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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La memoria, la historia y el derecho a la verdad en la Justicia Transicional en Colombia: una paradoja irresoluble en el conflicto armado colombiano]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Memory, history and judicial truth in transitional justice in Colombia: A irresoluble paradox in the Colombian armed conflict]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Abstract This article aims to determine how relationships are established between memory, history and judicial truth in the light of international and domestic law and the way it is used both in storytelling and the construction of the judicial truth. This view allows us to understand how concepts are often considered isolated and without contact points, allow us to figure out the dynamics of the conflicto, not only in judicial practice, but in the disciplinary perspective.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <P align="center"><B><font size="4">La memoria, la historia y el derecho a la verdad en la Justicia Transicional en Colombia: una paradoja irresoluble en el conflicto armado colombiano</font></B><SUP>**</SUP></P>     <P align="center"><B><font size="3">Memory, history and judicial truth in transitional justice in Colombia: A irresoluble paradox in the Colombian armed conflict</font></B></P>     <P align="center"><B>Francisco R. Barbosa Delgado</B><SUP>*</SUP></P>     <p><SUP>*</SUP> Docente-investigador   del Departamento de Derecho Constitucional de la Universidad Externado de   Colombia. Profesor invitado de la Universidad de Nantes (Francia) y de la   Universidad Andina Sim&oacute;n Bol&iacute;var (Ecuador). Dor en Ecuador sidad   Andina- Sim Profesor invitado de la Universidad de Nantes en Francia y de la   Universidad Andina- Sims Agrav Doctor en Derecho P&uacute;blico de la   Universidad de Nantes, con menci&oacute;n &quot;<i>Tr&egrave;s Honorable</i>&quot;.   Mag&iacute;ster en Derecho P&uacute;blico de la Universidad Externado de   Colombia, y en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana.   Especializaci&oacute;n en Regulaci&oacute;n y Gesti&oacute;n de Nuevas   Tecnolog&iacute;as de la Universidad Externado de Colombia. Abogado de la Universidad   Sergio Arboleda. Miembro de la Academia Colombiana de Historia, de la Academia   Colombiana de Jurisprudencia y de la Academia Colombiana de Derecho   Internacional. Contacto: &#91;<a href="mailto:francisco.barbosa@uexternado.edu.co">francisco.barbosa@uexternado.edu.co</a>&#93;.</p>     <p><SUP>**</SUP> Para citar el   art&iacute;culo: Barbosa Delgado, F.R. &quot;La memoria, la historia y el   derecho a la verdad en la Justicia Transicional en Colombia: una paradoja   irresoluble en el conflicto armado colombiano&quot;, <i>Revista Derecho del     Estado</i>, N&ordm; 31, 2013, pp. 97-117.</p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: 15 de mayo de 2013. Fecha de aceptaci&oacute;n: 3 de octubre de 2013.</P> <hr>     <p align=right style='text-align:right'><i>&iquest;En qu&eacute; se resume la verdad   en la pr&aacute;ctica, ante el juez? De un lado est&aacute; el mundo, con sus   juicios, sus asesinos, sus acusados dispuestos a jurarlo todo, sus odios y sus   miserias; de otro lado se encuentra la ley, con su maquinaria, sus rituales   preestablecidos, sus normas, su orden y sus maneras -el tono que emplean los   agraviados y el que usan los agresores-; y por &uacute;ltimo est&aacute; el   juez, que de toda esa materia muerta, viva y cruda debe destilar algo, algo que   seg&uacute;n la f&oacute;rmula qu&iacute;mica de las leyes corresponda a la   verdad... </i>    <br>   Sandor Marai1<a name=nu1></a><sup><a href="#num1">1</a></sup></p>     <p align=right style='text-align:right'><i>El juez debe juzgar, es su funci&oacute;n.   Debe concluir. Debe decidir. Debe colocar ajusta distancia al culpable y a la   v&iacute;ctima, seg&uacute;n una tipolog&iacute;a imperiosamente binaria. </i>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Paul Ricoeur<a name=nu2></a><sup><a href="#num2">2</a></sup></p> <hr>     <p><b><font size="3">Sumario</font></b></p>     <p>Introducci&oacute;n.   Precisiones conceptuales. i. La memoria, la historia y el derechoa la verdad:   entre el derecho interno y el derecho internacional. A. Una visi&oacute;n desde   la pol&iacute;tica nacional: entre la pol&iacute;tica y el derecho. B. Una   visi&oacute;n desde el derecho internacional de los derechos humanos: entre la   &eacute;tica universalista y una perspectiva contextualista. ii. La memoria y   la verdad a la luz de la historia dentro de la Justicia Transicional. a. El   oficio del juez y del historiador. B. El exceso de memoria y las zonas grises.   Consideraciones finales. </p></p><hr>     <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>     <p>El   presente art&iacute;culo pretende plantear la manera como se establecen   relaciones entre la memoria, la historia y el derecho a la verdad a la luz del   derecho internacional e interno, y la forma como se usan tanto en la   narraci&oacute;n de la historia como en la construcci&oacute;n de la verdad   judicial. Esta visi&oacute;n nos permitir&aacute; comprender la manera como   conceptos que muchas veces son considerados aislados y sin puntos de contacto,   hacen posible descifrar la din&aacute;mica de los conflictos no solo en la   pr&aacute;ctica judicial, sino en la perspectiva disciplinar.</p>     <p><b>Palabras clave</b>: Justicia Transicional, memoria, historia, derecho a la verdad. </p> <hr>     <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></P>     <p>This   article aims to determine how relationships are established between memory,   history and judicial truth in the light of international and domestic law and   the way it is used both in storytelling and the construction of the judicial   truth. This view allows us to understand how concepts are often considered   isolated and without contact points, allow us to figure out the dynamics of the   conflicto, not only in judicial practice, but in the disciplinary perspective.</p>     <p><b>Key words</b>: Transicional justice, memory, history, judicial truth. </p> <hr>     <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La   memoria, la historia y el derecho a la verdad son tres componentes   inescindibles dentro de la llamada Justicia Transicional en Colombia. Estos   tres conceptos han sido concebidos desde el derecho p&uacute;blico, pero la   manera de entenderlos debe estar m&aacute;s all&aacute; de ese campo   disciplinar.</p>     <p>En la   presente contribuci&oacute;n acad&eacute;mica se pretende plantear la manera   como se establecen relaciones entre la memoria, la historia y el derecho a la   verdad a la luz del derecho internacional e interno, y la forma como se usan   tanto en la narraci&oacute;n de la historia como en la construcci&oacute;n de   la verdad judicial. Esta visi&oacute;n nos permitir&aacute; comprender la   manera como conceptos que muchas veces son considerados aislados y sin puntos   de contacto, contribuyen a descifrar la din&aacute;mica de los conflictos en la   pr&aacute;ctica judicial, mas tambi&eacute;n en la perspectiva disciplinar.</p>     <p>Para ello,   el art&iacute;culo abordar&aacute; en su parte introductoria los tres conceptos   dentro de la llamada &quot;Justicia Transicional&quot;. Luego, en la primera   parte se establecer&aacute;n los debates de estos tres conceptos desde una   perspectiva del derecho interno y el derecho internacional. En la segunda parte   se abordar&aacute;n la memoria y la verdad a la luz de la historia dentro de la   Justicia Transicional. Por &uacute;ltimo, se formular&aacute;n las   consideraciones finales. </p>     <p><b>Precisiones   Conceptuales</b></p>     <p>En una de   las emisiones culturales francesas m&aacute;s relevantes del canal   p&uacute;blico del Senado franc&eacute;s, &quot;Bibliot&egrave;que   Medicis&quot;<a name=nu3></a><sup><a href="#num3">3</a></sup>, dirigida por   Jean Pierre Elkabach, se discuti&oacute; con Daniel Cordier, secretario del   sacrificado l&iacute;der de la resistencia francesa Jean Moulin, sobre la   diferencia entre historia y memoria. Cordier era entrevistado sobre su libro de   memorias<a name=nu4></a><sup><a href="#num4">4</a></sup> en que se   refer&iacute;a a los aspectos de su vida al lado de Moulin. En el texto se   mostraban con exactitud los lugares donde ocurrieron los hechos y las circunstancias   que los rodearon, vitales para comprender la historia de Francia del siglo xx. </p>     <p>En la   emisi&oacute;n se encontraba la historiadora C&eacute;cile Desprairies, experta   en la ocupaci&oacute;n alemana y en el Par&iacute;s de esos a&ntilde;os. En   algunos apartes de la conversaci&oacute;n, ella hizo precisiones   acad&eacute;micas que llevaron a Cordier a aclarar que ella ten&iacute;a   Raz&oacute;n porque sus &quot;Memorias&quot; estaban matizadas por el recuerdo   de las cosas tal como las hab&iacute;a vivido, y que la obra de la historiadora<a name=nu5></a><sup><a href="#num5">5</a></sup> le hab&iacute;a ense&ntilde;ado   mucho y le hab&iacute;a cambiado la memoria que &eacute;l ten&iacute;a de ese   Par&iacute;s ocupado que vivi&oacute;.</p>     <p>Otro   ejemplo de flaqueza de la memoria se present&oacute; con el premio Nobel de   literatura, Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, quien en un hermoso   op&uacute;sculo<a name=nu6></a><sup><a href="#num6">6</a></sup> cuenta la   odisea que lo rode&oacute; cuando intent&oacute; vanamente recuperar un texto   le&iacute;do en sus a&ntilde;os de vendedor de libros en el caluroso y   polvoroso Caribe colombiano. El texto era de George Simenon y el argumento lo   ten&iacute;a muy claro. El problema fue cuando se puso en la tarea de   conseguirlo. Contact&oacute; a &Aacute;lvaro Mutis, conocedor como el que   m&aacute;s de la obra de Simenon, quien al escuchar el argumento de   Garc&iacute;a M&aacute;rquez le respondi&oacute; que no exist&iacute;a tal   cuento. El Nobel colombiano le asegur&oacute; que &eacute;l lo hab&iacute;a   le&iacute;do en una vetusta edici&oacute;n impresa en Buenos Aires. Ante el   silencio, ubic&oacute; a Julio Cort&aacute;zar, quien en el acto le dijo que el   texto se llamaba <i>L'homme dans la rue</i>, as&iacute; como que estaba   incluido en la colecci&oacute;n <i>Maigret et les petit cochons sans queue</i>.   