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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper analyzes the main citizen safety strategies implemented in the United States, France, Great Britain and Latin America pointing out the choice made by their governments for repressive measures, social intervention or behavioral control. Based on the contemporary filmography on the subject, this paper shows the strategies and results and their effects on the society.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>La pel&iacute;cula de la seguridad: lecciones internacionales<sup>*</sup></b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>The Citizen Security Movie: Lessons from Abroad</b></font></p>      <p align="center"><i>Juan Carlos Ruiz Vasquez<sup>**</sup></i></p>     <p><sup>*</sup>Art&iacute;culo de reflexi&oacute;n sobre diferentes estrategias de seguridad implementadas por algunos pa&iacute;ses.     <br><sup>**</sup>Profesor Asociado de las Facultades de Ciencia Pol&iacute;tica y Gobierno y de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario de Bogot&aacute;, Colombia. Correo electr&oacute;nico:  <a target=_blank href="mailto:juancarlosruizvasquez@gmail.com">juancarlosruizvasquez@gmail.com</a>.</p>     <p>Recibido: 02/05/11, Aprobado evaluador interno: 24/07/11, Aprobado evaluador externo: 03/09/11</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>     <p>Este art&iacute;culo hace un an&aacute;lisis de las principales estrategias de seguridad ciudadana implementadas en Estados Unidos, Francia, Gran Breta&ntilde;a y Am&eacute;rica Latina, se&ntilde;alando el &eacute;nfasis diferente que sus gobiernos le han dado a medidas represivas, intervenciones sociales y control de comportamientos ciudadanos. Con base en la filmograf&iacute;a m&aacute;s reciente sobre el tema, se presenta un recorrido del tenor de estas estrategias y sus resultados y efectos en la sociedad.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> Seguridad ciudadana, polic&iacute;a, estrategias de seguridad, criminalidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave descriptor:</b> Seguridad ciudadana, criminolog&iacute;a, polic&iacute;a, conducta social.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>     <p>This paper analyzes the main citizen safety strategies implemented in the United States, France, Great Britain and Latin America pointing out the choice made by their governments for repressive measures, social intervention or behavioral control. Based on the contemporary filmography on the subject, this paper shows the strategies and results and their effects on the society.</p>     <p><b>Key Words:</b> Citizen Security, Police, Policing, Crime.</p>     <p><b>Keywords plus:</b> Citizen security, Crime and criminals, Police, Social behavior.</p> <hr>     <p>Aunque en los a&ntilde;os setenta el debate de la seguridad ciudadana giraba entre modelos preventivos y reactivos, este se fue diluyendo en el tiempo al punto de que hoy en d&iacute;a hasta las aproximaciones juzgadas m&aacute;s radicales, como la estrategia de &quot;tolerancia cero&quot;, pueden ser consideradas preventivas a su manera. Por ejemplo, la seguridad ciudadana en Estados Unidos, basada sobre la premisa de las &quot;ventanas rotas&quot;, busca restablecer el control de los ciudadanos sobre sus vecindarios, impidiendo que se vean amenazados por incivilidades y desordenes que lanzan el mensaje inequ&iacute;voco de que ese sector est&aacute; desprovisto de controles y, por lo tanto, es un lugar propicio para delinquir en impunidad (Sousa y Kelling, 2006). La participaci&oacute;n directa de los ciudadanos en las estrategias de seguridad y vigilancia <i>(community policing, </i>modelo Chicago) o la eliminaci&oacute;n del comportamiento antisocial que puede degenerar en actos delictivos mayores y que da&ntilde;an el tejido social y la convivencia permiten generar defensas que disuaden al posible infractor (Skogan y Hartnett, 1999; Donzelot y Wyvekens, 2002). Si esta prevenci&oacute;n disuasiva en Estados Unidos parte del principio de que el delincuente ya existe y se deben desaminar sus acciones instaurando controles que eviten el desorden, el modelo europeo supone que, desde su mismo nacimiento, el individuo debe ser integrado socialmente para que no se convierta a la postre en delincuente. Por ello, se buscan establecer pol&iacute;ticas sociales de gran envergadura que modifiquen las condiciones estructurales que causan la delincuencia. (Ruiz V&aacute;squez, 2004). En Am&eacute;rica Latina, se ha preferido seguir una estrategia de controles y visibilidad policiales ante la falta de los recursos que exigen las estrategias adoptadas en Estados Unidos y Europa. Los controles de armas e identidad, el cierre de establecimientos y la divisi&oacute;n del territorio en cuadrantes para intensificar el patrullajes no son una novedad en las estrategias de seguridad, pero son adoptadas y remozadas en esta regi&oacute;n.</p>     <p>Este art&iacute;culo hace un an&aacute;lisis de las principales estrategias de seguridad ciudadana implementadas en Estados Unidos, Francia, Gran Breta&ntilde;a y Am&eacute;rica Latina, se&ntilde;alando el &eacute;nfasis diferente que sus gobiernos le han dado a medidas represivas, intervenciones sociales y control de comportamientos ciudadanos. A continuaci&oacute;n, se discuten estos perfiles diferentes de la seguridad ciudadana, utilizando el mundo del cine, que ha dado cuenta de manera v&iacute;vida del actuar policial y el rol de los ciudadanos.