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<article-title xml:lang="en"><![CDATA[COMENTARIO A: "Quantitative biostratigraphic model for the Tertiary of the Lower Magdalena Basin, colombian caribbean" por Cuartas, Jaramillo, & Martínez, 2006]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p><font size="4">        <center>     <b>COMENTARIO A: &quot;Quantitative    biostratigraphic model for the Tertiary of the    Lower Magdalena Basin, colombian caribbean&quot;  por Cuartas, Jaramillo, &amp; Mart&iacute;nez, 2006</b>    </center>   </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Hermann Duque-Caro*</b></p>     <p>*Duque Caro &amp; Cia. Ltda., Bogot&aacute;, Colombia. e-mail: <a href="mailto:hduque@cable.net.co">hduque@cable.net.co </a></p>  <hr size="1">     <p>Cuando uno se ha educado en el concepto de que la roca es el &uacute;nico testimonio con que cuenta el ge&oacute;logo para interpretar el pasado y que sin roca no hay tiempo (<i>no rock no time</i>), (Berggren, Kent, Aubry, &amp; Hardenbol, 1995) y cuando el conocimiento de la geolog&iacute;a f&iacute;sica de una regi&oacute;n y el levantamiento y caracterizaci&oacute;n de las secuencias estratigr&aacute;ficas de superficie y de subsuelo en &aacute;reas espec&iacute;ficas con base en su litolog&iacute;a, contenido fosil&iacute;fero y mineral&oacute;gico son fundamentales para interpretarlas y tratar de reconstruir su pasado geol&oacute;gico, siguiendo los postulados de Hutton (1788) es muy preocupante y salido de toda realidad pensar que con &uacute;nicamente un <i>software</i>, no obstante sus bondades, se puedan modificar las realidades y hechos f&iacute;sicos del campo, evaluar tasas de acumulaci&oacute;n y predecir secuencias estratigr&aacute;ficas y espesores desconociendo la roca y las condiciones geol&oacute;gicas y estratigr&aacute;ficas de una regi&oacute;n como la Costa Nor-occidental colombiana. </p>     <p>He le&iacute;do con mucho inter&eacute;s este trabajo por Cuartas, Jaramillo, y Mart&iacute;nez (publicado en este volumen) el cual consiste en el procesamiento de cartas de dispersi&oacute;n bioestratigr&aacute;fica de pozos (muestras de zanja) tomadas de informes internos de la costa caribe&ntilde;a colombiana para Ecopetrol –de mi autor&iacute;a– a trav&eacute;s de un software que ordena secuencialmente los intervalos bioestratigr&aacute;ficos de los diferentes elementos microfaun&iacute;sticos observados, para plantear un modelo cuantitativo de alta resoluci&oacute;n. </p>     <p><b>COMENTARIOS GENERALES </b></p>     <p>Son muchas las observaciones de fondo a los conceptos manejados por los autores que demandan una revisi&oacute;n y discusi&oacute;n profunda del art&iacute;culo, dada la importancia e implicaciones que &eacute;ste tiene tanto para la industria como para la comunidad cient&iacute;fica. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con esta evaluaci&oacute;n concluyo que la aplicaci&oacute;n del <i>sofware</i> estratigr&aacute;fico utilizado para el procesamiento de los datos, genera resultados contradictorios y conflictivos frente a los datos reales geol&oacute;gicos y estratigr&aacute;ficos del &aacute;rea. </p>     <p><b>Las deficiencias m&aacute;s notables observadas son: </b></p>     <p>1. El no considerar la roca como par&aacute;metro fundamental ya que es el elemento que contiene o no la microfauna, y el &uacute;nico para evaluar el tiempo: ... <i>With regard to the history of the earth, the rock record is the ultimate arbiter of time and its passage (no rock, no time)</i>, (Berggren <i>et al.</i>, 1995). La &uacute;nica referencia a las rocas de la regi&oacute;n est&aacute; en la <a href="#fig2">Figura 2</a>, de Cuartas et al . (2006) Mapa Geol&oacute;gico general y localizaci&oacute;n de los pozos, pero con datos equivocados –como se ver&aacute; enseguida– que a un lector extranjero que no conoce la Costa norte le crea una falsa impresi&oacute;n. Por ejemplo, la descripci&oacute;n general de s&oacute;lo lodolitas y calizas para los s&iacute;mbolos Pgm y PgmNgm, por tratarse de sedimentos muy finos parecieran relacionados a ambientes de fondo oce&aacute;nico, lo cual contradice la realidad. Por el contrario, los colores y los s&iacute;mbolos ilustrados en esta figura corresponden a la litolog&iacute;a del Cintur&oacute;n de San Jacinto (Duque-Caro, 1979;  <a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig1.gif" target="blank">Figura 1</a> de H.D-C.) donde los cuerpos litol&oacute;gicos predominantes son las arenitas y conglomerados, con un menor componente de lodolitas. Lo mismo sucede con el s&iacute;mbolo PgmNgm, que aunque contiene un componente destacado de lodolitas, sus componentes mayores son las arenitas. El s&iacute;mbolo NgQp de la esquina izquierda inferior de la <a href="#fig2">Figura 2</a> de Cuartas et al . (2006) que no lo diferencian del NgQt ya que aparecen con el mismo color, lo describen como “Rocas Pirocl&aacute;sticas” lo cual tambi&eacute;n es equivocado. Las &uacute;nicas influencias volc&aacute;nicas en estas rocas j&oacute;venes de la costa norte han sido la ocurrencia cristales de cuarzo bipiramidal, en diferentes litolog&iacute;as pero nunca se ha reportado la presencia de tobas o aglomerados. </p>        <p>    <center><a name=fig2><img src="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig2.gif"></a></center></p>      <p>2. Considerar los intervalos de profundidad de los pozos, delimitados con eventos microfaun&iacute;sticos planct&oacute;nicos como representativos de eventos asimilables a momentos geocronom&eacute;tricos de las escalas propuestas para los foramin&iacute;feros planct&oacute;nicos cenozoicos de los fondos oce&aacute;nicos (Berggren <i>et al.