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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El acceso a la justicia a partir del mecanismo de solución de controversias previsto en el TLC COL-USA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper is the result of an investigation whose main objective was to analyze the access to justice in the dispute settlement mechanism provided for in the Colombia- United States- Free Trade Agreement (TLC COL-USA) and the impact for the Colombian economic sectors. From the theoretical conceptualization of access to justice built from the Colombian and American doctrine and jurisprudence, as well as analysis of the dispute settlement system embodied in TLC and its relationship to a specific agent of the Colombian productive sector are as microentrepreneurs.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p><a href="http://dx.doi.org/l0.l4482/dere.43.7477">http://dx.doi.org/10.l4482/dere.43.7477</a></p>      <p align="center"><font size="4"><b>El acceso a la justicia a partir del mecanismo de soluci&oacute;n de controversias previsto en el TLC COL-USA*</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Access to justice in the Resolution of Disputes mechanism esablished in the Col-USA Free Trade Agreement</b></font></p>       <p><b>Silvana Insignares Cera**</b>    <br> Universidad del Norte, Barranquilla (Colombia)</p>      <p>* Este art&iacute;culo hace parte del proyecto de investigaci&oacute;n financiado por USAID y HED con el apoyo de la Universidad de la Florida sobre "El Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias entre Colombia y Estados Unidos y su impacto en los microempresarios barranquilleros", adelantado en el marco del Convenio 52355, desarrollado por Silvana Insignares Cera. Los contenidos de esta obra son responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente el punto de vista de USAID o del gobierno de los Estados Unidos.    <br> ** Doctora en Derecho de la Universidad de Valencia (Espa&ntilde;a), maestr&iacute;a en Gesti&oacute;n del Comercio Internacional de la misma universidad. Especialista en procesos de integraci&oacute;n regional de la Uni&oacute;n Europea y Latinoam&eacute;rica de la Universidad Carlos III de Madrid. Coordinadora del &Aacute;rea Estrat&eacute;gica en Comercio e Integraci&oacute;n, directora del Departamento de Ciencia Pol&iacute;tica y Relaciones Internacionales, profesora investigadora de la Divisi&oacute;n de Derecho, Ciencia Pol&iacute;tica y Relaciones Internacionales de la Universidad del Norte (Colombia) y miembro del Grupo de Investigaci&oacute;n en Derecho y Ciencia Pol&iacute;tica (GIDECP) de la misma universidad. <i><a href="mailto:insignaress@uni-norte.edu.co">insignaress@uni-norte.edu.co</a></i></p>      <p><i><b>Fecha de recepci&oacute;n: </b></i>4 de noviembre de 2014    <br> <i><b>Fecha de aceptaci&oacute;n: </b></i>19 de diciembre de 2014</p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Resumen</b></p>      <p><i>Este art&iacute;culo es el resultado de una investigaci&oacute;n cuyo principal objetivo fue analizar el acceso a la justicia en el mecanismo de soluci&oacute;n de controversia previsto en el Tratado de Libre Comercio suscrito entre Colombia y Estados Unidos </i><i>(TLC COL-USA) </i><i>y su impacto en los sectores econ&oacute;micos colombianos. De esta forma, se analiz&oacute; la tem&aacute;tica a partir de la conceptua-lizaci&oacute;n te&oacute;rica del acceso a la justicia construida a partir de la doctrina y de la jurisprudencia tanto colombiana como estadounidense, as&iacute; como del an&aacute;lisis del Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias consagrado en el </i><i>TLC </i><i>y su relaci&oacute;n con un agente del sector productivo colombiano especifico como son los microempresarios.</i></p>     <p><b>Palabras clave: </b>Tratado de Libre Comercio, soluci&oacute;n de controversias, acceso a la justicia, debido proceso, microempresarios.</p>  <hr>      <p><b>Abstract</b></p>      <p><i>This paper is the result of an investigation whose main objective was to analyze the access to justice in the dispute settlement mechanism provided for in the Colombia- United States- Free Trade Agreement </i><i>(TLC COL-USA) </i><i>and the impact for the Colombian economic sectors. From the theoretical conceptualization of access to justice built from the Colombian and American doctrine and jurisprudence, as well as analysis of the dispute settlement system embodied in </i><i>TLC </i><i>and its relationship to a specific agent of the Colombian productive sector are as microentrepreneurs.</i></p>     <p><b>Keywords: </b>International Trade agreement, resolution of dispute, access to Justice, due process, micro-entrepreneurs.</p>  <hr>      <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>      <p>A partir de la Constituci&oacute;n de 1991 se instaura el Estado Social de Derecho en Colombia, y se consagra de manera taxativa el reconocimiento de varios derechos fundamentales, entre los cuales se encuentra el acceso a la justicia, el cual podr&iacute;a considerarse como uno de los derechos potencialmente vulnerables a partir de la implementaci&oacute;n y puesta en marcha del TLC COL-USA, ya que se abre una ventana a la aplicaci&oacute;n de instancias y jurisdicciones internacionales desconocidas para la mayor&iacute;a del sector econ&oacute;mico colombiano, como lo es el microempresarial.</p>      <p>Esto es un claro ejemplo de la estrecha relaci&oacute;n que existe entre el Derecho y los intereses econ&oacute;micos; en la que la intenci&oacute;n primordial es lograr una armon&iacute;a entre estos para que efectivamente a trav&eacute;s de la liberalizaci&oacute;n econ&oacute;mica se logre fortalecer el desarrollo econ&oacute;mico de los pueblos. En este sentido, los tratados de libre comercio (TLC) se convierten en una herramienta que fomenta el desarrollo econ&oacute;mico entre los Estados, a partir del establecimientos de reglas claras y permanentes; tal y como lo se&ntilde;alan Linares Arciniega y Segura Morales (2009), el TLC, como instrumento comercial, es "un acuerdo mediante el cual dos o m&aacute;s pa&iacute;ses reglamentan de manera comprensiva sus relaciones comerciales, con el fin de incrementar los flujos de comercio e inversi&oacute;n y, por esa v&iacute;a, su nivel de desarrollo econ&oacute;mico y social". Adicionalmente, "Los TLC contienen normas y procedimientos tendientes a garantizar que los flujos de bienes, servicios e inversiones entre los pa&iacute;ses que suscriben dichos tratados se realicen sin restricciones injustificadas y en condiciones transparentes y predecibles".</p>      <p>En virtud de lo anterior me permito plantear la discusi&oacute;n en torno a un tema espec&iacute;fico de los TLC: el relacionado con la posible vulneraci&oacute;n del derecho del acceso a la justicia a partir de la implementaci&oacute;n del Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias consagrado en el mismo. Pues si bien es cierto que en el &aacute;mbito internacional son los Estados los que suscriben los acuerdos econ&oacute;micos, es en la sociedad civil en general sobre la cual recaen los efectos de los mismos, siendo estos los principales agentes en el &aacute;mbito econ&oacute;mico, por lo que los Estados deber&aacute;n establecer los medios necesarios para que los particulares puedan elevar sus peticiones ante las respectivas instancias generadas a partir de los efectos negativos que puedan derivarse del proceso de intercambio econ&oacute;mico.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Teniendo en cuenta lo anterior, entre los agentes econ&oacute;micos que se encuentran en el Estado colombiano encontramos el sector microem-presarial, el cual representa un porcentaje considerable en la distribuci&oacute;n de los distintos factores productivos del comercio y la econom&iacute;a colombiana<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> . Por lo cual a partir de esta investigaci&oacute;n se pretender&aacute; evidenciar el estado actual del derecho de acceso a la justicia en la relaci&oacute;n con el Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias contemplado en el TLC, presentando al sector micorempresarial colombiano como una poblaci&oacute;n jur&iacute;dicamente vulnerable, a la cual el Estado colombiano no le est&aacute; garantizando el acceso a la justicia con la implementaci&oacute;n del Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias previsto por el TLC COL-USA.</p>      <p>Con el objetivo de sustentar lo anterior, en primer lugar se presenta la fundamentaci&oacute;n y conceptualizaci&oacute;n del acceso a la justicia tanto en el derecho colombiano como en el norteamericano, con el fin de establecer sus diferencias y relaciones en la comprensi&oacute;n del mismo en los diferentes ordenamientos jur&iacute;dicos; seguidamente se analizar&aacute; el desarrollo jurisprudencial del acceso a la justicia en el ordenamiento jur&iacute;dico colombiano como derecho fundamental; este an&aacute;lisis constitucional permitir&aacute; comprender el alcance de este derecho en Colombia para lograr evidenciar c&oacute;mo puede verse afectado por parte de las instancias internacionales, en especial por las previstas en el TLC COLUSA; para terminar, se presentar&aacute;n los posibles sectores afectados por la implementaci&oacute;n del Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias, previsto en el texto final del TLC COL-USA, en su derecho fundamental al acceso a la justicia.</p>      <p><b>El acceso a la justicia: visi&oacute;n desde el ordenamiento jur&iacute;dico colombiano y estadounidense</b></p>      <p>El acceso a la justicia ha tenido distintos debates en torno a su contex-tualizaci&oacute;n, debido a que, por una parte, es considerado como un derecho fundamental y, por otra, se estima que es un elemento material de procedimiento. En este sentido, es necesario determinar que en el caso de aplicarse como derecho, el Estado debe velar por su protecci&oacute;n, y si estamos frente al procedimiento, debe incorporarse en cada etapa procesal.</p>      <p>En palabras de Cappelletti y Garth (1996), el derecho del acceso a la justicia puede entenderse bajo dos prop&oacute;sitos b&aacute;sicos: el primero, relacionado con un sistema de justicia accesible para todos, y el segundo, en torno a los resultados, los cuales deben ser social e individualmente justos. As&iacute; las cosas, el acceso a la justicia tiene un fuerte componente de servicio, pues debe ser el camino que une al individuo con el sistema judicial.</p>      <p>De la misma manera, la relaci&oacute;n que existe entre el acceso a la justicia y la realizaci&oacute;n del mismo a partir de instrumentos jur&iacute;dicos y disposiciones constitucionales es lo que hace que este sea elevado a la categor&iacute;a de derecho. En palabras de Zapata Bello (2001),</p>      <blockquote>     <p>...el definir a la justicia como un concepto operativo nos conduce a concebirla m&aacute;s all&aacute; del principio valor, como un concepto que debe ir acompa&ntilde;ado, obligadamente, para su realizaci&oacute;n de los implementos jur&iacute;dicos y de los dispositivos institucionales para lograr su concreci&oacute;n en las relaciones sociales. Es ac&aacute; donde entra el concepto de acceso a la justicia como derecho.</p> </blockquote>      <p>En el &aacute;mbito de la Organizaci&oacute;n de los Estados Americanos (OEA), el acceso a la justicia ha sido ampliamente analizado por ser parte de los lineamientos establecidos en la Carta Democr&aacute;tica Interamericana. En este sentido, se plantearon una serie de buenas pr&aacute;cticas para superar las barreras de acceso a la justicia en las Am&eacute;ricas; entre las cuales se encuentran la necesidad de identificar las causas que puedan ser llevadas ante sistemas particulares de soluci&oacute;n de controversias, mecanismos que permitan conocer los problemas de acceso a la justicia de la poblaci&oacute;n vulnerable, entre otros. As&iacute; las cosas, con base en los informes de la OEA se ha trabajado a partir del concepto de acceso a la justicia, entendido como aquel "que no se restringe -aunque lo comprende- al derecho a acceder al sistema estatal de justicia, sino que abarca todo mecanismo de satisfacci&oacute;n de nuestras necesidades de dilucidaci&oacute;n jur&iacute;dica"(OEA, 2007). Igualmente, a partir del desarrollo jurisprudencial de la Corte Interamericana de Derechos Humanos se ha consagrado la conexidad que existe entre el acceso a la justicia y el debido proceso y sobre la necesidad de establecer mecanismos para efectivizar la aplicaci&oacute;n de los recursos. En este sentido, la Comisi&oacute;n en un informe ha se&ntilde;alado que</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es vasta la jurisprudencia de los &oacute;rganos del SIDH sobre la vigencia de las garant&iacute;as judiciales en todo proceso en que est&eacute; en juego el contenido y alcance de los derechos econ&oacute;micos, sociales y culturales. As&iacute;, se ha identificado una importante conexi&oacute;n entre la efectiva posibilidad de acceder a la justicia y el respeto, protecci&oacute;n y garant&iacute;a del debido proceso legal en procesos de &iacute;ndole social. (Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos, 2007)</p> </blockquote>      <p>Asimismo, en el &aacute;mbito internacional encontramos que el acceso a la justicia ha sido considerado como aquel que se extiende m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito de acceso formal, sino que se encuentra dotado de un contenido jur&iacute;dico propio para obtener justicia; de aqu&iacute; que es considerado como un derecho independiente para obtener los fines de justicia (Congado Trindade, 2003).</p>      <p>En virtud de lo anterior, en esta investigaci&oacute;n se abordar&aacute; desde la perspectiva del ordenamiento jur&iacute;dico colombiano el an&aacute;lisis del acceso a la justicia como derecho fundamental, al haberlo concebido como tal la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991, y la interpretaci&oacute;n de la misma que ha realizado la Corte Constitucional colombiana; y frente a la visi&oacute;n del sistema legal norteamericano como parte del derecho del debido proceso, al ser la visi&oacute;n que las autoridades jurisdiccionales le han entregado al mismo.</p>      <p>Ahora bien, frente <b>al acceso a la justicia como aquel que se encuentra inmerso en el debido proceso, </b>el derecho norteamericano desde la consolidaci&oacute;n y puesta en marcha de los principios democr&aacute;ticos considera que no es posible hablar de democracia sin la confianza de sus ciudadanos en las instituciones internas. Tan es as&iacute;, que la necesidad de brindar a los ciudadanos un procedimiento judicial transparente dio lugar al establecimiento de la sexta enmienda<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. As&iacute; las cosas, un f&aacute;cil acceso a los tribunales evitar&aacute; que los individuos apliquen justicia por sus propias manos (Grey, 2004). En este sentido, el acceso a la justicia podr&iacute;a entenderse a partir de una dualidad: por una parte se encuentra la "igual protecci&oacute;n de la ley"<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>, que no podr&aacute; denegarse a ninguna persona y, por otro lado, la no discriminaci&oacute;n<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup> por parte de los tribunales.