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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El control ciudadano de los representantes y la rendición de cuentas]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The purpose of this paper is to analyze and discuss the importance of the political dimension of vertical accountability. To do this, the author explains how the principle of independence of the representatives has generated an excessive distance between them and the citizens. The author also discusses how the quality of representation limits the performance of representatives. To monitor the quality of the performance of representatives, citizens must have different mechanisms of accountability. The paper aims to show that vertical mechanisms of accountability are necessary for citizens to judge directly the performance of the representatives.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p><a href="http://dx.doi.org/10.14482/dere.43.6149" target="_blank">http://dx.doi.org/10.14482/dere.43.6149</a></p>      <p align="center"><font size="4"><b>El control ciudadano de los representantes </b>y <b>la rendici&oacute;n de cuentas</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>The citizen control of the politicians and accountability</b></font></p>      <p><b>Rodrigo Edmundo Gal&aacute;n Mart&iacute;nez*</b>    <br> Universidad Veracruzana (M&eacute;xico)</p>      <p>* Licenciado en Derecho y doctor en Derecho P&uacute;blico por la Universidad Veracruzana. Actualmente secretario de Estudio y Cuenta Regional del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federaci&oacute;n. Veracruz, (M&eacute;xico) <a href="mailto:rodrigo_edmundo@hotmail.com"><i>rodrigo_edmundo@hotmail.com</i></a><i>.</i></p>      <p><i><b>Fecha de recepci&oacute;n: </b></i>24 de febrero de 2014    <br> <i><b>Fecha de aceptaci&oacute;n: </b></i>12 de mayo de 2014</p>  <hr>      <p><b>Resumen</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>La finalidad de este trabajo es analizar y discutir la importancia de la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica de la rendici&oacute;n de cuentas vertical. Para ello, primero se expone que el principio de independencia de la representaci&oacute;n ha generado una excesiva distancia los representantes y los ciudadanos. Tambi&eacute;n se analiza que el ejercicio de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica tiene como l&iacute;mite la calidad de la representaci&oacute;n. Para vigilar dicha calidad los ciudadanos deben contar con diversos mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas. Este trabajo pretende mostrar que para que los ciudadanos sean tomados en cuenta por los pol&iacute;ticos y juzguen la calidad de su desempe&ntilde;o se requiere el fortalecimiento de los mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas verticales.</i></p>     <p><b>Palabras clave: </b>representaci&oacute;n pol&iacute;tica, principio de independencia, rendici&oacute;n de cuentas, responsabilidad, calidad de la representaci&oacute;n.</p>  <hr>      <p><b>Abstract</b></p>     <p><i>The purpose of this paper is to analyze and discuss the importance of the political dimension of vertical accountability. To do this, the author explains how the principle of independence of the representatives has generated an excessive distance between them and the citizens. The author also discusses how the quality of representation limits the performance of representatives. To monitor the quality of the performance of representatives, citizens must have different mechanisms of accountability. The paper aims to show that vertical mechanisms of accountability are necessary for citizens to judge directly the performance of the representatives.</i></p>     <p><b>Keywords: </b>political representation, principle of independence, accountability, responsibility, quality of representation.</p>  <hr>      <p><b>1. INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>      <p>La democracia a&uacute;n es concebida por un sector exclusivamente como un mecanismo o procedimiento para elegir a un grupo de personas que toman decisiones a nombre de los ciudadanos (Bobbio, 2006, p. 35; Sartori, 2005, p. 33; Laporta, 2005, pp. 37-38). Esta concepci&oacute;n de la democracia ha sido catalogada como <i>democracia procedimental </i>porque se reduce a un proceso para integrar una mayor&iacute;a que define al grupo gobernante (De Sousa Santos &amp; Avritzer, 2004, pp. 39-41).</p>      <p>Esta versi&oacute;n de la democracia distingue principalmente a dos grupos de personas: los que toman decisiones a nombre de toda la sociedad y los ciudadanos que est&aacute;n destinados a obedecerles. Generalmente se relacionan &uacute;nicamente en los procesos electorales, al momento en que los ciudadanos eligen a los representantes mediante su voto. Pero en el lapso en que los representantes cumplen con su encargo no existe una relaci&oacute;n vinculante.</p>      <p>Hist&oacute;rica y te&oacute;ricamente la independencia de los representantes respecto a los electores ha sido justificada por diversas razones, como el beneficio de la generalidad, la necesidad de libertad de actuaci&oacute;n de los representantes y la complejidad de los asuntos para los ciudadanos que no se dedican a la pol&iacute;tica.</p>      <p>Sin embargo, uno de los temas que se aborda aqu&iacute; es que la separaci&oacute;n entre representantes y ciudadanos ha crecido tanto que estos son tomados en cuenta, casi &uacute;nicamente, cuando se vuelven a realizar los procesos electorales para elegir nuevamente a los representantes. Este es un problema que seg&uacute;n O'Donell (2009, pp. 13-14) y Peruzzotti (2010a, pp. 49-50) es caracter&iacute;stico de las democracias delegativas, ya que adem&aacute;s las elecciones otorgan a los representantes el poder para gobernar de la forma que les plazca, sin que exista la posibilidad de exigirles cuentas.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo, en este trabajo se plantea que uno principales l&iacute;mites al ejercicio de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica es la b&uacute;squeda del beneficio de la colectividad de gobernados; de ah&iacute; la necesidad de que existan mecanismos efectivos que permitan a los ciudadanos exigir a los representantes una representaci&oacute;n de calidad. Es decir, una representaci&oacute;n que al menos no privilegie intereses particulares o de c&uacute;pulas partidistas sobre el inter&eacute;s general, as&iacute; como la posibilidad de que los ciudadanos manifiesten su conformidad o desacuerdo con las decisiones tomadas.</p>      <p>En ese contexto se plantea la necesidad de contar con una estructura s&oacute;lida de rendici&oacute;n de cuentas que permita a los ciudadanos ejercer el control sobre los representantes, conformada por los mecanismos horizontales, verticales y sociales.</p>      <p>Este trabajo pretende analizar c&oacute;mo, a pesar de que la rendici&oacute;n de cuentas vertical &mdash;especialmente la reelecci&oacute;n&mdash; ha sido criticada por su falta de efectividad para exigir cuentas, es necesaria para conformar un sistema completo de rendici&oacute;n de cuentas, porque mediante ella se permite que sean los ciudadanos quienes directamente juzguen el desempe&ntilde;o de los representantes (dimensi&oacute;n pol&iacute;tica), de modo que estos fijen en mayor medida su atenci&oacute;n en los electores, no solo en procesos electorales.</p>      <p><b>2. LA REPRESENTACI&Oacute;N POL&Iacute;TICA Y LA INDEPENDENCIA DE LOS REPRESENTANTES</b></p>      <p>La concepci&oacute;n de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica, en el contexto de la democracia representativa, radica en que las decisiones de los asuntos del Estado -o al menos la mayor&iacute;a de ellas- son tomadas e implementadas por representantes electos (Rubio Llorente, 1995, p. 17; Bobbio, 2006, p. 35; Sartori, 2005, p. 33; Laporta 2005, pp. 37-38). Los representantes deciden lo que los ciudadanos deben hacer y dejar de hacer, y los coaccionan para que acaten esas decisiones. Antes de que puedan tomar esas decisiones son elegidos mediante el consentimiento de los ciudadanos a trav&eacute;s del voto (Loewenstein, 1976, pp. 326-327).</p>      <p>Bajo esta visi&oacute;n, un rasgo caracter&iacute;stico de la democracia representativa consiste en que los electores no participan -m&aacute;s all&aacute; del voto- en la toma de decisiones de las cuestiones p&uacute;blicas. Incluso Schumpeter (1952, pp. 358-359) reduce a&uacute;n m&aacute;s el &aacute;mbito de participaci&oacute;n de los ciudadanos el definir al m&eacute;todo democr&aacute;tico como un sistema institucional para tomar decisiones pol&iacute;ticas en el que el poder de decidir surge de una competencia por el voto del pueblo.</p>      <p>Esas posturas han sido calificadas como <i>procedimentalistas </i>porque a pesar de sus diferencias coinciden en que la democracia es un mecanismo para nombrar a quienes tomar&aacute;n las decisiones (De Sousa Santos &amp; Avritzer, 2004, pp. 39-41). Debe destacarse que coinciden en la existencia de un grupo de personas que toman las decisiones p&uacute;blicas en una sociedad y la participaci&oacute;n de la mayor&iacute;a de los ciudadanos en cuestiones p&uacute;blicas se reduce a votar para elegir a quienes toman las decisiones.</p>      <p>As&iacute;, en tal caracterizaci&oacute;n de la democracia hay dos grupos de individuos: los que deciden y los que generalmente obedecen. Los que obedecen no tienen injerencia en los asuntos p&uacute;blicos porque su participaci&oacute;n se reduce al voto en cada proceso electoral. Los que deciden, despu&eacute;s de ser electos adquieren independencia del electorado. De hecho, los sistemas representativos proh&iacute;ben expresamente pr&aacute;cticas que privar&iacute;an a los representantes de su independencia (Manin, 1998, p. 201).