisados profundamente (Segura, 1993, p.438).</p>     <p>Sin embargo y pese a la coincidencia en el juicio cr&iacute;tico sobre la Ciencia Jur&iacute;dica, es posible apreciar importantes divergencias en torno al modelo de reemplazo sugerido por los autores m&aacute;s representativos del Movimiento del Derecho Libre. As&iacute;, mientras que para Ehrlich (Robles, 1982, p.30) y Fuchs la sociolog&iacute;a es la aut&eacute;ntica Ciencia Jur&iacute;dica, Kantorowicz no declarar&aacute; completamente muerta a la jurisprudencia, sino que ver&aacute; en ella un car&aacute;cter mixto: normativo y f&aacute;ctico (Segura, 1993a, p.439).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para Kantorowicz, la Ciencia Jur&iacute;dica tradicional trabaja con un objeto y un m&eacute;todo errados. Su objeto no puede ser &uacute;nicamente el derecho estatal. No puede desconocer el Derecho Libre. Soslayarlo o preterirlo conduce a un reduccionismo que torna imprecisa la descripci&oacute;n del fen&oacute;meno jur&iacute;dico y transforma en est&eacute;ril cualquier esfuerzo de operarlo correctamente. Reconocer un objeto m&aacute;s amplio implica necesariamente modificar el m&eacute;todo con el cual se aborda, al menos en dos sentidos: primero, de una forma que permita reportar y explotar aquel objeto en constante cambio, pues la evoluci&oacute;n es una condici&oacute;n del Derecho (Libre), y segundo, de manera tal que su estilo de operaci&oacute;n sea de &iacute;ndole cognitiva.</p>     <p>Por otra parte, seg&uacute;n el mismo autor:</p>     <p>    <blockquote>...si la ciencia jur&iacute;dica reconoce al Derecho Libre, la actividad de los tribunales, no puede fundarse exclusivamente en el derecho estatal. Si la ciencia jur&iacute;dica posee fuerza creadora, la jurisprudencia no puede ser por m&aacute;s tiempo servidora de la ley. Si la teor&iacute;a admite un espacio de valores sentimentales no pueden exigir fallos fundados exclusivamente en razones. Si la teor&iacute;a misma se hace antidogm&aacute;tica, la jurisprudencia no puede ser por m&aacute;s tiempo cient&iacute;fica. En suma, los ideales de la legalidad, de la pasividad, de la fundamentaci&oacute;n racional, de la cientifici-dad, de la seguridad jur&iacute;dica y de la objetividad parecen incompatibles con el nuevo movimiento. Pero, afortunadamente, se puede mostrar que estos postulados, en parte, no se han realizado hasta ahora y, en parte, no merece la pena que se realicen. (Citado en: Segura, 1993 a, p. 125)</blockquote></p>     <p>De este pasaje -entre otras cosas- puede desprenderse que para el autor de La <i>Lucha por la Ciencia del Derecho </i>el objeto de la Ciencia Jur&iacute;dica est&aacute; constituido por normas. Pero la proyecci&oacute;n de tales normas no puede ser comprendida sin considerar sus consecuencias en la vida. Por eso, para &eacute;l, la dogm&aacute;tica sin la sociolog&iacute;a est&aacute; vac&iacute;a, y la sociolog&iacute;a sin dogm&aacute;tica est&aacute; ciega. El Derecho, por tanto, no puede ser entendido ni aplicado sin el estudio sociol&oacute;gico de la realidad social (Segura, 1993a, p. 442). Lo anterior no implica reemplazar la jurisprudencia por la sociolog&iacute;a. De hecho, nuestro autor fue abiertamente cr&iacute;tico respecto de las principales tesis del <i>Realismo Jur&iacute;dico </i>de los Estados Unidos, que propugnaba una concepci&oacute;n del Derecho como un conjunto de hechos y de la Ciencia Jur&iacute;dica como ciencia emp&iacute;rica. Afirm&oacute; que es un error pasar por alto las normas para solo prestar atenci&oacute;n a las decisiones de los tribunales. El jurista trabaja tambi&eacute;n con hechos, pero lo importante de aquellos es su significado, y tal significado tiene un correlato normativo que no puede ser explicado a trav&eacute;s de la mera observaci&oacute;n, pues la mayor&iacute;a de las relaciones jur&iacute;dicas no son perceptibles emp&iacute;ricamente (Segura, 1993a, p.442).</p>     <p>Adem&aacute;s, afirm&oacute; que la Ciencia Jur&iacute;dica no puede ser de &iacute;ndole emp&iacute;rica, pues su prop&oacute;sito no es la predicci&oacute;n de acontecimientos futuros. Su tarea principal es la justificaci&oacute;n a trav&eacute;s de razones. Por ello, con su fina ret&oacute;rica expres&oacute;: <i>La tarea de las Facultades de Derecho no es educar a gente como Sherlok Holmes, sino como el Juez Holmes </i>( Segura, 1993a, p. 443).