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<institution><![CDATA[,Artículo de revisión sobre las mujeres trabajadoras  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><font size="4"><b>Las solteronas obrera</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>The Old Maid Workers<sup>*</sup></b></font></p>     <p align="center"><i>Adriana Mar&iacute;a Serrano L&oacute;pez</i><sup>**</sup></p>     <p><sup>*</sup> Art&iacute;culo de revisi&oacute;n sobre las mujeres trabajadoras en el siglo xx.    <br> <sup>**</sup> Fil&oacute;sofa de la Pontificia Universidad Javeriana; profesora e investigadora de las facultades de Ciencia Pol&iacute;tica y Gobierno y de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. Realiz&oacute; una Maestr&iacute;a en Estudios del Desarrollo en el IUED, adscrito a la Universidad de Ginebra, Suiza.</p>     <p>Recibido: 30/05/10 Aprobado evaluador interno: 16/07/10 Aprobado evaluador externo10/08/10</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>     <p>El proceso de transformaci&oacute;n de los roles de g&eacute;nero no es &uacute;nica ni primariamente un tr&aacute;nsito en las capacidades de acci&oacute;n de cierto grupo de sujetos al interior de las comunidades, sino que involucra la adaptaci&oacute;n y alteraci&oacute;n fundamental de buena parte de las estructuras sociales de base. El caso de las solteronas obreras, esto es, de las mujeres que aceptaron la solter&iacute;a como condici&oacute;n para preservar la relaci&oacute;n de salariaje en el Fabricato de comienzos del siglo xx, ilustra algunos elementos del denso mecanismo de mutua reconfiguraci&oacute;n que implic&oacute; este fen&oacute;meno para la tradicional sociedad antioque&ntilde;a y para las obreras, en quienes se encarna esta coyuntura hist&oacute;rica, situada entre los &oacute;rdenes tradicionales y los sectoriales.</p>     <p><b>Palabras clave</b>: Palabras clave: industria textil, relaciones de g&eacute;nero, familia, orden tradicional, orden sectorial, Medell&iacute;n.</p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>     <p>The gender roles transformation process is not only nor firstly a transit in the action abilities of certain group of individuals inside the communities; instead, it involves the adaptation and fundamental alteration for the most part of the basic social structures. The working spinsters' case, that is, women that accepted bachelorhood as a condition to preserve the wage relationship in the "Fabricato" factory in the early 20th century, illustrates certain elements of the dense mechanism of mutual reconfiguration that implied this phenomenon for the traditional society from Antioquia (Colombia), and for female workers, who embody this historical circumstance, placed between the traditional orders and the sectorial ones.</p>     <p><b>Key Words</b>: Textile Industry, Gender Relationship, Family, Traditional Order, Sectorial Order, Medell&iacute;n.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n.</b></font></p>     <p>En muchos pa&iacute;ses del mundo, en Colombia y en la zona antioque&ntilde;a en particular, la sociedad determin&oacute; para las mujeres, durante un largo periodo de tiempo, una tarea fundamental para la que fueron formadas y protegidas: la de madres y esposas (Goldberg, 1976; Lorite-Mena, 1987; Reyes, 1996). Luego, la vocaci&oacute;n socialmente establecida condujo por siglos a las mujeres hacia el matrimonio y la maternidad. Otras alternativas de plan de vida recibieron graduales tipos de reconocimiento o estigma, seg&uacute;n el caso: la monja, en tanto que "esposa de Cristo" fue considerada como una opci&oacute;n aceptable para el sistema. En el extremo contrario, la prostituta, aunque necesaria al orden social, fue marginada y relegada del n&uacute;cleo de la "gente de bien" (Guti&eacute;rrez, 1986).</p>      <p>Pero existe cuando menos un tercer caso: la solterona<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>. Esta mujer es aquella que, pese a haberse preparado para el cumplimiento de su labor social dentro del matrimonio, bien por razones econ&oacute;micas, sociales o afectivas, fracasa en su intento y permanece en la casa paterna o bajo la protecci&oacute;n de alg&uacute;n familiar hasta su muerte (Guti&eacute;rrez, 1997, p. 427).</p>      <p>En el "complejo cultural antioque&ntilde;o o de la monta&ntilde;a", la solterona es un personaje socialmente estigmatizado, que no cumple con tareas significativas para el sistema y constituye un peso para la estructura: no tiene capacidad de acci&oacute;n independiente a nivel social, econ&oacute;mico, pol&iacute;tico, ni afectivo (y, por descontado, no puede o no debe tener ning&uacute;n tipo de vida sexual). Resulta obvio por lo mismo el hecho de que las mujeres no quer&iacute;an quedarse solteronas y buscaban todos los medios para evadir esta condici&oacute;n social, bien utilizando estrategias para encontrar un marido, bien por la inclusi&oacute;n dentro de comunidades religiosas. No obstante, a comienzos del siglo xx y en medio de esta sociedad que rechazaba a la solterona, se present&oacute; el caso de una generaci&oacute;n en la que algunas mujeres aceptaron esta condici&oacute;n y la mantuvieron por otra raz&oacute;n: la relaci&oacute;n de salariaje (Arango, 1991; G&oacute;mez y otros, 1974). En este art&iacute;culo, se quiere estudiar el caso de las solteronas obreras.</p>      <p>Seg&uacute;n Pierre Bourdieu, dentro de un orden social, los individuos son libres de hacer lo que quieran, pero no de "querer lo que quieran". Bajo tal principio, buena parte de los hechos sociales, operados por los sujetos particulares, responden a motivaciones que, de una u otra forma, est&aacute;n siendo engendradas, impulsadas o cuando menos permitidas por la comunidad que los cobija. Esto no quiere decir que los individuos no incidan en el orden social: de hecho, lo constituyen. Pero s&iacute; significa que los procesos macro se ven forjados por sujetos que responden a su vez a la presi&oacute;n de las fuerzas sociales de las que son hijos (Bourdieu, 1992).</p>      <p>En este escrito, se quiere estudiar un cambio social fundamental, forjado por los individuos, pero que, en sus condiciones y en su operatividad, funciona a partir de m&oacute;viles sociales. Estos m&oacute;viles, al coincidir con las condiciones del entorno, con las posibilidades de acci&oacute;n, con los "campos" nacientes de inclusi&oacute;n social, y con los <i>h&aacute;bitus </i>de base (y sus respectivos capitales), conducen paulatinamente a una adaptaci&oacute;n del orden del grupo a formas de acci&oacute;n y de comportamiento que, en principio, le eran ajenas<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>.</p>      <p>En particular, hay inter&eacute;s en comprender algunos fen&oacute;menos relacionados con el proceso de transformaci&oacute;n de los roles de g&eacute;nero, tal y como ocurri&oacute; dentro de la sociedad colombiana. Pero, dada la gran extensi&oacute;n del tema, se decidi&oacute; inclinarse hacia el an&aacute;lisis de uno de los entornos dentro de los cuales se inici&oacute; un proceso visible de transformaci&oacute;n de esos roles, dando cabida a algunas de las m&aacute;s notables "pioneras" colombianas, tales como Betsab&eacute; Espinoza, Mar&iacute;a Cano o D&eacute;bora Arango<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>. Se trata de la regi&oacute;n antioque&ntilde;a de comienzos de siglo. Esa tierra y ese orden social, de una u otra forma, condujeron a una cierta apertura hacia los fen&oacute;menos de cambio de tareas entre hombres y mujeres o, en todo caso, resultaron tolerantes a la inclusi&oacute;n de la mujer en el espacio p&uacute;blico.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Efectivamente, la Medell&iacute;n de 1900 es un territorio muy particular, dentro del cual crecen las que, a&uacute;n en nuestros d&iacute;as, pueden ser consideradas como las m&aacute;s fuertes industrias textiles del pa&iacute;s (Breziner, 1978; Ibiza, 1970). Al inicio de este proceso de industrializaci&oacute;n, la mano de obra m&aacute;s apetecida fue la femenina (Reyes y otros, 2005), lo que implic&oacute;, en una de las comunidades m&aacute;s cat&oacute;licas y conservadoras de la &eacute;poca (Londo&ntilde;o, 2004), un cambio en el tipo de actividad femenino y un tr&aacute;nsito que, con el tiempo, afectar&iacute;a al sistema local y, de hecho, a la naci&oacute;n colombiana.</p>      <p>Dentro de este contexto, el objeto espec&iacute;fico de an&aacute;lisis ser&aacute; el siguiente: la condici&oacute;n de ingreso y permanencia de las obreras en el sistema textil antioque&ntilde;o y, en particular, en el Fabricato de comienzos de siglo. Lo que se quiere observar y explicar es la forma en la que este fen&oacute;meno hace visible elementos de tr&aacute;nsito entre un orden "tradicional" y uno "moderno" y el modo en el cual se retoman los elementos de base de la sociedad del pasado para ir abriendo camino a nuevas formas de comportamiento social.</p>      <p>Las teor&iacute;as que servir&aacute;n de gu&iacute;a a este art&iacute;culo son primariamente dos: el an&aacute;lisis de Pierre Muller sobre el origen de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y los conceptos b&aacute;sicos de Pierre Bourdieu en torno al problema de los procesos de transformaci&oacute;n de estructuras sociales (Bourdieu, 1975, 1990, 1992; Muller, 2004). Los estudios hist&oacute;ricos y sociol&oacute;gicos en los que nos apoyaremos para el caso ser&aacute;n, entre otros y primariamente, los trabajos de Virginia Guti&eacute;rrez de Pineda para el tema de la familia en la zona antioque&ntilde;a o "de la monta&ntilde;a" (Guti&eacute;rrez, 1975, 1977, 1997) y los estudios de Luz Gabriela Arango (Arango, 1991, 1993) y de Ana Catalina Reyes C&aacute;rdenas (Reyes, 1996; Reyes y otros, 2005) para el tema espec&iacute;fico de Fabricato y la mano de obra femenina en la industria textil antioque&ntilde;a.</p>      <p>Pierre Muller aporta los conceptos de referencia sobre los &oacute;rdenes tradicionales y los modernos. En su tarea de explicar el origen de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, el autor afirma que las sociedades tradicionales siguen una l&oacute;gica territorial y que, por lo mismo, se integran en &oacute;rdenes b&aacute;sicamente horizontales que tienden hacia la autosuficiencia. Por su parte, las sociedades modernas, al acercarse hacia l&oacute;gicas sectoriales, de naturaleza vertical, producen varios efectos: quiebran las solidaridades horizontales del territorio, obligan a la especializaci&oacute;n de las estructuras productivas, alteran las funciones del n&uacute;cleo familiar, consolidan las posibilidades de acci&oacute;n de los individuos m&aacute;s all&aacute; de sus nexos con la comunidad y, en consecuencia, dejan vac&iacute;os en los servicios indispensables para la subsistencia. A su juicio, la tarea de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas consiste propiamente en suplir las necesidades y operar las articulaciones que se produc&iacute;an espont&aacute;neamente en las estructuras territoriales, pero bajo la l&oacute;gica sectorial<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>.