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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">  <a name="Inicio"></a>  <font size="4">     <br>    <p align="center"><b>Editorial</b></p></font>      <br> <font size="3">     <p><b>&iquest;Qu&eacute; relevancia tiene pensar hoy lo (audio)visual?</b></p></font>      <p align="justify">Ciertamente, esta es una pregunta que hoy por hoy podr&iacute;a parecer extremadamente obvia, ya sea por la aparente simpleza de su respuesta o porque su formulaci&oacute;n misma se presenta como in&uacute;til. En efecto, numerosos te&oacute;ricos se han preocupado de frente -al menos durante los &uacute;ltimos ochenta a&ntilde;os- por el problema de lo (audio)visual. Baste recordar, como piedra angular para quienes se ocupan de los problemas atinentes a la (audio)visualidad, las a&uacute;n hoy enigm&aacute;ticas y no del todo comprendidas reflexiones de Walter Benjamin o las apuestas de Andr&eacute; Bazin, quienes en sus cortas vidas se ocuparon de pensar un fen&oacute;meno que, desde la fotograf&iacute;a y el cine en primera instancia, habr&iacute;a de cambiar el modo mismo en el que los hombres comprender&iacute;an su entorno.</p>      <p align="justify">De ah&iacute; que en la actualidad, muy a pesar de quienes dan por zanjada esta discusi&oacute;n, se hace necesario re-abrir las puertas de la discusi&oacute;n sobre lo (audio)visual. Esto, en buena parte porque la reflexi&oacute;n ha tendido, en los &uacute;ltimos tiempos, a desplazarse hacia lugares (tal vez m&aacute;s c&oacute;modos y menos problem&aacute;ticos) mucho m&aacute;s cercanos a lo t&eacute;cnico y a los modos de hacer, relegando la reflexi&oacute;n y centr&aacute;ndose en los soportes que ofrecen las complejizaciones (densas y opacas) del sistema t&eacute;cnico. Empero, basta poner nuestra mirada en ciertos textos cl&aacute;sicos para intentar descentrar el lugar que lo (audio)visual ha ocupado en la historia del pensamiento. Un lugar obligado es, por supuesto, la <i>Alegor&iacute;a de la Caverna, </i>con la que Plat&oacute;n abre el libro VII de la <i>Rep&uacute;blica </i>y que, como se&ntilde;ala Arlindo Machado (2000), podr&iacute;a ser pensada, sin m&aacute;s, como la primera gran sala de cine en la historia de la humanidad. All&iacute;, el fil&oacute;sofo nos ofrece una versi&oacute;n que har&iacute;a carrera en occidente incluso hasta los inicios de la modernidad: el iconoclasmo. Nos ofrece una visi&oacute;n apesadumbrada y temerosa respecto de la imagen, nos sugiere esa idea seg&uacute;n la cual las im&aacute;genes velan la realidad y ocultan lo real. Ese platonismo temeroso, quiz&aacute;s dogm&aacute;tico, nos llev&oacute; por un camino en el que la imagen no resultaba ser m&aacute;s que una copia de lo real, un doble imperfecto, una suerte de simulacro que ocultar&iacute;a el ser en pos de una enga&ntilde;osa y perturbadora imitaci&oacute;n: los artistas (simples reproductores), consecuentemente, son expulsados de la polis en el libro X de la <i>Rep&uacute;blica.</i></p>      <p align="justify">Los albores de la modernidad se abren con una apuesta similar. Descartes, en la <i>Meditaci&oacute;n I, </i>nos dice que:</p>      <blockquote>     <p align="justify">los pintores cuando se esfuerzan con grand&iacute;simo artificio en representar sirenas y s&aacute;tiros, por medio de extra&ntilde;as y fant&aacute;sticas figuras, no pueden, sin embargo, darles formas y naturalezas totalmente nuevas, y lo que hacen es s&oacute;lo una cierta mezcla de composici&oacute;n de las partes de diferentes animales; y aun suponiendo que la imaginaci&oacute;n del artista sea lo bastante extravagante para inventar algo tan nuevo que nunca haya sido visto, y que as&iacute; la obra representa una cosa puramente fingida y absolutamente falsa, sin embargo, por lo menos, los colores de que se compone deben ser verdaderos (2009).</p> </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Descartes hace un an&aacute;lisis que resulta aqu&iacute; clave: la imagen es siempre (re)presentaci&oacute;n de algo aunque no lleve consigo la <i>mimesis. </i>La pugna no es, entonces, contra la idea de la imagen como (re)presentaci&oacute;n sino contra la concepci&oacute;n platonizante de su bajo estatus ontol&oacute;gico. Veamos esto con alg&uacute;n detalle.