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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La identidad cultural de los pueblos indígenas en el marco de la protección de los derechos humanos y los procesos de democratización en Colombia]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The cultural identity of Indigenous in the context of the protection of Human Rights and democratization process in Colombia]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Abstract This article values indigenous cultural identity as an important factor for the development of the social state of law in Colombia. In doing so, three arguments are presented: 1. the consideration of cultural diversity can be a paramount component to establish and adopt new meanings and dynamics around human rights. 2. Despite the constitutional rule of law in relation to the legal protection of indigenous cultural identity different social practices can still threaten the effective guarantee of this human right in Colombia. 3. A better democratization process of the constitutional right of indigenous cultural identity may be better developed taking into account wider multicultural perspectives in which historical and contemporaneous groups of Colombian society can be heard and fully included. The article is divided in three parts. The first one is focused on the relationship between Human rights and cultural diversity. The second part analyses the main juridical development of the Colombian Constitutional Court in favour of cultural identity protection. This section also contrasts certain social practices that may cause deleterious effects to the purposes of these juridical developments. On the third part it is discussed how a multicultural perspective may enhance democratization processes of the indigenous cultural identity in Colombia.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>La identidad cultural de los pueblos ind&iacute;genas en el marco de la protecci&oacute;n de los derechos humanos y los procesos de democratizaci&oacute;n en Colombia</b></font><SUP>**</SUP></p>     <P align="center"><font size="3"><B>The cultural identity of Indigenous in the context of the protection of Human Rights and democratization process in Colombia</B></font></P>     <P align="center"><B>Jorge Antonio Ortiz Quiroga</B><SUP>*</SUP></P>     <p><SUP>*</SUP>Mag&iacute;ster en Derechos Humanos y Democratizaci&oacute;n, Universidad Externado de Colombia. Contacto: <A href="mailto:ortizGeorge82@gmail.com">ortizGeorge82@gmail.com</A></p>     <p><sup>**</sup>Fecha de recepci&oacute;n: 17 de octubre de 2012. Fecha de aceptaci&oacute;n: 29 de abril de 2013. </p> <hr>     <p><b><font size="3">Sumario</font></b></p>      <p>Introducci&oacute;n.   1. Diversidad cultural y derechos humanos. 2. La identidad de los pueblos   ind&iacute;genas y el pluralismo jur&iacute;dico de la Constituci&oacute;n   Pol&iacute;tica de Colombia de 1991. 2.1. Conceptualizaci&oacute;n de la   diversidad e identidad cultural en el marco jurisprudencial. 2.1.2. Principales   avances jurisprudenciales. 2.2. Fugas del pluralismo jur&iacute;dico en   relaci&oacute;n con la identidad cultural. 2.2.1. Prima fuga: entre Cruzamiento   de las tradiciones ind&iacute;genas con otras pr&aacute;cticas sociales. 2.2.2.   Segunda fuga: consulta vs. Negociaci&oacute;n. 2.2.3. Tercera fuga:   preservaci&oacute;n de la cultura en el conflicto. 2.2.4. Cuarta fuga: la idea   de desarrollo y progreso vs. multiculturalidad y pluralismo jur&iacute;dicio.   3. Perspectivas de an&aacute;lisis para la democratizaci&oacute;n del derecho a   la identidad cultural. 3.1. El di&aacute;logo sobre los derechos humanos en   prespectiva multicultural. 3.2. Identidad cultural en Colombia, el pluralismo jur&iacute;dico   y la democratizaci&oacute;n. Conclusi&oacute;n. </p> <hr>      <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>      <p>El   presente art&iacute;culo tiene como objetivo central indagar acerca de la   protecci&oacute;n de la identidad cultural de los pueblos ind&iacute;genas   teniendo en cuenta su importancia en la construcci&oacute;n del Estado social   de Derecho en Colombia. El desarrollo tem&aacute;tico del texto pretende   sustentar tres argumentos: 1) La diversidad cultural sigue siendo un componente   esencial para el desarrollo de nuevas comprensiones en torno a los derechos   humanos. 2) A pesar del esfuerzo constitucional para lograr el imperio de la   ley frente a la garant&iacute;a al derecho de la identidad cultural de los   pueblos ind&iacute;genas, diferentes pr&aacute;cticas sociales contin&uacute;an   amenazando la garant&iacute;a de ese derecho humano en Colombia. 3) Un mejor   proceso de democratizaci&oacute;n del derecho constitucional a la identidad   cultural de los pueblos ind&iacute;genas podr&iacute;a desarrollarse desde una   visi&oacute;n multicultural de los derechos humanos. Este proceso podr&iacute;a   facilitar una mejor escucha y una extensa participaci&oacute;n de aquellos   grupos hist&oacute;ricos y contempor&aacute;neos de la sociedad colombiana que   a&uacute;n reclaman las garant&iacute;as para el goce efectivo de este derecho.   El texto est&aacute; dividido en tres partes, la primera explicita la posible   relaci&oacute;n entre derechos humanos y diversidad cultural. La segunda se   centra en el an&aacute;lisis del desarrollo de la jurisprudencia de la Corte   Constitucional colombiana y de las pr&aacute;cticas sociales que pueden causar   efectos opuestos a los prop&oacute;sitos legislativos de la protecci&oacute;n a   la identidad cultural de los pueblos ind&iacute;genas en el territorio nacional.   La &uacute;ltima secci&oacute;n se ocupa de la discusi&oacute;n acerca de   c&oacute;mo una perspectiva multicultural puede fortalecer el proceso de   democratizaci&oacute;n del derecho a la identidad cultural de los pueblos   ind&iacute;genas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave</b>: Identidad cultural ind&iacute;gena, derechos humanos, multiculturalismo, pluralismojur&iacute;dico, democratizaci&oacute;n. </p> <hr>      <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>      <p>This   article values indigenous cultural identity as an important factor for the   development of the social state of law in Colombia. In doing so, three arguments   are presented: 1. the consideration of cultural diversity can be a paramount   component to establish and adopt new meanings and dynamics around human rights.   2. Despite the constitutional rule of law in relation to the legal protection   of indigenous cultural identity different social practices can still threaten   the effective guarantee of this human right in Colombia. 3. A better   democratization process of the constitutional right of indigenous cultural   identity may be better developed taking into account wider multicultural perspectives   in which historical and contemporaneous groups of Colombian society can be   heard and fully included. The article is divided in three parts. The first one   is focused on the relationship between Human rights and cultural diversity. The   second part analyses the main juridical development of the Colombian   Constitutional Court in favour of cultural identity protection. This section   also contrasts certain social practices that may cause deleterious effects to   the purposes of these juridical developments. On the third part it is discussed   how a multicultural perspective may enhance democratization processes of the   indigenous cultural identity in Colombia.</p>     <p><b>Key Words</b>: Indigenous cultural identity, human rights, multiculturalism, juridical pluralism, democratization. </p> <hr>      <p><b><font size="3">Introducci&oacute;n</font></b></p>      <p>Investigar   temas relacionados con los derechos humanos anima a relacionar y cuestionar su   significado en las realidades contextualizadas desde las que los sujetos de   estos derechos se ven afectados por los mismos. As&iacute;, para algunos, los   derechos humanos pueden entenderse como conquista hist&oacute;rica de la   humanidad, proyecto de la modernidad y conciencia de la dimensi&oacute;n humana   de la persona, democracia y Estado social de derecho; para otros, pueden   guardar relaci&oacute;n con el fracaso, la impotencia, la falta de   garant&iacute;a y protecci&oacute;n, la ideolog&iacute;a dominante y el juego   de voluntades pol&iacute;ticas, entre otros.</p>     <p>A pesar de   la equivocidad de la expresi&oacute;n y de la multiplicidad de perspectivas,   una cosa puede considerarse cierta: se sabe que existen los derechos humanos,   aunque dicha existencia no sea proporcional al reconocimiento y a la   garant&iacute;a que en la realidad se les brinda. Este hecho nos conduce a   pensar, hipot&eacute;ticamente, que los derechos humanos han de considerarse   como <i>proyecto inacabado</i>, con ra&iacute;ces en dinamismos, realidades y   contextos diversos, a trav&eacute;s de los cuales se logra un mayor avance en   cuanto a su interpretaci&oacute;n, garant&iacute;a y protecci&oacute;n.</p>     <p>En consecuencia,   si se tiene en cuenta que las circunstancias y el estado de avance de los   derechos humanos en el mundo actual han sido significativos e implican la   continuidad de una visi&oacute;n prospectiva para dar cabal cumplimiento a sus   objetivos, contin&uacute;a siendo labor importante reflexionar sobre realidades   inherentes a la condici&oacute;n humana de todo hombre o mujer.</p>     <p>La   fundamentaci&oacute;n de los derechos humanos pudiera encontrar entonces en una   din&aacute;mica reflexiva y progresiva una apuesta adecuada para evitar hacer   de ellos una ideolog&iacute;a dominante, por medio de la cual se pretenda justificar   principios universales, por encima de la libertad de los individuos en las   diversas culturas, lo cual pondr&iacute;a en riesgo la posibilidad de dialogar sobre   la igualdad y garantizar la idea de la dignidad humana en el mundo contempor&aacute;neo.</p>     <p>A partir   de ello, hablar de derechos humanos conlleva un ejercicio pr&aacute;ctico, reflexivo   e integrador, ya no solo desde la dimensi&oacute;n jur&iacute;dica sino   tambi&eacute;n desde una perspectiva filos&oacute;fica, moral, cultural, pol&iacute;tica,   religiosa y social, entre otras, capaz de inyectar vida a lo que se pretende   garantizar en los sistemas jur&iacute;dicos nacionales e internacionales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Siguiendo   esta l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n, se hace importante se&ntilde;alar   quela inquietud investigativa que ha dado origen a este trabajo es la de   valorarla cultura como elemento esencial en la consolidaci&oacute;n del estado   social de derecho en Colombia. Para ello, el presente texto toma inter&eacute;s   en analizar el desarrollo jur&iacute;dico de la Corte Constitucional colombiana   alrededor del derecho a la identidad cultural de los pueblos ind&iacute;genas,   promulgado en la Carta Pol&iacute;tica de 1991, y visto como un fen&oacute;meno   jur&iacute;dico basado en una perspectiva multicultural y en el reconocimiento   de una normativa pluralista. Por lo tanto, la pregunta que gu&iacute;a el   desarrollo argumentativo del presente documento es: &iquest;c&oacute;mo   acontece la relaci&oacute;n entre multiculturalismo y pluralismo jur&iacute;dico   de cara a la garant&iacute;a del derecho a la identidad cultural<a name=nu1></a><sup><a href="#num1">1</a></sup> por parte del Estado colombiano y cu&aacute;les pueden   ser sus consecuencias en t&eacute;rminos de democratizaci&oacute;n? </p>     <p>En   consecuencia, se asume como hip&oacute;tesis que el respeto por el derecho a la   identidad cultural, definido en la Carta Constitucional de 1991 como un derecho   humano, plantea una serie de implicaciones socioculturales que conducen a una   reflexi&oacute;n m&aacute;s profunda en t&eacute;rminos de multiculturalidad y pluralidad   jur&iacute;dica con el fin de integrar adecuadamente lo prescrito en la ley y   la vida social de la naci&oacute;n.</p>     <p>Con el fin   de delimitar metodol&oacute;gicamente la propuesta investigativa, se tomar&aacute;   como caso paradigm&aacute;tico el de los pueblos ind&iacute;genas, dividiendo   el acervo argumentativo en tres partes: diversidad cultural y derechos humanos;   identidad cultural de los pueblos ind&iacute;genas y su visibilizaci&oacute;n en   la normativa constitucional colombiana, y perspectivas de an&aacute;lisis para   la democratizaci&oacute;n del derecho a la identidad cultural. </p>     <p>La primera   parte tiene como prop&oacute;sito realizar un acercamiento reflexivo a la   diversidad cultural como elemento emergente que impulsa a los Estados a una   mayor responsabilidad jur&iacute;dica en torno a la protecci&oacute;n de los   derechos humanos dentro de sus sistemas normativos. La segunda parte analiza el   estado de avance constitucional y jur&iacute;dico del derecho a la identidad   cultural junto con ciertas fugas socio-jur&iacute;dicas en la garant&iacute;a   de tal derecho para las comunidades ind&iacute;genas desde la perspectiva   pluralista del Estado durante los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os. La tercera   instancia se dedica al planteamiento de una aproximaci&oacute;n   filos&oacute;fico-jur&iacute;dica en torno al proceso de democratizaci&oacute;n   del derecho a la identidad cultural de los pueblos ind&iacute;genas en   Colombia. Se abordan los postulados de una visi&oacute;n multicultural de los   derechos humanos plateada por Boaventura de Sousa Santos, as&iacute; como una   reflexi&oacute;n en torno a los retos que a&uacute;n sigue planteando la   garant&iacute;a del derecho a la identidad cultural dentro del Estado   colombiano, especialmente en relaci&oacute;n con comunidades sociales que   a&uacute;n pueden hallarse en condici&oacute;n de excluidos debido a su   identidad cultural. </p>     <p>Finalmente,   el desarrollo argumentativo conduce a insistir en la necesidad de focalizar la   atenci&oacute;n estatal en la integraci&oacute;n de la jurisprudencia de la   Corte Constitucional con las pr&aacute;cticas sociales y gubernamentales con el   fin de garantizar adecuadamente el derecho a la identidad cultural en Colombia.   As&iacute; mismo, se adelanta la consideraci&oacute;n de que el proceso de   democratizaci&oacute;n desarrollado para la protecci&oacute;n y garant&iacute;a   de este derecho deber&iacute;a estar en capacidad de escuchar y acoger en   igualdad de condiciones la propuesta de diversos grupos humanos que a&uacute;n   reclaman el reconocimiento de su identidad. </p>     <p><b>1. Diversidad Cultural Y   Derechos Humanos</b></p>     <p>Hablar de   diversidad cultural remite a la existencia de m&uacute;ltiples elementos que han   configurado la identidad de una naci&oacute;n o de un grupo de individuos. Por tal   raz&oacute;n, el problema de la diversidad supone pensar que no existe un mundo   uniforme, sino pluriforme, en el que m&uacute;ltiples elementos confluyen y   reclaman el reconocimiento de su identidad, al igual que las libertades que les   pertenecen.