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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Abstract José Antonio Osorio Lizarazo, José Félix Fuenmayor and Manuel Francisco Sliger Vergara wrote, respectively, Barranquilla 2132, Una triste aventura de 14 sabios y Viajes interplanetarios en Zepelines que tendrán lugar el año 2009. These are three science fiction's novels were published in Colombia in the early thirties of the twentieth century. Such works out linea Colombia imagined, often desired and, fortunately or unfortunately, never reached. The objective of this paper is to present the political reform proposals announced by the three authors in his works of science fiction, focusing on the work of José Antonio Osorio Lizarazo to be the most complex and elaborate of the three and the one that is directly linked to the political thought of Jorge Eliécer Gaitán.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[historia constitucional]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[reforma política]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <P align="center"><B><font size="4">Una Colombia imaginada</font></B><SUP>**</SUP></P>     <p align="center"><font size="3"><B>A imagined Colombia</B></font></p>     <P align="center"><B>Miguel A. Ramiro Avil&eacute;s</B><SUP>*</SUP></P>     <p><SUP>*</SUP> Doctor en Derecho, Profesor de la Universidad de Alcal&aacute;. Contacto: &#91;<a href="mailto:miguelangel.ramiro@uah.es">miguelangel.ramiro@uah.es</a>&#93;.</p>     <p><sup>**</sup> Para citar el art&iacute;culo: Ramiro Avil&eacute;s, M.A. "Una Colombia imaginada", <I>Revista Derecho del Estado</I>, n.&ordm; 31, 2013, pp. 79-95. </p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n 22 de junio de 2013. Fecha de aceptaci&oacute;n 3 de octubre de 2013.</p> <hr>     <p><b><font size="3">Sumario</font></b></p>     <p>1.   introducci&oacute;n. 2. La Colombia liberal. 2.1. La era liberal (1930-1946). 2.2. La   incipiente construcci&oacute;n de un Estado con enfoque social... 2.3. ...y las   sombras del Estado autoritario. 3. Catorce sabios van a Barranquilla en un   Zeppelin. 3.1. Las funciones del pensamiento ut&oacute;pico. 3.2. El contenido   material: la determinaci&oacute;n de la forma &oacute;ptima de gobierno. 3.3. La forma   externa: el ropaje literario y el extra&ntilde;amiento. 4. Una Colombia imaginada en   el a&ntilde;o 2132. </p> <HR>     <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Jos&eacute;   Antonio Osorio Lizarazo, Jos&eacute; F&eacute;lix Fuenmayor y Manuel Francisco Sliger Vergara   escribieron, respectivamente, <i>Barranquilla 2132</i>, <i>Una triste aventura de     14 sabios </i>y <i>Viajes interplanetarios en Zepelines que tendr&aacute;n lugar el       a&ntilde;o 2009</i>. Se trata de tres novelas de ciencia ficci&oacute;n que fueron publicadas   en Colombia en la d&eacute;cada de 1930. En estas obras se perfila una Colombia   imaginada, muchas veces deseada y, por suerte o desgracia, nunca alcanzada. El   objetivo de este texto es presentar las propuestas de reforma pol&iacute;tica   anunciadas por estos tres autores en sus obras de ciencia ficci&oacute;n, centrando la   atenci&oacute;n en la obra de Jos&eacute; Antonio Osorio Lizarazo por ser la m&aacute;s compleja y   elaborada de las tres, as&iacute; como por estar directamente ligada al pensamiento   pol&iacute;tico de Jorge Eli&eacute;cer Gait&aacute;n.</p>     <p><B>Palabras clave</B>: Pensamiento ut&oacute;pico, historia constitucional, reforma pol&iacute;tica. </p> <HR>     <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></P>     <p>Jos&eacute;   Antonio Osorio Lizarazo, Jos&eacute; F&eacute;lix Fuenmayor and Manuel Francisco Sliger   Vergara wrote, respectively, <i>Barranquilla 2132</i>, <i>Una triste aventura     de 14 sabios </i>y <i>Viajes interplanetarios en Zepelines que tendr&aacute;n lugar el       a&ntilde;o 2009</i>. These   are three science fiction's novels were published in Colombia in the early   thirties of the twentieth century. Such works out linea Colombia imagined,   often desired and, fortunately or unfortunately, never reached. The objective   of this paper is to present the political reform proposals announced by the   three authors in his works of science fiction, focusing on the work of Jos&eacute;   Antonio Osorio Lizarazo to be the most complex and elaborate of the three and   the one that is directly linked to the political thought of Jorge Eli&eacute;cer   Gait&aacute;n.</p>     <p><b>Key words</b>: utopic thought, constitutional history, politic reform. </p> <hr>     <p><font size="3"><b>1. Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p>Jos&eacute;   Antonio Osorio Lizarazo, Jos&eacute; F&eacute;lix Fuenmayor y Manuel Francisco Sliger Vergara   escribieron, respectivamente, <i>Barranquilla 2132</i>,<i> Una triste aventura     de 14 sabios </i>y <i>Viajes interplanetarios en Zepelines que tendr&aacute;n lugar el       a&ntilde;o 2009</i>. Se trata de tres novelas de ciencia ficci&oacute;n que fueron publicadas   en Colombia en la d&eacute;cada de 1930. En estas obras se perfila una Colombia   imaginada, muchas veces deseada y, por suerte o desgracia, nunca alcanzada. El   objetivo de este texto es presentar las propuestas de reforma pol&iacute;tica anunciadas   por estos tres autores en sus obras de ciencia ficci&oacute;n, centrando la atenci&oacute;n   en la obra de Jos&eacute; Antonio Osorio Lizarazo por ser la m&aacute;s compleja y elaborada   de las tres y por estar directamente ligada al pensamiento pol&iacute;tico de Jorge   Eli&eacute;cer Gait&aacute;n. Las tres obras pueden ser consideradas como utop&iacute;as literarias   al cumplir con las funciones b&aacute;sicas del pensamiento ut&oacute;pico mediante una forma   literaria en la que se produce extra&ntilde;amiento a la hora de formular la propuesta   de reforma pol&iacute;tica. En estas tres obras se reflejan ciertas aspiraciones de   cambio social y pol&iacute;tico, no siempre coincidentes con las propuestas   reformistas de los gobiernos que se sucedieron durante la denominada <i>Rep&oacute;blica     liberal </i>(1930-1946). </p>     <p><b>2. La   Colombia Liberal</b></p>     <p>Entre 1930   y 1946 se sucedieron en Colombia los gobiernos liberales de Enrique Olaya   Herrera, Alfonso L&oacute;pez Pumarejo (por dos veces), Eduardo Santos Montejo y   Alberto Lleras Camargo, gobiernos que llevaron a cabo una serie de reformas que   trataron de modificar el rostro del Estado, pasando de un modelo abstencionista   a un modelo m&aacute;s intervencionista en la econom&iacute;a, m&aacute;s justo en lo social, m&aacute;s   igualitario entre hombres y mujeres. </p>     <p>Al tiempo   se fueron tambi&eacute;n extendiendo en determinados c&iacute;rculos las ideas pol&iacute;ticas autoritarias   que triunfaban en Europa en la d&eacute;cada de 1930. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>2.1. La   era liberal (1930-1946) </i></p>     <p>En 1930,   el Partido Liberal logr&oacute; ganar las elecciones generales en Colombia, acabando   con cincuenta a&ntilde;os de gobiernos conservadores. Enrique Olaya Herrera, un liberal   moderado, asumi&oacute; la presidencia del pa&iacute;s. Durante su administraci&oacute;n se   adoptaron algunas pol&iacute;ticas de corte social, pol&iacute;tico y civil, como la de   imponer la jornada laboral de ocho horas, el reconocimiento legal del derecho a   organizar sindicatos, el derecho de los colegios femeninos para conceder el   grado de bachiller, que era un requisito indispensable para acceder a la   Universidad, y la revisi&oacute;n del C&oacute;digo Civil para otorgar a las mujeres casadas   el derecho legal de poseer y disponer de propiedades, de la misma manera que lo   hac&iacute;an sus maridos (Bushnell, 2007: 266). </p>     <p>Enrique   Olaya Herrera fue sucedido por Alfonso L&oacute;pez Pumarejo en 1934. Fue, sin duda,   L&oacute;pez Pumarejo quien profundiz&oacute; en las reformes sociales, pol&iacute;ticas y   econ&oacute;micas de corte liberal en Colombia (Stoller, 1995).Centr&oacute; el debate   pol&iacute;tico alrededor de los temas laborales y sociales, pues sab&iacute;a que Colombia   no pod&iacute;a continuar ignorando los problemas de &quot;esa vasta clase econ&oacute;mica   miserable que no lee, que no escribe, que no se viste, que no se calza, que   apenas come, que permanece &#91;...&#93; al margen de la vida nacional&quot;   (Bushnell, 2007: 267, citando a L&oacute;pez Pumarejo). Al igual que muchos liberales   y socialistas europeos, L&oacute;pez Pumarejo era consciente del peligro que supon&iacute;a   abandonar a su suerte a ese grupo de poblaci&oacute;n. El gobierno deb&iacute;a enfrentarse a   los problemas sociales para evitar el avance de los partidos fascistas.</p>     <p>L&oacute;pez   Pumarejo quer&iacute;a ayudar a los colombianos m&aacute;s pobres para que alcanzaran una   mayor participaci&oacute;n en los beneficios del sistema (Bushnell, 2007: 269). Por   tal motivo, en 1936 aprob&oacute; la primera ley de reforma agraria, estimul&oacute; la   formaci&oacute;n de sindicatos, aument&oacute; el gasto p&oacute;blico en escuelas y reform&oacute; el   sistema fiscal para aumentar la recaudaci&oacute;n. Desarroll&oacute;, pues, un programa de   reformas pr&oacute;ximo a las tesis de John Maynard Keynes, para quien era preciso y   posible llegar por m&eacute;todos democr&aacute;ticos y sin alterar fundamentalmente el   capitalismo a una reorientaci&oacute;n y control del proceso econ&oacute;mico por parte del   Estado manteniendo la propiedad privada de los medios de producci&oacute;n. De igual   modo, adopt&oacute; tres reformas constitucionales sumamente importantes: los derechos   de propiedad deb&iacute;an estar limitados por los derechos y obligaciones sociales;   la educaci&oacute;n p&oacute;blica no deb&iacute;a conducirse de acuerdo con la religi&oacute;n cat&oacute;lica; y   se suprim&iacute;a el requisito del alfabetismo para votar. Estas medidas y reformas   hicieron que la administraci&oacute;n de L&oacute;pez Pumarejo sobresaliera como protectora   de la clase trabajadora, no tanto por haber impuesto una legislaci&oacute;n espec&iacute;fica   en el campo social, como por haber decidido abandonar una pr&aacute;ctica que los   gobiernos conservadores hab&iacute;an sostenido de forma consciente: colocar tanto al   Estado como a sus dependencias al servicio de los patronos en las disputas   laborales (Bushnell, 2007: 270). Su programa de reformas lleg&oacute; a denominarse   &quot;La revoluci&oacute;n en marcha&quot;. No obstante, no faltaron cr&iacute;ticas a estas   medidas ya que se hab&iacute;an despertado muchas esperanzas y las frustraciones   empezaron a acumularse (Bushnell,2007: 274). Aqu&iacute;, como veremos m&aacute;s adelante,   se posicion&oacute; Jorge Eli&eacute;cer Gait&aacute;n, y de aqu&iacute; mismo se nutri&oacute; la utop&iacute;a de   Osorio Lizarazo. </p>     <p>L&oacute;pez   Pumarejo dej&oacute; la presidencia en manos de Eduardo Santos en 1938, quien no   elimin&oacute; ninguna de las medidas de su antecesor y profundiz&oacute; el papel del Estado   en la promoci&oacute;n del desarrollo nacional, pero mostr&oacute; m&aacute;s inter&eacute;s por ayudar a   los industriales. L&oacute;pez Pumarejo volvi&oacute; a la presidencia en 1942 encontr&aacute;ndose   con condiciones menos favorables para la resurrecci&oacute;n de &quot;La revoluci&oacute;n en   marcha&quot; debido a que en 1939 hab&iacute;a comenzado la Segunda Guerra mundial. Su   segundo mandato fue m&aacute;s inestable pol&iacute;ticamente y en julio de 1944 tuvo lugar   un golpe de Estado, que fracas&oacute; pero que precipit&oacute; la renuncia de L&oacute;pez   Pumarejo y el ascenso a la presidencia de Alberto Lleras Camargo en 1945, quien   estuvo en el cargo hasta 1946, fecha en laque el Partido Conservador volvi&oacute; a   ganar las elecciones presidenciales con Mariano Ospina P&eacute;rez. </p>     <p>El fin de   la <i>Rep&oacute;blica liberal</i> supuso un aumento de la violencia en el   pa&iacute;s,fomentada tanto por la 'derecha radical' de Laureano G&oacute;mez como por la   'izquierda populista' de Jorge Eli&eacute;cer Gait&aacute;n, quien fue asesinado el 9 deabril   de 1948 al salir de su oficina en Bogot&aacute;, inci&aacute;ndose la &eacute;poca conocidacomo   &quot;<i>La violencia</i>&quot;(Bushnell, 2007: 287). </p>     <p><i>2.2. La   incipiente construcci&oacute;n de un Estado con enfoque social... </i></p>     <p>La   sucesi&oacute;n de gobiernos liberales desde 1930 hasta 1946 muestra una preocupaci&oacute;n   por una serie de temas que afectaban a la mejora de la vida de las personas y de   las formas de gobierno. Estas mejoras pretend&iacute;an transformar el sistema   jur&iacute;dico y pol&iacute;tico colombiano incluyendo en las tareas de gobierno la   preocupaci&oacute;n por la situaci&oacute;n de las clases sociales m&aacute;s deprimidas. Se trataba   de profundizar la idea seminal del Estado de Derecho para construir un Estado   social (Green, 2000: 90). El esquema del Estado de Derecho, &quot;si bien surge   con el liberalismo, no se agota en &eacute;l&quot;; fue as&iacute; como tanto el empuje   democr&aacute;tico como la proyecci&oacute;n social permitieron corregir &quot;los defectos   del Estado abstencionista liberal&quot; (D&iacute;az, 1998: 42 y 101).</p>     <p>Esta nueva   forma de administrar las cosas y de gobernar a las personas pretend&iacute;a corregir   los defectos del modelo de Estado de Derecho que surgi&oacute; en las revoluciones   burguesas de finales del siglo xviii. La nueva configuraci&oacute;n del Estado de   Derecho pretend&iacute;a que bienes y servicios b&aacute;sicos (tales como educaci&oacute;n y   sanidad) no se negaran ni se distribuyeran de manera profundamente desigual a   una parte importante de la sociedad, pues ello supon&iacute;a a la vez un arreglo   contrario a la demanda equitativa de respeto de s&iacute; mismo por parte de cada   persona, y un sistema pol&iacute;tico que reprimiese la libertad indebidamente   (MacCormick, 1990: 43).</p>     <p>En esos   a&ntilde;os, el Estado empez&oacute; a dejar de ser un mero espectador, dedicado a meras   tareas de vigilancia o gendarmer&iacute;a, y pas&oacute; a implicarse m&aacute;s en los asuntos   sociales y econ&oacute;micos. Se fueron produciendo una serie de mutaciones en la   estructura y funciones estatales, dando lugar al nacimiento de un incipiente   Estado social de Derecho con el que se pretend&iacute;a corregir los defectos del   Estado abstencionista liberal y combatir los primeros Estados de corte fascista   en Europa (D&iacute;az: 1998, 101).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La   intervenci&oacute;n del Estado pretend&iacute;a eliminar la <i>versi&oacute;n formal</i> que   exclusivamente hab&iacute;a &quot;consolidado y reforzado la posici&oacute;n econ&oacute;mica de la   burgues&iacute;a&quot;, e instaurar una <i>versi&oacute;n material</i> en la que, manteniendo   los derechos de libertad, se realizasen las exigencias de la democracia social   del proletariado (B&ouml;ckenf&ouml;rde, 2000: 33). as&iacute;, encontramos que Herman Heller,   en <i>&iquest;Estado de Derecho o Dictadura?