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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article argues that there is an individual right to art based on the autonomy of art, which distinguishes it from other forms of expression; on the ability of subjective appropriation of art exclusively by humans; on the possibilities of art for the construction of various forms of expression, and the potential use of art in democratic systems where public policies could help to the right to peace and reconciliation, as well as alternative forms of reparation and rehabilitation in society. The exclusive relationship between human and art is the base of its objectification, that would make it a legally enforceable right.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Arte, derecho y derecho al arte</b></font><sup>**</sup></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Art, law and the right to art</b></font></p>     <p align="center"><b>Rub&eacute;n Mart&iacute;nez Dalmau</b><sup>*</sup></p>     <p><sup>*</sup> Profesor titular de Derecho Constitucional en la Universitat de Val&ecirc;ncia. Doctor en Derecho por la Universitat de Val&ecirc;ncia. Val&ecirc;ncia (Espa&ntilde;a). Contacto: <a href="mailto:ruben.martinez@uv.es">ruben.martinez@uv.es</a>    <br> Para citar el art&iacute;culo: R. Martinez Dalmau, "Arte, derecho y derecho al arte", <i>Derecho del Estado </i>n.&deg; 32, Universidad Externado de Colombia, enero-junio de 2014, pp. 35-56.</p>     <p><sup>**</sup>  Recibido el 21 de agosto de 2013, aprobado el 1 de abril de 2014.</p> <hr>     <p><B><font size="3">Sumario</font></B></p>     <p>Introducci&oacute;n. 1. Cuestiones sobre la definici&oacute;n de arte. 2. La consci&ecirc;ncia del arte como cualidad exclusiva del ser humano. 3. Fundamentos de un derecho subjetivo al arte. 4. &iquest;Qu&eacute; derecho al arte? Cuestiones sobre su objetivaci&oacute;n. Conclusiones. Referencias bibliogr&aacute;ficas.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El art&iacute;culo defiende que existe un derecho subjetivo al arte fundamentado en la autonom&iacute;a del arte, que lo diferencia de otras formas expresivas; en la capacidad de <i>apropiaci&oacute;n </i>subjetiva del arte exclusivamente por parte de los seres humanos; en las posibilidades del arte para la construcci&oacute;n de formas de expresi&oacute;n varias; y en el potencial uso del arte en pol&iacute;ticas p&uacute;blicas propias de los sistemas democr&aacute;ticos, que ayudar&iacute;a al derecho a la paz y a la reconciliaci&oacute;n, as&iacute; como formas alternativas de reparaci&oacute;n y rehabilitaci&oacute;n en sociedad. La exclusividad de la relaci&oacute;n del hombre con el arte fundamentar&iacute;a su objetivaci&oacute;n y, por ello, lo convertir&iacute;a en un derecho jur&iacute;dicamente exigible.</p>     <p><b>Palabras clave</b>: Arte, derecho al arte, fundamentaci&oacute;n de los derechos, derecho a la paz.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></P>     <p>This article argues that there is an individual right to art based on the autonomy of art, which distinguishes it from other forms of expression; on the ability of subjective appropriation of art exclusively by humans; on the possibilities of art for the construction of various forms of expression, and the potential use of art in democratic systems where public policies could help to the right to peace and reconciliation, as well as alternative forms of reparation and rehabilitation in society. The exclusive relationship between human and art is the base of its objectification, that would make it a legally enforceable right.</p>     <p><b>Key words</b>: Art, right to art, foundation of rights, right to peace.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p>Las relaciones entre arte y derecho no han sido en la historia particularmente intensas, y aun menos claras en el marco de la definici&oacute;n y garant&iacute;a de los derechos. Generalmente, el derecho se ha ocupado -poco- de las manifestaciones culturales, en cuyo &aacute;mbito el arte puede haber obtenido alg&uacute;n grado de garant&iacute;a. Desde las normas recogidas por Vitruvio hasta las academias oficiales neocl&aacute;sicas, el derecho se ha dedicado m&aacute;s a regular el arte que a protegerlo como derecho. Cierta protecci&oacute;n constitucional del arte solo ha podido tener lugar en cuanto guardaba relaci&oacute;n con las libertades civiles cl&aacute;sicas, como la de expresi&oacute;n o la de manifestaci&oacute;n cultural; ha sido una protecci&oacute;n, por lo tanto, indirecta, que no le ha reconocido una configuraci&oacute;n propia. Alguna pauta m&aacute;s interesante, pero a&uacute;n t&iacute;mida, se ha incorporado en determinada jurisprudencia de tribunales internacionales sobre el arte como mecanismo de reparaci&oacute;n de violaciones de derechos, en particular por parte de los Estados. Pero lo cierto es que se trata de un inter&eacute;s particular y sobre el que apenas se ha reflexionado acad&eacute;micamente.</p>     <p>Cabe tener en cuenta que el arte no es solo una dimensi&oacute;n m&aacute;s de la libertad de expresi&oacute;n, ni siquiera necesariamente producto de una manifestaci&oacute;n cultural. El arte es a la vez algo m&aacute;s y algo menos: debe contener voluntad manifiesta de expresi&oacute;n, pero, de la misma forma que cualquier otra actuaci&oacute;n humana, es, a su vez, una exposici&oacute;n de intenciones o de comportamientos. Puede ser un instrumento de informaci&oacute;n, pero con voluntad de conseguir una cosa diferente. Puede ser una forma de disfrute, gozo o placer, y tambi&eacute;n lo puede ser, contraria o complementariamente, de sensibilidad, pena y dolor. Puede incorporarse en una cultura, pero puede romper con una cultura; por lo tanto, puede ser coyunturalmente cultural pero con intenciones contraculturales (dif&iacute;cilmente anticulturales). El arte depende tanto del objeto como del sujeto que, de forma activa o pasiva, participa en los efectos de la obra art&iacute;stica.</p>      <p>Mientras el arte incorpora necesariamente esta carga de subjetividad que lo identifica, el derecho intenta crear un sistema objetivo de normas jur&iacute;dicas de vigencia y aplicaci&oacute;n general. La voluntad objetiva del derecho -derecho expedido, publicado, vigente y aplicado- es la principal de sus dimensiones formales, pero no coincide necesariamente con la existencia o reconocimiento de los derechos subjetivos. El derecho subjetivo no objetivado nunca encuentra mecanismos de protecci&oacute;n fuertes, por lo que su vigencia queda expuesta a la particularidad y a la voluntad discrecional de los que tienen la capacidad de decidir; su protecci&oacute;n debe pasar, necesariamente, por la objetivaci&oacute;n del derecho y su transformaci&oacute;n en derecho positivo. El derecho a la vez reconoce y crea derechos en una relaci&oacute;n dial&eacute;ctica entre derecho -objetivo- y derechos -subjetivos-. En el marco de lo objetivado, el derecho puede regular el arte; en el de la subjetividad, puede reconocer el arte como derecho y dotarlo de una dimensi&oacute;n objetiva. El <i>derecho </i>sobre el arte puede no reconocer un <i>derecho </i>al arte; pero el reconocimiento de un <i>derecho </i>al arte avanzar&iacute;a en la evoluci&oacute;n garantista de los derechos y otorgar&iacute;a una categor&iacute;a propia y aut&oacute;noma al arte que solo comunidades conscientes de la relevancia social del arte son capaces de proclamar.</p>     <p>El presente trabajo tiene por objeto argumentar la posible existencia de un derecho subjetivo al arte que se incorpore en la dimensi&oacute;n objetivada del derecho. El derecho -subjetivo- al arte podr&iacute;a incluir nuevos espacios en el disfrute de los derechos, no solo en el marco de la libertad de expresi&oacute;n y las manifestaciones culturales, sino en la posibilidad de disfrutar, de forma pasiva, activa o mixta -artista, espectador, o f&oacute;rmulas intermedias-, del arte cono configuraci&oacute;n propia. El arte en el derecho pasar&iacute;a, de esta forma, a fundamentarse en un verdadero <i>derecho </i>-subjetivo y objetivo a la vez- <i>al arte.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al respecto, el trabajo iniciar&aacute; sobre algunas consideraciones acerca de la posible existencia de una esencia objetivable sobre qu&eacute; es el arte; continuaremos con los elementos que caracterizar&iacute;an al arte, y que lo har&iacute;an cosustancial a un cat&aacute;logo evolucionado de derechos; y, por &uacute;ltimo, finalizar&iacute;amos con las caracter&iacute;sticas que fundamentar&iacute;an un derecho subjetivo al arte.</p>     <p><font size="3"><b>1. cuestiones sobre la definici&oacute;n de "arte"</b></font></p>     <p>Si el sentido es determinar ciertos elementos de juridicidad en la protecci&oacute;n de un derecho subjetivo al arte, qu&eacute; duda cabe de que debemos iniciar la argumentaci&oacute;n por una pregunta tan simple de formular como dif&iacute;cil de conjugar: &iquest;existe una definici&oacute;n de arte que pueda ser tanto sustento de la afirmaci&oacute;n sobre la existencia de un derecho subjetivo como esencia de protecci&oacute;n por parte del derecho objetivo?</p>     <p>La primera edici&oacute;n del <i>Diccionario de Filosof&iacute;a </i>de Ferrater Mora iniciaba la descripci&oacute;n de la voz "arte" con una advertencia: "Todav&iacute;a hoy puede usarse el t&eacute;rmino arte en espa&ntilde;ol (y en otros idiomas modernos) en varios sentidos. Se habla del <i>arte </i>de vivir, del arte de escribir, del arte de pensar; <i>arte </i>significa en este sentido una cierta virtud o habilidad para hacer o producir algo"<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>. No es casualidad que este utilitarista, y casi prematuro, significado, por lo dem&aacute;s poco dado en filosof&iacute;a donde el t&eacute;rmino arte es entendido principalmente en sentido est&eacute;tico, coincida con la primera acepci&oacute;n del t&eacute;rmino descrita en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua: "Virtud, disposici&oacute;n y habilidad para hacer algo". Muchos otros significantes, quiz&aacute;s la mayor&iacute;a en la historia de la filosof&iacute;a, han sido creados por y para los objetivos filos&oacute;ficos. Se traduce con este proceder de la necesidad de conformar una nomenclatura propia para la denominaci&oacute;n y descripci&oacute;n de categor&iacute;as que en muchas ocasiones no cuentan con una construcci&oacute;n hist&oacute;rica ni social -por lo tanto, no forman parte del vocabulario habitual-, y hace referencia, como defend&iacute;a Watsuji, no solo a lo que la lengua dice, sino a lo que puede decir<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. La creatividad ling&uuml;&iacute;stica dota de capacidades denotativas y descriptivas que, cuando se han dado, han facilitado la labor de la filosof&iacute;a.