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<publisher-name><![CDATA[INSTITUTO DE INVESTIGACIONES MARINAS Y COSTERAS "JOSE BENITO VIVES DE ANDRÉIS" (INVEMAR)    INSTITUTO DE INVESTIGACIONES MARINAS Y COSTERAS -JOSE BENITO VIVES DE ANDRÉIS- (INVEMAR)]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[INTERACCIONES ENTRE CORALES Y MACROALGAS: DEPENDENCIA DE LAS ESPECIES INVOLUCRADAS]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Macroalgae proliferation on coral reefs has been a recognized phenomenon for the past two decades and is generally entitled to the human activities on the coasts. Even thought, the role of competition in this process is not clear and it has been assumed that algae are competitively superiors to corals, even when has been demonstrated that this is not always the case. It is probable that the result of coral-macroalgae depends upon the species involved. The goal of this study was to demonstrate that there is a dependence relation between interaction category and interacting species. In order to resolve this, quantifications of interactions per category along 20 m transects were done on three representative localities at the Archipielago de San Bernardo. The results show a significant dependency between interaction category and coral-macroalgae combinations. The highest percentage of encounters at the R (overgrowth) category was that one between Halimeda opuntia, and the coral species Montastraea annularis, Porites astreoides and Porites porites, as well as this last coral with the algae Lobophora variegta.. Halimeda discoidea was the macroalgae with the highest percentage of interactions on the categories CP (peripheral contact), CT (tissue contact) and NC (no contact). At the CP category, it was common to find the interactions between the coral M. annularis and the algae H. opuntia and Dictyota bartayresiana besides of the interactions with the red calcareous algae group. All this have led us to conclude that the intrinsic factors, those inherent to the coral and macroalgae species involved in interactions, have the potential to determine the category of interaction or the way this two benthic components relate to each other.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p>&nbsp;</p>  <font face="verdana" size="2">      <p>    <center><font size="4"><b>INTERACCIONES ENTRE CORALES Y MACROALGAS: DEPENDENCIA DE LAS ESPECIES INVOLUCRADAS</b></font></center></p>      <p>&nbsp;</p>      <p>    <center><font size="3"><b>Coral and macroalgae interactions: dependence between involved species</b></font></center></p>      <p>&nbsp; </p>      <p><b>Juan Carlos M&aacute;rquez&sup1; y Juan Manuel D&iacute;az&sup2;</b></p>      <p> &sup1;Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras, INVEMAR, AA. 1016,    Santa Marta, Colombia. Instituto Alexander von Humboldt, Kra. 7 No. 35-20, Bogot&aacute;    D.C., Colombia. E-mail: <a href="mailto:jcmarquez@invemar.org.co">jcmarquez@invemar.org.co</a>        <br>   &sup2;Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras, INVEMAR, AA. 1016, Santa    Marta, Colombia.Instituto Alexander von Humboldt, Kra. 7 No. 35-20, Bogot&aacute;    D.C., Colombia. E-mail: <a href="mailto:jmdiaz@humboldt.org.co">jmdiaz@humboldt.org.co</a></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  <hr size="1">      <p><b>RESUMEN</b></p>      <p>La proliferaci&oacute;n de las macroalgas en los arrecifes coralinos es un    fen&oacute;meno reconocido desde hace m&aacute;s de dos d&eacute;cadas y se    atribuye, generalmente, a las actividades humanas en las costas. No obstante,    el papel de la competencia en este proceso es poco claro y se ha asumido que    las algas son competitivamente superiores que los corales, aun cuando se he    demostrado que esto no es cierto para todos los casos. El objetivo del presente    estudio fue demostrar que existe una dependencia entre la categor&iacute;a de    interacci&oacute;n y las especies en interacci&oacute;n. Para ello se cuantific&oacute;    la frecuencia de las diferentes categor&iacute;as de interacci&oacute;n a lo    largo de transectos de 20 m de longitud, dispuestos sobre el fondo en tres localidades    representativas en el archipi&eacute;lago de San Bernardo. Los resultados mostraron    una dependencia significativa entre la categor&iacute;a de interacci&oacute;n    y las combinaciones coral-macrolga. En la categor&iacute;a Recubrimiento (R)    se destac&oacute; el alga Halimeda opuntia, en interacci&oacute;n con los corales    Montastraea annularis, Porites astreoides y Porites porites, este &uacute;ltimo    tambi&eacute;n, con el alga Lobophora variegata. En las otras categor&iacute;as    Halimeda discoidea fue la macroalga con mayor porcentaje de encuentros en las    categor&iacute;as Contacto perif&eacute;rico (CP), Contacto de tejido (CT) y    No contacto (NC). En la categor&iacute;a CP, fueron frecuentes adem&aacute;s    las interacciones entre M. annularis con las algas H. opuntia y Dictyota bartayresiana    y con el grupo de las algas rojas calc&aacute;reas. Todo lo anterior nos llevo    a la conclusi&oacute;n de que los factores intr&iacute;nsecos, es decir los    factores propios de las especies de coral y las macroalgas involucrados en interacci&oacute;n,    tienen el potencial de determinar la categor&iacute;a de interacci&oacute;n    o la manera como se relacionan estos dos componentes bent&oacute;nicos de los    arrecifes coralinos.