</p>      <p>La utilidad de estos conceptos para comprender el fen&oacute;meno de las "solteronas obreras" consiste en que permiten describir la condici&oacute;n de partida del orden social antioque&ntilde;o de comienzos de siglo, en tanto que sociedad tradicional y, de otra parte, ofrecen las herramientas para explicar el proceso de transformaci&oacute;n de este conglomerado en una sociedad moderna. Nuestro objeto de estudio se encuentra justamente en este tr&aacute;nsito. En efecto, las solteronas son el lastre de los &oacute;rdenes sociales tradicionales y aparecen como proyectos fallidos dentro de la estructura, a la que pueden, a lo sumo, aportar cuidados y bienes complementarios. Por esa raz&oacute;n, entran r&aacute;pida y f&aacute;cilmente en los primeros ensayos del orden sectorial, que se nutre de la mano de obra excedente del sistema anterior.</p>      <p>Pero con el ingreso al orden sectorial, y con las crecientes posibilidades de riqueza, seguridad y ascenso social que este ofrece por aumentos en la productividad, las solteronas cambian su rol y pasan de la periferia al centro, en cuanto al aporte que hacen a su grupo familiar de origen por la v&iacute;a de la multiplicaci&oacute;n del ingreso. Con este cambio, ocurre tambi&eacute;n una reinterpretaci&oacute;n del potencial papel social de la mujer, por la que esta puede eventual y leg&iacute;timamente abstenerse o distanciarse de la tarea primaria de la reproducci&oacute;n, en nombre de la producci&oacute;n. Los individuos cambian porque el sistema est&aacute; en movimiento; el sistema se mueve a trav&eacute;s de las transformaciones de los individuos que lo componen. En suma, los conceptos de Muller dan una clave de lectura fundamental para estudiar el fen&oacute;meno, en su relaci&oacute;n con el tr&aacute;nsito entre &oacute;rdenes sociales.</p>      <p>Por su parte, Pierre Bourdieu ofrece los conceptos de h&aacute;bitus, capital y campo. Estos conceptos permitir&aacute;n articular los procesos mismos de transformaci&oacute;n y explicar los mecanismos de inserci&oacute;n de estas mujeres en el orden laboral, pese a (o gracias a) las imposiciones propias de una sociedad conservadora y tradicional (Londo&ntilde;o, 2003). El concepto de h&aacute;bitus se refiere a las complejas estructuras del orden social, que regulan y forjan, desde el pensamiento y la sensibilidad de los individuos, hasta sus competencias profesionales y sus formas de relaci&oacute;n. Pero h&aacute;bitus no es un t&eacute;rmino para designar estas estructuras en tanto que activas en el orden social mismo, sino en tanto que ellas han sido introyectadas por el individuo.</p>      <p>En otras palabras, una vez socializado, cada quien lleva dentro de s&iacute;, como si fuese parte de su individualidad, el sistema completo de valoraciones, comportamientos, estructuras conceptuales, mecanismos de acci&oacute;n, etc&eacute;tera, que ha recibido de su cultura. El sujeto es un "retrato" o un momento de expresi&oacute;n de su cultura y la lleva consigo como el esqueleto a partir del cual sus acciones, pensamientos y relaciones son posibles. Esas estructuras que provienen del orden social y que se han "hecho carne" en el sujeto son propiamente lo que se llama h&aacute;bitus (Bourdieu, 1975).</p>      <p>Dado que para el orden social los individuos tienen tareas diferenciadas, capacidades de acci&oacute;n restringidas, mecanismos de relaci&oacute;n permitidos o prohibidos, se entiende que el h&aacute;bitus no sea general con respecto a todo el orden de la cultura, sino diferencial, en relaci&oacute;n con el papel espec&iacute;fico de ese sujeto dentro del conjunto.</p>      <p>Partiendo de esta afirmaci&oacute;n, se entiende que cada miembro del orden social desarrolle ciertas caracter&iacute;sticas propias de su condici&oacute;n: los hombres son fuertes, competitivos, rudos; las mujeres son dulces, delicadas, prudentes; los hombres saben hacer negocios, arriesgarse, pelear; las mujeres saben cocinar, cuidar, coser. Ninguna de estas caracter&iacute;sticas es propiamente un capital en s&iacute; misma, pero puede devenir un "capital", en la medida en la cual cualquiera de ellas permita afirmar al individuo o proyectarlo para su afirmaci&oacute;n dentro de un determinado campo de acci&oacute;n.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En suma, se llamaran capitales a las caracter&iacute;sticas que provienen de los h&aacute;bitus y que, reinterpretadas en nuevos campos, se transforman en herramientas de afirmaci&oacute;n. Los campos, por su parte, deben ser entendidos como las arenas de acci&oacute;n social, acotadas por categor&iacute;as o condiciones socialmente negociadas, en las que los individuos o los grupos pueden afirmarse y posicionarse (Bourdieu, 1990)</p>      <p>Con respecto al objeto de estudio, se puede decir que la industria, como punta de lanza de la sociedad sectorial moderna -y la industria textil en particular- se abre como un campo de acci&oacute;n para las mujeres, especialmente para aquellas que por una u otra raz&oacute;n no pudieron o, presumiblemente, no podr&iacute;an realizarse dentro de las arenas de acci&oacute;n del sistema tradicional. Quienes no pudieron ser madres o quienes, por sus condiciones econ&oacute;micas o sociales, no podr&iacute;an f&aacute;cilmente acceder al matrimonio y a la maternidad, encuentran en la f&aacute;brica un espacio a trav&eacute;s del cual pueden afirmarse, ascender y convertirse, incluso, en proveedoras o colaboradoras notables de la econom&iacute;a de sus familias de origen (Arango, 1991). Ahora bien, para la industria textil, dado el h&aacute;bitus tradicional de las mujeres, las j&oacute;venes resultan trabajadoras de bajo costo, d&oacute;ciles, dedicadas, conocedoras del oficio o, cuando menos, con aptitudes para el tipo de labor requerida. Para las familias campesinas, la f&aacute;brica es una oportunidad para ocupar a sus hijas j&oacute;venes, con lo cual no solo reducen costos de manutenci&oacute;n, sino que adem&aacute;s pueden acceder a un complemento del ingreso. M&aacute;s adelante, cuando la f&aacute;brica instaure pol&iacute;ticas de beneficios para las trabajadoras, esta "hija soltera" llegar&aacute; a ser el puente de acceso al mundo urbano para todo el n&uacute;cleo familiar e, incluso, una fuente de seguridad gracias a las posibilidades de acceso a la casa propia (Arango, 1993).</p>      <p>En resumen, la aparici&oacute;n de un nuevo campo de acci&oacute;n, transforma las cualidades propias del h&aacute;bitus de algunos miembros del sistema en capitales y, con ello, configura el primer paso de tr&aacute;nsito hacia la sociedad sectorial moderna.</p>      <p>Con estos elementos como punto de partida, se inicia esta aproximaci&oacute;n a la lectura de un fen&oacute;meno rico y denso, que promete ofrecer claves de comprensi&oacute;n para el intrincado proceso de transformaci&oacute;n de los roles de g&eacute;nero en Colombia: el fen&oacute;meno de las mujeres que optaron por retardar o evitar definitivamente la condici&oacute;n de casadas para mantenerse en el sistema de producci&oacute;n de las f&aacute;bricas textiles del Medell&iacute;n de comienzos de siglo, el fen&oacute;meno de las "solteronas obreras".</p>      <p>Para acercarnos al tema, el art&iacute;culo se centrar&aacute; en la descripci&oacute;n de la regi&oacute;n antioque&ntilde;a y de sus condiciones sociales y de supervivencia. Luego, se estudiar&aacute; el papel de la mujer en general dentro de esta estructura social, para llegar a la identificaci&oacute;n de los grupos humanos que protagonizan el fen&oacute;meno que nos ocupa. A partir de estos antecedentes, se mostrar&aacute; el sistema de selecci&oacute;n y permanencia en el empleo para obreras textiles (Fabricato) y, finalmente, se har&aacute; una interpretaci&oacute;n, sirvi&eacute;ndose de las bases te&oacute;ricas de referencia.</p>      <p><font size="3"><b>Medell&iacute;n, 1900</b></font></p>      <blockquote>     <p>En 1905 Medell&iacute;n era un pueblo de sesenta mil habitantes que apenas en los a&ntilde;os veinte sinti&oacute; la llegada del nuevo siglo, cuando se convirti&oacute; en una agitada ciudad con el doble de poblaci&oacute;n. En este lapso se municipalizaron y extendieron los servicios de acueducto, alcantarillado, electricidad y tel&eacute;fono; se pavimentaron las calles, se ampliaron el matadero y la feria de ganados, y se construyeron modernos edificios de concreto. Un creciente n&uacute;mero de medellinenses pudo disfrutar de cines, trenes, aviones, tranv&iacute;as, autom&oacute;viles y deportes, y lucir la liberada moda de los a&ntilde;os veinte, inspirada en los artistas de Hollywood. (G&oacute;mez dir.2001, 58)</p> </blockquote>      <p>Las sociedades tradicionales se caracterizan por estar articuladas en torno al territorio, en medio de una red de solidaridades horizontales o mec&aacute;nicas (Durkheim, 1998). Esto quiere decir que las regiones ordenan y sostienen sistemas de autorreproducci&oacute;n dentro de los cuales se hacen parcial o completamente autosuficientes. Si bien esto no excluye las relaciones con otros entornos a trav&eacute;s del comercio o de las alianzas, s&iacute; significa que la mayor parte de las necesidades b&aacute;sicas tienen que resolverse desde el territorio y partiendo de los recursos locales de base. Las caracter&iacute;sticas de las sociedades tradicionales son: d&eacute;bil divisi&oacute;n del trabajo, d&eacute;bil movilidad, relativo ostracismo del sistema (Muller, 2004).</p>      <p>La sociedad antioque&ntilde;a de comienzos de siglo responde en gran medida a lo que Pierre Muller llamar&iacute;a una sociedad tradicional (Payne, 1985). Centrada en el territorio y dependiente de redes horizontales, solo concibe el crecimiento y la afirmaci&oacute;n de los individuos y de sus n&uacute;cleos de base (las familias) a trav&eacute;s del posicionamiento de la regi&oacute;n en su conjunto (Restrepo, 1991).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Su econom&iacute;a es diversificada y suple todo tipo de necesidad para el grupo, desde el orden b&aacute;sico de la supervivencia hasta la inversi&oacute;n para el bienestar. Inicialmente dependiente de la miner&iacute;a y de la agricultura de subsistencia, incursiona en el comercio, en la banca, en los monocultivos de exportaci&oacute;n (tabaco y caf&eacute;), en la construcci&oacute;n de infraestructura y en el sector industrial. Consecuentemente con esta diversificaci&oacute;n, la tendencia pesada de las estructuras productivas es la de la poca especializaci&oacute;n de las tareas y la de la adecuaci&oacute;n de los individuos a "oficios varios", que van desde la miner&iacute;a de extracci&oacute;n hasta el comercio internacional (Restrepo, 1981).</p>      <p>Dentro de este sistema, la agricultura no es, en sus inicios, una fuente primaria de riqueza para la regi&oacute;n, puesto que los terrenos monta&ntilde;osos no parecen particularmente aptos para los grandes monocultivos. Es la miner&iacute;a la que genera una base de acumulaci&oacute;n de capital, pero tambi&eacute;n la que somete a la comunidad a las continuas fluctuaciones de este tipo de producci&oacute;n y a su dependencia de los mercados. En consecuencia, y para evitar las quiebras, las familias de la zona invierten en comercio, buscan tierras de cultivo en los l&iacute;mites con Tolima, crean casas de cambio o de moneda, entran en la ganader&iacute;a o en la construcci&oacute;n de infraestructura. Las primeras bancas de Medell&iacute;n son antioque&ntilde;as y su inversi&oacute;n de base es local. El ferrocarril de Antioquia es construido por antioque&ntilde;os. Las carreteras, los procesos de urbanizaci&oacute;n, el alcantarillado y la suma de los servicios del orden urbano responden entera y plenamente a la l&oacute;gica del orden territorial (Restrepo Uribe, 1981) De hecho, y tal como lo se&ntilde;ala Muller, para las sociedades territoriales, el riesgo de la regi&oacute;n era el del separatismo, lo que se concret&oacute;, durante el periodo de los Estados Unidos de Colombia, con el Estado Soberano de Antioquia.