</p>     <p>Pensar en   el problema de la diversidad cultural remite a que en un contexto conviven   multiplicidad de razas, tradiciones, concepciones del mundo, modos de concebir   la justicia, entre otros. De igual manera, el tema de la diversidad, en nuestro   caso, remite a la reflexi&oacute;n de los contrastes hist&oacute;ricos, religiosos,   antropol&oacute;gicos, culturales y sociol&oacute;gicos en que se ha   configurado el desarrollo de las identidades de los pueblos latinoamericanos.   Identidades que portan consigo procesos de mixturas, emancipaci&oacute;n y   afirmaci&oacute;n ante la variedad de relaciones interculturales originadas por   la aparici&oacute;n de &quot;nuevas&quot; expresiones occidentales en nuestros   territorios.</p>     <p>El   reconocimiento de la identidad latinoamericana implica que existe una forma de   ser diferente y, a la vez, que no existe una &uacute;nica forma de comprender   la realidad sino que, por el contrario, la diferencia y el pluralismo son los requisitos   mismos de esta comprensi&oacute;n. Los hechos hist&oacute;ricos del pasado y del   presente llaman hoy, a trav&eacute;s de los derechos humanos, a repensar formas   de reconocimiento en las que incluso las culturas que se han erigido a   trav&eacute;s de la historia como dominantes puedan verse en la necesidad de   aceptar y asimilar otras visiones del mundo, as&iacute; como renunciar a su   pretensi&oacute;n de hegemon&iacute;a, validez y universalidad.</p>     <p>La   existencia de diversos grupos sociales implica, a la vez, diversidad de   concepciones morales y de modos de situarse en el mundo, apareciendo como   realidad la admisi&oacute;n de la existencia, en un mismo &aacute;mbito   territorial, de modos de resoluci&oacute;n de conflictos diferenciados, que   respondan a las necesidades de cada una de las culturas. Teniendo como base   este aspecto, se puede afirmar que diversidad cultural es, adem&aacute;s,   sin&oacute;nimo de diversidad de c&oacute;digos morales y, a la vez, de   pretensiones de verdad diferentes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La   diversidad cultural es un hecho evidente y, del mismo modo, creciente, por lo   cual compromete al Estado a establecer garant&iacute;as de los derechos humanos   en t&eacute;rminos de reconocimiento y de acceso a la justicia en condiciones   de igualdad. Es aqu&iacute; donde la reflexi&oacute;n te&oacute;rica y el   desarrollo jur&iacute;dico de la protecci&oacute;n de los derechos humanos   cobran vida desde perspectivas multiculturales y pluralistas.</p>     <p>En   perspectiva multicultural, la diversidad cultural como reconocimiento de una   identidad diferenciada en el campo jur&iacute;dico, desemboca en la   aceptaci&oacute;n y el reconocimiento de la diversidad, lo cual no implica   solamente saber que existen m&uacute;ltiples colores de piel, sino   tambi&eacute;n diversas concepciones morales que var&iacute;an de una cultura a   otra, por lo que merecen ser tomadas en igual consideraci&oacute;n al momento   de garantizar sus derechos.</p>     <p>Esta   perspectiva de lo multicultural motiva a entender que los fundamentos de los   derechos humanos en un Estado social de derecho deber&iacute;an hallarse   siempre en la idea de naturaleza humana, &quot;pero no se tratar&aacute;   aqu&iacute; de una idea de naturaleza como estructura est&aacute;tica, sino   como naturaleza din&aacute;mica, que en parte se va realizando en lo concreto,   en la temporalidad hist&oacute;rica y en la individualidad&quot;<a name=nu2></a><sup><a href="#num2">2</a></sup>. Esta concepci&oacute;n marca la necesidad de   comprender que los derechos humanos, como se ha afirmado, no son una realidad   est&aacute;tica sino din&aacute;mica, realidad matizada por la <i>diferencia</i> que identifican las perspectivas humanas.</p>     <p>Esta idea   est&aacute; en concordancia con aquella que afirma que, para garantizar universalmente   la validez de los derechos humanos, deben tenerse en cuenta siempre la   temporalidad hist&oacute;rica, la diversidad cultural y las circunstancias propias   de cada comunidad o grupo humano. Esto representa el desaf&iacute;o de &quot;proponer   un modo de universalizaci&oacute;n que respete las diferencias de los hombres y   de las culturas, y al mismo tiempo alcance la igualdad que sea   posiblelograr&quot;<a name=nu3></a><sup><a href="#num3">3</a></sup>. Este modo   de universalizar recibir&aacute; el nombre de universalizaci&oacute;n   anal&oacute;gica, la cual consiste en congregar varios elementos respetando sus   diferencias principales, por lo que su lema central ser&aacute;: &quot;Ni   uniculturalismoni relativismo, sino multiculturalismo&quot;<a name=nu4></a><sup><a href="#num4">4</a></sup>. </p>     <p>La   diversidad cultural plantea siempre a los derechos humanos la tarea del reconocimiento   del <i>otro</i> desde sus diferencias, sus intereses y sus necesidades. Ello   sugiere a los diversos &oacute;rdenes jur&iacute;dicos tener en cuenta los   principios sobre los cuales se han constituido las culturas y su identidad.   Pues, un derecho que desconozca las diferencias propias de las culturas   presentes en la sociedad parece convertirse en un elemento dominante e   impositivo que desvirt&uacute;a un verdadero proceso de democratizaci&oacute;n.</p>     <p>Los retos   que en materia de pluralismo jur&iacute;dico plantea la diversidad cultural   como reconocimiento de una identidad diferenciada obligan a los Estados a   preguntarse por la convivencia de &oacute;rdenes jur&iacute;dicos   diferenciados, anclados en los c&oacute;digos morales de las culturas. </p>     <p>Hablar de   pluralismo implica, por tanto, la aceptaci&oacute;n de que existen modos   diversos de pensar, de posicionarse sobre el mundo y, sobre todo, de concebir   lo que se ha denominado <i>derecho</i>. El pluralismo jur&iacute;dico entra en   disputa con el llamado <i>monismo jur&iacute;dico</i>, el cual defiende la   preeminencia del orden jur&iacute;dico estatal u oficial, por encima de   cualquier otro orden jur&iacute;dico. Desde la doctrina del monismo, el derecho   propio del Estado aparece como supremo, por lo cual busca excluir cualquier   otro sistema normativo.</p>     <p>En este   caso, se comprende por qu&eacute; la doctrina del pluralismo emerge como una   alternativa y como una profunda cr&iacute;tica a la uniformidad del derecho.   Una primera cr&iacute;tica que se presenta a esta postura te&oacute;rica es la   que se&ntilde;ala que el monismo &quot;frente a la existencia de comunidades   culturales y pol&iacute;ticas peque&ntilde;as y d&eacute;biles, comunes en el   antiguo r&eacute;gimen, ofrece como alternativa la creaci&oacute;n y   consolidaci&oacute;n de una sola comunidad pol&iacute;tica fuerte que gira en   torno a la cultura de la naci&oacute;n&quot;<a name=nu5></a><sup><a href="#num5">5</a></sup>. </p>     <p>En   conclusi&oacute;n, el fen&oacute;meno que provoca la adopci&oacute;n de normas   constitucionales para la protecci&oacute;n de los derechos humanos, as&iacute;   como las consecuencias que derivan de ellas, plantean siempre momentos de   an&aacute;lisis, momentos de &quot;preguntar por la raz&oacute;n que nos motiva   a aceptar la idea normativa de los <i>dikeos </i>y a comportarnos   congruentemente con ella&quot;<a name=nu6></a><sup><a href="#num6">6</a></sup>.</p>     <p>La   diversidad cultural, y dentro de ella una dimensi&oacute;n de los derechos humanos   en clave multicultural y pluralista, aproxima a la necesidad de cuestionarse   acerca de la fundamentaci&oacute;n del derecho a la identidad cultural desde   las diversas expresiones y perspectivas de las colectividades humanas que han   configurado y han dado vida al contenido material de la norma promulgado en el   art&iacute;culo 70 de la Constituci&oacute;n colombiana. Este acercamiento est&aacute;   relacionado con el argumento de que </p> <blockquote style='margin-top:5.0pt;margin-bottom:5.0pt'>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>...     fundamentar los derechos humanos es buscar la ra&iacute;z de un fen&oacute;meno     que se explica s&oacute;lo plenamente cuando est&aacute; incorporado en el     derecho positivo, aunque su origen se encuentre en el plano de la moral.     Adem&aacute;s los derechos humanos s&oacute;lo aparecen como fen&oacute;meno en     el sentido de<i> phainomena</i>, esto es cuando se incorporan al derecho     positivo y se hacen visibles; sin embargo, el hecho de que se cuenten en el     derecho positivo no es raz&oacute;n suficiente para su comprensi&oacute;n ya     que se debe la ra&iacute;z de ese fen&oacute;meno a los valores, las     tradiciones y la misma cultura<a name=nu7></a><sup><a href="#num7">7</a></sup>. </p> </blockquote>     <p>La   ra&iacute;z del fen&oacute;meno denominado <i>derechos humanos</i> pasa   entonces a estar en el foco de diversas perspectivas culturales que dan cabida   a la configuraci&oacute;n de la identidad de variados grupos sociales, y que   debieran ser valoradas no como amenazas, sino como posibilidades de   trasformaci&oacute;n y mayor alcance en la garant&iacute;a de los principios   que tales derechos ofrecen.</p>     <p>El   siguiente paso, por tanto, para los prop&oacute;sitos de este texto, es   desarrollar un an&aacute;lisis de la jurisprudencia de la Corte Constitucional   colombiana sobre el derecho a la identidad cultural, tomando como referente a los   pueblos ind&iacute;genas, toda vez que estos grupos humanos constituyen un   ejemplo paradigm&aacute;tico en el contexto continental y nacional. </p>     <p><b>2. La identidad cultural   de los pueblos ind&iacute;genas Y el pluralismo jur&iacute;dico de la   constituci&oacute;n pol&iacute;tica De colombia de 1991</b></p>     <p>A partir   de la promulgaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de Colombia   de 1991y de la adhesi&oacute;n al bloque de constitucionalidad, el   reconocimiento de los particulares derechos de los pueblos ind&iacute;genas ha   sido ejemplo paradigm&aacute;tico para comprender la magnitud y la profundidad   del concepto <i>pluralismo jur&iacute;dico</i>, esto es, la posibilidad de   existencia de diversos &oacute;rdenes jur&iacute;dicos en un Estado   predominantemente abierto a la identidad de las culturas.</p>     <p>Numerosos   son los art&iacute;culos que en la Carta Pol&iacute;tica nacional se orientan a   garantizar el reconocimiento de los derechos de los pueblos ind&iacute;genas; por   ejemplo, en relaci&oacute;n con los llamados derechos econ&oacute;micos,   sociales y culturales (desc) o <i>derechos de segunda generaci&oacute;n</i>,   llama particularmente la atenci&oacute;n el art&iacute;culo 70, el cual   reconoce el derecho a la cultura como fundamento de la nacionalidad y   as&iacute; mismo, por conexidad, configura conotros grupos de derechos el   escenario id&oacute;neo para establecer el pluralismojur&iacute;dico: </p> <blockquote style='margin-top:5.0pt;margin-bottom:5.0pt'>       <p>Art&iacute;culo     70. El Estado tiene el deber de promover y fomentar el acceso a la cultura de     todos los colombianos en igualdad de oportunidades, por medio de la     educaci&oacute;n permanente y la ense&ntilde;anza cient&iacute;fica,     t&eacute;cnica, art&iacute;stica y profesional en todas las etapas del proceso     de creaci&oacute;n de la identidad nacional. </p> </blockquote>     <p>La cultura,   a trav&eacute;s de sus diversas manifestaciones, es fundamento de la nacionalidad.   El Estado reconoce la igualdad y la dignidad de todas las que conviven en el   pa&iacute;s. El Estado promover&aacute; la investigaci&oacute;n, la ciencia, el   desarrollo y la difusi&oacute;n de los valores culturales de la Naci&oacute;n   (cfr. Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de Colombia, 1991). Por lo mismo, es   imperativo reflexionar sobre destacados desarrollos jurisprudenciales y el   proceso de democratizaci&oacute;n, que se han hecho visibles en los   &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os, sobre la conservaci&oacute;n y el respeto de   la identidad cultural de los pueblos ind&iacute;genas, de cara a lo dispuesto   en el art&iacute;culo 70 C.P.; su relaci&oacute;n con la existencia del   pluralismo jur&iacute;dico y las diferentes fugas entre el deber ser y la   realidad. </p>     <p>De esta   manera, este segundo apartado ser&aacute; dedicado a dos puntos centrales: uno,   el an&aacute;lisis de los principales avances jurisprudenciales de la Corte Constitucional   a trav&eacute;s de los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os; dos, un planteamiento   enunciativo que se ha denominado <i>fugas socio jur&iacute;dicas</i>,   identificadas estas en el ejercicio del pluralismo jur&iacute;dico, en   relaci&oacute;n a la identidad cultural.</p>     <p>Para   comenzar, es importante referir que del grupo de derechos econ&oacute;micos,   sociales y culturales reconocidos por la Carta Pol&iacute;tica Nacional de   1991,el art&iacute;culo 70, al entrar en contacto con otras garant&iacute;as   jur&iacute;dicas reconocidas para los pueblos ind&iacute;genas<a name=nu8></a><sup><a href="#num8">8</a></sup>, sienta las bases de lo que podr&iacute;amos llamar el   derecho a la identidad. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las   sentencias emitidas por la Corte Constitucional<a name=nu9></a><sup><a href="#num9">9</a></sup> ante las diversas acciones de tutela o de   constitucionalidad<a name=nu10></a><sup><a href="#num10">10</a></sup> radicadas   por los nacionales, adem&aacute;s de solucionar los casos concretos de los   accionantes e interpretar la norma desde el principio del bloque de   constitucionalidad, evidencian los aciertos y las fallas de la existencia de un   sistema democr&aacute;tico y garantista de la identidad cultural. Es por esta   raz&oacute;n que se presenta el siguiente marco de an&aacute;lisis   jurisprudencial. </p>     <p><i>2.1.   Conceptualizaci&oacute;n de la diversidad e identidad cultural en el marco jurisprudencial </i></p>     <p>Al entrar   en vigencia la Constituci&oacute;n de 1991, las acciones de tutela y de constitucionalidad   no se hicieron esperar en relaci&oacute;n con los art&iacute;culos que reconoc&iacute;an   los derechos de los pueblos ind&iacute;genas. Uno de los primeros pronunciamientos   refer&iacute;a la delimitaci&oacute;n de los conceptos de diversidad e identidad   cultural, establecidos en los art&iacute;culos 7.&ordm; y 70. Estos conceptos fueron   definidos en los siguientes t&eacute;rminos: </p> <blockquote style='margin-top:5.0pt;margin-bottom:5.0pt'>       <p>Las formas     de vida y concepciones del mundo no totalmente coincidentes con las costumbres     de la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n en aspectos de raza,     religi&oacute;n, lengua, econom&iacute;a y organizaci&oacute;n pol&iacute;tica.     