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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Entre la mutua dependencia y la mutua independencia. El Hospital San Ignacio y la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana. 1942-1990]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p> </p> </h1>     <p align="center"><font size="4"><b>Entre la mutua dependencia y la mutua independencia. El Hospital San Ignacio y la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana. 1942-1990.    <br> </b></font>Mej&iacute;a de Mesa, Marietta.    <br> Bogot&aacute;: Universidad Javeriana, 2013. 344 pp.     <br> &nbsp;</p>     <p align="center">Eduardo D&iacute;az Amado<sup>1</sup></p>     <p align="left"><sup>1</sup>M&eacute;dico, Universidad Nacional de Colombia. M.A. y Ph.D en Historia y Filosof&iacute;a de la Ciencia y la Medicina, Universidad de Durham (Reino Unido). Profesor Asociado, Instituto de Bio&eacute;tica, Pontificia Universidad Javeriana (Bogot&aacute;, Colombia). Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:eduardo.diaz@javeriana.edu.co">eduardo.diaz@javeriana.edu.co</a></p>  <hr>     <p align="center"><b>C&oacute;mo citar esta rese&ntilde;a</b></p>     <p>D&iacute;az Amado, Eduardo. Rese&ntilde;a de Entre la mutua dependencia y la mutua independencia. El Hospital San Ignacio y la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana. 1942-1990, de Marietta  Mej&iacute;a de Mesa. Memoria y Sociedad 20, no 41 (2016): 153-156.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Durante el primer semestre de 2015 fui invitado a dar una clase sobre historia de la Medicina a estudiantes ad portas de iniciar su internado rotatorio, es decir, en el &uacute;ltimo a&ntilde;o de su carrera. Se trataba por lo tanto no de simples estudiantes de Medicina, sino de cuasi-m&eacute;dicos, dir&iacute;amos, que comenzaban ya a ejercer su profesi&oacute;n, solo que a&uacute;n bajo supervisi&oacute;n permanente. Como el tema para mi clase era libre, opt&eacute; por hablar de historia de la anatom&iacute;a; un tema que consider&eacute; atractivo para cualquier m&eacute;dico. Durante la sesi&oacute;n mostr&eacute; algunas im&aacute;genes de De humani corporis fabrica, libri septem, de Andreas Vesalio. Al preguntarles sobre lo que estaban viendo, el sal&oacute;n permaneci&oacute; mudo. Les di entonces una pista con la que casi les estaba &laquo;soplando&raquo; la respuesta: &laquo;Son im&aacute;genes de un libro considerado por muchos como el m&aacute;s bello de la historia, y el autor es el anatomista m&aacute;s famoso e importante del Renacimiento&raquo;, dije. Pero en vez del &laquo;aaahhh&raquo; que se escucha  cuando caemos en cuenta de lo obvio, lo que obtuve fue rostros de extra&ntilde;eza y el movimiento t&iacute;pico de las cabezas indicando un &laquo;&iexcl;ni idea!&raquo;.</p>     <p>&iquest;C&oacute;mo era posible que estudiantes de Medicina a punto de graduarse no tuvieran &laquo;ni idea&raquo; de qui&eacute;n hab&iacute;a sido Vesalio y la importancia de su obra? Pens&eacute; entonces en el tipo de m&eacute;dicos que estamos produciendo: expertos en diligenciar formatos, en discutir sobre la &laquo;evidencia&raquo; que soporta los tratamientos y en apelar a la tecnolog&iacute;a para hacer diagn&oacute;sticos, pero ignorantes de su propia identidad e incapaces de &laquo;leer&raquo; el mundo de manera cr&iacute;tica. La culpa toda no es de ellos. Las facultades de Medicina hoy ofrecen pocas oportunidades para pensar &laquo;lo que se es&raquo; y &laquo;lo que se hace&raquo;. En los tiempos que corren, en los que se habla mucho de la crisis del sistema y las profesiones de la salud, se espera que dichos profesionales no sean ap&aacute;ticos, sino m&aacute;s bien los garantes de la salud de los ciudadanos; y que los hospitales sean de verdad instituciones de salud, comprometidos con la excelencia y el respeto a la dignidad humana, no simples empresas para producir dinero.</p>     <p>Pero el presente no cambiar&aacute; mientras sigamos desvinculados de la historia, es decir, sin un conocimiento adecuado de c&oacute;mo surgen y se mantienen los conflictos sociales, y en el caso de la Medicina, del rol que diversos actores y fuerzas juegan en producir uno u otro tipo de profesional o instituci&oacute;n. Sin un ancla de identidad no se puede entender qui&eacute;nes somos, qu&eacute; estamos llamados a hacer y qu&eacute; a rechazar. Y esto no es solo un problema de m&eacute;dicos, sino de los ciudadanos, pues la manera como se entiende la atenci&oacute;n en salud y el ejercicio de la Medicina en un momento particular de la historia es un term&oacute;metro de la sociedad en que se vive. Aqu&iacute; los historiadores tienen tambi&eacute;n mucho qu&eacute; investigar para ayudarnos a comprender las diversas din&aacute;micas que en la sociedad colombiana nos han tra&iacute;do hasta el hoy y convertido en lo que somos.