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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[TRANSFORMACIONES INTERNAS DE LAS FARC A PARTIR DE LOS CAMBIOS POLÍTICOS POR LOS QUE ATRAVIESA EL ESTADO COLOMBIANO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[El objeto de este trabajo de investigación es analizar, hasta qué punto, las políticas de Estado respecto del conflicto armado interno y del crecimiento de los grupos paramilitares han modificado la estructura interna de las FARC, en la década de los noventa. Éstas han dando , muestras de transformaciones como la descentralización de la cúpula, la creación de bloques de frente y mandos colegiados, el aumento en el número de integrantes del secretariado y nuevas estrategias políticas y militares. La investigación se inscribe en la necesidad de evaluar el desarrollo interno de las FARC frente a los cambios dentro del Estado y su política de contener la avanzada guerrillera, sometiendo a las FARC a fuertes ataques militares, sin que hasta el momento se vislumbre su derrota.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>TRANSFORMACIONES INTERNAS DE LAS FARC     A PARTIR DE LOS CAMBIOS POL&Iacute;TICOS POR LOS QUE ATRAVIESA EL ESTADO COLOMBIANO</b></font></p>     <p>&nbsp; </p>     <p>   <b>Aurora Moreno Torres*</b></p>     <p>* Historiadora Universidad del Valle y Magistra en Estudios Latinoamericanos, Pontificia   Universidad Javeriana. Actualmente se desempe&ntilde;a como investigadora independiente.   <a href="mailto:aurora929@hotmail.com">aurora929@hotmail.com</a>.</p>     <p align="center">   Recibido: 16/08/2006 Aprobado evaluador interno: 17/10/06 Aprobado evaluador externo: 05/10/06</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><b>Abstract</b></p>     <p>   The purpose of this research work is to analyze to what extent the policies of the State   with regard to the internal armed conflict and the growth of the paramilitary groups have   modified the internal structure of the FARC, in the 1990s. The FARC have shown signs of   transformations such as the decentralization of the top leadership structure, the creation   of Blocks made out of various Fronts and collegiate command structure, the increase in   the number of members of the secretariat, and new political and military strategies. This   research project subscribes to the need to evaluate FARC&rsquo;s internal development vis-&agrave;-vis   the changes within the State and its policy of containing the advancement of the guerillas, subjecting the FARC to strong military attacks, without so far evidencing success.</p>     <p>   <b>Key words:</b> Colombian armed conflict, FARC guerrillas, paramilitarism, Colombian State.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p> <b>Resumen</b></p>     <p>   El objeto de este trabajo de investigaci&oacute;n es analizar, hasta qu&eacute; punto, las pol&iacute;ticas de Estado   respecto del conflicto armado interno y del crecimiento de los grupos paramilitares han   modificado la estructura interna de las FARC, en la d&eacute;cada de los noventa. &Eacute;stas han dando   , muestras de transformaciones como la descentralizaci&oacute;n de la c&uacute;pula, la creaci&oacute;n de bloques   de frente y mandos colegiados, el aumento en el n&uacute;mero de integrantes del secretariado y nuevas estrategias pol&iacute;ticas y militares. La investigaci&oacute;n se inscribe en la necesidad de   evaluar el desarrollo interno de las FARC frente a los cambios dentro del Estado y su pol&iacute;tica   de contener la avanzada guerrillera, sometiendo a las FARC a fuertes ataques militares, sin que hasta el momento se vislumbre su derrota.</p>     <p>   <b>Palabras clave:</b> Conflicto armado colombiano, guerrilla de las FARC, paramilitarismo, Estado Colombiano.</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p> <font size="3" face="verdana"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>      <p>   A partir de la d&eacute;cada de los noventa el Estado colombiano inici&oacute; una   serie de reformas pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas que configurar&iacute;an un nuevo orden.   En primer lugar, se estableci&oacute; el cambio constitucional, a fin de fortalecer   el Estado, integrar la sociedad en torno a un proyecto nacional y alcanzar   la paz. En segundo lugar, se concret&oacute; el cambio del modelo econ&oacute;mico   propuesto a finales de la d&eacute;cada anterior, que s&oacute;lo fue posible con el cambio   constitucional. Estos factores no lograron fortalecer el Estado y, por el   contrario, est&aacute;n asociados a la crisis interna que caracteriza la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo y comienzos del nuevo.</p>     <p>   Por otro lado, el conflicto armado interno, que no logr&oacute; superarse en las   d&eacute;cadas pasadas, se hizo m&aacute;s complejo, debido a los cambios experimentados   por las organizaciones armadas &mdash;especialmente las guerrillas&mdash; y al acelerado   crecimiento de los grupos paramilitares. Hasta finales de los ochenta parec&iacute;a   que la lucha armada en Colombia se desarrollaba solamente en el campo, y   aunque los actores del conflicto arreciaban sus ataques en las &aacute;reas rurales,   no mostraban mayor poder&iacute;o militar; es decir, que los ataques de la guerrilla   se limitaban, en la mayor&iacute;a de los casos, a hostigar puestos militares y   emboscar patrullas del ej&eacute;rcito. Por su parte, para esta misma &eacute;poca, los grupos   paramilitares actuaban como una fuerza armada en oposici&oacute;n a la guerrilla,   dirigiendo sus ataques hacia la poblaci&oacute;n civil, especialmente la campesina,   con el fin de consolidar zonas para empezar a disputarle el territorio a los   grupos guerrilleros que se encontraban operando por casi toda la geograf&iacute;a   nacional. Estos hechos se intensificaron en la d&eacute;cada de los noventa y se reflejaron en las acciones violentas de los actores armados.</p>     <p> <font size="3" face="verdana"><b>Marco Te&oacute;rico</b></font></p>      <p>   El marco te&oacute;rico de este trabajo consta de tres partes: la primera, recoge   los principales enfoques surgidos para analizar las guerras civiles, con el fin   de la guerra fr&iacute;a, en torno a la corriente de la "econom&iacute;a pol&iacute;tica". En esencia, esta corriente plantea que la capacidad de acceso a recursos econ&oacute;micos por   parte de los grupos rebeldes determina sus posibilidades de organizaci&oacute;n   y subsistencia; la segunda, retoma algunos estudios y perspectivas sobre   la historia de las FARC; la tercera, se refiere a algunos de los planteamientos   te&oacute;ricos surgidos en el contexto nacional para explicar el caso de las guerrillas colombianas a partir de los a&ntilde;os noventa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <b>1. Las guerras civiles a partir del fin de la Guerra Fr&iacute;a</b></p>     <p>   La nueva literatura que pretende explicar el car&aacute;cter de las guerras civiles,   a partir del fin de la guerra fr&iacute;a, ha abierto un debate sobre las dimensiones   sociales, pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas de sus din&aacute;micas. Esta cr&iacute;tica se dirige,   primordialmente, contra las corrientes que consideran que factores objetivos &mdash;   como la injusticia y la desigualdad social de los sectores excluidos&mdash; constituyen   los elementos explicativos centrales, y en las que, por ende, el discurso pol&iacute;tico   es fundamental. El ataque proviene principalmente de la teor&iacute;a "econ&oacute;mica   del conflicto", para la cual la capacidad de acceso de los rebeldes a los recursos econ&oacute;micos determina sus posibilidades de organizaci&oacute;n y permanencia<sup><a href="#1" name="s1">1</a></sup>.</p>     <p>   En esta perspectiva, "la motivaci&oacute;n para los conflictos no tiene importancia:   lo que importa es que la organizaci&oacute;n se pueda sostener financieramente";<sup><a href="#2" name="s2">2</a></sup> es   decir, que aunque se reconoce que los nuevos conflictos pueden fundamentarse   en el descontento producido por tensiones &eacute;tnicas, desigualdades econ&oacute;micas,   ausencia o limitaci&oacute;n de derechos pol&iacute;ticos o incompetencia gubernamental   para generar un desarrollo econ&oacute;mico aceptable (descontento), o en la avaricia   de los actores,<sup><a href="#3" name="s3">3</a></sup> la clave de la perdurabilidad del conflicto armado radica en la capacidad de los rebeldes para captar recursos econ&oacute;micos.<sup><a href="#4" name="s4">4</a></sup></p>     <p>   Uno de los principales exponentes de esta postura, a nivel internacional, es   Paul Collier,<sup><a href="#5" name="s5">5</a></sup> quien analiza las causas de las guerras civiles desde la perspectiva de la teor&iacute;a "econ&oacute;mica del conflicto", con base en tendencias emp&iacute;ricas de los rebeldes desempe&ntilde;a el papel explicativo principal.<sup><a href="#6" name="s6">6</a></sup></p>     <p>   Collier, no niega la existencia de causas objetivas para el desarrollo de una   rebeli&oacute;n, pero argumenta que estas rebeliones solamente se convierten en   guerras civiles donde hay organizaciones financieramente viables; por tal raz&oacute;n, explica que:</p>     <p>   las Milicias de Michigan fueron incapaces de crecer m&aacute;s all&aacute; de un pu&ntilde;ado de voluntarios   de medio tiempo, mientras que las FARC en Colombia han crecido hasta emplear unas 12.000   personas. Los factores que dan cuenta de esta diferencia entre el fracaso y el &eacute;xito no se   deben buscar en las "causas" que estas dos organizaciones rebeldes dicen abrazar sino en las posibilidades, radicalmente diferentes, de percibir ingresos.<sup><a href="#7" name="s7">7</a></sup></p>     <p>   Seg&uacute;n Valenzuela,<sup><a href="#8" name="s8">8</a></sup> este tipo de an&aacute;lisis ignora la complejidad causal,   pues deja de lado factores como las diferencias pol&iacute;ticas, institucionales y   econ&oacute;micas entre los dos pa&iacute;ses. En &uacute;ltimas, el planteamiento de la teor&iacute;a   econ&oacute;mica del conflicto es que el nutriente para el desarrollo de la guerra   civil es la "depredaci&oacute;n", entendida como la forma en que se obtienen los   bienes para financiar la organizaci&oacute;n, mediante la utilizaci&oacute;n de la fuerza   como medio para obtener poder econ&oacute;mico. Aunque todas las sociedades   experimentan alg&uacute;n tipo de descontento, &eacute;ste no es siempre un determinante de la rebeli&oacute;n. En tal sentido, Collier afirma que:</p>     <p>   Una guerra no se puede librar s&oacute;lo a fuerza de odios o esperanzas. La depredaci&oacute;n durante   el conflicto puede no ser el objetivo de la organizaci&oacute;n rebelde, pero s&iacute; es el medio para   financiarlo. Por depredaci&oacute;n me refiero al uso de la fuerza para arrebatar bienes o dinero   a sus leg&iacute;timos due&ntilde;os (...) los grupos pueden abrigar inconformidades m&aacute;s o menos por   fuera de sus circunstancias objetivas, fen&oacute;meno social conocido como "privaci&oacute;n relativa".   Hay quienes alimentan ansias de poder haciendo m&aacute;s o menos caso omiso de los beneficios   objetivos que confiere el poder. En este caso, la factibilidad de la depredaci&oacute;n es lo que determina los riesgos de que surja el conflicto.<sup><a href="#9" name="s9">9</a></sup></p>     <p>   Seg&uacute;n Collier, para los grupos armados es m&aacute;s importante acceder a los   recursos con su capacidad depredadora, y las motivaciones objetivas tienen   apenas un significado m&iacute;nimo, &uacute;til para captar seguidores; sin embargo, esta   afirmaci&oacute;n es inapropiada al analizar el caso de las guerrillas colombianas, que han permanecido activas por cuatro d&eacute;cadas, ya que un discurso no se puede   mantener por tanto tiempo sin que se evidencien los intereses particulares   de los insurgentes o las disputas internas por el manejo de los recursos;   ello, por supuesto, sin desconocer que el soporte financiero de la rebeli&oacute;n   es fundamental; es decir, una rebeli&oacute;n no se puede sostener exclusivamente   en un discurso de agravios, sin recibir ingresos que permitan mantener un ej&eacute;rcito. Este ser&iacute;a el aporte de Collier.</p>     <p>   Para Collier, el discurso que se cita a continuaci&oacute;n se construye con   fundamento en los agravios, pero a su vez es independiente de las motivaciones   reales, por cuanto todos los grupos rebeldes adoptan este tipo de discurso, sin importar si est&aacute;n motivados por el deseo de justicia o por la codicia:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Hace 40 a&ntilde;os en Marquetalia, departamento del Tolima, 16 mil soldados iniciaron su   ofensiva contra 48 campesinos que obligados por esa circunstancia empu&ntilde;aron las armas   para defenderse de la agresi&oacute;n, dando origen al surgimiento de las Fuerzas Armadas   Revolucionarias de Colombia que transformadas hoy en Ej&eacute;rcito del Pueblo, se han erigido   como verdadera alternativa popular de poder.   Desde ese 27 de mayo de 1964, las FARC-EP no hemos dejado de luchar ni un solo instante   con la mayor decisi&oacute;n y optimismo revolucionarios en defensa de los intereses m&aacute;s sentidos   de nuestro pueblo y en primer lugar, en la b&uacute;squeda de salidas pol&iacute;ticas a la confrontaci&oacute;n   militar y a las desigualdades sociales que alientan su desarrollo. Justamente hace 20 a&ntilde;os,   en la Uribe, departamento del Meta, d&aacute;bamos inicio a un proceso de Cese de Fuegos y de   Tregua que deb&iacute;a culminar en la firma de un Tratado de Paz Estable y Duradero que no   pudo ser por causa de esa visi&oacute;n miope e irreal de la Oligarqu&iacute;a que pretende el fin de   la confrontaci&oacute;n con la insurgencia revolucionaria, sin propiciar cambios de fondo en la   estructura econ&oacute;mica y social del pa&iacute;s, ni modificaciones sustanciales en las reglas del juego pol&iacute;tico ni de la concepci&oacute;n sobre el papel del Estado con la sociedad (...).<sup><a href="#10" name="s10">10</a></sup></p>     <p>   De acuerdo con Collier, las manifestaciones de un conflicto pol&iacute;tico no   siempre conducen a una guerra, pero una guerra s&iacute; se puede apropiar de la existencia de un conflicto pol&iacute;tico:</p>     <p>   Los analistas con frecuencia razonan retrospectivamente a partir del discurso pol&iacute;tico   que se produce en el curso del conflicto y deducen que la guerra es la consecuencia de   un conflicto pol&iacute;tico particularmente intenso: a su vez basado en motivos de descontento   particularmente graves. Empero, la intensidad del descontento objetivo no predice una   guerra civil. Muchas sociedades viven intensos conflictos pol&iacute;ticos durante muchos a&ntilde;os sin   que &eacute;stos se conviertan en guerras. El conflicto pol&iacute;tico es universal, en tanto que la guerra   es escasa. Yo argumento que all&iacute; donde la rebeli&oacute;n resulta ser financieramente viable, habr&aacute;   guerra. Como parte del proceso de la guerra, la organizaci&oacute;n rebelde tiene que generar el descontento del grupo, en aras de la efectividad militar. La generaci&oacute;n del descontento   grupal politiza la guerra. En conclusi&oacute;n, es la guerra la que produce el conflicto pol&iacute;tico intenso y no a la inversa.<sup><a href="#11" name="s11">11</a></sup></p>     <p>   Collier tambi&eacute;n argumenta que una de las condiciones propicias para   las guerras civiles es la importancia, para algunos pa&iacute;ses, de la exportaci&oacute;n   de bienes primarios f&aacute;cilmente gravables, tanto por los gobiernos como   por los insurgentes. El argumento es que estos pa&iacute;ses tienen mayor riesgo   de conflicto que aquellos cuya econom&iacute;a no depende exclusivamente de   la exportaci&oacute;n de bienes primarios. Para los primeros, tiene importancia la   poblaci&oacute;n joven, con pocos niveles de educaci&oacute;n y que carece de fuentes de   empleo, pues constituye una fuerza de trabajo militar, ya que la pertenencia   a una organizaci&oacute;n armada es una alternativa para j&oacute;venes sin opciones de   movilidad social; adem&aacute;s, tienen importancia la geograf&iacute;a, el poco control por   parte del Estado en determinadas zonas, y el haber experimentado conflictos armados previamente.<sup><a href="#12" name="s12">12</a></sup></p>     <p>   Este autor analiza los beneficios econ&oacute;micos de las rebeliones, argumentando   que las rebeliones predatorias son rentables en situaciones de dependencia   de exportaciones primarias, bajos ingresos promedios y bajo crecimiento   en el pa&iacute;s. El primer elemento estar&iacute;a asociado con el saqueo de los bienes   primarios y las diversas modalidades de tributaci&oacute;n por parte del Estado y de   los rebeldes; los otros elementos act&uacute;an de alguna forma como dinamizadores   del conflicto, y por tanto las organizaciones rebeldes se ver&iacute;an beneficiadas de las situaciones que pueden generar una guerra.</p>     <p>   Al analizar el caso particular de las FARC, con frecuencia encontramos   acciones predatorias, intolerancia y abusos contra la poblaci&oacute;n civil, secuestro   de medianos empresarios, robo de veh&iacute;culos, boleteo, desplazamiento,   prohibici&oacute;n de ejercer el derecho al voto, amenazas, ejecuciones extrajudiciales,   reclutamiento forzoso y otras formas de abuso. No obstante, se debe hacer una   distinci&oacute;n entre los abusos militares y estrat&eacute;gicos, y los abusos econ&oacute;micos   con fines predatorios. Hay una marcada diferencia cuando estos se cometen   como parte de una guerra que no ha perdido su proyecci&oacute;n pol&iacute;tica y cuando   son utilizados con &aacute;nimo de enriquecimiento individual o colectivo. En otras   palabras, la depredaci&oacute;n hace parte de la guerra. Seg&uacute;n &Aacute;lvaro Camacho, se   debe diferenciar entre los abusos con fines econ&oacute;micos y los que obedecen al orden militar. Estos &uacute;ltimos afectan a la poblaci&oacute;n civil por la dimensi&oacute;n que ha   adquirido el conflicto armado. Tal es el caso de la voladura de puentes y torres   de energ&iacute;a el&eacute;ctrica, el uso de armas prohibidas, y la toma y destrucci&oacute;n de   pueblos, acciones que desde luego afectan y suscitan el rechazo de la poblaci&oacute;n,   pero que hacen parte de una guerra que no ha perdido su dimensi&oacute;n pol&iacute;tica.   Por el contrario, cuando los actos predatorios se llevan a cabo con fines de   beneficio privado para sus autores, se ha perdido esa dimensi&oacute;n pol&iacute;tica<sup><a href="#13" name="s13">13</a></sup> y   se constituyen en formas delincuenciales que nada tienen que ver con un proyecto pol&iacute;tico.</p>     <p>   Siguiendo esta misma l&iacute;nea de an&aacute;lisis, Mary Kaldor plantea que las guerras   civiles que se desarrollan en el contexto de la globalizaci&oacute;n han ca&iacute;do en el   anacronismo, debido a las diversas modalidades que han adquirido. En el   contexto actual, esas confrontaciones son mezcla de guerra, delito organizado   y violaci&oacute;n masiva de los derechos humanos, y se ven influenciadas por la   econom&iacute;a informal que desv&iacute;a los objetivos del conflicto. En este sentido,   los Estados pierden legitimidad frente a las relaciones que establece la   globalizaci&oacute;n. Para explicar las guerras contempor&aacute;neas, Kaldor afirma que "Surgen en situaciones en las que los ingresos del Estado disminuyen por el declive de la econom&iacute;a y la expansi&oacute;n del delito, la corrupci&oacute;n y la ineficacia; la violencia est&aacute; cada vez m&aacute;s privatizada, como consecuencia del crimen organizado y la aparici&oacute;n de grupos paramilitares, mientras la legitimidad pol&iacute;tica va desapareciendo".<sup><a href="#14" name="s14">14</a></sup></p>     <p>   Una perspectiva completamente diferente en relaci&oacute;n con este debate es la   presentada por Barrington Moore.<sup><a href="#15" name="s15">15</a></sup> Este autor considera que al interior de las   culturas existen ciertas formas de sufrimiento y que la ausencia del dolor es   consecuencia de alguna forma de anestesia moral o psicol&oacute;gica; es decir, para   Moore las condiciones particulares de los reg&iacute;menes pueden proporcionar   una especie de anestesia efectiva que impide que las sociedades se rebelen;   sin embargo, la superaci&oacute;n de esta anestesia tiene tambi&eacute;n bases sociales.</p>     <p>   Seg&uacute;n Moore, la pobreza que no logra superarse empieza a producir   condiciones de indignaci&oacute;n que sustituyen a las de resignaci&oacute;n. Esa indignaci&oacute;n   ser&aacute; mayor cuanto m&aacute;s aumente el sufrimiento de los estratos bajos. En   segundo lugar, es preciso que las condiciones de insatisfacci&oacute;n lleguen a las clases dominantes, de manera que se dividan para formar una alianza entre   dominantes y dominados. En tercer lugar, es preciso que se identifiquen cu&aacute;les   son los culpables de la miseria y el sufrimiento: altos funcionarios estatales y   grandes propietarios, entre otros. En cuarto lugar, es necesaria la presencia   y las acciones de agitadores. Finalmente, es fundamental el desarrollo de   espacios sociales y culturales que permitan que los dominados puedan al   menos experimentar condiciones de mejoramiento. Ello quiere decir que,   en los reg&iacute;menes represivos, los espacios dificultan la acci&oacute;n reivindicativa   o la protesta.