Los grupos humanos que por sus caracter&iacute;sticas culturales no encuadran     dentro del orden econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y social establecido para la     mayor&iacute;a, tienen derecho al reconocimiento de sus diferencias, con fundamento     en los principios de dignidad humana, pluralismo y protecci&oacute;n de las     minor&iacute;as<a name=nu11></a><sup><a href="#num11">11</a></sup>. </p> </blockquote>     <p>El hecho   de hablar de <i>grupos humanos</i> sin m&aacute;s caracter&iacute;sticas y   delimitaciones que las diferencias mencionadas en el texto transcrito   gener&oacute; por alg&uacute;n tiempo un vac&iacute;o jur&iacute;dico, pues no   se pudo definir con claridad qui&eacute;nes eran materialmente los   beneficiarios de este derecho. Dos posibilidades fueron abiertas: &iquest;eran   acaso las colectividades humanas ancestrales las que se erig&iacute;an como   sujetos reales y materiales del derecho a la identidad cultural? O, en   contraposici&oacute;n, &iquest;era la sumatoria de los derechos de los   individuos que compart&iacute;an rasgos geneal&oacute;gicos ind&iacute;genas?</p>     <p>La segunda   posibilidad abri&oacute; las puertas a la paradoja de (re)vivir el pasado en el   presente, toda vez que fue permitido que los individuos aislados que no   evidenciaban un pasado reciente como pueblo ind&iacute;gena conformaran una   comunidad que tuviera como fin recuperar la sabidur&iacute;a ancestral y la identidad   cultural, ya que en sus antepasados exist&iacute;a alguna relaci&oacute;n   condichas tradiciones. </p>     <p>Frente a   esta divergencia, Carlos Gaviria Diaz, en cumplimiento de sus funciones como   magistrado de la Corte Constitucional, se pronunci&oacute; de la siguiente   manera mediante sentencia: </p> <blockquote style='margin-top:5.0pt;margin-bottom:5.0pt'>       <p>El     reconocimiento constitucional de la diversidad &eacute;tnica y cultural     responde a una nueva visi&oacute;n del Estado, en la que ya no se concibe a la     persona humana como un individuo abstracto, sino como un sujeto con     caracter&iacute;sticas particulares, que reivindica para s&iacute; su propia     conciencia &eacute;tica. &#91;...&#93; En especial son claras las tensiones entre     reconocimiento de grupos culturales con tradiciones, pr&aacute;cticas y ordenamientos     jur&iacute;dicos diversos y la consagraci&oacute;n de Derechos fundamentales con     pretendida validez universal. Mientras que una mayor&iacute;a los estima como presupuestos     intangibles, necesarios para un entendimiento entre naciones, otros se oponen a     la existencia de postulados supra-culturales, como una manera de afirmar su     diferencia, y porque de acuerdo con su cosmovisi&oacute;n no ven en ellos un     presupuesto vinculante<a name=nu12></a><sup><a href="#num12">12</a></sup>. </p> </blockquote>     <p>Como   soluci&oacute;n, para la Corte Constitucional, independientemente de la forma   en la que hubiesen sido configuradas las comunidades ind&iacute;genas, sea por   la conservaci&oacute;n de su cultura en el tiempo o por la   reconstrucci&oacute;n de las tradiciones, era necesario el reconocimiento de   sus derechos. </p>     <p>Al   establecer el sujeto activo y propio del derecho a la identidad cultural se fue   preparando el camino para analizar, mediante un nuevo fallo, el problema   jur&iacute;dico que cuestionaba el nivel de autonom&iacute;a de las comunidades   ind&iacute;genas para garantizar su conservaci&oacute;n. En este   pronunciamiento, las ideas liberales fueron la fuente radical para dar   respuesta al cuestionamiento: &quot;La maximizaci&oacute;n de la   autonom&iacute;a de las comunidades ind&iacute;genas y, por lo tanto, la de la   minimizaci&oacute;n de la restricciones indispensables para salvaguardar intereses   de superior jerarqu&iacute;a&quot;<a name=nu13></a><sup><a href="#num13">13</a></sup>,   haciendo alusi&oacute;n como excepci&oacute;n a esta norma de   interpretaci&oacute;n, la seguridad nacional interna<a name=nu14></a><sup><a href="#num14">14</a></sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora   bien, el reconocimiento de un pretendido m&aacute;ximo nivel de   autonom&iacute;a de las comunidades ind&iacute;genas no es de f&aacute;cil   conciliaci&oacute;n jur&iacute;dica con las libertades fundamentales e   individuales. De hecho, la misma Corte se ha pronunciado sobre la necesidad de   establecer grados de autonom&iacute;a a las comunidades, seg&uacute;n su   heterogeneidad tradicional y sus cosmovisiones.</p>     <p>Un caso   emblem&aacute;tico sobre el an&aacute;lisis de la autonom&iacute;a es la   sentencia de unificaci&oacute;n proferida en 1998, documento t&eacute;cnico en   el que fue reconocida la religi&oacute;n como aspecto de la identidad y la   esencia cultural. En dicho texto fueron establecidos tres niveles de   heterogeneidad/autonom&iacute;a de las comunidades, cada uno de ellos   delimitado seg&uacute;n los criterios cient&iacute;ficos de profesionales de la   antropolog&iacute;a y la sociolog&iacute;a: </p> <ol start=1 type=a>   <li class=MsoNormal><i>Autonom&iacute;a     total para las comunidades ind&iacute;genas tradicionales. </i>Las     caracter&iacute;sticas de estas comunidades son similares, por ejemplo, a     las de los Kogi, quienes intentan evitar cualquier contacto con los <i>blancos</i> y se someten de manera estricta a las reglas de la tradici&oacute;n.</li>   <li class=MsoNormal><i>Autonom&iacute;a     media para las comunidades ind&iacute;genas semitradicionales. </i>Este es un     grupo intermedio, con caracter&iacute;sticas mestizas, ya que mantiene permanente     contacto con la sociedad hegem&oacute;nica, pero otorga un gran valora la     identidad ind&iacute;gena.</li>   <li class=MsoNormal><i>Autonom&iacute;a     limitada para las comunidades ind&iacute;genas ajenas. </i>Este es un     tercer grupo casi ajeno a su ancestro ind&iacute;gena e inserto en la     sociedad <i>blanca</i>. Un ejemplo de ello son los hijos de     ind&iacute;genas separados de sus padres y educados por misiones     religiosas cat&oacute;licas o protestantes (cfr. sentenciaSU-510 de 1998).</li>     </ol>     <p>En el caso   concreto que desarrolla la jurisprudencia es importante resaltar que,   seg&uacute;n el an&aacute;lisis de la Corte, &quot;&#91;u&#93;n ind&iacute;gena que   suplanta la 'ley de origen' por la Biblia y al mamo por el pastor   evang&eacute;lico, ha dejado de compartir la cosmovisi&oacute;n &#91;y por lo   tanto la cultura&#93; arhuaca. En este sentido, poco importa que el   evang&eacute;lico y el tradicional hablen la misma lengua, se vistan igual o tengan   viviendas similares. La apariencia externa puede ser id&eacute;ntica, pero el significado   de cada una de las formas es radicalmente distinto&quot;<a name=nu15></a><sup><a href="#num15">15</a></sup>. </p>     <p>Con esta   afirmaci&oacute;n la Corte aclar&oacute; que, si bien no importa la forma de   configuraci&oacute;n de las comunidades ind&iacute;genas, el nivel de   autonom&iacute;a es proporcional al genuino tradicionalismo de la cultura.   Dif&iacute;cilmente ser&aacute; concebida como totalmente aut&oacute;noma una   congregaci&oacute;n de personas que se han vinculado con el prop&oacute;sito de   buscar en la distancia restos de una tradici&oacute;n ya desdibujada. </p>     <p><i>2.1.2.   Principales avances jurisprudenciales de la protecci&oacute;n de la identidad   cultural </i></p>     <p>Pasados   los primeros diez a&ntilde;os de la Constituci&oacute;n, bajo interpretaciones liberales,   el nuevo siglo respet&oacute; los aciertos y las conclusiones de los fallos anteriores,   pero tambi&eacute;n trajo consigo otras problem&aacute;ticas de   interpretaci&oacute;n de la cultura y de los derechos de las comunidades   ind&iacute;genas. La incidencia en pol&iacute;tica p&uacute;blica por parte de   esta colectividad demand&oacute; el respeto a su identidad y cultura, y   reclam&oacute; con vehemencia &quot;los derechos humanos que durante tanto   tiempo les fueron sustra&iacute;dos&quot;<a name=nu16></a><sup><a href="#num16">16</a></sup>.   En conexidad con el derecho a la identidad cultural de los pueblos   ind&iacute;genas y comunidades vulnerables, temas centrales como la consulta   previa, la protecci&oacute;n al patrimonio cultural y el respeto a la   autodeterminaci&oacute;n y autodesarrollo han ocupado la reflexi&oacute;n jur&iacute;dica   durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os.</p>     <p>El   reconocimiento y garant&iacute;a de los derechos humanos y, principalmente, del   Convenio 169 de la oit<a name=nu17></a><sup><a href="#num17">17</a></sup>,   cobr&oacute; mayor visibilidad en este tiempo debido a una amplia   difusi&oacute;n del mecanismo conocido como de &quot;consulta previa&quot;, el   cual se constituye como obligaci&oacute;n del Estado: &quot;El consultar a los   pueblos ind&iacute;genas y dem&aacute;s etnias reconocidas por la   Constituci&oacute;n, sobre cada una de las decisiones que pueda afectar la   conservaci&oacute;n de la cultura<a name=nu18></a><sup><a href="#num18">18</a></sup>,   como pueden serlo: la explotaci&oacute;n de los recursos naturales, la   realizaci&oacute;n de obras de infraestructura, el dise&ntilde;o de planes de   desarrollo y la educaci&oacute;n especial de los pueblos ind&iacute;genas,   entre otros&quot;<a name=nu19></a><sup><a href="#num19">19</a></sup>. </p>     <p>Tomemos   como ejemplo una jurisprudencia de reciente data. En la sentenciaC-063 de 2010   la Corte se&ntilde;ala: &quot;Las comunidades ind&iacute;genas no deben ser confundidas   con los derechos colectivos de otros grupos humanos. Ciertamente, cada   comunidad ind&iacute;gena es un verdadero sujeto colectivo y no una sumatoria   de individuos particulares que comparten una serie de derechos o intereses   difusos&quot;. </p>     <p>Por lo   mismo, el derecho de consulta que les asiste en raz&oacute;n a la   ratificaci&oacute;n del Convenio 169 de la OIT se esgrime como fase procedimental   previa a la toma de decisiones, resultando &quot;imperativo entender la   aplicaci&oacute;n del principio de participaci&oacute;n democr&aacute;tica en   armon&iacute;a con el de diversidad &eacute;tnica y cultural; pues s&oacute;lo   de esta forma podr&aacute; comprenderse el sustento constitucional de   procedimientos como la consulta previa a comunidades ind&iacute;genas en   aquellos temas que los afecten directamente&quot;<a name=nu20></a><sup><a href="#num20">20</a></sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el   mismo fallo, la Corte reconoce que la <i>no consulta</i> tiene implicaciones en   materia internacional, por cuanto el convenio hace especial &eacute;nfasis en   dicho procedimiento: </p> <blockquote style='margin-top:5.0pt;margin-bottom:5.0pt'>       <p>Las     implicaciones de la consulta previa como mecanismo para la realizaci&oacute;n     de derechos fundamentales de las comunidades, resalta la importancia que debe     darse al procedimiento por el cual &eacute;sta se lleva a cabo. Por esta     raz&oacute;n el segundo numeral del art. 6.&ordm; del Convenio se detiene     expresamente en este punto al manifestar quelas consultas llevadas a cabo en     aplicaci&oacute;n de este convenio deber&aacute;n efectuarse de buena fe y de     una manera apropiada a las circunstancias<a name=nu21></a><sup><a href="#num21">21</a></sup>. </p> </blockquote>     <p>Y es que   el esp&iacute;ritu de este derecho de consulta busca el respeto por la   identidad cultural y la inclusi&oacute;n de las comunidades ind&iacute;genas   como sujetos part&iacute;cipes en la toma de decisiones, abogando por una   verdadera integraci&oacute;n de la cultura en la realidad social. Esto   significa que las comunidades afectadas deben ser escuchadas y, en   consecuencia, el Estado debe ser consciente de que si esta poblaci&oacute;n no   llegase a estar de acuerdo con las decisiones que pretende tomar, deber&aacute;   asumir una postura objetiva, conciliatoria, sin jam&aacute;s permitirse   incurrir en los autoritarismos que conducen al detrimento de las comunidades y   los intereses de sus miembros.</p>     <p>Pese al   particular olvido del derecho a la identidad cultural en el contextocolombiano<a name=nu22></a><sup><a href="#num22">22</a></sup>, el m&aacute;ximo alcance de   este derecho se reconoci&oacute; mediante sentencia C-030 de 2008, en la que   fue solicitada la inconstitucionalidad de una ley y fueron establecidos los   pasos de una consulta v&aacute;lida:</p>     <p>- Poner en   conocimiento de las comunidades ind&iacute;genas el acto administrativo,   proyecto de ley, entre otras.</p>     <p>-   Ilustrarlas sobre su alcance y sobre la manera como podr&iacute;a afectar su cultura.</p>     <p>- Brindar   oportunidades efectivas para que se pronuncien sobre la actuaci&oacute;n referida.</p>     <p>Es clara   la intenci&oacute;n de la Corte por garantizar que sean las mismas comunidades   ind&iacute;genas quienes decidan sobre su patrimonio cultural. El reconocimiento   expl&iacute;cito de este derecho habla del avance sobre el pluralismo   jur&iacute;dico nacional, abriendo la posibilidad de controvertir y aun   supeditar constitucionalmente una decisi&oacute;n mayoritaria a la   decisi&oacute;n de una minor&iacute;a considerada especial, aunque ello   implicara el riesgo jur&iacute;dico de la reivindicaci&oacute;n de los   intereses privados de la minor&iacute;a.</p>     <p>De otra   parte, un importante ac&aacute;pite normativo de la protecci&oacute;n a la   protecci&oacute;n del derecho constitucional de la identidad cultural en   Colombia lo constituye el desarrollo de la normatividad que ha establecido la   protecci&oacute;n del patrimonio cultural de las comunidades ind&iacute;genas,   y extensivamente de comunidades vulnerables como las comunidades   afrodescendientes. Un aporte significativo lo constituy&oacute; la Ley 397 de   1997 por la cual se adoptaron la definici&oacute;n, los principios, los   fundamentos de las expresiones culturales que deb&iacute;an ser protegidas,   promovidas y gestionadas como deber de la Naci&oacute;n. Esta ley, que luego   fue modificada en sus art&iacute;culos 11, 14, 15, 16 10, 40,49, 50, 56, 60,   62, 70 y 80 por la Ley 1185 de 2008, se halla parcialmente reglamentada por los   decretos 833 de 2002 (patrimonio arqueol&oacute;gico), 763 de2009 (patrimonio   mueble) y 2941 de 2009 (patrimonio inmaterial). As&iacute; mismo, en   concordancia con la Convenci&oacute;n de La Haya de 1954 para la   protecci&oacute;n de los bienes art&iacute;sticos en caso de conflicto armado,   el Gobierno Nacional expidi&oacute; la Ley 1130 de 2007 a trav&eacute;s de la   cual se estableci&oacute; un protocolo jur&iacute;dico para la   protecci&oacute;n de dichos bienes dentro del territorio nacional. </p>     <p>Finalmente,   uno de los casos paradigm&aacute;ticos de la Corte Constitucional colombiana es   la defensa expresa de la multiculturalidad y el pluralismo jur&iacute;dico derivados   del derecho a la identidad de los grupos ind&iacute;genas y las minor&iacute;as   &eacute;tnicas, defensa adelantada en particular en la sentencia T-129 de 2011.   