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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>NOMBRE DEL PADRE*</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>   <b>Ricardo S&aacute;nchez &Aacute;ngel*</b></p>     <p>* Profesor asociado, Universidad Nacional de Colombia; profesor titular, Universidad Externado;   autor de Bonapartismo presidencial en Colombia. El gobierno de &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez   , Bogot&aacute;, 2005.</p>     <p align="center">   H&eacute;ctor Joaqu&iacute;n Abad Faciolince (c2006), El olvido que seremos, Bogot&aacute;, Planeta, 274 pp.</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>Este libro de memorias es un momento feliz de la narrativa contempor&aacute;nea   colombiana, por ser un fresco de &eacute;poca, de recuerdos que no han sido   sacados del ba&uacute;l, sino que han acompa&ntilde;ado a su autor, quem&aacute;ndole el alma   durante los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os. Un libro feliz, literariamente, sobre un suceso   infeliz, doloroso y horrible: el asesinato planificado y orquestado del m&eacute;dico,   profesor y humanista, el doctor H&eacute;ctor Abad G&oacute;mez y una pl&eacute;yade de m&aacute;rtires de los derechos humanos.</p>     <p>   El autor es su hijo, quien logra recrear la saga de la familia Abad-Faciolince,   de sus abuelos y familiares, hasta el n&uacute;cleo de sus padres y hermanos, en el   arco hist&oacute;rico de la Medell&iacute;n de los a&ntilde;os cuarenta a los ochenta, con su ambiente   social, su anacronismo cultural y la primac&iacute;a del fanatismo religioso.   Con el oscurantismo intelectual de la educaci&oacute;n y las amenazas autoritarias   en la Universidad de Antioquia, escenario acad&eacute;mico de la intensa vida del   m&eacute;dico H&eacute;ctor Abad G&oacute;mez. Un ambiente de &eacute;poca cerrado, donde las luces   de la ilustraci&oacute;n tuvieron que esforzarse para ir encontrando lugar en la vida   pujante de la ciudad industrial y proletaria.</p>     <p>Los protagonistas son el padre y el hijo, al igual que se erige la figura noble   y fuerte de la madre y la presencia alegre y circular de las hermanas. El libro   est&aacute; escrito desde la intimidad de las relaciones filiales, desde las entra&ntilde;as,   con pericia psicol&oacute;gica, para entregar de cuerpo y alma a ese caballero de la   tolerancia que se erigi&oacute; como un quijote por la causa de desvalidos, perseguidos   y v&iacute;ctimas del capitalismo, sistema que el m&eacute;dico Abad encontraba inaceptable   e injusto. Por ello, toda su pasi&oacute;n m&eacute;dica fue preventiva y social.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la cr&oacute;nica hist&oacute;rica de la medicina social en Colombia el nombre del   doctor H&eacute;ctor Abad G&oacute;mez merece figurar de manera destacada por sus   convicciones y actuaci&oacute;n. De acuerdo a con las memorias del hijo sobre la   par&aacute;bola vital de su padre, los mandamientos &eacute;ticos-profesionales parten de   la necesaria conceptualizaci&oacute;n de las relaciones entre lo social y la salud, y   por ende, combinan el ser cient&iacute;fico con el compromiso del activista. Desde temprano, en su tesis de grado denunciaba a los m&eacute;dicos-magos:</p>     <p> Para ellos, el m&eacute;dico ha de seguir siendo el pont&iacute;fice m&aacute;ximo, encumbrado y poderoso, que   reparte como un don divino familiares consejos y consuelos, que practica la caridad con los   menesterosos con una vaga sensaci&oacute;n de sacerdote bajado del cielo, que sabe decir frases a la hora irreparable de la muerte y sabe disimular con t&eacute;rminos griegos su impotencia.<sup><a href="#1" name="s1">1</a></sup></p>     <p> H&eacute;ctor Abad G&oacute;mez trat&oacute; de ser en su vida un activista de la medicina y   un cient&iacute;fico y profesor. Lo suyo era la medicina preventiva con base en la   sana nutrici&oacute;n y la salubridad, en un sentido de praxis. Viene a encarnar un   prototipo de galeno enfrentado a la medicina individualizada, profesionalizante   y mercantil. Se especializ&oacute; en Estados Unidos, en la Universidad de   Minnesota y retorn&oacute; para vincularse al Ministerio de salud, al cual renunci&oacute;   por considerar que el gobierno conservador agenciaba la violencia, para vincularse   con la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud donde prest&oacute; sus servicios   internacionales en varios momentos. El escritor Abad