</p>      <p>Sin embargo, el desarrollo del concepto en el &aacute;mbito norteamericano ha definido que el acceso a la justicia se contempla como un elemento del debido proceso, en el que los elementos procedimentales de la aplicaci&oacute;n de la normatividad americana, as&iacute; como del acceso a sus tribunales, cobran importancia. Por tanto, puede entenderse que la aplicaci&oacute;n de la cl&aacute;usula al debido proceso describe los l&iacute;mites de los principios fundamentales de la libertad y la justicia, que deben estar presentes en los procedimientos que se llevan a cabo en todas las instituciones p&uacute;blicas<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>.</p>      <p>Respecto a la consideraci&oacute;n del acceso a la justica como derecho fundamental encontramos un amplio desarrollo del mismo a partir de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de Colombia de 1991, que en su art&iacute;culo 229 consagra el derecho de todas las personas a acceder a la administraci&oacute;n de justicia. Adicionalmente, al realizar una interpretaci&oacute;n sistem&aacute;tica del pre&aacute;mbulo y de los art&iacute;culos 2, 29, 228 de la Constituci&oacute;n encontramos unos mandatos espec&iacute;ficos que se fundamentan en el acceso a la justicia. As&iacute; las cosas, no ser&iacute;a posible hablar de un orden pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y social justo sin que las personas puedan hacer uso de sus derechos y que el Estado garantice el acceso a la justicia (Moreno Ortiz, 2000).</p>      <p>Adicionalmente, dentro del marco legal encontramos la Ley Estatutaria de la Administraci&oacute;n de Justicia n&deg; 270 de 1996 y una amplia jurisprudencia colombiana<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>, que se ha encargado de establecer doctrina constitucional sobre el derecho de acceso a la justicia como derecho fundamental.</p>      <p>De esta manera, el acceso a la justicia nos lleva a determinar una serie de elementos necesarios para la conformaci&oacute;n del mismo; entre los cuales encontramos " a) un ente ante el cual pueda hacerlo, b) un marco normativo que regule la forma de hacerlo, c) un procedimiento que permita arribar a una decisi&oacute;n que tenga la capacidad de ser imponible, y d) un ente que tenga la capacidad de hacer cumplir la decisi&oacute;n" (Moreno Ortiz, 2000). En el caso colombiano, ese se traduce en la posibilidad que tienen nuestros jueces y tribunales a partir del conocimiento de las distintas acciones constitucionales de administrar justicia.</p>      <p>Este derecho ha sido objeto de cr&iacute;ticas en cuanto a los denominados obst&aacute;culos generados en su implementaci&oacute;n; as&iacute; las cosas, encontramos que algunos autores se&ntilde;alan que existen barreras que deben superarse para hablar de un efectivo acceso a la justicia, como ser&iacute;an el costo de los abogados y del proceso en general; el tiempo, las reclamaciones peque&ntilde;as o peque&ntilde;as causas; diferencias de poder entre las partes en el proceso; la situaci&oacute;n econ&oacute;mica de las partes; los intereses difusos<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup>, entre otros<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>. Con otras palabras,</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los obst&aacute;culos creados en nuestros sistemas jur&iacute;dicos son m&aacute;s pronunciados para las reclamaciones peque&ntilde;as y los individuos aislados, en especial para los pobres; al mismo tiempo, las ventajas son para los &lt;que tienen&gt;, sobre todo para las organizaciones litigantes aptas para utilizar el sistema legal y aprovecharlo en inter&eacute;s propio. (Cappelletti &amp; Garth, 1996)</p> </blockquote>      <p>Por otra parte, ciertas dificultades se encuentran enmarcadas espec&iacute;ficamente en cuanto a la interpretaci&oacute;n que en algunas ocasiones la misma Corte Constitucional de Colombia ha asumido frente el entendimiento del acceso a la justicia como un servicio p&uacute;blico, adem&aacute;s de un derecho fundamental, lo cual en palabras de Acosta Alvarado (2010) dificulta la elaboraci&oacute;n de adecuadas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que fomenten y faciliten el acceso a la justicia. Por tanto, debe entenderse que la administraci&oacute;n de justicia es realmente un servicio p&uacute;blico<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup> y el acceso a la justicia un derecho fundamental bajo los preceptos establecidos tanto por la Constituci&oacute;n colombiana como por la doctrina constitucional.</p>      <p>Las dos visiones del acceso a la justicia: la que lo enmarca como un derecho fundamental (visi&oacute;n colombiana) y la que lo contempla como una parte del derecho al debido proceso legal (&oacute;ptica estadounidense), m&aacute;s las vicisitudes internas despertadas en cada una de estas perspectivas, son las situaciones que se presentan en torno a la relaci&oacute;n entre los particulares de un Estado y su acceso a los mecanismos establecidos en el Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias de las instancias internacionales.</p>      <p><b>2. ACCESO A LA JUSTICIA COMO DERECHO FUNDAMENTAL, VISI&Oacute;N DESDE LA JURISPRUDENCIA CONSTITUCIONAL COLOMBIANA</b></p>      <p>La conceptualizaci&oacute;n y fundamentaci&oacute;n del acceso a la justicia ha sido ampliamente desarrollado por la Corte Constitucional, que lo ha definido como un derecho fundamental. En este sentido, encontramos que se pueden identificar cuatro aspectos claves que han sido el eje central de desarrollo de la jurisprudencia constitucional colombiana respecto a la conceptualizaci&oacute;n del acceso a la justicia como derecho fundamental: (i); el an&aacute;lisis de cada uno de los elementos que hacen parte del mismo (ii); la finalidad o alcance del derecho (iii); y la aplicaci&oacute;n del acceso a la justicia en los mecanismos de soluci&oacute;n de controversias (iv).</p>      <p>Respecto a la conceptualizaci&oacute;n del acceso a la justicia<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup> como derecho fundamental<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>, la Corte en reiteradas sentencias ha apuntado la necesidad de comprender que el acceso a la justicia tiene un contenido real, el cual requiere de una garant&iacute;a efectiva de que los procesos se surtan seg&uacute;n lo establecido por las normas jur&iacute;dicas internas. Adicionalmen-te, le asigna el car&aacute;cter de tener un n&uacute;cleo esencial<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>, el cual es indiscutible. Por tanto, encontramos que a partir de la Sentencia C-1195/2001 (M. P.: Manuel Jos&eacute; Cepeda y Marco Gerardo Monroy Cabra) la Corte define el acceso a la justicia como</p>      <blockquote>     <p>El derecho a acceder a la justicia tambi&eacute;n guarda estrecha relaci&oacute;n con el derecho al recurso judicial efectivo como garant&iacute;a necesaria para asegurar la efectividad de los derechos, como quiera que <i>"no es posible el cumplimiento de las garant&iacute;as sustanciales y de las formas procesales establecidas por el Legislador sin que se garantice adecuadamente dicho acceso".</i></p> </blockquote>      <p>De la misma manera, mediante Sentencia C-334/2012 (M. P.: Mauricio Gonz&aacute;lez Cuervo) la Corte recurre al art&iacute;culo 229 de la Constituci&oacute;n para reafirmar que en este se encuentra consagrado la garant&iacute;a del acceso a la justicia, pero contin&uacute;a se&ntilde;alando que para lograr su efectividad es necesario la</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>... remoci&oacute;n de barreras culturales, econ&oacute;micas, geogr&aacute;ficas o administrativas para el ejercicio del derecho de acci&oacute;n ante la organizaci&oacute;n judicial. De otra parte, supone tambi&eacute;n la realizaci&oacute;n del derecho a la resoluci&oacute;n justa y oportuna de conflictos de intereses jur&iacute;dicamente tutelados.</p> </blockquote>      <p>De la misma manera, contin&uacute;a la Corte relacionando lo preceptuado por la Constituci&oacute;n en su art&iacute;culo 29 en concordancia con los principios de celeridad y eficiencia consagrados en la Ley 270/96, art&iacute;culos 4 y 7.</p>      <p>La consagraci&oacute;n como derecho implica garant&iacute;as por parte de la autoridad judicial para proteger el derecho controvertido y asegurar&aacute; su realizaci&oacute;n, ya fuere en contra del Estado o de los particulares. Por ello, el art&iacute;culo 1&deg; de la Ley 270 de 1996 dispone que la Administraci&oacute;n de Justicia es la parte de la funci&oacute;n p&uacute;blica "encargada por la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica y la ley de hacer efectivos los derechos, obligaciones, <i>garant&iacute;as y libertades consagrados en ellas, con el fin de realizar la convivencia social y lograr y mantener la concordia nacional"<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup>.</i></p>      <p>Contin&uacute;a la Corte manifestando en la sentencia mencionada que es necesario el compromiso de los servidores p&uacute;blicos con la realizaci&oacute;n de la convivencia pac&iacute;fica y la vigencia de un orden justo y, en consecuencia, record&oacute; a los jueces su deber de adoptar decisiones serias, eficientes y eficaces, en orden a la protecci&oacute;n cierta y efectiva de todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y libertades.</p>      <p>Agrega la decisi&oacute;n:</p>      <blockquote>     <p>Las consideraciones precedentes implican, en &uacute;ltimas, una tarea que requiere, como consecuencia de haber sido nuestro pa&iacute;s consagrado en la Carta Pol&iacute;tica como un Estado social de derecho, un mayor dinamismo judicial, pues sin lugar a dudas es el juez el primer llamado a hacer valer el imperio de la Constituci&oacute;n y de la ley en beneficio de quienes, con razones justificadas, reclaman su protecci&oacute;n. As&iacute;, entonces, la justicia ha pasado de ser un servicio p&uacute;blico m&aacute;s, a convertirse en una verdadera funci&oacute;n p&uacute;blica, como bien la define el art&iacute;culo 228 del Estatuto Fundamental. Significa lo anterior que tanto en cabeza de los m&aacute;s altos tribunales como en la de cada uno de los juzgados de la Rep&uacute;blica, en todas las instancias, radica una responsabilidad similar, cual es la de hacer realidad los prop&oacute;sitos que inspiran la Constituci&oacute;n en materia de justicia, y que se resumen en que el Estado debe asegurar su pronta y cumplida administraci&oacute;n a todos los asociados; en otras palabras, que &eacute;sta no sea simple letra muerta sino una realidad viviente para todos. (Sentencia T-025/2007<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup>).</p> </blockquote>      <p>Por tanto, la Corte dentro de la contextualizaci&oacute;n del acceso a la justica como derecho fundamental ha tenido en cuenta una definici&oacute;n desde el aspecto formal y material. En el &aacute;mbito formal, la Corte ha determinado que existe una relaci&oacute;n entre el principio constitucional de celeridad y el derecho fundamental al acceso a la justicia (art&iacute;culo 229 de la Constituci&oacute;n) con base en el concepto material -no formal- de acceso a la justicia que implant&oacute; la Constituci&oacute;n de 1991. Estos calificativos han sido usados para se&ntilde;alar que un acceso a la justicia formal consistir&iacute;a, simplemente, en "la facultad del particular de acudir f&iacute;sicamente ante la Rama Judicial -de modo que se le reciban sus demandas, escritos y alegatos y se les d&eacute; tr&aacute;mite"- (Sentencia T-292 de 1999), mientras que en un sentido material, el acceso a la justicia significa, entre otras cosas, el derecho a que el conflicto planteado a la administraci&oacute;n de justicia sea resuelto de manera pronta (sentencias T-1171 de 2003 y T-084 de 2004)".</p>      <p>Asimismo, en sentido material, la Corte Constitucional lo ha expuesto el acceso a la justicia como una garant&iacute;a de la efectividad real del acceso, de manera que la corporaci&oacute;n ha expresado:</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La jurisdicci&oacute;n no cumple con la tarea que le es propia, si los procesos se extienden indefinidamente, prolongando de esta manera, la falta de decisi&oacute;n sobre las situaciones que generan el litigio, atentando as&iacute;, gravemente contra la seguridad jur&iacute;dica que tienen los ciudadanos. La administraci&oacute;n de justicia, no debe entenderse en un sentido netamente formal, sino que radica en la posibilidad real y verdadera, garantizada por el Estado, de que quien espera la resoluci&oacute;n de un proceso, la obtenga oportunamente. ... As&iacute; las cosas, vale decir, que una decisi&oacute;n judicial tard&iacute;a, constituye en s&iacute; misma una injusticia, como quiera que los conflictos que se plantean quedan cubiertos por la incertidumbre, con la natural tendencia a agravarse<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup>.</p> </blockquote>      <p>Es por esta doble relaci&oacute;n que la Corte Constitucional ha expresado que "la justicia que se demanda a la autoridad judicial a trav&eacute;s del derecho p&uacute;blico abstracto de la acci&oacute;n, o de la intervenci&oacute;n oficiosa de aqu&eacute;lla, se haya rodeada de una serie de garant&iacute;as constitucionales...", entre las cuales se encuentran "la garant&iacute;a de la celeridad en los procesos judiciales" y</p>      <blockquote>     <p>... la garant&iacute;a de acceso a la administraci&oacute;n de justicia, que no s&oacute;lo implica la ejecuci&oacute;n de los actos de postulaci&oacute;n propios para poner en movimiento el aparato jurisdiccional, sino igualmente la seguridad del adelantamiento del proceso, con la mayor econom&iacute;a de tiempo y sin dilaciones injustificadas, y la oportunidad de una decisi&oacute;n final que resuelva de m&eacute;rito o de fondo la situaci&oacute;n controvertida. (Art. 229 C.P.)<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup></p> </blockquote>      <p>Con otras palabras, es "parte integrante del derecho al debido proceso y de acceder a la administraci&oacute;n de justicia, el derecho fundamental de las personas a tener un proceso &aacute;gil y sin retrasos indebidos"<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup>.