</p>      <p align="justify">Los extra&ntilde;os prisioneros de la caverna han transcurrido su existencia en el mundo de las im&aacute;genes que, en su m&aacute;s bajo nivel de ser, est&aacute;n simbolizadas en las sombras que se hallan en lo m&aacute;s profundo y oscuro de la morada subterr&aacute;nea. Su mundo son las im&aacute;genes; im&aacute;genes que no muestran: ocultan. Est&aacute;n habituados a sus grilletes y a sus cadenas. Sus ojos s&oacute;lo observan en una direcci&oacute;n y, en esa medida, lo que ven se ha transformado en su mundo; el mundo de las im&aacute;genes intangibles. Ahora bien, esta no es la &uacute;nica imagen que se encuentra en la caverna, tras ellos y en una suerte de perverso teatro de t&iacute;teres se mueven im&aacute;genes. Esta vez se trata de efigies, estatuas que (re)presentan el mundo por medio de una materialidad artificial: la estatua es hecha por el hombre, es <i>mimesis, </i>es una artificialidad.</p>      <p align="justify">Desde el fondo de la caverna, hacia la entrada se puede detectar una serie de niveles que van desde el menor grado ontol&oacute;gico, presente en las sombras que ven los prisioneros, hasta el verdadero ser, simbolizado aqu&iacute; por todo lo que se encuentra fuera de la gruta.</p>      <p align="justify">En tanto im&aacute;genes, las sombras, percepciones que llegan a los prisioneros por medio de la mirada, se presentan como <i>mimesis </i>de otra realidad preexistente: las estatuas. Sobre lo que simbolizan <i>&eacute;stas, </i>tambi&eacute;n (re) presentaciones y su relaci&oacute;n con las sombras, podr&iacute;a hacerse una larga disquisici&oacute;n. En t&eacute;rminos propios de la filosof&iacute;a plat&oacute;nica, la visi&oacute;n de las sombras simboliza el m&aacute;s bajo nivel de conocimiento, la <i>eikasia, </i>la imaginaci&oacute;n pura; la visi&oacute;n de las estatuas (tambi&eacute;n ellas im&aacute;genes, por supuesto) simboliza la <i>p&iacute;stis </i>o creencia. Por s&iacute; mismos estos t&eacute;rminos no resultan muy iluminadores, pues indican una cierta escala creciente en los niveles de conocimiento que pueden adquirirse: a lo que apunta Plat&oacute;n aqu&iacute; es al progresivo salir de la ignorancia, a la b&uacute;squeda de lo real, a aquello de lo cual las estatuas son <i>mimesis.</i></p>      <p align="justify">La imagen es, pues, imitaci&oacute;n. Esta ha sido la postura que ha tratado de ser superada cuando se habla, por ejemplo, del <i>nuevo estatuto de la imagen </i>o de su <i>nuevo status ontol&oacute;gico; </i>esto es, cuando se trata de restituir a la imagen su capacidad po&eacute;tica, de verla en su dimensi&oacute;n creadora. Uno de los puntos que obsesion&oacute; a Benjamin fue precisamente ese: las posibilidades que la imagen, primero desde la fotograf&iacute;a y luego desde el cine, ten&iacute;a en t&eacute;rminos de un veh&iacute;culo de significaci&oacute;n. Sus reflexiones sobre el cine desbordaban con creces las tradicionales interpretaciones sobre el aura y su muy mentada p&eacute;rdida y abr&iacute;an el camino para pensar aquello que marcar&iacute;a el siglo XX en t&eacute;rminos de su est&eacute;tica: la emergencia de una (nueva) cultura (audio)visual. Si bien el cine constituy&oacute; en t&eacute;rminos visuales el punto m&aacute;ximo de la mimesis al incluir movimiento, no ser&iacute;a sino hasta bien entrado el siglo XX que alcanzar&iacute;a el punto total. Para introducir este punto es oportuno recordar aqu&iacute; un pasaje un tanto olvidado de la <i>Alegor&iacute;a de la Caverna, </i>aquella primera sala de cine: &quot;&#91;...&#93; Y si la prisi&oacute;n contara con un eco desde la pared que tienen frente a s&iacute;, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, &iquest;no piensas que lo que oyen proviene de la sombra que tienen delante de ellos?&quot; (Plat&oacute;n, 1998, 515b).