</p>      <p>PALABRAS CLAVE: Corales, Macroalgas, Interacciones, Islas de San Bernardo, Colombia, Caribe</p>  <hr size="1">      <p><b>ABSTRACT</b></p>      <p> Macroalgae proliferation on coral reefs has been a recognized phenomenon for    the past two decades and is generally entitled to the human activities on the    coasts. Even thought, the role of competition in this process is not clear and    it has been assumed that algae are competitively superiors to corals, even when    has been demonstrated that this is not always the case. It is probable that    the result of coral-macroalgae depends upon the species involved. The goal of    this study was to demonstrate that there is a dependence relation between interaction    category and interacting species. In order to resolve this, quantifications    of interactions per category along 20 m transects were done on three representative    localities at the Archipielago de San Bernardo. The results show a significant    dependency between interaction category and coral-macroalgae combinations. The    highest percentage of encounters at the R (overgrowth) category was that one    between Halimeda opuntia, and the coral species Montastraea annularis, Porites    astreoides and Porites porites, as well as this last coral with the algae Lobophora    variegta.. Halimeda discoidea was the macroalgae with the highest percentage    of interactions on the categories CP (peripheral contact), CT (tissue contact)    and NC (no contact). At the CP category, it was common to find the interactions    between the coral M. annularis and the algae H. opuntia and Dictyota bartayresiana    besides of the interactions with the red calcareous algae group. All this have    led us to conclude that the intrinsic factors, those inherent to the coral and    macroalgae species involved in interactions, have the potential to determine    the category of interaction or the way this two benthic components relate to    each other. </p>        <p>KEY WORDS: Corals, Macroalgae, Interactions, San Bernardo islands, Colombia, Caribbean</p>  <hr size="1">      <p>&nbsp;</p>      <p><b><font size="3">INTRODUCCI&Oacute;N</font></b></p>      <p> En las pasadas dos d&eacute;cadas, los arrecifes coralinos en el Caribe han    experimentado cambios en la dominancia de sus componentes bent&oacute;nicos.    El m&aacute;s notorio ha sido la disminuci&oacute;n de la cobertura coralina    acompa&ntilde;ada por un aumento de las macroalgas (Littler y Littler, 1985;    Hughes, 1994; Szmant, 2002). Esto generalmente se ha asociado a perturbaciones    de origen humano, como son eutroficaci&oacute;n, altas tasas de sedimentaci&oacute;n    y sobrepesca, que han generado mortalidad coralina, y una consecuente liberaci&oacute;n    de espacio, que ha favorecido el crecimiento desmesurado de las algas, lo que    a su vez pueden desplazar m&aacute;s el coral vivo remanente (Steneck, 1988;    Littler et al., 1992; McCook et al., 1997; Te, 1997). En este esquema, sin embargo,    el papel de la competencia entre los corales y las macroalgas no es muy claro    y se asume que una vez liberadas las algas de sus factores limitantes (disponibilidad    de nutrientes y herbivor&iacute;a por ejemplo), est&aacute;n en plena capacidad    de recubrir a los corales. En otras palabras, se asume que las algas son competitivamente    superiores a los corales (Birkeland, 1977; Tanner, 1995; Paine, 1984). Empero    esto no ha sido demostrado a cabalidad (McCook et al., 2001). En estudios recientes    se ha se&ntilde;alado que el resultado neto de la competencia entre corales    y macroalgas puede ser muy variable y que estas variaciones pueden depender    de los organismos involucrados (McCook et al., 2001).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> As&iacute; por ejemplo, Nugues et al., (2003) encontraron que el efecto de    los filamentos mesent&eacute;ricos de los corales sobre las algas depende de    las especies de coral y algas involucradas, a&uacute;n cuando en todos los casos    estudiados los filamentos inhibieron el crecimiento de las algas sobre el tejido    coralino vivo. Jompa y McCook (2003 a y b), por el contrario, hallaron que solo    algunas especies de macroalgas est&aacute;n en capacidad de recubrir y matar    tejido coralino mediante el uso de sustancias qu&iacute;micas o por abrasi&oacute;n.    As&iacute;, mientras que en unos estudios se ha encontrado que las algas pueden    afectar negativamente a los corales (Tanner, 1985; Hughes, 1989; River y Edmunds,    2001, Jompa y McCook 2002) en otros, se afirma lo contrario (McCook, 2001; McCook    et al., 2001).