En esta sentencia, que en principio trata la tutela del derecho a la consulta   previa, la Corte acepta como contenido argumentativo los juicios   antropol&oacute;gicos, sociol&oacute;gicos y culturales emitidos por los   acad&eacute;micos de algunas importantes universidades del pa&iacute;s, sobre   la prevalencia de la identidad cultural frente a la idea de desarrollo y el   progreso promovido por la mayor&iacute;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al   respecto la Corte afirma: &quot;La iniciativa estatal y privada deber&aacute;   propender por el respeto sobre los usos y las costumbres de las comunidades ind&iacute;genas   o &eacute;tnicas de la naci&oacute;n. Es decir, los proyectos de desarrollo u   obras que se planifiquen y pretendan implementar en el territorio no pueden   llegar al extremo de hacer nugatorio el contenido de &eacute;stas por la simple   existencia de la norma legal&quot;.</p>     <p>De lo   revisado hasta aqu&iacute; se puede dar fe de que el alcance de las sentencias de   la Corte Constitucional frente al derecho a la identidad cultural, a pesar de   las complejidades, ha sido significativo. Se podr&iacute;a afirmar que   Colombia, como un Estado social de derecho, hace un reconocimiento normativo a   su diversidad &eacute;tnica y cultural y respeta el pluralismo jur&iacute;dico   adjudicado a esta como respeto a su propia identidad, autodeterminaci&oacute;n   y desarrollo. Es por eso que </p> <blockquote style='margin-top:5.0pt;margin-bottom:5.0pt'>       <p>El     car&aacute;cter axiol&oacute;gico de la Constituci&oacute;n colombiana impone     la necesidad de equilibrar la importancia relativa de los valores protegidos     por la norma constitucional como la diversidad o el pluralismo y aquellos     tutelados por las normas legales imperativas. De esta forma, se reconoce un     &aacute;mbito esencial del pluralismo y de la diversidad &eacute;tnica y     cultural propia de los pueblos ind&iacute;genas y de otras comunidades     &eacute;tnicas, que no puede ser objeto de disposici&oacute;n por parte del <i>ius       imperium</i> del Estado, ya que se pondr&iacute;a en peligro su     preservaci&oacute;n y se quebrantar&iacute;a su riqueza, la que justamente     reside en el mantenimiento de la diferencia cultural y la necesidad del     reconocimiento del otro<a name=nu23></a><sup><a href="#num23">23</a></sup>. </p> </blockquote>     <p><i>2.2.   Fugas del pluralismo jur&iacute;dico en relaci&oacute;n con la identidad   cultural </i></p>     <p>En   Derecho, la existencia de la norma no es equiparable a su funcionalidad y, en   ocasiones, el funcionamiento del aparato jur&iacute;dico no significa el   cumplimiento de las leyes. Muchas son las fuentes de frustraci&oacute;n del   ejercicio jur&iacute;dico, m&aacute;xime si se quiere hablar de garant&iacute;a   de derechos. Significativos han sido los avances formales del reconocimiento   del derecho a la identidad cultural, pero escasas podr&iacute;an ser sus   evidencias materiales, con excepci&oacute;n de los aportes que ha tenido la   Corte Constitucional en materia de interpretaci&oacute;n y garant&iacute;a de   los derechos de las comunidades ind&iacute;genas.</p>     <p>Es   precisamente la brecha entre la ontolog&iacute;a y la deontolog&iacute;a   jur&iacute;dica la raz&oacute;n de ser de este segmento. La pretensi&oacute;n   de este ejercicio es identificar y reflexionar sobre las fugas que tienen las   normas alrededor de las comunidades ind&iacute;genas, al momento de ser creadas   o aplicadas para una realidad concreta.</p>     <p>El   ejercicio del Derecho es nulo si no cuenta con una realidad sobre la cual pueda   ejercer su regulaci&oacute;n normativa; as&iacute; mismo, la regulaci&oacute;n   normativa puede ser la primera clase de fuga si esta se encuentra alejada de la   realidad que pretende influir el Derecho, lo que t&eacute;cnicamente   podr&iacute;amos denominar<i>las fugas jur&iacute;dico-sociales de la norma</i>,   episodios en los que la ley se rige sostenidamente como utop&iacute;a   jur&iacute;dica para la comunidad. </p>     <p><i>2.2.1.   Primera fuga: entre Cruzamiento de las tradiciones ind&iacute;genas con otras   pr&aacute;cticas sociales </i></p>     <p>Como un   caso distintivo acerca de la consideraci&oacute;n de la diversidad cultural y del   pluralismo jur&iacute;dico en relaci&oacute;n con la protecci&oacute;n al   derecho a la identidad cultural en Colombia se halla la despenalizaci&oacute;n   del uso de la coca como elemento caracter&iacute;stico de la expresi&oacute;n   de identidad de los pueblos ind&iacute;genas. Al respecto la Corte ha afirmado:   &quot;El uso, consumo y cultivo de la hoja de coca en las comunidades   ind&iacute;genas hace parte de sus costumbres ancestrales, es decir, es una   pr&aacute;ctica protegida por los derechos a la identidad cultural y a la   autonom&iacute;a de los pueblos ind&iacute;genas y, por tanto, amparada por el   principio de respeto y protecci&oacute;n de la diversidad &eacute;tnica y cultural&quot;<a name=nu24></a><sup><a href="#num24">24</a></sup>. </p>     <p>Adicionalmente,   la Corte realiz&oacute; consideraciones de mayor alcance, destacando tres   principios centrales frente la protecci&oacute;n del derecho a la identidad   cultural: </p> <ol start=1 type=a>   <li class=MsoNormal>Las     normas dedicadas al respeto de tal derecho han de extenderse en todo el     territorio nacional.</li>   <li class=MsoNormal>Las     normas provenientes del Estado como normas de la mayor&iacute;a deben respetar     tal principio.</li>   <li class=MsoNormal>El     uso de la coca por los habitantes de las comunidades ind&iacute;genas es     una expresi&oacute;n de riqueza de tradiciones, ritos espirituales y     sociales que llenan de significado la dimensi&oacute;n social, cultural y     espiritual de tales grupos; temas todos protegidos por normativas     internacionales y nacionales.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>     <p>Frente al   alcance de la norma, la Corte recuerda la importancia de hacer valer la   despenalizaci&oacute;n de la coca por parte de comunidades ind&iacute;genas   m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites territoriales donde se asientan   las comunidades, pues </p> <blockquote style='margin-top:5.0pt;margin-bottom:5.0pt'>       <p>Concluir     que la identidad cultural s&oacute;lo se puede expresar en un determinado y &uacute;nico     lugar del territorio equivaldr&iacute;a a establecer pol&iacute;ticas de     segregaci&oacute;n y de separaci&oacute;n. Las diversas identidades culturales     pueden proyectarse en cualquier lugar del territorio nacional, puesto que todas     son igualmente dignas y fundamento de la nacionalidad (art&iacute;culos 7 y 70     CP). La opci&oacute;n de decidir si es conveniente o no dicha proyecci&oacute;n     y sobre el momento, la forma y los alcances, es de cada pueblo ind&iacute;gena     en virtud del principio de autodeterminaci&oacute;n<a name=nu25></a><sup><a href="#num25">25</a></sup>. </p> </blockquote>     <p>El segundo   principio destacado por la jurisprudencia de la Corte reconoce el pluralismo   jur&iacute;dico otorgado a la consideraci&oacute;n del respeto a la identidad cultural,   debido a que, en efecto, el respeto por el car&aacute;cter normativo de la Constituci&oacute;n   (art. 4.&deg; C.P.) y la naturaleza principal de la diversidad &eacute;tnica y   cultural implican que no cualquier norma constitucional o legal puede prevalecer   sobre esta &uacute;ltima, comoquiera que solo aquellas disposiciones que se   fundan en un principio de valor superior al de la diversidad &eacute;tnica y cultural   pueden imponerse a este<i>. </i></p>     <p>En ese   sentido, la jurisprudencia ha precisado que, aunque el texto superior se   refiere en t&eacute;rminos gen&eacute;ricos a la Constituci&oacute;n y a la ley   como l&iacute;mites a la jurisdicci&oacute;n ind&iacute;gena, &quot;resulta   claro que no puede tratarse de todas las normas constitucionales y legales; de   lo contrario, el reconocimiento a la diversidad cultural no tendr&iacute;a   m&aacute;s que un significado ret&oacute;rico&quot;<a name=nu26></a><sup><a href="#num26">26</a></sup>. </p>     <p>El   ac&aacute;pite del tercer principio est&aacute; dedicado por la Corte a la   consideraci&oacute;n del valor de las pr&aacute;cticas ancestrales frente a la   vida comunitaria y espiritual de los grupos ind&iacute;genas que utilizan la   planta de coca en sus expresiones culturales. El resultado significativo de tal   consideraci&oacute;n se centra en la demostraci&oacute;n de que otorgar respeto   a la identidad cultural de los pueblos ind&iacute;genas es reconocer un   significado profundo de otros modos de significarla realidad, hecho que debe   ser protegido en los contextos nacional e internacional. Al respecto la Corte   se&ntilde;ala: </p> <blockquote style='margin-top:5.0pt;margin-bottom:5.0pt'>       <p>La hoja de     coca es un elemento fundamental desde el punto de vista cultural, religioso,     medicinal, alimenticio, entre otros, para varias comunidades ind&iacute;genas del     pa&iacute;s; por esta raz&oacute;n, varios instrumentos normativos y la     jurisprudencia constitucional han reconocido que los usos ancestrales de esta     planta se encuentran amparados por nuestra Carta, en particular, por el derecho     a la identidad cultural y autonom&iacute;a de dichas comunidades<a name=nu27></a><sup><a href="#num27">27</a></sup>. </p> </blockquote>     <p>Las   consideraciones precedentes, adem&aacute;s de representar una expresi&oacute;n   de inclusi&oacute;n multicultural y de respetar un pluralismo jur&iacute;dico   basado en las realidades culturales diferenciadas, determinan un estatus   espec&iacute;fico como respeto a la identidad cultural de los pueblos   ind&iacute;genas. Sin embargo, de la probabilidad de reconstrucci&oacute;n de   comunidades ind&iacute;genas en la sociedad colombiana para la obtenci&oacute;n   de tal estatus especial, surge una nueva fuga jur&iacute;dico-social que es   posible denominar como la <i>desregulaci&oacute;n de la identidad cultural</i>,   la cual tiene su desarrollo en raz&oacute;n al entre Cruzamiento de las llamadas   tradiciones con la din&aacute;mica econ&oacute;mica capitalista.</p>     <p>En el caso   concreto, se dijo: &quot;Utilizaremos yag&eacute; s&oacute;lo para ceremonias rituales,   para diagn&oacute;stico y tratamiento de enfermedades, seg&uacute;n nuestra   tradici&oacute;n&quot;: estas son las palabras con las que un grupo ind&iacute;gena,   en representaci&oacute;n de la Uni&oacute;n de chamanes de la Amazonia   colombiana, present&oacute; ante la ONU y la OMS, en el a&ntilde;o 2000, el <i>C&oacute;digo   &eacute;tico de la medicina tradicional</i>. Se tuvo pues el compromiso de no   participaci&oacute;n por parte de los ind&iacute;genas en las pr&aacute;cticas   de comercializaci&oacute;n del yag&eacute; (tambi&eacute;n conocido como   ayahuasca o semen del pene del sol) y de otros ente&oacute;genos<a name=nu28></a><sup><a href="#num28">28</a></sup>, adem&aacute;s de acordarse su no   distribuci&oacute;n entre personas no ind&iacute;genas.</p>     <p>Contrasta   esta declaraci&oacute;n con el registro hist&oacute;rico entregado por la Oficina   de vigilancia toxicol&oacute;gica nacional, que reportaba, hasta finales de   2009, noventa casos de intoxicaci&oacute;n por plantas en todo el pa&iacute;s,   la mayor&iacute;a relacionadas con el yag&eacute;. Hasta octubre de 2010   Medicina Legal no contaba con registros de muerte por su consumo, sin embargo,   el 13 de noviembre de 2010 un bogotano de 33 a&ntilde;os falleci&oacute; al   acudir a su tercera toma de yag&eacute; junto con su esposa, tratamiento que   hab&iacute;an iniciado para mejorar su relaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este caso   supone dos reflexiones: la primera de tipo constitucional y referida a que la   existencia de protecci&oacute;n para las comunidades ind&iacute;genas podr&iacute;a   generar la idea de que la sabidur&iacute;a ancestral valida el uso y   distribuci&oacute;n legal de sustancias alucin&oacute;genas por parte de   sujetos que se autodenominan &quot;chamanes&quot;, quienes fuera de su   tradici&oacute;n sacan provecho de la desregulaci&oacute;n cultural. </p>     <p>En segundo   lugar, la apertura comercial no solo de rituales cham&aacute;nicos, sino   tambi&eacute;n de pr&aacute;cticas ocultistas o de brujer&iacute;a, puede   explicarse por la necesidad humana de creer, de buscar certeza y dispositivos   de sentido que faciliten la comprensi&oacute;n de las vivencias en medio de   crisis sociales. </p>     <p><i>2.2.2   Segunda fuga: consulta vs. negociaci&oacute;n </i></p>     <p>Los   convenios internacionales sobre derechos humanos y sobre los derechos colectivos   de las comunidades ind&iacute;genas han sido ratificados por Colombia. De igual   forma, el derecho de consulta previa ha sido de recurrente uso en el   &uacute;ltimo tiempo en la defensa de la identidad y autodesarrollo de estos   pueblos. Sin embargo, tambi&eacute;n es cierto que el derecho de consulta, en   raz&oacute;n al riesgo (hablando desde el riesgo para el sistema   jur&iacute;dico democr&aacute;tico de mayor&iacute;as en relaci&oacute;n con   los cumplimientos estatales en materia comercial yde desarrollo a nivel   nacional e internacional), ha configurado una aparente burla de la norma en   tanto que se est&aacute;n adoptando medidas clientelistas o administrativas   para manipular los procesos de consulta.</p>     <p>Son cuatro   los escenarios que pueden surgir en el ejercicio del derecho de consulta,   cuando una decisi&oacute;n administrativa ya discutida por la mayor&iacute;a llega   en &uacute;ltima instancia a ser objeto de consulta por la minor&iacute;a: </p>     <p><i>-</i>La mayor&iacute;a   presenta el objeto de la consulta a la minor&iacute;a en general, se asegura de   que entienda los riesgos y los beneficios de la propuesta, permite que la   comunidad en pleno analice la propuesta, tome una decisi&oacute;n y la comparta   con la mayor&iacute;a. La decisi&oacute;n que toma esta comunidad es respetada y   comprendida dentro de los par&aacute;metros de di&aacute;logo intercultural.</p>     <p>- La   mayor&iacute;a, tentada a manipular la opini&oacute;n de las minor&iacute;as en   general, con el fin de garantizar el <i>s&iacute;</i> de la consulta, manipula   a trav&eacute;s de un proselitismo generalizado la decisi&oacute;n de la   comunidad ind&iacute;gena.</p>     <p>- La   mayor&iacute;a busca contacto con los l&iacute;deres de las comunidades   ind&iacute;genas para satisfacer las necesidades individuales de este sujeto y   establece un v&iacute;nculo clientelista que propenda por el <i>s&iacute; </i>en   la consulta. En este caso, la respuesta positiva de la consulta se obtiene a   partir de la manipulaci&oacute;n de unos cuantos miembros de la comunidad que   representan los intereses de un grupo, al igual que en la democracia de las   mayor&iacute;as.