</i>, 1995; Haq, Hardenbol, &amp; Vail, 1987) desconociendo que el entorno tect&oacute;nico sedimentario de la costa norte es el de un margen continental muy diferente al de los fondos oce&aacute;nicos cuya estratigraf&iacute;a incluye ambientes desde el talud inferior a ambientes lagunares que tambi&eacute;n controlan la distribuci&oacute;n de la microfauna (H.D-C <a href="#fig2">Figura 2</a>). Adem&aacute;s, la microfauna planct&oacute;nica pierde su diversidad diagn&oacute;stica a partir de la plataforma externa y hacia el continente debido a su dependencia de la din&aacute;mica de las masas de agua; de ah&iacute; que para fines bioestratigr&aacute;ficos de alta resoluci&oacute;n como los buscados por este trabajo, sea necesario utilizar tanto la microfauna planct&oacute;nica como la bent&oacute;nica. </p>     <p>3. El haber asimilado e ilustrado una escala de profundidad emparejada con la columna del tiempo de Berggren <i>et al.</i> (1995), Figura 11 de Cuartas et al . (2006) con un tope de cero pies, coincidente con la porci&oacute;n superior del Plioceno y el colgar indiscriminadamente la iniciaci&oacute;n de los pozos analizados de este “ datum ” desconociendo que la iniciaci&oacute;n y tope cero de profundidad de todos estos pozos, por las caracter&iacute;sticas estructurales propias de las &aacute;reas en que se perforaron, tuvo lugar en niveles estratigr&aacute;ficos diferentes y donde ninguno de los pozos analizados, con excepci&oacute;n del pozo Barranquilla-1 (Figuras <a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig1.gif" target="blank">1</a> y <a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig3.gif" target="blank">3</a> de H.D-C.) se inici&oacute; en niveles estratigr&aacute;ficos m&aacute;s j&oacute;venes que las formaciones Tubar&aacute; y Zambrano de edad Mioceno superior a Plioceno temprano, como se mostrar&aacute; enseguida: </p>        <p>Para fines de comparaci&oacute;n y hacer claridad se ilustran algunas de las s&iacute;ntesis bioestratigr&aacute;ficas y cronoestratigr&aacute;ficas de los informes internos para Ecopetrol, de mi autor&iacute;a, correspondientes a los pozos Barranquilla-1 (<a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig3.gif" target="blank">Figura 3</a>), Danta-1 (<a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig4.gif" target="blank">Figura 4</a>), Porquera-1  (<a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig5.gif" target="blank">Figura 5</a>), Apure-2 (<a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig6.gif" target="blank">Figura 6</a>) Pivijay-1 (<a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig7.gif" target="blank">Figura 7</a>) y Campeche-1  (<a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig8.gif" target="blank">Figura 8</a>) cuya localizaci&oacute;n aparece en la <a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig1.gif" target="blank">Figura 1</a> de H.D-C. que al compararlos con los mismos pozos procesados con el <i>software</i> contradicen sus resultados. El Pozo Barranquilla (<a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig3.gif" target="blank">Figura 3</a>) el m&aacute;s joven que se inici&oacute; en la Formaci&oacute;n Popa (Pleistoceno inferior) y otros m&aacute;s antiguos como los pozos Danta-1 (<a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig4.gif" target="blank">Figura 4</a>) que se inici&oacute; en la Formaci&oacute;n Rancho (Mioceno medio, en la misma forma que los pozos Guamito-1 y Ligia-1), y Porquera-1 (<a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig5.gif" target="blank">Figura 5</a>) que se inici&oacute; en la Formaci&oacute;n Carmen (Mioceno inferior). Por otro lado, los pozos seleccionados fueron perforados en diferentes ambientes geol&oacute;gicos y tect&oacute;nicos, donde las secuencias sedimentarias de los pozos Algarrobo-1, Apure-  (<a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig6.gif" target="blank">Figura 6</a>) Pivijay-1  (<a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig7.gif" target="blank">Figura 7</a>), Remolino-1 y Media Luna-1 est&aacute;n localizados en &aacute;reas donde el basamento &iacute;gneo volc&aacute;nico es caracter&iacute;stico en la base de estos pozos e interrumpe la continuidad de la secuencias en el Mioceno inferior alto con excepci&oacute;n del Pozo Pivijay-1 que encontr&oacute; el basamento debajo de la Formaci&oacute;n Arroyo de Piedras del Eoceno superior, situaciones cr&iacute;ticas para fines de predicci&oacute;n, tampoco tenidas en cuenta y desconocidas para el <i>software</i> . </p>      <p>4. Dependencia exclusiva de los resultados producidos por un manejo mec&aacute;nico del <i>software</i> y procesamiento de solo los intervalos estratigr&aacute;ficos de los elementos microfaun&iacute;sticos de las cartas de dispersi&oacute;n de los pozos seleccionados, habi&eacute;ndose descartado la microfauna bent&oacute;nica, y sin tener en cuenta que la litoestratigraf&iacute;a de cada pozo que los contiene es diferente e involucra secuencias litol&oacute;gicas con significados paleoambientales diversos. Algunas de las secuencias contienen solo microfauna bent&oacute;nica como es el caso de las formaciones San Cayetano inferior de edad Paleoceno superior y San Cayetano superior de edad Eoceno inferior que solo contienen radiolarios y foramin&iacute;feros bent&oacute;nicos, situaci&oacute;n