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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p> RESE&Ntilde;AS</p>      <p><font size="4"><b>Muchembled, Robert.</b></font></p>      <p><i>Une  histoire de la violence. De la fin du  Moyen-Age &agrave; nos jours.</i>    <br> Paris: &Eacute;ditions du seuil,    <br> 2008, 499 pp.    <br> <i>Abel  L&oacute;pez</i>    <br> Pontificia Universidad Javeriana    <br> <a href="mailto:abel.lopez@javeriana.edu.co">abel.lopez@javeriana.edu.co</a></p>  <hr>     <p>Este libro muestra que en Europa Occidental, desde el siglo XIII en adelante, ha habido un progresivo declive de la violencia f&iacute;sica, en especial de los homicidios. As&iacute; se concluye de an&aacute;lisis de registros judiciales, de informes de polic&iacute;a y de cartas de perd&oacute;n que los reyes otorgaban a condenados. En la Edad Media, los violentos eran en su mayor&iacute;a j&oacute;venes y c&eacute;libes, movidos por lo que el autor denomina una "&eacute;tica viril". Una conducta motivada por la defensa y venganza del honor familiar y de grupo, y una ocasi&oacute;n para hacer alarde de las virtudes varoniles de j&oacute;venes en espera de una oportunidad que los pusiera al frente de una familia. Las sociedades medievales no sol&iacute;an condenar esas agresiones; m&aacute;s bien las estimulaban. Desde el siglo XVI, el fortalecimiento del estado, la extensi&oacute;n de la justicia criminal y las nuevas normas de comportamiento contribuyeron a controlar los homicidios, y  finalmente a que triunfara el tab&uacute; de la muerte. Muchembled reconoce a Norbert Elias y a Michel Foucault el haber identificado los modos de control colectivo. Los critica, sin embargo, por sus desfases cronol&oacute;gicos  y  por insuficientes. En  la Francia del siglo XVII los nobles recurr&iacute;an al duelo, por lo que la civilizaci&oacute;n de las costumbres descrita por el soci&oacute;logo alem&aacute;n no fue m&aacute;s que apariencia. Entonces la violencia se hizo m&aacute;s intensa y radical entre los especialistas de la muerte. La suavizaci&oacute;n de las penas fue m&aacute;s temprana de lo que piensa el fil&oacute;sofo franc&eacute;s. El estado habr&iacute;a que  considerarlo con un car&aacute;cter menos fr&iacute;o y monstruoso de lo que le pareci&oacute; a Foucault, con autoridad capaz de asegurar justicia. Las normas y las pr&aacute;cticas judiciales fueron aceptadas por las comunidades rurales y urbanas como garant&iacute;a de seguridad. El inter&eacute;s por mostrar esta aceptaci&oacute;n lleva a Muchembled a justificar la tortura con el d&eacute;bil argumento de que a los ojos de los contempor&aacute;neos era algo normal e incluso indispensable. Un novedoso cap&iacute;tulo estudia historias, h&eacute;roes y protagonistas de la literatura de cr&iacute;menes, cuyo prop&oacute;sito general era mostrar que "el crimen no paga" (418) y atenuar las angustias colectivas. Los bandidos de la literatura exorcizan la violencia. A comienzos del siglo XXI, la violencia tiene a&uacute;n rasgos medievales manifiestos, en especial, en las bandas de j&oacute;venes de los barrios de las grandes ciudades. No deja de llamar la atenci&oacute;n que en el balance sobre violencia en el siglo XXI figure Colombia como ejemplo del pa&iacute;s con mayor n&uacute;mero de homicidios por cada cien mil habitantes.</p>      ]]></body>
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