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<journal-title><![CDATA[Anuario de Historia Regional y de las Fronteras]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Panorama urbano de la exclusión social, poder, clase y género en las calles de la Ciudad de México. Siglo XIX]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[URBAN PROSPECT OF THE SOCIAL EXCLUSION TO BE ABLE, CLASS AND KIND IN THE STREETS OF THE MEXICO CITY. 19TH CENTURY]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper explores class and gender conflicts in Mexico City in the XIX century. These conflicts constitute signs that establish and explain social exclusion. The way in which the streets are experienced by citizens creates new modes of exclusion and set up limits to time and geography. In this paper, urbanism, history and literature are used to show how the XIX century liberalism proposes the possibility of an individual and free appropriation of public spaces. Nevertheless Mexican liberalism, in the terms of its hegemonic project, established the mechanisms of political integration throughout social exclusion.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="Verdana">   <font size="4">       <br>    <p align="right"><b><i>Panorama urbano de la    <br> exclusi&oacute;n social, poder, clase    <br> y g&eacute;nero en las calles de la    <br> Ciudad de M&eacute;xico. Siglo XIX</i></b></p></font> 		     <p align="right"><i><b>Miguel Ordu&ntilde;a Carson</b></i>    <br> Doctor en Historia por Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.    <br> Profesor-investigador de la Universidad Aut&oacute;noma    <br> de la Ciudad de M&eacute;xico. Plantel Cuautepec. M&eacute;xico.</p>   <hr>  <font size="3">     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <p><b><left>Resumen</left></b></p></font>      <p align="justify">El presente art&iacute;culo revisa conflictos de clase y de g&eacute;nero en la definici&oacute;n de los usos cotidianos de las calles de la Ciudad de M&eacute;xico del siglo XIX, conflictos que exponen y explican las diversas formas de la exclusi&oacute;n social. El urbanismo, la historia y la literatura son nortes que animan esta investigaci&oacute;n para mostrar el modo en que el liberalismo decimon&oacute;nico, al proponer la libre apropiaci&oacute;n individual de los espacios, estableci&oacute; nuevos modos de exclusi&oacute;n que delimitaron los tiempos y las geograf&iacute;as, as&iacute; como defin&iacute;an las maneras de habitar la Ciudad de M&eacute;xico. El liberalismo mexicano del siglo XIX, desde su propio proyecto hegem&oacute;nico, construy&oacute; los mecanismos de la moderna integraci&oacute;n pol&iacute;tica desde un severo c&oacute;digo de exclusi&oacute;n social.</p>       <p align="justify"><b>Palabras claves:</b> Ciudad de M&eacute;xico, Proyecto liberal, Siglo XIX</p>  <hr>  <font size="3">      <p align="justify"><b><i>URBAN PROSPECT OF THE SOCIAL EXCLUSION    <br> TO BE ABLE, CLASS AND KIND IN THE STREETS    <br> OF THE MEXICO CITY. 19TH CENTURY</i></b></p></font>  <font size="3">      <p><b><left><i>Abstract</i></left></b></p></font> 	     <p align="justify">This paper explores class and gender conflicts in Mexico City in the XIX century. These conflicts constitute signs that establish and explain social exclusion. The way in which the streets are experienced by citizens creates new modes of exclusion and set up limits to time and geography. In this paper, urbanism, history and literature are used to show how the XIX century liberalism proposes the possibility of an individual and free appropriation of public spaces. Nevertheless Mexican liberalism, in the terms of its hegemonic project, established the mechanisms of political integration throughout social exclusion.</p>      <p align="justify"><b>Keywords:</b> Mexico City, liberal Project, 19th century</p>  <hr>  <font size="3">		     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <p><b><left>Introducci&oacute;n</left></b></p></font>      <p align="justify">Las ciudades se viven de muy diversas formas y tratar de describirlas o explicarlas es imponerles arbitrariamente un sentido. Es de notar que esa arbitrariedad no ha detenido a los escritores, ni ha impedido a los cronistas su impertinente observaci&oacute;n, mucho menos ha logrado contener la pertinaz voluntad de los urbanistas. Por el contrario, gozosos en cada gesto de su arbitrario construir y reconstruir de la urbe, las novelas y canciones, la administraci&oacute;n p&uacute;blica, los recuerdos y las leyendas, los dise&ntilde;os urbanos, todos han intervenido delineando el contorno e iluminando las formas contradictorias en que se ha presentado y representado la Ciudad de M&eacute;xico. De este modo, ella contiene, desde estas diversas fuentes, los diferentes modos en que se le ha observado y los variados proyectos sociales de los que ha sido objeto.</p>      <p align="justify">&quot;La ciudad es realidad cambiante que impone a los hombres una forma de concebir el mundo de relaciones en que se encuentra. Una realidad de trazos urbanos y arquitect&oacute;nicos, de espacios, se&ntilde;ales y s&iacute;mbolos que constituyen el entorno del hombre urbano e influye en la conformaci&oacute;n de su visi&oacute;n sobre el mundo y la vida<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a>.&quot;</p>      <p align="justify">El urbanismo ha insistido en que la ciudad marca a los hombres y mujeres que la habitan, pero ellos, una y otra vez, con una constancia cotidiana, hacen de la ciudad un espacio propio, un marco cargado de significaciones, de marcas identitarias. En este sentido, el urbanismo y la arquitectura de la ciudad de M&eacute;xico en el siglo XIX, pueden explicarse como el encuentro y enfrentamiento de &quot;&#39;estrategias de poder&#39;, es decir, como manifestaciones del dominio de los grupos e individuos sobre el espacio urbano, a trav&eacute;s de la posesi&oacute;n, uso y significado del mismo&quot;<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a>.</p>      <p align="justify">Si los urbanistas han insistido en que las ciudades deben explicarse desde el modo en que son habitadas, mostrar la cotidianidad y los eventos con los que se habita la Ciudad de M&eacute;xico del siglo XIX, nos permite entender el modo en que se organizaba, el modo en que se pretend&iacute;a organizar a la sociedad.</p>      <p align="justify">La Ciudad de M&eacute;xico en el siglo XIX promovi&oacute; un modelo de integraci&oacute;n individual que pretend&iacute;a enfrentarse a la estructura corporativa. El proyecto liberal planteaba la libertad individual de apropiarse de la urbe, pero en la pr&aacute;ctica el proyecto se present&oacute;, no s&oacute;lo como un modelo de integraci&oacute;n, sino como un sistema de exclusiones. As&iacute;, describiendo los usos de la ciudad, se puede observar que el liberalismo mexicano del siglo XIX hizo de la ciudad una viva imagen de sus contradicciones.</p>      <p align="justify">El presente art&iacute;culo, concentr&aacute;ndonos en unas cuantas calles, da cuenta de las formas en que se construy&oacute; el espacio urbano y los modos en que la ciudad liberal del siglo XIX construy&oacute; sus significados desde los mecanismos de exclusi&oacute;n y representaci&oacute;n jer&aacute;rquica de la naci&oacute;n mexicana.</p>      <p align="justify">1. El 5 de mayo de 1868 se pudo percibir el olor a p&oacute;lvora en la Ciudad de M&eacute;xico, la capital de la Rep&uacute;blica. &quot;Al rayar la aurora&quot;, despu&eacute;s de una discreta movilizaci&oacute;n castrense, sonaron fuertes los ca&ntilde;onazos en la ciudad. Lo que arremet&iacute;a contra la tranquilidad de esa ma&ntilde;ana no era, como podr&iacute;a f&aacute;cilmente suponerse en ese convulso siglo XIX, una fuerza extranjera que quisiera conquistar la ciudad. Tampoco era una sublevaci&oacute;n que intentara deponer al gobierno. Lo que irrump&iacute;a en esa madrugada no era un ataque militar, sino una celebraci&oacute;n, una forma oficial de promover la memoria.</p>      <p align="justify">El Ayuntamiento de la Ciudad de M&eacute;xico hab&iacute;a mandado a recordar el 5 de mayo del no muy lejano a&ntilde;o de 1862; orden&oacute; conmemorar el triunfo del General Ignacio Zaragoza, quien al frente de un valeroso ej&eacute;rcito mexicano hab&iacute;a derrotado en Puebla al ej&eacute;rcito invasor franc&eacute;s<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a>. Si bien, tiempo despu&eacute;s de esta batalla, los franceses lograron ganar la guerra contra la Rep&uacute;blica y, con apoyo de las fuerzas de los conservadores, imponer a Maximiliano de Habsburgo como emperador de M&eacute;xico, &eacute;ste s&oacute;lo gobernar&iacute;a en la Ciudad de M&eacute;xico hasta 1867. Cerca de cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de que el gobierno constitucional fuese obligado al exilio, a mantener pospuesta y errante la idea de una naci&oacute;n republicana, el 15 de julio, el presidente Benito Ju&aacute;rez entr&oacute; a la Capital de la Rep&uacute;blica.