</p>      <p> Estos resultados muestran la potencial variabilidad, tanto del proceso, como    el resultado de la competencia entre corales y algas. Seg&uacute;n Jompa y McCook    (2003b), esta variabilidad puede ser interpretada en t&eacute;rminos del limitado    n&uacute;mero de mecanismos por los cuales los corales y las algas pueden afectarse    unos a otros, los cuales dependen en gran proporci&oacute;n de sus propiedades    f&iacute;sicas, biol&oacute;gicas y qu&iacute;micas. Siguiendo esta idea el    objetivo del presente estudio fue evaluar si el resultado de la competencia    entre corales y macroalgas depende del car&aacute;cter de las especies involucradas,    es decir los factores intr&iacute;nsecos a las interacciones. </p>      <p>&nbsp;</p>      <p><b><font size="3">&Aacute;REA DE ESTUDIO</font></b></p>      <p>El trabajo fue adelantado en las formaciones coralinas del archipi&eacute;lago    de San Bernardo, localizado en la regi&oacute;n central de la plataforma continental    del Caribe colombiano, frente a las costas del Golfo de Morrosquillo (9&deg;    39&#8217; y 9&deg;52&#8217; N; 75&ordm; 41&#8217; y 75&deg; 57&#8217; W) (<a href="#fig1">Figura    1</a>). El Archipi&eacute;lago tiene una extensi&oacute;n aproximada de 255    km&sup2; e incluye un conjunto de ocho islas, un islote artificial y una serie de    bancos y bajos coralinos de poca profundidad (D&iacute;az et al., 2000; L&oacute;pez-Victoria    y D&iacute;az, 2000). Desde el a&ntilde;o1996, el archipi&eacute;lago fue adherido    al Parque Nacional Corales del Rosario, mediante la resoluci&oacute;n 1425 del    Ministerio del Medio Ambiente. </p>          <p>    <center><a name="fig1"><img src="img/revistas/mar/v34n1/v34n1a11fig1.gif"></a></center></p>        <p> Las formaciones coralinas del archipi&eacute;lago conforman un complejo arrecifal    del que hacen parte estructuras franjeantes y de parche, tapetes coralinos de    escaso relieve, domos y bancos coralinos, en las que est&aacute;n representadas    distintas comunidades coralinas, dominadas por corales como Porites porites,    Agaricia spp. y Montastraea spp., entre otros (D&iacute;az et al., 2000). Cerca    del 40 % de la extensi&oacute;n ocupada por las formaciones coralinas distribuidas    entre 4 y 20 m de profundidad corresponde a arrecifes franjeantes y de parche    dominados por Montastraea annularis, M. favelolata y M. franksi (L&oacute;pez-Victoria    y D&iacute;az, 2000).</p>      <p> El r&eacute;gimen clim&aacute;tico e hidrogr&aacute;fico es el caracter&iacute;stico    para esta regi&oacute;n, con una precipitaci&oacute;n promedio anual de alrededor    de 1000 mm distribuida en dos &eacute;pocas clim&aacute;ticas principales, una    seca, de diciembre a abril, y otra lluviosa, de mayo a noviembre. La temperatura    promedio anual del aire es 26.7&ordm;C. Las aguas que ba&ntilde;an las islas    son relativamente transparentes, con una temperatura media de 28&ordm;C y una    salinidad de 34 (Pati&ntilde;o y Fl&oacute;rez, 1993).</p>      <p>&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>MATERIALES Y M&Eacute;TODOS</b></font></p>      <p>Se seleccionaron tres estaciones de muestreo (<a href="#fig1">Figura 1</a>),    en la unidad ecol&oacute;gica Montastraea spp. y en formaciones arrecifales    de tipo tapete coralino, ubicadas entre 4 y 6 m de profundidad (<a href="#fig1">Figura    1</a>). Esto con el fin de lograr la mayor representatividad posible dentro    del archipi&eacute;lago en lo que respecta a las interacciones entre corales    y macroalgas, pues esta zona ecol&oacute;gica as&iacute; como el tipo de formaci&oacute;n    son las que representan mayor cobertura en el Archipi&eacute;lago (L&oacute;pez&#8211;Victoria    y D&iacute;az, 2000). Los muestreos se realizaron durante los meses de febrero    a mayo de 2000 durante la &eacute;poca seca.</p>      <p> Se definieron las siguientes categor&iacute;as de interacci&oacute;n, siguiendo    los criterios y categor&iacute;as propuestos por Aerts (1999) para las interacciones    entre corales y esponjas (<a href="#fig2">Figura 2</a>): (R) recubrimiento del    coral vivo por macroalgas; (CP) contacto perif&eacute;rico de una macroalga    a lo largo y paralelo al coral vivo por m&aacute;s de 3 cm del per&iacute;metro;    (CT) contacto de tejidos (una macroalga en contacto con el borde de un coral    vivo por 3 cm o menos del per&iacute;metro) y; (NC) no contacto en donde la    macroalga se encuentra a una distancia inferior a 5 cm de distancia del coral,    al alcance de los tent&aacute;culos barredores, pero no en contacto con tejido    vivo de &eacute;ste. </p>          <p>    <center><a name="fig2"><img src="img/revistas/mar/v34n1/v34n1a11fig2.gif"></a></center></p>        <p> Con el fin de establecer las frecuencias de interacci&oacute;n, tanto para    cada especie de coral y de macroalga, como para cada categor&iacute;a de interacci&oacute;n    se realizaron cuantificaciones empleando transectos de 20 m de longitud tendidos    aleatoriamente sobre sustrato predominantemente coralino, con 8 repeticiones    por estaci&oacute;n. Cada colonia coralina interceptada por el transecto fue    revisada minuciosamente en busca de interacciones; en los casos en que una colonia    presentaba m&aacute;s de una interacci&oacute;n, cada una se registraba individualmente.    Para cada interacci&oacute;n se anotaron las especies de coral y macroalga involucradas    (identificaci&oacute;n in situ, las macroalgas no identificadas en campo se    recolectaron para posterior identificaci&oacute;n) a excepci&oacute;n de las    algas rojas calc&aacute;reas que se tomaron como un grupo funcional. Adicionalmente    se realizaron anotaciones sobre las caracter&iacute;sticas particulares observadas    en los corales y macroalgas en el &aacute;rea de interacci&oacute;n, tales como    palidecimiento, blanqueamiento, enfermedades etc. </p>        <p> Con el fin de evaluar si las proporciones en que se encontraron las categor&iacute;as    de interacci&oacute;n eran independientes de las estaciones y combinaciones    coral-macroalga, se llevaron a cabo an&aacute;lisis de tablas de contingencia.    