</i> (1929), proclam&oacute; la necesidad de que   el Estado de Derecho asumiera objetivos de car&aacute;cter econ&oacute;mico y social; y   Harold Laski, en <i>La Democracia en crisis </i>(1929), explic&oacute; el ascenso del   fascismo por la resistencia de las clases dominantes a aceptar el protagonismo   de los trabajadores, por medio del sufragio universal. En concreto, Heller   sostuvo que no hab&iacute;a que renunciar al Estado de Derecho, y para ello hab&iacute;a que   dotarlo de &quot;un contenido econ&oacute;mico y social, realizar dentro de su marco   un nuevo orden laboral y de distribuci&oacute;n de bienes&quot; (Garc&iacute;a-Pelayo, 1995:   17).</p>     <p>El   resultado de estas transformaciones ser&iacute;a un tipo de Estado de Derecho que,   preocupado por las necesidades materiales y las exigencias b&aacute;sicas de la   poblaci&oacute;n, corrigiese los defectos del sistema econ&oacute;mico capitalista y alejase   el peligro de la dictadura. Los autores socialdem&oacute;cratas mostraban una gran   preocupaci&oacute;n por el ascenso de un modo de hacer pol&iacute;tica, tanto en la derecha   como en la izquierda, que tambi&eacute;n inclu&iacute;a medidas sociales pero que renegaba de   la f&oacute;rmula democr&aacute;tica. </p>     <p><i>2.3.   ... Y las sombras del Estado autoritario </i></p>     <p>En los   a&ntilde;os que nos ocupan tambi&eacute;n exist&iacute;a una corriente de pensamiento pol&iacute;tico muy   influyente en Europa que preconizaba un modelo de Estado completamente   diferente ya que, entre otras cosas, renegaba de la democracia de partidos.   Esta corriente pudo viajar a Colombia de la mano de Laureano G&oacute;mez y Jorge   Eli&eacute;cer Gait&aacute;n, m&aacute;ximos exponentes, uno desde la derecha y otro desde la   izquierda, de una forma de hacer pol&iacute;tica m&aacute;s pr&oacute;xima a los dictados del   autoritarismo/caudillismo/populismo.</p>     <p>El   autoritarismo, ya sea de derecha o de izquierda, puede identificarse a trav&eacute;s   de una amalgama de posiciones que en ciertas ocasiones intenta compatibilizar   posturas que son irreconciliables, o cuya reconciliaci&oacute;n se logra a un precio   muy alto. Las doctrinas autoritarias en los a&ntilde;os 1930 desarrollaron muchas   pol&iacute;ticas sociales con las que interven&iacute;an en la sociedad corrigiendo algunas   de las desigualdades creadas por el sistema capitalista de producci&oacute;n. Los   l&iacute;deres de este movimiento pol&iacute;tico eran conscientes de que no bastaba con la   aplicaci&oacute;n rigurosa y f&eacute;rrea de las normas jur&iacute;dicas, o con la vigilancia   constante por parte de la polic&iacute;a, sino que era preciso conseguir que los   trabajadores tuvieran mejores condiciones de vida y accedieran a bajo precio a   una serie de bienes y servicios fabricados o provistos por el Estado. Su   intervencionismo en la vida social y econ&oacute;mica fue tal que, en el caso del   fascismo, lleg&oacute; incluso a afectar la independencia del gran capitalismo (Payne,   1996: 16).</p>     <p>El   autoritarismo ten&iacute;a como gran objetivo construir un 'nuevo hombre': un adepto   al r&eacute;gimen que de manera incondicional defendiera el sistema y obedeciera las   &oacute;rdenes recibidas sin cuestionarlas en ning&oacute;n momento. Como se&ntilde;ala Payne, para   el caso del fascismo, pero siendo extrapolable tambi&eacute;n a otros movimientos   autoritarios, &quot;el objetivo del idealismo y el vitalismo metaf&iacute;sico era la   creaci&oacute;n de un hombre nuevo, un nuevo estilo de cultura que lograse la   excelencia tanto f&iacute;sica como art&iacute;stica&quot; (1996: 17). En ese momento se   produce el adoctrinamiento de la sociedad. Garantizado el acceso de las   personas a la educaci&oacute;n, el sistema educativo se convierte en uno de los   instrumentos m&aacute;s adecuados para proceder al control del comportamiento. En un   sentido m&aacute;s general, la cultura se <i>nacionaliza</i> y se convierte en otro   instrumento adecuado para la transmisi&oacute;n de los valores.</p>     <p>En el   autoritarismo el Estado es un 'bien absoluto', por lo que ya no estar&aacute; sometido   a l&iacute;mites, ni tiene una esfera reducida de fines y funciones, sino que pasa a   controlarlo todo. Los intereses ya no son individuales, creados <i>desde abajo</i>,   sino generales, creados <i>desde arriba</i>, por el caudillo, y deben   perseguirse cueste lo que cueste. El bien com&oacute;n y el inter&eacute;s general no pod&iacute;an   estar subordinados a un proceso de discusi&oacute;n plural e incierto, &quot;el   inter&eacute;s general deb&iacute;a ser impuesto sobre todos los intereses particulares y   &#91;...&#93; su determinaci&oacute;n era posible s&oacute;lo a trav&eacute;s de la superior intuici&oacute;n del   l&iacute;der del partido o del Estado&quot; (Del Ãguila, 1993: 209). Esto hace que la   forma de gobierno no se base en los mecanismos democr&aacute;ticos. Se anulan las   elecciones peri&oacute;dicas y se suspenden los partidos pol&iacute;ticos y los sindicatos.   La democracia es sustituida por un sistema autocr&aacute;tico de gobierno dominado por <i>el Partido</i> (&oacute;nico) y, en ocasiones, por un sindicato vertical, que   convoca continuos refer&eacute;ndums, plebiscitos o pseudo-elecciones y concentraciones   de masas. La propaganda oficial en la que se establecen las l&iacute;neas b&aacute;sicas de   actuaci&oacute;n es otro de los mecanismos de actuaci&oacute;n pol&iacute;tica. El lenguaje pol&iacute;tico   propio de los sistemas autoritarios no es un veh&iacute;culo para comunicar o dialogar   sino para transmitir &oacute;rdenes y decisiones ya formuladas (ib&iacute;d.: 228).</p>     <p>Como   veremos a continuaci&oacute;n, la utop&iacute;a literaria de Jos&eacute; Antonio Osorio Lizarazo   representa este modelo de sociedad. Fiel a las tesis de Jorge Eli&eacute;cer Gait&aacute;n,   Osorio Lizarazo dibuja una ciudad de Barranquilla en el a&ntilde;o2132 en la que la   civilizaci&oacute;n se ha transformado creando un mundo nuevo guiado por los   principios del <i>gaitanismo</i> (Green, 2000). aunque la relaci&oacute;n de Gait&aacute;n   con el fascismo es muy controvertida, no deja de ser cierto que fue tildado   como fascista por Ignacio torres Giraldo, l&iacute;der de los comunistas colombianos,   por exacerbar la identidad nacional y por atraer a las masas retr&oacute;gradas   (Green, 2000: 94). </p>     <p><b>3.   Catorce sabios van A Barranquilla en un Zeppelin</b></p>     <p>En este   clima social y pol&iacute;tico es donde se fraguan las obras de Jos&eacute; Antonio Osorio   Lizarazo,<i> Barranquilla 2132</i>, Jos&eacute; F&eacute;lix Fuenmayor, <i>Una triste     aventura de 14 sabios</i>, y Manuel Francisco Sliger Vergara, <i>Viajes       interplanetarios en Zepelines que tendr&aacute;n lugar el a&ntilde;o 2009</i>. De los tres,   sin duda alguna es Osorio Lizarazo (1990-1964) quien encaja mejor en el   prototipo de <i>utopista</i>, pues adem&aacute;s de novelista, periodista y ensayista   pol&iacute;tico ejerci&oacute; diversos cargos p&oacute;blicos de car&aacute;cter pol&iacute;tico tanto dentro   como fuera de Colombia. Su obra period&iacute;stica destaca por el contenido social y   pol&iacute;tico de sus escritos. Trabaj&oacute; en diversos peri&oacute;dicos desde 1923, destacando   su labor como jefe de redacci&oacute;n del diario gaitanista <i>Jornada</i>. Fue   secretario privado de los ministerios de Guerra y de Educaci&oacute;n, y director de   publicaciones de la Contralor&iacute;a General de la Naci&oacute;n. En 1946 dej&oacute; Colombia y   recal&oacute; en argentina. &quot;Es particularmente importante su estancia en   argentina, donde residi&oacute; hasta 1955, y donde colabor&oacute; con el dictador Juan   Domingo Per&oacute;n, desde d&iacute;as despu&eacute;s de su posesi&oacute;n presidencial hasta su ca&iacute;da.   