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Despu&eacute;s de casi una d&eacute;cada de guerras civiles, la llegada de Benito Ju&aacute;rez a la ciudad capital marc&oacute; el inicio de la absoluta hegemon&iacute;a pol&iacute;tica del partido liberal y de sus destacadas personalidades. Iglesias, Lerdo de Tejada, el general D&iacute;az, ocupan junto a Ju&aacute;rez la gloria del triunfo pol&iacute;tico y militar. Junto con la apropiaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico, se instaur&oacute; el inquebrantable predominio de un conjunto de ideas que se convocan bajo la idea del liberalismo y contra lo que se conoci&oacute; como Antiguo R&eacute;gimen. Con el liberalismo se promovieron un conjunto de pr&aacute;cticas que articularon los particulares modos de una nueva hegemon&iacute;a.</p>      <p align="justify">La historia nacional registrar&aacute; el a&ntilde;o de 1867 como el t&eacute;rmino del Segundo Imperio y como el inicio de un singular proceso hist&oacute;rico que encamina al pa&iacute;s, ya sin trabas ni resistencias, a un promisorio futuro<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a>. Con el horizonte del progreso como meta, el triunfante gobierno liberal se propuso domar el destino de la naci&oacute;n difundiendo el augurio de un pa&iacute;s en paz y enarbolando la Constituci&oacute;n de 1857 como el s&iacute;mbolo de una imbatible ideolog&iacute;a.</p>      <p align="justify">Cerca de un a&ntilde;o despu&eacute;s de la llegada del triunfante gobierno liberal de Benito Ju&aacute;rez a la capital, el 5 de mayo de 1868 fue la primera gran celebraci&oacute;n del r&eacute;gimen. Era la primera vez que el Ayuntamiento celebraba la batalla de Puebla y las salvas de artiller&iacute;a avisaban a la poblaci&oacute;n que ese ser&iacute;a un d&iacute;a de festejos.</p>      <p align="justify">Aquel d&iacute;a, a las diez de la ma&ntilde;ana, el Ayuntamiento se dirigi&oacute; al Palacio Nacional a recoger al Presidente Benito Ju&aacute;rez y acompa&ntilde;arlo al Teatro Nacional, en cuya escalinata tendr&iacute;a lugar la lectura del parte de guerra que le escribi&oacute; el general Ignacio Zaragoza al propio Ju&aacute;rez el 5 de mayo de 1862. Para llegar al Teatro, el Presidente y el Ayuntamiento recorrieron a pie la Plaza de Armas hasta la esquina noroeste, donde, a la altura de la calle de Empedradillo, a un costado de la Catedral, dieron vuelta sobre la antigua calle de Arguillo, y que a partir de entonces se conocer&iacute;a como Avenida 5 de Mayo. Recorrieron a pie la amplia y arbolada calle desde donde la vista se dirig&iacute;a inexorablemente a la fachada del Teatro Nacional, a sus grandes columnas, al portal neocl&aacute;sico que gobernaba apacible el paisaje de la calle de 5 de mayo. &quot;Las calles de 5 <i>de Mayo</i>, estar&aacute;n adornadas, y la que desemboca a la de Vergara quedar&aacute; expedita para el tr&aacute;nsito p&uacute;blico&quot;, dec&iacute;a el programa, agregando que &quot;el Ayuntamiento ha hecho un esfuerzo para la conclusi&oacute;n de esa calle, como un obsequio a los habitantes de la ciudad&quot;<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a>. Benito Ju&aacute;rez y el Ayuntamiento en pleno recorrieron a paso lento las cuadras que separaban al Nacional de la Plaza de las Armas, inaugurando formalmente un paseo que se hab&iacute;a comenzado a planear muchos a&ntilde;os antes. &#91;Ver <a href="#m01">Mapa 1</a>&#93;</p>      <p align="center"><a name="m01"></a><img src="img/revistas/rahrf/v18n1/v18n1a02m1.jpg"></p>      <p align="justify">En el p&oacute;rtico del teatro se hab&iacute;a confeccionado un &quot;sal&oacute;n&quot; para escuchar los emotivos discursos c&iacute;vicos que engalanar&iacute;an la ceremonia. Poco m&aacute;s de 25 a&ntilde;os despu&eacute;s de ser inaugurado, el Teatro Nacional (originalmente llamado Teatro Santa Anna pues se construy&oacute; con su apoyo y en tiempos en que ocupaba la Presidencia de la Rep&uacute;blica) recib&iacute;a en sus puertas al presidente y a su gran comitiva.<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>6</sup></a></p>      <p align="justify">Desde el monumental Teatro Nacional, se pod&iacute;a ver al fondo de la avenida la comitiva que acompa&ntilde;aba al Presidente Ju&aacute;rez. Esta vista hab&iacute;a sido imaginada ya por Francisco Abreu, su due&ntilde;o, al poco tiempo de terminar su obra. El gran Teatro, seg&uacute;n pensaba su constructor, necesitaba de un paseo que permitiera lucir su arquitectura. Apenas tres a&ntilde;os despu&eacute;s de haber concluido la construcci&oacute;n de su teatro, Abreu hab&iacute;a solicitado en 1846 la apertura de una calle que terminara frente al Teatro<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a>. En aquel entonces, &quot;el proyecto de Abreu no se hizo efectivo por la oposici&oacute;n de la Iglesia a que se destruyeran parte de los edificios del oratorio de San Felipe Neri y el convento de Santa Clara&quot;.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a> En 1861, y bajo el amparo de la ley de desamortizaci&oacute;n de bienes eclesi&aacute;sticos, el gobierno de Benito Ju&aacute;rez procedi&oacute; a la destrucci&oacute;n parcial de los conventos. Empero, no fue sino hasta el triunfo del gobierno liberal, en el a&ntilde;o de 1867, cuando se inici&oacute; la construcci&oacute;n de las calles de 5 de mayo<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a>.</p>      <p align="justify">2. A lo largo del siglo XIX, y particularmente con la ayuda de las leyes de desamortizaci&oacute;n de bienes eclesi&aacute;sticos, la Ciudad de M&eacute;xico cambi&oacute; radicalmente su trazo y forma. Muchos de los colegios religiosos y conventos, tanto de monjas como de frailes, fueron cercenados o derruidos en su totalidad. La ciudad reforz&oacute; su dise&ntilde;o reticular construyendo calles en varios de los grandes terrenos en los que las distintas &oacute;rdenes religiosas hab&iacute;an establecido sus inmensos edificios.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a> La Ciudad de M&eacute;xico fue transformando su fisonom&iacute;a, derruyendo viejos conventos que remit&iacute;an a una sociedad corporativa: conventos de frailes, como el de San Francisco; de monjas, como el de La Concepci&oacute;n, o colegios como el de San Pedro y San Pablo fueron destruidos parcialmente para dar lugar a calles que continuaban la traza urbana. Aunque las transformaciones m&aacute;s importantes pueden apreciarse hasta la segunda mitad del siglo XIX, ya desde mediados del siglo anterior, como parte de las llamadas reformas borb&oacute;nicas, se hab&iacute;a iniciado un proceso que modificar&iacute;a el modo en que se administraba a la ciudad. La transformaci&oacute;n geogr&aacute;fica era resultado de una transici&oacute;n general de la administraci&oacute;n del Estado.</p>      <p align="justify">Desde mediados del siglo XVIII, la Ciudad de M&eacute;xico fue transformando su fisonom&iacute;a, y la estructura que a lo largo de la Colonia organiz&oacute; el espacio urbano dio lugar a un dise&ntilde;o m&aacute;s regular, con amplias calles y espacios abiertos. La ciudad era el lugar natural donde el Estado deb&iacute;a ejercer su control, por lo que -seg&uacute;n se&ntilde;alaban las ordenanzas de polic&iacute;a- todas las actividades sociales deb&iacute;an realizarse en espacios visibles y susceptibles de ser vigilados. La ciudad era concebida como el espacio privilegiado de la nobleza novohispana, de modo que ten&iacute;a que mantenerse como el territorio que diera el ejemplo del poder pol&iacute;tico, mantenerse como s&iacute;mbolo de control del reino.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a> Esta concepci&oacute;n se extendi&oacute; a todo lo largo del siglo XIX, insistiendo en que la administraci&oacute;n urbana, y particularmente el Ayuntamiento, deb&iacute;a mantener la seguridad y tranquilidad con una ciudad visible y accesible, para lo cual el dise&ntilde;o de calles rectas y amplias era muy &uacute;til<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a>. El &quot;Discurso sobre la polic&iacute;a en M&eacute;xico&quot;, un documento an&oacute;nimo de 1788, indica esta tendencia del pensamiento y el modo en que esta concepci&oacute;n de la autoridad deb&iacute;a intervenir en la transformaci&oacute;n y uso del espacio urbano<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>13</sup></a>.</p>      <p align="justify">Quiz&aacute; sea Michel Foucault el que mejor ha explicado la funci&oacute;n social que pretend&iacute;an alcanzar estas medidas de &quot;polic&iacute;a&quot;, en tanto que disposiciones t&aacute;cticas de pol&iacute;tica y administraci&oacute;n urbana que forman parte de una estrategia global que dio forma, impulso y motivo, a la construcci&oacute;n del Estado moderno. Nos parece necesario detenernos un momento en este punto, pues las reformas borb&oacute;nicas que intervienen en la formaci&oacute;n y transformaci&oacute;n de la imagen urbana s&oacute;lo pueden entenderse a partir de esta dimensi&oacute;n estrat&eacute;gica a la que Foucault llam&oacute; &quot;raz&oacute;n de Estado&quot;, y a partir de los mecanismos de intervenci&oacute;n t&aacute;cticos que se englobaron bajo la idea de polic&iacute;a.