</p>     <p>Entre la mutua dependencia y la mutua independencia. El Hospital San Ignacio y la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana. 1942-1990, publicado por la Editorial Javeriana en 2013, no es solo la historia de un hospital; es el gran aporte que hace la profesora Marietta Mej&iacute;a de Mesa a la tarea de mirar al pasado para reconstruir identidades y entender el presente. En este trabajo la profesora Marietta saca a relucir sus dotes de historiadora, en particular por la gran meticulosidad con la que recoge la evidencia y construye los argumentos. Igualmente, nos da pruebas de que su formaci&oacute;n m&eacute;dica le dej&oacute; impronta  -no hay que olvidar que Marietta fue estudiante de Medicina, justamente de la Javeriana-: su libro es una historia completa y ordenada, tal como las historias cl&iacute;nicas que hacen los m&eacute;dicos, pues en &eacute;l se describen y analizan algunos de los &laquo;s&iacute;ntomas&raquo; que han aquejado hist&oacute;ricamente a la Medicina colombiana; y lo hace a trav&eacute;s de un &laquo;estudio de caso&raquo; concreto: el caso San Ignacio.</p>     <p>El rol de la historia va m&aacute;s all&aacute; de contar qu&eacute; pas&oacute;, por mero capricho o deseo de establecer genealog&iacute;as. Se trata de entender, siguiendo a M. Foucault<sup><a name="s2" href="#2">2</a></sup>, c&oacute;mo es que hemos llegado a ser lo que somos y d&oacute;nde estamos, bajo la premisa fundamental de que la historia es contingente, es decir, que las cosas, y nosotros mismos, podr&iacute;an haber sido de otro modo. Adoptando una perspectiva hist&oacute;rica podemos ver las corrientes que se mueven, chocan, se fortalecen o desaparecen bajo esa superficie que llamamos presente. Lo que logra muy bien la profesora Marietta al tratar de responder preguntas como: &iquest;cu&aacute;l es la historia del Hospital San Ignacio (HSI)<sup><a name="s3" href="#3">3</a></sup>?, &iquest;qu&eacute; fuerzas, luchas, acuerdos, circunstancias, instituciones y personas llevaron a su creaci&oacute;n y han ayudado en su desarrollo?, &iquest;c&oacute;mo han sido las relaciones entre la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana (FMUJ) y el HSI?, en suma, &iquest;qu&eacute; podemos saber, no solo de la historia de la Medicina, sino de la historia de nuestro pa&iacute;s cuando nos acercamos a la historia del HSI?</p>     <p>Sus casi 350 p&aacute;ginas, divididas en tres partes, &laquo;Contextos&raquo;, &laquo;Las Fundaciones&raquo; y &laquo;La Facultad y el Hospital&raquo; se leen sin dificultad y le permiten al lector ver que el HSI ha sido punto de convergencia de diferentes vectores sociopol&iacute;ticos, culturales, religiosos, econ&oacute;micos y m&eacute;dicos; que ha sido un escenario que encarna muchos de los conflictos experimentados por la sociedad colombiana desde finales del siglo XIX, todo el XX y hasta nuestros d&iacute;as. Para la Universidad Javeriana el HSI no es meramente un hospital o un edificio ubicado en el centro de su campus. Es sobre todo una instituci&oacute;n plantada en su &laquo;coraz&oacute;n&raquo;, al cual ella le debe mucho. No se entiende la Javeriana sin el San Ignacio. Luego de la restauraci&oacute;n de la Universidad en los a&ntilde;os treinta del siglo XX, la construcci&oacute;n del Hospital en los a&ntilde;os cincuenta signific&oacute; la concreci&oacute;n de ideales centrales en la tradici&oacute;n cat&oacute;lica y jesu&iacute;tica: caridad, servicio, ense&ntilde;anza e investigaci&oacute;n (14).</p>     <p>En &laquo;Contextos&raquo; el lector se ubica temporal, pol&iacute;tica e ideol&oacute;gicamente. La Medicina colombiana entr&oacute; al siglo XX con los problemas t&iacute;picos de un pa&iacute;s tropical que luchaba por desarrollarse. La influencia francesa era fuerte en las facultades de Medicina existentes -Nacional, Antioquia y Cartagena, todas ellas de car&aacute;cter p&uacute;blico-, pero los tiempos nuevos demandaban nuevas aproximaciones. Aunque el punto desencadenante que llev&oacute; a la creaci&oacute;n de la primera Facultad de Medicina privada del pa&iacute;s fue el conflicto creado por la no admisi&oacute;n en la Universidad Nacional de casi 100 bachilleres que hab&iacute;an aprobado su examen de admisi&oacute;n (115), la profesora Marietta nos ilustra sobre las diversas fuerzas y circunstancias que desembocaron en la fundaci&oacute;n de la FMUJ y el HSI casi simult&aacute;neamente.