<sup><a href="#16" name="s16">16</a></sup></p>     <p>   De lo anterior se desprende que cuando las sociedades no encuentran un   veh&iacute;culo adecuado para resolver sus problemas de injusticia, el descontento   social se puede convertir en la chispa que encienda la rebeli&oacute;n; de all&iacute; que   sea importante el grado de concientizaci&oacute;n popular encaminada hacia un   fin; sin embargo, estos elementos no son suficientes para el desarrollo de   una rebeli&oacute;n; por consiguiente, es aqu&iacute; donde toma fuerza la organizaci&oacute;n   con capacidad de encauzar la rebeld&iacute;a. Para Moore, los recursos econ&oacute;micos   son importantes, pero no suficientes para desencadenar el desarrollo de la   rebeli&oacute;n.<sup><a href="#17" name="s17">17</a></sup> Al analizar el caso de las FARC, en la explicaci&oacute;n de su surgimiento,   encontramos la existencia de condiciones sociales objetivas, capacidad   organizativa y liderazgo pol&iacute;tico, e inexistencia de recursos susceptibles de   ser depredados.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <b>2. Estudios y perspectivas</b></p>     <p>   Dentro de esta categor&iacute;a de an&aacute;lisis han surgido estudios que intentan   mostrar elementos que permiten establecer los or&iacute;genes de las guerrillas,   su tradici&oacute;n hist&oacute;rica, sus motivaciones ideol&oacute;gicas, su permanencia en el   tiempo, las limitaciones en cuanto a las formas de generar una insurrecci&oacute;n   armada, las diversas modalidades por las que ha atravesado el conflicto, el uso   de pr&aacute;cticas no convencionales y las fuentes de financiamiento, para entrar   a establecer el momento actual.</p>     <p>   Desde diversas disciplinas se ha buscado una explicaci&oacute;n a los hechos   violentos surgidos en Colombia a lo largo del siglo XX. Los estudios son   diversos y los enfoques son m&uacute;ltiples. La literatura se inicia con la producci&oacute;n   publicada sobre la violencia desde 1962, a&ntilde;o de aparici&oacute;n del libro pionero en este g&eacute;nero de estudios, la Violencia en Colombia, de Guzm&aacute;n, Fals Borda y   Uma&ntilde;a Luna,<sup><a href="#18" name="s18">18</a></sup> hasta los estudios actuales que explican las nuevas estrategias   guerrilleras.</p>     <p>   En Colombia, los estudios que explican el conflicto desde la perspectiva   econ&oacute;mica se han inscrito en la teor&iacute;a de la codicia-depredaci&oacute;n para   caracterizar la acci&oacute;n de las organizaciones guerrilleras. Entre ellos est&aacute;n los   estudios de Mauricio Rubio, Mar&iacute;a del Pilar Castillo y Boris Salazar. Rubio,   afirma que no hay ninguna diferencia entre la delincuencia com&uacute;n y la   delincuencia pol&iacute;tica, debido a que producen los mismos efectos al interior   de la sociedad y a que en su actividad militar los guerrilleros no solamente   cometen innumerables delitos contra la vida humana y la propiedad, sino   que sus &aacute;nimos rent&iacute;sticos determinan en gran medida el tipo de pr&aacute;cticas a   las que se dedican.<sup><a href="#19" name="s19">19</a></sup></p>     <p>   Mar&iacute;a del Pilar Castillo y Boris Salazar<sup><a href="#20" name="s20">20</a></sup> parten del enfoque de la teor&iacute;a de   los juegos y de la teor&iacute;a econ&oacute;mica del conflicto para establecer que el conflicto   colombiano es el resultado banal de una acci&oacute;n racional de agentes armados   y no armados, que han aprendido a sobrevivir en condiciones de extrema   incertidumbre, escasa solidaridad y falta de reglas para conducir las relaciones   entre los individuos y entre &eacute;stos con los distintos grupos sociales.<sup><a href="#21" name="s21">21</a></sup> Para los   autores, las organizaciones guerrilleras parten de una situaci&oacute;n de agravios e   injusticias, pero esconden fines eminentemente econ&oacute;micos; por consiguiente,   a las FARC les beneficiar&iacute;an m&aacute;s las situaciones que puedan desencadenar un   conflicto que alcanzar la paz. Seg&uacute;n estos autores:</p>     <p>No puede desconocerse, por supuesto, que el fen&oacute;meno de la exclusi&oacute;n pol&iacute;tica, generado   por el Frente Nacional, explica el surgimiento y proliferaci&oacute;n de las organizaciones armadas revolucionarias activas en la d&eacute;cada del setenta y ochenta.</p>     <p>   Pero la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica y revolucionaria de esas organizaciones act&uacute;a en el contexto m&aacute;s   amplio de una organizaci&oacute;n social en la que la depredaci&oacute;n sistem&aacute;tica, el ejercicio de la   violencia y la b&uacute;squeda de ventajas econ&oacute;micas prevalecen. Para decirlo de otra forma, no   s&oacute;lo la exclusi&oacute;n pol&iacute;tica explica el surgimiento y consolidaci&oacute;n de organizaciones armadas   revolucionarias en la d&eacute;cada del setenta y del ochenta. Hay una explicaci&oacute;n m&aacute;s amplia y   con mayor poder de cobertura: en general el contexto social favorec&iacute;a la proliferaci&oacute;n de   los que estaban organizados para la depredaci&oacute;n y para la imposici&oacute;n violenta, a costa del   debilitamiento, y hasta la desaparici&oacute;n de quienes no lo estaban.<sup><a href="#22" name="s22">22</a></sup></p>     <p>   Estos estudios recogen una serie de acontecimientos hist&oacute;ricos que permiten   evaluar los diferentes momentos por los que ha atravesado el conflicto interno   colombiano. Las modalidades de investigaci&oacute;n son variadas, e incluyen las que   se proponen hacer una revisi&oacute;n hist&oacute;rica con base en metodolog&iacute;as cualitativas,   apoyadas en entrevistas e historias de vida, para establecer cu&aacute;l ha sido la   evoluci&oacute;n de las guerrillas, especialmente de las FARC. En esta discusi&oacute;n se   centra el estudio de Ferro y Uribe,<sup><a href="#23" name="s23">23</a></sup> quienes retoman la historia de las FARC.   Volviendo a los or&iacute;genes y las condiciones que los llevaron a empu&ntilde;ar las   armas, los autores intentar retomar la discusi&oacute;n acerca de cu&aacute;l ha sido su   evoluci&oacute;n pol&iacute;tica y el papel que ha desempe&ntilde;ado el Partido Comunista al   interior de la organizaci&oacute;n.</p>     <p>   Los autores toman el enfoque de &Aacute;ngelo Panebianco para definir el desarrollo   organizacional de las FARC; a partir de all&iacute;, Ferro y Uribe reconstruyen los hitos   fundacionales de la organizaci&oacute;n y se preguntan por sus estructuras internas,   las din&aacute;micas de expansi&oacute;n territorial y las formas de articular su proyecto a   la poblaci&oacute;n. Su aporte lo sustentan en testimonios y hechos que permiten   establecer el estado actual de las FARC como organizaci&oacute;n pol&iacute;tica y militar.</p>     <p>   Sobre el crecimiento de las FARC, los autores se&ntilde;alan que los cambios se   reflejan en la Octava Conferencia, con la creaci&oacute;n de bloques y comandos   conjuntos, dada la necesidad de regionalizar la organizaci&oacute;n, en aras del   crecimiento y del avance en el control territorial, y, adicionalmente, en una   nueva plataforma pol&iacute;tica con un criterio "pluralista, patri&oacute;tico y democr&aacute;tico",   como parte del plan estrat&eacute;gico.<sup><a href="#24" name="s24">24</a></sup> Ferro y Uribe intentan evaluar las teor&iacute;as de la "econom&iacute;a pol&iacute;tica" y de la "elecci&oacute;n racional"; plantean que el crecimiento   actual de las FARC y su mayor capacidad militar son el resultado de las diversas   modalidades financieras. Los autores encuentran que el crecimiento de las   FARC no s&oacute;lo se debe a su relaci&oacute;n con los cultivos il&iacute;citos, sino que hay otros   factores de igual o mayor importancia, como la s&oacute;lida estructura organizativa   y la adecuaci&oacute;n de la misma a la expansi&oacute;n territorial, y los mecanismos de   control pol&iacute;tico, militar y de financiero.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Si bien es cierto que los medios de lucha aparecen cada vez con mayor peso   e importancia en las pr&aacute;cticas no convencionales de la guerra, los medios de   financiaci&oacute;n asociados al secuestro y la extorsi&oacute;n, y las formas clientelistas de   hacer pol&iacute;tica, el car&aacute;cter de su lucha guerrillera parece permanecer intacto,   lo que se explica por la solidez organizacional que las FARC han demostrado   a lo largo de su existencia.</p>     <p>   Sin duda, estas caracterizaciones resultan &uacute;tiles, aunque no suficientes, pues   obligan a no perder de vista la complejidad de las organizaciones guerrilleras,   y dan elementos para plantear nuevas categor&iacute;as de an&aacute;lisis y obtener una   mayor comprensi&oacute;n de la realidad colombiana.</p>     <p>   Otro componente al cual los analistas le han dado poca relevancia es la   incidencia de las pol&iacute;ticas de Estado sobre las guerrillas, pol&iacute;ticas que han   combinado de manera permanente y c&iacute;clica acciones represivas y acciones   de negociaci&oacute;n, y han oscilado entre el tratamiento pol&iacute;tico y el delincuencial.   Si bien sabemos que las guerrillas surgieron como consecuencia del r&eacute;gimen   cerrado del Frente Nacional, el Estado no ha modificado las debilidades por   las que ha atravesado a lo largo del siglo XX, aunque trat&oacute; de dar nuevas   alternativas con la nueva Constituci&oacute;n de 1991.</p>     <p>   <b>3. Estudios nacionales a partir de los a&ntilde;os noventa</b></p>     <p>   Una de las discusiones actuales sobre el conflicto armado colombiano gira   alrededor de la importancia del manejo de los recursos obtenidos a trav&eacute;s   del secuestro, la extorsi&oacute;n y la econom&iacute;a asociada con los cultivos il&iacute;citos.   Para algunos, se ha extinguido toda motivaci&oacute;n de orden pol&iacute;tico, lo que ha   llevado a la degradaci&oacute;n delincuencial de los grupos armados (guerrilla y   paramilitares); otros, en cambio, sostienen el car&aacute;cter instrumental de estas   formas de financiamiento, al menos en el caso de las guerrillas.</p>     <p>   Estas perspectivas explican el fortalecimiento de las guerrillas en conexi&oacute;n   con el creciente auge en el manejo de recursos econ&oacute;micos, lo que les ha   permitido un mayor crecimiento en el pie de fuerza y les ha proporcionado un mayor poder&iacute;o militar, con amplias redes de apoyo, armamento y   equipos de comunicaci&oacute;n, factores que las han ubicado, seg&uacute;n Pizarro, en   un "empate negativo" de fuerzas con el Estado; no obstante, en su an&aacute;lisis   del momento actual de la confrontaci&oacute;n armada, el mismo autor asegura   que a partir de 1998 la guerrilla sufri&oacute; una derrota estrat&eacute;gica que la oblig&oacute;   a abandonar la idea de adelantar una guerra de posiciones y a regresar a   la guerra de guerrillas, lo que finalmente puede desencadenar su derrota.   Aunque estos elementos no explican la totalidad del conflicto, s&iacute; dejan   prever que las dimensiones del conflicto se han transformado.</p>     <p>   Pizarro<sup><a href="#25" name="s25">25</a></sup> argumenta que es equivocado ver a las guerrillas como simples   carteles de la droga, aunque reconoce que las drogas il&iacute;citas explican, no   s&oacute;lo las dimensiones del conflicto, sino tambi&eacute;n, en buena medida, su   permanencia en el tiempo, dadas las relaciones que los grupos armados   han logrado tejer con los narcotraficantes en las zonas donde se establecen.   Afirma el autor que en las zonas donde las guerrillas son el actor hegem&oacute;nico   se produce una "convivencia pragm&aacute;tica" con los traficantes de drogas,   gracias a la cual estos &uacute;ltimos pueden operar sin obst&aacute;culos, a cambio   del pago de distintos impuestos y contribuciones. En las regiones de   hegemon&iacute;a paramilitar, se realiza una "alianza estrat&eacute;gica" entre grupos   narcotraficantes y paramilitares, en la cual los primeros cuales alimentan las   finanzas de los segundos. En conclusi&oacute;n, el tr&aacute;fico de drogas y el conflicto   armado estar&iacute;an estrechamente relacionados. Pizarro anota que para las   guerrillas los recursos del narcotr&aacute;fico contin&uacute;an siendo un medio y no   una motivaci&oacute;n. La importancia radica en la forma como estos recursos   son manejados al interior de los frentes guerrilleros. En contraposici&oacute;n,   los paramilitares se han convertido en "verdaderos se&ntilde;ores de la guerra",   para quienes la lucha contrainsurgente se ha convertido en la excusa para   desarrollar su negocio del narcotr&aacute;fico.<sup><a href="#26" name="s26">26</a></sup></p>     <p>   En esta misma l&iacute;nea de discusi&oacute;n se encuentran los planteamientos de   Alfredo Rangel, quien afirma que:</p>     <p>   estas cantidades ingentes de recursos que hoy maneja la guerrilla han ocasionado la   distorsi&oacute;n de su imagen y naturaleza en muchos sectores que ven equivocadamente en   los grupos insurgentes s&oacute;lo un negocio para el enriquecimiento personal de cada uno de   sus integrantes. Nada m&aacute;s errado y peligroso que esta interpretaci&oacute;n (....) la guerrilla ha hecho del dinero no un fin en s&iacute; mismo sino un medio, uno de sus principales recursos   pol&iacute;ticos y, obviamente, el sost&eacute;n impulsor de su capacidad b&eacute;lica.<sup><a href="#27" name="s27">27</a></sup></p>     <p>   Rangel analiza las relaciones que se entretejen entre la comunidad y las   guerrillas y define tres categor&iacute;as que explican diferentes formas de financiaci&oacute;n   de los grupos subversivos y que constituyen tambi&eacute;n maneras de relacionarse   con la poblaci&oacute;n y las econom&iacute;as locales. La primera de ellas se define como   predatoria; tiene lugar donde la guerrilla no ejerce ninguna influencia en la   poblaci&oacute;n y donde su presencia es espor&aacute;dica, de tal manera que existen   formas de sustracci&oacute;n de recursos econ&oacute;micos asociadas con el secuestro, el   abigeato, los asaltos y la extorsi&oacute;n. La segunda la define como parasitaria; esta   se genera cuando la guerrilla entabla v&iacute;nculos con la poblaci&oacute;n de una zona   espec&iacute;fica y gana apoyo a trav&eacute;s del proselitismo y el terror. En estas zonas   el boleteo y la vacuna son las modalidades que permiten definir la relaci&oacute;n   parasitaria de la guerrilla. La tercera, la define como simbi&oacute;tica; esta se da donde   la presencia institucional es escasa o nula, y por consiguiente la guerrilla ejerce   control y se inserta en la econom&iacute;a regional. Las principales actividades que   sostienen este esquema de financiaci&oacute;n son la producci&oacute;n y el financiamiento   de narc&oacute;ticos, la extracci&oacute;n de oro, la ganader&iacute;a y la agricultura, adem&aacute;s del   cobro de impuesto revolucionario de manera regular.<sup><a href="#28" name="s28">28</a></sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El autor reconoce la existencia del componente pol&iacute;tico en las guerrillas, pero   argumenta que es d&eacute;bil y poco cre&iacute;ble para las grandes masas urbanas, por lo   cual se han centrado en conseguir poder local, que no difiere en nada de las   formas tradicionales de hacer pol&iacute;tica, basadas en apoyos precarios ligados a   contraprestaciones econ&oacute;micas, cambiantes de acuerdo con las circunstancias.   Seg&uacute;n esto, las guerrillas abandonaron la idea de una revoluci&oacute;n nacional y   se dedicaron a conseguir poder local para acceder a los recursos econ&oacute;micos   con el fin de fortalecer su ej&eacute;rcito, y de esta forma abandonar la guerra de   guerrillas y pasar a una etapa m&aacute;s avanzada: la guerra de movimientos, lo   que finalmente dar&aacute; lugar a la guerra de posiciones. S&oacute;lo de esta forma la   guerrilla adquiere poder de negociaci&oacute;n cuando llegue el momento oportuno.   En este sentido, se entender&iacute;a que, especialmente las FARC, no tienen ning&uacute;n   af&aacute;n de hacer la revoluci&oacute;n a nivel nacional, sino en preparar mejor su ej&eacute;rcito   para ampliar su poder local. Aqu&iacute; surgen unos interrogantes, &iquest;cu&aacute;les son las formas adecuadas de hacer pol&iacute;tica de un grupo insurgente que no cuenta   con los medios legales para hacerlo?, o acaso &iquest;&eacute;stas no son formas de hacer   pol&iacute;tica aunque los medios no sean los adecuados? Sin duda, los analistas le   han dado poca importancia a las formas como la guerrilla ha llevado a cabo   su estrategia pol&iacute;tica: el poder local, aunque representa limitaciones en cuanto   a las formas de acceder a &eacute;l, puede significar la transformaci&oacute;n de la lucha   armada y el cambio de la institucionalidad vigente.</p>     <p>   De esta forma, los analistas explican que la expansi&oacute;n de los grupos armados   en Colombia en la &uacute;ltima d&eacute;cada se debe a su control sobre determinadas   zonas de producci&oacute;n de diversos recursos naturales, &aacute;reas de producci&oacute;n   y de procesamiento de drogas il&iacute;citas, zonas ricas en oro, carb&oacute;n, petr&oacute;leo   y banano, entre otros.<sup><a href="#29" name="s29">29</a></sup> Ello les permiti&oacute;, tanto a las guerrillas como a los   paramilitares, pasar de un crecimiento vegetativo en los a&ntilde;os ochenta a   un crecimiento exponencial, como consecuencia de la doble din&aacute;mica de   extorsi&oacute;n a los productores de coca, oro o banano, y el v&iacute;nculo directo con los   eslabones de la producci&oacute;n o el tr&aacute;fico de drogas.<sup><a href="#30" name="s30">30</a></sup> Estos elementos act&uacute;an   como dinamizadores del conflicto, pero, en el caso de las guerrillas, contin&uacute;an   siendo un medio y no una motivaci&oacute;n.</p>     <p>   Para el caso de las guerrillas, los autores argumentan que el prop&oacute;sito de la   lucha por la tierra ha sido reemplazado por la influencia y el dominio territorial,   factores que obedecen a la capacidad de adquirir recursos econ&oacute;micos con el   fin de controlar algunos territorios y mantener presencia superficial en otros,   desarrollando un clientelismo armado a nivel local<sup><a href="#31" name="s31">31</a></sup> y actuando como redes   de poder que manejan instrumentos de fuerza. Ello quiere decir que, en lo   pol&iacute;tico, la estrategia de la guerrilla se ha centrado en copar el poder local.   Sin embargo, los autores no fortalecen sus an&aacute;lisis dentro de un contexto   nacional, lo que deja un vac&iacute;o al tratar de entender por qu&eacute; la guerrilla ha   incursionado en zonas que no poseen recursos econ&oacute;micos que se puedan   saquear y logran consolidar alg&uacute;n poder pol&iacute;tico, no s&oacute;lo a trav&eacute;s de las   armas, sino a trav&eacute;s de las relaciones que logran establecer con la poblaci&oacute;n   en determinadas zonas.</p>     <p>   Para Marco Palacios, es importante tener en cuenta la tradici&oacute;n y la historia   del accionar de cada una de las organizaciones, lo que se refleja en el car&aacute;cter   todav&iacute;a rural y campesino de gran parte de la militancia y la dirigencia de estos movimientos y en su capacidad militar.<sup><a href="#32" name="s32">32</a></sup> Siguiendo esta misma interpretaci&oacute;n,   Eric Lair plantea las nuevas dimensiones del conflicto. Mediante el uso del   terror, los grupos armados han mejorado su capacidad b&eacute;lica, lo que les ha   permitido ampliar sus dominios territoriales y a su vez adquirir poderes locales   que s&oacute;lo son posibles por la precariedad del Estado y que no significan mayor   capacidad de convocatoria pol&iacute;tica. El terror que ejercen los actores armados   en contra de la poblaci&oacute;n se utiliza con el fin de quitarle apoyo al enemigo y   es considerado como un plan "estrat&eacute;gico indirecto" que evita el desgaste de   una confrontaci&oacute;n directa. A su vez, menciona la relativizaci&oacute;n del tiempo   como algo favorable a la guerrilla.<sup><a href="#33" name="s33">33</a></sup></p>     <p>   Si bien estos an&aacute;lisis parten de explicaciones conceptuales que han tenido   eco en los c&iacute;rculos intelectuales, presentan limitaciones debido a la forma como   se accede a la informaci&oacute;n, que en la mayor&iacute;a de las veces se basa en an&aacute;lisis   y cifras estad&iacute;sticas que no reflejan en su totalidad la realidad al interior de   las guerrillas. Otros enfoques parten de estudios cuantitativos para explicar   el poder adquirido por los grupos armados y su ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica, con   fundamento en datos oficiales. En este trabajo se plantea que las fuentes   primarias son igualmente importantes, y que una evaluaci&oacute;n de los datos   puede llevar a conclusiones diferentes. Por tanto, este trabajo pretende ante   todo analizar documentos de las FARC, algunos de los cuales no han sido   evaluados anteriormente, y de igual forma analizar fuentes oficiales, dentro   de un contexto nacional.