</p>      <p align="justify">El sentido de este pasaje no es otro que el de introducir <i>una nueva ilusi&oacute;n </i>en la imaginaria proyecci&oacute;n que tiene lugar en la morada subterr&aacute;nea: la ilusi&oacute;n sonora. Ser&iacute;a <i>The Jazz Singer </i>(1927), de Alan Crosland, la pel&iacute;cula en la que, por primera vez, se <i>oy&oacute; </i>a un actor (Al Jolson) cantando.</p>      <p align="justify">En este sentido, cuando hablamos de lo (audio)visual usualmente pensamos en esta s&iacute;ntesis: imagen, movimiento, sonido. Es, en buena parte, el lugar en el que se ha afincado la idea de lo (audio)visual y es, en gran medida, donde gravita una parte significativa de las reflexiones a prop&oacute;sito del tema. En una l&iacute;nea que procura sentar bases desde la tradici&oacute;n y que intenta pensar los posibles horizontes investigativos del problema, se abre este n&uacute;mero especial de <i>Palabra Clave.</i></p>      <p align="justify">Con el convencimiento de que nos encontramos en un tipo de entorno que resulta mucho m&aacute;s complejo de pensar que la hoy un tanto anacr&oacute;nica &quot;Cultura Kodak&quot; de Chalfen (1987) -como acertadamente acaba de hacerlo Edgar G&oacute;mez (2012)-, este n&uacute;mero se propone repensar lo (audiovisual desde perspectivas m&uacute;ltiples y apuntar, por dem&aacute;s, a una visi&oacute;n que excede, con creces, los l&iacute;mites tradicionalmente trazados por la autodenominada reflexi&oacute;n comunicol&oacute;gica, para dar paso a lugares otros de pensamiento que nos permitan avizorar las dimensiones est&eacute;ticas, pol&iacute;ticas y sociales de lo (audio)visual.</p>      <p align="justify">En ese sentido, recogemos en este n&uacute;mero cuatro grandes secciones que nos dan algunas luces para (re)pensar lo (audio)visual. Todas las secciones aparecen en plural precisamente porque buscamos evidenciar las riquezas y diversidades inherentes a lo (audio) visual, y porque pretendemos, con este n&uacute;mero, separarnos de las lecturas hegem&oacute;nicas y muchas veces est&aacute;ticas que suelen hacerse sobre lo (audio)visual mismo. Intentamos recuperar la imagen-sonido desde una perspectiva amplia, rica y polis&eacute;mica que permita a los estudiantes e investigadores del campo comprender las muchas tensiones y polisemias a las que se enfrentan en su trabajo.</p>      <p align="justify">En la primera secci&oacute;n, denominada <i>Genealog&iacute;as, </i>Goyeneche pone las bases para aproximarse a la imbricaci&oacute;n entre cine, cultura e historia, pensando la trama densa que desde las ideolog&iacute;as supone una particular redefinici&oacute;n de los modos mismos de narrarse. El punto es clave en la medida en que abre una pregunta fundamental, aquella que interroga acerca de los modos mismos de codificaci&oacute;n. En el segundo texto, C&aacute;rdenas va a preguntarse directamente sobre el concepto de ideolog&iacute;a pero desde una perspectiva que resulta novedosa, pues se aleja de los tradicionales an&aacute;lisis que se hacen a la obra ya acabada y que la deifican en t&eacute;rminos de una objetivaci&oacute;n de la ideolog&iacute;a dominante. Por el contrario, da un paso adelante buscando entender qu&eacute; tipos de discursos naturalizan ciertas rutinas y pr&aacute;cticas de producci&oacute;n. Cierra esta primera secci&oacute;n del n&uacute;mero una reflexi&oacute;n de Cano-G&oacute;mez quien, desde la serie de ficci&oacute;n norteamericana <i>Hijos de la anarqu&iacute;a, </i>analiza la idea del h&eacute;roe en la ficci&oacute;n postcl&aacute;sica recuperando las posturas de Jung, Campbell y Gonz&aacute;lez-Requena.