</p>      <p>Cat&oacute;lica y conservadora, la regi&oacute;n depende de las familias como estructuras b&aacute;sicas para ordenar la propiedad, la herencia, la educaci&oacute;n o formaci&oacute;n para el trabajo, el cuidado de ni&ntilde;os, enfermos o ancianos, la vigilancia de la moral y las buenas costumbres, el comportamiento religioso, la sexualidad, etc&eacute;tera (Guti&eacute;rrez, 1997, p. 373; Restrepo, 1981; Londo&ntilde;o, 2003).</p>      <p>Este es el panorama que se tiene como punto de partida: un pueblo, cabecera de una regi&oacute;n pujante, con una sociedad tradicional y cat&oacute;lica, que tiene que enfrentar los cambios del siglo naciente.</p>      <p><font size="3"><b>Madres y solteronas</b></font></p>      <p>En las sociedades tradicionales, los diferentes miembros del orden social se encuentran agrupados en torno a la meta com&uacute;n del mantenimiento y crecimiento del territorio, del grupo social que lo conforma y de los subgrupos que lo integran (la familia). En t&eacute;rminos generales, la importancia de los individuos depende de los logros del conjunto y no es posible la afirmaci&oacute;n de los miembros del grupo en tanto que separados del mismo o de las funciones que cumplen dentro de &eacute;l.</p>      <p>As&iacute;, tanto hombres como mujeres cumplen con sus tareas primordiales dentro del entorno y se orientan al cabal desarrollo de la comunidad, a trav&eacute;s de los oficios o quehaceres que a su condici&oacute;n corresponden: el hombre debe casarse, procrear, producir, proteger. La mujer debe casarse, engendrar, parir, cuidar, servir, educar. La posible realizaci&oacute;n de los individuos, su reconocimiento y el respaldo que reciben del orden social depender&aacute; enteramente de su compromiso con la causa com&uacute;n y de su utilidad para el grupo. Dado que la familia es el n&uacute;cleo b&aacute;sico e indiscutible que articula la totalidad de los procesos sociales, todas las tareas, posibilidades de acci&oacute;n y reconocimiento de las personas se ordenan primariamente en torno a sus deberes dentro de la unidad familiar (Guti&eacute;rrez, 1975).</p>      <p>Pierre Muller se&ntilde;ala que una de las caracter&iacute;sticas de las sociedades tradicionales es la escasa divisi&oacute;n del trabajo o de las tareas y la pobre especializaci&oacute;n de los procesos. Bajo tal condici&oacute;n, la familia cumple con todas las funciones articuladoras del orden social, entre ellas, el traspaso, conservaci&oacute;n, crecimiento y reproducci&oacute;n del patrimonio econ&oacute;mico. El criterio de sucesi&oacute;n es el linaje. Y este depende de la existencia de los hijos, de su supervivencia y de la legitimidad de la progenie. Pero todos estos factores dependen a su vez de una tarea no delegable para uno de los miembros del grupo: la de la madre (Luna, 2004).</p>      <p>En consecuencia, por la naturaleza del sistema, en las sociedades tradicionales, y especialmente en aquellas que garantizan la permanencia de los bienes por v&iacute;a de linaje, el papel primario de la mujer es la maternidad, dentro del orden de regulaciones de legitimidad socialmente acordadas. Este hecho conducir&aacute; a formas de comportamiento que obligan a las mujeres a cumplir con m&uacute;ltiples condiciones, en particular a la protecci&oacute;n y vigilancia con respecto a su vida sexual, de la cual depende la reproducci&oacute;n del grupo (Abran, 1945; Fl&oacute;rez y otros, 2007; Arango, 1991, 1993; Duby y otros, 2000)<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>. En los entornos cristianos en general, y en los cat&oacute;licos en particular, los valores morales y religiosos refuerzan la idea de que la mujer debe ser casta, mandato que responde  simult&aacute;neamente a la finalidad socialmente deseable de garantizar la legitimidad de la progenie, en torno a la cual se articulan buena parte de las actividades e intereses de la comunidad. Pero a m&aacute;s de casta, la mujer debe ser fecunda. Se entiende que la realizaci&oacute;n fundamental de la mujer en ese tipo de comunidad depende directamente de cumplir con la tarea de traer al mundo hijos leg&iacute;timos: luego, su objetivo esencial es, en primer t&eacute;rmino, casarse y, en segundo lugar, dar a luz y conservar una gran cantidad de hijos sanos que mantengan y prolonguen en el tiempo a la familia y su patrimonio (Guti&eacute;rrez, 1977; Londo&ntilde;o, 2003).</p>      <p>Por supuesto, esta finalidad responde en especial a las necesidades de las familias adineradas o terratenientes, que son las que efectivamente requieren seguridad sobre la legitimidad de los herederos. En el caso de los despose&iacute;dos o de los peque&ntilde;os propietarios, el proceso es un poco diferente. No obstante, la regla moral y social, menos r&iacute;gida en el caso de las clases bajas, sigue siendo la misma: el hijo leg&iacute;timo.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el caso de los peque&ntilde;os productores, la variable hijos remite particularmente al tema de la cantidad y la salud de los mismos, puesto que la familia se comporta como la empresa de base y los hijos constituyen la mano de obra indispensable para los procesos productivos (Guti&eacute;rrez, 1997; Muller, 2004). En particular, por supuesto, los hijos varones. Las hijas mujeres resultan, en muchos de los casos, m&aacute;s una carga que una ayuda. Normalmente, en los entornos agrarios, pocas mujeres suplen las necesidades de cuidado de las casas o las fincas y muchas de las hijas solteras solo pueden colaborar con una parte limitada de las tareas agr&iacute;colas. La producci&oacute;n de las ni&ntilde;as y mujeres genera cuidados y bienes complementarios, de bajo nivel de ganancia (bienes de uso y no de cambio) y, a diferencia de los varones, deben ser continuamente protegidas, tanto de sufrir da&ntilde;o como del riesgo de "perder su virtud" (Londo&ntilde;o, 2003). Existe, adem&aacute;s, el riesgo de que nunca se casen y de que, en consecuencia, no lleguen a independizarse del tronco de la familia de origen, convirti&eacute;ndose en el largo plazo en una carga econ&oacute;mica para los hermanos o hermanas casadas. En suma, la progenie femenina no parece especialmente rentable dentro de las estructuras econ&oacute;micas de algunas sociedades tradicionales.</p>      <p>En el caso de los grandes propietarios y terratenientes, las hijas mujeres, aunque efectivamente deben ser cuidadosamente protegidas, implican gastos por requerimientos del proceso matrimonial (el ajuar y la ceremonia) y no pueden preservar el apellido ni asumir plenamente la herencia familiar; cumplen en cambio la tarea de permitir, a trav&eacute;s de alianzas matrimoniales, uniones entre grandes familias de propietarios y, en consecuencia, muy valiosas y rentables asociaciones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas (Restrepo, 1981, 1991). Luego, si bien las hijas mujeres no suplen, tampoco en el caso de las familias ricas, la necesidad del hijo var&oacute;n, s&iacute; cumplen con una funci&oacute;n significativa dentro de los procesos del grupo familiar y en pro de la satisfacci&oacute;n de sus necesidades e intereses. De hecho, la gran mayor&iacute;a de los matrimonios de las clases altas de la &eacute;poca tienden a ser arreglados y de conveniencia; mientras que entre las clases bajas se presenta mayor flexibilidad, puesto que las uniones no implican alianzas de medios de producci&oacute;n o de capitales.</p>      <p>En suma, dentro del sistema, las mujeres son necesarias para la reproducci&oacute;n leg&iacute;tima del grupo social y de sus mecanismos econ&oacute;micos de base. Son m&aacute;s &uacute;tiles en las clases altas y, aunque son indispensables en el cumplimiento de tareas de cuidado de las clases bajas, y para la reproducci&oacute;n de la mano de obra asalariada o jornalera, en los estratos inferiores del entramado social tradicional, una gran cantidad de hijas mujeres resultan claramente una carga econ&oacute;mica que promete escasas o nulas ganancias.</p>      <p>Finalmente, es necesario mencionar una particularidad antioque&ntilde;a que no coincide con las caracter&iacute;sticas de las sociedades tradicionales expuestas por Muller. El autor se&ntilde;ala la escasa movilidad social como una de las caracter&iacute;sticas de los &oacute;rdenes territoriales. En el complejo cultural de "la monta&ntilde;a", por el contrario, existe la posibilidad de crecer y de ganar posiciones sociales a trav&eacute;s del desarrollo econ&oacute;mico de las familias y, especialmente, cuando tal crecimiento redunda en bienestar para la regi&oacute;n.</p>      <blockquote>     <p>La din&aacute;mica de ascenso con el &eacute;nfasis en el status adquirido impulsado a trav&eacute;s de la realizaci&oacute;n econ&oacute;mica, ofrece &aacute;giles posibilidades de movilidad vertical a los individuos de baja ubicaci&oacute;n social. El apoyo religioso para estos logros se hace evidente, por la bendici&oacute;n divina a cualquier actividad productiva y a la conducta cultural ajustada, por lo cual el hombre de este complejo no es v&iacute;ctima del sistema, sino actor de su propia y personal valoraci&oacute;n social, a trav&eacute;s de su acci&oacute;n fecunda en el campo de la creaci&oacute;n y merced a su moldeamiento y ajuste en el comportamiento esperado. (Guti&eacute;rrez, 1997, p. 399)</p> </blockquote>      <p>As&iacute;, aunque es claro que la afirmaci&oacute;n de los sujetos no puede darse por fuera de su comunidad o del respaldo a su familia (de origen o adquirida en virtud del v&iacute;nculo matrimonial), s&iacute; es posible la movilidad social, en particular, por medio de la actividad econ&oacute;mica. Este ser&aacute; un elemento esencial para el an&aacute;lisis de las solteronas obreras, quienes quedan inscritas dentro del orden social como puentes de crecimiento para sus n&uacute;cleos familiares de base y quienes, por tanto, podr&aacute;n alterar las exigencias esenciales para las mujeres al reemplazar con la labor productiva, la tarea reproductiva que les estaba originalmente asignada por el entramado de su cultura (Arango, 1991).</p>      <p>Hasta el momento, se ha visto que el papel econ&oacute;mico y social de las mujeres, en ese tiempo y sistema cultural, se remite a las tareas reproductivas. La solterona es, por lo mismo, una fracasada, en quien se concentran todo tipo de reproches por parte de la sociedad y quien, a su vez, tiende a desarrollar caracter&iacute;sticas chocantes para el grupo, tales como el excesivo misticismo, la tendencia al chisme mal intencionado, la celosa vigilancia del comportamiento moral de los miembros de la comunidad, etc&eacute;tera. (Guti&eacute;rrez, 1997, p. 428).