Posteriormente vivi&oacute; en rep&oacute;blica Dominicana y fue uno de los hombres de   confianza del dictador Rafael Leonidas Trujillo. Osorio Lizarazo colabor&oacute; en la   direcci&oacute;n del peri&oacute;dico oficial del r&eacute;gimen dominicano&quot; (Rueda Enciso,   2013). Regresa a Colombia en 1961 y fallece tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Jos&eacute; F&eacute;lix   Fuenmayor (1885-1966), escritor y novelista, destaca principalmente como   fundador del denominado Grupo de Barranquilla, aunque tambi&eacute;n fue diputado a la   asamblea del Departamento del atl&aacute;ntico y en varias ocasiones fue director   municipal del Partido Liberal. Manuel Francisco Sliger Vergara es el m&aacute;s   escurridizo de los tres pues se tienen menos datos biogr&aacute;ficos. Hijo de un   empresario norteamericano que migr&oacute; a Colombia a finales del siglo diecinueve,   por un sobrino sabemos que luch&oacute; en la Primera Guerra mundial, formando parte   del ej&eacute;rcito de Estados unidos, y que lleg&oacute; a ser embajador de ese pa&iacute;s en   australia y Canad&aacute; (Mora V&eacute;lez, 1984). </p>     <p>Me   gustar&iacute;a en este momento dejar a un lado a Fuenmayor y Sliger, y centrarme en   Osorio Lizarazo por ser, en mi opini&oacute;n, el autor que mejor encaja en el esquema   de un utopista (y tambi&eacute;n por una cuesti&oacute;n de tiempo y espacio). Osorio   Lizarazo, tanto de forma directa como de forma indirecta, estaba relacionado   con el poder pol&iacute;tico. Su cercan&iacute;a a Gait&aacute;n, Per&oacute;n y Trujillo as&iacute; lo demuestra,   e informa de cu&aacute;les eran sus inclinaciones pol&iacute;ticas. En este sentido, e   independientemente de la opci&oacute;n pol&iacute;tica que defienda cada autor, no debe olvidarse   que los escritores ut&oacute;picos han estado tradicionalmente cercanos al poder. As&iacute;,   la discusi&oacute;n del libro i de <i>Utop&iacute;a</i> es precisamente sobre esto: si los   fil&oacute;sofos deber&iacute;an ser consejeros de reyes y pr&iacute;ncipes. Como afirma Raymond   Trousson, el utopista </p>     <blockquote>       <p>...se     persuade de buen grado de que bastar&iacute;a poca cosa para que su pensamiento     abstracto afrontara victoriosamente la realidad, para que se reconociera la     superioridad de su construcci&oacute;n sistem&aacute;tica respecto de la existente. Hay en &eacute;l     un legislador impaciente por trabajar en lo concreto, en la materia viva. En la     calma del despacho en el que ha construido su ciudad ideal, patalea al pensar     en lo que podr&iacute;a realizar, si tuviera el poder &#91;...&#93;. <i>Sue&ntilde;a</i>,     literalmente, con el poder que le permitir&iacute;a transformar su teor&iacute;a en realidad.     Si acaso, se contentar&iacute;a con inspirara alguien que tenga dicho poder, con ser     el genio benefactor que dicte su uso, aceptar&iacute;a reinar por persona interpuesta.     As&iacute; se explica la ingenuidad de algunos utopistas que ofrecieron a los poderosos     de su tiempo la inmaculada maqueta de su ciudad (1995: 40). </p> </blockquote>     <p>En estos   trabajos, a menudo vistos como las primeras incursiones de la literatura   colombiana en la ciencia ficci&oacute;n, pueden encontrarse, y especialmente en el de Osorio   Lizarazo, las tres funciones b&aacute;sicas que cumple una parte del pensamiento   ut&oacute;pico: la funci&oacute;n cr&iacute;tica, la funci&oacute;n compensatoria y la funci&oacute;n terap&eacute;utica.   Mediante el recurso al extra&ntilde;amiento que permite dibujar una sociedad en el   2132 se propone una reforma pol&iacute;tica integral de Colombia. Se trata de obras en   las que el autor, desencantado con la realidad que le rodea, una vez que ha   hecho un an&aacute;lisis y valoraci&oacute;n cr&iacute;tica de la situaci&oacute;n social, representa   Colombia de tal forma que aunque pod&iacute;a ser reconocible no resultaba familiar a   los lectores dada la escala de los cambios sociales, pol&iacute;ticos y legales que se   proponen como soluci&oacute;n a los males que se padecen. </p>     <p><i>3.1.   Las funciones del pensamiento ut&oacute;pico </i></p>     <p>Las tres   funciones b&aacute;sicas que cumple el pensamiento ut&oacute;pico, como se viene de decir,   son la funci&oacute;n cr&iacute;tica, la funci&oacute;n compensatoria y la funci&oacute;n terap&eacute;utica. Todo   utop&iacute;a manifiesta el desapego del autor con la realidad que le rodea; este   desapego es compensado en la sociedad imaginada, en la cual se han implementado   ciertas reformas; la practicabilidad de estas reformas depender&aacute; de si el autor   conf&iacute;a en la habilidad de los seres humanos de transformar la realidad mediante   la acci&oacute;n pol&iacute;tica. Encontramos, pues, un momento arqueol&oacute;gico y un momento arquitect&oacute;nico   (Sargisson, 2007: 25-46).</p>     <p>Las   funciones cr&iacute;tica y compensatoria se realizan cuando el utopista, al observar   la realidad hist&oacute;rica que le rodea, construye un juicio negativo, y sobre esta   base cr&iacute;tica construye una alternativa que repara las carencias que se padecen   en la estructura sociopol&iacute;tica real (Davis, 1984: 23; Levitas, 2001:28). La   funci&oacute;n cr&iacute;tica puede encontrarse en el car&aacute;cter de 'deber ser' que tiene la   utop&iacute;a, en donde &quot;la visi&oacute;n de lo que debe ser, por independiente que a veces   aparezca de la voluntad persona, no puede separarse empero de una actitud   cr&iacute;tica ante el modo de ser actual del mundo humano&quot; (Buber, 1992: 17-18).   Como dice Peter Stillman, la conexi&oacute;n entre la utop&iacute;a y la cr&iacute;tica es evidente   ya que &quot;la utop&iacute;a demuestra que las alternativas al presente pueden   existir y de hecho existen, aunque s&oacute;lo sea en el pensamiento; la utop&iacute;a sirve   para desestabilizar y relativizar el presente, para mirarlo desde una   perspectiva desde la que no es la &oacute;nica (y quiz&aacute;s tampoco la m&aacute;s deseable)   posibilidad&quot; (Stillman, 2001: 18). Por otro lado, la funci&oacute;n compensatoria   supone que el utopista, si vive en un mundo de escasez alimenticia, va a idear   un mundo de abundancia alimenticia, y si se carece de orden social, imagina un   sistema en el que haya una norma para cualquier acto del ser humano (Tower   Sargent,1994: 3-4).