</p>     <p>Pero cabe notar que en el uso citado del t&eacute;rmino <i>arte </i>se giran las tornas: no existe propiamente creaci&oacute;n filos&oacute;fica del significante -al contrario, se utiliza un t&eacute;rmino ampliamente habilitado con significados comunes-, sino aceptaci&oacute;n, incluso podr&iacute;amos decir que apropiaci&oacute;n, por cuanto la concepci&oacute;n est&eacute;tica de <i>arte </i>utiliza la palabra en sentido aproximado a lo que en el <i>Diccionario </i>es una segunda acepci&oacute;n: "manifestaci&oacute;n de la actividad humana mediante la cual se expresa una visi&oacute;n personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos pl&aacute;sticos, ling&uuml;&iacute;sticos o sonoros". La voz de la Real Academia no se viste de tintes de complejidad; no puede ser menos, porque la funci&oacute;n del diccionario es describir, no explicar ni justificar. Pero, a todas luces, ni siquiera se aproxima a un concepto que goce de cierto consenso entre los te&oacute;ricos del arte. Por un lado, limita la definici&oacute;n a trav&eacute;s de un <i>numerus clausus </i>de t&eacute;cnicas sobre qu&eacute; es arte y qu&eacute; no ("recursos pl&aacute;sticos, ling&uuml;&iacute;sticos o sonoros"), marginando algunas manifestaciones art&iacute;sticas de arte conceptual, o el arte ef&iacute;mero (pensemos, p. ej., en el uso del centro olfativo del cerebro<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>) y, desde luego, olvid&aacute;ndose las expresiones audiovisuales; adem&aacute;s, se entiende el arte desde la perspectiva del <i>hacer, </i>sin incluir la dimensi&oacute;n -no menos importante- de <i>no hacer </i>que es leg&iacute;tima; pensemos, por ejemplo, en la actitud del espectador frente a una obra de arte: no crea la obra -no <i>hace-, </i>pero le da sentido por cuando la interioriza a trav&eacute;s de complejos procesos cognitivos y sensoriales conscientes o inconscientes. Y lo m&aacute;s grave es que deja de lado lo que no puede dejar de ser el arte: pensamiento sobre el propio arte, esto es, <i>filosof&iacute;a </i>e <i>historia.</i></p>     <p>En efecto, si creemos a Danto, Hegel ten&iacute;a raz&oacute;n. Hay alguna clase de esencia transhist&oacute;rica en el arte, en todas partes y siempre la misma, pero &uacute;nicamente se revela a s&iacute; misma a trav&eacute;s de la historia. Identificar la esencia del arte con un estilo particular, sea el que sea, conduce a una lectura ahist&oacute;rica de la historia del arte en la que -afirma Danto- una vez nos quitamos los disfraces todo el arte es esencialmente el mismo. La cr&iacute;tica del arte, por lo tanto, consiste en penetrar estos disfraces y alcanzar esta pretendida esencia. "Cualquiera fuera su justificaci&oacute;n, Hegel afirmaba que el arte, la filosof&iacute;a y la religi&oacute;n son tres momentos del Esp&iacute;ritu Absoluto, as&iacute; que los tres son esencialmente transformadores de uno en otro o modulaciones en diferentes claves de un tema id&eacute;ntico"<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>. Por lo tanto, concluir&aacute;, es posible ver la historia del arte posterior a Hegel como una confirmaci&oacute;n de su posici&oacute;n en lugar de una falsaci&oacute;n<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>.</p>     <p>&iquest;Pero realmente es as&iacute;? Cualquier afirmaci&oacute;n categ&oacute;rica podr&iacute;a dejar de lado elementos fundamentales que guardan m&aacute;s relaci&oacute;n con lo que el arte debe ser que con lo que puede ser. Bien entendamos, como los fil&oacute;sofos del arte desde Hegel hasta algunas de las vanguardias y de la forma que quiere recuperar Danto<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>, que podemos saber qu&eacute; es el arte, o bien seamos m&aacute;s esc&eacute;pticos acerca de las condiciones reales para que tenga lugar este entendimiento (que no necesariamente conceptualizaci&oacute;n), lo cierto es que la filosof&iacute;a del arte debe continuar haciendo frente a la necesidad, como lo ha hecho durante los &uacute;ltimos dos siglos y medio, de aproximarnos a comprender la <i>esencia </i>que llamamos arte. Para ello es irremediable recapitular. El an&aacute;lisis cr&iacute;tico dial&eacute;cticamente concebido no tendr&iacute;a sentido sin esta reconsideraci&oacute;n, que acoge problemas sobre los cuales se ha reflexionado mucho a trav&eacute;s del tiempo. Si actualmente nos preguntamos qu&eacute; es el arte y contamos con un bagaje te&oacute;rico para enfrentar este reto es porque entre la modernidad y la contemporaneidad otros osaron cuestionarse al respecto.</p>     <p>La filosof&iacute;a del arte, as&iacute; como la historia del arte, responden a la b&uacute;squeda sobre qu&eacute; es el arte y, por lo tanto, cuentan con un inicio suficientemente identificado. Los diferentes manuales de arte est&aacute;n plagados de referencias anteriores, desde la est&eacute;tica plat&oacute;nica y aristot&eacute;lica<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup> hasta su recuperaci&oacute;n medieval<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup> y los primitivos modernos<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup>, pero lo cierto es que, si la historia del arte es la b&uacute;squeda aut&oacute;noma de la esencia del arte, todo empieza en Kant y Hegel. Y, curiosamente, parece que se mantiene entre estas dos posiciones: el arte como entendimiento (Kant, <i>antiesencialismo) </i>y el arte como conocimiento (Hegel, conceptualizaci&oacute;n esencialista). Ambas tesis parten de la necesidad de comprender aut&oacute;nomamente el arte. Es la tesis de partida de Fern&aacute;ndez Uribe: "la disciplina de la historia del arte s&oacute;lo fue posible en conexi&oacute;n con el desarrollo de los conceptos de la autonom&iacute;a est&eacute;tica y del car&aacute;cter pret&eacute;rito del arte, que encuentran en la <i>Cr&iacute;tica de la facultad de juzgar </i>de Kant y en las <i>Lecciones sobre la est&eacute;tica </i>de Hegel su planteamiento m&aacute;s completo, pero que, en realidad, son consecuencia de los ampl&iacute;simos &aacute;mbitos de discusi&oacute;n que se hab&iacute;an desarrollado a lo largo de siglo xviii"<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>. La Ilustraci&oacute;n elimina lastres para abrazar la raz&oacute;n como medio y como fin del conocimiento. Nuevos intereses como la aparici&oacute;n de la arqueolog&iacute;a cient&iacute;fica, el concepto de bellas artes, la disciplina est&eacute;tica, la cr&iacute;tica del arte, y el desarrollo de la instituci&oacute;n del museo, son presupuestos para la existencia de una Historia del Arte<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup> y condiciones objetivas para el surgimiento de una Filosof&iacute;a del Arte. A trav&eacute;s del pensamiento sobre s&iacute; mismo podr&iacute;amos evocar las condiciones que definen lo que hoy en d&iacute;a entendemos por arte.</p>      <p><font size="3"><b>2. La consciencia del arte como cualidad exclusiva del ser humano</b></font></p>     <p>Cuando se dice que todo empez&oacute; en Kant es porque finalmente, como ha reconocido la doctrina postkantiana mayoritaria, la <i>Cr&iacute;tica del Juicio </i>tuvo una incidencia fundamental en el desarrollo de la noci&oacute;n de la autonom&iacute;a del arte. Entender qu&eacute; es el arte significaba ya no solo desligarlo de los usos principales para los que pod&iacute;a estar creado -pinturas o esculturas con representaciones religiosas, edificios destinados a servicios diversos...-, sino comprender que, para ser arte, deb&iacute;a contar con funciones art&iacute;sticas destinadas a nuclear su especificidad. En t&eacute;rminos de Moreno, tanto las posturas que defendieron la tesis del "arte por el arte" en el siglo xix como las teor&iacute;as formalistas del siglo xx, encaminadas a rescatar la especificidad para su valoraci&oacute;n, fueron vistas en cierto modo como continuadoras de un modo de ver el arte como actividad aut&oacute;noma iniciado por Kant<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El hecho de que la autonom&iacute;a del arte pueda empezar con Kant no significa que a Kant le interese una descripci&oacute;n del concepto de arte. Este desinter&eacute;s <i>art&iacute;stico, </i>en t&eacute;rminos de Cordero<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup>, est&aacute; relacionado con el entendimiento del arte como valor en s&iacute; mismo, m&aacute;s all&aacute; de la b&uacute;squeda, posiblemente imposible, de lo que objetivamente puede ser el arte. Como es sabido, para Kant las facultades superiores del alma son el entendimiento, la facultad de juzgar y la raz&oacute;n. Los principios a priori que gu&iacute;an el entendimiento son determinadas leyes del pensamiento: la l&oacute;gica. Mientras que los principios a priori de la facultad de juzgar es la finalidad, y el de la raz&oacute;n el fin final. Pero el juicio est&eacute;tico no requiere del entendimiento, no se trata de pensar de conformidad a leyes, sino que el juicio est&eacute;tico es de car&aacute;cter plenamente subjetivo. En el juicio est&eacute;tico, las facultades de conocer se despliegan libremente porque no existe ning&uacute;n concepto que las determina bajo ciertas reglas. As&iacute;, el juicio est&eacute;tico constituye tambi&eacute;n una forma de conocer libre y relajada, donde le corresponde a la imaginaci&oacute;n unir lo diverso. Mientras en el entendimiento el conocer es sistem&aacute;tico y cada uno de los pasos del conocer se encuentra rigurosamente dado, en cambio aqu&iacute; los "puentes l&oacute;gicos" se expresan impl&iacute;citamente<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup>. No importa qu&eacute; es el arte, seguramente porque no existe posibilidad de describirse objetivamente; importa qu&eacute; sentimos con el arte, y c&oacute;mo desarrollamos subjetivamente el juicio est&eacute;tico.