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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><b><font size="4">Pueblo: discusiones sobre un t&eacute;rmino pol&iacute;tico clave</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="3">People: Discussion about a Key Political Word</font></b></p>     <p align="center"><i>Jos&eacute; Fern&aacute;ndez Vega<sup>*</sup></i></p>     <p><sup>*</sup>Consejo Nacional de Investigaciones Cient&iacute;ficas y T&eacute;cnicas (Conicet, Argentina) - Universidad de Buenos Aires.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Badiou, Alain; Bourdieu, Pierre; Butler, Judith; Didi-Huberman, Georges; Khiari, Sadri y Ranci&egrave;re, Jacques, </b><b><i>Qu'est-ce qu'un people?, </i></b><b>Par&iacute;s, La Fabrique, 2012.</b></font></p>     <p>Imposible exagerar la importancia del t&eacute;rmino &quot;pueblo&quot; en la historia pol&iacute;tica moderna. Fundamento de la legitimidad de los distintos sistemas de gobierno, el pueblo constituye la sustancia de la soberan&iacute;a y habla en primera persona en los pre&aacute;mbulos de los textos constitucionales. Se apela a &eacute;l para justificar los mandatos parlamentarios que lo expresan (puesto que en las democracias liberales no gobierna ni legisla sino a trav&eacute;s de sus representantes que elige directamente) tanto como en las decisiones legales. Muchos tribunales encabezan sus sentencias con la f&oacute;rmula &quot;En nombre del pueblo&quot;.</p>     <p>La naturaleza y la calidad de la representaci&oacute;n popular se hallan en nuestra &eacute;poca sometidas a un intenso cuestionamiento, puesto que los sistemas pol&iacute;ticos occidentales sufren una severa crisis de legitimidad. Se les reprocha una creciente distancia respecto de su base de sustentaci&oacute;n. Esa crisis se expresa en desconfianza ciudadana, protesta urbana y en la desafiliaci&oacute;n sist&eacute;mica, como se evidencia en la ca&iacute;da de la participaci&oacute;n electoral y en la indiferencia hacia la vida pol&iacute;tica en general. La conmoci&oacute;n econ&oacute;mica desatada en Europa aceler&oacute; estos procesos (que ya estaban en curso) e impact&oacute; en los partidos tradicionales. Se manifest&oacute; en las calles y alcanz&oacute; tambi&eacute;n a la Uni&oacute;n Europea, cuyo &quot;d&eacute;ficit democr&aacute;tico&quot; se encuentra en el centro de muchos debates animados por J&uuml;rgen Habermas y otros destacados pensadores.</p>     <p><i>Qu'est-ce qu'un people? </i>re&uacute;ne las reflexiones de una serie de intelectuales franceses o residentes en Francia (la excepci&oacute;n es la estadounidense Judith Butler, quien adem&aacute;s es la &uacute;nica voz femenina en la compilaci&oacute;n). Las distintas miradas se preocupan menos en explorar la cuesti&oacute;n desde el tradicional punto de vista jur&iacute;dico o de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica convencional, que en ampliar el horizonte de comprensi&oacute;n del concepto &quot;pueblo&quot; desde perspectivas a la vez variadas y enriquecedoras.</p>     <p>En su contribuci&oacute;n, organizada como una serie de tesis, el fil&oacute;sofo Alain Badiou sostiene que la noci&oacute;n depende del contexto; en s&iacute; misma resulta neutra. Una cosa es &quot;pueblo franc&eacute;s&quot; y otra distinta &quot;pueblo vietnamita&quot;. La primera expresi&oacute;n refiere a una metr&oacute;poli colonial y plantea una identidad cerrada y hostil al extranjero; mientras que la segunda habla de un pueblo no oficial, a&uacute;n no cristalizado en un Estado (al menos en la &eacute;poca de la guerra de Vietnam a la que se refiere el autor) y en lucha por su existencia. Badiou no se detiene en esta argumentaci&oacute;n y hace algunos se&ntilde;alamientos sobre el presente (la plaza Tahrir, epicentro de la rebeli&oacute;n egipcia durante la primavera &aacute;rabe; el presidente Hollande, elegido en 2012 y ya considerado el menos popular de la V Rep&uacute;blica).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para Badiou hay tambi&eacute;n otros sentidos, positivos o negativos, de &quot;pueblo&quot;. Entre los primeros se halla uno &quot;oficial&quot;: la clase media reconocida como &uacute;nico pueblo en los discursos de la oligarqu&iacute;a financiera dominante y el Estado. Este uso anula al pueblo como categor&iacute;a pol&iacute;tica y lo sume en la inercia de lo que denomina &quot;simulacros electorales&quot;. Entre los otros sentidos, se encuentran los emigrados, los sin papeles y otros sectores socialmente invisibles, excluidos y perseguidos por el Estado. La radical conclusi&oacute;n de Badiou es que &quot;pueblo&quot; resulta incompatible con la existencia del Estado.