</p>      <p><b>3. LA PROHIBICI&Oacute;N DE MANDATO IMPERATIVO</b></p>      <p>Uno de los argumentos que concretaron a la representaci&oacute;n pol&iacute;tica actual fue la prohibici&oacute;n de los mandatos imperativos como una forma de distinguir a la representaci&oacute;n que se origina a partir del voto de todos los ciudadanos, de la representaci&oacute;n que se daba en las asambleas estamentales de la Edad Media.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Durante ese periodo hist&oacute;rico exist&iacute;an organismos de representaci&oacute;n estamental, como cortes y parlamentos, en los que el rey se reun&iacute;a con los burgueses, el alto clero y la nobleza (Gabriel, 2009, pp. 38-39). Quienes representaban a esas clases sociales estaban obligados a representar sus intereses (Weber, 2012, pp. 235-241). Es decir, el representante era un ejecutor de las instrucciones de los representados. La representaci&oacute;n pol&iacute;tica se caracterizaba por el hecho de que los representantes carec&iacute;an de iniciativa y autonom&iacute;a, y se convert&iacute;an en una especie de embajador o vocero (Vidal, 1989, p. 166; Aguilera Portales, 2009, p. 16).</p>      <p>Las objeciones a esa forma de concebir la representaci&oacute;n pol&iacute;tica fueron principalmente dos. La primera, porque la representaci&oacute;n pol&iacute;tica no puede explicarse por medio del derecho privado, ya que los representantes son elegidos por votantes que pertenecen a distintas clases sociales y no por vinculaci&oacute;n a un mandato particular de una clase espec&iacute;fica. La segunda objeci&oacute;n se sustenta en que el mandato del representante tiene como finalidad la consecuci&oacute;n de la voluntad pol&iacute;tica y no la de una mera labor determinada o delegada (Ram&iacute;rez Cleves, 2000, pp. 159-160). A diferencia del mandato en el derecho privado, en la representaci&oacute;n electiva los representantes tienen cargas y responsabilidades pero no son delegatarios del electorado sino independientes. Sartori (2005, pp. 27-28) ha se&ntilde;alado que los representantes no pueden asumir su funci&oacute;n legislativa y decisoria en tanto no dejen de ser delegados, porque cuando m&aacute;s se someten a las exigencias de los electores, m&aacute;s se ve afectada su labor, ya que imperar&iacute;an intereses localistas sobre los intereses generales.</p>      <p>La desvinculaci&oacute;n del mandato imperativo coincidi&oacute; con la adopci&oacute;n de la idea de que la representaci&oacute;n pol&iacute;tica se hace respecto a la naci&oacute;n y no respecto a un grupo particular, como ocurr&iacute;a en las asambleas estamentales. Por ejemplo, en Inglaterra desde el siglo XVIII se gener&oacute; la idea de que los integrantes del Parlamento eran representantes de la naci&oacute;n en su conjunto y no de circunscripciones particulares; por ello no se autoriz&oacute; que los votantes dieran instrucciones a sus representantes (Manin, 1998, p. 202). En la Declaraci&oacute;n de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1798 se dispuso que "El origen de toda soberan&iacute;a reside esencialmente en la naci&oacute;n" y que "ning&uacute;n &oacute;rgano, ni individuo puede ejercer autoridad que no emane de ella" (art&iacute;culo 3). De ello se puede advertir que si el origen de la autoridad de los representantes era la naci&oacute;n, a esta le deb&iacute;an la representaci&oacute;n. La naci&oacute;n, a su vez, era concebida como una entidad abstracta, indivisa, carente de individuos, considerados de forma particular (Sauqillo, 2005, pp. 70-71).</p>      <p>Con la representaci&oacute;n nacional se expresaba la necesidad de que quien fuera electo representante deb&iacute;a abstraerse de sus intereses reales y obrar por el bien com&uacute;n. El hecho de que esta concepci&oacute;n originara la representaci&oacute;n de un ente abstracto -la naci&oacute;n- desvanec&iacute;a la relaci&oacute;n que se originaba por el voto de los ciudadanos hacia el representante electo, y as&iacute; la representaci&oacute;n reca&iacute;a sobre la voluntad general y no sobre los electores (Ayuso, 1995, pp. 95-97; Bobbio, 2007, pp. 30-31, 56). Por ello, los parlamentarios no pueden defender intereses particulares, ni est&aacute;n vinculados por compromisos o indicaciones que podr&iacute;an haber adoptado previos o posteriores a su elecci&oacute;n (Van der Hulst, 2000, p. 9; Costa, 2005, p. 28).</p>      <p>Una raz&oacute;n m&aacute;s para justificar la independencia de los representantes del electorado es permitir que tengan libertad de maniobra, debido al dinamismo de la actividad pol&iacute;tica y de las decisiones que finalmente deben tomar los representantes. La pol&iacute;tica, como una cuesti&oacute;n de car&aacute;cter din&aacute;mica, no podr&iacute;a ser abordada de la mejor manera por quienes no pueden razonar, discutir, ni tomar decisiones libremente, pues esto incluso podr&iacute;a conllevar a una par&aacute;lisis en la toma de decisiones. Esa justificaci&oacute;n tiene su origen en la noci&oacute;n de libre discusi&oacute;n p&uacute;blica en el seno del Parlamento, cuya esencia, desde la conformaci&oacute;n del Estado liberal, es la autonom&iacute;a de los representantes para ejercer sus funciones en ese &oacute;rgano (Figueruelo Burrieza, 1992, p. 103; Burke, 1984, pp. 309-311; Hamilton, Madison &amp; Jay, 2012, p. 39)<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> .</p>      <p>Conforme a ello, los representantes pueden escuchar las opiniones de los electores, pero no son vinculantes, porque los representantes deben discernir lo que m&aacute;s beneficie a la generalidad sin ataduras. De esta forma se convierten en relevantes los mecanismos que permiten a los representantes alejarse de aquellas cuestiones que propicien el inter&eacute;s particular y que, por el contrario, permitan pensar en el bien de los gobernados (Fern&aacute;ndez Sarasola, 2006, pp. 272-275).</p>      <p>Hasta aqu&iacute; se ha puesto de manifiesto que la principal justificaci&oacute;n de independencia de los representantes respecto de los electores es crear las condiciones necesarias para que se tomen decisiones en beneficio de la generalidad, y que esa distancia entre electos y elegidos es uno de los sustentos de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica actual.</p>      <p>No se puede soslayar que existen te&oacute;ricos que adem&aacute;s de esas razones han sostenido la conveniencia de mantener la separaci&oacute;n entre representantes y ciudadanos con base en que estos &uacute;ltimos no son aptos para atender los asuntos p&uacute;blicos debido a su complejidad (Schumpeter, 1952, p. 257; Sartori, 2005, p. 33; Bobbio, 2007, pp. 41-42).</p>      <p><b>4. DE LA INDEPENDENCIA DE LOS REPRESENTANTES A LA DEMOCRACIA DELEGATIVA</b></p>      <p>Independientemente de la justificaci&oacute;n te&oacute;rica de la independencia de los representantes, se ha generado un distanciamiento respecto de los ciudadanos, sobre todo cuando no existen mecanismos para que estos hagan saber a los representantes sus necesidades.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Guillermo O'Donell (2009, pp. 13-14) identific&oacute; un subtipo de democracia que denomin&oacute; <i>delegativa, </i>la cual tiene como una de sus caracter&iacute;sticas esenciales que los representantes electos gobiernan de la forma en la que les plazca. Esto es, uno de los rasgos de esta "variante" de la democracia excluye a los ciudadanos de las decisiones p&uacute;blicas. Las decisiones de los pol&iacute;ticos ni siquiera tienen que guardar relaci&oacute;n con lo que prometieron en las campa&ntilde;as electorales para ser electos, ni mucho menos existe responsabilidad de los representantes. Sobre el tema Peruzzotti (2010a, pp. 49-50) ha sostenido que los rasgos distintivos de la democracia delegativa son: considerar a las elecciones como &uacute;nico punto de contacto relevante entre representantes y representados; al mandato representativo como una delegaci&oacute;n ciega del poder a los representantes; y la desvinculaci&oacute;n del concepto de democracia de la rendici&oacute;n de cuentas.</p>      <p>Es decir, en esta clase de democracia hay lapsos en que los ciudadanos dejan de ser relevantes o incluso inexistentes, o en el mejor de los casos mutan a espectadores de las decisiones de los pol&iacute;ticos. Entonces, los dos rasgos esenciales de este tipo de democracias son la ausencia de incentivos para que los pol&iacute;ticos tomen en cuenta a los ciudadanos al momento de tomar las decisiones y el hecho de que por esas decisiones no puedan ser responsabilizados, mucho menos por los ciudadanos.</p>      <p>A continuaci&oacute;n se presentar&aacute;n escenarios en los que los representantes, lejos de limitar su actuaci&oacute;n al beneficio de la generalidad de ciudadanos, pueden actuar a favor de intereses particulares.</p>      <p><b>4.1 Incumplimiento de promesas y gobierno a discreci&oacute;n</b></p>      <p>Antes de que los representantes obtengan un cargo generalmente es necesario que sigan un proceso electoral en el que te&oacute;ricamente deben ofrecer al electorado distintas propuestas para que este decida por qui&eacute;n votar. Los partidos y candidatos formulan propuestas y explican c&oacute;mo es que esas pol&iacute;ticas afectar&iacute;an el bienestar de los ciudadanos; estos deciden cu&aacute;les de esas propuestas quieren que sean implementa-das y a qu&eacute; pol&iacute;ticos encargar esa implementaci&oacute;n (Luna, 2007, p. 394).