</p>     <p>Aunque Kantorowicz destaca el papel de la voluntad en la aplicaci&oacute;n del Derecho, aquello no implica una propuesta de reemplazo o supresi&oacute;n de la raz&oacute;n. El sentido de tal idea no es otro que reforzar lo que en p&aacute;ginas anteriores de este trabajo denominamos la <i>epidemia de sinceridad del Movimiento del Derecho Libre, </i>esto es, un reconocimiento a que -en la pr&aacute;ctica- la aplicaci&oacute;n del Derecho no es, ni ha sido nunca, un mero proceso l&oacute;gico subsuntivo, ni la judicatura un poder subordinado al legislador. La eficacia del Derecho es (ha sido y ser&aacute;) un resultado intermediado por la subjetividad del juez. Por eso, en el esquema de Kantorowicz la Ciencia Jur&iacute;dica se ampl&iacute;a desde la mera descripci&oacute;n hacia la prescripci&oacute;n, eludiendo la distinci&oacute;n entre ser y deber ser. Se convierte en fuente del Derecho (Segura, 1993a, p. 441).</p>     <p>Ehrlich (2005b), por su parte, en su ensayo "Sociolog&iacute;a y Jurisprudencia" destaca que junto al enfoque puramente jur&iacute;dico, en el Derecho existe otro social. Afirma que el primero busca, ante todo, interpretar la regla jur&iacute;dica en su sentido y esp&iacute;ritu. Se asemeja -en este sentido los estudios hist&oacute;ricos que buscan apreciar la regla en el sentido y esp&iacute;ritu con que se aplic&oacute; en la &eacute;poca en la que fue creada. El punto de vista (Cient&iacute;fico) Social, en cambio, se cuestiona c&oacute;mo un enunciado jur&iacute;dico es v&aacute;lido, qu&eacute; grado y forma de fuerza tiene. Desde luego, el significado atribuido a la norma por su creador no puede ser completamente desatendido, pues la potestad legislativa expresa una fuerza social, pero aquella converge junto a otras y de ninguna forma es la decisiva. La actividad del juez -dir&aacute; en otra de sus obras- es siempre resultante de diversas fuerzas que act&uacute;an sobre &eacute;l. El tenor literal y sentido de una norma jur&iacute;dica son dos de aquellas fuerzas, no las &uacute;nicas. Toda decisi&oacute;n expresa una corriente social f&aacute;cticamente existente: incluso la m&aacute;s abstrusa escol&aacute;stica, hasta el error m&aacute;s evidente y la prevaricaci&oacute;n consciente tienen un valor cognositivo, al menos como coeficientes de aspiraciones sociales (Ehrlich, 2005a, p. 84). Para este autor -entonces- est&aacute; claro que las perspectivas puramente jur&iacute;dicas e hist&oacute;rico - jur&iacute;dicas no son ni cient&iacute;ficas ni pedag&oacute;gicas. Son acient&iacute;fi-cas por unilaterales (universalidad y acientificidad son polos opuestos) y son apedag&oacute;gicas, pues resulta necio aprender &uacute;nicamente lo que deber&iacute;a estar vigente y pasar por alto aquello que realmente est&aacute; en vigor (Ehrlich, 2005b, p. 102).</p>     <p>Para Ehrlich, la disposici&oacute;n jur&iacute;dica no debe ser manejada como dogma r&iacute;gido, sino como fuerza viva. Es cometido de la Ciencia Jur&iacute;dica presentar el Derecho tal como rige. A quien nunca vaya m&aacute;s all&aacute; de la intenci&oacute;n del legislador le faltar&aacute; mucho para conocer el Derecho realmente vigente. En este sentido, a la tradicional concepci&oacute;n dogm&aacute;tica del Derecho se puede contraponer la concepci&oacute;n din&aacute;mica, para la cual no solo es relevante saber lo que significa una disposici&oacute;n jur&iacute;dica, sino tambi&eacute;n c&oacute;mo se vive, c&oacute;mo act&uacute;a, c&oacute;mo se quiebra en ciertas relaciones, c&oacute;mo estas se desv&iacute;an de ella y c&oacute;mo aquella las persigue. Aquel que acepta sin m&aacute;s que la ley act&uacute;a de con lealtad a la voluntad del legislador desconoce el largo camino separa el medio del hecho y el hecho de sus consecuencias (Ehrlich, 2005a, p. 83).</p>     <p>El mismo autor se pregunta: &iquest;c&oacute;mo se relaciona la Ciencia del Derecho con las otras ciencias y qu&eacute; lugar ocupa dentro de ellas? Acudiendo a un esquema propuesto por Augusto Comte, es tajante en concluir que no hay duda de que la Jurisprudencia es ante todo una disciplina pr&aacute;ctica: ense&ntilde;a la aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica del Derecho. Como tal subsiste hace milenios. Pero este contenido, como se ha demostrado, solo puede ser cumplido a cabalidad cuando proporciona una morfolog&iacute;a de la sociedad humana y de las fuerzas que en ella act&uacute;an, cuando investiga sobre su naturaleza y l&iacute;mites. De esa forma, la Jurisprudencia se convierte en Ciencia del Derecho, en doctrina del Derecho, entendi&eacute;ndolo como fen&oacute;meno social. Y como tal, es una rama (Ehrlich, 2005b, p. 104)<a name="n7"></a><a href="#n_7"><sup>7</sup></a> de la Sociolog&iacute;a (Ehrlich, 2005b, p.104). A la Filosof&iacute;a del Derecho corresponder&aacute; -en cambio- ocuparse no del Derecho que es, sino del Derecho como debe ser. De ella ha de ocuparse <i>el fundador de religiones, el profeta o el predicador moral, pero no el cient&iacute;fico </i>(Robles, 2002, p.30).