</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>El Estado colombiano frente al conflicto armado</b></font></p>      <p>   A diferencia de otros Estados, especialmente de Am&eacute;rica Latina, el Estado   colombiano tiene una larga historia de democracia ininterrumpida. En la   mayor parte del siglo pasado sus gobiernos surgieron de elecciones peri&oacute;dicas,   en la gran mayor&iacute;a de las cuales los partidos tradicionales se alternaron en   el ejercicio del poder. Pese a ello, su historia tambi&eacute;n est&aacute; marcada por el   fen&oacute;meno de la violencia y todo lo que implica para el ejercicio de la democracia.   Sin embargo, este fen&oacute;meno no ha sido obst&aacute;culo para que los dos partidos   tradicionales (liberal, conservador) hayan permanecido en el poder. No obstante, en la &uacute;ltima d&eacute;cada Colombia presenta una profunda crisis pol&iacute;tica   y econ&oacute;mica, como consecuencia de los problemas que no se lograron superar   en las d&eacute;cadas pasadas. Es decir, el Estado colombiano ha sido incapaz de   integrar a la sociedad en un proyecto, de mediar en los conflictos y de proveer   adecuados bienes p&uacute;blicos que impliquen transformaciones en el ejercicio del   poder y al interior de la sociedad. A pesar de implementar reformas, cambiar   la Constituci&oacute;n y ampliar las formas de participaci&oacute;n democr&aacute;tica, el Estado   no ha logrado superar las debilidades por las que ha atravesado durante   el siglo XX, como el clientelismo, la corrupci&oacute;n administrativa, la exclusi&oacute;n   social, la falta de una provisi&oacute;n adecuada de servicios p&uacute;blicos a gran parte   de la poblaci&oacute;n, y la incapacidad para ejercer presencia en todo el territorio   y fomentar el desarrollo.</p>     <p>   Seg&uacute;n Pizarro,<sup><a href="#34" name="s34">34</a></sup> la violencia de las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas fue erosionando   lentamente las instituciones gubernamentales, lo que finalmente llev&oacute; a que,   a principios de los noventa, Colombia terminara abocada a un colapso parcial   del Estado, t&eacute;rmino acu&ntilde;ado por Paul Oquist para referirse al impacto del   fen&oacute;meno de la violencia bipartidista al interior de las instituciones estatales   en la d&eacute;cada de los cincuenta. En la d&eacute;cada de los noventa esta crisis de Estado   se explica por el conflicto armado, los altos &iacute;ndices de pobreza, el desempleo,   la falta de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, la crisis econ&oacute;mica y la violaci&oacute;n de los derechos   humanos.</p>     <p>   Existen algunas diferencias entre La Violencia de los a&ntilde;os cincuenta,   dominada por la confrontaci&oacute;n bipartidista y el per&iacute;odo actual, caracterizado   por la existencia de diferentes conflictos que confluyen en una violencia   generalizada. La caracterizaci&oacute;n de "derrumbe parcial" del Estado en los   noventa se basa en los altos &iacute;ndices de criminalidad, el deterioro de las   instituciones del Estado, la p&eacute;rdida de independencia de las ramas legislativa   y judicial respecto del ejecutivo, apoyado ante todo por las fuerzas armadas   y de seguridad, la poca presencia del Estado en todo el territorio, las diversas   asimetr&iacute;as sociales y la corrupci&oacute;n estatal. Estos factores no fueron superados   durante el siglo XX y, por el contrario, se agudizaron en la &uacute;ltima d&eacute;cada.</p>     <p>   Dentro del debate contempor&aacute;neo se encuentran los planteamientos de   Daniel Pecaut, quien define el momento actual como de "precariedad del   Estado", explicada por la permanencia del r&eacute;gimen heredado del Frente   Nacional y la ausencia del Estado en vastas zonas del territorio nacional, lo   que ha llevado a dejar espacio abierto para el uso privado de la fuerza por grupos como las organizaciones guerrilleras. Esta precariedad del Estado   reside no s&oacute;lo en este aspecto, sino tambi&eacute;n en su incapacidad para consolidar   influencia en la sociedad. Esto se debe a que el Estado en construcci&oacute;n no   jug&oacute; un papel interventor frente a lo econ&oacute;mico y social, sino que m&aacute;s bien   fue un instrumento del bipartidismo. Argumenta el autor que, sobre estas   bases, la sociedad colombiana avanz&oacute; en el siglo XX "sin que las estructuras y   la concepci&oacute;n del Estado hayan sido profundamente alteradas".<sup><a href="#35" name="s35">35</a></sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Otros autores sostienen que la fragilidad del Estado colombiano se atribuye   a un proceso incompleto y altamente desigual de construcci&oacute;n nacional;   sin embargo, afirman que a pesar de los problemas actuales, Colombia no   necesariamente se est&aacute; debilitando, sino que, por el contrario, es posible que   el Estado colombiano est&eacute; experimentando una tendencia de largo plazo hacia   el fortalecimiento y consolidaci&oacute;n;<sup><a href="#36" name="s36">36</a></sup> no obstante, la perspectiva de mayor   aceptaci&oacute;n es la tendencia hacia el "colapso parcial" del Estado.</p>     <p>   Para Ann Mason,<sup><a href="#37" name="s37">37</a></sup> un Estado fuerte ser&iacute;a uno con unas instituciones   gubernamentales funcionales y efectivas para la provisi&oacute;n de seguridad,   derecho, justicia y servicios b&aacute;sicos; un control altamente consolidado sobre   el territorio y los grupos de poblaci&oacute;n; un poder gubernamental suficiente   para repeler los desaf&iacute;os a su autoridad; y un ejercicio de la fuerza en nombre   del Estado considerada leg&iacute;tima.</p>     <p>   En el caso de Colombia, la democracia opera de tal forma que el Estado carece   de la capacidad fundamental para garantizar los derechos y libertades b&aacute;sicas,   lo que es particularmente evidente en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Esto se explica por   la p&eacute;rdida de las libertades civiles, la falta de espacios de participaci&oacute;n en   la toma de decisiones y la fragmentaci&oacute;n de la sociedad; a estos problemas   se agregan la recesi&oacute;n econ&oacute;mica y el incremento en el gasto de defensa y   seguridad, dejando de lado el gasto social, lo que ha aumentado de forma   considerable la pobreza y el desempleo.</p>     <p>   A este panorama desolador se suman otras variables que no permiten el   ejercicio de la democracia. La violencia repracticada por los grupos armados   ha incidido sobre la democracia y los procesos electorales en algunas partes del   territorio, particularmente a nivel local y regional. Por otro lado, la sociedad civil ha perdido el inter&eacute;s por participar en elecciones locales debido a la   presencia de actores armados que controlan ciertas &aacute;reas y fuerza pol&iacute;tica.<sup><a href="#38" name="s38">38</a></sup>   A nivel nacional, la democracia est&aacute; obstaculizada por el clientelismo, la   corrupci&oacute;n y la falta de compromiso con lo social.</p>     <p>   Estos factores han llevado a plantear que en Colombia existe una crisis de   legitimidad del r&eacute;gimen y del sistema bipartidista, lo que ha generado poca   confianza en las instituciones del Estado, como consecuencia de la exclusi&oacute;n   impuesta por el Frente Nacional. Ello condujo a percibir la necesidad de   configurar, en la d&eacute;cada de los noventa, un nuevo orden institucional. Dicha   reestructuraci&oacute;n se sustentaba por la profunda crisis de legitimidad y liderazgo   al interior de las instituciones y el r&eacute;gimen pol&iacute;tico en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas.   Esta crisis se reflej&oacute; en altos niveles de violencia, falta de confianza de los   ciudadanos en las instituciones p&uacute;blicas, y ausencia de una clase dirigente   con un proyecto social que incluyera los diferentes intereses nacionales.<sup><a href="#39" name="s39">39</a></sup></p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>El papel del Estado frente al conflicto</b></font></p>      <p>   En Colombia, la d&eacute;cada de los noventa se inicia con la presidencia de   C&eacute;sar Gaviria, pol&iacute;tico liberal que hab&iacute;a ocupado cargos como el de alcalde   de Pereira, su ciudad natal, y senador, entre otros. En su campa&ntilde;a pol&iacute;tica   para la presidencia pregonaba la "renovaci&oacute;n de las costumbres pol&iacute;ticas",   y con el apoyo de todos los medios de comunicaci&oacute;n logr&oacute; generar grandes   esperanzas de cambio entre amplios sectores de la poblaci&oacute;n. Adem&aacute;s, cont&oacute;   con el respaldo de un gran n&uacute;mero de intelectuales y cient&iacute;ficos sociales del   pa&iacute;s. Este apoyo le sirvi&oacute; para iniciar nuevas reformas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas,   dentro de lo que se denomin&oacute; "la modernizaci&oacute;n institucional", m&aacute;s conocida   como el "revolc&oacute;n", que se convirti&oacute; en prioridad del gobierno.</p>     <p>   Con respecto al conflicto, los a&ntilde;os noventa en Colombia comienzan con los   acuerdos de paz que llevaron a la desmovilizaci&oacute;n de los peque&ntilde;os grupos   guerrilleros: EPL, PRT y Quint&iacute;n Lame. Debilitados y con poco apoyo popular,   estos grupos argumentaban que la lucha armada en Colombia ya no era viable.   En contraprestaci&oacute;n, con los acuerdos de paz el gobierno les ofreci&oacute; una   ventaja para la participaci&oacute;n en la siguiente campa&ntilde;a electoral. A diferencia del M-19, movimiento que hab&iacute;a pactado acuerdos con el gobierno de Barco   y se encontraba desmovilizado. La rapidez con que se convoc&oacute; el referendo se   deb&iacute;&oacute; al hecho de que las elecciones parlamentarias tendr&iacute;an lugar en marzo   del mismo a&ntilde;o, y al inter&eacute;s del gobierno de Barco por favorecer al M-19, que   tendr&iacute;a una participaci&oacute;n en el equipo ministerial del gobierno siguiente.<sup><a href="#40" name="s40">40</a></sup></p>     <p>   Las otras guerrillas finalmente abandonaron la lucha armada, pr&aacute;cticamente   sin llegar a acuerdos pol&iacute;ticos. Entre los beneficios se contemplaron el   reconocimiento como partido pol&iacute;tico de los grupos armados y algunas ventajas   para la participaci&oacute;n de los antiguos guerrilleros en la siguiente campa&ntilde;a   electoral, con el fin de permitir su reincorporaci&oacute;n a la vida institucional del   pa&iacute;s.<sup><a href="#41" name="s41">41</a></sup> Los grupos guerrilleros convertidos en partidos pol&iacute;ticos obtuvieron   una escasa participaci&oacute;n en las elecciones y en la conformaci&oacute;n de la   Asamblea, a excepci&oacute;n del M-19, que obtuvo un tercio de la representaci&oacute;n,   lo que finalmente determin&oacute; su desaparici&oacute;n como movimiento pol&iacute;tico. Las   conversaciones con las FARC y el ELN se mantuvieron por alg&uacute;n tiempo sin que   se lograran acuerdos.<sup><a href="#42" name="s42">42</a></sup></p>     <p>   En segundo lugar, con el argumento de encontrar una salida a la crisis,   C&eacute;sar Gaviria, presidente electo y jefe del partido liberal, lleg&oacute; a un acuerdo   sobre la convocatoria a la Asamblea Constituyente de 1991. Dicha convocatoria   cont&oacute; con el apoyo de los l&iacute;deres de los dos sectores del partido conservador   (Partido Social Conservador y Movimiento de Salvaci&oacute;n Nacional) y del M-   19. Todos los dem&aacute;s partidos, organizaciones y movimientos pol&iacute;ticos fueron   marginados de las reuniones que llevaron a suscribir el acuerdo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Luego de este pacto el gobierno expidi&oacute; el Decreto 1926 del 24 de agosto,   convocando a la elecci&oacute;n de una Asamblea Constituyente para el 9 de diciembre   de 1990,<sup><a href="#43" name="s43">43</a></sup> que permitir&iacute;a, entre otras reformas, las siguientes: ampliar la   representatividad del r&eacute;gimen pol&iacute;tico mediante la inclusi&oacute;n de nuevas fuerzas   sociales; fortalecer el Estado mediante el mejoramiento de su eficiencia en   la prestaci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos y de las instituciones de administraci&oacute;n   de justicia; depurar y fortalecer el Congreso y la actividad pol&iacute;tica a fin de reducir el clientelismo y la corrupci&oacute;n; y ampliar el gasto p&uacute;blico social con   el fin de reducir los niveles de pobreza absoluta y expandir la cobertura de   los servicios de educaci&oacute;n salud y seguridad social. Se argumentaba que el   cambio propuesto por la nueva Constituci&oacute;n era una herramienta &uacute;til para   la paz y la estabilidad social.</p>     <p>   La Asamblea fue conformada en diciembre de 1990, mediante unas   elecciones que registraron una abstenci&oacute;n del 84% de los votantes, la m&aacute;s   alta en la historia colombiana. Las explicaciones pueden variar, pero lo que   se evidencia es que no fue un consenso de las mayor&iacute;as, sino de una &eacute;lite   y unas contra&eacute;lites que buscaban nuevos mecanismos para permanecer en   el poder.</p>     <p>   A su vez, el gobierno de Gaviria inici&oacute; una guerra contra las organizaciones   guerrilleras activas, pero que estaban desarrollando conversaciones de paz;   el d&iacute;a de las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente el gobierno   lanz&oacute; un ataque a Casa Verde, en la Uribe (Meta), sede del secretariado de las   FARC<sup><a href="#44" name="s44">44</a></sup> y s&iacute;mbolo de los antiguos di&aacute;logos de paz, durante m&aacute;s de diez a&ntilde;os;   es decir, el gobierno de Gaviria inici&oacute; una propuesta mixta de guerra contra   las guerrillas que estaban fortalecidas y de di&aacute;logos con las otras peque&ntilde;as   organizaciones guerrilleras. Por sus dimensiones pol&iacute;ticas y militares, este   hecho simb&oacute;licamente sign&oacute; el nacimiento de la Constituci&oacute;n, m&aacute;s como   un pacto de guerra que de paz.<sup><a href="#45" name="s45">45</a></sup> La intervenci&oacute;n gubernamental se tradujo   en un grado mayor de desconfianza y en cambios en la estrategia del grupo   guerrillero y llev&oacute; a la agudizaci&oacute;n de la confrontaci&oacute;n b&eacute;lica.</p>     <p>Con este ataque, el gobierno de Gaviria cerr&oacute; la ventana que hab&iacute;an dejado   abierta las FARC para continuar negociando acuerdos que condujeran a la paz,   no solamente con esta organizaci&oacute;n, sino con todos los grupos alzados en   armas que no se integraron al proceso.<sup><a href="#46" name="s46">46</a></sup> Seg&uacute;n Oscar Mej&iacute;a, la Constituci&oacute;n   del 91 se convirti&oacute; en un recurso ideol&oacute;gico de las &eacute;lites para justificar un   nuevo esquema de dominaci&oacute;n que ofrec&iacute;a, en lugar de paz, una democracia   participativa sin la participaci&oacute;n de los actores disidentes y un Estado social   sin los sectores sociales que reclaman la inclusi&oacute;n.<sup><a href="#47" name="s47">47</a></sup> Al hacerlo, para algunos sectores dej&oacute; en evidencia que la &uacute;nica alternativa es la guerra.</p>     <p>   El ataque a Casa Verde marc&oacute; el comienzo de lo que se denomin&oacute; "guerra   integral", cuyo fin era desarticular las guerrillas en un periodo de 18 meses.   Para ello contaba con modernos aparatos de fabricaci&oacute;n estadounidense e   israel&iacute;, seguidos de una gran ofensiva por tierra; el mensaje del gobierno   a las FARC fue que se propon&iacute;a darle una salida b&eacute;lica a un problema   eminentemente pol&iacute;tico. Las FARC se vieron obligadas a dejar sus cuarteles   e iniciar una nueva estrategia pol&iacute;tico militar, consagrada en la Octava   Conferencia realizada en 1993.</p>     <p>   A su vez, en respuesta al ataque contra Casa Verde, la Coordinadora   Guerrillera, organizaci&oacute;n que inclu&iacute;a a las FARC, el ELN y un sector del EPL, lanz&oacute;   una contraofensiva entre febrero y marzo del 91, conocida como "Campa&ntilde;a   Comandante Jacobo Arenas", desplegando acciones a lo largo y ancho del   pa&iacute;s, para presionar de diversas formas por una nueva etapa de negociaci&oacute;n   pol&iacute;tica.<sup><a href="#48" name="s48">48</a></sup> En abril de 1991, el gobierno y la CGSB iniciaron una ronda de   negociaciones en Caracas (Venezuela). Estas negociaciones se interrumpieron   temporalmente y se reiniciaron con otra ronda en junio de 1992 en Tlaxcala   (M&eacute;xico).<sup><a href="#49" name="s49">49</a></sup></p>     <p>Un d&iacute;a despu&eacute;s de instalar la Asamblea Constituyente, el gobierno de   Gaviria lanz&oacute; la primera iniciativa en torno al tema del conflicto armado; con   la creaci&oacute;n de un impuesto de guerra, se propon&iacute;a combatir abiertamente a   la guerrilla.<sup><a href="#50" name="s50">50</a></sup> El gobierno, apoyado en las facultades conferidas por el art&iacute;culo   121 de la Constituci&oacute;n pol&iacute;tica, desarroll&oacute; el decreto No 1038 de 1984 sobre   orden p&uacute;blico y Estado de Sitio para tal fin, condicionando la participaci&oacute;n de   la guerrilla en la Asamblea, no a acuerdos pol&iacute;ticos sino a su desmovilizaci&oacute;n.   La guerrilla, a su vez, hab&iacute;a ratificado que se mantendr&iacute;a en armas mientras no se pactaran acuerdos pol&iacute;ticos que modificaran el orden existente.</p>     <p>   La declaratoria de guerra por parte del gobierno profundiz&oacute; el grado de   desconfianza y marc&oacute; el comienzo de la confrontaci&oacute;n armada. Los guerrilleros   se vieron obligados a dejar sus cuarteles y desplazarse a otras zonas, ampliando   as&iacute; sus territorios y su organizaci&oacute;n; asimismo, iniciaron una nueva estrategia   pol&iacute;tica y militar que ten&iacute;a como fin hacerle frente al gobierno y a las pol&iacute;ticas   de seguridad que estaban ocasionando los desplazamientos masivos de   poblaci&oacute;n, las ejecuciones de l&iacute;deres sindicales y el asesinato generalizado   contra los l&iacute;deres de la Uni&oacute;n Patriota (Movimiento surgido a partir de los   acuerdos de la Uribe, entre el gobierno de Belisario Betancur y las FARC) y el   partido Comunista.</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>La guerra integral</b></font></p>      <p>   Tras el ataque a Casa Verde, el gobierno de Gaviria anunci&oacute; el comienzo   de su pol&iacute;tica de seguridad, denominada "guerra integral", con la que   se propon&iacute;a exterminar a la guerrilla en un periodo de 18 meses, seg&uacute;n   explicaba el entonces Ministro de Defensa, Rafael Pardo. Con lo anterior se   daba cierre a un proceso de paz iniciado diez a&ntilde;os antes y que se caracteriz&oacute;   por la existencia de comisiones de paz, conversaciones informales, di&aacute;logos nacionales, tregua y ruptura del cese al fuego, di&aacute;logos con la Coordinadora   Guerrillera y escalada de la confrontaci&oacute;n por parte de las guerrillas y de las   fuerzas armadas.<sup><a href="#51" name="s51">51</a></sup> La culminaci&oacute;n de este ciclo est&aacute; marcada por el fracaso   de las rondas de negociaci&oacute;n celebradas en Caracas y Tlaxcala.<sup><a href="#52" name="s52">52</a></sup> En respuesta   a la declaratoria de guerra y al rompimiento de las negociaciones de paz,   la guerrilla inici&oacute; una abierta confrontaci&oacute;n con el Estado. La muerte de 26   polic&iacute;as a manos de las FARC en Orito (Putumayo), el 8 de noviembre de 1992,   sirvi&oacute; de fundamento para la aplicaci&oacute;n de la pol&iacute;tica de seguridad impuesta   por Gaviria.<sup><a href="#53" name="s53">53</a></sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Entre las medidas de excepci&oacute;n tomadas se encuentra el Decreto 1793,   de declaraci&oacute;n del Estado de Conmoci&oacute;n Interior durante noventa d&iacute;as,   prorrogable hasta por dos periodos iguales, mediante el cual el Congreso le   otorga facultades especiales al ejecutivo. Este no difiere del estado de sitio   de la Constituci&oacute;n anterior, con cuyos poderes han gobernado los &uacute;ltimos   diez presidentes de Colombia. Los decretos del ejecutivo se orientaron,   entre otros aspectos, al fortalecimiento de la justicia, al control a la difusi&oacute;n   de informaciones de la guerrilla y el narcotr&aacute;fico y al fortalecimiento de los   presupuestos de seguridad.<sup><a href="#54" name="s54">54</a></sup></p>     <p>   Fortalecimiento de la justicia: Esta medida facult&oacute; al Fiscal General de la   Naci&oacute;n para supervisar la creaci&oacute;n de unidades especiales en las fuerzas   militares que ejercieran funciones de polic&iacute;a judicial, con lo cual se restableci&oacute;   nuevamente la justicia militar para los civiles y se trat&oacute; a las organizaciones   guerrilleras como organizaciones delincuenciales, sujetas a sanciones judiciales   diferentes a las de los delitos pol&iacute;ticos (rebeli&oacute;n). En febrero de 1993, la Fiscal&iacute;a   y el Ministerio de Defensa anunciaron la creaci&oacute;n de 26 equipos de fiscales y auxiliares en cada una de las brigadas de las fuerzas armadas y de 12 unidades   antiextorsi&oacute;n y secuestro en la propia Fiscal&iacute;a.<sup><a href="#55" name="s55">55</a></sup></p>     <p>   Dentro de estas medidas de conmoci&oacute;n interior se cre&oacute; el programa de   protecci&oacute;n a testigos y las rebajas de penas por confesi&oacute;n. Adem&aacute;s, el Fiscal   se compromet&iacute;a a garantizar a los testigos que hubieran participado en alg&uacute;n   delito que su confesi&oacute;n no dar&iacute;a lugar a investigaci&oacute;n penal en su contra.