<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>14</sup></a> Esta racionalidad estaba orientada a fortalecer la estructura de administraci&oacute;n y gobierno, de hacerla crecer y perdurar; pretend&iacute;a delimitar el espacio de la acci&oacute;n gubernamental, una acci&oacute;n que, para poder intervenir en la sociedad de manera m&aacute;s efectiva, segmenta y organiza el conocimiento de las pr&aacute;cticas sociales. La raz&oacute;n de Estado construye el conocimiento sobre las condiciones de la vida cotidiana, y con &eacute;l interviene y modifica los procesos de producci&oacute;n y reproducci&oacute;n social. A esta organizaci&oacute;n del conocimiento de lo social, y a la capacidad de intervenci&oacute;n sobre las condiciones de vida se le llam&oacute; polic&iacute;a. Las reglas de polic&iacute;a permitieron desarrollar eficientemente el objetivo central de esta raz&oacute;n de Estado: el fortalecimiento de la autoridad, de la estructura de administraci&oacute;n y gobierno de la sociedad. De esta manera, la constante y regulada intervenci&oacute;n gubernamental en los distintos &aacute;mbitos de la vida cotidiana form&oacute; parte de una estrategia general. La polic&iacute;a estaba encaminada a modificar el estado de cosas prevaleciente, el estado en que se encontraba el reino: se trataba de urbanizarlo. Pretend&iacute;a, en &uacute;ltima instancia, una transformaci&oacute;n cultural. La polic&iacute;a era la &quot;condici&oacute;n de existencia de la urbanidad&quot;<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>15</sup></a> o, como dec&iacute;a un documento del Ayuntamiento de 1851, &quot;la m&aacute;s s&oacute;lida base de la civilizaci&oacute;n&quot;<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>16</sup></a>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Las modificaciones urban&iacute;sticas que, entre otras cosas, dieron lugar a la calle de 5 de mayo fueron resultado de una transformaci&oacute;n en la forma de concebir la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica del espacio urbano, una pol&iacute;tica urbana que, bajo el pretexto de regularizar la ciudad y de lograr una administraci&oacute;n eficiente, luchar&iacute;a constantemente contra la preponderancia de las corporaciones en el espacio urbano. Se trataba de abrir los espacios clausurados y liberar a la sociedad de las trabas de las corporaciones coloniales que se hab&iacute;an heredado en el M&eacute;xico independiente. Se trataba de diluir la exclusividad de los espacios en propiedad de las diversas corporaciones y abrirlos al p&uacute;blico. El nuevo orden social que se pretend&iacute;a establecer encontraba as&iacute; en el dise&ntilde;o urbano su correlato<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>17</sup></a>.</p>      <p align="justify">3. La calle de 5 de mayo, que se inaugur&oacute; ese 1868, daba forma a la idea ilustrada que imaginaba calles rectas, amplias y perfectamente alineadas, limpias, empedradas, iluminadas, seguras y sin estorbo o distracci&oacute;n. El urbanismo contempor&aacute;neo ha llamado a estas calles <i>sendas</i>: son recorridos identificables y continuos que ayudan a mantener articulada a la ciudad. Para el dise&ntilde;o urbano estas sendas deben distinguirse unas de otras de modo que contribuyan a generar una imagen clara de la ciudad, tanto para los residentes como para los visitantes. De este modo, el urbanismo insiste en la necesidad de hacer que las sendas tengan or&iacute;genes y destinos definidos, frecuentemente conformados por <i>nodos</i><a href="#_ftn18" name="_ftnref18"><sup>18</sup></a>. Siguiendo esta terminolog&iacute;a, tendr&iacute;amos que decir que los m&aacute;s importantes <i>nodos</i> de la Ciudad de M&eacute;xico fueron, sin duda, la Plaza de Armas (el Z&oacute;calo) y la Alameda; en consecuencia, la <i>senda</i> m&aacute;s frecuente: la que llevaba, por Plateros y San Francisco, de la Plaza de Armas a la Alameda y de regreso.</p>      <p align="justify">Las calles de Plateros y San Francisco, a lo largo de todo el siglo XIX fueron adem&aacute;s el recorrido comercial m&aacute;s importante. Todav&iacute;a en 1900, en la suma de impuestos pagados por los locales comerciales la calle de Plateros ocupaba el primer lugar, seguida por Capuchinas (dos cuadras al sur), Don Juan Manuel y San Bernardo (tambi&eacute;n al sur del Z&oacute;calo) y en quinto lugar las calles de San Francisco. La Avenida 5 de mayo ocupar&iacute;a para entonces el 15&ordm; lugar en el pago de impuestos. 20 a&ntilde;os despu&eacute;s de su apertura, 5 de mayo se hab&iacute;a consolidado como parte un espacio comercial de gran importancia, empuj&aacute;ndolo hacia el norte, de modo que para 1900 hab&iacute;a ayudado a ampliar la apretada zona comercial hasta abarcar las 23 manzanas que aportaban cerca de la mitad del impuesto comercial cobrado por el gobierno de la Ciudad de M&eacute;xico<a href="#_ftn19" name="_ftnref19"><sup>19</sup></a>. &#91;Ver <a href="#m02">Mapa 2</a>&#93;</p>      <p align="center"><a name="m02"></a><img src="img/revistas/rahrf/v18n1/v18n1a02m2.jpg"></p>      <p align="justify">No est&aacute; de m&aacute;s se&ntilde;alar que buena parte de las 23 manzanas identificadas por Carlos Aguirre Anaya se encontraban entre la Alameda y el Z&oacute;calo y se organizan en importantes sendas que van de Oriente a Occidente y viceversa. Como puede verse, el Z&oacute;calo juega un papel fundamental en el orden comercial urbano. As&iacute; tambi&eacute;n lo atestiguaban los visitantes extranjeros que llegaban a la ciudad:</p>      <blockquote>    <p align="justify">&quot;Las calles principales de la ciudad siempre parten de la plaza p&uacute;blica. En ellas se encuentran las mejores casas, habitadas por familias acaudaladas. Aqu&iacute; se realiza por las ma&ntilde;anas el comercio m&aacute;s intenso; los funcionarios p&uacute;blicos acuden presurosos a sus oficinas, los comerciantes a sus tiendas &#91;&#8230;&#93;&quot;<a href="#_ftn20" name="_ftnref20"><sup>20</sup></a>.</p></blockquote>      <p align="justify">La Ciudad de M&eacute;xico se fue transformando a lo largo del siglo XIX para satisfacer intereses econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos o administrativos, intereses que pugnaron por establecer un dise&ntilde;o urbano acorde con sus necesidades. Fueron estos intereses los que propusieron una geograf&iacute;a construida con trazos rectos. Pero la ciudad tambi&eacute;n puede ser explicada, m&aacute;s all&aacute; de los trazos premeditados, atendiendo el modo en que se usaron esos espacios, por el modo en que socialmente se delimitaba esa geograf&iacute;a urbana.</p>      <p align="justify">Para entender esta dial&eacute;ctica entre planeaci&oacute;n y ocupaci&oacute;n de la ciudad es necesario entender a la ciudad como un lugar de conflicto, donde instituciones, grupos sociales, individuos destacados, inmigrantes, familias, negocios y parias, entre otros actores, pelearon las posibilidades de ocupar el espacio urbano<a href="#_ftn21" name="_ftnref21"><sup>21</sup></a>.</p>      <p align="justify">El urbanismo ha insistido en que la ciudad marca a los hombres y mujeres que la habitan, pero ellos, una y otra vez, con cotidiana constancia, hacen de la ciudad un espacio propio. En 1960, Kevin Lynch propuso que las ciudades deben explicarse atendiendo al modo en que los elementos urbanos son utilizados por la poblaci&oacute;n como marcas del espacio. El urbanista reconoc&iacute;a que la ciudad es un espacio habitado, vivido cotidianamente. La ciudad es un espacio que se transforma con el uso y que s&oacute;lo puede ser aprehendida desde la fugaz percepci&oacute;n cotidiana. Las sendas y nodos son apenas formas de entender el modo en que la gente observa su ciudad, marcas que organizan y conectan los dem&aacute;s elementos ambientales<a href="#_ftn22" name="_ftnref22"><sup>22</sup></a>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Hay testimonios literarios que exponen con mayor claridad lo dicho por Lynch. Recordemos la senda m&aacute;s importante de la Ciudad de M&eacute;xico: Plateros era &quot;la calle m&aacute;s hermosa de M&eacute;xico, tanto por sus tiendas como por sus casas&quot;, seg&uacute;n afirmaba <i>Mademe</i> Calder&oacute;n de la Barca, en la cr&oacute;nica de su corta estancia en M&eacute;xico, y por esta calle entr&oacute; a la ciudad y a trav&eacute;s de ella puede describir la ciudad en la que vivir&iacute;a los pr&oacute;ximos dos a&ntilde;os (de 1840 a 1842). Desde esta calle <i>Madame</i> Calder&oacute;n observaba la ciudad y se percataba de &quot;la falta de desproporci&oacute;n en sus edificios, el primor de tantas iglesias y viejos conventos; y ese aire de grandeza que reina por todas partes&quot;<a href="#_ftn23" name="_ftnref23"><sup>23</sup></a>.