</p>      <p>Bajo este esquema, las campa&ntilde;as electorales son una forma de controlar la gesti&oacute;n de los representantes. Los ciudadanos utilizan expectativas racionales al tratar de seleccionar al mejor candidato y consideran que el futuro forma parte del prop&oacute;sito de las elecciones (Maravall, 2006, p. 39). Posteriormente, las promesas de campa&ntilde;a pueden servir para vincular a los representantes, porque en una nueva elecci&oacute;n los electores pueden juzgar los resultados de las promesas cumplidas o su incumplimiento.</p>      <p>Ahora bien, los representantes, al ser independientes de sus electores, no est&aacute;n obligados a implementar las pol&iacute;ticas preferidas de los votantes (Przeworski, 1997, p. 15; Manin, 1998, pp. 290-291).</p>      <p>Se han identificado al menos tres maneras en que los representantes tendr&aacute;n inter&eacute;s en cumplir con las promesas que hicieron para poder ser electos: 1) cuando los intereses de los electores coinciden con los de los pol&iacute;ticos; 2) cuando los pol&iacute;ticos est&aacute;n motivados para ser reelectos y parten de la idea de que si ponen en pr&aacute;ctica lo prometido en las campa&ntilde;as les facilitar&aacute; el camino para lograr ese fin; y 3) cuando los pol&iacute;ticos se preocupan por la credibilidad de sus promesas futuras (Manin, Przeworski &amp; Stokes, 2002, pp. 21-22). Pero su cumplimiento queda a su entera decisi&oacute;n, porque una vez que los representantes son electos pueden determinar libremente no atender a sus promesas de campa&ntilde;a sin justificaci&oacute;n, m&aacute;xime si en los sistemas representativos no se permite la reelecci&oacute;n.</p>      <p>De esta forma, los electores quedan a expensas de los representantes, pues seguir o no las propuestas est&aacute; bajo su entera discreci&oacute;n, por lo que pueden incluso tomar una postura distinta y contraria a la que defendieron durante la campa&ntilde;a electoral.</p>      <p>Incluso ese tema ha sido objeto de pronunciamiento de distintos tribunales. Por ejemplo, en M&eacute;xico, la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n, al resolver la acci&oacute;n de inconstitucionalidad 33/2009, determin&oacute; la inconstitucionalidad de la facultad del Instituto Estatal Electoral de Coahuila de verificar los compromisos de campa&ntilde;a de los partidos pol&iacute;ticos porque no se especificaba el momento en que se pod&iacute;a ejercer la atribuci&oacute;n ni era clara esa atribuci&oacute;n. En Espa&ntilde;a fue sometida a la Sala Superior del Tribunal Supremo una demanda por incumplimiento de promesas de campa&ntilde;a por parte del Partido Socialista Obrero Espa&ntilde;ol relativa al soterramiento de las v&iacute;as de un tren en la ruta Madrid-Valencia. El tribunal se&ntilde;al&oacute; que las promesas electorales no est&aacute;n sujetas al derecho civil o administrativo, por lo que el control jurisdiccional de los m&aacute;rgenes de libertad que exige la acci&oacute;n pol&iacute;tica supondr&iacute;a una grave politizaci&oacute;n de la justicia y ser&iacute;a adem&aacute;s la invasi&oacute;n de un poder a otro que vulnerar&iacute;a el principio de la separaci&oacute;n de poderes<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pese a que el incumplimiento de las promesas de campa&ntilde;a se justifica por la independencia de los representantes, se trata de una de las principales causas de la crisis de legitimidad de las democracias representativas por la falta de veracidad en las propuestas que los candidatos presentan en las campa&ntilde;as, y la falta de cumplimiento de sus compromisos, ya que ha provocado descontento y apat&iacute;a en la ciudadan&iacute;a (Chac&oacute;n Rojas, 2008, pp. 14-15).</p>      <p>Si bien las campa&ntilde;as electorales recurren a m&eacute;todos de publicidad comercial en el dise&ntilde;o de la propaganda pol&iacute;tica, no deben basarse en contenido enga&ntilde;oso, porque de lo contrario se afecta la aspiraci&oacute;n democr&aacute;tica de tomar decisiones colectivas a partir de informaci&oacute;n veraz (Ba&ntilde;os &amp; Carriedo, 2010, p. 142). Las campa&ntilde;as electorales pueden ser utilizadas como discursos para manejar o manipular a las masas (Hern&aacute;ndez &amp; Hurtado, 2010, p. 9).</p>      <p>Al respecto, Bobbio (2007, pp. 143-144) se ha referido a la existencia de un mercado pol&iacute;tico, en el que los electores se han convertido en clientes y una vez m&aacute;s la naturaleza p&uacute;blica de la representaci&oacute;n se ha inclinado hacia el inter&eacute;s privado. Esto es, considerar que las promesas de campa&ntilde;a no tienen m&aacute;s que la finalidad de convencer al electorado validar&iacute;a este tipo de propaganda electoral como m&eacute;todos de manipulaci&oacute;n a los electores, mas no como informaci&oacute;n &uacute;til para que el elector vote racionalmente, lo cual finalmente repercute en un viciamiento del voto y del principio de la mayor&iacute;a, pues la obtenci&oacute;n de un triunfo electoral se sustentar&iacute;a en informaci&oacute;n falsa o in&uacute;til, contribuyendo, de esta forma, a la deslegitimaci&oacute;n del proceso democr&aacute;tico.</p>      <p>No debe confundirse el sentido de esta cr&iacute;tica, pues no tiene como finalidad exigir el cumplimiento indefectible de las promesas de campa&ntilde;a, ya que es l&oacute;gico que la realidad pol&iacute;tica requiera que los representantes cambien los planes y las estrategias que idearon en un principio y las adapten a las necesidades que surjan. El sentido de estas observaciones es crear mecanismos para que las promesas de campa&ntilde;a no se conviertan en instrumentos de manipulaci&oacute;n para obtener el voto. Una alternativa es que los electores puedan solicitar explicaciones a los representantes sobre el cumplimiento de las promesas, de modo que los pol&iacute;ticos expliquen cu&aacute;les han sido cumplidas y las razones de por qu&eacute; otras no se cumplir&aacute;n.</p>      <p><b>4.2 Dependencia hacia los partidos pol&iacute;ticos</b></p>      <p>En la actualidad existe una pol&eacute;mica sobre el retorno del mandato imperativo por la dependencia de los representantes hacia los partidos pol&iacute;ticos. Hoy en d&iacute;a los legisladores se ven obligados a seguir las &oacute;rdenes de los partidos pol&iacute;ticos o de sus dirigentes, y en lugar de funcionar como recolectores de las demandas sociales han generado una mayor separaci&oacute;n entre electores y representantes (Manin, 1998, p. 258; Maravall, 2006; Santiago Ju&aacute;rez, 2010, pp. 229-230).</p>      <p>Uno de los factores que explica la dependencia hacia los partidos pol&iacute;ticos es la preocupaci&oacute;n de los representantes por su futuro pol&iacute;tico, por lo cual se ven obligados a obedecer a los l&iacute;deres de los partidos Valencia Escamilla, 2005, p. 38; Bejar Algazi, 2009, pp. 71-73), de lo contrario pueden ser sancionados por el partido, impidiendo su postulaci&oacute;n o acceso a otros cargos cuando termine el que ejercen.</p>      <p>El problema se genera en la medida que los partidos pol&iacute;ticos representan los intereses de organizaciones procedentes de la esfera privada que irrumpen en el sector p&uacute;blico (Manin, Przeworski &amp; Stokes, 2002, pp. 26-27) y los parlamentarios se convierten en una pieza t&eacute;cnico-organizativa articuladora del partido ante la cual debe doblegarse en caso de conflicto (Ram&iacute;rez Cleves, 2000, pp. 159-160). Actualmente en la creaci&oacute;n de las leyes participan numerosos sujetos particulares, por lo cual la ley es cada vez m&aacute;s transacci&oacute;n o compromiso; tanto m&aacute;s cuando la negociaci&oacute;n se extiende a fuerzas numerosas y con intereses heterog&eacute;neos, cada uno cuando cree haber alcanzado fuerza suficiente para orientar a su propio favor los t&eacute;rminos del acuerdo busca la aprobaci&oacute;n de nuevas leyes que sancionen la nueva relaci&oacute;n de fuerzas; se produce as&iacute; la cada vez m&aacute;s marcada <i>contractualizaci&oacute;n </i>de los contenidos de la ley (Men&eacute;ndez, 2000, p. 78).</p>      <p>Como se ve, uno de los problemas que se ha tratado es que los representantes no representen a la generalidad ni al conjunto de los votantes sino a los intereses de los partidos pol&iacute;ticos vistos como &eacute;lites (Schumpeter, 1952, p. 363; Mosca, 2006, pp. 106-110), cuyos intereses est&aacute;n alejados de las necesidades de los representados. El problema de la dependencia hacia los partidos pol&iacute;ticos puede poner en entredicho a la representaci&oacute;n pol&iacute;tica, debido a que el electorado &uacute;nicamente servir&iacute;a para legitimar el poder, sin que sea necesario que las decisiones respondan a las necesidades de la generalidad.</p>      <p>Con base en ello debe considerarse que existe una vuelta al mandato imperativo al no existir una verdadera libertad para que los representantes deliberen y tomen decisiones. En el estado actual de las circunstancias, la teor&iacute;a del mandato representativo supondr&iacute;a la ficci&oacute;n de que los representantes intermedian entre el Estado y el ciudadano para defender sus intereses (Abell&aacute;n, 1992, pp. 18-19), porque en realidad el verdadero control sobre los representantes lo ejercen los partidos pol&iacute;ticos a trav&eacute;s de una f&eacute;rrea disciplina hacia los representantes por medio de los grupos parlamentarios (Balaguer Callej&oacute;n, 2001, pp. 4244; Larios Paterna, 2001, pp. 101-102; Figueruelo Burrieza, 2003, pp.