</p>     <p>-La   mayor&iacute;a pasa por alto el requisito de la consulta, espera la   acci&oacute;n debida por parte de la comunidad ind&iacute;gena implicada, y   prepara la audiencia de conciliaci&oacute;n para que, a partir de promesas y   reivindicaciones de los intereses de las minor&iacute;as en la audiencia, se   obtenga el deseado <i>s&iacute;</i>. Este escenario representa otra forma de   manipulaci&oacute;n de la mayor&iacute;a, solo que esta se hace leg&iacute;tima   ante el sistema jur&iacute;dico. La mayor&iacute;a, representada en organismos gubernamentales,   organizaciones empresariales, multinacionales, sabe que en &uacute;ltima   instancia los compromisos de reparaci&oacute;n de una sentencia son menos costosos   y contin&uacute;an favoreciendo sus intereses.</p>     <p>De los   escenarios anteriores es claro que el primero ha sido el ideal y el reconocido   por parte de la Corte Constitucional colombiana; no obstante, al mirar la   realidad, es sin duda alguna el m&aacute;s escaso. De los tres casos subsiguientes   podemos inferir que, con independencia de la ruta por la que se opte, aunque la   minor&iacute;a suponga una resistencia a la decisi&oacute;n, siempre   habr&aacute; posibilidad de conciliar, lo cual supone que el derecho que se   ejerce en la mayor&iacute;a de los casos nacionales no es el de consulta, sino   que, por su desenlace final, se garantiza el derecho a la negociaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La   negociaci&oacute;n supone el di&aacute;logo entre dos o m&aacute;s intereses   finales y, por lo mismo, quien tenga mejores habilidades para hacerlo   ser&aacute; quien obtenga los mayores beneficios dentro de las solicitudes,   pretensiones y excepciones. La consulta como derecho pierde por lo tanto fuerza   jur&iacute;dica al poder ser resuelta a trav&eacute;s de un mecanismo   alternativo de soluci&oacute;n de conflictos. </p>     <p><i>2.2.3.   Tercera fuga: preservaci&oacute;n de la cultura en el conflicto </i></p>     <p>En agosto   de 2004 fue realizado en Colombia el &quot;Primer Encuentro de comunidades   ind&iacute;genas y afrocolombianas sobre actores armados no estatales, acuerdos   humanitarios, minas antipersonales y munici&oacute;n sin explotar&quot;, en el   cual se produjo la siguiente declaraci&oacute;n, adem&aacute;s de la ratificaci&oacute;n   de que estos pueblos fungieran como actores de paz en sus territorios y   denunciaran con gran vivacidad c&oacute;mo el conflicto es una de las   principales causas por las cuales la identidad cultural de sus comunidades se   encuentra en inminente riesgo de extinci&oacute;n: </p> <blockquote style='margin-top:5.0pt;margin-bottom:5.0pt'>       <p>Los     pueblos ind&iacute;genas de Colombia, a pesar de haber planteado una radical     actitud de rechazo al conflicto armado, sufrimos las consecuencias del uso de     las minas y del abandono de los artefactos explosivos que permanecen en     nuestros territorios despu&eacute;s de los combates &#91;...&#93;. Para los pueblos     ind&iacute;genas de Colombia el tema de las minas y los artefactos de guerra     sin explotar s&oacute;lo puede ser abordado en el contexto de todo el conflicto     armado que vive el pa&iacute;s. Por tanto, no aceptamos su discusi&oacute;n     aislada al margen de todas las pol&iacute;ticas relacionadas con los derechos humanos     y &#91;de&#93; los principios de los pueblos ind&iacute;genas de autonom&iacute;a,     autoridad, territorio y cultura, y en general de los preceptos de la     jurisdicci&oacute;n Especial Ind&iacute;gena reconocida en el &aacute;mbito     constitucional e internacional<a name=nu29></a><sup><a href="#num29">29</a></sup>. </p> </blockquote>     <p>Si bien el   conflicto interno nacional pone en riesgo la preservaci&oacute;n de la identidad   cultural de los pueblos ind&iacute;genas y la inoperancia de las normas relacionadas   con sus derechos colectivos, no puede ser obviado que la vida misma de estas   comunidades -que no reposa como bien colectivo, sino que es el resultado de   preservar la vida de los integrantes de la comunidad- es el m&oacute;vil del   incumplimiento de la norma, la inconsistencia de lo prescrito jur&iacute;dicamente.</p>     <p>Los   avances en la no discriminaci&oacute;n del sujeto ind&iacute;gena y de las   culturas han tenido lugar en el escenario jur&iacute;dico nacional; no   obstante, &iquest;c&oacute;mo es posible garantizar la autonom&iacute;a de una   jurisdicci&oacute;n especial cuando se requiere de una estabilidad territorial   para hacer uso de este derecho? El desplazamiento interno de las comunidades   ind&iacute;genas, los territorios minados, la pobreza, el alistamiento o   reclusi&oacute;n de los ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y j&oacute;venes de estas   comunidades en grupos al margen de la ley, y el constituirse como   poblaci&oacute;n civil v&iacute;ctima de los enfrentamientos b&eacute;licos,   hacen del ejercicio de este derecho una realidad de dif&iacute;cil   concreci&oacute;n. </p>     <p><i>2.2.4.   Cuarta fuga: la idea de desarrollo y progreso vs. multiculturalidad y   pluralismo jur&iacute;dico </i></p>     <p>La sentencia   T-129 de 2011, adem&aacute;s de recapitular los principios de las sentencias   precedentes y a pesar de centrarse en la protecci&oacute;n al derecho a la   consulta previa, resulta interesante para el an&aacute;lisis de la   problem&aacute;tica sociocultural de progreso y desarrollo frente a la   protecci&oacute;n de la identidad cultural. El an&aacute;lisis plantea que no   obstante los avances en materia de reconocimiento jur&iacute;dico a la   identidad cultural estamos lejos de evitar la amenaza y la destrucci&oacute;n   ocasionada a nuestras minor&iacute;as culturales, debido al discurso progresista   promovido por el beneficio econ&oacute;mico y tecnol&oacute;gico apetecido por   la mayor&iacute;a.</p>     <p>Seg&uacute;n   una publicaci&oacute;n del diario <i>El Tiempo </i>del 26 de febrero de 2012,   la consulta previa se ha convertido en un ente problem&aacute;tico para el   desarrollo de proyectos trascendentales para el desarrollo de la naci&oacute;n.   Entre los casos representativos se&ntilde;alados por el redactor est&aacute;n   las continuas dificultades entre los ministerios de Agricultura y del Interior.   El autor agrega que temas de desarrollo rural, desarrollo de infraestructura   vial y hasta proyectos de investigaci&oacute;n acad&eacute;mica hacen parte de   la lista de los afectados.</p>     <p>La fuga   socio-jur&iacute;dica entre la idea de progreso y el respeto a la   multiculturalidad y al pluralismo jur&iacute;dico dado a los grupos de identidad   diferenciada se centra en que mientras para la norma constitucional el   principio es evidente, para la necesidad de desarrollo del pa&iacute;s es   inapropiado y para el presupuesto, inadmisible. Ello queda testificado cuando   Daniel Valero - autor de la publicaci&oacute;n- cita al director del Instituto   de Pensamiento &Eacute;tnico, Social y Pol&iacute;tico (IPESP), Miguel Galvis   (2012), quien afirma: &quot;La consulta previa es un tema estructural que   todav&iacute;a el gobierno no ha afrontado con la importancia que amerita, por   lo que podemos llegar a sufrir una par&aacute;lisis legislativa sin   precedentes&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hasta   aqu&iacute; es posible encontrarse con un esfuerzo por parte de la Corteen   torno al desarrollo jur&iacute;dico para la protecci&oacute;n del derecho a la   identidad cultural de los pueblos ind&iacute;genas (art. 70), pero   tambi&eacute;n con algunas fugas socio-jur&iacute;dicas derivadas de los   pronunciamientos judiciales, las cuales plantean puntos de discusi&oacute;n   abierta y demandan nuevos alcances jur&iacute;dicos y acad&eacute;micos, y   compromisos estatales con el fin de proteger lo promulgado en la norma   constitucional. </p>     <p>A   continuaci&oacute;n, el tema se centra en la consideraci&oacute;n de una   reflexi&oacute;n entorno al establecimiento de un proceso de   democratizaci&oacute;n en el reconocimiento de la identidad cultural, desde una   visi&oacute;n multicultural de los derechos humanos y un acercamiento a la   realidad colombiana.</p>     <p><b>3. Perspectivas de   an&aacute;lisis para la democratizaci&oacute;n del derecho A la identidad   cultural</b></p>     <p>Desde la   perspectiva del derecho a la identidad cultural y atendiendo a las necesidades   y retos que alrededor de &eacute;l se presentan, las culturas siguen llamando a   un di&aacute;logo abierto de realidades que pretenden abonar el terreno a una   teor&iacute;a de los derechos humanos como hechos contextualizados. Sin   embargo, &iquest;c&oacute;mo ha de acontecer ese di&aacute;logo? y,   &iquest;qu&eacute; miscel&aacute;nea social presenta Colombia para hacer del   derecho a la identidad cultural un verdadero proceso de democratizaci&oacute;n?   Son las dos preguntas finales que orientan el tercer acercamiento   te&oacute;rico del presente texto. La intenci&oacute;n, por tanto, es   explicitar la fundamentaci&oacute;n de los derechos humanos desde una   visi&oacute;n multicultural sobre la base de la propuesta adelantada por   Boaventura de Sousa Santos, as&iacute; como plantear una reflexi&oacute;n en   torno a la identidad cultural, el pluralismo jur&iacute;dico y su proceso de   consolidaci&oacute;n desde la realidad colombiana. </p>     <p><i>3.1. El   di&aacute;logo sobre los derechos humanos en perspectiva multicultural </i></p>     <p>La   propuesta de de Sousa Santos (2002) busca establecer las bases para un di&aacute;logo   multicultural que involucre el reconocimiento de diversos derechos humanos   frente a la multiplicidad de culturas y sus diversas formas de   concepci&oacute;n del mundo y de organizaci&oacute;n social.</p>     <p>Para de   Sousa Santos el problema de la universalidad de los derechos humanos constituye   una preocupaci&oacute;n en la medida en que es posible preguntarse hasta   qu&eacute; punto en su formaci&oacute;n y promulgaci&oacute;n han quedado   incluidas todas las culturas o, por el contrario, responden a la visi&oacute;n   y los prop&oacute;sitos de una cultura hegem&oacute;nica, sirviendo incluso a   la progresiva violaci&oacute;n de los derechos de otras culturas que se ubican   en lugares y en condiciones de inferioridad. </p>     <p>En esta   media, de Sousa Santos busca una alternativa a una posible visi&oacute;n de los   derechos humanos que involucre a todas las culturas que se dan lugar en el   mundo, sin que ninguna se vea disminuida o sometida a culturas dominantes que   han perpetuado un &uacute;nico paradigma a lo largo de los tiempos.</p>     <p>Esta   alternativa debe ser hallada en medio de las tensiones que afectan al mundo   actual en sus estructuras, y que a juicio de de Sousa Santos son   principalmente: </p>     <p>- La que   se da entre la regulaci&oacute;n social y la emancipaci&oacute;n social. La emancipaci&oacute;n,   de ser lo otro de la regulaci&oacute;n, ha pasado a convertirse en el doble de   la regulaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>-La   ocurrida entre Estado y sociedad civil: la sociedad civil, como lo otro del   Estado, se reproduce a s&iacute; misma por leyes y regulaciones que provienen del   Estado y para las que parece no existir l&iacute;mite.</p>     <p>- La   tensi&oacute;n que se presenta entre Estado y globalizaci&oacute;n: la   erosi&oacute;n selectiva del Estado nacional debida a la globalizaci&oacute;n   plantea la cuesti&oacute;n de si la regulaci&oacute;n social y la   emancipaci&oacute;n van a ser desplazadas al &aacute;mbito global.</p>     <p>De Sousa   Santos se centra en este &uacute;ltimo punto e indica que en realidad no existe   la globalizaci&oacute;n, sino que existen globalizaciones, las cuales sonde dos   tipos, particularmente: globalizaciones desde arriba y globalizaciones desde   abajo. Las primeras est&aacute;n conformadas por lo que se conoce como globalismos   localizados y localismos globalizados. Entre las segundas se destacan el   cosmopolitismo y lo que dicho autor denomina herencia cultural com&uacute;n.   Por esto, la globalizaci&oacute;n puede entenderse como &quot;un proceso por el   cual una entidad o condici&oacute;n local tiene &eacute;xito en extender su   alcance sobre el globo y, al lograrlo, desarrolla la capacidad para designar   una entidad o condici&oacute;n social rival como local&quot;<a name=nu30></a><sup><a href="#num30">30</a></sup>. </p>     <p>Antes de   seguir, conviene aclarar el significado de los cuatro modos de producci&oacute;n   de la globalizaci&oacute;n de acuerdo con la comprensi&oacute;n de de Sousa   Santos: </p> <ol start=1 type=a>   <li class=MsoNormal>Localismo     globalizado: es el proceso por el cual un fen&oacute;meno local es exitosamente     globalizado.</li>   <li class=MsoNormal>Globalismo     localizado: es el impacto espec&iacute;fico de las pr&aacute;cticas e     imperativos transnacionales en las condiciones locales que son     desestructuradas y reestructuradas para responder a tales imperativos     transnacionales.</li>   <li class=MsoNormal>Cosmopolitismo:     es la posibilidad de organizaci&oacute;n transnacional de Estados,     regiones o grupos sociales para proteger intereses que se perciben como     comunes.</li>   <li class=MsoNormal>Herencia     com&uacute;n de la humanidad: se refiere a los asuntos que solo tienen     sentido como referidos al globo en su totalidad: la sostenibilidad de la     vida humana en la Tierra o asuntos como la protecci&oacute;n de la capa de     ozono, entre otros.</li>     </ol>     <p>La   pregunta inicialmente planteada acerca de c&oacute;mo ha de acontecer un di&aacute;logo   multicultural con el fin de garantizar la protecci&oacute;n de los derechos humanos   se traslada a la relaci&oacute;n de las formas de producci&oacute;n con los   derechos humanos en su condici&oacute;n de universalidad. Pues bien, estos   derechos como universales deben ser planteados como la posibilidad de formar   parte de una globalizaci&oacute;n desde abajo, en palabras de de Sousa Santos,   que respondan a los ideales de cosmopolitismo y herencia com&uacute;n de la   humanidad, puesto que hasta el momento han funcionado como un modelo de   globalizaci&oacute;n desde arriba. As&iacute;, &quot;mientras los derechos   humanos sean concebidos como derechos humanos universales, tender&aacute;n a   funcionar como un localismo globalizado, como una forma de globalizaci&oacute;n   desde arriba, concebidos, como lo han sido, como universales&quot;<a name=nu31></a><sup><a href="#num31">31</a></sup>. </p>     <p>Siendo la   universalidad una cuesti&oacute;n que se ha planteado, b&aacute;sicamente, desde   Occidente, resulta importante especificar las condiciones mediante las cuales   los derechos humanos pueden ser puestos al servicio de pol&iacute;ticas   emancipadoras y que respeten la diversidad de las culturas presentes en el   globo.</p>     <p>Por eso,   si el concepto de derechos humanos descansa en presuposiciones que suelen ser   occidentales, como en la idea de naturaleza humana, la dignidad del individuo,   la libertad, la igualdad, la autonom&iacute;a, entre otros, &quot;la tarea central   de las pol&iacute;ticas emancipadoras de nuestro tiempo, en este terreno,   consiste en transformar la conceptualizaci&oacute;n y la pr&aacute;ctica de los   derechos humanos de un localismo globalizado a un proyecto cosmopolita&quot;<a name=nu32></a><sup><a href="#num32">32</a></sup>. </p>     <p>Esta propuesta   de cosmopolitismo, defendida por el autor en cita como un fundamento universal   de los derechos humanos, aparece como una posici&oacute;n intermedia o punto   medio entre los excesos del universalismo absolutista y el relativismo. Por   eso, uno de los primeros pasos a tener en cuenta es &quot;trascender el debate   sobre el universalismo y el relativismo cultural &#91;...