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Siguiendo a Robles Morch&oacute;n, el pensamiento de Ehrlich en este &aacute;mbito pareciera estar concentrado en el pr&oacute;logo de su famosa obra <i>Funda-mentaci&oacute;n de la Sociolog&iacute;a del Derecho, </i>en el que se&ntilde;ala:</p>     <p>Se afirma con frecuencia que un libro ha de ser de tal forma que su contenido pueda resumirse en una sola frase. Si esta obra se sometiera a semejante prueba, la frase dir&iacute;a as&iacute;: la clave de la evoluci&oacute;n del Derecho, tanto en nuestra &eacute;poca como en todas las dem&aacute;s, no est&aacute; ni en la legislaci&oacute;n, ni en la dogm&aacute;tica jur&iacute;dica ni en las sentencias de los tribunales, sino en la sociedad misma.( Citado en: Robles, 2002, p.33)</p>     <p>En fin, aunque Ehrlich resulte m&aacute;s radical que Kantorowicz en su propuesta de reformulaci&oacute;n de la Ciencia jur&iacute;dica, coinciden en que a ella le corresponde el rol de fuente del Derecho. En efecto, el Jurista de Czernowitz escribi&oacute; que Todo aquel que desee una jurisprudencia creadora, es l&oacute;gico que haya de desear tambi&eacute;n una ciencia creadora, por lo que es evidente que las tareas del autor y las del jurista pr&aacute;ctico se hallan muy cercanas. El cometido el jurista moderno no puede ser en esencia distinto al de los juristas de cualquier tiempo, especialmente del de los juristas romanos: en lo fundamental, dicho cometido se interpreta err&oacute;neamente cuando se cree que las pol&eacute;micas doctrinales de los romanos se refer&iacute;an a la cuesti&oacute;n de cu&aacute;l era el Derecho tradicional; los romanos debat&iacute;an m&aacute;s bien acerca de qu&eacute; decisi&oacute;n era la m&aacute;s justa, la m&aacute;s ajustada a su finalidad. Ya Savigny y sus disc&iacute;pulos directos hablan de la ciencia como fuente del Derecho, y desde el c&eacute;lebre art&iacute;culo de Ihering sobre "Unsere Aufgabe" nunca han faltado voces que clamen por una jurisprudencia creativa. (Ehrlich, 2005a, p. 83)</p>     <p>Ernst Fuchs -por &uacute;ltimo- consideraba que la verdadera Ciencia Jur&iacute;dica es una ciencia de la experiencia, de la observaci&oacute;n, con car&aacute;cter real- inductivo. Se tratar&iacute;a de una ciencia natural en sentido amplio, no de normas. De hechos y valores, seg&uacute;n corresponde a sus dos objetos: correcta identificaci&oacute;n de la verdad y apropiada valoraci&oacute;n y ponderaci&oacute;n de intereses. No descarta la elaboraci&oacute;n de conceptos, sino que la reubica en el proceso de identificaci&oacute;n del Derecho. La indagaci&oacute;n met&oacute;dica de la realidad no excluye sino que exige la s&iacute;ntesis sistematizadora, la clasificaci&oacute;n, la ordenaci&oacute;n del conocimiento. Una mera observaci&oacute;n, sin esp&iacute;ritu penetrante, conduce a un saber inorg&aacute;nico. La observaci&oacute;n de la realidad ha de preceder a la formaci&oacute;n de conceptos; ellos constituir&aacute;n meros indicadores no condicionantes pseudoobjeti-vos preconstituidos. En tal sentido, compara a la Ciencia del Derecho con la medicina, en tanto disciplina orientada a la acci&oacute;n (Garc&iacute;a, 1997, p. 819).</p>     <p>Para quien fuere conocido como m&aacute;s radical autor del <i>Freirechtsbewe-gung, </i>la Ciencia Jur&iacute;dica estar&iacute;a integrada por dos &aacute;mbitos: el primero es el de lo psicol&oacute;gico, orientado a la investigaci&oacute;n de la verdad, y el segundo es el &aacute;mbito de tr&aacute;fico social, destinado propiamente a la indagaci&oacute;n del Derecho. El jurista debe emplear la psicolog&iacute;a para la adecuada apreciaci&oacute;n del los hechos del caso y la sociolog&iacute;a para la acertada incardinaci&oacute;n del conflicto en las circunstancias y necesidades sociales. El que utilice este m&eacute;todo perseguir&aacute; realmente el resultado justo. Tal soluci&oacute;n -a su juicio- solo es posible a partir del conocimiento de la realidad social, pues aquello permite ponderar correctamente los intereses contrapuestos en cada caso. Tal ponderaci&oacute;n ha de ser sociol&oacute;gica y debe tener como norte inmediato el hallazgo de la proposici&oacute;n jur&iacute;dica correcta para resolver la disputa (Garc&iacute;a, 1997, p. 820).