</p>      <p>La religi&oacute;n juega un papel fundamental en el proceso, al reforzar las normas morales de control de la "virtud" y, por lo mismo, impidiendo cualquier tipo de acceso a una vida sexual o afectiva para la mujer soltera. Una violaci&oacute;n de estos preceptos implica "caer en desgracia" y deja un estrecho margen de maniobra que conduce, en la mayor&iacute;a de los casos, hacia la prostituci&oacute;n. Luego, la vigilancia de la comunidad no permite una mujer soltera independiente, productiva, sexualmente realizada y socialmente respetable. En caso de no llegar al matrimonio, solo est&aacute;n las opciones del convento, el burdel o quedarse bajo la tutela de algunos de sus familiares, como una especie de ni&ntilde;a prolongada, sin autonom&iacute;a, sin derecho a decidir o a emprender proyecto alguno:</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La capacitaci&oacute;n para un futuro matrimonial no implica en esta cultura, una preparaci&oacute;n para afrontar la vida desde el punto de vista econ&oacute;mico. Para casarse no se necesita ser profesional (posiblemente se opone), ni mujer creadora de riqueza; posiblemente se opone tambi&eacute;n esta versi&oacute;n a su plenitud, por lo cual, ni el medio ambiente, ni la educaci&oacute;n hacen de la mujer soltera un ser econ&oacute;micamente activo. Tampoco goza de suficiente libertad para establecerse como c&eacute;lula independiente de los grupos familiares, de manera que su comportamiento siempre es objeto de celosa vigilancia, ya que una mayor&iacute;a de edad jam&aacute;s le es concedida. (Guti&eacute;rrez, 1997, p. 429)</p> </blockquote>      <p>As&iacute;, es claro que, en una familia con muchas hijas y con escasos recursos, la expectativa a futuro no podr&iacute;a ser otra que la de "casar bien" a sus hijas o prepararse para tener en casa a muchas solteronas, que representar&iacute;an en el largo plazo una carga econ&oacute;mica y social.</p>      <p>Es justamente por esta raz&oacute;n por la que resulta interesante el objeto que se desea estudiar: en esas condiciones del ambiente, bajo esa presi&oacute;n, con esa fuerza coercitiva en contra de la solter&iacute;a femenina, se encuentra a una generaci&oacute;n de mujeres que se quedaron solteras para poder permanecer como obreras activas de una f&aacute;brica de textiles de Medell&iacute;n. Sometidas a un tipo espec&iacute;fico de h&aacute;bitus que impone a la maternidad y al matrimonio como fines &uacute;ltimos, se desviaron de las metas tradicionales y entraron en un nuevo proceso de afirmaci&oacute;n en campos nacientes del sistema social (Bourdieu, 1990).    <br> Estas mujeres vivieron un tr&aacute;nsito que llev&oacute; la solter&iacute;a, de carga y fracaso, a oportunidad.</p>      <p>A continuaci&oacute;n, se presentan los or&iacute;genes de la industria textil de la regi&oacute;n, se ubica el caso de Fabricato, se presentan las condiciones de ingreso y permanencia de las trabajadoras y se describe el hecho que nos interesa, a saber, la aparici&oacute;n de las solteronas obreras.</p>      <p><font size="3"><b>Fabricato y paternalismo</b></font></p>      <p>La historia del proceso de industrializaci&oacute;n antioque&ntilde;o, en general, y del nacimiento de las industrias textiles, en particular, constituye un relato complejo, lleno de altibajos, de intentos y fracasos, de acuerdos y de rupturas (Poveda, 1976, 1991; Botero, 1985). Antes de contar con las condiciones de infraestructura b&aacute;sicas del naciente orden urbano y de su conectividad con el resto del pa&iacute;s, las empresas tendieron a hundirse, incluso antes de abrir sus puertas.</p>      <p>Se requiri&oacute; de una larga lista de tareas de preparaci&oacute;n, en su mayor&iacute;a llevadas a cabo por las familias centrales del sistema y con inversi&oacute;n propia, para consolidar el &eacute;xito de las casas textiles de Medell&iacute;n: La fundaci&oacute;n de casas de cambio (e, incluso, la expedici&oacute;n de moneda); la urbanizaci&oacute;n de grandes terrenos, con la consecuente ampliaci&oacute;n del casco urbano; la construcci&oacute;n o desarrollo de los servicios p&uacute;blicos; la puesta en marcha del tren de Antioquia con sus diferentes conexiones; las iniciales incursiones en la aviaci&oacute;n comercial; por no mencionar la consolidaci&oacute;n de grupos pol&iacute;ticos que defendieran los intereses regionales ante el gobierno central y la superaci&oacute;n de los traumas recibidos por la zona durante varios ciclos de guerras civiles a lo largo del siglo xix y de los primeros a&ntilde;os del siglo xx (Restrepo, 1991).</p>      <p>Por tanto, la aparici&oacute;n y el fortalecimiento de la industria textil paisa no son fruto del azar, sino la consecuente retribuci&oacute;n al esp&iacute;ritu emprendedor de sus &eacute;lites y a la forma en la que supieron aprovechar las circunstancias del entorno nacional e internacional (Reyes y otros, 2005, p. 30). Este hecho permite destacar, de una parte, la importancia fundamental de la infraestructura urbana para el &eacute;xito del proceso (tanto como la clara conciencia que de ello ten&iacute;an los promotores del mismo) y, de otra, la condici&oacute;n completamente monop&oacute;lica de las poderosas y s&oacute;lidas familias de la regi&oacute;n en la totalidad del cumplimiento de las condiciones y, por lo mismo, en la preparaci&oacute;n y desarrollo de la actividad industrial en su conjunto. El primer punto permite identificar con claridad el momento de tr&aacute;nsito entre un orden de sociedad tradicional, territorial, y el acceso a mecanismos de acci&oacute;n propios de sociedades modernas sectoriales. El segundo punto explicar&aacute; una parte de las formas de reclutamiento del personal obrero, pero, ante todo, y lo que m&aacute;s importa a este estudio, la decisi&oacute;n radical de las f&aacute;bricas, en general, y de Fabricato, en particular, de defender la familia como n&uacute;cleo fundamental de la estructura social.</p>      <p>Antes de la aparici&oacute;n de Fabricato, ya exist&iacute;an en la regi&oacute;n empresas industrialmente organizadas, dedicadas a la producci&oacute;n textil, como la Compa&ntilde;&iacute;a de Tejidos de Bello (1902) o la Compa&ntilde;&iacute;a de Tejidos de Medell&iacute;n (1905), adquirida por Fabricato en 1939.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con la aparici&oacute;n de las primeras f&aacute;bricas organizadas, la industria textil se desarrolla en este departamento, principalmente en el valle de Aburr&aacute; (Echavarr&iacute;a, 1943; Ibiza, 1970; Breziner, 1978; Montenegro, 1982), donde se inicia el proyecto con la F&aacute;brica de Tejidos del Pa&iacute;s, en 1864. Dados los intereses de las &eacute;lites y su participaci&oacute;n en los &oacute;rdenes pol&iacute;ticos, el proceso se ve apoyado por instituciones p&uacute;blicas: "el Estado, para fomentar la empresa, m&aacute;s adelante mandaba impartir ense&ntilde;anza textil en la escuela de artes y oficios" (Ospina, 1990, p. 4). As&iacute;, con las condiciones urbanas nacientes, con el claro apoyo gubernamental y el decidido compromiso de las familias notables de la regi&oacute;n, el panorama de Antioquia era el m&aacute;s prometedor, en comparaci&oacute;n con el resto del pa&iacute;s, para el desarrollo de este tipo de industria, raz&oacute;n por la cual nacen y se consolidan empresas con notables niveles de organizaci&oacute;n y estabilidad dedicadas al trabajo textil (Poveda, 1976).</p>      <p>Fabricato, fundada por la familia Echavarr&iacute;a, abre sus puertas en 1923 y junto con Coltejer (de la Familia Restrepo) y Tejidos El C&oacute;ndor, constituye la punta de lanza de la industria textil antioque&ntilde;a y de los nacientes procesos de industrializaci&oacute;n colombiana en general. Pero m&aacute;s all&aacute; de su &eacute;xito empresarial, la raz&oacute;n por la que nos centramos en Fabricato es porque esta empresa, que sigui&oacute; claramente las tendencias de su entorno social, constituy&oacute; en su tiempo un caso paradigm&aacute;tico en cuanto se refiere al proceso de reclutamiento, manejo y control del personal obrero y de las mujeres obreras en particular.</p>      <p>Las pol&iacute;ticas de la f&aacute;brica durante sus primeras d&eacute;cadas de funcionamiento responden a una l&oacute;gica marcadamente paternalista en su relaci&oacute;n con los obreros (Arango, 1991; Ospina, 1979), l&oacute;gica que se ve alimentada y respaldada por la intervenci&oacute;n de la Iglesia Cat&oacute;lica (Londo&ntilde;o, 2004). Este tipo de comportamiento corresponde a la media de la regi&oacute;n, en donde Fabricato puede ser considerado como un ejemplo representativo (en algunos aspectos modelo) del tipo de relaci&oacute;n que tienden a establecer los empresarios antioque&ntilde;os de las primeras f&aacute;bricas textiles con su personal.</p>      <blockquote>     <p>Las pol&iacute;ticas de gesti&oacute;n de la mano de obra desarrolladas por Fabricato durante sus primeros veinte a&ntilde;os constituyen un caso t&iacute;pico, por no decir extremo, del paternalismo industrial implementado por los grandes patronos antioque&ntilde;os en esos a&ntilde;os. (Arango, 1991, p. 41)</p> </blockquote>      <p>Y m&aacute;s adelante:</p>      <blockquote>     <p>En este sistema, el patr&oacute;n juega un papel importante, asimilando rasgos de autoridad que pertenecen al padre de familia y que poseen un respaldo religioso. Jorge Echavarr&iacute;a, Administrador de Fabricato durante la d&eacute;cada del treinta es el prototipo del patr&oacute;n paternalista que mantiene una relaci&oacute;n directa con sus obreros y empleados, los conoce individualmente, est&aacute; enterado de sus historias familiares e interviene en ellas sin ser solicitado. Simult&aacute;neamente, es un patr&oacute;n exigente con el trabajo, presente con frecuencia en los salones de producci&oacute;n, conocedor del funcionamiento de cada m&aacute;quina y exigente. Su autoridad, como la del padre de familia, posee un respaldo religioso y expresa una voluntad totalitaria de controlarlo todo. (Arango, 1991, p. 42)</p> </blockquote>      <p>En las dos primeras d&eacute;cadas de su historia, Fabricato contrata preferencialmente personal femenino, constituido en la mayor&iacute;a de los casos por las hijas de campesinos, artesanos y arrieros de la regi&oacute;n. De esta manera, busca aprovechar el trabajo femenino rural excedente, ya que tal entorno solo ofrece empleos mal remunerados o temporales (Reyes y otros, 2005, p. 32). Para la f&aacute;brica, la inclusi&oacute;n de mujeres representa m&uacute;ltiples tipos de ventaja. De un lado, por el hecho de que tradicionalmente los quehaceres textiles y de confecci&oacute;n eran realizados por mujeres, raz&oacute;n por la cual pod&iacute;a contarse con un h&aacute;bitus de base que facilitaba los procesos de aprendizaje y el buen desempe&ntilde;o de las obreras (G&oacute;mez y otros, 1974). De otro lado, cab&iacute;a esperar mayor docilidad por parte de ni&ntilde;as formadas para la obediencia que de varones criados para la competencia, pero, sobre todo, la diferencia en las condiciones salariales entre hombres y mujeres representaban una significativa ganancia para la empresa en t&eacute;rminos de plusval&iacute;a. En efecto, "en 1923 el salario promedio masculino era de &#36;1,06 y el femenino era de &#36;0,61" (Reyes y otros, 2005, p. 44). De all&iacute; que para la &eacute;poca el personal femenino representara el 73% de los trabajadores fabriles de Medell&iacute;n.