<sup><a href="#56" name="s56">56</a></sup> En   otras palabras, se le dio v&iacute;a libre a la impunidad y al delito. La colaboraci&oacute;n   con la justicia, mediante la delaci&oacute;n, otorga beneficios que comprenden hasta   el perd&oacute;n judicial y la supresi&oacute;n de antecedentes penales. Estos hechos dieron   lugar a que un gran n&uacute;mero de colombianos fueran juzgados con base en   las pruebas aportadas por testigos que, en la mayor&iacute;a de los casos, actuaban   de acuerdo con su conveniencia, para obtener los beneficios otorgados por   la Fiscal&iacute;a.</p>     <p>   El perd&oacute;n judicial y las recompensas econ&oacute;micas para los delatores<sup><a href="#57" name="s57">57</a></sup>   tienen un efecto perverso sobre la administraci&oacute;n de justicia, debido a que les   otorgan a los criminales un poder negociador frente a la justicia, con lo que   de alguna manera se estimulan el crimen y la impunidad. A la vez, se genera   una situaci&oacute;n mayor de injusticia con los detenidos sin pruebas, d&aacute;ndoles   mayor credibilidad a los testigos sin rostro, violando el derecho a la defensa   y al debido proceso y dejando en entredicho la funci&oacute;n de la justicia.</p>     <p>   Otro decreto, dentro de la conmoci&oacute;n interior, estableci&oacute; un completo   programa para facilitar la deserci&oacute;n y reinserci&oacute;n de guerrilleros. &Eacute;stos   pod&iacute;an acogerse a los planes para la protecci&oacute;n de testigos, obtener el perd&oacute;n   judicial de la Fiscal&iacute;a, e incluso vivir en instalaciones judiciales para garantizar   su seguridad personal.<sup><a href="#58" name="s58">58</a></sup> Vale la pena resaltar que esta medida no ha sido   modificada.</p>     <p>La segunda declaratoria de conmoci&oacute;n interior por parte del gobierno se   sustent&oacute; en "la agravaci&oacute;n del orden p&uacute;blico en raz&oacute;n de las acciones terroristas   de las organizaciones guerrilleras y de la delincuencia organizada"; la Corte   Constitucional dio v&iacute;a libre al gobierno para la aplicaci&oacute;n de las medidas   contempladas en el estado de conmoci&oacute;n interior, entre ellas, el Decreto 1810   de 1992, por medio del cual se otorg&oacute; facultades de polic&iacute;a judicial a las fuerzas militares, con la funci&oacute;n expresa de reemplazar la justicia civil:</p>     <p>   De forma sint&eacute;tica puede decirse que este decreto conforma en las Fuerzas Militares "unidades que ejercer&aacute;n funciones de polic&iacute;a judicial, seg&uacute;n lo previsto por el numeral 4&ordm; del art&iacute;culo 251 de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica en relaci&oacute;n con hechos punibles de competencia de los jueces regionales (antes jurisdicci&oacute;n del orden p&uacute;blico), en los eventos en que no sea posible disponer de autoridades de polic&iacute;a judicial en el lugar de los hechos y bajo la direcci&oacute;n, coordinaci&oacute;n y dependencia del Fiscal General de la Naci&oacute;n" (Art&iacute;culo 1&ordm; ).<sup><a href="#59" name="s59">59</a></sup></p>     <p>   Como respuesta a la declaratoria de guerra del gobierno, y luego de celebrar   la VIII Conferencia en 1993, las FARC iniciaron una profunda transformaci&oacute;n.   En primer lugar, los ataques de confrontaci&oacute;n armada propios de las zonas   rurales se trasladaron a las cercan&iacute;as de las ciudades, especialmente de Bogot&aacute;,   Medell&iacute;n y Cali. En segundo lugar, se fortalecieron los frentes urbanos<sup><a href="#60" name="s60">60</a></sup> que   ya hab&iacute;an empezado a organizarse, y paralelamente se consolidaron grupos   de milicias urbanas que constituyen una red de apoyo para los frentes rurales   en las ciudades. En lo militar, la guerrilla tom&oacute; la decisi&oacute;n de construir un   ej&eacute;rcito con capacidad de ocasionarle a las fuerzas militares, derrotas con claro   y contundente valor estrat&eacute;gico, a lo cual se har&aacute; referencia m&aacute;s adelante.</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Los paramilitares y la justicia privada</b></font></p>      <p>   En Colombia, la pol&iacute;tica de combatir a la guerrilla tiene dos dimensiones:   por un lado, las acciones de control y combate de las fuerzas armadas, y   por otro las acciones de los escuadrones de paramilitares.<sup><a href="#61" name="s61">61</a></sup> El surgimiento   de estos grupos estar&iacute;a ligado, de alguna forma, con la aparici&oacute;n de las primeras guerrillas comunistas; sin embargo, algunos autores se&ntilde;alan que el   surgimiento de los grupos paramilitares estar&iacute;a asociado al proceso de paz   entre las guerrillas y el gobierno de Betancur, durante el cual aqu&eacute;llas lograron   fortalecer su movimiento, ampliar sus dominios territoriales y prepararse   en lo militar, ante la eventualidad de que el proceso no condujera a cambios   reales al interior del Estado.<sup><a href="#62" name="s62">62</a></sup> En tal caso, dar&iacute;an paso a su estrategia militar   para la toma del poder.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Hacia finales de los a&ntilde;os setenta y comienzos de los ochenta surgen   organizaciones armadas de distinto tipo, con el fin expreso de combatir   a las guerrillas.<sup><a href="#63" name="s63">63</a></sup> A su vez, el ej&eacute;rcito despleg&oacute; la estrategia de organizar   autodefensas campesinas contra las guerrillas. Desde finales de 1981, algunos   narcotraficantes, como Gonzalo Rodr&iacute;guez Gacha, Pablo Escobar Gaviria   y los hermanos Casta&ntilde;o, se unieron a los ganaderos y latifundistas con el   mismo fin.<sup><a href="#64" name="s64">64</a></sup> Esta es una de las fases de la inserci&oacute;n de los narcotraficantes   en la guerra contrainsurgente, con el apoyo de las &eacute;lites regionales y de las   fuerzas armadas; esta estrategia logr&oacute; desplazar a la guerrilla y consolidar   ej&eacute;rcitos privados en algunas zonas, como en Puerto Boyac&aacute;.<sup><a href="#65" name="s65">65</a></sup></p>     <p>   Seg&uacute;n Javier Guerrero, el narcotr&aacute;fico hizo su aparici&oacute;n en medio de una   situaci&oacute;n de debilidad institucional en la que el establecimiento siempre vio   como &uacute;nica amenaza a la oposici&oacute;n armada (y desarmada), mientras minimizaba   y ve&iacute;a como secundarios los peligros de la corrupci&oacute;n y el narcotr&aacute;fico. Esta   debilidad del Estado fue aprovechada por los poderes locales, quienes se   organizaron en torno a la lucha contra un enemigo com&uacute;n.<sup><a href="#66" name="s66">66</a></sup> De esta forma,   Colombia se convirti&oacute; en el escenario de la lucha contrainsurgente, con la   llegada de mercenarios internacional con el fin de preparar escuadrones capaces   de aniquilar los focos comunistas. Para las &eacute;lites nacionales, el expansionismo   comunista, ya fuera en organizaciones sindicales, partidos pol&iacute;ticos, o guerrillas,   representaba el mayor peligro a sus intereses particulares o pol&iacute;ticos. De esta paramilitares o de autodefensas, con el apoyo de mercenarios internacionales,   depositarios de altas tecnolog&iacute;as y financiados con dineros ilegales, dentro   de lo que se ha llamado la "guerra de baja intensidad", aplicada con &eacute;xito en   algunos pa&iacute;ses latinoamericanos en el periodo de la "guerra fr&iacute;a".<sup><a href="#67" name="s67">67</a></sup></p>     <p>   Seg&uacute;n Carlos Medina, los grupos paramilitares aparecieron por primera   vez en la zona de Puerto Boyac&aacute;, donde las FARC y el Partido Comunista hab&iacute;an   logrado consolidar gran apoyo entre los habitantes. Las FARC empezaron a   realizar secuestros y extorsiones a los ganaderos, quienes decidieron la creaci&oacute;n   de escuadrones financiados por los hacendados locales, con un fondo inicial   de $200 millones.<sup><a href="#68" name="s68">68</a></sup> En la zona de Puerto Boyac&aacute; confluyen diversos intereses.   Por un lado, los terratenientes que no estaban dispuestos a pagarle a los grupos   guerrilleros que operaban en la zona, y por otro el ej&eacute;rcito nacional, quien   empieza a aplicar la "doctrina de seguridad nacional".</p>     <p>   De esta forma, la zona de Puerto Boyac&aacute; se convierte en el epicentro de   la guerra contrainsurgente, desde donde se extienden las acciones a Puerto   Berr&iacute;o, sede de La Brigada XIV, Puerto Nare, Puerto Triunfo, Yacop&iacute; Cimitarra,   Puerto Salgar y La Dorada. Entre 1982 y 1984 los paramilitares asesinaron a   m&aacute;s de 800 personas de estas regiones, expulsaron a las familias campesinas   que hab&iacute;an colaborado con las FARC, y reemplazaron parte de la mano de obra   con inmigrantes de los Llanos Orientales, del Huila y de otras regiones.</p>     <p>   Como parte de su expansionismo, los grupos paramilitares de Puerto Boyac&aacute;   se trasladaron a prestarle apoyo log&iacute;stico y de entrenamiento a otros grupos   semejantes en C&oacute;rdoba, Urab&aacute; y la regi&oacute;n del Ariari, en el Meta, y participaron   en las masacres en esas zonas y en Antioquia. Luego de expulsar a la guerrilla   del Magdalena Medio, los jefes paramilitares organizaron grupos locales de   autodefensas en las regiones "liberadas", integrados por pobladores locales   y no por mercenarios a sueldo como en la primera etapa.<sup><a href="#69" name="s69">69</a></sup></p>     <p>La doctrina de Seguridad Nacional, se considera como una guerra no convencional, no   declarada, en la que se supera la concepci&oacute;n tradicional del pensamiento militar, por una   que requiere de menos recursos, menos hombres y causa menos casualidades que la guerra   tradicional. Este tipo de conflicto involucra la guerra pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y sicol&oacute;gica. "es una   guerra total a nivel de ra&iacute;ces"; su doctrina evoluciona como una respuesta al crecimiento de los movimientos populares.<sup><a href="#70" name="s70">70</a></sup></p>     <p>   Esta doctrina ten&iacute;a como fin desarticular los apoyos de las FARC al interior de   las comunidades; el ej&eacute;rcito y las organizaciones armadas empezaron a crear   una guerra en la zona, arremetiendo de forma violenta contra la poblaci&oacute;n   civil, el Partido Comunista y las organizaciones legalmente establecidas.</p>     <p>   El surgimiento de los grupos paramilitares de Puerto Boyac&aacute; comenz&oacute; a   producirse a mediados de 1982, en medio de circunstancias muy espec&iacute;ficas:   por una parte, las acciones de tipo militar adelantadas por el batall&oacute;n de   infanter&iacute;a No. 3 "Barb&uacute;la", fortalecidas a partir de mediados de 1983 por   la XIV brigada, y por otro lado, la ofensiva de las FARC contra la poblaci&oacute;n   local, a trav&eacute;s de mayores exigencias econ&oacute;micas y secuestros. La poblaci&oacute;n,   en particular los propietarios de tierras y de ganado, se inclinaron hacia el   ej&eacute;rcito, al que ahora ve&iacute;an como una instituci&oacute;n.<sup><a href="#71" name="s71">71</a></sup></p>     <p>   De acuerdo con esto, las formas de organizaci&oacute;n del ej&eacute;rcito nacional van a   determinar las acciones de los grupos armados. Medina define otro elemento   de la doctrina de la seguridad nacional, y es que la capacidad de adaptaci&oacute;n   de los militares a la nueva forma de guerra pasa por la creaci&oacute;n de un "Ej&eacute;rcito   propio y una fuerza no convencional de soldados y especialistas de guerra",   que es lo que com&uacute;nmente se conoce como organismos paramilitares.<sup><a href="#72" name="s72">72</a></sup></p>     <p>   De esta forma, se puede definir una primera etapa de conformaci&oacute;n de   los grupos de autodefensa, asociada a la creaci&oacute;n de ej&eacute;rcitos privados en la   zona esmerald&iacute;fera, por parte de quienes entraron a controlar la explotaci&oacute;n   de las minas luego de que el Presidente Misael Pastrana cediera el control de   la zona a manos privadas; otros, fueron creados por los narcotraficantes Fidel   Casta&ntilde;o y Gonzalo Rodr&iacute;guez Gacha, para no continuar pagando el impuesto de guerra, el llamado "gramaje", y a su vez ampliar territorios aptos para los   cultivos il&iacute;citos, expulsando a la guerrilla y organizando militarmente bases   sociales de apoyo;<sup><a href="#73" name="s73">73</a></sup> tambi&eacute;n hubo grupos directamente creados por oficiales   del ej&eacute;rcito, en el marco de la guerra contrainsurgente.<sup><a href="#74" name="s74">74</a></sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Como respuesta a la guerra declarada por el presidente Barco, los   paramilitares y narcotraficantes iniciaron una guerra contra las instituciones   del Estado (la matanza de jueces en la Rochela, en enero de 1989, luego del   asesinato del candidato liberal, Luis Carlos Gal&aacute;n). Estos hechos sirvieron para   que el gobierno, dentro de su pol&iacute;tica de guerra contra las mafias, derogara la   Ley 48 de 1968, que autorizaba al ej&eacute;rcito a crear grupos de autodefensa. En   junio de 1989 el gobierno dict&oacute; el Decreto No 1194, que establece penas para   quienes financien o promuevan grupos paramilitares. El crecimiento acelerado   de los paramilitares se da justamente una vez el gobierno decreta la ilegalidad   de los grupos de autodefensa y de todos los grupos de justicia privada. Al   perder el respaldo del Estado, los paramilitares, quienes ya hab&iacute;an ganado   espacio en la esfera pol&iacute;tica, lanzaron un "movimiento pol&iacute;tico militar" con   el fin de conseguir el mismo trato de delincuentes pol&iacute;ticos que el gobierno le   hab&iacute;a dado a las guerrillas.<sup><a href="#75" name="s75">75</a></sup> El movimiento pol&iacute;tico Morena (Movimiento de   Restauraci&oacute;n Nacional) fue presentado de forma oficial en agosto de 1989.<sup><a href="#76" name="s76">76</a></sup></p>     <p>   En el gobierno de Gaviria se le dio un nuevo giro a la pol&iacute;tica de guerra   contra las mafias con la creaci&oacute;n de la justicia negociable, que garantizaba   la no extradici&oacute;n a los Estados Unidos, siempre y cuando los implicados se   entregaran y colaboraran con la justicia. El gobierno mostr&oacute; con gran &eacute;xito su   pol&iacute;tica, luego de que algunos narcotraficantes se entregaron a la justicia. En   este momento el gobierno centr&oacute; su pol&iacute;tica en la guerra contra la guerrilla,   ocultando el problema del paramilitarismo, el cual ya hab&iacute;a logrado un   acelerado crecimiento.</p>     <p>   Con el paso del tiempo estos grupos fueron ganando capacidad de   movilizaci&oacute;n y poder ofensivo, ante todo, gracias al apoyo de las mafias   del narcotr&aacute;fico o de las esmeraldas y al respaldo de las fuerzas armadas,   constituy&eacute;ndose en la nueva &eacute;lite rural del pa&iacute;s. Seg&uacute;n Pizarro, esto les   permiti&oacute; adquirir cierta complejidad organizativa,<sup><a href="#77" name="s77">77</a></sup> lo que llev&oacute; a la decisi&oacute;n   de unificarse en ciertas zonas, bajo el liderazgo inicial de los hermanos Casta&ntilde;o   y sus Autodefensas de C&oacute;rdoba y Urab&aacute;. La primera conferencia nacional   de autodefensas se llev&oacute; a cabo en Cimitarra, en 1994, y tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde   se conformaron las llamadas Autodefensas Unidas de Colombia, las cuales,   imitando a las FARC en cuanto a su organizaci&oacute;n interna, nombraron una   direcci&oacute;n &uacute;nica y un estado mayor conjunto. El n&uacute;cleo inicial estuvo formado   por las autodefensas de C&oacute;rdoba y Urab&aacute;, las de los Llanos Orientales, las de Ram&oacute;n Isaza y las de Puerto Boyac&aacute;.<sup><a href="#78" name="s78">78</a></sup></p>     <p>   Pese a estos acuerdos, y aunque las AUC pretendan mostrar gran cohesi&oacute;n,   a&uacute;n no han logrado la unidad y se presentan como federaciones de grupos   regionales bajo la hegemon&iacute;a del grupo mayoritario, las ACCU, lideradas por   Carlos Casta&ntilde;o y Salvatore Mancuso. Ello, sin embargo, no ha impedido su   crecimiento en las regiones. Se calcula que para el a&ntilde;o 2003 hab&iacute;a 22 grupos   paramilitares, distribuidos en 28 departamentos, algunos de los cuales no hac&iacute;an parte de las AUC.<sup><a href="#79" name="s79">79</a></sup></p>     <p>   Vale la pena resaltar que el rasgo fundamental de las AUC est&aacute; determinado   por las modalidades de acci&oacute;n, fundadas en el terror generalizado, el asesinato   selectivo y las masacres, el desplazamiento masivo y la expropiaci&oacute;n de   tierras a los campesinos. Los grupos paramilitares han sido responsables de la inmensa mayor&iacute;a de las masacres que se han producido en el pa&iacute;s. &Eacute;stas,   definidas como el asesinato colectivo en el mismo tiempo y lugar de al menos   cuatro personas, han sido una de las modalidades principales de acci&oacute;n de los   grupos paramilitares, con el objetivo de destruir las reales o presuntas bases sociales de apoyo a la guerrilla.<sup><a href="#80" name="s80">80</a></sup></p>     <p>   Seg&uacute;n Cubides, a pesar de su acelerado crecimiento y consolidaci&oacute;n en   algunas zonas, ligados con el crecimiento y la expansi&oacute;n de los cultivos il&iacute;citos,   y de haber desalojado a las FARC de algunos de sus territorios, la guerra de   los paramilitares contra la guerrilla ha dado lugar a un n&uacute;mero muy bajo de   enfrentamientos directos. La mayor parte de las acciones de los paramilitares   se ha dirigido contra la poblaci&oacute;n que apoya a la guerrilla; tampoco esta &uacute;ltima ha propiciado combates directos contra los paramilitares, salvo en tres ocasiones de las que se tiene noticia cierta (Putumayo, Urab&aacute;, y Carmen de Chucur&iacute;).<sup><a href="#81" name="s81">81</a></sup> Guerrero, explica que la guerra se transform&oacute; primordialmente en masacres y ataques a la poblaci&oacute;n civil, por parte de los paramilitares, y en tomas de poblaciones vigiladas por escasa fuerza de polic&iacute;a, por parte de las guerrillas, mientras que las principales fuerzas beligerantes (ej&eacute;rcito, paramilitares y guerrillas) evad&iacute;an el enfrentamiento directo.</p>     <p>   Para la d&eacute;cada de los noventa, la guerra entre paramilitares y guerrilla   segu&iacute;a caracteriz&aacute;ndose por las masacres de poblaci&oacute;n desarmada y algunos   enfrentamientos directos por el control territorial. Se estima que entre   1998 y 2002, se registraron un total de 483 enfrentamientos entre grupos   paramilitares y organizaciones guerrilleras; sin embargo, la informaci&oacute;n es   escasa y fragmentada.</p>     <p>   En la actualidad, los grupos de paramilitares se encuentran negociando su   desmovilizaci&oacute;n con el gobierno. Ello por supuesto, no ha sido impedimento   para que estos grupos contin&uacute;en realizando masacres, desplazamientos y   reclutamiento, con distinto fin; algunos de estos bloques para desmovilizar,   y otros como parte de su crecimiento; es decir, conservan sus estructuras   delincuenciales y paramilitares con mayor presencia en las ciudades<sup><a href="#82" name="s82">82</a></sup> sin que   el estado tome medidas para controlar su avance.</p>     <p><font size="3" face="verdana"><b>Transformaciones internas de las FARC</b></font></p>      <p>   Para entender los cambios por los que han atravesado las FARC, en la &uacute;ltima d&eacute;cada, es necesario tener en cuenta las transformaciones del Estado colombiano, partiendo del cambio de la Constituci&oacute;n Nacional y de las reformas al Estado referidas al conflicto armado, dentro del marco de un nuevo orden internacional. Para ello, debe hacerse un recorrido hist&oacute;rico que sirva de base para estudiar las transformaciones pol&iacute;tico-militares de esta organizaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Las FARC se consideran a s&iacute; mismas como un "ej&eacute;rcito del pueblo"; como la   expresi&oacute;n m&aacute;s elevada de la lucha revolucionaria por la liberaci&oacute;n nacional;   como un movimiento pol&iacute;tico-militar basado en la combinaci&oacute;n de todas   las formas de lucha.</p>     <p>   Los or&iacute;genes de las FARC est&aacute;n marcados por las primeras luchas agrarias   en el sur del Tolima, donde surgieron como autodefensas campesinas a   finales de 1948, con el objetivo de enfrentar la violencia oficial y de las   bandas de conservadores. Posteriormente, y debido a la arremetida oficial,   hacia 1953-1955, se transformaron en guerrillas m&oacute;viles<sup><a href="#83" name="s83">83</a></sup> e iniciaron un   desplazamiento hacia otras zonas, donde se fueron consolidando como   movimiento armado por la necesidad de defensa y supervivencia en el   campo. Estos primeros comandos armados eran de origen liberal y comunista.   Pese a la unificaci&oacute;n de los dos grupos, las diferencias de concepciones   pol&iacute;ticas y organizativas condujeron a la ruptura del comando unificado y al   comienzo de los enfrentamientos entre liberales y comunistas. Finalmente,   las guerrillas comunistas se trasladaron a la zona de Marquetalia, hacia   1960, donde adoptaron los principios marxistas-leninistas como parte de   su proyecto pol&iacute;tico.