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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El cambio mediático de la televisión: Netflix y la televisión en teléfonos inteligentes]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[   <a name="Inicio"></a>  <font face=verdana size=2>      <br>    <p align="center"><font size=4><b>El cambio medi&aacute;tico de la televisi&oacute;n:     <br>Netflix y la televisi&oacute;n en tel&eacute;fonos inteligentes</b></font></p>  <font size=3>     <p align="center"><b><i>The Media Change in Television:     <br>Netffix and Television in Smartphones</i></b></p></font>  <font size=3>     <p align="center"><b><i>A mudan&ccedil;a midi&aacute;tica da televis&atilde;o:     <br>Netffix e a televis&atilde;o em telefones inteligentes</i></b></p></font>      <p align="justify"><b>Enrique Uribe-Jongbloed</b><a name="no01"></a><a href="#no_01"><sup>1</sup></a></p>      <p align="justify"><a name="no_01"></a><a href="#no01"><sup>1</sup></a> Universidad del Norte, Colombia.      ]]></body>
<body><![CDATA[<br><a href="mailto:ejongbloed@uninorte.edu.co">ejongbloed@uninorte.edu.co</a></p>      <p align="justify">DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.5294/pacla.2016.19.2.1" target="_blank"> 10.5294/pacla.2016.19.2.1</a></p>      <p align="justify">Desde su planteamiento en la d&eacute;cada de 1960, McLuhan (1994) nos llev&oacute; a reflexionar sobre la plataforma tecnol&oacute;gica como determinante de una relaci&oacute;n particular de la sociedad con las realidades a las cuales se estaba expuesto. De manera similar, Postman (1985) a&ntilde;os despu&eacute;s nos hac&iacute;a reconocer que la televisi&oacute;n determinaba que los debates pol&iacute;ticos se transformaran en una escenificaci&oacute;n del debate como superior a su contenido argumentativo. Estilo sobre sustancia. O mejor a&uacute;n, medio sobre sustancia. Porque todo lo digno de ser relevante existe en televisi&oacute;n y, por tanto, todo lo que aparece en televisi&oacute;n es relevante.</p>      <p align="justify">Es indudable que nuestra divisi&oacute;n medi&aacute;tica fue tan marcada por los sistemas o plataformas de distribuci&oacute;n que llegamos a pensar que cada medio era, precisamente, su plataforma. Mal hacemos, eso s&iacute;, en pensar que la convergencia es un asunto muy reciente, en particular, si tomamos en cuenta que las im&aacute;genes entraron pronto en la prensa escrita, que los diarios aparec&iacute;an visualmente en las narrativas cinematogr&aacute;ficas y televisivas, y que los actores, as&iacute; como guionistas y cantantes, pasaron varias veces entre un medio y otro (Arango-Forero, Roncallo-Dow y Uribe-Jongbloed, 2016). Pero claro, la preponderancia de una tecnolog&iacute;a sobre otra, la escritura sobre la imagen, planteaba la diferencia evidente entre un peri&oacute;dico, una revista y un c&oacute;mic, siendo sus sistemas de producci&oacute;n y distribuci&oacute;n, as&iacute; como su materialidad, tan similar.</p>       <p align="justify">No obstante, quisimos dividir la realidad a partir del eje de los sistemas de distribuci&oacute;n aliados con sus plataformas, y comenzamos a pensar que cada medio implicaba, en s&iacute; mismo, un lenguaje propio que le era ajeno a los dem&aacute;s. No obstante nuestra adicci&oacute;n a la tecnolog&iacute;a escrita, como lo planteara McLuhan (1994, 2015), nos llevase a pensar que era necesario un guion escrito para una pel&iacute;cula, un programa radial, una propuesta de dise&ntilde;o y hasta para dar sentido a una imagen en un museo. Nuestra obsesi&oacute;n por la tecnolog&iacute;a de la escritura se fue filtrando hasta tal punto que en curr&iacute;culos universitarios la asignatura en que se trabaja guion usualmente se considera parte del &aacute;rea de estudios audiovisuales.