</p>     <p>La   presencia de la funci&oacute;n terap&eacute;utica es la clave para analizar el grado de   seriedad pol&iacute;tica del tipo de sociedad ideal. En cualquier caso, me gustar&iacute;a   antes aclarar que la mayor o menor seriedad pol&iacute;tica no deriva directamente de   su vinculaci&oacute;n con el contexto hist&oacute;rico sino que derivar&iacute;a de las soluciones   que se aportan en el modelo de sociedad ideal y, m&aacute;s en concreto, de su posible   implementaci&oacute;n. As&iacute;, la funci&oacute;n terap&eacute;utica hace referencia directa a la   posibilidad de poner en marcha la sociedad ideal y la adecuaci&oacute;n de las   soluciones propuestas. Se refiere a la posibilidad y capacidad de   implementarlas propuestas que se realizan en cada sociedad ideal, a su car&aacute;cter   constructivo. En definitiva, hace referencia a la viabilidad material que   existe en ese momento hist&oacute;rico de llevar a cabo los remedios establecidos para   reparar las deficiencias sociales. Alexandre Cioranescu afirma en este sentido   que &quot;el utopista debe respetar la l&oacute;gica de los hechos, un poco como el   historiador&quot;(1972: 25). El utopista serio no podr&aacute; ir m&aacute;s all&aacute; de las   posibilidades de su concreta &eacute;poca hist&oacute;rica. En cambio, existe un tipo de   sociedad ideal que es escapista, siguiendo la terminolog&iacute;a de Lewis Mumford,   cuando se describe una sociedad en la que los remedios que se plantean a los   males no se adecuan al nivel tecnol&oacute;gico de la &eacute;poca o cuando no dependan   directamente de la voluntad humana (1962: 15 y 21). </p>     <p><i>3.2. El   contenido material: la determinaci&oacute;n de la forma &oacute;ptima de gobierno </i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las   funciones se&ntilde;aladas no tienen como contenido la narraci&oacute;n de viajes imposible,   el descubrimiento de seres maravillosos, la descripci&oacute;n de situaciones   inveros&iacute;miles, sino que tienen como principal contenido la determinaci&oacute;n de la   forma &oacute;ptima de gobierno. Porque, como nos recuerda William Morris en el   an&aacute;lisis que hace de la obra de Edward Bellamy <i>Looking Backward</i>,   &quot;es la seriedad de la reflexi&oacute;n y no la delicadeza del romance que lo   envuelve lo que la gente ha encontrado interesante&quot; (Morris, 1994: 420). A   pesar de la consideraci&oacute;n de estas obras como novelas de ciencia ficci&oacute;n,   podr&iacute;a argumentarse, al igual que en el caso de Tom&aacute;s Moro en <i>Utop&iacute;a</i>,   que su objetivo no era descubrir a Lestrigones devoradores de pueblos, sino   algo incluso m&aacute;s extra&ntilde;o e inusual: una rep&oacute;blica sabia y prudentemente   gobernada. </p>     <blockquote>       <p>Nuestro     inter&eacute;s, en efecto, se cern&iacute;a sobre una serie de temas importantes, que &eacute;l se     deleitaba a sus anchas en aclarar. Por supuesto que en nuestra conversaci&oacute;n no     aparecieron para nada los monstruos que han perdido actualidad. Escilas,     Celenos feroces y Lestrigones devoradores de pueblos, y otras arp&iacute;as de la     misma especie se pueden encontrar en cualquier sitio. Lo dif&iacute;cil es dar con     hombres que est&aacute;n sana y sabiamente gobernados. Cierto que observ&oacute;     &#91;Hitlodaeus&#93; en estos pueblos muchas cosas mal dispuestas, pero no lo es     menos que constat&oacute; no pocas cosas que podr&iacute;an servir de ejemplo adecuado para     corregir y regenerar nuestras ciudades, pueblos y naciones. </p> </blockquote>     <p>Los libros   en menci&oacute;n podr&iacute;an ser considerados como una historia verdadera y un modelo   pr&aacute;ctico de reforma &eacute;tica y pol&iacute;tica para Colombia, modelo que en el caso de   Osorio Lizarazo pasa por la construcci&oacute;n de una sociedad igualitaria entre   hombres y mujeres, en la que ha desaparecido la democracia y existe un gobierno   mundial. </p>     <p><i>3.3. La   forma externa: el ropaje literario y el extra&ntilde;amiento </i></p>     <p>Las   utop&iacute;as literarias realizan sus funciones b&aacute;sicas adoptando la literatura como   forma externa. Esta forma externa literaria permite a los autores presentar a   sus lectores un proyecto pol&iacute;tico ya implementado y legitimado. La rep&oacute;blica   descrita es un microcosmos puesto en funcionamiento. La utop&iacute;a se convierte en   una hip&oacute;tesis sobre las posibilidades de la acci&oacute;n humana a trav&eacute;s de la   pol&iacute;tica. Las reformas descritas se pueden imaginar como opciones posibles con   las que confrontar el <i>statu quo</i>, incluso si no pueden acomodarse en el   lenguaje conceptual de la &eacute;poca. El texto ut&oacute;pico habilita un espacio en el que   se es libre de desarrollar una teor&iacute;a transformadora de las condiciones   materiales que pueden esconder un cambio social fundamental.</p>     <p>El   escritor ut&oacute;pico provee, normalmente con un detalle v&iacute;vido y abundante, la   evidencia mediante la cual podemos juzgar la deseabilidad (&iquest;eutop&iacute;a o distop&iacute;a?)   y la practicabilidad de cualquier esquema de reconstrucci&oacute;n social (Kumar,   1992: 32). En las utop&iacute;as literarias se realiza la narraci&oacute;n descriptiva de una   sociedad gobernada por pol&iacute;ticas inspiradas en una serie de principios   pol&iacute;ticos y &eacute;ticos y de normas jur&iacute;dicas. Esa descripci&oacute;n permite observar c&oacute;mo   ser&iacute;a la vida social si las personas rigiesen sus actos bajo esos principios y   normas. Las utop&iacute;as desarrollan una descripci&oacute;n de la vida diaria, minuto a   minuto, que se desarrolla en sus dominios.</p>     <p>La utop&iacute;a   es un trabajo de ficci&oacute;n que mediante el extra&ntilde;amiento representa un objeto que   puede ser f&aacute;cilmente reconocible pero, al mismo tiempo, no es familiar a los   lectores dada la escala de los cambios sociales, pol&iacute;ticos y legales (Suvin, 1972:   374; Moylan, 2000: 43). Somete una situaci&oacute;n espec&iacute;fica acierto desplazamiento   textual pero conservando una &iacute;ntima vinculaci&oacute;n con la realidad. El mundo   ut&oacute;pico debe parecer realista y evitar las imposibilidades de lo sobrenatural o   de lo naturalmente no realizable (Moylan, 1986: 34), como ocurre en algunos   modelos de sociedad ideal (Ramiro Avil&eacute;s, 2002). Como se&ntilde;ala Luis G&oacute;mez Romero, </p>     <blockquote>       <p>...el     juego textual caracter&iacute;stico de la utop&iacute;a, en efecto, depende de la habilidad     ret&oacute;rica del autor o la autora para, primero, crear un modelo de discurso que     le permita exagerar, intensificar y ensanchar las condiciones cient&iacute;ficas,     tecnol&oacute;gicas o jur&iacute;dico-pol&iacute;ticas de la sociedad narrada hasta su punto m&aacute;s     extremo; y, segundo, pese a lo anterior convencer al lector de que todo cuanto     ocurre en ese espacio imaginario es factible. Tal es la paradoja inscrita en el     texto ut&oacute;pico: se trata de un aparato verbal que surge de la realidad con la     intenci&oacute;n de negarla y, a partir de ello, re-construirla &#91;...&#93; &#91;E&#93;l extra&ntilde;amiento     que suscita una sociedad imaginaria representa un valioso recurso cognitivo     para estos efectos, puesto que reestructura y distancia el presente, cuya     transformaci&oacute;n conf&iacute;a a la voluntad humana (2010). </p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este   sentido, el extra&ntilde;amiento debe crear un sentimiento de desconcierto al lector.   