presente en los pozos Campeche-1, Polo Nuevo-1, Caracol&iacute;-1, Manati-1 y Tubar&aacute;-4, caracter&iacute;sticas no consideradas y descartadas por el <i>software</i>. Otras unidades son generalmente est&eacute;riles o muy pobres con solo asociaciones bent&oacute;nicas por raz&oacute;n de su litolog&iacute;a cl&aacute;stica gruesa y paleoambiente, como es el caso de las Formaciones Maco (Eoceno medio) y Venados (Paleoceno superior) la primera presente en los pozos Caracol&iacute;-1, Manati-1, Polo Nuevo-1 y Porquera-1 (H.D-C, <a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig5.gif" target="blank">Figura 5</a>) muy pobres en microfauna bent&oacute;nica con un espesor aproximado de 1000' en Caracol&iacute;-1, 2000' en Polo Nuevo-1, 4000' en Manat&iacute;-1 y de 9 000' en Porquera-1. El tener en cuenta solo los intervalos estratigr&aacute;ficos de los elementos planct&oacute;nicos que han sido los utilizados para identificar las profundidades de perforaci&oacute;n y los espesores correspondientes, elimina aquellos intervalos de roca sin evidencias planct&oacute;nicas. Esta situaci&oacute;n es particularmente notable en la porci&oacute;n inferior de los pozos mencionados anteriormente (ver la Figura 11 de Cuartas <i>et al.</i> (2006) y ocasiona que por el desconocimiento y descarte de las caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas y estratigr&aacute;ficas del VIM se llegue a conclusiones equivocadas como las sugeridas en la Figura 11 de Cuartas <i>et al.</i> (2006) donde se dice que &quot;los mayores espesores est&aacute;n hacia el sur y los menores en el norte&quot;. La ilustraci&oacute;n del Pozo Campeche-1 (Figura 11 de Cuartas <i>et al.</i>, 2006) es dram&aacute;tica para fines de una correlaci&oacute;n objetiva y pr&aacute;ctica, pues pareciera que todos los intervalos convergieran en un solo punto, como si la roca que perfor&oacute; este pozo no existiera, no obstante que el intervalo perforado fue de 7 323'. Campeche-1 es tal vez uno de los pozos menos apropiados para generar resultados ciertos con el <i>software</i> por lo incompleto, debido a su posici&oacute;n geogr&aacute;fica cercana a un alto estructural con adelgazamientos y desapariciones de las secuencias que generan incompletividad, condiciones conocidas y presentes en los registros s&iacute;smicos del &aacute;rea y que debieron haberse tenido en cuenta para que el <i>software</i> produjera resultados coherentes. La realidad de este pozo con mis datos originales (<a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig8.gif" target="blank">Figura 8</a> H.D-C) fue: desde la primera muestra estudiada a 100' hasta los 700' las evidencias microfaun&iacute;sticas planct&oacute;nicas encontradas fueron negativas para datar con precisi&oacute;n este intervalo debido al paleoambiente de plataforma media a interna indicado por la microfauna bent&oacute;nica. Sin embargo, la asociaci&oacute;n reportada de <i>Ammonia beccarii</i> y <i>Nonion sloanii</i> es caracter&iacute;stica de la Zona de <i>Ammonia beccarii</i> que hace parte de la Formaci&oacute;n Tubar&aacute; de edad Mioceno superior a Plioceno inferior (zonas N.17 a N.19). Este intervalo, pobremente datado, debido a las circunstancias anteriores, hace contacto con sedimentitas de la Formaci&oacute;n Porquero que contienen formas planct&oacute;nicas con <i>Globigerinoides diminuta</i>, marcador del tope del Mioceno medio basal (zona N.8) hasta los 900' indicando as&iacute; la ausencia de todo el Mioceno medio y el Mioceno superior (zonas N.9 a N.16). Este intervalo a su vez hace contacto en su base con la Formaci&oacute;n Carmen de edad Oligoceno a 900' (P.18 a P.21) que a su vez hace contacto con la Formaci&oacute;n Chengue que representa el Eoceno medio a 1200' (zonas P.9 a P.12). La Formaci&oacute;n Chengue suprayace a la Formaci&oacute;n San Cayetano superior (sin microfauna planct&oacute;nica) que representa el Eoceno inferior basal a 2700' y finalmente este San Cayetano superior descansa sobre el San Cayetano inferior (tambi&eacute;n sin microfauna planct&oacute;nica) que representa el Paleoceno desde 4100' hasta la profundidad total a 7 323', mostrando as&iacute; grandes hiatos e inconformidades, que explican la incapacidad del <i>software</i> para resolver esta situaci&oacute;n. El depender exclusivamente de la ocurrencia y de los intervalos estratigr&aacute;ficos de las especies como par&aacute;metros cronol&oacute;gicos, sin incluir la roca como elemento primario fundamental, puede conducir a la contradicci&oacute;n de que si no hay foramin&iacute;feros planct&oacute;nicos, tampoco hay registro del tiempo. ?Como si la roca no existiera! </p>     <p>Ning&uacute;n <i>software</i> estratigr&aacute;fico est&aacute; dise&ntilde;ado para reemplazar los hechos de la geolog&iacute;a y estratigraf&iacute;a locales, ni al estrat&iacute;grafo, ni a los fundamentos de la estratigraf&iacute;a (Kemple <i>et al.</i> 1995). El objetivo normal de todo <i>software</i> es agilizar procesos rutinarios, dise&ntilde;ados por la mente humana y ya probados &quot;manualmente&quot; e &quot;<i>in situ</i>&quot;; es decir, dentro de las condiciones locales que exige la aplicaci&oacute;n, para lograr una mayor eficiencia, y no como instrumento cuyos resultados contrar&iacute;en a los hechos (ver algunos ejemplos m&aacute;s adelante) y reemplacen los fundamentos del conocimiento mismo del cual nacieron. Lo anterior est&aacute; claramente expuesto en las p&aacute;ginas introductorias de Kemple (1995) lo mismo que los antecedentes de la Cuenca de Taranaki, Nueva Zelanda (Cooper <i>et al.