</p>      <p align="justify">El asunto interesante aqu&iacute; es que la divisi&oacute;n entre &quot;medios&quot;, planteada originalmente para estudiar por separado el cine, la prensa y la radio, no obstante los elementos comunes antes planteados, vendr&iacute;a a presentar mayores debates con la televisi&oacute;n, que trajo consigo las noticias de la prensa, la ubicuidad de la radio y el audiovisual del cine dentro de una caja. Pero aqu&iacute; no se habl&oacute; de convergencia, pues, la palabra no hab&iacute;a adquirido ese sonoro valor perverso que posee actualmente, sino que simplemente se pens&oacute; que era otro medio, y zanjada qued&oacute; esa duda. Fue evidente que la televisi&oacute;n, siendo esa nueva tecnolog&iacute;a de distribuci&oacute;n, copi&oacute; elementos de los medios anteriores y los plasm&oacute; en su lenguaje, calcados sin una exploraci&oacute;n m&aacute;s profunda, tal como aseguraba McLuhan (1994) que suced&iacute;a con toda nueva tecnolog&iacute;a. La televisi&oacute;n colombiana es, en gran medida, una evidencia de estos procesos. Las telenovelas, a&uacute;n hoy, son bastante radiales, y, a partir de di&aacute;logos, musicalizaci&oacute;n y sonidos incidentales, es f&aacute;cil seguir la trama sin requerir muchos elementos visuales. Pese a este rezago, la televisi&oacute;n fue desarrollando su propio car&aacute;cter y, por encima de las coincidencias con otros medios, tanto su legislaci&oacute;n como su distribuci&oacute;n y organizaci&oacute;n del espectro, la plante&oacute; en clara diferencia de la radio, y ni qu&eacute; hablar del cine.</p>      <p align="justify">Hacemos un salto al presente, y qu&eacute; es lo que encontramos. A&uacute;n hablamos de televisi&oacute;n basados en un cierto amor nost&aacute;lgico a la tecnolog&iacute;a que la hizo posible. Nuestros l&iacute;mites conceptuales de la televisi&oacute;n usualmente la restringen a sus caracter&iacute;sticas t&eacute;cnicas de distribuci&oacute;n o a las definiciones legales de su participaci&oacute;n en el mercado (Gauntlett, 2009). Al aparecer Netflix, como una oportunidad de distribuci&oacute;n de productos audiovisuales a trav&eacute;s del sistema de interconexi&oacute;n digital de internet, a&uacute;n nos referimos a sus productos como pel&iacute;culas, en un caso, o programas de televisi&oacute;n, en el otro. Claro, lo hacemos porque una variedad de convenciones sobre su producci&oacute;n y distribuci&oacute;n siguen presentes en esos textos audiovisuales, y es probable que muchos lo consuman en aquel aparato que se denomina &quot;televisor&quot;, hoy en d&iacute;a, una gran pantalla plana que logra decodificar informaci&oacute;n digital. Netlfix, sin embargo, altera claramente algunas de las formas de consumo de la producci&oacute;n audiovisual (Jenner, 2016), y plantea de este modo mayores cuestionamientos a la conceptualizaci&oacute;n de la televisi&oacute;n y sus productos.</p>      <p align="justify">No es esto una mera diatriba acad&eacute;mica sobre la pertenencia del t&eacute;rmino o la conceptualizaci&oacute;n de la televisi&oacute;n. Palabras como <i>convergencia, hibridaci&oacute;n, multiplataforma </i>han surgido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os para dar cabida a esta situaci&oacute;n de cambio en la distribuci&oacute;n de la producci&oacute;n audiovisual. Lo curioso es que igual seguimos montados en el paradigma medi&aacute;tico que separa cada uno de estos elementos bajo la tecnolog&iacute;a de distribuci&oacute;n, que hoy es la misma para todos. Como plantease McLuhan (1994, 1996), son los limitantes tecnol&oacute;gicos de cada sistema los que llevaron a definir sus lenguajes particulares, adecuando as&iacute; el contenido a la plataforma, y no a la inversa, y por esto relacion&aacute;bamos directamente medio con mensaje, pues, cada plataforma privilegiaba cierto tipo de producci&oacute;n e informaci&oacute;n, y un grupo particular de audiencia y dedicaci&oacute;n a su consumo. Usamos aforismos como la Generaci&oacute;n MTV para un grupo demogr&aacute;fico, nos referimos a un medio con presencia digital como un &quot;peri&oacute;dico&quot;, basado en su pasado tecnol&oacute;gico.