</p>     <p><font size="3"><b><i>El teniente corrupto: </i>orden e incivilidades en Estados Unidos</b></font></p>     <p>Una de las ideas m&aacute;s publicitadas y revolucionarias en temas de seguridad ciudadana en Estados Unidos, la mal llamada Teor&iacute;a de la Ventanas Rotas, surgi&oacute; de la constataci&oacute;n que hicieran sus autores Wilson y Kelling (1982), cuando acompa&ntilde;aban a la polic&iacute;a de Newark en sus patrullajes. Estos dos autores observaron que cada polic&iacute;a se apersonaba de su sector manteniendo la sensaci&oacute;n de orden, interpelando a las personas ajenas al barrio, expulsando a los indeseables y haciendo las veces de jueces <i>ad-hoc </i>en casos de altercados y diferencias entre vecinos. Wilson y Kelling no descubrieron la rueda. La pel&iacute;cula <i>The Bad Lieutenant </i>(1992) reflejaba una historia ya conocida de la labor de un polic&iacute;a quien, aunque corrupto y drogadicto, lograba imponer un sentido de orden en su territorio, claro, con excesos en algunos casos y, en otros, por simple omisi&oacute;n. La discrecionalidad de los polic&iacute;as para decidir ha sido un tema recurrente en la criminolog&iacute;a moderna. Parad&oacute;jicamente, incluso un polic&iacute;a corrupto puede ser un buen polic&iacute;a, seg&uacute;n las situaciones y las horas del d&iacute;a.</p>     <p>Los polic&iacute;as deben proscribir cualquier comportamiento que rompa con el tejido social, detectar lo que amenaza el sector y establecer all&iacute; su propio sentido de justicia. La idea de las ventanas rotas de Wilson y Kelling, seg&uacute;n la cual el desorden crea sentimientos de inseguridad que, a su vez, permiten el relajamiento de los controles de un sector invitando a los criminales a actuar a sus anchas, revolucion&oacute; las estrategias de seguridad ciudadana en Estados Unidos. Ventanas rotas ha sido v&iacute;ctima de tergiversaciones y simplificaciones. Algunos creen que se trata de una pol&iacute;tica de renovaci&oacute;n urbana que impactar&iacute;a en la seguridad. Piensan que, si se embellecen los barrios, la criminalidad debe disminuir. Otros van m&aacute;s all&aacute; cuando piensan que es una manera de que los ladronzuelos de hoy no lleguen a ser alg&uacute;n d&iacute;a grandes criminales siguiendo el adagio &quot;el que roba un huevo, roba un buey&quot; (Weizburd y Braga, 2006).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La imagen que utilizaron Wilson y Kelling de la ventana rota no ten&iacute;a ninguna sofisticaci&oacute;n te&oacute;rica. Incluso, la idea apareci&oacute; en un art&iacute;culo muy simple en 1982 en donde se intentaba ilustrar que una ventana rota lanzaba el mensaje inequ&iacute;voco de que ese lugar estaba desprovisto de controles y, por ende, era el lugar propicio para que all&iacute; aflorara el crimen. Poco ten&iacute;a que ver, entonces, con renovaci&oacute;n urbana o gran bandidaje. Los autores, de manera interesante, revirtieron la ecuaci&oacute;n seg&uacute;n la cual a mayor criminalidad mayores sentimientos de inseguridad y propusieron, en contrapartida, que al haber mayores sentimientos de inseguridad entre los habitantes de un barrio, estos tienden a replegarse y esconderse, los controles sociales se evaporan y los delincuentes ven all&iacute; el lugar donde pueden delinquir en completa impunidad (Monjardet, 2003).</p>     <p>La idea de la ventana rota sirvi&oacute; para definir dos grandes programas de seguridad ciudadana. El primero, la tolerancia cero del alcalde Giuliani en Nueva York (Ocqueteau, 2003); el segundo, el modelo de polic&iacute;a comunitario de la ciudad de Chicago (Skogan, 1997). Giuliani retom&oacute; la idea inicial de Wilson y Kelling, se&ntilde;alando que se deb&iacute;a combatir sin reato las incivilidades, ya que generaban una sensaci&oacute;n de desorden que, a la postre, era propicio para la criminalidad. En Nueva York, fueron compelidos grafiteros, indigentes, v&aacute;ndalos y vendedores ambulantes para mejorar los entornos. A decir de las estad&iacute;sticas, Nueva York fue un verdadero milagro con un descenso del orden del 60% en los principales cr&iacute;menes. Los detractores de la estrategia de tolerancia cero han se&ntilde;alado que esta disminuci&oacute;n inici&oacute; un a&ntilde;o antes de que se implementara. Se&ntilde;alan que el descenso puede atribuirse al aumento importante del presupuesto y el pie de fuerza en la era Giuliani, as&iacute; como haber recibido una polic&iacute;a m&aacute;s saneada tras los esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n de los a&ntilde;os setenta y ochenta, que llevaron a la comisi&oacute;n Knapp a proponer reformas y depuraci&oacute;n (Newburn, 1999).</p>     <p>En Chicago, se acogi&oacute; la teor&iacute;a de las ventanas rotas de manera diferente. El tejido social pod&iacute;a preservarse como barrera de control ante la criminalidad, estableciendo una alianza entre polic&iacute;a y comunidad e invitando a los vecinos a tomar en sus propias manos labores de vigilancia y control. El modelo de polic&iacute;a Chicago logr&oacute; generar niveles de confianza hacia la instituci&oacute;n con base en reuniones peri&oacute;dicas con ciudadanos donde se discut&iacute;an los problemas de seguridad que aquejaban al sector y las medidas emprendidas para solucionarlos. Adicionalmente, los vecinos se organizaron para vigilar y denunciar acciones sospechosas (Skogan, 1997; Brogden y Nijhar, 2005).</p>     <p>Los modelos de seguridad ciudadana en Estados Unidos han sido prol&iacute;ficos y variados. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, se han bautizado y sucedido innumerables estrategias, a saber: el <i>law enforcement policing </i>(Skolnick, 1966), el <i>team policing </i>(Sherman, 1973), el <i>broken window policing </i>(Wilson y Kelling, 1982), el <i>community policing </i>(Haberfeld, 2002), el <i>problem oriented policing </i>(Golstein, 1979), el <i>led-in-telligence policing </i>(Tilley, 2008), el <i>hot spots policing </i>y el <i>pulling levellers policing </i>(Weizurd y Braga, 2006), entre muchos otros con nombres sugestivos, poco probados y nada conocidos por los encargados de la seguridad ciudadana en Am&eacute;rica Latina. Se conoce muy poco del impacto real de estos modelos a falta de evaluaciones cient&iacute;ficas. El hecho de que cada uno de ellos haya surgido como repuesta a las imperfecciones de otros modelos anteriores muestra bien que, en el tema de la seguridad ciudadana, es un campo complejo donde m&uacute;ltiples actores y variables se interrelacionan y sobreponen, dificultando que una sola perspectiva, como ventanas rotas, llegue a solucionar con contundencia problemas de delincuencia y violencia urbana que pueden deberse a problemas m&aacute;s estructurales (Brodeur, 2005).</p>     <p><font size="3"><b><i>El odio: </i>migraci&oacute;n, xenofobia y seguridad en Francia</b></font></p>     <p>El tema de seguridad en Francia ha tomado un giro diferente al asociarse migraci&oacute;n e inseguridad. Despu&eacute;s de a&ntilde;os de una aproximaci&oacute;n de tipo social, donde las agencias del Estado interven&iacute;an para mejorar la calidad de vida de j&oacute;venes despose&iacute;dos y as&iacute; evitar su incursi&oacute;n por el mundo criminal, la administraci&oacute;n Sarkozy ha endurecido su posici&oacute;n estableciendo duros controles sobre inmigrantes, a los que asocia con los problemas de desorden y criminalidad. Recordemos que Nicolas Sarkozy lleg&oacute; a la presidencia en parte porque prometi&oacute; mano dura contra j&oacute;venes de origen magreb&iacute; de tercera o cuarta generaci&oacute;n franceses, a los cuales apuntaba del dedo por ser los responsables de los desmanes en los suburbios de las grandes ciudades francesas.</p>     <p>La pel&iacute;cula laureada <i>El odio </i>(1995) hace una descripci&oacute;n cruda de los j&oacute;venes de estos suburbios que viven en un mundo de discriminaci&oacute;n, racismo y desempleo. En ella, se ven tres j&oacute;venes de los suburbios que deambulan por las calles de Paris toda la noche, ya que han perdido el &uacute;ltimo tren de cercan&iacute;as. Su odio a la polic&iacute;a, sus relaciones dif&iacute;ciles con los parisinos y la agresividad de su comportamiento se entienden como una reacci&oacute;n a una sociedad que nunca los acogi&oacute; y que, en un c&iacute;rculo vicioso sin fin, los lleva a agredir a esa sociedad que, a su vez, al sentirse violentada, genera mayores aprehensiones hacia ellos.</p>     <p>La realidad, nuevamente, ha superado la ficci&oacute;n. Recordemos que los padres o abuelos de estos j&oacute;venes llegaron en los a&ntilde;os sesenta o setenta a Francia huyendo del Norte de &Aacute;frica por sus condiciones sociales y pol&iacute;ticas. El fin del periodo colonial, en especial la independencia de Argelia, suscit&oacute; la llegada de nuevos inmigrantes a Francia. Fueron hacinados en las periferias de ciudades como Paris, Marsella, Lyon y Estrasburgo en grandes edificios de conjuntos familiares a los cuales llamaron &quot;las murallas chinas&quot;, donde conviv&iacute;an miles de familias. La sociedad francesa mal supo integrar estos nuevos llegados y, a&uacute;n peor, no adopt&oacute; a los hijos que nacer&iacute;an en suelo franc&eacute;s. La divisa &quot;Libertad, igualdad y fraternidad&quot; parece no haberse aplicado para estos j&oacute;venes que, hoy, son ciudadanos franceses de nacimiento. Las revueltas de octubre y noviembre de 2005, luego de que dos j&oacute;venes de la periferia murieran electrocutados cuando eran perseguidos por la polic&iacute;a, mostraron este conflicto que se hab&iacute;a gestado por d&eacute;cadas. Durante tres semanas, fueron incendiados coches, liceos, iglesias, sinagogas, almacenes y comisar&iacute;as. Siendo ministro del interior, Sarkozy fue propulsado al estrellato pol&iacute;tico cuando, al visitar la zona de la revuelta, prometi&oacute; &quot;limpiar la escoria&quot; ante los guijarros que le lanzaban desde los edificios de arquitectura estaliniana.</p>     <p>Como presidente ya en ejercicio, Sarkozy ha iniciado una pol&iacute;tica de expulsi&oacute;n de inmigrantes, comenzando por los gitanos rumanos. Esta medida represiva tiene una carga simb&oacute;lica importante en Europa, ya que fueron estos uno de los primeros blancos de exterminio del nazismo y trae a la memoria de los franceses los hechos luctuosos de la ocupaci&oacute;n alemana cuando miles de jud&iacute;os franceses cayeron en las llamadas <i>rafles </i>(redadas) a manos de la Gestapo, la Gendarmer&iacute;a francesa y el gobierno de Vichy en aquella &eacute;poca aciaga conocida como los &quot;a&ntilde;os negros&quot;. Igualmente, es dif&iacute;cil de entender para los detractores del presidente franc&eacute;s, por un lado, que un descendiente de h&uacute;ngaros como Sarkozy expulse inmigrantes y, del otro, que lo haga con nacionales de un pa&iacute;s que ingres&oacute; a la Uni&oacute;n Europea en 2008.