</i>, 2001) referencias constantemente citadas por Cuartas <i>et al.</i>, (2006) para notar el &eacute;nfasis que se le da a este aspecto. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ALGUNOS COMENTARIOS PUNTUALES </b></p>     <p>1. Se habla de <i>&quot;The inconsistencies found in the biostratigraphic record, i.e. varying successions of first and last appearances of species from well to well ... &quot;</i>. </p>     <p>Estas inconsistencias son el producto del desconocimiento de los factores litol&oacute;gicos y ambientales ya discutidos as&iacute; como del tratamiento indiscriminado de diversas publicaciones con muy diverso soporte criteriol&oacute;gico. Adem&aacute;s, por lo importantes y cr&iacute;ticas debieran haberse discutido con base en datos de una columna patr&oacute;n de la Costa Norte de superficie o de subsuelo, i.e. la secci&oacute;n de Carmen-Zambrano que hasta la fecha es la m&aacute;s completa y continua del Caribe colombiano. Tambi&eacute;n se habla de “la incompletividad del conocimiento estratigr&aacute;fico”, que solamente se menciona. La estratigraf&iacute;a de cualquier regi&oacute;n se eval&uacute;a en funci&oacute;n de las varias cuencas locales y de sus registros sedimentarios correspondientes, junto con los problemas de continuidad secuencial y completividad normalmente asociados, y en este trabajo no se hace ninguna referencia ni discusi&oacute;n espec&iacute;fica a este tema no obstante existir suficiente informaci&oacute;n tanto de superficie como de pozos para evaluarla y discutir estos aspectos, lo que hubiera servido para discutir y plantear objetivamente los antecedentes estratigr&aacute;ficos y bioestratigr&aacute;ficos del Caribe colombiano tan importantes y cr&iacute;ticos y as&iacute; justificar la aplicaci&oacute;n del <i>software</i>. </p>     <p>2. Otra observaci&oacute;n hecha en el cap&iacute;tulo introductorio, que tampoco se explica ni se discute, es la cr&iacute;tica a la utilizaci&oacute;n de los foramin&iacute;feros bent&oacute;nicos como herramienta bioestratigr&aacute;fica. </p>     <p>La bioestratigraf&iacute;a no discrimina ni exige para su aplicaci&oacute;n ning&uacute;n grupo o tax&oacute;n en particular, su objetivo es organizar, distinguir y caracterizar paquetes de roca a partir de su contenido f&oacute;sil, para lo cual sus techos y sus bases se definen con los elementos de este contenido. Tampoco, su objetivo inmediato es datar dentro de la cronoestratigraf&iacute;a ya que de por si cada zona establece una dataci&oacute;n local y relativa con base en el principio de la superposici&oacute;n. Por lo tanto, el comentario de que la zonificaci&oacute;n de Carmen-Zambrano <i>&quot;is based mainly on benthonic foraminifera&quot;</i> no se justifica. El valor actual de los foramin&iacute;feros bent&oacute;nicos o de cualquier f&oacute;sil como herramienta bioestratigr&aacute;fica no ha sido cuestionado ni ha cambiado desde los inicios de la estratigraf&iacute;a (Smith, 1815, 1816) y mucho menos desde cuando estos f&oacute;siles mostraron todo su valor en la industria del petr&oacute;leo como herramienta de control estratigr&aacute;fico en la perforaci&oacute;n de pozos; por el contrario, se ha implementado y refinado (Villamil <i>et al.</i>, 1998, entre otros). Por otro lado, su valor actual cronoestratigr&aacute;fico est&aacute; probado en publicaciones importantes como Lamb y Miller (1984) Berggren y Miller (1989), Bolli, Beckmann, &amp; Saunders (1994) entre otros. Ver otras referencias adicionales al final de estos comentarios. </p>     <p>Para una ilustraci&oacute;n mayor, hay que a&ntilde;adir como un antecedente hist&oacute;rico importante, que para la fecha de la publicaci&oacute;n de Petters y Sarmiento (1956) las &uacute;nicas herramientas bioestratigr&aacute;ficas y cronoestratigr&aacute;ficas en el Caribe eran los moluscos y los foramin&iacute;feros en general, ya que la taxonom&iacute;a de los foramin&iacute;feros planct&oacute;nicos no se hab&iacute;a estudiado ni desarrollado suficientemente, ni este grupo se hab&iacute;a discriminado a&uacute;n como herramienta bioestratigr&aacute;fica en particular. Por lo tanto, los foramin&iacute;feros planct&oacute;nicos se inclu&iacute;an y se trataban conjuntamente con los foramin&iacute;feros bent&oacute;nicos como un solo grupo indiscriminado. As&iacute;, las primeras referencias bioestratigr&aacute;ficas del Caribe del norte suramericano como Renz (1948) para el Grupo Agua Salada de Venezuela y Petters y Sarmiento (1956) para la secci&oacute;n de Carmen Zambrano de Colombia, caracterizaron y subdividieron las secuencias litoestratigr&aacute;ficas estudiadas en zonas bioestratigr&aacute;ficas, que denominaron con los nombres de los taxa m&aacute;s distintivos, coincidencialmente bent&oacute;nicos, con un valor bioestratigr&aacute;fico probado regionalmente, previa verificaci&oacute;n de su completividad y continuidad, aplicando los conceptos fundamentales de la bioestratigraf&iacute;a. Para anotar, como un ejemplo del tratamiento indiscriminado mencionado anteriormente, aparecen intercaladas dentro de la zonificaci&oacute;n presentada, las zonas de <i>Globorotalia fohsi</i> (forma planct&oacute;nica) para el Grupo Agua Salada y de <i>Globigerina dissimilis</i> (forma planct&oacute;nica) para la secci&oacute;n de Carmen-Zambrano. Hay que volver a hacer &eacute;nfasis en que coincidencialmente, el grupo con mayor presencia y diversidad dentro de las secuencias de