Con esa idea, el Nobel de colombiano se dio a la tarea de buscar el texto.   Luego de diez a&ntilde;os de b&uacute;squedas infructuosas, en la primavera de   1993, Beatriz de Moura le cont&oacute; al colombiano de su proyecto   fara&oacute;nico de publicar la obra completa de Maigret en doscientos catorce   vol&uacute;menes, a lo que este le ofreci&oacute; hacerle una   presentaci&oacute;n si ella le consegu&iacute;a el texto buscado. La editora   esa misma noche le procur&oacute; el texto que el novelista ley&oacute; de pie.   Su impresi&oacute;n fue enorme. El cuento no estaba contado desde el punto de   vista del perseguido, sino del perseguidor. Una mala pasada de su memoria.</p>     <p>Estos dos   ejemplos tra&iacute;dos de dos contextos distintos y en campos como la historia   y la literatura, ponen de presente la dificultad del manejo de la memoria como   elemento de an&aacute;lisis tanto para el juez como para el historiador en todo   tipo de proceso donde la memoria sea el actor principal y no uno secundario.</p>     <p>A partir   de lo anterior, y para el desarrollo de esta contribuci&oacute;n, se   tomar&aacute; en cuenta que la memoria es la base con la cual se construyen   tanto la historia como la verdad judicial. Esta memoria debe ser contrastada   por parte del juez cuanto por parte del historiador, con todos los elementos o   sustratos que la rodeen, seg&uacute;n se demostr&oacute; con los dos ejemplos   que se trajeron a colaci&oacute;n. Debe tenerse en cuenta que la memoria juega   un papel relevante en la construcci&oacute;n de la verdad judicial en la medida   en que una vez se recopilan los dichos de quienes utilizan el testimonio como   elemento para articular el relato de los hechos, el operador judicial debe   implementar todos los mecanismos de constataci&oacute;n para poder obtener la   verdad judicial. Recordemos con Ricoeur que la memoria puede ser definida como   &quot;la materia prima de la historia, el vivero en el que se nutren los   historiadores&quot;<a name=nu7></a><sup><a href="#num7">7</a></sup>. Esta   expresi&oacute;n vale para los historiadores y para los jueces u operadores   jur&iacute;dicos que ven en la memoria, dentro de los procesos de Justicia   Transicional, una veta a explorar.</p>     <p>Para la   historia y para el derecho, la contrastaci&oacute;n se concreta con fuentes   hist&oacute;ricas, y para el juez con pruebas diversas al testimonio o a las   declaraciones, que son elemento esencial para la b&uacute;squeda de la verdad   judicial, pero no definitivo. Sobre este punto, cabe a&ntilde;adir que se ha de   perseguir la convergencia entre la verdad hist&oacute;rica y la verdad   judicial, la cual se lograr&aacute; cuando el trabajo del juez haya sido   consciente y se hayan desplegado mecanismos de constataci&oacute;n de la   memoria, sin caer en el fanatismo de su sublimaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto   al concepto de historia<a name=nu8></a><sup><a href="#num8">8</a></sup>, debe   indicarse que fue replanteado de forma plena en los albores del siglo xx por el   movimiento franc&eacute;s denominado &quot;<i>Annales</i>&quot;, que   permiti&oacute; entender la historia de forma cient&iacute;fica,   alej&aacute;ndose de la recopilaci&oacute;n de hechos sobre la cual se   hab&iacute;a estructurado la historiograf&iacute;a con el prop&oacute;sito de   hacer de ella lo que Le Goff llam&oacute; &quot;la historia monumento&quot;, es   decir, aquella sobre la cual se construy&oacute; el Estado-Naci&oacute;n.</p>     <p>El   movimiento de los <i>Annales</i> surgi&oacute; como fruto del esfuerzo de Marc   Bloch y Lucien Febvre, quienes con el anhelo de cambiar las formas eruditas,   representadas por Seignebos y Lavisse, y la historia pol&iacute;tica a   ultranza, idearon una nueva metodolog&iacute;a de hacer historia. Estos cambios   se sintetizan de la siguiente forma: en primer lugar, se sustituy&oacute; la   narraci&oacute;n escueta de los acontecimientos por una historia   anal&iacute;tica a partir de problemas<a name=nu9></a><sup><a href="#num9">9</a></sup>;   en segundo lugar, se ampli&oacute; el espectro de los campos de estudio a la   historia serial, cotidiana, larga duraci&oacute;n, y econ&oacute;mica<a name=nu10></a><sup><a href="#num10">10</a></sup>; y, por &uacute;ltimo, la   historia se interdisciplin&oacute; con otras ciencias (ling&uuml;&iacute;stica,   semiolog&iacute;a, literatura, matem&aacute;ticas, geograf&iacute;a,   sociolog&iacute;a, antropolog&iacute;a, derecho, medicina, etc.), haciendo con   esto que se verificar&aacute; lo se&ntilde;alado por White e Iggers<a name=nu11></a><sup><a href="#num11">11</a></sup> al referirse al giro   ling&uuml;&iacute;stico y antropol&oacute;gico<a name=nu12></a><sup><a href="#num12">12</a></sup>. </p>     <p>Esa nueva   forma de entender la historia no fue primigenia, sino que se realz&oacute; con   figuras del siglo xix como Leopold von Ranke, quien no solo se encarg&oacute;   de escribir sobre la historia pol&iacute;tica sino que abord&oacute; campos de   la historia social y cultural (Reforma, Contrarreforma) que tendr&iacute;an   asidero en los estudios que casi un siglo despu&eacute;s tendr&iacute;an   algunos colaboradores de la revista <i>Annales</i> de Historia Econ&oacute;mica   y Social<i>. </i>Infortunadamente, en su momento, los ep&iacute;gonos de Ranke   no lo siguieron fielmente, y excluyeron de la historiograf&iacute;a cualquier   atisbo distinto a la historia pol&iacute;tica.</p>     <p>Ciertamente   tales ep&iacute;gonos no fueron los &uacute;nicos dedicados a la   historiograf&iacute;a. Por contraste, Michelet, Burckhardt y Fustel de   Coulanges escribieron desde otra perspectiva, en la que la historia   pol&iacute;tica, aunque era parte de sus estudios, era complementada por la   historia cultural de la familia. Fustel de Coulanges, en su obra <i>La ciudad     antigua</i>, expuso el origen de Roma a partir de sus costumbres, de sus   estructuras familiares, del derecho, de las sucesiones, y con ello   explic&oacute; de mejor modo una ciudad inexplorada en esos t&oacute;picos por   la historia erudita<a name=nu13></a><sup><a href="#num13">13</a></sup>. </p>     <p>As&iacute;   mismo, la historia econ&oacute;mica permiti&oacute; un alejamiento de la   historia pol&iacute;tica, aun cuando, a mi modo de ver, ninguna estructura   econ&oacute;mica se explica sin un trasfondo pol&iacute;tico, y viceversa. Ante   este movimiento innovador, como indicaba, aparecen Bloch y Lefebvre. </p>     <p>Bloch, se   dedic&oacute; a estudiar el medio evo y public&oacute; en consecuencia libros   de ese talante, abriendo la brecha con <i>Los reyes taumaturgos</i>, trabajo en   el cual estudi&oacute; una &eacute;poca no convencional. Su m&eacute;todo era   la historia comparada. Bloch, m&aacute;s apasionado por los acontecimientos   presentes, se puntualiza en el estudio de la sociolog&iacute;a.</p>     <p>Lefebvre,   por su parte, trabaj&oacute; m&aacute;s la geograf&iacute;a, debido a la   influencia que recibiera de su profesor Paul Vidal de la Blache, y su gran obra   fue <i>Felipe ii y el franco condado</i>. En ese texto, que fue su tesis de   doctorado, se muestra la enconada lucha de dos clases rivales, la nobleza en   decadencia y endeudada y la ascendente clase burguesa de los mercaderes y   abogados que compraban las tierras de los nobles<a name=nu14></a><sup><a href="#num14">14</a></sup>. </p>     <p>Este   primer periodo del movimiento liderado por estos dos historiadores fue renovado   por Fernand Braudel, ya que Bloch muri&oacute; fusilado por los nazis como   miembro de la resistencia en la Segunda Guerra Mundial.</p>     <p>Braudel   implement&oacute;, con su magna obra <i>Mediterr&aacute;neo y el mundo del     Mediterr&aacute;neo en la &eacute;poca de Felipe ii</i>, una forma de historia   de larga duraci&oacute;n en la cual la atemporalidad y la relaci&oacute;n del   hombre con su entorno se convierten en un elemento vital para el entendimiento   de las estructuras de la historia. En el mismo sentido, la historia   cuantitativa con Ernest Labrousse se convierte en otra complementaci&oacute;n a   este nuevo esquema de la historia. Este autor, con otros colaboradores de la   revista que sirvi&oacute; de expansi&oacute;n de esta historiograf&iacute;a,   utiliza la cliometr&iacute;a, es decir, aquella disciplina que se sirve de las   matem&aacute;ticas, la estad&iacute;stica y la geometr&iacute;a para explicar   todos y cada uno de los fen&oacute;menos hist&oacute;ricos. </p>     <p>Labrousse   se dedic&oacute; a las investigaciones que ten&iacute;an relaciones con   losprecios. De esa forma escribi&oacute; <i>Esbozo de precios e ingresos en la     Francia del siglo xviii</i>. Pierre Chaunu tambi&eacute;n se introdujo en ese   campo al escribir la tesishist&oacute;rica m&aacute;s larga que se haya   escrito, <i>Sevilla y el Atl&aacute;ntico </i>(1955-1960)<a name=nu15></a><sup><a href="#num15">15</a></sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Utilizando   la tipolog&iacute;a<a name=nu16></a><sup><a href="#num16">16</a></sup> del   historiador ingl&eacute;s Peter Burke, cabe decir que el movimiento de los <i>Annales</i> presenta una tercera generaci&oacute;n liderada por Jacques Le Goff, Phillipe   Ari&egrave;s, George Duby, Michel de Certeau, Roger Chartier y Emmanuel Le Roy,   entre otros. Estos autores se vincularon a formas cotidianas de hacer historia.   Los problemas propuestos eran la enfermedad, la muerte, la ni&ntilde;ez, la   familia, el sexo, el matrimonio, el control de natalidad, el aborto, la   naturaleza del poder y el liderazgo carism&aacute;tico y autoritario. </p>     <p>Para el   ingl&eacute;s, estas nuevas visiones se acercaron m&aacute;s al com&uacute;n de   la gente y fueron m&aacute;s relevantes que las vidas de los reyes, presidentes   y generalesmuertos<a name=nu17></a><sup><a href="#num17">17</a></sup>. En el   &aacute;mbito de estos t&oacute;picos se circunscribe el estudio de la larga   duraci&oacute;n y las mentalidades que alej&oacute; la cliometr&iacute;a del   inter&eacute;s de la gente y que, por el contrario, percibe la historia como   una construcci&oacute;n discursiva y no como una elaboraci&oacute;n   estad&iacute;stica o matem&aacute;tica. </p>     <p>Para   entender esta nueva forma hist&oacute;rica, vale la pena traer a   colaci&oacute;n los cuatro tipos de historiadores que existen seg&uacute;n   Stone: </p> <ol style='margin-top:0cm' start=1 type=1>   <li class=MsoNormal>Los     viejos historiadores narrativos, es decir, los bi&oacute;grafos e     historiadores pol&iacute;ticos.