El grado de significancia de la independencia se estableci&oacute; mediante    pruebas de bondad de ajuste Chi cuadrado (Sokal y Rohlf, 1995). Adicionalmente    y s&oacute;lo en las tablas en donde se encontr&oacute; dependencia, se llevaron    a cabo pruebas de partici&oacute;n de grados de libertad (Sokal y Rohlf, 1995)    para conocer la identidad de la combinaci&oacute;n coral-macroalga que mostr&oacute;    dependencia por las categor&iacute;as de interacci&oacute;n. Para evitar sesgos    ocasionados por las bajas frecuencias de interacci&oacute;n de algunas combinaciones,    se tuvieron en cuenta solo 12 combinaciones, que reunieron aproximadamente el    74 % de las interacciones. </p>        <p>&nbsp;</p>      <p><font size="3"><b>RESULTADOS</b></font></p>      <p>En total se cuantificaron 394 interacciones, las cuales involucraron 19 especies    de coral y cinco de macroalga, adem&aacute;s del grupo de algas rojas calc&aacute;reas    (<a href="#tab1">Tabla 1</a>), para un total de 59 combinaciones coral-macroalga    (<a href="img/revistas/mar/v34n1/v34n1a10tab2.gif">Tabla 2</a>). Las interacciones m&aacute;s frecuentes estuvieron    dentro de la categor&iacute;a CP (43.1%) seguida por las interacciones en las    categor&iacute;as NC (28.7%) y R (21.6%), por &uacute;ltimo la categor&iacute;a    menos frecuente fue CT con el 6.6% del total de las interacciones registradas.    Las proporciones de los diferentes tipos de interacci&oacute;n no variaron significativamente    entre estaciones (P&gt;0.05, n=394), lo que permiti&oacute; una evaluaci&oacute;n    en conjunto de las interacciones combinadas para las tres estaciones. </p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="tab1"><img src="img/revistas/mar/v34n1/v34n1a11tab1.gif"></a></center></p>        <p> Contrario a lo anterior, la proporci&oacute;n de las categor&iacute;as de    interacci&oacute;n s&iacute; vari&oacute; con las combinaciones de coral-macroalga    m&aacute;s frecuentes (X&sup2;= 213.3, P=0.000, n=291). Los an&aacute;lisis    a-posteriori de repetici&oacute;n de grados de libertad no revelaron un patr&oacute;n    generalizado, indicando que pr&aacute;cticamente cada especie de coral o macroalga    rara vez interact&uacute;a de manera consistente con las especies del otro grupo.</p>        <p> Dependiendo de la categor&iacute;a y de las especies involucradas se observaron    tendencias de asociaci&oacute;n. En las interacciones de la categor&iacute;a    R se destac&oacute; el alga Halimeda opuntia, que recubri&oacute; principalmente    a los corales Montastraea annularis (43.6 %), Porites astreoides (66.7 %) y    Porites porites (100 %). Este &uacute;ltimo tambi&eacute;n se vio recubierto    casi en todas las interacciones en que se involucr&oacute;, con el alga Lobophora    variegata (92.9 %), contrario a lo que sucedi&oacute; en los encuentros entre    esta macroalga y M. annularis, interacciones que en su mayor&iacute;a fueron    de tipo NC (50 %). Estos encuentros solo se observaron en la estaci&oacute;n    uno, para la cual fue exclusiva la presencia de esta especie de macroalga.</p>        <p> No obstante lo anterior, los recubrimientos no fueron las interacciones m&aacute;s    frecuentes entre los corales y las macroalgas como se se&ntilde;al&oacute; en    el primer p&aacute;rrafo, como si lo fueron las otras tres interacciones con    un 74 % de las interacciones registradas. En estas categor&iacute;as tambi&eacute;n    se encontraron algunos patrones destacables como que por ejemplo, Halimeda discoidea    fue la macroalga con mayor porcentaje de encuentros en las categor&iacute;as    CP, CT y NC (53.4 %). En la categor&iacute;a CP, fueron frecuentes adem&aacute;s    las interacciones entre M. annularis con las algas H. opuntia (32.7 %) y Dictyota    bartayresiana (82.9 %), sin dejar a un lado el grupo de las algas rojas calc&aacute;reas    (87.5 %). </p>        <p> Los corales involucrados en interacciones de la categor&iacute;a de recubrimiento    mostraron signos claros de estr&eacute;s. Las &aacute;reas de coral que fueron    sobrecrecidas primero, esto es, las zonas cercanas al borde de la colonia, mostraron    blanqueamiento total. Las &aacute;reas sobrecrecidas m&aacute;s recientemente    (m&aacute;s alejadas del borde de la colonia) mostraron por lo general palidecimiento    del tejido. En las interacciones de las categor&iacute;as CP y CT los corales    no mostraron ning&uacute;n signo de afecci&oacute;n; la coloraci&oacute;n del    tejido en contacto con las algas era similar a la del resto de la colonia. Tampoco    en las interacciones de categor&iacute;a NC se evidenciaron signos de estr&eacute;s    en el coral, sin embargo, en los casos en los que el alga se encontraba lo suficientemente    cerca, sus frondas hac&iacute;an contacto con el tejido coralino, evidenci&aacute;ndose    un ligero oscurecimiento de &eacute;ste. </p>        <p> Algunas de las algas en interacci&oacute;n, principalmente del g&eacute;nero    Halimeda, mostraron signos de mortalidad, particularmente en las porciones superiores.    En contraste, las especies de Dictyota no evidenciaron mortalidad en sus frondas,    al igual que L. variegata.