</p>     <p>   Tras el ataque a Marquetalia en 1964, por parte del gobierno de Guillermo   Le&oacute;n Valencia, las FARC iniciaron unos cambios que fueron ratificados en las   diferentes conferencias. En la primera de ellas se conform&oacute; el Bloque Sur, y   como parte de su plan estrat&eacute;gico se busc&oacute; avanzar hacia las tres cordilleras.   El ataque a Marquetalia fue seguido por la operaci&oacute;n contra Riochiquito, lo   que oblig&oacute; al desplazamiento de la poblaci&oacute;n hacia la selva.</p>     <p>Las FARC nacieron oficialmente en la Segunda Conferencia, realizada en   1966. Dentro de su estrategia militar avanzaron hac&iacute;a el Pato, la Cordillera   Oriental, Tolima, Caldas y Quind&iacute;o, y pasaron de la defensa armada de una   regi&oacute;n a la resistencia armada, en la que grupos de guerrillas m&oacute;viles empleaban   la t&aacute;ctica de golpear, retirarse, volver a aparecer y desaparecer.<sup><a href="#84" name="s84">84</a></sup> Se buscaba   consolidar un peque&ntilde;o ej&eacute;rcito con la conformaci&oacute;n de grupos m&oacute;viles, a fin   de desplazarse hacia las tres cordilleras. Los objetivos pol&iacute;ticos se defin&iacute;an en   t&eacute;rminos de la toma del poder, y como proyecto pol&iacute;tico se continu&oacute; con el Programa Agrario, proclamado el 20 de julio de 1964.</p>     <p>   En esta conferencia se aprobaron el Estatuto del R&eacute;gimen Disciplinario, el   Reglamento y las Normas de Comando; se eliminaron las denominaciones   de grado que emulaban las del ej&eacute;rcito, y en aras de su profesionalizaci&oacute;n   organizacional se empez&oacute; a manejar la idea de conformar "cuerpo de   mando". Pese a ello, todav&iacute;a no se ten&iacute;a una idea clara de lo que era un frente   de guerrillas.<sup><a href="#85" name="s85">85</a></sup> En esta conferencia se unificaron las guerrillas comunistas   que operaban en Marquetalia, Riochiquito, el Pato, Guayabero y 26 de   septiembre.</p>     <p>   M&aacute;s adelante, en la Tercera Conferencia (1968), se dirigieron hacia el Tolima   y el Magdalena Medio. En dicha conferencia se analizaron las experiencias   de la Cordillera Oriental y Central y el cumplimiento de los acuerdos de   la Conferencia Constitutiva. En ese momento todav&iacute;a no se hab&iacute;a dado el   desarrollo del movimiento guerrillero como tal, pues la fase de guerrilla   m&oacute;vil clandestina encontr&oacute; dificultades en cuanto a sus formas de operar.   Se pas&oacute; de la organizaci&oacute;n en destacamentos a la fundaci&oacute;n de frentes y   se construy&oacute; la escuela nacional para el estudio de la "guerra preventiva y   guerra del pueblo", con el fin de preparar los futuros cuadros pol&iacute;ticos. En   esta conferencia se evaluaron las anteriores, los errores que llevaron a la casi   desaparici&oacute;n del movimiento y el poco crecimiento de sus filas. A pesar de   esto, se contempl&oacute; la idea de avanzar hacia la toma del poder.</p>     <p>   En 1970 se celebr&oacute; la Cuarta Conferencia. Se constituyeron frentes en el   Pato y el Magdalena Medio, aunque no hubo muchos avances en cuanto a su   crecimiento. Sin embargo, se mantuvo como organizaci&oacute;n pol&iacute;tico-militar, con   el apoyo del Partido Comunista, que cumpl&iacute;a un papel importante al interior   de la organizaci&oacute;n y de las bases de apoyo.</p>     <p>Posteriormente, en 1974 (Quinta Conferencia), el grupo contaba con cuatro   frentes y las condiciones para crear un quinto en Antioquia y un sexto en   el Valle. Nuevamente, se plante&oacute; la necesidad de convertirse en un ej&eacute;rcito   revolucionario, aunque hasta ese momento no hab&iacute;a logrado avanzar en su plan   pol&iacute;tico-militar. Este fue un periodo de reconstrucci&oacute;n y de recuperaci&oacute;n de fuerzas, sin que se hubiera consolidado una estructura nacional de mando.</p>     <p>   En 1978 (Sexta Conferencia) mil hombres conformaban las FARC. Se comenz&oacute;   a estructurar la concepci&oacute;n de lo que ser&iacute;a un ej&eacute;rcito guerrillero revolucionario,   con el estudio de un documento preparatorio conocido como "tesis", en el que   se analizaban las formas de organizaci&oacute;n interna y se ampliaban los estatutos,   el R&eacute;gimen Disciplinario y las Normas Internas de Comando. Se consolidaron   n&uacute;cleos pol&iacute;ticos, y se inici&oacute; la actividad pol&iacute;tica de forma clandestina en   las zonas donde se organizaron los n&uacute;cleos guerrilleros. Como parte de su   crecimiento, se pas&oacute; al desdoblamiento de frentes en nuevas &aacute;reas y zonas   de influencia. Dentro de la estrategia militar se adopt&oacute; la guerra de guerrillas   (no esperar a ser atacados sino atacar).<sup><a href="#86" name="s86">86</a></sup> Cuando un frente golpeaba, los otros   deb&iacute;an hacer lo mismo, buscando operar con concentraci&oacute;n de fuerza. Se   pas&oacute; a la estrategia de asedio, asalto y copamiento, y se inici&oacute; el estudio sobre   las nuevas formas de operar, con base en los cambios al interior del ej&eacute;rcito   nacional. Aparecieron tambi&eacute;n las unidades t&aacute;cticas de combate (UTC).</p>     <p>   Entre la Sexta y S&eacute;ptima conferencias, las FARC pasaron de 16 frentes a   25, y ten&iacute;an las condiciones para crear uno m&aacute;s en el Valle, e incursionar   en nuevas zonas como Antioquia, Choc&oacute;, Cauca, los Santanderes,   Cundinamarca, Boyac&aacute;, Tolima y Huila, entre otros, con el fin de consolidar   un ej&eacute;rcito. En ese momento, las FARC consideraba indispensable desarrollar   m&aacute;s ampliamente el trabajo pol&iacute;tico con las organizaciones legales y la   comunidad, lo que les permitir&iacute;a tener un mayor apoyo que se traducir&iacute;a   en el crecimiento de la tropa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   En la S&eacute;ptima Conferencia se plante&oacute;, fundamentalmente, y como parte de   un plan estrat&eacute;gico, el crecimiento y la expansi&oacute;n de la organizaci&oacute;n, con la   Cordillera Oriental como eje de acci&oacute;n. La idea era, mediante el crecimiento   y el desplazamiento, desdoblar frentes por las otras dos cordilleras, con el fin   de penetrar en las principales ciudades. Para ello se plante&oacute; un crecimiento   de 15 mil hombres,<sup><a href="#87" name="s87">87</a></sup> lo que s&oacute;lo ser&iacute;a posible articulando la organizaci&oacute;n al trabajo con la poblaci&oacute;n. Los frentes tendr&iacute;an que adquirir la capacidad para   fomentar y ampliar el trabajo con las masas, con miras a consolidar una gran   red de apoyos y de bases. Las FARC planteaban que solamente de esta forma   se podr&iacute;a asegurar el crecimiento de la organizaci&oacute;n y, por consiguiente,   acercarse a una revoluci&oacute;n.</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Los noventa: hacia un nuevo orden</b></font></p>      <p>   La adopci&oacute;n de la Constituci&oacute;n del 91 y el ataque a Casa Verde, donde   se encontraba el secretariado de las FARC, van a tener amplias repercusiones   para el desarrollo del conflicto.<sup><a href="#88" name="s88">88</a></sup> En primer lugar, la ofensiva militar contra   Casa Verde, por parte del gobierno de C&eacute;sar Gaviria, ten&iacute;a como objetivo   desarticular la organizaci&oacute;n, que para este momento se encontraba vinculada   a unas negociaciones de paz. Para las FARC el ataque signific&oacute; la declaraci&oacute;n de   guerra, lo que las llev&oacute; a dar paso a su nueva estrategia militar, que aunque   tiene sus bases en la S&eacute;ptima Conferencia, es ampliada y actualizada de   acuerdo con el desarrollo del conflicto. La nueva forma de operar de los   noventa va a tener caracter&iacute;sticas diferentes a la planteada en los ochenta,   donde los ataques militares eran m&aacute;s defensivos que ofensivos, con poca   concentraci&oacute;n de tropa y acciones aisladas. Para poner en marcha la nueva   forma de operar, sin olvidar sus objetivos pol&iacute;ticos pero ganando espacios   militares, era necesario fortalecer unas finanzas que hasta la d&eacute;cada de los   ochenta se hab&iacute;an conseguido mediante el cobro de impuestos a los cultivadores   de coca, la extorsi&oacute;n a ganaderos y el secuestro de grandes empresarios. El   fortalecimiento de las finanzas en la d&eacute;cada de los noventa estar&iacute;a asociado,   de alguna forma, con el incremento de los cultivos il&iacute;citos y las formas de   tributaci&oacute;n establecidas por las FARC a los diferentes eslabones de la cadena   productiva del narcotr&aacute;fico, obteniendo mayores utilidades.<sup><a href="#89" name="s89">89</a></sup></p>     <p><font size="3" face="verdana"><b>La Octava Conferencia y la guerra integral</b></font></p>      <p>   Para la octava conferencia, las FARC hab&iacute;an registrado un crecimiento   importante y se hab&iacute;an establecido en buena parte del territorio nacional:   contaban con 48 frentes y hab&iacute;an puesto en marcha su desdoblamiento.   Asimismo, planteaban la necesidad de crear bloques m&oacute;viles, compa&ntilde;&iacute;as y   comandos de asalto a cargo de operaciones militares de gran envergadura.   Estas transformaciones se empezaron a consolidar cuando el gobierno declar&oacute;   la "guerra integral". Desde ese momento, las FARC iniciaron un profundo cambio   en la estrategia militar, reflejado en grandes operaciones militares a partir de   1996. Antes de ese a&ntilde;o, las FARC hab&iacute;an mostrado un comportamiento t&iacute;mido en   su confrontaci&oacute;n con el ej&eacute;rcito y los paramilitares, caracterizado por acciones   espont&aacute;neas, toma de pueblos y emboscadas, todas ellas operaciones un tanto   aisladas. Pero a partir de ese momento se reflej&oacute; una din&aacute;mica diferente<sup><a href="#90" name="s90">90</a></sup> en   su concepci&oacute;n militar.</p>     <p>   De la misma manera, en esta conferencia se trazaron varias metas   fundamentales. En primer lugar, en su declaratoria pol&iacute;tica se aprob&oacute; la   construcci&oacute;n de un nuevo gobierno para alcanzar la paz ("Nuevo Gobierno de   Reconciliaci&oacute;n y Reconstrucci&oacute;n Nacional"), luego del exterminio de la Uni&oacute;n   Patri&oacute;tica (UP), su partido pol&iacute;tico. Para ello, era necesario ampliar el trabajo   pol&iacute;tico con las masas, vinculando las organizaciones sociales a un nuevo   proyecto pol&iacute;tico de car&aacute;cter masivo y clandestino: el Movimiento Bolivariano   del Pueblo. Paralelo a ello, en las ciudades comenzaron a consolidarse grupos   de milicias urbanas de la guerrilla, con el fin de fortalecer los frentes rurales   y trasladar los enfrentamientos con mayor intensidad a las cercan&iacute;as de las   grandes ciudades, en respuesta a la guerra declarada por el Estado.</p>     <p>   Los cambios de las FARC, despu&eacute;s de la Octava Conferencia, obedecieron a   la necesidad de fortalecer su organizaci&oacute;n. En primer lugar, se descentraliz&oacute;   la c&uacute;pula y se decidi&oacute; ubicar a cada miembro al mando de un bloque, pues   tras el ataque a Casa Verde se comprendi&oacute; el riesgo que representaba para su   organizaci&oacute;n la permanencia de todos los integrantes del secretariado en un   mismo lugar. Adem&aacute;s, se aument&oacute; el n&uacute;mero de miembros del secretariado, a   fin de tener mayor coordinaci&oacute;n de sus frentes. A partir del 2005, luego de la   muerte de uno de los miembros del secretariado (Nari&ntilde;o), se establecieron dos   suplencias, que tienen como fin remplazar a unos de sus miembros en caso de   incapacidad, muerte o detenci&oacute;n. En segundo lugar, se dio el paso de la guerra de guerrillas a la guerra de movimientos.<sup><a href="#91" name="s91">91</a></sup> Para ello fue necesaria la creaci&oacute;n   de la escuela militar, situada en los Llanos del Yar&iacute;, con el fin de preparar a   los futuros mandos operacionales, destinados a unidades militares de mayor   tama&ntilde;o.<sup><a href="#92" name="s92">92</a></sup> En tercer lugar, en lo militar se reafirm&oacute; el objetivo anunciado en   la anterior conferencia de urbanizar el conflicto, con el fortalecimiento de los   frentes urbanos. Estos hechos s&oacute;lo fueron posibles cuando el Estado opt&oacute; por   combatir la guerrilla en el terreno militar y no en el terreno pol&iacute;tico.</p>     <p>   En s&iacute;ntesis, como lo sostiene Fernando Caicedo &mdash;uno de sus comandantes&mdash;   , esta conferencia le dio un giro a la estrategia de las FARC: "En esta conferencia   se da un salto cualitativo desde lo militar, se rompe con el esquema tradicional   de guerra de guerrillas, se tiene la capacidad de golpear en masa y retirarse.   Se da dentro de lo que se conoce como "nuevo modo de operar" que significa:   asediar, golpear, copar y retirarse, ser&iacute;a lo que en estrategia militar se llama   guerra de movimientos, pero al estilo guerrillero".<sup><a href="#93" name="s93">93</a></sup></p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>La Octava Conferencia:   hacia la consolidaci&oacute;n de un ej&eacute;rcito regular</b></font></p>      <p>   En ese momento las FARC adoptaron el planteamiento foquista de Ernesto   Guevara, el cual consist&iacute;a en adquirir formas ofensivas de ataque: "asedio   sostenido, asalto y copamiento del enemigo", t&aacute;cticas de guerra que se basan   en el despliegue de tropas y la capacidad de acci&oacute;n coordinada. Seg&uacute;n las FARC,   al adoptar estas nuevas formas de operar se obligaba al enemigo a prepararse   y modificar sus t&aacute;cticas. La Octava Conferencia tiene la particularidad de que   las FARC declaran que desde ese momento dejar&iacute;an de ser defensivas para   convertirse en "totalmente en ofensivas". Sus planes militares partir&iacute;an de   estudios de inteligencia bien dise&ntilde;ados y estudiados por los frentes, para lo   cual se preparar&iacute;an en una escuela militar dise&ntilde;ada para tal fin.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con esta nueva dimensi&oacute;n del conflicto se dio un nuevo ordenamiento   al interior de las FARC: por una parte, se produjo el distanciamiento con el   Partido Comunista y las otras expresiones de lucha legales, pero sin abandonar   la combinaci&oacute;n de todas las formas de lucha, ante el genocidio perpetrado   contra la UP y la casi desaparici&oacute;n del PCC. El distanciamiento con el PCC llev&oacute;   a un hondo proceso de militarizaci&oacute;n. Seg&uacute;n Pizarro, las FARC dejaron de ser   una "guerrilla de partido" para convertirse en una "guerrilla militar", dado   que el secretariado de las FARC asumi&oacute; simult&aacute;neamente la direcci&oacute;n pol&iacute;tica   y militar. Es decir, la dependencia del PCC se rompi&oacute; y comenz&oacute; un proceso de   sustituci&oacute;n por el denominado Partido Comunista Clandestino de Colombia,   bajo la direcci&oacute;n directa del secretariado. A su vez, la muerte de Jacobo   Arenas, el indiscutible l&iacute;der pol&iacute;tico, tambi&eacute;n contribuy&oacute; a la militarizaci&oacute;n de las FARC.</p>     <p> <font size="3" face="verdana"><b>Nuevas estrategias pol&iacute;tico militares</b></font></p>      <p>   Desde su nacimiento en Marquetalia, las FARC se establecieron como una   guerrilla en oposici&oacute;n al r&eacute;gimen colombiano. Sus fundamentos militares   se basaron en la t&aacute;ctica de la emboscada, lo que les permit&iacute;a un margen de   acci&oacute;n frente a las fuerzas armadas y compensaba el n&uacute;mero de integrantes.   Sin embargo, seg&uacute;n lo planteaban las FARC, este hecho les representaba ser   m&aacute;s defensivas que ofensivas, "siendo que el car&aacute;cter de toda guerrilla revolucionaria es ser ofensiva".<sup><a href="#94" name="s94">94</a></sup></p>     <p>   De acuerdo con estos planteamientos, las FARC iniciaron una transformaci&oacute;n   militar que se formular&iacute;a en la S&eacute;ptima Conferencia, la cual tiene como eje de   an&aacute;lisis un documento conocido como "tesis", basado en la experiencia de la   operaci&oacute;n "Cisnes 3", realizada en el Guayabero en 1980. Como resultado, se   crearon las bases para adoptar su nueva forma de operar, consistente en un   plan general de guerrillas m&oacute;viles, concentrando toda la fuerza en un solo   frente, para "asediar, copar y retirarse". Para poner en pr&aacute;ctica su NFO era   necesario aumentar el n&uacute;mero de integrantes y promover nuevos mandos, hasta llegar a 200 comandantes, con el fin de consolidar un ej&eacute;rcito.</p>     <p>   La NFO se ha definido como una nueva t&aacute;ctica militar, partiendo de la base   de que la guerra regular pas&oacute; a ser irregular, como consecuencia de las nuevas   formas de guerra contrainsurgente adoptadas por las fuerzas armadas. Seg&uacute;n las FARC, estas t&aacute;cticas de guerra se explican por la prolongaci&oacute;n del conflicto,   lo que lleva a cada ej&eacute;rcito a actualizar sus formas de combate. Su concepci&oacute;n   ideol&oacute;gica parte de la idea de que la guerrilla debe apoyarse en dos fuerzas:   la fuerza militar y la fuerza pol&iacute;tica, abarcando dos formas de lucha: la lucha   armada y la lucha pol&iacute;tica, de acuerdo con las circunstancias y condiciones del momento y lugar.<sup><a href="#95" name="s95">95</a></sup></p>     <p>   A partir de las estrategias adoptadas por el ej&eacute;rcito, se modificaron los   planes y las nuevas formas de operar. Con estos cambios en el orden pol&iacute;tico y   militar se dio inicio a la S&eacute;ptima Conferencia. No obstante, las FARC plantearon   en los sucesivos plenos que esta nueva t&aacute;ctica militar solamente se llevar&iacute;a   a cabo cuando el Estado incumpliera con los acuerdos de paz, acuerdos que   terminaron con el &uacute;ltimo intento de revivir los di&aacute;logos en Tlaxcala, M&eacute;xico, en 1992, y la declaratoria de guerra.</p>     <p>   La puesta en marcha de esta nueva estrategia, dise&ntilde;ada en la conferencia   anterior, fue concebida como una primera etapa en el desarrollo de la   confrontaci&oacute;n abierta. La segunda etapa fue adoptada en 1993, cuando se   acord&oacute; como meta principal los ataques contundentes al ej&eacute;rcito, dando   inicio a la preparaci&oacute;n de los futuros mandos. Esta NFO se refleja a partir de   1996, y consiste en crear unidades de lucha capaces de cercar y aniquilar   bases militares y tropas de &eacute;lite del ej&eacute;rcito oficial, en un tiempo prolongado.   Esta t&aacute;ctica le signific&oacute; a las FARC avances militares, desplegando acciones   en diversas ciudades como Popay&aacute;n, Cali, Medell&iacute;n y Bogot&aacute;, y poblaciones   de menor tama&ntilde;o. Adem&aacute;s, utilizando un gran n&uacute;mero de hombres y la   disciplina propia de un ej&eacute;rcito, las FARC realizaron ataques contra convoyes   militares como los de Puerres en Nari&ntilde;o, El Billar, Las Delicias, San Juanito y   Patascoy, entre otros, donde funcionaban importantes batallones de fuerza &eacute;lite contraguerrillera. Para algunos analistas, las FARC dieron el salto de guerra de guerrillas a guerra de movimientos.</p>     <p>   Los &eacute;xitos militares obligaron a que se reconocieran el poder&iacute;o y la cobertura   de las FARC. Adem&aacute;s, las guerrillas optaron por tomar prisioneros de guerra, que   en un primer momento eran militares detenidos durante los enfrentamientos,   para plantear un canje de prisioneros de guerra por guerrilleros detenidos   en las c&aacute;rceles.<sup><a href="#96" name="s96">96</a></sup> Debido al poco inter&eacute;s que suscit&oacute; el tema del canje en las distintas instancias del Estado, las FARC ampliaron esta estrategia, que ahora   abarca desde la retenci&oacute;n de militares hasta pol&iacute;ticos. Esta estrategia de las   FARC obedece a las m&uacute;ltiples capturas de sus miembros por parte del ej&eacute;rcito,   especialmente en las ciudades, y al aumento de penas que hace casi imposible   el regreso de sus miembros presos a las filas, y las ordenes de extradici&oacute;n   sobre un gran n&uacute;mero de sus miembros, a partir del 2004.</p>     <p>   Para las FARC, la ley de canje nace de la necesidad de darle al conflicto   un tratamiento de guerra civil en el que se humanicen las condiciones de   los detenidos de ambos lados. Esta decisi&oacute;n se tom&oacute; luego de que las FARC   sufrieran algunas derrotas militares y la detenci&oacute;n de un gran n&uacute;mero de   sus miembros, especialmente en Cali, Medell&iacute;n, y Bogot&aacute;, donde sus frentes   urbanos fueron pr&aacute;cticamente desarticulados. Esto llev&oacute; a las FARC a concentrar   todos sus efectivos en las &aacute;reas rurales y a dirigir desde all&iacute; las ciudades, lo que   ha impedido la consolidaci&oacute;n del "trabajo urbano". De ah&iacute; que la conquista   de las ciudades siga siendo uno de los grandes problemas para el avance de   la revoluci&oacute;n propuesta por las FARC.</p>     <p>   Esto llev&oacute; a la guerrilla a perder el apoyo que hab&iacute;a consolidado en las   ciudades, indispensable para el desarrollo de la confrontaci&oacute;n armada. Por   ello se encuentra limitada a la realizaci&oacute;n de cercos y hostigamientos en el &aacute;rea   perif&eacute;rica, acciones que generan gran conmoci&oacute;n al expresarse en combates   espor&aacute;dicos, bloqueos de v&iacute;as de acceso, secuestros masivos y ataques a   instalaciones militares.