</li>   <li class=MsoNormal>Los     cliometristas que contin&uacute;an actuando como drogados por las     estad&iacute;sticas.</li>   <li class=MsoNormal>Los     historiadores sociales correosos, que hacen an&aacute;lisis de estructuras     impersonales.</li>   <li class=MsoNormal>Los     historiadores de las mentalidades que persiguen ideales, valores,     ambientes espirituales<a name=nu18></a><sup><a href="#num18">18</a></sup>.     Como se observa, las mentalidades han sido el &uacute;ltimo eslab&oacute;n     de la Carrera para hacer una historia distinta.</li>     </ol>     <p>Uno de los   adalides de esta tercera etapa del movimiento de la &quot;<i>Nueva Historia</i>&quot;   fue Emmanuel Le Roy Ladurie, quien trat&oacute; de ubicar la historia con un   aura de cientificidad que dif&iacute;cilmente posee. En su libro <i>Historia     del clima del a&ntilde;o mil</i><a name=nu19></a><sup><a href="#num19">19</a></sup>,   el autor se plantea la relaci&oacute;n de la historia con el medioambiente. La   informaci&oacute;n que muestra el autor la sonsaca de los estudiosos de estos   temas, de tal forma que clasifica y compara la informaci&oacute;n, tras un   proceso de b&uacute;squeda del dato que se encuentra en las huellas de las   cr&oacute;nicas antiguas. Esta forma de hacer historia es bastante cuestionable   por cuanto los datos que se encuentran reflejan un t&oacute;pico   espec&iacute;fico que por imprecisiones t&eacute;cnicas no pueden ser   constatados de forma apropiada.</p>     <p>Las   conclusiones a las cuales se puede llegar en esta clase de textos son absolutamente   relativas, por cuanto la informaci&oacute;n que el historiador recaba sobre   cualquier &eacute;poca debe estar sujeta al an&aacute;lisis de las condiciones   socioecon&oacute;micas en las que se produjo el problema hist&oacute;rico que   pretende ser resuelto.</p>     <p>Este   ejemplo es &uacute;til frente al fuerte argumento dado por Stone cuando aborda   los significados de la historia cient&iacute;fica, especialmente la tercera   acepci&oacute;n. Se&ntilde;ala: &quot;Estos son historiadores que construyen   modelos paradigm&aacute;ticos, en ocasiones modelos contra factuales de mundo   que nunca existieron en la vida real, historiadores que ponen a prueba la   validez de los modelos mediante las m&aacute;s sofisticadas f&oacute;rmulas   matem&aacute;ticas y algebraicas, aplicadas a cantidades enormes de datos   procesados electr&oacute;nicamente&quot;<a name=nu20></a><sup><a href="#num20">20</a></sup>. </p>     <p>Con   fundamento en el desarrollo que ha tenido la historia como ciencia social, se   acoger&aacute; la definici&oacute;n dada por el fil&oacute;sofo franc&eacute;s   Paul Ricoeur quela design&oacute; como aquel: &quot;singular colectivo de la   serie de acontecimientos y el conjunto de los discursos sostenidos a   prop&oacute;sito de este singular colectivo&quot;<a name=nu21></a><sup><a href="#num21">21</a></sup>. </p>     <p>Teniendo   presente el sentido de historia y memoria, es procedente indicar que el derecho   a la verdad ser&aacute; entendido como aquel que </p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>... se     enmarca dentro del concepto de reparaci&oacute;n y no se entiende como     aut&oacute;nomo, toda vez que depende de otros derechos. En ese orden de ideas,     consiste en quelas v&iacute;ctimas directas o indirectas conozcan lo que     ocurri&oacute; en cuanto a la violaci&oacute;n de los derechos humanos. Este     derecho tiene dos dimensiones, una individual<a name=nu22></a><sup><a href="#num22">22</a></sup> y otra colectiva<a name=nu23></a><sup><a href="#num23">23</a></sup>. La primera busca reparar a la v&iacute;ctima y a     sus familiares, mientras que la segunda involucra la sociedad en general. </p> </blockquote>     <p>En el   &aacute;mbito del derecho internacional de los derechos humanos desde su   perspectiva universal se abord&oacute; este derecho a trav&eacute;s del informe   Joinet<a name=nu24></a><sup><a href="#num24">24</a></sup> y el informe Bassioni<a name=nu25></a><sup><a href="#num25">25</a></sup>. En el primero, este derecho se   describe en los primeros tres principios en los cuales se establece el derecho   inalienable del pueblo y de las v&iacute;ctimas de saber la verdad sobre hechos   que entra&ntilde;aron violaci&oacute;n a los derechos humanos. En el segundo,   se describe que las v&iacute;ctimas directas e indirectas deben beneficiarse   del derecho a la verdad. </p>     <p>La   aplicaci&oacute;n de este derecho se ha realizado en el sistema interamericano   y no en el europeo. La explicaci&oacute;n: el tipo de problemas   jur&iacute;dicos planteados difieren encada uno de los continentes. Es as&iacute;   como en Am&eacute;rica, la jurisprudencia de la Corte IDH ha enfatizado la   aplicaci&oacute;n de este derecho en los casos de desaparici&oacute;n forzada   de personas o de masacres contra la poblaci&oacute;n civil en los cuales las   v&iacute;ctimas exigen la verdad de la desaparici&oacute;n de sus familiares y   la ubicaci&oacute;n de los restos para darles un &uacute;ltimo adi&oacute;s.   Esto se verific&oacute; en casos como <i>Castillo P&aacute;ez contra     Per&uacute;</i>, <i>Bamaca Vel&aacute;squez contra Guatemala</i>, <i>19       comerciantes contra Colombia</i>,<i> El Mozote contra El Salvador</i>,<i> Santo         Domingo contra Colombia </i>entre otros<a name=nu26></a><sup><a href="#num26">26</a></sup> en los cuales se les exigi&oacute; a los Estados a t&iacute;tulo reparatorio   que se informara la verdad de lo ocurrido y se localizaran los restos de las   v&iacute;ctimas para efecto de aliviar la conciencia de sus familiares. </p>     <blockquote>       <p>La Corte     IDH indic&oacute; que las v&iacute;ctimas y sus familiares tienen el derecho de     conocerla verdad de lo ocurrido<a name=nu27></a><sup><a href="#num27">27</a></sup> por cuanto constituye un medio importante de reparaci&oacute;n para la     v&iacute;ctima y sus familiares y da lugar a una expectativa que el Estado debe     satisfacer<a name=nu28></a><sup><a href="#num28">28</a></sup>. </p> </blockquote>     <p>En el caso <i>El Mozote contra El Salvador</i>, la Corte IDH<a name=nu29></a><sup><a href="#num29">29</a></sup> estableci&oacute; que las masacres acaecidas hace 31   a&ntilde;os que no han sido investigadas plantean una violaci&oacute;n a los   derechos humanos de las v&iacute;ctimas. Para el tribunal, la impunidad ha sido   amparada por la Ley de Amnist&iacute;a General celebrada en ese pa&iacute;s. La   falta de diligencia, la ausencia de investigaci&oacute;n y la inactividad   procesal le permitieron al tribunal interamericano determinar la   responsabilidad del Estado salvadore&ntilde;o por la inexistencia de un recurso   efectivo para garantizar el derecho de acceso a la justicia, el derecho a   conocer la verdad y el derecho a la reparaci&oacute;n integral de las   consecuencias de las violaciones.</p>     <p>Ulteriormente,   en el caso <i>Santo Domingo contra Colombia</i>, la Corte estableci&oacute; que   a pesar de la existencia de normas de car&aacute;cter interno que tienden a   restablecer la dignidad de la v&iacute;ctima, correspond&iacute;a ordenar al   Estado realizar un acto p&uacute;blico de reconocimiento de responsabilidad   internacional en el cual se hiciera referencia a los hechos del caso y a la   responsabilidad. Este acto confirma la relaci&oacute;n estrecha entre justicia,   reparaci&oacute;n y derecho a la verdad, y la postura internacional frente a procesos   internos de reconciliaci&oacute;n.</p>     <p>Por   &uacute;ltimo, la Justicia Transicional debe ser entendida como la trat&oacute;   el fil&oacute;sofo y cientista social Jon Elster, para quien &quot;&eacute;sta   se compone de los procesos de juicios, purgas y reparaciones que tienen lugar   luego de la transici&oacute;n de un r&eacute;gimen pol&iacute;tico a otro&quot;<a name=nu30></a><sup><a href="#num30">30</a></sup>. Sobre este punto, Orozco Abad   explica quelas transiciones pueden ser de un r&eacute;gimen autoritario a uno   democr&aacute;tico o de una situaci&oacute;n de guerra a una de paz<a name=nu31></a><sup><a href="#num31">31</a></sup>. </p>     <p>Garay, a   su turno, plantea que la Justicia Transicional </p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>... tiene     entre sus pilares la b&uacute;squeda de un equilibrio de intereses de los     agentes que participan en el proceso de transici&oacute;n hacia la democracia o     hacia el fin del conflicto armado (los cuales generalmente se traducen en     beneficios penales), y el derecho de las v&iacute;ctimas a una     reparaci&oacute;n apropiada y proporcional. De esta manera, el marco de la     Justicia Transicional es la flexibilizaci&oacute;n de algunas de las     dimensiones operacionales de la justicia para contribuir a la transici&oacute;n     y, en todo caso, debe partir de un reconocimiento lo m&aacute;s amplio posible     del universo de las v&iacute;ctimas, de los da&ntilde;os infligidos a las     mismas y del compromiso en avanzar hacia una reparaci&oacute;n integral en equidad<a name=nu32></a><sup><a href="#num32">32</a></sup>. </p> </blockquote>     <p>Por   &uacute;ltimo, Bickford la define como el momento de ruptura con el pasado,   ofreciendo un nuevo momento social<a name=nu33></a><sup><a href="#num33">33</a></sup>. </p>     <p>Con   fundamento en estos abordajes te&oacute;ricos se proceder&aacute; a desarrollar   el plan explicado en la parte introductoria de esta contribuci&oacute;n   acad&eacute;mica, no sin antes advertir que los conceptos desarrollados tienen   una imbricaci&oacute;n tal que no pueden ser entendidos o explicados de forma   aislada, poniendo de presente que el esfuerzo de esta contribuci&oacute;n   acad&eacute;mica se encamina a observarlos y analizarlos de forma   transdisciplinar. </p>     <p><b>I. La memoria, la   historia y el derecho a la verdad: Entre el derecho interno y el derecho   internacional</b></p>     <p><i>A. Una   visi&oacute;n desde la pol&iacute;tica nacional: entre la pol&iacute;tica y el   derecho </i></p>     <p>La memoria   ha quedado en medio de un fuerte debate pol&iacute;tico en el marco de la   Justicia Transicional. Este debate se ha fundamentado en dos visiones: la   jur&iacute;dica y la pol&iacute;tica. La primera, que se podr&iacute;a   considerar inocente, consiste en la idea de poner punto final al conflicto   armado a trav&eacute;s de unas posturas maximalistas dentro del derecho que   consistir&iacute;an b&aacute;sicamente en buscar el m&aacute;s alto castigo   para los responsables de graves violaciones a los derechos humanos e   infracciones del derecho internacional humanitario; por su parte, las posturas   minimalistas buscan que un acuerdo de paz, en el caso colombiano, permita el   tr&aacute;nsito de la guerra a la paz, que este se produzca en t&eacute;rminos   exclusivamente pol&iacute;ticos. Para ellos, los acuerdos de punto final o   amnist&iacute;as generales son el lugar ideal para retornar a la convivencia,   partiendo de cero.