</p>     <p><b>4.5 La labor del juez en el </b><i>Freirechtsbewegung: </i><b>no hay m&aacute;s garant&iacute;a de justicia que la personalidad del juez</b></p>     <p>Como resulta natural, las tesis del Movimiento del Derecho Libre revisadas hasta el momento influyen tambi&eacute;n en una &uacute;ltima esfera: el rol del juez. En un modelo en el que la aplicaci&oacute;n del Derecho no depende de procedimientos l&oacute;gicos de aplicaci&oacute;n autom&aacute;tica y en el cual corresponde al sentenciador la b&uacute;squeda del Derecho no solo en las normas de procedencia estatal -orientado permanentemente por la consideraci&oacute;n y ponderaci&oacute;n de los intereses sociales-, el rol de la judicatura no puede ser concebido simplemente como el de un ejecutor de las prescripciones gen&eacute;ricas contenidas en las normas emanadas del legislador (Segura, 1993a, p.417). Aunque tal resultado equivalga a una consecuencia institucional de ideas presentadas inicialmente con talante descriptivo, no resulta f&aacute;cil prescindir de su significado pol&iacute;tico. En este sentido coincidimos con Segura Ortega (1993a, p. 449) cuando afirma que las exigencias del Derecho Libre no se centran en exclusivamente en la renovaci&oacute;n de la metodolog&iacute;a jur&iacute;dica cl&aacute;sica sino que tambi&eacute;n tienen una finalidad pol&iacute;tica que se proyecta en la legislaci&oacute;n y la propia organizaci&oacute;n de la judicatura.</p>     <p>La labor del Juez -seg&uacute;n Fuchs- comenzar&aacute; por conocer los intereses reales que se enfrentan en el litigio que ha de decidir, y sopesarlos a la luz de la justicia. Debe proceder como lo har&iacute;a el legislador si tuviere que decidir la cuesti&oacute;n (Garc&iacute;a, 1997, p. 809). En tal sentido, una sentencia correcta lo ser&aacute; cuando sea aprobada por ciudadanos legos del correspondiente c&iacute;rculo vital que sean justos, informados y razonables (Garc&iacute;a, 1997, p. 810). Al momento de la decisi&oacute;n debe prescindir del enmascaramiento de las valoraciones inherentes a la actividad jurisdiccional bajo el manto de una t&eacute;cnica pretendidamente objetiva. Las valoraciones y ponderaciones del juez deben ser expl&iacute;citas y susceptibles de revisi&oacute;n p&uacute;blica. Con este doble acercamiento de la actividad judicial al sentir social (en la ponderaci&oacute;n y en la decisi&oacute;n transparente), nos dice el mismo autor, la actividad del juez adquirir&aacute; mayor legitimidad democr&aacute;tica. Mientras el formalismo abstracto, el conceptualismo y los m&eacute;todos intemporales son afines al absolutismo estatalista, este m&eacute;todo -a su juicio- se identificar&iacute;a con un r&eacute;gimen propiamente democr&aacute;tico.</p>     <p>Para que este sistema funcione resultan determinantes la personalidad de juez y su formaci&oacute;n. Fuchs y Ehrlich lo dijeron con firmeza: no hay m&aacute;s garant&iacute;a de la justicia que la personalidad del juez. Su actividad, para el <i>Freirechtsbewegung </i>presupone una talla espiritual y moral que no est&aacute; al alcance del tipo medio de persona. Debido a la central relevancia de las valoraciones del juez, su personalidad y su car&aacute;cter son esenciales, si hemos de confiar en sus decisiones (Garc&iacute;a, 1997, p. 814).</p>     <p>Tanta fe en los jueces fue objeto de cr&iacute;tica. Se dijo del Movimiento del Derecho Libre que propon&iacute;a suprimir la seguridad jur&iacute;dica y que dicho valor resultar&iacute;a indisponible, incluso si de su sacrificio se obtuviese un resultado m&aacute;s justo. Se le acus&oacute; adem&aacute;s de promover la erradicaci&oacute;n de la objetividad. Ante ello Kantorowicz replic&oacute; que la seguridad no puede ser entendida como la previsibilidad de las decisiones futuras. Una sentencia previsible (dijo con curiosa l&oacute;gica) constituye un bello ideal irrealizable. Si las sentencias fueren previsibles, no existir&iacute;an procesos, y sin procesos no habr&iacute;an sentencias. Empero -ahora con mayor raz&oacute;n- destac&oacute; que la seguridad jur&iacute;dica por la que se reclamaba era un ideal que nunca fue satisfecho en la pr&aacute;ctica, puesto que resultaba incompatible con el ocultamiento de las verdaderas motivaciones de las resoluciones judiciales en el escondite de la pretendida l&oacute;gica (Segura, 1993a, p. 454). Mas importante que la seguridad jur&iacute;dica y que la objetividad ser&iacute;a -a su juicio- la imparcialidad (Segura, 1993b a, p. 128).