las secciones del Grupo Agua Salada (Renz, 1948) y de Carmen-Zambrano y &aacute;reas adyacentes (Petters y Sarmiento, 1956) son las formas bent&oacute;nicas con algunos niveles importantes con formas planct&oacute;nicas, particularmente en sus porciones inferiores, situaci&oacute;n debida exclusivamente a las condiciones paleoambientales propias de la evoluci&oacute;n tect&oacute;nica de los m&aacute;rgenes continentales del norte suramericano, diferentes a las de los fondos oce&aacute;nicos. </p>     <p>3. Dentro de la Introducci&oacute;n se comenta la revisi&oacute;n de Stone (1968) y un &quot;rejuvenecimiento considerable&quot; de la zonificaci&oacute;n de Petters y Sarmiento (1956). </p>     <p>Esta afirmaci&oacute;n y realidad aparente, no es tan simple ya que tiene que ver con la evoluci&oacute;n de la concepci&oacute;n del Oligoceno y el Mioceno en el Caribe que se defin&iacute;an con base en las dataciones particularmente de los moluscos antes de que Eames (1953, 1954) comenzara a cuestionar y discutir las correlaciones inter-continentales y de que Bolli (1957) asimilara sus resultados a estas discusiones. Ese Oligoceno inclu&iacute;a, lo que hoy es todo el Oligoceno, el Mioceno temprano y el Mioceno medio, y el Mioceno temprano y Mioceno medio, a lo que actualmente es el Mioceno tard&iacute;o, Plioceno y Pleistoceno. De ah&iacute; que asimilar y comparar, como se ilustra en la <a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig1.gif" target="blank">Figura 1</a> de Cuartas <i>et al.</i> (2006) el Oligoceno de Petters y Sarmiento con el Oligoceno de Stone (1968) y el de los dem&aacute;s autores genera confusi&oacute;n, pues se trata de dos concepciones diferentes. </p>     <p>Si se observa la <a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig1.gif" target="blank">Figura 1</a> de Stone (1968); aqu&iacute; <a href="#fig9">Figura 9</a>, se notar&aacute; que la zonificaci&oacute;n de Petters y Sarmiento (1956) que caracteriza las secuencias litoestratigr&aacute;ficas de la Costa Nor Occidental colombiana y la Secci&oacute;n de Carmen-Zambrano junto con sus respectivas edades, est&aacute;n asimiladas tanto al Oligoceno como a parte del Mioceno. Este fue un cambio substancial que trajo como consecuencia toda una discusi&oacute;n internacional donde algunos autores como Eames, Banner, Blow, and Clarke (1960) plantearon la ausencia del Oligoceno en el Caribe y Norte suramericano. Aqu&iacute; en Colombia tambi&eacute;n se plante&oacute; otra discusi&oacute;n en cuanto a la concepci&oacute;n del Oligoceno de Eames <i>et al.</i> (1960) y el Mioceno con base en moluscos (Porta, 1970, &amp; Duque-Caro, 1971). En esta Figura1 de Cuartas <i>et al</i>. (2006) tambi&eacute;n hay m&aacute;s imprecisiones como la de la columna de Duque (2000, reporte interno), donde se ilustra y se le atribuye un esquema nunca descrito ni publicado, incluyendo los reportes internos para Ecopetrol. Tambi&eacute;n, en la columna asignada a Duque (2000), no es clara la posici&oacute;n estratigr&aacute;fica de la zona de <i>Sigmoilina tenuis</i> ya que la falta de un l&iacute;mite inferior la asocia con la Zona infrayacente de <i>Planulina karsteni</i>. Estas dos zonas fueron muy bien definidas por Petters y Sarmiento (1956) sobre la secuencia litoestratigr&aacute;fica de Carmen-Zambrano y &quot;a&uacute;n est&aacute;n ah&iacute;&quot; por hacer parte y ser caracter&iacute;sticas de dos paquetes de rocas de la Formaci&oacute;n Rancho, el uno suprayaciendo al otro. Por lo tanto, la asociaci&oacute;n propuesta es un imposible f&iacute;sico ya que la Zona de <i>Sigmoilina tenuis</i> identifica a la Formaci&oacute;n Rancho superior y la de <i>Planulina karsteni</i> al Rancho inferior y al asociar las dos, aceptando la ilustraci&oacute;n cronoestratigr&aacute;fica de los autores &quot;habr&iacute;a que eliminar las secuencias litol&oacute;gicas correspondientes tanto de la secci&oacute;n de Carmen-Zambrano como de los mapas&quot;. Esta situaci&oacute;n es un mal entendimiento de los conceptos de tiempo y de roca y de sus relaciones. </p>     <p>Como se dec&iacute;a al comienzo de este art&iacute;culo, la unidad roca, con su contenido mineral&oacute;gico y fosil&iacute;fero es el &uacute;nico testimonio con que cuenta el ge&oacute;logo para la reconstrucci&oacute;n del pasado y por lo tanto es inamovible e independiente en su definici&oacute;n del tiempo en geolog&iacute;a, adem&aacute;s de lo fundamental que es para cualquier estudio, entre otros, los Bioestratigr&aacute;ficos (&quot;<i>no rock, no time</i>&quot; Berggren <i>et al.</i>, 1995). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>4. Como objetivo central de este trabajo se propone lograr un modelo bioestratigr&aacute;fico de predicci&oacute;n de alta resoluci&oacute;n. </p>     <p>Se me hace incomprensible una bioestratigraf&iacute;a de alta resoluci&oacute;n en el norte de Colombia con base exclusiva en foramin&iacute;feros planct&oacute;nicos provenientes de muestras de zanja con todas sus limitaciones, y cuando se han descartado todos los otros grupos paleontol&oacute;gicos, desconociendo las caracter&iacute;sticas fosil&iacute;feras y paleoambientes propios de los m&aacute;rgenes continentales colombianos donde la pobreza y ausencia de foramin&iacute;feros planct&oacute;nicos en varios intervalos de las secuencias litoestratigr&aacute;ficas de la costa Norte colombiana es com&uacute;n. ?C&oacute;mo se podr&iacute;a lograr alta resoluci&oacute;n planct&oacute;nica en las formaciones San Cayetano de edad