</p>      <p>El proceso de inclusi&oacute;n de las ni&ntilde;as en el campo industrial sigue el camino de relaciones interpersonales directas o indirectas con el patr&oacute;n o con la familia propietaria de la f&aacute;brica. En efecto, dado que las &eacute;lites de la regi&oacute;n ten&iacute;an una gran cantidad de inversiones y dirig&iacute;an procesos de producci&oacute;n, tanto en la miner&iacute;a como en el agro, conoc&iacute;an directamente a buena parte de las familias campesinas y recib&iacute;an a sus hijas por recomendaci&oacute;n personal de padres o familiares. Este procedimiento representaba una ventaja tanto para las familias campesinas como para el empleador. En tanto que se trataba de una relaci&oacute;n personal, la familia pod&iacute;a presentar al patr&oacute;n una ni&ntilde;a "d&oacute;cil", "decente", "juiciosa" y cualquier falta de la empleada repercutir&iacute;a forzosamente en la relaci&oacute;n de la familia del agro con el rico y poderoso patr&oacute;n de la ciudad, raz&oacute;n por la cual el control social sobre el comportamiento de la joven deviene una necesidad com&uacute;n.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para la familia, pese a los riesgos que implicaba la ciudad para sus hijas (Reyes y otros, 2005, p. 34), la f&aacute;brica, y la vigilancia o control por parte del patr&oacute;n, representan una garant&iacute;a de protecci&oacute;n para las ni&ntilde;as, en especial en lo que respecta a su virtud y, en consecuencia, al riesgo de quedar embarazadas o caer en la prostituci&oacute;n.</p>      <p>En Fabricato, los quehaceres se dividen por sexo con el fin de evitar un frecuente y masivo contacto entre obreros y obreras. Existe incluso una trabajadora, llamada "vigilanta" (Arango, 1991), cuya funci&oacute;n primaria consiste en controlar continuamente los talleres, tanto para evitar p&eacute;rdidas de tiempo o errores en el procedimiento, como para cuidar el comportamiento moral. Luego, pese a algunos intentos de acercamiento por parte de jefes de secci&oacute;n, en general, la f&aacute;brica ofrece las mejores condiciones de cuidado de la virtud de las empleadas, lo que representa seguridad para sus familias de origen.</p>      <p>Un segundo sistema para reclutar personal es el que recurre a la recomendaci&oacute;n directa del cura p&aacute;rroco. La Iglesia juega un papel fundamental en todos los procesos sociales de la regi&oacute;n y el cura constituye una garant&iacute;a suficiente, tanto para el patr&oacute;n con respecto a las calidades personales de la aplicante, como para los padres de la obrera, a prop&oacute;sito de la idoneidad moral del patr&oacute;n. Los riesgos que corre la familia son: la p&eacute;rdida de la virtud de la joven, la explotaci&oacute;n, el mal pago o el trato injusto. El riesgo que corre el patr&oacute;n, m&aacute;s que la falta de competencia de la trabajadora, radica en su potencial falta de docilidad, de honestidad y, especialmente, en el peligro de la infiltraci&oacute;n de g&eacute;rmenes sindicalistas, con tendencias hacia el socialismo o el comunismo (Pecaut, 1970; Gonz&aacute;lez, 1975).</p>      <blockquote>     <p>&#91;...&#93; los dirigentes de Fabricato se adhieren a las teor&iacute;as socialcristianas e intentan preservar a sus trabajadoras de las influencias comunistas. Buscar&aacute;n entonces "educarlas", convertirlas en obreras d&oacute;ciles y eficientes, recurriendo a los m&eacute;todos que se hab&iacute;an usado en Europa y Am&eacute;rica en la educaci&oacute;n femenina: la rigidez moral, el trabajo dom&eacute;stico, el rezo obligatorio en conventos e internados. (Arango, 1993, p. 10)</p> </blockquote>      <p>Bajo esta l&oacute;gica, en 1933, Jorge Echavarr&iacute;a plantea la idea de un internado para obreras en Fabricato, conocido como el "Patronato" (Arango, 1991; Mayor, 1979; Londo&ntilde;o, 2003)<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>. Esta instituci&oacute;n se encontraba bajo la tutor&iacute;a de las Hermanas de la Presentaci&oacute;n y cumpl&iacute;a m&uacute;ltiples funciones: de una parte, ofrec&iacute;a protecci&oacute;n moral, alojamiento decente y alimentaci&oacute;n a precios bajos, con lo que se facilitaba el ahorro de las obreras, y, de otra parte, garantizaba al patr&oacute;n la formaci&oacute;n de empleadas sumisas, moralmente rectas y ajenas a cualquier tipo de influencia socialista o comunista: "all&iacute; se ejerc&iacute;a un control absoluto sobre el tiempo libre de las trabajadoras a trav&eacute;s de: misa en las ma&ntilde;anas, rezo del Rosario. Las obreras pasaban directamente del Patronato a la f&aacute;brica y de la f&aacute;brica al Patronato" (Arango, 1993, p. 11).</p>      <p>Pero el Patronato no fue m&aacute;s que una de las pol&iacute;ticas paternalistas de Fabricato. Crecientemente, la empresa ofreci&oacute; soluciones para los distintos problemas de sus trabajadores, otorgando pr&eacute;stamos a discreci&oacute;n para medicinas y atenci&oacute;n m&eacute;dica o reconociendo medio jornal a los obreros que se ausentaban por enfermedad comprobada. En 1934, se inaugur&oacute; un pabell&oacute;n en el hospital San Vicente de Pa&uacute;l de Medell&iacute;n, destinado a atender el personal de Fabricato. Se cre&oacute; una caja de ahorros para promover entre las obreras el cuidado de sus ingresos, se formaron clubes de actividades recreativas, se incluy&oacute; a las j&oacute;venes en fraternidades religiosas, etc&eacute;tera.</p>      <p>Ante los riesgos que implicaba un alto nivel de movilidad del personal, en particular a prop&oacute;sito de posibles infiltraciones de ideas comunistas, y observando la relaci&oacute;n de tal movilidad con las condiciones de infraestructura, en 1944, se plantea una pol&iacute;tica de vivienda y se funda la Cooperativa de Habitaciones de Fabricato, encargada de otorgar pr&eacute;stamos para adquirir casa propia. Esta pol&iacute;tica favoreci&oacute; la integraci&oacute;n y la estabilidad, ya que, por un lado, se estimulaba a los trabajadores (puesto que el derecho a pr&eacute;stamos o viviendas depend&iacute;a de hojas de vida impecables) y, por otro, se les compromet&iacute;a a largo plazo con la empresa. "Pr&aacute;cticamente todas las trabajadoras ingresadas antes de 1944 obtuvieron una vivienda propia luego de 5 o m&aacute;s a&ntilde;os de vinculaci&oacute;n, pag&aacute;ndola durante 10 o 15 a&ntilde;os m&aacute;s" (Arango, 1993, p. 13).</p>      <p>Esta pr&aacute;ctica de oferta de vivienda, cuando menos en forma de lotes de construcci&oacute;n, ya se hab&iacute;a iniciado en la regi&oacute;n:</p>      <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La F&aacute;brica de Tejidos de Bello da trabajo a ochocientos obreros. Muy cerca de ella y en calles amplias y planas puede usted adquirir un lote para su casita. Este lote lo pagar&aacute; usted con cuotas de 50 centavos, su hijita de doce a&ntilde;os trabajando en la f&aacute;brica puede pagarlo. En la F&aacute;brica de Tejidos de Bello encuentra Ud. un solarcito en el barrio Andaluc&iacute;a, que podr&aacute; pagarlo con el jornal de una sola de sus ni&ntilde;as. " Espectador, 1923. (Reyes y otros, 2005, p. 46)</p> </blockquote>      <p>Fabricato no ofrece lotes, sino casas ya terminadas, con servicios p&uacute;blicos, en barrios colindantes a la F&aacute;brica o con f&aacute;cil acceso. Para las familias campesinas, el hacerse a una casa propia en la ciudad representaba la posibilidad real de inserci&oacute;n en el mundo moderno y el instrumento por excelencia para cambiar las condiciones de vida y las expectativas de futuros posibles para todos sus miembros. Para las familias de arrieros o jornaleros, implicaba, incluso, el acceso a patrimonio. Y ese salto cualitativo para el grupo pod&iacute;a efectivamente darse gracias al quehacer de las hijas j&oacute;venes, de las potenciales solteronas.</p>      <p>La contrapartida consist&iacute;a en que, para tener derecho a la adjudicaci&oacute;n de la casa o de un pr&eacute;stamo de vivienda, se requer&iacute;a de un determinado tiempo de permanencia y de una historia laboral sin tacha (Arango, 1991). Las casas se ofrec&iacute;an como premios a la buena conducta y es claro que solo ser&iacute;an otorgadas a obreras con varios a&ntilde;os de experiencia. Una vez concedidos, la casa o el pr&eacute;stamo, la obrera quedaba obligada a permanecer en la empresa y a mantener una conducta impecable. La pol&iacute;tica de vivienda, de una parte, completaba el campo de acci&oacute;n y protecci&oacute;n de la empresa con respecto a la vida de sus trabajadores y, de otra, fidelizaba a las obreras al forzar su permanencia en la f&aacute;brica por largos periodos, tanto para ganar el derecho a la vivienda como para conservarlo o para pagar el cr&eacute;dito correspondiente.</p>      <p>Aunque en muchos casos ingresaban a la empresa alrededor de los 15 a&ntilde;os de edad, en las primeras generaciones, una gran mayor&iacute;a de las trabajadoras lleg&oacute; hasta la edad de jubilaci&oacute;n en la misma empresa. Esto muestra un proceso exitoso de reclutamiento de personal en el largo plazo.</p>      <p>Pero, en este punto, es necesario introducir un adendo determinante: desde la fundaci&oacute;n del Patronato, Fabricato impuso como condici&oacute;n para la incorporaci&oacute;n de personal femenino el no contratar a mujeres casadas (Arango, 1991, p. 48). Ahora bien, es claro que tampoco pod&iacute;an admitirse mujeres de dudosa conducta moral. De hecho, el reglamento permit&iacute;a excluir a las obreras que quedaran embarazadas, que decidieran casarse o, incluso, a aquellas cuyo comportamiento moral denotase cierta laxitud en cuanto al tema sexual se refiere.</p>      <p>Luego, si quer&iacute;an permanecer en la empresa, recibir la oportunidad de acceder a los prestamos de vivienda y contar con el salario que las constitu&iacute;a como aportantes de su grupo familiar, las obreras no se pod&iacute;an casar, no pod&iacute;an quedar en embarazo, no pod&iacute;an tener amante o relaci&oacute;n alguna que implicase actividad sexual socialmente reconocida. En suma, para conservar su puesto, las obreras de Fabricato ten&iacute;an que permanecer hasta su jubilaci&oacute;n como "hijas de familia", esto es, como solteronas.</p>      <p>Y con esto hemos llegado al punto: ocurri&oacute; en la Medell&iacute;n de comienzos de siglo un fen&oacute;meno por el cu&aacute;l un cierto grupo de mujeres, pese al estigma social que representaba la condici&oacute;n de solterona, se mantuvieron solteras y aceptaron ese limitante papel, en nombre del bienestar de sus familias de origen, a causa de la pol&iacute;tica de la empresa de no contratar a mujeres casadas. Estas son propiamente las "solteronas obreras".</p>      <p><font size="3"><b>Producci&oacute;n vs. reproducci&oacute;n</b></font></p>      <p>&iquest;Porqu&eacute; un orden social como el de la Medell&iacute;n de comienzos de siglo emprende esta transformaci&oacute;n y por qu&eacute; utiliza este extra&ntilde;o mecanismo de aproximaci&oacute;n a una nueva estructura?