</p>     <p>El debate   se puede explicar tambi&eacute;n en t&eacute;rminos de lo que Orozco Abad   denomina como positivismo o idealismo. Para el autor, existe un &quot;ascenso   del idealismo y un de Clive del realismo, lo cual ha implicado un cambio fuerte   en las correlaciones de fuerzas entre pol&iacute;tica y derecho a favor de este   &uacute;ltimo, y con ello, un fortalecimiento progresivo de un derecho dominado   m&aacute;s por principios normativos que por acontecimientos f&aacute;cticos&quot;<a name=nu34></a><sup><a href="#num34">34</a></sup>. </p>     <p>Este   triunfo del idealismo frente al realismo ha puesto en la palestra una postura   seg&uacute;n la cual existen dogmas en el proceso de reconciliaci&oacute;n   tales como &quot;la memoria&quot; y &quot;las v&iacute;ctimas&quot;, que, como   se ver&aacute; m&aacute;s adelante, pueden tener una doble calidad por virtud   de la misma naturaleza del conflicto. En cuanto a la &quot;memoria&quot;, esta   se concibe desde una postura idealista como intangible, dejando de lado la   l&oacute;gica de su an&aacute;lisis en la medida en que solamente   deber&iacute;a ser un elemento m&aacute;s para la toma de decisiones por parte   de los jueces y una fuente de estudio para los historiadores. Para los   primeros, no es posible acercarse al derecho a la verdad sino en la medida en   que todos los medios de prueba sean constatados y contrastados, mientras que   para los segundos, deben trabajarse otras fuentes para ubicarse en el lugar de   producci&oacute;n y as&iacute; construir un relato con cierto sentido de   cientificidad. </p>     <p>Frente al   caso colombiano, no solo ha existido una primac&iacute;a del idealismo frente   al realismo, alej&aacute;ndonos de la posible transici&oacute;n, sino que se ha   presentado una desafortunada orientaci&oacute;n legal que ha llevado a la   pulverizaci&oacute;n de la realizaci&oacute;n de la Justicia Transicional sobre   la base de una judicializaci&oacute;n extrema y precaria -solo 14 sentencias en   el proceso de Justicia y Paz y 180en materia de restituci&oacute;n de tierras   derivada de la Ley 1448 de 2011-, frente a un n&uacute;mero excesivo de   declaraciones que no permiten tener una adecuada aplicaci&oacute;n de esta   transici&oacute;n y, por ende, impiden la verdad judicial. Ante esto, la opini&oacute;n   p&uacute;blica siente que hay injusticia e impunidad por la ausencia de   condenas, lo que conduce a que el aparato judicial, sin detenerse mucho en su   funci&oacute;n, proceda en muchos casos a considerar los relatos de las   v&iacute;ctimas como pruebas &uacute;nicas e intangibles dentro de los   expedientes, o bien a crear unidades de an&aacute;lisis de contexto, cuando   esas deben ser funciones de los acad&eacute;micos interesados en el tema. </p>     <p>En igual   sentido, la judicializaci&oacute;n y la maximizaci&oacute;n de los ideales de   justicia condujeron a la deslegitimaci&oacute;n de la pol&iacute;tica,   deslegitimaci&oacute;n que no solo se explica por esa delegaci&oacute;n que la   sociedad le hizo a la rama judicial, sino por el nivel de complicidad entre los   grupos armados y un grupo importante de pol&iacute;ticos. Sobre este enlace   entre algunos pol&iacute;ticos y los grupos armados debe recordarse lo indicado   por el historiador Marco Palacios<a name=nu35></a><sup><a href="#num35">35</a></sup> quien plantea la existencia de tres pa&iacute;ses en Colombia: el pa&iacute;s   urbano, y dos poderes f&aacute;cticos. El primero es aquel en el cual &quot;la   autoridad es respetada, all&iacute; en m&aacute;s clara la legitimidad   pol&iacute;tica, son m&aacute;s claras las reglas de la democracia   representativa, cada vez son m&aacute;s transparentes los negocios del Estado,   etc.&quot;.En este pa&iacute;s se clasifican las grandes ciudades colombianas.   Por el lado de los poderes f&aacute;cticos se destacan el paramilitarismo y los   grupos de desmovilizados, muchos de ellos reconvertidos en delincuentes comunes   que regresaron al control de las zonas del norte del pa&iacute;s,   especialmente. El segundo poder f&aacute;ctico es la guerrilla, que se   concentra de manera predominante en el sur del pa&iacute;s y en algunos lugares   del occidente, a pesar de su debilitamiento merceda los golpes militares del   Gobierno del presidente Uribe. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los dos   poderes f&aacute;cticos se fundan en los intereses de los cultivos   il&iacute;citos, de la delincuencia, de las altas tasas de violencia, del   contrabando, del secuestro, de la libre e ilimitada negociaci&oacute;n y de la   burla a la ley. En esos territorios la polic&iacute;a, el poder judicial y el   sistema electoral son fachadas.</p>     <p>El   v&iacute;nculo del poder central y los poderes f&aacute;cticos, seg&uacute;n   Palacios, se realiza de forma arm&oacute;nica, es decir que en el centro se   encuentran los <i>intermediarios </i>&quot;que posibilitan las redes locales,   as&iacute; como los mercados y el Estado brinda cobertura legal y referencia   cultural&quot;. A&ntilde;adir&iacute;a, por mi parte, que el funcionamiento de   ese mundo de la facticidad se estructura sobre la base econ&oacute;mica central   a trav&eacute;s de las regal&iacute;as y participaciones para esas &quot;redes   locales&quot;, que incluyen autores diversos -guerrilleros, paramilitares,   senadores, representantes a la C&aacute;mara, gobernadores o alcaldes, entre   otros-, quienes realizan los v&iacute;nculos que plantea Palacios con el poder   central<a name=nu36></a><sup><a href="#num36">36</a></sup>. </p>     <p>As&iacute;   pues, el maridaje entre pol&iacute;tica y derecho en el marco de la Justicia   Transicional qued&oacute; roto por la participaci&oacute;n del legislativo en   el marco del conflicto, dejando a una &quot;incontaminada justicia&quot;   resolviendo a trav&eacute;s de sentencias y fallos uno de los conflictos   m&aacute;s largos y sangrientos del continente americano. </p>     <p><i>B. Una   visi&oacute;n desde el derecho internacional de los derechos humanos: entre la   &eacute;tica universalista y una perspectiva contextualista </i></p>     <p>Frente al   derecho internacional de los derechos humanos (DIDH), la discusi&oacute;n puede   plantearse de la misma forma que la precedente. El DIDH ha establecido una   suerte de est&aacute;ndares a trav&eacute;s de su jurisprudencia que han hecho   posible la existencia de un di&aacute;logo de jueces. En el caso de los   derechos humanos, la discusi&oacute;n no tiene mayor problema. La gran mayor&iacute;a   de los pa&iacute;ses latinoamericanos han incorporado en su ordenamiento la   noci&oacute;n de &quot;bloque de constitucionalidad&quot;, lo que ha permitido   que la jurisprudencia emanada de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y   de otros tribunales sea incorporada por los tribunales constitucionales<a name=nu37></a><sup><a href="#num37">37</a></sup> y, con ello, que se   interpreten y apliquen los derechos fundamentales conforme a esos   est&aacute;ndares. </p>     <p>La   anterior visi&oacute;n no ha sido atacada por su valor axiol&oacute;gico y por   la necesaria construcci&oacute;n de un aparato normativo. Empero, en donde la   discusi&oacute;nes &aacute;lgida<a name=nu38></a><sup><a href="#num38">38</a></sup> es en la aplicaci&oacute;n de est&aacute;ndares maximalistas internacionales   para solucionar problemas contextuales de guerra. En esos casos, se invoca la   necesidad de entender el lugar de producci&oacute;n y evitar generalizaciones o   listas de requerimientos para la realizaci&oacute;n de procesos de   transici&oacute;n. Contrario a esto, se ha venido imponiendo un criterio   internacional -idealista-, que impide cualquier forma de transacci&oacute;n   sobre un acuerdo de las partes para dejar atr&aacute;s el conflicto. Esa falta   de margen de apreciaci&oacute;n -entendiendo que existen ciertos elementos   imprescindibles, <i>como el respeto de las v&iacute;ctimas</i>- condena a las   sociedades a la continuaci&oacute;n del conflicto, evitando las transiciones y   maximizando las autoridades judiciales que est&aacute;n atadas al idealismo de   los derechos humanos. </p>     <p>Orozco   Abad comenta sobre estas ideas que &quot;la Justicia Transicional   tambi&eacute;n es tr&aacute;gica porque &#91;...&#93; es el lugar donde se despliegan   las m&aacute;s fuertes tensiones entre el idealismo y el realismo, el   universalismo y el contextualismo, el principio de mayor&iacute;a y los   derechos humanos, la racionalidad administrativa y la racionalidad judicial, la   racionalidad pol&iacute;tico-militar y la policivo-punitiva, las l&oacute;gicas   de la justicia y las l&oacute;gicas de la reconciliaci&oacute;n, y porque   dichas tensiones dan lugar a f&oacute;rmulas transaccionales que son percibidas   como f&oacute;rmulas de <i>second best </i>y hasta de 'mal menor'&quot;<a name=nu39></a><sup><a href="#num39">39</a></sup>. </p>     <p>Ejemplos   de esta tensi&oacute;n se dan en m&uacute;ltiples formas. Recordemos<a name=nu40></a><sup><a href="#num40">40</a></sup>: </p>     <blockquote>       <p>...     