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>193-236).</p>      <p>Los grupos parlamentarios constituyen los centros de la actividad pol&iacute;tica de los partidos en el Parlamento; en &eacute;l se desenvuelven acciones pol&iacute;ticas relevantes, como la cr&iacute;tica por parte de la oposici&oacute;n, la defensa del Gobierno, la creaci&oacute;n de leyes; por ello la dependencia de los representantes sobre los grupos parlamentarios es pr&aacute;cticamente total. Sin la asociaci&oacute;n a un grupo, la participaci&oacute;n de los representantes es casi nula, pues hay dificultades para que estos participen en &oacute;rganos del Parlamento como las comisiones. De esta forma, el grupo parlamentario somete a los parlamentarios verticalmente, contrariando los principios de la representaci&oacute;n (Mart&iacute;nez Sospedra, 2001, pp. 173-187).</p>      <p>En ese sentido es importante comprender que los grupos parlamentarios cuentan con la posici&oacute;n central de las c&aacute;maras legislativas, ya que tienen el control sobre los productos presupuestarios y la asignaci&oacute;n y comportamiento de las comisiones.</p>      <p>El hecho de que los representados se encuentren sujetos a las instrucciones de los l&iacute;deres partidistas no se trata de un problema menor, porque se ponen en entredicho los principios de la representaci&oacute;n al evidenciar que el original centro de atenci&oacute;n de los representantes, es decir, los ciudadanos, ha sido sustituido por las c&uacute;pulas partidistas, lo cual genera que en ocasiones no se tomen las decisiones por el bien de la generalidad.</p>      <p><b>5. L&Iacute;MITES A LA REPRESENTACI&Oacute;N POL&Iacute;TICA</b></p>      <p>No hay que olvidar que la representaci&oacute;n pol&iacute;tica surge del consentimiento de los ciudadanos al emitir el voto y que las decisiones de los representantes vinculan a los ciudadanos porque deben cumplirlas. Ese v&iacute;nculo entre voto y representaci&oacute;n pol&iacute;tica explica que los gobiernos sean considerados como representativos solo si act&uacute;an en beneficio, al menos, de la mayor&iacute;a de ciudadanos (Przeworski, 1997, pp. 11-12). Por eso, el ejercicio de la ciudadan&iacute;a no debe ser limitado a recibir &oacute;rdenes y consecuencias de las decisiones de los representantes, sino que se requieren mecanismos que permitan vigilar y hacer que estos tomen en cuenta las necesidades de la generalidad.</p>      <p>En este aspecto la representaci&oacute;n pol&iacute;tica coincide con la finalidad del Estado: el bien de los gobernados. Dicho bien debe quedar constituido por los intereses de sus habitantes, es decir, por lo intereses generales, pues debe incluir las necesidades de la sociedad en todos los planos. As&iacute;, el Estado debe establecer las condiciones econ&oacute;micas, sociales, culturales y pol&iacute;ticas indispensables para que sus habitantes puedan alcanzar su desarrollo (Ferrajoli, 2008, p. 342).</p>      <p>Conforme a ello, si la finalidad del Estado es buscar el bien p&uacute;blico, por tanto, tambi&eacute;n debe ser el objetivo primordial de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica. De hecho, es importante recordar que una de las bases justificativas m&aacute;s importantes de la representaci&oacute;n consiste en que los representantes deben buscar lo mejor para la generalidad, es decir, su finalidad es el bienestar de la sociedad.</p>      <p>Es evidente que las actividades que lleven a cabo los representantes deben hacerse de la mejor forma, pues solo as&iacute; se cumplir&iacute;a cabalmente con una de las finalidades primordiales de la representaci&oacute;n y del propio Estado, esto es, el bienestar de la generalidad.</p>      <p>La calidad de la representaci&oacute;n se puede verificar al valorar si la actuaci&oacute;n de los representantes es en beneficio de los intereses de los ciudadanos (Cheibub &amp; Przeworski, 1999, pp. 224-225). Por tanto, una representaci&oacute;n de buena calidad es aquella que de acuerdo con el juicio de los ciudadanos tenga por finalidad su bien.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Co otras palabras, el Estado debe cumplir con sus finalidades de manera responsable, controlada, es decir, con eficacia frente a los ciudadanos y a la comunidad, por lo cual los representantes deben ocuparse de tomar decisiones oportunas y necesarias desde la perspectiva de los ciudadanos, y deben acatar las leyes, es decir, debe haber un manejo honrado de la cosa p&uacute;blica (Dermizaky, 2000, pp. 149-150).</p>      <p>As&iacute;, uno de los principales l&iacute;mites al ejercicio de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica es que se realice en beneficio de los gobernados; de ah&iacute; la necesidad de que existan mecanismos efectivos que permitan a los ciudadanos exigir a los representantes una buena representaci&oacute;n (calidad); entendida esta como aquella que al menos no privilegie intereses particulares o de c&uacute;pulas partidistas sobre el inter&eacute;s general y permita la posibilidad de que los ciudadanos manifiesten su conformidad o desacuerdo con las decisiones tomadas.</p>      <p><b>6. DIMENSIONES DE LA BUENA REPRESENTACI&Oacute;N Y RENDICI&Oacute;N DE CUENTAS</b></p>      <p>La calidad de la representaci&oacute;n tiene dos dimensiones. La primera tiene que ver con el cumplimiento de las obligaciones y funciones que tiene encomendada constitucional y legalmente cada &oacute;rgano. La otra se refiere a una cuesti&oacute;n m&aacute;s amplia que el cumplimiento de las atribuciones legales: al derecho que tienen los ciudadanos de juzgar como correctas o incorrectas las decisiones que tomen los representantes de acuerdo con sus necesidades.</p>      <p>Esas dos dimensiones denotan dos tipos de responsabilidades. Una responsabilidad legal, cuando se trate de asegurar que las acciones de los funcionarios p&uacute;blicos deben mantenerse dentro del marco constitucional y legal. La otra se denomina responsabilidad pol&iacute;tica, conforme a la cual les corresponde a los ciudadanos juzgar el desempe&ntilde;o de los representantes, de forma que se enfoca en la confianza de los ciudadanos sobre los elegidos, y funciona cuando existe la posibilidad de verificar las fallas de los pol&iacute;ticos y sancionarlos (Garc&iacute;a Morillo, 1998, pp. 87-88; Pe&ntilde;a, 1998, p. 128; Herdegen, 2007, pp. 16-17; Peruzzotti, 2010b, p. 248; Barcel&oacute; Rojas, 2010, p. 28).</p>      <p>Por ejemplo, en el caso del Poder Legislativo, puede ocurrir que los legisladores cumplan con los requisitos legales para aprobar una ley, pero desde la perspectiva de los ciudadanos esa ley puede ser innecesaria, inoportuna o no id&oacute;nea para resolver los requerimientos sociales.</p>      <p>De esto se advierte que la calidad de la representaci&oacute;n implica la existencia de titulares capaces de exigir un buen desempe&ntilde;o de los representantes, por lo que se les coloca en un estado de obligaci&oacute;n de responder sobre sus acciones u omisiones. La trascendencia de esto radica que los ciudadanos deben ser el centro de preocupaci&oacute;n de la pol&iacute;tica, pues se trata de la raz&oacute;n de ser del poder p&uacute;blico (Gal&aacute;n Ju&aacute;rez, 2010, pp. 902-910).</p>      <p>Por ello, son importantes los mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas, porque tienen la finalidad de supervisar el funcionamiento y comportamiento de los representantes, de forma que se pueden denunciar los casos de transgresi&oacute;n a la ley, de corrupci&oacute;n, o lograr que quienes designen a un funcionario juzguen su gesti&oacute;n. Es decir, los mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas buscan que los representantes act&uacute;en responsablemente y teniendo en cuenta los intereses de los representados (Pe-ruzzotti, 2010b, pp. 246-247).</p>     <p>Las diversas formas de rendir cuentas son necesarias para construir un verdadero control y exigir la responsabilidad de los representantes, pues protegen el derecho a una buena representaci&oacute;n. Dichas formas son: la horizontal y la vertical (electoral y social).</p>      <p>Por medio de la rendici&oacute;n de cuentas horizontal se ejerce el control de los actos il&iacute;citos de los representantes al imponerse sanciones de tipo legal a trav&eacute;s de entes del propio Estado, de modo que se busca que los representantes cumplan con los l&iacute;mites legales y constitucionales, con el fin de evitar que se antepongan intereses privados a los p&uacute;blicos. Esto se logra a trav&eacute;s de balances de los poderes y sus atribuciones (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y con las agencias asignadas, como fiscal&iacute;as, auditor&iacute;as, <i>ombudsman, </i>las cuales no forman parte de los poderes pero tienen facultades permanentes de control (O' Donell, 2002, pp. 322-323).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La rendici&oacute;n de cuentas vertical (electoral) contempla la posibilidad de controlar y responsabilizar pol&iacute;ticamente a los elegidos, pues a trav&eacute;s de ella es posible premiar o castigar a los representantes mediante la reelecci&oacute;n; los pol&iacute;ticos que no tengan un buen desempe&ntilde;o son castigados cuando no se les renueva la confianza mediante el voto. Su finalidad principal es hacer responsables a los servidores p&uacute;blicos ante la ciudadan&iacute;a, de forma que exista una responsabilidad real de las personas elegidas para gobernar o legislar, y los ciudadanos tengan la posibilidad de remplazar a los representantes que se encuentren en los cargos de representaci&oacute;n cuando los hayan desempe&ntilde;ado de manera insatisfactoria (Emmerich, 2004, p. 68). Dentro de los mecanismos verticales se ubica la rendici&oacute;n de cuentas social, en la cual se llevan a cabo diversas acciones e iniciativas de organismos sociales para demandar que se responsabilice a los representantes, principalmente de manera legal, aunque tambi&eacute;n sirve de complemento a la pol&iacute;tica (Peruzzotti, 2010b, pp. 248-256).