</p>        <p>&nbsp;</p>      <p><font size="3"><b>DISCUSI&Oacute;N</b></font></p>      <p>La monopolizaci&oacute;n del sustrato coralino por parte de macroalgas, observada    en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha sido tema de amplio estudio (McCook    et al., 2001). Este fen&oacute;meno se adjudica generalmente a una alta concentraci&oacute;n    de nutrientes o a la sobrepesca de herb&iacute;voros, como tambi&eacute;n a    las altas tasas de sedimentaci&oacute;n y al estado de deterioro actual de los    arrecifes coralinos, propiciado por las actividades humanas en las costas (Szmant,    2002). Todo lo anterior ha resultado en que la mayor&iacute;a de estos estudios    se hayan concentrado en entender el papel de estos factores, extr&iacute;nsecos    a las interacciones, y poco se haya hecho en el contexto de los factores intr&iacute;nsecos,    es decir, los que conciernen a los organismos involucrados en las interacciones    (Nugues et al., 2004; McCook et al., 2001). Este estudio revela que los factores    intr&iacute;nsecos juegan tambi&eacute;n un papel dentro de este fen&oacute;meno,    considerando la dependencia significativa entre las proporciones de las categor&iacute;as    de interacci&oacute;n con y de las combinaciones corales macroalgas, indicadas    por los an&aacute;lisis de las tablas de contingencia. </p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Esta tendencia de asociaci&oacute;n o dependencia ya se hab&iacute;a observado    anteriormente (Mej&iacute;a-Ni&ntilde;o y Garz&oacute;n Ferreira, 2003) y est&aacute;    dada principalmente por la notoria dominancia de las interacciones de tipo contacto    perif&eacute;rico (CP), contacto de tejido (CT) y no contacto entre las macroalgas    y los corales, dominancia que se ha establecido tambi&eacute;n en otros estudios    (Jompa y McCook, 2002; Mej&iacute;a-Ni&ntilde;o y Garz&oacute;n Ferreira, 2003).    Por lo anterior, es claro que los corales deben tener una manera de evitar ser    recubiertos por las algas que crecen en sus inmediaciones. La respuesta est&aacute;    probablemente en sus mecanismos de competencia. Para los corales se han se&ntilde;alado    b&aacute;sicamente dos: filamentos mesent&eacute;ricos y tent&aacute;culos barredores    (Lang, 1973; Logan, 1984; Chornesky, 1989; Chadwick, 1991). Nugues et al. (2004),    encontraron que algunas especies de corales p&eacute;treos son capaces de evitar    el recubrimiento por las algas H. opuntia, L. variegata y Dictyota sp., gracias    a al acci&oacute;n de los filamentos mesent&eacute;ricos. Las observaciones    de estos autores coinciden adem&aacute;s con las de este estudio, en cuanto    a los efectos de los filamentos sobre las frondas de H. opuntia, como el palidecimiento    y muerte de las mismas dentro del &aacute;mbito de acci&oacute;n los filamentos    mesent&eacute;ricos. Empero, la mortalidad que fue m&aacute;s evidente aqu&iacute;,    es decir la de las frondas superiores, probablemente solo se deba a las altas    tasas de mortalidad, productividad y crecimiento caracter&iacute;sticas de esta    alga (Freile y Hillis, 1997), ya que estas porciones est&aacute;n fuera del    alcance de los mecanismos de defensa de los corales. La producci&oacute;n de    mucus y/o aleloqu&iacute;micos son otros de los mecanismos defensivos que se    han observado pueden causar efectos similares sobre las algas (De Ruyter van    Steveninck, 1988; McCook, 2001) y que pueden resultar en los patrones observados,    es decir, una mayor proporci&oacute;n de interacciones diferentes al recubrimiento.</p>        <p> Ahora bien, no todas las especies de coral est&aacute;n igualmente capacitadas    para evitar el recubrimiento por parte de las algas, lo que depende de sus capacidades    competitivas, as&iacute;, especies como P. porites y P. astreoides, registraron    m&aacute;s del 90 % de sus interacciones en la categor&iacute;a recubrimiento,    principalmente por las algas H. opuntia y L. variegata, que se explicar&iacute;a    por su pobre capacidad competitiva (Lang, 1973; Logan 1984). Un caso similar    est&aacute; en las interacciones entre M. annularis y H. opuntia. Aunque en    menor grado, este coral fue frecuentemente recubierto por esta alga, el cual    es considerado como uno de capacidad competitiva intermedia (Lang, 1973; Logan    1984, Nugues et al., 2004).</p>        <p> No obstante lo anterior, y aunque las capacidades competitivas de los corales    pueden explicar a grandes rasgos las tendencias observadas, ciertas caracter&iacute;sticas    de las macroalgas pueden ofrecer explicaciones m&aacute;s claras en casos particulares    de dependencia entre las especies (coral o macroalgas) y las categor&iacute;as    de interacci&oacute;n. La macroalga que con mayor frecuencia se observ&oacute;    recubriendo corales p&eacute;treos fue H. opuntia, mientras que H. discoidea    fue registrada en las otras categor&iacute;as de interacci&oacute;n. Por su    parte, D. bartayresiana fue observada generalmente en interacciones de contacto    perif&eacute;rico. Estas frecuencias posiblemente se relacionan con la forma    de crecimiento y la susceptibilidad a los herb&iacute;voros. H. opuntia es un    alga que crece formando agregaciones, por lo que requiere mayor espacio para    la fijaci&oacute;n (Hay, 1981); adem&aacute;s, posee mecanismos de defensa contra    los herb&iacute;voros como la calcificaci&oacute;n y metabolitos secundarios    (Hay, 1997; Littler et al., 1983). Todas estas caracter&iacute;sticas favorecen    en buena medida el recubrimiento de los corales por parte de esta alga. La formaci&oacute;n    de agregaciones, adem&aacute;s de requerir m&aacute;s espacio, favorece la acumulaci&oacute;n    de sedimentos en las partes bajas que ahogan a los p&oacute;lipos adyacentes    en caso de interacci&oacute;n, dejando sustrato libre para ocupar. No se puede    descartar, sin embargo, que los metabolitos secundarios tengan alg&uacute;n    efecto en la competencia con los corales, empero, no se observaron evidencias    de lo anterior, como ser&iacute;an cambios en la coloraci&oacute;n, blanqueamiento,    oscurecimiento o muerte del tejido coralino en interacciones de no contacto    con esta macroalga.