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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La contrademocracia: La política en la era de la desconfianza]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p>    <center><font size="4"><b>La contrademocracia. La pol&iacute;tica en la era de la desconfianza<sup><a href="#*">*</a></sup></b></font></center></p>     <p><font size="3">    <center>   <b>Counter - Democracy. Politics in the Age of Mistrust </b> </center></font></p>     <p>    <center>Juan Zuluaga D&iacute;az <a href="#**">**</a> </center></p>     <p><sup><a name="*">*</a></sup>Rosanvallon, P. (2007). La contrademocracia. La pol&iacute;tica en la era de la desconfianza. Buenos Aires: Manantial. 320 pp.</p>     <p><sup><a name="**">**</a></sup>Soci&oacute;logo de la Universidad del Valle, m&aacute;gister en Investigaci&oacute;n en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Correo electr&oacute;nico <a href="mailto:jzsalv@hotmail.com">jzsalv@hotmail.com</a>.</p> <hr size="1">     <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El historiador y fil&oacute;sofo pol&iacute;tico Pierre Rosanvallon, director de Estudios de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) y profesor del Coll&eacute;ge de France, analiza en su m&aacute;s reciente texto el desarrollo hist&oacute;rico y el devenir de la democracia en cuanto a los mecanismos de control y resistencia de las sociedades civiles frente al poder de los elegidos. </p>     <p>El objeto del texto es el de &ldquo;comprender las manifestaciones de la desconfianza en un marco global que reubique de manera articulada y coherente sus caracter&iacute;sticas m&aacute;s profundas, es decir, en s&iacute;ntesis, entenderlas en cuanto conforman pol&iacute;ticamente un sistema&rdquo; (Rosanvallon, 2007, p. 25). Para tal prop&oacute;sito, el autor intenta describir la tensi&oacute;n y la complementariedad entre los mecanismos del r&eacute;gimen electoral-representativo y las pr&aacute;cticas y mecanismos de la organizaci&oacute;n de la &ldquo;desconfianza&rdquo; ciudadana.</p>     <p><font size="3"><b>La sociedad de la desconfianza</b></font></p>     <p> Teniendo como base la historia de la democracia, Rosanvallon inicia el an&aacute;lisis se&ntilde;alando la discordancia en aquello que la teor&iacute;a de los reg&iacute;menes representativos hab&iacute;an ligado al proceso electoral: la legitimidad y la confianza. Aqu&iacute; se resalta y se describe el car&aacute;cter fundamental de estas cualidades pol&iacute;ticas, su diferente naturaleza y su disociaci&oacute;n, que ha sido la constante en los reg&iacute;menes democr&aacute;ticos, constituy&eacute;ndose en un problema central en la historia de los mismos.</p>     <p>Se&ntilde;ala el autor que en las cuestiones de la legitimidad se han centrado los principales estudios de historia y teor&iacute;a pol&iacute;tica, al tiempo que la mayor parte de los esfuerzos se han realizado en b&uacute;squeda de ella, a trav&eacute;s de una mayor participaci&oacute;n en las urnas u otros mecanismos de democracia directa. No obstante, de manera paralela, se han venido desarrollando un conjunto de pr&aacute;cticas, de contrapoderes, que intentan compensar la erosi&oacute;n de la confianza mediante la organizaci&oacute;n de la desconfianza. Si bien esta dimensi&oacute;n ha sido objeto de an&aacute;lisis puntuales, estos no han sido resituados en un conjunto articulado dentro del propio sistema democr&aacute;tico, de su historia y su teor&iacute;a, lo cual constituye parte de la novedad de la propuesta de Rosanvallon. </p>     <p>Dentro de lo que el autor plantea como expresi&oacute;n de la desconfianza a lo largo de la historia, se&ntilde;ala dos grandes v&iacute;as, la liberal y la democr&aacute;tica. En la primera, distingue algunos pensadores liberales del siglo XVIII, en cabeza de Montesquieu, los cuales ven en la desconfianza un &ldquo;poder de prevenci&oacute;n&rdquo;, mostrando un inter&eacute;s central por la forma de contener la acumulaci&oacute;n de poderes y no por la constituci&oacute;n de un gobierno bueno y fuerte. En cuanto a la v&iacute;a democr&aacute;tica, en la cual se inscribe el an&aacute;lisis de Rosanvallon, la expresi&oacute;n de