El sentimiento que debe embargar al lector cuando se encuentra ante una utop&iacute;a,   sea el tipo de sociedad ideal que sea, tiene que ser el de una persona que ha   descubierto de repente un sexto continente. Es el sentimiento que sufre D-503,   el protagonista de <i>Nosotros</i>, la novela de Zamyatin: </p>     <blockquote>       <p>Si el     mundo de ustedes se parece al de nuestros m&aacute;s remotos antepasados, entonces     podr&aacute;n imaginarse que un d&iacute;a topan en el oc&eacute;ano con un sexto o s&eacute;ptimo     continente, con una especie de atl&aacute;ntida, y que all&iacute; encuentran ciudades,     laberintos, gentes que vuelan sin ayuda de alas o a&eacute;reos, piedras que suben por     los aires impulsadas por una sola mirada, todo ello inaudito; en una palabra,     podr&aacute;n imaginarse algo que no les cabe en la cabeza, aun si padecen de esa     enfermedad que es so&ntilde;ar. Eso fue lo que ayer me sucedi&oacute; a m&iacute;. </p> </blockquote>     <p><b>4. Una   Colombia Imaginada En El A&ntilde;o 2132</b></p>     <p>La   narraci&oacute;n comienza con la noticia de que se est&aacute;n produciendo en diversas   ciudades del mundo una serie de explosiones misteriosas que destruyen edificios   enteros en cuesti&oacute;n de segundos. La &oacute;ltima, que sucede en la ciudad de   Barranquilla, tiene como particularidad que ha dejado al descubierto algo   extraordinario: un ata&oacute;d de plomo en cuyo interior se encuentra un hombre. Se   trata del doctor Juan Francisco Rogers, quien en 1940 se sepult&oacute;   voluntariamente para comprobar un experimento extraordinario. Rogers confiesa   que con su experimento ten&iacute;a la intenci&oacute;n de &quot;regresar a la vida dentro de   una civilizaci&oacute;n nueva&quot; para &quot;apreciar las maravillas que   indudablemente debe ofrecer el nuevo sistema de vida a un hombre de &#91;su&#93;   &eacute;poca&quot; (14). Viajar en el tiempo no era algo novedoso en la d&eacute;cada de 1930   pues enrique Gaspar (<i>El Anacron&oacute;pete</i>, 1887) o H.G. Wells (<i>The Time     Machine</i>, 1895), entre otros, ya hab&iacute;an utilizado ese recurso como   sustitutivo del viaje renacentista en barco.</p>     <p>De la mano   del doctor Var y los periodistas J. Gu y M. Ba, Juan Francisco Rogers   descubrir&aacute; &quot;las transformaciones de la civilizaci&oacute;n&quot; (22) pero, y   esto es muy importante en t&eacute;rminos psicol&oacute;gicos para el personaje, como luego   veremos, tambi&eacute;n le pedir&aacute;n que &quot;se acomode &#91;...&#93; a la &eacute;poca&quot; (37).   Dejando a un lado las cuestiones m&aacute;s tecnol&oacute;gicas sobre el uso generalizado de   avionetas para el desplazamiento y de la energ&iacute;a nuclear como fuerza motriz,   pues lo que interesa no es que estas nociones cient&iacute;ficas sean v&aacute;lidas, sino el   hecho de que se presenten al lector como plausibles, Rogers, al igual que antes   que &eacute;l Rafael Hitlodaeus, Richard Guest o Winston Smith, nos presenta los   cambios sociales, pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos que observa y que le cuentan que han   ocurrido en la ciudad de Barranquilla en el a&ntilde;o 2132.</p>     <p>El primero   de los cambios significativos es el igualitarismo extremo que preside la   sociedad: &quot;ahora los sexos son id&eacute;nticos ante la ley y ante la   sociedad&quot; (71), hasta el punto que pr&aacute;cticamente es imposible distinguir a   un hombre de una mujer ya que visten igual (31). Se han borrado las   distinciones por sexo y se ha acabado con aquella pr&aacute;ctica ancestral brutal de   dominaci&oacute;n:&quot;la mujer permanec&iacute;a encerrada en el hogar. Pero no era el   tributo del hombre lo que recib&iacute;a. Era su dominaci&oacute;n lo que soportaba. La mujer   estaba como uno de los muebles, esperando la hora de prestar un servicio. El   hombre le retribu&iacute;a con la alimentaci&oacute;n, con el vestido, con joyas, unos   servicios tanto m&aacute;s indignos como m&aacute;s inconfesables. El hombre era el amo,   porque nutr&iacute;a su cuerpo y era el m&aacute;s fuerte y luc&iacute;a su est&oacute;pida musculatura de   caballo. No era amor, sino ego&iacute;smo lo que impulsaba a los hombres&quot; (38).</p>     <p>Al igual   que hiciera William Morris en <i>News from Nowhere</i>, Osorio Lizarazo nos   cuenta c&oacute;mo se produjo la transformaci&oacute;n y construcci&oacute;n de la sociedad. Este   elemento es fundamental en las utop&iacute;as socialistas del siglo xix ya que los   autores utopistas comienzan a dar mucha importancia al procedimiento. De esta   manera se introducen en sus esquemas explicativos, como pilares b&aacute;sicos, los   elementos de tiempo, proceso e historia, y se muestra que el inter&eacute;s no solo   est&aacute; en el resultado sino tambi&eacute;n en el proceso. Posiblemente fue Morris el   primer autor que dio importancia a c&oacute;mo se producir&iacute;a el cambio en la sociedad.   Como se&ntilde;ala Kumar, la revoluci&oacute;n sangrienta que recrea Morris es la causa   central del cambio y el factor que explica la totalidad de la nueva sociedad,   pues se trata de una revoluci&oacute;n que educa a las personas. </p>     <p>De igual   forma, Osorio Lizarazo, al igual que Morris, distancia el momento en que tuvo   lugar al revoluci&oacute;n y el momento temporal en que se proyecta la imagen de la   nueva sociedad (Kumar, 1995). </p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al rededor     del a&ntilde;o 2000 imper&oacute; sobre el mundo la m&aacute;s tremenda de las miserias. Los hombres     no encontraban trabajo &#91;...&#93;. Las m&aacute;quinas hab&iacute;an terminado por desalojar a     los obreros &#91;...&#93;. Los pueblos se negaron a pagar los impuestos, los gobiernos     no pudieron sostenerse, sobrevinieron las revoluciones, los asaltos, la     anarqu&iacute;a. Se proclamaban nuevas doctrinas de gobierno, los obreros incendiaban     los talleres mec&aacute;nicos, ahorcaban a los propietarios, destru&iacute;an las ciudades     &#91;...&#93;.No era guerra de fronteras ni de nacionalidades. Era la revuelta del     hambre &#91;...&#93;.De ese bautismo de sangre -continu&oacute; J. Gu- sali&oacute; el mundo     rejuvenecido (45). </p> </blockquote>     <p>En ese   nuevo mundo &quot;nuevas costumbres, nuevas teor&iacute;as comenzaron a esbozarse   sobre las ruinas de las anteriores &#91;...&#93;. Poco a poco empezaron a construirse   otra vez las autoridades, pero los viejos sistemas ego&iacute;stas hab&iacute;an   desaparecido. Ya no eran las antiguas naciones encerradas en fronteras   invulnerables &#91;...&#93;. Todos los procedimientos de la pol&iacute;tica hab&iacute;an desaparecido   en ese gran naufragio. Era un mundo nuevo&quot; (45). Con cierto tono   mesi&aacute;nico, propio de un milenarismo laico, se considera que &quot;el ambiente   se hab&iacute;a purificado en aquella dura transici&oacute;n&quot; (59).</p>     <p>La nueva   forma de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica gira alrededor de un gobierno mundial,   denominado asambleas universales, y &quot;por medio de pactos especiales, las   determinaciones de estas asambleas, que funcionan durante un a&ntilde;o cada d&eacute;cada,   tienen car&aacute;cter legislativo para todos los pueblos del orbe&quot;(59-60).   Resuena en este arreglo institucional la experiencia de la Sociedad de Naciones   que surge despu&eacute;s de la Primera Guerra mundial. En general, la idea de un   gobierno mundial era muy querida en los c&iacute;rculos ut&oacute;picos. As&iacute;, por ejemplo,   H.G. Wells en su obra <i>Anticipations </i>(Partington, 2003: 101-25).