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La existencia de jueces con las caracter&iacute;sticas que demanda el <i>Freire-chtsbewegung </i>depende en la pr&aacute;ctica de dos factores: una s&oacute;lida formaci&oacute;n y un sistema de selecci&oacute;n y promoci&oacute;n que estimule y premie a los jueces ilustrados en los valores del Derecho Libre. Buen juez ser&aacute; el que conoce bien la vida, el tr&aacute;fico y las personas -dir&aacute; Fuchs-, lo cual le permite juzgar como un lego. Lo &uacute;nico que puede elevarlo por encima del lego es la formaci&oacute;n psicol&oacute;gica y sociol&oacute;gica. Solo ello le permitir&aacute; unir la sensibilidad innata con la capacidad de observaci&oacute;n que resulta de la experiencia (Garc&iacute;a, 1997, p. 815).</p>     <p>Ciertamente, remata Ehrlich (2005a) de forma reveladora, es muy dudoso que la promoci&oacute;n habitual de la carrera funcionarial sea el medio adecuado para generar un gran avance en la administraci&oacute;n de justicia. Los modelos no han de ser buscados en Francia o Alemania, sino m&aacute;s bien en Inglaterra, en organizaciones que congregan en la judicatura lo m&aacute;s selecto, tanto desde el punto de vista espiritual como desde el social, y que hacen posible que para los hombres m&aacute;s significativos de la naci&oacute;n sea la funci&oacute;n judicial la meta m&aacute;s alta y el t&eacute;rmino m&aacute;s digno de sus aspiraciones. Los nombres de los grandes jueces ingleses, de lord Mansfiel, lord Eldon, Lord Bowen o sir Jessel, son tan conocidos en Inglaterra como puedan serlo en el Continente los de los escritores importantes. Cuando en el continente europeo hombres de este nivel acceden a cargos judiciales, lo que ocurre en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n, apenas sabe algo de ellos un peque&ntilde;o c&iacute;rculo de iniciados, y su fama desaparece con quienes los vieron ejercer. (p. 81).</p>     <p><b>5.  REFLEXIONES FINALES</b></p>     <p>Sin perjuicio de las reflexiones y/o conclusiones ya adelantadas, de lo revisado en este trabajo podemos colegir lo siguiente.</p>     <p>La aparici&oacute;n del Movimiento del Derecho Libre fue una respuesta a la ciencia jur&iacute;dica tributaria de la jurisprudencia de conceptos en Alemania y a la Escuela de la Ex&eacute;gesis en Francia. Pese a su temprana disoluci&oacute;n, este es uno de los movimientos de mayor influencia en la m&aacute;s reciente historia del pensamiento iusfilos&oacute;fico. Prueba de ello es que resulta f&aacute;cil detectar la presencia de sus ideas principales en diversas escuelas y movimientos contempor&aacute;neos.</p>     <p>Su pensamiento se articula con base en 5 tesis principales: una sobre las fuentes del Derecho, otra sobre las lagunas (jur&iacute;dicas) legales, una tercera acerca de la derrotabilidad de la ley y las lagunas axiol&oacute;gicas, una cuarta referida a la reconstrucci&oacute;n de la Ciencia Jur&iacute;dica y una quinta acerca del rol del juez y la ense&ntilde;anza del Derecho.</p>     <p>La tesis de las Fuentes del Derecho propuesta por Movimiento del Derecho Libre rompe directamente con la orientaci&oacute;n legicentrista imperante en su &eacute;poca (al igual que hoy lo hace el neoconstitucionalismo). En palabras de sus autores se resume de la siguiente manera: <i>el Derecho no es solo estatal, es libre y vivo. </i>La tesis del <i>Freirechtsbewegung </i>sobre las lagunas se sintetiza en la siguiente frase: <i>en el Derecho hay tantas lagunas como palabras. </i>Su tesis sobre la derrotabilidad de la ley expresa que <i>El juez puede y debe prescindir de la ley. </i>Su concepci&oacute;n acerca de la Ciencia Jur&iacute;dica propone menos Sherlock Holmes y m&aacute;s jueces Holmes. Y sus ideas acerca del Rol y Formaci&oacute;n del Juez no hacen otra cosa que anticipar al juez H&eacute;rcules: <i>no hay m&aacute;s garant&iacute;a de justicia que la personalidad del juez. </i>Todas estas propuestas -conjuntamente, formando un sistema-circulan hoy con bastante prestigio y concitan numerosos adeptos en la era de los <i>neoconstitucionalismos.