</p>        <p> Aunque H. discoidea posee los mismos mecanismos de defensa contra los herb&iacute;voros    que H. opuntia, su forma de crecimiento es diferente; no forma agregaciones.    De manera generalizada, esta macroalga crece como individuos aislados y fijos    al sustrato por un s&oacute;lo ap&eacute;ndice de sujeci&oacute;n del que se    desprenden algunas &#8220;ramas&#8221; (frondas), que usualmente no sobrepasan    los 20 cm de altura (Littler y Littler, 2000). Las algas que crecen de esta    manera requieren menos espacio (Hay, 1981), lo que disminuye la probabilidad    de interacciones de contacto. No obstante la presencia de esta macroalga a corta    distancia de los corales puede favorecer el recubrimiento por algas filamentosas,    ya que si bien el ap&eacute;ndice de sujeci&oacute;n no est&aacute; en contacto    con el tejido coralino, es usual que sus frondas si lo est&eacute;n, ejerciendo    abrasi&oacute;n sobre el tejido que no le permite a los p&oacute;lipos salir    y alimentarse. Ello conduce a la muerte del p&oacute;lipo, sobre el cual las    algas filamentosas se posan r&aacute;pidamente, como se ha observado en otros    estudios (Coyer et al., 1983; River y Edmunds, 2001). </p>        <p> En lo que se refiere a las especies de Dictyota, siendo estas macroalgas oportunistas    y muy susceptibles a ser consumidas por organismos herb&iacute;voros (Littler    et al., 1983), su poblaci&oacute;n no tiene la capacidad de eliminar por competencia    a otras especies; sin embargo, su reproducci&oacute;n es vegetativa, por tanto,    se encuentran con mayor frecuencia en interacciones de contacto perif&eacute;rico    o contacto de tejido, limitadas en su distribuci&oacute;n por la cantidad de    espacio disponible y los mecanismo defensivos de los corales. </p>        <p> En cuanto a L. variegata, esta macroalga solo se encontr&oacute; en la estaci&oacute;n    1 (costado de barlovento del Archipi&eacute;lago) y recubriendo a P. porites;    en muy pocas oportunidades se observ&oacute; en interacciones con otras especies.    Es probable que las colonias de P. porites adem&aacute;s de ser pobres competidoras,    como se se&ntilde;al&oacute; anteriormente, por su forma y tama&ntilde;o, no    permitan el acceso del erizo, por lo que entonces pueden considerarse refugios    contra la herbivor&iacute;a del erizo, aunque esto no ha sido comprobado.</p>        <p> En resumen, las frecuencias de interacci&oacute;n para cada una de las categor&iacute;as    consideradas dependen de las especies involucradas en interacci&oacute;n y de    sus propiedades intr&iacute;nsecas; en el caso de los corales, se trata principalmente    de sus mecanismos de competencia y de la eficacia y momento de acci&oacute;n    de estos. En cuanto a las macroalgas, el tipo y estrategia de crecimiento, la    susceptibilidad a los herb&iacute;voros y probablemente las sustancias aleloqu&iacute;micas,    son algunas de las propiedades que explicar&iacute;an los patrones observados    en este estudio en cuanto a las frecuencias de interacci&oacute;n por categor&iacute;a    entre los corales y las macroalgas. En consecuencia, podemos decir que estos    factores intr&iacute;nsecos a las especies de coral y las macroalgas involucrados    en interacci&oacute;n, tienen el potencial de determinar la categor&iacute;a    de interacci&oacute;n o la manera como se relacionan estos dos componentes bent&oacute;nicos    de los arrecifes coralinos. </p>        <p>&nbsp;</p>      <p><b>AGRADECIMIENTOS</b></p>      <p>Los autores agradecen al INVEMAR por la financiaci&oacute;n y apoyo log&iacute;stico    a este trabajo. A Sven Zea por los aportes en los an&aacute;lisis estad&iacute;sticos    y sus oportunas observaciones, a Mateo L&oacute;pez-Victoria por la colaboraci&oacute;n    en las labores de campo y sus sugerencias, a Diana B&aacute;ez y Pablo Berr&iacute;o    por la asistencia en campo y a Gabriel Gonz&aacute;lez, Marta Montero (Tol&uacute;    N&aacute;utica) y Luz Marina (Punta Faro) por su hospitalidad en Isla Mucura.    A Germ&aacute;n Bula-Meyer(?) por su generosa ayuda en la identificaci&oacute;n    de las algas. </p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <br>  <b><font size="3">BIBLIOGRAF&Iacute;A</font></b></p>      <!-- ref --><p>1. Aerts, L.A.M. 1999. Sponge-coral interactions on Caribbean Reefs. Disertaci&oacute;n    doctoral, Universidad de &Aacute;msterdam, Holanda, 157 p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0122-9761200500010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 2. Birkeland, C. 1977. The importance of rate of biomass accumulation on early    successional stages of benthic communities to the survival of coral recruits.    Proc. 3th Int. Coral Reef Symp., 15-21 pp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0122-9761200500010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 3. Chadwick, N.E. 1991. Spatial distribution and the effects of competition    on some temperate Scleractinia and Corallimorpharia. Mar. Ecol. Progr. Ser.    70: 39-48.