Paleoceno a Eoceno inferior y en las secuencias m&aacute;s j&oacute;venes que el Mioceno medio, formaciones Rancho, Hib&aacute;charo, Jesus del Monte y Tubar&aacute;, Zambrano y Cerrito, con contenido fosil&iacute;fero muy escaso o que no los contienen? Para nombrar solamente dep&oacute;sitos de origen marino ( Duque-Caro, 1997). </p>     <p><b>&quot;METHODS&quot;</b></p>     <p>Este cap&iacute;tulo que es el coraz&oacute;n y centro de la investigaci&oacute;n y que por lo tanto incide directamente en la veracidad de los resultados obtenidos no ha tenido en cuenta el conocimiento estratigr&aacute;fico y geol&oacute;gico de la regi&oacute;n, no obstante las referencias y antecedentes citados, ni lo ha relacionado con los par&aacute;metros del <i>software</i>. Lo &uacute;nico claro es que con el <i>software</i> se proces&oacute; la informaci&oacute;n, bioestratigr&aacute;fica cuantitativa de eventos de primera (FOs) y de &uacute;ltima ocurrencia (LOs) de foramin&iacute;feros planct&oacute;nicos y bent&oacute;nicos de las cartas de dispersi&oacute;n de muestras de zanja de Duque-Caro (informes internos de Ecopetrol de 1994, 2000a, 2001a, 2001b, 2002) de los pozos Barranquilla-1, Ci&eacute;naga-1, Tubar&aacute;-4, Caracol&iacute;-1, Polo Nuevo-1, Santa Rita-1, Remolino-1, Pivijay-1, Campeche-1, Molinero-1, Media Luna-1, Danta-1, Algarrobo-1, Apure-2, Guamito-1 y Ligia-1, localizados en el VIM, habi&eacute;ndose descartado a los foramin&iacute;feros bent&oacute;nicos. </p>     <p>?C&oacute;mo -desconociendo todas las caracter&iacute;sticas geol&oacute;gicas del &aacute;rea, y sin un patr&oacute;n estratigr&aacute;fico y bioestratigr&aacute;fico local- se valoraron previamente los intervalos estratigr&aacute;ficos locales de las especies utilizadas, particularmente las bent&oacute;nicas, cuyo valor bioestratigr&aacute;fico y cronoestratigr&aacute;fico ha sido reconocido y probado en todo el Caribe y m&aacute;rgenes continentales norte suramericanos (Renz, 1948, Petters y Sarmiento, 1956; Berggren &amp; Miller, 1989; Bolli <i>et al.</i> 1994, entre otros)? pues no se hace referencia a este patr&oacute;n local, como si se hubiera esperado y como un efecto de la capacidad del <i>software</i>, que &eacute;ste ordenara, probara y dise&ntilde;ara el standard y resolviera toda la problem&aacute;tica involucrada. Como resultado obvio el <i>software</i> descart&oacute; a la microfauna bent&oacute;nica y dej&oacute; solo a la microfauna planct&oacute;nica, que si tuvo un patr&oacute;n de secuencia externo como el de Bolli, Saunders, and Perch-Nielsen (1985) para producir resultados con secuencias aparentemente ordenadas de estos elementos planct&oacute;nicos. </p>     <p><b>&quot;RESULTS&quot;</b></p>     <p><b>&quot;Experimental Time-calibration of the Composite Succession of the LMV and the Global Relative Sea-Level Curve&quot;</b></p>     <p>Este cap&iacute;tulo muestra un manejo indebido de la columna del tiempo geocronol&oacute;gico, al llevarla (no calibrarla) sin ninguna evaluaci&oacute;n ni consideraci&oacute;n a una regi&oacute;n tan diferente como el margen continental colombiano con desconocimiento del origen y los fundamentos de la cronoestratigraf&iacute;a (Ma) en el oc&eacute;ano cuya validez ha sido el producto de la calibraci&oacute;n de la sedimentaci&oacute;n, la magnetoestratigraf&iacute;a y la bioestratigraf&iacute;a oce&aacute;nicas para caracterizar un ambiente t&iacute;pico, exclusivo para los ambientes oce&aacute;nicos (Berggren <i>et al.</i>, 1995). Tambi&eacute;n se han asimilado indebidamente y en una forma muy simple las &uacute;ltimas ocurrencias oce&aacute;nicas calibradas con el tiempo geocronol&oacute;gico a las &uacute;ltimas ocurrencias obtenidas del <i>software</i> con los datos del continente lo cual es a todas luces impropio del rigor exigido por todo trabajo cient&iacute;fico, pues por su misma naturaleza, las caracter&iacute;sticas estratigr&aacute;ficas paleoambientales, tect&oacute;nicas y sedimentarias de los m&aacute;rgenes continentales, incluyendo el colombiano son diferentes a las de los fondos oce&aacute;nicos y por lo tanto exigen un patr&oacute;n sedimentario y magnetoestratigr&aacute;fico local para calibrar, correlacionar y localizar los intervalos estratigr&aacute;ficos obtenidos a la luz de la bioestratigraf&iacute;a local y as&iacute; discutir su posible edad geocronol&oacute;gica. </p>     <p><b>&quot;</b><b>Sediment Accumulation Rates and Unconformities&quot;</b></p>     <p>&iquest;C&oacute;mo se pueden estimar y predecir presencia o ausencia de intervalos y tasas de acumulaci&oacute;n cuando se han eliminado las unidades roca que no contienen microfauna planct&oacute;nica? </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&quot;The age-depth well plot for the Barranquilla-1 well suggests the presence of three possible unconformities. The first one, spanning the Middle Eocene to about the Middle Miocene, would represent a missing record of ~26 my, though it could be as short as ~7 my, as discussed above. The second one, spanning from around the middle Middle Miocene to the late Middle Miocene, would represent a missing record of ~4 my. Finally the last one, spanning from the late Late Miocene to around the Pliocene would represent a missing record of ~5 my (<a href="#fig9">Figure 9</a>)&quot;. </p>     <p>    <center><a name=fig9><img src="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig9.gif"></a></center></p>     <p>Estas tres inconformidades no concuerdan con los datos planct&oacute;nicos y