</p>      <p>La rendici&oacute;n de cuentas horizontal se inclina sobre la responsabilidad jur&iacute;dica de los servidores p&uacute;blicos, mientras que la rendici&oacute;n de cuentas vertical, en su vertiente electoral, busca responsabilizar pol&iacute;ticamente a los funcionarios, y en su caso, sancionarlos con su remoci&oacute;n del cargo por medio de las elecciones, de ah&iacute; la importancia de la rendici&oacute;n de cuentas electoral. La rendici&oacute;n de cuentas social complementa a ambas.</p>      <p>Las vertientes de la rendici&oacute;n de cuentas tienen la finalidad de mejorar la calidad de la representaci&oacute;n, por lo cual puede decirse que forman parte de un complejo engranaje que sirve para mejorar esa calidad de forma integral, al permitir que se responsabilice y sancione a los infractores de orden constitucional o a los representantes que no atiendan las necesidades imperantes de la sociedad (Ugalde, 2002, pp. 30-31).</p>      <p><b>7. LA PROTECCI&Oacute;N DE LA DIMENSI&Oacute;N POL&Iacute;TICA A TRAV&Eacute;S DE LA RENDICI&Oacute;N DE CUENTAS VERTICAL</b></p>      <p>Una de las finalidades principales de la rendici&oacute;n de cuentas vertical consiste en que los representantes sean responsables ante los ciudadanos. Dejar de lado este tipo de rendici&oacute;n de cuentas anular&iacute;a la posibilidad de que los representantes y gobernantes sean pol&iacute;ticamente responsables ante la ciudadan&iacute;a y no habr&iacute;a manera de que los ciudadanos decidan cu&aacute;l es una buena o mala gesti&oacute;n de los representantes. Tambi&eacute;n restar&iacute;a la posibilidad de que a trav&eacute;s de estos mecanismos se tomen en cuenta las necesidades y preferencias de los ciudadanos y que estos juzguen el desempe&ntilde;o de los representantes (Fiorina, 1986, p. 56). Precisamente la dimensi&oacute;n vertical de la rendici&oacute;n de cuentas resulta un mecanismo que se complementa, y que busca impedir que los representantes tengan el control total sobre los asuntos p&uacute;blicos sin que los ciudadanos tengan ninguna posibilidad de incidir en las decisiones.</p>      <p>La rendici&oacute;n de cuentas vertical en su vertiente electoral se efect&uacute;a a trav&eacute;s de la reelecci&oacute;n, pues permite castigar a los malos representantes o, en su caso, renovarles la confianza, por lo que las elecciones son indispensables para seleccionar a quienes puedan desempe&ntilde;ar una funci&oacute;n de mejor manera. Por su parte, la rendici&oacute;n de cuentas social se realiza a trav&eacute;s de la propia sociedad, organizaciones no gubernamentales, medios de comunicaci&oacute;n, etc. (que integran principalmente la rendici&oacute;n de cuentas social) , que pueden colaborar al denunciar y se&ntilde;alar problemas en el desempe&ntilde;o, con lo cual logran captar la atenci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica, instalar problemas en la agendas y generar cambios en la apreciaci&oacute;n social, lo cual repercute en determinados comportamientos, lo cual puede derivar en sanciones como la derrota electoral o la renuncia al cargo (Peruzzotti, 2010b, pp. 254-257).</p>      <p>Se ha criticado a la rendici&oacute;n de cuentas electoral como la &uacute;nica forma de lograr la responsabilidad pol&iacute;tica de los representantes principalmente por los siguientes factores: 1. La falta de comunicaci&oacute;n entre representantes y representados; 2. La falta de sanci&oacute;n inmediata, debido a la periodicidad de las elecciones, por lo que solo se podr&iacute;a sancionar de tiempo en tiempo, y 3. Las elecciones &uacute;nicamente permiten una rendici&oacute;n de cuentas despu&eacute;s de que se llevan a cabo los actos de los representantes, pero sobre todo hasta el momento en que hay elecciones (Manin, Przeworski &amp; Stokes, 2002, pp. 37, 44-45; O'Donell, 2004, pp. 24-25; Maravall, 2006, pp. 11, 13, 17; Ackerman, 200, pp. 16 y 17).</p>      <p>Esto ciertamente evidencia algunos problemas de la rendici&oacute;n de cuentas electoral. Sin embargo, lejos de que estas cr&iacute;ticas muestren la irre-levancia del mecanismo, conllevan al fortalecimiento de la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica de la rendici&oacute;n de cuentas vertical (Fox, 2006, p. 60), porque est&aacute; orientada a permitir que sean los ciudadanos quienes expresen su conformidad o inconformidad con las decisiones y desempe&ntilde;o de los representantes (Behn, 2003, p. 585) bajo la base de que estos cuentan con esa calidad debido a la confianza (mediante el voto) que les otorgan los ciudadanos. De ah&iacute; que sea importante complementar esos mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas para que la sociedad mantenga controlados a los representantes de manera continua e informada (O'Donell, 2002, p. 331). Al respecto, Munck (2011, pp. 27-29) se&ntilde;ala que es importante expandir la concepci&oacute;n minimalista de la democracia, de manera que se refuerce el incentivo para que los pol&iacute;ticos tomen en cuenta las preferencias de los ciudadanos; esto bajo la base de que los representantes deben de responder a ellos.</p>      <p>Por su parte, la rendici&oacute;n de cuentas vertical social, a fin de constituirse en un mecanismo de control de los representantes, requiere de instrumentos de intermediaci&oacute;n entre la sociedad y los &oacute;rganos representativos, y mediante denuncias evidencia el desempe&ntilde;o de los representantes. Para que dichos mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas cumplan con sus finalidades, es decir, para que los ciudadanos puedan juzgar la calidad de los representantes, ya sea mediante el voto u otro tipo de sanci&oacute;n pol&iacute;tica, o bien para que la sociedad exponga las malas decisiones, son indispensables elementos que garanticen su existencia, es decir, para que se constituyen formas reales para que los representantes rindan cuentas, como son: informaci&oacute;n, justificaci&oacute;n y sanci&oacute;n (Ackerman, 2006, p. 12). Esto se explica porque los mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas necesariamente deben contar con la capacidad o el derecho a exigir respuestas (informaci&oacute;n y explicaciones) y de sancionar (Fox, 2008, p. 176), lo cual tiene su fundamento en que la sociedad pueda vigilar a cualquier &oacute;rgano representativo siempre. As&iacute;, los ciudadanos pueden pedir a los representantes que expliquen las decisiones que han tomado, porque de esta forma se pueden evaluar si estas reflejan las prioridades de desarrollo, bienestar y si est&aacute;n orientadas a mejorar la calidad de vida (Manjarrez Rivera, 2003, p. 135). Es decir, es una forma en que los ciudadanos pueden responsabilizar a los servidores p&uacute;blicos de sus acciones, y en su caso, sean sancionados.</p>      <p>Cuando los ciudadanos tienen el derecho a exigir informaci&oacute;n y explicaciones de las decisiones que se tomen, y los representantes la obligaci&oacute;n de proporcionarlas, se genera una posibilidad real de mantenerlos vigilados y controlados, pues se puede verificar su desempe&ntilde;o, que act&uacute;en correctamente en beneficio de la generalidad. La posibilidad de pedir explicaciones y justificaciones a los representantes tambi&eacute;n es importante porque genera un constante di&aacute;logo entre estos y los ciudadanos. A su vez, se genera la posibilidad de que la rendici&oacute;n de cuentas no &uacute;nicamente se haga con posterioridad a procesos terminados <i>(ex-post), </i>pues con ello se puede hacer un control <i>ex-ante </i>(en relaci&oacute;n con planes de acci&oacute;n), as&iacute; como una rendici&oacute;n de cuentas simult&aacute;nea al realizarse sobre acciones que se encuentran en curso (Ackerman, 2008, pp. 16-17).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, debe reiterarse que para el correcto funcionamiento de la rendici&oacute;n de cuentas vertical es necesaria la posibilidad de que los servidores p&uacute;blicos sean sancionados, pues de otra manera se disminuyen los incentivos para que los representantes respondan a ese tipo de medidas, porque al no ser objeto de castigo pueden actuar de forma irresponsable.</p>      <p>Esto se explica por varias razones. Primero, las decisiones que toman los representantes vincula a los ciudadanos porque tienen el derecho a juzgar esas decisiones, y en caso de que consideren que no son id&oacute;neas, sancionarlos, pues como lo indica O'Donell (2009, p. 14), en las democracias representativas los representantes son considerados como responsables de sus acciones por aquellos que afirman representar. Segundo, mediante la rendici&oacute;n de cuentas social se pueden hacer se&ntilde;alamientos sobre decisiones incorrectas o manifestar propuestas, sin embargo, esta forma no cuenta con mecanismos institucionales que obliguen a los representantes a tomar en cuenta esas manifestaciones; por ello, los ciudadanos deben tener la posibilidad de sancionar a aquellos representantes que a su juicio tomen decisiones perjudiciales, no id&oacute;neas, innecesarias, etc. Tercero, la sanci&oacute;n cumple la funci&oacute;n de crear incentivos para que los representantes tomen en cuenta las prioridades de la sociedad, por si deciden no escuchar lo que la sociedad manifieste.