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0122-9761200500010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 4. Chornesky, E.A. 1989. Repeated reversals during spatial competition between    corals. Ecology, 70(4):843-855.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0122-9761200500010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 5. Coyer J.A. 1993. Interactions between corals and algae in a temperate zone    rocky reef: Mediation by sea urchins. J. Exp. Biol. Ecol., 167: 21- 37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0122-9761200500010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 6. De Ruyter van Stevenick, E.D. y A.M. Breeman. 1987. Deep Water Populations    of Lobophora variegata (Phaeophyceae) on the Coral Reef of Curacao: Influence    of Grazing and Dispersal on Distribution Patterns. Mar. Ecol. Prog. Ser. 38:241-250.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0122-9761200500010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 7. De Ruyter van Stevenick ED, LL Van Mulekon y AM Breeman. 1988. Growht inhibition    of Lobophora variegata (Lamaroux) Womersly by scleractinian corals. J. Exp.    Mar. Biol. Ecol. 115: 169-178.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0122-9761200500010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 8. D&iacute;az, J.M., L.M. Barrios, M.H. Cendales, J. Garz&oacute;n-Ferreira,    J. Geister, M. L&oacute;pez-Victoria, G.H. Ospina, F. Parra-Velandia, J. Pinz&oacute;n,    B. Vargas-&Aacute;ngel, F.A. Zapata y S. Zea. 2000. &Aacute;reas Coralinas de    Colombia. INVEMAR, Ser. Publ. Esp. 5, Santa Marta, 175 p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0122-9761200500010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 9. Freile, D., y L. Hillis. 1997. Carbonate Productivity by Halimeda incrassata    in a land proximal lagoon, Pico Feo, San Blas, Panam&aacute;. Proc. 8th Int.    Coral Reef Symp., Panam&aacute;, 1: 762-772.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0122-9761200500010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 10. Gonz&aacute;lez, A.M., y J. Rojas. 1995. Estructura y composici&oacute;n    de la comunidad macroalgal en el sistema arrecifal coralino del Archipi&eacute;lago    de San Bernardo, Caribe colombiano. Tesis profesional, Facultad de Biolog&iacute;a    Marina, Fundaci&oacute;n Universidad de Bogot&aacute; Jorge Tadeo Lozano, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0122-9761200500010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 11. Hay, M.E. 1981. The functional morphology of turf-forming seaweeds persistence    in stressful marine habitats. Ecology, 62(3): 743-750.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0122-9761200500010001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 12. _____. 1997. The ecology and evolution of seaweed-herbivore interactions    on coral reefs. Coral reefs 16 Suppl.: 67-76.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0122-9761200500010001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 13. Hughes, T.P. 1989. Community structure and diversity of coral reefs: the    role of history. Ecology, 70: 275-279.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0122-9761200500010001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 14. _____. 1994. Catastrophes, phase ships, and large-scale degradation of    a Caribbean coral reef. Science 265: 1547-1551.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0122-9761200500010001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 15. Jompa J. y L.J. McCook. 2002. The effects of nutrients and herbivory on    competition between a hard coral (Porites cylindrica) and a brown alga (Lobophora    variegata). Limnol. Oceanogr., 47:527&#8211;534&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0122-9761200500010001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 16. ______. 2003a. Contrasting effects of turf algae on corals: massive Porites    spp. Are unaffected by mixed-species turfs, but killed by the red alga Anotrichium    tenue. Mar. Ecol. Prog. Ser., 258: 79-86.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0122-9761200500010001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 17. ______. 2003b. Coral-algal competition: macroalgae with different properties    &lt;have different effects on corals. Mar. Ecol. Prog. Ser., 258: 87-95.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0122-9761200500010001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 18. Lang, J. 1973. Interspecific aggression by scelactinian corals. 2. Why    the race is not only to the swift. Bull. Mar. Sci., 23(2): 261-279.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0122-9761200500010001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 19. Littler, M.M. y Littler, D.S. 1985. Factors controlling relative dominance    of primary producers on biotic reefs. Proc. Fifth Inter. Coral Reef Congress,    Tahiti 4:35-40.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0122-9761200500010001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 20. Littler D.S. y M.M. Littler. 2000. Caribbean Reef Plants. Offshore Graphics,    Washington.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0122-9761200500010001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 21. Littler, M.M, D.S. Litter y B.E. Lapointe. 