</p>     <p>Despejada la inc&oacute;gnita sobre el <i>concepto </i>del arte -que no es estrictamente <i>necesario </i>conocer, ni siquiera en caso de existir-, y trasladada a la cualidad del juicio est&eacute;tico, cabe tener en cuenta una segunda conclusi&oacute;n en el an&aacute;lisis kantiano: el car&aacute;cter personal&iacute;simo -subjetivo, humano- del juicio est&eacute;tico. En efecto, el juicio est&eacute;tico es una cualidad intr&iacute;nseca y exclusiva de los seres humanos por cuanto requiere de un racionamiento superior para poder ser realizado. El juicio est&eacute;tico, por lo tanto, como se afan&oacute; en defender Kant, forma parte del proceso de autocomprensi&oacute;n de las personas. Kant diferenci&oacute; entre lo agradable, lo bueno y lo bello. Lo que es simplemente agradable es advertido por todos los seres vivientes; lo que es moralmente bueno solo se aplica a los seres racionales: es la uni&oacute;n entre la capacidad de sentir y la de razonar lo que posibilita que pueda enjuiciarse lo bello, que lo bello vale para todos los hombres en cuanto al mismo tiempo son seres sensibles dotados de raz&oacute;n. "En consecuencia -afirma Menegoni-, el juicio del gusto permite definir una propiedad que distingue al hombre -en cuanto capaz de apreciar la belleza, complaci&eacute;ndose con ella- respecto de otros seres vivos de los cuales se considera s&oacute;lo el aspecto sensible o el puramente inteligible". Ello es clave para la autocomprensi&oacute;n del sujeto, que va m&aacute;s all&aacute; de la base que fue sentir o no placer. "Si el sentimiento de placer y displacer permite una primera e inmediata aprehensi&oacute;n de s&iacute; mismo -un primer reconocimiento de la propia identidad subjetiva-, el juicio del gusto implica un paso ulterior en el progreso de la subjetividad hacia la comprensi&oacute;n de s&iacute; misma, en cuanto permite identificar una caracter&iacute;stica espec&iacute;fica de quienes pertenecen a la especie humana"<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup>.</p>     <p>Para Kant, por lo tanto, el arte no es un concepto dado; o, mejor dicho, no tiene que ver con la expresi&oacute;n de un concepto dado. El <i>desinter&eacute;s art&iacute;stico </i>de Kant, tal y como hemos visto lo describe Cordero, excluye la relaci&oacute;n entre el arte y el ejercicio de la facultad del entendimiento; por lo tanto, con la capacidad de conocer ya sea mediante los conceptos o la percepci&oacute;n emp&iacute;rica. El arte no tiene la obligaci&oacute;n de expresar lo bueno o, lo que es lo mismo, de dictar preceptos morales. El arte, por lo tanto, no tiene que ver plenamente ni con la raz&oacute;n pura ni con la pr&aacute;ctica. "El arte es una zona intermedia entre la raz&oacute;n pura y la pr&aacute;ctica. Se trata de un libre juego de las facultades del entendimiento y la intuici&oacute;n, que son enlazadas mediante la imaginaci&oacute;n. En este marco, el juicio est&eacute;tico constituye una facultad subjetiva, de gusto o disgusto, frente a la obra de arte, para la cual la existencia o no del objeto representado es indiferente, y por ende, sin inter&eacute;s alguno"<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup>. Desde este punto, como defendi&oacute; Adorno, la teor&iacute;a del arte de Kant es la ant&iacute;tesis de la teor&iacute;a del arte de Freud, que entiende el arte como el cumplimiento de los deseos. "El primer momento del juicio del gusto en la <i>anal&iacute;tica de lo bello </i>es el agrado desinteresado. Kant entiende por inter&eacute;s <i>el agrado que enlazamos a la representaci&oacute;n de la existencia de un objeto. </i>No est&aacute; claro si la <i>representaci&oacute;n de la existencia de un objeto </i>se refiere al objeto tratado en una obra de arte (como su materia) o a la obra de arte misma (...). El acento en la <i>representaci&oacute;n </i>se sigue del enfoque subjetivista (en el sentido pregnante) de Kant, que en concordancia con la tradici&oacute;n racionalista (...) busca impl&iacute;citamente la cualidad est&eacute;tica en el efecto de la obra de arte sobre su contemplador"<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup>.</p>     <p>Los fundamentos kantianos y neokantianos del concepto de lo bello han sufrido desde la doctrina sociol&oacute;gica importantes cr&iacute;ticas basadas en el uso de la capacidad para diferenciar entre lo que es arte y c&oacute;mo se usa como mecanismo incluyente de las clases burguesas y excluyente de otras clases sociales. La categor&iacute;a de arte, afirma Herrero haciendo referencia a autores como Bordieu, se configurar&iacute;a como un discurso inaugurado por la Ilustraci&oacute;n a partir de concebirlo como contemplativo, sublimado, in&uacute;til, y esta teor&iacute;a est&eacute;tica kantiana ser&iacute;a la expresi&oacute;n m&aacute;s acabadamente posible en que se puede testimoniar el punto de vista de la burgues&iacute;a. Este enfoque est&eacute;tico dominante hegemoniza el pensamiento y la acci&oacute;n pol&iacute;tica de la burgues&iacute;a, lo que supondr&iacute;a la negaci&oacute;n del goce inferior, grosero, venal, vulgar. en definitiva, natural, frente a aquellos que saben satisfacerse de los placeres sublimados, desinteresados, gratuitos y distinguidos<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup>.</p>     <p>Pero la mayor parte de las cr&iacute;ticas sociol&oacute;gicas a la est&eacute;tica kantiana parecen cimentarse en afirmaciones cuanto menos incomprobables o dif&iacute;ciles de relacionar con las conclusiones cr&iacute;ticas. La principal, que como Kant es hijo de la Ilustraci&oacute;n, sus esquemas obedecen a un pensamiento racionalista y, por lo tanto, al menos parcialmente elitista. Pero tanto cronol&oacute;gicamente como en la fuerza de sus postulados Kant era ya un contempor&aacute;neo, aunque encorsetado en el arte conocido y a&uacute;n no expuesto a lo que ser&iacute;a el arte a finales del siglo xix, cuando se acercaba m&aacute;s a la ruptura de las vanguardias que a la para&eacute;tica neocl&aacute;sica. Como nos recuerda Tob&oacute;n, el pensamiento de Kant acerca del arte se sit&uacute;a en el horizonte del neoclasicismo, y no solo por razones de contemporaneidad, puesto que la <i>Cr&iacute;tica del Juicio </i>fue publicada por primera vez en 1793, menos de 40 a&ntilde;os despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de las <i>Reflexiones sobre la imitaci&oacute;n del arte griego en la pintura y la escultura, </i>y apenas unos a&ntilde;os antes de que Goethe comenzara la publicaci&oacute;n de los <i>Prop&iacute;leos<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup>. </i>Es cierto que la contemporaneidad es hija del pensamiento ilustrado, pero tambi&eacute;n lo es que supone un grado de abstracci&oacute;n mucho mayor, la incorporaci&oacute;n de nuevas cuestiones con la conciencia de que podr&iacute;an no ser nunca contestadas, o al menos directamente contestadas (la gran aportaci&oacute;n de Kant al pensamiento filos&oacute;fico), y un incuestionable car&aacute;cter m&aacute;s popular de lo experimentado desde la modernidad. Retornemos una vez m&aacute;s a Kant para recordar el tipo de belleza neocl&aacute;sica, en referencia al cuerpo humano, que sosten&iacute;a el neoclasicismo: la sencillez, la grandeza, la eterna juventud desapasionada y equilibrada. Como afirma Tob&oacute;n, "es la belleza del <i>Dor&iacute;foro </i>de Policleto, el <i>Apolo del Belvedere, </i>el <i>David </i>o el <i>Ad&aacute;n </i>de Miguel Angel, la <i>Afrodita de Cnido </i>o la <i>Afrodita de Milo; </i>pero tambi&eacute;n la belleza de los <i>Perseo y Andr&oacute;meda </i>de Ant&oacute;n Raphael Mengs, la belleza del <i>Marat </i>de David o de sus <i>Horacios"<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup>. </i>Seg&uacute;n Kant, el cuerpo humano es exteriorizaci&oacute;n de lo interno, y espec&iacute;ficamente de la moralidad. El ideal de lo bello (lo m&aacute;ximamente bello), coincidir&iacute;a por tanto con la exteriorizaci&oacute;n de la posibilidad del m&aacute;ximo desarrollo moral (la perfecci&oacute;n)<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup>.</p>     <p>En definitiva, con Kant concluimos en tres cuestiones: no es importante cu&aacute;l es el concepto de arte, sino a qu&eacute; aludimos cuando hablamos de arte; el elemento diferenciador sobre qu&eacute; es el arte se cimenta en su autonom&iacute;a y en la capacidad de sentir el <i>gusto; </i>y la obtenci&oacute;n de placer por el gusto es una caracter&iacute;stica de los seres humanos. Cabr&iacute;a avanzar quiz&aacute;s m&aacute;s de lo que pudo hacer Kant pero siguiendo su estela: la gran diferencia entre los humanos y los seres no racionales no es qu&eacute; es el arte ni como se produce -buena parte de las obras de arte se han creado sin fines art&iacute;sticos, y tambi&eacute;n los seres no racionales pueden producir arte-, sino qu&eacute; es el hombre ante el arte; c&oacute;mo el hombre es consciente de que se encuentra <i>sintiendo -gozando, </i>en su m&aacute;s amplio significado- ante una obra de arte. De esa forma, nos acercamos a Schiller, Fichte, Schelling y, finalmente, Hegel, con quien podremos anticipar la defensa de un derecho subjetivo al arte.</p>     <p><font size="3"><B>3. Fundamentos de un derecho subjetivo al arte</B></font></p>     <p>El idealismo transcendental kantiano fue el germen de una fruct&iacute;fera reflexi&oacute;n filos&oacute;fica acerca de la naturaleza del saber y del conocimiento que, como no pod&iacute;a ser menos, cont&oacute; con importantes repercusiones en el autorreconoci-miento del arte. Schiller fue probablemente, como nos hacen notar Ramos y Oncina, el primero que se describi&oacute; a s&iacute; mismo como un te&oacute;rico o fil&oacute;sofo del arte; esto es, la conjugaci&oacute;n lograda de fil&oacute;sofo y artista. En su carta al duque de Augusteburgo, en 1793, Schiller confiesa su objetivo: "He concebido la idea temeraria de convertirme en defensor de la filosof&iacute;a del arte (...). Para el fundamento de una teor&iacute;a del arte, pienso yo, no basta con ser fil&oacute;sofo. Uno mismo debe haber practicado el arte y esto me proporcionar&aacute; algunas ventajas sobre aquellos que se mostrar&aacute;n en el plano de la filosof&iacute;a superiores a m&iacute;"<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup>. Terminando de esta forma, reprocha a Fichte el hecho de que filosofa sobre una capacidad que desconoce.