</p>      <p align="justify">Tambi&eacute;n podemos encontrar a la calle de Plateros ocupando un papel destacado en <i>Los parientes ricos</i>, la novela m&aacute;s importante de Rafael Delgado. En ella se narran las desventuras de una familia provinciana que, a la muerte del padre, quedan en una relativa situaci&oacute;n de pobreza. Ante esta situaci&oacute;n, la familia es acogida por unos parientes ricos de la capital. La llegada a la ciudad, quiz&aacute; para resaltar el asombro provinciano, es narrada desde la perspectiva de Filomena, la dom&eacute;stica de la familia. La entrada a la ciudad la hacen tambi&eacute;n por Plateros:</p>      <blockquote>    <p align="justify">&quot;&#91;&#8230;&#93; la arteria principal, ruidosa, espl&eacute;ndida, deslumbrante, en la cual los carruajes, a cu&aacute;l m&aacute;s hermoso, apenas cab&iacute;an; tiendas magn&iacute;ficas; fondas aristocr&aacute;ticas; dulcer&iacute;as soberbias que en sus aparadores ostentaban mil y mil prodigios de az&uacute;car de colores; joyer&iacute;as en que la riqueza compet&iacute;a con el aparato deslumbrador &#91;&#8230;&#93;&quot;<a href="#_ftn24" name="_ftnref24"><sup>24</sup></a>.</p></blockquote>      <p align="justify">4. Las sendas y los nodos son urban&iacute;sticamente importantes, pues permiten compartir la vivencia de la ciudad, vuelven comunes las referencias urbanas. La ciudad se carga de significados sociales, calles de comercio, lugares de paseo, fronteras entre los barrios, casas y monumentos que marcan y delimitan el espacio. La ciudad es un espacio de tr&aacute;nsito, de habitaci&oacute;n y permanencia, un lugar donde se reiteran las identidades y se restablecen las fronteras sociales, pero el dise&ntilde;o de la ciudad ayuda a esta demarcaci&oacute;n, a este modo social de ocupar el espacio.<a href="#_ftn25" name="_ftnref25"><sup>25</sup></a> Estas marcas, sin embargo, tambi&eacute;n son objeto de debate y lugar de conflicto. Las sendas son marcas que organizan el espacio y s&iacute;mbolos sociales con diversos significados en pugna. Con significaciones cotidianas que les permiten a los habitantes identificarse con y en la ciudad, las calles, los espacios, las construcciones, son tambi&eacute;n parte del entramado cultural en que se mueven sus habitantes.</p>      <p align="justify">Uno de los medios que tiene la historia para acercarse a este conflicto es la literatura. Los escritores se apropiaron de la ciudad al hacerla un escenario fundamental de sus novelas, cuentos y poemas.<a href="#_ftn26" name="_ftnref26"><sup>26</sup></a> Sirvi&eacute;ndose de la complicidad del lector, aprovecharon los s&iacute;mbolos sociales con los que se reconoc&iacute;an los habitantes de la ciudad y, sirvi&eacute;ndose de las referencias comunes, construyeron a sus personajes en la geograf&iacute;a urbana.</p>      <p align="justify">De este modo, y continuando con los ejemplos literarios, Manuel Guti&eacute;rrez N&aacute;jera, en el poema m&aacute;s importante del modernismo mexicano, escrito hacia 1884, hace de Plateros el escenario donde se pasea la bella duquesa de Job. Plateros era famosa porque en sus edificios se exhib&iacute;an grandes escaparates donde se desplegaba la moda y el arte de la joyer&iacute;a. En esa calle se pasea la duquesa de Job, quien pese a no usar alhajas, es respetada por las m&aacute;s afamadas modistas; pese a no ser una mujer arist&oacute;crata, su paseo por Plateros nos permite reconocer un respeto que es producto del consumo y, sobre todo, del buen gusto<a href="#_ftn27" name="_ftnref27"><sup>27</sup></a>.</p>      <p align="justify">La calle es un s&iacute;mbolo del que se apropian sus habitantes, aquellos que son saludados por sus habitantes, aquellos a los que se les reconoce pertenencia a ese espacio. La duquesa de Job era aceptada en ese espacio por su belleza y elegancia, mientras que otras mujeres, quiz&aacute; haciendo lo mismo que la duquesa de Job, aunque haci&eacute;ndolo a otra hora, eran se&ntilde;aladas por ocupar ileg&iacute;timamente ese espacio. &#91;Ver <a href="#m03">Mapa 3</a>&#93;</p>      <p align="center"><a name="m03"></a><img src="img/revistas/rahrf/v18n1/v18n1a02m3.jpg"></p>      <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&quot;Dice un peri&oacute;dico que causa ya esc&aacute;ndalo el ver por las calles de Plateros, San Francisco, Vergara y Santa Clara, el n&uacute;mero que de esas mujeres se pasean nocturnamente. / &iexcl;&iexcl;&iexcl;Esc&aacute;ndalo&#33;&#33;&#33; &iquest;Y por qu&eacute;? &iquest;Nada m&aacute;s porque se pasean? &iexcl;Vaya una tonter&iacute;a&#33;<a href="#_ftn28" name="_ftnref28"><sup>28</sup></a>&quot;</p></blockquote>      <p align="justify">De hecho, m&aacute;s que una tonter&iacute;a, es la pugna por el espacio, por la legitimidad del uso del espacio urbano. Las calles son s&iacute;mbolos que marcan a los hombres y mujeres. S&oacute;lo por estar en ellas se aventuran juicios de la m&aacute;s diversa &iacute;ndole. En un espacio social en el que, seg&uacute;n Marcos Arr&oacute;&ntilde;iz, &quot;la mayor parte del a&ntilde;o s&oacute;lo se dejan ver las damas aristocr&aacute;ticas por las ventanillas de sus r&aacute;pidos coches; ahora &#91;en jueves santo&#93; asoma su leve pie por entre el raso y terciopelo de sus ricos vestidos y honra las calles de la ciudad&quot;, el esc&aacute;ndalo es may&uacute;sculo.<a href="#_ftn29" name="_ftnref29"><sup>29</sup></a> Aquel peri&oacute;dico que citaba <i>El Hijo del Trabajo</i> denunciaba a las mujeres que ocupaban ese espacio y suger&iacute;a que esas mujeres se dedicaban a la vida galante. En eso radicaba el esc&aacute;ndalo.</p>      <blockquote>    <p align="justify">&quot;&iquest;Y c&oacute;mo nadie se ha escandalizado de los hombres p&uacute;blicos que por doquiera y a todas horas se pasean?&quot;<a href="#_ftn30" name="_ftnref30"><sup>30</sup></a>.</p></blockquote>      <p align="justify">Claro, el espacio de la calle pod&iacute;a ser ocupado por los hombres a toda hora, mientras las mujeres s&oacute;lo pod&iacute;an ocuparlo de d&iacute;a. Ah&iacute;, en la pugna por la posibilidad de ocupar la calle se desarrollaba un conflicto de g&eacute;nero que excluye a las mujeres del espacio p&uacute;blico. Llamarlas mujeres p&uacute;blicas es, parad&oacute;jicamente, cancelarles la posibilidad de participar en el espacio p&uacute;blico. La calle y la hora le otorgan significado a la mujer que ocupa la calle, que la transita. En consecuencia, &quot;las mujeres decentes&quot; no podr&aacute;n estar en la calle de noche, a menos que est&eacute;n dispuestas a poner en duda su honorabilidad. Su participaci&oacute;n en la definici&oacute;n del espacio p&uacute;blico, en el significado de la calle est&aacute;, en principio, cancelada por la interpretaci&oacute;n hegem&oacute;nica y masculina del espacio. &iquest;Por qu&eacute; no se les dice a los hombres p&uacute;blicos? &iquest;Por qu&eacute; no hay esc&aacute;ndalo con ellos? Esa es la pregunta clave. La masculinidad ocupa el espacio y obliga a que toda mujer que transite de noche sea una mujer indecente, una mujer, a la larga, que est&aacute; a su servicio y que no merece respeto alguno.</p>      <p align="justify">Los discursos de g&eacute;nero y clase del siglo XIX pasan frecuentemente por la definici&oacute;n del espacio urbano. Las calles son s&iacute;mbolos que construyen la identidad de los hombres y las mujeres que en ellas habitan, que en ellas se pasean. Son marcas que cargan de significado al espacio y a la gente que lo ocupa. Son s&iacute;mbolos que sugieren una valoraci&oacute;n. Las calles son s&iacute;mbolos morales y el lugar predilecto para el despliegue de las met&aacute;foras del orden social. Es necesario insistir en que como s&iacute;mbolos que son, las calles no son marcas con significados acabados ni son im&aacute;genes definitorias. Puestos en juego en el espacio social discursivo, los s&iacute;mbolos cambian de sentido con el debate y discusi&oacute;n en torno de ellos o con el simple uso<a href="#_ftn31" name="_ftnref31"><sup>31</sup></a>. Como el significado est&aacute; siempre transform&aacute;ndose, los grupos sociales reiteran una y otra vez el significado que ellos le atribuyen a esos s&iacute;mbolos, pretenden con la reiteraci&oacute;n acotar su significado.</p>      <p align="justify"><i>El Hijo del Trabajo</i>, con cierta iron&iacute;a, defend&iacute;a en 1878 el derecho de la mujer de transitar libremente sin ser catalogada de mujer p&uacute;blica. Los grupos sociales pugnan por el significado de los s&iacute;mbolos y no se contentan con las definiciones de otros, de modo que el significado de las calles nos permite entender el modo en que el espacio urbano se vuelve a convertir en lugar de conflicto, espacio en disputa.</p>      <p align="justify">Manuel Payno, por su parte, en <i>Los bandidos de R&iacute;o Fr&iacute;o</i>, la novela m&aacute;s famosa del siglo XIX, se sirvi&oacute; de la calle de Plateros para el m&aacute;s descarnado encuentro entre clases sociales. En Plateros &quot;un caballero vestido con elegancia, bast&oacute;n de pu&ntilde;o de oro y anteojos&quot; se encuentra a un humilde carpintero llamado Evaristo, quien le quiere vender una almohadilla. Despu&eacute;s de un inocente intercambio de expresiones, el arist&oacute;crata le dice &quot;&iexcl;Bruto, brib&oacute;n, l&eacute;pero, insolente que con pretexto de vender baratijas vienes a injuriar a las gentes y tal vez a robarlas&#33;&quot;.