1992. Modification of tropical    reef community structure due to cultural eutrophication: The southwest coast    of Martinique. Proc. 7th Int. Coral Reef Symp., Guam, Vol. 1: 335-343.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0122-9761200500010001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 22. Littler, M.M., P.R. Taylor y D.S. Littler. 1983. Algal Resistance to Herbivory    on a Caribbean Barrier Reef. Coral Reefs, 2: 111-118.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0122-9761200500010001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 23. Logan, A. 1984. Interspecific aggression in hermatypic corals from Bermuda.    Coral Reefs, 3: 131-138.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0122-9761200500010001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 24. L&oacute;pez-Victoria, M. y J.M. D&iacute;az. 2000. Morfolog&iacute;a    y estructura de las formaciones coralinas del Archipi&eacute;lago de San Bernardo,    Caribe Colombiano. Rev. Acad. Col. Cienc. Exact. F&iacute;s. Nat., 24 (91):219-230.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0122-9761200500010001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 25. McCook, L.J. 2001. Competition between corals and algal turfs along a    gradient of terrestrial influence in the nearshore central Great Barrier Reef.    Coral Reefs, 19:419-425.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0122-9761200500010001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 26. McCook, L.J., I.R. Price y D.W. Klumpp. 1997. Macroalgae on the GBR: Causes    and consequences, indicators or models of reef degradation. Proc. 8th Int. Coral    Reef Symp., Panama, 2: 1851-1856.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0122-9761200500010001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 27. McCook, L.J., J. Jompa y G. D&iacute;az-Pulido. 2001. Competition and    algae on coral reefs: a review of evidence and mechanism. Coral Reefs, 19:400-417.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0122-9761200500010001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 28. Mej&iacute;a-Ni&ntilde;o, N. y J. Garz&oacute;n-Ferreira. 2003. Din&aacute;mica    de las inetracciones alga-coral en dos bah&iacute;as de la regi&oacute;n de    Santa Marta (Caribe Colombiano) con distinto grado de influencia antropog&eacute;nica.    Bol. Invest. Mar. Cost., 32:243-261.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0122-9761200500010001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 29. Morrison, D. 1988. Comparing fish and urchin grazing in shallow and deeper    coral reef algal communities. Ecology 69(5): 1367-1382.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0122-9761200500010001100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 30. Nugues, M.M., L. Delvoyne y R.P.M. Bak. 2004. Coral defence against macroalgae:    differential effects of mesenterial filaments on the green alga Halimeda opuntia.    Mar. Ecol. Prog. Ser. 278: 103- 114.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0122-9761200500010001100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 31. Paine, R.T. 1984. Ecological Determinism in the Competition for Space.    Ecology, 65(5):1339-1348.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0122-9761200500010001100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 32. Pati&ntilde;o, F. y F. Fl&oacute;rez. 1993. Estudio Ecol&oacute;gico del    Golfo de Morrosquillo. Universidad Nacional de Colombia y fondo FEN-Colombia,    Bogot&aacute;. 295p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0122-9761200500010001100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 33. River, G.F. y P.J. Edmunds. 2001. Mechanims of interaction between macroalgae    and scleractineans on coral reef in Jamaica. J. Exp. Mar. Biol. Ecol. 262: 159-172.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0122-9761200500010001100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 34. Sokal, R.R. y F.J. Rohlf. 1995. Biometry. 3&ordf; edici&oacute;n. W.H.    Freeman and Company. New York. 358p.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0122-9761200500010001100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 35. Steneck, R.S. 1988. Herbivory on coral reefs: a synthesis. Proc. 6th Int.    Coral Reef Sym. 1: 37-49.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0122-9761200500010001100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 36. Szmant, A. M. 2002. Nutrient enrichment on coral reef: is it a major cause    of coral reef decline? Estuaries, 25: 743-766.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0122-9761200500010001100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 37. Tanner, J.E. 1995. Competition between scleractinian corals and macroalgae:    An experimental investigation of coral growth, survival and reproduction. J.    Exp. Mar. Biol. Ecol., 190: 151-168.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0122-9761200500010001100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 38. Te, F.T. 1997. Turbidity and its effect on corals: A model using the extinction    coefficient (K) of photosynthetic activity radiance (PAR). Proc 8th Int. Coral    Reef Symp., Panama, 2: 1899-1904. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0122-9761200500010001100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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