</p>     <p>Los anteriores pronunciamientos constitucionales nos permiten evidenciar que en el caso colombiano la Corte Constitucional ha adoptado la misma figura que el derecho norteamericano en cuanto la inclusi&oacute;n del debido proceso dentro del acceso a la justicia; ahora bien, la diferencia sustancial se mantiene en cuanto que para el caso colombiano estamos en presencia de un derecho fundamental que tiene existencia <i>per se, </i>es decir, puede ser exigible de manera directa ante las autoridades jurisdiccionales colombiana; mientras que para el caso norteamericano es un elemento de car&aacute;cter procesal, y la exigibilidad del mismo depender&aacute; de este<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup>.</p>      <p>Ahora bien, dentro de los elementos que hacen parte del acceso a la justicia, la Corte Constitucional, adem&aacute;s de haber delimitado los aspectos materiales y formales del mismo, se ha encargado de recalcar la necesidad de comprender que este derecho tiene una estrecha relaci&oacute;n con el derecho a la igualdad. Encontramos de esta manera que mediante Sentencia C-250/2011 (M. P.: Mauricio Gonz&aacute;lez Cuervo) la Alta Corporaci&oacute;n manifiesta que</p>      <p>El art&iacute;culo 229 de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica contempla de manera expl&iacute;cita el derecho de acceso a la administraci&oacute;n de justicia, tambi&eacute;n llamado derecho a la tutela judicial efectiva, prerrogativa que incorpora la posibilidad reconocida a todas las personas residentes en Colombia de acudir, en condiciones de igualdad, ante los &oacute;rganos de investigaci&oacute;n, los jueces y los tribunales de justicia, ya sea para demandar la debida protecci&oacute;n o el restablecimiento de sus derechos e intereses leg&iacute;timos, o para propugnar por la integridad del orden jur&iacute;dico con estricta sujeci&oacute;n a los procedimientos previamente establecidos, con plena observancia de las garant&iacute;as sustanciales y adjetivas previstas en la ley.</p>      <p>Conforme a la jurisprudencia de esta Corporaci&oacute;n, el derecho a acceder a la justicia tiene una significaci&oacute;n m&uacute;ltiple y compleja. Por una parte, constituye un pilar fundamental del Estado Social de Derecho y contribuye a la realizaci&oacute;n material de los fines esenciales e inmediatos del Estado. En otro sentido, se configura como un derecho fundamental de aplicaci&oacute;n inmediata (cfr., entre otras, las sentencias T-006/92, C-059/93, T-538/94, C-037/96, C-215/99 y C-1195/2001), que forma parte del n&uacute;cleo esencial del debido proceso e implica: (i) la existencia en el ordenamiento jur&iacute;dico, de diversos mecanismos judiciales -acciones y recursos- para la efectiva resoluci&oacute;n de los conflictos; (ii) la posibilidad de acci&oacute;n o de promoci&oacute;n de la actividad jurisdiccional, por parte de todo sujeto de ser parte en un proceso y de utilizar los instrumentos que all&iacute; se proporcionan para plantear sus pretensiones; (iii) el derecho a que la actividad jurisdiccional concluya con una decisi&oacute;n de fondo en torno a las pretensiones que han sido planteadas, y que esta se produzca dentro de un plazo razonable; (iv) el derecho a que existan procedimientos adecuados, id&oacute;neos y efectivos para la definici&oacute;n de las pretensiones y excepciones debatidas; (v) el derecho a que los procesos se desarrollen en un t&eacute;rmino razonable, sin dilaciones injustificadas y con observancia de las garant&iacute;as propias del debido proceso<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup>.</p>      <p>Teniendo en cuenta lo anterior, la Corte ha considerado que el acceso a la justicia como derecho fundamental se les debe garantizar a todas las "personas"; en este caso entendemos que su alcance no se limita a las personas naturales ciudadanos del Estado colombiano, sino que, por el contrario, se hace extensivo tanto a las personas jur&iacute;dicas como a los extranjeros<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto a la finalidad del derecho del acceso a la justicia, la Sentencia C- 1195/2001<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup> recurre a la aplicaci&oacute;n de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para se&ntilde;alar que el alcance del mismo requiere de procedimientos id&oacute;neos y eficaces que logren la resoluci&oacute;n pac&iacute;fica de los conflictos. En este sentido, encontramos que el papel del juez es clave para la correcta aplicaci&oacute;n del derecho fundamental, por tanto, la decisi&oacute;n debe ser correcta para proteger los derechos afectados<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup>.</p>      <p>Por otra parte, respecto a la aplicaci&oacute;n del acceso a la justicia en los mecanismos de resoluci&oacute;n de conflictos, la Sentencia C-1195/2001 estipula que los mecanismos alternos para la soluci&oacute;n de controversias, entre los cuales se encuentran la conciliaci&oacute;n y la mediaci&oacute;n, deben servir no solo para descongestionar los despachos judiciales sino como un instrumento eficaz para garantizar el acceso a la justicia; incluso en el referido pronunciamiento tambi&eacute;n parece reafirmar el car&aacute;cter pol&iacute;tico del mismo, al mencionar que esto hace parte de las reformas a la justicia.</p>      <p>Mediante SentenciaC-330/2000 la Corte analiz&oacute; la administraci&oacute;n de justicia en cabeza de los particulares. En este sentido afirm&oacute;:</p>      <blockquote>     <p>El desarrollo legal de la instituci&oacute;n arbitral<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup> tiene un claro fundamento constitucional -ya referido-, que permite la atribuci&oacute;n de funciones judiciales a los particulares. Dicha autorizaci&oacute;n no puede concebirse como una forma de limitar el derecho fundamental de acceso a la justicia que el propio ordenamiento superior reconoce a todos los ciudadanos; en primer lugar hay que recordar que cualquier regulaci&oacute;n <b>en materia de arbitraje debe fundarse en el respeto estricto de derechos fundamentales como el debido proceso y la igualdad entre todas las personas; </b>por otro lado, en raz&oacute;n de que los &aacute;rbitros -como los jueces ordinarios- deben (i) cumplir con t&eacute;rminos perentorios y (ii) que sus pronunciamientos est&aacute;n sometidos a la revisi&oacute;n eventual por parte de otras autoridades adem&aacute;s de contar con el poder vinculante de cualquier sentencia, y, por tanto, no puede decirse que la utilizaci&oacute;n del arbitramento constituye un atentado al principio que asegura pronta y cumplida justicia para todos los ciudadanos. A esto debe sumarse el hecho en virtud del cual, el acuerdo de voluntades del que surge la jurisdicci&oacute;n arbitral, tiene l&iacute;mites bien definidos, puesto que tras la apariencia de un consenso libremente adoptado, <b>no puede entorpecer el acceso a la justicia, el desconocimiento de derechos irrenunciables de alguna de las partes, o la violaci&oacute;n de principios esenciales del orden social como la seguridad jur&iacute;dica o la igualdad de oportunidades. </b>(La negrilla no es del texto original).</p> </blockquote>      <p>Por tanto, si bien nos encontramos ante un acuerdo de voluntades producto de la jurisdicci&oacute;n arbitral, no podemos olvidar que este tiene l&iacute;mites definidos en cuanto al respeto de los derechos fundamentales, los cuales no pueden ser renunciados por las parte como garant&iacute;a de la <i>seguridad jur&iacute;dica </i>y <i>la igualdad de oportunidades.</i></p>      <p>Esta relaci&oacute;n que se establece entre el derecho de acceso a la justicia y la existencia de mecanismos alternativos de soluci&oacute;n de conflictos es una materia a la que la Corte Constitucional ya se ha referido en jurisprudencia reiterada<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup>, como es el caso de las sentencias T-572 de 1992 (M. P.: Jaime San&iacute;n Greiffenstein), T- 572 de 1994 y C-059 de 1993 (M. P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero), C-544 de 1993 (M. P.: Antonio Barrera Carbonell) y T-538 de 1994 (M. P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz).</p>      <p>Puede decirse entonces que si bien la Corte ha avalado, en desarrollo de la Carta Pol&iacute;tica, la existencia de la justicia arbitral como un mecanismo alternativo para la soluci&oacute;n de conflictos, su aplicaci&oacute;n no puede hacerse al precio de desconocer los derechos fundamentales de las partes que se enfrentan en un litigio <i>-i.e. </i>el acceso a la justicia-. Tampoco puede suponerse que la promoci&oacute;n constitucional y legal de medios alternativos para la soluci&oacute;n de controversias significa que el arbitramento es una figura privilegiada frente a la funci&oacute;n permanente de administrar justicia por parte del Estado, ni que esta deba ser sustituida o reducida en su campo de acci&oacute;n<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup>.</p>      <p>Adicionalmente, la Corte Constitucional ha permitido que el acceso a la justicia sea un derecho protegido v&iacute;a la utilizaci&oacute;n de la acci&oacute;n de tutela<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup>. Con otras palabras: "La Corte Constitucional ha calificado por ello el acceso a la justicia como un derecho fundamental, susceptible de protecci&oacute;n jur&iacute;dica inmediata a trav&eacute;s de mecanismos como la acci&oacute;n de tutela" (Ara&uacute;jo O&ntilde;ate, 2011).</p>      <p><b>3. EL DERECHO AL ACCESO A LA JUSTICIA A PARTIR DEL SISTEMA DE SOLUCI&Oacute;N DE CONTROVERSIAS PREVISTO EN EL TLC COL-USA</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Uno de los aspectos imprescindibles en los tratados de libre comercio, por su naturaleza econ&oacute;mica y comercial, es el establecimiento de un sistema aut&oacute;nomo de soluci&oacute;n de controversias, que se encuentra regulado en un cap&iacute;tulo espec&iacute;fico del Acuerdo, que se&ntilde;ala, entre otros: (i) el objeto de la controversia; (ii) las partes del proceso; (iii) la posibilidad de elecci&oacute;n de foro y los t&eacute;rminos y plazos en las que deber&aacute; adelantarse.</p>      <p>De esta manera, se puede se&ntilde;alar que en el contexto internacional la mayor&iacute;a de los TLC manejan un esquema com&uacute;n de soluci&oacute;n de controversias que se encuentra enmarcado por el procedimiento establecido por la OMC para la soluci&oacute;n de conflictos, al cual el Tratado remite para asuntos puntuales. No obstante ello, a partir del objeto de la controversia tambi&eacute;n pueden intervenir otros foros internacionales para la resoluci&oacute;n de las mismas; entre los que se destaca el Centro internacional para el Arreglo de Controversias Relacionadas con los Inversionistas (CIADI), el cual frente a la proliferaci&oacute;n de los acuerdos internacionales de inversi&oacute;n (AII), y ante la posibilidad de someter al Estado de manera ilimitada ante estos tribunales internacionales, se dise&ntilde;&oacute; una pol&iacute;tica para mitigar los efectos de las demandas de los inversores extranjeros derivadas de los acuerdos internacionales de inversi&oacute;n.</p>      <p>Sin embargo, una de las preocupaciones en torno a los esquemas de soluci&oacute;n de controversias previstos en los TLC est&aacute; asociada al ejercicio soberano de los Estados, por cuanto con la suscripci&oacute;n de estos tratados se acude de manera directa a instancias internacionales, dejando a un lado la posibilidad de aplicar la jurisdicci&oacute;n interna<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup>. Lo cual podr&iacute;a sugerir la posibilidad de acudir a instituciones en principio transparente e imparcial.</p>      <p>En el caso de la pol&iacute;tica comercial desarrollada por los Estados Unidos, a trav&eacute;s de la proliferaci&oacute;n de tratados de libre comercio con diferentes Estados latinoamericanos, en la definici&oacute;n del Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias de los TLC no se ha mantenido una uniformidad pol&iacute;tica, aunque se han desarrollado est&aacute;ndares b&aacute;sicos para incorporarlos a los tratados; y las variaciones est&aacute;n relacionadas respeto de las disposiciones internacionales en materia de jurisdicci&oacute;n y en la aplicaci&oacute;n de las normas supranacionales que los Estados se han controvertido previamente<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup>.</p>      <p>De esta manera, el procedimiento de soluci&oacute;n de controversias establecido en los tratados de libre comercio suscritos por Estados Unidos tienen en com&uacute;n la participaci&oacute;n e impulso del proceso por parte de los Estados, la escasa o nula participaci&oacute;n de la sociedad civil, salvo para inversiones, y las materias objeto de las controversias, las cuales han variado seg&uacute;n el caso, como se observa a continuaci&oacute;n.</p>      <p>Por ejemplo, en el TLC USA-NAFTA, el objeto de la controversia se sustenta en la revisi&oacute;n de las (i) Medidas antidumping y medidas compensatorias; (ii) Reformas legislativas en el derecho interno. Se observa que no se incluyen aspectos relacionadas con la interpretaci&oacute;n del Tratado. Respecto las partes del mismo, se observa que solo pueden ser los Estados; los particulares tienen una participaci&oacute;n de apoyo de las iniciativas presentadas por el respectivo Estado<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup>.</p>      <p>Por su parte, en el TLC USA-CAFTA (Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Costa Rica) se permite que los particulares solucionen sus controversias de acuerdo con las reglas del arbitraje internacional y para que puedan apoyar a los Estados en la defensa en cada una de las fases -la fase de consulta tiene un t&eacute;rmino de 60 d&iacute;as; la intermedia de 75 d&iacute;as; panel arbitral 180 d&iacute;as-<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup>.</p>      <p>Por su parte, en el Tratado de Libre Comercio USA-Chile el procedimiento es muy parecido al del CAFTA, con la inclusi&oacute;n del objeto de la controversia de los asuntos relacionados con el Derecho Comunitario, pues Chile no pertenece a ning&uacute;n proceso de integraci&oacute;n vigente en calidad de Estado miembro con plenos derechos y deberes. Otra de las diferencias que se presentan es en cuanto a la posibilidad de participaci&oacute;n en la consulta de terceras partes afectadas, que se encuentra prevista en el CAFTA pero no en el TLC con Chile. Esto tiene sentido en la medida en que en el CAFTA estamos en presencia de un tratado multilateral, como sucede en el NAFTA. En cuanto a la participaci&oacute;n de los particulares en el sistema, un estudio realizado por el comit&eacute; tripartito manifest&oacute; que respecto a los derechos de los particulares</p>      <blockquote>     <p>...ambos Cap&iacute;tulos excluyen los derechos particulares para entablar una acci&oacute;n de acuerdo con la legislaci&oacute;n nacional de una Parte con el fin de reclamar a otra Parte por una medida considerada inconsistente con el Tratado respectivo. (Art. 22.20 del TLC Chile-Estados Unidos y Art. 20.21 del RD-CAFTA)<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup>.