</p>     <p>La pol&iacute;tica p&uacute;blica de seguridad ciudadana en Francia hab&iacute;a sido dictada por objetivos sociales diametralmente opuestos. En Europa, ha prevalecido un modelo preventivo en donde se involucran las entidades del Estado para proveer un nuevo marco de ayudas institucionales que eviten que un individuo mal integrado y asocial incurra en el delito.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con base en una cooperaci&oacute;n interagencial, la prevenci&oacute;n se ha entendido m&aacute;s como pol&iacute;ticas solidarias, dando oportunidades a los individuos para que no se conviertan en delincuentes. Dentro de este marco, el gobierno franc&eacute;s busc&oacute; proveer de apoyo a los j&oacute;venes con dos componentes. Primero, se instauraron los Contratos Locales de Seguridad (CLS), cuyo objetivo ha sido integrar a todas las agencias del Estado en torno a la seguridad para que todas se comprometan a aportar soluciones a problemas puntuales. Por ejemplo, la empresa de energ&iacute;a se compromete a mejorar la iluminaci&oacute;n de un parque, la justicia lo hace enjuiciando sin dilaciones, la educaci&oacute;n crea programas para mantener a los alumnos ocupados despu&eacute;s de la jornada escolar y el proveedor de vivienda interviene en barrios deteriorados con altos &iacute;ndices de hacinamiento. Con base en un diagn&oacute;stico levantado por una empresa consultora, el gobierno re&uacute;ne a las agencias concernidas y, despu&eacute;s de una discusi&oacute;n, se llega a un consenso de intervenci&oacute;n que se expresa en la firma de un acuerdo o contrato. Todos pueden aportar, desde el encargado del corte del c&eacute;sped hasta la polic&iacute;a, pasando por el procurador o los jueces (Monjardet, 1995).</p>     <p>El segundo componente de la estrategia tiene que ver con la adopci&oacute;n de la polic&iacute;a de proximidad, cuya finalidad es la utilizaci&oacute;n del patrullaje a pie para poner en contacto a los polic&iacute;as con la comunidad. El territorio es mejor recortado para que los polic&iacute;as encargados se responsabilicen de los resultados del sector asignado lo que llevan a cabo siendo polivalentes y buscando alianzas con las autoridades locales. La calidad del servicio se eval&uacute;a bajo una estrategia de Nueva Gesti&oacute;n P&uacute;blica, donde se introduce la jerga de la administraci&oacute;n privada con nociones como servicio al cliente (Dieu, 2005).</p>     <p>Ambas estrategias parecen haber tenido un &eacute;xito mitigado o, cuando menos, el presidente Sarkozy decidi&oacute; suprimir la polic&iacute;a de proximidad para reemplazarla un tiempo despu&eacute;s por las llamadas Unidades Territoriales de Barrio. Su idea de mano dura no se compadec&iacute;a con un estilo de polic&iacute;a juzgado suave e inconsistente con el pandillismo. La polic&iacute;a de proximidad se hab&iacute;a creado, precisamente, para mejorar la relaci&oacute;n entre j&oacute;venes de las llamadas <i>cit&eacute;s </i>y los polic&iacute;as. Pero hoy, como en el pasado, los j&oacute;venes odian a la polic&iacute;a porque se sienten irrespetados y acosados en los controles de identificaci&oacute;n. A su vez, los polic&iacute;as son agredidos f&iacute;sicamente y han estigmatizado a estos j&oacute;venes, a quienes ven como enemigos de la calle.</p>     <p><font size="3"><b><i>La naranja mec&aacute;nica: </i>el comportamiento antisocial en Gran Breta&ntilde;a</b></font></p>     <p>El gobierno de Tony Blair es un buen ejemplo de c&oacute;mo se busc&oacute; implementar estrategias de tolerancia cero con ayudas sociales de envergadura. Blair implant&oacute;, desde 1997, el <i>Antisocial Behaviour Order Act, </i>con el cual pretend&iacute;a encontrar una soluci&oacute;n a la violencia y delincuencia juvenil que hab&iacute;a tomado proporciones alarmantes desde los a&ntilde;os ochenta. En una macabra predicci&oacute;n, el cineasta Stanley Kubrick hab&iacute;a descrito, en su pel&iacute;cula cl&aacute;sica <i>La naranja mec&aacute;nica </i>(1971), las bandas de j&oacute;venes que ejerc&iacute;an violencia gratuita. La realidad pareci&oacute; superar la ficci&oacute;n cuando las c&aacute;maras instaladas en las calles y los autobuses en las principales ciudades brit&aacute;nicas mostraron asesinatos y palizas que propinaban bandas de j&oacute;venes a transe&uacute;ntes inocentes sin raz&oacute;n aparente ni intenci&oacute;n de robo. La violencia, como en la c&eacute;lebre pel&iacute;cula, se ejerc&iacute;a por placer a manos de j&oacute;venes mal integrados socialmente y sin oportunidades de estudio o empleo. Los videos, ampliamente difundidos por la televisi&oacute;n brit&aacute;nica, mostraban, por ejemplo, a una ni&ntilde;a de ocho a&ntilde;os con una pala vandalizando los veh&iacute;culos de todos los vecinos de la cuadra. Otro video mostraba a dos j&oacute;venes que eran apu&ntilde;alados a muerte cuando esperaban un bus en la madrugada sin que nunca hubiesen cruzado palabra o conocieran a sus agresores ni hubiesen tenido altercado previo. Tambi&eacute;n, en una estaci&oacute;n de metro, un joven padre de familia era pateado hasta morir por j&oacute;venes que pretend&iacute;an grabar la golpiza en sus tel&eacute;fonos celulares.