la desconfianza busca como objetivo el velar porque el poder sea fiel a sus compromisos, centr&aacute;ndose en la puesta a punto de mecanismos de control y veedur&iacute;a ciudadana que act&uacute;en como contrapoderes. </p>     <p>Esta desconfianza democr&aacute;tica se expresa, seg&uacute;n el autor, de m&uacute;ltiples maneras, entre las que distingue tres modalidades principales: 1) los poderes de control; 2) las formas de obstrucci&oacute;n, y 3) la puesta a prueba a trav&eacute;s de un juicio. &ldquo;A la sombra de la democracia electoral-representativa, estos tres contrapoderes dibujan los contornos de lo que propongo llamar como contrademocracia&rdquo; (Rosanvallon, 2007, p. 27).</p>     <p> As&iacute; vista, la contrademocracia no es lo contrario de la democracia, sino una forma de democracia que se antepone a la otra &mdash;con la cual conforma un sistema&mdash;, y que est&aacute; constituida por poderes indirectos diseminados en la sociedad. Para Rosanvallon, la importancia y amplitud de estos poderes indirectos hace de esta condici&oacute;n una verdadera forma pol&iacute;tica, bajo la cual se organiza la desconfianza frente a la democracia de la legitimidad electoral. </p>     <p><font size="3"><b>La democracia de control</b></font> </p>     <p>Si bien la dimensi&oacute;n m&aacute;s evidente del principio democr&aacute;tico la constituye el derecho de sufragio, mediante el cual se intenta dar legitimidad a los gobiernos, este v&iacute;nculo electoral no ha sido prerrogativa para obligar a los elegidos a mantener sus compromisos. Frente a esta condici&oacute;n se superpuso la pr&aacute;ctica efectiva de un cuestionamiento permanente y una presi&oacute;n organizada de manera m&aacute;s difusa y m&aacute;s exterior que sirviera de contrapoder. Se&ntilde;ala Rosanvallon que desde los a&ntilde;os pr&oacute;ximos a la revoluci&oacute;n francesa se designa esta forma complementaria de soberan&iacute;a como el &ldquo;Control&rdquo;; cuando se habla de control estamos hablando de mantener una mirada permanente sobre los actos de los gobernantes, un estado de alerta que permita la vigilancia sistem&aacute;tica de sus actuaciones. Este control trata de encastrar la legitimidad electoral con la legitimidad social, haciendo de la reputaci&oacute;n un factor determinante de la confianza en los individuos o en los reg&iacute;menes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entre las modalidades de estos poderes de control, Rosanvallon destaca la<i> vigilancia, la denuncia y la calificaci&oacute;n</i>. La idea de vigilancia de las actuaciones de los gobernantes se da, en primera instancia, como una vigilancia c&iacute;vica, la cual es directamente pol&iacute;tica, manifest&aacute;ndose en intervenciones de prensa, de asociaciones, de sindicatos, huelgas, etc. Despu&eacute;s aparece otra forma de vigilancia, llamada por el autor como <i>vigilancia de regulaci&oacute;n</i>, que se manifiesta como un flujo continuo de evaluaciones y cr&iacute;ticas a un nivel muy descentralizado, y que opera a trav&eacute;s de canales como encuestas o informes, intervenci&oacute;n en las comisiones especializadas o la publicaci&oacute;n de reportajes, influenciando los debates sobre la sociedad y estableciendo al p&uacute;blico como una suerte de termostato regulador de las decisiones pol&iacute;ticas. De esta manera, la figura del ciudadano-vigilante se superpone a la del ciudadano-elector.</p>     <p> Se&ntilde;ala Rosanvallon que la vigilancia se declina en la segunda modalidad de poder de control: la denuncia. Esta modalidad se extiende de manera vigorosa durante el tiempo de la revoluci&oacute;n, y se la vincula directamente con la acci&oacute;n c&iacute;vica. Se trata del control de los actos de los gobernantes por medio de la publicidad, dando a conocer, haciendo saber, develando las malas formas o las actuaciones inconvenientes de los mismos. Apunta el autor que durante el siglo XIX la denuncia perdi&oacute; algo de su fuerza original para decantarse hacia el esc&aacute;ndalo, donde se mezclan dos dimensiones: la estigmatizaci&oacute;n de los poderes y la fe en las virtudes pol&iacute;ticas de la transparencia. </p>     <p>El esc&aacute;ndalo promueve una conversi&oacute;n