</p>      <p>Bourdieu (1990) afirma que los campos de acci&oacute;n detonan procesos de cambio, tanto de los sistemas sociales como de los h&aacute;bitus de los individuos. En este caso, el campo de acci&oacute;n que se abre es claro e identificable: se trata de la f&aacute;brica, de la producci&oacute;n industrial y, en general, del nacimiento de un orden sectorial. Resulta evidente que el sistema empieza por acoger en su seno a la mano de obra excedente de la estructura anterior, lo que reduce los riesgos en caso de fracaso. La f&aacute;brica opera casi exclusivamente con mujeres de estratos bajos, con pocas posibilidades de afirmaci&oacute;n social y con un perfil productivo del m&aacute;s bajo nivel.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El h&aacute;bitus tradicional permite que estas trabajadoras sean sumisas, f&aacute;cilmente moldeables y proclives al tipo de oficio y disciplina que de ellas se requiere. Para las familias de origen, el enganche de sus hijas permite aligerar la carga de manutenci&oacute;n y promete, con bajos niveles de riesgo, alg&uacute;n ingreso complementario. Este es el punto de partida.</p>      <p>De otra parte, las condiciones econ&oacute;micas de la regi&oacute;n exigen la diversificaci&oacute;n de la inversi&oacute;n y, dado el hecho de que una parte de los capitales antioque&ntilde;os se han forjado a trav&eacute;s de actividades de comercio y de que los textiles representan uno de los m&aacute;s fuertes renglones de importaci&oacute;n, ante la necesidad de sustituir importaciones (en particular durante la Gran Depresi&oacute;n o la Segunda Guerra Mundial), la industria textil surge como una tarea de supervivencia de la econom&iacute;a regional.</p>      <p>Simult&aacute;neamente, se habla de un orden social tradicional, anclado en el territorio, con tendencias a la autosuficiencia y cohesionado en torno a las familias como n&uacute;cleos fundamentales de articulaci&oacute;n de los procesos sociales. No es posible prescindir de las familias. Ellas ordenan los relevos pol&iacute;ticos, la propiedad, la producci&oacute;n, la distribuci&oacute;n, la ense&ntilde;anza, el cuidado de los individuos vulnerables, la alimentaci&oacute;n, el vestido. Y el centro regulador de muchas de estas tareas es, sin lugar a dudas, la madre. Ella garantiza la legitimidad de la progenie; se ocupa del cuidado, el alimento, el vestido; forma a los hijos en los valores cristianos, en la moralidad, el orden y el respeto.</p>      <p>Por tanto, se entiende que los empresarios antioque&ntilde;os, nacidos en familias poderosas y organizados en torno a sus relaciones familiares, defiendan esta instituci&oacute;n como base del sistema social. Esa es expresamente la justificaci&oacute;n para no aceptar a mujeres casadas. La f&aacute;brica no podr&iacute;a hacerse responsable por los riesgos y dificultades que traer&iacute;a a las familias el hecho de que la madre no pudiese estar presente en el hogar. Una esposa debe estar en su casa, con su marido y sus hijos. Ese es el que se considera como el orden natural de las cosas (Arango, 1991).</p>      <p>Y m&aacute;s all&aacute; de las convicciones culturales, en efecto, tanto el Estado como las organizaciones privadas de la &eacute;poca carecen de instituciones de reemplazo de las funciones maternas. Luego, al abrirse el campo de acci&oacute;n de la producci&oacute;n industrial, indispensable para la regi&oacute;n, la l&oacute;gica del sistema conduce no solo a buscar al personal femenino entre las mujeres solteras, sino adem&aacute;s a imponer la solter&iacute;a como condici&oacute;n de permanencia en el sistema productivo.</p>      <p>Para las familias de las obreras, lo que nace siendo una estrategia pasajera que promete cierto tipo de ventaja secundaria se convierte, por obra de la empresa providencia y de la posibilidad de acceder a la casa propia, en un instrumento fundamental de ascenso social. Hay que recordar que la regi&oacute;n obedece en casi todos los puntos a lo que Pierre Muller se&ntilde;ala como caracter&iacute;sticas b&aacute;sicas de los sistemas territoriales, excepto en la posibilidad de cierta movilidad social, gracias a la capacidad de producci&oacute;n econ&oacute;mica. En consecuencia, la ni&ntilde;a soltera, que promet&iacute;a ser un peso muerto, se convierte, por acci&oacute;n de la relaci&oacute;n de salariaje en la estructura patronal antioque&ntilde;a, en un puente de ascenso para la familia de origen. Ella sirve de soporte y garant&iacute;a estable para la promoci&oacute;n de los restantes hermanos al aportar bienes y patrimonio que dan acceso a todos a mayores niveles de educaci&oacute;n, a empleos en la industria o los servicios y a un creciente poder de acci&oacute;n dentro del sistema.</p>      <p>El urbano es un espacio de empleo y salario mil veces m&aacute;s rico y variado que el rural. En consecuencia, llegar a la ciudad e instalarse en ella con algunas condiciones de estabilidad representa para las familias campesinas un avance indiscutible en su calidad de vida.</p>      <p>Con esto, se tienen en parte los m&oacute;viles b&aacute;sicos de los empresarios para imponer una forma de acci&oacute;n con respecto al personal y los m&oacute;viles de las familias de origen. Pero, &iquest;cu&aacute;les podr&iacute;an ser los m&oacute;viles de las mujeres que se plegan a estas condiciones y que terminan aceptando un papel tradicionalmente marginal dentro del sistema inicial?</p>      <p>Algunas lecturas podr&iacute;an suponer que se trataba de mujeres que no deseaban el matrimonio, que abogaban por un cambio en los roles de g&eacute;nero, que quer&iacute;an mayor independencia de la que las mujeres sol&iacute;an tener en su entorno. Pero esa explicaci&oacute;n es absolutamente inapropiada para dar cuenta de los hechos. &iquest;Podr&iacute;a una mujer "liberada" tolerar las condiciones de restricci&oacute;n del Patronato de obreras? &iquest;Se puede considerar como probable el que bajo un orden social que desprecia a la solterona, un grupo de mujeres, por encima de todos los condicionamientos sociales, se opongan al matrimonio? Claramente, esta no es una explicaci&oacute;n satisfactoria. Vale recordar que los individuos son libres de hacer lo que quieran, pero no de querer lo que quieran.</p>      <p>Por tanto, regresamos sobre nuestros pasos para recuperar los elementos b&aacute;sicos de las sociedades territoriales: las respuestas antedichas parten de un supuesto falso, a saber, la posibilidad de afirmaci&oacute;n de los individuos por fuera de sus n&uacute;cleos familiares y del orden regional en su conjunto. En el mundo territorial, no hay individuos en tanto que tales, o cuando menos, no de la forma en la que en nuestros d&iacute;as hablamos de los individuos. Las mujeres (y los hombres) que pertenecen a esas sociedades no pueden obtener realizaci&oacute;n alguna por fuera del grupo. Parte de los matrimonios se realizaban como instrumento de alianza entre familias. No se trataba, tampoco en ese caso, de la autoafirmaci&oacute;n de la voluntad de las personas, de sus preferencias o deseos. Se trataba clara y expresamente de los intereses y compromisos del n&uacute;cleo familiar.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por supuesto, dada la importancia de "la madre", el deseo social se inclinaba a la maternidad y el matrimonio; pero cuando el grupo encuentra una nueva forma de juego en las arenas de afirmaci&oacute;n social, conduce a sus miembros a la realizaci&oacute;n de sus prop&oacute;sitos. La cultura crea justificaciones, respaldos, soportes, para los casos de estas solteronas. La familia las empuja a su estado y ellas lo aceptan, en muchos casos de buen grado, puesto que, tanto en la condici&oacute;n de casadas como en la de solteras, su finalidad es la de cumplir con una labor que consolide y enriquezca a su familia, a su regi&oacute;n, a su pueblo.</p>      <p>Las solteronas obreras, lejos de ser mujeres liberadas, se acoplan al modelo de ni&ntilde;as d&oacute;ciles, juiciosas, responsables, piadosas, que encuentran en la f&aacute;brica una forma de vida y que se quedan en ella para aportar a los suyos todo cuanto en sus manos est&eacute;. La primera incursi&oacute;n de las mujeres en el sistema industrial no obedece a una l&oacute;gica de revoluci&oacute;n y de b&uacute;squeda de independencia. Todo lo contrario, es el resultado de una clara sumisi&oacute;n y de un compromiso total con un proyecto com&uacute;n.</p>      <p>Desde una &oacute;ptica contempor&aacute;nea, centrada en &oacute;rdenes sectoriales y que parte del punto de vista de los individuos, este parece un sacrificio intolerable y casi una violaci&oacute;n a los derechos humanos de las obreras por parte de sus respectivas familias e, incluso, de la f&aacute;brica. Pero esa es una deformaci&oacute;n de la lectura: para estas mujeres, la f&aacute;brica es un buen padre que les ofrece una oportunidad de convertirse en un verdadero apoyo para su familia y en un actor principal de la misma, dejando atr&aacute;s la condici&oacute;n de peso in&uacute;til. Es un patr&oacute;n generoso que se ocupa de sus necesidades y al que le deben respeto, lealtad y obediencia.</p>      <p>La condicionalidad de permanecer solteras no les resulta extra&ntilde;a porque tambi&eacute;n ellas son cat&oacute;licas, hijas de Mar&iacute;a, y entienden la importancia de que la madre permanezca en el hogar y de que las mujeres que se hallen fuera del matrimonio sean castas y puras. La familia tradicional es la base de su mundo y no es de sorprenderse que muchas de ellas est&eacute;n a favor de las medidas que protegen a la instituci&oacute;n familiar.</p>      <p>Bourdieu se&ntilde;alaba claramente que la eficiencia de los procesos sociales proviene del hecho de que las estructuras externas devienen sistemas de concepci&oacute;n del mundo y, en consecuencia, la coherencia entre la percepci&oacute;n de los individuos y los &oacute;rdenes sociales legitima, conduce y estructura el orden del grupo y de su devenir. Eso es exactamente lo que se puede observar en este caso.</p>      <p>La madre es el ancla del orden territorial porque ella mantiene y ordena las l&oacute;gicas horizontales y engendra la autosuficiencia del grupo. La madre aporta los bienes de uso y el cuidado, con lo cual reduce el juego de intercambios de servicios y mantiene las condiciones de funcionamiento b&aacute;sico del sistema.</p>      <p>Un nuevo r&eacute;gimen requiere instituciones de reemplazo para la madre y, en el orden naciente, esas instituciones no existen o no se han desarrollado suficientemente. Luego, las pol&iacute;ticas patronales hacen la transici&oacute;n de una a otra estructura a trav&eacute;s de la acci&oacute;n de mujeres, cuyo aporte de contrapartida a los beneficios patronales es el de que no sean madres. En los albores del cambio hacia el mundo sectorial, la producci&oacute;n excluye a la reproducci&oacute;n y los individuos que hacen parte del proceso lo aceptan y consideran de ese modo.