</p>     <p>Por esta raz&oacute;n, el gobierno de Blair quiso limitar sin reato todos los actos antisociales. Por ello, una de sus primeras decisiones de gobierno fue instaurar el famoso ASBO (por su sigla en ingl&eacute;s) para sancionar con c&aacute;rcel todo tipo de actos violentos y vand&aacute;licos que rompieran el tejido social existente en una comunidad. Tras una primera boleta de advertencia, el infractor iba a parar a la c&aacute;rcel si reincid&iacute;a. Parad&oacute;jicamente, los j&oacute;venes desadaptados comenzaron a ser llamados los &quot;asbos&quot;, indeseados por vecinos de barrio y tenderos. Eran f&aacute;cilmente identificables por las capuchas de sus chaquetas que siempre llevaban puestas como una forma de inspirar temor y mantener el anonimato cuando comet&iacute;an sus fechor&iacute;as. Sin embargo, el fen&oacute;meno no pareci&oacute; apaciguarse con las decisiones de gobierno y la misma administraci&oacute;n Blair, en su &uacute;ltimo a&ntilde;o en el poder, decidi&oacute; lanzar unas medidas sociales encaminadas a proteger a los m&aacute;s vulnerables en su edad m&aacute;s temprana. Se anunciaron grandes ayudas financieras y acompa&ntilde;amiento a las madres solteras; mayor escolarizaci&oacute;n y calidad de la educaci&oacute;n para los hijos de familias monoparentales y apoyo sicol&oacute;gico a los m&aacute;s vulnerables para evitar que el tribalismo urbano los llevase a integrar bandas y pandillas.</p>     <p>Igualmente, los modelos preventivos de polic&iacute;a comunitaria que se iniciaron en el mundo a finales de los ochenta, comienzan a mostrar agotamiento, si no fracaso, a pesar de la ret&oacute;rica que a&uacute;n los rodea (Brogden y Nijhar, 2005). En Gran Breta&ntilde;a, la polic&iacute;a comunitaria se ha desmontado gradualmente y, en su reemplazo, se han reclutado los llamados <i>community support officers, </i>generalmente amas de casa de edad media que visten uniformes de polic&iacute;a con distintivos azules pero que no reciben formaci&oacute;n policial y no son consideradas polic&iacute;as de verdad. Las asociaciones de vecinos por la vigilancia <i>Neighbourhood Watch </i>se han diluido tras casi 25 a&ntilde;os de existencia. La apat&iacute;a de los vecinos y el c&uacute;mulo de trabajo de los polic&iacute;as han dado al traste con estos modelos preventivos. El modelo de polic&iacute;a comunitario ha sido importado por muchos pa&iacute;ses, pero, en general, las evaluaciones existentes se&ntilde;alan con reiteraci&oacute;n los mismos problemas: la poca credibilidad que tiene el modelo comunitario entre los altos mandos policiales, quienes temen perder poder ante la discrecionalidad de sus subordinados; la falta de aceptaci&oacute;n de otros polic&iacute;as de vigilancia que se juzgan &quot;duros&quot; frente a una modalidad que creen &quot;suave&quot;; la poca efectividad del modelo ante la alta criminalidad y el gran bandidaje; lo inocuo en t&eacute;rminos pr&aacute;cticos; la ret&oacute;rica que envuelve el proceso sin resultados tangibles y el poco cubrimiento del territorio y los barrios. Al igual que lo se&ntilde;ala Manning, no se sabe muy bien si esta polic&iacute;a comunitaria es una estrategia, un m&eacute;todo, un programa, una divisi&oacute;n, una t&aacute;ctica o una pol&iacute;tica (Manning, 2005; Fischer, 2001).</p>     <p><font size="3"><b><i>Tropa de &eacute;lite: </i>polic&iacute;as indolentes y polic&iacute;as comprometidos en Am&eacute;rica Latina</b></font></p>     <p>Ni la estrategia de tolerancia cero ni la aproximaci&oacute;n m&aacute;s social para prevenir la criminalidad son de f&aacute;cil aplicaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina, ya que requieren ingentes inyecciones de dinero. El programa de tolerancia cero del alcalde Giuliani en Nueva York necesit&oacute; la inversi&oacute;n de un millardo de d&oacute;lares y doblar el pie de fuerza policial, con lo que esto representaba en pago de salarios y pensiones. Esto sin contar la adopci&oacute;n del sistema de mapeo y evaluaci&oacute;n conocido como <i>Compstat, </i>que puede tener costos exorbitantes para muchas ciudades de Am&eacute;rica Latina que, por falta de presupuesto, no han podido ni siquiera implementar n&uacute;meros de emergencia como el 123 o 911 para reemplazar los caducos centros de despacho. Los Contratos Locales de Seguridad en Francia, los protocolos en Italia y los <i>partnership </i>en Inglaterra y Gales han significado la inversi&oacute;n cuantiosa en obras y programas de las entidades p&uacute;blicas firmantes.</p>     <p>Por ello, la aproximaci&oacute;n adoptada en Am&eacute;rica Latina se basa en lo que denominamos &quot;h&aacute;bitos saludables&quot; que no requiere de las inversiones ya mencionadas. Haciendo la analog&iacute;a con un paciente que sufre de obesidad, fuma, tiene colesterol y es sedentario, lo que aumenta sus probabilidades de sufrir un ataque cardiaco, as&iacute; una ciudad en donde se conjugan altos procesos de desocializaci&oacute;n, porte de armas, ingesta significativa de alcohol y resoluci&oacute;n violenta de las diferencias lleva a que los &iacute;ndices criminales se disparen. Si al paciente se le pide que controle su colesterol, deje de fumar, haga dieta y ejercicio, en esta misma analog&iacute;a, algunas ciudades de Am&eacute;rica Latina han adoptado programas preventivos que limitan ciertos comportamientos como el porte de armas, control en el expendio de alcohol, toque de queda para menores de edad, adem&aacute;s de programas de cultura ciudadana, convivencia y desarme de los esp&iacute;ritus (Acero, 2002; Llorente, 2004).