</i></p> <hr>     <p><a name="n_1"></a><a href="#n1"><sup>1</sup></a> "Pecados" que en los anales del siglo XXI se imputar&aacute;n tambi&eacute;n a prestigiosas y difundidas variantes ideol&oacute;gicas y metodol&oacute;gicas del paradigma (neo) constitucio-nalista.</p>     <p><a name="n_2"></a><a href="#n2"><sup>2</sup></a>&nbsp;Las ideas jur&iacute;dicas de Kantorowicz, como lo ponen de manifiesto algunos de sus comentaristas, fueron adoptadas y alabadas por el r&eacute;gimen nacionalsocialista alem&aacute;n. Desde luego, la intenci&oacute;n de su autor no fue apuntar en aquella direcci&oacute;n. M&aacute;s aun, el autor fue posteriormente perseguido por dicho r&eacute;gimen en virtud de sus dr&aacute;sticas opiniones en contra de &eacute;l. Con todo, puede resulta evidente el inter&eacute;s de los ide&oacute;logos del nazismo en una doctrina que apelaba a un Derecho impl&iacute;cito en las convicciones o sentimiento del pueblo y a una judicatura fuerte que pudiere aplicarlo.</p>     <p><a name="n_3"></a><a href="#n3"><sup>3</sup></a>&nbsp;Aunque Eugen Ehrlich en el pr&oacute;logo de su obra <i>Libre Investigaci&oacute;n del Derecho y Ciencia del Derecho Libre, </i>de 1903, afirm&oacute; que "un malentendido hace figurar a Bülow entre los partidarios del libre descubrimiento del Derecho". Expresa Ehrlich que la cercan&iacute;a de Von Bülow con el movimiento se deber&iacute;a &uacute;nicamente a su tesis de que la actividad judicial es creativa y no meramente aplicadora del Derecho.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n_4"></a><a href="#n4"><sup>4</sup></a>&nbsp;Sobre el particular Aurelio De Prada expresa: "No procede, desde luego, hacer hincapi&eacute; en la trascendencia hist&oacute;rica de Gnaeus Flavius, en su papel en el paso de la Jurisprudencia arcaica a la precl&aacute;sica, de la jurisprudencia pontifical a la laica... trayendo a la memoria el texto de Pomponio recogido en el Digesto o los magn&iacute;ficos an&aacute;lisis al respecto de Ihering, de Fustel o de Coulanges. Pero s&iacute; resulta obligado concluir que la reivindicaci&oacute;n, de esa forma, utilizando como seud&oacute;nimo el nombre de quien rob&oacute; las f&oacute;rmulas de las acciones entreg&aacute;ndolas al pueblo..., de quien asimismo divulg&oacute; public&aacute;ndolo cerca del foro, el calendario pontifical, con indicaci&oacute;n de los d&iacute;as h&aacute;biles para impartir justicia, no es ciertamente inocente".</p>     <p><a name="n_5"></a><a href="#n5"><sup>5</sup></a> Traducci&oacute;n libre.</p>     <p><a name="n_6"></a><a href="#n6"><sup>6</sup></a> Nota metodol&oacute;gica: </b>De conformidad con el uso de la &eacute;poca, los autores analizados emplean el t&eacute;rmino <i>Jurisprudencia </i>en el sentido del concepto alem&aacute;n <i>Jurisprudenz, </i>que alude a la Ciencia del Derecho. No se refiere -entonces- a los que hoy ordinariamente designamos con tal vocablo, esto es, la doctrina establecida por los tribunales en sus sentencias. A efectos de guardar fidelidad a las ideas de los autores cuyo pensamiento se estudia en este trabajo, hemos respetado el sentido con que utilizan este concepto.</p>     <p><a name="n_7"></a><a href="#n7"><sup>7</sup></a> El propio Ehrlich se apresura en aclarar que se refiere a la Sociolog&iacute;a como una disciplina cuyo &uacute;nico prop&oacute;sito es investigar y explicar las organizaciones sociales. Las corrientes y aspiraciones sociales le incumben solo como objeto de investigaci&oacute;n, su cometido, no reverenciarlas ni favorecerlas. Esto supondr&iacute;a -a su juicio- separarla estrictamente de la Pol&iacute;tica Social y de la Econom&iacute;a Pol&iacute;tica, as&iacute; como de cualquier otra forma de pol&iacute;tica.</p>  <hr>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>Alchourr&oacute;n, C. &amp; Bulygin, E. (1975). <i>Introducci&oacute;n a la metodolog&iacute;a de las Ciencias Jur&iacute;dicas y Sociales. </i>Buenos Aires: Astrea.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-8697201400020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Calamandrei, P. (2009). Entre S&oacute;crates y Ant&iacute;gona. En <i>Fe en el Derecho. </i>Madrid: Marcial Pons.