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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Quevedo, Emilio et al. Historia de la Medicina en Colombia. Tomo I. Prácticas Médicas en Conflicto (1492-1782)]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">      <p>RESE&Ntilde;AS</p>      <p><font size="4"><b>Quevedo, Emilio <i>et al.</i></b></font></p>      <p><i>Historia de la Medicina en Colombia.    <br> Tomo I. Pr&aacute;cticas M&eacute;dicas en Conflicto (1492-1782)</i>    <br> Bogot&aacute;: Grupo Editorial Norma, 2007, 260 pp.    <br> <i>Marietta Mej&iacute;a de Mesa</i>    <br> Pontificia Universidad Javeriana    <br> </a><a href="mailto:mariettamejiadem@yahoo.com">mariettamejiadem@yahoo.com</a></p>      <br>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La autor&iacute;a del presente texto corresponde al llamado "Grupo de investigaci&oacute;n y docencia de Historia  de la Medicina y de la Salud",  el cual est&aacute; conformado  desde 1995 por Emilio Quevedo, Germ&aacute;n P&eacute;rez  R., N&eacute;stor Miranda C., Juan Carlos Eslava, Mario Hern&aacute;ndez A. y un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Colombia.</p>      <p>Este libro es el primero de cinco vol&uacute;menes, cuyo pr&oacute;logo fue escrito por &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez desde su  condici&oacute;n de Presidente  de la Rep&uacute;blica. Es patrocinado  por la compa&ntilde;&iacute;a  farmac&eacute;utica <i>Tecnoqu&iacute;micas</i>, con una edici&oacute;n de lujo rica  en ilustraciones y fotograf&iacute;as a color, lograda por el Grupo Norma, con un tiraje limitado a 15.000  ejemplares  y al que s&oacute;lo  es posible  tener  acceso mediante un gesto de cortes&iacute;a.</p>      <p>Los cinco tomos que constituyen la obra total han sido divididos en la siguiente forma:</p>  <ol><i>Volumen 1. Pr&aacute;cticas m&eacute;dicas en conflicto, 1492-1782.    <br> Volumen   2. De la  medicina  ilustrada   a  la  medicina anatomocl&iacute;nica, 1782-1867.    <br> Volumen 3. Hacia una profesi&oacute;n liberal, 1865-1946. Volumen 4. De la mercantilizaci&oacute;n  a la renovaci&oacute;n, 1947-2000.    <br> Volumen 5. Diccionario biogr&aacute;fico m&eacute;dico colombiano.</i>    </ol>      <p>Aunque el tomo I re&uacute;ne  cuatro  ensayos a modo de cap&iacute;tulos, no se  aprecia   delimitaci&oacute;n entre los autores, de suerte que se presenta como si la redacci&oacute;n dependiera de uno solo. Llama la atenci&oacute;n que el libro carezca de &iacute;ndice onom&aacute;stico en orden alfab&eacute;tico, el cual  se esperar&iacute;a encontrar  en un texto  como este, con las caracter&iacute;sticas ya anotadas.</p>      <p>En esta obra, los escritores se proponen presentar el panorama de una historia  social de la medicina, entendida    como  ocupaci&oacute;n profesional  y especializada,  que a  partir de un cuerpo de conocimientos   se sustente  en otras disciplinas  que se reclaman, al igual que ella, como ciencias, para trabajar conjuntamente  en la  generaci&oacute;n de nuevas tecnolog&iacute;as, con las cuales sea posible resolver   los problemas  de la salud. De  esta manera, la medicina interpretada como moderna, universitaria  y cient&iacute;fica, y enfocada  como un <i>saber hacer</i>, ha sido orientada hacia la superaci&oacute;n de los problemas  que surgen  del malestar, la afecci&oacute;n, la dolencia y la enfermedad en diferentes &eacute;pocas y sociedades. Aparece, entonces, la figura social del m&eacute;dico, cual <i>hombre-medicina </i>que se enfrenta  a m&uacute;ltiples  concepciones y a la forma de verse a s&iacute; mismo,  orientando   su  modo de actuar en la b&uacute;squeda permanente por controlar la enfermedad, para que al fin se posponga  la muerte.