<sup><a href="#97" name="s97">97</a></sup> En la actualidad, y a pesar de que las FARC empezaron   a formar frentes urbanos a finales de los ochenta, no han podido penetrar en   las ciudades de forma definitiva.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Hacia 1998, con la llegada de Andr&eacute;s Pastrana a la presidencia de la rep&uacute;blica,   el conflicto dio un nuevo giro: por un lado, el gobierno acord&oacute; con las FARC el   despeje de una zona para iniciar una mesa de negociaciones tendientes a lograr acuerdos de paz; por el otro, la administraci&oacute;n Pastrana estrech&oacute; las relaciones   con Estados Unidos, lo que se tradujo en mayor apoyo al tema militar. Con   la dotaci&oacute;n de las fuerzas armadas con armamento de punta para la guerra   contrainsurgente y la provisi&oacute;n de recursos para la creaci&oacute;n de nuevas bases   militares, se elev&oacute; el n&uacute;mero de soldados profesionales y brigadas m&oacute;viles   con tropas aerotransportadas, se dio el paso de unidades militares dispersas   hacia grandes unidades militares, se fortalecieron la infanter&iacute;a de marina,   la aviaci&oacute;n y la capacidad para el combate nocturno y se modernizaron las   comunicaciones.</p>     <p>   Por estas razones, se ha planteado que las FARC se vieron obligadas a   abandonar su NFO y a regresar a la guerra de guerrillas, evitando la concentraci&oacute;n   de amplias unidades militares, ante el avance de la fuerza a&eacute;rea. Por su parte   las FARC, concientes de las nuevas dimensiones del conflicto, se preparaban   para afrontar la nueva estrategia militar, lo que se ratifica en un comunicado   de su m&aacute;ximo dirigente:</p>     <p>   (...) La presencia de una flota de helic&oacute;pteros en brigadas, divisiones y hasta en batallones   apoyados por aviones bombarderos, para hacer desembarcos diurnos y nocturnos, son   parte del nuevo elemento introducido a la estrategia de combate contra la guerrilla,   produciendo resultados negativos en nuestras filas con la baja de 21 combatientes, horas   despu&eacute;s de la acci&oacute;n en Hato Corozal, por un desembarco nocturno a una unidad nuestra   por haber tomado una v&iacute;a no acordada dentro del plan de retirada. (...) Los hostigamientos   y ataques seguir&aacute;n normalmente lo que no se puede es prolongarlos demasiado tiempo y   mucho menos si el terreno no es favorable por la carencia de mimetismo (...) El crecimiento   del movimiento guerrillero permite desarrollar acciones audaces mientras se utilice la   movilidad permanente para atacar fortalezas militares y tambi&eacute;n m&oacute;viles para causarles   bajas y serios da&ntilde;os en instalaciones, dejando la aviaci&oacute;n, la artiller&iacute;a, la coheter&iacute;a y la   inteligencia satelital sin objetivo (...) aunque mantengan planes preventivos en el teatro   de operaciones de cada divisi&oacute;n seg&uacute;n su estrategia. Adem&aacute;s podemos decir oficialmente   que somos 60 frentes y s&iacute; disponemos de planes que nos permitan accionar todos los d&iacute;as,   por escuadras, guerrillas y compa&ntilde;&iacute;as.<sup><a href="#98" name="s98">98</a></sup></p>     <p>   Las FARC reconocen su debilidad frente a la fuerza a&eacute;rea;<sup><a href="#99" name="s99">99</a></sup> sin embargo,   aunque se pueda suponer que abandon&oacute; su NFO para regresar a una guerra   de guerrillas centrada en el sabotaje y los ataques a la polic&iacute;a, dejando de lado al ej&eacute;rcito como objetivo principal, todav&iacute;a no se puede afirmar su regreso a   la guerra de guerrillas con la poca informaci&oacute;n que se tiene.</p>     <p>   Para las FARC, la nueva estrategia consiste en generar un vac&iacute;o b&eacute;lico; es decir,   eludir la confrontaci&oacute;n directa cuando no se dan las condiciones necesarias,   evitando el desgaste de la tropa y creando incertidumbre en las filas del   ej&eacute;rcito. En otras palabras, aunque concentra amplias unidades militares, estas   s&oacute;lo presentan combate en terrenos favorables, lo que parece evidente en las   zonas donde se desarrolla el Plan Patriota dise&ntilde;ado por la administraci&oacute;n   Uribe con el apoyo estadounidense. Lo que se deja entrever es que las FARC   han mantenido una guerra de desgaste para el ej&eacute;rcito nacional, sin que ello   represente que se encuentren en una fase final.</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Conclusiones</b></font></p>      <p>   En el desarrollo del presente trabajo se ha podido establecer el planteamiento   central del cual parti&oacute; la investigaci&oacute;n, a saber: los cambios al interior de las   FARC a partir de la d&eacute;cada de los noventa obedecen, principalmente, a los   cambios que se operan desde el Estado con respecto al conflicto armado,   especialmente al trato que se decide dar a las guerrillas que no entraron en   el proceso de desmovilizaci&oacute;n. La declaratoria de guerra integral, el cambio   de la Constituci&oacute;n Colombiana &mdash;que excluy&oacute; de toda participaci&oacute;n a la   guerrilla&mdash;, las reformas a la justicia &mdash;con un nuevo sistema acusatorio&mdash;, la   ampliaci&oacute;n de penas para los delitos pol&iacute;ticos, el fortalecimiento del ej&eacute;rcito   nacional &mdash;con mayor gasto militar&mdash;, la implementaci&oacute;n de nuevos planes   militares como el Plan Colombia y una nueva fase, el Plan Patriota, con el   apoyo directo de Estados Unidos, y el crecimiento de grupos paramilitares,   llevaron a las FARC a una profunda transformaci&oacute;n interna, reflejada en acciones   militares durante la d&eacute;cada.</p>     <p>   El Estado centro su pol&iacute;tica de orden p&uacute;blico en combatir a las organizaciones   guerrilleras; con ello dej&oacute; de lado el gasto social, incrementando la pobreza,   lo que agudiz&oacute; el conflicto y lo hizo m&aacute;s complejo: las fuerzas armadas se   prepararon con mayores recursos, lo que implic&oacute; mayor desarrollo de su   capacidad b&eacute;lica, con tecnolog&iacute;a de punta y la puesta en marcha de una red   de apoyos dise&ntilde;ados exclusivamente para combatir las guerrillas, todo ello   con la ayuda norteamericana. De otro lado, las FARC intensificaron sus acciones   armadas, no s&oacute;lo en las &aacute;reas rurales sino en las ciudades, lo que dio como   resultado una nueva fase del conflicto armado, en la que los actores ajustaron   sus estrategias armadas. De igual manera, el acelerado crecimiento paramilitar   estimul&oacute; un escalamiento en la intensidad del conflicto.</p>     <p>Los informes y documentos emitidos por las FARC de alguna manera   demuestran que, los cambios en su interior, se han dado como respuesta a   la modificaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas del Estado que intensifican la confrontaci&oacute;n   armada, lo que las ha obligado a buscar nuevos mecanismos militares y pol&iacute;ticos,   a fin de enfrentarlo en el terreno pol&iacute;tico y militar. La nueva modalidad de   las FARC, para penetrar en las ciudades, parece ser, la utilizaci&oacute;n de comandos   de asaltos, con un n&uacute;mero limitado de tropa, con capacidad de combate en la   ciudad, con acciones de gran tama&ntilde;o, reflejado en el asalto al edifico Miraflores   en Neiva, el secuestro masivos de los doce diputados en Cali, entre otros. acciones propias de un ej&eacute;rcito.</p>     <p>   En la actualidad, la superaci&oacute;n del conflicto armado es incierta. Debido a las   confrontaciones armadas y al poco inter&eacute;s de las partes por buscar salidas y al   trato que el Estado decidi&oacute; darles como organizaciones terroristas, centrando   su programa, en la pol&iacute;tica de seguridad que tiene como fin &uacute;nico aniquilar   las organizaciones guerrillas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><sup><a href="#s1" name="#1">1</a></sup> Camacho Guizado, &Aacute;. (2002), "Credo, necesidad y codicia: los alimentos de la guerra", en Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 46, p. 137.</p>     <p>   <sup><a href="#s2" name="#2">2</a></sup> Collier, P. (2001), "Causas econ&oacute;micas de las guerras civiles y sus implicaciones para el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas", en Revista Malpensante, Lecturas parad&oacute;jicas, No. 30.</p>     <p> <sup><a href="#s3" name="#3">3</a></sup> Camacho Guizado, &Aacute;. Op, cit., p. 138.</p>     <p>   <sup><a href="#s4" name="#4">4</a></sup> Paul Collier "Doing Well out of War: An Economic Perspective", p. 98-99, citado en Camacho Guizado, &Aacute;. op. cit.</p>     <p>   <sup><a href="#s5" name="#5">5</a></sup> Collier, P. Ibid., p. 30.</p>     <p><sup><a href="#s6" name="#6">6</a></sup> Ibid., p. 32.</p>     <p>   <sup><a href="#s7" name="#7">7</a></sup> Collier, P. (2001), op. cit., p. 30.</p>     <p>   <sup><a href="#s8" name="#8">8</a></sup> Valenzuela, P. (2002), "Reflexiones sobre interpretaciones recientes de la violencia en Colombia", en   Revista Reflexi&oacute;n Pol&iacute;tica, A&ntilde;o 4, No. 8, p. 84.</p>     <p>  <sup><a href="#s9" name="#9">9</a></sup> Collier, P. (2001), op. cit., p 32.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s10" name="#10">10</a></sup> Revista Resistencia FARC 40 a&ntilde;os (2004, agosto), [en l&iacute;nea], disponible en: &lt;<a href="http://www.farcep.org"target="blank">http://www.farcep.org.co</a>/&gt;</p>     <p><sup><a href="#s11" name="#11">11</a></sup> Collier P. (2001), op, cit., p. 43.</p>     <p>   <sup><a href="#s12" name="#12">12</a></sup> Ibid., p. 34.</p>     <p><sup><a href="#s13" name="#13">13</a></sup> Camacho Guizado, &Aacute;., op. cit., p. 146.</p>     <p>   <sup><a href="#s14" name="#14">14</a></sup> Ibid., p. 138.</p>     <p>   <sup><a href="#s15" name="#15">15</a></sup> Citado por Camacho Guizado, &Aacute;., op. cit., p. 140.</p>     <p><sup><a href="#s16" name="#16">16</a></sup> Ibid., p. 140.</p>     <p>   <sup><a href="#s17" name="#17">17</a></sup> Ibid., p. 141.</p>     <p><sup><a href="#s18" name="#18">18</a></sup> Sobre el surgimiento de las FARC su historia, estructura interna y formas de organizaci&oacute;n, puede   consultarse: Arenas, J. (1973), Diario de la resistencia de Marquetalia; Cese el Fuego: una historia pol&iacute;tica   de las FARC., Bogot&aacute;, Oveja Negra; Alape, A. (1998), Los sue&ntilde;os y las monta&ntilde;as, Bogot&aacute;, Planeta; Arango   Z., C. (1984) FARC: veinte a&ntilde;os de Marquetalia a la Uribe, Aurora; Marulanda V&eacute;lez, M. Cuadernos de   Campa&ntilde;a; Molano, A. y Reyes, A. Los bombardeos del Pato. Bogot&aacute;,   CINEP, Serie Controversia, No. 89;   Molano, A. (1994), Trochas y fusiles, Bogot&aacute;, IEPRI, El &Aacute;ncora; Trujillo, C. (1974),   . , P&aacute;ginas sobre su vida,   Bogot&aacute;, Abej&oacute;n Mono; Gonz&aacute;les Arias, J. J. (1992), Espacios de exclusi&oacute;n: El estigma de las rep&uacute;blicas   independientes 1955-1965, Bogot&aacute;, CINEP; Pizarro, E. (1991) Las FARC (1949-1966); (1989) De la autodefensa   a la combinaci&oacute;n de todas las formas de lucha, Bogot&aacute;, Tercer Mundo; "Los or&iacute;genes del movimiento armado en Colombia", en An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No 7.</p>     <p>   <sup><a href="#s19" name="#19">19</a></sup> Rubio, M. (1999), Crimen e impunidad. Precisiones sobre la violencia, Bogot&aacute;, Tercer Mundo - CEDE.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <sup><a href="#s20" name="#20">20</a></sup> Salazar, B. y Castillo, M. del P. (2001), La hora de los dinosaurios: Conflicto y depredaci&oacute;n en Colombia,   Bogot&aacute;, CIDSE - CEREC, Colecci&oacute;n Sociedad y Econom&iacute;a.</p>     <p>   <sup><a href="#s21" name="#21">21</a></sup> Ibid., p. 11.</p>     <p><sup><a href="#s22" name="#22">22</a></sup> Ibid., p. 12.</p>     <p>   <sup><a href="#s23" name="#23">23</a></sup> Ferro, J. G. y Uribe, G. (2002), El orden de la guerra: las FARC-EP Entre la organizaci&oacute;n y la pol&iacute;tica, Bogot&aacute;,   Centro Editorial Javeriano &ndash; CEJA, pp. 26-39.</p>     <p>   <sup><a href="#s24" name="#24">24</a></sup> Ibid., p. 117.</p>     <p><sup><a href="#s25" name="#25">25</a></sup> Pizarro Leong&oacute;mez, E. (2004), Una democracia asediada: balance y perspectivas del conflicto armado en Colombia, Bogot&aacute;, Norma, p. 70.</p>     <p>   <sup><a href="#s26" name="#26">26</a></sup> Ibid., p. 200.</p>     <p><sup><a href="#s27" name="#27">27</a></sup> Rangel, A. "Colombia la guerra irregular en el fin de siglo", en Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No 28., p. 75.</p>     <p>   <sup><a href="#s28" name="#28">28</a></sup> Rangel, A. (1991), "Las FARC-EP una mirada actual", en Deas, M.; Llorente, M. V. Reconocer la guerra   para construir la paz, Bogot&aacute;, CEREC- Uniandes- Norma, p. 44.</p>     <p><sup><a href="#s29" name="#29">29</a></sup> Pizarro Leong&oacute;mez, E., op. cit., p 185.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <sup><a href="#s30" name="#30">30</a></sup> Ibid., p. 175.</p>     <p>   <sup><a href="#s31" name="#31">31</a></sup> Ibid., p. 35.</p>     <p><sup><a href="#s32" name="#32">32</a></sup> Palacios, M. (1999), "La soluci&oacute;n pol&iacute;tica al conflicto armado, 1982-1997", en Camacho Guizado, &Aacute;. y Leal Buitrago, F. (comps.), Armar la paz es desarmar la guerra, Bogot&aacute;, CEREC.</p>     <p>   <sup><a href="#s33" name="#33">33</a></sup> Lair, E. (1999, mayo- agosto), "El terror recurso estrat&eacute;gico de los actores armados: reflexiones en   torno al conflicto colombiano", en An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 37.</p>     <p><sup><a href="#s34" name="#34">34</a></sup> Pizarro Leong&oacute;mez, E. Una democracia asediada, p. 205.</p>     <p><sup><a href="#s35" name="#35">35</a></sup> Pecaut, D. (2001), Guerra contra la sociedad. Bogot&aacute;, Espasa, p. 35.</p>     <p>   <sup><a href="#s36" name="#36">36</a></sup> Gonz&aacute;lez, F. E.; Bol&iacute;var, I. J.; V&aacute;zquez, T. (2003), Violencia pol&iacute;tica en Colombia. De la naci&oacute;n fragmentada   a la construcci&oacute;n del Estado, Bogot&aacute;, CINEP.</p>     <p>   <sup><a href="#s37" name="#37">37</a></sup> Mason, A. "Exclusividad, autoridad y Estado", en Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No 47, p. 68.</p>     <p><sup><a href="#s38" name="#38">38</a></sup> Ibid., p. 68.</p>     <p>   <sup><a href="#s39" name="#39">39</a></sup> Orjuela Escobar, L. J. (1998, agosto), El Estado colombiano en los noventa: entre la legitimidad y la eficiencia,   en Revista de Estudios Sociales, No. 1, p. 56.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s40" name="#40">40</a></sup> Ahumada, C. (1998), El modelo neoliberal y su impacto en la sociedad colombiana, Bogot&aacute;, &Aacute;ncora, p. 178.</p>     <p>   <sup><a href="#s41" name="#41">41</a></sup> Sobre este tema, consultar Garc&iacute;a Dur&aacute;n, M. (1992), De La Uribe a Tlaxcala, proceso de paz, Bogot&aacute;,   CINEP.</p>     <p>   <sup><a href="#s42" name="#42">42</a></sup>Sobre el tema puede consultarse Ram&iacute;rez Tob&oacute;n, W. (1992), "&iquest;Alguien quiere volver a Tlaxcala?", en   An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 16, p. 61-79.</p>     <p>   <sup><a href="#s43" name="#43">43</a></sup> Ahumada, C., op. cit., p. 180.</p>     <p><sup><a href="#s44" name="#44">44</a></sup> "Bombardeos sin tregua en la Uribe. (...) se extingui&oacute; la posibilidad de una soluci&oacute;n negociada dicen   las FARC. Las FARC aseguraron ayer que la ofensiva militar contra la Uribe extingue la posibilidad de   una soluci&oacute;n negociada al problema de la subversi&oacute;n y se&ntilde;alaron que el presidente Gaviria ser&aacute; el   &uacute;nico responsable de las consecuencias de la acci&oacute;n b&eacute;lica (...). Primero informamos a la opini&oacute;n que   hoy 9 de diciembre a partir de las 07 horas el ej&eacute;rcito oficial dio inicio a una operaci&oacute;n militar a gran   escala contra la sede general del Secretariado nacional de las FARC en la Uribe. Segundo entendemos   que el gobierno del Doctor Gaviria da por cancelada la posibilidad de soluci&oacute;n negociada y que a   &eacute;l solo le corresponde asumir las responsabilidades que de esta decisi&oacute;n se deriven. Tercero, este   gobierno dilapid&oacute; la gran oportunidad que ofreci&oacute; el pa&iacute;s de hacer la Asamblea Nacional Constituyente   escenario de paz. Con los sectarismos excluyentes gener&oacute; la m&aacute;s alta abstenci&oacute;n de los &uacute;ltimos a&ntilde;os   y con su intolerancia logr&oacute; la ratificaci&oacute;n de una guerra de imprevisibles consecuencias para el pa&iacute;s" ( El Tiempo, 11 de diciembre 1990, p 13 A).</p>     <p>   <sup><a href="#s45" name="#45">45</a></sup> Mej&iacute;a Quintana, O. "El origen constituyente de la crisis pol&iacute;tica en Colombia: la filosof&iacute;a pol&iacute;tica y   las falacias de la Constituci&oacute;n", en Mason, A.; Orejuela, L. J. (2003) (eds.), La crisis pol&iacute;tica Colombiana   m&aacute;s que un conflicto y un proceso de paz. Bogot&aacute;, Uniandes, p. 144.</p>     <p><sup><a href="#s46" name="#46">46</a></sup> "Guerrilla activa no cabe en la Asamblea "El presidente C&eacute;sar Gaviria Trujillo, al hablar ayer en   la sesi&oacute;n inaugural de la Asamblea Constituyente como invitado especial, reiter&oacute; su llamado a los   delegatarios para que hagan de la nueva constituci&oacute;n un tratado de paz (...) el presidente de la   Rep&uacute;blica tiene la competencia para decidir la integraci&oacute;n de voceros de las organizaciones armadas   en la Constituyente (...) la advertencia que el jefe de Estado hizo ayer, pone en duda la posibilidad   de que las FARC y ELN consigan los cupos que quieren en Asamblea". (El Tiempo, primera p&aacute;gina, 6 de febrero 1991).</p>     <p>   <sup><a href="#s47" name="#47">47</a></sup> Mej&iacute;a Quintana, O., op. cit., p. 146.</p>     <p>   <sup><a href="#s48" name="#48">48</a></sup> "Feroz ofensiva guerrillera en diferentes regiones de Colombia" (El Tiempo, 28 de mayo 1992, p. 8A).</p>     <p>   <sup><a href="#s49" name="#49">49</a></sup> Propuesta del gobierno para reiniciar los di&aacute;logos "1. secuestro; 2 el cese al fuego, en los aspectos   acordados en el temario de la tercera ronda de conversaciones, Derechos Humanos, aspectos de la   confrontaci&oacute;n que afectan a la poblaci&oacute;n civil, desapariciones forzadas y retenciones arbitrarias; 3   los otros puntos del temario de la tercera ronda, tal y como fueron acordados, paralelamente con   el desarrollo de los dem&aacute;s elementos sobre el cese al fuego, teniendo en cuenta la importancia del tema para la paz; 4 a lo largo de las conversaciones, ser&aacute; necesario discutir en la mesa la vigencia y   continuidad de las conversaciones en el futuro, y que creen un clima de tranquilidad en la ciudadan&iacute;a   tan afectada por las diferentes modalidades de la violencia actual". Comisi&oacute;n negociadora del   gobierno, Tlaxcala, M&eacute;xico (El Tiempo, 26 de abril de 1992, pp. 1A-5A).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <sup><a href="#s50" name="#50">50</a></sup> Tres impuestos para financiar FF.AA "el gobierno nacional cre&oacute; tres impuestos para financiar las acciones   de las Fuerzas Armadas contra la subversi&oacute;n y el terrorismo (...) con estos tributos el gobierno aspira   recaudar unos 50.000 millones de pesos que estar&aacute;n destinados a la creaci&oacute;n de nuevas brigadas   m&oacute;viles, a una mejor dotaci&oacute;n de la tropa, a transporte, inteligencia, comunicaciones y material de   intendencia" (...) asimismo, para financiar planes de protecci&oacute;n de puentes, carreteras, estaciones,   torres de energ&iacute;a, oleoductos, gasoductos, y dem&aacute;s instalaciones mineras y de telecomunicaciones.   Estas tres Contribuciones para el Restablecimiento del Orden P&uacute;blico est&aacute;n consignadas en el decreto   416 expedido anoche por el gobierno (El Tiempo, 12 de febrero de 1991).</p>     <p><sup><a href="#s51" name="#51">51</a></sup> Reyes Posada, A. (1993). "La coyuntura de las guerras y la nueva estrategia de seguridad", en Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 18, p. 56.</p>     <p>   <sup><a href="#s52" name="#52">52</a></sup> "Se agoto la opci&oacute;n de Tlaxcala", El Tiempo, 12 de junio de 1992, p. 7A.</p>     <p>   <sup><a href="#s53" name="#53">53</a></sup> &lt;&lt;"Decretan conmoci&oacute;n interna". El presidente C&eacute;sar Gaviria declar&oacute; a noche al pa&iacute;s en Estado de   Conmoci&oacute;n Interior durante 90 d&iacute;as, advirti&oacute; que no habr&aacute; mas claudicaciones ante el narcoterrorismo,   ni mas concesiones a los violentos y anunci&oacute; una dr&aacute;stica ofensiva contraguerrillera (...) El gobierno   respondi&oacute; as&iacute; a los alzados en armas que ayer, tras el asesinato de 26 polic&iacute;as en el Putumayo,   protagonizaron otra dram&aacute;tica jornada de sangre y violencia. m&aacute;s de treinta petardos hicieron   explosi&oacute;n en sedes bancarias y comercio de Santa Marta, Pereira, C&uacute;cuta, Manizales, Aguachica,   Valledupar y en trece municipios del departamento de Antioquia. Hubo cinco muertos y 43 heridos   (...) Entre las medidas m&aacute;s importantes se encuentran la congelaci&oacute;n de bienes producto del secuestro   y la extorsi&oacute;n, la tipificaci&oacute;n como delito de cualquier tipo de auxilio que se le de a la guerrilla y la   creaci&oacute;n de redes de comunicaci&oacute;n especiales entre comerciantes, ganaderos y campesinos con las   autoridades&gt;&gt; (El Tiempo, 9 de noviembre 1992).