</p>     <p>Seg&uacute;n Schiller, son la belleza y el arte quienes dan comienzo a la humanidad, porque son la causa primera del desarrollo cultural y moral del hombre. La cultura cient&iacute;fica y el rigorismo moral, en cambio, le alejan de este objetivo<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup>. A diferencia de Kant -estirando al m&aacute;ximo una parte de los postulados de este y asumiendo una postura radical sobre la autonom&iacute;a del arte-, es la belleza y el arte, y no la &eacute;tica, lo que nos hace a los hombres que somos. La importancia del arte es tan determinante que la ciencia misma ha de derivar en arte y el conocimiento en belleza. Por lo tanto, la ciencia debe orientarse hacia el arte y no al rev&eacute;s. Siguiendo a Maldonado, para Schiller,</p>    <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>... el arte y los artistas est&aacute;n llamados a cumplir una misi&oacute;n de extraordinaria importancia en el progreso hist&oacute;rico del g&eacute;nero humano. Ellos son los encargados de facilitar que la humanidad alcance sus m&aacute;s altos objetivos, de perfeccionar el universo en nombre de la belleza. En definitiva, el arte traslada al hombre moderno a una cultura est&eacute;tica, le lleva a aquella armon&iacute;a de la que disfrut&oacute; en la Grecia antigua, alej&aacute;ndole del inh&oacute;spito universo en el que habita. Los artistas han de mostrar y fomentar esa armon&iacute;a. Y a ellos corresponde la misi&oacute;n de culminar el proceso que conduce a la plenitud de la humanidad, acerc&aacute;ndole hacia su perfeccionamiento en nombre de la belleza. Los artistas quedan as&iacute; investidos con la m&aacute;s alta dignidad<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup>.</p></blockquote>     <p>De alguna forma, como afirma Castro, Schiller introdujo la idea, que desarrollar&aacute; Gadamer, de lo est&eacute;tico como juego; y este juego est&eacute;tico debe recaer sobre la belleza: "el hombre s&oacute;lo debe jugar con la belleza"<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup>.</p>     <p>La idea de la autonom&iacute;a del arte se plantea en Fichte a medio camino entre la accidentalidad kantiana y la radicalidad schilleriana. En su <i>Etica,</i> Fichte llega a la conclusi&oacute;n de cu&aacute;les son los <i>deberes del artista. </i>Para Fichte, seg&uacute;n Rivera, el arte forma al hombre en unidad, en la uni&oacute;n de sus facultades. Convierte el punto de vista transcendental, para el cual el mundo es configurado por el Yo, en accesible al punto de vista com&uacute;n, que pensaba que el mundo era simplemente dado. Con &eacute;l captamos la fuerza y la libertad; el arte muestra el contenido vigoroso de la naturaleza, la vida y el esfuerzo ascendente, contempla todo lo libre y vivo. El mundo del artista est&aacute; en el interior, conduce al hombre a su interior, le hace aut&oacute;nomo. Por eso, si el artista presenta el ideal y no se entrega al corrompido gusto de su &eacute;poca, el arte prepara al hombre para la virtud, y le libera de los lazos de la sensibilidad<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup>.</p>     <p>El mundo para Fichte, por lo tanto, cambia de acuerdo con la &oacute;ptica con que sea entendido. Desde el punto de vista trascendental, "el mundo es hecho <i>(wirdgemacht); </i>desde el punto de vista com&uacute;n, es dado <i>(wirdgegeben); </i>desde el punto de vista est&eacute;tico, el mundo est&aacute; dado <i>(ist gegeben), </i>pero s&oacute;lo conforme al aspecto como est&aacute; hecho. El mundo, el mundo real dado, la naturaleza (.) tiene dos caras: es producto de nuestra limitaci&oacute;n y es producto de nuestra acci&oacute;n libre, se entiende, de nuestra acci&oacute;n ideal (.). Bajo el primer aspecto &eacute;l mismo est&aacute; limitado por doquier, bajo el segundo es libre en todos los respectos. El primer aspecto es el com&uacute;n; el segundo el est&eacute;tico (.). El esp&iacute;ritu bello ve todo por su lado bello, ve todo libre y vivo"<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup>.</p>     <p>M&aacute;s all&aacute; de Kant y de Fichte, pero siguiendo su senda, Schelling defiende paulatinamente un idealismo absoluto marcado por la necesidad de que la filosof&iacute;a sirva para la comprensi&oacute;n del mundo, m&aacute;s para el saber que para el conocimiento. En esta emancipaci&oacute;n del saber aparecen las <i>filosof&iacute;as </i>schellingianas: "filosof&iacute;a del yo", "filosof&iacute;a de la naturaleza", "filosof&iacute;a de la identidad", "filosof&iacute;a de la libertad", "filosof&iacute;a de la historia", "filosof&iacute;a de la mitolog&iacute;a"... y, por supuesto, "filosof&iacute;a del arte". Una filosof&iacute;a, en t&eacute;rminos de Leyte, cuya preocupaci&oacute;n consistir&aacute; en articular un sentido para la naturaleza, el arte, el mito y la historia. En suma, "para articular un horizonte en el que se pueda seguir reconociendo la verdad en una dimensi&oacute;n m&aacute;s pr&oacute;xima al saber y menos condicionada por el conocimiento"<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup>. Es el paso prehegeliano m&aacute;s importante hacia el reconocimiento de un concepto -ahora s&iacute;- objetivo de arte que va m&aacute;s all&aacute; de lo que hasta el momento hab&iacute;a sido el paradigma hegem&oacute;nico: el subjetivismo en el arte.</p>     <p>En la que posiblemente es una de sus primeras obras m&aacute;s completa, <i>Sistema del idealismo trascendental, </i>que publica en el cambio de siglo, Schelling marca distancias con el subjetivismo de Fichte y avanza hacia un marco objetivo de explicaci&oacute;n idealista: el idealismo trascendental. En el cap&iacute;tulo vi desarrolla las implicaciones respecto a la filosof&iacute;a del arte. El arte, para Schelling, no es solo una liberaci&oacute;n emotiva, sino una demostraci&oacute;n palpitante de la existencia de Dios.</p>    <blockquote>     <p>As&iacute; como la producci&oacute;n est&eacute;tica parte del sentimiento de una contradicci&oacute;n aparentemente irresoluble, tambi&eacute;n termina, seg&uacute;n confesi&oacute;n de todos los artistas y de todos los que participan en su inspiraci&oacute;n, en el sentimiento de una armon&iacute;a infinita; y que acompa&ntilde;a la culminaci&oacute;n, sea a su vez una emoci&oacute;n lo prueba ya el hecho de que el artista atribuya la completa soluci&oacute;n de la contradicci&oacute;n que ve en su obra de arte no s&oacute;lo a s&iacute; mismo sino a un don espont&aacute;neo de la naturaleza, que as&iacute; como le puso tan inexorablemente en contradicci&oacute;n consigo mismo, lo libera con benignidad del dolor de esa contradicci&oacute;n. (...) (E)l arte es la &uacute;nica y eterna revelaci&oacute;n que existe y el milagro que, aunque hubiere existido una sola vez, deber&iacute;a convencernos de la absoluta realidad de aquello supremo<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup>.</p></blockquote>     <p>El arte, afirma Schelling, tiene lugar en la s&iacute;ntesis del conocimiento experimental (condici&oacute;n objetiva) y del don innato (condici&oacute;n subjetiva), dos actividades totalmente distintas entre s&iacute;. El "genio" no es ninguna de las dos por ellas mismas, sino que est&aacute; por encima de ambas. "Si en una de esas dos actividades, a saber, la consciente, hemos de buscar lo que se suele llamar arte, pero que s&oacute;lo es una parte de &eacute;l, por cierto, aquella que es ejecutada con conciencia, meditaci&oacute;n y reflexi&oacute;n, la que tambi&eacute;n puede ser ense&ntilde;ada y aprendida, alcanzada por transmisi&oacute;n y por propio ejercicio, por el contrario, deberemos buscar en lo no consciente que forma parte del arte aquello que no puede ser aprendido ni alcanzado por ejercicio o de otra manera sino que &uacute;nicamente puede ser innato gracias a un don libre de la naturaleza y que es lo que podemos llamar en una palabra la <i>poes&iacute;a </i>en el arte"<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup>.</p>     <p>Hasta que por fin damos el paso final y llegamos al idealismo hegeliano, que en buena medida ser&aacute; recuperado en las tesis actuales sobre el <i>fin del arte. </i>La naturaleza para Hegel, afirma Ram&iacute;rez, es precisamente la alteridad en s&iacute; misma, la determinaci&oacute;n inmediata, la pura exterioridad de la Idea<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup>. La naturaleza es la determinaci&oacute;n de la Idea como lo absolutamente otro de s&iacute;. Solo llegar&aacute; a ser "para s&iacute;" cuando retorne a s&iacute; misma desde su alienaci&oacute;n en la naturaleza, cuando pueda aparecer como Esp&iacute;ritu, ya que este tiene como esencia la libertad, la posibilidad de ser &uacute;nicamente relaci&oacute;n de s&iacute; mismo consigo mismo, mientras que la naturaleza es necesidad, puesto que no tiene en s&iacute; misma su propia determinaci&oacute;n. La naturaleza, concebida como la exterioridad de la Idea, solo podr&aacute; ser considerada como bella en grado muy primario. La belleza en la naturaleza solo podr&aacute; ser comprendida como la relaci&oacute;n arm&oacute;nica de las partes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A diferencia de la naturaleza, donde lo que se da es la pura exterioridad, en el Arte lo que hallamos, seg&uacute;n Hegel, es la mostraci&oacute;n de la Idea en la forma exterior, pero desde la propia interioridad de la Idea, de modo que el Arte tiene en s&iacute; mismo su propio fundamento. Cuando hablamos de arte, hablamos de filosof&iacute;a del Esp&iacute;ritu, en cuanto que este se muestra como real y existente, como el momento en que la Idea se ha manifestado y vuelve sobre s&iacute; misma. Hegel considera el arte como momento del Esp&iacute;ritu absoluto, puesto que es una de las formas m&aacute;s altas en las que se manifiesta el Esp&iacute;ritu, momento del proceso de autorrealizaci&oacute;n que se configura como la realizaci&oacute;n de la Idea en lo sensible. El arte se nos muestra como la armon&iacute;a del despliegue, en cuyo interior se hace posible la perfecta concordancia entre el Esp&iacute;ritu y su manifestaci&oacute;n. M&aacute;s all&aacute; de Schelling, no se trata &uacute;nicamente de que el arte no sea considerado como imitaci&oacute;n de la naturaleza ni que rivalice con esta, sino que consiste precisamente en la transfiguraci&oacute;n de las formas. Es el &aacute;mbito en que la Idea se nos muestra en su forma sensible adecuada, cosa que en la naturaleza es imposible, pues esta es pura exterioridad. Se trata, por lo tanto, del triunfo del Esp&iacute;ritu<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup>. Y, en contra de Kant, no es el individuo el que hace al arte -el que gusta del arte-, sino el arte el que existe con independencia del individuo. Esta despersonalizaci&oacute;n y renuncia a la subjetividad significa, de alguna forma, la radicalidad en la autonom&iacute;a del arte. Si el arte es momento del Esp&iacute;ritu Absoluto, y el Esp&iacute;rito Absoluto existe objetivamente, el arte existe objetivamente.