</p>      <p>En franca oposici&oacute;n con la mayor&iacute;a de los libros que han abordado la historia de la medicina en Colombia,  en el presente estudio,  los autores han querido recurrir a nuevas herramientas   y diversas disciplinas  que permitan acercarse tanto  a la raigambre cultural, como a la naturaleza de la enfermedad  y la historicidad  de  las  representaciones  sociales  creadas  en torno a  ella, para los diferentes  per&iacute;odos. Con el inter&eacute;s de comprender  mejor las  medicinas   ind&iacute;genas  y negra, el equipo de investigaci&oacute;n ha procurado evitar que el an&aacute;lisis de la enfermedad y la medicina de estas culturas  sean sometidos  a la cr&iacute;tica narrativa desde la cultura hegem&oacute;nica tradicional,  que se ampar&oacute;  en ignorar o hacer  desaparecer las fuentes primarias  sobre las cuales aquellas  se sustentaban.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los investigadores han recurrido   a la paleograf&iacute;a, la antropolog&iacute;a, la sociolog&iacute;a, la historia y otras ciencias sociales, para comprender tanto la forma como se ha conceptualizado la enfermedad, como la l&oacute;gica que acompa&ntilde;aba  a la acci&oacute;n sanadora en las  medicinas   antiguas  y propias de otras sociedades. Adem&aacute;s,  se  han propuesto narrar la enfermedad  y la medicina   europeas, pero rescatando algunos elementos remanentes de la enfermedad y la medicina precolombina y otros de la cultura negra, que en forma conjunta significaron  aportes importantes  dentro de las t&eacute;cnicas curativas de la &eacute;poca.</p>      <p>Para llevar  a cabo una historia  de la medicina en Colombia  que consiga integridad tem&aacute;tica y un alcance a largo plazo, este primer  libro comienza su cronolog&iacute;a en 1492, cuando  se encuentran dos mundos con diversas medicinas: la ind&iacute;gena, la negra y la espa&ntilde;ola, que interact&uacute;an  durante los per&iacute;odos de la Conquista y la Colonia. All&iacute;, se ponen de manifiesto, por un lado, los procesos conflictivos   debidos  a la tradici&oacute;n m&eacute;dica  de origen   hipocr&aacute;tico-galena-&aacute;rabe    que   lleg&oacute; a  Am&eacute;rica  con los espa&ntilde;oles,  para sufrir un intercambio   ideol&oacute;gico y  epidemiol&oacute;gico,   al poner a  prueba  conocimientos   y resistencias inmunol&oacute;gicas de europeos, negros e indios.</p>      <p>M&aacute;s adelante, la obra analiza los procesos llevados a cabo por la cultura y la medicina colonizadoras, que  hicieron de las  otras sus subalternas   dominadas, hasta llegar a una crisis y el posterior agotamiento de  esta   disciplina durante la primera  mitad del siglo XVIII. El libro finaliza en un per&iacute;odo  previo  a la manifestaci&oacute;n de los conocimientos  m&eacute;dicos debidos a la ilustraci&oacute;n espa&ntilde;ola en la medicina de la Nueva Granada, frente al manejo de la epidemia de la viruela en 1782 en Santaf&eacute; de Bogot&aacute;.</p>        <p>Con una agradable narrativa,  el libro comienza describiendo  los contextos  sociales, econ&oacute;micos, religiosos,  comerciales  y  tecnol&oacute;gicos   de  la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica para la &eacute;poca del descubrimiento de Am&eacute;rica: mientras Espa&ntilde;a intentaba expulsar a los &aacute;rabes de su territorio, Portugal ampliaba fronteras  hacia el suroeste africano, vali&eacute;ndose de los conocimientos y t&eacute;cnicas aprendidos  de los musulmanes del norte de &Aacute;frica.