</p>     <p>Por un lado, estaba la capacidad de los jesuitas, cuya provincia en Colombia acababa de ser restaurada, para &laquo;...adaptarse a los vientos modernos pero sustentados en principios tradicionales s&oacute;lidos&raquo; (37), as&iacute; como el mandato de practicar la caridad, t&iacute;pico del mundo cat&oacute;lico. En el decreto arzobispal de 1942, con el cual se creaba el HSI, se dec&iacute;a que el Hospital tendr&iacute;a como fin &laquo;practicar la caridad cristiana dando a los pobres que de toda la rep&uacute;blica acuden a la capital asistencia m&eacute;dica gratuita, y servir de campo de estudio, pr&aacute;ctica e investigaci&oacute;n a los profesores y estudiantes de la PUCJ<sup><a name="s4" href="#4">4</a></sup>&raquo; (167). Como lo argumenta la profesora Marietta, la caridad ha sido una estrategia para solucionar conflictos sociales en nuestro pa&iacute;s (23). Por el otro lado, estaba la necesidad de solucionar el d&eacute;ficit en la atenci&oacute;n m&eacute;dica y en el n&uacute;mero de camas hospitalarias de la &eacute;poca. Sin embargo, es claro que tambi&eacute;n el inter&eacute;s de las clases sociales altas -incluyendo m&eacute;dicos pudientes y prestigiosos- por encontrar alternativas para la educaci&oacute;n superior de sus hijos, lejos de los vaivenes de la universidad p&uacute;blica, fue un motivo que contribuy&oacute; a la creaci&oacute;n de la nueva Facultad. El surgimiento de entidades privadas para responder a los conflictos de la educaci&oacute;n p&uacute;blica es entonces un fen&oacute;meno viejo en Colombia, aunque, claro, los conflictos siguen sin resolverse: inequidad, dificultades para el acceso a la educaci&oacute;n superior y a la atenci&oacute;n en salud con calidad, entre otros.</p>     <p>Pero el HSI ha sido sobre todo y desde sus or&iacute;genes sin&oacute;nimo de cambio. Su nacimiento encarna el momento en el cual la Medicina colombiana dejaba atr&aacute;s la influencia francesa y se volcaba a la Medicina norteamericana como paradigma de la Medicina moderna. Las dos misiones m&eacute;dicas norteamericanas de mediados del siglo XX fueron excepcionalmente influyentes (Humphreys, 1948; y Lapham, 1953). El Informe Flexner y el hospital tipo monoblock, con servicio 24 horas y casado completamente con la tecnolog&iacute;a, han sido, sin duda, modelos para los hospitales colombianos desde la segunda mitad del siglo XX. Desde sus inicios, el HSI y la FMUJ se comprometieron con una Medicina &laquo;de avanzada&raquo;, lo que se ha refrendado a lo largo de su historia con la fundaci&oacute;n de los diversos departamentos y servicios; en los ochenta del siglo XX con el primer trasplante de hueso en Latinoam&eacute;rica; y luego, en los noventa, con las reformas tendientes a poner al Hospital a tono con las necesidades del nuevo sistema de salud.</p>     <p>En &laquo;Las Fundaciones&raquo; se analizan las circunstancias y problem&aacute;ticas que rodearon el nacimiento, tanto de la FMUJ como del HSI. En aquellos tiempos la Universidad Nacional era un paradigma educativo y centro de debate pol&iacute;tico obligado en el pa&iacute;s. Por esto la ret&oacute;rica de las fundaciones es la de la &laquo;colaboraci&oacute;n&raquo; m&aacute;s que la de la &laquo;competencia&raquo;. Sin embargo, la nueva Facultad tendr&iacute;a su propio car&aacute;cter: &laquo;quedar&iacute;an desterrados huelgas y carnavales que disiparan a los estudiantes &#91;...&#93; no ser&iacute;a un refugio para fracasados&raquo; y se admitir&iacute;an estudiantes con solo presentar el diploma de bachiller, pero con el compromiso de aprobar el primer a&ntilde;o para poder continuar (117).