<a href="#_ftn32" name="_ftnref32"><sup>32</sup></a> Tom&aacute;ndolo del cuello de la camisa, lo amenaza con meterlo en la c&aacute;rcel. Evaristo es tundido a golpes y llevado a la comisar&iacute;a. El arist&oacute;crata apenas tiene que dar su direcci&oacute;n y con eso queda libre: &quot;Soy una persona decente y nunca vamos a donde va la canallada&quot;.<a href="#_ftn33" name="_ftnref33"><sup>33</sup></a></p>      <p align="justify">Este violento encuentro llevar&aacute; a Evaristo, a dejar su honesto trabajo de artesano y convertirse en el l&iacute;der de <i>Los bandidos de R&iacute;o Fr&iacute;o</i>. Pese a que Payno muestra en su narraci&oacute;n que el enfrentamiento de Plateros es dispar y hasta injusto, expone descarnadamente un evento que no resulta extraordinario, expone un orden social que enfrenta a las clases sociales. En Plateros el artesano era un intruso y el arist&oacute;crata tiene derecho a golpearlo y expulsarlo de un espacio que considera suyo. El espacio del artesano es, seg&uacute;n el propio discurso, el de la c&aacute;rcel.</p>      <p align="justify">5. Cinco de mayo era una amplia calle de cuatro cuadras de largo que permit&iacute;a el desahogo visual, as&iacute; como un hermoso paseo que llevaba de la Plaza Mayor para encontrarse de frente con el Teatro Nacional y viceversa. Por esta calle y</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify">&quot;a la hora fijada por el programa para la funci&oacute;n del 5 de Mayo, se present&oacute; &#91;en el Teatro Nacional&#93; el C. Presidente acompa&ntilde;ado de los CC. Ministros, de los miembros del Ayuntamiento, de muchos CC. diputados, jefes y oficiales distinguidos, muchos particulares y una inmensa multitud de pueblo que llenaba los costados y centro de las calles contiguas, las de la calle 5 de mayo y su centro, en que las tropas engalanadas y sus bandas de m&uacute;sica alegraban la vista &#91;&#8230;&#93;&quot;<a href="#_ftn34" name="_ftnref34"><sup>34</sup></a>.</p></blockquote>      <p align="justify">Ampliando la calle del Arguillo y, destruy&eacute;ndose el oratorio de San Felipe Neri y parte del convento de Santa Clara, la flamante calle de 5 de mayo, bordeada de &aacute;rboles que daban sombra y verdor, era el claro ejemplo de una amplia avenida. La planeaci&oacute;n urbana de la &quot;ciudad regular&quot; va de la mano con la redefinici&oacute;n del espacio p&uacute;blico, del lugar com&uacute;n que es la calle, modificando su uso cotidiano y dando lugar a que las masaa puedan ocupar ese espacio.</p>      <p align="justify">En lugar de los conventos, un amplio camino que lleva inexorablemente al Teatro Nacional. La planeaci&oacute;n urbana reconstruye el espacio social en torno de espacios civiles y rutas comerciales que se convierten en las nuevas marcas o mojones que organizan la geograf&iacute;a de la Ciudad de M&eacute;xico<a href="#_ftn35" name="_ftnref35"><sup>35</sup></a>. Adem&aacute;s de construir nuevos espacios, el simbolismo de un nuevo orden social se refuerza nombrando las calles y los lugares con referentes del M&eacute;xico liberal. Nombrar el espacio urbano es otro modo de colonizar el imaginario de los residentes y visitantes de esta ciudad, es un modo de dar forma a un imaginario c&iacute;vico indispensable para la formaci&oacute;n del M&eacute;xico moderno. Ponerle en 1843 el nombre de Santa Anna al principal Teatro de la ciudad fue apenas el principio de esta tendencia por hacer que los nombres de personajes civiles marcaran el espacio urbano. La calle 5 de mayo contin&uacute;a e inaugura la tradici&oacute;n de nombrar las calles con s&iacute;mbolos que remiten a la historia patria. Las calles, los teatros, las festividades patrias, son elementos de un proceso m&aacute;s general que busca fundar y transmitir un imaginario nacional, compartido por una poblaci&oacute;n heterog&eacute;nea.</p>      <p align="justify">La regularidad y la visibilidad del dise&ntilde;o urbano, que tiene para 1868 en la calle de 5 de mayo su ejemplo mejor logrado, tiene tambi&eacute;n un correlato pol&iacute;tico. Se trata de ordenar y dise&ntilde;ar con precisi&oacute;n emblemas y sitios que mantengan presente la historia nacional, que hagan visible una imagen del pueblo, de materializar en un dise&ntilde;o urbano que diera lugar a masas organizadas que supieran cu&aacute;les son sus l&iacute;mites, un dise&ntilde;o urbano que permiti&oacute; la regularizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica nacional.<a href="#_ftn36" name="_ftnref36"><sup>36</sup></a> Buscando construirse como una reafirmaci&oacute;n del nuevo orden pol&iacute;tico, la planeaci&oacute;n urbana de una &quot;ciudad regular&quot; reconstruye el lugar compartido de la calle y, m&aacute;s en general, el espacio p&uacute;blico.</p>      <p align="justify">En una l&oacute;gica de ocultamiento y exhibici&oacute;n, el espacio p&uacute;blico es el lugar donde la acci&oacute;n de los sujetos se hace visible. Si la transformaci&oacute;n urbana hizo de las calles el espacio p&uacute;blico privilegiado para entender el nuevo orden social, las celebraciones que las ocuparon, con su &quot;liturgia ordenada&quot;, como llama George L. Mosse a estos rituales nacionalistas<a href="#_ftn37" name="_ftnref37"><sup>37</sup></a>, restablecieron la imagen pol&iacute;tica del espacio ense&ntilde;ando lo que entonces llamaban educaci&oacute;n civil.</p>      <p align="justify">La convocatoria del Ayuntamiento a celebrar el 5 de mayo se interesaba por reiterar la noci&oacute;n colectiva y la imagen de la comunidad nacional. Si el espacio p&uacute;blico se explica desde la dicotom&iacute;a p&uacute;blico-privado, si lo p&uacute;blico se muestra y lo privado se oculta, la exhibici&oacute;n es un elemento central del espacio p&uacute;blico. &quot;La educaci&oacute;n civil es al hombre, lo que el marco a un cuadro; realza su m&eacute;rito, y lo hace m&aacute;s agradable a los ojos de sus admiradores&quot;<a href="#_ftn38" name="_ftnref38"><sup>38</sup></a>.</p>      <p align="justify">Adem&aacute;s de ser el lugar com&uacute;n, compartido por diversos sectores sociales, el espacio p&uacute;blico es el lugar donde la identidad, como distinci&oacute;n y diferencia, se pone en juego. Visible e inaccesible, en el espacio p&uacute;blico se designan, se ponen en pr&aacute;ctica los mecanismos de exclusi&oacute;n, las reglas de admisi&oacute;n, los condiciones de la permanencia. Si en toda comunidad la amenaza de expulsi&oacute;n, de destierro, de desconocimiento funciona como una argamasa, las celebraciones y festividades, son rituales que pretenden, precisamente, articular a los sujetos en un cuerpo social com&uacute;n, cohesionarlos bajo una misma entidad colectiva. Son espacios p&uacute;blicos que representa a un &quot;nosotros&quot; que se reconoce en el marco ritual del festejo. Pero no s&oacute;lo se trataba de una representaci&oacute;n ritual de la comunidad, sino que implicaba reiterar un determinado comportamiento de la poblaci&oacute;n, actitudes y disposiciones que delinean los par&aacute;metros de la identidad y designan los espacios de exclusi&oacute;n. Las celebraciones son un lugar compartido, un lugar com&uacute;n en el que se puede recrear la imagen fant&aacute;stica la unidad inquebrantable del pueblo, de una comunidad sin fisuras.</p>      <p align="justify">La calle se abri&oacute; a la multitud ese 5 de mayo. La fecha acota el espacio p&uacute;blico y distingue a la calle como escenario de la representaci&oacute;n nacional. No todos los d&iacute;as ni a toda hora pod&iacute;a la gente apropiarse de la calle, hacer suya la ciudad. En el siglo XIX, el espacio p&uacute;blico urbano no s&oacute;lo ten&iacute;a horarios, sino que tambi&eacute;n se reservaba el derecho de admisi&oacute;n. La diferencia en aquella fecha era que el Estado requer&iacute;a para reforzar su legitimidad la imagen de una naci&oacute;n irrestricta. Importa se&ntilde;alar, sin embargo, que entre las restricciones cotidianas que condicionan el acceso al espacio p&uacute;blico y la convocatoria general de ese 5 de mayo no hay contradicci&oacute;n alguna. Sobre lo que se ha insistido en este art&iacute;culo es que el espacio se transforma seg&uacute;n la fecha y la hora, dando lugar a un uso diverso, pero siempre jerarquizado, de las calles de la ciudad liberal, mostrando el modo en que se organizaba la sociedad en la Ciudad de M&eacute;xico del siglo XIX.</p>  <hr>      <p align="justify"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>1</sup></a> EGUIARTE SAKAR, Mar&iacute;a Estela, <i>Urbanismo y arquitectura en M&eacute;xico: cat&aacute;logo de referencias hemerogr&aacute;ficas, 1861-1877</i>, M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 1996, p. 13.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>2</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p. 13.