</p>     <p>La cr&iacute;tica hegeliana, reconducida por Marx una vez abandonado el romanticismo, dot&oacute; de un contenido reivindicativo pol&iacute;tico a unas explicaciones sobre el significado del arte que no es que no carecieran de &eacute;l con anterioridad, sino que no lo hac&iacute;an patente de forma expresa. Seg&uacute;n Lifshitz<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup>, para Hegel tanto la sociedad burguesa como el cristianismo hab&iacute;an sido desfavorables al desarrollo de un arte creador. Se trata de elegir entre el perecimiento del arte ante el Estado, o la abolici&oacute;n del Estado para el surgimiento de una nueva condici&oacute;n del mundo y un nuevo renacimiento del arte. Hegel se inclinaba por la primera alternativa, pero los autorreconocidos como <i>hegelianos </i>encontraron, siguiendo la misma argumentaci&oacute;n, otras formas de avanzar.</p>     <p>El Estado <i>hegeliano </i>es una compleja realidad: si por un lado asume a la familia y a la sociedad civil en el despliegue objetivo de la idea, a la vez es sustrato desde el que lo absoluto se expresa como arte, religi&oacute;n y filosof&iacute;a. Estado para Hegel significa, pues, sede del <i>estar, </i>pero condici&oacute;n del <i>ser<sup><a name="nu34"></a><a href="#num34">34</a></sup>. </i>Con un ligero desplazamiento del &eacute;nfasis, la doctrina del esp&iacute;ritu realista antiest&eacute;tico se interpret&oacute; por sus seguidores revolucionarios, donde se incorpor&oacute; Marx. En sentido opuesto, las conclusiones de Hegel sobre la decadencia del arte fueron entendidas por la oposici&oacute;n liberal-burguesa como insuficientemente revolucionarias, y al mismo tiempo demasiado peligrosas. Aunque no se puede afirmar categ&oacute;ricamente porque, respecto a Hegel, todas las cr&iacute;ticas se daban por buenas y desde todas las posturas, siendo acusado de conservador, bonapartista, jacobinista o incluso saintsimonista<sup><a name="nu35"></a><a href="#num35">35</a></sup>.</p>     <p>Lo cierto es que contamos con el bagaje te&oacute;rico para defender los fundamentos de un derecho subjetivo al arte: 1) la autonom&iacute;a del arte, que lo diferencia de otras formas expresivas; 2) la capacidad de <i>apropiaci&oacute;n </i>subjetiva del arte exclusivamente por parte de los seres humanos; 3) las posibilidades del arte en la construcci&oacute;n de formas de expresi&oacute;n que propiciar&iacute;an reacciones no solo est&eacute;ticas, sino de otra &iacute;ndole, como reparadoras; y 4) su relaci&oacute;n con las pol&iacute;ticas de Estado -pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, en general-, cuyo uso del arte en su potencialidad colaborar&iacute;a tanto en la protecci&oacute;n del derecho al arte como su uso en objetivos sociales, pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos propios del sistema democr&aacute;tico, cual la consecuci&oacute;n del derecho a la paz y a la reconciliaci&oacute;n, as&iacute; como formas alternativas de reparaci&oacute;n y rehabilitaci&oacute;n en sociedad<sup><a name="nu36"></a><a href="#num36">36</a></sup>.</p>     <p>Detectados los elementos del derecho subjetivo al arte, cabe por &uacute;ltimo destacar la conveniencia y posibilidades de su positivizaci&oacute;n, as&iacute; como algunos de los obst&aacute;culos que podremos encontrarnos en ese proceso, y propuestas para su remoci&oacute;n.</p>      <p><font size="3"><B>4. &iquest;Qu&eacute; derecho al arte? cuestiones sobre su objetivaci&oacute;n</B></font></p>     <p>Uno de los problemas trascendentales en la filosof&iacute;a del derecho contempor&aacute;nea es la relaci&oacute;n entre derechos preexistentes y derechos positivados; se trata de concebir al derecho como <i>declarativo </i>o <i>constitutivo </i>de derechos. Para los m&aacute;s esc&eacute;pticos, solo podemos hablar de derechos fundamentales cuando han sido reconocidos por el ordenamiento jur&iacute;dico estatal, mientras que posturas m&aacute;s ut&oacute;picas, enraizadas de alguna manera en la tradici&oacute;n escol&aacute;stica, proclaman la relaci&oacute;n de los derechos con un orden superior, que ofrezca un fundamento de car&aacute;cter universal e intemporal<sup><a name="nu37"></a><a href="#num37">37</a></sup>.</p>     <p>Con independencia del prisma iuspositivista o iusnaturalista que sirva como elemento valorativo para entender la fundamentaci&oacute;n de los derechos, lo cierto es que la fuerza jur&iacute;dica en los sistemas democr&aacute;ticos implica el reconocimiento del derecho en el marco del ordenamiento jur&iacute;dico estatal. Un derecho subjetivo no objetivado no deja de servir como argumento, pero menguado en relaci&oacute;n con los derechos objetivos; es justamente esta cualidad positiva la que determina su garant&iacute;a por parte del derecho. Un derecho subjetivo no objetivado por el derecho no deja ser un derecho menguado, de escasos o nulos efectos jur&iacute;dicos.</p>     <p>Respecto al derecho al arte, estas consideraciones son a&uacute;n m&aacute;s necesarias si cabe. Sostener que existe un derecho subjetivo al arte sin defender la necesidad de su objetivaci&oacute;n ser&iacute;a, finalmente, menoscabar su vigencia y aplicaci&oacute;n. Como hemos visto, su presencia en el ordenamiento jur&iacute;dico est&aacute; fundamentada por la autonom&iacute;a del arte, el car&aacute;cter intr&iacute;nsecamente humano del arte, las posibilidades de la expresi&oacute;n art&iacute;stica en funciones no solo est&eacute;ticas, y el uso que las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas pueden realizar del arte en la consecuci&oacute;n de elementos que, para autores como Ferrajoli, se encuentran en la naturaleza de la consideraci&oacute;n de un derecho como fundamental: los derechos humanos y la paz<sup><a name="nu38"></a><a href="#num38">38</a></sup>.</p>     <p>Ahora bien, cabe preguntarse sobre el bien jur&iacute;dico protegido que tendr&iacute;a por objeto el <i>derecho al arte. </i>&iquest;Es el <i>arte </i>en s&iacute;, entendido en su significado valorativo? El debate sobre qu&eacute; es el arte en el siglo xxi sigue quiz&aacute;s m&aacute;s vivo que nunca. &iquest;Esto es arte?, nos podemos preguntar, como Danto, cuando vemos las cajas de brillo de Warhol de la misma manera que las ver&iacute;amos en las estanter&iacute;as del supermercado de la esquina. Es decir, &iquest;de qu&eacute; hablamos cuando nos referimos al <i>arte? </i>&iquest;C&oacute;mo podemos reconocer, si es posible y si nos interesa hacerlo, entre lo que es arte, lo que podr&iacute;a ser arte y lo que no es arte?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El <i>concepto </i>de arte es quiz&aacute;s el nudo gordiano que ha hecho correr r&iacute;os de tinta entre los fil&oacute;sofos y los te&oacute;ricos del arte. &iquest;No se refiere a esta pregunta, finalmente, la misma existencia de una <i>Teor&iacute;a del arte? </i>Los <i>esencialistas </i>y los <i>antiesencialistas </i>-en alguna forma, hegelianos y kantianos respectivamente-, seg&uacute;n creyeran en la posibilidad o no de una definici&oacute;n, han coadyuvado a comprender que estamos ante un problema de mayor complejidad que la que podr&iacute;a haberse supuesto en un primer momento. Siguiendo a Parselis, el esencialismo dentro de la est&eacute;tica sirve para designar la posici&oacute;n que admite la existencia de propiedades esenciales en toda obra de arte<sup><a name="nu39"></a><a href="#num39">39</a></sup>. La b&uacute;squeda de una cualidad o naturaleza com&uacute;n entre las obras de arte es considerada una forma de esencialismo que conlleva la afirmaci&oacute;n de la posibilidad de una definici&oacute;n esencial o real del arte. Se trata de un problema relacionado con la metaf&iacute;sica, y la est&eacute;tica contempor&aacute;nea ha sido hostil a ella<sup><a name="nu40"></a><a href="#num40">40</a></sup>.</p>     <p>No es, desde luego, el momento de proponer soluciones definitivas, pero al menos s&iacute; de concebir el contexto en que podremos obtener respuestas. Y el primero es una conclusi&oacute;n que tambi&eacute;n hemos rescatado de los inicios ilustrados sobre el reconocimiento del arte: el arte ya no puede ser solo pr&aacute;ctica; es tambi&eacute;n, necesariamente, teor&iacute;a. Esta recreaci&oacute;n te&oacute;rica de la obra de arte, m&aacute;s <i>hegeliana </i>que <i>kantiana </i>pero no exenta de juicio por parte de Kant, se ha confirmado durante la segunda mitad del siglo xx cuando, como afirma Castro, la parte te&oacute;rica de la relaci&oacute;n entre teor&iacute;a y pr&aacute;ctica lleg&oacute; a ser cada vez m&aacute;s dominante. "Buena parte de las obras de arte contempor&aacute;neas carecen de significado e incluso de valor sin recurso directo a un contexto te&oacute;rico, se&ntilde;alado por medio de t&iacute;tulos, descripciones de cat&aacute;logos, ensayos cr&iacute;ticos y otros suplementos textuales (...). Sin una buena teor&iacute;a no hay una buena pr&aacute;ctica"<sup><a name="nu41"></a><a href="#num41">41</a></sup>. Sin teor&iacute;a ya es muy complicado incluso <i>gustar, </i>en sentido kantiano, del arte.