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estos programas, cuya efectividad nunca ha sido demostrada de manera f&aacute;ctica o estad&iacute;stica en Am&eacute;rica Latina, vienen acompa&ntilde;ados de mayor visibilidad de la polic&iacute;a y anuncios de aumentos de pie de fuerza. Copiando el viejo modelo de <i>team policing </i>que hizo carrera en Gran Breta&ntilde;a en los a&ntilde;os cincuenta y en Estados Unidos a finales de los</p>     <p>sesenta, la polic&iacute;a busca hacerse m&aacute;s visible para disuadir a criminales y dar una mayor sensaci&oacute;n de seguridad a los ciudadanos, aumentando el patrullaje de los uniformados, incrementando las rondas a pie, instalando servicios de informaci&oacute;n al ciudadano en las estaciones, calles y centros comerciales, asignando los mismos uniformados en una misma &aacute;rea por varios a&ntilde;os y disminuyendo los tiempos de respuesta ante llamadas de emergencia (Sherman, 1973). En Am&eacute;rica Latina, las ciudades instalan un grupo de tres polic&iacute;as en zonas c&eacute;ntricas, apostan un uniformado cada dos calles en una gran avenida durante las horas de punta, los autom&oacute;viles de polic&iacute;a encienden todo el tiempo sus luces de emergencia cuando patrullan y los retenes de requisa est&aacute;n a la orden del d&iacute;a. Incluso, el Plan Cuadrante de Chile, que ha sido presentado como un modelo comunitario, no pasa de ser una aplicaci&oacute;n del viejo <i>team policing </i>para generar sentimientos de seguridad con base en mayor visibilidad de los uniformados. Sin embargo, este programa, nunca cabalmente evaluado, ha sido copiado por otros pa&iacute;ses del hemisferio que han cre&iacute;do que un recorte del territorio en cuadrantes para racionalizar mejor las labores de vigilancia es una medida novedosa (Fruhling, 2003). Sin embargo, el famoso experimento de Kansas City demostr&oacute; que este tipo de aproximaciones policiales eran inocuas para prevenir el crimen e, incluso, cuestionables para elevar la sensaci&oacute;n de seguridad en los individuos. Recordemos que el experimento de Kansas City, financiado por la Police Foundation, determin&oacute; que la visibilidad policial no ten&iacute;a ning&uacute;n impacto significativo. El experimento, al dividir tres sectores, uno con patrullaje intensivo, otro con el patrullaje habitual y uno &uacute;ltimo sin presencia policial, salvo ante llamadas de emergencia, demostr&oacute;, tras la aplicaci&oacute;n exhaustiva de t&eacute;cnicas cient&iacute;ficas de medici&oacute;n, que no hab&iacute;a diferencia entre los tres. Estas conclusiones y las manifestaciones violentas contra la polic&iacute;a en varias ciudades de Estados Unidos a finales de los sesenta dieron al traste con un modelo policial que a&uacute;n hace carrera en nuestra regi&oacute;n (Kelling, 2003).</p>     <p>En Am&eacute;rica Latina, se han venido implementando estrategias y programas se&ntilde;alados por la ret&oacute;rica gubernamental y las autoridades locales como altamente efectivos sin que exista una evaluaci&oacute;n cient&iacute;fica que precise sus alcances reales. Por ejemplo, el famoso estudio de la Universidad de Maryland, encomendado por el gobierno y el congreso de Estados Unidos en 1997 para conocer a ciencia cierta qu&eacute; programas preventivos funcionaban y cu&aacute;les no, presentaba una extensa lista de estrategias inocuas que, sin embargo, siguen siendo presentadas en esta parte del hemisferio como novedosas y efectivas. Por ejemplo, esta evaluaci&oacute;n se&ntilde;alaba que la compra de armas para su destrucci&oacute;n, los programas para ocupar el tiempo libre de los j&oacute;venes despu&eacute;s del colegio, los programas de vigilancia de los barrios organizados por la comunidad junto con la polic&iacute;a, el arresto de j&oacute;venes infractores por delitos menores, la implantaci&oacute;n de estaciones de polic&iacute;a, entre muchos otros puntos de una lista de 25 no funcionaban (Sherman <i>et al., </i>2003). Am&eacute;rica Latina acusa un grave problema de evaluaci&oacute;n de sus programas y pol&iacute;ticas de seguridad ciudadana, lo que ha llevado a que muchos de estos puntos hayan sido aceptados como exitosos sin comprobaci&oacute;n emp&iacute;rica y con una buena dosis de discurso.</p>     <p>Las estrategias de controles o &quot;h&aacute;bitos saludables&quot; adoptadas en Am&eacute;rica Latina requieren de una polic&iacute;a profesional y devota. En el caso de los controles de armas y de establecimientos p&uacute;blicos, estos solo funcionan si se cuenta con un cuerpo policial honesto que no se deje sobornar por aquellos que quieren evadir los controles. La polic&iacute;a comunitaria exige una polic&iacute;a comprometida que se acerque a las comunidades y rompa la indolencia que caracteriza a no pocos de sus integrantes que se sienten poco motivados, mal pagos y obligados a trabajar en un clima organizacional hostil. La pel&iacute;cula brasile&ntilde;a Tropa <i>de &eacute;lite </i>(2007) muestra bien esta doble faceta de polic&iacute;as corruptos que conviven con unos pocos honestos. Mientras que los segundos venden armas y trafican drogas con los grandes jefes criminales de las favelas, los segundos deben combatirlos a pesar de las condiciones dif&iacute;ciles, la burocracia policial, el miedo y los problemas familiares. Los altos mandos tienen intereses personales de enriquecimiento en alianza con el bajo mundo o a trav&eacute;s del abuso del poder. Al otro lado, los polic&iacute;as honestos buscan ejercer su trabajo a pesar de los obst&aacute;culos de la organizaci&oacute;n y esos colegas con intereses oscuros.