autores como el juez de la Corte Internacional de Justicia y Antiguo Juez de la     Corte Interamericana de derechos humanos, Antonio Can&ccedil;ado Trindade y el     experto Cherif Bassiouni &quot;consideran que con las amnist&iacute;as e indultos     se ha implementado la impunidad; &eacute;sta se ha convertido en el precio     pol&iacute;tico que ha de pagarse para hacer cesar la violencia en los     conflictos en curso, o para garantizar un cambio de r&eacute;gimen, en cuyo     caso las v&iacute;ctimas se convierten en objeto de compensaciones y la     justicia en instrumento de la <i>Realpolitik</i>&quot;. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta forma     de contrasentido institucional, adopci&oacute;n de indultos y amnist&iacute;as,     se contraponen con la aceptaci&oacute;n de nuevos desarrollos institucionales     como la llamada&quot; Justicia Transicional&quot; que permite la     implementaci&oacute;n de una forma transitoria de justicia que cumpla con los     est&aacute;ndares de derechos humanos<a name=nu41></a><sup><a href="#num41">41</a></sup>.     Esta justicia internacional permite el enjuiciamiento de los responsables de la     violaci&oacute;n de derechos humanos, sin caer en lo que una parte de la     doctrina idealista considera sobre de las comisiones de verdad<a name=nu42></a><sup><a href="#num42">42</a></sup>. Esta nueva manera de comprender la justicia se     formaliz&oacute; a trav&eacute;s de la adopci&oacute;n de los principios de     Chicago de Justicia Transicional en los cuales se explica que este tipo de     justicia debe responder a criterios de flexibilidad conforme a las reglas     locales, respetando la discrecionalidad procesal del Estado<a name=nu43></a><sup><a href="#num43">43</a></sup>. </p>       <p>La Corte     IDH tuvo la oportunidad de establecer los elementos que debe contener una     pol&iacute;tica p&uacute;blica en materia de Justicia Transicional, utilizando     el caso de la Masacre de La Rochela contra Colombia. En este caso, el tribunal     interamericano consider&oacute; que el Estado debe cumplir con su deber de     investigar, juzgar, sancionar y reparar las graves violaciones a los derechos     humanos. Para lograrlo, el tribunal sugiri&oacute; las siguientes acciones, a     saber: observarse el debido proceso, garantizarse el plazo Razonable, el     principio de contradicci&oacute;n, el principio de publicidad, el principio de     proporcionalidad de la pena, el principio de la cosa juzgada, el principio de     reparaci&oacute;n integral y el principio de recurso efectivo. De forma     espec&iacute;fica, la Corte IDH considera que deben protegerse testigos, v&iacute;ctimas,     familiares y operadores de justicia, establecerse la existencia de estructuras     criminales complejas y sus conexiones con la violaci&oacute;n, garantizar la     participaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas durante todas las etapas del     proceso e imponer sanciones proporcionales al tipo de bien jur&iacute;dico     afectado por el autor del delito<a name=nu44></a><sup><a href="#num44">44</a></sup>. </p> </blockquote>     <p>Curioso,   por decir lo menos, que con la existencia de estos principios no se hubiera   procedido a avanzar en un proceso de transici&oacute;n que no excluyese el   componente pol&iacute;tico y el contexto en el que se desarrolla el conflicto.   Dif&iacute;cilmente, el Estado colombiano tendr&aacute; margen nacional de   apreciaci&oacute;n para efecto de resolver sus conflictos cuando se toma en   cuenta el idealismo y universalizaci&oacute;n de los derechos humanos emanados   de los jueces internacionales en el caso de los conflictos armados de   car&aacute;cter interno. De hecho, debe recordarse lo indicado por la Corte IDH   en la reciente sentencia reca&iacute;da en el caso <i>El Mozote contra El     Salvador</i><a name=nu45></a><sup><a href="#num45">45</a></sup> -pa&iacute;s   que firm&oacute; una amnist&iacute;a para superar su conflicto-, en la cual   dictamin&oacute; que ese Estado era responsable por violaci&oacute;n de los   derechos humanos por no haber investigado y sancionado a los responsables de   las masacres objeto del caso, rechazando la amnist&iacute;a como un mecanismo   de impunidad en el caso concreto.</p>     <p>Por lo   expuesto, la &eacute;tica universalista se impondr&aacute; sin parar mientes en   los diversos soberanismos que puedan existir en el marco de los conflictos   armados. La Justicia Transicional debe procurar hacer la transici&oacute;n tomando   en cuenta el derecho a la verdad, como una forma de resolver un problema no   solo de &iacute;ndole judicial, sino atendiendo a sus componentes de   car&aacute;cter interno. </p>     <p><b>II. La   memoria y la verdad a la luz de la historia Dentro de la justicia transicional</b></p>     <p><i>A. El oficio   del juez y del historiador </i></p>     <p>Con los   argumentos expuestos, es del caso introducirnos en el oficio del juez y del   historiador. Ante de ello debemos hacer hincapi&eacute; en los m&eacute;todos   para hacer la historia<a name=nu46></a><sup><a href="#num46">46</a></sup>.   Peter Burke, en su libro <i>Historia y Teor&iacute;a Social</i>,   se&ntilde;al&oacute; de forma enunciativa cuatro formas de hacer la historia:   el m&eacute;todo comparativo, el modelo cuantitativo, los modelos y los tipos,   y la microhistoria<a name=nu47></a><sup><a href="#num47">47</a></sup>. </p>     <p>El   historiador franc&eacute;s Michel de Certeau<a name=nu48></a><sup><a href="#num48">48</a></sup> formul&oacute;, para desarrollar estos   m&eacute;todos, un proceso para hacer historia que implicaba comprometerse con   una operaci&oacute;n historiogr&aacute;fica. Esta visi&oacute;n part&iacute;a   de la base del cuestionamiento de las fuentes, es decir, de que se sometiera un   interrogatorio permanente a estas para responder la pregunta que se formulaba   sobre ellas. En este punto, el fundador de los <i>Annales</i>, Marc Bloch<a name=nu49></a><sup><a href="#num49">49</a></sup>, consider&oacute; que el   conocimiento de todos los hechos humanos en el pasado debe darse por medio de   huellas. Estas huellas no son otra cosa que documentos y testimonios que, <i>per     se</i>, no sirven de mucho si no se les sabe interrogar para buscar el problema   que se plantea. Por ello, es necesario saber escudri&ntilde;ar para elaborar, a   la manera de un fiscal o un juez, la psicolog&iacute;a del testimonio y   as&iacute; captar la mentira y el error de las fuentes. En esencia, Bloch   propone un m&eacute;todo cr&iacute;tico porque el historiador no estudia el   presente con la esperanza de descubrir en &eacute;l una reproducci&oacute;n   exacta del pasado. Simplemente busca en el presente los medios para entender y   sentir mejor el pasado<a name=nu50></a><sup><a href="#num50">50</a></sup>. </p>     <p>Por otro   lado, Carr de forma escueta indic&oacute;: &quot;La historia consiste en un   cuerpo de hechos verificados. Los hechos los encuentra el historiador en los   documentos, en las inscripciones, etc&eacute;tera, lo mismo que los pescados   sobre el mostrador de una pescader&iacute;a. El historiador los re&uacute;ne,   los lleva a casa donde los guisa y los sirve como a &eacute;l m&aacute;s le   apetece&quot;<a name=nu51></a><sup><a href="#num51">51</a></sup>. </p>     <p>En   s&iacute;ntesis, los m&eacute;todos para hacer la historia no son taxativos y   estrictos. Son abiertos y dependen de la textura de la investigaci&oacute;n.   Creo que los est&aacute;ndares de Burke son adecuados siempre y cuando se   moldeen a la investigaci&oacute;n que se plantea. De nada sirve usar un   m&eacute;todo cuando con &eacute;l no puedo responder la pregunta que se   formula al inicio de la investigaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto   al oficio del juez, debe tenerse en cuenta que para que pueda llegar a una   decisi&oacute;n o sentencia es menester que analice todos los &quot;datos&quot;   relevantes para construir una soluci&oacute;n al problema que se plantea. Estos   datos, como, por ejemplo, los hechos, la manera de estructurar la   institucionalidad a trav&eacute;s de derecho, el estudio de las mentalidades,   etc., pueden ser trabajados tanto por los juristas que conozcan las formas   metodol&oacute;gicas de la historia, como por los historiadores que verifiquen   en esos elementos categor&iacute;as para hacer una historia de las mentalidades   en el derecho, o bien una historia del derecho general, que tanta falta hace   respecto de los m&uacute;ltiples t&oacute;picos que pueden surgir de una   propuesta historiogr&aacute;fica del derecho, la justicia, los mecanismos de   participaci&oacute;n ciudadana, la mentalidad legislativa y tanto otros   aspectos que no solo pueden ser desarrollados desde la teor&iacute;a, sino   desde sus pr&aacute;cticas.</p>     <p>El oficio   del juez y del historiador se diferencian en el ejercicio de la Justicia   Transicional cuando, al decir de Orozco, &quot;se observa &#91;...&#93; que mientras   los jueces -ordinarios- investigan contextos limitados, los historiadores   investigan grandes contextos, de manera que ampl&iacute;an el n&uacute;mero de   los protagonistas y los niveles de an&aacute;lisis. Mientras el juez se ocupa   de hechos en su singularidad, el historiador est&aacute; abierto a las comparaciones.   