en la mirada y cumple la funci&oacute;n de presi&oacute;n y regulaci&oacute;n, al tiempo que propone una lecci&oacute;n de civismo, aunque puede caer en una versi&oacute;n populista con la estigmatizaci&oacute;n de los poderes. Esta modalidad de control resulta de suma importancia en el mundo contempor&aacute;neo, donde toma cada vez mayor valor la idea de <i>transparencia</i> en el universo pol&iacute;tico, y en donde la denuncia afecta directamente el capital simb&oacute;lico y la reputaci&oacute;n de los involucrados. </p>     <p>En cuanto al tercer poder de control, la calificaci&oacute;n, apunta el autor que este &ldquo;consiste en una evaluaci&oacute;n documentada, t&eacute;cnicamente argumentada, a menudo cuantificada de acciones particulares o de pol&iacute;ticas m&aacute;s generales&rdquo; (Rosanvallon, 2007, p. 66). En este caso, el objetivo es el de peritaje de la calidad y la eficacia de la gesti&oacute;n. Tambi&eacute;n es una reputaci&oacute;n la que se pone a prueba, pero de orden t&eacute;cnico; en algunos casos, sirve como escudo protector frente a la cr&iacute;tica o a la oposici&oacute;n como tambi&eacute;n para la emergencia de contrapoderes (organizaciones, instituciones, ONG especializadas en evaluaci&oacute;n y calificaci&oacute;n).</p>     <p>Luego de la ampliaci&oacute;n de estas modalidades de formas de control, Rosanvallon entra a desgranar otros aspectos de lo que &eacute;l llama la contrademocracia. Describe pues a los actores del control, donde destaca el paso del control como actividad multiforme de la sociedad a una forma de actividad medi&aacute;tica, en donde la prensa se manifiesta como el poder contrademocr&aacute;tico por excelencia durante el siglo XIX. Ya en el siglo XX, se posicionan otros agentes e instancias como organizaciones ciudadanas, autoridades de vigilancia independientes, as&iacute; como un nuevo tipo de instancias de evaluaci&oacute;n y nuevas formas pol&iacute;ticas como Internet.</p>     <p><font size="3"><b>La soberan&iacute;a de la obstrucci&oacute;n</b></font> </p>     <p>Dentro del modelado que hace Rosanvallon de su teor&iacute;a se&ntilde;ala lo que para &eacute;l constituye la segunda dimensi&oacute;n de la contrademocracia: el poder de obstrucci&oacute;n. Esta figura del universo contrademocr&aacute;tico ata&ntilde;e al derecho de resistencia que hist&oacute;ricamente han tenido los pueblos para estatuir, impedir, modificar o anular las actuaciones de sus gobernantes o las condiciones del r&eacute;gimen. Con el advenimiento del sufragio universal se dieron nuevos enfoques de esta capacidad, como la emergencia de un poder organizado de oposici&oacute;n que consolida lo que se denomina como &ldquo;soberan&iacute;a cr&iacute;tica&rdquo;, la cual da paso hoy en d&iacute;a hacia lo que considera el autor como una pol&iacute;tica negativa. </p>     <p>En b&uacute;squeda de las distintas manifestaciones en el tiempo de esta dimensi&oacute;n de contrapoder, Rosanvallon realiza un barrido hist&oacute;rico de las formas que adopta la resistencia y la obstrucci&oacute;n tanto en la antigua Roma (tribunos del pueblo) como en la Edad Media, la &eacute;poca prerrevolucionaria y las sociedades modernas, as&iacute; como la reflexi&oacute;n pol&iacute;tica de algunos autores como Althusius y Fichte en torno a la idea de un contrapoder de oposici&oacute;n y a una soberan&iacute;a cr&iacute;tica. </p>     <p>Aqu&iacute; se&ntilde;ala el autor que, dadas las condiciones socioculturales del mundo contempor&aacute;neo, se configur&oacute; igualmente la crisis de la representaci&oacute;n social y la pol&iacute;tica para dar paso a la sensaci&oacute;n de vac&iacute;o. En este contexto, al que denomina como la &ldquo;era de la deselecci&oacute;n&rdquo;, la institucionalizaci&oacute;n de la oposici&oacute;n ya no puede constituir el horizonte de una perspectiva de estructuraci&oacute;n del poder de obstrucci&oacute;n en la democracia, imponi&eacute;ndose as&iacute; la <i>pol&iacute;tica negativa</i>, que consiste en la entrada en una democracia de sanci&oacute;n, donde las elecciones son m&aacute;s un juicio sobre el pasado que una oportunidad de optar por diversas orientaciones. &ldquo;Ya no se trata de distinguir sino de