</p>     <p>En Am&eacute;rica Latina, los polic&iacute;as son mal remunerados y despreciados por la sociedad. Aunque con diferencias importantes pa&iacute;s por pa&iacute;s, un polic&iacute;a en Am&eacute;rica Latina devenga un poco m&aacute;s de un salario m&iacute;nimo y solo en promedio un 32% del p&uacute;blico siente confianza hacia ellos (Iberobar&oacute;metro, 1993-2010). En algunos pa&iacute;ses, como M&eacute;xico, solo entre el 5 y el 10% de los ciudadanos conf&iacute;a en la polic&iacute;a. Los niveles de corrupci&oacute;n son altos si hemos de creer a las encuestas de percepci&oacute;n que, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, conduce Transparencia Internacional en Am&eacute;rica Latina (2001-2007). Los habitantes de la regi&oacute;n, al calificar a su polic&iacute;a de 1 a 5, donde 1 es limpia y 5, completamente corrupta, asignan un 4,5 en promedio. Con estas condiciones de confianza, imagen y salarios, resulta dif&iacute;cil implementar las medidas de control que han sido la base de las estrategias anteriormente descritas.</p>     <p><font size="3"><b>Conclusiones</b></font></p>     <p>El recuento de estrategias de seguridad ciudadana de que hemos dado cuenta muestra, primero, su diversidad y, segundo, su &eacute;xito mitigado. Ning&uacute;n programa parece haber tenido la contundencia ni el &eacute;xito que desear&iacute;an las autoridades locales, &aacute;vidas de curas milagrosas para los problemas de criminalidad y las demandas crecientes de los ciudadanos en la materia. A falta de evaluaciones rigurosas y cient&iacute;ficas, la intuici&oacute;n prevalece entre las autoridades y la polic&iacute;a sobre el camino a seguir. El &eacute;nfasis, por momentos equivocado, que se le da a cada programa hace que se dejen de lado otros programas complementarios o alternativos. Algunos creen que, castigando los delitos menores, se evita la criminalidad. Otros consideran que las pol&iacute;ticas sociales limitan el surgimiento de los criminales. Y otros tantos creen que los controles a comportamientos nocivos disminuyen la violencia urbana. A decir de los cambios constantes de los programas de seguridad y el surgimiento de nuevos modelos, las estrategias de seguridad parecen estar dando &quot;palos de ciego&quot;. Sin embargo, tomando lo mejor de cada una, es posible se&ntilde;alar aquello que ha servido o que ha sido prometedor. Primero, se debe crear una institucionalidad alrededor del tema con el surgimiento de verdaderas agencias que compilen las estad&iacute;sticas criminales, establezcan diagn&oacute;sticos y aglutinen interagencialmente a las instituciones del Estado involucradas en el tema. Proteger el tejido social parece fundamental, ya sea en t&eacute;rminos de mantener un nivel de calidad de vida m&iacute;nimo o proscribir todo comportamiento que tienda a romper los lazos entre vecinos de una comunidad. Los procesos serios de evaluaci&oacute;n de programas e instituciones parecen esenciales para saber a ciencia cierta qu&eacute; funciona, qu&eacute; debe modificarse y qu&eacute; eliminarse entre la panoplia de propuestas. El compromiso y coordinaci&oacute;n de las agencias que, de lejos o de cerca, tienen que ver con los temas de seguridad debe ser suscrito de manera formal y supervisado por la autoridad que convoc&oacute; el compromiso. La participaci&oacute;n de la comunidad para generar un di&aacute;logo entre polic&iacute;a y ciudadanos parece haber sido esencial en los llamados casos exitosos y soporte definitivo a los contratos firmados por las agencias del gobierno involucradas. Por &uacute;ltimo, los programas de &quot;segunda oportunidad&quot;, para revertir la suerte de ni&ntilde;os sin futuro por obra de su precaria condici&oacute;n social y econ&oacute;mica, son fundamentales para evitar que se conviertan en criminales. La provisi&oacute;n de salud, buena educaci&oacute;n, oportunidades de promoci&oacute;n y soporte sicol&oacute;gico son esenciales para limitar sociedades descompuestas, as&iacute; los resultados de estos programas sociales no sean evidentes que en el muy largo plazo.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>     <!-- ref --><p>Acero, H. (2002). &quot;Seguridad y convivencia en Bogot&aacute;. Logros y retos 1995-2001&quot;. En F. Carri&oacute;n (ed.). <i>Seguridad ciudadana. &iquest;Espejismo o realidad?</i>Quito: Flacso.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0122-4409201100020001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bittner, E. (1967). &quot;The Police on Skid Row: A Study of Peacekeeping&quot;. <i>American Sociological Review, </i>32 (5): 699-715.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0122-4409201100020001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Brodeur, J. P. (2005). &quot;Trotsky in Blue. The Permanent Policing Reform&quot;. <i>The Australian and New Zealand Journal of Criminology, </i>38 (2): 254-267.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0122-4409201100020001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Brogden, M. (2005). &quot;Horses for Courses' and 'Thin Blue Lines'. Community Policing in Transitional Society&quot;. <i>Police Quarterly, </i>8 (1): 64-98.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0122-4409201100020001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Brogden, M. y N. Preeti (2005). <i>Community Policing. National and International Models and Approaches. </i>Devon: Willan Publishing.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0122-4409201100020001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Davis, R. <i>et al. </i>(2003). &quot;Community Policing': Variations on the Western Model in the Developing World&quot;. <i>Police Practice and Research, </i>4 (3): 285-300.