&#93;. Contra el   universalismo debemos proponer di&aacute;logos interculturales sobre   preocupaciones isom&oacute;rficas. Contra el relativismo, debemos desarrollar   criterios procedimentales interculturales para distinguir las pol&iacute;ticas   progresistas de las reaccionarias, el apoderamiento del desapoderamiento, la   emancipaci&oacute;n de la regulaci&oacute;n&quot;<a name=nu33></a><sup><a href="#num33">33</a></sup>. </p>     <p>En torno   al problema de la dignidad, tambi&eacute;n es posible proponer cinco alternativas   en lo que se refiere a la propuesta de cosmopolitismo:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>- Es   imperativo que tal competencia incentive a las coaliciones transnacionales a   correr hacia la cima y no hacia el fondo: &iquest;cu&aacute;les son los   est&aacute;ndares m&iacute;nimos absolutos? &iquest;Cu&aacute;les son los   Derechos Humanos m&aacute;s b&aacute;sicos? &iquest;Cu&aacute;les son los   denominadores comunes m&aacute;s bajos?</p>     <p>- La   segunda premisa es que todas las culturas tienen concepciones de dignidad   humana, pero no todas ellas la consideran como un derecho humano. En consecuencia,   es importante buscar preocupaciones isom&oacute;rficas entre diferentes   culturas. Diferentes nombres o conceptos pueden comunicar aspiraciones o   preocupaciones similares o mutuamente inteligibles.</p>     <p>- La   tercera premisa es que todas las culturas son incompletas y   problem&aacute;ticas en su concepci&oacute;n de la dignidad humana. La   incompletud se deriva del hecho mismo de que existe una pluralidad de culturas.   Si cada cultura fuera tan completa como reclama ser, habr&iacute;a una   &uacute;nica cultura.</p>     <p>-La cuarta   premisa es que todas las culturas tienen versiones diferentes dela dignidad   humana, algunas m&aacute;s amplias que otras, algunas con un c&iacute;rculo de   reciprocidad m&aacute;s grande que otras, algunas m&aacute;s abiertas a otras   culturas que otras.</p>     <p>-   Finalmente, la quinta premisa es que todas las culturas tienden a distribuira   las personas y grupos sociales de acuerdo con dos principios competitivos de   pertenencia jer&aacute;rquica. Una opera a trav&eacute;s de jerarqu&iacute;a   entre unidades homog&eacute;neas. La otra opera por medio de la   separaci&oacute;n entre identidades &uacute;nicas y diferencias. Los dos   principios no se traslapan necesariamente y por esta raz&oacute;n no todas las   igualdades son id&eacute;nticas y no todas las diferencias son desiguales<a name=nu34></a><sup><a href="#num34">34</a></sup>. </p>     <p>Estas   condiciones as&iacute; expuestas pueden posibilitar un di&aacute;logo que pueda   llamarse intercultural, conducente a una aproximaci&oacute;n a lo que de Sousa   Santos denomina visi&oacute;n <i>mestiza</i> de los derechos humanos<a name=nu35></a><sup><a href="#num35">35</a></sup>, la cual debe estar organizada   en relaci&oacute;n con una multiplicidad de significados locales mutuamente   inteligibles por todos los participantes. Por tal motivo, &quot;en el caso del di&aacute;logo   intercultural, el intercambio no es &uacute;nicamente entre conocimientos diferentes   sino tambi&eacute;n entre culturas diferentes, es decir, entre diferentes, en   un sentido fuerte, universos de sentido inconmensurables. Estos universos de   sentido consisten en constelaciones de <i>topoi </i>fuertes&quot;<a name=nu36></a><sup><a href="#num36">36</a></sup>. </p>     <p>El   di&aacute;logo intercultural, adem&aacute;s, debe partir de la incompletud de   las culturas y de la conciencia de esa incompletud. No hay ninguna cultura   hecha del todo o que no necesite completarse o construirse en alguno de sus   aspectos. Un di&aacute;logo en el que una cultura no haya tomado conciencia de   su incompletud o en el que una cultura pretenda posicionarse como la   &uacute;nica, es un di&aacute;logo que no puede denominarse intercultural, al   marcar posiciones de ventaja en ambos casos; por eso, la conciencia de una   din&aacute;mica de transformaci&oacute;n y perfeccionamiento es clave al   respecto. As&iacute;, se puede comprender que &quot;el reconocimiento de la incompletud   &#91;<i>sic</i>&#93; y debilidad rec&iacute;procas es una condici&oacute;n <i>sine     qua non </i>para un di&aacute;logo intercultural&quot; (de Sousa Santos, 2002)<a name=nu37></a><sup><a href="#num37">37</a></sup>.</p>     <p>La   propuesta esbozada, en relaci&oacute;n con la identidad de las comunidades excluidas   hist&oacute;ricamente, muestra que esta identidad, que se expresa frente al   derecho moderno, se ha venido perdiendo progresivamente ante las diversas   pretensiones de construir un &uacute;nico modelo que termina por tomar pretensiones   hegem&oacute;nicas y desconocer la diversidad de las culturas. Es tono implica,   de manera necesaria, la existencia de &oacute;rdenes paralelos al estatal, sino   que llama al reconocimiento de grupos diferenciados en un mismo orden social,   en el caso particular en relaci&oacute;n con aspectos como el reconocimiento    del derecho a la identidad cultural, en contextos de pluralismo jur&iacute;dico   y democratizaci&oacute;n. </p>     <p><i>3.2.   Identidad cultural en Colombia, el pluralismo jur&iacute;dico y la democratizaci&oacute;n </i></p>     <p>El avance   doctrinal y te&oacute;rico de la fundamentaci&oacute;n de los derechos humanos,   sus consecuentes avances en la ratificaci&oacute;n por parte de los Estados   democr&aacute;ticos de derecho y la evidencia material de la aceptaci&oacute;n   de las identidades culturales de la sociedad a trav&eacute;s del reconocimiento   del pluralismo jur&iacute;dico para ciertas culturas, abonan el terreno   pol&iacute;tico para el an&aacute;lisis y la apuesta de los gobiernos a favor   de los procesos de democratizaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El   pluralismo jur&iacute;dico y la identidad cultural en relaci&oacute;n con la   garant&iacute;a de los derechos econ&oacute;micos, sociales y culturales   resultan ser positivos para la sociedad. La cultura, al tornarse como   constructo particular de los grupos, conduce a los Estados a reflexionar sobre   la necesidad de garantizar las libertades, la autonom&iacute;a y, sobre todo,   la igualdad con base en el reconocimiento material y jur&iacute;dico de la diferencia.</p>     <p>Esta   apertura a la pluralidad en donde tienen cabida toda suerte de propuestas   culturales debe tambi&eacute;n hacerse consciente de que el derecho de <i>meramente     existir como cultura</i> en una sociedad diversa va de la mano con una   adquisici&oacute;n de responsabilidades colectivas como son: el respeto por la   diferencia y los elementos que constituyen la cosmovisi&oacute;n de los   dem&aacute;s grupos, la solidaridad entre las culturas y la disposici&oacute;n   para entrar a verdaderos consensos interculturales. </p>     <p>Y es que   la identidad cultural no puede ser &uacute;nicamente entendida como propia de   los grupos ancestrales a quienes se les debe contribuir en la subsistencia y   resguardo de sus tradiciones. El reconocimiento de esta diversidad tambi&eacute;n   va de la mano con la garant&iacute;a de proponer nuevas formas culturales que,   al igual que las minor&iacute;as &eacute;tnicas, sean escuchadas, incluidas y   vinculadas bajo procesos de democratizaci&oacute;n.</p>     <p>La   desmitificaci&oacute;n de la idea de homogeneidad social (tambi&eacute;n   construida jur&iacute;dicamente a partir de las cartas constitucionales)   encuentra actualmente un momento hist&oacute;rico de reconocimiento a la   diversidad de identidades culturales. Lo tradicional y lo dominante convergen   en un mismo escenario con la novedad, el ingenio, el rescate y la resistencia.   Comunidades con diversas formas de pensamiento deben encontrar -y es deber del   Estado coadyuvar a su visibilizaci&oacute;n- maneras de participaci&oacute;n   democr&aacute;tica en el marco del equilibrio y el bienestar social.</p>     <p>Ahora   bien, es significativo referir que las formas de reconocimiento que hace el Estado   colombiano a la diferencia cultural a trav&eacute;s de los procesos de   democratizaci&oacute;n tienen en lista de espera varias agrupaciones de   car&aacute;cter hist&oacute;rico que comparten hechos como la   discriminaci&oacute;n, la exclusi&oacute;n social, el abandono e incluso el   genocidio. Clubes de pensamiento pol&iacute;tico, agremiaciones femeninas,   estudiantiles, campesinas y obreras, adem&aacute;s de agrupaciones religiosas   no cat&oacute;licas, han sido rostros invisibles de la historia, pero   tambi&eacute;n, incluso con la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991, de   la garant&iacute;a de su propuesta de identidad cultural.</p>     <p>Meditar   sobre el car&aacute;cter hist&oacute;rico de diversas culturas marginadas,   as&iacute; como sobre el reconocimiento que en la sociedad se debe tener de   ellas, conduce a la siguiente reflexi&oacute;n: teniendo en cuenta que el   prop&oacute;sito es la garant&iacute;a universal de los derechos humanos y los   procesos de democratizaci&oacute;n suponen el cumplimiento de metas sociales   concernientes a la igualdad, la libertad y la justicia, podr&iacute;a afirmarse   que la Constituci&oacute;n de 1991 admite una integraci&oacute;n formal entre   las culturas, esto es, la materializaci&oacute;n jur&iacute;dica de los   derechos de la diferencia. Se podr&iacute;a estar presuponiendo la igualdad entre   las culturas aunque cada una de ellas represente un bagaje hist&oacute;rico diverso   de inclusi&oacute;n y/o exclusi&oacute;n social.</p>     <p>El actual   sistema social da cuenta de una intrincada complejidad entre culturas, las   cuales, al entrar en contacto unas con otras, vinculan su diferencia funcional,   pero tambi&eacute;n su memoria y su experiencia. Todas las culturas,   independientemente de sus antecedentes, son sujetos materiales para el   reconocimiento de derechos y privilegios; sin embargo, cuando las justas y   constitucionales reclamaciones se hacen necesarias por el agravio de los derechos,   en ocasiones, dichas pretensiones encuentran su sustento no en la igualdad sino   en la memoria, generando quebrantamientos directos a los procesos de   democratizaci&oacute;n social.</p>     <p>Conviene   revisar esta posibilidad a trav&eacute;s de un ejemplo. La <i>Cultura A</i>, que   tuvo la contingencia de la historia a su favor, lo que le permiti&oacute;   esgrimirse como dominante por per&iacute;odos de tiempo extensos, se encuentra   hoy reconocida por la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de Colombia en   igualdad de condiciones con respecto a la <i>Cultura B</i>, comunidad   tradicionalmente excluida. La integraci&oacute;n social y la igualdad son meras   presunciones de la realidad.</p>     <p>La <i>Cultura   B</i>, consciente de los derechos que hoy le son reconocidos, hace uso de ellos   y de las reclamaciones correspondientes cuando lo considera necesario. Ahora   bien, si esta pretensi&oacute;n jur&iacute;dica -con fines materiales en la   sociedad- no solo se sustenta en los dispositivos de derecho que hoy le ata&ntilde;en,   sino que tambi&eacute;n se identifica como v&iacute;ctima hist&oacute;rica,   merecedora por ello de un fallo a su favor, aparentemente es posible   encontrarse con un fallo en justicia y en reivindicaci&oacute;n   hist&oacute;rica de las comunidades vulneradas; no obstante, alimentar la   identidad de v&iacute;ctima y fallar por la historia, y no en nombre de las   garant&iacute;as presentes y prospectivas del Derecho, son y seguir&aacute;n siendo   una renuncia a los verdaderos procesos de democratizaci&oacute;n social.</p>     <p>En este   escenario, la<i> Cultura B</i> no solo renuncia a un verdadero consenso   intercultural, sino que tambi&eacute;n lastima el derecho presente de la <i>Cultura     A</i>, pues si bien es cierto pareciera ser justo porque la materialidad de la   historia favoreci&oacute; al otro, en el futuro este podr&iacute;a ser el   argumento de una nueva renuncia por parte de la misma <i>Cultura A</i>, o de   otras como la C, D o E. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Adicionalmente,   si la <i>Cultura A</i> es quien considera que han sido vulnerados sus derechos -tradicionalmente   dominante- y procede a las reclamaciones de ley, pero al igual que en el caso   anterior hace uso de su memoria, que en este caso es la de dominaci&oacute;n, y   se esgrime como aquella cultura con mejores probabilidades de &eacute;xito en   su gesti&oacute;n, no solo renuncia a un verdadero proceso de   democratizaci&oacute;n y de di&aacute;logo intercultural, sino que   tambi&eacute;n anula el esp&iacute;ritu de las normas y la pretensi&oacute;n de   igualdad entre las culturas. En este escenario quien resulta en mayor medida   vulnerado sigue siendo la cultura tradicionalmente excluida. </p>     <p>Si se   integrara una nueva cultura al sistema social, representante de todas aquellas   alternativas nacientes, se dar&iacute;a lugar un nuevo marco de relaci&oacute;n   intercultural. Como lo presumen la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica y los   fallos de la Corte, el escenario ideal para los procesos de   democratizaci&oacute;n es la igualdad presente entre las culturas; no obstante   la inexperiencia en procesos de consenso y de tolerancia a la diferencia, puede   conducir a la apertura de nuevas brechas entre establecidos y marginados   sociales.</p>     <p>La <i>Cultura   X</i>, naciente, sin historia de larga data, pero que encuentra posibilidad de   existencia leg&iacute;tima a partir de los reconocimientos jur&iacute;dicos, tambi&eacute;n   hace uso de las v&iacute;as de reclamaci&oacute;n establecidas cuando considera   que sus derechos son vulnerados. Esta cultura encuentra tres opciones:</p>     <p>- Basar   sus reclamaciones en el pensamiento liberal de la Carta Pol&iacute;tica y abogar   por ganar un espacio visible en la sociedad como minor&iacute;a no establecida,   condici&oacute;n que supone una desventaja social en la relaci&oacute;n:   establecidos (<i>Cultura A</i>) vs. Marginados hist&oacute;ricos (<i>Cultura B)</i> vs. Nuevos marginados (<i>Cultura X</i>).</p>     <p>- Ceder a   la tentaci&oacute;n de no constituirse como una nueva minor&iacute;a marginada,   por lo tanto, integrar o adaptar sus formas culturales, bien sea a la <i>Cultura     A</i>, tradicionalmente dominante, o a la <i>Cultura B</i>, tradicionalmente marginada.   En este caso hay una renuncia a los procesos de democratizaci&oacute;n en   raz&oacute;n a la inexistencia de garant&iacute;as frente a las culturas   nacientes.