De importancia capital en lo que ata&ntilde;e a las diferencias es sobre todo   el hecho de que mientras que las sentencias -y esto vale para todas- son   definitivas (debido a la cosa juzgada), los juicios hist&oacute;ricos son   provisionales&quot;<a name=nu52></a><sup><a href="#num52">52</a></sup>. </p>     <p>Para   Ricoeur, la investigaci&oacute;n historiogr&aacute;fica es de dos clases: </p>     <blockquote>       <p>... las     primeras conciernen a la fase deliberativa del juicio; los segundos, a su fase     conclusiva. En la deliberativa, el proceso consiste esencialmente en una     ceremonia de lenguaje que pone en juego una pluralidad de protagonistas;     descansa en una ofensiva de argumentos en los que las partes opuestas acceden a     la palabra de igual modo; esta controversia organizada quiere ser, por su     correcci&oacute;n, un modelo de discusi&oacute;n en que las pasiones que alimentaron     el conflicto son trasladadas al ruedo del lenguaje. Esta cadena de discursos     cruzados articula, uno sobre otro, momentos de argumentaci&oacute;n, con sus     silogismos pr&aacute;cticos y momentos de interpretaci&oacute;n que descansan     simult&aacute;neamente en la coherencia narrativa de los hechos incriminados y     en la conveniencia de la regla de derecho llamada a calificar penalmente los     hechos. </p> </blockquote>     <p>Ricoeur   nos recuerda: &quot;la sentencia se&ntilde;ala, por su car&aacute;cter   definitivo, la diferencia m&aacute;s evidente entre el enfoque jur&iacute;dico   y el enfoque historiogr&aacute;fico de los mismos hechos: la cosa juzgada puede   ser discutida por la opini&oacute;n p&uacute;blica pero no juzgada de   nuevo&quot;<a name=nu53></a><sup><a href="#num53">53</a></sup>. </p>     <p>El   fil&oacute;sofo franc&eacute;s contin&uacute;a diciendo: &quot;El historiador   no puede admitir esta limitaci&oacute;n de la mirada &#91;...&#93; situar&aacute; de   nuevo las decisiones puntuales de los dirigentes y sus intervenciones en el   marco de encadenamientos m&aacute;s amplios, m&aacute;s complejos. All&iacute;   donde el proceso criminal s&oacute;lo quiere conocer protagonistas   individuales, la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica relaciona continuamente   los personajes con las multitudes, con movimientos y con fuerzas   an&oacute;nimas&quot;<a name=nu54></a><sup><a href="#num54">54</a></sup>. </p>     <p>Con   fundamento en lo anterior, se percibe una clara distinci&oacute;n en el rol del   historiador y el juez, teniendo presente que utilizan la misma   documentaci&oacute;n -fuentes para el historiador, pruebas para el juez-, para   conducir la b&uacute;squeda de una respuesta hist&oacute;rica o de una verdad   judicial. Debe tenerse presente que en su respectiva funci&oacute;n,   podr&iacute;a permit&iacute;rsele al historiador hacer microhistoria al tratar   de desentra&ntilde;ar un caso concreto, mientras que al juez no le es dable   hacer an&aacute;lisis de contexto, evento que ha operado en la justicia   internacional -tribunales <i>ad hoc</i>- por el nivel irrisorio de   sanci&oacute;n y por la necesidad de comprensi&oacute;n del conflicto. En el   caso del derecho interno, lo anterior no es posible. Esa es una de las   funciones que le corresponder&iacute;an al legislativo y el ejecutivo, pero no   a la rama judicial, que carece de elementos para la formulaci&oacute;n de   pol&iacute;ticas p&uacute;blicas a trav&eacute;s de fallos judiciales.</p>     <p>Debe   se&ntilde;alarse que le cabe toda la Raz&oacute;n a Orozco Abad cuando indica   que &quot;las transiciones negociadas a la paz tienden a ser menos punitivas   quelas transacciones negociadas a la democracia, por lo menos en cuanto tienen   como puntos de partida procesos de barbarie sim&eacute;trica&quot;<a name=nu55></a><sup><a href="#num55">55</a></sup>. </p>     <p><i>B. El   exceso de memoria y las zonas grises </i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Discutir   sobre la memoria o sobre las v&iacute;ctimas puede ser pol&iacute;ticamente   incorrecto durante un proceso de transici&oacute;n. Es m&aacute;s simple ser idealista   y pensar en t&eacute;rminos de sanci&oacute;n extrema a los victimarios y de   reparaci&oacute;n integral a las v&iacute;ctimas. Sobre este punto mantengo mis   reservas. </p>     <p>Ricoeur ha   abordado el problema del exceso de memoria, poniendo de presente la dificultad   que existe en deslindarla del an&aacute;lisis y de la contrastaci&oacute;n.   Para el citado autor, &quot;&#91;p&#93;rivilegiar en exceso la memoria es sumergirse   en el oleaje indomable del tiempo. El estatuto de la memoria en una historia es   inseparable de la reflexi&oacute;n sobre el binomio pasado/presente, que es   propio de una secci&oacute;n distinta, ya que la oposici&oacute;n   se&ntilde;alada por este binomio no es neutral, sino que expresa un sistema de   valoraci&oacute;n, como en los binomios antiguo/moderno,   progreso/reacci&oacute;n&quot;<a name=nu56></a><sup><a href="#num56">56</a></sup>. </p>     <p>La postura   anterior debe unirse con la idea desarrollada por Orozco Abad en torno a las   zonas grises del conflicto colombiano, en la cual se hace muchas veces notorio   el traslape de la funci&oacute;n de v&iacute;ctima y victimario en la   aplicaci&oacute;n de la Justicia Transicional horizontal -secuencias de guerra   a paz-, en donde se dificulta la determinaci&oacute;n de los actores del   conflicto. veamos algunos asertos del autor sobre este particular: &quot;En   todo proceso de victimizaci&oacute;n vertical u horizontal, pero sobre todo en   los que tienen lugar en las dictaduras totalitarias o en las guerras totales,   suele haber enormes y abundantes zonas grises, y su comprensi&oacute;n resulta   necesaria para poder alcanzar un entendimiento adecuado de los blancos y los   negros&quot;<a name=nu57></a><sup><a href="#num57">57</a></sup>. y luego   contin&uacute;a diciendo: </p>     <blockquote>       <p>... la     diferenciaci&oacute;n clara entre los roles y los campos del victimario y de la     v&iacute;ctima propios de los modelos de victimizaci&oacute;n vertical, sobre     todo en cuanto autoritarios y no totalitarios, favorece que tanto las     v&iacute;ctimas como los terceros reaccionen a la seguridad de saber     qui&eacute;nes son los buenos y quienes son los malos, desplegando fuertes     sentimientos retribucionistas que no descansan hasta obtener o bien venganza o     justicia retributiva. y que, por el contrario, la falta de claridad en torno a     qui&eacute;nes son los buenos y qui&eacute;nes son los malos, propia de los     modelos de victimizaci&oacute;n horizontal -pero sobre todo de las guerras     totales e inter-comunales-, con su colapso abundante de los roles del     victimario y de la v&iacute;ctima, suele producirlo que primo Levy denomina una     suspensi&oacute;n &quot;tr&aacute;gica&quot; del juicio de reproche, la cual     despeja el campo para que tengan lugar l&oacute;gicas de compensaci&oacute;n de     culpas, de perd&oacute;n rec&iacute;proco y hasta grandes amnist&iacute;as<a name=nu58></a><sup><a href="#num58">58</a></sup>. </p> </blockquote>     <p>Con esta   realidad, dif&iacute;cilmente el juez podr&aacute; distinguir estas zonas   grises en los testimonios recepcionados de las v&iacute;ctimas, lo que   desconfigura la visi&oacute;n de la transici&oacute;n y premia un exceso de   memoria sin ninguna clase de constataci&oacute;n. El derecho a la verdad   difiere de la memoria. Para la Corte Constitucional colombiana, el derecho a la   verdad, gracias a la jurisprudencia internacional, debe buscarse en el marco de   la Justicia Transicional. Esta postura se colige, entre otras, de la sentencia   de tutela T-025 de 2004, de la de constitucionalidad C-370 de 2006, del auto   008 de 2009 y de la sentencia del 28 de agosto de 2013 que determin&oacute; la   exequibilidad del &quot;<i>Marco Jur&iacute;dico para la Paz</i>&quot;. </p>     <p><b>Consideraciones   Finales</b></p>     <p>Tomando en   consideraci&oacute;n lo expuesto, en la presente contribuci&oacute;n   acad&eacute;mica se abord&oacute; la relaci&oacute;n existente entre la   memoria, la historia y el derecho a la verdad como tres aspectos que tienen   m&uacute;ltiples relaciones en el marco de la Justicia Transicional. Al mismo   tiempo, se mostr&oacute; el papel que juega en los procesos de Justicia Transicional   tanto en la narraci&oacute;n de la historia como en la construcci&oacute;n de   la verdad judicial. En la segunda parte se abord&oacute; la memoria y la verdad   a la luz de la historia dentro de la Justicia Transicional , poniendo de   presente temas como el &quot;exceso de la memoria &quot; y las &quot;zonas   grises&quot; que confirman la tesis de desmantelamiento de la idea de memoria   como un todo o de la esquizoide judicializaci&oacute;n de los conflictos en   procesos de Justicia Transicional horizontales como el colombiano que difieren   de los verticales, mucho m&aacute;s determinables y que pueden darse el lujo de   establecer una alta penalizaci&oacute;n a los victimarios y una   reparaci&oacute;n ideal de las v&iacute;ctimas. </p> <hr>     <p><b>Pie de   p&aacute;gina</b></p>     <p><a name=num1></a><sup><a href="#nu1">1</a></sup>Marai,   S., <i>Divorcio en Buda</i>, Barcelona, Salamandra, 2002, p. 56-57.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name=num2></a><sup><a href="#nu2">2</a></sup>Ricoeur, P., <i>La memoria, la     historia y el olvido</i>, Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica,   2008, p. 419.    <br>   <a name=num3></a><sup><a href="#nu3">3</a></sup>Emisi&oacute;n del 16 de mayo   de 2009 en &#91;<a href="http://www.publicsenat.fr/vod/bibliothequemedicis/j.-Moulin,-d.-Cordier,-la-resistance-2/2/61723" target="_blank">http://www.publicsenat.fr/vod/bibliothequemedicis/j.-Moulin,-d.-Cordier,-la-resistance-2/2/61723</a>&#93;.    <br>   <a name=num4></a><sup><a href="#nu4">4</a></sup>Sobre este tema cfr. las   memorias de D. Cordier. <i>Caracalla</i>, Paris, Folio, 2011.    <br>   <a name=num5></a><sup><a href="#nu5">5</a></sup>Desprairies, C, <i>Paris dans     la Collaboration</i> (pr&eacute;face de serGe klarsFeld), Paris,&Eacute;ditions   du Seuil, 2009.    <br>   <a name=num6></a><sup><a href="#nu6">6</a></sup>Garc&iacute;a M&aacute;rquez,   G., <i>El mismo cuento distinto y Simenon</i>, en <i>El hombre de la calle</i>,Barcelona,   Tusquest Editores, 1994.    <br>   <a name=num7></a><sup><a href="#nu7">7</a></sup>Ricoeur, P., <i>La memoria, la     historia y el olvido</i>, Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica,   2008, p. 499.    <br>   <a name=num8></a><sup><a href="#nu8">8</a></sup>Parte del relato sobre la   construcci&oacute;n de la noci&oacute;n de historia la realic&eacute; con   fundamento en mi cap&iacute;tulo del libro <i>El derecho en la     globalizaci&oacute;n</i>, &quot;El derecho y la historia: mirada convergente en   la globalizaci&oacute;n&quot;, Bogot&aacute;, Universidad Externado, 2007, pp.   97-100.    <br>   <a name=num9></a><sup><a href="#nu9">9</a></sup>Hacer historia a partir de   problemas implica que es menester, cuando se estudia, ir m&aacute;s all&aacute;   de sus propios l&iacute;mites, en la <i>Historia total del Mundo</i>, de Fernand   Braudel, 1978, p. 245.    <br>   <a name=num10></a><sup><a href="#nu10">10</a></sup>Burke, P., <i>La     revoluci&oacute;n historiogr&aacute;fica francesa, La Escuela de los Annales:     19291989</i>, Buenos Aires, Gedisa,1993, pp. 18-19.    <br>   <a name=num11></a><sup><a href="#nu11">11</a></sup>Iggers, G., <i>La ciencia     hist&oacute;rica en el siglo xx</i>, Idea Universitaria, Barcelona, 1995,   pp.96-104.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name=num12></a><sup><a href="#nu12">12</a></sup>White, H., <i>El contenido     de la forma y la Metahistoria</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura   Econ&oacute;mica, 2000.    <br>   <a name=num13></a><sup><a href="#nu13">13</a></sup>Coulanges, F., <i>La ciudad     Antigua</i>, Bogot&aacute;, Panamericana, 1995.    <br>   <a name=num14></a><sup><a href="#nu14">14</a></sup>Burke. Ob. Cit., p. 21.    <br>   <a name=num15></a><sup><a href="#nu15">15</a></sup>Ib&iacute;d., p. 22.    <br>   <a name=num16></a><sup><a href="#nu16">16</a></sup>Esta tipolog&iacute;a se   plantea en tres dimensiones: la primera con Marc Bloch y Lucien Lefevre, la   segunda con Fernand Braudel, y la tercera con Jacques Le Goff , George Duby y   Philippe Ari&egrave;s principalmente.    <br>   <a name=num17></a><sup><a href="#nu17">17</a></sup>Burke. Ob. Cit., p. 22.    <br>   <a name=num18></a><sup><a href="#nu18">18</a></sup>Stone, L., &quot;El renacer   de la narrativa&quot;, en <i>Eco</i>, septiembre de 1981, n&ordm; 239, Buchholz,Bogot&aacute;.    <br>   <a name=num19></a><sup><a href="#nu19">19</a></sup>Le Roy Ladurie, E. <i>Historia     del clima desde el a&ntilde;o 1000</i>, 1971. En este libro se plantean los   m&eacute;todos para hacer investigaci&oacute;n hist&oacute;rica del clima. En   &eacute;l se atiborran datos de meteor&oacute;logos con los cuales el autor   explica las relaciones entre estos y los fen&oacute;menos climatol&oacute;gicos   en el transcurso de algunos aspectos epis&oacute;dicos durante el tiempo. Del   mismo modo, el autor utiliza la econom&iacute;a para justificar sus asertos,   que parten de unas premisas generales para concluir sobre un movimiento   clim&aacute;tico, una baja en la producci&oacute;n o, simplemente, para   justificar la peste que se present&oacute; en la edad media.    <br>   <a name=num20></a><sup><a href="#nu20">20</a></sup>Stone. Ob. Cit., p. 60.    <br>   <a name=num21></a><sup><a href="#nu21">21</a></sup>Ricoeur, <i>La memoria, la     historia y el olvido</i>, cit., p. 391.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name=num22></a><sup><a href="#nu22">22</a></sup>La dimensi&oacute;n   individual ha sido abordada por la Corte IDH en los siguientes casos: <i>Vel&aacute;squez     c. Guatemala</i>, sentencia del 25 de noviembre de 2000, p&aacute;rr. 201; <i>Barrios       Altos c. Per&uacute;</i>, sentencia del 14 de marzo de 2001, p&aacute;rrs.   47-48; <i>Paniagua Morales y Otros c. Guatemala</i>, sentencia del 25 de mayo   de 2001, p&aacute;rr. 200; <i>Villagr&aacute;n Morales y Otros     (&quot;Ni&ntilde;os de la Calle&quot;) c. Guatemala</i>, sentencia del 26 de   mayo de 2001, p&aacute;rr. 100; <i>Cantoral Benavides c. Per&uacute;</i>,   sentencia del 3 de diciembre de 2001, p&aacute;rr. 69; <i>Bulacio c. Argentina,     sentencia del 18 de septiembre de 2003</i>, p&aacute;rr. 114; <i>Molina       Theissen c. Guatemala</i>, sentencia del 3 de julio de 2004, p&aacute;rrs.   80-81, y <i>Hermanos G&oacute;mez Paquiyauri c. Per&uacute;</i>, sentencia del   8 de julio de 2004, p&aacute;rrs. 229-230. Elaboraci&oacute;n tomada del voto   Razonado del juez Antonio Can&#7689;ado Trindade en la sentencia <i>Blanco Romero y otros     c. Venezuela</i>, sentencia del 28 de noviembre, 2005 en &#91;<a href="http://www.corteIDH.or.cr/casos.cfm" target="_blank">http://www.corteidh.or.cr/casos.cfm</a>&#93;.    <br>   <a name=num23></a><sup><a href="#nu23">23</a></sup>La social en los casos: <i>Trujillo     Oroza c. Bolivia</i>, sentencia del 27 de febrero de 2002,p&aacute;rr. 114; <i>Myrna       Mack Chang c. Guatemala</i>, sentencia del 25 de noviembre de 2003,   p&aacute;rr. 274; <i>Masacre de Plan de S&aacute;nchez c. Guatemala</i>,   sentencia del 19 de noviembre de 2004, p&aacute;rr. 98; <i>Carpio Nicolle y     Otros c. Guatemala</i>, sentencia del 22 de noviembre de 2004, p&aacute;rr.   128; <i>Hermanas Serrano Cruz c. El Salvador</i>, sentencia del 1&ordm; de   marzo de 2005, p&aacute;rrs. 62 y 169; <i>Huilca Tecse c. Per&uacute;</i>,   setencia del 3 de marzo de 2005, p&aacute;rr. 107; <i>Comunidad Moiwana c.     Suriname</i>, sentencia del 15 de junio de 2005, p&aacute;rr. 204; <i>Guti&eacute;rrez       Soler c. Colombia</i>, sentencia del 12 de septiembre de 2005, p&aacute;rr. 96,   y <i>Masacre de Mapirip&aacute;n c. Colombia</i>, sentencia del 15 de   septiembre de 2005, p&aacute;rr. 298. Elaboraci&oacute;n tomada del voto   Razonado del juez Can&#7689;ado Trindade en la   sentencia <i>Blanco Romero y otros c. Venezuela</i>, cit. Del mismo modo, cfr.   las sentencias de la Corte IDH en los casos <i>Masacre de El Mozote c. Salvador</i>,   sentencia del 25 de octubre de 2012, p&aacute;rr. 301, y <i>Santo Domingo c.     Colombia</i>, sentencia del 30 de noviembre de 2012.    <br>   <a name=num24></a><sup><a href="#nu24">24</a></sup>Louis, Joinet, Informe final   de la Comisi&oacute;n de Derechos Humanos de Naciones Unidas, 49&ordm;   per&iacute;odo de sesiones. Informe final revisado acerca de la cuesti&oacute;n   de la impunidad de los autores de violaciones de los derechos humanos, en &#91;<a href="http://www.unhchr.ch/Huridocda/Huridoca.nsf/0/db75a8c4584f145a8025665e004857b6?Opendocument" target="_blank">http://www.unhchr.ch/Huridocda/Huridoca.nsf/0/db75a8c4584f145a8025665e004857b6?Opendocument</a>&#93;.    <br>   <a name=num25></a><sup><a href="#nu25">25</a></sup>Cherif Bassiouni, Informe   final de la Comisi&oacute;n de Derechos Humanos de Naciones Unidas, 56&ordm;   per&iacute;odo de sesiones. El derecho de restituci&oacute;n,   indemnizaci&oacute;n y rehabilitaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas de   violaciones graves de los derechos humanos y las libertades fundamentales, en <a href="http://www.derechos.org/nizkor/espana/doc/reparacion.html" target="_blank">http://www.derechos.org/nizkor/espana/doc/reparacion.html</a>&#93;.    <br>   <a name=num26></a><sup><a href="#nu26">26</a></sup>Corte IDH, caso <i>19     comerciantes c. Colombia</i>, sentencia del 5 de julio de 2004, p&aacute;rr.   97, y caso <i>Santo Domingo c. Colombia</i>, sentencia del 30 de noviembre de   2012, p&aacute;rr. 301, en &#91;<a href="http://www.corteIDH.org" target="_blank">http://www.corteidh.org</a>&#93;.    <br>   <a name=num27></a><sup><a href="#nu27">27</a></sup>Corte IDH, caso <i>Vel&aacute;squez     Rodr&iacute;guez c. Honduras</i>, sentencia de fondo del p&aacute;rr. 181; caso <i>Heliodoro Portugal</i>, p&aacute;rr. 146, y caso <i>Garc&iacute;a Prieto y       otros</i>, p&aacute;rr. 102, en &#91;<a href="http://www.corteidh.or.cr/casos.cfm" target="_blank">http://www.corteIDH.or.cr/casos.cfm</a>&#93;.    <br>   <a name=num28></a><sup><a href="#nu28">28</a></sup>Cfr. Barbosa Delgado, F., <i>El     margen nacional de apreciaci&oacute;n y sus l&iacute;mites en la libertad de     expresi&oacute;n: An&aacute;lisis comparado de los sistemas europeo e     interamericano de derechos humanos</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado,   2012 pp. 140-143.    <br>   <a name=num29></a><sup><a href="#nu29">29</a></sup>Corte IDH, caso <i>Masacre     de El Mozote c. Salvador</i>, sentencia del 25 de octubre de 2012,p&aacute;rr.   301.    <br>   <a name=num30></a><sup><a href="#nu30">30</a></sup>Elster, J., <i>Rendici&oacute;n     de cuentas. La Justicia Transicional en perspectiva hist&oacute;rica</i>,   Buenos Aires, Katz, 2006, p. 15    <br>   <a name=num31></a><sup><a href="#nu31">31</a></sup>Cfr. Orozco Abad, I., <i>Justicia     Transicional en tiempos del deber de memoria</i>, Bogot&aacute;, Temis y   Universidad de los Andes, 2009,     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name=num32></a><sup><a href="#nu32">32</a></sup>Garay Salamanca, L.J., <i>Memoria     y reparaci&oacute;n: Elementos para una Justicia Transicional pro     v&iacute;ctima</i>, Bogot&aacute;, Universidad Externado, 2012, pp. 62-63.    <br>   <a name=num33></a><sup><a href="#nu33">33</a></sup>Bickford,   L., <i>Transitional justice, in the encyclopedia of genocide and crimes against     humanity</i>, vol. 3, 2004, p. 1045, 2004, citado en Amanda Lyons. &quot;For a   just transition in Colombia&quot;, en <i>Contested transitions. Dilemmas of     transitional justice in Colombia</i>, Bogot&aacute;, Royal Norwegian, Ministry   of Foreign Affairs, 2010, p. 15.    <br>   <a name=num34></a><sup><a href="#nu34">34</a></sup>Orozco   Abad, <i>Justicia Transicional en tiempos del deber de memoria</i>, cit., p.   61.    <br>   <a name=num35></a><sup><a href="#nu35">35</a></sup>Cfr. Palacios, M., <i>Entre la     legitimidad y la violencia: 1875-1994</i>, Bogot&aacute;, Norma, 2003.    <br>   <a name=num36></a><sup><a href="#nu36">36</a></sup>Extra&iacute;do de mi blog,   &quot;Margen Cultural&quot;, 5 de diciembre de 2008, en &#91;<a href="http://margencultural.blogspot.com/search?q=marco+Palacios" target="_blank">http://margencultural.blogspot.com/search?q=marco+Palacios</a>&#93;.    <br>   <a name=num37></a><sup><a href="#nu37">37</a></sup>Tamanaha, B., <i>En torno al     Estado de derecho, Historia, pol&iacute;tica y teor&iacute;a</i>,   Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2011, pp. 265-294.    <br>   <a name=num38></a><sup><a href="#nu38">38</a></sup>Rodrigo Uprimny sostiene los   enfoques dominantes de la Justicia Transicional que defienden sin matiz el   derecho a la verdad, el deber social de memoria de las atrocidades, el   imperativo &eacute;tico y jur&iacute;dico de castigo a los perpetradores y la   distinci&oacute;n entre v&iacute;ctimas y victimarios: cfr. Uprimny, R.,   Pr&oacute;logo a Orozco Abad, Justicia Transicional en tiempos del deber de   memoria, cit., p. xi.    <br>   <a name=num39></a><sup><a href="#nu39">39</a></sup>Orozco Abad, ob. Cit., p.   75.    <br>   <a name=num40></a><sup><a href="#nu40">40</a></sup>Barbosa Delgado, F., <i>El     margen nacional de apreciaci&oacute;n y sus l&iacute;mites en la libertad de     expresi&oacute;n: An&aacute;lisis comparado de los sistemas europeo e     interamericano de derechos humanos</i>, cit., pp. 117-119.    <br>   <a name=num41></a><sup><a href="#nu41">41</a></sup>Cfr. Uprimny, R., &quot;Las   ense&ntilde;anzas del an&aacute;lisis comparado: procesos transicionales formas   de Justicia Transicional y el caso colombiano&quot;, en <i>&iquest;Justicia     Transicional sin transici&oacute;n?: Verdad, justicia y reparaci&oacute;n para     Colombia</i>, Bogot&aacute;, De justicia 2004, p. 17-45, y Orozco Abad, <i>Justicia       Transicional en tiempos del deber de memoria</i>, cit.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name=num42></a><sup><a href="#nu42">42</a></sup>Cfr. El   cap&iacute;tulo &quot;Gross and systematic violations&quot; de Shelton, D., <i>Remedies     in International Human Rights Law</i>, 2&ordf; ed., Oxford University Press,   2005, pp. 389-424. En   igual Sentidocfr. S&aacute;bato, E., &quot;Nunca m&aacute;s&quot;, Informe de   la Comisi&oacute;n sobre la desaparici&oacute;n de personas en la   Rep&uacute;blica Argentina, 1985.    <br>   <a name=num43></a><sup><a href="#nu43">43</a></sup>Sobre este aspecto cfr. el   principio 1, &quot;Discrecionalidad estatal procesal&quot;, y 4,   &quot;vetting&quot;, Inhabilitaciones, sanciones y medidas administrativas. Los   Estados deber&iacute;an aplicar pol&iacute;ticas de inhabilitaci&oacute;n,   sanciones y medidas administrativas de los Principios de Chicago, en Cherif   Bassiouni, Los principios de Chicago sobre Justicia Transicional, International   Human Rightslaw Institute, Chicago Council on Global Affaire, Istituto   Superiore Internazionale di ScienzeCriminali, Association Internationale de   Droit P&eacute;nal, 2007, pp. 1-36.    <br>   <a name=num44></a><sup><a href="#nu44">44</a></sup>Corte IDH, caso <i>Masacre     la Rochela c. Colombia</i>, sentencia del 11 de mayo de 2007, p&aacute;rrs. 190-198,   en &#91;<a href="http://www.corIDH.or.cr/casos.cfm" target="_blank">http://www.corIDH.or.cr/casos.cfm</a>&#93;.    <br>   <a name=num45></a><sup><a href="#nu45">45</a></sup>Corte IDH, caso <i>Masacre     de El Mozote c. El Salvador</i>, sentencia del 25 de octubre de2013.    <br>   <a name=num46></a><sup><a href="#nu46">46</a></sup>Parte del relato sobre la   construcci&oacute;n de la noci&oacute;n de historia la realic&eacute; con   fundamento en mi cap&iacute;tulo del libro &quot;El derecho en la   globalizaci&oacute;n&quot;, &quot;El derecho y la historia: mirada convergente   en la globalizaci&oacute;n&quot;, Bogot&aacute;, Universidad Externado, 2007, pp.   97-100.    <br>   <a name=num47></a><sup><a href="#nu47">47</a></sup>Burke, ob. Cit., p. 23.    <br>   <a name=num48></a><sup><a href="#nu48">48</a></sup>De Certeau, Michel, <i>La     escritura de la Historia</i>, M&eacute;xico, Unam, 1993.    <br>   <a name=num49></a><sup><a href="#nu49">49</a></sup>Bloch, Marc,, <i>Apolog&iacute;a     para la historia o el oficio del historiador</i>, M&eacute;xico Fondo de   Cultura Econ&oacute;mica, 1996, pp. 81-82.    <br>   <a name=num50></a><sup><a href="#nu50">50</a></sup>Ib&iacute;d., pp. 54-57.    <br>   <a name=num51></a><sup><a href="#nu51">51</a></sup>Carr, Edward H.,   &iquest;Qu&eacute; es la historia?, Barcelona, Seix Barral, 1982, p. 12.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <a name=num52></a><sup><a href="#nu52">52</a></sup>Orozco Abad, <i>Justicia     Transicional en tiempos del deber de memoria</i>, cit., p. 95.    <br>   <a name=num53></a><sup><a href="#nu53">53</a></sup>Ricoeur, <i>La memoria, la     historia y el olvido</i>, cit., p. 418.    <br>   <a name=num54></a><sup><a href="#nu54">54</a></sup>Ib&iacute;d., p. 422.    <br>   <a name=num55></a><sup><a href="#nu55">55</a></sup>Orozco Abad, <i>Justicia     Transicional en tiempos del deber de memoria</i>, cit., p. 159.    <br>   <a name=num56></a><sup><a href="#nu56">56</a></sup>Ricoeur, <i>La memoria, la     historia y el olvido</i>, cit., p. 499.    <br>   <a name=num57></a><sup><a href="#nu57">57</a></sup>Orozco Abad, <i>Justicia     Transicional en tiempos del deber de memoria</i>, cit., pp. 99-100.    <br>   <a name=num58></a><sup><a href="#nu58">58</a></sup>Ib&iacute;d., p. 157.</P> <hr>     <p><B><font size="3">Referencias</font></B></p>     <!-- ref --><p>Barbosa Delgado, F., <I>Litigio Interamericano</I>, Bogot&aacute;, Universidad Jorge Tadeo Lozano, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0122-9893201300020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Barbosa Delgado, F., <I>El margen nacional de apreciaci&oacute;n y sus l&iacute;mites en la libertad de expresi&oacute;n: An&aacute;lisis comparado de los sistemas europeo e interamericano de derechos humanos</I>, Bogot&aacute;, Universidad Externado, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0122-9893201300020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Bassiouni, C., <I>Los principios de Chicago sobre Justicia Transicional</I>, International Human Rights Law Institute, Chicago Council on Global Affaire, Istituto Superiore Internazionale di Scienze Criminali, Association Internationale de Droit P&eacute;nal, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0122-9893201300020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Bloch, M., <I>Apolog&iacute;a para la historia o el oficio del historiador</I>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0122-9893201300020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Burke, P., <I>La revoluci&oacute;n historiogr&aacute;fica francesa, La Escuela de los Annales: 1929-1989</I>, Buenos Aires, Gedisa, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0122-9893201300020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Carr, E.H., &iquest;Qu&eacute; es la historia?, Barcelona, Seix Barral, 1982.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0122-9893201300020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Certeau, de M., <I>La escritura de la Historia</I>, M&eacute;xico, Unam, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0122-9893201300020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Cordier, D., <I>Caracalla</I>, Paris, Folio, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0122-9893201300020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Coulanges, F. De, <I>La ciudad Antigua</I>, Bogot&aacute;, Panamericana, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0122-9893201300020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Desprairies, C., <I>Paris dans la Collaboration</I> (pr&eacute;face de Serge Klarsfeld), Paris, &Eacute;ditions du Seuil, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0122-9893201300020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Elster, J., <I>Rendici&oacute;n de cuentas. La Justicia Transicional en perspectiva hist&oacute;rica</I>, Buenos Aires, Katz, 2006, p. 15.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0122-9893201300020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Gadamer, H.G., <I>Verdad y M&eacute;todo</I>, Salamanca, S&iacute;gueme, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0122-9893201300020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Garc&iacute;a M&aacute;rquez, G., <I>El mismo cuento distinto y Simenon, El hombre de la calle</I>, Barcelona, Tusquest, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0122-9893201300020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Garay Salamanca, L.J., <I>Memoria y reparaci&oacute;n: Elementos para una Justicia Transicional pro v&iacute;ctima</I>, Bogot&aacute;, Universidad Externado de Colombia, 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0122-9893201300020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Iggers, G., <I>La ciencia hist&oacute;rica en el siglo xx</I>, Barcelona, Idea Universitaria, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0122-9893201300020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Le Roy Ladurie, E., <I>Historia del clima desde el a&ntilde;o 1000</I>, 1971.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0122-9893201300020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Lyons, Amanda, "For a just transition in Colombia", en <I>Contestd transitions. Dilemmas of transitional justice in Colombia</I>, Bogot&aacute;, Royal Norwegian, Ministry of Foreign Affairs, 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0122-9893201300020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Marai, S., <I>Divorcio en Buda</I>, Barcelona, Salamandra, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0122-9893201300020000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Nora, P., <I>Historien Public</I>, Paris, Gallimard, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0122-9893201300020000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Orozco Abad, I., <I>Justicia Transicional en tiempos del deber de memoria</I>, Bogot&aacute;, Temis/ Universidad de los Andes, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0122-9893201300020000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ricoeur, P., <I>La memoria, la historia y el olvido</I>, Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0122-9893201300020000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
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<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Uprimny, R., "Las ense&ntilde;anzas del an&aacute;lisis comparado: procesos transicionales formas de Justicia Transicional y el caso colombiano", en <I>&iquest;Justicia Transicional sin transici&oacute;n?: Verdad, justicia y reparaci&oacute;n para Colombia</I>, Bogot&aacute;, De justicia, 2004, pp. 17-45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0122-9893201300020000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>White, H., <I>El contenido de la forma y la Meta historia</I>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0122-9893201300020000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>  </font>      ]]></body><back>
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