</p>      <p align="justify">El caso Netflix es particularmente interesante, porque el <i>binge watching </i>o cultura de ver de corrido todos los cap&iacute;tulos de una serie, nos replantea la noci&oacute;n, hasta ahora tan convencional, de que las historias deban dividirse de ese modo, en episodios claramente determinados, con tiempos repetitivos (Jenner, 2016). Y eso que aqu&iacute; no estoy abordando YouTube, que pone muchos m&aacute;s temas en debate en lo que respecta a nuestra cultura audiovisual (ver Roncallo-Dow, Goyeneche y Uribe-Jongbloed, 2016, cap. 3). Incluso, el tan mencionado poder que deriva de la retroalimentaci&oacute;n que permite el sistema actual, con ese supuesto control de la audiencia, puede transformarse en otra forma de obnubilaci&oacute;n y mantenimiento del <i>statu quo </i>(Andrejevic, 2009). Pero lo curioso es que el concepto <i>televisi&oacute;n </i>sigue circulando y se usa para referirse a Netflix, cuando este es un distribuidor de producci&oacute;n audiovisual, id&eacute;ntico en eso a YouTube, o a un canal de televisi&oacute;n por aire o por cable. Pues, si el televisor como eje nos serv&iacute;a de gu&iacute;a, el consumo en m&uacute;ltiples plataformas nos hace reconsiderar todos los procesos, y tratar de renombrar la &quot;televisi&oacute;n&quot;.</p>      <p align="justify">Por ejemplo, las asignaturas dictadas en los programas de cine y televisi&oacute;n, a&uacute;n los hay con ese nombre, incluyen t&iacute;tulos como apreciaci&oacute;n o an&aacute;lisis cinematogr&aacute;fico. Yo he tenido la oportunidad de dictar dicha asignatura, y lo primero que digo al comienzo de la clase es que no vamos a estudiar cine. Lo digo porque el cine, como medio, no es solo la pel&iacute;cula, como texto audiovisual. El cine es una forma combinada de distribuci&oacute;n, visualizaci&oacute;n y experiencia, que no se limita al texto audiovisual expuesto, sino a condiciones de exhibici&oacute;n que tambi&eacute;n construyeron, determinan y modifican h&aacute;bitos de socializaci&oacute;n. El producto audiovisual quiz&aacute; se mantenga en mayor o menor integridad, aunque esto tambi&eacute;n es discutible, pero hay una gran diferencia entre consumir una pel&iacute;cula de 35 mm en un teatro con palcos, sobre una pantalla gigante, en una inclinaci&oacute;n contrapicada ligera, con una buena ac&uacute;stica y parlantes n&iacute;tidos, a ver en un sal&oacute;n de clase una proyecci&oacute;n con un <i>videobeam, </i>un tablero acr&iacute;lico con brillos, a corta distancia, con miradas a nivel, sobre sillas inc&oacute;modas y unos parlantes de jugueter&iacute;a. Eso no es cine, por m&aacute;s de que se contemple el mismo producto audiovisual. Habr&aacute; quienes digan que un libro, no obstante el papel, la calidad de la tinta o su ausencia en el caso del contraste de un Kindle o una tableta, es libro no obstante la pantalla, y parecen ignorar que la experiencia del medio es relevante para comprender que libro no era solo el texto, sino todo un andamiaje social que defin&iacute;a una cultura, se convert&iacute;a en parte de nuestro ambiente. Por algo hay estantes y bibliotecas en los hogares, por eso existen marcap&aacute;ginas o separadores. La televisi&oacute;n III o IV, siguiendo la numeraci&oacute;n planteada por Jenner (2016), o la hipertelevisi&oacute;n de Gordillo (2009), no son m&aacute;s que evidencia de las limitaciones que tenemos cuando equiparamos productos con medios, y consideramos que, porque los productos cumplen unas caracter&iacute;sticas determinadas a un medio ya obsoleto, igual pertenecen a ese medio.