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-8697201400020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Calamandrei, P. (2009). Fe en el Derecho. En <i>Fe en el Derecho. </i>Madrid: Marcial Pons.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0121-8697201400020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>De Prada Garc&iacute;a, A. (2001). Por un modelo de jurista: el movimiento del Derecho Libre. <i>Bolet&iacute;n de la Facultad de Derecho, N&deg; 18, </i>Universidad Nacional a Distancia, 14-47.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0121-8697201400020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Del Vecchio, G. (1991). <i>Filosof&iacute;a del Derecho. </i>Madrid: Bosch.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0121-8697201400020000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ehrlich, E. (2005a). Libre investigaci&oacute;n del Derecho y Ciencia del Derecho Libre. En <i>Escritos sobre Sociolog&iacute;a y Jurisprudencia. </i>Madrid: Marcial Pons.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0121-8697201400020000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ehrlich, E. (2005b). Sociolog&iacute;a y Jurisprudencia. En <i>Escritos sobre Sociolog&iacute;a y Jurisprudencia. </i>Madrid: Marcial Pons.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-8697201400020000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ehrlich, E. (2005c). Respuesta a Kelsen. En <i>Escritos sobre Sociolog&iacute;a y Jurisprudencia. </i>Madrid: Marcial Pons.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-8697201400020000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fari&ntilde;as Dulce, M<sup>a</sup>. J. (1994). Sociolog&iacute;a del Derecho versus an&aacute;lisis sociol&oacute;gico del Derecho. <i>Dox, </i>15-16. Madrid (Espa&ntilde;a): 1013 -1023.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-8697201400020000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Flores, I. (1998). El porvenir de la ciencia jur&iacute;dica. Reflexi&oacute;n sobre la ciencia y el derecho. En VV. AA., <i>La Ciencia del Derecho durante el siglo XX. </i>Ciudad de M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-8697201400020000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Garc&iacute;a Amado, J. A. (1997). Ernst Fuchs y la doctrina del Derecho libre. En <i>Anuario de Filosof&iacute;a del Derecho, 14. </i>Valencia (Espa&ntilde;a): Sociedad Espa&ntilde;ola de Filosof&iacute;a Jur&iacute;dica y Pol&iacute;tica, 803 -825.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0121-8697201400020000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Garc&iacute;a Amado, J. A. (2010). <i>El Derecho y sus circunstancias. </i>Bogot&aacute;, D.C.: Universidad Externado.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-8697201400020000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>G&oacute;mez Garc&iacute;a, J. A. (2005). Derecho, Vida y Derecho Vivo en el pensamiento iusfilos&oacute;fico de Eugen Ehrlich. En <i>Escritos sobre Sociolog&iacute;a y Jurisprudencia.</i> Madrid: Marcial Pons.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-8697201400020000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Guastini, R. (2006). Variaciones sobre temas de Carlos Alchourr&oacute;n y Eugenio Bulygin. Derrotabilidad, Lagunas Axiol&oacute;gicas e Interpretaci&oacute;n. <i>An&aacute;lisis</i> <i>Filos&oacute;fico, </i>26 (2), 277 - 293.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-8697201400020000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Ihering, R. (1974). <i>Bromas y veras en la jurisprudencia. </i>Buenos Aires: Editorial Jur&iacute;dica Europa - Am&eacute;rica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-8697201400020000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Kantorowicz, H. (1949). La lucha por la Ciencia del Derecho. En <i>La ciencia del</i> <i>Derecho. </i>(Trad. Goldschmidt, W.). Buenos Aires: Losada.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-8697201400020000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>M&uacute;&ntilde;oz De Baena, J. L. (2005). El lugar de Ehrlich en el debate sobre la ciencia jur&iacute;dica. En <i>Escritos sobre Sociolog&iacute;a y Jurisprudencia. </i>Madrid: Marcial Pons.