</p>     <p>&iquest;Introduce esta realidad elementos de conocimiento que Kant neg&oacute;? El cambio de paradigma te&oacute;rico sobre el concepto de arte despu&eacute;s de las nuevas vanguardias y al tiempo de la preeminencia de las artes audiovisuales se produjo con las tesis de Danto, desarrollada durante la &uacute;ltima mitad del siglo xx, sobre el fin del arte. Bas&aacute;ndose en la dial&eacute;ctica hegeliana y su concepto de "fuera del linde de la historia", Danto recupera el reto, casi osad&iacute;a, de reivindicar la necesidad de entender qu&eacute; es el arte. Hist&oacute;ricamente, la conceptualizaci&oacute;n no es tan dif&iacute;cil. El relato legitimador de la historia del arte -occidental, pero no solo all&iacute;- que se plantea Danto,</p>    <blockquote>     <p>... hay una era de la imitaci&oacute;n, seguida por una era de la ideolog&iacute;a, seguida por nuestra era posthist&oacute;rica, en la cual podemos decir que vale todo. Cada uno de estos periodos est&aacute; caracterizado por una estructura diferente de la cr&iacute;tica de arte. La cr&iacute;tica de arte en el per&iacute;odo mim&eacute;tico o tradicional estaba basada en la verdad visual. La estructura de la cr&iacute;tica del arte en la era de la ideolog&iacute;a es aquella (...) (que) fund&oacute; su idea filos&oacute;fica acerca de qu&eacute; es el arte en una distinci&oacute;n exclusivista entre el arte que ella aceptaba (el verdadero) y el resto, considerado no aut&eacute;ntico. El per&iacute;odo posthist&oacute;rico est&aacute; marcado por la separaci&oacute;n de los caminos entre la filosof&iacute;a y el arte, lo que significa que la cr&iacute;tica de arte en el per&iacute;odo posthist&oacute;rico debe ser tan pluralista como el mismo arte posthist&oacute;rico. Es absolutamente sorprendente que esa periodizaci&oacute;n tripartita corresponda, casi perturbadoramente, al estupendo relato pol&iacute;tico de Hegel, en el cual, primero uno era libre, despu&eacute;s s&oacute;lo algunos eran libres, finalmente, en nuestra propia era, todos somos libres. En nuestro relato, al principio s&oacute;lo la mimesis era arte; despu&eacute;s varias cosas fueron arte pero cada una trat&oacute; de aniquilar a sus competidoras, y finalmente se hizo evidente que no hay restricciones filos&oacute;ficas o estil&iacute;sticas. La obra de arte no tiene que ser de un modo en especial<sup><a name="nu42"></a><a href="#num42">42</a></sup>.</p></blockquote>     <p>Parselis resume la posici&oacute;n de Danto explicando que se declara esencialista ya que, en su opini&oacute;n, hay una identidad art&iacute;stica fija y universal. Desde aqu&iacute; se busca una respuesta a la pregunta cr&iacute;tico-filos&oacute;fica sobre el arte, pues se conf&iacute;a en la existencia de una esencia art&iacute;stica y solo se trata de desentra&ntilde;ar cu&aacute;l es. Pero es necesario un nuevo tipo de definici&oacute;n que abarque fundamentalmente la producci&oacute;n del arte contempor&aacute;neo que escapa a las definiciones dadas anteriormente. Lo que est&aacute; claro es que, por complejas razones hist&oacute;ricas y filos&oacute;ficas, el arte moderno no puede ser entendido como imitaci&oacute;n o expresi&oacute;n. Al considerar la "radical heterogeneidad" del arte contempor&aacute;neo, se vuelve claro para &eacute;l que ya no es posible distinguir perceptualmente una obra de arte de un objeto cualquiera, siendo imposible alcanzar una definici&oacute;n por la mera observaci&oacute;n. Danto, entonces, intenta identificar las condiciones necesarias y suficientes de toda obra de arte y despliega, para ello, el m&eacute;todo de la <i>indiscernibilidad </i>para generar su teor&iacute;a del arte. La filosof&iacute;a, pues, se ve obligada a la b&uacute;squeda de una nueva formulaci&oacute;n, para cumplir con su tarea fundamental: la distinci&oacute;n entre arte y realidad<sup><a name="nu43"></a><a href="#num43">43</a></sup>.</p>     <p>A pesar de que Danto quiere convencernos, y cuenta con la poderosa arma de la teor&iacute;a para hacerlo, lo cierto es que Kant, al incorporar el subjetivismo como forma de entendimiento del arte, acaba atrayendo m&aacute;s. Sin duda, los psic&oacute;logos sociales le dar&iacute;an hoy en d&iacute;a la raz&oacute;n; es dif&iacute;cil, despu&eacute;s de lo transcurrido en el pensamiento sobre la est&eacute;tica, defender la posibilidad del regreso de un concepto objetivo de la belleza. Hoy en d&iacute;a, adem&aacute;s, un discurso amplio sobre el concepto de arte incluir&iacute;a, por ejemplo, el arte popular y el folklore. Las interpretaciones realizadas de las posturas kantianas y neokantianas introdujeron, en opini&oacute;n de Herrero, un dispositivo art&iacute;stico basado en el discurso de &eacute;lite, y que ha opuesto el concepto de arte al de arte popular o artesan&iacute;a<sup><a name="nu44"></a><a href="#num44">44</a></sup>. Pero lo cierto es que no podremos convivir con un sentido restrictivo de arte porque nos encontrar&iacute;amos permanentemente con las zonas grises donde nuestro planteamiento l&oacute;gico fallar&iacute;a por sus propias limitaciones.</p>     <p>En definitiva, parece que la apuesta pasa por regresar a Kant, al menos para considerarlo adecuadamente en la b&uacute;squeda de respuestas: el arte no es solo lo que podr&iacute;a ser conceptualmente arte -ni aun cuando fuera posible hallarlo-, sino lo que entendemos subjetivamente que es arte. El arte se <i>entiende, </i>no se conoce. Es arte lo que nos <i>gusta </i>como artistas, espectadores, incluso <i>consumidores </i>de arte. Cualquier otra respuesta nos plantear&aacute; nuevas preguntas que, cabe dejar claro, no tendr&aacute;n soluci&oacute;n f&aacute;cil o quiz&aacute;s, simplemente, nunca lleguen a encontrarla. Esta subjetividad produce que el arte forma parte de nuestra forma de entender el mundo, la vida, y aquello que nos rodea, al mismo tiempo que puede ser en lo que pasemos nuestro tiempo libre o a lo que nos dediquemos profesionalmente. Es una condici&oacute;n precisa para entendernos como personas y pueblos, individual y colectivamente. Se trata de la relaci&oacute;n humana respecto al arte; una relaci&oacute;n que no puede ser sustituida por ninguna otra experiencia social. Las relaciones con la experiencia art&iacute;stica no son solo exclusivas del ser humano, sino que tambi&eacute;n son exclusivas respecto a la misma naturaleza de la relaci&oacute;n. Su relato legitimador y sus efectos no pueden, por lo tanto, ser suplantados por otros medios.</p>     <p>Lo cual, por decantaci&oacute;n, justificar&iacute;a que el bien jur&iacute;dico protegido en un derecho <i>objetivado </i>al arte no ser&iacute;a el arte como resultado, sino la relaci&oacute;n entre hombre y arte a trav&eacute;s de su expresi&oacute;n y goce -de nuevo, en su m&aacute;s amplio significado. El bien jur&iacute;dico incorporar&iacute;a la exigencia de las potencialidades art&iacute;sticas en el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en general, y en particular para promover la paz, la conciliaci&oacute;n, o la reparaci&oacute;n y rehabilitaci&oacute;n en los sistemas democr&aacute;ticos ante conflictos que por su naturaleza requieren de esta necesidad de relaci&oacute;n humana entre hombre y arte. La reconciliaci&oacute;n por medio, principal o complementariamente, de esta relaci&oacute;n humana respecto al arte pasar&iacute;a a ser, por lo tanto, no solo una posibilidad sino, llegado el caso, un derecho exigible ante los tribunales.</p>      <p><font size="3"><B>Conclusi&oacute;n</B></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El <i>derecho al arte </i>es inexcusable para el gozo pleno y plenamente protegido del arte en cualquiera de las condiciones adquiridas frente a &eacute;l por el sujeto del derecho (autor, espectador o f&oacute;rmulas mixtas). Si la condici&oacute;n del arte es esencialmente subjetiva, propia de la condici&oacute;n humana, e intr&iacute;nseca a la realizaci&oacute;n como persona -por lo tanto, relevante a efectos del desarrollo libre de la personalidad- y como colectivo; y si, adem&aacute;s, sus potencialidades no pueden ser suplidas por ninguna otra experiencia social, la funci&oacute;n del derecho sobre el arte debe ser de reconocimiento y protecci&oacute;n como derecho objetivo.</p>     <p>A consecuencia de ello, los cat&aacute;logos de derechos, preferentemente constitucionales, deber&iacute;an incorporar un <i>derecho al arte </i>no solo como manifestaci&oacute;n art&iacute;stica, sino como cualidad humana capaz de alcanzar niveles de sensibilidad imposibles o muy dif&iacute;ciles de obtener por otras v&iacute;as; y las garant&iacute;as de los derechos deber&iacute;an preocuparse de incorporar en ellas la protecci&oacute;n del derecho al arte. En este sentido, ser&iacute;a exigible complementar programas p&uacute;blicos a favor de la paz, la reconciliaci&oacute;n o la reparaci&oacute;n basados en el derecho al arte, o proceder en este derecho las decisiones jurisdiccionales que requieran de la relaci&oacute;n humana respecto al arte para ser m&aacute;s completas.</p>     <p>Cabe insistir en que no podemos entender que la protecci&oacute;n constitucional o legal de diferentes derechos alrededor de la libertad de expresi&oacute;n, informaci&oacute;n o manifestaci&oacute;n cultural englobe todas las facetas que puede suponer el derecho al arte. Se ha sustentado te&oacute;ricamente c&oacute;mo se trata de una categor&iacute;a de configuraci&oacute;n propia, particular, y el avance en los derechos requiere de su toma en cuenta y protecci&oacute;n. El derecho sobre el arte debe dar paso a un <i>derecho al arte. </i>No obstante, sin caer en posturas maximalistas que rechacen cualquier otra regulaci&oacute;n: en el marco de la determinaci&oacute;n de los derechos, el derecho al arte podr&iacute;a entrar en conflicto con otros derechos, fundamentalmente civiles o bienes jur&iacute;dicos protegidos. Pero estos conflictos, una vez reconocido el derecho al arte, se enfrentar&iacute;an desde posiciones no menguadas, por lo que el derecho objetivado al arte quedar&iacute;a reforzado en relaci&oacute;n con su condici&oacute;n actual (derecho subjetivo).</p>     <p>Cabr&iacute;a plantearse en un futuro cu&aacute;les ser&iacute;an las consecuencias jur&iacute;dico-pol&iacute;ticas del reconocimiento del derecho al arte, entre las que, adem&aacute;s de la ya mencionada incorporaci&oacute;n del arte como mecanismo de reparaci&oacute;n o reconciliaci&oacute;n, podr&iacute;a pensarse en la obligatoriedad de la presencia de museos y salas p&uacute;blicas abiertas de exposiciones, su gratuidad, la apertura de arte en la calle, o la inclusi&oacute;n de pol&iacute;ticas art&iacute;sticas en la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Son solo algunas ideas acerca de una reflexi&oacute;n que requiere de un mayor ejercicio posterior.