</p>     <p>   <sup><a href="#s54" name="#54">54</a></sup> Reyes Posada, A. (1993), "La coyuntura de las guerras", en Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No 18, p. 59.</p>     <p><sup><a href="#s55" name="#55">55</a></sup> &lt;&lt;"Fortalecen los fondos de seguridad" (...) a partir del pr&oacute;ximo mes de enero entraran a operar   seis batallones contraguerrilla en las zonas en donde el orden p&uacute;blico esta mas afectado y ser&aacute;n   creadas nueve unidades de antiextorsi&oacute;n y secuestro UNASE"&gt;&gt; (El Tiempo, 4 de noviembre de 1992, p. 6A).</p>     <p>   <sup><a href="#s56" name="#56">56</a></sup> Decreto 183 de 1992.</p>     <p>   <sup><a href="#s57" name="#57">57</a></sup> &lt;&lt;"Tareas de inteligencia prioridad de las Fuerzas Armadas". Una enorme inyecci&oacute;n de dinero   cerca de 20.000 millones de pesos provenientes del impuesto de guerra recibir&aacute;n a partir de hoy los   servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas para comprar informaci&oacute;n que les permita penetrar   las redes de operaci&oacute;n de la guerrilla y de la delincuencia organizada(...)Las FF.AA. crear&aacute;n 11 nuevas   unidades antisecuestro, dos Brigadas M&oacute;viles y 12 compa&ntilde;&iacute;as fundamentales de contraguerrilla;   incorporar&aacute;n 5.800 agentes para la Polic&iacute;a y reparar&aacute;n la flota de helic&oacute;pteros y aviones de la FAC (El   Tiempo, 9 de abril de 1991, pp. 1A- 6A).</p>     <p>   <sup><a href="#s58" name="#58">58</a></sup> El Tiempo, 9 de marzo de 1993.</p>     <p><sup><a href="#s69" name="#59">59</a></sup> Palou Tr&iacute;as, J. C. (1993), "El Estado de Conmoci&oacute;n: &iquest;nuevo ropaje para el viejo pr&iacute;ncipe?", en Revista de Derecho P&uacute;blico, Vol. 8, No. 4, p. 67.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <sup><a href="#s60" name="#60">60</a></sup> Entre los primeros frentes urbanos est&aacute;n Manuel Cepeda (Cali), Antonio Nari&ntilde;o (Bogot&aacute;) y Jos&eacute;   Mar&iacute;a C&oacute;rdoba (Medell&iacute;n).</p>     <p>   <sup><a href="#s61" name="#61">61</a></sup> Fernando Cubiles define a los grupos de paramilitares "como grupos armados que al margen de   las normas y convenciones del derecho de guerra, combaten a la insurgencia persuadidos de que   las armas y los recursos del Estado no lo pueden hacer con eficacia", en Deas, M.; Llorente, M. V.   (1991), Reconocer la guerra para construir la paz, Bogot&aacute;, CEREC-Uniandes-Norma, p 155.</p>     <p><sup><a href="#s62" name="#62">62</a></sup> Sobre el tema se puede consultar, "Conclusiones del Pleno Ampliado del Estado Mayor Central FARC-EP, mayo 1-14 de 1984.</p>     <p>   <sup><a href="#s63" name="#63">63</a></sup> Sobre el paramilitarismo origen y momento actual, puede consultarse, Piccoli, G. (2005), El sistema   del p&aacute;jaro Colombia, paramilitarismo y conflicto social, 2&ordf; edici&oacute;n, Bogot&aacute;, Textos de Aqu&iacute; y Ahora.</p>     <p>   <sup><a href="#s64" name="#64">64</a></sup> Reyes Posada, A., op. cit., p. 63.</p>     <p>   <sup><a href="#s65" name="#65">65</a></sup> Sobre el caso de Puerto Boyac&aacute;, ver Medina Gallego, C. (1990), Autodefensas, paramilitares y narcotr&aacute;fico.   Origen desarrollo y consolidaci&oacute;n: el caso de Puerto Boyac&aacute;. Bogot&aacute;, Documentos period&iacute;sticos.</p>     <p>   <sup><a href="#s66" name="#66">66</a></sup> Guerrero, J. (1999), "La politizaci&oacute;n del narcotr&aacute;fico en Colombia en los a&ntilde;os ochenta y sus interferencias   en los procesos de paz", en Pe&ntilde;aranda, R.; Guerrero, J. (comps.) De las armas a la Pol&iacute;tica, Bogot&aacute;,   IEPRI, Tercer Mundo, p. 231.</p>     <p><sup><a href="#s67" name="#67">67</a></sup> op, cit., p. 245.</p>     <p>   <sup><a href="#s68" name="#68">68</a></sup> Reyes Posada, A. (1991), "Paramilitares en Colombia: contexto aliados y consecuencias", en Revista   An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 12, p. 43.</p>     <p>   <sup><a href="#s69" name="#69">69</a></sup> Carlos Medina establece una diferencia entre los grupos paramilitares y los grupos de autodefensa,   estos constituyen dos formas de organizaci&oacute;n de los ganaderos, distintas y que se corresponden   en el tiempo a dos momentos diferentes. Los grupos paramilitares, los ej&eacute;rcitos privados, grupos   de civiles organizados que patrullan la zona (uniformados incluso), acompa&ntilde;ando al ej&eacute;rcito en   los allanamientos y detenciones en el enfrentamiento armado con la guerrilla. Estos grupos est&aacute;n   financiados y los que hacen parte de ellos reciben un salario, generalmente establecido en el m&iacute;nimo,   por lo menos para el caso de Puerto Boyac&aacute;. En otros t&eacute;rminos son "mercenarios de la lucha contra insurgente" al servicio del ej&eacute;rcito, financiados por los ganaderos; los grupos paramilitares juegan   un papel de defensa permanente de las regiones lim&iacute;trofes y puntos de posible contacto con la   guerrilla, al comienzo del proceso estuvieron a cargo de la limpieza de la regi&oacute;n (op. cit., p. 184).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <sup><a href="#s70" name="#70">70</a></sup> Ibid., p. 166.</p>     <p>   <sup><a href="#s71" name="#71">71</a></sup> Ibid., p. 170.</p>     <p>   <sup><a href="#s72" name="#72">72</a></sup> Ibid., p. 167.</p>     <p><sup><a href="#s73" name="#73">73</a></sup> Reyes Posada, A. "Paramilitares en Colombia&hellip;", p. 46.</p>     <p>   <sup><a href="#s74" name="#74">74</a></sup> En 1987, el entonces ministro de Gobierno C&eacute;sar Gaviria denunci&oacute; la existencia de m&aacute;s de 140 grupos   de paramilitares con distinta denominaci&oacute;n y con una extensa cobertura en amplias regiones del   pa&iacute;s (El Espectador, 10 de octubre de 1987).</p>     <p>   <sup><a href="#s75" name="#75">75</a></sup> Sobre el tema de delincuentes pol&iacute;ticos se puede consultar Orozco, I. (1992), Combatientes, rebeldes y   terroristas, Guerra y derecho en Colombia, Bogot&aacute;, Temis.</p>     <p>   <sup><a href="#s66" name="#76">76</a></sup> "Morena lanzar&aacute; candidato propio a la presidencia." Los extraditables se autodefinen como   movimiento pol&iacute;tico-militar. En un comunicado enviado a la prensa afirman: (...) que como grupo   rebelde nos declaramos movimiento militar y pol&iacute;tico que luchar&aacute; contra la extradici&oacute;n, contra la   tortura, el sicariato oficial, contra la manipulaci&oacute;n de los jueces por parte del gobierno, contra la   desinformaci&oacute;n, contra la intromisi&oacute;n de gobiernos extranjeros en el manejo pol&iacute;tico y econ&oacute;mico   de la Naci&oacute;n y en defensa de las clases desprotegidas y de las reivindicaciones sociales y pol&iacute;ticas   del pueblo colombiano (El Tiempo, 6 de abril 1990).</p>     <p><sup><a href="#s77" name="#77">77</a></sup> Pizarro Leong&oacute;mez, E. Una democracia asediada&hellip;, p. 121.</p>     <p>   <sup><a href="#s78" name="#78">78</a></sup> En el documento de constituci&oacute;n, las AUC plantearon: "(1) Tener definidos sus principios antisubersivos   y una clara definici&oacute;n pol&iacute;tica; (2) No abandonar la lucha mientras la guerrilla permanezca en pie de   guerra, ni defeccionar ante los obst&aacute;culos que en el decurso del conflicto se presenten; (3) Compromiso   ineludible de la dejaci&oacute;n de armas &uacute;nicamente como consecuencia de una negociaci&oacute;n trilateral;   (4) No involucrar sus frentes en actividades del narcotr&aacute;fico; (5) Asumir independientemente la   responsabilidad de sus respectivas acciones militares; (6) Los miembros del Estado Mayor deben   participar activamente en las determinaciones que comprometan el nombre del Movimiento   Nacional; (7) Definir las Autodefensas Unidas de Colombia como un Movimiento Pol&iacute;tico-Militar de   car&aacute;cter antisuversivo en ejercicio del derecho a la legitima defensa, que reclama transformaciones   del Estado, pero no atenta contra &eacute;l; (8) Cualquiera de las Fuerzas Aliadas que resultara involucrada   con el narcotr&aacute;fico asumir&iacute;a su responsabilidad independientemente del Movimiento Nacional; (9)   Se permitir&aacute; la adhesi&oacute;n de otros grupos de Autodefensas, siempre y cuando tengan un mando   responsable y cumplan los requisitos mencionados; (10) Se mantendr&aacute; siempre la unidad al interior   de las AUC" ([en l&iacute;nea], disponible en &lt;<a href="http://www.colombialibre.org"target="blank">http://www.colombialibre.org</a>&gt;).</p>     <p>   <sup><a href="#s79" name="#79">79</a></sup>Pizarro Leong&oacute;mez, E. Una democracia asediada&hellip;, p. 123.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s80" name="#80">80</a></sup> Ibid., p. 124.</p>     <p>   <sup><a href="#s81" name="#81">81</a></sup> Cubides, F. "Los paramilitares y su estrategia", en Deas, M.; Llorente, M. V. Reconocer la paz para   construir la guerra., p. 192.</p>     <p>   <sup><a href="#s82" name="#82">82</a></sup> Sobre el tema se puede consultar Rangel, A. (2005), Edici&oacute;n y pr&oacute;logo, El poder paramilitar, Bogot&aacute;,   Fundaci&oacute;n Seguridad y Democracia, Planeta.</p>     <p><sup><a href="#s83" name="#83">83</a></sup>Sobre el origen de las FARC, se puede consultar Alape, A. (1999). La paz, la violencia: testigos de excepci&oacute;n,   Bogot&aacute;, Planeta; Pizarro Leong&oacute;mez, E. (1991), De las autodefensas a la combinaci&oacute;n de todas las formas de lucha. Bogot&aacute;, Universidad Nacional, Tercer Mundo.</p>     <p><sup><a href="#s84" name="#84">84</a></sup> Arenas, J. (1985), Cese el fuego una historia pol&iacute;tica de las FARC, Bogot&aacute;, Oveja Negra.</p>     <p>   <sup><a href="#s85" name="#85">85</a></sup> Alape, A., op cit., p. 277.</p>     <p><sup><a href="#s86" name="#86">86</a></sup> Arenas, J., op cit., p. 90.</p>     <p>   <sup><a href="#s87" name="#87">87</a></sup> Sobre las conclusiones de la s&eacute;ptima conferencia, se aprueba el informe central que dise&ntilde;a la estrategia   militar de las FARC, un cambio en el modo de operar, una nueva concepci&oacute;n operacional y una moderna t&aacute;ctica de guerra irregular, hacia la integraci&oacute;n de un ej&eacute;rcito revolucionario que a partir   de esta conferencia se denomina Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejercito del Pueblo   (FARC-EP), informe que queda incorporado como conclusi&oacute;n fundamental de la Conferencia, de la   misma manera que el plan militar inmediato, la Ley de Reforma Agraria y las reformas al Programa   Agrario de los guerrilleros, el Estatuto, el Reglamento de R&eacute;gimen Disciplinario y las Normas de   Comando, mayo 4-14 de 1982, No 6, conclusiones del Pleno ampliado, 6-20 de octubre.</p>     <p>   <sup><a href="#s88" name="#88">88</a></sup> Sobre el tema ver Entrevista de Arturo Alape a Ra&uacute;l Reyes, [en l&iacute;nea], disponible en &lt;<a href="http://www.anncol.org" target="blank">http://www.anncol.org</a>&gt;.</p>     <p>   <sup><a href="#s89" name="#89">89</a></sup> Ferro y Uribe, op cit., p. 97.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s90" name="#90">90</a></sup> Corporaci&oacute;n Observatorio para la Paz (1999), Las verdaderas intenciones de las FARC. Bogot&aacute;, Intermedio Editores.</p>     <p><sup><a href="#s91" name="#91">91</a></sup> La guerra de movimientos es definida por Ernesto Guevara, como grupos m&aacute;s compactos los que   act&uacute;an dominando zonas enteras, aunque sus medios son mayores y sus capacidad de golpear al   enemigo mucha m&aacute;s fuerte; la movilidad es su caracter&iacute;stica fundamental. Despu&eacute;s de otro periodo   cuando se maduran las condiciones, se llega a la etapa final de lucha en el que el ej&eacute;rcito se consolida   e, incluso a la guerra de posiciones (1962, Guerra de guerrilla y guerra de guerrilla un m&eacute;todo, La Habana, Comuna Socialista).</p>     <p>   <sup><a href="#s92" name="#92">92</a></sup> Pizarro Leong&oacute;mez, E. op. cit., p. 96.</p>     <p>   <sup><a href="#s93" name="#93">93</a></sup> Ferro y Uribe, op cit., p. 117.</p>     <p><sup><a href="#s94" name="#94">94</a></sup> Conclusiones de la s&eacute;ptima conferencia.</p>     <p><sup><a href="#s95" name="#95"95></a></sup> Ib&iacute;d.</p>     <p>   <sup><a href="#s96" name="#96">96</a></sup> "(...) Si no logramos la paz en esta nueva oportunidad la confrontaci&oacute;n armada proseguir&aacute; e   inevitablemente habr&aacute;n m&aacute;s capturados en combate. Su situaci&oacute;n entonces no puede prolongarse   indefinidamente en el tiempo, hay que resolverla. Por eso nuestra insistencia en que debe aprobarse una ley permanente que haga posible el canje humanitario de prisioneros ahora y en el futuro. No   tiene sentido estar abriendo el mismo debate cada cierto per&iacute;odo de tiempo (...) Por obra y gracia de   la Corte el delito de rebeli&oacute;n se convirti&oacute; en una referencia et&eacute;rea. Al despojarla de los delitos conexos   le quitaron el piso pol&iacute;tico a la rebeli&oacute;n. (...) Ahora la muerte en combate es homicidio agravado, la   ocupaci&oacute;n del material b&eacute;lico del adversario es robo, la utilizaci&oacute;n de explosivos en la confrontaci&oacute;n   es terrorismo, y la retenci&oacute;n de soldados y polic&iacute;as como prisioneros de guerra es delito de lesa   humanidad, tal como lo acaba de definir una sentencia de la Corte Suprema. (...) (Documento "Canje   y paz", Iv&aacute;n M&aacute;rquez, sin m&aacute;s datos).</p>     <p>   <sup><a href="#s97" name="#97">97</a></sup> Echand&iacute;a Castilla, C. (2003), "Territorio y conflicto armado", en Mason, A.; Orjuela L. J. (eds). La   crisis pol&iacute;tica colombiana. m&aacute;s que un conflicto armado y un proceso de paz, Bogot&aacute;, Uniandes, Facultad   de Ciencias Sociales. Departamento de Ciencia Pol&iacute;tica, Ceso, Fundaci&oacute;n &Aacute;ngel Escobar, p. 339.</p>     <p><sup><a href="#s98" name="#98">98</a></sup> Carta enviada por Manuel Marulanda a sus tropas, donde ratifica la necesidad de seguir ampliando sus operativos, sin abandonar la guerra de posiciones (septiembre 13 de 1999, sin m&aacute;s datos).</p>     <p>   <sup><a href="#s99" name="#99">99</a></sup> La recuperaci&oacute;n de la iniciativa t&aacute;ctica se logr&oacute;, en particular debido a la fuerza a&eacute;rea mediante los "aviones fantasmas" AC-47, los helic&oacute;pteros Black Hawk UH-60 Arp&iacute;a, el potencial de helitransporte de la flota de UH-60 de versi&oacute;n utilitaria, UH-1NHuey II y Mi -17; igualmente, gracias a un progreso en la inteligencia electr&oacute;nica y a las lanchas artilladas "Pira&ntilde;as" las cuales permitieron recuperar el control de los r&iacute;os (Pizarro, E. op cit, p. 316).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p> <hr size="1">      <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>   AHUMADA, C. (1998), El modelo neoliberal y su impacto en la sociedad colombiana. Bogot&aacute;,   El &Aacute;ncora.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000265&pid=S0122-4409200600020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   ALAPE, A. (1999), La paz, la violencia: testigos de excepci&oacute;n, 5&ordf; edici&oacute;n, Bogot&aacute;, Planeta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000266&pid=S0122-4409200600020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   ARENAS, J. (1985), Cese el fuego una historia pol&iacute;tica de las FARC, Bogot&aacute;, Oveja Negra.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000267&pid=S0122-4409200600020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   CAMACHO, GUIZADO &Aacute;. (2002), "Credo, necesidad y codicia: los alimentos de la guerra",   en Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No 46.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000268&pid=S0122-4409200600020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   -------- y ESCOBAR SEGURA, N. "Coyuntura cr&iacute;tica y los cambios sociales: algunas estrategias   de supervivencia y resistencia", en Mason A. y Orejuela L. J. (eds.), La crisis pol&iacute;tica   colombiana: m&aacute;s que un conflicto armado y proceso de paz, Bogot&aacute;, Uniandes, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000269&pid=S0122-4409200600020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   COLLIER, P. (2001, mayo-junio), "Las causas econ&oacute;micas de las guerras civiles y sus   implicaciones para el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas", en Revista Malpensante, No. 30.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000270&pid=S0122-4409200600020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   CUBIDES, F. (1999), "Los paramilitares y su estrategia", en Deas, M. y Llorente, M. V.   Reconocer la guerra para construir la paz, Bogot&aacute;, Uniandes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000271&pid=S0122-4409200600020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   CORPORACI&Oacute;N OBSERVATORIO PARA LA PAZ (1999), Las verdaderas intenciones de las FARC,   Bogot&aacute;, Intermedio Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000272&pid=S0122-4409200600020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   DOWNES, R. (1999, enero-abril), "Poder militar y guerra ambigua: el reto de Colombia   en el siglo XX", en Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 36.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000273&pid=S0122-4409200600020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>DEAS, M. y LLORENTE, M. V. (comps.) (1999), Reconocer la guerra para construir la paz, Bogot&aacute;, Uniandes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000274&pid=S0122-4409200600020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   --------. (2003), "Territorio y conflicto armado", en Mason, A. y Orejuela, L. J. (eds),   La crisis pol&iacute;tica colombiana: m&aacute;s que un conflicto armado y proceso de paz, Bogot&aacute;,   Uniandes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000275&pid=S0122-4409200600020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   --------. (2000, mayo-diciembre), "El conflicto armado colombiano en los a&ntilde;os noventa:   cambios en las estrategias y efectos econ&oacute;micos", en Revista Colombia Internacional,   No. 49/50.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000276&pid=S0122-4409200600020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   ECHAND&Iacute;A CASTILLA, C. (1999), "Expansi&oacute;n territorial de las guerrillas colombianas:   geograf&iacute;a, econom&iacute;a y violencia", en Deas, M. y Llorente, M. V. (comps.), Reconocer   la guerra para construir la paz, Bogot&aacute;, Uniandes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000277&pid=S0122-4409200600020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   FERRO MEDINA, J. G. y URIBE RAM&Oacute;N, G. (2002), El orden de la guerra, las FARC: entre la   organizaci&oacute;n y la pol&iacute;tica, Bogot&aacute;, Centro Editorial Javeriano.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000278&pid=S0122-4409200600020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   GARC&Iacute;A DUR&Aacute;N, M. (1995, octubre-noviembre), "Pol&iacute;tica de negociaci&oacute;n con la guerrilla:   cambios de la administraci&oacute;n Gaviria a la administraci&oacute;n Samper", en Revista   Controversia, No. 167.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000279&pid=S0122-4409200600020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   --------. (1992), De la Uribe a Tlaxcala, proceso de paz. Bogot&aacute;, CINEP.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000280&pid=S0122-4409200600020000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   GALL&Oacute;N GIRALDO, G. (1993), "Los estados de excepci&oacute;n contra la democracia", en Revista   de Derecho P&uacute;blico, Vol 7, No. 4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000281&pid=S0122-4409200600020000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   GUEVARA, E. (1962), Guerra de guerrillas y guerra de guerrillas un m&eacute;todo, La Habana,   Comuna Socialista.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000282&pid=S0122-4409200600020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   GONZ&Aacute;LEZ, F.; BOL&Iacute;VAR, I. J y V&Aacute;ZQUEZ, T. (2003), Violencia pol&iacute;tica en Colombia. De la naci&oacute;n   fragmentada a la construcci&oacute;n del Estado, Bogot&aacute;, CINEP.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000283&pid=S0122-4409200600020000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   LADR&Oacute;N DE GUEVARA, A. y CH&Aacute;VEZ ECHEVERRY, J. (2003), "Reflexiones sobre el car&aacute;cter   subversivo de la insurgencia colombiana", en Mason, A. y Orejuela, L. J. (eds.),   La crisis pol&iacute;tica colombiana: m&aacute;s que un conflicto armado y proceso de paz. Bogot&aacute;,   Uniandes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000284&pid=S0122-4409200600020000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   -------- y BEJARANO, A. M. (comps.), (1998), Elecciones y democracia en Colombia 1997-1999.   Bogot&aacute;, Fundaci&oacute;n social.