</p>      <!-- ref --><p align="justify"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>3</sup></a> Archivo Hist&oacute;rico de la Ciudad de M&eacute;xico (en adelante AHCM),    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0122-2066201300010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> <i>Ayuntamiento, Festividades, 5 de mayo</i>, vol. 1062, exp. 2, f. 1.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>4</sup></a> En la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica, Ju&aacute;rez represent&oacute; el referente simb&oacute;lico de la naci&oacute;n mexicana moderna. Justo Sierra, siguiendo su tradici&oacute;n pol&iacute;tica, y haciendo referencia a la Rep&uacute;blica liberal y reformada, lo se&ntilde;al&oacute; hacia finales del siglo como &quot;&#91;&#8230;&#93; el s&iacute;mbolo y el alma de una obra imperecedera&quot;. SIERRA, Justo, <i>Obras Completas XIII. Ju&aacute;rez: su obra y su tiempo</i>, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1984, p. 31.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>5</sup></a> AHCM, <i>Ayuntamiento, Festividades, 5 de mayo</i>, Vol. 1062, exp. 2, f. 1. &Eacute;nfasis en el original.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>6</sup></a> Seg&uacute;n asienta Juan N. Almonte, el Teatro Nacional, &quot;se comenz&oacute; el 18 de febrero de 1842 &#91;&#8230;&#93; y se concluy&oacute; el 8 de febrero de 1843 &#91;&#8230;&#93; tuvo un costo de 351 000 pesos. ALMONTE, Juan Nepomuceno, <i>Gu&iacute;a de forasteros y repertorio de conocimientos &uacute;tiles</i>, (Edici&oacute;n facsimilar de 1852), M&eacute;xico, Instituto Mora, 1997, p. 460. Para tener una idea de la dimensi&oacute;n del Teatro Nacional, puede citarse a Marcos Arr&oacute;niz quien, por su parte, asienta el costo del Teatro Iturbide en poco m&aacute;s de 150 000 pesos. ARR&Oacute;NIZ, Marcos, <i>Manual del viajero en M&eacute;xico o compendio de la historia de la Ciudad de M&eacute;xico, con la descripci&oacute;n e historia de sus templos, conventos, edificios p&uacute;blicos, las costumbres de sus habitantes, etc., y con el plan de la ciudad</i>, M&eacute;xico, Instituto Mora, 1991, pp. 114-115.</p>      <!-- ref --><p align="justify"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>7</sup></a> AHCM, <i>Ayuntamiento, Calles, Apertura</i>,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0122-2066201300010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> Vol. 451, exp. 17.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>8</sup></a> MORALES, Ma. Dolores, &quot;Cambios en la traza de la estructura vial de la Ciudad de M&eacute;xico. 1770-1855&quot;, en HERN&Aacute;NDEZ FRANYUTI, Regina (comp.), <i>La Ciudad de M&eacute;xico en la primera mitad del siglo XIX.</i> T. 1, Vol. 2, M&eacute;xico, Instituto Mora, 1998, p. 199.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup>9</sup></a> TOVAR DE TERESA, Guillermo, <i>La ciudad de los palacios: cr&oacute;nica de un patrimonio perdido</i>, Vol. 2, T. 1, 2<sup>a</sup> ed., M&eacute;xico, Fundaci&oacute;n Cultural Televisa, 1991, p. 72-73.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup>10</sup></a> Durante la Colonia se hab&iacute;a establecido una distribuci&oacute;n territorial que articulaba a la poblaci&oacute;n en torno de los conventos religiosos y en torno a divisiones parroquiales. Para una descripci&oacute;n de los modos en que las corporaciones religiosas formaron &quot;unidades densamente pobladas de casi cerrados, que ten&iacute;an probablemente una vida autosuficiente a nivel cotidiano&quot;, v&eacute;ase MORENO TOSCANO, Alejandra, &quot;Cambios en la estructura interna de la Ciudad de M&eacute;xico&quot;, en <i>XLI Congreso Internacional de Americanistas</i>, M&eacute;xico, 1974 y MORENO TOSCANO, Alejandra (coord.), <i>Ciudad de M&eacute;xico. Ensayo de construcci&oacute;n de una historia</i>, M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica-Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 1978.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup>11</sup></a> Michel Foucault se refiere a esta concepci&oacute;n como la del Estado Soberano. FOUCAULT, Michel, <i>Seguridad, territorio, poblaci&oacute;n. Curso en el Coll&eacute;ge de France (1977-1978)</i>, Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2006, p. 30. Testimonio de esta concepci&oacute;n en la Nueva Espa&ntilde;a son las m&uacute;ltiples ordenanzas del Virrey Revillagigedo reunidas en SOLANO, F. de (ed.), <i>Normas y leyes de la ciudad hispanoamericana, 1601-1821</i>, T. II, Madrid, 1996, pp. 275-289.</p>      <!-- ref --><p align="justify"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup>12</sup></a> Todav&iacute;a en 1851, un proyecto de polic&iacute;a firmado por Pedro Vanderlinden afirmaba que, pese a que su acci&oacute;n abarca &quot;tanto a la ciudad m&aacute;s populosa como al pueblo m&aacute;s peque&ntilde;o&quot; es en la ciudad donde la polic&iacute;a &quot;debe fijar su asiento principal, porque en las ciudades reside la vida civil elemental&quot;. VANDERLINDEN, Pedro, <i>Proyecto de creaci&oacute;n de una intendencia general de polic&iacute;a</i>, AHCM, <i>>Ayuntamiento, Consejo Superior del Distrito</i>,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0122-2066201300010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> vol. 619, exp. 331, citado en Y&Aacute;&Ntilde;EZ ROMERO, Jos&eacute; Arturo, <i>Polic&iacute;a mexicana: cultura pol&iacute;tica, (in)seguridad y orden p&uacute;blico en el gobierno del Distrito Federal, 1821-1876</i>, M&eacute;xico, UAM Xochimilco-Plaza y Vald&eacute;s, 1999, p. 140.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13"><sup>13</sup></a> &quot;Discurso sobre la polic&iacute;a en M&eacute;xico&quot; en <i>Antolog&iacute;a de textos sobre la Ciudad de M&eacute;xico en el periodo de la Ilustraci&oacute;n (1788-1792)</i>, LOMBARDO DE RUIZ, Sonia (comp.), M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 1982. Sobre &eacute;ste discurso han trabajado, entre otros autores, LOMBARDO DE RUIZ, Sonia, &quot;Ideas y proyectos urban&iacute;sticos de la Ciudad de M&eacute;xico, 1788-1850&quot; en MORENO TOSCANO, Alejandra, <i>Ciudad de M&eacute;xico</i>, pp. 169-188 y VIQUEIRA ALB&Aacute;N, Juan Pedro, &iquest;Relajados o reprimidos? Diversiones p&uacute;blicas y vida social en la Ciudad de M&eacute;xico durante el Siglo de las Luces, M&eacute;xico, FCE, 2001.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14"><sup>14</sup></a> Debe aclararse, sin embargo, que es as&iacute; como hay que entender esta &quot;raz&oacute;n de Estado&quot; en una l&oacute;gica distinta a la maquiav&eacute;lica, a la cual estamos acostumbrados; cuando hablamos de polic&iacute;a no nos referimos a un cuerpo de seguridad esencialmente represivo, sino a lo que se pensaba de ella en el siglo XVII y XVIII. &quot;La doctrina de polic&iacute;a define la naturaleza de los objetos sobre los que se aplica la raz&oacute;n de Estado; define los objetivos que pretende alcanzar y los instrumentos que involucra&quot;. FOUCAULT, Michel, &quot;Politics and reason&quot; en KRITZMAN, Lawrence D. (ed.), <i>Michel Foucault. Politics philosophy, culture. Interviews and other writings, 1977-1984</i>, New York-London, Routledge, 1988, p. 74. Para el caso de M&eacute;xico, se puede ver el estudio de Y&Aacute;&Ntilde;EZ ROMERO, <i>Polic&iacute;a mexicana</i>, donde se hace una distinci&oacute;n entre polic&iacute;a p&uacute;blica y polic&iacute;a liberal para explicar la transformaci&oacute;n del concepto y de la pr&aacute;ctica de polic&iacute;a entre el siglo XVIII y el XIX. En nuestro an&aacute;lisis de la perspectiva de Foucault nos referimos a lo que Y&aacute;&ntilde;ez nombra como polic&iacute;a p&uacute;blica.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15"><sup>15</sup></a> FOUCAULT, Michel, <i>Michel Foucault</i>, p. 384.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16"><sup>16</sup></a> Y&Aacute;&Ntilde;EZ ROMERO, <i>Polic&iacute;a mexicana</i>, p. 140.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17"><sup>17</sup></a> La transformaci&oacute;n urbana de mediados del siglo XIX en M&eacute;xico se corresponde con la transformaci&oacute;n urbana de Par&iacute;s en las mismas fechas. Al respecto puede consultarse HARVEY, David, <i>Paris, capital of modernity</i>, New York y London, Routledge, 2003.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18"><sup>18</sup></a> Las sendas, como hemos dicho, son los conductos que normal, ocasional o potencialmente sigue el observador. Los nodos, por su parte, est&aacute;n estrechamente vinculados con las sendas, pues suelen ser precisamente &quot;acontecimientos en el recorrido&quot;. La propia celebraci&oacute;n del 5 de mayo muestra a la Plaza Mayor como un <i>nodo</i>: &quot;Los nodos son los puntos estrat&eacute;gicos de una ciudad a los que puede ingresar un observador y constituyen los focos intensivos de los que parte o a los que se encamina. Pueden ser ante todo confluencias, &#91;&#8230;&#93; un cruce o una convergencia de sendas, momentos de paso de una estructura a otra&quot;. LYNCH, Kevin, <i>La imagen de la ciudad</i>, Buenos Aires, Gustavo Gil, 2001, pp. 62-63.