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-8697201400020000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Pacheco, M. (2004). <i>Teor&iacute;a del Derecho. </i>Santiago: Editorial Jur&iacute;dica de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0121-8697201400020000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> Prieto Sanch&iacute;s, L. (1993). <i>Ideolog&iacute;a e interpretaci&oacute;n jur&iacute;dica. </i>Madrid: Tecnos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-8697201400020000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Prieto Sanch&iacute;s, L. (2008). <i>Apuntes de Teor&iacute;a del Derecho. </i>Madrid: Trotta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0121-8697201400020000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Portalis, J. E. M. (1978). <i>Discurso preliminar del proyecto de C&oacute;digo Civil franc&eacute;s.</i> (Traducc. Rivacoba, M.). Valpara&iacute;so: Edeval.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0121-8697201400020000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Recasens Siches, L. (1956). Situaci&oacute;n presente y proyecci&oacute;n de futuro de la filosof&iacute;a jur&iacute;dica. <i>Anales de la Facultad de Derecho, </i>Tercera &Eacute;poca, <i>3 </i>(5), 139-159.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0121-8697201400020000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rivas, P. (2006). La interpretaci&oacute;n del derecho en el positivismo &eacute;tico contempor&aacute;neo, <i>Isegor&iacute;a, 35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0121-8697201400020000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>     <!-- ref --><p>Robles Morch&oacute;n, G. (1982). <i>Epistemolog&iacute;a y Derecho. </i>Madrid: Pir&aacute;mide.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0121-8697201400020000700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Robles Morch&oacute;n, G. (1985). La decisi&oacute;n en el Derecho y la t&oacute;pica jur&iacute;dica. <i>Bolet&iacute;n Mexicano de Derecho Comparado, 54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0121-8697201400020000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>     <!-- ref --><p>Robles Morch&oacute;n, G. (2002). <i>Ley y Derecho Vivo. </i>Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0121-8697201400020000700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rodr&iacute;guez, J. &amp; Navarro, P. (2000). Derrotabilidad y sistematizaci&oacute;n de normas jur&iacute;dicas. En <i>Isonom&iacute;a, 13. </i>Alicante (Espa&ntilde;a): Universidad de Alicante, Facultad de Derecho.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0121-8697201400020000700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ross, A. (2007). <i>Teor&iacute;a de las fuentes del Derecho. </i>Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0121-8697201400020000700028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>S&aacute;nchez Casta&ntilde;eda, A. (2006). Los or&iacute;genes del pluralismo jur&iacute;dico. En <i>Estudios jur&iacute;dicos en homenaje a Marta Morineau, </i>t. I: Derecho romano. Historia del Derecho. Ciudad de M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0121-8697201400020000700029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Segura Ortega, M. (1993a). El movimiento del Derecho Libre. <i>Anuario de Filosof&iacute;a del Derecho, 10. </i>Valencia (Espa&ntilde;a): Sociedad Espa&ntilde;ola de Filosof&iacute;a Jur&iacute;dica y Pol&iacute;tica, 423 -455.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0121-8697201400020000700030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Segura Ortega, M. (1993b). Kantorowicz y la renovaci&oacute;n jur&iacute;dica. <i>Dereito, 2 </i>(2), 113-130. Santiago de Compostela (Espa&ntilde;a), Universidade de Santiago de Compostela.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0121-8697201400020000700031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Squella, A. (2000). <i>Introducci&oacute;n al Derecho. </i>Santiago: Editorial Jur&iacute;dica de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0121-8697201400020000700032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Zagrebelsky, G. (2009): Una atormentada apolog&iacute;a de la Ley. En <i>Fe en el Derecho. </i>Madrid: Marcial Pons.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0121-8697201400020000700033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    </font>      ]]></body><back>
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