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000285&pid=S0122-4409200600020000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   LAIR, E. (1999, mayo- agosto), "El terror, recurso estrat&eacute;gico de los actores armados:   reflexiones en torno al conflicto colombiano", en Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000286&pid=S0122-4409200600020000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   LOZANO GUILLEN, C. (2001), FARC el pa&iacute;s que proponemos construir, Bogot&aacute;, Oveja   Negra.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000287&pid=S0122-4409200600020000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   MATTA ALDANA, L. A. (1999), Colombia y las FARC-EP: or&iacute;genes de la lucha guerrillera, Txalapa,   Nafarroa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000288&pid=S0122-4409200600020000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MASON, A. (2002). "Exclusividad autoridad y Estado", en Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 47.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000289&pid=S0122-4409200600020000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   MARCELLA, G. y SCHULZ, D. (1999, mayo-agosto), "Las tres guerras de Colombia, estrategia   de los Estados Unidos en la encrucijada", en Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000290&pid=S0122-4409200600020000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   MEDINA GALLEGO, C. (1990). Autodefensas, paramilitares y narcotr&aacute;fico. Origen desarrollo y   consolidaci&oacute;n: el caso de Puerto Boyac&aacute;, Bogot&aacute;, Documentos Period&iacute;sticos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000291&pid=S0122-4409200600020000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   MEJ&Iacute;A QUINTANA, O. (2003), "El origen constituyente de la crisis pol&iacute;tica en Colombia:   la filosof&iacute;a pol&iacute;tica y las falacias de la constituci&oacute;n", en Mason, A. y Orejuela, L. J.   (eds). La crisis pol&iacute;tica colombiana: m&aacute;s que un conflicto armado y proceso de paz, Bogot&aacute;,   Uniandes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000292&pid=S0122-4409200600020000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   -------- (1998, agosto), "Hacia una asamblea constitucional como instrumento de   democratizaci&oacute;n ciudadana y herramienta de paz en Colombia", en Revista de   Estudios Sociales, No. 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000293&pid=S0122-4409200600020000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   ORJUELA ESCOBAR, L. J. (2003), "Colombia: dos proyectos de sociedad enfrentados", en   Mason, A. y Orejuela, L. J. (eds.), La crisis pol&iacute;tica colombiana: m&aacute;s que un conflicto   armado y proceso de paz, Bogot&aacute;, Uniandes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000294&pid=S0122-4409200600020000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   -------- (1998, agosto), "El Estado colombiano en los noventa: entre la legitimidad y la   eficiencia", en Revista de Estudios Sociales, No. 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000295&pid=S0122-4409200600020000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   OROZCO, I. (1992), Combatientes, rebeldes y terroristas, guerra y derecho en Colombia,   Bogot&aacute;, Temis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000296&pid=S0122-4409200600020000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   PALACIOS, M. (1999), "La soluci&oacute;n pol&iacute;tica al conflicto armado, 1982-1997", en Camacho   Guizado, &Aacute;. y Leal Buitrago, F. (comps.),   Armar la paz es desarmar la guerra, Bogot&aacute;,   CEREC.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000297&pid=S0122-4409200600020000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   PALOU TR&Iacute;AS, J. C. (1993), "El Estado de Conmoci&oacute;n: nuevo ropaje para el viejo pr&iacute;ncipe",   en Revista de Derecho P&uacute;blico, Vol. 7, No. 4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000298&pid=S0122-4409200600020000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   PECAUT, D. (2003), Midiendo fuerzas: balance del primer a&ntilde;o de gobierno de &Aacute;lvaro Uribe,   Bogot&aacute;, Planeta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000299&pid=S0122-4409200600020000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   -------- (2001), Guerra contra la sociedad, Bogot&aacute;, Espasa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000300&pid=S0122-4409200600020000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   -------- (1997), "Pasado, presente y futuro de la violencia", en Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico,   No. 30.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000301&pid=S0122-4409200600020000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   -------- (1997), "De la violencia banalizada al terror: el caso colombiano", en Revista   Controversia, No. 171.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000302&pid=S0122-4409200600020000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   PE&Ntilde;ATE, A. (1999), "El sendero estrat&eacute;gico del ELN: del idealismo guevarista al clientelismo   armado", en Deas, M. y Llorente, M. V, Reconocer la guerra para construir la paz,   Bogot&aacute;, Uniandes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000303&pid=S0122-4409200600020000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>PE&Ntilde;ARANDA, R. y GUERRERO, J. De las armas a la pol&iacute;tica. Bogot&aacute;, IEPRI, Tercer Mundo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000304&pid=S0122-4409200600020000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   PICCOLI, G. (2005), El sistema del p&aacute;jaro Colombia, paramilitarismo y conflicto social, 2&ordf; ed.,   Bogot&aacute;, Textos de Aqu&iacute; y Ahora.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000305&pid=S0122-4409200600020000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   PIZARRO LEONG&Oacute;MEZ, E. (2004), Una democracia asediada: balance y perspectivas del conflicto   armado en Colombia, Bogot&aacute;, Norma.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000306&pid=S0122-4409200600020000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   -------- (1996), Insurgencia sin revoluci&oacute;n. La guerrilla en Colombia en una perspectiva   comparada, Bogot&aacute;, Tercer Mundo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000307&pid=S0122-4409200600020000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   REYES POSADA, A. (1993, enero-abril), "La coyuntura de las guerras y la nueva estrategia   de seguridad", en Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 18.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000308&pid=S0122-4409200600020000500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   -------- (1991) "Paramilitares en Colombia: contexto aliados y consecuencias", en Revista   An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 12.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000309&pid=S0122-4409200600020000500045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   RANGEL SU&Aacute;REZ, A. (2005), Edici&oacute;n y pr&oacute;logo, El poder paramilitar, Bogot&aacute;, Fundaci&oacute;n   Seguridad y Democracia, Planeta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000310&pid=S0122-4409200600020000500046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   -------- (1999), "Las FARC-EP: una mirada actual", en Deas M. y Llorente M. V., Reconocer   la guerra para construir la paz, Bogot&aacute;, Uniandes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000311&pid=S0122-4409200600020000500047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   -------- (1996, mayo-agosto), "Colombia: la guerra irregular en el fin de siglo", en   Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 28.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000312&pid=S0122-4409200600020000500048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   RAM&Iacute;REZ TOBON, W. (1996) "&iquest;Un campesinado il&iacute;cito?", en Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico,   No. 29.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000313&pid=S0122-4409200600020000500049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   -------- (1992), "&iquest;Alguien quiere volver a Tlaxcala?", en Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico,   No. 16.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000314&pid=S0122-4409200600020000500050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   RICHANI, N. (2003), Sistemas de guerra. La econom&iacute;a pol&iacute;tica del conflicto en Colombia.   Bogot&aacute;, Temas de Hoy, IEPRI, Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000315&pid=S0122-4409200600020000500051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   RUBIO, M. (1999), Crimen e impunidad. Precisiones sobre la violencia, Bogot&aacute;, Tercer   Mundo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000316&pid=S0122-4409200600020000500052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   SALAZAR, B. y CASTILLO M. DEL P. (2001), La hora de los dinosaurios: Conflicto y depredaci&oacute;n   en Colombia, Bogot&aacute;, CIDSE, CEREC, Colecci&oacute;n Sociedad y Econom&iacute;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000317&pid=S0122-4409200600020000500053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   VALENZUELA, P. (2002, diciembre), "Reflexiones sobre interpretaciones recientes de la   violencia en Colombia", en Revista Reflexi&oacute;n Pol&iacute;tica, A&ntilde;o 4, No. 8 .&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000318&pid=S0122-4409200600020000500054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>   WALDMANN, P. (1997), "Cotidianizaci&oacute;n de la violencia: el ejemplo de la Colombia", en   Revista An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 32.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000319&pid=S0122-4409200600020000500055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>&nbsp; </p>     <p><font size="3" face="verdana"><b>Art&iacute;culos de El Tiempo</b></font></p>      <p>   13 de diciembre de 1990, "FARC respondieron con 29 ataques a la propuesta de paz".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   11de diciembre de 1990, "Bombardeos sin tregua en La Uribe".</p>     <p>   12 de diciembre de 1990, "Consolidada la autoridad legitima en la zona de La   Uribe".</p>     <p>   14 de enero de 1991, "Acuerdos prioridad de los constituyentes".</p>     <p>   Febrero de 1991, "&iquest;Qu&eacute; es lo nuevo que propone Gaviria?".</p>     <p>   6 de febrero de 1991, "Guerrilla activa no cabe en la asamblea".</p>     <p>   12 de febrero de 1991, "Tres impuestos para financiar FF.AA".</p>     <p>   12 de febrero de 1991, "Por terrorismo se perder&iacute;an 25 mil empleos".</p>     <p>   5 de marzo de 1991, "Comisi&oacute;n de asamblea escuchara a guerrilla".</p>     <p>   13 de marzo de 1991, "Los jueces sin rostros, algo as&iacute; como una &lsquo;sesi&oacute;n de brujos&rsquo;"</p>     <p>   9 de abril de 1991, "Tareas de inteligencia, prioridad de las FF.AA".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   16 de mayo de 1991, "Venezuela ser&iacute;a sede para di&aacute;logo de paz".</p>     <p>   8 de junio de 1991, "V&iacute;a libre a Corte Constitucional".</p>     <p>   30 de junio de 1991, "Definidos derechos frente a la ley".</p>     <p>   5 de julio de 1991, ""Ha renacido la esperanza": Presidente Gaviria".</p>     <p>   8 de julio de 1991, "Navarro pidi&oacute; a la CGSB cesar ataques".</p>     <p>   31 de julio de 1991, "Di&aacute;logo con la guerrilla pero con cese al fuego".</p>     <p>   Agosto de 1991, "Guerrilla no volar&aacute; torres de energ&iacute;a".</p>     <p>   5 de agosto de 1991, "Caer&aacute; Estatuto Antiterrorista".</p>     <p>   8 de agosto de 1991, "La paz, el reto nacional de fin de siglo: Gaviria".</p>     <p>   29 de agosto de 1991, "Gaviria: FF.AA. deben obedecer a Pardo".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   29 de agosto de 1991, "Luz verde a impuesto de guerra y polic&iacute;a &eacute;lite".</p>     <p>   20 de septiembre de 1991, "duro enfrentamiento de gobierno con M-19 Y UP".</p>     <p>   15 de octubre de 1991, "Gaviria, cerebro de la pacificaci&oacute;n en Colombia".</p>     <p>   30 de noviembre de 1991, "Corte Constitucional inicia sus funciones".</p>     <p>2 de diciembre de 1991, "La paz, primer objetivo para el futuro: Gaviria".</p>     <p>   11 de diciembre de 1991, "Ai condena los abusos de la CG".</p>     <p>   12 de diciembre de 1991, "CNG no cumple ni sus treguas"</p>     <p>   26 de abril de 1992, "Secuestros, prioridad en agenda: gobierno".</p>     <p>   27 de abril de 1992, "Habr&iacute;a receso en el di&aacute;logo".</p>     <p>   30 de mayo de 1992, ""Hay que liberar a todos los secuestrados": Serpa".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   12 de junio de 1992, "Un compromiso conjunto con la democracia".</p>     <p>   19 de junio de 1992, ""La guerrilla sigue anclada en el pasado", dice Gaviria".</p>     <p>   14 de julio de 1992, "No se ha pensado revivir el di&aacute;logo".</p>     <p>   25 de julio de 1992, "Duplican gasto de seguridad".</p>     <p>   9 de noviembre de 1992, "Decretan conmoci&oacute;n interna".</p>     <p>   9 de noviembre de 1992, "Texto del decreto que declara la conmoci&oacute;n interior".</p>     <p>   9 de noviembre de 1992, "Vamos a golpear el coraz&oacute;n y la chequera de la guerrilla".</p>     <p>   12 de noviembre de 1992, "Alcaldes y gobernadores no podr&aacute;n dialogar con   guerrilla".</p>     <p>   15 de noviembre de 1992, "Para salvar la democracia".</p>     <p>   20 de noviembre de 1992, "Econom&iacute;a de guerra, piden gremios opitas al Presidente   Gaviria".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   20 de noviembre de 1992, ""No m&aacute;s concesiones al crimen: Gaviria".</p>     <p>   25 de noviembre de 1992, "Se abre paso ley sobre estados de excepci&oacute;n".</p>     <p>   27 de noviembre de 1992, "La paz, un derecho y un deber".</p>     <p>   10 de diciembre de 1992, "Cruzada contra la narcoguerrilla convoca Gaviria".</p>     <p>   11 de diciembre de 1992, "Aprobada Ley Antisecuestro".</p>     <p>   12 de mayo 1992, "Ni tierra arrasada ni concesiones: Gaviria".</p>     <p>   6 de enero de 1992, "CG refuerza capacidad de combate".</p>     <p>   21 de febrero de 1992, "&Uacute;ltimo parte de guerra 1991".</p>     <p>   21 de enero de 1992, "Guerrilla dispar&oacute; violencia en el 91".</p>     <p>20 de mayo de 1992, "Feroz ofensiva guerrillera en diferentes regiones de Colombia".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   25 mayo de 1992, "Espinoza y la coordinadora iniciaron di&aacute;logos en M&eacute;xico".</p>     <p>   27 de mayo de 1992, "Gobierno ofrece negociar con frentes que lo deseen".</p>     <p>   1 de junio de 1992, "La coordinadora define hoy regreso al pa&iacute;s".</p>     <p>   12 de junio de 1992, "Se agot&oacute; la opci&oacute;n Tlaxcala".</p>     <p>   17 de junio de 1992, "Orden de captura a la CG".</p>     <p>   19 de junio de 1992, "Jueces sin rostro tras 7, jefes de las FARC".</p>     <p>   29 junio de 1992, "Semestre positivo para las FFAA".</p>     <p>   18 junio de 1992, "La guerrilla, el m&aacute;s grave problema de orden p&uacute;blico".</p>     <p>   25 de julio de 1992, "Ordenan pruebas sobre conmoci&oacute;n interior".</p>     <p>   12 de septiembre de 1992, "CG insiste en di&aacute;logos sin ninguna condici&oacute;n".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   22 de octubre de 1992, "No hay espacio para di&aacute;logos: Mingobierno".</p>     <p>   28 de octubre de 1992, "Senado condena lucha guerillera".</p>     <p>   29 de octubre de 1992, "Mindefensa la guerra no es s&oacute;lo de los militares".</p>     <p>   Noviembre de 1992, "Fortalecen fondos de seguridad".</p>     <p>   6 de noviembre de 1992, "Muertos 87 militares, 152 guerrilleros en octubre".</p>     <p>   19 de noviembre de 1992, "Texto completo que declara la conmoci&oacute;n interior".</p>     <p>   13 de noviembre de 1992, "Ley de Excepci&oacute;n".</p>     <p>   25 de noviembre de 1992, "Se abre paso a la ley sobre estados de excepci&oacute;n".</p>     <p>   6 de diciembre de 1992, "1000 millones por jefes de las FARC. 500 por cabecilla de frente,   1 por cabecilla de alg&uacute;n nivel de importancia".</p>     <p>   13 de diciembre de 1992, "Tutela agiliza amnist&iacute;a para guerrilleros".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   15 de diciembre de 1992, "51 mil millones para orden p&uacute;blico".</p>     <p>   31 de diciembre de 1992, "La guerrilla dijo no hay di&aacute;logo".</p>     <p>   18 de enero de 1994, "Militares sustituir&aacute;n a alcaldes asesinados".</p>     <p>   19 de enero de 1994, "Nombrados dos alcaldes militares par dos municipios afectados   por la violencia".</p>     <p>2 de febrero de 1994, "V&iacute;a libre a La Polic&iacute;a para allanamientos".</p>     <p>   Junio de 1994, "4.500 millones a justicia sin rostro puesta en marcha para la Fiscal&iacute;a".</p>     <p> 17 de junio de 1994, "Guerrilla amenaza pol&iacute;ticos liberales".</p>     <p> 30 de junio de 1994, "Unidad antiguerrillera en Bogot&aacute;".</p>     <p> 19 de junio de 1994, "Las FARC anuncian carta a Samper".</p>     <p> 23 de octubre de 1994, "La narcoguerrilla no imperara dice: Samper".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> 26 de noviembre de 1994, "Habr&aacute; cooperativas de seguridad".</p>     <p> 30 de noviembre de 1994, "Habr&aacute; el 35% de soldados profesionales".</p>     <p> 14 de diciembre de 1994, "Cooperativas de seguridad cambiaron de nombre".</p>     <p> 13 de enero de 1995, "Habr&aacute; otra brigada de infanter&iacute;a de marina".</p>     <p>&nbsp; </p>     <p> <font size="3" face="verdana"><b>Documentos de las FARC-EP</b></font></p>      <p> "Estatutos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ej&eacute;rcito del Pueblo (FARC-EP)", abril de 1993.</p>     <p> "S&eacute;ptima conferencia", 4-14 de mayo de 1982.</p>     <p> "Pleno ampliado del Estado Mayor Central de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia &ndash; Ej&eacute;rcito del Pueblo", octubre 6 &ndash; 20 de 1983.</p>     <p> "Pleno ampliado del Estado Mayor Central de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia &ndash; Ej&eacute;rcito del Pueblo", mayo 11 &ndash; 14 de 1984.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> "Pleno ampliado del Estado Mayor Central de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia &ndash; Ej&eacute;rcito del Pueblo", diciembre 27 de 1984 &ndash; enero 2 de 1985.</p>     <p> "Pleno ampliado del Estado Mayor Central de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia &ndash; Ej&eacute;rcito del Pueblo", agosto 25 &ndash; 27 de 1985.</p>     <p> "Pleno ampliado del Estado Mayor Central de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia &ndash; Ej&eacute;rcito del Pueblo", febrero 17 &ndash; 20 de 1987.</p>     <p> "Pleno ampliado del Estado Mayor Central de las Fuerzas Armadas                                   Revolucionarias de Colombia &ndash; Ej&eacute;rcito del Pueblo", diciembre 25 &ndash; 29 de 1987.</p>     <p> "Conclusiones Octava Conferencia", 1993.</p>     <p>"Plataforma de un gobierno de reconstrucci&oacute;n y reconciliaci&oacute;n nacional".</p>     <p> "Declaraci&oacute;n de las FARC-EP la paz despu&eacute;s de un a&ntilde;o del gobierno Samper", agosto 26 de 1995.</p>     <p> "Carta abierta al Congreso Nacional a prop&oacute;sito del debate sobre la Ley de Orden P&uacute;blico, noviembre 30 de 1993".</p>     <p> "Conclusiones Pleno Ampliado del Estado Mayor", 1997.</p>     <p> "Plataforma para un gobierno de reconstrucci&oacute;n y reconciliaci&oacute;n nacional, Octava Conferencia de las FARC-EP, abril de 1993".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> "Discurso de Manuel Marulanda, con motivo de la celebraci&oacute;n de los 30 a&ntilde;os de las FARC-EP".</p>     <p> "Discurso de Manuel Marulanda en la instalaci&oacute;n de los di&aacute;logos, el 7 de enero de 1999 San Vicente del Cagu&aacute;n, le&iacute;do por Joaqu&iacute;n G&oacute;mez" [en l&iacute;nea].</p>     <p> "FARC-EP. Esbozo hist&oacute;rico", Comisi&oacute;n Internacional,1998, [en l&iacute;nea].</p>     <p> "Las FARC-EP 30 a&ntilde;os de lucha por la paz, la democracia y la soberan&iacute;a". Carta del Secretariado del Estado Mayor de las FARC-EP, mayo 27 de 1994 [en l&iacute;nea].</p>     <p> "Las FARC-EP 31 a&ntilde;os por la convivencia y la democracia".</p>     <p> "32 Aniversario de Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia&mdash; Ej&eacute;rcito del Pueblo (FARC-EP)".</p>     <p> "33 a&ntilde;os de las FARC-EP".</p>     <p> "34 a&ntilde;os abriendo caminos por la nueva Colombia".</p>     <p> "35 a&ntilde;os luchando por la nueva Colombia".</p>     <p> "36 a&ntilde;os por la paz y la soberan&iacute;a nacional".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> "38 a&ntilde;os de las FARC-EP".</p>     <p> "39 a&ntilde;os desde Marquetalia, hasta la victoria".</p>     <p> "FARC-EP 40 a&ntilde;os".</p>     <p> "Documento canje y paz", Iv&aacute;n M&aacute;rquez.</p>     <p> "Carta Manuel Marulanda", septiembre 13 de 1999.</p>     <p>&nbsp;</p> </font>      ]]></body><back>
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