</p> </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el TLC USA-Per&uacute; se incluye dentro del objeto de la controversia el detalle de los cap&iacute;tulos sobre los cuales la parte hubiese esperado recibir un beneficio fruto del tratado<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup>; sobre el resto de las tem&aacute;ticas se aplican las mismas disposiciones de los TLC analizados anteriormente.</p>      <p>De la misma manera, la composici&oacute;n de cada panel arbitral y la lista de &aacute;rbitros es uno de los aspectos que variaron dependiendo de cada uno de los Estados negociadores en atenci&oacute;n de los criterios de conveniencia establecidos por ellos. A la fecha podr&iacute;amos decir que los andinos son los que han logrado incorporar un n&uacute;mero considerable de &aacute;rbitros, y logrado mantener una paridad que garantice la presencia de nacionales dentro del panel.</p>      <p>Ahora bien, en el TLC COL-USA se puede observar, al analizar el cap&iacute;tulo 21 sobre soluci&oacute;n de controversias, diferencias importantes en cuanto a las materias como al mismo procedimiento, al excluir de manera expresa, tal y como lo establece el art&iacute;culo 21.2, numeral 2, las disputas derivadas de la legislaci&oacute;n aplicable a la Comunidad Andina. En este caso se evidencia la remisi&oacute;n expresa a la jurisdicci&oacute;n del Tribunal Andino de Justicia sobre los asuntos que sean de su competencia<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup>. Imprimi&eacute;ndole seguridad jur&iacute;dica y debido proceso frente a todas las controversias derivadas de la aplicaci&oacute;n del derecho comunitario.</p>      <p>De la misma manera, se incluy&oacute; en el numeral 1 del art&iacute;culo 21.1, la posibilidad de someter una controversia sobre una medida<sup><a name="nu34"></a><a href="#num34">34</a></sup> o un "proyecto". Con lo cual se podr&aacute; someter al sistema asuntos que generen expectativas respecto a posibles incumplimientos. En lo referente a esto deber&iacute;an dise&ntilde;arse mecanismos claros para que los particulares receptores o perjudicados con esas medidas o proyectos puedan presentarle a su Estado los efectos negativos que se pueden derivar de la aplicaci&oacute;n de la misma para que puedan tomar las acciones necesarias frente a lo establecido en el mencionado art&iacute;culo.</p>      <p>En cuanto a la participaci&oacute;n de los particulares, encontramos que en el TLC, como lo estableci&oacute; para casos anteriores, las partes promover&aacute;n los medios alternativos de soluci&oacute;n de controversias en la zona de libre comercio, respetando los convenios internacionales existentes: la Convenci&oacute;n de las Naciones Unidas sobre el Reconocimiento y ejecuci&oacute;n de Sentencias Arbitrales Extranjera de 1958 o de la Convenci&oacute;n Interamericana sobre Arbitraje Comercial Internacional de 1975, ambos ratificados por Colombia<sup><a name="nu35"></a><a href="#num35">35</a></sup>.</p>      <p>Teniendo en cuenta que uno de los elementos del derecho del acceso a la justicia es la aplicaci&oacute;n de procedimientos claros y transparentes, encontramos que uno de los grandes vac&iacute;os que se han presentado hasta el momento, desde la implementaci&oacute;n del TLC<sup><a name="nu36"></a><a href="#num36">36</a></sup>, est&aacute; relacionado con las reglas de procedimiento del Panel Arbitral, pues en el texto del cap&iacute;tulo 21 solo existe la obligaci&oacute;n para los Estados de establecer por lo menos una audiencia p&uacute;blica, en la que puedan realizarse intervenciones de organizaciones no gubernamentales; la oportunidad de presentar sus alegatos, reclamaciones y r&eacute;plicas; la exposici&oacute;n al p&uacute;blico de los alegatos, solicitudes y declaraciones; la consideraci&oacute;n del grupo arbitral de solicitudes hechas por entidades no gubernamentales; y la protecci&oacute;n efectiva de la informaci&oacute;n confidencial (S&aacute;nchez Sierra &amp; Puyo Posada, 2008)<sup><a name="nu37"></a><a href="#num37">37</a></sup>. Por tanto, las reglas sobre c&oacute;mo ser&aacute; la participaci&oacute;n de la sociedad civil en estas audiencias no ha sido reglamentada aun, solo se encuentra plasmada de forma en general en lo se&ntilde;alado en el cap&iacute;tulo.</p>      <p>Asimismo, uno de los aspectos que despierta suspicacia est&aacute; relacionado con el papel de la Comisi&oacute;n, que no se sujeta a t&eacute;rminos, en la medida en que no se establece el tiempo en el cual deber&aacute; tomar la decisi&oacute;n, ni c&oacute;mo deber&aacute; realizar la convocatoria de expertos o t&eacute;cnicos, o de la mediaci&oacute;n o conciliaci&oacute;n (art&iacute;culo 21.5 Colombia-Estados Unidos). Ahora bien, algunos autores se&ntilde;alan que el panel arbitral "no soluciona finalmente la controversia", en la medida en que es un arbitramento m&aacute;s pol&iacute;tico que jur&iacute;dico, ya que el informe final que expide el panel no es de car&aacute;cter vinculante para las partes, sino que deben ser ellas mismas las que lleguen a un acuerdo. En el caso espec&iacute;fico de incumplimiento de las normas laborales, quedan por fuera muchas veces del &aacute;mbito de reparaci&oacute;n y protecci&oacute;n en la medida en que surjan violaciones de derechos laborales que no afecten el comercio entre las partes (S&aacute;nchez Sierra &amp; Puyo Posada, 2008 ).</p>      <p>Conforme lo anterior, consideramos que el Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias previsto por el TLC COL-USA presenta un d&eacute;ficit democr&aacute;tico en cuanto a la participaci&oacute;n de la sociedad civil en el mismo, que si bien es "parte" directa porque solo los Estados detentan la legitimaci&oacute;n activa, s&iacute; es deber de cada Estado establecer las garant&iacute;as para que los particulares puedan canalizar sus observaciones e inquietudes derivadas de la implementaci&oacute;n del Tratado.</p>      <p>De la misma manera, presenta inconvenientes relacionados con la aplicaci&oacute;n del derecho de acceso a la justicia, ya que existe un sinn&uacute;mero de barreras en el procedimiento de soluci&oacute;n de controversias relacionadas con los costos para acudir a las instancias internacionales de soluci&oacute;n de controversias, la falta de claridad en los procedimientos, la escasa, por no decir nula, participaci&oacute;n de los particulares en el mismo, la imposibilidad de poner en marcha el Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias si estamos en presencia de las denominadas peque&ntilde;as reclamaciones, o como bien lo menciona Cappelletti, de la atenci&oacute;n de los intereses difusos.</p>      <p>En virtud de lo anterior, teniendo en cuenta lo establecido por nuestra Corte Constitucional y el desarrollo del Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias en el TLC, podemos destacar dos elementos importantes que hacen parte del acceso a la justicia y podr&iacute;an verse vulnerados con la implementaci&oacute;n del Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias en el TLC. El primero de ellos corresponde a la igualdad material de las personas ante la ley, como resultado de analizar el acceso de los particulares al Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias frente al tratamiento del inversionista extranjera que el TLC COL-USA otorg&oacute; a estos; el segundo corresponde al debido proceso, que trae como consecuencia la violaci&oacute;n de principios esenciales del orden social, como lo son (i) la seguridad jur&iacute;dica y (ii) de manera reiterativa, la igualdad de oportunidades.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>4. Posibles sectores afectados en su derecho fundamental al acceso a la justicia con la implementaci&oacute;n del Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias previsto por el TLC COL-USA</b></p>      <p>Uno de los elementos presentes en el derecho del acceso a la justicia se encuentra relacionado con la igualdad; en este sentido, encontramos que existen poblaciones jur&iacute;dicamente vulnerables que se podr&iacute;an ver potencialmente afectadas por la implementaci&oacute;n de este tipo de acuerdos comerciales, y especialmente por el Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias, que excluye a los particulares de manera directa. Conforme a ello, y en atenci&oacute;n a la composici&oacute;n de la estructura productiva en Colombia, encontramos que un sector importante del desarrollo econ&oacute;mico nacional, como es el microempresarial, es receptor, en su calidad de actor econ&oacute;mico, de los efectos derivados de los TLC suscritos por Colombia.</p>      <p>En Colombia los microempresarios<sup><a name="nu38"></a><a href="#num38">38</a></sup> han sido un sector clave para el fortalecimiento econ&oacute;mico del Estado, ya que dentro de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de este se ha fomentado su creaci&oacute;n y la inserci&oacute;n de la poblaci&oacute;n vulnerable (ind&iacute;genas, desplazados, mujeres cabeza de familia, afrodescendientes, entre otros) en la actividad econ&oacute;mica a trav&eacute;s de la constituci&oacute;n de microempresas.</p>      <p>Conforme lo cual, y muy a pesar de las definiciones legales y doctrinales existentes, las microempresas presenten inconvenientes en cuanto a su alcance, ya que en algunos pa&iacute;ses "micro" es entendido como "peque&ntilde;o", por lo que las empresas peque&ntilde;as entrar&iacute;an a formar parte del sector microempresarial, lo cual dificulta el establecimiento de pol&iacute;ticas en torno a esta unidad productiva que casi siempre se encuentra dentro de la informalidad (Tunal, 2003).</p>      <p>Para el caso latinoamericano, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha realizado varios estudios sobre el fen&oacute;meno de la microempre-sa en los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, ya que la consideran como una de las mayores fuentes de empleo de la regi&oacute;n, por tanto, han sido objetos de desembolsos monetarios y cr&eacute;ditos financieros para su fortalecimiento. Sin embargo, el BID ha identificado entre los obst&aacute;culos que deben superarse la falta de acceso al sector gubernamental para presentar sus necesidades, por tanto, "dadas sus dimensiones, muchas veces carecen del peso pol&iacute;tico necesario para conseguir la atenci&oacute;n de los gobiernos. En s&iacute;ntesis, necesitan reglas de juego m&aacute;s equilibradas" (BID, 2003).</p>      <p>Ahora bien, teniendo en cuenta la importancia de la microempresa para el sector real del pa&iacute;s, debemos considerar qui&eacute;nes lo conforman y las condiciones de estas personas que han decidido conformar esta unidad productiva. Por tanto, los factores sociales, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos que lo rodean permitir&iacute;an clasificar a los microempresarios en general como una poblaci&oacute;n vulnerable, teniendo en cuenta que la doctrina se ha encargado de darle alcance a la definici&oacute;n de vulnerabilidad<sup><a name="nu39"></a><a href="#num39">39</a></sup>, que en palabras de Uribe Arzate y Gonz&aacute;lez Ch&aacute;vez (2007) podr&iacute;a definirse como vulnerabilidad at&iacute;pica (jur&iacute;dica), la cual proviene del mismo ordenamiento jur&iacute;dico, en consecuencia, se materializan en la injusticia de la ley, en la inequidad de sus presupuestos y no pocas veces en su ineficacia. As&iacute; las cosas, la vulnerabilidad at&iacute;pica introduce indebidamente elementos que propician el trato desigual y discriminatorio desde una perspectiva que deber&iacute;a generar mejores leyes para combatir la vulnerabilidad t&iacute;pica derivada de las condiciones socioecon&oacute;micas de los vulnerables vulnerados.</p>      <p>Este tipo de vulnerabilidad proviene de las inequidades indebidamente introducidas por los ordenamientos jur&iacute;dicos vigentes en el Estado y puede generarse en dos planos: en el nivel constitucional, cuando la misma Carta Magna contiene disposiciones que agravian a determinado grupo o persona, y en la dimensi&oacute;n legal, cuando las disposiciones jur&iacute;dicas de orden secundario generan situaciones de desigualdad y trato indigno para ciertas personas o grupos".</p>      <p>Para la Corte Constitucional colombiana, la identificaci&oacute;n de los elementos que caracterizan a una poblaci&oacute;n vulnerable no ha sido tarea f&aacute;cil de realizar, toda vez que la Corte utiliza indistintamente conceptos como poblaci&oacute;n en estado de vulnerabilidad<sup><a name="nu40"></a><a href="#num40">40</a></sup>, grupos vulnerables<sup><a name="nu41"></a><a href="#num41">41</a></sup>y personas en estado de vulnerabilidad<sup><a name="nu42"></a><a href="#num42">42</a></sup>, por lo que la clasificaci&oacute;n de las personas o grupos vulnerables la ha realizado teniendo en cuenta cada caso espec&iacute;fico, como la ha hecho para el caso de los afrodescen-dientes, ind&iacute;genas, madres cabeza de familia, entre otros. Lo que s&iacute; ha podido determinar a trav&eacute;s de las distintas sentencias es la necesidad de definir las garant&iacute;as de protecci&oacute;n de esta poblaci&oacute;n, as&iacute; como la necesidad de mantener una igualdad material<sup><a name="nu43"></a><a href="#num43">43</a></sup>.</p>      <p>En virtud de lo anterior podr&iacute;amos entender que la falta de reglamentaci&oacute;n de los procedimientos en el Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias podr&iacute;a ser parte de las inequidades que surgen de las disposiciones jur&iacute;dicas del Tratado que al final se traducen en un trato desigual.</p>      <p>Por todo lo anteriormente expuesto, nos vemos ante el reto de mantener en virtud del derecho de la igualdad el mismo acceso a la justicia que le brinda el TLC a los inversionistas extranjeros<sup><a name="nu44"></a><a href="#num44">44</a></sup> en su cap&iacute;tulo 10 sobre inversiones<sup><a name="nu45"></a><a href="#num45">45</a></sup>. Por ejemplo, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo ha implementado a partir de este a&ntilde;o un curso virtual para que los funcionarios p&uacute;blicos se mantengan actualizados en el tratamiento de la inversi&oacute;n extranjera en Colombia y de la aplicaci&oacute;n adecuada de los procedimientos, imprimi&eacute;ndole, de esta forma, seguridad jur&iacute;dica y transparencia frente al inversionista extranjero, quien tendr&iacute;a un acceso real y material a la justicia, para algunos, con facultades excesivas frente a la posibilidad de demandar directamente al Estado. Sin embargo, el objeto de esta investigaci&oacute;n se fundament&oacute; en los mecanismos procedimientales m&aacute;s que en los de car&aacute;cter sustancial.