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Proponemos en nuestro segundo n&uacute;cleo tem&aacute;tico lo que hemos llamado <i>Escenarios. </i>En este aparte recogemos cuatro textos que nos acercan a los modos en los que se articulan ciertos modos de representaci&oacute;n encuadrados en el discurso de lo (audio)visual. Cabeza nos muestra el modo en el que los documentales <i>Trece entre mil </i>(Artera, 2005) y <i>La pelota vasca </i>(Medem, 2003) revelan la figura de las v&iacute;ctimas y el modo en el que estas son resemantizadas desde los discursos te&ntilde;idos por la ideolog&iacute;a. Inmediatamente despu&eacute;s, Paz Rebollo y Garc&iacute;a-Avil&eacute;s se encargan de retomar el papel de las v&iacute;ctimas desde los recursos que utilizan los informativos televisivos para reflejar el dolor y el sufrimiento humano. Lo hacen aproxim&aacute;ndose a un conflicto polis&eacute;mico y medi&aacute;ticamente complejo en su an&aacute;lisis, como lo es la Segunda Guerra de Irak. A su vez, pensando la telenovela <i>14 de abril, la Rep&uacute;blica, </i>Chicharro Merayo indaga por los modos de articulaci&oacute;n y escenificaci&oacute;n de la intrahistoria espa&ntilde;ola desde el relato de ficci&oacute;n, y nos recuerda c&oacute;mo en la capacidad de ficcionar la realidad de lo (audio) visual se concretan ciertas ret&oacute;ricas de lo social y lo cultural que terminan por tener un fuerte efecto performativo-discursivo en lo real. Algo similar, si bien desde otro escenario, es lo que propone Mateos-P&eacute;rez, quien reflexiona a prop&oacute;sito de la programaci&oacute;n infantil y juvenil espa&ntilde;ola durante los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada de los noventa. Al igual que el art&iacute;culo que lo precede, este texto se acerca a los modos en los que lo (audio)visual produce y (re)configura lo real a trav&eacute;s de la consolidaci&oacute;n de ciertos imaginarios colectivos que, consecuentemente, repercutir&aacute;n en cosmovisiones tamizadas, precisamente, por esa performatividad discursiva.</p>      <p align="justify">Nuestro tercer eje tem&aacute;tico lleva el nombre de <i>Subjetividades. </i>Se abre con el texto de S&aacute;nchez-Alarc&oacute;n quien, tomando como punto de partida el cine espa&ntilde;ol hecho durante el periodo franquista, se propone indagar por los estereotipos de lo masculino construidos desde all&iacute;. Su apuesta se pregunta por los modos de producci&oacute;n de un cierto tipo de masculinidades que se alejan de la concepci&oacute;n dominante y permiten, entonces, pensar la heterog&eacute;nesis del concepto mismo de la subjetividad. As&iacute; mismo, Motter Dala Senta y Martins de Mendon&ccedil;a nos entregan una novedosa reflexi&oacute;n sobre los modos de pensar la vejez femenina enmarcada en el cine brasile&ntilde;o. Lejos de pensar la vejez como el ocaso de la vida, las autoras se preguntan de qu&eacute; manera las representaciones f&iacute;lmicas del envejecer pueden convertirse en un nuevo lugar para pensar la subjetividad femenina en un sentido que poco o nada tiene que ver con la muerte, sino, m&aacute;s bien, con una reconfiguraci&oacute;n de lo femenino mismo. Finalmente Urbanczyk y Hern&aacute;ndez hacen un valioso trabajo de recolecci&oacute;n de memoria y sistematizaci&oacute;n de los modos de ver y pensar de los j&oacute;venes a trav&eacute;s de los trabajos presentados en la muestra <i>Ventanas. </i>Los autores se centran, en particular, en las ideas atinentes a la violencia y el miedo que, reflejadas en las obras (audio)visuales de los universitarios, y en sus particulares sensibilidades, aportan valiosamente en la construcci&oacute;n y preservaci&oacute;n de la memoria del pa&iacute;s.</p>     <p align="justify">Cerramos el n&uacute;mero con el apartado <i>Po&eacute;ticas. </i>En primera instancia, Pelegrini recupera una de las series de culto de la &uacute;ltima d&eacute;cada: <i>Arrested Development. </i>Aprovechando sus particulares estilos narrativos el autor recupera esta comedia de situaci&oacute;n y propone pensar la idea de <i>comicidad </i>desde las propuestas de complejidad narrativa de Jason Mttell y en particular desde el concepto de 'rewatchability'. Borges-Teixeira se adentra, a su vez, en la que probablemente es una de las series de televisi&oacute;n m&aacute;s importantes de todos los tiempos: <i>Lost. </i>Propone pensarla en dos direcciones. De un lado, analiza las posibilidades narrativas en t&eacute;rminos transmedi&aacute;ticos, ubicando so objeto de an&aacute;lisis en el que, quiz&aacute;s, sea uno de los fulcros del debate en