</p>      <p>La posibilidad de ser responsabilizados y, por ende, sancionados, debe entenderse de la manera m&aacute;s amplia posible, pues no se refiere a las sanciones penales o administrativas, sino a una sanci&oacute;n democr&aacute;tica por parte de los ciudadanos (Garc&iacute;a Morillo, 1998, pp. 87-88; Lozano Villegas, 2009, p. 231; Garza Santos, 2008, p. 158), pues estas incluyen las que se originen de las evaluaciones que hagan los ciudadanos de la informaci&oacute;n y justificaciones proporcionadas, lo cual puede producir reacciones de los mismos ciudadanos mediante las cuales expresen su aprobaci&oacute;n o reprobaci&oacute;n (Ayuso &amp; Cascante, 2009, p. 34), y en &uacute;ltima instancia deriven en las urnas cuando se juzga el desempe&ntilde;o de los representantes (L&oacute;pez Ayll&oacute;n &amp; Arellano Gault, 2008, p.13).</p>      <p>Solo bajo estas bases pueden funcionar todos los mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas, porque la posibilidad de obtener la informaci&oacute;n necesaria y justificaciones son fundamentales para el ejercicio de ese derecho, pues esto permite conocer el estado de las cosas, de forma que se pueda transformar el desempe&ntilde;o de las instituciones, pues se genera un di&aacute;logo y explicaciones constantes con los representantes. Asimismo, es necesario que existan consecuencias para eventuales transgresiones, porque sino las cuentas que se rinden no son realmente actos de rendici&oacute;n de cuentas (Fox, 2008, pp. 196-197). Como se advierte de ello, para que los mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas realmente sean efectivos es necesario que los servidores p&uacute;blicos aporten informaci&oacute;n y justificaciones suficientes sobre su desempe&ntilde;o, as&iacute; como la posibilidad de que sean sancionados, pues de lo contrario la rendici&oacute;n de cuentas corre el riesgo de no tener ninguna influencia en las decisiones de los representantes, ni posibilitar&iacute;a que los ciudadanos exijan una buena representaci&oacute;n<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> .</p>      <p>Bajo estas premisas se advierten los elementos m&iacute;nimos mediante los cuales se puede analizar si los mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas verticales son efectivos para los representantes. Para que pueda afirmarse que los representantes pol&iacute;ticos rinden cuentas y son pol&iacute;ticamente responsables ante los ciudadanos, es necesario que hagan p&uacute;blica la suficiente informaci&oacute;n de sus actividades y el cumplimiento de sus funciones; se expresen justificaciones suficientes para los ciudadanos y en todo caso puedan ser sancionados.</p>      <p>No se puede olvidar que adem&aacute;s de esos elementos, para que la rendici&oacute;n de cuentas sea efectiva requiere de la participaci&oacute;n activa de la sociedad, de los medios de comunicaci&oacute;n, de la existencia de una oposici&oacute;n pol&iacute;tica al gobierno que cumpla realmente con sus funciones y de la autonom&iacute;a del poder judicial; todo con el fin de dar seguimiento a lo que se revele a trav&eacute;s del derecho a la informaci&oacute;n y la transparencia, y que de ello se deriven consecuencias en caso de ser necesario (Ugalde, 2002, p. 42).</p>      <p><b>CONCLUSIONES</b></p>      <p>La calidad de la democracia exige que la participaci&oacute;n de los ciudadanos no se reduzca a la votaci&oacute;n en las elecciones de representantes populares, sino que el ejercicio de su ciudadan&iacute;a debe extenderse a la vigilancia de su ejercicio.</p>      <p>Dicha vigilancia se sustenta en que el voto autoriza a los representantes a tomar decisiones que afectan a los electores, pero para que exista una representaci&oacute;n de calidad es necesario que los gobernantes act&uacute;en cuando menos en beneficio de la mayor&iacute;a de los ciudadanos.</p>      <p>Los mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas tienden a permitir que los ciudadanos vigilen y hagan responsables a los representantes de las decisiones que tomen porque est&aacute;n obligados a someterse a controles para asegurar un manejo responsable de los asuntos p&uacute;blicos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas dirigidos a determinar la responsabilidad de los representantes por parte de los ciudadanos son los verticales. Con ellos existe la posibilidad de que los ciudadanos manifiesten su conformidad o inconformidad con la actuaci&oacute;n de los representantes, lo que puede generar una mayor atenci&oacute;n de los pol&iacute;ticos hacia las necesidades de los gobernados. Aun cuando han sido criticados y actualmente en la doctrina existe una tendencia a destacar la importancia de la rendici&oacute;n de cuentas horizontal (cuyo fin es determinar si los representantes infringieron la ley), a mi parecer, est&aacute; pendiente el desarrollo de mecanismos concretos y eficientes que permitan fortalecer la rendici&oacute;n de cuentas vertical para que los representantes, necesariamente, tomen en cuenta a los ciudadanos durante el desempe&ntilde;o del cargo.</p>      <p>Sostengo que una soluci&oacute;n es complementar a la reelecci&oacute;n, con la protecci&oacute;n adecuada al derecho a la informaci&oacute;n y a la transparencia. De forma que los ciudadanos puedan exigir no solo informaci&oacute;n contenida en los archivos de las oficinas p&uacute;blicas, sino que puedan cuestionar directamente a sus representantes sobre aspectos de su actuaci&oacute;n; por ejemplo, sobre los avances del cumplimiento de las promesas de campa&ntilde;a o las razones de votar la aprobaci&oacute;n de una ley en determinado sentido. Esto permitir&iacute;a un control continuo y, de cierta forma, inmediato respecto del momento en que los representantes tomen una decisi&oacute;n.</p>      <p>La reelecci&oacute;n combinada con esta herramienta al menos permitir&iacute;a conocer a los representantes que existen ciudadanos interesados y conscientes de la actuaci&oacute;n de los representantes, de modo que necesariamente ser&iacute;a un elemento que debieran considerar si desean ser reelectos y cuya magnitud depender&iacute;a del n&uacute;mero de ciudadanos que exigieran explicaciones a los representantes.</p>      <p>A pesar de que los representantes ocupan su cargo debido a la confianza que les otorgan los ciudadanos en las elecciones, si no existe ning&uacute;n v&iacute;nculo entre ellos despu&eacute;s del proceso electoral, se reducen las posibilidades de que los representantes act&uacute;en en beneficio de la sociedad y tomen en cuenta a los ciudadanos durante su gesti&oacute;n.</p>      <p>Entonces, el riesgo consiste en que la calidad de la democracia sea deficiente porque los representantes no contaran con incentivos para tener en cuenta la opini&oacute;n de la ciudadan&iacute;a, ya que existir&aacute; un amplio margen para que desempe&ntilde;en el cargo de la manera que deseen sin poder ser responsabilizados de sus acciones.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     <P><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>&nbsp;Un ejemplo emblem&aacute;tico de la defensa de la libertad de los parlamentarios la encontramos en el <i>Discurso a los electores de Bristol </i>de 1774, en el que Edmundo Burke (1984, pp. 309-311) sostuvo la importancia de haber sido electo por los integrantes de su distrito y las opiniones de los electores, pero se&ntilde;alaba que antes de eso era importante entender que el gobierno y la legislaci&oacute;n son cuestiones de raz&oacute;n y de juicio m&aacute;s que de inclinaci&oacute;n. As&iacute;, consideraba que el mandato imperativo era contrario a todo orden, porque el Parlamento era una asamblea deliberante de toda la naci&oacute;n. En el <i>Federalista </i>(Hamilton, Madison &amp; Jay, 2012, p. 39), escrito entre 1787 y 1788, se se&ntilde;al&oacute; que el gobierno (al hacer referencia al gobierno representativo) afinaba y ampliaba la opini&oacute;n p&uacute;blica pas&aacute;ndola por un tamiz de un grupo escogido de ciudadanos elegidos por el resto, cuya prudencia puede discernir mejor el verdadero inter&eacute;s de su pa&iacute;s.    <br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>&nbsp;Ese criterio fue sostenido en el auto de 3 de octubre de 2005 en el recurso 5/2005.    <br> <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>&nbsp;un cuando se ha criticado a la reelecci&oacute;n como mecanismo para juzgar los actos pasados de los representantes, Maravall y Przeworski (1999, pp. 49-50) han evidenciado que el voto se ve influenciado, entre otras cuestiones, por las evaluaciones del pasado, lo que demuestra que un sector de los ciudadanos est&aacute; consciente de la actuaci&oacute;n de los representantes al momento de otorgarles su voto o apoyar a otro candidato. Esto de ninguna manera quiere decir que la reelecci&oacute;n sea el &uacute;nico mecanismo para que otorgue incentivos que los representantes tomen en cuenta a los electores.    <br></P>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></p>      <!