Faciolince rescata un   art&iacute;culo "firmado por el mayor, y quiz&aacute; el &uacute;nico fil&oacute;sofo que ha tenido nuestra   regi&oacute;n, Fernando Gonz&aacute;lez", y que su padre public&oacute; en el primer n&uacute;mero de su peri&oacute;dico universitario, U-235, que dice:</p>     <p> El m&eacute;dico profesor tiene que estar por ah&iacute; en los caminos, observando,   manoseando, viendo, oyendo, tocando, bregando por curar con la rastra de   aprendices que le dan nombre de los nombres: &iexcl;Maestro! [&hellip;] S&iacute;, doctorcitos: no es para ser lindos y pasar cuentas grandes y vender p&iacute;ldoras de jalea [&hellip;]</p>     <p>Es para mandaros a todas partes a curar, inventar y, en una palabra, servir.<sup><a href="#2" name="s2">2</a></sup>   H&eacute;ctor Abad G&oacute;mez fund&oacute; y dirigi&oacute; la Escuela Nacional de Salud con apoyo   de la Fundaci&oacute;n Rockefeller, y desarroll&oacute; con el m&eacute;dico estadounidense y   colega, el doctor Richard Saunders, el programa Future for the children (Futuro para la ni&ntilde;ez).</p>     <p> Entre sus campa&ntilde;as p&uacute;blicas de inter&eacute;s general, y que est&aacute;n referidas en   el libro, se recuerdan las que titul&oacute; en sus art&iacute;culos de Combate: El municipio   de Medell&iacute;n, una verg&uuml;enza nacional; El acueducto reparte bacilos de fiebre tifoidea;   La leche es impotable; El municipio no tiene hospital. Campa&ntilde;as que dieron resultados   concretos en el mejoramiento de los servicios p&uacute;blicos y el control higi&eacute;nico.<sup><a href="#3" name="s3">3</a></sup></p>     <p> El m&eacute;dico H&eacute;ctor Abad G&oacute;mez se desempe&ntilde;&oacute; como director regional   del Instituto de los Seguros Sociales en Medell&iacute;n, durante la huelga de sus   colegas -1976-, varios de ellos antiguos alumnos suyos, estando del lado   de las pol&iacute;ticas del gobierno. Desafortunadamente estas memorias filiales no dan cuenta de ello. Recuerda el escritor:</p>     <p> El presidente L&oacute;pez Michelsen, por solicitud de la embajadora, Mar&iacute;a Elena de Crovo,   hab&iacute;a nombrado a mi pap&aacute; Consejero Cultural en la Embajada de M&eacute;xico. Yo acababa de   cumplir 19 a&ntilde;os y era la primera vez que ten&iacute;a un pasaporte (un pasaporte oficial) y la   primera vez que sal&iacute;a del pa&iacute;s. Por primera vez tom&eacute; un vuelo internacional; por primera   vez me dieron una bandejita con comida caliente en un avi&oacute;n. Todo me parec&iacute;a grande,   importante, maravilloso, y el viaje, de cinco horas, me pareci&oacute; una haza&ntilde;a. En el Distrito   Federal llegamos a vivir, al principio, en unas residencias, especie de aparta-hotel, en la Colonia Roma, donde nos tend&iacute;an la cama y nos lavaban la ropa.</p>     <p> El c&oacute;nsul, una persona amable, era un sobrino del ex presidente Turbay Ayala. La embajadora,   despu&eacute;s de su tormentoso paso por el Ministerio del Trabajo (le hab&iacute;a tocado el asesinato   del l&iacute;der sindical Jos&eacute; Raquel Mercado, a manos de la izquierda, y una huelga terrible de   m&eacute;dicos en el Seguro Social, con los enfermos muri&eacute;ndose en las salas de urgencias, y las   embarazadas pariendo en los corredores), viv&iacute;a atormentada, quiz&aacute; segura de que su carrera   pol&iacute;tica hab&iacute;a llegado a la cima, y desde esa cima se hab&iacute;a derrumbado para siempre. La   embajada de M&eacute;xico, para ella, no hab&iacute;a sido un premio, sino una especie de destierro, y al   mismo tiempo una despedida de la vida pol&iacute;tica. Quiz&aacute; por eso beb&iacute;a m&aacute;s de la cuenta, y   hab&iacute;a pedido a mi pap&aacute; para que &eacute;l se encargara de la rutina de la Embajada y le cubriera   la espalda en la oficina, ahora que ella no ten&iacute;a &aacute;nimos de trabajar en nada. Mi pap&aacute;, que la consideraba una buena amiga, lo hac&iacute;a de buena gana.