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En cierto modo lo que sucede es que nuestras categor&iacute;as de medios ancladas a la tecnolog&iacute;a de distribuci&oacute;n y consumo ya no nos sirven para dar cuenta de los productos audiovisuales a los que nos enfrentamos, pero por una desidia intelectual, que muy seguido considera como secundario el pensamiento cr&iacute;tico acad&eacute;mico o el desarrollo filos&oacute;fico de la epistemolog&iacute;a, nos negamos a actualizar nuestro vocabulario (Gauntlett, 2009). Y ese vocabulario, como lo plantease siempre Foucault (1968), tiene peso. Porque esas palabras se escriben en asignaturas, t&iacute;tulos universitarios, contratos y reglamentaci&oacute;n nacional, y por eso constri&ntilde;en la creatividad en vez de promoverla, al clasificar aquello que puede, o no puede, ser considerado como televisi&oacute;n.</p>      <p align="justify">Este cuestionamiento que va de la mano con tanto debate sobre lo digital, como ese abstracto que es, o la convergencia con esa torpemente rid&iacute;cula novedad de su concepto, debe ser eje de planteamientos acad&eacute;micos como aquellos que esta revista busca promover. Un aporte, por ejemplo, ser&iacute;a referirse m&aacute;s claramente a los productos audiovisuales, citarlos en su extensi&oacute;n, y no limitarse a dar t&iacute;tulos de obras audiovisuales, cual si estas fueran inamovibles o inalteradas en todas sus formas de distribuci&oacute;n. He le&iacute;do m&uacute;ltiples art&iacute;culos donde hablan de una pel&iacute;cula o un programa de televisi&oacute;n, sin aclarar la plataforma de distribuci&oacute;n y el idioma en el cual se escuch&oacute; el producto, y luego tienen el descaro de citar textualmente a un personaje, sin mencionar su nombre, sino limit&aacute;ndose al actor que lo interpreta, y sin dar indicaci&oacute;n del minuto en el cual pronuncia un dado discurso. Y como no se informa si esa fue la versi&oacute;n doblada, subtitulada, te&aacute;trica o en entrega en DVD, televisada en un canal determinado o vista en un avi&oacute;n, se asume que todo texto es &iacute;ntegro sin siquiera reconocer una de las caracter&iacute;sticas propias de esos medios, que es estar controlados y regulados por pol&iacute;ticas nacionales que com&uacute;nmente redundan en alteraciones, as&iacute; sean sutiles, de su contenido.<a name="no02"></a><a href="#no_02"><sup>2</sup></a></p>      <p align="justify">Ahora que hay tanto debate sobre series de televisi&oacute;n, en particular, con el caso de Netflix y el inter&eacute;s presente en Colombia y en el mundo sobre su legalizaci&oacute;n o formalizaci&oacute;n, nos debe surgir de nuevo la pregunta conceptual sobre qu&eacute; es la televisi&oacute;n, c&oacute;mo se define y de qu&eacute; manera se constituye.</p>      <p align="justify">Y en el caso particular de este medio de discusi&oacute;n acad&eacute;mica, a&uacute;n cargado con la tradicional transposici&oacute;n de la forma impresa sobre las posibilidades de internet, nos cabe preguntarnos si sigue siendo una <i>revista </i>acad&eacute;mica. Curioso que, entrados ya en el siglo XXI, consideremos que la forma de difusi&oacute;n de nuestro conocimiento sea a trav&eacute;s de la escritura sobre papel o su an&aacute;logo en formato PDF.</p>      <p align="justify">McLuhan (1994) nos lo dec&iacute;a, por m&aacute;s de que ya estamos en el mundo electr&oacute;nico, el mito de la escritura sigue dominando nuestra vida (ver Roncallo-Dow y Uribe-Jongbloed, 2013). De lo contrario, nada explicar&iacute;a por qu&eacute; en Colombia, y en el mundo, las instituciones cient&iacute;ficas, como Colciencias, siguen privilegiando los art&iacute;culos acad&eacute;micos y los libros para valorar la producci&oacute;n cient&iacute;fica. El mito sigue vivo.</p>  <hr>      <p align="justify"><a name="no_02"></a><a href="#no02"><sup>2</sup></a> Vale la pena leer el art&iacute;culo (Brooker, 2009) sobre las varias formas de <i>Blade Runner, </i>la pel&iacute;cula dirigida por Ridley Scott originalmente en 1982.</p>  <hr>  <font size="3">     <br>    <p align="justify"><b>Referencias</b></p> </font>      <!