</p>     <p>El segundo cap&iacute;tulo apareci&oacute; originalmente en <i>Actes de la recherche en sciences sociales, </i>dirigida por el propio autor, Pierre Bourdieu. En el que es, junto al de Didi-Huberman, el art&iacute;culo m&aacute;s extenso de esta compilaci&oacute;n, Bourdieu analiza la noci&oacute;n &quot;popular&quot; con base en su utilizaci&oacute;n socialmente diferenciada en el lenguaje corriente. La palabra da lugar a malentendidos y manipulaciones, sostiene Bourdieu. Nombra a veces a los excluidos por la escuela, pero en general excluye a los inmigrantes.</p>     <p>El t&eacute;rmino, seg&uacute;n explica, es producto de una espont&aacute;nea aplicaci&oacute;n de taxonom&iacute;as dualistas que estructuran convencionalmente al mundo social y contra las cuales se dirige su texto. Pero el lenguaje popular suele hacer suyas estas mismas taxonom&iacute;as, y Bourdieu se aplica a una cr&iacute;tica sin concesiones al machismo y la exaltaci&oacute;n de la violencia que encuentra en el argot. Porque si este, por un lado, reivindica la dureza, el antisentimentalismo y la fuerza f&iacute;sica como caracter&iacute;sticas de un l&eacute;xico que desaf&iacute;a la dominaci&oacute;n, por el otro impone un aristocratismo espec&iacute;fico que, por ejemplo, margina el mundo femenino (el cual, sin embargo, no es v&iacute;ctima pasiva, sino que desarrolla sus propias estrategias tanto frente al argot masculinizado como ante la correcci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica mediante la cual pretenden diferenciarse los sectores dominantes). En todo caso, el argot es una respuesta ambivalente y compleja a la imposici&oacute;n de sumiso silencio dirigida a quienes carecen de capital cultural.</p>     <p>El ensayo de Judith Butler hace referencia, como el de Badiou, a lugares emblem&aacute;ticos de las luchas populares recientes como la plaza Tahrir, la Puerta del Sol madrile&ntilde;a y el movimiento <i>Occupy Wall Street. </i>Su problema se formula a partir del acto de enunciaci&oacute;n &quot;nosotros, el pueblo&quot;, citado al famoso comienzo de la declaraci&oacute;n de independencia de EE. UU. Se trata de una afirmaci&oacute;n de la soberan&iacute;a popular que es preciso vincular, sostiene Butler, con el derecho de reuni&oacute;n. La soberan&iacute;a popular se autoproduce, es un ejercicio performativo o acto ilocucionario, siguiendo el vocabulario de John Austin. No implica, sin embargo, unanimidad de opiniones, sino m&aacute;s bien la apertura de un espacio plural. La enunciaci&oacute;n se produce en una reuni&oacute;n de cuerpos, por tanto se puede afirmar que est&aacute; encarnada en ellos y se orienta a configurar un &quot;nuevo cuerpo pol&iacute;tico&quot;, asegura Butler.</p>     <p>El historiador y cr&iacute;tico de arte Georges Didi-Huberman parte de una discriminaci&oacute;n conceptual de Hannah Arendt (una de las referencias m&aacute;s citadas a lo largo de todo el libro) para luego concentrarse en la representaci&oacute;n sensible (i.e., est&eacute;tica) del pueblo: su imagen o, mejor dicho, sus distintas im&aacute;genes. Sin embargo, no analiza im&aacute;genes pl&aacute;sticas, sino que discute temas de historiograf&iacute;a. Una fotograf&iacute;a es la &uacute;nica imagen referida, aunque al servicio de ejemplificar la expresi&oacute;n &quot;hacer sensible&quot;, acu&ntilde;ada por el autor. Hacia el final del ensayo, luego de una defensa del procedimiento montaje y de la literatura y el cine documental de las d&eacute;cadas de 1920 y 1930, el autor aborda el pensamiento de Jacques Ranci&egrave;re, otro de los autores incluidos en este libro.</p>     <p>El problema de la representaci&oacute;n siempre fue central para el pensamiento pol&iacute;tico (representaci&oacute;n-mandato) pero no resulta menos importante para la est&eacute;tica (representaci&oacute;n-figuraci&oacute;n). De hecho, ambas formas &mdash;mandato y figuraci&oacute;n, pol&iacute;tica y est&eacute;tica&mdash; se hallan en una crisis a menudo paralela, un aspecto que Didi-Huberman investiga. Para ello aprovecha reflexiones penetrantes del controvertido jurista alem&aacute;n Carl Schmitt y del te&oacute;rico contempor&aacute;neo franc&eacute;s Pierre Rosanvallon, quien distingue entre pueblo-opini&oacute;n, pueblo-naci&oacute;n y pueblo-emoci&oacute;n. Esta &uacute;ltima conceptualizaci&oacute;n le resulta de particular inter&eacute;s puesto que se vincula directamente con el mundo de las im&aacute;genes, incluso las on&iacute;ricas. A partir de aqu&iacute;, Didi-Huberman trabaja su tema recurriendo a distintos textos de Walter Benjamin. Lo reprimido del psicoan&aacute;lisis, y los oprimidos cuya tradici&oacute;n Benjamin defiende, son nociones que en alem&aacute;n pertenecen a la misma familia de palabras <i>(Unterdr&uuml;kung, Unterdr&uuml;ckten). </i>Ensayo erudito, el texto de Didi-Huberman no define con claridad su principal eje de an&aacute;lisis, si bien sus observaciones parciales son siempre de gran agudeza interpretativa.