eliminar&rdquo;. Es de resaltar que el ciudadano moderno no solo dispone del voto para manifestar su rechazo, sino que tambi&eacute;n puede tomar parte en acciones m&aacute;s difusas de obstrucci&oacute;n como manifestaciones callejeras, movimientos de opini&oacute;n y derecho al veto, entre otros. </p>     <p><font size="3"><b>El pueblo juez</b></font> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si bien el controlar y el impedir son dos maneras de condicionar a los gobernantes, existe una tercera dimensi&oacute;n de la contrademocracia, el enjuiciamiento. Juzgar consiste en examinar una conducta o una acci&oacute;n, prolongando el ejercicio de una sospecha y haciendo  necesario que se llegue a una conclusi&oacute;n definitiva (Rosanvallon, 2007, p. 191).</p>     <p>Cuando Rosanvallon destaca la prueba de un juicio, no lo reduce al ejercicio de un poder judicial aut&oacute;nomo sino que est&aacute; ligado en profundidad a la idea de un juzgamiento de los gobernantes por la sociedad, entendiendo que los ciudadanos quieren alcanzar como jueces lo que consideran no haber podido alcanzar como electores. Otro aspecto que rescata el autor de las actividades del ciudadano juez, cuando este hace parte de un jurado civil, es la de restablecer o modificar el esp&iacute;ritu de la ley en la formulaci&oacute;n de los veredictos. En este caso se trata de una actividad correctora.</p>     <p>Despu&eacute;s de revisar en retrospectiva el papel del enjuiciamiento a los gobernantes en diferentes sociedades y en distintas &eacute;pocas, Rosanvallon encuentra en este el poder de las minor&iacute;as, de los dominados o de los electores para examinar, responsabilizar o revocar el mandato de los funcionarios electos. Tanto los tribunales del pueblo en Atenas, el <i>jury</i> de la Edad Media, el <i>Impeachment</i> ingl&eacute;s como el<i> recall</i> en Estados Unidos, son procedimientos que permiten considerar el juicio como forma pol&iacute;tica en la que los ciudadanos participan no solo de un acto deliberativo, sino tambi&eacute;n como productores de normas.</p>     <p>Esta dimensi&oacute;n de la contrademocracia toma vital importancia con el desplazamiento en nuestros d&iacute;as de lo pol&iacute;tico a lo penal, en donde las actuaciones pol&iacute;ticas, cada vez m&aacute;s dif&iacute;ciles de imputar pol&iacute;ticamente, conllevan una responsabilidad penal. Puede decirse, entonces, que nos encontramos en el paso de las democracias de confrontaci&oacute;n y de representaci&oacute;n a las de imputaci&oacute;n, lo cual conlleva a un aumento de poder de los jueces, en lo que se ha denominado &ldquo;gobierno de los jueces&rdquo;.</p>     <p><font size="3"><b>La democracia impol&iacute;tica</b></font></p>     <p>Si bien la tendencia hoy en d&iacute;a en cuanto al discurso sobre la pol&iacute;tica es la de considerar que existe una amplia despolitizaci&oacute;n de los ciudadanos, seg&uacute;n Rosanvallon esto no ser&iacute;a del todo cierto, pues aunque deba considerarse cierta apat&iacute;a con respecto a la participaci&oacute;n y la actividad directamente pol&iacute;tica, se est&aacute;n generando cada vez m&aacute;s ejercicios indirectos de soberan&iacute;a de acuerdo con formas no organizadas por las constituciones, unas formas de participaci&oacute;n no convencional, que indican no una nueva era de apat&iacute;a pol&iacute;tica, ni un repliegue a la esfera privada, sino una mutaci&oacute;n en la relaci&oacute;n del ciudadano con la pol&iacute;tica.</p>     <p> Seg&uacute;n Rosanvallon, el problema hoy no ser&iacute;a el de la despolitizaci&oacute;n sino el de la impol&iacute;tica, que ser&iacute;a la falta de aprehensi&oacute;n global de los problemas ligados a la organizaci&oacute;n de un mundo com&uacute;n. Esto representa un aumento de la distancia en la relaci&oacute;n entre la sociedad civil y las instituciones, la cual muestra un car&aacute;cter complejo y problem&aacute;tico en el que se mezclan elementos positivos de aumento de poder social y las tentaciones populistas reactivas que facilitan la fragmentaci&oacute;n y la diseminaci&oacute;n a cambio de la coherencia y la globalidad.</p>     <p></p> </font>      ]]></body>
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