<sup><a href="#4" name="s4">4</a></sup></p>     <p>El escritor de estas memorias revela acritud no s&oacute;lo sobre esta huelga de   los seguros, sino respecto de los sindicatos de maestros y la izquierda en la   universidad, con una tendencia a generalizar de manera peyorativa las conductas   pol&iacute;ticas de este sector. As&iacute; por ejemplo, en los p&aacute;rrafos anteriores se   afirma que a Jos&eacute; Raquel Mercado lo asesin&oacute; la izquierda, cuando de manera   concreta, hay que distinguir: lo hizo el Movimiento Guerrillero 19 de Abril   M-19; el resto de las izquierdas condenaron duramente este suceso. Desde   Arist&oacute;teles, distinguir es un criterio que conduce a la sabidur&iacute;a, porque evita la absolutizaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Lo de H&eacute;ctor Abad G&oacute;mez y los idealistas de todos los colores sociales y   pol&iacute;ticos que adelantaron la &eacute;pica de los derechos humanos es un cap&iacute;tulo   central de la historia contempor&aacute;nea de Colombia, como gesto de dignidad   por los humillados y ofendidos, y como confrontaci&oacute;n a los usufructuarios del poder.</p>     <p> Algo esencial para la educaci&oacute;n sentimental es la verdad hist&oacute;rica y la   dignidad de las v&iacute;ctimas. Para nunca olvidar, no para propiciar venganzas   y alimentar odios, sino para evitar esa peste del crimen eterno, que es como   se erige el olvido. Al crimen de la existencia humana de gentes de carne y   hueso, H&eacute;ctor Abad, Guillermo Cano, Jaime Pardo Leal, Luis Carlos Gal&aacute;n y   miles de mujeres y hombres, se quiere sumar el crimen eterno del olvido, de borrar su recuerdo. Se puede perdonar, pero no olvidar.</p>     <p> Pues bien, estas memorias de H&eacute;ctor Abad Faciolince hacen fluir el r&iacute;o de   los recuerdos, establecen el cuadro de la infamia y odio que se gest&oacute; contra   su padre y el movimiento que &eacute;l representaba con ardent&iacute;a. No se elude recordar   los se&ntilde;alamientos que con temeridad hizo el m&eacute;dico de vidas y almas   contra las torturas oficiales del Batall&oacute;n Bombon&aacute;, y las desapariciones y   cr&iacute;menes contra los disidentes. El autor recuerda a varios de los intrigantes   y azuzadores del crimen. Pero sobre todo, es una literatura sentimental de   puro amor del hijo, amor entra&ntilde;able hasta donde es posible; amor ideal, que   responde a una biograf&iacute;a &iacute;ntima de dos seres, y que el autor se niega a que   desaparezca. Figura del padre que se rescata con afecto y ojo cr&iacute;tico, para evitar mistificaciones.</p>     <p> Es un bello libro de emociones humanas, sublimes y bajas, como son el amor   y el crimen. S&iacute;, literatura de esta estirpe es la que nos entrega el autor, con el   t&iacute;tulo El olvido que seremos, verso del Epitafio, poema de Jorge Luis Borges, que el m&eacute;dico H&eacute;ctor Abad llevaba en el bolsillo el d&iacute;a que lo asesinaron.</p>     <p> El Epitafio de Borges puede ser le&iacute;do como triunfo de la muerte, lo que   hace in&uacute;til el vivir, una sensaci&oacute;n de pesimismo ante la vida; pero asimismo, contra la insensatez de aferrarse al nombre de la muerte y encontrar consuelo   en la meditaci&oacute;n; algo as&iacute; como templanza y estoicismo.</p>     <p> No es un libro ego&iacute;sta, y por ello puede escribir el autor:</p>     <p> Creo que finalmente he sido capaz de escribir lo que s&eacute; de mi pap&aacute; sin un exceso de   sentimentalismo, que es siempre un riesgo grande en la escritura de este tipo. Su caso no   es &uacute;nico, y quiz&aacute; no sea el m&aacute;s triste. Hay miles y miles de padres asesinados en este pa&iacute;s   tan f&eacute;rtil para la muerte. Pero es un caso especial, sin duda, y para m&iacute; el m&aacute;s triste. Adem&aacute;s   re&uacute;ne y resume much&iacute;simas de las muertes injustas que hemos padecido aqu&iacute;.</p>     <p> Sin querer queriendo, y con una perspectiva implacable del olvido, el polvo   que seremos, este es un libro sobre la &eacute;tica de vivir y luchar. Recordar y escribir   sobre la amistad, que el autor centra en personas vivas como Carlos Gaviria y   Alberto Aguirre, dos intelectuales de larga trayectoria; tambi&eacute;n con las amistades   literarias m&aacute;s caras: Carlos Castro Saavedra, Jorge Luis Borges, don Jorge   Manrique, Antonio Machado, Plat&oacute;n, Mej&iacute;a Vallejo, Quevedo, etc.</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><sup><a href="#s1" name="#1">1</a></sup> Abad Faciolince, H. (2006), El olvido que seremos, Bogot&aacute;, Planeta, p. 47.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <sup><a href="#s2" name="#2">2</a></sup> Ib&iacute;d., pp. 45-46.</p>     <p><sup><a href="#s3" name="#3">3</a></sup> Ib&iacute;d, Un medico contra el dolor y el fanatismo, pp. 40-46.</p>     <p>   <sup><a href="#s4" name="#">4</a></sup> Ib&iacute;d., pp. 190-191.</p> <hr size="1"> </font>      ]]></body>
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