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19"><sup>19</sup></a> Para 1900, Plateros era la calle que m&aacute;s impuestos pagaba al gobierno del Distrito Federal, seguida de las calles de Capuchinas, Don Juan Manuel, San Bernardo y la calle de San Francisco. La senda de San Francisco y Plateros concentraba dos de las cinco primeras en el cobro de impuestos. V&eacute;ase Cuadro 3 de AGUIRRE ANAYA, Carlos, &quot;Jerarqu&iacute;a y distribuci&oacute;n de los usos del suelo no habitacionales en la Ciudad de M&eacute;xico a finales del siglo XIX&quot;, en BL&Aacute;ZQUEZ DOM&Iacute;NGUEZ, Carmen y otros (eds), <i>Poblaci&oacute;n y estructura urbana en M&eacute;xico, siglos XVIII y XIX</i>, Xalapa, Universidad Veracruzana, 1996, p. 343.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20"><sup>20</sup></a> SARTORIUS, Carl Christian, <i>M&eacute;xico hacia 1850</i>, M&eacute;xico, Conaculta, 1990, p. 193.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21"><sup>21</sup></a> &quot;&#91;&#8230;&#93; En este sentido, el urbanismo y la arquitectura de la Ciudad de M&eacute;xico en el siglo XIX, pueden explicarse como &#39;estrategias de poder&#39;, es decir, como manifestaciones del dominio de los grupos e individuos sobre el espacio urbano, a trav&eacute;s de la posesi&oacute;n, uso y significado del mismo.&quot; Es decir, existe un enfrentamiento entre las marcas impuestas desde la hegemon&iacute;a, y con los mecanismos de dominaci&oacute;n de los que se sirve, y aquellas marcas que se cuelan en el estricto orden impuesto y que, desde la resistencia, imponen su particular cariz. EGUIARTE SAKAR, <i>Urbanismo y arquitectura</i>, p. 13</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22"><sup>22</sup></a> LYNCH, Kevin, <i>La imagen</i>, p. 62.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23"><sup>23</sup></a> CALDER&Oacute;N DE LA BARCA, <i>Madame, La vida en M&eacute;xico durante una residencia de dos a&ntilde;os en ese pa&iacute;s</i>, M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 2003, p. 53. (Publicado originalmente en 1843).</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24"><sup>24</sup></a> Quiz&aacute; para exagerar la sorpresa provinciana de la ciudad, Delgado escoge narrar la llegada a la ciudad desde esta mirada inocente y espantada. <i>Los Parientes Ricos</i>, fue publicada por entregas entre 1901-1902. DELGADO, Rafael, <i>Los Parientes Ricos</i>, edici&oacute;n y pr&oacute;logo de Antonio Castro Leal, 5<sup>a</sup> ed., M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 1982, p. 180.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25"><sup>25</sup></a> &quot;La ciudad es realidad cambiante que impone a los hombres una forma de concebir el mundo de relaciones en que se encuentra. Una realidad de trazos urbanos y arquitect&oacute;nicos, de espacios, se&ntilde;ales y s&iacute;mbolos que constituyen el entorno del hombre urbano e influye en la conformaci&oacute;n de su visi&oacute;n sobre el mundo y la vida&quot;. EGUIARTE SAKAR, <i>Urbanismo y arquitectura</i>, p. 13</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26"><sup>26</sup></a> A veces, incluso, la ciudad fue el personaje mismo de sus narraciones. &quot;En 1851 aparecen una serie de obras que, a semejanza de <i>Los misterios de Par&iacute;s</i> de Eugenio Sue, pretenden hacer de la capital un escenario protag&oacute;nico. El incansable Nieto de Zamacois publica <i>Los misterios de M&eacute;xico</i>, mientras el franc&eacute;s Edouard Rivi&eacute;re da a la luz <i>Antonio y Anita</i> o <i>Los nuevos misterios de M&eacute;xico</i> Por su parte Jos&eacute; Rivera y R&iacute;o da a conocer <i>Los misterios de San Cosme</i>&quot;. QUIRARTE, Vicente, <i>Elogio de la calle. Biograf&iacute;a literaria de la Ciudad de M&eacute;xico. 1850-1992</i>, reimp, M&eacute;xico, Cal y arena, 2004, p. XI.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27"><sup>27</sup></a> GUTI&Eacute;RREZ N&Aacute;JERA, Manuel, &quot;La duquesa de Job&quot;, en <i>Poes&iacute;a modernista. Una antolog&iacute;a general,</i> Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica-Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1982, pp. 51-55.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28"><sup>28</sup></a> &quot;Mujeres p&uacute;blicas&quot; en <i>El Hijo del Trabajo</i>, 27 de enero de 1878, p. 4.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29"><sup>29</sup></a> ARR&Oacute;NIZ, Marcos, <i>Manual del viajero</i>, pp. 146-147.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30"><sup>30</sup></a> &quot;Mujeres p&uacute;blicas&quot; en <i>El Hijo del Trabajo</i>, 27 de enero de 1878, p. 4.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31"><sup>31</sup></a> Como puede verse en una desfachatada declaraci&oacute;n en torno de la embriaguez, el conflicto no es s&oacute;lo contra ciertas actitudes y vicios, sino en torno a qui&eacute;nes y en qu&eacute; momentos pueden tener esas actitudes y vicios. Combatida intensamente por la administraci&oacute;n urbana en la segunda mitad del siglo XIX, la embriaguez horripilaba pero, como dec&iacute;a un art&iacute;culo period&iacute;stico, &quot;&uacute;nicamente en el espect&aacute;culo del borracho callejero, medio desnudo, temulento. La borrachera discreta, bien vestida y paseada en coche, era cosa diferente, respetable y decente&quot;. P&Eacute;REZ MONFORT, Ricardo, <i>H&aacute;bitos, normas y esc&aacute;ndalo. Prensa, criminalidad y drogas en el porfiriato tard&iacute;o</i>, M&eacute;xico, CIESAS-Plaza y Vald&eacute;s, 1997, p. 168.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32"><sup>32</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p. 57.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref33" name="_ftn33"><sup>33</sup></a> PAYNO, Manuel, <i>Los bandidos de R&iacute;o Fr&iacute;o</i>, M&eacute;xico, Editores mexicanos unidos, 2005, p. 55 (Publicado en entregas entre 1888 y 1891)</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref34" name="_ftn34"><sup>34</sup></a> &quot;La festividad de ayer&quot;, en <i>El Monitor Republicano</i>, 6 de mayo de 1868, 3. &Eacute;nfasis nuestro.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref35" name="_ftn35"><sup>35</sup></a> Kevin Lynch habla de los <i>mojones</i> que son, al igual que los <i>nodos</i>, un punto de referencia; pero a diferencia de &eacute;stos, los mojones son lugares a los que el observador no puede entrar, le son externos. Son un objeto definido en el paisaje urbano que sirve para organizar el espacio y para marcarlo, sirviendo de referente cuando se dan indicaciones, se hacen citas y, como vimos, cuando se organizan procesiones. LYNCH, Kevin, <i>La imagen</i>, p. 63.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref36" name="_ftn36"><sup>36</sup></a> &quot;&#91;&#8230;&#93; para ejecutarse, la regularidad pol&iacute;tica necesita de una participaci&oacute;n masiva. Todos los actores est&aacute;n a la vista. No hay espacio para la disidencia pues &#91;adem&aacute;s de la estructura legal&#93; la figura formal de un urbanismo simple, permite dentro de sus l&iacute;mites una ubicaci&oacute;n para todos aquellos que componen el orden &#91;&#8230;&#93;&quot;. ALIATA, Fernando, <i>La ciudad regular. Arquitectura, programas e instituciones en el Buenos Aires posrevolucionario, 1821-1835</i>, Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes-Prometeo 3010, 2006, p. 58.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref37" name="_ftn37"><sup>37</sup></a> MOSSE, George L., <i>La nacionalizaci&oacute;n de las masas. Simbolismo pol&iacute;tico y movimientos de masas en Alemania desde las guerras napole&oacute;nicas al Tercer Reich</i>, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007.</p>      <p align="justify"><a href="#_ftnref38" name="_ftn38"><sup>38</sup></a> &quot;Educaci&oacute;n civil&quot; en <i>El Iris. Peri&oacute;dico cr&iacute;tico y literario</i>, 12 de julio de 1826. Reproducido en <i>El Iris. Peri&oacute;dico cr&iacute;tico y literario. Por Linati, Galli y Heredia</i>, edici&oacute;n facsimilar, II tomos, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Bibliogr&aacute;ficas, 1988, Vol. I, pp. 165-166. &Eacute;nfasis en el original.</p> <hr>  <font size="3">		     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <p><b><left>Fuentes</left></b></p></font>      <p align="justify"><b>Fuentes primarias</b></p>       <p align="justify"><b><i>Archivos</i></b></p>      <p align="justify">Archivo Hist&oacute;rico de la Ciudad de M&eacute;xico</p>      <p align="justify"><i>Ayuntamiento, Calles, Apertura.</i></p>      <p align="justify"><i>Ayuntamiento, Consejo Superior del Distrito.</i></p>      <!-- ref --><p align="justify"><i>Ayuntamiento, Festividades.