bent&oacute;nicos estudiados y analizados sin <i>software</i> en el pozo Barranquilla-1 (<a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig3.gif" target="blank">Figura 3</a>) y que muestran la existencia real y f&iacute;sica de los intervalos Oligoceno inferior (base del pozo) al Mioceno medio y los dem&aacute;s. En la misma forma, la tercera inconformidad propuesta tambi&eacute;n se opone a los hechos f&iacute;sicos, que en este pozo en particular, muestra la presencia t&iacute;pica de la Formaci&oacute;n Tubar&aacute; de edad Mioceno superior a Plioceno inferior con sus f&oacute;siles planct&oacute;nicos y bent&oacute;nicos caracter&iacute;sticos. </p>     <p>&quot;<b>DISCUSSION</b>&quot;</p>     <p>Este cap&iacute;tulo est&aacute; dedicado a discutir y comparar los intervalos estratigr&aacute;ficos de las especies a partir de los resultados del <i>software</i> que como se ha visto son muy contradictorios con los datos de superficie y con los datos individuales de los pozos, interpretados sin software , que yo interpreto como consecuencia de la eliminaci&oacute;n de la unidad roca por no contener foramin&iacute;feros planct&oacute;nicos y haber eliminado los foramin&iacute;feros bent&oacute;nicos, adem&aacute;s del desconocimiento del entorno tect&oacute;nico-sedimentario de la Costa Norte. La dependencia exclusiva de la ocurrencia de los foramin&iacute;feros planct&oacute;nicos para evaluar la presencia o inexistencia del tiempo geol&oacute;gico en la costa norte diera la sensaci&oacute;n de que este software , en la forma como se ha aplicado en este estudio, puede cambiar las ocurrencias f&iacute;sicas dentro de una secuencia, en perjuicio de la existencia de la misma como se not&oacute; en la <a href="img/revistas/ctyf/v3n2/v3n2a14fig1.gif" target="blank">Figura 1</a> y en los pozos comentados anteriormente, lo cual ser&iacute;a contradecir el principio fundamental de la estratigraf&iacute;a donde ?la roca y el estrato, que son inamovibles de su posici&oacute;n estratigr&aacute;fica natural, sean el &uacute;nico testimonio, que tiene el ge&oacute;logo para interpretar el pasado! </p>     <p><b>CONCLUSI&Oacute;N </b></p>     <p>Es una l&aacute;stima que los datos contenidos en las cartas de dispersi&oacute;n procesadas, tanto de foramin&iacute;feros bent&oacute;nicos como de foramin&iacute;feros planct&oacute;nicos no se hubieran aprovechado mejor confront&aacute;ndolos y verific&aacute;ndolos previamente a la luz de las secuencias de superficie litoestratigr&aacute;ficas y bioestratigr&aacute;ficas de, por ejemplo, la Secci&oacute;n de Carmen-Zambrano, la m&aacute;s completa y continua de la costa norte, y teniendo en cuento el entorno tect&oacute;nico y estructural antes de utilizar el software , lo cual hubiera mejorado y enriquecido la evaluaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de los resultados. </p>     <p>Como consecuencia de todo lo anterior hay que hacer &eacute;nfasis en que la proliferaci&oacute;n de modelos y softwares especializados, no obstante su aplicaci&oacute;n exitosa en las regiones donde nacieron, su aplicaci&oacute;n en otras regiones como las norte suramericanas requieren de mucho estudio y acumulaci&oacute;n de datos producto del conocimiento de la geolog&iacute;a y estratigraf&iacute;a locales. Hay que evitar la tendencia actual a creer que todo el conocimiento se va a lograr a partir de estas herramientas, olvid&aacute;ndose de principios fundamentales de la geolog&iacute;a y estratigraf&iacute;a y de la importancia que tiene la geolog&iacute;a y toma de datos en el campo. </p>     <p><b>AGRADECIMIENTOS </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Quiero agradecer a los editores de la revista CT&amp;F - Ciencia, Tecnolog&iacute;a y Futuro por la invitaci&oacute;n a que publicara este art&iacute;culo y en la misma forma quiero agradecer muy especialmente al Dr. Fernando Etayo Serna por sus valiosos comentarios y sugerencias. </p> <hr size="2">     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS CITADAS Y RECOMENDADAS </b></p>     <p>Berggren, W. A., &amp; Miller, K. G. (1989). Cenozoic bathyal and abyssal calcareous benthic foraminiferal zonation. <i>Micropaleontology</i>, 35: 308-320. </p>     <p>Berggren, W. A., Kent, D. V., Aubry, M. P., &amp; Hardenbol, J. (1995). Geochronology, time scales and global stratigraphic correlations: unified temporal framework for an historical Geology. Introduction: <i>Society of Economic Paleontologists and Mineralogists, Special Publication</i>, 54: 5-6. </p>     <p>Blow, W. H. (1970). Validity of biostratigraphic correlations based on the Globigerinacea. <i>Micropaleontology</i>, 16: 257-268. </p>     <p>Bolli, H. M., (1957), Planktonic foraminifera from the Oligocene-Miocene Cipero and Lengua formations of Trinidad, in Loeblich, A. R., Tappan, H., Beckmann, J. P., Bolli, H. M., Montanaro Gallitelli, E., and Troelsen, J. C., eds., <i>Studies in Foraminifera. U.S. Nat. Museum, Bull</i>. 215: Washington, D.C., Smithsonian Institution, p. 97-123. </p>     <p>Bolli, H. M., Beckmann, J. P., &amp; Saunders, J. B (1994). <i>Benthic foraminiferal biostratigraphy of the south Caribbean region</i>. New York: Cambridge University Press. </p>     <p>Boersma, A. (1984). <i>Handbook of Common Tertiary Uvigerina: Stony Point</i>. New York: Microclimates Press. </p>     <p>Cooper, R. A., Crampton, J. S., Raine, J. I., Gradstein, F. M., Morgans, H. E. G., Sadler, P. M., Strong, C. P., Waghorn, D., &amp; Wilson, G. J.