</p>     <p>En esas   asambleas universales &quot;se declar&oacute; la independencia de las ciudades, se   abolieron las antiguas fronteras que divid&iacute;an a los hombres y eran fuente   continua de odios y represalias&quot; (60). Esta nueva forma de organizaci&oacute;n   pol&iacute;tica hizo surgir &quot;un esp&iacute;ritu de mutua ayuda, de auxilio rec&iacute;proco que   no hab&iacute;a logrado estabilizarse dentro de las antiguas nacionalidades&quot;   (60). Gobierno mundial e internacionalismo. El esp&iacute;ritu de mutua ayuda se   denomina en otro lugar como &quot;sentimiento de solidaridad humana&quot; (61),   del cual se dice que &quot;ha penetrado profundamente en el coraz&oacute;n de todos   los hombres&quot;. Nace as&iacute;, con la nueva sociedad, un nuevo hombre. Estamos,   pues, ante una <i>body utopia</i> ya que parte de la reforma estructural se   basa en la consecuci&oacute;n de la autoidentidad entre el buen hombre y el buen   ciudadano. De esa forma &quot;se ha logrado reducir la ambici&oacute;n a sus l&iacute;mites   exactos, es decir, hasta el punto en que su satisfacci&oacute;n no origine mal   ajeno&quot; (61). </p>     <p>En el   nuevo mundo no se mantiene el sistema democr&aacute;tico de gobierno. Es interesante   resaltar que es el doctor Rogers quien va desgranando los males que aquejaban a   la democracia de 1940: </p>     <blockquote>       <p>No     resultaba eficaz -respondi&oacute; Rogers-. La teor&iacute;a conservaba sus caracter&iacute;sticas     integrales, pero la pr&aacute;ctica se corrompi&oacute;. No era dif&iacute;cil presumir, en mi     tiempo, en pleno florecimiento de la democracia, la muerte del sistema. El     ejercicio del sufragio se convirti&oacute; en el negocio m&aacute;s inmoral. Los votos se     compraban o se vend&iacute;an &#91;...&#93;. No, en realidad no exist&iacute;a una diferencia entre     el r&eacute;gimen feudal y el llamado democr&aacute;tico &#91;...&#93; exist&iacute;a la servidumbre     econ&oacute;mica. Los campesinos, a&oacute;n en plena civilizaci&oacute;n de 1932, eran prestados     por los latifundistas, como bestias, para labrar la tierra (65). </p> </blockquote>     <p>Este   cambio en el discurso nos hace dudar acerca de la valoraci&oacute;n de la realidad de   1940 o de la realidad de 2132 como eut&oacute;pica o como dist&oacute;pica. Esta duda se   agranda cuando el doctor Rogers afirma: &quot;En realidad, ahora puedo hablar   con libertad sobre la gran farsa de la democracia&quot; (66). Sobre esto   volver&eacute; m&aacute;s tarde. </p>     <p>La cr&iacute;tica   del sistema pol&iacute;tico representativo se agudiza con la descripci&oacute;n que se hace   del Parlamento: &quot;Los congresos nunca estuvieron constituidos, como   seguramente tratar&aacute;n de asegurar los falsarios de la historia, por los m&aacute;s   puros, por los mejores, por los m&aacute;s sabios. Lo estaban por los m&aacute;s &aacute;giles en la   intriga, por los m&aacute;s expertos en la reptaci&oacute;n, por los m&aacute;s capaces de   sugestionar al pueblo&quot; (66-7). y culmina diciendo: &quot;No me ha sorprendido   la transformaci&oacute;n efectuada en lo pol&iacute;tico&quot; (68).</p>     <p>La duda   sobre la consideraci&oacute;n como una eutop&iacute;a o como una distop&iacute;a de la descripci&oacute;n   de la sociedad imaginada por Osorio Lizarazo se intensifica cuando J. Gu   empieza a proporcionarle m&aacute;s informaci&oacute;n a Rogers sobre c&oacute;mo est&aacute;n organizados.   as&iacute;, el peligro de la superpoblaci&oacute;n se mitiga porque &quot;existen   disposiciones adoptadas por la asamblea universal y aceptadas por todo el   mundo, que se&ntilde;alan el &iacute;ndice m&aacute;ximo de poblaci&oacute;n&quot; (69). Aparece aqu&iacute; uno   de los temas favoritos de muchos utopistas: la dimensi&oacute;n de la sociedad ideal.   Recordemos que ya Tom&aacute;s Moro, en <i>Utop&iacute;a</i>, creaba y abandonaba colonias   dependiendo del n&oacute;mero de habitantes de la isla. Por otro lado, ligada a la   super poblaci&oacute;n est&aacute; la cuesti&oacute;n de la eugenesia, ya que en la sociedad del a&ntilde;o   2132 &quot;s&oacute;lo pueden tener hijos los individuos perfectamente conformados,   previos ex&aacute;menes de extraordinaria minuciosidad por parte de los m&eacute;dicos   &#91;...&#93; &#91;S&#93;e ha tratado de formar una Raza &oacute;nica y perfecta para habitaren el   planeta, cuyo equilibrio fisiol&oacute;gico sea tan exacto como el   espiritual&quot;(70). Esa selecci&oacute;n de los mejores no solo tiene ecos   Plat&oacute;nicos sino tambi&eacute;n wellsianos, con la casta de los samur&aacute;is en <i>A Modern     Utopia</i>. En esa nueva sociedad &quot;los hijos son educados por la   ciudad&quot; (71). Otro dato que da que pensar sobre si la sociedad de 2132 es   o no dist&oacute;pica es que mantiene la pena de muerte para algunos delitos, y que   esta se aplica con un sistema tristemente famoso, la &quot;desintegraci&oacute;n   corporal&quot; (82).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La   calificaci&oacute;n como eutop&iacute;a o distop&iacute;a queda en manos del lector, dependiendo   dicha calificaci&oacute;n del momento temporal en que se haga. No obstante, creo que   puede afirmarse que el autor pretende mostrar la benevolencia del sistema   social de 2132 cuando hace aparecer al causante de los derrumbres de edificios.   Un nuevo personaje del que no sabemos el nombre pero cuyas intenciones sabemos   expresa: &quot;He de dominar el mundo: el mundo ha de situarse a mis pies, como   en las viejas mitolog&iacute;as. Me impondr&eacute; por el terror. Sembrar&eacute; de escombros el   planeta, har&eacute; ostentaciones de mi grandeza y despu&eacute;s dictar&eacute;mis leyes al   universo: estar&aacute; sujeto a mi capricho&quot; (94).</p>     <p>Me   gustar&iacute;a destacar, por &oacute;ltimo, la sensaci&oacute;n de desubicaci&oacute;n que tiene el doctor   Rogers. Dicha sensaci&oacute;n se debe a que es un hombre del a&ntilde;o 1940atrapado en el   a&ntilde;o 2132: &quot;Supuse encontrar sufrimientos f&iacute;sicos en mi nueva existencia   &#91;...&#93;. Pero no sospech&eacute; la posibilidad de esta serie de torturas   morales&quot; (127). Es un hombre que tiene dudas sobre qu&eacute; sociedad es la   mejor, y as&iacute; lo hace ver cuando se pregunta: &quot;&iquest;D&oacute;nde estaba el error? &iquest;En   nosotros los antiguos, o en ellos, los nuevos?&quot; (129). Es la misma   sensaci&oacute;n que se descubre en el <i>Looking Backward</i> de Edward Bellamy (Beaumont,   2012: 120-6). El doctor Rogers, al igual que Julian West, sufre algo parecido a   un trauma por viajar al futuro, porque su equilibrio psicol&oacute;gico ha   desaparecido, lo cual le llevar&aacute; al suicidio.</p> <HR>     <p><B><font size="3">Referencias</font></B></p>     <!-- ref --><p>Beaumont, M. (2012), "The horror of strangeness: Edward Bellamy's <I>Looking Backward</I>", <I>Utopian moments. Reading utopian texts</I>, M.A. Ramiro y J.C. Davis (eds.), London: Bloomsbury, pp. 120-126.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0122-9893201300020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>B&ouml;ckenf&ouml;rde, E. (2000), <I>Estudios sobre el Estado de derecho y la democracia</I>, trad. R. De Agapito, Madrid: Trotta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0122-9893201300020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Braun, H. (2013), <I>Mataron a Gait&aacute;n. Vida p&uacute;blica y violencia urbana en Colombia</I>, trad. H. Valencia, Bogot&aacute;: Punto de Lectura.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0122-9893201300020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Buber, M. (1992), <I>Caminos de utop&iacute;a</I>, trad. J. Rovira, M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0122-9893201300020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Bushnell, D. (2007), <I>Colombia: una naci&oacute;n a pesar de s&iacute; misma</I>, Bogot&aacute;: Planeta, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0122-9893201300020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Cioranescu, A. (1972),<I> L'avenir du pass&eacute;. Utopie et litt&eacute;rature</I>, Paris: Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0122-9893201300020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Davis, J.C. (1984), "Science and utopia: the history of a dilemma", <I>Nineteen Eighty-Four: Science between Utopia and Dystopia</I>, E. Mendelsohn y H. Nowotny (eds.), Dordrech: Reidel Publishing Company, pp. 21-48.