</p>      <p>El relato se  inicia como una historia social  que presenta   a  sus  protagonistas   principales:    los m&eacute;dicos,  f&iacute;sicos y  cirujanos que llegaron a Am&eacute;rica   con las   primeras expediciones.  La obra quiere, entonces, demostrar la importancia que habr&iacute;a  tenido su  presencia   en los viajes mar&iacute;timos de exploraci&oacute;n, para garantizar luego el establecimiento y preservaci&oacute;n de los primeros asentamientos. Cuando el texto aborda el segundo viaje de Col&oacute;n,  aparece un primer eje tem&aacute;tico: la  enfermedad, con la que tambi&eacute;n llegar&iacute;a la primera epidemia en tierras americanas, la cual ser&iacute;a, a la vez, la responsable de muchas muertes entre las comunidades ind&iacute;genas.</p>      <p>A partir de los cap&iacute;tulos  siguientes,  se descubren otros dos ejes tem&aacute;ticos  relacionados  con el tema a tratar: por un lado, la educaci&oacute;n y el ejercicio profesional  de los m&eacute;dicos, los cuales  estar&iacute;an determinados  por exigencias  acad&eacute;micas,  burocr&aacute;ticas y relaciones de poder y, finalmente, se tendr&iacute;a un tercer eje tem&aacute;tico, representado por los hospitales  como lugares  que deber&iacute;an  dar cuenta de la atenci&oacute;n m&eacute;dica, tanto en t&eacute;rminos cualitativos,  como cuantitativos,  pero siempre sujetos, por una  parte,  a  la ineficacia  de una burocracia y, por otra, a una generosidad limitada,  promovida  desde la caridad cristiana.</p>      <p>La formulaci&oacute;n de la propuesta lleva, entonces, por un lado, un hilo conductor que intenta presentar al m&eacute;dico,comenzando por la formaci&oacute;n acad&eacute;mica, enfrentada   a  otras escuelas curativas,  siempre sometidas   a las  leyes  y exigencias pol&iacute;ticas  de cada lugar y &eacute;poca. Por otro lado, se detiene  en la vida de los hospitales como referentes del servicio de la atenci&oacute;n m&eacute;dica, mientras a lo largo de la obra se intentan descubrir las enfermedades  que acompa&ntilde;aron  a espa&ntilde;oles y americanos durante el per&iacute;odo analizado.</p>      <p>Todos estos ejes tem&aacute;ticos  se encuentran  enclavados dentro de problem&aacute;ticas  pol&iacute;ticas, sociales, culturales, econ&oacute;micas y religiosas, cuyas presiones determinan  casi siempre el fracaso de unas iniciativas en beneficio de mejorar la educaci&oacute;n m&eacute;dica, la idoneidad de los m&eacute;dicos, sus t&eacute;cnicas y la  cobertura de la atenci&oacute;n  m&eacute;dica, la cual, finalmente, es privilegio de unos pocos, a menos que se  trate  de enfermedades  contagiosas,  o aquellas que son inherentes a los mendigos y pobres de la sociedad.</p>      <p>Los  autores explican  la medicina  espa&ntilde;ola renacentista desde el gobierno de los reyes cat&oacute;licos hasta la muerte de Felipe II,  en la cual se materializan cuatro  herencias   culturales: la hispanorromana, la hispanogoda, la hispanojud&iacute;a y la hispano&aacute;rabe. Pero cuando los espa&ntilde;oles se encontraron  con esta gran diversidad geogr&aacute;fica, &eacute;tnica y cultural, interpretaron la conjugaci&oacute;n de pensamientos m&aacute;gicos, ciencia, pr&aacute;cticas, religi&oacute;n y medicina caracter&iacute;sticos  del cham&aacute;n como expresiones del demonio,  cuyas versiones ser&iacute;an afianzadas por las mentalidades  y las  pol&iacute;ticas religiosas de la &eacute;poca.</p>      <p>As&iacute;, tres razones explicar&iacute;an la tendencia  a ver tan negativamente   a los abor&iacute;genes y las  pr&aacute;cticas m&eacute;dicas de los chamanes: por una parte, la diversidad cultural, que sorprend&iacute;a   a los espa&ntilde;oles, quienes s&oacute;lo apreciaban  desde sus propias concepciones   mentales.  