-- ref --><p align="justify">Andrejevic, M. (2009). Critical media studies 2.0: An interactive upgrade. <i>Interactions: Studies in Communication &amp; Culture, </i>1(1), 35-51. doi:10.1386/iscc.1.1.35/1&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181462&pid=S0122-8285201600020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Arango-Forero, G., Roncallo-Dow, S. y Uribe-Jongbloed, E. (2016). Rethinking convergence: A new word to describe an old idea. En A. Lugmayr y C. Dal Zotto (eds.), <i>Media convergence handbook </i>(vol. 1 SE - 2, pp. 17-28). Berlin: Springer Berlin Heidelberg. doi:10.1007/978-3-642-54484-2_2&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181463&pid=S0122-8285201600020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Brooker, W. (2009). All our variant futures: The many narratives of blade runner: The final cut. <i>Popular Communication, </i>7(2), 79-91. doi:10.1080/15405700802659056&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181464&pid=S0122-8285201600020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Foucault, M. (1968). <i>Las palabras y las cosas: una arqueolog&iacute;a de las ciencias humanas. </i>M&eacute;xico: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181465&pid=S0122-8285201600020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p align="justify">Gauntlett, D. (2009). Media studies 2.0: A response. <i>Interactions: Studies in Communication &amp; Culture, </i>1(1), 147-157. doi:10.1386/ iscc.1.1.147/1&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181467&pid=S0122-8285201600020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Gordillo, I. (2009). <i>La hipertelevisi&oacute;n: g&eacute;neros y formatos. </i>Quito: Ciespal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181468&pid=S0122-8285201600020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Jenner, M. (2016). Is this TVIV? On Netflix, TVIII and binge-watching. <i>New Media &amp; Society, 18(2 </i>), 257-273. doi:10.1177/1461444814541523&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181470&pid=S0122-8285201600020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">McLuhan, M. (2015). Mito y medios de masas. <i>Palabra Clave - Revista de Comunicaci&oacute;n, </i>18(4), 1008-1022. doi:10.5294/pacla.2015.18.4.3&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181471&pid=S0122-8285201600020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">McLuhan, M. (1994). <i>Comprender los medios de comunicaci&oacute;n: las extensiones del ser humano. </i>Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181472&pid=S0122-8285201600020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">McLuhan, M. (1996). Playboy interview: A candid conversation with the high priest of popcult and metaphysician of media. En M. McLuhan y F. Zingrone (eds.), <i>Essential McLuhan </i>(pp. 233-269). New York: Basic Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181474&pid=S0122-8285201600020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Postman, N. (1985). <i>Amusing ourselves to death: Public discourse in the age of show business. </i>New York: Penguin Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181476&pid=S0122-8285201600020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Roncallo-Dow, S., Goyeneche-Gomez, E. y Uribe-Jongbloed, E. (2016). <i>Volver a los cl&aacute;sicos: teor&iacute;as de la comunicaci&oacute;n y cultura pop. </i>Bogot&aacute;: Universidad de La Sabana y Uniediciones.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181478&pid=S0122-8285201600020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">Roncallo-Dow, S. y Uribe-Jongbloed, E. (2013). El medio es el mito: entre McLuhan y Barthes. <i>Universitas Philosophica, </i>30(61), 21-47.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181480&pid=S0122-8285201600020000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> <hr>      <p align="justify"><a href="#Inicio">Inicio</a></p>  </font>      ]]></body><back>
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