</p> <HR>     <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>     <P><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Jos&eacute; Ferrater Mora. <i>Diccionario de filosof&iacute;a, </i>Alianza, Madrid, 1983, p. 64.    <br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Se trata de lo que la lengua puede llegar a decir si se le fuerza un poco mediante un esfuerzo de creatividad. Ya no es lo que la lengua dice inconscientemente o lo que puede llegar a encerrar de contenido lo dicho en ella, sino lo que, gracias a la creatividad del pensador que da a luz una palabra nueva, puede llegar a decir la lengua. En este sentido, afirma Watsuji que las posibilidades filos&oacute;ficas de una lengua van mucho m&aacute;s lejos de lo que se cree, y se extienden al campo de lo que a&uacute;n no se ha dicho de ella, ni tampoco podr&iacute;a decirse sin forzarla un poco, pero que es expresable en dicha lengua mediante un esfuerzo creador que, aunque rompa los moldes de lo habitual en ella, no contradiga fundamentalmente a su modo regular de elaborar el discurso. Cfr. Juan Masi&aacute; Clavel. "La &iacute;ndole transcultural del lenguaje filos&oacute;fico seg&uacute;n el pensador japon&eacute;s T. Watsuji", <i>Bolet&iacute;n de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Orientalistas </i>xi, 1975, pp.    <br> <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Cfr., en general, Jos&eacute; Fern&aacute;ndez Arenas (coord.), <i>Arte ef&iacute;mero y espacio est&eacute;tico, </i>Anthropos, Barcelona, 1988, especialmente pp. 150 y ss.    <br> <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Arthur C. Danto. <i>Despu&eacute;s del fin del arte. El arte contempor&aacute;neo y el linde de la historia, </i>Paid&oacute;s, Barcelona, 1999, p. 59.    <br> <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Ib&iacute;d., p. 63.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>De hecho, el propio Danto declara -y es famoso por ello- sin manifiesto pesar que el arte ha muerto (el fin del arte) con el postmodernismo, donde cualquier cosa puede denominarse arte, lo que es producto de la globalizaci&oacute;n. Cfr. Arthur C. Danto, "La cr&iacute;tica de arte moderna y posmoderna. Once respuestas a Anna Mar&iacute;a Guasch por Arthur C. Danto", <i>Artes. La Revista </i>vol. 5, n.&deg; 9, enero-junio de 2005, p. 41.    <br> <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>Para Huisman, "si se tuviera que bosquejar, seg&uacute;n la manera cartesiana, ese &aacute;rbol de la Filosof&iacute;a -del Arte- (...) tendr&iacute;amos que, en el origen de toda Est&eacute;tica, estar&iacute;a enraizado el platonismo": Denis Huisman, <i>La Est&eacute;tica, </i>Ediciones de Intervenci&oacute;n Cultural, Barcelona, 2002, p. 13.    <br> <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>San Agust&iacute;n y, en particular, Santo Tom&aacute;s, con la asunci&oacute;n de posiciones neoplat&oacute;ni-cas y la reincorporaci&oacute;n del arte como imitaci&oacute;n natural que nunca llegar&aacute; a igualar a la propia naturaleza: forma sustancial y forma accidental. Cfr. Mar&iacute;a Jos&eacute; L&oacute;pez Terrada, <i>Introducci&oacute;n a la historia de las ideas est&eacute;ticas. La antig&uuml;edad, </i>Universitat de Val&ecirc;ncia, Valencia, 2008, pp. 141 ss.    <br> <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>Enti&eacute;ndase como modernidad pol&iacute;tica e hist&oacute;rica (aparici&oacute;n del Estado moderno, Renacimiento); no como modernidad filos&oacute;fica. Entran en este cat&aacute;logo autores/artistas como Petrarca, Boccaccio, Dante y, de manera destacada, Vasari. Se trata de verdaderos iconos del Renacimiento, de su pensamiento invasor, y de la recuperaci&oacute;n de la Antig&uuml;edad a trav&eacute;s, especialmente, de Vitruvio. Cfr., en general, Wladyslaw Tatarkiewicz, <i>Historia de la Est&eacute;tica. </i><i>iii. </i><i>La Est&eacute;tica moderna. 1400-1700, </i>Akal, Madrid, 1991.    <br> <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>Carlos Arturo Fern&aacute;ndez Uribe. <i>Concepto de arte e idea de progreso en la Historia del Arte, </i>Universidad de Antioquia, Medell&iacute;n, 2008, pp. xxii y xxiii.    <br> <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>Ib&iacute;d., p. xxiii.    <br> <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>No obstante, la autora hace menci&oacute;n de posiciones sobre Kant de autores como Guyer y Haskis, que han cuestionado la lectura tradicional de la <i>Cr&iacute;tica del Juicio </i>que representa a Kant como un defensor de la autonom&iacute;a del arte, y las apoya de manera decidida: "Ya que las contradicciones en la interpretaci&oacute;n de la <i>Cr&iacute;tica del Juicio </i>en este sentido son el resultado, de alguna manera, de malentendidos, que como ya afirm&oacute; Guyer tienen su origen en muchas de las afirmaciones que el propio Kant hace en la tercera <i>Cr&iacute;tica, </i>pero as&iacute; y todo haciendo una lectura m&aacute;s detenida y completa de la tercera <i>Cr&iacute;tica, </i>no creo posible afirmar que Kant sea un autonomista": In&eacute;s Moreno, "Kant y la autonom&iacute;a del arte", en <i>Actio </i>n.&deg; 6, marzo de 2005, pp. 1-7.    <br> <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup>Allen Cordero, "La desinteresada imaginaci&oacute;n art&iacute;stica", <i>Revista de Filosof&iacute;a de la Universidad de Costa Rica, </i>vol. xxxvii, 1999, pp. 91 y ss.    <br> <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup>Ib&iacute;d., pp. 91 y 92.    <br> <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>Francesca Menegoni. "Arte, naturaleza y sociedad en la 'Cr&iacute;tica de la facultad de juzgar' de Kant", <i>Revista de Estudios Sociales </i>n.&deg; 34, diciembre de 2009, p. 27.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup>Cordero, ob. cit., p. 91.    <br> <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup>Th. w. Adorno, <i>Teor&iacute;a est&eacute;tica, </i>en <i>Obra completa, </i>7, Akal, Madrid, 2004, pp. 20 Y 21.    <br> <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup>Patricia Herrero. "El arte como derecho. Sobre las tensiones entre arte-arte popular y el acceso a su decodificaci&oacute;n", <i>Cuadernos my</i><i>cs-VN</i><i>Ju </i>n.&deg; 39, 2010, p. 143.    <br> <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup>Daniel Jer&oacute;nimo Tob&oacute;n Giraldo. "Kant, Baudelaire y la ruptura del arte neocl&aacute;sico de la belleza humana", en <i>Estudios Filos&oacute;ficos </i>n.&deg; 43, junio de 2011, p. 113.    <br> <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup>Ib&iacute;d.    <br> <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup>Ib&iacute;d., p. 117.    <br> <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup>Manuel Ramos y Faustino Oncina. <i>Filosof&iacute;a y est&eacute;tica. La pol&eacute;mica con F. Schiller, </i>Universitat de Val&ecirc;ncia, Valencia, 1998, p. 20.    <br> <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup>Manuel Maldonado Aleman. "Und das Sch&otilde;ne bl&uuml;ht nur im Gesang. Poes&iacute;a y reflexi&oacute;n est&eacute;tica en Schiller", en Brigitte E. Jirku y Julio Rodr&iacute;guez (eds.), <i>El pensamiento filos&oacute;fico de Friedrich Schiller, </i>Universitat de Val&ecirc;ncia, Valencia, 2009, pp. 230 ss.    <br> <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup>Ib&iacute;d., p. 232.    <br> <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup>Sixto J. Castro. <i>En teor&iacute;a, es arte. Una introducci&oacute;n a la est&eacute;tica, </i>Edibesa, Salamanca, 2005, p. 211    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup>Jacinto Rivera de Rosales: <i>Presentaci&oacute;n </i>de Johann Gottlieb Fichte, &Eacute;tica, Akal, Madrid, 2005, p. 48.    <br> <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup>El ejemplo que incorpora Fichte es el de toda figura en el espacio que se puede considerar delimitada por los cuerpos vecinos: "mas cabe considerarla como una manifestaci&oacute;n de la plenitud interna y de la fuerza del cuerpo mismo que la posee. Quien se atiene al primer aspecto ve s&oacute;lo figuras deformadas, comprimidas, pavorosas; ve la fealdad; quien se atiene al segundo ve la vigorosa plenitud de la naturaleza, ve la vida y el af&aacute;n por progresar, ve la belleza": cfr. Ramos y Oncina, ob. cit., p. 222.    <br> <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup>Arturo Leyte. <i>Las &eacute;pocas de Schelling, </i>Akal, Madrid, 1998, p. 22.    <br> <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup>Fiedrich wilhem Joseph von Schelling. <i>Sistema del idealismo trascendental, </i>Anthropos, Barcelona, 2005, p. 618.    <br> <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup>Ib&iacute;d., p. 619.    <br> <sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup>Mar&iacute;a Isabel Ram&iacute;rez Luque. <i>Arte y belleza en la 'Est&eacute;tica ' de Hegel, </i>Universidad de Sevilla, Sevilla, 1988, p. 87.    <br> <sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup>Ib&iacute;d., pp. 87 y 88.    <br> <sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup>Mija&iacute;l Lifshitz. <i>La filosof&iacute;a del arte de Karl Marx, </i>Siglo xxi, M&eacute;xico, 1981, p. 24.    <br> <sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup>Cfr. Carlos D&iacute;az. <i>El sueno hegeliano del Estado &eacute;tico, </i>San Esteban, Salamanca, 1987, p. 195.    <br> <sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup>Ib&iacute;d.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup>Cada vez son mayores los precedentes jurisdiccionales que abogan por el uso del arte como instrumento de reconciliaci&oacute;n, as&iacute; como los autores que defienden su uso. En general, cfr. M<sup>a</sup> Isabel Garrido G&oacute;mez (ed.), <i>Derecho a la paz como derecho emergente, </i>Atelier, Barcelona, 2011; Javier Chinch&oacute;n Alvarez, <i>Derecho internacional y transiciones a la democracia y a la paz: hacia un modelo para el castigo de los cr&iacute;menes pasados a trav&eacute;s de la experiencia iberoamericana, </i>Parthenon, Sevilla, 2007; y Freddy Cante y Luisa Ortiz (comps.), <i>Umbrales de reconciliaci&oacute;n, perspectivas de acci&oacute;n pol&iacute;tica noviolenta, </i>Universidad del Rosario, Bogot&aacute;, 2006.    <br> <sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup>Al respecto, es conocido el debate entre Peces-Barba y Fernandez Galiano; el primero defiende que no pueden existir derechos fundamentales que no hayan sido reconocidos por el ordenamiento jur&iacute;dico estatal, mientras que el segundo se refiere a una normatividad suprapositiva en la que el derecho cumple un simple papel de reconocimiento. Sobre la pol&eacute;mica y un intento por superarla, cfr. Antonio E. P&eacute;rez Lu&ntilde;o, <i>Los derechos fundamentales, </i>Tecnos, Madrid, 1984, pp. 48 ss.    <br> <sup><a name="num38"></a><a href="#nu38">38</a></sup>Luigi Ferrajoli. "Sobre los derechos fundamentales", en <i>Cuestiones Constitucionales </i>n.&deg; 15, julio-diciembre de 2006, pp. 117 ss.    <br> <sup><a name="num39"></a><a href="#nu39">39</a></sup>Ver&oacute;nica Parselis. "&iquest;Puede el arte ser definido? Controversias sobre la definici&oacute;n del arte en la est&eacute;tica contempor&aacute;nea y la propuesta de Arthur C. Danto", en <i>Sapientia </i>vol. lxiii, fasc. 223, 2008, pp. 143-144.    <br> <sup><a name="num40"></a><a href="#nu40">40</a></sup>Ib&iacute;d., p. 144.    <br> <sup><a name="num41"></a><a href="#nu41">41</a></sup>Castro, ob. cit., p. 16.    <br> <sup><a name="num42"></a><a href="#nu42">42</a></sup>Danto, ob cit., pp. 80 y 81.    <br> <sup><a name="num43"></a><a href="#nu43">43</a></sup>Ib&iacute;d., pp. 157 y 158.    <br> <sup><a name="num44"></a><a href="#nu44">44</a></sup>Herrero, ob. cit., p. 145.</P> <hr>     <p><B><font size="3">Referencias bibliogr&aacute;ficas</font></B></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Adorno, Th. W., <i>Teor&iacute;a est&eacute;tica, </i>en <i>Obra completa, </i>7, Akal, Madrid, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0122-9893201400010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Cante, Freddy y Ortiz, Luisa (comps.), <i>Umbrales de reconciliaci&oacute;n, perspectivas de acci&oacute;n pol&iacute;tica noviolenta, </i>Universidad del Rosario, Bogot&aacute;, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0122-9893201400010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Castro, Sixto J., <i>En teor&iacute;a, es arte. Una introducci&oacute;n a la est&eacute;tica, </i>Edibesa, Salamanca, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0122-9893201400010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Chinch&oacute;n Alvarez, Javier, <i>Derecho internacional y transiciones a la democracia y a la paz: hacia un modelo para el castigo de los cr&iacute;menes pasados a trav&eacute;s de la experiencia iberoamericana, </i>Parthenon, Sevilla, 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0122-9893201400010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Cordero, Allen, "La desinteresada imaginaci&oacute;n art&iacute;stica", <i>Revista de Filosof&iacute;a de la Universidad de Costa Rica, </i>vol. xxxvii, 1999, pp. 91-99.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0122-9893201400010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Danto, Arthur C., <i>Despu&eacute;s del fin del arte. El arte contempor&aacute;neo y el linde de la historia, </i>Paid&oacute;s, Barcelona, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0122-9893201400010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Danto, Arthur C., "La cr&iacute;tica de arte moderna y posmoderna. Once respuestas a Anna Mar&iacute;a Guasch por Arthur C. Danto", en <i>Artes. La Revista </i>vol. 5, n.&deg; 9, enero-junio de 2005, pp. 29-41.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0122-9893201400010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>D&iacute;az, Carlos, <i>El sue&ntilde;o hegeliano del Estado &eacute;tico, </i>San Esteban, Salamanca, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0122-9893201400010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Fernandez Arenas, Jos&eacute; (coord.), <i>Arte ef&iacute;mero y espacio est&eacute;tico, </i>Anthropos, Barcelona, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0122-9893201400010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Fernandez Uribe, Carlos Arturo, <i>Concepto de arte e idea de progreso en la Historia del Arte, </i>Universidad de Antioquia, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0122-9893201400010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Ferrajoli, Luigi, "Sobre los derechos fundamentales", <i>Cuestiones Constitucionales </i>n.&deg; 15, julio-diciembre de 2006, pp. 113-136.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0122-9893201400010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ferrater Mora, Jos&eacute;, <i>Diccionario de filosof&iacute;a, </i>Alianza, Madrid, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0122-9893201400010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Garrido G&oacute;mez, M<sup>a</sup> Isabel (ed.), <i>Derecho a la paz como derecho emergente, </i>Atelier, Barcelona, 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0122-9893201400010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Herrero, Patricia, "El arte como derecho. Sobre las tensiones entre arte-arte popular y el acceso a su decodificaci&oacute;n", <i>Cuadernos </i><i>FH</i><i>y</i><i>cs-uN</i><i>Ju </i>n.&deg; 39, 2010, pp. 141-154.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0122-9893201400010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Huisman, Denis, <i>La Est&eacute;tica, </i>Ediciones de Intervenci&oacute;n Cultural, Barcelona, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0122-9893201400010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Leyte, Arturo, <i>Las &eacute;pocas de Schelling, </i>Akal, Madrid, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0122-9893201400010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Lifshitz, Mija&iacute;l, <i>La filosof&iacute;a del arte de Karl Marx, </i>Siglo xxi, M&eacute;xico, 1981.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0122-9893201400010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>L&oacute;pez Terrada, Mar&iacute;a Jos&eacute;, <i>Introducci&oacute;n a la historia de las ideas est&eacute;ticas. La antig&uuml;edad, </i>Universitat de Val&ecirc;ncia, Valencia, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0122-9893201400010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mas&iacute;a Clavel, Juan, "La &iacute;ndole transcultural del lenguaje filos&oacute;fico seg&uacute;n el pensador japon&eacute;s T. Watsuji", <i>Bolet&iacute;n de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Orientalistas </i>xi, 1975, pp. 63-69.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0122-9893201400010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Maldonado Aleman, Manuel, "Und das Sch&otilde;ne bl&uuml;ht nur im Gesang. Poes&iacute;a y reflexi&oacute;n est&eacute;tica en Schiller", en Jirku, Brigitte E. y Rodr&iacute;guez, Julio (eds.), <i>El pensamiento filos&oacute;fico de Friedrich Schiller, </i>Universitat de Val&ecirc;ncia, Valencia, 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0122-9893201400010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Menegoni, Francesca, "Arte, naturaleza y sociedad en la 'Cr&iacute;tica de la facultad de juzgar' de Kant", <i>Revista de Estudios Sociales </i>n.&deg; 34, diciembre de 2009, pp. 24-32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0122-9893201400010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Moreno, In&eacute;s, "Kant y la autonom&iacute;a del arte", <i>Actio </i>n.&deg; 6, marzo de 2005, pp. 1-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0122-9893201400010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Parselis, Ver&oacute;nica, "&iquest;Puede el arte ser definido? Controversias sobre la definici&oacute;n del arte en la est&eacute;tica contempor&aacute;nea y la propuesta de Arthur C. Danto", en <i>Sapientia, </i>vol. lxiii, fasc. 223, 2008, pp. 143-158.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0122-9893201400010000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>P&eacute;rez Lu&ntilde;o, Antonio E., <i>Los derechos fundamentales, </i>Tecnos, Madrid, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0122-9893201400010000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ram&iacute;rez Luque, Mar&iacute;a Isabel, <i>Arte y belleza en la 'Est&eacute;tica' de Hegel, </i>Universidad de Sevilla, Sevilla, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0122-9893201400010000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Ramos, Manuel y Oncina, Faustino, <i>Filosof&iacute;a y est&eacute;tica. La pol&eacute;mica con F. Schiller, </i>Universitat de Val&ecirc;ncia, Valencia, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0122-9893201400010000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rivera de Rosales, Jacinto, <i>Presentaci&oacute;n </i>de Fichte, Johann Gottlieb, <i>Etica, </i>Akal, Madrid, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0122-9893201400010000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Schelling, Fiedrich Wilhem Joseph von, <i>Sistema del idealismo trascendental, </i>Anthropos, Barcelona, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0122-9893201400010000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Tatarkiewicz, Wladyslaw, <i>Historia de la Est&eacute;tica. </i><i>iii. </i><i>La Est&eacute;tica moderna. 1400-1700,</i> Akal, Madrid, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0122-9893201400010000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Tob&oacute;n Giraldo, Daniel Jer&oacute;nimo, "Kant, Baudelaire y la ruptura del arte neocl&aacute;sico de la belleza humana", <i>Estudios Filos&oacute;ficos </i>n.&deg; 43, junio de 2011, pp. 109-128.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0122-9893201400010000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Adorno]]></surname>
<given-names><![CDATA[Th. W]]></given-names>
</name>
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<source><![CDATA[Teoría estética, en Obra completa]]></source>
<year>2004</year>
<volume>7</volume>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Akal]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
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