(2001). Quantitative biostratigraphy of the Taranaki Basin, New Zealand: A deterministic and probabilistic approach. <i>American Association of Petroleum Geologists, Bulletin</i>, 85 (8), 1469-1498. </p>     <p>Cuartas, C., Jaramillo, C., &amp; Mart&iacute;nez, J. I. (2006). Quantitative biostratigraphic model for the tertiary of the lower magdalena basin, colombian caribbean. <i>CT&amp;F-Ciencia, Tecnolog&iacute;a y Futuro</i>, 3 (2), 197-198. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cushman, J. A., &amp; Renz, H. H. (1948). Note on the occurrence of <i>Uvigerina mexicana </i>Nuttall in the Ste. Croix formation of Trinidad, B.W.I. <i>Contributions from the Cushman Laboratory for Foraminiferal Research</i>, 24: 23-24. </p>     <p>Drooger, C. W. (1954). The Oligocene-Miocene boundary on both sides of the Atlantic. <i>Geological Magazine</i>, 91: 514-518. </p>     <p>Duque-Caro, H. (1968). Observaciones generales a la bioestratigraf &iacute; a y geolog &iacute; a regional en los departamentos de Bol&iacute;var y C&oacute;rdoba. <i>Boletin Geol&oacute;gico, Universidad Industrial de Santander</i>, 24: 71-87. </p>     <p>Duque-Caro, H. (1971). A reply to: On planktonic foraminiferal zonation in the Tertiary of Colombia. <i>Micropaleontology</i>, 17 ( 3), 365-368. </p>     <p>Duque-Caro, H. (1979). Major structural elements and evolution of northwestern Colombia. <i>American Association of Petroleum Geologists, Memoir</i>, 29: 329-351. </p>     <p>Duque-Caro, H. (1984). Structural style, diapirism and accretionary episodes of the Sinu-San Jacinto terrane, southwestern Caribbean borderland: Geological Society of America Memoir, 162: 303-316. </p>     <p>Duque-Caro, H. (1997). The Llanos Basin (Colombia): In search of greater stratigraphic resolution. <i>Journal of Petroleum Geology</i>, 20: 96-99. </p>     <p>Eames, F. E. (1953). The Miocene/Oligocene boundary and the use of the term Aquitanian. <i>Geological Magazine</i>, 90: 388-392. </p>     <p>Eames, F. E. (1954). The Caribbean &quot;Oligocene&quot;. <i>Geological Magazine</i>, 91: 326-327. </p>     <p>Eames, F. E. (1955). The Miocene/Oligocene boundary in the Caribbean region. <i>Geological Magazine</i>, 92: 86. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Eames, F. E., Banner, F. T., Blow, W. H., &amp; Clarke, W. J. (1960). Mid-Tertiary stratigraphical palaeontology. <i>Nature</i>, 185: 447-448. </p>     <p>Eames, F. E., Banner, F. T., Blow, W. H., &amp; Clarke, W. J. (1962). Fundamentals of Mid-Tertiary Stratigraphical Correlations: Cambridge, Cambridge University Press, 163 p. </p>     <p>Haq, B. U., Hardenbol, J., &amp; Vail, P.R. (1987). Chronology of fluctuating sea levels since the Triassic (250 million years ago to present). <i>Science</i>, 235:1156-1167. </p>     <p>Hutton, J. (1788). Theory of the earth, proofs and ilustrations. Royal Soc. <i>Edinburgh Trans</i>., 1: 209 304. </p>     <p>International Subcommission on Stratigraphic Classification of IUGS Commission on Stratigraphy (ISSC). (1976). International Stratigraphic Guide. <i>A guide to Stratigraphic Classification, Terminology, and Procedure</i>. Edited by Hollis D. Hedberg: New York, John Wiley and Sons, 200 p. </p>     <p>Kemple, W. G. (1995). Extending graphic correlation to many dimensions: Stratigraphic correlation as constrained optimization. <i>Society of Economic Paleontologists and Mineralogists, Special Publication</i>, 53: 66-82. </p>     <p>Lamb, J. L., &amp; Miller, T. H. (1984). Stratigraphic significance of Uvigerinid foraminifers in the western hemisphere. <i>The University of Kansas Paleontological Contributions</i>, 66: 1-98. </p>     <p>Petters, V. Sarmiento, R. (1956). Oligocene and Lower Miocene Biostratigraphy of Carmen-Zambrano area, Colombia. <i>Micropaleontology</i>, 2 (1), 7-35. </p>     <p>Porta, J. de. (1962). Consideraciones sobre el estado actual de la estratigraf &iacute; a del Terciario en Colombia. <i>Bolet&iacute;n de Geolog&iacute;a, Universidad Industrial de Santander</i>, 9: 5-43. </p>     <p>Porta, J. de. (1970). On planktonic foraminiferal zonation in the Tertiary of Colombia: <i>Micropaleontology</i>, 16: 216-220. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Renz, H. H. (1948). Stratigraphy and Fauna of the Agua Salada Group, State of Falcon, Venezuela. <i>Geological Society of America Memoir</i>, 32: 1-219. </p>     <p>Smith, W. (1815). <i>Memoir to the Map and delineation of the strata of England and Wales with a part of Scotland</i>.London, Cary, 51. </p>     <p>Smith, W. (1816). <i>Strata identified by organized fossils containing prints on coloured paper of the most characteristic specimens in each stratum</i>. London, W. Arding, 32. </p>     <p>Stone, B. (1968). Planktonic foraminiferal zonation in the Carmen-Zambrano area, Colombia, <i>Micropaleontology</i>, 14 (3), 363-364. </p>     <p>Villamil, T., Arango, C., Weimer, P., Waterman, A., Rowan, M. G., Varnai, P., Pulham, A. J., &amp; Crews, J. R. (1998). Biostratigraphic techniques for analyzing benthic biofacies, stratigraphic condensation, and key surface identification, pliocene and pleistocene sediments, northern Green Canyon and Ewing Bank (Offshore Louisiana), northern Gulf of Mexico. <i>American Association of Petroleum Geologists Bulletin</i>, 82: 961-985. </p>     <p>&nbsp; </p>     <p align="right"><i>(Aceptado 24 de noviembre 2006) </i></p>       <p>Nota del editor: </p>     <p>Respuesta a este comentario puede consultarse en la p&aacute;gina 197 de esta edici&oacute;n. </p>     <p>&nbsp; </p> </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