En  segundo  lugar, la pugna  desatada  en torno a  la conveniencia  o inconveniencia de la Conquista, con dudas sobre la existencia del alma en los ind&iacute;genas y el sometimiento   de las  comunidades,   en torno al debate  entre  fray  Bartolom&eacute; de las  Casas y Juan Gin&eacute;s  de Sep&uacute;lveda. En tercer lugar, la evangelizaci&oacute;n misma, que acabando de superar la reconquista sobre moros y jud&iacute;os, s&oacute;lo permiti&oacute;  que la presencia sat&aacute;nica explicara lo que no era comprensible.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los ind&iacute;genas ten&iacute;an costumbres curativas y hac&iacute;an tratamientos  quir&uacute;rgicos  y emp&iacute;ricos de cierto grado de  complejidad. Sin embargo, la limitaci&oacute;n de fuentes y la interpretaci&oacute;n cient&iacute;fica por parte de los espa&ntilde;oles ha distorsionado la visi&oacute;n  que se tiene  sobre esas pr&aacute;cticas,  al ubicarlas por fuera de su propio contexto y cosmogon&iacute;a. Dentro de la cultura aborigen, tanto bienestar  como malestar eran el resultado de la lucha entre poderes m&aacute;s all&aacute; de lo visible, que s&oacute;lo ser&iacute;an percibidos por el cham&aacute;n, quien contar&iacute;a con capacidades innatas,  sumadas a  conocimientos   adquiridos.  Entre sus funciones,  estar&iacute;a el equilibrio de esos poderes,  los cuales sol&iacute;an asociarse con ciclos de sequ&iacute;a o de lluvia. Este personaje actuaba dentro de un estado alterado de conciencia, por medio del cual se propon&iacute;a  controlar  el mundo con la ayuda de plantas alucin&oacute;genas; pero si fallaba, era sancionado  por la comunidad,  que consideraba que el problema era exclusivamente suyo.</p>      <p>El  permanente  intento del Estado colonial por desarticular conceptos culturales y sociales de los pueblos ind&iacute;genas recibi&oacute; el apoyo incondicional  de la Iglesia, en su  pretensi&oacute;n   por conseguir una hegemon&iacute;a  pol&iacute;tica  y religiosa   a  lo largo de los per&iacute;odos de la Conquista y la Colonia. En Espa&ntilde;a, se impuso  desde muy temprano  el derecho can&oacute;nico, factor que demuestra el poder de la Iglesia en lo social, lo cultural y lo pol&iacute;tico.</p>      <p>M&eacute;dicos y cirujanos  estaban obligados  a sugerir la confesi&oacute;n  antes de cualquier  acci&oacute;n m&eacute;dica con el  riesgo de recibir sanciones terrenales  y espirituales, pero primando  la salvaci&oacute;n espiritual sobre la corporal. El  m&eacute;dico deb&iacute;a  reunir las virtudes  del buen cristiano  y las preparaciones doctrinales  y cient&iacute;ficas eran  complementarias. De este modo, la medicina  de la &eacute;poca visig&oacute;tica fue la suma de tradiciones tribales centroeuropeas, la herencia hipocr&aacute;ticogal&eacute;nica  y las actitudes del cristianismo, pero despojada  del  elemento naturalista.</p>      <p>Durante la Edad Media, como la enfermedad  pas&oacute; a ser una condici&oacute;n cada vez m&aacute;s frecuente en las vidas de los seres humanos, tanto las enfermer&iacute;as de los conventos como los hospitales para curar pobres y recibir  peregrinos se dedicaron a darle importancia  a la enfermedad, con lo que se le dio origen  a la instituci&oacute;n del hospital general.</p>      <p>La racionalizaci&oacute;n de la existencia hospitalaria se dio como un proceso incompleto  de secularizaci&oacute;n, en el cual los monasterios y cofrad&iacute;as religiosas pasaron  poco a   poco sus  rentas al hospital general, bien bajo el patronato municipal o real, con juntas administradoras  conformadas    por seglares y religiosos. Este fen&oacute;meno se identific&oacute;  con los hospitales de los reinos hisp&aacute;nicos y las ciudades del Nuevo Mundo. A la Nueva Granada llegaron  entonces fundaciones  religiosas ligadas a los monasterios y encargadas del cuidado de peregrinos pobres, adem&aacute;s del alivio o recuperaci&oacute;n de los enfermos bajo la inspiraci&oacute;n religiosa, pol&iacute;tica y social de la Iglesia espa&ntilde;ola de la contrarreforma.