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En &laquo;La Facultad y el Hospital&raquo; quedan claras dos cosas. La primera, que el  &laquo;nuevo Hospital grandioso&raquo; (200), imaginado por el rector de la Javeriana, lleg&oacute; efectivamente a ser realidad. La segunda, que el HSI ha sido desde sus inicios un proyecto que congrega a gran diversidad de actores. As&iacute; se ve en los inicios, cuando muchos debieron &laquo;hacer valer su influjo&raquo; para lograr la modificaci&oacute;n de la ley que solo reconoc&iacute;a t&iacute;tulos de universidades oficiales (117), y luego, a trav&eacute;s de toda su historia, en la que una mir&iacute;ada de donantes y colaboradores ha permitido su sobrevivencia en tiempos dif&iacute;ciles y el alcanzar la solidez en nuestros d&iacute;as. En palabras de la profesora Marietta, ... el Hospital San Ignacio dej&oacute; de ser un elemento de pertenencia de los jesuitas y su Universidad Javeriana, para convertirse cada vez m&aacute;s en un prop&oacute;sito nacional que reun&iacute;a en torno suyo a todos &laquo;los cat&oacute;licos caritativos&raquo; dispuestos a hacer parte de esa meritoria obra, a la cual tambi&eacute;n se sumaron personas que inclu&iacute;an en su testamento determinadas sumas para contribuir a la construcci&oacute;n del hospital (209).</p>     <p>En fin, quienes quieran ahondar en c&oacute;mo se han tejido las relaciones entre Iglesia, Estado y Medicina en Colombia no pueden dejar de leer este libro. Sin embargo, el lector deber&aacute; tambi&eacute;n asumir una mirada cr&iacute;tica y comprometida. Esta obra podr&iacute;a ser f&aacute;cilmente tomada como una apolog&iacute;a de la FMUJ y el HSI. Aunque esto no es as&iacute;, lo mejor que podemos hacer es seguir caminando por los senderos que ha abierto la profesora Marietta con su libro, buscando incluso llegar m&aacute;s lejos. Por ejemplo, en el texto se menciona que el &laquo;mantenimiento&raquo; de la moralidad del HSI estuvo en manos de monjas que llegaron all&iacute; como enfermeras (204), &iquest;qu&eacute; signific&oacute; esto?; m&aacute;s aun, &iquest;cu&aacute;l ha sido el rol de las diversas profesiones de la salud en la construcci&oacute;n del ethos hospitalario en Colombia?, y viceversa, &iquest;c&oacute;mo los hospitales han influido en las &eacute;ticas de dichas profesiones? As&iacute; mismo, queda por analizar mejor la influencia que han tenido la FMUJ y el HSI en la educaci&oacute;n y la atenci&oacute;n m&eacute;dicas en el pa&iacute;s.</p>     <p>Finalmente, cuando se decidi&oacute; casi en la d&eacute;cada de 1980 que se tratar&iacute;a ahora de &laquo;"ejercitar la caridad cristiana", pero ya no con la atenci&oacute;n gratuita a los pobres, sino dando, de acuerdo con sus recursos y posibilidades, "una atenci&oacute;n m&eacute;dica completa"&raquo; (282), habr&iacute;a que preguntarse, &iquest;ha sido esto posible?, &iquest;c&oacute;mo han hecho la FMUJ y el HSI para responder a los retos de una sociedad distinta de aquella que los vio nacer hace casi ya un siglo? -pensemos en los retos del actual sistema de salud, en los debates en torno a la investigaci&oacute;n biom&eacute;dica, la eutanasia o el aborto, por citar algunos-.</p>     <p>Mirando hacia el futuro, vale la pena insistir en que este ser&aacute; m&aacute;s prometedor si entendemos mejor de d&oacute;nde venimos, en qu&eacute; hemos errado y qu&eacute; potenciales no hemos usado. Si seguimos produciendo m&eacute;dicos que desconocen el aporte y el significado de autores tan ic&oacute;nicos como Vesalio, y que menos aun sabr&aacute;n de las ra&iacute;ces de su propia escuela de Medicina, de los altos ideales que han caracterizado a la profesi&oacute;n que escogieron y los sagrados valores que est&aacute;n llamados a preservar, seguiremos en deuda con la sociedad y con nosotros mismos. En el caso de la FMUJ y el HSI la cuesti&oacute;n es todav&iacute;a m&aacute;s seria: se trata de honrar los profundos compromisos &eacute;ticos que se adquirieron, con este mundo y con el de m&aacute;s all&aacute;, cuando la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s tuvo a bien fundarlos.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>     <p><sup><a href="#s2" name="2">2</a></sup>Citado en Mark Haugaard, Power: A reader (Manchester: Manchester University Press, 2002), 182.    <br> <sup><a href="#s3" name="3">3</a></sup>Su nombre actual es Hospital Universitario San Ignacio (HUSI).     <br> <sup><a href="#s4" name="4">4</a></sup>PUCJ : Pontificia Universidad Cat&oacute;lica Javeriana</p>       <hr>      <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p>Haugaard, Mark. Power: A reader. Manchester: Manchester University Press, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4117193&pid=S0122-5197201600020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p> </p> </font>     ]]></body><back>
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