-- ref --><p>Abell&aacute;n, M. (1992). El parlamento como &oacute;rgano de expresi&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica. En J. Carpizo et al., <i>IV Congreso Iberoamericano de Derecho Constitucional </i>(pp. 15-25). M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0121-8697201500010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ackerman, J. (2006). Sociedad civil y rendici&oacute;n de cuentas. En J. Ackerman et al., <i>Elecciones y ciudadan&iacute;a en el Distrito Federal </i>(pp.11-43). M&eacute;xico: Instituto Electoral del Distrito Federal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0121-8697201500010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ackerman, J. (2008). Introducci&oacute;n: M&aacute;s all&aacute; del derecho a la informaci&oacute;n. En J. Ackerman (coord.), <i>M&aacute;s all&aacute; del acceso a la informaci&oacute;n: transparencia, rendici&oacute;n de cuentas y Estado de derecho </i>(pp. 11-30). M&eacute;xico: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0121-8697201500010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Aguilera Portales, R. (2009). Hacia una democracia de m&iacute;nimos, del mandato imperativo al mandato representativo. <i>Derecho en Libertad,, 2, </i>11-38.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0121-8697201500010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ayuso, A. &amp; Cascante, K. (2009). <i>Rendici&oacute;n de cuentas y sociedad civil en el sistema espa&ntilde;ol de cooperaci&oacute;n para el desarrollo. Por una gobernanza democr&aacute;tica comprometida con la efectividad. </i>Madrid: Observatorio de Pol&iacute;tica Exterior Espa&ntilde;ola.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-8697201500010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ayuso, M. (1995). La representaci&oacute;n pol&iacute;tica en la edad contempor&aacute;nea. <i>Anales de la Fundaci&oacute;n Francisco Elias de Tejeda,1, </i>85-109.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-8697201500010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Balaguer Callej&oacute;n, M. (2001). La relaci&oacute;n entre los grupos parlamentarios y los partidos pol&iacute;ticos en el ordenamiento jur&iacute;dico-constitucional espa&ntilde;ol. <i>Anuario de Derecho Parlamentario, 10, </i>39-50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-8697201500010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ba&ntilde;os, M. &amp; Carriedo L. (2010). Distorsiones de la propaganda pol&iacute;tica. <i>Justicia Electoral, 1 </i>(5), 129-147.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-8697201500010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Barcel&oacute; Rojas, D. (2010). La responsabilidad pol&iacute;tica en el sistema presidencial estatal mexicano. Un an&aacute;lisis conceptual. En J. Carpizo &amp; C. Arriaga (coords.), <i>Homenaje al doctor Emilio O. Rabasa </i>(pp. 23-60). M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-8697201500010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Behn, R. (2003). Why measure performance? Different purposes require different measures. <i>Public Administration Review, 63 </i>(5), 586-606.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-8697201500010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>B&eacute;jar Algazi, L. (2009). &Eacute;lites parlamentarias en M&eacute;xico. Los presidentes de comisiones. En L. 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(2006). <i>Liberalismo y democracia. </i>M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-8697201500010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bobbio, N. (2007). <i>El futuro de la democracia </i>(3<sup>a</sup> ed.). M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-8697201500010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Burke, E. (1984). <i>Textos pol&iacute;ticos. </i>Madrid: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-8697201500010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Chac&oacute;n Rojas, O. (2008). <i>Cumplimiento de compromisos electorales y democracia a la luz de la Constituci&oacute;n de Chiapas. </i>M&eacute;xico: Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federaci&oacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0121-8697201500010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Cheibub, J. &amp; Przeworski, A. (1999). Democracy, elections, and accountability for economic outcomes. En A. Przeworski, S. Stokes &amp; B. Manin (coords.), <i>Democracy, accountability, and representation </i>(pp. 222-249). Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-8697201500010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Costa, P. (2005). El problema de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica: una perspectiva hist&oacute;rica. <i>Anuario de la Facultad de Derecho de la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid, 8, </i>15-61.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-8697201500010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Dermizaky, P. (2000). Estado de derecho y buen gobierno. <i>Ius et </i>Praxis, <i>6 </i>(2), 145-151.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-8697201500010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>De Sousa Santos, B. &amp; Avritzer L. (2004). Introducci&oacute;n: Para ampliar el canon democr&aacute;tico. En B. De Sousa Santos (coord.), <i>Democratizar la democracia. Los caminos de la democracia participativa </i>(pp. 35-74). M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-8697201500010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Emmerich, G. (2004). Transparencia, rendici&oacute;n de cuentas, responsabilidad gubernamental y participaci&oacute;n ciudadana. <i>Polis. Investigaci&oacute;n y an&aacute;lisis so-ciopol&iacute;tico y psicosocial, 2 </i>(4), 67-90.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0121-8697201500010001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Fern&aacute;ndez Sarasola, I. (2006). Voluntad general y representaci&oacute;n en el constitucionalismo iusracionalista. <i>Revista de la Facultad de Derecho y Ciencias Pol&iacute;ticas, 36 </i>(105), 255-282.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0121-8697201500010001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ferrajoli, L. (2008). 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M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0121-8697201500010001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Figueruelo Burrieza, A. (2003). El control de la constitucionalidad de los actos parlamentarios. <i>Reforma Judicial, Revista Mexicana de Justicia, 1, </i>193-236.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-8697201500010001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Fiorina, M. (1986). <i>Retrospective voting in America national elections. </i>New Haven: Yale University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-8697201500010001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Fox, J. (2006). Sociedad civil y pol&iacute;ticas de rendici&oacute;n de cuentas. <i>Perfiles Latinoamericanos, 27, </i>33-68.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-8697201500010001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Fox, J. (2008). Transparencia y rendici&oacute;n de cuentas. En J. Ackerman (coord.),<i>M&aacute;s all&aacute; del acceso a la informaci&oacute;n: transparencia, rendici&oacute;n de cuentas y Estado de derecho </i>(pp. 174-198). M&eacute;xico: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-8697201500010001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Gabriel, J. (2009). La formaci&oacute;n del estado moderno. En R. del &Aacute;guila (Ed.), <i>Manual de ciencia pol&iacute;tica </i>(6<sup>a</sup> ed., pp. 35-52). Madrid: Trotta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0121-8697201500010001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Gal&aacute;n Ju&aacute;rez, M. (2010). Formas de estado de derecho y delimitaci&oacute;n del derecho al buen gobierno. <i>Arbor, Ciencia, Pol&iacute;tica y Cultura, 745, </i>901-915. DOI:10.3989/arbor.2010.745n1238&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-8697201500010001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Garc&iacute;a Morillo, J. (1998). Responsabilidad pol&iacute;tica y responsabilidad penal.<i>Revista Espa&ntilde;ola de Derecho Constitucional, 52, </i>81-110.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-8697201500010001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Garza Santos, I. (2008). La reforma constitucional al informe presidencial. <i>Derecho en libertad, 1, </i>153-173.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0121-8697201500010001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Hamilton, A., Madison, J. &amp; Jay, J. (2012). <i>El federalista </i>(2<sup>a</sup> ed.). M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-8697201500010001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Herdegen, M. (2007). Estado de derecho, responsabilidad pol&iacute;tica y buena go-bernabilidad. <i>Revista Estudios Socio-Jur&iacute;dicos, 2, </i>11-26.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-8697201500010001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Hern&aacute;ndez, I. &amp; Hurtado, H. (2010). <i>El populismo. Una aproximaci&oacute;n al problema de las democracias de todos los tiempos. </i>Costa Rica: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-8697201500010001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Laporta, F. (2005). El cansancio de la democracia. En M. Carbonell (comp.), <i>Democracia y representaci&oacute;n </i>(pp. 35-52). M&eacute;xico: Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federaci&oacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0121-8697201500010001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Larios Paterna, M. (2001). R&eacute;gimen jur&iacute;dico de cambio del grupo parlamentario en las c&aacute;maras legislativas del Estado espa&ntilde;ol. <i>Anuario de Derecho Par-lamentario,10, </i>101-117.