</p>      <p>A pesar de esos prop&oacute;sitos,  los hospitales neogranadinos estaban ordenados para que atendieran tan s&oacute;lo a espa&ntilde;oles y cristianos.En la constituci&oacute;n de lo que deber&iacute;a llamarse el Nuevo Reino de Granada por parte de la metr&oacute;poli, se conjugaron en forma contradictoria y compleja dos fuentes de poder: la Iglesia y el Estado. Mediante el Real Patronato, la Iglesia  estaba sujeta a la acci&oacute;n del Estado. Los grupos de ind&iacute;genas y comunidades negras  que estaban  discriminados   y  apartados del Estado colonial siguieron manteniendo sus tradiciones,  pr&aacute;cticas  ancestrales y conoci mientos  m&eacute;dicos, a pesar de las represiones  y castigos.</p>      <p>Como en este  texto, las secuencias temporales   y espaciales no conservan un orden riguroso. Los lectores  se han de encontrar con varios  ensayos que parecen yuxtapuestos para intentar  mantener  una secuencia coherente, acorde con el dise&ntilde;o de los cap&iacute;tulos.</p>      <p>A juzgar por este  primer libro, el trabajo  parece m&aacute;s una recopilaci&oacute;n  de trabajos previos, que una labor investigativa de primera mano tras la historia de la medicina para Colombia. Es muy probable  que se cuente  con muy pocas fuentes primarias, las que s&oacute;lo habr&iacute;an podido  reunirse a partir de otros autores, para darle coherencia a las tem&aacute;ticas.</p>     <p>En lo que  se refiere  al tema de las enfermedades contra&iacute;das durante los viajes transatl&aacute;nticos, sorprende  el poco espacio  que se  les  deja a  las enfermedades   llamadas   carenciales,  que indudablemente  significaron  un factor com&uacute;n en estas largas traves&iacute;as, en las cuales se ten&iacute;a  que prescindir de alimentos de origen animal y vegetal  ricos en prote&iacute;nas y vitaminas, sin los cuales no s&oacute;lo se conseguir&iacute;a un marcado nivel de desnutrici&oacute;n,   sino, adem&aacute;s, diferentes   formas de avitaminosis, de las cuales el texto tan s&oacute;lo menciona el escorbuto o falta de Vitamina C. Visto desde el siglo XXI, frente a este marcado grado de desnutrici&oacute;n, resultar&iacute;a muy explicable el  descenso   en  las   defensas   inmunol&oacute;gicas que, a su vez, facilitar&iacute;an  la propensi&oacute;n  a otras enfermedades, en especial las de tipo infeccioso.</p>      <p>El libro deja algunas reflexiones:  por un lado, la historia de la medicina no se presenta  disgregada  de la historia social, econ&oacute;mica y pol&iacute;tica, como suelen presentarla otros autores. En cuanto  a la medicina como objeto de estudio, el texto busca destacarla   cuando toma  diversos   elementos tem&aacute;ticos:  en  primer lugar,  a partir de la formaci&oacute;n  acad&eacute;mica o emp&iacute;rica y la capacitaci&oacute;n de habilidades. En segundo lugar, asociada con un segundo eje tem&aacute;tico  que parece ir de la mano de las enfermedades  que se deducen  como  m&aacute;s frecuentes.  Sin  embargo, como no se  insiste  en buscar muchas   pruebas,  quedan algunos vac&iacute;os. Un tercer eje tem&aacute;tico,  y apoyado en el funcionamiento de los hospitales, indirectamente lleva a acusar a las autoridades  civiles y religiosas, por su ineficiencia.</p>  </font>     ]]></body>
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