torno a lo (audio)visual hoy por hoy. En un segundo momento, se pregunta por los modos de concreci&oacute;n de la vol&aacute;til identidad postmoderna a partir de la construcci&oacute;n de los personajes del seriado. Con la convicci&oacute;n de que lo (audio)visual no se agota en el cine y la televisi&oacute;n, y pens&aacute;ndolo tambi&eacute;n desde la idea de la imagen, el siguiente texto de esta secci&oacute;n se encarga de analizar el est&eacute;ncil. En una tradici&oacute;n donde esta es una pr&aacute;ctica est&eacute;tica poco pensada, el texto de Mercado aborda las posibilidades ret&oacute;ricas de una t&eacute;cnica que, en medio de los ecosistemas de lo digital, parecer&iacute;a haber ca&iacute;do en el olvido. Empero, el autor ancla el problema del est&eacute;ncil a lo digital como lugar de enunciaci&oacute;n y abre un interesante debate sobre las posibilidades persuasivas de la imagen. Cerramos esta secci&oacute;n con el texto de Pe&ntilde;a Fern&aacute;ndez, quien recupera al c&eacute;lebre Billy Wilder e intenta ubicar el rol de la prensa en sus filmes. El autor muestra el modo en el que la inclusi&oacute;n de la prensa dentro de la obra de Wilder tiene un efecto que es visible desde la caracterizaci&oacute;n de los personajes y su impulso a la acci&oacute;n, hasta la narraci&oacute;n f&iacute;lmica.</p> </font>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana">Para finalizar este n&uacute;mero hemos decidido recuperar un texto del fil&oacute;sofo italiano Maurizio Lazzarato llamado <i>El funcionamiento de los signos y de las semi&oacute;ticas en el capitalismo contempor&aacute;neo. </i>El texto hace una magn&iacute;fica interpretaci&oacute;n de los modos de producci&oacute;n significativa en la contemporaneidad y desemboca en un interesante trabajo de an&aacute;lisis semi&oacute;tico en el que se articulan los modos de producci&oacute;n de realidad que juegan los medios masivos de comunicaci&oacute;n y que, en ese sentido, hacen de este texto un excelente colof&oacute;n para nuestro n&uacute;mero. Agradecemos a la Generalitat de Catalunya por permitirnos reproducir este texto que hab&iacute;a aparecido ya en 2007 en el libro <i>Producta50 </i>(bajo licencia CC) y que se encontraba un tanto invisible desde hace un tiempo. Consideramos que enriquecer&aacute; las reflexiones del p&uacute;blico amplio e interdisciplinar que se acerca a <i>Palabra Clave.</i></font></p>  <font face="verdana" size="2">    <p align="right"><b>Sergio Roncallo-Dow PhD</b>    <br> <b>Editor</b></p>  <hr>  <font size="3">     <br>    <p><b>Referencias</b></p></font>      <!-- ref --><p align="justify">Chalfen, R. (1987). <i>Snapshot Versions of Life. </i>Bowling Green: Popular Press of Bowling Green State University.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000031&pid=S0122-8285201200030000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">Descartes, R. (2009). <i>Meditaciones acerca de la Filosof&iacute;a Primera. Seguidas de las objeciones y respuestas. </i>Traducci&oacute;n de Jorge Aurelio D&iacute;az. Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia, Centro Editorial Facultad de Ciencias Humanas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000033&pid=S0122-8285201200030000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">G&oacute;mez, E. (2012). De <i>la Cultura Kodak a la imagen en red. </i>Barcelona: Editorial UOC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000035&pid=S0122-8285201200030000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Machado, A. (2000). <i>El paisaje medi&aacute;tico. El desaf&iacute;o de las po&eacute;ticas tecnol&oacute;gicas. </i>Buenos Aires: Libros del Rojas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000037&pid=S0122-8285201200030000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Plat&oacute;n. <i>Rep&uacute;blica </i>(1998). Madrid: Gredos. Intr., trad, y notas de C. Eggers Lan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S0122-8285201200030000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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