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0122-2066201300010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>       <p align="justify"><b><i>Publicaciones peri&oacute;dicas</i></b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><i>El Hijo del Trabajo</i>, M&eacute;xico, 1878.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0122-2066201300010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify"><i>El Iris. Peri&oacute;dico cr&iacute;tico y literario</i>, M&eacute;xico, 1826.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0122-2066201300010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify"><i>El Monitor Republicano</i>, M&eacute;xico, 1868 y 1885.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0122-2066201300010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify"><i>El Siglo Diez y Nueve</i>, M&eacute;xico, 1968.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0122-2066201300010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <p align="justify"><b>Fuentes secundarias</b></p>      <!-- ref --><p align="justify">AGUIRRE ANAYA, Carlos, &quot;Jerarqu&iacute;a y distribuci&oacute;n de los usos del suelo no habitacionales en la Ciudad de M&eacute;xico a finales del siglo XIX&quot;, en BL&Aacute;ZQUEZ DOM&Iacute;NGUEZ, Carmen, y otros, <i>Poblaci&oacute;n y estructura urbana en M&eacute;xico, siglos XVIII y XIX</i>, Xalapa, Universidad Veracruzana, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0122-2066201300010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">ALIATA, Fernando, <i>La ciudad regular. Arquitectura, programas e instituciones en el Buenos Aires posrevolucionario, 1821-1835</i>, Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes-Prometeo 3010, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0122-2066201300010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">ALMONTE, Juan Nepomuceno, <i>Gu&iacute;a de forasteros y repertorio de conocimientos &uacute;tiles</i>, (Edici&oacute;n facsimilar de 1852) M&eacute;xico, Instituto Mora,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0122-2066201300010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> 1997.</p>      <!-- ref --><p align="justify">ARR&Oacute;NIZ, Marcos, <i>Manual del viajero en M&eacute;xico o compendio de la historia de la Ciudad de M&eacute;xico, con la descripci&oacute;n e historia de sus templos, conventos, edificios p&uacute;blicos, las costumbres de sus habitantes, etc., y con el plan de la ciudad</i>, M&eacute;xico, Instituto Mora, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0122-2066201300010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">CALDER&Oacute;N DE LA BARCA, <i>Madame, La vida en M&eacute;xico durante una residencia de dos a&ntilde;os en ese pa&iacute;s</i>, M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0122-2066201300010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">DELGADO, Rafael, <i>Los Parientes Ricos</i>, edici&oacute;n y pr&oacute;logo de Antonio Castro Leal, 5<sup>a</sup> ed., M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 1982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0122-2066201300010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">EGUIARTE SAKAR, Mar&iacute;a Estela, <i>Urbanismo y arquitectura en M&eacute;xico en cat&aacute;logo de referencias hemerogr&aacute;ficas, 1861-1877</i>, M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0122-2066201300010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">FOUCAULT, Michel, &quot;Politics and reason&quot; en KRITZMAN, Lawrence D. (ed.) <i>Michel Foucault. Politics philosophy, culture. Interviews and other writings, 1977- 1984</i>, New York-London, Routledge, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0122-2066201300010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">FOUCAULT, Michel, <i>Seguridad, territorio, poblaci&oacute;n, Curso en el Coll&eacute;ge de France (1977-1978)</i>, Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0122-2066201300010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">GUTI&Eacute;RREZ N&Aacute;JERA, Manuel, &quot;La duquesa de Job&quot;, en <i>Poes&iacute;a modernista. Una antolog&iacute;a general</i>, Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica-Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0122-2066201300010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">HARVEY, David, <i>Paris, capital of modernity</i>, New York y London, Routledge, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0122-2066201300010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">LYNCH, Kevin, <i>La imagen de la ciudad</i>, Buenos Aires, Gustavo Gil, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0122-2066201300010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">LOMBARDO DE RUIZ, Sonia, (comp.), <i>Antolog&iacute;a de textos sobre la Ciudad de M&eacute;xico en el periodo de la Ilustraci&oacute;n (1788-1792)</i>, M&eacute;xico, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 1982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0122-2066201300010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">MORALES, Ma. Dolores, &quot;Cambios en la traza de la estructura vial de la Ciudad de M&eacute;xico. 1770-1855&quot;, en HERN&Aacute;NDEZ FRANYUTI, Regina (comp.), <i>La Ciudad de M&eacute;xico en la primera mitad del siglo XIX</i>, vol.2, M&eacute;xico, Instituto Mora, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0122-2066201300010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">MORENO TOSCANO, Alejandra (coord.), <i>Ciudad de M&eacute;xico. Ensayo de construcci&oacute;n de una historia</i>, M&eacute;xico, Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica-Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, 1978.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0122-2066201300010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">MORENO TOSCANO, Alejandra, &quot;Cambios en la estructura interna de la Ciudad de M&eacute;xico&quot;, ponencia presentada en XLI, <i>Congreso Internacional de Americanistas</i>, M&eacute;xico, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0122-2066201300010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">MOSSE, George L., <i>La nacionalizaci&oacute;n de las masas. Simbolismo pol&iacute;tico y movimientos de masas en Alemania desde las guerras napole&oacute;nicas al Tercer Reich</i>, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0122-2066201300010000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">PAYNO, Manuel, <i>Los bandidos de R&iacute;o Fr&iacute;o</i>, M&eacute;xico, Editores mexicanos unidos, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0122-2066201300010000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">P&Eacute;REZ MONFORT, Ricardo, <i>H&aacute;bitos, normas y esc&aacute;ndalo. Prensa, criminalidad y drogas en el porfiriato tard&iacute;o</i>, M&eacute;xico, CIESAS-Plaza y Vald&eacute;s, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0122-2066201300010000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">QUIRARTE, Vicente, <i>Elogio de la calle. Biograf&iacute;a literaria de la Ciudad de M&eacute;xico. 1850-1992</i> (reimp.), M&eacute;xico, Cal y arena, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0122-2066201300010000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">SARTORIUS, Carl Christian, <i>M&eacute;xico hacia 1850</i>, M&eacute;xico, Conaculta, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0122-2066201300010000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">SIERRA, Justo, <i>Obras Completas XIII. Ju&aacute;rez: su obra y su tiempo</i>, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0122-2066201300010000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">SOLANO, F. de (ed.), <i>Normas y leyes de la ciudad hispanoamericana, 1601-1821</i>, Madrid, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0122-2066201300010000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">TOVAR DE TERESA, Guillermo, <i>La ciudad de los palacios: cr&oacute;nica de un patrimonio perdido</i> (2<sup>a</sup> ed.), Vol. 2, M&eacute;xico, Fundaci&oacute;n Cultural Televisa, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0122-2066201300010000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">VIQUEIRA ALB&Aacute;N, Juan Pedro, &iquest;Relajados o reprimidos? Diversiones p&uacute;blicas y vida social en la Ciudad de M&eacute;xico durante el Siglo de las Luces, M&eacute;xico, FCE, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0122-2066201300010000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Y&Aacute;&Ntilde;EZ ROMERO, Jos&eacute; Arturo, <i>Polic&iacute;a mexicana: cultura pol&iacute;tica, (in)seguridad y orden p&uacute;blico en el gobierno del Distrito Federal, 1821-1876</i>, M&eacute;xico, UAM Xochimilco-Plaza y Vald&eacute;s, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0122-2066201300010000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <br>      <p align="center"><b><i>FECHA DE RECEPCI&Oacute;N: 19/2/2013    <br> FECHA DE APROBACI&Oacute;N: 31/5/2013</i></b></p>  </font>      ]]></body><back>
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