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias previsto por el TLC COL-USA presenta un d&eacute;ficit democr&aacute;tico en cuanto a la participaci&oacute;n de la sociedad civil en el Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias, que si bien no es "parte" directa porque solo los Estados son considerados como aquellos que detentan la legitimaci&oacute;n activa, s&iacute; es deber constitucional e internacional de cada Estado establecer las garant&iacute;as para que los particulares puedan canalizar sus observaciones e inquietudes derivadas de la implementaci&oacute;n del Tratado, pues en el caso contrario se ver&iacute;an en la necesidad de acudir a la v&iacute;a contenciosa para hacer valer sus derechos.</p>      <p><b>CONCLUSIONES</b></p>      <p>Los tratados de libre comercio son acuerdos comerciales que facilitan el comercio a trav&eacute;s de la liberalizaci&oacute;n de aranceles para fomentar el intercambio econ&oacute;mico entre pa&iacute;ses. Dichos tratados en el plano internacional son considerados como normas jur&iacute;dicas que requieren de su incorporaci&oacute;n en el &aacute;mbito interno para su validez; una vez surtido el tr&aacute;mite interno en cada uno de los Estados partes, los tratados entran en vigor y empiezan a generar una serie de obligaciones para los Estados que de no cumplirse generar&iacute;an responsabilidad internacional del Estado.</p>      <p>En virtud de las obligaciones inherentes a los acuerdos comerciales, los Estados incorporan su propio Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias con el &aacute;nimo de resolver los conflictos por incumplimientos o interpretaciones derivados de la implementaci&oacute;n del Tratado. As&iacute; las cosas, este Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias se encuentra enmarcado en reglas de procedimiento que permiten relacionarse con el acceso a la justicia.</p>      <p>El acceso a la justicia ha tenido distintos debates en torno a su con-textualizaci&oacute;n, por considerarlo como un derecho fundamental, y por otra parte, como un elemento material de procedimiento. Por tanto, al mantener esta dualidad el Estado deber&aacute; como derecho velar por su protecci&oacute;n, y si estamos frente al procedimiento, debe incorporarse en cada etapa procesal.</p>      <p>Espec&iacute;ficamente en Colombia, el derecho del acceso a la justicia se encuentra consagrado en la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica colombiana y ha sido ampliamente desarrollado por la Corte Constitucional, que lo ha con-ceptualizado desde la revisi&oacute;n de sus elementos materiales y formales. Es decir, se ha establecido que el derecho del acceso a la justicia contempla no solo los elementos procesales sino tambi&eacute;n las garant&iacute;as reales de que se acceda efectiva y transparentemente a la administraci&oacute;n de justicia. En este sentido, la Corte le estableci&oacute; la posibilidad de interponer la acci&oacute;n de tutela para hacer valer este derecho.</p>      <p>Seg&uacute;n lo establecido por la Corte Constitucional y el desarrollo del Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias en el TLC, podemos destacar dos elementos importantes que hacen parte del acceso a la justicia y podr&iacute;an verse vulnerados con la implementaci&oacute;n del Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias. En este sentido, encontramos que puede vulnerarse la igualdad material entre todas las personas, si analizamos el acceso de los particulares al sistema frente al tratamiento del inversionista en el TLC, y el debido proceso, lo que trae como consecuencia la violaci&oacute;n de principios esenciales del orden social como la seguridad jur&iacute;dica o la igualdad de oportunidades.</p>      <p>Los microempresarios, como agentes econ&oacute;micos, deben ser protegidos por las consecuencias derivadas de la implementaci&oacute;n del Tratado. Sin embargo, sus condiciones de vulnerabilidad jur&iacute;dica no les permite tener un acceso real al Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias porque, en &uacute;ltimas, las peticiones de este grupo estar&iacute;an enmarcadas en las denominadas "reclamaciones peque&ntilde;as", a las que el Estado colombiano en particular parece restarles importancia, potencializando, de esta manera, la vulneraci&oacute;n del derecho del acceso a la justicia para esta poblaci&oacute;n.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     <P><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>&nbsp;El sector microempresarial representa en Colombia aproximadamente el 80 % del empresa-riado nacional (Cala Hedrich, 2005). V&eacute;ase <a href="#a1">anexo 1</a>.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>&nbsp;"En toda causa criminal, el acusado gozar&aacute; del derecho de ser juzgado r&aacute;pidamente y en p&uacute;blico por un jurado imparcial del distrito y Estado en que se haya cometido el delito, distrito que deber&aacute; haber sido determinado previamente por la ley; as&iacute; como de que se le haga saber la naturaleza y causa de la acusaci&oacute;n, de que se le caree con los testigos que depongan en su contra, de que se obligue a comparecer a los testigos que le favorezcan y de contar con la ayuda de un abogado que le defienda". Lo cual podr&iacute;a entenderse que hace parte de lo que se conoce como debido proceso <i>(due process).</i>    <br> <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>&nbsp;<i>Equal protection clause.</i>    <br> <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>&nbsp;Para mayor informaci&oacute;n sobre el desarrollo y evoluci&oacute;n del principio de no discriminaci&oacute;n y la aplicaci&oacute;n de la igualdad de la ley a todas las personas, v&eacute;ase Mart&iacute;n Vida (2003).    <br> <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>&nbsp;"The due process clause prescribed "the limits of those fundamental principles of liberty and justice which lie at the base of all our civil and political institutions. ... It follows that any legal proceeding enforced by public authority, whether sanctioned by age and custom, or newly devised in the discretion of the legislative power, in furtherance of the general public good, which regards and preserves these principles of liberty and justice, must be held to be due process of law". Concepto que ha sido desarrollado por la Corte a trav&eacute;s de diferentes casos, como the Court. E.g., Twining v. New Jersey, 211 U.S. 78 (1908); Powell v. Alabama, 287 U.S. 45 (1932); Palko v. Connecticut ,302 U.S. 319 (1937); Snyder v. Massachusetts, 291 U.S. 97 (1934). (Cornell University Law School, 1962).    <br> <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>&nbsp;Para mayor informaci&oacute;n v&eacute;ase: Corte Constitucional de Colombia, sentencias T-006 de 1992; C-543 de 1992; C-544 de 1992; C-572 de 1992; T-597 de 1992; C-599 de 1992; T-043 de 1993; T-173 de 1993; T-320 de 1993; T-348 de 1993; T-368 de 1993; T-440 de 1993; C-444 de 1993; T-171 de 1994; T-172 de 1994; T-231 de 1994; T-275 de 1994; T-329 de 1994; C-351 de 1994; C-416 de 1994; T-067 de 1995; C-084 de 1995; C-179 de 1995; T-190 de 1995; C-307 de 1996; T-286 de 1996; SU-091 de 2000; C-393 de 2000; C-893 de 2001; C-1149 de 2001; C-228 de 2003; C-095 de 2003; C-1049 de 2004; C-998 de 2004; T-363 de 2005; C-059 de 2005; C-276 de 2006; C-030 de 2006; C-222 de 2006; T-114 de 2007; C-183 de 2007; T-766 de 2008; T-743 de 2008; C-378 de 2008; C-241 de 2009; C-667 de 2009; T-957 de 2010; T-345 de 2010; C-368 de 2011; T-647 de 2011; C-715 de 2012; C-315 de 2012; C-438 de 2013; T-034 de 2013; C-085 de 2014; C-287 de 2014.    <br> <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>&nbsp;"Son intereses colectivos, como la protecci&oacute;n del aire limpio o la protecci&oacute;n de los consumidores... El inter&eacute;s de cada quien para remediarlo es demasiado peque&ntilde;o para <b>inducirlo a emprender una acci&oacute;n" </b>(Cappelletti &amp; Garth, 1996, p. 86).    <br> <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>&nbsp;Para mayor informaci&oacute;n sobre los obst&aacute;culos a un acceso efectivo v&eacute;ase Cappelletti y Garth (1996).    <br> <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>&nbsp;Corte Constitucional. Sentencia T-493 de 2003, M. P.: Marco Gerardo Monroy Cabra. "En este sentido, es claro que la administraci&oacute;n de justicia es una funci&oacute;n p&uacute;blica estatal de naturaleza esencial, porque aparte de ser una actividad estatal continua e ininterrumpida &#91;...&#91; configura unos de los pilares fundamentales del Estado democr&aacute;tico social de derecho, al garantizar que una persona investida de autoridad p&uacute;blica y con el poder del Estado para hacer cumplir sus decisiones, resuelva, de manera responsable, imparcial, independiente, aut&oacute;noma, &aacute;gil, eficiente y eficaz, los conflictos que surjan entre las personas en general, en virtud de los cuales se discute la titularidad y la manera de ejercer un espec&iacute;fico derecho, consagrado por el ordenamiento jur&iacute;dico vigente".    <br> <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>&nbsp;V&eacute;ase tambi&eacute;n Sentencia C-599 de 1992, en la cual la Corte Constitucional reiter&oacute; que "El acceso a la justicia se integra al n&uacute;cleo esencial del debido proceso, por la circunstancia de que su garant&iacute;a supone necesariamente la vigencia de aqu&eacute;l, si se tiene en cuenta que no es posible asegurar el cumplimiento de las garant&iacute;as sustanciales y de las formas procesales establecidas por el legislador sin que se garantice adecuadamente dicho acceso, el cual consiste no solamente en poner en movimiento el aparato jurisdiccional, a trav&eacute;s de los actos de postulaci&oacute;n requeridos por la ley procesal, sino en que se surtan los tr&aacute;mites propios del respectivo proceso, se dicte sentencia estimatoria o desestimatoria de las pretensiones de la demanda y que &eacute;sta sea efectivamente cumplida" (Sentencia T-268/1996, M. P.: Antonio Barrera Carbonell).    <br> <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>&nbsp;Por otra parte, la jurisprudencia de esta Corte ha sostenido de manera reiterativa (sentencias C-059 de 1993, M. P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero; C-544 de 1993, M. P.: Antonio Barrera Carbonell; T-538 de 1994, M. P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz; C-037/96, M. P.: Vladimiro Naranjo Mesa; T-268/96, M. P.: Antonio Barrera Carbonell; C-215/99, M. P. (E): Martha Victoria S&aacute;chica M&eacute;ndez; C-163/99, M. P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero; SU-091/00, M. P.: &Aacute;lvaro Tafur Galvis; y C-330/00, M. P.: Carlos Gaviria D&iacute;az) que el derecho a acceder a la justicia es un derecho fundamental que, adem&aacute;s, forma parte del n&uacute;cleo esencial del derecho al debido proceso (Corte Constitucional, Sentencia T-268/96, M. P.: Antonio Barrera Carbonell. En este fallo, la Corte sostuvo que el "acceso a la justicia se integra al n&uacute;cleo esencial del debido proceso, por la circunstancia de que su garant&iacute;a supone necesariamente la vigencia de aqu&eacute;l, si se tiene en cuenta que no es posible asegurar el cumplimiento de las garant&iacute;as sustanciales y de las formas procesales establecidas por el legislador sin que se garantice adecuadamente dicho acceso").    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>&nbsp;V&eacute;ase Sentencia C-084 de 1995.    <br> <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup>&nbsp;"4.2 Los art&iacute;culos 10 y 14 de la Declaraci&oacute;n Universal de Derechos Humanos y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Pol&iacute;ticos prev&eacute;n que todas las personas tienen derecho a acceder a la justicia, en condiciones de igualdad y a obtener de tribunales independientes e imparciales pronunciamientos definitivos en la determinaci&oacute;n de sus derechos y obligaciones, sin dilaciones indebidas".    <br> La Convenci&oacute;n Americana sobre Derechos Humanos, a su vez, en su art&iacute;culo 8&deg; prev&eacute; que "toda persona tiene derecho a ser o&iacute;da, con las debidas garant&iacute;as y dentro de un plazo razonable, por un juez o tribunal competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la ley, en la sustanciaci&oacute;n de cualquier acusaci&oacute;n penal formulada contra ella, o para la determinaci&oacute;n de sus derechos y obligaciones de car&aacute;cter civil, laboral, fiscal o de cualquier otro car&aacute;cter". ("La enumeraci&oacute;n contenida en esta cl&aacute;usula ha sido interpretada como una n&oacute;mina de garant&iacute;as m&iacute;nimas no taxativas. De este modo, se ha considerado que existen otras garant&iacute;as reconocidas en el derecho interno de los Estados que, si bien no est&aacute;n incluidas expl&iacute;citamente en el texto de la Convenci&oacute;n, igualmente se encuentran amparadas por el contenido amplio del inciso 1 del art&iacute;culo 8 de la Convenci&oacute;n" (Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos, Informe Anual 1995. Res. 5/96. Caso 10.970 Per&uacute;). Por ello la Convenci&oacute;n Interamericana sobre Ejecuci&oacute;n de Medidas Preventivas, entre otras previsiones, dispone que "las autoridades jurisdiccionales de los Estados Partes ordenar&aacute;n y ejecutar&aacute;n todas las medidas conservatorias o de urgencia que tengan car&aacute;cter territorial y cuya finalidad sea la de garantizar el resultado de un litigio pendiente o eventual". (La Convenci&oacute;n sobre Medidas Cautelares fue adoptada en la Segunda Conferencia Especializada Interamericana sobre Derecho Internacional Privado, reunida en Montevideo el 5 de agosto de 1979. Ley 42 de 1986). Instrumento internacional que comprende "todo procedimiento o medio que tienda a garantizar las resultas o efectos de un proceso actual o futuro, en cuanto a la seguridad de las personas, de los bienes o de las obligaciones de dar, hacer o no hacer una cosa espec&iacute;fica, en procesos de naturaleza civil, comercial, laboral y en procesos penales en cuanto a la reparaci&oacute;n civil".    <br> <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup>&nbsp;Cfr. Sentencia T-577 de 1998. En el mismo sentido las sentencias T-190 de 1995, T-546 de 1995, T-450 de 1998, C-181 de 2002, T-366 de 2005 y T-753 de 2005.    <br> <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>&nbsp;Sentencia C-416 de 1994. En igual sentido las sentencias T-1171 de 2003 y T-084 de 2004.    <br> <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup>&nbsp;Sentencia C-037 de 1996. En igual sentido las sentencias C-100 de 2001 y C-713 de 2008.    <br> <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup>&nbsp;A continuaci&oacute;n se relacionan, a manera de ejemplo, casos sustanciados ante Cortes norteamericanas en los que se analiza la aplicaci&oacute;n y alcance de la cl&aacute;usula del debido proceso en relaci&oacute;n con el acceso a la justicia, y c&oacute;mo esta hace parte de un Estado que basa sus principios en el Derecho. "It is now the settled doctrine of this Court that the Due Process Clause embodies a system of rights based on moral principles so deeply imbedded in the traditions and feelings of our people as to be deemed fundamental to a civilized society as conceived by our whole history. Due Process is that which comports with the deepest notions of what is fair and right and just." (Solesbee v. Balkcom, 339 U.S. 9, 16 (1950) (Justice Frankfurter dissenting). Due process is violated if a practice or rule "offends some principle of justice so rooted in the traditions and conscience of our people as to be ranked as fundamental". Snyder v. Massachusetts, 291    <br> <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup>&nbsp;U.S<u>. </u><u>97,</u>105 (1934).) The content of due process is "a historical product" (Jackman v. Rosenbaum Co., <u>260</u> U.S<u>. </u><u>22,</u> 31 (1922)) that traces all the way back to chapter 39 of Magna Carta, in which King John promised that "&#91;n&#91;o free man shall be taken or imprisoned or disseized or exiled or in any way destroyed, nor will we go upon him nor send upon him, except by the lawful judgment of his peers or by the law of the land." (Text and commentary on this chapter may be found in W. McKechnie, Magna Carta - A Commentary on the Great Charter of King John 375-95 (Glasgow, 2d rev. ed. 1914). The chapter became chapter 29 in the Third Reissue of Henry III in 1225. Id. at 504, and see 139-59. As expanded, it read: "No free man shall be taken or imprisoned or deprived of his freehold or his liberties or free customs, or outlawed or exiled, or in any manner destroyed, nor shall we come upon him or send against him, except by a legal judgment of his peers or by the law of the land." See also J. Holt, Magna Carta 226-29 (Cambridge: 1965). The 1225 reissue also added to chapter 29 the language of chapter 40 of the original text: "To no one will we sell, to no one will we deny or delay right or justice". This 1225 reissue became the standard text thereafter). The phrase "due process of law" first appeared in a statutory rendition of this chapter in 1354. "No man of what state or condition he be, shall be put out of his lands or tenements nor taken, nor disinherited, nor put to death, without he be brought to answer by due process of law".(28 Edw. III, c. 3. See F. Thompson, Magna Carta - Its Role in the Making of the English Constitution, 1300-1629, 86-97 (1948), recounting several statutory reconfirmations. Note that the limitation of "free man" had given way to the all-inclusive delineation). Though Magna Carta was in essence the result of a struggle over interest between the King and his barons, this particular clause over time transcended any such limitation of scope, and throughout the fourteenth century parliamentary interpretation expanded far beyond the intention of any of its drafters. The understanding which the founders of the American constitutional system, and those who wrote the due process clauses, brought to the subject they derived from Coke, who in his Second Institutes expounded the proposition that the term "by law of the land" was equivalent to "due process of law", which he in turn defined as "by due process of the common law," that is, "by the indictment or presentment of good and lawful men . . . or by writ original of the Common Law". () The significance of both terms was procedural, but there was in Coke's writings on chapter 29 a rudimentary concept of substantive restrictions, which did not develop in England because of parliamentary supremacy, but which was to flower in the United States.    <br> The term "law of the land" was early the preferred expression in colonial charters and declarations of rights, which gave way to the term "due process of law," although some state constitutions continued to employ both terms. Whichever phraseology was used, the expression seems generally to have occurred in close association with precise safeguards of accused persons, but, as is true of the Fifth Amendment here under consideration, the provision also suggests some limitations on substance because of its association with the guarantee of just compensation upon the taking of private property for public use" (Cornell University Law School, 1962).    <br> <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup>&nbsp;Ver, entre otras, las sentencias de la Corte Constitucional T-046/93 (M. P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz), C-093/93 (M. P.: Fabio Mor&oacute;n D&iacute;az y Alejandro Mart&iacute;nez Caballero), C-301/93 (M. P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz, C-544/93) (M. P.: Antonio Barrera Carbonell, T-268/96 (M. P.: Antonio Barrera Carbonell), C-742/99 (M. P.: Jos&eacute; Gregorio Hern&aacute;ndez). De la misma manera, <i>En relaci&oacute;n con el derecho de participaci&oacute;n y el derecho de acceso a la justicia, la jurisprudencia de la Corte ha manifestado que son materias de configuraci&oacute;n legal, cuyo dise&ntilde;o y condiciones corresponde establecerlos al Legislador en ejercicio de su cl&aacute;usula general de competencia, para lo cual goza de "de un amplio margen de configuraci&oacute;n tan s&oacute;lo limitado por la razonabilidad y proporcionalidad de las medidas adoptadas, en cuanto &eacute;stas se encuentren acordes con las garant&iacute;as constitucionales de forma que permitan la realizaci&oacute;n material de los derechos sustanciales" (Sentencia C- 426 de 2002, C-428/2002 y C-1043/2000). Con todo, tal potestad legislativa de configuraci&oacute;n no puede consistir en regulaciones excesivas o irrazonables que se conviertan en obst&aacute;culos a la efectividad de los derechos fundamentales de acceso a la justicia y participaci&oacute;n en las decisiones que afectan a las personas.</i>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup>Frente a la garant&iacute;a del derecho al acceso a la justicia tanto para los nacionales colombianos como para los extranjeros, la Corte Constitucional mediante Sentencia C-622 de 2013 (M. P.: Mauricio Gonz&aacute;lez Cuervo) preceptu&oacute; que "La situaci&oacute;n de los extranjeros admite ser comparada con la de los nacionales colombianos, pues conforme a lo dispuesto en el art&iacute;culo 13 de la Carta, prima facie puede predicarse una igualdad entre unos y otros, ya que el precepto superior al disponer que todas <b>las personas tienen derecho a recibir la misma protecci&oacute;n y trato de las autoridades, proh&iacute;be expresamente establecer discriminaciones, entre otros motivos, por razones de origen nacional. </b>Sin embargo, el aludido mandato no significa que el legislador est&eacute; impedido para instituir un determinado trato diferencial entre nacionales y extranjeros, si existen razones constitucionales leg&iacute;timas que as&iacute; lo justifiquen". (La negrilla no es del texto original).    <br> En cuanto al acceso a la justicia como derecho fundamental de las personas jur&iacute;dicas, la Corte Constitucional mediante Sentencia C-360 de 1996 (M. P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz) se&ntilde;al&oacute; que "Esta Corporaci&oacute;n ha sostenido la posibilidad de que, en determinados eventos, las personas jur&iacute;dicas e incluso las personas jur&iacute;dicas de derecho p&uacute;blico, puedan ser titulares de derechos fundamentales. Ciertamente para que ello ocurra, se requiere, en primer t&eacute;rmino, que as&iacute; lo permita la naturaleza del derecho objeto de la vulneraci&oacute;n o amenaza, y, en segundo lugar, que exista una relaci&oacute;n directa entre la persona jur&iacute;dica que alega la vulneraci&oacute;n y una persona o grupo de personas naturales, virtualmente afectado (.).    <br> <b>Las personas jur&iacute;dicas de derecho p&uacute;blico pueden ser titulares de aquellos derechos fundamentales cuya naturaleza as&iacute; lo admita </b>y, por lo tanto, est&aacute;n constitucionalmente habilitadas para ejercitarlos y defenderlos a trav&eacute;s de los recursos que, para tales efectos, ofrece el ordenamiento jur&iacute;dico". (La negrilla no es del texto original).    <br> Asimismo, la Corte Constitucional a trav&eacute;s de la Sentencia T-317 de 2013 (M. P.: Jorge Ignacio Pretelt) conceptu&oacute; que "La jurisprudencia ha hecho distinci&oacute;n respecto de los derechos fundamentales de los cuales puede ser titular una persona jur&iacute;dica, se&ntilde;alando que algunos de ellos se refieren exclusivamente a la persona humana y, por tanto, aquellas no estar&iacute;an legitimadas para recurrir a su amparo. Por ejemplo, el derecho a la vida, a la prohibici&oacute;n de la desaparici&oacute;n forzada, tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes o al derecho a la intimidad familiar. Tampoco son titulares del derecho a la dignidad humana, ni de los derechos a la intimidad personal y a la honra, los cuales "solamente se reconocen al ser humano, pues son atributos propios de &eacute;ste, inherentes a su racionalidad, inalienables, imprescriptibles y connaturales con el reconocimiento de su dignidad". Bajo ese entendido, se ha dicho que una <b>persona jur&iacute;dica tiene derecho a la</b> <b>igualdad, a la inviolabilidad de domicilio, petici&oacute;n, debido proceso, libertad de asociaci&oacute;n, acceso a la administraci&oacute;n de justicia </b>y el derecho al buen nombre, sin que esta enunciaci&oacute;n pretenda ser exhaustiva". (La negrilla no es del texto original).    <br> <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup>&nbsp;"El derecho a acceder a la justicia no cumple su finalidad con la sola consagraci&oacute;n formal de recursos y procedimientos, sino que requiere que &eacute;stos resulten realmente id&oacute;neos y eficaces. As&iacute; lo ha sostenido la Corte Interamericana de Derechos Humanos, al afirmar que:    <br>     <blockquote> "(... ) la inexistencia de un recurso efectivo contra las violaciones a los derechos reconocidos por la Convenci&oacute;n constituye una transgresi&oacute;n de la misma por el Estado Parte en el cual semejante situaci&oacute;n tenga lugar. En ese sentido debe subrayarse que, para que tal recurso exista, no basta con que est&eacute; previsto por la Constituci&oacute;n o la ley o con que sea formalmente admisible, sino que se requiere que sea realmente id&oacute;neo para establecer si se ha incurrido en una violaci&oacute;n a los derechos humanos y proveer lo necesario para remediarla". </blockquote> En este mismo sentido se ha pronunciado la Corte Interamericana de Derechos Humanos al interpretar el art&iacute;culo 25.1 de la Convenci&oacute;n Americana de Derechos Civiles y Pol&iacute;ticos para definir cu&aacute;ndo no existe recurso judicial efectivo:    <br> "... no pueden considerarse efectivos aquellos recursos que, por las condiciones generales del pa&iacute;s o incluso por las circunstancias particulares de un caso dado, resulten ilusorios. Ello puede ocurrir, por ejemplo, cuando su inutilidad haya quedado demostrada por la pr&aacute;ctica, porque el Poder Judicial carezca de la independencia necesaria para decidir con imparcialidad o porque falten los medios para ejecutar sus decisiones; por cualquier otra situaci&oacute;n que configure un cuadro de denegaci&oacute;n de justicia, como sucede cuando se incurre en retardo injustificado en la decisi&oacute;n; o, por cualquier causa, no se permita al presunto lesionado el acceso al recurso judicial".    <br> En conclusi&oacute;n, para la Corte resulta claro que la justicia estatal formal no siempre es efectiva, en especial cuando no se han previsto recursos judiciales id&oacute;neos y suficientes que faciliten la soluci&oacute;n pac&iacute;fica de los conflictos, o cuando la complejidad de los procedimientos o de las condiciones de tiempo, modo y lugar exigidas por el legislador restringen la capacidad de alcanzar el goce efectivo de los derechos cuya protecci&oacute;n se busca al acudir a las instancias judiciales".    <br> <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup>&nbsp;V&eacute;ase Corte Constitucional, sentencias T-43 de 1993; T-239-1994; C-368 de 2011; T-647 de 2011; T-034 de 2013; C-085 de 2014.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup>"4.2.1. La justicia arbitral es onerosa. Por ello, la jurisprudencia de la Corte ha considerado que, frente a la administraci&oacute;n de justicia propiamente estatal, el arbitramento debe tener un car&aacute;cter excepcional, y la "habilitaci&oacute;n de las partes" que exige la Constituci&oacute;n para que proceda, ha sido interpretado en el sentido de que en todos los casos debe ser expresa, manifiesta y libre la voluntad de las partes de acudir a ella. Las disposiciones que restringen o limitan esa libertad, o que hacen obligatorio el mecanismo desatendiendo el principio de voluntariedad, son contrarias a la Constituci&oacute;n, y as&iacute; lo ha declarado la Corte en varias ocasiones.    <br> En la Sentencia SU-174/07 se hizo un detallado recuento de todos los casos en los que la Corte ha declarado inexequibles normas legales que impon&iacute;an la obligaci&oacute;n de acudir a la justicia arbitral sin que ello dependiera de la voluntad de las partes involucradas. As&iacute; lo hizo en casos relativos a las empresas de servicios p&uacute;blicos (C-242/97), a los contratos para cr&eacute;ditos de vivienda con entidades financieras (C-1140/00), y a las relaciones entre los concesionarios de televisi&oacute;n y las empresas de servicios p&uacute;blicos para el uso de infraestructura p&uacute;blica (C-060/01). Tambi&eacute;n fueron declaradas inexequibles normas que atribu&iacute;an funciones propiamente jurisdiccionales a los Centros de Arbitraje dentro de la etapa pre-arbitral, porque la Corte consider&oacute; que tal atribuci&oacute;n de funciones no emanaba directa o t&aacute;citamente de la voluntad de las partes en conflicto (C-1038/02)". Para mayor informaci&oacute;n v&eacute;ase Sentencia C-014/2010 (M. P.: Mauricio Gonz&aacute;lez Cuervo).    <br> <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup>&nbsp;"El derecho a acceder a la justicia es fundamental, pues forma parte del n&uacute;cleo esencial del derecho al debido proceso, como quiera que 'no es posible asegurar el cumplimiento de las garant&iacute;as sustanciales y de las formas procesales establecidas por el Legislador sin que se garantice adecuadamente dicho acceso' (Corte Constitucional, Sentencia T-268 de 1996. M. P.: Antonio Barrera Barbonell). Por consiguiente, los acuerdos entre particulares que restrinjan definitivamente el derecho de acceso a la justicia est&aacute;n proscritos constitucionalmente, ya sea que estos proh&iacute;ban de manera absoluta acudir a la justicia ordinaria o por medio de la imposici&oacute;n de sanciones o cargas desproporcionadas e irrazonables que imposibilitan el acceso a la jurisdicci&oacute;n. Por tal motivo, carece de licitud todo pacto contra la ley, <b>pues los contratantes no pueden comprometerse a la forzada renuncia del derecho fundamental de acceso a la administraci&oacute;n de justicia. Siendo il&iacute;cito su objeto, no son v&aacute;lidas las cl&aacute;usulas contractuales que contrar&iacute;an normas imperativas de la ley y, por supuesto, de la Constituci&oacute;n </b>(Sentencia T-544 de 1995. M. P.: Jos&eacute; Gregorio Hern&aacute;ndez Galindo). (La negrilla no es del texto original).    <br> No obstante, la garant&iacute;a constitucional de acceso a la justicia no significa que todas las disputas entre los particulares deban ser resueltas por los jueces, pues precisamente el art&iacute;culo 116 de la Carta garantiza la existencia de mecanismos alternativos de soluci&oacute;n de conflictos, como la conciliaci&oacute;n o el arbitraje, los cuales pueden ser ampliados por el Legislador. Al respecto, esta Corte ha dicho que es competencia del legislador, de acuerdo con los par&aacute;metros que determine la Carta Pol&iacute;tica, el fijar las formas de composici&oacute;n de los conflictos judiciales, los cuales -no sobra aclararlo- no siempre implican el ejercicio de la administraci&oacute;n de justicia' (Sentencia C-037 de 1996. M. P.: Vladimiro Naranjo Mesa). Un obvio interrogante surge: &iquest;hasta qu&eacute; punto puede la ley obligar a una persona a renunciar a acceder a la administraci&oacute;n de justicia a fin de que resuelva su litigio por un mecanismo alternativo?    <br> >Para responder a ese interrogante, es necesario armonizar, con base en los principios constitucionales, los mandatos contenidos en el art&iacute;culo 116 de la Carta, que prev&eacute; los mecanismos alternativos, y el art&iacute;culo 229, que garantiza a toda persona el derecho a acceder a la administraci&oacute;n de justicia. As&iacute; las cosas, y teniendo en cuenta que Colombia es una democracia participativa (CP art. 1&deg;), bien puede la ley favorecer que sean las propias personas quienes solucionen directamente sus problemas, por ejemplo estableciendo que &eacute;stas deben intentar previamente la conciliaci&oacute;n de sus diferencias antes de acudir ante los jueces. En efecto, si esa instancia consensual permite que las partes enfrentadas acuerden una soluci&oacute;n satisfactoria para su litigio, en nada se ha vulnerado el derecho de acceder a la justicia ya que las personas han accedido a una soluci&oacute;n justa para su controversia. Sin embargo, en la medida en que toda persona tiene derecho a acceder a la administraci&oacute;n de justicia, estos est&iacute;mulos legales al uso de los mecanismos alternativos de soluci&oacute;n de los <b>conflictos no pueden llegar al extremo de bloquear o afectar de manera desproporcionada la posibilidad de una persona de llevar su controversia ante los jueces</b>"(Sentencia C-163 de 1999. M. P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero). (La negrilla no es del texto original).    <br> <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup>&nbsp;Cfr. Sentencia C-642 de 1999. M. P.: Antonio Barrera Carbonell.    <br> <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup>&nbsp;La Corte Constitucional mediante Sentencia T-268 de 1996 (M. P.: Antonio Barrera Carbo-nell) manifest&oacute; que <b>"4.3. </b>El acceso a la justicia se integra al n&uacute;cleo esencial del debido proceso, por la circunstancia de que su garant&iacute;a supone necesariamente la vigencia de aqu&eacute;l, si se tiene en cuenta que no es posible asegurar el cumplimiento de las garant&iacute;as sustanciales y de las formas procesales establecidas por el legislador sin que se garantice adecuadamente dicho acceso, el cual consiste, como lo ha dicho esta Corte, no solamente en poner en movimiento el aparato jurisdiccional, a trav&eacute;s de los actos de postulaci&oacute;n requeridos por la ley procesal, sino en que se surtan los tr&aacute;mites propios del respectivo proceso, se dicte sentencia estimatoria o desestimatoria de las pretensiones de la demanda y que &eacute;sta sea efectivamente cumplida".    <br> <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup>&nbsp;Podr&iacute;a considerarse que cuando el Estado acepta este tipo de preceptos estar&iacute;a en contradicci&oacute;n con lo dispuesto en los art&iacute;culos 4, 9, 113 de la Constituci&oacute;n nacional, en la medida en que estos refuerzan la soberan&iacute;a del Estado y la prelaci&oacute;n de nuestra Constituci&oacute;n sobre cualquier otro tipo de norma sea de naturaleza privada o internacional.    <br> <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup>&nbsp;Excepto en el Sistema de Soluci&oacute;n de Controversias previsto por el TLC USA- CAFTA.    <br> <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup>&nbsp;Art&iacute;culo 1904, numeral 14 del texto final del NAFTA. Ejemplo es el caso North Star Steel Company; TAMSA e Hylsa (en calidad de peticionarios, coadyuvando al Estado de manera directa). En este, los particulares de manera activa participaron ante las autoridades administrativas, as&iacute; como en la conformaci&oacute;n del Panel Arbitral. Tienen la posibilidad de presentar escritos y alegatos orales dentro del proceso, aunque la reclamaci&oacute;n fue registrada en cabeza de los Estados partes (USA-M&eacute;xico).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup>&nbsp;Ejemplo caso de Costa Rica vs. El Salvador (en curso - etapa: Constituci&oacute;n de Panel Arbitral. Los hechos que dan origen a la controversia datan de 2011) por el "Incumplimiento de las obligaciones adquiridas en el tratado internacional 'Inaplicaci&oacute;n del proceso de desgravaci&oacute;n arancelaria a productos exportados mediante el r&eacute;gimen de zona franca, especialmente jugos' ".    <br> Concentrados y llantas. Disponible en: <a href="http://www.centralamericadata.com/es/article/home/Arbitraje_Costa_Rica_El_Salvador_por_llantas_y_jugos" target="_blank">http://www.centralamericadata.com/es/article/home/Arbitraje_Costa_Rica_El_Salvador_por_llantas_y_jugos</a>.    <br> <sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup>&nbsp;<a href="http://www.sice.oas.org/tpcstudies/USCAFTAChl_s/CompStudy22.htm" target="_blank">http://www.sice.oas.org/tpcstudies/USCAFTAChl_s/CompStudy22.htm</a> Gu&iacute;a Comparativa del Tratado de Libre Comercio entre Chile y Estados Unidos y el Tratado de Libre Comercio entre Rep&uacute;blica Dominicana-Centroam&eacute;rica y Estados Unidos. Estudio realizado por el comit&eacute; tripartito (2005).    <br> <sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup>&nbsp;"(a) una medida vigente o en proyecto de otra Parte es o pudiera ser incompatible con las obligaciones de este Acuerdo; (b) otra Parte ha incumplido de alguna manera con las obligaciones de este Acuerdo; y (c) un beneficio que la Parte razonablemente pudiera haber esperado recibir bajo el Cap&iacute;tulo Dos (Trato Nacional y Acceso a Mercados de Bienes), Tres (Textiles y Vestido), Cuatro (Reglas de Origen y Procedimientos de Origen), Nueve (Contrataci&oacute;n P&uacute;blica), Once (Comercio Transfronterizo de Servicios) o Diecis&eacute;is (Propiedad Intelectual), est&eacute; siendo anulado o menoscabado como resultado de una medida de otra Parte que no es incompatible con este Acuerdo. Ninguna de las Partes podr&aacute; invocar este subp&aacute;rrafo con respecto a un beneficio bajo el Cap&iacute;tulo Once (Comercio Transfronterizo de Servicios) o Diecis&eacute;is (Propiedad Intelectual) si la medida es objeto de una excepci&oacute;n bajo el Art&iacute;culo 22.1 (Excepciones Generales).    <br> 2. Para mayor certeza, este Cap&iacute;tulo no es aplicable a disputas entre miembros de la Comunidad Andina con respecto a una violaci&oacute;n a la legislaci&oacute;n de la Comunidad Andina".    <br> <sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup>&nbsp;Siendo uno de los logros obtenidos en las negociaciones del Tratado, en la medida en que se respetan los compromisos internacionales del Estado colombiano frente a los dem&aacute;s Estados miembros de la CAN.    <br> <sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup>&nbsp;Enti&eacute;ndase por "medida" una "ley, reglamento, procedimiento, requerimiento o pr&aacute;ctica" (Rojas Arroyo &amp; LLoreda, 2007).    <br> <sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup>&nbsp;Para mayor informaci&oacute;n v&eacute;ase Insignares Cera (2014), "El sistema de soluci&oacute;n de controversias en el Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos: una mirada a la luz de los Derechos Humanos".    <br> <sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup>&nbsp;A la fecha el Estado colombiano no ha creado las reglas de procedimiento claras, las cuales debieron ser fijadas al momento de la entrada en vigor del tratado.    <br> <sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup>&nbsp;Por tanto, la falta de las reglas modelos genera un vac&iacute;o jur&iacute;dico tanto para las partes como para la sociedad civil general. En este sentido, se deben crear las reglas para establecer los plazos perentorios, requisitos para la presentaci&oacute;n de las solicitudes, Reglamento para los &aacute;rbitros y, en general, los medios de participaci&oacute;n ciudadana en las audiencias p&uacute;blicas o como soporte en el momento de las consultas. En los casos anteriores, como en el NAFTA, las reglas de procedimiento elaboradas por la Comisi&oacute;n comprenden la garant&iacute;a del derecho de audiencia; la confidencialidad de las audiencias, deliberaciones del informe preliminar, escritos y comunicaciones. De esta forma, se tendr&iacute;a una mayor claridad en el proceso que garantice un adecuado acceso a la justicia.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num38"></a><a href="#nu38">38</a></sup>La definici&oacute;n legal de microempresa se encuentra establecida en el art&iacute;culo 2 de la Ley 590 de julio 10 de 2010, modificada por la Ley 905 de 2004, modificada por la Ley 1151 de 2007, modificada por la Ley 1450 de 2011.    <br> <b>"Art. 2. Definiciones. </b>Para todos los efectos, se entiende por micro, peque&ntilde;a y mediana empresa, toda unidad de explotaci&oacute;n econ&oacute;mica, realizada por persona natural o jur&iacute;dica, en actividades empresariales, agropecuarias, industriales, comerciales o de servicios, rural o urbana, que responda a los siguientes par&aacute;metros:    <br> 1.&nbsp;Mediana Empresa:    <br> a)&nbsp;Planta de personal entre cincuenta y uno (51) y doscientos (200) trabajadores;    <br> b)&nbsp;Activos totales por valor entre cinco mil uno (5.001) y quince mil (15.000) salarios m&iacute;nimos mensuales legales vigentes.    <br> 2.&nbsp;Peque&ntilde;a Empresa:    <br> a)&nbsp;Planta de personal entre once (11) y cincuenta (50) trabajadores;    <br> b)&nbsp;Activos totales por valor entre quinientos uno (501) y menos de cinco mil (5.001) salarios m&iacute;nimos mensuales legales vigentes.    <br> 3.&nbsp;Microempresa:    <br> a)&nbsp;Planta de personal no superior a los diez (10) trabajadores;    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> b)&nbsp;Activos totales por valor inferior a quinientos uno (501) salarios m&iacute;nimos mensuales legales vigentes.    <br> <b>Par&aacute;grafo 1&deg;. </b>Para la clasificaci&oacute;n de aquellas micro, peque&ntilde;as y medianas empresas que presenten combinaciones de par&aacute;metros de planta de personal y activos totales diferentes a los indicados, el factor determinante para dicho efecto, ser&aacute; el de activos totales.    <br> <b>Par&aacute;grafo 2&deg;. </b>Los est&iacute;mulos beneficios, planes y programas consagrados en la presente ley, se aplicar&aacute;n igualmente a los artesanos colombianos, y favorecer&aacute;n el cumplimiento de los preceptos del plan nacional de igualdad de oportunidades para la mujer". (Bancoldex, 2013).    <br> <sup><a name="num39"></a><a href="#nu39">39</a></sup>&nbsp;Para mayor informaci&oacute;n sobre grupos vulnerables v&eacute;ase Rodr&iacute;guez Vignoli (2001).    <br> <sup><a name="num40"></a><a href="#nu40">40</a></sup>&nbsp;Sentencias T-239 de 2013. M. P.: Mar&iacute;a Victoria Correa Calle; T-231 de 2014. M. P.: Mar&iacute;a Victoria Calle Correa.    <br> <sup><a name="num41"></a><a href="#nu41">41</a></sup>&nbsp;Sentencias T-637 de 2013. M. P.: Mar&iacute;a Victoria Correa Calle; T-244 de 201. M. P.: Mauricio Mart&iacute;nez Cuervo.    <br> <sup><a name="num42"></a><a href="#nu42">42</a></sup>&nbsp;Sentencia T-386 de 2013. M. P.:. Mar&iacute;a Victoria Calle Correa.    <br> <sup><a name="num43"></a><a href="#nu43">43</a></sup>nbsp;"5.3. Conforme a las providencias citadas, la postura adoptada por la Corte Constitucional, en torno a la poblaci&oacute;n que se encuentra en condiciones de vulnerabilidad, se basa en la protecci&oacute;n de sus derechos ante las actuaciones desplegadas por autoridades del estado, con ocasi&oacute;n del dise&ntilde;o, planeaci&oacute;n, implementaci&oacute;n y desarrollo de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y sus correspondientes mecanismos de focalizaci&oacute;n, que impiden el goce efectivo de tales derechos y por consiguiente incumplen con su deber constitucional de luchar por la erradicaci&oacute;n de la pobreza y la consecuci&oacute;n de la igualdad material".    <br> Para posteriormente precisar:    <br> "6.8. Con base en la jurisprudencia citada, puede afirmarse que los mecanismos de identificaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n en situaci&oacute;n de vulnerabilidad, en algunas ocasiones, no logran identificar las particularidades existentes al interior de tales grupos, ocasionando la invisibilizaci&oacute;n de ciertas situaciones, como por ejemplo el no inscribir a las mujeres, porque en la mayor&iacute;a de los casos no se oye su voz al realizar los censos, sino que quien se interroga es el hombre.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 6.9. Sobre la base de estas consideraciones, pasar&aacute; esta Corporaci&oacute;n a analizar si las medidas y actuaciones de la autoridad demandada en relaci&oacute;n con las determinaciones adoptadas para contrarrestar los efectos negativos con ocasi&oacute;n de la recuperaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico, resultan acordes con la Constituci&oacute;n y con la jurisprudencia constitucional".    <br> <sup><a name="num44"></a><a href="#nu44">44</a></sup>&nbsp;El Decreto 2080 de 2000 art&iacute;culos 3 y 4 definen tanto la inversi&oacute;n extranjera como el car&aacute;cter de inversionista. El Decreto constituye el R&eacute;gimen de las Inversiones Internacionales en Colombia y regula en su integridad el r&eacute;gimen de las inversiones colombianas en el exterior. De la misma manera, el Banco de la Rep&uacute;blica de Colombia "considera inversi&oacute;n extranjera en Colombia la inversi&oacute;n de capital del exterior en el territorio colombiano, incluidas las zonas francas Colombianas, por parte de personas no residentes en Colombia".    <br> <sup><a name="num45"></a><a href="#nu45">45</a></sup>&nbsp;Las inversiones contempladas en el TLC son: (i) una empresa, (ii) acciones, capital y otras formas de participaci&oacute;n en el patrimonio de una empresa, (iii) bonos, obligaciones y otros instrumentos de deudas y pr&eacute;stamos, (iv) futuros, opciones y otros derivados, (v) contratos de llave en mano, de construcci&oacute;n, de gesti&oacute;n, de producci&oacute;n, de concesi&oacute;n, de participaci&oacute;n en los ingresos y otros contratos similares, (vi) derechos de propiedad intelectual, (vii) licencias, autorizaciones, permisos y derechos similares otorgados de conformidad con la legislaci&oacute;n interna, y su &uacute;ltimo literal es de car&aacute;cter residual, estableciendo como &uacute;ltima forma de inversi&oacute;n (viii) otros derechos de propiedad tangible o intangible, mueble o inmuebles y los derechos relacionados con la propiedad, tales como arrendamientos, hipotecas, grav&aacute;menes y garant&iacute;as en prenda.    <br></P>  <hr>      <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <p><b>Textos</b></p>      <!-- ref --><p>Acosta Alvarado, P. A. (2010). Administraci&oacute;n de justicia y acceso a la justicia: el actual plan sectorial de la Rama Judicial en Colombia. <i>Revista de Derecho del Estado, 24, </i>185-205.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0121-8697201500010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Am&eacute;zquita Z&aacute;rate, P. (2007). Efectos del TLC Colombia-EUA en las Pymes colombianas. <i>An&aacute;lisis econ&oacute;mico, XII </i>(50), 57-77.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0121-8697201500010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Ara&uacute;jo O&ntilde;ate, R. (2011). Acceso a la justicia y tutela efectiva. Propuesta para fortalecer la justicia administrativa. Visi&oacute;n de derecho comparado. <i>Revista de Estudios Socio-Jur&iacute;dicos, 13, </i>(1) , 247-291.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0121-8697201500010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Banco Interamericano de Desarrollo &#91;BID&#91;(2003, 8 de enero). <i>El </i><i>BID </i><i>y la micro, peque&ntilde;a y mediana empresa. </i>Disponible en: <a href="http://www.iadb.org/es/noticias/hojas-informativas/2003-01-08/pymes-y-microempresa.2592.html" target="_blank">http://www.iadb.org/es/noticias/hojas-informativas/2003-01-08/pymes-y-microempresa,2592.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0121-8697201500010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bancoldex (2013). <i>Bancoldex. </i>Disponible en: <a href="http://www.bancoldex.com/Sobre-microempresas/Que-es-una-microempresa628.aspx" target="_blank">http://www.bancoldex.com/Sobre-microempresas/Que-es-una-microempresa628.aspx</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0121-8697201500010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Cala Hedrich, &Aacute;. (2005). Situaci&oacute;n y necesidades de la peque&ntilde;a y mediana empresa. Revista <i>Civilizar </i>(Universidad Sergio Arboleda), 9, 1-25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0121-8697201500010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Cappelletti, M. &amp; Garth, B. (1996). <i>El acceso a la justicia: la tendencia en el movimiento mundial para hacer efectivos los derechos. </i>M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0121-8697201500010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos &#91;CDIH&#91; (2007). <i>El acceso a la justicia como garant&iacute;a de los Derechos Econ&oacute;micos, Sociales y Culturales. Estudio de dos est&aacute;ndares fijados por el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0121-8697201500010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>      <!-- ref --><p>Concado Trindade, A. (2003). El derecho de acceso a la justicia internacional y las condiciones para su realizaci&oacute;n en el sistema interamericano de protecci&oacute;n de los derechos humanos. <i>Revista IDH, 37, </i>53-83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0121-8697201500010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Cornell University Law School (1962). <i>Legal Information Institute. </i>Disponible en: <a href="http://www.law.cornell.edu/anncon/html/amdt5toc_user.html" target="_blank">http://www.law.cornell.edu/anncon/html/amdt5toc_user.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0121-8697201500010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Grey, R. (2004). Acceso a los tribunales e igualdad de justicia para todos. <i>Temas de la democracia, 9 </i>(2), 7-14.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0121-8697201500010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Linares Arciniega, C. &amp; Segura Morales, J. (2009). El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Medio Ambiente. <i>Universitas, 10, </i>97-110.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0121-8697201500010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Mart&iacute;n Vida, M. (2003). Evoluci&oacute;n del principio de igualdad en Estados Unidos. Nacimiento y desarrollo de las medidas de acci&oacute;n afirmativa en derecho estadounidense. <i>Revista Espa&ntilde;ola de Derecho Constitucional, </i>68,151-195.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0121-8697201500010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Moreno Ortiz, L. J. (2000). <i>Acceso a la Justicia. </i>Bogot&aacute;, D. C.: Ediciones Academia Colombiana de Jurisprudencia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0121-8697201500010000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Organizaci&oacute;n de los Estados Americanos &#91;OEA&#91; (2007). <i>Acceso a la justicia: Llave para la gobernabilidad democr&aacute;tica. Informe final del proyecto "Lineamiento y buenas pr&aacute;cticas para un adecuado acceso a la justicia en las Am&eacute;ricas". </i>Redactor Diego Molina Rey De Castro. Washington, D. C.: OEA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0121-8697201500010000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Organizacion Mundial del Comercio &#91;OMC&#91; (s. f.). <i><a href="http://www.wto.org/" target="_blank">http://www.wto.org/</a>. </i>Disponible en: <a href="http://www.wto.org/spanish/thewto_s/whatis_s/tif_s/fact2_s.htm" target="_blank">http://www.wto.org/spanish/thewto_s/whatis_s/tif_s/fact2_s.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0121-8697201500010000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rodr&iacute;guez Vignoli, J. (2001). <i>Vulnerabilidad y grupos vulnerables: un marco de referencia conceptual mirando a los j&oacute;venes. </i>Santiago de Chile: Cepal, Naciones Unidas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000231&pid=S0121-8697201500010000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Tunal, G. (2003). El problema de clasificaci&oacute;n de la microempresa. <i>Actualidad contable </i><i>FACES, </i><i>6 </i>(7), 78-91.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000233&pid=S0121-8697201500010000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Uribe Arzate, E. &amp; Gonz&aacute;lez Ch&aacute;vez, M. (2007). La protecci&oacute;n jur&iacute;dica de las personas vulnerables. <i>Revista de Derecho de la Universidad del Norte </i>(Barranquilla, Colombia), <i>27, </i>205-229.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000235&pid=S0121-8697201500010000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Zapata Bello, G. (2001). Acceso a la justicia. En D. Valad&eacute;s &amp; R. Gutierr&eacute;z Rivas, <i>Justicia: Memoria del IV Congreso Nacional de Derecho Constitucional </i>(pp. 383-395). M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000237&pid=S0121-8697201500010000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <p><b>Providencias Corte Constitucional de Colombia</b></p>      <!-- ref --><p>Sentencia C-599 de 1992. M. P.: Fabio Mor&oacute;n D&iacute;az.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000240&pid=S0121-8697201500010000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Sentencia T-046 de 1993. M. P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000242&pid=S0121-8697201500010000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Sentencia C-093 de 1993. M. P.: Fabio Mor&oacute;n D&iacute;az y Alejandro Mart&iacute;nez Caballero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000244&pid=S0121-8697201500010000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Sentencia C-301 de 1993. M. P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000246&pid=S0121-8697201500010000700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia C-544 de 1993. M. P.: Antonio Barrera Carbonell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000248&pid=S0121-8697201500010000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia C-059 de 1993. M. P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000250&pid=S0121-8697201500010000700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia T-538 de 1994. M. P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000252&pid=S0121-8697201500010000700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia C-416 de 1994. M. P.:Antonio Barrera Carbonell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000254&pid=S0121-8697201500010000700028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia C-084 de 1995. M. P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000256&pid=S0121-8697201500010000700029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia T-544 de 1995. M. P.: Jos&eacute; Gregorio Hern&aacute;ndez Galindo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000258&pid=S0121-8697201500010000700030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia C-037 de 1996. M. P.: Vladimiro Naranjo Mesa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000260&pid=S0121-8697201500010000700031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia T-268 de 1996. M. P.: Antonio Barrera Carbonell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000262&pid=S0121-8697201500010000700032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia C-360 de 1996. M. P.: Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000264&pid=S0121-8697201500010000700033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia T-577 de 1998. M. P.: Alfredo Beltr&aacute;n Sierra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000266&pid=S0121-8697201500010000700034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia C-163 de 1999. M. P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000268&pid=S0121-8697201500010000700035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia C-642 de 1999. M. P.: Antonio Barrera Carbonell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000270&pid=S0121-8697201500010000700036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia C-215 de 1999. M. P.: (E): Martha Victoria S&aacute;chica M&eacute;ndez.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000272&pid=S0121-8697201500010000700037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia C-163 de 1999. M. P.: Alejandro Mart&iacute;nez Caballero.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000274&pid=S0121-8697201500010000700038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia C-742 de 1999. M. P.: Jos&eacute; Gregorio Hern&aacute;ndez.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000276&pid=S0121-8697201500010000700039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia SU-091 de 2000. M. P.: &Aacute;lvaro Tafur Galvis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000278&pid=S0121-8697201500010000700040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia C-330 de 2000. M. P.: Carlos Gaviria D&iacute;az.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000280&pid=S0121-8697201500010000700041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia T-493 de 2003 M. P.: Marco Gerardo Monroy Cabra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000282&pid=S0121-8697201500010000700042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia T-025 de 2007. M. P.: Mar&iacute;a Victoria Calle Correa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000284&pid=S0121-8697201500010000700043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia C-014 de 2010 M. P.: Mauricio Gonz&aacute;lez Cuervo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000286&pid=S0121-8697201500010000700044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia T-386 de 2013. M. P.: Mar&iacute;a Victoria Calle Correa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000288&pid=S0121-8697201500010000700045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia C-622 de 2013. M. P.: Mauricio Gonz&aacute;lez Cuervo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000290&pid=S0121-8697201500010000700046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia T-317 de 2013. M. P.: Jorge Ignacio Pretelt.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000292&pid=S0121-8697201500010000700047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencias T-637 de 2013. M. P.: Mar&iacute;a Victoria Correa Calle.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000294&pid=S0121-8697201500010000700048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia T-239 de 2013. M. P.: Mar&iacute;a Victoria Correa Calle.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000296&pid=S0121-8697201500010000700049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia T-231 de 2014. M. P.: Mar&iacute;a Victoria Calle Correa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000298&pid=S0121-8697201500010000700050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sentencia T-244 de 2014. M. P.: Mauricio Mart&iacute;nez Cuervo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000300&pid=S0121-8697201500010000700051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <p><b>Estados Unidos de Norteam&eacute;rica</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Twining v. New Jersey, 211 U.S. 78 (1908).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000303&pid=S0121-8697201500010000700052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Jackman v. Rosenbaum Co., 260 U.S. 22, 31 (1922).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000305&pid=S0121-8697201500010000700053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Powell v. Alabama, 287 U.S. 45 (1932).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000307&pid=S0121-8697201500010000700054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Snyder v. Massachusetts, 291 U.S. 97 (1934).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000309&pid=S0121-8697201500010000700055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Palko v. Connecticut,302 U.S. 319 (1937).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000311&pid=S0121-8697201500010000700056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Solesbee v. Balkcom, 339 U.S. 9, 16 (1950).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000313&pid=S0121-8697201500010000700057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <p align="center"><a name="a1"></a><img src="img/revistas/dere/n43/n43a07a1.jpg"></p>      <p align="center"><a href="img/revistas/dere/n43/n43a07aa1.jpg" target="_blank">Anexo 1</a></p>  </font>      ]]></body><back>
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