</p>      <p>Existe, entonces, un fen&oacute;meno que se sit&uacute;a exactamente en las bisagras de la aparici&oacute;n de los individuos, en general, y de la consolidaci&oacute;n de las mujeres, en particular, como agentes independientes al interior del sistema. Las solteronas obreras de Fabricato no parten de m&oacute;viles que por s&iacute; mismos impongan una ruptura a la tradicional forma de pensar la condici&oacute;n femenina: de hecho, la aceptan y la refuerzan. Pero, por el devenir de la historia, se sabe con certeza que este tipo de comportamiento y forma de actividad condujo a modelos de acci&oacute;n y relaci&oacute;n dentro de los cuales se hizo posible otro mecanismo de afirmaci&oacute;n del orden social y de sus miembros. El an&aacute;lisis de Luz Gabriela Arango muestra que solo las primeras generaciones de las obreras de Fabricato sigui&oacute; el modelo de las "hijas de familia" y que, en las generaciones posteriores fue cambiando tanto el proceder de la empresa como la tendencia de sumisi&oacute;n de las obreras. El personal femenino pasa de notables niveles de fidelidad y permanencia en la instituci&oacute;n a la volatilidad. La gran mayor&iacute;a de las obreras de otras generaciones dejan de lado a sus familias de origen, pasan a otros empleos u otros sectores de la producci&oacute;n, forman sus propias familias y migran hacia nuevos quehaceres.</p>      <p>Las exigencias de productividad y competencia alteran las pol&iacute;ticas de contrataci&oacute;n; los mandatos gubernamentales obligan a la adopci&oacute;n de la carga de la licencia de maternidad y a la aceptaci&oacute;n de personal femenino casado; la educaci&oacute;n se masifica y las instituciones de reemplazo de la madre se consolidan en todos los &oacute;rdenes. Pero, fundamentalmente, se reconvierte la visi&oacute;n social y se considera que la afirmaci&oacute;n de los individuos en tanto que tales, por suma de factores, conduce (o debe conducir) al bienestar de los grupos. Casarse o dejar de casarse por el bien de la familia ya no es una consideraci&oacute;n de base respaldada por el "sentido com&uacute;n". No solo es posible sino que es deseable forjar un proyecto de vida de afirmaci&oacute;n personal en el que la regi&oacute;n, el grupo de respaldo, la familia, juegan un papel complementario (no central) para la articulaci&oacute;n de los procesos y para el establecimiento de las metas.</p>      <p>Si en el pasado la posibilidad de la realizaci&oacute;n personal depend&iacute;a casi exclusivamente del papel que se jugara dentro del grupo y de la sociedad territorial, en el nuevo orden, la familia misma deviene parte del proyecto personal. El individuo se establece como el centro, la base, el soporte de todo el sistema. La competencia entre sectores y entre sujetos mantiene los niveles de productividad y permite el crecimiento de la estructura. Por eso, es posible, deseable, admisible afirmar la voluntad y los intereses particulares. Es leg&iacute;timo elegir por s&iacute; y para s&iacute;. Y eso no era posible en el pasado.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se ha llegado, entonces, a dos puntos fundamentales: de una parte, la consolidaci&oacute;n de lo que propiamente y en nuestros tiempos y &oacute;rdenes (marcadamente sectoriales) se llama individuos. De otra parte, aparece el que constituy&oacute; el primer gran obst&aacute;culo en el tr&aacute;nsito femenino del orden territorial al moderno, que es el papel de la madre. Y en el encuentro de estos fen&oacute;menos, quien se&ntilde;al&oacute; el camino fue el personaje de referencia: la solterona obrera.</p>      <p>Ella no aparece inicialmente como individuo. No se afirma en su diferencia, ni opone su voluntad personal a la de la comunidad o la cultura. Ella se somete al sistema del territorio, afirma sobre s&iacute; y en contra de los proyectos sociales de autorrealizaci&oacute;n su propio fracaso, para impulsar a los otros, para sostener a los suyos. En contraprestaci&oacute;n, sale de la oscuridad y del rechazo para convertirse en reconocido pilar del bienestar econ&oacute;mico de su familia.</p>      <p>Es claro, desde una lectura retrospectiva, que la acci&oacute;n de esta obrera abre espacios de acci&oacute;n para las mujeres del futuro; que establece la posibilidad de autonom&iacute;a econ&oacute;mica y, con ella, la inclusi&oacute;n femenina en diversos niveles del espacio p&uacute;blico, tanto como su capacidad real de decisi&oacute;n sobre los distintos aspectos de su vida en tanto que entidad separada del n&uacute;cleo territorial. Da paso a la consolidaci&oacute;n de la acci&oacute;n de mujeres como individuos, pero ella misma no lo es. Presionada por el sistema, obedece a las exigencias de su tiempo y sirve de puente para un proceso de transformaci&oacute;n que no es suyo, sino de su orden cultural.</p>      <p>Pero, de otro lado, la solterona obrera puede operar este cambio y encontrarse en el tr&aacute;nsito hacia nuevas concepciones de los roles de g&eacute;nero, justamente porque se halla fuera del rol principal de articulaci&oacute;n del sistema territorial, esto es, porque no es madre. Su solter&iacute;a y el cuidado de su virtud son las condiciones que le permiten participar en el juego de lucha, son los capitales que la afirman en un campo de acci&oacute;n nuevo y riesgoso. Ser soltera era en su tiempo y circunstancia una limitaci&oacute;n fundamental. Era un defecto que la condenaba a mantenerse al margen del sistema. Pero justamente esa solter&iacute;a, esa condici&oacute;n de "no madre" es la que la posiciona en el campo de la producci&oacute;n industrial.</p>      <p>El sistema sectorial, que tiende hacia los medios urbanos y que requiere de sus condiciones para crecer, al iniciar su paso desde un orden tradicional, se ve obligado a servirse del peso muerto del sistema anterior. La mujer entra, entonces, masivamente en el mundo productivo, con un l&iacute;mite primario: no puede poner en peligro el orden tradicional hasta que las fuerzas institucionales no tengan la capacidad de proveer el reemplazo de las funciones que ella cumpl&iacute;a en el entramado de soporte. Nadie puede reemplazar a la madre, no hay sistemas jur&iacute;dicos fuertes para garantizar la herencia cuando hay dudas sobre la base del linaje; no hay centros asistenciales que cubran las necesidades primarias de cuidado; no hay mecanismos de regulaci&oacute;n y control de la natalidad; no hay suficientes centros educativos para acoger a la poblaci&oacute;n infantil, etc&eacute;tera. Luego, en tanto no se produzcan las condiciones que permitir&iacute;an incluir en los renglones productivos a las madres de familia, el sistema acoge a las mujeres que no cumplen con esas tareas, a las parias de la estructura tradicional, a las solteronas.</p>      <p>Se ha llegado al t&eacute;rmino de este recorrido y se observa un fen&oacute;meno particular que ocurri&oacute; en Colombia, en la Medell&iacute;n de comienzos de siglo y en el nacimiento del mundo moderno para la sociedad colombiana. Se ha considerado la forma en la cual los &oacute;rdenes sociales, al abrirse a nuevos campos de acci&oacute;n y de afirmaci&oacute;n social, conducen a los sujetos hacia decisiones, omisiones, preferencias, estrategias y relaciones espec&iacute;ficas. Se ha analizado el modo como una estructura que requiere de un proceso de adaptaci&oacute;n asume el cambio corriendo los menores riesgos posibles para su base organizativa y, finalmente, se ha examinado el papel del cambio de roles de g&eacute;nero dentro de la transformaci&oacute;n de los sistemas territoriales en sistemas sectoriales.</p>      <p>Las solteronas obreras de Fabricato fueron la excusa para identificar algunos elementos claves de este giro. Ellas mostraron la importancia de las condiciones urbanas para el acceso a sistemas sectoriales, la complejidad de las maniobras del sistema social para involucrar a los individuos en la realizaci&oacute;n de proyectos de cambio estructural y dieron pistas sobre la condici&oacute;n de la maternidad como uno de los asuntos claves de los que depende la posibilidad de alterar el orden de sociedades tradicionales.</p>      <p>Agradezcamos, entonces, a estas mujeres del pasado por la luz que brindaron y que brindan al esfuerzo por comprender nuestro presente y por iluminar o decidir nuestro futuro.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>      <p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Sobra aclarar que esta "solterona" no es en nada semejante a la contempor&aacute;nea "soltera". La solter&iacute;a es, en nuestros d&iacute;as y en diversas latitudes, una elecci&oacute;n individual leg&iacute;tima (en algunos casos, rentable a nivel profesional) y no sufre de casi ninguna de las restricciones del pasado (Newland, 1982; Ramos y otros, 2002; Duby y otros, 2000).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>V&eacute;ase el concepto de "hecho social" de &Eacute;mile Durkheim. (1998).    <br> <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Con respecto a estas pioneras del feminismo, se encuentra una rica y densa bibliograf&iacute;a de la m&aacute;s diversa orientaci&oacute;n, que va desde la historia del sindicalismo, hasta las rese&ntilde;as de exposiciones de arte, o los estudios sobre el voto femenino en Colombia (Torres, 1972, 1980; Zuleta, 1988; Uribe, 1994; Taborda, 1985; &Aacute;ngel, 2005; Gonz&aacute;lez y otros, 1986; Pel&aacute;ez, 2002; Vel&aacute;zquez y otros, 1995).    <br> <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>V&eacute;anse los an&aacute;lisis de Emile Durkheim sobre la solidaridad Mec&aacute;nica (Durkheim, 1993).    <br> <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Este tipo de cuidado de la "virtud" resulta particularmente pertinente para los &oacute;rdenes sociales que dependen del linaje por v&iacute;a paterna. En los casos en los que la herencia no sigue el orden del linaje, o este es matrilineal, el cuidado sobre el comportamiento sexual de la mujer tiende a ser m&aacute;s flexible.    <br> <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>En este punto, se presenta una diferencia entre los datos que aporta Luz Gabriela Arango, quien fija la creaci&oacute;n del Patronato en 1933, y Ana Catalina Reyes, Patricia Londo&ntilde;o Vega y A. C. Payne, quienes lo sit&uacute;an en 1912.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>      <!-- ref --><p>Abran, H. (1945). <i>Educaci&oacute;n de la pureza y preparaci&oacute;n de las j&oacute;venes al matrimonio. </i>Biblioteca "Amor y Moral" No. 12. Buenos Aires, Editorial Difusi&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0122-4409201000020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&Aacute;ngel S&aacute;nchez, R. (2005). "La flor del trabajo" Bogot&aacute;. <i>Revista Credencial Historia. </i>189.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0122-4409201000020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Arango, L. G. (1991). <i>Mujer, religi&oacute;n e industria. Fabricato 1923-1982. </i>Medell&iacute;n, Editorial Universidad de Antioquia. Universidad Externado de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0122-4409201000020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Arango, L. G. (1993). <i>Mujeres obreras, familia y pol&iacute;ticas empresariales. </i>Bogot&aacute;, Universidad de los Andes, Facultad de Administraci&oacute;n de Empresas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0122-4409201000020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Botero Herrera, F. (1985). <i>La industrializaci&oacute;n en Antioquia, g&eacute;nesis y consolidaci&oacute;n 1900-1930 </i>Medell&iacute;n, Universidad de Antioquia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0122-4409201000020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bourdieu, P. (1975). <i>El oficio del soci&oacute;logo: presupuestos epistemol&oacute;gicos</i>. M&eacute;xico, Ed. Siglo Veintiuno.