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0122-4409201100020001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dieu, F. (2005). &quot;Les Exp&eacute;riences Fran&ccedil;aises de Police de Proximit&eacute;&quot;. <i>Desaf&iacute;os, </i>12: 35-50.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0122-4409201100020001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Goldstein, H. (1979). &quot;Improving Policing. A Problem-Oriented Approach&quot;. <i>Crime &amp; Delinquency, </i>25: 236-258.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0122-4409201100020001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Haberfeld, M. (ed.) (2002). <i>Community Policing: An International Perspective. </i>West Yorkshire: England, Emerald Group Publishing Limited.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0122-4409201100020001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kelling, G. y B. William (1998). &quot;Declining Crime Rates. Insiders Views of the New York City Story&quot;. <i>The Journal of Criminal Law and Criminology. </i>88 (4): 1217-1232.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0122-4409201100020001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kelling, G. (2003). &quot;L'Exp&eacute;rience de Kansas City sur la Patrouille Pr&eacute;ventive&quot;. <i>Les Cahiers de la S&eacute;curit&eacute; Int&eacute;rieure, </i>Hors-S&eacute;rie: 187-228.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0122-4409201100020001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Llorente, M. V. y A. Rivas (2004). &quot;La ca&iacute;da del crimen en Bogot&aacute;: una d&eacute;cada de pol&iacute;ticas de seguridad ciudadana&quot;. En L. Dammert (ed.). <i>Seguridad ciudadana. Experiencias y desaf&iacute;os. </i>Ilustre Municipalidad de Valpara&iacute;so: Red 14 y Comunidad Europea.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0122-4409201100020001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Monjardet, D. (1995). &quot;The French Model of Policin&quot;. En J. P. Brodeur (ed.). <i>Comparisons in Policing. An International Perspective. </i>Vermont: Ashgate Publishing Company.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0122-4409201100020001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Monjardet, D. (2003). &quot;L'Esp&eacute;rience de Kansas City sur la Patrouille Pr&eacute;ventiv&quot;. En <i>Les Cahiers de la S&eacute;curit&eacute; Int&eacute;rieure, </i>Hors-S&eacute;rie: 187-189.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0122-4409201100020001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Newburn, T. (1999). &quot;Understanding and Preventing Police Corruption: Lessons from the Literature&quot; &#91;Working paper&#93;. Home Office, Police Research Series, Paper 110.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0122-4409201100020001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ocqueteau, F. (dir.) (2003). <i>Community Policing et Zero Tol&eacute;rance &agrave; New York. En finir avec les Mythes. </i>Paris: La Documentation Fran&ccedil;aise.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0122-4409201100020001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sherman, L. <i>et al. </i>(1973). <i>Team Policing: Seven Case Studies. </i>Washington: Police Foundation.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0122-4409201100020001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Skogan, W. (1997). <i>Community Policing, Chicago Style. </i>London: Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0122-4409201100020001200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Skolnick, J. (1966). <i>Justice without Trial. Law Enforcement in Democratic Society. </i>New York: Wiley.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0122-4409201100020001200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tilley, N. (2008). &quot;Community Policing, Problem-Oriented Policing and Intelligenceled Policing&quot;. En T. Newburn (ed.). <i>Handbook of Policing. </i>Devon: Willan Publishing.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0122-4409201100020001200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Weisburd, D. y A. Braga (ed.) (2006). <i>Police Innovation. Contrasting Perspectives. </i>Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0122-4409201100020001200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Wilson, J. y G. Kelling (1982). &quot;Broken Windows. The Police and Neighborhood Safety&quot;.<i> The Atlantic Monthly: </i>29-37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0122-4409201100020001200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><font size="3"><b>Encuestas</b></font></p>     <p>CIMA. &quot;Bar&oacute;metro Iberoamericano de Gobernabilidad 1993, 1998, 2001, 2002, 2003, 2004, 2005, 2006, 2007&quot;.</p>     <p>Corporaci&oacute;n Latinobar&oacute;metro. &quot;Latinobar&oacute;metro 1996-2007&quot;.</p>     <p>Transparency International. 'Global Corruption Survey 2003, 2004, 2005, 2006, 2007'.</p>     <p>&nbsp;Transparency International. &quot;Corruption Perceptions Index 2001, 2002, 2003, 2004, 2005, 2006, 2007, 2008&quot;.</p>      <p><font size="3"><b>Pel&iacute;culas</b></font></p>     <p>Ferrara, A. (1992). <i>Bad Lieutenant. </i>Estados Unidos: Aries Films. </p>     <p>Kassovitz, M. (1995). <i>La Haine. </i>Francia: Canal +. </p>     <p>Kubrick, S. (1971). <i>A Clockwork Orange. </i>Gran Breta&ntilde;a: Warner Bros. </p>     <p>Padilha, J. (2007). <i>Tropa de &eacute;lite. </i>Brasil: Zazen Producciones.</p> </font>     ]]></body>
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