</p>     <p>-   Renunciar a su existencia jur&iacute;dica y material en la sociedad y, por lo tanto,   que haya una renuncia total a los procesos de democratizaci&oacute;n.</p>     <p>Adicionalmente,   la <i>Cultura X</i> ubica en una paradoja el cumplimiento de los derechos   humanos, puesto que los fallos a favor de los grupos sub integrados socialmente   y que tienen por soporte la condici&oacute;n de vulnerabilidad, por mera   consecuencia con su presunto estado, hace m&aacute;s complejo el   esp&iacute;ritu de los derechos humanos y, contrario a lo que se cree,   deshumaniza con privilegios que a la larga agotan la identidad y reafirman la   marginalidad social. </p>     <p><b>Conclusi&oacute;n</b></p>     <p>La   diversidad cultural tiene un ac&aacute;pite importante en el marco general de   los derechos humanos dentro de nuestro contexto nacional. Dicho tema marca la   mixtura de expresiones culturales que reclaman un reconocimiento   jur&iacute;dico como valor esencial, que como colombianos pretendemos construir   en el ideal de Estado social de derecho. </p>     <p>Asimismo,   hoy por hoy, aunque inmersos en contextos globalizados, cada sociedad, o mejor   cada colectividad humana, reclama el lugar de su identidad como expresi&oacute;n   de su desarrollo, de su libre autodeterminaci&oacute;n, de su autonom&iacute;a,   de su situarse en el mundo. Es por ello que reconocer el valor del derecho a la   identidad cultural desde la multiculturalidad se&ntilde;ala la din&aacute;mica   de aceptar desde <i>lo otro diferenciado</i> una posibilidad de seguir significando   lo que se ha definido como derechos humanos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El trabajo   jurisprudencial de la Corte Constitucional colombiana durante este tiempo ha   invitado a romper paradigmas, ha se&ntilde;alado los derroteros en la   protecci&oacute;n espec&iacute;fica de la identidad cultural de los pueblos   ind&iacute;genas y las minor&iacute;as &eacute;tnicas, y ha llevado, a   trav&eacute;s de su ejercicio, a la valoraci&oacute;n de muchos otros   principios que en conexidad intentan salvaguardar los derechos fundamentales de   estos grupos marginados hist&oacute;ricamente.</p>     <p>Colombia   cuenta actualmente con un gran modelo jur&iacute;dico de protecci&oacute;n del   derecho a la identidad cultural, y aunque el trabajo jur&iacute;dico   inici&oacute; apenas hace veinte a&ntilde;os, hoy dicha jurisprudencia ha   definido la supremac&iacute;a y el respeto de los valores culturales de la   naci&oacute;n adjudicando reconocimiento a diversas expresiones   jur&iacute;dicas provenientes de cosmovisiones particulares y promulgando la   protecci&oacute;n indiscutible de tales valores. La identidad cultural, afirma   la Corte, es &quot;fundamento de la nacionalidad&quot;<a name=nu38></a><sup><a href="#num38">38</a></sup>. </p>     <p>Sin   embargo, a pesar de los avances, serios problemas derivan en t&eacute;rminos socio-jur&iacute;dicos   y pr&aacute;cticos de la relaci&oacute;n entre multiculturalismo, pluralismo   jur&iacute;dico y derecho a la identidad cultural. Situaciones   probl&eacute;micas que plantean un an&aacute;lisis cr&iacute;tico y una   respuesta oportuna del Estado para que el ideal de la triada se&ntilde;alada   pueda funcionar como un verdadero proceso de democratizaci&oacute;n. </p>     <p>La   desregulaci&oacute;n de la identidad cultural de la minor&iacute;a en el plano   social como conductas negativas justificadas a ra&iacute;z de las leyes, la   falta de adecuados di&aacute;logos de consulta previa, la necesidad de la   preservaci&oacute;n de la cultura en el conflicto y la idea de desarrollo y   progreso en contra de un respeto a la diversidad cultural y al pluralismo   jur&iacute;dico, son a&uacute;n las ant&iacute;tesis al ideal que se pretende   alcanzar en el esp&iacute;ritu del constituyente.</p>     <p>&iquest;C&oacute;mo,   entonces, seguir pensando el tema del multiculturalismo y el pluralismo   jur&iacute;dico frente al derecho a la identidad cultural? Al parecer, aunque   no todos los autores pudieran coincidir en la manera de hacerlo, la perspectiva   de los derechos humanos enfocada desde un di&aacute;logo multicultural puede   ofrecer visiones para fortalecer el camino emprendido.</p>     <p>La   comprensi&oacute;n de los derechos humanos desde una mirada multicultural llevar&iacute;a   al reconocimiento de que ninguna cultura puede considerarse superiora otra y   que, por tanto, el contenido de los derechos humanos como realidad jur&iacute;dica   encuentra el gran reto de ser comprendido desde los diversos v&eacute;rtices de   configuraci&oacute;n existencial de los grupos humanos. Ello, seg&uacute;n esta   consideraci&oacute;n, har&iacute;a de los mismos aut&eacute;nticos derechos   asumidos y respetados por todos, y no una teor&iacute;a ideol&oacute;gica   impuesta por los dominantes.</p>     <p>La   conquista humanitaria de los derechos humanos ha sido una expresi&oacute;n de   inclusi&oacute;n y nuevos horizontes, de ah&iacute; que la multiculturalidad y   el pluralismo jur&iacute;dico sean dos elementos indispensables en Colombia a   la horade proteger tanto la identidad cultural marginada por la historia como   las <i>nuevas identidades</i> surgidas a partir de nuevas comprensiones de ser   y estar en el mundo. </p>     <p>Como   humanos creadores de cultura y por tanto de identidad en la significaci&oacute;n   de su ser y de su entorno, los colombianos debieran tener la oportunidad de   expresar v&aacute;lidamente su <i>diferencia</i> en un amplio proceso democr&aacute;tico   que contemple las din&aacute;micas de las identidades culturales emergentes en   nuestro tiempo. Insistimos, comunidades con diversas formas de pensamiento   deben encontrar caminos de participaci&oacute;n democr&aacute;tica en el marco   del equilibrio y el bienestar social. El Estado colombiano por tanto, sigue   estando llamado al respeto y al dialogo cultural, social, y jur&iacute;dico   para el reconocimiento de los derechos humanos de las personas con expresiones culturales,   que aunque no reconocidas, hacen parte tambi&eacute;n del fundamento de   nacionalidad del Estado. </p>     <p>Finalmente,   se debe apuntar que el reconocimiento de la identidad cultural y el pluralismo   jur&iacute;dico, as&iacute; como la garant&iacute;a de los derechos humanos,   son todos procesos sociales, susceptibles a la contingencia hist&oacute;rica, a   las redes de poder econ&oacute;mico y a los intereses individuales,   minoritarios o mayoritarios de un sistema. La puesta en marcha de procesos de   democratizaci&oacute;n infalibles a la eventualidad de estas variables, siguen   siendo verdaderos retos para los Estados, pues si se tutela la   protecci&oacute;n de la diversidad de identidades culturales, las herramientas   jur&iacute;dicas y sociales no deben quedarse cortas al momento de actuar en   pro de la igualdad para todas las propuestas. </p> <hr size=2 width="100%" align=center>     <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name=num1></a><sup><a href="#nu1">1</a></sup>Art.   70 C.P.    <br>   <a name=num2></a><sup><a href="#nu2">2</a></sup>Mauricio Beuchot. <i>Derechos     humanos. Historia y filosof&iacute;a</i>, M&eacute;xico, Biblioteca de   &Eacute;tica, Filosof&iacute;a del Derecho y Pol&iacute;tica, 2004, pp. 45 y   46.    <br>   <a name=num3></a><sup><a href="#nu3">3</a></sup>Ib&iacute;d.,   p. 62.    <br>   <a name=num4></a><sup><a href="#nu4">4</a></sup>Ib&iacute;d., p.   67.    <br>   <a name=num5></a><sup><a href="#nu5">5</a></sup>Sally Engle Merry,   John Griffiths y Bian Z. Tamanaha. <i>Pluralismo jur&iacute;dico</i>, Bogot&aacute;, Siglo   del Hombre, Universidad de los Andes, Pontificia Universidad javeriana, 2007,   p. 23.    <br>   <a name=num6></a><sup><a href="#nu6">6</a></sup>Francisco Puy, en Javier   Muguerza (comp.).<i> El fundamento de los derechos humanos</i>, Madrid, Debate,   1989, p. 297.    <br>   <a name=num7></a><sup><a href="#nu7">7</a></sup>Peces-Barba y Mart&iacute;nez,   en Javier Muguerza (comp.). <i>El fundamento de los derechos humanos</i>,   Madrid, Debate, 1989, p. 267.    <br>   <a name=num8></a><sup><a href="#nu8">8</a></sup>La protecci&oacute;n de la   identidad cultural cobra vida mediante art&iacute;culos de la   Constituci&oacute;n como el 7, que incluye en las finalidades del Estado el   reconocimiento y la protecci&oacute;n de la diversidad &eacute;tnica y cultural   de la naci&oacute;n colombiana; el 10, que declara como oficiales los dialectos   y las lenguas de las minor&iacute;as &eacute;tnicas; el 171 y el 176, que   declaran la participaci&oacute;n especial en el Senado y la C&aacute;mara de   Representantes; el 246, que establece la jurisdicci&oacute;n especial ind&iacute;gena,   y el 286, que configura la protecci&oacute;n de los resguardos ind&iacute;genas   como entidades territoriales con autonom&iacute;a administrativa y de   presupuesto.    <br>   <a name=num9></a><sup><a href="#nu9">9</a></sup>Esta v&iacute;a ha sido   denominada <i>justicia constitucional</i>, la cual para 1991 no era   extra&ntilde;a en muchas de las jurisdicciones latinoamericanas, aunque su   pr&aacute;ctica no era generalizada. En Colombia, por ejemplo, dicha   funci&oacute;n era ejercida por la Corte Suprema de justicia hasta la   promulgaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n de 1991, la cual asign&oacute; la   funci&oacute;n de guardar la integridad y supremac&iacute;a de la   Constituci&oacute;n a la Corte Constitucional.    <br>   <a name=num10></a><sup><a href="#nu10">10</a></sup>Para efectos del presente   art&iacute;culo, se presentar&aacute; una revisi&oacute;n de los fallos de las   acciones de tutela y de constitucionalidad emitidas por la Corte   Constitucional.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name=num11></a><sup><a href="#nu11">11</a></sup>Corte Constitucional.   Sentencia T-605 de 1992.    <br>   <a name=num12></a><sup><a href="#nu12">12</a></sup>Carlos Gaviria D&iacute;az. <i>Sentencias:     herej&iacute;as constitucionales</i>, Bogot&aacute;, Fondo de Cultura   Econ&oacute;mica, 2002.    <br>   <a name=num13></a><sup><a href="#nu13">13</a></sup>Ib&iacute;d.    <br>   <a name=num14></a><sup><a href="#nu14">14</a></sup>Los logros en la   interpretaci&oacute;n jur&iacute;dica de los derechos humanos de los pueblos   ind&iacute;genas a trav&eacute;s de la sentencia T-605 de 1992, y en particular   el respeto del derecho a la identidad cultural ind&iacute;gena,   evidenci&oacute; una aproximaci&oacute;n de la Corte en concordancia con los   tratados internacionales que constituyen fuerza vinculante y determinan el   bloque de constitucionalidad. Igualmente, frente a la flagelaci&oacute;n,   sanci&oacute;n que los ind&iacute;genas paeces le adjudicaban a uno de los   suyos y al margen de su significado simb&oacute;lico, la Corte estim&oacute;:   &quot;El sufrimiento que esta pena podr&iacute;a causar al actor, no reviste   los niveles de gravedad requeridos para que pueda considerarse como tortura,   pues el da&ntilde;o corporal que se produce es m&iacute;nimo. Tampoco podr&iacute;a   considerarse como una pena degradante que humille al individuo groseramente   delante de otro en su mismo fuero interno, porque de acuerdo con los elementos   del caso, &eacute;sta es una pr&aacute;ctica que se utiliza normalmente entre   los paeces y cuyo fin no es exponer al individuo al escarmiento p&uacute;blico,   sino buscar que se recupere su lugar en la comunidad&quot; (cfr. Gaviria   D&iacute;az. <i>Sentencias. Herej&iacute;as constitucionales</i>, cit., p.   345).    <br>   <a name=num15></a><sup><a href="#nu15">15</a></sup>Sentencia SU-510 de 1998.    <br>   <a name=num16></a><sup><a href="#nu16">16</a></sup>M. Berraondo (coord.). <i>Pueblos     ind&iacute;genas y derechos humanos</i>, Bilbao, Universidad de Deusto, 2006.    <br>   <a name=num17></a><sup><a href="#nu17">17</a></sup>Este convenio tuvo   reconocimiento en el derecho interno colombiano mediante la Ley 21 de 1991 y se   constituy&oacute; como elemento normativo del bloque de constitucionalidad.    <br>   <a name=num18></a><sup><a href="#nu18">18</a></sup>Cfr. art. 27 del Convenio   169 de la oit.    <br>   <a name=num19></a><sup><a href="#nu19">19</a></sup>El derecho de consulta en   Colombia tiene como ejemplo paradigm&aacute;tico e hist&oacute;rico la   sentencia SU-039 de 1997, presentada por el Defensor del Pueblo, en   representaci&oacute;n de una comunidad ind&iacute;gena en contra del Ministerio   del Medio Ambiente. Los accionantes argumentaron estar verdaderamente afectados   por causa de la explotaci&oacute;n de los recursos naturales de la zona y en   consecuencia solicitaron que se declarara nula la licencia ambiental otorgada,   en raz&oacute;n a que se hizo caso omiso del deber de consultar esta clase de   actividades con las presuntas comunidades afectadas. Cfr. Corte Constitucional,   sentencia SU-039 de 1997.    <br>   <a name=num20></a><sup><a href="#nu20">20</a></sup>Corte Constitucional, sentencia   C-063 de 2010.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name=num21></a><sup><a href="#nu21">21</a></sup>Ib&iacute;d.    <br>   <a name=num22></a><sup><a href="#nu22">22</a></sup>Durante los a&ntilde;os 2008   a 2010, m&aacute;s de una decena de acciones de tutela y de constitucionalidad   fueron interpuestas con el fin de solicitar la nulidad en el caso de actos administrativos   que atentaban directamente contra los intereses de estos pueblos, la   preservaci&oacute;n de su cultura y el respeto por su identidad. Sentencias   como: la C-030 de 2008, la C-461 de 2008, la C-461 de 2008, la T-175 de 2009,   la T-154 de 2009, la T-769 de 2009, la C-615 de 2009, la C-175 de 2009, la   C-615 de 2009, la C-063 de 2010, y la T-547 de 2010, desarrollan temas como la   consulta relacionada con la aprobaci&oacute;n o nulidad de actos   administrativos, leyes forestales e, incluso, el reconocimiento de tratados   internacionales por el Gobierno Nacional.    <br>   <a name=num23></a><sup><a href="#nu23">23</a></sup>Corte Constitucional.   Sentencia T-129 de 2011.    <br>   <a name=num24></a><sup><a href="#nu24">24</a></sup>Sentencia C-882 de 2011.    <br>   <a name=num25></a><sup><a href="#nu25">25</a></sup>Ib&iacute;d.    <br>   <a name=num26></a><sup><a href="#nu26">26</a></sup>Ib&iacute;d.    <br>   <a name=num27></a><sup><a href="#nu27">27</a></sup>Ib&iacute;d.    <br>   <a name=num28></a><sup><a href="#nu28">28</a></sup>De acuerdo con el   antrop&oacute;logo Josep Fericgla, el t&eacute;rmino   &quot;ente&oacute;geno&quot; &quot;es un neologismo acu&ntilde;ado en el   a&ntilde;o 1979 por R. Gordon Wason, A. Hofmann y J. Ott para referirse a   aquellas sustancias de consumo habitual entre los pueblos primitivos antiguos y   contempor&aacute;neos, y que son utilizadas para ponerse en contacto con sus   divinidades. Llamar alucin&oacute;genos a esta sustancias, pr&aacute;cticamente   siempre de origen vegetal o f&uacute;ngico, elimina todo el sentido sacro que tiene   su consumo&quot;: cfr. Josep M. Fericgla. <i>Los j&iacute;baros cazadores de     sue&ntilde;os: diarios de un antrop&oacute;logo entre los Shuar. Experimentos     con la Ayahuasca</i>, Barcelona, La Campana, 1994, p. 15.    <br>   <a name=num29></a><sup><a href="#nu29">29</a></sup>Declaraci&oacute;n de los   Pueblos Ind&iacute;genas de Colombia, 2004.    <br>   <a name=num30></a><sup><a href="#nu30">30</a></sup>Boaventura de Sousa Santos. <i>Hacia     una concepci&oacute;n multicultural de los derechos humanos</i>, tomado de <a href="http://ilsa.org.co:81/biblioteca/dwnlds/od/elotrdr028/elotrdr028-03.pdf" target="_blank">http://ilsa.org.co:81/biblioteca/dwnlds/od/elotrdr028/elotrdr028-03.pdf</a>),   pp. 28, 59-83.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name=num31></a><sup><a href="#nu31">31</a></sup>Ib&iacute;d., p. 66.    <br>   <a name=num32></a><sup><a href="#nu32">32</a></sup>Ib&iacute;d., p. 68.    <br>   <a name=num33></a><sup><a href="#nu33">33</a></sup>Ib&iacute;d.    <br>   <a name=num34></a><sup><a href="#nu34">34</a></sup>Ib&iacute;d, p. 69.    <br>   <a name=num35></a><sup><a href="#nu35">35</a></sup>As&iacute; como el mestizaje   supone la mezcla de m&uacute;ltiples elementos, concretamente raciales, los   derechos humanos, desde esta perspectiva, deber&iacute;an responder a la   diversidad presente en las culturas, sin dejar de lado ninguno de los factores   a que ello pudiese conllevar.    <br>   <a name=num36></a><sup><a href="#nu36">36</a></sup>Ib&iacute;d., p. 70.    <br>   <a name=num37></a><sup><a href="#nu37">37</a></sup>Ib&iacute;d., p. 73.    <br>   <a name=num38></a><sup><a href="#nu38">38</a></sup>Sentencia T-129 de 2011.</P> <HR>      <p><b><font size="3">Bibliograf&iacute;a</font></b></p>      <p><I><B>Doctrina</B></I></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>&Aacute;lvarez Molinero, N. y Oliva Mart&iacute;nez, D. (eds.). <I>La declaraci&oacute;n de los derechos de los pueblos ind&iacute;genas</I>, Madrid, Catarata, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0122-9893201300010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Anaya, James. <I>Los pueblos ind&iacute;genas en el derecho internacional</I>, Madrid, Trotta, Universidad de Andaluc&iacute;a, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0122-9893201300010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Berraondo, M. (coord). <I>Pueblos ind&iacute;genas y derechos humanos</I>, Bilbao, Universidad de Deusto, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0122-9893201300010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Beuchot, Mauricio. <I>Derechos humanos. Historia y filosof&iacute;a</I>, M&eacute;xico, Biblioteca de &Eacute;tica, Filosof&iacute;a del Derecho y Pol&iacute;tica, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0122-9893201300010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Boaventura de Sousa Santos. <I>Hacia una concepci&oacute;n multicultural de los Derechos Humanos</I>, tomado de <a href="http://ilsa.org.co:81/biblioteca/dwnlds/od/elotrdr028/elotrdr028-03.pdf" target="_blank">http://ilsa.org.co:81/biblioteca/dwnlds/od/elotrdr028/elotrdr028-03.pdf</a>), n.&ordm; 28, pp. 59-83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000231&pid=S0122-9893201300010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Carlos Gaviria D&iacute;az. <I>Sentencias: herej&iacute;as constitucionales</I>, Bogot&aacute;, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000233&pid=S0122-9893201300010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Correas, &Oacute;scar (coord.). <I>Pluralismo jur&iacute;dico: otros horizontes</I>, M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias Humanas, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnolog&iacute;a (conacyt), Ediciones Coyoac&aacute;n, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000235&pid=S0122-9893201300010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Courtis, Ch. "Apuntes sobre la aplicaci&oacute;n del Convenio 169 de la oit sobre pueblos ind&iacute;genas por los Tribunales de Am&eacute;rica Latina", en <I>Revista Internacional sobre Derechos Humanos</I>, 2009, pp. 53-78.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000237&pid=S0122-9893201300010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Engle Merry, Sally John Griffiths y Bian Z. Tamanaha. <I>Pluralismo jur&iacute;dico</I>, Bogot&aacute;,Siglo del Hombre, Universidad de los Andes, Pontificia Universidad Javeriana, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000239&pid=S0122-9893201300010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Fericgla, Josep M. <I>Los j&iacute;baros cazadores de sue&ntilde;os: diarios de un antrop&oacute;logo entre los Shuar. Experimentos con la Ayahuasca</I>, Barcelona, La Campana, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000241&pid=S0122-9893201300010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Forero Reyes, Yulitza Marcela. <I>Epifan&iacute;as de la identidad: la comprensi&oacute;n multiculturalista de Charles Taylor</I>, Bogot&aacute;, Pontificia Universidad javeriana, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000243&pid=S0122-9893201300010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Gin&eacute;s De Sep&uacute;lveda, Juan. <I>De la justa causa de la guerra contra los indios</I>, ed. cr&iacute;tica, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000245&pid=S0122-9893201300010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Habermas, J&uuml;rgen. <I>Facticidad y validez</I>, 5.&ordf; ed., trad. Manuel Jim&eacute;nez Redondo, Madrid, Trotta, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000247&pid=S0122-9893201300010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Hart, H.L.A. y Dworkin, Ronald <I>La decisi&oacute;n judicial</I>, Estudio preliminar de C&eacute;sar Rodr&iacute;guez, Bogot&aacute;, Siglo del Hombre y Universidad de los Andes, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000249&pid=S0122-9893201300010000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Jaramillo Uribe, Jaramillo. <I>Ensayos de historia social</I>, t. II, Bogot&aacute;, Universidad de los Andes y Tercer Mundo, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000251&pid=S0122-9893201300010000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>L&oacute;pez, M. <I>Tiempos para rezar y tiempos para trabajar. La cristianizaci&oacute;n de las comunidades muiscas durante el siglo </I><I>XVI</I>, Bogot&aacute;, Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a  e Historia, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000253&pid=S0122-9893201300010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Muguerza, Javier (comp.). <I>El fundamento de los derechos humanos</I>, Madrid, Debate, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000255&pid=S0122-9893201300010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Neves, M. <I>Del pluralismo jur&iacute;dico a la miscel&aacute;nea social: el problema de la falta de identidad de la(s) esfera(s) de juridicidad en la modernidad perif&eacute;rica y sus implicaciones en Am&eacute;rica Latina</I>, Brasil, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000257&pid=S0122-9893201300010000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Peces Barba Gregorio. <I>&Eacute;tica, poder y derecho: reflexiones ante el fin de siglo</I>, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000259&pid=S0122-9893201300010000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>P&eacute;rez Lu&ntilde;o, Antono. "La fundamentaci&oacute;n de los Derechos Humanos". En: <I>Revista de Estudios Pol&iacute;ticos</I>, n.&ordm; 35, 1983, pp. 7-71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000261&pid=S0122-9893201300010000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Pineda Camacho, R. "La Constituci&oacute;n de 1991 y la perspectiva del multiculturalismo en Colombia", en <I>Alteridades</I>, vol. 7, n.&ordm; 14, 1997, pp. 107-129.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000263&pid=S0122-9893201300010000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Santos P&eacute;rez, Lourdes. <I>Liberalismo e igualdad: una aproximaci&oacute;n a la filosof&iacute;a pol&iacute;tica de Ronald </I>Dworkin, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000265&pid=S0122-9893201300010000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <p><I><B>Jurisprudencia</B></I></p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia T-605 de 1992, tomado de <A href="http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-605-92.htm" target="_blank">http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1992/T-605-92.htm</A>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000268&pid=S0122-9893201300010000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia SU-510 de  1998, tomado de <A href="http://www.urosario.edu.co/urosario_files/af/af214b5f-60b2-4785-b6da-d4dd0b0c2855.pdf" target="_blank">http://www.urosario.edu.co/urosario_files/af/af214b5f-60b2-4785-b6da-d4dd0b0c2855.pdf</A>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000270&pid=S0122-9893201300010000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia T-1340 de 2001, tomado de <a href="http://www.iadb.org/Research/.../leyn/.../CO-jurisprudencia-T-1340-01.doc" target="_blank">http://www.iadb.org/Research/.../leyn/.../CO-jurisprudencia-T-1340-01.doc</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000272&pid=S0122-9893201300010000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia C-208 de 2008, tomado de <a href="http://www.mineducacion.gov.co/1621/article-152742.html" target="_blank">http://www.mineducacion.gov.co/1621/article-152742.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000274&pid=S0122-9893201300010000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia C-030 de 2008, tomado de <a href="http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=30385" target="_blank">http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=30385</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000276&pid=S0122-9893201300010000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia C-461 de 2008, tomado de <a href="http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=33494" target="_blank">http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=33494</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000278&pid=S0122-9893201300010000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia T-703, 2008, tomado de <a href="http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2008/T-703-08.htm" target="_blank">http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2008/T-703-08.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000280&pid=S0122-9893201300010000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia T-154 de 2009, tomado de <a href="http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2009/T-154-09.htm" target="_blank">http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2009/T-154-09.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000282&pid=S0122-9893201300010000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia T-175 de 2009, tomado de <a href="http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2009/C-175-09.htm" target="_blank">http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2009/C-175-09.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000284&pid=S0122-9893201300010000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia C-615 de 2009, tomado de <a href="http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2009/C-615-09.htm" target="_blank">http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2009/C-615-09.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000286&pid=S0122-9893201300010000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia T-769 de 2009, tomado de <a href="http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2009/T-769-09.htm" target="_blank">http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2009/T-769-09.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000288&pid=S0122-9893201300010000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia C-063 de 2010, tomado de <a href="http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2010/C-063-10.htm" target="_blank">http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2010/C-063-10.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000290&pid=S0122-9893201300010000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia T-110 de 2010, tomado de <a href="http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2010/t-110-10.htm" target="_blank">http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2010/t-110-10.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000292&pid=S0122-9893201300010000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia T-507 de 2010, tomado de <a href="http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2010/T-507-10.htm" target="_blank">http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2010/T-507-10.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000294&pid=S0122-9893201300010000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia T-547 de 2010, tomado de <a href="http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2010/t-547-10.htm" target="_blank">http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2010/t-547-10.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000296&pid=S0122-9893201300010000900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia T-129 de 2011, tomado de <a href="http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2011/t-129-11.htm" target="_blank">http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2011/t-129-11.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000298&pid=S0122-9893201300010000900038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Corte Constitucional de Colombia. Sentencia C-882 de 2011, tomado de <a href="http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2011/C-882-11.htm" target="_blank">http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2011/C-882-11.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000300&pid=S0122-9893201300010000900039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ley 397 de 1997, tomado de <a href="http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=337" target="_blank">http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=337</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000302&pid=S0122-9893201300010000900040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ley 1130 de 2007, tomado de <a href="http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley/2007/ley_1130_2007.html" target="_blank">http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley/2007/ley_1130_2007.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000304&pid=S0122-9893201300010000900041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ley 1185 de 2008, tomado de <a href="http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley/2008/ley_1185_2008.html" target="_blank">http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley/2008/ley_1185_2008.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000306&pid=S0122-9893201300010000900042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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