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0122-4409201000020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bourdieu, P. y Lo&iuml;c W. (1992). <i>R&eacute;ponses. Pour une anthropologie r&eacute;flexive</i>. Paris, Le Seuil.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0122-4409201000020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bourdieu, P. (1990). <i>Sociolog&iacute;a y cultura. </i>M&eacute;xico D.F., Grijalbo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0122-4409201000020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Breziner, A. (1978). <i>Un estudio del sector textil colombiano</i>. Bogot&aacute;, Universidad de los Andes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0122-4409201000020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Duby, G. y Michelle P. (dir.) (2000). <i>Historia de las mujeres</i>. Vol. 5 <i>El siglo xx</i>. Madrid, Taurus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0122-4409201000020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Durkheim, E. (1993). <i>Escritos selectos. Introducci&oacute;n y selecci&oacute;n de Anthony Giddens</i>. &#91;Trad. Ricardo Figueroa&#93;. Buenos Aires, Nueva Visi&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0122-4409201000020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Durkheim, E. (1998). <i>Las reglas del m&eacute;todo sociol&oacute;gico y otros escritos sobre la filosof&iacute;a </i><i>de las ciencias sociales</i>. Madrid, Alianza editorial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0122-4409201000020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Echavarr&iacute;a, E. (1943). <i>Historia de los textiles en Antioquia</i>. Medell&iacute;n, Editorial Bedout.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0122-4409201000020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fl&oacute;rez, C. y Romero, O. L. (2007). "La demograf&iacute;a de Colombia en el siglo xix". En  <i>Documentos y Seminarios del Banco de la Rep&uacute;blica. </i>Bogot&aacute;, Universidad de los Andes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0122-4409201000020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Goldberg, S. (1976). <i>La inevitabilidad del patriarcado</i>. Madrid, Alianza Editorial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0122-4409201000020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>G&oacute;mez de Jaramillo, C. (dir.) (2001). <i>Breve historia de Antioquia. </i>Medell&iacute;n, Fundaci&oacute;n Rat&oacute;n de Biblioteca. Editorial Universidad de Antioquia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0122-4409201000020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>G&oacute;mez, &Aacute;.; Saldarriaga, H. y Vel&aacute;squez, J. (1974). <i>Estudio sobre el trabajo de la mujer en Fabricato</i>. Bello, Fabricato (Comit&eacute; del trabajo de la Mujer, Gerencia de Relaciones Industriales).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0122-4409201000020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez, B.; Londo&ntilde;o, S. y Ruiz D. (1986). <i>D&eacute;bora Arango</i>, <i>Museo de Arte Moderno de Medell&iacute;n</i>. Bogot&aacute;, Villegas Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0122-4409201000020000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez, F. (1975). <i>Pasado y presente del sindicalismo colombiano. </i>Bogot&aacute;, Controversia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0122-4409201000020000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez de Pineda, V. (1975). <i>Estructura, funci&oacute;n y cambio de la familia en Colombia. </i>Bogot&aacute;, Asociaci&oacute;n Colombiana de Facultades de Medicina. Divisi&oacute;n de Medicina Social y Poblaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0122-4409201000020000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez de Pineda, V. (1977). <i>"Status de la mujer en la familia"</i>. En Le&oacute;n de Leal, M. (dir.). <i>La mujer y el desarrollo en Colombia. </i>Bogot&aacute;, Asociaci&oacute;n Colombiana para el Estudio de la Poblaci&oacute;n (Acep). 317-394.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0122-4409201000020000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez de Pineda, V. (1986). "Trabajo femenino y familia". <i>Museo del Oro</i>. N&uacute;mero 16. 31.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0122-4409201000020000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez de Pineda, V. (1997). <i>Familia y cultura en Colombia</i>. Medell&iacute;n, Ministerio de Cultura. Editorial Universidad de Antioquia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0122-4409201000020000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ibiza de Restrepo, G. (1970). <i>Factores de la localizaci&oacute;n industrial en Antioquia</i>. Medell&iacute;n, Universidad de Antioquia (Centro de investigaciones econ&oacute;micas).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0122-4409201000020000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Laverde Toscano, M. C. (1986). "Una pintora proscrita". En <i>As&iacute; hablan los artistas</i>. Bogot&aacute;, Universidad Central. 35-54.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0122-4409201000020000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Londo&ntilde;o Vega, P. (2003). "La vida de las antioque&ntilde;as, 1890-1940. Activas, audaces y obstinadas". Bogot&aacute;, <i>Revista Credencial Historia</i>. Biblioteca Virtual del Banco de la Rep&uacute;blica. 163.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0122-4409201000020000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Londo&ntilde;o Vega, P. (2004). <i>Religi&oacute;n, cultura y sociedad en Colombia</i>. <i>Medell&iacute;n y Antioquia, 1850-1930.</i> Bogot&aacute;, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0122-4409201000020000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lorite Mena, J. (1987). <i>"El orden femenino". Origen de un simulacro cultural</i>. Barcelona, Coll: Autores, Textos y Temas. Antropolog&iacute;a. Editorial Anthropos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0122-4409201000020000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Luna, G. L. (2004). <i>El Sujeto sufragista, feminismo y feminidad en Colombia 19301952. </i>Cali, Ediciones La Manzana de la Discordia. Centro de estudios de G&eacute;nero, Mujer y Sociedad. Universidad del Valle.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0122-4409201000020000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mayor Mora, A. (1979). "El control del tiempo libre de la clase obrera de Antioquia en la d&eacute;cada de 1930". Bogot&aacute;, <i>Revista colombiana de Sociolog&iacute;a. </i>Vol. 1. No. 1. 35-59.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0122-4409201000020000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Montenegro, S. (1982). "Breve historia de las principales empresas textileras: 1900 1945". En Universidad Nacional de Colombia, Seccional de Medell&iacute;n. Medell&iacute;n, <i>Revista de extensi&oacute;n cultural</i>. No. 12. 50-65.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0122-4409201000020000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Muller, P. (2004) <i>Les Politiques publiques</i>. Paris, Presses Universitaires de France.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0122-4409201000020000300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Newland, K. (1982). <i>La mujer en el mundo moderno</i>. Madrid, Alianza Universidad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0122-4409201000020000300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ospina V&aacute;squez, L. (1979). <i>Industria y protecci&oacute;n en Colombia, 1910-1930</i>. Medell&iacute;n, FAES.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0122-4409201000020000300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ospina, E. L. (1990). <i>Los hilos perfectos 1920-1990. Cr&oacute;nicas de Fabricato en sus 70 a&ntilde;os. </i>Medell&iacute;n, Editorial Colina Ltda.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0122-4409201000020000300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Payne, A. C. (1986). "Crecimiento y cambio social en Medell&iacute;n, 1900-1930". Medell&iacute;n, Estudios Sociales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0122-4409201000020000300036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Pecaut, D. (1970). "Entrepreneurs, syndicalisme et pouvoir politique local, le cas de Medellin". <i>Recherche Cooperative</i>. No. 147. Cahier No. 1. Paris. Institut des Hautes Etudes de l'Amerique Latine.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0122-4409201000020000300037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Pel&aacute;ez Mej&iacute;a, M. M. y Rodas Rojas, L. S. (2002). <i>La Pol&iacute;tica de g</i>&eacute;nero en el Estado <i>colombiano: un camino de conquistas sociales. </i>Medell&iacute;n, Editorial Universidad de Antioquia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0122-4409201000020000300038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Poveda Ramos, G. (1976). <i>Pol&iacute;ticas econ&oacute;micas y desarrollo industrial y tecnol&oacute;gico en Colombia, 1925-1975.</i> Bogot&aacute;, Colciencias.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0122-4409201000020000300039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Poveda Ramos, G. (1991). "Industrializaci&oacute;n y econom&iacute;a. 1880-1950". En Melo, J. O. (dir.). <i>Historia de Antioquia</i>. Medell&iacute;n, Suramericana de Seguros.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0122-4409201000020000300040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ramos, M. D. y Vera, M. T. (coord.) (2002). <i>Discursos, realidades, utop&iacute;as, la construcci&oacute;n del sujeto femenino en los siglos  xix y xx</i>. Barcelona, Colecci&oacute;n Cultura y Diferencia. Ed. Anthropos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0122-4409201000020000300041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Restrepo Uribe, J. (1981) <i>Medell&iacute;n, su origen, progreso y desarrollo. </i>Medell&iacute;n, Servigr&aacute;ficas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0122-4409201000020000300042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Restrepo Yusti, M. (1981) "Comerciantes y banqueros: el origen de la industria antioque&ntilde;a". <i>Bolet&iacute;n Cultural y Bibliogr&aacute;fico No. 17</i>. Bogot&aacute;, Biblioteca Luis &Aacute;ngel Arango-Banco de la Rep&uacute;blica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0122-4409201000020000300043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Restrepo Yusti, M. (1991). "La historia de la industria antioque&ntilde;a, 1880-1950". En Melo, J. (dir.). <i>Historia de Antioquia</i>. 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(1988). <i>Mar&iacute;a Cano y su &eacute;poca</i>. Medell&iacute;n, Escuela Nacional Sindical e ISMAC.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0122-4409201000020000300052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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