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0122-9893201300020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Del &Aacute;guila, R. (1993), "Los fascismos", en <I>Historia de la Teor&iacute;a Pol&iacute;tica</I>, vol. 4, F. Vallesp&iacute;n (ed.), Madrid: Alianza, pp. 182-242.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0122-9893201300020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>D&iacute;az, E. (1998), <I>Estado de derecho y sociedad democr&aacute;tica</I>, Madrid: Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0122-9893201300020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Eliav-Feldon, M. (1982), <I>Realistic utopias. The ideal imaginary societies of the Renaissance 1516-1630</I>, Oxford: Clarendon Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0122-9893201300020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Garc&iacute;a-Pelayo, M. (1995), <I>Las transformaciones del Estado contempor&aacute;neo</I>, Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0122-9893201300020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>G&oacute;mez Romero, L. (2010), <I>Fantas&iacute;a, distop&iacute;a y justicia. La saga de Harry Potter como instrumento para la ense&ntilde;anza de los derechos humanos</I>, instituto de la Juventud: Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0122-9893201300020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Green, W.J. (2000), "Sibling rivalry on the left and labor struggles in Colombia duringthe 1940s", en <I>Latin American Research Review</I>, 35:1, pp. 85-117.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0122-9893201300020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Kumar, K. (1992) <I>Utopianism</I>, Buckingham: open university Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0122-9893201300020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Kumar, K. (1993), "News form nowhere: The renewal of utopia", en <I>History of Political Thought</I>, 14:1, pp. 133-43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0122-9893201300020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Kumar, K. (1995), "Introduction", en William Morris, <I>News from nowhere</I>, K. Kumar (ed.), Cambridge: Cambridge University Press, vii-xxiii.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0122-9893201300020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Levitas, R. (2001), "For utopia: The (limits of the) utopian function in late capitalist society", en <I>The philosophy of Utopia</I>, B. Goodwin (ed.), London: Frank Cass, pp. 25-43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0122-9893201300020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>MacCormick, N. (1990), <I>Derecho legal y socialdemocracia</I>, trad. M&ordf;.D. Gonz&aacute;lez, Madrid: Tecnos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0122-9893201300020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Mora V&eacute;lez, A. (1984), "Sliger: precursor de la CF Sinuana", <I>El Espectador</I>- Costa, 14 de junio. Referencia obtenida en &#91;<A href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ciencia_ficci%C3%B3n_colombiana#m.F._Sliger" target="_blank">http://es.wikipedia.org/wiki/Ciencia_ficci%C3%B3n_colombiana#m.F._Sliger</A>&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0122-9893201300020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->. </p>     <!-- ref --><p>Moro, T. (1998),<I> Utop&iacute;a</I>, trad. P. Rodr&iacute;Guez, Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0122-9893201300020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Morris, W. (1994), "Looking Backward", en <I>Political writings: Contributions to justice and commonweal, 1883-1890</I>, N. Salmon (ed.), Bristol: Thoemmes Press, pp. 419-425.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0122-9893201300020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Moylan, T. (1986), <I>Demand the impossible: Science fiction and utopian imagination</I>,London: Methuen.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0122-9893201300020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Moylan, T. (2000), <I>Scraps of the untained sky. Science fiction, Utopia, Dystopia</I>, Boulder: Westview Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0122-9893201300020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Mumford, L. (1962) <I>The story of Utopias. Ideal commonwealths and social myths</I>, New York: Viking Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0122-9893201300020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Osorio Lizarazo, J.A. (2011), <I>Barranquilla 2132</I>, Bogot&aacute;: Laguna Libros.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0122-9893201300020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Partington, J.S. (2003), <I>Building Cosmopolis: The Political Thought of H.G. Wells</I>, Aldershot: Ashgate.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0122-9893201300020000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Payne, S.G. (1996), <I>El fascismo</I>, trad. F. Santos, Alianza: Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0122-9893201300020000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Ramiro Avil&eacute;s, M.A. (2002), <I>Utop&iacute;a y Derecho</I>, Madrid: Marcial Pons.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0122-9893201300020000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Sargisson, L. (2007), "The curious relationship between politics and utopia", <I>Utopian method vision. The use value of social dreaming</I>, T. Moylan y R. Baccolini (eds.), Bern: Peter Lang, pp. 25-46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0122-9893201300020000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Stillman, P. (2001), "'Nothing is, but what is not': utopia as practical political philosophy", <I>The philosophy of Utopia</I>, B. Goodwin (ed.), London: Frank Cass, pp. 9-24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0122-9893201300020000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Stoller, R. (1995), "Alfonso P&eacute;rez Pumarejo and Liberal radicalism in 1930s Colombia", <I>Journal of Latin American Studies</I>, 27:2, pp. 367-397.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0122-9893201300020000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Suvin, D. (1972), "On the poetics of the science fiction genre", en <I>College English</I>, 34:3, pp. 372-382.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0122-9893201300020000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Tower Sargent, L. (1994), "The three faces of utopianism revisited", en <I>Utopian Studies</I>,5:1, pp. 1-37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0122-9893201300020000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Trousson, R. (1995) <I>Historia de la literatura ut&oacute;pica. Viajes a pa&iacute;ses inexistentes</I>, trad. C. Manzano, Barcelona: Pen&iacute;nsula.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0122-9893201300020000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Zamyatin, Y. (1993),<I> Nosotros</I>, trad. J. L&oacute;pez-Morillas, Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0122-9893201300020000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>  </font>      ]]></body><back>
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