</p>     <p>El militante y ensayista tunecino radicado en Francia, Sadri Khiari, fecha su texto el 30 de setiembre de 2012. Su prop&oacute;sito central es demostrar las razones que justificar&iacute;an volver a interrogarse sobre la noci&oacute;n de pueblo desde un punto de vista no colonialista. Es preciso introducir una noci&oacute;n plural, afirma el autor. Los franceses blancos y cristianos se reconocen como miembros del &quot;pueblo franc&eacute;s&quot;, no as&iacute; los franceses descendientes de magreb&iacute;es, ex colonias o territorios de ultramar. Los franceses &aacute;rabes o negros se sienten miembros del pueblo isl&aacute;mico o negro. Khiari, entonces, sugiere hablar de los pueblos de Francia, y no de un pueblo &uacute;nico. Con ello se opone a la tendencia a dividir a los franceses por razas o religiones, o a la de rechazar, con argumentos republicanos, a todos aquellos que no aceptan el presunto laicismo esencial del republicanismo franc&eacute;s.</p>     <p>Lo que el autor intenta es una cr&iacute;tica a la izquierda francesa, puesto que ella apela en sus discursos a la unidad de Francia y, en definitiva, adopta una perspectiva &quot;nacional-imperialista&quot; (el excandidato presidencial en 2012, Jean-Claude M&eacute;lechon, se menciona en primer lugar). Esta corriente no consigue, por lo tanto, interpelar a los descendientes de inmigrantes y a los vecinos de los suburbios (M&eacute;lechon llego incluso a condenar sus rebeliones suburbanas, comenta el autor). Los pronunciamientos por una pol&iacute;tica de inmigraci&oacute;n menos represiva no resultan suficientes, porque Francia es un pueblo tensionado. En el pa&iacute;s hay &quot;colonizados del interior&quot; que la izquierda ignora, concluye Khiari.</p>     <p>Las opiniones del fil&oacute;sofo Ranci&egrave;re acerca del asunto sobre el que gira este libro despiertan especial curiosidad porque, justamente, se le ha reprochado cierto populismo en sus obras recientes, algunas resonantes como <i>El maestro ignorante. </i>Ranci&egrave;re se&ntilde;ala una diferencia entre los populismos hist&oacute;ricos latinoamericanos y aquellos que florecen hoy en Europa (y que muchos analistas consideran un efecto de la crisis llamado a incrementarse). Estos &uacute;ltimos se caracterizan por su abierto rechazo a la pol&iacute;tica. Tal repudio tiene tres rasgos b&aacute;sicos: una interpelaci&oacute;n directa al pueblo; una denuncia a la pol&iacute;tica oficial dado que &eacute;sta s&oacute;lo se preocupa por sus propios intereses y los de sus actores; y, finalmente, una ret&oacute;rica identitaria que revela su oposici&oacute;n a los extranjeros. De modo que el &quot;populismo&quot;, en su versi&oacute;n europea, resulta en la s&iacute;ntesis de un pueblo hostil a los gobernantes tanto como a los extranjeros, m&aacute;s que una visi&oacute;n de masas ciegas sometidas al liderazgo carism&aacute;tico (y esta es la poco matizada visi&oacute;n que ofrece el autor de la variante latinoamericana). El populismo europeo y su racismo, seg&uacute;n Ranci&egrave;re, no obedecen a una presi&oacute;n de masas sino a la estrategia del n&uacute;cleo del Estado. Ese populismo es una noci&oacute;n vaga, que no se&ntilde;ala una corriente pol&iacute;tica europea muy definida; en definitiva, su objetivo b&aacute;sico es precarizar el trabajo.</p>     <p>Soberano, poder constituyente, fuente originaria de energ&iacute;a pol&iacute;tica, el pueblo es un problema pol&iacute;tico y un t&eacute;rmino que vuelve a discutirse en medio de la crisis; la comprensi&oacute;n de &quot;pueblo&quot; se volvi&oacute; en nuestros d&iacute;as un n&uacute;cleo de la pol&iacute;tica, tanto nacional como global. En Europa, la cuesti&oacute;n adquiere contornos complejos cuando se le suman problemas derivados de la globalizaci&oacute;n, como los de la distinta modalidad de inserci&oacute;n ciudadana (o la falta de ella) de las distintas generaciones de emigrantes. La integraci&oacute;n de la Uni&oacute;n Europea a&ntilde;ade otros desaf&iacute;os, puesto que habr&iacute;a una discriminaci&oacute;n hacia los ciudadanos de los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres (Bulgaria, Rumania) y una creciente insatisfacci&oacute;n continental contra la clase pol&iacute;tica y la burocracia que manejan el poder desde Bruselas, en nombre del pueblo pero sin pasar por las urnas.</p> </font>    ]]></body>
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