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-8697201500010001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Loewenstein, K. (1976). <i>Teor&iacute;a de la Constituci&oacute;n. </i>Barcelona: Ariel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0121-8697201500010001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>L&oacute;pez Ayll&oacute;n, S. &amp; Arellano Gault, D. (2008). <i>Estudio en materia de transparencia de otros sujetos obligados por la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Informaci&oacute;n P&uacute;blica Gubernamental. </i>M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico/ Centro de Investigaci&oacute;n y Docencia Econ&oacute;mica / Instituto Federal de Acceso a la Informaci&oacute;n y Protecci&oacute;n de Datos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0121-8697201500010001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Lozano Villegas, G. (2009). Control pol&iacute;tico y responsabilidad pol&iacute;tica en Colombia. <i>Revista Derecho de Estado, 22, </i>231-244.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0121-8697201500010001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Luna, J. (2007). Representaci&oacute;n pol&iacute;tica en Am&eacute;rica Latina: el estado de la cuesti&oacute;n y una propuesta de agenda. <i>Pol&iacute;tica y Gobierno, XIV </i>(2), 391-435.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0121-8697201500010001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Manin, B. (1998). <i>Los principios del gobierno representativo. </i>Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0121-8697201500010001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Manin, B., Przeworski, A. &amp; Stokes, S. (2002). Elecciones y representaci&oacute;n. <i>Zona abierta, 101-102, </i>19-50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0121-8697201500010001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Manjarrez Rivera, J. (2003). <i>La construcci&oacute;n democr&aacute;tica de la rendici&oacute;n de cuentas y la fiscalizaci&oacute;n en la administraci&oacute;n p&uacute;blica de M&eacute;xico: 1997-2001. </i>M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0121-8697201500010001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Maravall, J. (2006). La democracia y la supervivencia de los gobiernos. <i>Revista Espa&ntilde;ola de Ciencia Pol&iacute;tica, 15, </i>9-45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0121-8697201500010001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Maravall, J. &amp; Przeworski, A. (1999). Reacciones pol&iacute;ticas a la econom&iacute;a. <i>Reis: Revista Espa&ntilde;ola de Investigaciones Sociol&oacute;gicas, 87, </i>11-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0121-8697201500010001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Mart&iacute;nez Sospedra, M. (2001), La jaula de hierro: la posici&oacute;n del parlamentario en el grupo. <i>Anuario de Derecho Parlamentario, 10, </i>161-188.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0121-8697201500010001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Men&eacute;ndez, A. (2000. Sobre lo jur&iacute;dico y lo justo. En E. Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a &amp; A. Men&eacute;ndez, <i>El Derecho, la Ley y el Juez. Dos estudios. </i>Madrid: Civitas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0121-8697201500010001000047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Mosca, G. (2006). <i>La clase pol&iacute;tica. </i>M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0121-8697201500010001000048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Munck, G. (2011). Los est&aacute;ndares de la democracia: hacia una formulaci&oacute;n de la cuesti&oacute;n democr&aacute;tica en Am&eacute;rica Latina. <i>Journal of Democracy en Espa&ntilde;ol, 3, </i>22-41.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0121-8697201500010001000049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>O'Donell, G. (2002). Rendici&oacute;n de cuentas horizontal y nuevas poliarqu&iacute;as. En A. Camou (comp.), <i>Los desaf&iacute;os de la gobernabilidad </i>(pp. 311-335). M&eacute;xico: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales/Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico/ Plaza y Vald&eacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0121-8697201500010001000050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>O'Donell, G. (2004). Accountability horizontal: la institutionalizati&oacute;n legal de la desconfianza pol&iacute;tica. <i>Revista Espa&ntilde;ola de Ciencia Pol&iacute;tica, 11, </i>11-31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0121-8697201500010001000051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>O'Donell, G. (2009). Democracia delegativa. <i>Journal of Democracy en Espa&ntilde;ol, </i>1, 7-23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0121-8697201500010001000052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Pe&ntilde;a, J. (1998). Sobre la responsabilidad pol&iacute;tica. <i>Revista Internacional de Filosof&iacute;a Pol&iacute;tica, 11, </i>127-148.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0121-8697201500010001000053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Peruzzotti, E. (2010a). El otro d&eacute;ficit de la democracia delegativa. Retomando el debate acerca de la rendici&oacute;n de cuentas en las democracias contempor&aacute;neas de Am&eacute;rica Latina. <i>Journal of Democracy en Espa&ntilde;ol, 2, </i>47-64.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0121-8697201500010001000054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Peruzzotti, E. (2010b). La pol&iacute;tica de accountability social en Am&eacute;rica Latina. En E. Insunza Vera &amp; A. Olvera (coords.), <i>Democratizaci&oacute;n, rendici&oacute;n de cuentas, y sociedad civil participaci&oacute;n ciudadana y control social. </i>M&eacute;xico: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social/ Porr&uacute;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0121-8697201500010001000055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Przeworski, A. (1997). Una defensa de la concepci&oacute;n minimalista de la democracia. <i>Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a, 59 </i>(3), 3-36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0121-8697201500010001000056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ram&iacute;rez Cleves, G. (2000). Mandato imperativo y mandato representativo. Una perspectiva diversa el caso colombiano. <i>Revista Derecho de Estado, 8,</i>159-168.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0121-8697201500010001000057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rubio Llorente, F. (1995). Parlamento y ley. <i>Anuario Jur&iacute;dico de La Rioja, 1,</i>15-28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0121-8697201500010001000058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Santiago Ju&aacute;rez, R. (2010), Crisis de la legitimidad de las instituciones democr&aacute;ticas. <i>Revista de Derecho, 33, </i>222-246.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0121-8697201500010001000059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Sartori, G. (2005). En defensa de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica. En M. Carbonell (comp.), <i>Democracia y representaci&oacute;n </i>(pp. 21-34). M&eacute;xico: Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federaci&oacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000231&pid=S0121-8697201500010001000060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Sauquillo, J. (2005). Los fundamentos de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica: el origen de la relaci&oacute;n conceptual entre pueblo, &oacute;rgano y ley. <i>Anuario de la Facultad de Derechos de la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid, 8, </i>63-107.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000233&pid=S0121-8697201500010001000061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Schumpeter, J. (1952). <i>Capitalismo, socialismo y democracia. </i>Madrid: Aguilar Ediciones.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000235&pid=S0121-8697201500010001000062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ugalde, L. (2002). <i>Rendici&oacute;n de cuentas y democracia. El caso de M&eacute;xico. </i>M&eacute;xico: Instituto Federal Electoral.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000237&pid=S0121-8697201500010001000063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Valencia Escamilla, L. (2005). <i>La disciplina parlamentaria en M&eacute;xico. </i>M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000239&pid=S0121-8697201500010001000064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Van der Hulst, M. (2000). <i>El mandato parlamentario. Estudio comparativo mundial. </i>Ginebra: Uni&oacute;n Interparlamentaria.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000241&pid=S0121-8697201500010001000065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Vidal, E.(1989). Representaci&oacute;n y democracia: problemas actuales. <i>Doxa. Cuadernos de filosof&iacute;a, 6, </i>165-185.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000243&pid=S0121-8697201500010001000066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Weber, M. (2012). <i>Econom&iacute;a y sociedad </i>(2<sup>a</sup> ed.). M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000245&pid=S0121-8697201500010001000067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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